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Los atriles de plata de la Capilla Real de Sevilla

Santos Márquez, Antonio Joaquín

Abstract

En este artículo se estudian las dos parejas de atriles de plata que se conservan en la Capilla Real de la catedral de Sevilla, unas piezas sin-gulares que hasta el momento han pasado des-apercibidas para la historiografía especializada y que son creaciones de orfebres destacados de la ciudad durante el periodo barroco, como fueron Manuel Domínguez, Manuel Guerrero de Alcántara y Tomás Sánchez Reciente.

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AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz PLATERÍA Y REFERENTES MEDIEVALES 92 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 Resumen En este artículo se estudian las dos parejas de atriles de plata que se conservan en la Capilla Real de la catedral de Sevilla, unas piezas singulares que hasta el momento han pasado desapercibidas para la historiografía especializada y que son creaciones de orfebres destacados de la ciudad durante el periodo barroco, como fueron Manuel Domínguez, Manuel Guerrero de Alcántara y Tomás Sánchez Reciente. Palabras clave Atriles, Barroco, Capilla Real, Platería, Sevilla. Antonio Joaquín Santos Márquez Universidad de Sevilla, España. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla y Premio Extraordinario de Doctorado en el año 2004, actualmente es Profesor Titular de Universidad del Departamento de Historia del Arte en la Facultad de Geografía e Historia de la misma institución académica. Miembro del grupo de investigación Laboratorio de Arte, su carrera investigadora se ha centrado fundamentalmente en el estudio del arte de la platería durante la Edad Moderna en España e Iberoamérica. LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA THE SILVER MISSAL STANDS OF THE ROYAL CHAPEL OF SEVILLE Fecha de recepción: 18/IV/2022 Fecha de revisión: 28/IV/2022 Fecha de aceptación: 29/IV/2022 Fecha de publicación: 30/X/2022 Abstract This article studies the two pairs of silver lecterns that are preserved in the Royal Chapel of Seville Cathedral. These works, which have not been studied by specialized scholars, are the creations of prominent local goldsmiths during the Baroque period, Manuel Domínguez, Manuel Guerrero de Alcántara and Tomás Sánchez Reciente. Keywords Baroque, Missal stands, Royal Chapel, Seville, Silverwork. ISSN 2254-7037 ORCID: 0000-0002-7671-0936 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/quiroga.v0i21.0007 AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz 93 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA La aparición de la pareja de atriles en el altar durante la misa tridentina se convirtió en una peculiaridad de la liturgia hispánica. Es evidente que esta singularidad vino marcada por su uso como sostén del misal, el cual para las misas solemnes y cantadas se duplicaba, huyendo con ello del continuo trasiego de los acólitos o ministros trasladando el libro hacia los extremos del altar cuando el oficiante procedía a leer la Epístola y el Evangelio. De ahí que, a partir esencialmente de los años iniciales del siglo XVI y, posiblemente influidas por el antiguo rito hispánico, las iglesias mayores comenzaron a emplear dos misales con sus respectivos soportes. Y si bien en todas las rúbricas tridentinas se abogaba por el cojín de origen medieval como el mejor trono y apoyo del libro sagrado, en la práctica había sido vencido por el atril de metal o de madera1. Por lo tanto, a partir del quinientos, las grandes iglesias en España contarán con relevantes muestras de esta tipología, y un buen ejemplo lo hallamos en la catedral de Sevilla. En efecto, la primera referencia localizada de su presencia en la capilla mayor de la seo, la tenemos en un mandato de 1506, año en el que el cabildo catedralicio dispuso que se hicieran “dos atriles de madera para el altar”2. Unas piezas talladas y doradas que debieron estar en uso hasta que el cabildo a fines de 1593 determinó su sustitución por una pareja en plata, cuyo resultado fueron los monumentales atriles manieristas ejecutados por Francisco de Alfaro y estrenados en 15963. Sin duda, esta pareja fue el punto de partida para que, en otros espacios relevantes de la catedral donde se oficiaban igualmente misas solemnes, también se reprodujese esta costumbre de tener parejas de atriles en plata. En concreto, será la capilla de Nuestra Señora de la Antigua la primera en contar con sendos atriles argénteos, los cuales fueron producto de la munificencia de don Francisco Enríquez de Ribera en 16044. Y como es bien conocido, otro de los lugares de culto importantes en la catedral fue siempre la Capilla Real, la cual también posee hoy día dos parejas de esta tipología labradas