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Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón como plataforma de ascenso social y movilidad entre reinos

Velasco Marta, Irene

Abstract

La llegada de los Trastámara al trono aragonés favoreció la movilidad geográfica de un importante sector de las élites castellanas que pronto se instaló en sus nuevos territorios patrimoniales. El presente artículo analiza las transformaciones derivadas de esta migración de élites durante el reinado de Juan II (1458-1479), en el que cristalizaron las dinámicas iniciadas previamente por su padre, Fernando I. Mediante la consulta de registros de cancillería y documentación notarial y municipal, se ha realizado el análisis prosopográfico de algunos de los linajes e individuos castellanos al servicio del tercer Trastámara aragonés para comprobar su nivel de integración entre las élites locales. Con este propósito abordamos, en primer lugar, el proceso de articulación de su entorno curial, primero como infante y posteriormente como rey de Aragón, para profundizar a continuación en el proceso de instalación de esta nueva élite castellana en el reino de Aragón y, especialmente, en su capital.

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ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 HID 49 (2022) 435-458 HID 49 (2022) Copyright: © Editorial Universidad de Sevilla. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 (CC BY-NC-ND 4.0) FIDELIDAD Y SERVICIO. LA CORTE DE JUAN II DE ARAGÓN COMO PLATAFORMA DE ASCENSO SOCIAL Y MOVILIDAD ENTRE REINOS1 LOYALTY AND SERVICE. THE COURT OF JOHN II OF ARAGON AS A PLATFORM FOR SOCIAL ASCENT AND MOBILITY BETWEEN KINGDOMS Irene Velasco Marta Universidad de Zaragoza [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6864-0344 Resumen: La llegada de los Trastámara al trono aragonés favoreció la movilidad geográfica de un importante sector de las élites castellanas que pronto se instaló en sus nuevos territorios patrimoniales. El presente artículo analiza las transformaciones derivadas de esta migración de élites durante el reinado de Juan II (1458-1479), en el que cristalizaron las dinámicas iniciadas previamente por su padre, Fernando I. Mediante la consulta de registros de cancillería y documentación notarial y municipal, se ha realizado el análisis prosopográfico de algunos de los linajes e individuos castellanos al servicio del tercer Trastámara aragonés para comprobar su nivel de integración entre las élites locales. Con este propósito abordamos, en primer lugar, el proceso de articulación de su entorno curial, primero como infante y posteriormente como rey de Aragón, para profundizar a continuación en el proceso de instalación de esta nueva élite castellana en el reino de Aragón y, especialmente, en su capital. Palabras clave: movilidad social; élites; Corte; Castilla; Aragón; siglo XV. Abstract: The arrival of the Trastamara to the Aragonese throne favoured the geographical mobility of an important sector of the Castilian elites that Recibido: 8-11-2021; Aceptado: 16-2-2022; Versión definitiva: 21-3-2022 1. Abreviaturas utilizadas: ACA = Archivo de la Corona de Aragón; AHPNZ = Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza; AMZ = Archivo Municipal de Zaragoza. Este trabajo forma parte de la actividad científica desarrollada por el Grupo de Investigación de Referencia CEMA, reconocido por el Gobierno de Aragón, ref. H20_20R (2020-2022); y se ha realizado en el marco de un contrato de personal investigador predoctoral en formación para el período 2018-2022, financiado por el Gobierno de Aragón y el Programa Operativo FSE Aragón 2014-2020. 436 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 settled in the new patrimonial territories. Our aim is to analyse the transformations derived from this migration of elites during the reign of John II (1458- 1479), in which the dynamics initiated by his father crystallized. Through the examination of chancellery, notarial and municipal records, we carry out a prosopographic analysis of some of the most prominent Castilian lineages and individuals serving John II in order to verify their level of integration among the local elites. For this purpose, we first focus on the process of articulation of his curial entourage as infante and, later, as king of Aragon. Then, we delve into the establishment of this new Castilian elite in the kingdom of Aragon and, especially, in its capital. Keywords: Social Mobility; Elites; Court; Castile; Aragon; 15th Century. Introducción El 28 de junio de 1412 los nueve compromisarios reunidos en Caspe anunciaron la legitimidad de Fernando de Antequera como nuevo rey de Aragón, poniendo fin de esta manera a la grave fractura social que había enfrentado entre sí a las élites sociopolíticas de los distintos Estados que conformaban la Corona de Aragón tras la muerte sin descendencia de Martín I el Humano en 14102. Aunque los argumentos esgrimidos por los compromisarios giraban mayoritariamente en torno a la legitimidad de cada uno de los candidatos en función de su grado de parentesco con los soberanos previos, no resulta difícil suponer que la densa red de clientes, servidores y aliados que Fernando de Antequera había ido articulando gracias a su condición de infante de Castilla, hermano de Enrique III y corregente durante la minoría de edad del futuro Juan II de Castilla3, habrían contribuido de manera efectiva a que su candidatura resultase, a ojos de los artífices del Compromiso de Caspe, la más conveniente para ocupar el trono aragonés. En este sentido, en 2013 Víctor Muñoz subrayaba el vasto entramado de relaciones basadas en el servicio, la dependencia y la fidelidad hacia su persona y, sobre todo, la amplia movilización de su entorno de afinidad en términos diplomáticos, militares y financieros4 como uno de los principales factores que permitieron sustentar 2. Sobre las élites sociopolíticas del reino de Aragón durante el Interregno y el Compromiso de Caspe resulta imprescindible la consulta de Sesma Muñoz y Laliena Corbera 2012, pp. 165-190. Para el caso de las élites catalanas y valencianas destacan, respectivamente, Verdés Pijuan 2012, pp. 147- 164 y Narbona Vizcaíno 2012, pp. 191-232. Por su parte, las distintas fases del Compromiso de Caspe pueden consultarse en Abella Samitier, Lafuente Gómez y Torre Gonzalo 2012, pp. 61-94. Además, se han dedicado sendas monografías al análisis de los agentes políticos que protagonizaron el Interregno, así como a analizar las diversas interpretaciones historiográficas de este periodo, como es el caso de Sesma Muñoz 2012 y Falcón Pérez 2013. 