Globalización y nacionalismos
Abstract
La globalización a nivel mundial, entendida como homogeneización social y política de la humanidad, es y ha sido desde muy antiguo, una tendencia que, a lo largo del tiempo, ha procurado ampliar, en función de la capacidad tecnológica existente , el dominio del espacio geográfico.
Full text
GLOBALIZACIÓN Y NACIONALISMOS
Joaquín Bosque Mau el
La glohalización a ni el mundial, en endida como homogeneización social
y polí ica de la humanidad, es y ha sido desde muy an iguo, una endencia
que, a
lo
la go del iempo, ha p ocu ado amplia ,
en
unción de
la
capaci-
dad ecnológica exis en e, el dominio del espacio geog á ico.
E
1 espacio geog á ico, según Mil on San os, es «un conjun o indisociable de sis emas de
obje os y de sis emas de acciones
>>
( 1996, 266). Y que si,
en
muchos momen os, algunos
de es os sis emas, o odos ellos, ac úan «globalmen e>> y «unila e almen e>>, pueden
en en a se
con
ue es esis encias egionales, locales e, incluso, pa icula es. En de ini i a, la glo-
balización iene que ealiza se sob e un e i o io más o menos conc e o
y,
po an o, si lo «global>>
o lo «uni e sal» es el «Mundo como no ma
>>
, es deci , «una si uación no espacial pe o que c ea o
ec ea espacios
locales>>,
lo «pa icula >> es dado
po
el país, es o es, el « e i o io no malizado>>, y
lo «indi idual» es el luga , el « e i o io como no ma>> (Mil on San os, 1996. 272). O lo que es lo
mismo, en el espacio geog á ico con i en y se en en an dialéc icamen e, no sólo hoy sino siem-
p e, más de una acionalidad, al menos un «o den
global>>
y un «o den
local>
>. Los casos a consi-
de a empí icamen e son muchos. Uno de ellos puede se
el
eu opeo y
en
ese con ex o el español
(Bosque Mau e!, 1994).
Algunos p incipios humanos e his ó icos
Un hecho capi al
es
la p esencia y la capacidad de di usión del homb e, del
«único>>
Homo
sapiens (Dunn, 1958) sob e la Tie a.
Es
deci , la di usión de i ada del hecho singula de la
«ubicuidad>
>,
el «cosmopoli ismo>>, del géne o humano, ya que.
en
an o las
más
de
las especies
animales y ege ales ienen siemp e una especí ica y muy conc e a á ea e i o ial, «la especie
humana se
ha
hecho uni e sal
en
su dis ibución>>,
y,
g acias a su capacidad de adap ación an o
ísica
como
social, «su dominio es la supe icie en e a de la
Tie a>>
(So e, 1943, 78).
-XXI-
21
ASTRAGALO, 10 (1998)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i10.03
Geóg a o. Es p o eso de la Uni e sidad Complu ense de Mad id
y sec e a io de la Real Sociedad Geog á ica.
22
Es a uni e salidad, globalidad, del Homo sapiens no excluye sino odo lo con a io su di e si-
dad an o o mal como cul u al (Le i-S auss, 1958), lo que jus i ica el que, desde la apa ición
del homb e sob e
la
Tie a, la i alidad en e los di e sos g upos y sociedades humanos, su lucha
po el con ol y el dominio de la supe icie e es e haya sido cons an e. Aunque en odo
momen o es a lucha ha es ado de e minada
-o
al
menos limi ada- po la dis in a capacidad ec-
nológica de los di e en es conjun os humanos exis en es en cada si uación his ó ica.
En
es a línea
de
acción, So e di e encia, al menos, en e una e apa p imi i a, an e io al si-
glo x u, p agmá ica, in ui i a, indi idualis a y p opia del a esano, y o a pos e io en la que
el
ad enimien o con el Renacimien o de la ciencia mode na inicia una nue a e apa, acionalis a,
expe imen al, acumula i a y g upal, p o agonizada po el in es igado y el ingenie o. Aunque
siemp e lo undamen al ha sido el homb e que, con oda su capacidad c eado a, su pode de
in ención, sus múl iples inicia i as
y,
en de ini i a, su ingenio y su azón, ha conquis ado el
espacio y cons uido el ecúmene (So e, 1948, II,
1,
5-1
0).
