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Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 51 LICENCIAS PROPIETARIAS NO RESTRICTIVAS Y CAPITAL. ANÁLISIS DE LAS DETERMINACIONES DE LO ABIERTO EN LAS MERCANCÍAS INTENSIVAS EN CONOCIMIENTO. NON-RESTRICTIVE PROPRIETARY LICENSES AND CAPITAL. ANALYSIS ON THE DETERMINATIONS OF OPENNESS IN KNOWLEDGE-INTENSIVE COMMODITIES. Luis Arboledas-Lérida1 Universidad de Sevilla Recibido: 13.05.19 Aceptado: 06.02.20 Resumen La filosofía de lo abierto propugna el uso gratuito e irrestricto de los productos del trabajo intensivos en conocimiento, su diseminación libre de las trabas que imponen los derechos de propiedad intelectual. A juicio de muchos autores de corrientes críticas del pensamiento, lo abierto constituye una contradicción irresoluble bajo el modo de producción capitalista, pues evidencia que no es posible someter por completo las mercancías cognitivas a la lógica del valor. Este artículo ofrece una interpretación alternativa de la relación entre la libre diseminación de los productos intensivos en conocimiento y la producción de plusvalor relativo; y lo hace reconstruyendo las determinaciones de lo abierto desde una perspectiva marxiana. Se concluirá, así, que las potencias sociales que tal concreto porta son las propias del capital; que es la necesidad misma del capital social total en el curso de su acumulación la que da razón de ser a la proliferación de licencias propietarias no restrictivas. La compañía automovilística y de soluciones de energía Tesla se tomará como caso de estudio para ilustrar nuestros postulados. Palabras clave: Acceso Abierto, Tesla, Mercancías cognitivas, Propiedad Intelectual, Creative Commons. Abstract The philosophy of openness champions the free and unrestricted use of knowledge-intensive products of labour, their dissemination without those burdens imposed by intellectual proprietary rights. For many authors from critical traits of thought, openness posed an irresolvable contradiction to the capitalist relationship of production, in so far as it evidences the impossibility of subduing cognitive commodities to the logic of value-producing. This article offers an alternative interpretation on the relationship between knowledge-intensive commodities and the production of relative surplus value; and it does so by critically reconstructing from a Marxian perspective those determinants openness is under. We thereby elucidate that those social potencies borne by such concrete are actually the ones belonging to capital; that the movement of total social capital towards its self-valorisation yields the proliferation of non-restrictive proprietary licenses. The automobile and energy solutions Tesla will be considered as a case of study Keywords: Open Access, Tesla, Cognitive commodities, Intellectual Property, Creative Commons. 1 [email protected]
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 52 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida INTRODUCCIÓN Existe en la actualidad una demanda creciente por "abrir" o "liberar" los productos de trabajo social intensivos en conocimiento, esto es, por aplicar a los mismos licencias de propiedad intelectual no restrictivas que posibiliten la plena enajenación de sus valores de uso (incluyendo la distribución, la modificación y la generación de obras derivadas). Es en los campos de la ciencia, de un lado, y de la aplicación tecnológica de aquella, por el otro, donde esta reivindicación se ha hecho particularmente acuciante. Si bien es posible rastrear el origen de las primeras formas adoptadas por lo abierto hasta los albores del tercer milenio, éste ha cobrado recientemente un nuevo impulso de manos de las principales agencias de financiación de la investigación. Tal es el caso de la Comisión Europea y sus conspicuos Programas Marco de Investigación e Innovación, con el mandato de poner en abierto todos los artículos científicos resultantes de los proyectos sufragados por Horizon 2020 (Comisión Europea 2018b), primero, y con Horizon Europe, recién presentado, después, programa en el que lo abierto se convierte en eje estructurante de sus pilares de actuación (Comisión Europea 2018a). En tanto que el capital es "la potencia social que lo domina todo", pace Marx, habremos de concluir que la proliferación de licencias propietarias no restrictivas (tales como las denominadas Creative Commons) no pueden explicarse ni hallan razón de ser por fuera de la relación social capitalista, sino que responde a su mismo despliegue. Sin embargo, pareciera que teoría y realidad parecen tirarse de los pelos: si los productores privados e independientes no reconocen la propiedad sobre los productos de su trabajo; o, incluso haciéndolo, los entregan sin equivalente a otros con quienes no mantienen relación personal directa alguna, no hay lugar para el desarrollo del metabolismo social bajo su forma histórica de intercambio mercantil. Podría creerse, entonces, que las licencias propietarias no restrictivas constituyen una contradicción en los términos que viene a poner patas arriba al mismo modo de producción capitalista. Hay autores que así lo creen. Y hasta han dado un nombre a la nueva forma de organización del metabolismo social que al capitalismo habrá de suceder; que se materializa en las prácticas de producción y consumo online; y que se propagará conforme lo haga el empleo de licencias