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La fabricación de maquinaria agrícola en la España de postguerra

Martínez Ruiz, José Ignacio

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0 LA FABRICACIÓN DE MAQUINARIA AGRÍCOLA EN LA ESPAÑA DE POSTGUERRA José Ignacio Martínez Ruiz Área de Historia e Instituciones Económicas Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de Sevilla Avda. Ramón y Cajal, 1 41018 – Sevilla e-mail: [email protected] 1 El proceso de modernización de la agricultura española en el periodo que siguió a la guerra civil estuvo fuertemente limitado por la existencia de severas restricciones a la importación de maquinaria 1 . Las cifras récord de 1926-32 no llegaron a superarse jamás salvo en el caso de las máquinas para el motocultivo, partida del arancel que no hizo más que aumentar desde 194850, en que se recuperaron los niveles máximos anteriores a la guerra, gracias a la importación de un número de tractores cada vez mayor 2 . A pesar de estas dificultades, las cifras disponibles avalan de manera inapelable la difusión de nuevas técnicas de cultivo y recolección entre los agricultores españoles en el periodo de postguerra. En este sentido, basta comparar los datos del censo de maquinaria agrícola de 1932 con los de recuentos posteriores, como los publicados por la Dirección General de Agricultura (en adelante DGA) a partir del año 1955, para llegar a esta conclusión. Ante las dificultades existentes para importar, la procedencia de estos bienes fue prácticamente en exclusiva nacional. Los cambios técnicos que tuvieron lugar en la agricultura española en las década de 1940 y 1950, pues, fueron posibles por la existencia en el país de una industria capaz de proporcionar a los agricultores las máquinas que demandaban, aunque no es menos cierto que el proceso de adopción de las nuevas tecnologías mecánicas habría sido, probablemente, más rápido y se habría llevado a cabo, probablemente también, pagando unos precios más bajos, si el sector agrario español hubiera podido acceder a la oferta internacional. La fabricación de maquinaria agrícola constituye uno de los sectores peor conocidos de la industria española 3 . 1 Una exposición más amplia del argumento en J.I. Martínez Ruiz (2000), Trilladoras y tractores. Energía, tecnología e industria en la mecanización de la agricultura española (18621967), Publicaciones de la Universidad de Sevilla-Edicions de la Universitat de Barcelona, Sevilla, capítulo cuarto. 2 Véanse las cifras de importación en Martínez Ruiz (2000), pp. 222-224. 3 La primera relación nominal de las empresas que constituían el sector que conocemos se encuentra en el “Ensayo de Catálogo de Productores Nacionales”, publicado el año 1913 por la Comisión Protectora de Producción Nacional. Consta de doscientas quince empresas. El Atlas de la Industrialización de España (2004), por ejemplo, no incluye referencia alguna a la fabricación de maquinaria agrícola. 2 Según el censo industrial de 1958, más de mil seiscientos establecimientos y casi dieciocho mil quinientos trabajadores pertenecían a este grupo de la clasificación nacional de actividades económicas (Tabla 1) 4 . Tabla 1 España: Fabricación de maquinaria agrícola en 1958 A B C Andalucía 197 2977 15 Aragón 250 2446 10 Asturias 8 36 4,5 Baleares 52 332 6 Canarias 1 3 3 Cantabria 6 47 8 Castilla-La Mancha 93 320 3 Castilla-León 428 2657 6 Cataluña 258 2990 12 Extremadura 44 289 7 Galicia 24 186 8 Madrid 64 1058 17 Murcia 14 187 13 Navarra 33 392 12 País Valenciano 86 1593 19 País Vasco 67 2613 39 La Rioja 35 350 10 ESPAÑA 1660 18476 11 A: número de establecimientos; B: empleo; C: B/A La inmensa mayoría de los establecimientos pertenecían a empresas minúsculas de carácter familiar. Mil cien contaban con menos de cinco trabajadores; sólo sesenta y cinco, siempre en cifras redondas, disponían de cincuenta o más empleados. Frente al País Vasco, con una media de 39 trabajadores por establecimiento, la dimensión media de las empresas de Castilla-La Mancha apenas era de 3 y las de Castilla-León, donde se concentraba el mayor número de establecimientos, de 6. 