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Prólogo

Pérez Escolano, Víctor

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Ahí está. Aquí está. La condición española se descubre en tantos territorios del planeta por donde la diástole de su pulso cultural acompañó el afán emprendedor de descubrimientos y colonizaciones. La historia interior del actual suelo de España es de por sí una manifestación rica y compleja de idas y venidas de pueblos que fueron depositando su impronta, mezclando su personalidad. Un destino plural, mestizo, en el que descubrir fundamentos, componentes originales, mixturas nuevas, signos de los tiempos. Cuanto más en los mil trayectos de este pueblo y de sus instituciones temporales, cultura material y espiritual, desarrollados por todo el orbe, hasta sustanciar todo un continente: América. Mas cerca, en la vecindad inmediata, esta punta occidental y meridional de Europa, se confunde, entrelaza y separa con el norte occidental de África, siendo casi el mismo sitio en la visión integral del globo, cercanía geográfica que lo es también histórica, intensamente, una y otra vez, en capítulos sucesivos del transcurrir del tiempo. Andalucía es incomprensible sin sus siete siglos de dominación islámica, pero también lo es Marruecos, donde las huellas de la traslación andalusí resultan cruciales. La historia contemporánea expresa nuevamente un solape, marcado ahora por la dominación española de más de medio siglo xx en parte de la nación hermana. A su huella urbanística y arquitectónica está dedicado este libro que la Junta de Andalucía edita corno enésima prueba de su compromiso fraternal a través de su sistema de cooperación internacional cuyas huellas, nuevas y diferentes, huellas hispánicas de la cooperación, se van distinguiendo en Tetuán, Xauen o Larache. Una tarea abierta en la que resulta decisivo el impulso de dos tetuaníes de nacimiento al servido de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, como son el Secretario General de Planificación, Damián Álvarez Sala, y el coordinador adjunto de la Dirección General de Arquitectura y Vivienda, Luis González Tamarit; pues, cada uno en su ámbito de responsabilidad y dedicación, vienen siendo figuras clave en el trazado y perseverancia en todas las tareas de cooperación internacional de la Consejería y su particular desarrollo en Marruecos. Por consiguiente, resultó fácil integrar mi propuesta de encargar a Antonio Bravo Nieto la realización de un trabajo de investigación, para su pronta difusión, que cubriera la gran laguna existente en el conocimiento acerca de la configuración física del desarrollo urbano del Marruecos jalifiano. Su esfuerzo sistemático contribuye a romper la deformada percepción «de un Marruecos exclusivamente a través de sangrientas y costosas campañas militares, lugar de promoción de militares sedicentes (que posteriormente fecundarían el golpe de 1936), saqueado limpiamente por el gran capital catalán, vasco y madrileño y colonizado en lo civil por esos cantineros que satirizó en sus novelas Fernández Flores». La ausencia de un norte claro en la política española en la zona, en todo caso, no implicó la ausencia de un tejido institucional, productivo y social que trajo consigo propuestas y realizaciones claves en la caracterización arquitectónica y la determinación urbana y territorial del Marruecos español. Pareciera que el fenómeno de la colonización contemporánea, después de las pérdidas de Cuba y Filipinas, quedara reducido a la nada. Este libro constata lo contrario. Reconocida la menor cuantía de los restos coloniales de España en comparación con la permanencia, durante buena parte del siglo xx, de amplios territorios sujetos al Reino Unido, Francia, o incluso Portugal, el caso marroquí representa un capítulo de gran calado en la historia de la arquitectura y del urbanismo español de ese siglo. Si lo llevado a cabo en el Marruecos francés ha propiciado estudios notables en los últimos veinte años, como también los dedicados a otros territorios de ultramar (como el compilado por el Institut Français d'Architecture en 1992), la tendencia a ese conocimiento no podía permanecer por más tiempo ausente en el panorama de la cultura arquitectónica española. Por ello, la Junta de Andalucía tomó la decisión de encarar el objetivo de cubrir ese conocimiento y ofrecerlo a toda España, ahora en forma de libro, mañana, es nuestro deseo, en forma de exposición. Y para hacerlo teníamos a la persona adecuada. Antonio Bravo era conocido por sus aportaciones decisivas sobre la ciudad de Melilla, en la que vive y trabaja. La madurez de sus obras, su rigor científico, el conocimiento de primera mano ya avanzado sobre Marruecos y la capacidad de trabajo demostrada, le avalaban para un encargo que ha sabido concluir hasta verlo publicado en menos de cuatro años. El libro tiene una estructura clásica, iniciándose en el estudio del marco histórico general de España en Marruecos, para mejor situar las acciones orientadas al control y la estructuración del territorio mediante la planificación y las obras públicas, y poder pasar a describirnos las ciudades y su urbanismo, sus instituciones, sus modelos tanto para las medinas como los ensanches, y sus primeras aplicaciones con especial atención a Tetuán, Larache y Tánger, pero también a Alcazarquivir, Alhucemas, Xauen, Río Martín o Nador. Lógicamente, Bravo dedica todo un capítulo a esclarecer los aspectos profesionales y económicos de la arquitectura hispanomarroquí, pues la dicotomía entre ingenieros, en particular los militares, y arquitectos cobra aquí especial sentido, con la modalidad que ese ejercicio comportaba en el sistema colonial. Del mismo modo, discierne entre la obra de naturaleza pública y la vinculada a las empresas actuantes en el territorio. A partir del capítulo sexto entra en los aspectos de la especificidad arquitectónica, preguntándose sobre la naturaleza del carácter colonial. Bravo resume esa realidad en tres principios: el vínculo político y económico de tal condición, el fenómeno de la impostación de modelos especialmente formales y, en consecuencia, su consumo potenciado de imágenes, para el que las formas andalusíes y neoárabes cumplen un papel crucial y recurrente dentro del panorama historicista y ecléctico de la arquitectura española del primer tercio de siglo. El libro de Bravo permite comprobar cómo en el Marruecos jalifiano se desarrolla también, como en otros territorios coloniales, una condición, más o menos experimental, muy copiosa, de las tendencias europeas y de sus movimientos innovadores, modernista, decó y racionalista, cuyo trayecto, a partir de Larache, desemboca plenamente en Tetuán, con arquitectos destacados como Francisco Herranz, José Larrucea, o José Miguel de la Quadra-Salcedo, entre otros. Una modernidad que triunfa, traspasando el período autárquico del franquismo y sus expresiones historicistas, con proyectos de muy diversos arquitectos, incluidos algunos protagonistas del movimiento moderno de la metrópoli, como es el caso de Casto Fernández Shaw. La arquitectura española en Marruecos discurre, pues, en el libro de Bravo mostrándonos una expresión bifronte. Por un lado, especular de la vicisitud general española, pero de otro mostrando acentos propios, énfasis y desarrollos peculiares que, estamos convencidos, sorprenderán al lector atento, que ya no podrá evitar tener presente este capítulo de la historia de la arquitectura contemporánea de España... y de Marruecos. Sevilla, septiembre de 2000 Víctor Pérez Escolano Director general de Arquitectura y Vivienda