no privativas. Hablamos del "postcapitalismo", entre cuyos popularizadores encontramos a Mason (2016). La supuesta potencialidad revolucionario que a lo abierto se atribuye reside, según tales teorizaciones, en que éste vendría a dar curso y solución a la problemática que la ontología material de las mercancías cognitivas plantea al capital. Es que las mercancías cognitivas "ponen al descubierto espacios de crisis" en tanto que "la transformación del conocimiento en valor no es [un proceso] lineal y estable en el tiempo" (Rulliani 2004: 101). Dicho de otro modo, para algunas corrientes del pensamiento económico crítico o heterodoxo, los productos intensivos en conocimiento son inadecuados para la producción capitalista en tanto que presentan no rivalidad, no exclusividad y reproducción sin costos. Sólo la aplicación de licencias no propietarias podría dar entonces acomodo a las leyes particulares que gobiernan o han de gobernar este tipo de productos del trabajo social, convertidas en esas "soluciones nuevas" y "transformaciones institucionales originales" (Rulliani 2004: 101) que han de inserirse en el modo de producción capitalista, expandiéndose a su costa. Para Moulier- Boutang, se trataría de establecer "nuevos derechos de propiedad que permitan la absorción no-caótica o revolucionaria (…) de la actividad cognitiva humana" (Moulier- Boutang 2004: 111). Aunque este autor aspira a compaginar el elemento "liberador" del conocimiento con "la posibilidad de obtener beneficio".2 2 Digamos al pasar que si para Moulier-Boutang resulta necesario armonizar la aplicación de licencias de propiedad intelectual no privativas con el beneficio económico, tal vez el autor no vea tan claro que lo abierto permita superar de algún modo el carácter privado e independiente con el que se desarrolla el trabajo social en el capitalismo, esto es, la superación del capital mismo como relación social general.
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 53 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida Empleando el método de la crítica de la economía política, ya Starosta y Caligaris (2017; véase también Starosta 2012) han dado cuenta del contenido ideológico subyacente a la categoría de capitalismo cognitivo, identificando sus insuficiencias teóricas. No obstante, una crítica a las concepciones fetichistas articuladas en torno a lo abierto sigue pendiente, y obliga a reexaminar la relación entre las licencias propietarias no restrictivas y la producción de plusvalor relativo, perpetuum mobile de la relación social capitalista. Se necesita, así, avanzar sobre este concreto para revelar sus potencias inmanentes como resultado del movimiento contradictorio del modo de producción capitalista, y, por este medio, establecer la forma que nuestra propia acción debe de adoptar respecto de tal concreto (Íñigo Carrera 1992). Tal es el propósito que persigue este artículo. La división en epígrafes del texto queda como sigue: el primer apartado se consigna a recapitular brevemente sobre el contenido de lo abierto en sus diferentes modalidades. En el segundo, avanzamos desde la relación social general del modo capitalista de producción (intercambio mercantil) hacia sus formas más concretas (producción de plusvalía relativa) para poner en relieve la necesidad que tiene el capital de apropiarse sin equivalente de conocimiento científico, y, por consiguiente, la necesidad misma del acceso abierto e irrestricto a las inscripciones producto del trabajo científico y tecnológico. En el tercer apartado, se introduce el caso de estudio de Tesla para ahondar en las nuevas formas en que tales determinaciones de lo abierto se exteriorizan a nivel de la competencia entre capitales individuales, los cuales han comenzado a asumir la producción de mercancías cognitivas bajo licencias no privativas. Se cerrará el artículo recapitulando sobre los principales hallazgos de la investigación y aportando algunas reflexiones sobre el impacto de las políticas de Acceso Abierto en la financiación de la actividad de los Centros Públicos de Investigación. LAS FORMAS DE LO ABIERTO Lo abierto se define como la aplicación de licencias de propiedad intelectual no restrictivas o privativas en productos del trabajo social intensivos en conocimiento, al objeto de que cualquier sujeto pueda acceder a su contenido y enajenar libre y plenamente su valor de uso. Lo abierto presenta hasta la fecha cuatro modalidades específicas, a saber: Open Software, Open Access, Open Science y Open Innovation. Las dos primeras son también las dos formas concretas que aparecieron históricamente antes, a comienzos del tercer milenio. En el caso del Open Software, los principios de lo abierto toman cuerpo en inscripciones computacionales, tales como códigos, programas ejecutables y demás. Por su parte, el Open Access aplica en el caso de las inscripciones científicas —resultados de investigación—, con independencia de la base material en la que se encuentren fijadas. Sin embargo, en tanto que la publicación científica es el principal output de la ciencia (Latour y Woolgar 1992), el Acceso Abierto se ha asimilado estrechamente a la literatura científica, adquiriendo un carácter eminentemente bibliográfico que contrasta con lo expresado en sus textos fundacionales (Budapest Open Access Initiative 2002; Berlin Declaration on Open Access 2003). Así, la diferencia que media entre lo abierto