3. Entre las publicaciones dedicadas a la etapa de Fernando de Antequera como regente de Castilla sobresalen Muñoz Gómez 2016; Nieto Soria 2012a, pp. 293-314; 2012b, pp. 1687-1698. 4. Muñoz Gómez, 2013, pp. 549-550. En Muñoz Gómez 2012, pp. 1647-1662 se analizan en profundidad las bases del poder de Fernando de Antequera en tanto que infante de Castilla. Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 437 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 el ascenso político de Fernando de Antequera y su paso de infante de Castilla a rey de Aragón5. Parece claro que la resolución tomada en Caspe gozó de un enorme consenso social, evidenciado por la falta de adhesión de las élites sociopolíticas de la Corona de Aragón y las oligarquías de las principales ciudades aragonesas, valencianas y catalanas a la rebelión que uno de los candidatos rechazados, Jaume de Urgell, encabezó en el año 1413. De esta manera, la proclamación de Fernando I puso fin a un periodo de incertidumbre política y social e inauguró una fase de intensa actividad institucional en la Corona de Aragón6. Una fase en la que el primer Trastámara aragonés dedicó todos sus esfuerzos al mantenimiento de ese clima de estabilidad y consenso social a largo plazo, para lo cual buscó el equilibrio entre las distintas fuerzas políticas que lo habían llevado al poder. Fernando I conservó las estructuras previas sin apenas modificaciones y, desde el primer momento, adaptó sus apariciones públicas y su labor de gobierno a los usos y costumbres de Aragón e intentó atraer a su entorno a los sectores sociales más destacados de la Corona. Durante su breve reinado, Fernando I (1412-1416) llevó a cabo una decidida estrategia de captación entre las élites políticas de la Corona con el objetivo de consolidar sus vínculos con aquellos que se habían mostrado favorables a su candidatura7 al tiempo que buscaba el favor de los personajes más destacados de entre aquellos que se habían opuesto a su coronación, a quienes ubicó al frente de algunos de los puestos más ventajosos de la Corte real. Sin embargo, la introducción en el entorno regio de una amplia representación de la aristocracia y el patriciado de los distintos territorios que conformaban la Corona de Aragón no supuso un impedimento para que el nuevo rey recompensase también a todos aquellos servidores que le habían acompañado desde Castilla y que habían hecho posible la consolidación de sus redes clientelares y la expansión de su vasta área de influencia hacia otros territorios peninsulares. La proclamación de Fernando de Antequera no supuso, a corto plazo, grandes modificaciones en el funcionamiento y la estructura política, burocrática y administrativa de la Corona de Aragón, más allá de la sustitución de la tradicional dinastía real aragonesa por otra de origen castellano. Sin embargo, la entronización del nuevo monarca llevó aparejado el desplazamiento de buena parte de quienes conformaban el entorno del entonces regente de Castilla. Así pues, ya en las primeras décadas del siglo XV empezó a desarrollarse un proceso de movilidad geográfica encabezado por una serie de linajes nobiliarios de origen castellano que, sin arrinconar a los autóctonos, comenzaron a ocupar puestos de gran relevancia en la Corte real. Esta migración de élites contribuyó a la introducción gradual de los primeros partidarios de Fernando I en la administración del Estado, una 5. Cabe considerar también las facetas diplomática, económica y militar desplegadas por el entonces infante Fernando durante el Interregno. Con este propósito, V. Muñoz profundiza en el origen de los recursos humanos, económicos y materiales puestos al servicio de la candidatura fernandista en Muñoz Gómez 2015. 6. Abella Samitier, Lafuente Gómez y Torre Gonzalo 2012, p. 90. 7. Idem. 438 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 dinámica que iría intensificándose en posteriores reinados provocando una serie de transformaciones que cristalizaron bajo el mandato del tercer Trastámara aragonés, Juan II (1458-1479), y que influyeron de manera evidente en el desarrollo sociopolítico de la Corona de Aragón en las últimas décadas del siglo XV. Por todo ello, a través del presente artículo nos proponemos analizar en qué medida los reinados de los primeros Trastámara aragoneses, y especialmente el de Juan II, afectaron a la composición de las élites sociales, políticas y económicas de la Corona y, sobre todo, del reino de Aragón. En este sentido, resulta fundamental poner el foco en la introducción de una nueva élite foránea o alóctona, con sus prácticas culturales y dinámicas propias, que convivió con las élites locales aunque sus miembros no siempre llegasen a vincularse entre sí8. Mediante la consulta y el vaciado exhaustivo de varias series de la cancillería de Juan II de Aragón conservadas en el ACA9, así como de abundante documentación notarial y municipal procedente de algunos archivos zaragozanos10, analizaremos en primer lugar el proceso de articulación del primer entorno curial del infante Juan de Aragón y los cambios que fue experimentando su Corte durante los primeros años de su reinado, entre 1458 y 1462. A continuación, profundizaremos en el proceso de implantación de esta nueva élite castellana en el reino de Aragón y, dada la relevancia política de la ciudad de Zaragoza en el conjunto de dicho reino, dedicaremos un apartado a abordar la presencia de estos linajes foráneos en la capital aragonesa analizando sus vías de acceso a la ciudad, las actividades desarrolladas en la misma y las relaciones que se establecieron entre estas nuevas élites y algunos de los linajes ciudadanos más destacados. 