Uno de los u os de es a acción humana ha sido la cons i ución, a eces muy c uen amen e y as
la go iempo, de g andes espacios con olados po un de e minado g upo de homb es capaces de
impone no sólo un pode polí ico único y omnímodo sino ambién un conjun o especí ico y
de e minado de o mas de se , de pensa y de ac ua . Desde China y Roma, en la An igüedad, a
a és del Islam medie al nacido en una imp esionan e cabalgada de cua o mil kilóme os en
menos de cien años, y las di e sas en a i as habidas has a el siglo XIX, se a a ía de lo que
Walle s ein p ime o (1983) y, más a de, Tayl
o
(1994) han denominado los «impe ios o males»,
es deci , un sis ema de con ol polí ico y e i o ial en endido como
<<
una es a egia que el cen o
ha
u ilizado habi ualmen e pa a domina a la pe i e ia» (Taylo , 1994, 1 05).
Unos <<Impe ios o males» que, en el caso de China y Roma, incluso en el del Islam, se limi a-
ían a un eno me y complejo e i o io de inido po unos es ic os lími es con inen ales, As
ia
cen al en el p ime ejemplo, la enc
u
cijada medi e ánea en el segundo, una la ga aja en el
mediodía asiá ico y en el sep en ión a icano en el caso del Islam. Solamen e, a pa i de los
g andes descub imien os ibé icos
de
los siglos
x
y
XV
I,
se
supe a ían las ba e as oc
eá
nicas y
la Humanidad end ía como campo de acción oda la supe icie e es e.
El
hecho de que «en
los dominios del Rey de España Felipe
II
no se ponía el sol» y de que «el Impe io (hispano),
cuya as edad p o ocaba la admi ación y el asomb o,
e a
el mayo jamás conocido en la his o-
ia» (Kamen, 1997, 411) es sign
i i
ca
i o en es e sen ido. Y no ue menos ubicuo el impe io b i-
ánico a inales del pasado siglo y comienzos del ac ual, p esen e en odas las la i udes y en
ambos hemis e ios occiden al y o ien al.
En odos los
ca
sos, Hegemonía polí ica e Impe io económico iban es echamen e unidos.
Y,
asi-
mismo, siemp e exis ió, mejo o peo de inida, una cie a ideología polí ico-social que osciló
-
XXII
-
en e la supe io idad legal
-que
jus i icaba, po ejemplo, la escla i ud- de unos pueblos sob e
o os y una exp esa desigualdad social y polí ica --cas as y/o clases sociales- de la Humanidad.
Así
sucedió sin palia i os en la An igüedad --ciudadanos omanos e sus bá ba os-, aunque
p on o su gió una cie a p eocupación social, muy ímida en el Islam --c eyen es y no c eyen es,
pe o con la misma capacidad legal as la con e sión- y más explíci a en los Impe ios mod
e
-
nos español y b i ánico, que se plan eaban, al menos eó icamen e, la igualdad de odos los hom-
b es an e Dios y an e la Ley. En el caso del Impe io español, las Leyes de Indias es ablecían que
odos sus habi an es e an sin excepción súbdi os del Rey de España y po an o enían los mis-
mos de echos y debe es (Ma ías, 1992). Po su pa e, en Ingla e a se es ableció y di ulgó la lla-
mada « iloso ía impe ial de la
igualdad>>
de
los ideólogos
y
polí icos b i ánicos (Taylo , 1994
).
Ello no excluía, en la p ác ica, en las Indias occiden ales, la p e alencia de los españoles penin-
sula es en el gobie no ame icano sob e los indios e, incluso, sob e los c iollos descendien es
de
españoles,
y,
en el Impe io b i ánico, donde según el «p oyec o isiona io» de Cecil Rhodes, se
pa ía del hecho de la «sup emacía mundial de los pueblos anglosajones» (Bowle, 1974
).
La
hegemonía de unos pueblos sob e o os implicó siemp e la sup emacía, impues a po lo gene-
al, de cie os hábi os y de algunas cos umb es. Roma hizo de la cul u a g ecola ina su base in e-
lec ual y del la ín su p incipal medio de comunicación social y con ol polí ico, así como a o-
eció, a pa i de
un
de e minado momen o,
la
expansión y sup emacía del c is ianismo, y siem-
p e la di usión del de echo omano y de de e minadas ó mulas u banís icas y a ís icas. De
igual mane a, as el Impe io español, el idioma cas ellano se ha con e ido en la lengua de
400
millones de pe sonas de muy dis in o o igen acial y cul u al
y,
con la di usión del idioma, se
jus i icó
el
p edominio del ca olicismo en el con inen e ame icano. Y no cabe duda que la sup e-
macía b i ánica, in ensi icada po sus «p imos» ame icanos, p o ocó el uso gene alizado del
inglés como lengua diplomá ica, cien í ica y de las elecomunicaciones. Apa e la imposición de
múl iples o mas de pensamien o y de compo amien o en odos los casos.
