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Globalización y nacionalismos

Bosque Maurel, Joaquín

Abstract

La globalización a nivel mundial, entendida como homogeneización social y política de la humanidad, es y ha sido desde muy antiguo, una tendencia que, a lo largo del tiempo, ha procurado ampliar, en función de la capacidad tecnológica existente , el dominio del espacio geográfico.

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GLOBALIZACIÓN Y NACIONALISMOS Joaquín Bosque Mau el La glohalización a ni el mundial, en endida como homogeneización social y polí ica de la humanidad, es y ha sido desde muy an iguo, una endencia que, a lo la go del iempo, ha p ocu ado amplia , en unción de la capaci- dad ecnológica exis en e, el dominio del espacio geog á ico. E 1 espacio geog á ico, según Mil on San os, es «un conjun o indisociable de sis emas de obje os y de sis emas de acciones >> ( 1996, 266). Y que si, en muchos momen os, algunos de es os sis emas, o odos ellos, ac úan «globalmen e>> y «unila e almen e>>, pueden en en a se con ue es esis encias egionales, locales e, incluso, pa icula es. En de ini i a, la glo- balización iene que ealiza se sob e un e i o io más o menos conc e o y, po an o, si lo «global>> o lo «uni e sal» es el «Mundo como no ma >> , es deci , «una si uación no espacial pe o que c ea o ec ea espacios locales>>, lo «pa icula >> es dado po el país, es o es, el « e i o io no malizado>>, y lo «indi idual» es el luga , el « e i o io como no ma>> (Mil on San os, 1996. 272). O lo que es lo mismo, en el espacio geog á ico con i en y se en en an dialéc icamen e, no sólo hoy sino siem- p e, más de una acionalidad, al menos un «o den global>> y un «o den local> >. Los casos a consi- de a empí icamen e son muchos. Uno de ellos puede se el eu opeo y en ese con ex o el español (Bosque Mau e!, 1994). Algunos p incipios humanos e his ó icos Un hecho capi al es la p esencia y la capacidad de di usión del homb e, del «único>> Homo sapiens (Dunn, 1958) sob e la Tie a. Es deci , la di usión de i ada del hecho singula de la «ubicuidad> >, el «cosmopoli ismo>>, del géne o humano, ya que. en an o las más de las especies animales y ege ales ienen siemp e una especí ica y muy conc e a á ea e i o ial, «la especie humana se ha hecho uni e sal en su dis ibución>>, y, g acias a su capacidad de adap ación an o ísica como social, «su dominio es la supe icie en e a de la Tie a>> (So e, 1943, 78). -XXI- 21 ASTRAGALO, 10 (1998) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i10.03 Geóg a o. Es p o eso de la Uni e sidad Complu ense de Mad id y sec e a io de la Real Sociedad Geog á ica. 22 Es a uni e salidad, globalidad, del Homo sapiens no excluye sino odo lo con a io su di e si- dad an o o mal como cul u al (Le i-S auss, 1958), lo que jus i ica el que, desde la apa ición del homb e sob e la Tie a, la i alidad en e los di e sos g upos y sociedades humanos, su lucha po el con ol y el dominio de la supe icie e es e haya sido cons an e. Aunque en odo momen o es a lucha ha es ado de e minada -o al menos limi ada- po la dis in a capacidad ec- nológica de los di e en es conjun os humanos exis en es en cada si uación his ó ica. En es a línea de acción, So e di e encia, al menos, en e una e apa p imi i a, an e io al si- glo x u, p agmá ica, in ui i a, indi idualis a y p opia del a esano, y o a pos e io en la que el ad enimien o con el Renacimien o de la ciencia mode na inicia una nue a e apa, acionalis a, expe imen al, acumula i a y g upal, p o agonizada po el in es igado y el ingenie o. Aunque siemp e lo undamen al ha sido el homb e que, con oda su capacidad c eado a, su pode de in ención, sus múl iples inicia i as y, en de ini i a, su ingenio y su azón, ha conquis ado el espacio y cons uido el ecúmene (So e, 1948, II, 1, 5-1 0). Uno de los u os de es a acción humana ha sido la cons i ución, a eces muy c uen amen e y as la go iempo, de g andes espacios con olados po un de e minado g upo de homb es capaces de impone