en metal precioso. Sin embargo, a diferencia de los casos antes aludidos, la llegada de estos atriles argénteos fue más tardía, producto del proceso de remodelación de su mobiliario litúrgico y del adorno de la capilla durante el periodo barroco tras la canonización de San Fernando. De hecho, la existencia de esta doble pareja se debe a la necesidad litúrgica emanada de la elevación a los altares del santo rey AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 94 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 y a la incorporación en el centro de la capilla, delante de su urna relicario, de un nuevo altar donde celebrar su propio culto. Por ello, tenemos un juego que pertenece al altar de la Virgen de los Reyes y otro que tenía su uso en el dedicado a San Fernando; unas piezas de indudable calidad e indiscutible interés histórico-artístico que prácticamente han pasado desapercibidas para la historiografía especializada y sobre las que versará el presente trabajo5. 1. LOS ATRILES DE LA VIRGEN DE LOS REYES La Capilla Real, desde su inauguración por Alfonso X el Sabio antes de 1279, siempre estuvo presidida por el altar dedicado a la Virgen de los Reyes6. Las primeras noticias sobre los bienes de este altar y capilla proceden de la visita realizada en 1500 a las dependencias del patio de los Naranjos donde habían pasado sus enseres durante las obras de construcción de la nueva catedral, y en esta relación ya aparece una pareja de “atrilicos de altar de madera”7. Unas piezas que pudieron ser las que, una vez inaugurada la nueva Capilla Real en 1579, pasaron a ser utilizadas en el nuevo altar, tal y como se constata en el inventario de 15988. No obstante, para mediados de la centuria siguiente ya se había procedido a su relevo por una pareja argéntea. En concreto, según el inventario de 1652, ya estaban en uso en este altar dos atriles de plata, uno con las armas reales en el asiento del misal y en la trasera, y otro con los anagramas de Jesús y María sustituyendo las referidas heráldicas y del que se menciona “que lo dio el Capitán Joan Damián Mendoza”9. Por lo tanto, serían estos los primeros atriles de plata que tuvo la Capilla Real hasta que fueron sustituidos en 1717 por la pareja hoy conservada. En concreto, en el cabildo celebrado el 9 de agosto del aludido año, se hacía constar que el capellán mayor Laureano Oliver ofrecía por su devoción unos atriles de plata para el altar de Nuestra Señora de los Reyes que tenía casi acabados10. Con esa finalidad establecía una serie de condiciones que debían ser observadas para que se hiciese efectiva esta donación. La primera se centraba en que no se pudieran prestar ni sacar fuera de la capilla, salvo si lo hacía el cabildo de la Santa Iglesia Catedral, pero siempre con conocimiento y acuerdo de los capellanes, advirtiendo que, si ello no sucedía, se debían aplicar las penas y multas que tenía fijada la institución para estos casos. En segundo lugar, se prohibía que esas piezas se pudieran deshacer o consumir bajo ningún pretexto para convertir su plata en otra alhaja por mucha falta que hiciera a la capilla, ni tampoco hacer con ellas otros atriles, aunque fuesen mejores, permitiendo solo mantenerlas, aderezarlas y conservarlas en la misma forma e idea con que se entregaban. Además, determinaba el donante que debían servir de ordinario en dicho altar de la Virgen de los Reyes, a los que pasaban en propiedad y adorno, excepto los días en los que la capilla Real estilaba celebrar las funciones en el altar de San Fernando o en otro altar de la capilla, que junto a otras alhajas del altar mariano se disponían para mayor boato en dichas celebraciones. Y la tercera y última condición se centraba en el supuesto de que se faltase a alguna de las dos anteriores. En este caso, los atriles serían enajenados de la Capilla Real, pudiéndose entregar a la Santa Iglesia Catedral para el altar de la Virgen de la Antigua, o a los mercedarios para el convento de San José, o a la Compañía de Jesús para el altar de San Francisco Javier de su iglesia de la Casa profesa, sin que existiese entre estas instituciones un orden de prelación establecido sino simplemente la que primero los solicitase. En consecuencia, los capellanes aceptaron dichas condiciones y recibieron las piezas, advirtiendo que, si perecieran por incendio, saqueo, hurto o cualquier otra fatalidad “sin culpa, malicia o mala fe en este cabildo”, la Capilla Real solo debía tener la obligación de intentar recuperarlas en el mejor modo posible, siendo los sacristanes de esta institución los que debían correr con todos los gastos en caso de desaparecer sin ninguna causa conocida. Además, recalcaban que AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 95 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 