8. La noción de élites cuenta con un largo recorrido historiográfico, pero bajo este amplio concepto suelen esconderse definiciones muy dispares. Así, Dumolyn indica cómo la vaguedad del término “gives the historians the liberty to define it exactly as she or he wants to or, as is regrettably often the case, not to define it at all” (Dumolyn 2013, p. 3), mientras que Crouzet-Pavan duda incluso de la propia validez del término, pues teme que llegue a convertirse en un instrumento de medida creado por los propios historiadores e historiadoras o, en sus propias palabras, “un de ces paramètres artificiels qui aident à la reconstitution plus ou moins aléatoire de ce qui fut une société, voire un des outils obligés reflétant plus des critères historicistes de représentations que ceux d’un passé dans lequel la sanior pars se pensait comme l’expression même” (Crouzet-Pavan 1997, p. 9). A pesar de ello, dado que este es el término mayoritariamente adoptado y comprendido por la comunidad historiográfica, en este artículo abogaré por la utilización de la noción de élites entendiéndola como el grupo dominante de un determinado territorio, que no implica sólo a quienes ejercieron el gobierno sino que abarca un espectro mucho más amplio de individuos que manejaban un considerable capital económico, social y cultural, se reconocían a sí mismos como iguales y ocupaban las posiciones más destacadas dentro del cuerpo social. 9. Hemos manejado principalmente las series Diversorum (ACA, Cancillería, 3361-3392), Graciarum (ACA, Cancillería, 3353-3356), Oficialium (ACA, Cancillería, 3357-3360) y Pecunie (ACA, Cancillería, 3417-3420), aunque también se han consultado de manera auxiliar algunos libros de cuentas de la sección Real Patrimonio, serie Maestre Racional. 10. En concreto, se han vaciado las actas del gobierno municipal que se conservan de esta cronología (AMZ, Actos Comunes, 3-6), así como los libros de hasta 40 notarios municipales conservados en el AHPNZ. Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 439 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 1. El primer entorno curial del infante Juan de Aragón. Clientelas y bases de su poder Cuando Fernando de Antequera se desplazó a Aragón para tomar posesión de sus nuevos territorios no lo hizo solo sino rodeado de una vasta red de clientes, servidores y parientes. Entre estos últimos se encontraban sus dos hijos mayores, los futuros Alfonso V y Juan II, a quienes dotó de importantes rentas y propiedades. Una de las principales preocupaciones del nuevo rey al llegar a Aragón, además de intentar asegurar una necesaria estabilidad política durante su reinado atrayendo hacia sí a los principales miembros de las oligarquías locales y a importantes sectores de la nobleza aragonesa, catalana y valenciana, fue la de dotar a sus hijos de los recursos necesarios para introducirse de lleno en la esfera pública, reforzar su área de influencia e incrementar considerablemente su capacidad de acción política en aquellos Estados en los que se ubicaban sus nuevas propiedades. De esta manera, durante la ceremonia de coronación del primer Trastámara aragonés, celebrada en Zaragoza en 1414, el infante Alfonso recibió de su padre el título de príncipe de Gerona. Al mismo tiempo, el infante Juan obtenía los ducados de Peñafiel en Castilla y Montblanc en Cataluña11. Tanto la educación recibida como sus nuevos títulos, rentas y territorios patrimoniales resultaron determinantes para el desarrollo vital de los infantes, así como para la configuración de su entorno social, sus intereses y aspiraciones e, incluso, su propia personalidad política. Alfonso, por su condición de primogénito, fue educado como correspondía al príncipe heredero, y pronto se le dotó de una compleja red de servidores que configuraron su primera Casa, elaborada siguiendo el modelo recogido en las Ordinacions de la Casa i Cort de Pedro IV12. La Casa del heredero al trono contaba con una estructura y composición casi idéntica a la de su padre13, donde la presencia de miembros de las élites sociopolíticas de los distintos reinos de la Corona de Aragón destacaba sobre la de quienes 11. Zurita, 5, XII, 34. 12. Pedro IV de Aragón 2009. 13. En relación con la corte de Fernando I, la historiografía tradicional ha tendido a destacar los desencuentros producidos entre el rey y sus nuevos vasallos como consecuencia de su supuesto desinterés por las leyes y costumbres aragonesas, así como por la excesiva presencia de castellanos en su entorno (Soldevila i Zubiburu 1962, pp. 628-633; Vicens Vives 1956, pp. 99-102). Sin embargo, estudios más recientes indican que “la presencia de fieles castellanos de Fernando I activos en los espacios de la Corona de Aragón en actividades de cierta relevancia al servicio del rey arroja un número continuado de en torno a 130 individuos”, es decir, una quinta parte de los oficiales reales (Muñoz Gómez 2013, pp. 552). Asimismo, su presencia en la administración regia resultaba minoritaria, aspecto que puede ser interpretado como una “muestra de la integración en el marco político de la monarquía trastamarista y en sus estructuras administrativas de los partidarios del infante Fernando al trono durante el Interregno y de las elites sociales de los distintos territorios de la Corona de Aragón” (Muñoz Gómez 2013, pp. 552-553). Por tanto, parece que las críticas referentes al supuesto monopolio de los puestos más destacados de la Corte por oficiales castellanos resultan infundadas (al menos numéricamente, ya que su presencia en el entorno real sí parece ser una realidad que siguió vigente en posteriores reinados). 