4 Estos datos corresponden a la entrada nº 367 del censo. Conviene advertir, no obstante, que esta entrada incluía nueve subgrupos: maquinaria para el cultivo y la recolección, para las industrias vinícola y oleícola, para explotaciones zootécnicas, para las industrias cárnicas y lácteas, para la industria conservera, para las industrias harinera, del café y del cacao, para la industria azucarera, para la elaboración de tabaco y otra maquinaria agrícola. Si únicamente tuviéramos en cuenta las cifras correspondientes a los establecimientos dedicados a la fabricación de maquinaria para el cultivo y la recolección los datos serían: 1337 establecimientos y 12.032 empleados. 3 Enfrentados a toda clase de problemas y, de forma muy especial, a la escasez de materias primas, restricción que no llegó a desaparecer del todo hasta la década de 1960, las empresas del sector hubieron atender, con distinto grado de dificultad y de éxito, las necesidades de la agricultura española. En 1943, por ejemplo, las empresas de maquinaria agrícola solicitaron a la Delegación Oficial del Gobierno ante las Industrias Siderúrgicas (DOEIS), organismo encargado de la distribución del material siderúrgico 5 , 25.000 tm. de lingote y laminados de hierro pero tan sólo obtuvieron 13.500 tm. 6 . Tres lustros después, en 1957, el cupo de materiales siderúrgicos asignado a las empresas de maquinaria agrícola apenas superaba las 16.000 tm. 7 . La fabricación de maquinaria agrícola en la España de los años 50: empresas, tecnología, mercados. La escasez de materias primas – problema que nos remite a las pésimas consecuencias que tuviera el intervencionismo económico, con veleidades autárquicas, del primer franquismo – explica precisamente la publicación de un Decreto del Ministerio de Industria de 11 de enero de 1952, en virtud del cual la DGA pidió a las empresas dedicadas a la fabricación de maquinaria agrícola que respondieran a un cuestionario que serviría para determinar el material siderúrgico que se entregaría a cada una de ellas en las próximas campañas. El cuestionario incluía, entre otras cosas, y siempre para el periodo comprendido entre el 1 de julio de 1952 y el 30 de junio de 1953, las entradas siguientes: razón y domicilio social de la empresa, número de empleados, cupo teórico y material siderúrgico efectivamente recibido, declaración jurada de la maquinaria agrícola fabricada (con indicación de modelos, número y peso), ventas efectuadas, relación nominal de clientes, existencias de material siderúrgico a 1 de julio de 1953 y programa de fabricación para el año 5 Sobre este tema véase J.I. Martínez Ruiz (1998), La Unión de Almacenistas de Hierros y la distribución de hierros comerciales en España. Una aportación al estudio del funcionamiento del mercado de productos siderúrgicos (c. 1900 - c. 1960), Fundación Empresa Pública, Programa de Historia Económica, Documento 9806, capítulo segundo. 6 I Congreso Nacional de Ingeniería Agronómica. Madrid, 1950, tomo V, p. 169. En las conclusiones del Congreso los ponentes de la sesión dedicada al tema “Energía y maquinaria agrícola” reclamaron al Ministerio de Agricultura un cupo de 50.000 tm. 7 Archivo General de la Administración (AGA), Agricultura, caja 3536. 4 comprendido entre el 1 de julio de 1954 y el 30 de junio de 1955 8 . A estos cuestionarios se fueron añadiendo, en los años inmediatamente siguientes, los de algunas empresas que, por no existir en aquel año o por no dedicarse aún a la fabricación de maquinaria agrícola, no pudieron hacerlo en 1953. La información remitida por las 246 empresas que respondieron al cuestionario nos permite aproximarnos a determinados aspectos de la realidad de la industria española de maquinaria agrícola, no recogidos por el censo industrial de 1958, poco antes de que el gobierno lanzara su propuesta en favor de “una mejor agricultura” y de que se iniciara la apertura de la economía española al exterior 9 . En todo caso, antes de abordar lo que constituye el núcleo de la comunicación debemos responder a la pregunta siguiente: las empresas que respondieron al cuestionario remitido por la DGA, ¿representaban fielmente al sector? El procedimiento seguido para responder a esta pregunta ha sido confrontar la información proporcionada por aquellas con los datos del censo industrial de 1958. Los resultados se muestran en la Tabla 2. Tabla 2 Representatividad de la encuesta de 1953: empresas y establecimientos según número de empleados A: número de empresas que respondieron en 1953 a la encuesta remitida por la DGA B: número de establecimientos según el censo industrial de 1958: partida 367 C: [A/B]X100 D: número de establecimientos según el censo industrial de 1958: sólo partida 367.1 (maquinaria para el cultivo y la recolección) E: [A/D]X100 8 AGA, Agricultura, cajas 3529-3533. 