en ciencia y lo abierto en tecnología computacional está dada por la misma materialidad de los productos del trabajo social a los que se aplican licencias abiertas. En el software, lo abierto no equivale a gratis: acceder y modificar el código fuente, amén de elaborar productivos derivados y distribuir copias de estos, no se encuentra inmediatamente reñido con la comercialización de tales inscripciones (Free Software Foundation, n/d). Acceder y usar los enunciados científicos fijados en la literatura, implica, en cambio, sortear los paywalls que las compañías editoriales establecen en sus revistas académicas. Por consiguiente, aquí abierto sí es sinónimo de gratuito (para el usuario, cabe notar), en tanto que el precio constituye una barrera para el acceso y la diseminación del conocimiento (Budapest Open Access Initiative 2002). Esto es precisamente lo que ha hecho tan particularmente conspicuo y atractivo al Open Access en el mundo académico (Mirowski 2018): su demanda por liberar los resultados de investigación generados con dinero público, ha terminado por poner en un brete al modelo de negocio de las publicaciones científicas, que no deja de provocar fricciones entre los
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 54 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida investigadores y responsables de la política científica (ejemplos de esta batalla de largo alcance pueden encontrarse en Fox y Brainard 2019; Else 2019; y Schiermeier 2017). Las otras dos modalidades específicas de lo abierto, Open Science y Open Innovation, presentan un énfasis diferente. Aquí, lo abierto no se aplica a productos, sino a procesos; no al resultado del trabajo intensivo en conocimiento, sino a la forma misma en que éste se desarrolla. La Ciencia Abierta se define como "una nueva aproximación al proceso científico basada en el trabajo colaborativo y las nuevas formas de difusión del conocimiento mediante el uso de tecnologías digitales y herramientas de colaboración" (Comisión Europea 2016: 33). Son varias las dimensiones que esta nueva forma de organización del trabajo científico abarca, incluyendo: transparencia en la publicación de resultados —que no se limite sólo al artículo como tal, sino que englobe también métodos, conjuntos de datos, protocolos y otras inscripciones movilizadas—; involucración de otros colectivos sociales en la actividad investigadora, tanto expertos como no expertos; nuevas concepciones y formas de medir del impacto científico; diseminación libre e irrestricta de los resultados; procedimientos alternativos de revisión por pares y de atribución de méritos, de carácter colectivo y cimentados en las posibilidades de la tecnología digital (community peerreviewing); y comunicación de la investigación a las más amplias audiencias (Friesike y Schildhauer 2014). Sobre la base de la aplicación de licencias no propietarias a los productos del trabajo científico, la Ciencia Abierta "transforma por completo el ciclo del proceso científico, desde la concepción inicial de las preguntas de investigación hasta la diseminación de los resultados finales" (Comisión Europea 2016: 35); y lo dota, así, de una nueva lógica, transitando del "publicar tanto y tan rápido como sea posible" al "compartir conocimiento tan pronto como sea posible" (Comisión Europea 2016: 34). La Innovación Abierta, flamante nuevo caballo de batalla de la política científica a nivel global, y en Europa particularmente, también enfatiza los procesos por sobre los productos; pero, en este caso, no se trata de la producción científica, sino de la innovación técnica y tecnológica. En tal sentido, Open Innovation refiere a un "complejo proceso de co-creación" que requiere de "intercambios de conocimiento y capacidades de absorción de los mismos de todos los actores involucrados, ya sean empresas, organizaciones académicas, entidades financieras, autoridades públicas o ciudadanos" (Comisión Europea 2016: 12). El fin perseguido por esta dinámica de colaboración es "la transformación del conocimiento en productos y servicios que creen nuevos mercados" (Comisión Europea 2016: 11). La Innovación Abierta es la forma plenamente desarrollada de las potencias genéricas contenidas en lo abierto. Con la Open Innovation, el foco se traslada definitivamente de liberar sin más el conocimiento de las licencias propietarias, a hacer esto para atender a un fin productivo (ergo, de valorización) concreto. Es decir, se transita del "abrir algo" al "abrir para algo". Este desplazamiento puede reconstruirse incluso textualmente al poner en contraste los propósitos declarados, respectivamente, por el Open Access y la Open Innovation. Mientras que el primero aspira, en última instancia, a "sentar las bases para unir a la humanidad en una conversación intelectual y una búsqueda de conocimiento compartidas" (Budapest Open Access Initiative 2002); el último, por su parte, busca convertirse en "catalizador del crecimiento económico, la innovación y la digitalización de todos los sectores de la economía" (Comisión Europea 2016: 8). Con el concepto de Innovación Abierta, llegamos al punto en el que el capital asoma su cabeza tras lo abierto y sus diferentes modalidades. Corresponde ahora, por tanto, enfrentar directamente la forma social capitalista, en su modalidad más simple o general y en la más desarrollada, para rastrear el origen de las potencias sociales que en lo abierto se contienen. LAS DETERMINACIONES DE LO ABIERTO El intercambio mercantil es la relación social general del modo de producción capitalista, forma histórica de organización del trabajo social que se sustenta sobre el carácter privado e independiente que aquel adopta (Íñigo Carrera 2007). Los productores, en tanto que individuos libres —no sometidos a ninguna