no se quebrantaría la condición impuesta sobre el préstamo, si dichas piezas se entregaban a un platero para aderezar o blanquear y este los prestase sin conocimiento de los capellanes “como algunas veces suelen hacerlo con las alajas de plata”. Finalmente, aclarados estos últimos términos, firmaron el acuerdo con el capellán mayor y determinaron que a continuación se recogiese la certificación del platero para que quedase constancia de la donación en el libro de autos capitulares. Un documento fechado el 18 de agosto y en el que se expone, no solo la autoría de la creación y su donante, sino también su peso, costo e incluso algunos detalles decorativos que caracterizarán a estos atriles. El platero que firma dicha certificación es Manuel José Domínguez (doc. 1695-1739), sobre el que sabemos que inició su carrera artística a partir de su aprobación como maestro en 1704 y en su obrador, además de algunos familiares, se formaron otros renombrados plateros de la ciudad como José de Villaviciosa11. De su creatividad se sabe poco, siendo su obra más relevante el frontal de una de las credencias de esta misma capilla, donado en 1739 por el capellán Pedro Gallardo12. En el certificado de los atriles, Domínguez deja constancia de su peso, unos 51 marcos, 2 onzas y 1 real, y de su coste que se elevó a 141 pesos escudos, unas cifras que avalan la importancia de la dádiva13. No obstante, seguidamente hay una referencia a la identificación de los atriles que no coincide con las piezas conservadas. Dice en concreto que tenían una coronación compuesta por dos ángeles, en uno portando un corazón con el monograma del JHS y en el otro un sol con el de María. Sin embargo, en la actualidad, los atriles no presentan dichos remates sino dos roleos enmarcando un montículo sobre el que se levanta un castillo entre dos leones rampantes, símbolos de la heráldica real. Una diferencia que nos podría llevar a pensar en dos hipótesis: la primera, que fueran piezas diferen- Fig. 1. Manuel José Domínguez. Atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 96 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 tes y la segunda, que pudiera ser el resultado de una reforma posterior. Y creemos más bien en esta última posibilidad, ya que, además de que son piezas barrocas propias de esos años, en el inventario de 1762 se registran los atriles donados por el capellán Laureano Oliver con el mismo peso y precio descrito en la certificación14, cuanto más, sabemos que fueron reformados en 1728 por Andrés Palomino15. Quizás, en ese momento se produjo este cambio de iconografía debido a la necesidad de utilizarlos también en el altar de San Fernando durante las fiestas celebradas por el estreno de su urna relicario al año siguiente, consiguiendo así una identificación clara con la institución, a sabiendas de que la reforma no estaba prohi bida en el compromiso firmado años atrás. No obstante, sí aparecen ángeles repujados en todas las chapas de plata que cubren estas piezas, los cuales conectan a la perfección con los remates descritos. En concreto, se reproducen regordetes angelotes portando filacterias entre carnosa flora y hojarasca, enmarcando y señalando diferentes elementos simbólicos y alegóricos marianos, que recuerdan las virtudes de la Virgen María, especialmente las vinculadas con su inmaculada concepción y con la advocación mariana de los Reyes. Un complejo programa que se acompaña de referencias latinas recogidas en las filacterias y que están tomadas de la literatura mariana tradicional. El primero de los atriles presenta en su frente, donde se posa el misal, un grueso angelote sobre un carnoso roleo que sujeta con su mano derecha un espejo al que alude la inscripción recogida en la filacteria que porta con la otra. En concreto, se lee ESPECVLVM SINE MACVLA DEI MAIESTATIS (“Inmaculado espejo de la majestad de Dios”), cita extraída del Libro de la Sabiduría (7, 26) y que viene a reafirmar el concepto inmaculado de María. En el respaldo del atril, en una disposición similar en el panel rectangular, hallamos otro angelote, entre hojas y flores, que señala un edificio e igualmente porta una filacteria que nos aclara la interpretación de dicha iconografía. La inscripción dice “TV TOTIVS BEATISSIMAE TRINITATIS NOBILE TRICLINIVM”, refiriéndose al verso Fig. 2. Manuel José Domínguez. Detalles del frente y de la trasera de uno de los atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 97 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 tomado del Salterio de la Virgen de San Buenaventura “Tu Templum, et Sacrarium Spiritus Sancti: totius Beatissimæ Trinitatis nobile triclinium” (“Tú Templo y Sagrario del Espíritu Santo: el noble triclinio de la Santísima Trinidad”). Esta es la razón del