Los e ec os sob e los pueblos some idos han sido casi siemp e muy des uc i os sob e muchas de
sus p opias ca ac e ís icas aciales, a a és del mes izaje,
co
mo ambién de sus peculia idades
cul u ales, la lengua, sus sen imien os eligiosos y sus hábi os más a aigados espec o, po ejem-
plo,
al
es ido y la gas onomía. En muchos casos, se ha llegado has a su desapa ición momen-
ánea o de ini i a. Así, son nume osos los pueblos y las cul u as que son hoy un me o ecue do
his ó ico o una simple eliquia a queológica. Se a a ía de «ci ilizaciones pe didas» como las
ibé icas u o as p opias de los pueblos p e omanos, en la An igüedad, o las abo ígenes ame ica-
nas en la Edad Mode na. Una si uación que sigue amenazando a los pueblos indígenas, a menu-
do en pleno Paleolí ico, de las ac uales sel as ecua o iales del Amazonas, el
Co
ngo y Oceanía.
Sin emba go, a menudo, esa des ucción no ha
ll
egado a se o
al
sino que muchos
-o
odos-
de
aquellos ca ac e es que pueden cons i ui las bases de la iden idad de un pueblo o de
un
país se
-X
XIII-
23
ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672
24
han
conse ado más o menos in e nados y ale a gados du an e la go iempo, o en un segundo
é mino. Y ello a pesa del con ol y el peso de los g upos hegemónicos que, además, en cie as
ocasiones han p ocu ado la simbiosis y la asimilación no des uc i a de los asgos undamen a-
les de la iden idad dominada. C
omo
incluso, y no po
ca
s eces, su o al desapa
i
ción genocida.
Así, en odos los Impe ios « o males» han subsis ido
-y
subsis en- ue es mino ías aciales y cul-
u ales que, en muchos momen os, han podido no sólo man ene se sino desa olla se has a pode
ecupe a , incluso, una independencia polí ica que ha acili ado no sólo su es au ación como es a-
do o nación sino ambién su iden idad como pueblo o país. Po o a pa e, en ocasiones, el en en-
amien o en e los di e sos «Impe ios o males» ha
a
o ecido a esas mino ías
y,
a eces, a a
és
de unas de enninadas polí
i
cas «nacionalis as», ha p o ocado
in
cl
uso la uina de algunos de ales
«Impe ios», pe mi iendo, en cambio, la eapa ición como «es ados» independien es de las mino-
ías. En el de eni de Eu opa esos casos han sido ecuen es
-y
muy di e sos- en odas las e apas
de su his o ia.
Eu opa como pa adigma
Si desde el siglo
XVI,
con la expansión a lán i
ca
y,
enseguida, oceánica, Eu opa cons uyó a su
sabo un «Mapa Polí ico del Mundo
»,
la ans o mación
su
ida po es a Eu opa as la I Gue a
Mundial ( 1914-1918) con la desapa ición de los Impe ios aus o-húnga o y u co es pa adig-
má ica. Aunque, ambién, ales ans o maciones u ie on mucho que e con la aguda con lic-
i
idad pos e
i
o que culminó en la
11
Gue a Mundial ( 1939-1945).
La conclusión de es e emen
do
segundo con lic o mundial acabó con los «Impe ios o males»
adicionales y con la hegemonía de Eu opa que, desde el siglo
XV
I
y,
en especial, du an e l
ace
n-
u ia
XIX,
había cons uido un mosaico es a al uni e sal some ido a sus simples in e eses. La
«descolonización» (Cha
mb
e
l
ain, 1997) disg e
gó
, al menos polí icamen e, los di e sos
«Impe ios o mal
es
» adicional
es
y c eó un «Nue o Mapa del Mu
ndo>
>,
un
mapa complejo
y,
en cie a
o
ma,
il
ógico en elación con las adiciones an e io es de los pue
bl
os y e i o
i
os que
cons i uye on ales «
Im
pe
i
os».