440 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 procedían de la Corona de Castilla14. En ese sentido, parece evidente que en ese entorno personal que Fernando trató de promover para su heredero primaba la sociabilidad con los naturales de sus nuevos reinos15, en un intento por garantizar el consenso de las distintas fuerzas políticas y, por lo tanto, la gobernabilidad durante su futuro reinado. Sin embargo, estos rasgos diferían notablemente de los que caracterizaron al entorno social de su hermano, quien terminó siendo coronado como Juan II de Aragón. Segundo hijo de Leonor de Alburquerque y Fernando de Antequera16, el infante Juan no estaba destinado a reinar sino a proteger los intereses que su familia tenía puestos en la Corona vecina. Por ello, durante el proceso de definición de su propia estructura curial17 no interesaba tanto asegurar la adhesión de las élites locales a su persona como, al contrario, consolidar su capacidad de acción y su influencia política en Castilla mediante la inclusión en su Casa y Corte de individuos procedentes de algunos de los linajes castellanos más destacados, quienes previsiblemente contribuirían a afianzar las potentes redes clientelares que sus progenitores habían ido trazando en Castilla. En este sentido, no debe sorprendernos que, cuando en la primavera de 1415 el futuro Juan II viajó a Sicilia para asumir su nombramiento como lugarteniente general, se hiciera acompañar de un séquito integrado por 81 individuos, de los cuales al menos 61 eran de origen castellano18. Tras la muerte de su padre en 1416, el infante Juan se convirtió en el garante de los derechos e intereses de los Trastámara aragoneses en la Corona castellana19, llegando a ser uno de los hombres de confianza de Juan II de Castilla y a liderar la facción de los infantes de Aragón en su enfrentamiento con el condestable Álvaro de Luna20. Estos años, de notable actividad política, resultaron fundamentales para terminar de afianzar sus vínculos con un amplio sector de la nobleza castellana y sentar de esta manera las bases para el establecimiento de una fiel y sólida 14. Los estudios de Antonio Mª Aragón Cabañas y Víctor Muñoz Gómez han permitido cuantificar, durante la segunda mitad de 1413, un total de 127 oficiales al servicio del infante Alfonso (que aumentaron hasta los 234 en el momento de su coronación). De ellos, sólo unos 48 (es decir, menos de un tercio) procedían de Castilla, ocupando la mayoría de ellos cargos subalternos en las caballerizas, la cocina y la cámara del infante (Aragón Cabañas 1970, pp. 273-293; Muñoz Gómez 2013, p. 555). Por otra parte, sobre la Casa y Corte de Alfonso V como rey vid. Sáiz Serrano 2013, pp. 131-149. 15. Muñoz Gómez 2013, p. 555. 16. Desde que Vicens Vives publicó su biografía de Juan II, son numerosos los autores que ponen el acento en su condición de “segundogénito de un segundón” (Vicens Vives 2003, p. 9), criado y educado en Castilla hasta la coronación de su padre, como uno de los rasgos fundamentales para la conformación de “la personalidad, la psicología y, por consiguiente, las ambiciones políticas del infante Juan de Aragón” (Gamero Igea 2016, p. 51). 17. Este proceso se describe con detalle en Cañas Gálvez 2020, pp. 51-74. 18. Muñoz Gómez 2013, p. 546. En este caso, estaríamos ante una situación radicalmente opuesta a la de su hermano mayor, “que tendría su base en la vinculación a él que se preveía de los principales títulos y posesiones señoriales de su padre en Castilla”. Idem. 19. Así, tras la muerte de Fernando I en 1416 al ducado de Peñafiel se sumaron el señorío de Lara, el condado de Mayorga y las villas de Medina del Campo, Cuéllar, Castrojeriz, Olmedo, Villalón, Haro, Belorado, Briones y Cerezo en Castilla (Zurita, 5, XII, 60). Estas donaciones están recogidas en el testamento de Fernando de Antequera, editado en Zalama y Pascual Molina 2017, pp. 81-100. 20. Vicens Vives 2003, pp. 29-74. Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 441 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 clientela que se desplazó con él al reino de Navarra tras su enlace con Blanca de Navarra en 1420 y su posterior nombramiento como rey consorte en 142521. Una clientela que combatió a su lado en la guerra civil castellana (1437-1445)22 y la guerra de Navarra (1451-1462)23, lo acompañó en su etapa como lugarteniente general de Cataluña (1454-1458)24 y, tras su coronación como rey de Aragón en 1458, fue recompensada con su ubicación en cargos de especial relevancia dentro de la Corte real, así como mediante la recepción de títulos, rentas y propiedades en la Corona de Aragón. 2. La Casa y Corte de Juan II de Aragón. Composición de su entorno social Las investigaciones centradas en el análisis del entorno social y curial de Juan II de Aragón siguen siendo muy escasas en comparación con las de otros monarcas bajomedievales. Aunque en la actualidad disponemos de algunas publicaciones específicas sobre su entorno curial en tanto que infante de Aragón25 y rey de Navarra26, así como de trabajos dedicados al estudio de la Corte de Juan II de Aragón durante sus últimos años de vida27, carecemos de investigaciones suficientes para abarcar al conjunto del entorno social de este soberano y, especialmente, a sus servidores, oficiales y clientes más cercanos, aquellos que permanecieron a su lado durante más tiempo y contribuyeron a establecer las bases sobre las que se articuló su reinado. Este vacío bibliográfico puede suplirse, no obstante, con la consulta de la abundante documentación emanada de la cancillería y la tesorería regias. En este sentido, el vaciado de los nombramientos de oficiales, las concesiones y las órdenes de pago28 dictadas por el monarca aragonés entre 1458 y 1462 nos ha permitido reconstruir de forma precisa la composición de la Corte de Juan II durante sus primeros años de reinado y la fase previa al estallido de la guerra civil catalana (1462-1472), momento en el cual los gastos derivados de este conflicto bélico arrinconan a las referencias relativas a nombramientos, quitaciones ordinarias y retribuciones extraordinarias, dificultando así la reconstrucción de 21. Isabel Ostolaza (Ostolaza Elizondo 2000, pp. 591-610) plantea una estructura de la Corte de Juan de Navarra mucho más amplia y compleja de la que Francisco de Paula Cañas documenta para su época de infante de Aragón (Cañas Gálvez 2020, p. 66), en la que el número de oficiales asciende hasta los 300 individuos. A pesar de ello, la presencia de individuos oriundos de Castilla en el entorno real sigue predominando sobre la de aquellos procedentes de otros lugares. 22. Vicens Vives 2003, pp. 93-134. 23. Ramírez Vaquero 1990. 24. Vicens Vives 2003, pp. 184-188. 25. Cañas Gálvez 2020. 26. Ostolaza Elizondo 2000. 27. Gamero Igea 2016. 28. Estas tipologías documentales se integran, respectivamente, en las series Officialium, Graciarum y Pecunie del ACA. A este propósito, vid. nota 9. 