no sólo un pode polí ico único y omnímodo sino ambién un conjun o especí ico y de e minado de o mas de se , de pensa y de ac ua . Desde China y Roma, en la An igüedad, a a és del Islam medie al nacido en una imp esionan e cabalgada de cua o mil kilóme os en menos de cien años, y las di e sas en a i as habidas has a el siglo XIX, se a a ía de lo que Walle s ein p ime o (1983) y, más a de, Tayl o (1994) han denominado los «impe ios o males», es deci , un sis ema de con ol polí ico y e i o ial en endido como << una es a egia que el cen o ha u ilizado habi ualmen e pa a domina a la pe i e ia» (Taylo , 1994, 1 05). Unos <<Impe ios o males» que, en el caso de China y Roma, incluso en el del Islam, se limi a- ían a un eno me y complejo e i o io de inido po unos es ic os lími es con inen ales, As ia cen al en el p ime ejemplo, la enc u cijada medi e ánea en el segundo, una la ga aja en el mediodía asiá ico y en el sep en ión a icano en el caso del Islam. Solamen e, a pa i de los g andes descub imien os ibé icos de los siglos x y XV I, se supe a ían las ba e as oc eá nicas y la Humanidad end ía como campo de acción oda la supe icie e es e. El hecho de que «en los dominios del Rey de España Felipe II no se ponía el sol» y de que «el Impe io (hispano), cuya as edad p o ocaba la admi ación y el asomb o, e a el mayo jamás conocido en la his o- ia» (Kamen, 1997, 411) es sign i i ca i o en es e sen ido. Y no ue menos ubicuo el impe io b i- ánico a inales del pasado siglo y comienzos del ac ual, p esen e en odas las la i udes y en ambos hemis e ios occiden al y o ien al. En odos los ca sos, Hegemonía polí ica e Impe io económico iban es echamen e unidos. Y, asi- mismo, siemp e exis ió, mejo o peo de inida, una cie a ideología polí ico-social que osciló - XXII - en e la supe io idad legal -que jus i icaba, po ejemplo, la escla i ud- de unos pueblos sob e o os y una exp esa desigualdad social y polí ica --cas as y/o clases sociales- de la Humanidad. Así sucedió sin palia i os en la An igüedad --ciudadanos omanos e sus bá ba os-, aunque p on o su gió una cie a p eocupación social, muy ímida en el Islam --c eyen es y no c eyen es, pe o con la misma capacidad legal as la con e sión- y más explíci a en los Impe ios mod e - nos español y b i ánico, que se plan eaban, al menos eó icamen e, la igualdad de odos los hom- b es an e Dios y an e la Ley. En el caso del Impe io español, las Leyes de Indias es ablecían que odos sus habi an es e an sin excepción súbdi os del Rey de España y po an o enían los mis- mos de echos y debe es (Ma ías, 1992). Po su pa e, en Ingla e a se es ableció y di ulgó la lla- mada « iloso ía impe ial de la igualdad>> de los ideólogos y polí icos b i ánicos (Taylo , 1994 ). Ello no excluía, en la p ác ica, en las Indias occiden ales, la p e alencia de los españoles penin- sula es en el gobie no ame icano sob e los indios e, incluso, sob e los c iollos descendien es de españoles, y, en el Impe io b i ánico, donde según el «p oyec o isiona io» de Cecil Rhodes, se pa ía del hecho de la «sup emacía mundial de los pueblos anglosajones» (Bowle, 1974 ). La hegemonía de unos pueblos sob e o os implicó siemp e la sup emacía, impues a po lo gene- al, de cie os hábi os y de algunas cos umb es. Roma hizo de la cul u a g ecola ina su base in e- lec ual y del la ín su p incipal medio de comunicación social y con ol polí ico, así como a o- eció, a pa i de un de e minado momen o, la expansión y sup emacía del c is ianismo, y siem- p e la di usión del de echo omano y de de e minadas ó mulas u banís icas y a ís icas. De igual mane a, as el Impe io español, el idioma cas ellano se ha con e ido en la lengua de 400 millones de pe sonas de muy dis in o o igen acial y cul u al y, con la di usión del idioma, se jus i icó el p edominio del ca olicismo en el con inen e ame icano. Y no cabe duda que la sup e- macía b i ánica, in ensi icada po sus «p imos» ame icanos, p o ocó el uso gene alizado del inglés como lengua diplomá ica, cien í ica