De la «Commonweal h»
b
i áni
ca
, pese a que en cie a o
m
a se man u o la
go
i
e
mp
o la o
m
a-
lid
ad
de la «
Unid
ad
>>
bajo la «Co ona de Ingla e a» y que, al menos, ap
ox
imó a las an iguas
«Colonias de población» (Aus a
li
a, Canadá, Nue a Zelanda y, has a cie o pun o, Sudá ica), se
de
i
a on un
os
ein a y cinco nue os es ados en Asia (9), Á ica (16) y Amé ica
(1
0
),
y del
«Impe io» ancés,
o
o a menudo m
uy
aumá
ic
amen
e
(A ge
li
a, Indochina), o os ein e, la
mayo pa e en Á ica
(1
4). Y no ue on los ú
ni
cos casos; hab ía que ag ega I alia (4), Hola
nd
a
(3), Po ugal (4), la misma España (2).
Pe o, en od
os
los casos, los nue os países conse a on muy igu osamen e la es uc u a e
i
-
o
ial, é ni
ca
y socioeconómi
ca
impues a po el ég
im
en colonial eu opeo, con odos sus p o-
-
XX
IV -
blemas aciales y é nico- eligiosos nunca esuel os e, incluso, in ensi icados po la polí ica de
las an e io es me ópolis. P oblemas que siguen p esen es hoy y son el o igen casi siemp e de
la di ícil y ensa andadu a de los nue os es ados. Recué dese, a í ulo de ejemplo, la g a e si ua-
ción de la mino ía ku da epa ida en e Tu quía, I án, I ak, Si ia y algunas epúblicas exso ié-
icas, los con lic os en e musulmanes del No e y paganos-c is ianos del Su an o en Sudán
como en Nige ia, las ensiones en e los di e sos componen es é nicos de Indonesia (Ja a,
Timo , islas de la Sonda)
y,
más ecien emen e, las luchas ibales en e u sis y hu us en la
egión de los G andes Lagos a icanos. Y no debe ol ida se el ac ual sang ien o p oblema
yugosla o y la ensión aún subsis en e en e la India, Paquis án y Bangladesh.
Así, la «descolonización» no anquilizó ni sua izó los iejos con lic os e i o iales e ins i u-
cionales egionales. Pe o, además, los dos g andes pode es su gidos de la
11
Gue a Mundial, los
Es ados Unidos de Amé ica y la Unión de Repúblicas Socialis as So ié icas plan ea on una du a
i alidad que, a a és de la «gue a ía» y la «disuasión nuclea », dio luga a la o mación
-y
la oposición-de dos g andes bloques e i o iales, polí icos y socioeconómicos, la O ganización
del A lán ico No e y el Pac o de Va so ia, oposición apenas ali iada po la cons i ución nada
i me de una «asociación>> de
<<
países no alineados» capi aneada po Yugosla ia, la India y
Egip o. El en en amien o en e es os dos bloques y su
<<gue a
ía>>
en ó en c isis con la dis-
g egación de la Unión So ié ica (1992)
y,
sólo muy ecien emen e, se selló la
<<paz»
a a és de
un
T a ado de Amis ad i mado en Pa ís el 27 de mayo de 1997 po los di igen es de los dos
es ados p incipales an e o os gobe nan es miemb os de la OTAN.
La o mación de es os dos g andes bloques implicó la ela i a <<mundialización/globalización>>
de los con lic os y colisiones que, has a en onces, habían enido una dimensión siemp e meno ,
egional o con inen al. Y a o eció, en pa alelo, la exigencia de es ablece un sis ema de sal a-
gua da de la paz mundial median e la cons i ución de un o ganismo en que se in eg asen odos
los países de la Tie a. Así nació en 1945 la O ganización de las Naciones Unidas (ONU) y, asi-
mismo, o as ins i uciones que, pese a su di e so signo y obje i os, pudie an in en a la o ma-
ción de ag upaciones egionales económicas
y,
a la go plazo, polí icas que paliasen la disg ega-
ción e i o ial nacida as la gue a.
El
mejo ejemplo lo cons i uye la Comunidad Económica
Eu opea ( 1957), hoy Unión Eu opea, ejemplo luego imi ado po o as asociaciones con inen a-
les, como el ecien e Me cado Común que, con los Es ados Unidos de Amé ica, p e ende ela-
ciona es e úl imo país con Canadá y México. O el MERCOSUR, que pa ocina la unión me -
can il de los países del Cono Su de Amé ica: A gen ina, B asil, Pa aguay y U uguay.
