Á todos los Fieles de la Diócesis de Sevilla. El Dios de nuestros Padres ...
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Á todos los Fieles de la Diócesis de Sevilla. f s i p a -atar E ÍUJí; cOOI^ j «3'ia n noijíij -al ££ *-Bbh5r lo t B *r -mq^í: -r> / <¿rj t ihdr -nona -oiorai si rrj loras < *' 231/11 4 »U 20 .801 t r/íD bI í >b «I >ii satín >cn eníís ímnfipqí ; ifJ7i 2 :>b br, oLí 7 152 ; ab inaoD 8 Büvajl. E l ““gnpr c loíb?> ij ’olaLfáíjirrncq . L Dios de huestros Padres, en quien, y por quien vivimos : el Señor de tocios los bienes, que hace muchos siglos nos dispensa el inestimable de ser amados, y protexidos por-Reyes Católicos, Sa¬ bios, y Generosos, á cuyas excelentes prerrogati¬ vas debe la España la extensión, y firmeza de su Fe, no menos, que la sublimidad; de sus Leyes, y la Magestad, y grandeza: de su constitución $ be¬ neficios imponderables concedidos á muy pocas Naciones de la tierra} tuvo también la bondad, de hacernos reconocidos, vinculando,en nosotros el amor fiel, y constante á nuestros Soberanos bienhechores. Si Hermanos mios: los Reyes de vuestro sue¬ lo, los grandes y gloriosos Progenitores del Pia¬ dosísimo Carlos IV. nuestro Rey, y Señor, que Dios, prospere , y que para nuestro consuelo les imita, fuerony infatigables en lá> piedad, y lo fue¬ ron en la propagación , y pureza de la Fe , al propio tiempo, que ardientes en mantenerla, y con ella: nuestra publica* yprivada felicidad. Para unos finés tan Relevados tuvieron vues¬ tros Abuelos el honor, y la dicha de ver muchas veces penetrar ¡éstos ,fértilísimos terrenos á los Fer nandos, y á los Alfdnsos, y para los mismos vie¬ ron, y admiraron con vtefnura 'vuestros Padres al animoso, al esforzado ¡Felipe, pisar y re-mimar i, hermosa Andalucía, que fiel á su Rey, v ¿ s ¡ m : . m se vro uetendida, y cubierta de gloria. A
A vosotros mismos han renovado sus Au¬ gustos Nietos, Carlos y Luisa de Borbon, la ter¬ nura de aquel tiempo, dejándose ver en vuestra Capital, Ciudades , y Pueblos, ofreciendo en las Aras del Dios Omnipotente, por medio de un Fer¬ nando vuestro Libertador , á otro Fernando, Hijo y Heredero de sus virtudes , para que algún dia, permitiéndolo el Señor , tengan los que os suce¬ dieren, y no falte á vuestras Casas, y Familias un Padre, un seguro apoyo, un Rey Santo. í Que insinuaciones, Hermanos mios, y que exhortaciones estas para nuestra gratitud, aun quando todas ellas, y ias que nos acaba de hacer nues¬ tro Soberano, en grave necesidad de la Monar¬ quía, no gritasen por otros principios infinitamen¬ te mas altos, á nuestra propia obligación, y aun á la misma naturaleza! Por dos Decretos de S. M. de 27 de Mayo, y 5 de Junio próximos, se manifiestan del modo mas positivo las graves necesidades que padece el Estado, y la falta de Fondos, para mantener la causa pública 5 dimanado todo de los crecidos gastos, que ocasiona la guerra con la Gran Bre¬ taña , que igualmente es causa de la detención de caudales, y frutos preciosos de nuestras In¬ dias. Prefiere S. M. para cubrir aquellas necesida¬ des, y llenar un objeto de tanta importancia , el Donativo voluntario, y Préstamo gratuito, depen¬ diente uno y otro de la libre voluntad de sus Va¬ sallos, que por dicho Decreto se ha servido abrir, al último arbitrio, cjue seria valerse de sü autori¬ dad Soberana para mayores, ó nuevas contribucio¬ nes : y sin ceder un pünto de su confianza en la segura correspondencia que espera de nuestro amor y lealtad, se ha dignado S. M. con la Reyna nues¬ tra