9 R. Cavestany, “Menos agricultores y mejor agricultura”. Conferencia pronunciada el 18 de octubre de 1955 con motivo de la inauguración de los actos del Primer Centenario de las Carreras Agronómicas. Reproducido en R. Cavestany (1958), Una política agraria, Gráficas E. Casado, Madrid, pp. 317-341. A B C D E menos de 5 18 1104 1.6 972 1.9 5-9 42 246 17.1 193 21.8 10-19 53 127 45.3 78 68.0 20-49 49 117 41.9 55 89.1 50-99 23 33 69.7 21 109.5 100-499 27 30 90.0 15 180.0 500 y más 1 3 33.3 3 sin datos de empleo 33 0 total 246 1660 14.8 1337 18.4 5 Como era previsible, la presencia en la encuesta de las empresas de menores dimensiones es mínima en comparación con el número de establecimientos que, según el censo industrial de 1958, tenían de uno a cuatro empleados: tan sólo el 1.6 %. Las empresas con un mayor número de trabajadores, por el contrario, respondieron en su mayoría al requerimiento de la DGA (51 de 66 en el segmento de las de 50 trabajadores o más). La desagregación y comparación de los datos a nivel provincial no hace más que reforzar la afirmación anterior. Por consiguiente, podemos concluir que la información remitida a la DGA nos permite obtener una imagen rigurosa y precisa de las empresas que se dedicaban a la fabricación de maquinaria agrícola a comienzos de la década de 1950, sobre todo, de aquellas que contaban con diez o más trabajadores. Cuestión distinta es que la información enviada no fuera siempre suficientemente explícita. Hemos tratado de subsanar estas lagunas mediante la consulta de otras fuentes, entre las que destacaríamos los Anuarios y Reseñas Estadísticas Provinciales que se publicaron en la década de 1950 y la documentación generada por las propias empresas del sector 10 . Otro problema, no menos importante, radica en el hecho de que entre la documentación conservada se encuentre la de empresas que no se dedicaban ni en exclusiva ni de forma principal a la fabricación de maquinaria agrícola pero que consideraron oportuno responder al cuestionario remitido por la DGA a fin de disponer de cupos de material siderúrgico. A la hora de caracterizar las empresas de menores dimensiones, merece la pena transcribir el siguiente texto, tomado de los ponentes de la sección “Energía y maquinaria agrícola” del I Congreso Nacional de Ingeniería Agronómica celebrado en Madrid en 1950: “Modestamente han empezado su vida industrial todos nuestros fabricantes de maquinaria agrícola (…). Así han nacido y se suceden de generación en generación los talleres rurales y las típicas especialidades, que han tomado carta de naturaleza en algunas regiones, como la de los rudimentarios trillos de pedernal de Cantalejo (Segovia), la de los trillos mecánicos de Albacete o la de las aventadoras en Tierra de Campos (…). Ahí está, por ejemplo, el nombre de Collado, en Albacete, con los trillos o 10 La bibliografía disponible sobre las empresas del sector, lamentablemente, es muy escasa. Junto a Martínez Ruiz (2000), habría que citar los trabajos de J. de Sagastizábal (2000), La Ferretera Vizcaína: personaje histórico, Imprenta Universal, Bilbao y S. Aznar Sampedro (2002), Historia de la empresa Santana, Instituto de Estudios GiennensesDiputación Provincial de Jaén, Jaén. 6 el de Villar y el de Clavero, en Valladolid (…). Típica también (…), era la venta de estas máquinas (…), construidas por la familia en largas veladas invernales, quizá sólo por medias docenas, comprando materiales a salto de mata, con crédito, a menudo, de los Bancos (…), hacíala uno cualquiera de la familia cabalgando en su bicicleta (…), para entregar su máquina (…), a cualquier agricultor modesto (…), con la confianza de cobrarla en tres o cuatro septiembres…, si alguno de ellos no era de mala cosecha y justificaba el consiguiente aplazamiento” 11 . Minúsculas en tamaño, no así en importancia y en número, las empresas de menores dimensiones proporcionaron a los campesinos más modestos el instrumental que necesitaban para su trabajo, desde los cangilones de noria a las máquinas más elementales, y actuaron como talleres al servicio de la reparación y el mantenimiento de todo lo que les llegaba. Muchas de ellas fueron también puntos de venta de máquinas y aperos agrícolas fabricados por otras empresas. Escasamente capitalizadas, tratando de aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecía una mano de obra fundamentalmente familiar, sobre todo en