y de las elecomunicaciones. Apa e la imposición de múl iples o mas de pensamien o y de compo amien o en odos los casos. Los e ec os sob e los pueblos some idos han sido casi siemp e muy des uc i os sob e muchas de sus p opias ca ac e ís icas aciales, a a és del mes izaje, co mo ambién de sus peculia idades cul u ales, la lengua, sus sen imien os eligiosos y sus hábi os más a aigados espec o, po ejem- plo, al es ido y la gas onomía. En muchos casos, se ha llegado has a su desapa ición momen- ánea o de ini i a. Así, son nume osos los pueblos y las cul u as que son hoy un me o ecue do his ó ico o una simple eliquia a queológica. Se a a ía de «ci ilizaciones pe didas» como las ibé icas u o as p opias de los pueblos p e omanos, en la An igüedad, o las abo ígenes ame ica- nas en la Edad Mode na. Una si uación que sigue amenazando a los pueblos indígenas, a menu- do en pleno Paleolí ico, de las ac uales sel as ecua o iales del Amazonas, el Co ngo y Oceanía. Sin emba go, a menudo, esa des ucción no ha ll egado a se o al sino que muchos -o odos- de aquellos ca ac e es que pueden cons i ui las bases de la iden idad de un pueblo o de un país se -X XIII- 23 ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672 24 han conse ado más o menos in e nados y ale a gados du an e la go iempo, o en un segundo é mino. Y ello a pesa del con ol y el peso de los g upos hegemónicos que, además, en cie as ocasiones han p ocu ado la simbiosis y la asimilación no des uc i a de los asgos undamen a- les de la iden idad dominada. C omo incluso, y no po ca s eces, su o al desapa i ción genocida. Así, en odos los Impe ios « o males» han subsis ido -y subsis en- ue es mino ías aciales y cul- u ales que, en muchos momen os, han podido no sólo man ene se sino desa olla se has a pode ecupe a , incluso, una independencia polí ica que ha acili ado no sólo su es au ación como es a- do o nación sino ambién su iden idad como pueblo o país. Po o a pa e, en ocasiones, el en en- amien o en e los di e sos «Impe ios o males» ha a o ecido a esas mino ías y, a eces, a a és de unas de enninadas polí i cas «nacionalis as», ha p o ocado in cl uso la uina de algunos de ales «Impe ios», pe mi iendo, en cambio, la eapa ición como «es ados» independien es de las mino- ías. En el de eni de Eu opa esos casos han sido ecuen es -y muy di e sos- en odas las e apas de su his o ia. Eu opa como pa adigma Si desde el siglo XVI, con la expansión a lán i ca y, enseguida, oceánica, Eu opa cons uyó a su sabo un «Mapa Polí ico del Mundo », la ans o mación su ida po es a Eu opa as la I Gue a Mundial ( 1914-1918) con la desapa ición de los Impe ios aus o-húnga o y u co es pa adig- má ica. Aunque, ambién, ales ans o maciones u ie on mucho que e con la aguda con lic- i idad pos e i o que culminó en la 11 Gue a Mundial ( 1939-1945). La conclusión de es e emen do segundo con lic o mundial acabó con los «Impe ios o males» adicionales y con la hegemonía de Eu opa que, desde el siglo XV I y, en especial, du an e l ace n- u ia XIX, había cons uido un mosaico es a al uni e sal some ido a sus simples in e eses. La «descolonización» (Cha mb e l ain, 1997) disg e gó , al menos polí icamen e, los di e sos «Impe ios o mal es » adicional es y c eó un «Nue o Mapa del Mu ndo> >, un mapa complejo y, en cie a o ma, il ógico en elación con las adiciones an e io es de los pue bl os y e i o i os que cons i uye on ales « Im pe i os». De la «Commonweal h» b i áni ca , pese a que en cie a o m a se man u o la go i e mp o la o m a- lid ad de la « Unid ad >> bajo la «Co ona de Ingla e a» y que, al menos, ap ox imó a las an iguas «Colonias de población» (Aus a li a, Canadá, Nue a Zelanda y, has a cie o pun o, Sudá ica), se de i a on un os ein a y cinco nue os es ados en Asia (9), Á ica (16) y Amé ica (1 0 ), y del «Impe io» ancés, o o a menudo m uy aumá ic amen e (A ge li a, Indochina), o os ein e, la mayo pa e en Á ica (1 4). Y no ue on los ú ni cos casos; hab ía que ag ega I alia (4), Hola nd a (3), Po ugal (4), la misma España (2). Pe o, en od os los casos, los nue os países conse a on muy igu osamen e la es uc u a e i - o ial, é ni ca y socioeconómi ca impues a po el ég im en colonial eu opeo, con odos sus p o- - XX IV - blemas aciales y é nico- eligiosos nunca esuel os e, incluso, in ensi icados po la polí ica de las an e io es me ópolis. P oblemas que siguen p esen es hoy y son el o igen casi siemp e de la di ícil y ensa andadu a de los nue os es ados. Recué dese, a í ulo de ejemplo, la g a e si ua- ción de la mino ía ku da epa ida en e Tu quía, I án, I ak, Si ia y algunas epúblicas exso ié- icas, los con lic os en e musulmanes del No e y paganos-c is ianos del Su an o en Sudán como en Nige ia, las ensiones en e los di e sos componen es é nicos de Indonesia (Ja a, Timo , islas de la Sonda) y, más ecien emen e, las luchas ibales en e u sis y hu us en la egión de los G andes Lagos a icanos. Y no debe ol ida se el ac ual sang ien o p oblema yugosla o y la ensión aún subsis en e en e la India, Paquis án y Bangladesh. Así, la «descolonización» no anquilizó ni sua izó los iejos con lic os e i o iales e ins i u- cionales egionales. Pe o, además, los dos g andes pode es su gidos de la 11 Gue a Mundial, los Es ados Unidos de Amé ica y la Unión de Repúblicas Socialis as So ié icas plan ea on una du a i alidad que, a a és de la «gue a ía» y la «disuasión nuclea », dio luga a la o mación -y la oposición-de dos g andes bloques e i o iales, polí icos y socioeconómicos, la O ganización del A lán ico No e y el Pac o de Va so ia, oposición apenas ali iada po la cons i ución nada i me de una «asociación>> de << países no alineados» capi aneada po Yugosla ia, la India y Egip o. El en en amien o en e es os dos bloques y su <<gue a ía>> en ó en c isis con la dis- g egación de la Unión So ié ica (1992) y, sólo muy ecien emen e, se selló la <<paz» a a és de un T a ado de Amis ad i mado en Pa ís el 27 de mayo de 1997 po los di igen es de los dos es ados p incipales an e o os gobe nan es miemb os de la OTAN. La o mación de es os dos g andes bloques implicó la ela i a <<mundialización/globalización>> de los con lic os y colisiones que, has a en onces, habían enido una dimensión siemp e meno , egional o con inen al. Y a o eció, en pa alelo, la exigencia de es ablece un sis ema de sal a- gua da de la paz mundial median e la cons i ución de un o ganismo en que se in eg asen odos los países de la Tie a. Así nació en 1945 la O ganización de las Naciones Unidas (ONU) y, asi- mismo, o as ins i uciones que, pese a su di e so signo y obje i os, pudie an in en a la o ma- ción de ag upaciones egionales económicas y, a la go plazo, polí icas que paliasen la disg ega- ción e i o ial nacida as la gue a. El mejo ejemplo lo cons i uye la Comunidad Económica Eu opea ( 1957), hoy Unión Eu opea, ejemplo luego imi ado po o as asociaciones con inen a- les, como el ecien e Me cado Común que, con los Es ados Unidos de Amé ica, p e ende ela- ciona es e úl imo país con Canadá y México. O el MERCOSUR, que pa ocina la unión me - can il de los países del Cono Su de Amé ica: A gen ina, B asil, Pa aguay y U uguay. Es a <<globalización/mundialización>> e i o ial y polí ica con empo ánea se di e encia esencial- men e del «impe ialismo o mal>> po su ca ác e más indica i o que impe a i o y, sob e odo, po su p eocupación más económica que polí ica, a causa an e odo de la <<in e nacionalización>> de las ue zas económicas a a és de las g andes emp esas << ansnacionales>> o <<mul inaciona- -XXV- 25 ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672 les" que, nacidas a inales del siglo XIX, se han con e ido en los p o agonis as p incipales de la ida económica y, desde ella, de la ac i idad polí ica e, incluso, social. Y cab ía habla ambién de una « ansnacionalización de lo ilíci o con el c ecimien o del á ico de d ogas, de la p os i- ución y de las a mas» que cons i uye «Un ac o mayo de co upción>> en la delicada si uación social del mundo ac ual (Doll uss, 1994, 50). El