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 55 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida relación de dependencia personal en la ejecución de su trabajo privado—, no tienen modo de relacionarse sino a través de los productos de su trabajo, cuya capacidad para el cambio viene dada, precisamente, por ser el producto del trabajo que se ejecuta de forma privada e independiente (Íñigo Carrera 2007). Sus voluntades y conciencias se objetivan en la mercancía; se convierten, entonces, en personificaciones de la mercancía (Íñigo Carrera 2007). Así, pues, "la unidad de la organización del proceso de metabolismo social no es un atributo de las personas, sino que se establece de manera automática portado como un atributo del producto del trabajo social" (Íñigo Carrera 2012: 13). La forma concreta más simple de la relación social general en el modo de producción capitalista es la relación indirecta entre las personas establecida mediante el cambio entre mercancías, mediante el intercambio mercantil. Sin embargo, como Marx señalase (2000), las mercancías no pueden ir por sí solas al mercado. Por lo que "su relación de cambio y competencia necesita realizarse bajo la forma de la relación que establecen sus poseedores como personificaciones suyas: el contrato de compraventa y la práctica de la competencia para comprar y vender" (Íñigo Carrera 2012: 13). Para que el proceso de metabolismo social enajenado en el capital encuentre curso, los productores privados e independientes tienen necesariamente que reconocerse como tales propietarios de mercancías en el mercado, ejerciendo sobre las mismas un dominio consciente (Íñigo Carrera 2012). Este reconocimiento toma forma concreta de relación jurídica (Íñigo Carrera 2012), la cual se consagra en el derecho de las respectivas personificaciones de las mercancías de disponer libremente de los productos del trabajo ejecutado de manera privada e independiente. En este nivel de abstracción, el análisis nos pone inmediatamente ante la imposibilidad de cualquier apertura de los productos del trabajo intensivos en conocimiento, de la aplicación de licencias no propietarias que permitan a otros productores el uso gratuito, libre e irrestricto de las mercancías cognitivas. La relación económica no tiene cómo encontrar cauce si una de las partes se inhibe de reconocerse como propietario del producto de su trabajo, entregando este a otros sin equivalente alguno. No media el cambio, sino la mera apropiación. El metabolismo social parece escapar, en este punto, a las determinaciones que son propias de la relación social capitalista. Y el análisis enfrenta entonces la pregunta de por qué ocurre esto. La respuesta fácil es la que aportan los autores del postcapitalismo o aquellos académicos que comparten la concepción de la forma valor propia del Marxismo Autonomista: negar abstractamente la conciliación entre la producción capitalista, de un lado, y la libre enajenación del valor de uso de las mercancías intensivas en conocimiento. Si los derechos de propiedad intelectual se consideran la forma concreta que toma la relación jurídica en el caso de las mercancías intensivas en conocimiento (Starosta y Caligaris 2017), estos resultan "muy difíciles de justificar tal y como fueron construidos a comienzo del capitalismo industrial" (Moulier-Boutang 2004: 110, énfasis agregado), en virtud de las potencialidades que la tecnología computacional brinda y la propia materialidad de tales mercancías. Lo abierto vendría a poner al régimen de producción capitalista ante sus mismos límites objetivos; aunque éste, a su turno, responde imponiendo nuevos "cercamientos" a la producción intelectual (Moulier-Boutang 2004: 120) que le permitan parasitar y reproducirse.3 A nuestro entender, tales concepciones son erróneas por cuanto que se detienen sobre la apariencia de la cosa, del fenómeno de lo abierto. En efecto, la proliferación de licencias propietarias no restrictivas desafía el contenido más simple o general de la relación social capitalista, el intercambio mercantil simple. Pero es que no es aquí donde se ha de buscar la razón de ser de la existencia de lo abierto. Por ello, la investigación debe de avanzar hacia las formas más concretas de aquella relación social (a saber, la 3 No sólo el posoperaísmo comparte esta visión de los "cercamientos" a la producción intelectual. Desde una perspectiva que se pretende rigurosamente marxista, Rotta y Teixeira (2019) también arguyen que los capitales intensivos en conocimiento aplican cercamientos a la producción de mercancías cognitivas (knowledge commodities, en su terminología) para apropiarse de la renta que éstas generan (knowledge-rents). Para estos autores, las mercancías cognitivas poseen valor cero en tanto que pueden reproducirse sin aplicación de trabajo alguna, y, por ende, al igual que ocurre con las tierras de labor u otras fuerzas productivas de la naturaleza, el dueño de las mismas se apropia de (y no produce) una fracción de la plusvalía global a modo de renta.