Es a <<globalización/mundialización>> e i o ial y polí ica con empo ánea se di e encia esencial-
men e del «impe ialismo
o mal>>
po su ca ác e más indica i o que impe a i o
y,
sob e odo,
po su p eocupación más económica que polí ica, a causa an e odo de la <<in e nacionalización>>
de las ue zas económicas a a és de las g andes emp esas
<< ansnacionales>>
o <<mul inaciona-
-XXV-
25
ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672
les" que, nacidas a inales del siglo XIX, se han con e ido
en
los p o agonis as p incipales de la
ida económica
y,
desde ella, de la ac i idad polí ica e, incluso, social. Y cab ía habla ambién
de una « ansnacionalización de lo ilíci o con el c ecimien o del á ico de d ogas, de la p os i-
ución y de las a mas» que cons i uye
«Un
ac o mayo de co upción>> en la delicada si uación
social del mundo ac ual (Doll uss, 1994, 50).
El hecho de que, en g an medida, la «in e nacionalización» emp esa ial haya sido ealizada
-y
con olada más aún
hoy-
po una mayo ía de capi ales y emp esas pe enecien es a unos pocos
países
-Es ados
Unidos, Alemania, Japón, F ancia,
Suiza-
a o ece un cie o «impe ialismo>>
económico y la di e enciación en e
un
«cen o» hegemónico (No eamé ica, Unión Eu opea,
Japón) y una «pe i e ia
>>
polí ico-económica dependien e en mayo o meno medida de aquel
«cen o», el es o del mundo (Walle s ein, 1974).
La e olución écnico-cien í ico-in o macional
La eo denación an o polí ica como económica así conseguida ha sido a o ecida
y,
en g an
medida, p o ocada po una nue a e olución ecno-económica que, aun en aizada en la iniciada
en el siglo XVIII y desa ollada ene gé ica e indus ialmen e en la cen u ia siguien e (Mum o d,
1966), ha enido
-y
iene-
po p incipal p o agonis a
-aunque
no
único-la
a i mación de una e a
écnico-cien í ico-in o macional (San os, 1994
),
causa de una «inno ación galopan e» (Kende,
26
1971
).
En es e con ex o desempeña
un
p ime papel la ecnología de las comunicaciones a la ga
dis ancia
y,
en
cie a medida, el desa ollo de nue as o mas de ges ión y adminis ación
de
la
economía mundial, sin e izadas en una nue a di isión del abajo a ni el e es e y
en
la c e-
cien e « e cia ización/cua e na ización>> de las ac i idades i ales de la Humanidad (Bosque
Mau e , 1992 y Méndez, 1997)).
Las nue as ecnologías han pe mi ido, sm una de mida dominación polí ica, sin un es ic o
some imien o a
un
conc e o pode , no sólo la p esencia omnímoda sino ambién la imposición
de
una
s de e minadas ue zas económicas
-l
as «emp esas ansnacionales
>>
-
y,
a su a és, de
cie os pode es es a ales, los Es ados Unidos
en
p ime luga , pe o no exclusi ame
n
e.
Y,
qui-
zás más impo an e, la «gene alización>> de cie as mane as de se y de i i que, desde su
en aizamien o en algunas conc e as sociedades, las llamadas Occiden ales, y de e minadas
naciones,
Eu opa
Occiden al y los Es ados Unidos, se han ido ex endiendo po oda la Tie a,
dando luga a una
<<
globaliza
ció
n» que, aun es ando muy li
ga
da a la
<<mundiali
zación>> de la
economía,
i
ene un ca ác e más social e, incluso, más cul u al
en
el más ex enso sen ido de
es a palab a.
Una ealidad
<<g
lobalizado a» que es isible, po ejemplo, en el consumo en gene al, a menudo
«Co
nsumismO
>>
como manía y icio, en cie as cos umb es gas onómicas, en la ex ensión de
una lengua y su li e a u a,
en
el p edominio de algunas di e siones y espec ác
ul
os. Y que pudie-
-
XXVI
-
a conc e a se en la
hegemonía
diplomá ica y cien í ica
de
la lengua inglesa, en la di usión
mun-
dial
de
la
denominada
«comida
basu a>> ep esen ada
po
la
Coca-Cola
y la
hambu guesa
y
en
el
dominio
exclusi is a del cine y la ele isión no eame icanos.