hecho de que, en g an medida, la «in e nacionalización» emp esa ial haya sido ealizada -y con olada más aún hoy- po una mayo ía de capi ales y emp esas pe enecien es a unos pocos países -Es ados Unidos, Alemania, Japón, F ancia, Suiza- a o ece un cie o «impe ialismo>> económico y la di e enciación en e un «cen o» hegemónico (No eamé ica, Unión Eu opea, Japón) y una «pe i e ia >> polí ico-económica dependien e en mayo o meno medida de aquel «cen o», el es o del mundo (Walle s ein, 1974). La e olución écnico-cien í ico-in o macional La eo denación an o polí ica como económica así conseguida ha sido a o ecida y, en g an medida, p o ocada po una nue a e olución ecno-económica que, aun en aizada en la iniciada en el siglo XVIII y desa ollada ene gé ica e indus ialmen e en la cen u ia siguien e (Mum o d, 1966), ha enido -y iene- po p incipal p o agonis a -aunque no único-la a i mación de una e a écnico-cien í ico-in o macional (San os, 1994 ), causa de una «inno ación galopan e» (Kende, 26 1971 ). En es e con ex o desempeña un p ime papel la ecnología de las comunicaciones a la ga dis ancia y, en cie a medida, el desa ollo de nue as o mas de ges ión y adminis ación de la economía mundial, sin e izadas en una nue a di isión del abajo a ni el e es e y en la c e- cien e « e cia ización/cua e na ización>> de las ac i idades i ales de la Humanidad (Bosque Mau e , 1992 y Méndez, 1997)). Las nue as ecnologías han pe mi ido, sm una de mida dominación polí ica, sin un es ic o some imien o a un conc e o pode , no sólo la p esencia omnímoda sino ambién la imposición de una s de e minadas ue zas económicas -l as «emp esas ansnacionales >> - y, a su a és, de cie os pode es es a ales, los Es ados Unidos en p ime luga , pe o no exclusi ame n e. Y, qui- zás más impo an e, la «gene alización>> de cie as mane as de se y de i i que, desde su en aizamien o en algunas conc e as sociedades, las llamadas Occiden ales, y de e minadas naciones, Eu opa Occiden al y los Es ados Unidos, se han ido ex endiendo po oda la Tie a, dando luga a una << globaliza ció n» que, aun es ando muy li ga da a la <<mundiali zación>> de la economía, i ene un ca ác e más social e, incluso, más cul u al en el más ex enso sen ido de es a palab a. Una ealidad <<g lobalizado a» que es isible, po ejemplo, en el consumo en gene al, a menudo «Co nsumismO >> como manía y icio, en cie as cos umb es gas onómicas, en la ex ensión de una lengua y su li e a u a, en el p edominio de algunas di e siones y espec ác ul os. Y que pudie- - XXVI - a conc e a se en la hegemonía diplomá ica y cien í ica de la lengua inglesa, en la di usión mun- dial de la denominada «comida basu a>> ep esen ada po la Coca-Cola y la hambu guesa y en el dominio exclusi is a del cine y la ele isión no eame icanos. Pe o que no excluye, en p in- cipio, o as posibilidades y peculia idades. Se a a ía, en de ini i a, como ha señalado Mil on San os ( 1994 ), de que en el espacio geog á- ico, en la «geoes e a>>, hecha de cosas y acciones, cabe di e encia una « ecnoes e a>> de base económic a y écnico-cien í ica-in o macional, la mejo con olada po la << globalización>>, y una << psicoes e a >> egida po las ideas, las c eencias, los sen imien os y las pasiones y en la que aún es án p esen es los a a ismos, cie as ac i udes y cos umb es colec i as y singula es y algunas adiciones cul u ales an o colec i as como indi iduales. Si, en la << ecnoes e a>> son muy signi ica i as cie as gene alizaciones <<pe e sas>> (San os, 1994 ), que, po ejemplo, es án poniendo en pelig o el mismo equilib io ambien al e es e, o pe mi iendo un excesi o, dis ancian e y pelig oso abanico en e las clases sociales, en la «psicoes e a>> pueden oda ía subsis i -y aun p e alece - ue zas de enso as de la iden i- dad de los << pueblos >> y de la o iginalidad de los «luga es> >. Si se iende, y pa ece imp escindi- ble, hacia un <<o den global», <<des e i o ializado>>, no menos imp escindible es un «o den local>> que se apoye en espacios/ e i o ios