aquellas épocas del año en las que había menos trabajo en el campo, tarea que a menudo compaginaban con la fabricación de aperos básicos, la organización y funcionamiento de estas empresas revela sin la menor duda su carácter tradicional y la naturaleza artesanal de su actividad. ¿Qué podemos decir acerca de las demás, esto es, de las “fábricas” y “grandes factorías” de maquinaria agrícola, entre las que los ponentes del I Congreso Nacional de Ingeniería Agronómica mencionaban de manera expresa Ajuria S.A. (Vitoria y Araya), Patricio Echevarría S.A. (Legazpia) y la Sociedad Anónima de Construcciones Agrícolas (SACA) (Sevilla)? En definitiva, ¿qué dicen los cuestionarios de las empresas que contaban en 1953 con cincuenta trabajadores o más, las únicas que, en principio, pudieron llevar a cabo una actividad de tipo industrial-fabril más que artesanal? Lo primero que llama la atención es la inexistencia de firmas extranjeras en el sector a excepción de Food Machinery Española de Valencia 12 y, tal vez, de Klaebisch, S.A. de Barcelona 13 . En su momento tendremos oportunidad de 11 I Congreso Nacional de Ingeniería Agronómica. Madrid, 1950, tomo V, p. 165. 12 Constituida el 5 de mayo de 1955, aparece vinculada a la norteamericana “Food Machinery and Chemical Corporation”. Fabricaba, principalmente, máquinas secadoras, balsas metálicas y aplicadores. 13 La causa que nos lleva a sospechar la naturaleza extranjera de esta empresa es la circunstancia de que fuera la única de todas las que respondieron a la encuesta que pudo 7 contrastar esta situación con la presencia posterior, cada vez más importante, de empresas foráneas entre los fabricantes de maquinaria agrícola. En cuanto a la identidad de las principales empresas, tanto los datos de empleo en 1953-58 como los cupos de material siderúrgico asignados a las que en número de 266 contaban con ellos en 1957, permiten afirmar que la mayor empresa española de maquinaria agrícola por entonces era Ajuria S.A. (instalaciones en Araya y Vitoria, Álava) 14 . Con 1.048 empleados en 1958 y un cupo de 1.400 tm. anuales, Ajuria S.A. se encontraba muy por delante de cualquiera de las demás. Metalúrgica de Santa Ana (Linares, Jaén) y SACA (Sevilla), las inmediatamente siguientes en términos de empleo, tan sólo contaban en 1958 con 621 y 509 trabajadores y unos cupos en 1957 de 250 y 200 tm., respectivamente 15 . José Trepat (Tárrega, Lérida), Hijos de Ángel Moreno (Ejea de los Caballeros, Zaragoza) y Construcciones Agrometalúrgicas del Norte S.L. AGROMETAL (Miranda de Ebro, Burgos), por su parte, ocupaban los lugares segundo a cuarto en términos de cupo de material siderúrgico con 367, 330 y 303 tm. respectivamente, siendo las únicas, junto con Ajuria S.A., que superaban la cifra de 300 tm. (véanse los apéndices) 16 . Los cupos asignados en 1957 permiten también relativizar la importancia de algunas empresas que, por tener más de 50 empleados en 1953, podríamos considerar que se encontraban entre los mayores fabricantes de maquinaria agrícola de España pero que en realidad tan sólo se dedicaban a esta actividad de manera complementaria o marginal. Estos son los casos de Talleres Ibarreta (Baracaldo, Vizcaya) 17 , Metalúrgica Naval y Terrestre S.A. (Alicante) contar con material siderúrgico importado del extranjero, de Francia y Bélgica en concreto. Creada en 1920, fabricaba máquinas para la aplicación de insecticida. 14 Sobre Ajuria S.A. véanse Martínez Ruiz (2000), pp. 78-84 y R. Ojeda San Miguel (1999), “La comercialización de maquinaria agrícola en España durante la primera mitad del siglo XX: el ejemplo de Ajuria”, Historia Agraria, 26, pp. 135. 15 Metalúrgica de Santa Ana fue constituida en 1955, por lo que no disponemos de datos de empleo en 1953, año éste en que SACA contaba con 426 trabajadores. Metalúrgica comenzó la fabricación de cosechadoras en 1956, de arados en 1958 y de sembradoras en 1960 (Aznar Sanpedro, 2000, pp. 179-180). 16 Las cifras de empleo de estas tres empresas en 1953 eran 190, 120 y 202, respectivamente. 