442 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 la estructura curial y la identificación de los oficiales cortesanos de Juan II en los años intermedios de su reinado29. Volviendo al periodo comprendido entre 1458 y 1462, las fuentes manejadas nos devuelven la imagen de una compleja estructura curial integrada por unos 400 individuos de los cuales unos 320 (si excluimos a los servidores privativos de la reina y los infantes) estaban directamente al servicio de Juan II, tanto en su dimensión doméstica como en las esferas políticas e institucionales. Estos oficiales, mayoritariamente masculinos, se agrupaban en una serie de espacios que derivan directamente del esquema organizativo propuesto por Pedro IV en sus Ordinaciones30. Un esquema que habían imitado su padre y su hermano mayor y que siguió estando vigente, en la representación mayestática aragonesa, hasta la muerte de Fernando II31. Sin embargo, en contraste con los entornos curiales de Fernando de Antequera y Alfonso el Magnánimo, donde los individuos pertenecientes a las élites sociopolíticas de la Corona eran mayoría, en la Corte de Juan II los oficiales de procedencia castellana superaban, a comienzos de su reinado, el 50 % del total32. Basta con volver la vista hacia la trayectoria vital que este último soberano experimentó antes de ser coronado como rey de Aragón para comprender que, en una época caracterizada por la fuerte inestabilidad política y los intensos enfrentamientos por el poder en Castilla y Navarra, el entonces infante de Aragón y posterior rey consorte de Navarra no hubiera sido capaz de proteger los intereses familiares e imponer su voluntad a largo plazo sin el trazado de fuertes lazos con un sector relativamente amplio de la nobleza castellana. En este sentido, el contexto sociopolítico previo a su coronación resultó determinante para la configuración de su entorno social, integrado por sólidas y duraderas clientelas que, tras su llegada al trono, vieron recompensados sus numerosos años de servicio con su integración en la Corte real. Aunque la composición del entorno curial de Juan II iría variando a lo largo su reinado con el incremento progresivo de oficiales de origen local, los individuos provenientes de Castilla siguieron manteniendo una posición predominante en la Corte, al menos numéricamente. De esta forma, la elevada presencia castellana contribuyó a acelerar algunas de las transformaciones que sus dos predecesores en el trono habían introducido. Estos cambios no se plasmaron únicamente en la introducción de pequeñas modificaciones en la composición del entorno curial33 29. El estudio de la Corte y los servidores reales en la Baja Edad Media ha dado lugar a la publicación de sendas monografías, entre las que sobresalen en los últimos años Beauchamp 2013; Beauchamp 2019; Cañas Gálvez y Nieto Soria 2019; Cañas Gálvez 2021. 30. Vid. nota 12. 31. Gamero Igea 2016, p. 119. 32. Excluyendo a un cuarto de los oficiales reales, cuya procedencia no hemos sido capaces de identificar, los castellanos constituían un 53 % del total, frente a un 31 % de servidores procedentes del reino de Aragón, un 9 % del principado de Cataluña, un 4 % del reino de Valencia, un 2 % del reino de Navarra y un 1 % de otras entidades políticas, en su mayoría situadas en la península itálica. 33. Dentro de estas pequeñas modificaciones en la ordenación de la Casa y Corte sobresale la introducción de un cargo específico de la Corona de Castilla: los continos. Es decir, unos oficiales sin “otra ocupación específica que la de cumplir los designios regios y vivir en la corte” (Pelaz Flores Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 443 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 sino también en la cristalización de ciertas transformaciones de largo recorrido que afectaron al propio funcionamiento de las estructuras políticas aragonesas y que nos permiten hablar de una progresiva castellanización de la Corona (y sobre todo, del reino) de Aragón que se consolidaría definitivamente en el reinado de Fernando el Católico. Me refiero específicamente a cuestiones como la situación de la lengua aragonesa, que bajo el reinado de Juan II terminó de ser reemplazada por el castellano en casi todas sus formas de expresión escrita34. Por otra parte, esta mayoría castellana no se distribuía de manera homogénea por todo el conjunto curial sino que se concentraba en áreas muy concretas. En este sentido, las cotas más elevadas de oficiales de origen castellano se detectan en aquellos espacios que integraban el palacio real y la cámara regia, es decir, aquellas áreas que, por su carácter doméstico y cotidiano, implicaban un mayor grado de confianza y proximidad a la persona del rey. De hecho, la presencia castellana era mucho más elevada en la propia cámara real que en cualquier otro espacio de la Corte, llegando a constituir los individuos procedentes de la Corona vecina el 68 % de los 63 servidores domésticos asociados a la cámara de Juan II, frente a un 22 % de individuos de procedencia aragonesa, un 5 % de origen valenciano y un 3 % y un 2 %, respectivamente, de oficiales provenientes del principado de Cataluña y del reino de Navarra35. Todos estos camareros, continos, criados y escuderos, entre los que encontramos miembros de linajes castellanos como los Suárez de Figueroa, los Manrique, los Liñán, los Guzmán o los Sahavedra, se emplazaban a las órdenes de Rodrigo de Rebolledo, camarero mayor de Juan II desde 1450 y servidor suyo, por lo menos, desde 143536. Aunque la mayor presencia de servidores castellanos se concentraba en la cámara regia, otras esferas de la Corte tampoco se quedaron atrás. Así, entre 1458 2017, p. 126) y que, a finales del reinado de Juan II, llegaron a constituir casi un tercio de los efectivos de su Corte (Gamero Igea 2016, p. 119). 