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 56 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida valorización del valor, el crecimiento cuantitativamente ilimitado de la plusvalía) para buscar las potencias específicas que se realizan en el concreto que enfrentamos. Sólo comprendiendo la forma capital en cuanto tal, es posible dar cuenta de la necesidad misma que éste tiene de generalizar las licencias propietarias no restrictivas. Ciencia abierta para el capital La forma más simple y general de las mercancías cognitivas es el enunciado científico, considerado como la unidad material del conocimiento objetivado y el soporte físico en que éste queda fijado.4 En lo sucesivo, nos centraremos en esta forma más simple de los productos del trabajo intensivos en conocimiento, para indagar en las potencias sociales materializadas en lo abierto. La ciencia, la conciencia científica, "es la forma de conocimiento que penetra las apariencias inmediatas (…) con el fin de conocer las determinaciones de la propia acción, o sea, las propias determinaciones como sujeto, en su materialidad objetiva. Como tal, es la forma de conciencia que pone al individuo en mayor control sobre las potencias productivas de su trabajo" (Íñigo Carrera 2007: 67, énfasis agregado). El conocimiento científico que en las mercancías cognitivas se contiene, surge y sólo puede surgir históricamente con el modo capitalista de producción. Sólo individuos libres, liberados de cualquier atadura personal y con pleno dominio de su voluntad y conciencia, pueden cultivar la ciencia. A la inversa, el conocimiento científico es la forma más desarrollada de la conciencia y voluntad libres (Íñigo Carrera 2007). Pero, ¿a qué se aplica ese mayor control sobre las potencias productivas que la conciencia científica ejerce, en el marco de las relaciones sociales de producción capitalista? Si la quintaesencia de la producción capitalista es el crecimiento cuantitativamente ilimitado de plustrabajo extraído al obrero colectivo bajo la forma de plusvalía, y, más específicamente, de plusvalía relativa, a este propósito ha de servir el conocimiento científico, y no a ningún otro. La ciencia es, prima facie, una fuerza productiva del capital (Marx 2000); aun cuando, de hecho, no surja sino de la movilización y despliegue de las capacidades del obrero colectivo. El movimiento contradictorio de la acumulación capitalista explica la ineluctable necesidad que el capital tiene de enajenar las potencias del conocimiento científico, de apropiárselo para servir a los fines de su valorización. Frente a los atávicos modos de producción que le precedieron, el capitalismo destaca por someter a transformación constante los procesos de trabajo, revolucionando constantemente la misma base material de la producción; y ello, a fin de ajustar la escala de la producción a la escala de su valorización, o tanto vale decir, para continuar extrayendo una masa de plusvalía siempre creciente. Sin un caudal constante de conocimiento científico que fluya hacia y recorra de arriba abajo la totalidad de las esferas productivas en las que el trabajo social se divide y distribuye, el proceso acumulativo quedaría en entredicho, y, con ello, el mismo proceso de metabolismo social general. Más en concreto, el contenido de la actividad científica subsumida a la relación social capitalista es doble: de un lado, la producción de la capacidad misma de ejercer un control cada vez más amplio y consciente sobre las fuerzas productivas; del otro, la producción de la fuerza de trabajo capaz de controlar tales potencias y ponerlas al servicio de un fin útil (Rikap y Harari-Kermadec 2019). Es por ello que Hirsch (1978) habla de la política científica nacional como una "política del crecimiento económico". Por decirlo de una vez, el capital necesita apropiarse e incorporar el conocimiento científico a la totalidad de las actividades productivas que él rige y comanda por mor de su propia subsistencia. Decía Marx que "la ciencia 'ajena' se incorpora al capital lo mismo que el trabajo ajeno", esto es, sin que le cueste absolutamente nada (Marx 2000: 99, comillas en el original). En contraposición, él asume acertadamente que la explotación de ese conocimiento pasa por el desarrollo del sistema de máquinas, 4 Para Rotta y Teixeira (2019), en cambio, la mercancía cognitiva o knowledge-commodity no comprende el "artefacto técnico" en el que la información se halla fijada, sino "la información mercantilizada en sí misma". A nuestro entender, el valor de uso (no ya su valor como mercancía) de cualquier producto del trabajo científico comprende la unidad material de soporte físico y contenido de conocimiento. De otro modo, su enajenación resulta simplemente imposible.