tra Señora, de ser los primeros en someterse por el bien del Estado, y seguridad nuestra, á quantos sacrificios personales sean compatibles con el decoro, y Magestad del Trono, consignando desde luego para aquellos fines, alhajas de su Real Ca¬ sa y Capilla, y cantidades, que siempre fueron necesarias asignaciones, para el exercicio de su pie¬ dad y caridad, con otros subsidios y suplemen¬ tos nacidos únicamente de su Augusta benefi¬ cencia. I Con quanta verdad os pcdré decir que la tirgéncia es gravea que es común á todos , pues aflige al Estado $ que estamos en el caso de ocur^ rir á ella de un modo, y por un medio honorí¬ fico, útil y sabio $ y finalmente que aquel aiiuf inalterable de vuestros antepasados al Rey, y á la Patria, es quien dirige la confianza de estos, y las Providencias de su ilustrado Gobierno ? Deseáis sin duda, como aquellos, concurrirá mantener el respeto del Estado, ; y con él el vues¬ tro: conocéis la necesidad, y no habrá quien dude que este es su propio interes, es decir, el de su persona, de sus bienes, y de su familia: pues, Her¬ manos mios, jamas fueron hijas las felicidades pú¬ blicas ni privadas, de la indiferencia de los hom¬ bres , ni menos de la desconfianza de obtenerlas, antes al contrario; toda mano remisa, toda indife¬ rente, obra por sí misma la calamidad, al paso que la activa, y de los fuertes, prepara la abundancia y labra las fortunas. Los fieles Vasallos de todos los tiempos vie¬ ron, y probaron al lado de sus Reyes aquella al¬ ternativa, casi tan veloz como el curso de los A s tros, de la Paz, y la Guerra, de l a fatiga, y del descanso; ¡pero quan diferente se dexó ver en todas las edades la suerte del Vasallo fiel, y genetoso2
roso, de la del -frió,'-desleal, y desconocido! Siem¬ pre se vistió , y engrosó aquel con los despojos de este. Sin embargo, quiero escusaros en esta breve carta el tropel de imágenes, ó exemplos vivos de dicha verdad, que 'líos ofrece la memoria, y Inex¬ periencia propia de los sucesos, para volver toda nuestra atención sobre aquel Don inestimable de amar constantemente á nuestros Soberanos, que nos ha conservado baxo su mando, por tantos tiem¬ pos en el aprecio, y respeto de las Naciones. Quando ño bastaron á los Reyes , que vie¬ ron y veneraron nuestros Abuelos, los subsidios en el tiempo de Paz, ó de las necesidades comu¬ nes, jamas dexaron dé aprontarse gustosos á los extraordinarios que exigió la Guerra, ó el respeto de la Corona^ basa fundamental del sosiego públi¬ co, de la felicidad general, y de la confianza: y quando ni estos, mi otros mayores esfuerzos fueron suficientes para contener á los enemigos de nues¬ tro poder, y muchas veces de nuestra Santa Re¬ ligión, tampoco dudaron, ni omitieron un momen¬ to el exponer sus bienes y personas, en defensa de esta, y de su propia causa. Así vencieron , así triunfaron por muchos tiempos, del torrente de la emulación, y de la per¬ fidia, ya el valor, ya la Política de los Ramiros, de los Fernandos, de los Alfonsos , de los Carlos, de los Felipes, auxiliados por su ; Nobleza, asistidos de sus Vasallos, animados y exaltados por Exéreitos, que mil veces formó la industria, la fidelidad, el amor, el desprendimiento. Estas excelentes pruebas de amor, y de gra¬ titud, se verán repetidas en nuestros dias, si os ani¬ máis con aquel verdadero zelo, que inspira la Re¬ ligión y la lealtad, á contribuir según las fuerzas de