34. Tomás Faci 2020, p. 217. En este sentido, Guillermo Tomás expone cómo tanto Fernando I como Alfonso V demostraron una importante capacidad de adaptación a los usos idiomáticos de la Corona desde el comienzo de sus respectivos reinados, sin detectarse apenas muestras de castellanización hasta que, en el contexto de la conquista de Nápoles, Alfonso V fue distanciándose cada vez más de la Península Ibérica. Como consecuencia de este alejamiento, el castellano comenzó a incorporarse al trabajo habitual de los escribanos de la cancillería regia dando lugar a “una lengua crecientemente hibridada entre aragonés y castellano” que fue depurándose durante el reinado de Juan II, de manera que, en torno a 1470, el segundo idioma se impuso definitivamente sobre el primero (Idem, p. 232). Asimismo, fue precisamente en el reinado de Juan II cuando el castellano se convirtió en una lengua de prestigio empleada por las élites autóctonas de la Corona en su propia correspondencia. La lengua castellana se convirtió, por tanto, “en un capital cultural en manos de una minoría, normalmente vinculada (…) con los ambientes cortesanos”, que pasó a emplearla “como un factor de distinción social frente a quienes solo conocían el romance autóctono” (Idem, p. 238). 35. Todos los porcentajes desglosados a partir de ahora se han elaborado sin tener en cuenta a aquellos oficiales cuyo origen no hemos logrado identificar y que, en función de cada una de las áreas que componían la Corte, podían suponer entre un 5 % y un 30 % del total. 36. La primera referencia relativa a Rodrigo de Rebolledo en los Anales de Zurita se remonta a la batalla de Ponza (1435), aunque sabemos que sus servicios a Juan II de Aragón comenzaron mucho antes. En este sentido, el cronista aragonés lo describe como “un caballero de su casa, natural del reino de Castilla, de Castrojeriz, que desde su niñez le siguió y sirvió siempre” (Zurita, 6, XIV, 27). 450 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 En este sentido, abundan las referencias a servidores reales de origen castellano que, independientemente de la relevancia del cargo desempeñado dentro de la Corte, realizaron importantes transacciones económicas en Zaragoza desde los inicios del reinado de Juan II. Posiblemente el caso más significativo sea el de uno de sus camareros, Pedro de León, quien en 1459 ya había iniciado su trayectoria de ascenso social recibiendo amplias propiedades en Aragón76 que, previsiblemente, habrían facilitado su asentamiento en la capital. Así, en el plazo de tres años (entre 1459 y 1462) hemos registrado una veintena de menciones, entre arrendamientos, compraventas de casas, cartas de comanda y otros tipos de préstamos, que vinculaban a Pedro de León no sólo con diferentes vecinos de la ciudad sino también con algunos de los individuos más reputados entre las élites locales, como los notarios Miguel de Barrachina77 y Antón de Cuerla78. Asimismo, el estallido de la guerra civil catalana no fue un impedimento para conservar sus intereses y actividades económicas en la ciudad, puesto que en 1463 nombró procuradora a su mujer, María de Tamián, para que actuase en su nombre cobrando las deudas y realizando las transacciones necesarias para mantener e incrementar el patrimonio familiar79. Además de Pedro de León, otros oficiales regios procedentes de la Corona de Castilla ejercieron una intensa actividad económica en la ciudad. Entre ellos se encontraba Francisco de Liñán, caballerizo mayor tanto de Juana Enríquez como del propio Juan II, que prestó elevadas cantidades de dinero a ciudadanos tan reputados como Jaime de Casafranca80. También Alfonso de Guadalajara, quien terminó sustituyendo al anterior en el puesto de caballerizo mayor del rey y que aparece con frecuencia ejerciendo de prestamista y manteniendo relaciones económicas de diverso calado con miembros de la oligarquía municipal como Jaime Sánchez de Calatayud81. En ambos casos, el nombre de aquellos ciudadanos con quienes hicieron negocios no es una cuestión baladí ya que, adentrándonos en sus propias trayectorias vitales y profesionales, podemos apreciar un denominador común: la Corte real. Así, sabemos que Jaime de Casafranca ejerció como escribano de Juan II82 mientras que Luis Sánchez de Calatayud, hermano de este segundo Jaime, fue el comprador y despensero mayor de Juan II desde el comienzo de su reinado83. De esta manera, el espacio curial emerge como un punto de encuentro y una plataforma de primer orden para el establecimiento de sólidas relaciones con 76. Vid. nota 58. 77. AHPNZ, 3953/1462 (19), ff. 67r-69r. 78. AHPNZ, 3953/1462 (19), ff. 29v-31r 79. AHPNZ, 3953/1462 (19), f. 132r. 80. AHPNZ, 3954/1465 (44), ff. 18v-19r. Jaime de Casafranca, mercader, era también corredor de la ciudad. 81. AHPNZ, 4086/1467 (3), f. 21r. Jaime de Calatayud, mercader, pertenecía a una conocida familia de mercaderes y notarios especialmente significados en la esfera política zaragozana. De hecho, él mismo tomó parte activa en el gobierno municipal ejerciendo como tercer jurado en 1463 y 1468, y fue uno de los cuatro administradores del General de Aragón en 1467 (Velasco Marta 2019, p. 199). Sobre otros miembros de su familia vid. nota 52. 82. AHPNZ, 3770/1471 (78), f. 30r. 83. AHPNZ, 4086/1468 (3), ff. 45r-47v. Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 451 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 miembros de las élites locales que, posteriormente, irían consolidándose mediante otro tipo de estrategias. Al hilo de esta última consideración Enrique Mainé sostiene, aludiendo al proceso de asentamiento en Zaragoza y la posterior adquisición de la condición de ciudadanía por ciertos mercaderes de origen extranjero, que el establecimiento de lazos de parentesco con miembros de la élite zaragozana, ya fuera en primera persona o para sus descendientes, constituía el punto definitivo de inflexión para su arraigo en la capital 84. Esto mismo es lo que sucedió con los linajes castellanos afincados en Zaragoza durante el reinado de Juan II. De esta manera, el establecimiento de las mencionadas alianzas matrimoniales constituía una de las máximas formas de expresión de la introducción de estos recién llegados entre las élites locales, así como una vía estratégica a través de la cual estos oficiales castellanos lograron ampliar su influencia y círculos relacionales en la ciudad. Este es el caso del enlace matrimonial entre Catalina de Olmedo y Felipe Climent85, ambos muy bien posicionados dentro de la Corte y, en el caso de Felipe, también en la capital aragonesa. Este ciudadano, que formaba parte de una de las familias más sobresalientes de la ciudad, fue escribano de la cancillería real y secretario tanto de Juan II como, posteriormente, de Fernando