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 57 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida y, en tal caso, no sólo no es gratis, sino que requiere de "un aparato muy costoso y complicado" (Marx 2000: 100) en el que la herramienta de trabajo pasa a ser controlada por el mecanismo automático. Pero lo cierto es que, en sentido lato, tampoco la apropiación de los enunciados científicos puede realizarse sin coste alguno5. Veamos la cosa más de cerca. Según Callon (1994), son cuatro los capítulos de gasto6 en los que se incurre al tratar de dar uso productivo a un determinado enunciado científico, con independencia de su naturaleza y la base material a la que ésta se encuentre fijada: Coste de acceso y reproducción al enunciado científico. Por "reproducción" del enunciado ha de entenderse el cambio de soporte material en el que el conocimiento queda objetivado (verbigracia, simulando mediante software una tecnología de la que se dispone un ejemplar físico, o viceversa). Coste de los bienes complementarios. Instrumentos, maquinaria, materias primas o capacitaciones profesionales; conocimientos adicionales, en suma, que se necesitan para dotar de sentido al enunciado o la inscripción en liza. Coste de mantenimiento y reproducción de los bienes complementarios, en particular, gasto en los medios de vida (salarios) de técnicos e investigadores contratados. Coste de la reconfiguración productiva de la inscripción científica. Cualquier enunciado necesita adaptarse a los fines del nuevo proceso productivo al que se incorpora para resultar verdaderamente útil; y ello comporta su completa transformación. Según el autor, los tres primeros epígrafes corresponden simplemente al gasto en el que se ha de incurrir para dotar de sentido a la inscripción científica. Sólo el último de ellos, efectivamente, correspondería al consumo productivo de la misma en un nuevo proceso de trabajo. Por lo tanto, no sólo es que la apropiación de un enunciado científico (como momento de la plena enajenación de su valor de uso) no sea gratis, sino que, de hecho, no es nada barata. Lo que Callon (1994) remarca, aun mediante su categorización deficiente, es que la incorporación de cualquier inscripción científica a una actividad productiva nueva y diferente de aquella en la que se engendró, reclama la movilización adicional de otros factores productivos. En lo que concierne estrictamente a lo abierto, es el primero de los capítulos de gasto aquí mencionados el que da cuenta de su necesidad. Callon (1994) apenas menciona los costes de acceso porque parte del supuesto de que el conocimiento científico es un bien público, luego cualquier inscripción estaba libremente disponible para quien deseara usarla. Pero el mismo desarrollo contradictorio de la producción capitalista ha minado la base material sobre la que tal aserto descansaba. La aplicación de licencias propietarias ha restringido las posibilidades de acceso y reproducción de los productos del trabajo intensivos en conocimiento, obligando a quienes deseen hacerlo a pagar cuotas por derechos de propiedad intelectual. Así, del mismo modo que el expreso reconocimiento jurídico de la voluntad del productor sobre su mercancía cognitiva se ha expandido, y, con él, la relación social capitalista; así el capital se ha enfrentado a un coste progresivamente creciente para transformar los procesos de trabajo. Bajo esta determinación, las licencias propietarias aplicadas a los enunciados científicos, se presentan como una traba al desarrollo de las fuerzas productivas. Y, como tal, el mismo capital se encarga de suprimirla. El despliegue de la relación social capitalista niega el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas, al impedir la apropiación sin equivalente de los enunciados científicos. Sin embargo, negación de la negación, el acceso y enajenación gratuitos, libres e irrestrictos a estos emerge como necesidad materializada del capital, al suprimir las restricciones que las licencias propietarias imponen. La 5 Apropiación y explotación son los dos momentos que configuran la unidad de la enajenación del conocimiento científico. El reconocimiento de esta diversidad en la unidad será relevante para lo que sigue. 6 El autor habla específicamente de "inversiones"; pero nos parece este un término ciertamente inadecuado.