17 Según el “acta de comprobación de puesta en marcha” expedido por la Delegación de Industria de Vizcaya, el 21 de enero de 1949, Talleres Ibarreta se dedicaba a la fabricación de bombas centrífugas, maquinaria para obras públicas, para industrias varias y de ventilación y 8 18 , Sociedad Española de Construcciones Metálicas (Linares, Jaén; domicilio social en Bilbao) 19 e Industrias Fita (Figueras, Gerona) 20 , por sólo citar los ejemplos de aquellas empresas que contaban con más de 100 empleados en 1953 pero que tenían asignados menos de 15 tm. de material siderúrgico en 1957. En este sentido consideramos, con todas las precauciones que sean necesarias, porque la distribución de material siderúrgico dependía de decisiones de carácter administrativo no siempre transparentes, que los cupos de material siderúrgico asignados a las distintas empresas reflejan de una manera mucho más fiel que el empleo la importancia que tenían cada una de ellas dentro del sector (véase la tabla 3) 21 . acondicionamiento de aire. En 1952/53 solicitó 30 tm. de material siderúrgico para ser utilizado en la fabricación de bombas centrífugas pero no recibió un solo kilo. En 1957 tenía asignado un cupo de 10 tm. de material siderúrgico. 18 El programa de la empresa para 1954/55 incluía la fabricación de diverso material para la industria oleícola y vinícola así como un cierto número de pulverizadoras y espolvoreadotas para la aplicación de insecticida. En 1957 tenía un cupo de 10 tm. 19 La empresa tenía su domicilio social en Bilbao y disponía de talleres en Zorroza (Vizcaya) y Linares (Jaén). En éstos fabricaba armaduras y entramados, material ferroviario, maquinaria para explotaciones mineras, compuertas y maquinaria para pantanos y maquinaria para la fabricación de aceite. En 1952/53 fabricó cinco prensas hidráulicas, cinco bombas hidráulicas, cinco depósitos para aceite, dos extractores de aceite y dos remolques agrícolas. En 1957 disponía de un cupo de 15 tm. 20 Aunque la empresa tenía su sede social en Barcelona, la fábrica se encontraba en Figueras (Gerona). La certificación expedida por la Delegación de Industria de Gerona indica que Industrias Fita fabricaba, “entre otros productos, motores de explosión y de combustión interna fijos y móviles para uso de la agricultura, industria, transporte y marina” de 2 a 5 CV. También producía desgranadoras de maíz. Su cupo de material siderúrgico en 1957 era de 13 tm. 21 Según J. Catalán (1992), Fábrica y franquismo, 1939-1958. El modelo español de desarrollo en el marco de las economías del sur de Europa (tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona), a la hora de explicar las diferencias observadas en la distribución de lingote de hierro no se puede hablar de “discriminación geográfica” pero sí de discriminación en favor de las grandes empresas y, sobre todo, de discriminación basada en las conexiones políticas (pp. 1171-1180). Por mi parte, y habida cuenta de que las empresas de maquinaria agrícola no trabajaban para la administración ni en obras calificadas como prioritarias, elementos que en otros supuestos contribuyen a explicar la existencia de discriminación en el reparto de material siderúrgico, a los factores señalados por Catalán creo que habría que añadir la proximidad a los centros de decisión y la existencia de vinculaciones entre las empresas siderúrgicas y las de maquinaria agrícola, sobre todo en el País Vasco, donde se encontraba la sede de la DOEIS. 15 tradicional tuvo lugar precisamente en estos años y que este proceso significó, entre otras cosas, la sustitución de energía humana y animal por energía inanimada así como la mecanización y, mejor aún, la motorización del campo español. Los problemas, en realidad, no afectaron a todas por igual. Las firmas que experimentaron contratiempos más graves fueron las que habían protagonizado el desarrollo industrial de la postguerra porque la fabricación española de tractores casi se triplicó en la década de 1960. Para comprobarlo, basta contrastar los índices de producción industrial de los ambos subgrupos. Tomando como base = 100 los índices de producción de 1962, la fabricación de “maquinaria para el cultivo y la recolección” había caído en 1967 hasta un índice 74.8, en tanto que la de tractores pasó en esos mismos años de un índice 100 a un índice 338.8 34 . Ahora bien, como la fabricación de tractores agrícolas estaba en manos de empresas extranjeras (Motor Ibérica S.A. – Ford Motor Co. - , Lanz Ibérica S.A. - Heinrich Lanz AG -, Hanomag-Barreiros – Rheinstahl Hanomag -, Vehículos Industriales y Agrícolas – Fiat -, S.A. de Maquinarias Renault – Renault – y S.A. de Vehículos Industriales – Nuffield -, por sólo citar las que fabricaban tractores de ruedas de 15 ó más C.V.), podemos concluir que las empresas españolas no recogieron más que una pequeña parte de los frutos que