porqué el ángel señala el templo lateral, de discreta arquitectura y torpe resolución de su perspectiva, propia de un dibujante poco habituado a recrear espacios en profundidad. En los laterales triangulares vuelve a reproducir la vegetación y los ángeles señalando otros dos símbolos marianos. En uno de ellos, aparece en su base un gran roleo de hojas carnosas donde se posa el angelito que con su mano izquierda porta la filacteria y con la derecha señala un sillón del tipo frailero, reproducido nuevamente en una perspectiva algo forzada. Y si bien el trono siempre aludió en las letanías lauretanas a la jaculatoria de la Sedes Sapientae, aquí en la cartela desplegada recoge la sentencia “TV CVM FILIO TVO SEDES AD DEXTERAM PATRIS” (“Tú con tu hijo sentado a la derecha del Padre”), aludiendo claramente a la advocación de los Reyes de la titular de la capilla. En el otro lateral, de manera bastante parecida, el ángel en esta ocasión señala una copa y en su filacteria se lee la letanía lauretana “VAS INSIGNE DEVOTIONIS” (“Vaso insigne de devoción”), igualmente tomado del Cantar de los Cantares. Finalmente en la frontalera de la parte delantera, bajo el soporte del atril, aparece una tumba abierta enmarcada por dos ángeles, los cuales portan las siguientes filacterias con las epigrafías latinas: en una “EXALTATA EST SANTA Fig. 4. Manuel José Domínguez. Detalle de la parte baja frontal de uno de los atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. Fig. 3. Manuel José Domínguez. Detalles de los laterales de uno de los atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 98 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 DEI GENITRIS” y en la otra “SVPER COROS ANGELORVM AD CAELESTIA REGNA”, ambas oraciones recogidas del oficio de la Asunción de la Virgen, festividad de la titular del templo, y que vendrían a significar “La Santa Madre de Dios ha subido, sobre coros de ángeles, al reino celestial”, de ahí que la tumba abierta centre esta recreación iconográfica. El segundo atril muestra en el frente donde se coloca el misal una composición similar a la anterior, aunque ahora el grueso angelote, entre hojarasca y abullonadas rosas, toma la filacteria con la frase “TV PARADISI IANVA” y señala un pórtico formado por columnas salomónicas y un frontón recto, roto y con un florón central. Una composición iconográfica que hace referencia claramente a la letanía Ianua Coeli y que aquí utiliza la interpretación de Anastasio de Antioquía que llama a María “escalera del cielo, puerta del paraíso, trámite de unión entre los hombres y Dios”16. Volviendo de nuevo al salterio de San Buenaventura, encontramos en la parte trasera un angelote sobre una base de hojas y margaritas, que porta la filacteria y señala lo que viene a ser el arca de Noé, torpemente resuelta su perspectiva, sobre la que aparece la paloma con la rama de olivo que alude el texto bíblico del Diluvio universal. La inscripción latina que se recoge en la cartela desenrollada se lee “TV ARCA PIETATIS ET GRATIAE”, sentencia extraída de la aludida oración franciscana “Tú eres arca de piedad y gracia, y verdadera misericordia”. En uno de los laterales del atril, el ángel señala una estrella y en la filacteria se reproduce “AVE STELLA MATUTINA PECCATORUM MEDICINA” (“Ave estrella de la mañana, medicina de los pecadores”), tomado del oficio de la Virgen y de las letanías, al igual que la representación del otro lateral, donde otro angelote señala ahora una rosa abullonada y en su cartela se lee “ROSA MISTICA ET QUASI FLOS ROSARIVMS VERNIS” (“Rosa mística y como flor en primavera”), texto del Eclesiastés (50, 8) y recogido también en las letanías. Finalmente, en la base del frente, dos ángeles de pie señalan la vara florida que se yergue en el centro y que alude a la elección milagrosa de José como esposo de María, interpretación que se reafirma en las inscripciones de sus respectivas filacterias donde se recogen dos pasajes del evangelio de Fig. 5. Manuel José Domínguez. Detalles del frente y de la trasera de uno de los atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 99 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 san Mateo. En una de ellas se lee “CVM ESSET DESPONSATA MATER IESU MARIA IOSEPH”, (“Estando desposada María, Madre de Jesús, con José”, Mt 1,18), y en la otra “JOSEPH FILI DAVID NOLI TIMERE ACCIPERE MARIAM CONJVGEM TVAM” (“José, hijo de David, no temas en recibir a María como tu esposa”, Mt 1, 20). 