especí icos (los luga es) y man enga y p o eja la co i- dianeidad y la singula idad, es deci , a la <<pe sona>>, al <<indi iduo>> sob e odo como <<ciudada- no >> y no sólo como «p oduc o >> y «consumido >> (M. San os, 1987 y 1996). Pa ece e iden e que, en odo el << espacio geog á ico>> mundial, la pugna en e las ue zas de la «globalización>> y del <<localismo/ egionalismo/nacionalismo >> ha exis ido siemp e y que, más o menos cla amen e, en el momen o ac ual no al an ni las ue zas de i adas del sis ema o sis e- mas de e minan es de los <<Impe ios o males >> ni, mucho menos, de los o iginales de la úl ima <<mundialización>>. Pe o, sin duda, la p esencia de las o mas adicionales, sin se exclusi as, es mucho más impo an e en los < <espacios>> de más ieja y más compleja his o ia, como Eu opa y, más ce ca de noso os, la península Ibé ica y/o España. El caso español: el peso de los ac o es his ó icos En p incipio, es impo an e ene en cuen a que la posición geog á ica de la península Ibé ica, en el con ac o de Eu opa con Á ica y en la salida/en ada del Medi e áneo al A lán ico, la con- ie e en una << enc ucijada» undamen al en la ci culación e es e y en un á ea his ó ica de c uce cons an e en e pueblos y cul u as de muy di e so y has a opues o o igen. Todo lo cual ha hecho de su milena ia andadu a una cons an e al e na i a de encuen os y desencuen os (Bosque Mau e!, 1994, 16). Pe o ambién de un espacio some ido a muy di e en es momen os de homogeneización/globalización social y cul u al. -XXVII- 27 ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672 28 Así, as la «homogeneización>> p oducida po la p esencia y ocupación omanas du an e los si- glos m a. de C. al d. de C., y que impuso, en e o as cosas, la «la inidad>> y el «c is ianismo>> sob e un escena io p e io de di e sos pueblos y di e en es ac i udes que hoy apenas conse a un mínimo subespacio casi ma ginal, el ascongado, u o luga una disg egación espacial y cul u al c eado a, a pa i de los siglos Vlll-lX, de un impo an e abanico de idiomas y cul u as omances, de o igen la ino ~gallego, po ugués, bable, leonés, cas ellano, a agonés, ca alán~, así como de un mosaico polí ico y e i o ial en g an medida o igen de la ac ual España (Suá ez, 1992). En es e escena io pene a el año 711 el Islam que, du an e casi ochocien os años impond á una cul u a con base en la lengua á abe y en unos modos de ida en aizados en la eligión musul- mana y p o oca á una la ga y di ícil pugna en e dos c eencias y dos cul u as di e en es y com- pe i i as, la c is iana y la musulmana, la omanidad y el islamismo. La ic o ia úl ima, a inales del siglo x , del C is ianismo y la La inidad sob e el Islam y O ien e, es u o acompañada du an- e las dos cen u ias an e io es (XIII y XIV) y, más aún, desde el siglo XVI, po la expansión c e- cien e y a ollado a, sob e odo a expensas de la an e io di e sidad polí ica y cul u al peninsu- la , de la Co ona de Cas illa, de la lengua y la li e a u a cas ellanas y de una especial o ma de u iliza el pode y hace sociedad ma cada po una mona quía cen alis a y au o i a ia y una sociedad uni o mado a y exclusi is a (Alcalá, 1995). Algo simila sucedía en onces más o menos en la mayo ía de los es ados eu opeos, F ancia e Ingla e a, po ejemplo. La hegemonía c is iana y cas ellana se ex endió, as los g andes descub imien os y coloniza- ciones peninsula es de los siglos x y XVI, a Ul ama , in en ándolo ambién, con menos sue e, po el Occiden e eu opeo (Belengue , 1997). Su pa cial éxi o implicó la desapa ición o al o pa - cial de algunas cul u as hispanas (bable, leonés, a agonés) y ame icanas (az eca, chibcha, inca) y la ela i a ma ginación de o as ambién asen adas en la Península, alguna an e io a Roma, la ascuence, así como de o as an an añonas como las gallega y ca alana (Suá ez, 1992). Sólo Po ugal y su idioma, ín imamen e elacionado con el gallego, se han man enido al ma gen de la «cas ellanización>> e, incluso, han conseguido una impo an e aunque declinan e expansión