trajo consigo la motorización del campo español (en 1967, según las estimaciones del INE, el valor añadido de los tractores fabricados en España ascendió a 922 millones de ptas. y el de la maquinaria para el cultivo y la recolección a 682 millones). A diferencia de lo que había sucedido en las décadas de 1940 y 1950, la industria “española” fue incapaz de proporcionar a los agricultores los bienes que demandaban. Ninguna empresa de las que en 1953 ó 1958 figuraban entre las mayores del sector logró fabricar tractores. SACA, la excepción, montó sus primeros tractores en 1960 gracias a un acuerdo de colaboración con la filial 34 INE, Sistemas de números índice de la producción industrial (base 1962), Madrid, 1968, p. 68. El número de tractores fabricados en España pasó de 9.076 unidades en 1962 a 19.591 unidades en 1967. 16 británica de Internacional Harvester Co. de los Estados Unidos, pero siete años después se encontraba en proceso de liquidación 35 . Desde un punto de vista técnico, el problema principal fue siempre su incapacidad para fabricar los motores de las máquinas que, inevitablemente, tenían que traerse del extranjero 36 . Las grandes multinacionales del sector no sólo disponían de la tecnología sino también de los capitales para fabricar en serie y para financiar unos activos fijos y un circulante que las empresas “españolas” no podían pagar, de ahí que, conocedoras de que la demanda de tractores y, en menor medida, de cosechadoras, significaría en el futuro una parte cada vez mayor del mercado de maquinaria agrícola, las empresas “españolas” se convirtieran en distribuidoras de tractores importados 37 . Los beneficios generados por esta actividad fueron, probablemente, los únicos que aportó el proceso de motorización del campo español a las cuentas de resultados de las empresas “españolas”. La demanda de otro tipo de máquinas y, sobre todo, de aperos agrícolas siguió constituyendo en los años sesenta un importante segmento del mercado español de maquinaria agrícola. Ahora bien, el cambio de escenario también se dejó sentir aquí. Hasta ahora, como señalamos con anterioridad, la principal sino única preocupación de los fabricantes nacionales de máquinas y aperos agrícolas había sido disponer de la energía y, sobre todo, de las materias primas que garantizaran el cumplimiento de los programas de fabricación. La vertiente comercial del negocio prácticamente no existía porque la demanda superaba a la oferta. Se vendía todo lo que se fabricaba; las grandes empresas, incluso al contado. 35 J.I. Martínez Ruiz (1999), “Privatización de empresas públicas y desindustrialización en Andalucía: la Sociedad Anónima de Construcciones Agrícolas, 1964-1972”, en A. Parejo Barranco y A. Sánchez Picón, eds., Economía Andaluza e Historia Industrial. Estudios en Homenaje a Jordi Nadal, Asukaría Mediterránea, Motril, pp. 405-414. 36 Dificultades parecidas existieron en otros ámbitos de la industria de la automoción. Véase J.L. García Ruiz y M. Santos Redondo (2001), ¡Es un motor español! Historia empresarial de Barreiros, Fundación Eduardo Barreiros-Editorial Síntesis, Madrid. 37 A título de ejemplo podemos señalar que el capital social de Ajuria S.A. en 1967 era de 110 millones de ptas. (total del pasivo: 591 millones) y el de Lanz Ibérica S.A. de 540 millones (total del pasivo: 1473 millones). 17 Desde finales de los años 50, sin embargo, el encarecimiento del precio del trabajo y el deterioro de las relaciones de intercambio intersectoriales (entre los precios de venta de los productos agrarios y el de los insumos consumidos por la agricultura procedentes de fuera del sector) redujeron las disponibilidades económicas de los agricultores. Las empresas de maquinaria se vieron obligadas a ofrecer facilidades de pago a sus compradores. Por otra parte, la creciente apertura de la economía española al exterior y el fin de gran parte de las restricciones que en el pasado habían limitado las dimensiones de la oferta, obligó a las empresas a competir. Los clientes no llamaban ya a las puertas de las fábricas. Había que ir a buscarlos, había que ofrecerles unos productos de calidad y a precios competitivos así como un adecuado servicio postventa. Las empresas españolas de maquinaria agrícola, pues, hubieron de enfrentarse al problema de que no sólo sus estructuras productivas sino también sus estructuras organizativas eran obsoletas. Ningún caso ilustra mejor cuanto acabamos de decir que