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 58 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida potencia realizada en lo abierto es la potencia del capital; su existencia, necesidad de la relación social capitalista en su progresión cuantitativamente ilimitada, como acumulación del capital. EL NEGOCIO DE LOS CAPITALES EN TORNO A LO ABIERTO Hay una segunda consideración importante que cabe hacerse respecto de los capítulos de gasto enunciados por Callon (1994): aun cuando se generalice la libre utilización de los enunciados o inscripciones científicos, la enajenación del conocimiento científico con fines productivos nunca podrá realizarse sin coste para el capital. Todo enunciado científico verifica su condición socialmente útil mediante su consumo productivo con fines de producción de plusvalor relativo, y, por ende, ha de ser producido a lo largo de sucesivas fases de trabajo para hallarse en condiciones de satisfacer tal necesidad.7 Durante ese proceso, se consumen una serie de recursos (los enunciados sucintamente por Callon) que, bajo la égida de la relación social capitalista, han de reaparecer en el producto formando parte de su valor. Es precisamente este hecho el que espolea a los capitales individuales a tratar de descargar sobre otros capitales individuales, y sobre el Estado en última instancia, los costos relativos a la generación del conocimiento. Véase a este respecto la particular división social del trabajo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos plantea respecto de la generación y enajenación de enunciados científicos en el marco de la Ciencia Abierta (OCDE 2015): la totalidad de los agentes partícipes del proceso innovador, desde investigadores individuales hasta autoridades públicas, movilizan todos sus recursos para facilitar la enajenación de los enunciados científicos y sus aplicaciones tecnológicas por parte de las empresas, que asumen la tarea de volcar ese saber en nuevos procesos, productos o servicios y obtener beneficios por ello. Con tales jalones, no es de extrañar que algunos autores afirmen que "'apertura' y 'transparencia' son expropiación a posteriori de la ciencia generada con dinero público" (Mirowski 2018, comillas en el original). Pero lo cierto es que la generación y diseminación bajo licencias no restrictivas de mercancías intensivas en conocimiento no es competencia exclusiva del Estado y sus órganos; no sólo acaece por fuera o al margen de los procesos inmediatos de valorización. Mediado por el hecho de que los enunciados científicos no se enajenan por completo sin equivalente, la ineluctable necesidad del capital de suprimir las licencias propietarias para su desarrollo ulterior toma la forma concreta, a nivel de los capitales individuales, de la liberación por parte de estos mismos de sus tecnologías, software y otros instrumentos productivos. Dicho de otro modo: son los mismos capitales individuales los que ponen en abierto sus mercancías cognitivas. Para desarrollar analíticamente esta nueva determinación de lo abierto, se tomará por caso de estudio la empresa de automóviles y soluciones de energía Tesla. Tesla como caso de estudio Fue en 2014 cuando la compañía estadounidense Tesla comenzó a hacer abiertamente suyos los principios de lo abierto. Su fundador y director, Elon Musk, anunciaba en el blog de la empresa que ponía a disposición de quien quisiera usarlas, las más de 200 patentes que Tesla tenía concedidas (Musk 2014). Stricto sensu, Tesla no estaba liberando nada, pues no se puede renunciar a los derechos de propiedad sobre las patentes ya concedidas (Pearce 2017). Sin embargo, se comprometía a no iniciar acciones legales contra aquellos que dieran uso "de buena fe" a las tecnologías (Musk 2014); y ello, teniendo en cuenta que las grandes compañías tecnológicas tienden a gastar más dinero en litigios que en I+D (Pearce 2017), es algo reseñable de por sí. Los competidores de Tesla estaban, entonces, en condiciones de apropiarse y utilizar en torno a 200 tecnologías asociadas a la fabricación de coches eléctricos de aquella sin pagar canon por derechos de propiedad. 7 La distancia que media entre la forma original del enunciado científico y la forma final, esto es, aquella que adopta para su consumo productivo por parte del capital, es la que determina el carácter básico o aplicado de la investigación que genera aquel. Hay que señalar, a su vez, que el proceso de trabajo al que se ha de someter a un determinado enunciado científico para verificar su carácter socialmente útil, puede extenderse más allá del horizonte temporal de acumulación normal de los capitales individuales. Esto es lo que ha suscitado, a nuestro juicio, tanta mistificación respecto del carácter de la ciencia básica como guiada por la mera curiosidad o, en las acepciones más críticas, no sometida a las presiones del mercado.