el Católico. Además, disfrutó de una considerable cercanía a la realeza Trastámara y una elevada capacidad adquisitiva derivada de la especialización familiar en el ámbito mercantil y la actuación de su propio hermano como uno de los principales acreedores de Alfonso V86. Por su parte, Catalina de Olmedo ya formaba parte del séquito de Juana Enríquez desde antes de su matrimonio con Juan II87 y su familia se había situado al servicio de este monarca por lo menos desde 145888, por lo que dispuso de una proximidad a la familia real igual o superior a la de su marido. Una proximidad tal que llegó a traducirse en la designación de los reyes como padrinos de su primogénito89. Todo ello convierte a este caso en una de las muestras más significativas de promoción social y establecimiento de lazos en el reino de Aragón a partir de la Corte real y, además, resulta especialmente llamativo porque habitualmente fueron los varones de aquellos linajes castellanos puestos al servicio de Juan II quienes entroncaron con la nobleza local, como hemos podido apreciar en páginas anteriores a través de trayectorias como la de Rodrigo de Rebolledo. Sin embargo, 84. Mainé Burguete 2006, p. 103. 85. AHPNZ, 4086/1469 (2), sin foliación. 86. Como atestigua la carta que Juan II dirigió a Ferrante I de Nápoles en 1459 solicitando la devolución de la deuda que Alfonso V había contraído con Francisco Climent. ACA, Cancillería, 3361, ff. 54r-55r. 87. Coll Julià 1953 vol. II, p. 298. 88. Catalina de Olmedo, también conocida como Catalina Velázquez por el nombre de su padre, era hija de Blasco de Olmedo, contino de Juan II desde 1458 (ACA, Cancillería, 3417, f. 122v), y sobrina de Pedro de Olmedo (vid. nota 62). 89. Coll Julià 1953 vol. II, p. 298. Sin embargo, llama la atención que las capitulaciones matrimoniales entre Catalina de Olmedo y Felipe Climent estén fechadas en 1469 y que Nuria Coll date el nacimiento de su primogénito en 1466. 452 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 esta vez es una mujer la que vehicula el proceso de establecimiento de su familia90 en la ciudad de Zaragoza, y lo hace entroncando con un linaje con representación en el gobierno municipal91, permitiendo así la ampliación del capital social de sus allegados y la consolidación de su presencia en la ciudad. Sin embargo, a pesar de emparentar con distintos magistrados urbanos, estos individuos castellanos no llegaron nunca a tomar parte personalmente en el gobierno de la ciudad. En este sentido, desde el siglo XIV venía desarrollándose en el conjunto de la Corona de Aragón una tendencia a limitar el acceso a las élites municipales mediante la consolidación de las regulaciones y vías de acceso al poder local para asegurar el mantenimiento y la reproducción de un reducido sector social, así como el monopolio del poder por unos pocos92. Durante este proceso, la medida más relevante y efectiva tomada en Zaragoza fue, sin duda, la imposición del estatus de ciudadanía como un requisito indispensable para acceder a las principales magistraturas municipales93, excluyendo a un amplio sector de la población y generando una clara distinción, dentro de las élites sociales y económicas de la ciudad, entre aquellos que conformaban la oligarquía municipal de Zaragoza y el resto de este grupo privilegiado. Así pues, aunque muchos individuos castellanos llegaron a emparentar con reputados miembros de las élites locales e, incluso, pasaron a engrosar esas élites gracias al manejo de un considerable capital económico y social, vieron sin embargo vedado su acceso al gobierno de la ciudad. De hecho, llegaron a ser rechazados incluso en aquellos puestos de carácter auxiliar que no exigían un estatus ciudadano94. Pero, a pesar de este monopolio de las magistraturas urbanas por un reducido número de familias y de la ausencia de un requisito indispensable para acceder al concejo zaragozano (la ciudadanía), varios de estos servidores castellanos de Juan II afincados en la capital aragonesa hallaron ciertas vías de participación indirecta en el gobierno municipal. Vías, todas ellas, que pasaban por el manejo de una elevada capacidad adquisitiva y unas potentes redes clientelares. En este contexto emerge nuevamente el ejemplo de Pedro de León, quien una década después de su llegada a la ciudad aparece recibiendo abundantes cantidades económicas procedentes de las arcas municipales como consecuencia de la adquisición de varios patios en el entorno del mercado de la ciudad que decidió arrendar al concejo 90. A propósito de las alianzas matrimoniales como principal estrategia de ascenso social y movilidad femenina resultan interesantes las consideraciones de Ferente 2018, pp. 217-227. 91. Entre otros Francisco Climent, hermano de Felipe, fue consejero en 1468 (AMZ, Actos Comunes, 3, f. 4r) y lugarteniente del merino y juez de taula en 1472 (Falcón Pérez 1978, p. 243). 92. Igual Luis 2018, p. 114. Este proceso de concentración del poder municipal como mecanismo para frenar la movilidad social en el reino de Aragón se documenta en Laliena Corbera 2010, p. 147-185. 93. Sobre la condición de ciudadanía vid. Mainé Burguete 2006, pp. 17-39. Por su parte, sobre el proceso de elección de los magistrados municipales vid. Falcón Pérez 1978. 94. Esto es lo que le sucedió a Andrés Guillén. Este individuo castellano, afincado en Zaragoza desde hacía más de una década, había sido nombrado pesador del almutazaf por parte de este mismo oficial, pero el 15 de diciembre de 1472 (días antes de jurar el cargo) fue rechazado por los jurados de la ciudad, que apelaron a su origen castellano como principal motivo de exclusión del gobierno local. AMZ, Actos Comunes, 5, ff. 20r-20v. Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 453 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 en julio de 146795. Asimismo, sólo un año más tarde cedió a treudo perpetuo unas casas a Martín de la Zaida, mayordomo de Zaragoza en 146996. De esta manera, los mencionados contratos no hacen sino evidenciar el considerable enriquecimiento de algunas de las familias castellanas que llegaron a Aragón acompañando al nuevo soberano y que llegaron a alcanzar una posición especialmente destacada dentro de la ciudad a través del favor regio, los lazos y redes de sociabilidad trazados a partir de la Corte y su propia dedicación a actividades profundamente lucrativas. No obstante, ninguno de estos aspectos habría servido para abrirles las puertas de uno de los espacios de poder más relevantes de Zaragoza, al que el sector más destacado de las élites autóctonas sí tenía acceso: el gobierno municipal. 