el de Ajuria S.A. La Memoria del Ejercicio Social de 1957, por ejemplo, habla de “mejora en el precio del trigo”, de “extraordinaria demanda de maquinaria agrícola (…) hasta el extremo de que para el mes de marzo teníamos comprometida la casi totalidad de nuestra producción, posteriormente agotada, sin que pudieran ser servidos todos los pedidos que nos hicieron”, de “la acusada falta de chapa”. La de 1958 “que la escasez de chapa sigue acentuándose, siendo hoy el mayor freno con que tropezamos para nuestra producción”. En la de 1960 se dice ya “que los precios [percibidos por los agricultores] no son lo suficientemente remuneradores” y se afirma, por primera vez, que “el aprovisionamiento de primeras materias y elementos auxiliares ya no presenta dificultades, éstas existen solamente en vender lo fabricado”. En la del año siguiente, 1961, se indica que hubo “que ampliar sensiblemente las facilidades de pago para animar al agricultor en sus compras y así tratar de suplir su escasez de numerario” y que “restringir la actividad fabril” de la empresa. El año 1962, siempre según las Memorias, Ajuria S.A. “registró la novedad de reincorporar a nuestras actividades comerciales la venta de material de importación (…) al amparo de la liberalización de importaciones establecida a fines de 1961”. Nuevos decretos liberalizadoras llevaron a la empresa a comenzar la 18 importación y distribución en el mercado nacional de cosechadoras automotrices en 1963. Podríamos continuar pero consideramos que las referencias ofrecidas son más que suficientes. El deterioro de la rentabilidad de la empresa llevó a sus directivos a encargar un “Informe sobre la Organización Comercial” de Ajuria S.A. que resulta sumamente revelador de las debilidades competitivas de la mayor empresa “española” de maquinaria agrícola a mediados de los años sesenta 38 . Para empezar, el informe señalaba que la gran variedad y tipos de determinadas producciones – como arados, de los que se fabricaban 92 clases distintas – impedía la fabricación de grandes series y que las cosechadoras fabricadas por la empresa habían sido de calidad mediocre (“motivando gran número de devoluciones y actuando en desprestigio de la firma”). En cuanto a su relación con las firmas extranjeras que representaba en España – tractores LAMBORGHINI, cosechadoras LAVERDA, aparatos de recolección y empacado de forraje NEW HOLLAND y motores LISTER, entre otros – se aconsejaba ampliar los contratos de representación, con frecuencia renovables anualmente, a fin de garantizar que las inversiones de Ajuria S.A. en el lanzamiento y promoción de dichos productos pudieran rentabilizarse. En cuanto a la organización comercial propiamente dicha, Ajuria S.A. contaba en 1964 con 29 sucursales y 4 depósitos, cuyo personal formaba parte de la plantilla de la empresa. Se trataba de 141 empleados entre representantes (27), administrativos (28), viajantes (26), mecánicos (26), mozos y ordenanzas (22) y limpiadoras (2). Ajuria S.A. contaba también con 2.467 agentes a comisión “de los que solamente son efectivos 831 y totalmente ineficaces 1.023”. Sobre su propio personal, el Informe señalaba que “carece de iniciativa, de formación técnica, el personal mecánico conoce a fondo únicamente la maquinaria Ajuria, ignorando lo concerniente a la importada, siendo como es éste un capítulo creciente en la cifra de ventas de la sociedad”; que efectuaba labor alguna “de gestión o acercamiento a clientela nueva (…) habiendo disminuido mucho el número de visitas de clientes a sucursal”. 38 El Informe lleva por fecha el 31-12-1964. 19 Finalmente, no existía en la empresa ningún departamento “encargado de orientar y controlar la actividad de las sucursales”. Todo esto hacía que la red comercial de Ajuria S.A. careciera de “contacto con el mercado, desconociéndose en la empresa las tendencias hacia nuevos productos, la extensión de la clientela y las formas de operar de la competencia”. El Informe terminaba recomendando la creación de una Dirección Comercial que permitiera un mejor control de las sucursales y disponer de una mejor información acerca de la situación y necesidades del campo español. El abandono de la fabricación de maquinaria agrícola y, en el peor de los casos, el cierre – como sucedió con SACA a mediados de los años sesenta y con Ajuria S.A., Múgica Arellano y Cía. y tantas otras en los setenta – simbolizan el fracaso de las empresas “españolas” del sector. Fracaso a la hora de ofertar nuevos productos que fueran competitivos en calidad y en precio a los que se importaban del extranjero o a los que fabricaban en España las empresas multinacionales; fracaso, en definitiva, a la hora de adaptarse a los cambios que se produjeron en el marco legal e institucional de la economía española a partir del Plan de Estabilización. 