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 59 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida Tesla no fue pionera; otras compañías habían transitado, con mayor o menor convicción, hacia lo abierto —verbigracia, IBM con su programa de desarrollo de programas en base Linux, o Google con el sistema operativo para móviles Android. Lo relevante en su caso era que este movimiento tenía lugar por primera vez fuera del mundo del software, es decir, fuera del ámbito de aquellas mercancías de naturaleza y soporte material digitales. Y la cosa no quedó ahí. En mayo de 2018, y tras largo tiempo haciéndose de rogar, se daba a conocer que Tesla liberaría partes del código fuente de sus automóviles Model S y Model X, al que se había aplicado una licencia no privativa GNU – General Public License (GNU-GPL). La Free Software Foundation mandataba a Tesla a poner en abierto su código porque tanto el Autopilot como los sistemas de infoentretenimiento de sus coches habían sido creados a partir de protocolos de software libre (Moore-Colyer 2018). Lo hizo en GitHub, portal por excelencia para programadores, que saltaba también a la palestra mediática en esas mismas fechas, al haber sido adquirido por Microsoft por 7.500 millones de dólares (Pastor 2018). En tanto que la aplicación de licencias no restrictivas sobre las tecnologías reduce drásticamente los costes de imitación o replicación de las mismas (Shahrivar et al. 2018), la ventaja que los competidores de Tesla obtenían con ello era grande. Lo que no resulta tan evidente de por sí es qué sacaba la propia automovilística californiana. Comprender tal extremo requiere de tomar en consideración dos aspectos estrechamente relacionados. El primero responde a la misma naturaleza material de los productos intensivos en conocimiento que fueron liberados por Tesla. Prima facie, es evidente que Tesla no ha prescindido de las licencias propietarias a aplicar a la masa de vehículos eléctricos producidos. Hay que seguir pasando por caja para adquirir un Model S o un Model X; su valor de uso no se puede enajenar de forma libre, gratuita e irrestricta. Lo que ha sido puesto en abierto son algunos instrumentos de producción. La fabricación de coches eléctricos ha necesitado, con carácter previo, de la producción de determinados medios de producción, que Tesla desarrolló motu proprio y protegió acto seguido con licencias propietarias no restrictivas. El consumo productivo es el único tipo de consumo que un instrumento de trabajo admite. El segundo aspecto a tomar en consideración es que se necesita emplazar una determinada cantidad de trabajo social en la tramitación, aplicación y protección de las licencias propietarias. Dicho de otro modo, a los capitales individuales no les resultan precisamente baratos sus derechos de propiedad intelectual. Si lo abierto representa una ventaja competitiva inmediata es porque reduce, cuando no suprime, los costes de licenciamiento (Shahrivar et al. 2018; Pearce 2017). Las licencias propietarias forman parte de los faux frais —gastos improductivos— de la producción. Por su parte, si éstas se aplican sobre los instrumentos de la producción que se consumen en el proceso de trabajo, y no sobre el producto final mismo, resulta evidente que los capitales se sirven de los derechos de propiedad intelectual para obtener beneficio incluso cuando su capital no está en actividad. Se hace compensar por el uso que otros dan a los instrumentos de trabajo creados con trabajo pretérito, y cuyo valor se transfiere a la masa de mercancías producidas, en tanto que capital fijo8. De no mediar la obsolescencia o desgaste moral (Marx 2000) de tales medios de producción, sólo tras un largo periodo de tiempo —que varía según la legislación nacional, aunque puede alcanzar los 75 años— estas ganancias extraordinarias acaban desapareciendo. Similar 8 En puridad, la distinción hecha entre el medio de producción o instrumento de trabajo y el producto final en lo que respecta a las licencias propietarias es una distinción formal, esto es, establecida en virtud de la mediación introducida por la forma mercantil del último respecto del primero. Seguimos con ello la línea de análisis planteada por Starosta y Caligaris al abordar la formación de valor en las mercancías cognitivas, y, más concretamente, en el software (Starosta y Caligaris 2017). Si éste ha sido adquirido a otro productor privado, estamos ante una mercancía, y, por tanto, ante el producto final de un proceso de trabajo pretérito. Como tal mercancía, necesita de los derechos de propiedad intelectual para mediar en la realización del contenido económico de la relación social capitalista. Pero el prototipo o primera unidad del software, resultado directo del trabajo de I+D, "no es el producto terminado que finalmente toma la forma de mercancía y es llevado al mercado" (Starosta y Caligaris 2017: 301). El prototipo representa trabajo pretérito objetivado, y, por tanto, debe ser tratado como parte de "las condiciones para llevar a cabo este proceso mismo [de producción del software]" (Starosta y Caligaris 2017: 301), esto es, como un instrumento del trabajo, como un medio de producción. Más aún, si bien el prototipo contiene un trabajo socialmente necesario, "no toma la forma de valor hasta que experimenta su transformación final en la copia" (Starosta y Caligaris 2017: 302). Tal razonamiento es extensible a cualquier otro instrumento de trabajo en lo que hace a su dimensión formal, esto es, a su forma mercantil.
Revista de Economía Crítica, nº30, segundo semestre 2020, ISSN 2013-5254 66 Licencias propietarias no restrictivas y capital. Luis Arboledas-Lérida Szadkowski, Krystian (2016): "Towards an orthodox Marxian reading of subsumption(s) of academic labour under capital", Workplace, Nº 28, pp. 9-29. Valmasedia-Andia, O.; Albizu-Gallastegi, E.; Fernández-Esquinas, M. y Fernández-De-Lucio, I. (2015): "La relación entre empresas españolas y el CSIC: motivaciones, mecanismos y beneficios desde la perspectiva empresarial", Arbor, Nº 38 (4), e109.