de cada uno, para el socorro de las urgencias, que en la ocasión presente rodean á la Monarquía. Su Gefe, nuestro Católico Rey, y Señor Car¬ los, á pesar de su amable y piadoso corazón, se halla en la necesidad de mantener una Guerra, que conoce, y conocemos todos indispensable : concur¬ ramos con liberalidad á sostenerla, y por este me¬ dio el decoro y esplendor de nuestro Reyno 3 di¬ rigiendo al propio tiempo nuestros ruegos al Trono del Dios Omnipotente, para que nos conceda el be¬ neficio de la Paz* Unámonos todos , o Ministros del Santuario, excitemos en nuestros Hermanos estos nobles sen¬ timientos de sus mayores, haciéndoles conocer la obligación de contribuir en las necesidades del Estado, como propias y del propio interes, y se¬ guridad de todo Vasallo^ no dudando nosotros por nuestra parte ser los primeros en dar con la en¬ señanza las pruebas mas claras de una fiel corres¬ pondencia á los favores del Señor, que se ha dig¬ nado constituirnos por nuestro estado , en el de Padres y Maestros* Como tales* óiganse de nuestra boca en todas partes, y aun desde los puestos mas sagrados, las voces de virtud, lealtad, y patriotismo, y las de benignidad, grandeza, y compasión en un Sobe¬ rano, que se vale de medios tan suaves y honro¬ sos á sus Vasallos, para obtener por medios volun¬ tarios, los auxilios, que podría exigir para unos fines de la primera importancia. Inspiremos pues , 2 los Fieles estas y otras religiosas máximas tan propias de nuestra santa Profesión, con toda sencillez y benevolencia para que en vez de mirarnos indiferentes y extraños de unos objetos tan grandes, seamos ahora de to¬ dos modos, como siempre, los primeros, en quienes Y
y por quienes, reynando el amor y la fidelidad, se faciliten los justos deseos de nuestro sabio Go¬ bierno. No descuidemos un momento, Hermanos, ni admitamos un punto de intervalo entre aquellos y estos sentimientos^ démoslo, si, muy grande á todo otro cuidado, y continuemos en este del servicio de Dios, y de la Patria, para que reunido, y es¬ trechado mas cada dia, el Sacerdocio con el Im¬ perio, recaigan las bendiciones del Cielo sobre las dos Potestades , y con ellas, aciertos piadosísimos de protección y amparo para nosotros, y nuestros Hermanos en Jesu-Christo, sobre las armas, y fati¬ gas de nuestro Padre y Defensor. Y concluyamos. Diocesanos de Sevilla, que si en la multitud del Pueblo consiste la Dignidad de un Rey, como nos dixo el mas sabio, en la for¬ taleza del Trono, en su seguridad y estabilidad, estrivan un torrente de felicidades , y aun la vida temporal y espiritual de muchos Pueblos} pero es¬ tos, Hermanos mios, son precisamente aquellos, en quienes sobre su multitud, que es un vigor de¬ spendiente, resplandece la unión intima con su Rey, la Moral, las Virtudes christianas, y no les falta, en casos necesarios, la liberalidad, la confianza} en una palabra, las que enseñan la absoluta preferencia de aquellos intereses, al privado, y propio de cada uno. Ni S. M., ni su Ilustradísimo Ministerio, en un arbitrio que dexan en manos de nuestra con¬ sideración, aunque indispensable, y que tanto nos interesa , exigen ni esperan otra cosa, que unos esfuerzos , sacados si del corazón , y de aque¬ llas virtudes, pero respectivos y conformes con la posibilidad y facultades de cada uno en parti¬ cular. Asi
Así es* fieles Diocesanos * así lo declara tam¬ bién el sabio y Supremo Consejo con palabras y exemplos que debemos imitar* sigámosle pues, y demos este á lá posteridad, uniendo ahora nues¬ tras fuerzas con las rectas intenciones de nuestro Soberano muy amado, para que nos procure una Paz duradera* Quiera Dios, Hermanos míos, que estas tibias clausulas, que tengo el honor de dirigiros en la ausencia de vuestro Prelado, y que son fruto pu¬ ramente de mi ardiente deseo acia vuestra felicidad, sean también un presagio de ella, y de la eterna, que el Señor nos conceda, como se lo pido. En Sevilla á 1 6 de Julio de 17.98. Manuel Cayetano Obispo Gobernador . D. Francisco Pereyra,
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