5. Conclusiones Cuando, tras la muerte de Fernando de Antequera, su primogénito ocupó el trono, nada hacía pensar que su segundo hijo también llegaría a ser rey de Aragón. En este sentido, las circunstancias que llevaron al trono al soberano conocido como El Grande o El Sin Fe distaron mucho de las de Fernando I y Alfonso V y configuraron, por consiguiente, un entorno social que nada tenía que ver con el de sus inmediatos predecesores. Desde que su padre lo nombrase duque de Peñafiel en 1414, e incluso antes, los intereses del penúltimo Trastámara aragonés estuvieron siempre puestos en la Corona vecina, lo que le llevó a establecer sólidas clientelas caracterizadas por su fidelidad y servicio durante prolongados periodos de tiempo y en momentos especialmente conflictivos como consecuencia de los intensos enfrentamientos bélicos que golpearon especialmente a territorios como Navarra, Castilla y Cataluña durante las décadas centrales del siglo XV. Así pues, el entorno social de Juan II estuvo compuesto desde un primer momento por un amplio número de servidores de origen castellano que lo acompañaron durante buena parte de su vida y recibieron, a cambio, importantes retribuciones. Precisamente por este motivo, desde comienzos de su reinado se aprecia en la Corte de Juan II de Aragón una marcada especialización geográfica y un claro monopolio castellano de los puestos que implicaban una mayor cercanía al monarca. Es decir, todos aquellos cargos oficiales asociados a la cámara y otros espacios del palacio real, como la cocina o las caballerizas (no así en la administración, donde el predominio aragonés resulta evidente). Aunque la presencia castellana en la Corte de Juan II fue variando a lo largo de las dos décadas de su reinado, se mantuvo siempre en una proporción bastante elevada que favoreció una progresiva castellanización del Estado y generó ciertos cambios en el campo de actuación de las élites autóctonas, ya que el soberano no se limitó a introducir a estos oficiales castellanos en su Casa y Corte. Al contrario, los situó al frente de importantes señoríos, alcaidías y tenencias distribuidas por toda la Corona de Aragón y les 95. AMZ, Actos Comunes, 3, f. 78r. 96. AMZ, Actos Comunes, 4, f. 78r. 454 IRENE VELASCO MARTA HID 49 (2022) 435-458 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 concedió interesantes rentas y propiedades que les permitieron interactuar con algunos de los linajes locales más destacados, con los que establecieron relaciones personales y profesionales de distinto tipo. En este contexto, la Corte emerge como un eje vertebrador fundamental para el trazado de este tipo de vínculos, que no siempre pasaban por la intervención regia. De hecho, en muchas ocasiones este proceso de ascenso social y movilidad geográfica entre Castilla y Aragón tuvo lugar a partir del establecimiento de relaciones entre iguales al amparo de la Corte, que permitía y facilitaba la interacción social entre oficiales de muy diversas procedencias geográficas. No obstante, si nos basamos en la observación de algunos casos concretos, como el de la ciudad de Zaragoza bajo el reinado de Juan II, no parece existir una integración clara de estos oficiales castellanos entre las élites locales. Es decir, las familias castellanas que se establecieron en la ciudad a partir de la Corte alcanzaron elevadas posiciones dentro de la ciudad derivadas no sólo del favor regio, sino de una elevada capacidad adquisitiva y del manejo de un considerable capital económico, social y cultural que les llevaron a hacer negocios e, incluso, a emparentar con las élites locales. Sin embargo, nunca llegaron a integrarse del todo dentro de la oligarquía municipal, ya que su propio origen les excluía de las principales magistraturas urbanas y del concejo, quedándoles por lo tanto vedada una de las principales esferas que caracterizaban a las familias más poderosas de la ciudad: el ejercicio del gobierno ciudadano. Finalmente, si centramos nuestra atención en aquellos linajes locales con los que los oficiales castellanos de Juan II se relacionaron, se aprecia con claridad un mismo patrón. En este sentido, aunque familias como las de los Climent, Caballería o Sánchez de Calatayud disfrutaban de una posición especialmente destacada dentro de la sociedad zaragozana, todas ellas tenían sus intereses puestos en la Corte real, un espacio que habría actuado como punto de encuentro y eje vertebrador de todas estas relaciones. Por ello, quizás no sea del todo adecuado hablar de la integración de estos castellanos dentro de las élites locales sino, más bien, de la existencia de dos élites distintas, una autóctona y otra alóctona, que en un momento dado coexistieron en un mismo territorio e, incluso, llegaron a relacionarse entre sí, pero teniendo muy claros los límites de actuación de cada una de ellas. Así pues, podría afirmarse que estos linajes castellanos recién llegados a la Corona de Aragón, y más concretamente a la capital aragonesa, no se introdujeron entre aquellas élites más puramente urbanas, con unos intereses permanentemente fijados en la propia ciudad y sus órganos de gobierno, sino que su introducción se dio más bien entre unas élites cortesanas cada vez más interrelacionadas y que se beneficiaron mutuamente del trazado de estos vínculos entre las Coronas de Aragón y Castilla. Fidelidad y servicio. La Corte de Juan II de Aragón... 455 HID 48 (2022) 435-458ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.15 Bibliografía citada Abella Samitier, Juan; Lafuente Gómez, Mario y Torre Gonzalo, Sandra de la (2012), “De Martín I a Fernando I: Itinerario de un compromiso (1410-1412)”, en Sesma Muñoz, José Ángel (coord.), La Corona de Aragón en el centro de su historia. 1208-1458. El Interregno y el Compromiso de Caspe, Zaragoza, Grupo CEMA, pp. 61-94. 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