20 APÉNDICE Nº 1 FABRICANTES DE MAQUINARIA AGRÍCOLA CON 50 ó MAS EMPLEADOS EN 1953 Ajuria, S.A. Álava Vitoria 989 SACA Sevilla 426 Material y Construcciones, S.A. Madrid Alcázar de S. Juan 425 Forjas y Fundiciones de Beasain Guipúzcoa Beasain 316 Fundiciones y Talleres "OLMA" Vizcaya Durango 286 Talleres Ibarreta (*) Vizcaya Baracaldo 253 Metalúrgica Naval y Terrestre, S.A. (*) Alicante 238 Rodes Hermanos Alicante Alcoy 226 AGROMETAL Burgos Miranda de Ebro 202 Marrodán y Rezola, S.L. La Rioja Logroño 197 S.A. Guernica Agrícola Vizcaya Guernica 192 Sdad. Esp. de Constr. Metálicas S.A. (*) Jaén Linares 191 Trepat, José Lérida Tárrega 190 Industrias Betoño, S.A. Álava Vitoria 188 Industrias Mec.Agr. D. (IMAD) Valencia 186 Hijos de Ortiz de Zárate Vizcaya Durango 159 La Industrial Mondragonesa, S.A. Guipúzcoa Mondragón 150 Industrias Fita, S.A. (*) Gerona Figueras 143 Díaz de Terán, S.L. Badajoz Zafra 133 Vidaurreta y Cía., S.A. Madrid 131 LAMUSA Huesca 120 Hijos de Ángel Moreno Zaragoza Ejea de los Caballeros 120 S.A. Accesorios Industriales Madrid 118 Fuentes Cardona y Cía., José Jaén Úbeda 117 Talleres Isleños, S.A. Baleares Palma 109 Ferretera Vizcaína, La Vizcaya Durango 102 Hijos de Boronat Alicante Alcoy 101 Montalbán, S.A. (*) Madrid 91 Construcciones Agrícolas Amodo (*) Zaragoza Zaragoza y Ejea 90 Brunel y Cía., G. (*) Tarragona Valls 88 Fábrica de Motores, S.A. (*) Barcelona 85 Marino Goñi, S.A. (*) Zaragoza 84 Busquet Grusat, Juan, S.A. Tarragona Reus 82 Fundiciones y Talleres Tavira (*) Vizcaya Durango 81 García, Márquez y Cas. Córdoba 80 Food Machinery Española (*) Valencia 80 Urbón Bodero, F. Valladolid Medina de Ríoseco 79 Talleres y Fundición La Veguilla S.A. León 70 Vigata, R. Madrid 69 Talleres Guifer, S.L. Salamanca 69 Talleres Cataluña (*) Zaragoza 68 Talleres Vigata Zaragoza Tauste 66 Klaebisch, S.A. (*) Barcelona 59 Pascual de la Vega, A. Sevilla 58 Industrias Giménez Cuende, S.A. Burgos 56 Barrio, Manuel S.R.C. Zaragoza 56 Miró Nadal, Vicente (*) Alicante Alcoy 55 Chico, S.L. Sevilla 51 Morán Iglesias, E. (*) Valladolid Medina de Ríoseco 51 Industrial MAC, S.R.C. (*) Zamora 50 (*) Empresas sin cupo de material siderúrgico o con un cupo inferior a 15 tm. en 1957 21 APÉNDICE Nº 2 FABRICANTES DE MAQUINARIA AGRÍCOLA CON UN CUPO DE MATERIAL SIDERÚRGICO DE 100 ó más tm. en 1957 Ajuria, S.A. Álava Vitoria 1400 Trepat, José Lérida Tárrega 400 Hijos de Ángel Moreno Zaragoza Ejea de los Caballeros 330 AGROMETAL Burgos Miranda de Ebro 303 Fundiciones y Forjas Roig Barcelona 290 Aranzábal y Cía. Álava Vitoria 280 Fundiciones y Talleres "OLMA" Vizcaya Durango 260 Metalúrgica Sta. Ana, S.A. Jaén Linares 250 Múgica, Arellano y Cía. Navarra Pamplona 240 Echevarría, Remigio Guipúzcoa Eibar 230 Vidaurreta y Cía., S.A. Madrid 217 Talleres Guifer S.L. Salamanca 202 LAMUSA Huesca 200 SACA Sevilla 200 Hijos de Ortiz de Zárate Vizcaya Durango 180 Busquet Grusat, Juan, S.A. Tarragona Reus 175 Ferretera Vizcaína, La Vizcaya Durango 164 Talleres Mecánicos ZAGA Vizcaya Durango 160 Talleres Vigata Zaragoza Tauste 152 Echevarría, Patricio Guipúzcoa Legazpia 150 Material y Construcciones, S.A. Madrid Alcázar de S. Juan 150 Vázquez y Hermanos, Edelmiro Pontevedra 150 Talleres y Fundición La Veguilla S.A. León 149 Fundiciones y Talleres J. del Olmo S.A. Burgos Melgar de Fernamental 148 Fundiciones y Forjas Gijonesas S.A. Asturias Gijón 146 Industrias Betoño, S.A. Álava Vitoria 144 Talleres Eguidazu Guipúzcoa Mondragón 142 Constr. Metálicas y de Maquinaria Orense 140 Capilla, José Valencia 140 Aparicio Hermanos (F. y M.) Guipúzcoa Zumárraga 138 Aparicio Hermanos Guipúzcoa Zumárraga 132 Urbón Bodero, F. Valladolid Medina de Ríoseco 125 Font y Cía. Barcelona Mataró 123 Of. Agr. Forjas y Fundiciones de Beasain Guipúzcoa Beasain 112 Miguelnos S.A. Madrid 110 Vigata Casinos Zaragoza Tauste 110 Barrio, Manuel S.R.C. Zaragoza 100 Bereciartu, J. Guipúzcoa Legazpia 100 Prados Hermanos y Cía. Vizcaya Bilbao 100 Ochandiano y Echevarría Guipúzcoa Eibar 100 Forjas de Elgoibar Guipúzcoa Elgoibar 100 Mugraza, Ugarte y Cía. Guipúzcoa Oñate 100