Pe o
que no excluye, en p in-
cipio, o as posibilidades y peculia idades.
Se a a ía,
en
de ini i a,
como
ha señalado Mil on San os ( 1994
),
de que en el
espacio
geog á-
ico,
en
la «geoes e a>>, hecha de cosas y acciones, cabe di e encia una « ecnoes e a>> de base
económic
a y écnico-cien í ica-in o macional, la
mejo
con olada
po
la
<<
globalización>>, y una
<<
psicoes e a
>>
egida
po
las ideas, las c eencias, los sen imien os y las pasiones y en la que aún
es án
p esen es los a a ismos, cie as ac i udes y cos umb es colec i as y singula es y algunas
adiciones cul u ales an o colec i as
como
indi iduales.
Si,
en
la
<<
ecnoes e a>>
son
muy
signi ica i as
cie
as
gene alizaciones
<<pe e sas>>
(San os, 1994 ), que,
po
ejemplo, es án poniendo en pelig o el
mismo
equilib io ambien al
e es e, o pe mi iendo un excesi o, dis ancian e y pelig oso
abanico
en e las clases sociales,
en la «psicoes e a>> pueden oda ía subsis i
-y
aun p e alece - ue zas de enso as de la iden i-
dad de los
<<
pueblos
>> y
de
la o iginalidad de los «luga es>
>.
Si se iende, y pa ece imp escindi-
ble, hacia un
<<o den
global», <<des e i o ializado>>, no menos imp escindible es un «o den
local>>
que se apoye en espacios/ e i o ios especí icos (los luga es) y
man enga
y p o eja la co i-
dianeidad y
la
singula idad, es deci , a la
<<pe sona>>,
al
<<indi iduo>>
sob e odo
como
<<ciudada-
no
>>
y
no
sólo
como
«p oduc o >>
y «consumido >> (M. San os, 1987 y 1996).
Pa ece e iden e
que,
en
odo el
<<
espacio geog á ico>> mundial, la
pugna
en e las ue zas de la
«globalización>>
y
del <<localismo/ egionalismo/nacionalismo
>>
ha exis ido siemp e y que, más o
menos cla amen e,
en
el
momen o
ac ual no al an ni las ue zas de i adas del sis ema o sis e-
mas
de e minan es
de
los <<Impe ios o males
>>
ni,
mucho
menos, de los o iginales de la úl ima
<<mundialización>>. Pe o, sin duda, la p esencia de las o mas adicionales, sin se exclusi as,
es
mucho
más
impo an e en los <
<espacios>>
de
más
ieja
y
más
compleja
his o ia,
como
Eu opa
y,
más
ce ca
de noso os, la península Ibé ica y/o España.
El caso español:
el
peso de los ac o es his ó icos
En p incipio, es impo an e ene
en
cuen a
que la posición geog á ica de la
península
Ibé ica,
en el con ac o de
Eu opa
con Á ica y en la salida/en ada del Medi e áneo al A lán ico, la con-
ie e en una
<<
enc ucijada» undamen al en la ci culación e es e y en un á ea his ó ica de
c uce cons an e en e pueblos y cul u as
de
muy
di e so y has a opues o o igen. Todo lo cual ha
hecho de su milena ia
andadu a
una cons an e al e na i a de encuen os y desencuen os
(Bosque Mau e!, 1994, 16). Pe o ambién
de
un espacio some ido a
muy
di e en es
momen os
de homogeneización/globalización social y cul u al.
-XXVII-
27
ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672
28
Así, as la «homogeneización>> p oducida po la p esencia y ocupación omanas du an e los si-
glos m
a.
de C.
al
d.
de C., y que impuso, en e o as cosas, la «la inidad>> y el «c is ianismo>>
sob e un escena io p e io de di e sos pueblos y di e en es ac i udes que hoy apenas conse a
un
mínimo subespacio casi ma ginal, el ascongado, u o luga una disg egación espacial y cul u al
c eado a, a pa i de los siglos
Vlll-lX,
de un impo an e abanico de idiomas y cul u as omances,
de o igen la ino
~gallego,
po ugués, bable, leonés, cas ellano, a agonés,
ca alán~,
así como de un
mosaico polí ico y e i o ial
en
g an medida o igen de la ac ual España (Suá ez, 1992).