ex aeu opea, en Amé ica (B asil), Á ica (Cabo Ve de, Angola y Mozambique) y Asia (Goa, Macao, Timo ) (Ribei o, 1975). La conside ación de los hechos an e io es pe mi e explica y en ende la pe sis encia de cie as ue zas di e enciado as den o de la uni o midad cas ellana, y, sob e odo, el esu gi , en co in - cidencia con los «nacionalismos >> eu opeos de i ados de la Ilus ación y el Roman icismo, de algunas iden idades egionales, al menos desde inales de la pasada cen u ia, y la explosión más ecien e, y has a sal aje, de algún nacionalismo. El de la ETA en el País Vasco. Es cla o que, como un elemen o más en ese en endimien o, hay que ene en cuen a la p esión ~op es ió n en muchos casos ~ del cen alismo au o i a io y la in ansigencia cul u al y excluyen- - xx m - e del Régimen anquis a que, a lo la go de casi cua en a años, impidió no sólo la exis encia de unas libe ades y mane as de hace democ á icas sino ambién el na u al eje cicio de cie os hábi os cul u ales, sob e odo las lenguas e náculas que no ue an el cas ellano, la «lengua c is- iana y del Impe io» como se llegó a deci po algunos y en cie os momen os del pe íodo an- quis a (Miguel, A. de, 1975). El F anquismo, a sus pa ida ios se les denominó «nacionales» en oposición a los « ojos» de en- so es de la II República, signi icó, en cie a mane a, un enace y un e o zamien o del naciona- lismo «cas ellano» y p e endió una ecupe ación de las «g andezas» polí icas y cul u ales del Siglo de O o español. En ese sen ido, po ejemplo, se en endió la undación de una de la s más impo - an es e is as cien í icas españolas de Geog a ía, Es udios Geog á icos, nacida en 1940, as la gue a ci il. Así se a i ma en su inicial In oducción (Bullón, 1940), aunque Jos hechos se desen- ol ie on después de mane a bas an e di e en e (Bosque Mau e] e alii, 1996 ). Y esa p e ensión no ue única en la o icial «de ensa» del «Impe io y de la Hispanidad», algunas de las ases hechas que con o ma on la id eo logía y, más aún, la aseología de la Falange Española y del Mo imien o Nacional, bases p incipales del Régimen nacido en 19 39 (Miguel, A. de, 1975 y 1976). El desa ollo de la «globalización» anglosajona en España No obs an e, en ese la go pe íodo de « uni o midad» que a de 1940 a 1975, se inicia la pene a- ción de much os de l os elemen os hoy más signi i ca i os de la «g lobalización» p esen e. En ese pe íodo, y en especial desde las e o mas económicas y social es de inales de los años cincuen- a y comienzos de l os sesen a y en oposici ón a la s p e ensiones au á quicas y na cionalis as de la polí i ca económi ca an e io (1 939-1958), da comienzo la pene ación del capi al in e nacional, de las g andes « asnacionales» del au omó il y la ag oindus ia, po ejemplo (Cla e o, J. e alii, 1973), que ac ualmen e dominan casi absolu amen e es os dos g andes sec o es ab iles. Y no son los únicos aunque ninguno como e ll os lo es an o (Ga cía Del ga do, J. L., 1990 ). En el ámbi o de las cos umb es y de los compo amien os, se impone en onces la «anglización» no sólo del lenguaje, muy pene ado po é minos, ocablos y e xp es ion es ingleses que la In o má ica ha inc emen ado úl imamen e al máximo, sino de cie as cos umb es y compo a- mien os casi co idian os . En es e aspec o ha sido -y es- undamen al el impac o de cie os depo - es, como el « ú bol», hoy una de las g andes pasiones pop ul a es, o, en me no medida, el « enis» y el «balonces o». Aunque, jun o a ello, es esencial el desa ollo explosi o del au omó il a es i- lo «no eame icano» y su consecuencia inmedia a, el «hábi a » subu bano y pe i é ico uni ami- li a y aja dinado de las g andes me ópolis, o la apa ición de la edi icación exen a y en al u a, del « ascacielos», como asgos de iden idad p incipal de la g an ciudad. La imagen ac ualizada de Mad id y de Ba celona esponde a ese p o o ipo, una imagen que no al a, en meno medida, en casi odas las ciudades medias españolas. - XX IX - 29 ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672