2. LOS ATRILES DE SAN FERNANDO La otra pareja de atriles argénteos, que guarda la Capilla Real, es la del altar de San Fernando, ubicado delante de su urna relicario en la parte central de este recinto. Un ámbito de culto que se planteó tras la canonización del santo rey en 1671, momento a partir del cual este altar tuvo su propio ajuar litúrgico, en el que se encontraba una pareja de atriles de madera dorada, quizás los antiguos de la Virgen de los Reyes, pues los capellanes en 1706 los describen “de palo tan mal parecidos y viejos”. Será entonces cuando se proponga la hechura de otros en plata con diferentes alhajas y joyas que estaban inservibles, encomendándose su gestión al secretario Juan José Illanes17. Sin embargo, este se lamentaba el 3 de noviembre de 1708 que aún no se había realizado nada y proponía que fueran devueltas las prendas de plata y las joyas que se habían sacado para este fin, paralizándose por lo tanto este primer intento de promover unos atriles argénteos18. Además, cuando el capellán mayor Oliver entregó su donación estudiada, los antiguos Fig. 6. Manuel José Domínguez. Detalles de los laterales de uno de los atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. Fig. 7. Manuel José Domínguez. Detalle de la parte baja frontal de uno de los atriles de la Virgen de los Reyes. Platería. 1717. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla. AntonIo JoAquín SAntoS MáRquEz LOS ATRILES DE PLATA DE LA CAPILLA REAL DE SEVILLA 100 Quiroga nº 21, Octubre 2022, 92-103 · ISSN 2254-7037 atriles de la Virgen de los Reyes donados por el capitán Mendoza tampoco pasaron al culto de este altar, pues, según acuerdo capitular del 1 de octubre de 1717, estos se invirtieron en las lámparas, el simpecado y el frontal que serían labrados por Juan Laureano de Pina19. No será hasta pasado el tiempo, tras la definitiva colocación de la urna de San Fernando en este altar en 1729, cuando se haga realidad este anhelo. De hecho, del sobrante de lo que el rey Felipe V dispuso para la fiesta del traslado del cuerpo del santo rey a la urna argéntea en ese año, se financiaron en parte dos atriles, los cuales fueron encargados por el cabildo catedralicio, quien había gestionado dicho festejo, tal y como se recordó en la reunión del 18 de agosto de 1734. En ese día, el capellán mayor expuso que los arcedianos de Sevilla y Carmona, Gabriel Torres de Navarra y José Manuel de Céspedes y Federigui, habían enviado en nombre de su cabildo “dos atriles de plata nuevos para el altar de Sn. Fer.do, dando a entender se han hecho del residuo que quedo de dinero que su Mag.d el Rey Ntro S.or libró para la traslación del Cuerpo de Sn. Fer.do a las urnas, en que oy está, y que también avian contribuido algunos devotos para lo que faltava para su perfección”20. Por lo tanto, con dicho remanente y limosnas se hacían realidad unas piezas litúrgicas manifiestamente necesarias para el culto en dicho altar, especialmente tras alzarse allí la magistral urna de Pina, tal y como se expresaron los capellanes el 8 de septiembre siguiente21. Una información que podemos completar con la documentación custodiada en la contabilidad catedralicia. Según se registra en el recibo de estos atriles, el 23 de diciembre de 1734 Gabriel Torres de Navarra ajustó el pago de su hechura y plata con los plateros Tomás Sánchez Reciente y Manuel Guerrero de Alcántara, recibiendo cada uno por un atril 150 pesos escudos22. Por lo tanto, gracias a esta anotación sabemos que el encargo recayó en los plateros que estaban al servicio de la catedral. En efecto, Tomás Sánchez Reciente (1689-1776), comenzó su carrera artística trabajando en el altar de plata catedralicio a partir de 1725, luego por su condición hidalga alcanzó el cargo de platero real en 1730 y logró alzarse también con el puesto de platero episcopal del arzobispo Salcedo y Azcona, para quien realizó toda la platería de la renovada capilla de la Antigua23. Una creatividad artística que abandonó a partir de 1751, cuando fue nombrado director de la Casa de la Moneda de Bogotá, adonde se trasladó y murió en 1776. Por su parte, Manuel Guerrero de Alcántara (doc. 1717-1749) era discípulo y sobrino de Juan Laureano de Pina, a quien ayudó a concluir la urna de San Fernando, y tras la muerte de su maestro heredó su taller y se convirtió en el platero de referencia para el cabildo catedralicio, trabajando también en el altar de plata desde 1725 y ocupando su plaza de platero desde 1739 hasta su muerte en 174924. Unos plateros que, además, eran sobradamente conocidos para Gabriel Torres de Navarra, en quien recayó la responsabilidad de gestionar la referida obra del altar de plata25. De hecho, creemos que estos dos atriles se insertan dentro de este mismo proceso creativo, ya que los referidos datos contables se incluyen entre otros pagos por piezas de dicho altar. Por ello, si tenemos en cuenta esta última cuestión, no nos parece des- Fig. 8. Tomás Sánchez Reciente. Atril de San Fernando y su marca de autoría. Platería. 1734. Capilla Real. Sevilla. España. © Cortesía del Cabildo Catedral de Sevilla.