En es e escena io pene a el año 711 el Islam que, du an e casi ochocien os años impond á una
cul u a con base en la lengua á abe y en unos modos de ida en aizados en la eligión musul-
mana y p o oca á una la ga y di ícil pugna en e dos c eencias y dos cul u as di e en es y com-
pe i i as, la c is iana y la musulmana, la omanidad y el islamismo.
La
ic o ia úl ima, a inales
del siglo
x ,
del C is ianismo y la La inidad sob e el Islam y O ien e, es u o acompañada du an-
e las dos cen u ias an e io es
(XIII
y
XIV)
y,
más aún, desde el siglo
XVI,
po la expansión c e-
cien e y a ollado a, sob e odo a expensas de la an e io di e sidad polí ica y cul u al peninsu-
la , de la Co ona de Cas illa,
de
la lengua y la li e a u a cas ellanas y de una especial o ma de
u iliza el pode y hace sociedad ma cada po una mona quía cen alis a y au o i a ia y una
sociedad uni o mado a y exclusi is a (Alcalá, 1995). Algo simila sucedía en onces más o
menos en la mayo ía de los es ados eu opeos, F ancia e Ingla e a, po ejemplo.
La hegemonía c is iana y cas ellana se ex endió, as los g andes descub imien os y coloniza-
ciones peninsula es de los siglos
x
y
XVI,
a Ul ama , in en ándolo ambién, con menos sue e,
po el Occiden e eu opeo (Belengue , 1997). Su pa cial éxi o implicó la desapa ición o al o pa -
cial de algunas cul u as hispanas (bable, leonés, a agonés) y ame icanas (az eca, chibcha, inca)
y la ela i a ma ginación de o as ambién asen adas en la Península, alguna an e io a Roma, la
ascuence, así
como
de o as an an añonas
como
las gallega y ca alana (Suá ez, 1992). Sólo
Po ugal y su idioma, ín imamen e elacionado con el gallego, se han man enido al ma gen de
la «cas ellanización>> e, incluso, han conseguido una impo an e aunque declinan e expansión
ex aeu opea,
en
Amé ica (B asil), Á ica (Cabo Ve de, Angola y Mozambique) y Asia (Goa,
Macao, Timo ) (Ribei o, 1975).
La conside ación de los hechos an e io es pe mi e explica y en ende la pe sis encia de cie as
ue zas di e enciado as den o de la uni o midad cas ellana,
y,
sob e odo, el esu gi ,
en
co
in
-
cidencia con los «nacionalismos
>>
eu opeos de i ados de la Ilus ación y el Roman icismo, de
algunas iden idades egionales, al menos desde inales de la pasada cen u ia, y la explosión más
ecien e, y has a sal aje, de algún nacionalismo.
El
de la ETA
en
el País Vasco.
Es cla o que,
como
un elemen o más en ese en endimien o, hay que ene en cuen a la p esión
~op es
ió
n
en
muchos
casos
~
del cen alismo au o i a io y la in ansigencia cul u al y excluyen-
-
xx m
-
e del Régimen anquis a que, a lo la go
de
casi cua en a años, impidió no sólo la exis encia de
unas libe ades y mane as de hace democ á icas sino ambién el na u al eje cicio de cie os
hábi os cul u ales, sob e odo las lenguas e náculas que no ue an el cas ellano, la «lengua c is-
iana y del Impe io» como se llegó a deci po algunos y en cie os momen os del pe íodo an-
quis a (Miguel, A. de, 1975).
El F anquismo, a sus pa ida ios se les denominó «nacionales» en oposición a los « ojos» de en-
so es de la II República, signi icó, en cie a mane a, un enace y un e o zamien o del naciona-
lismo «cas ellano» y p e endió una ecupe ación de las «g andezas» polí icas y cul u ales del Siglo
de O o español. En ese sen ido, po ejemplo, se en endió la undación de una de
la
s más impo -
an
es
e is as cien í icas españolas de Geog a ía, Es udios Geog á icos, nacida en 1940, as la
gue a ci il. Así se a i ma en su inicial In oducción (Bullón, 1940), aunque
Jos
hechos se desen-
ol ie on después de mane a bas an e di e en e (Bosque Mau e] e alii, 1996
).
Y esa p e ensión
no
ue única en la o icial «de ensa» del «Impe io y de la Hispanidad», algunas de las ases hechas
que con o ma on la id
eo
logía
y,
más aún, la aseología de la Falange Española y del Mo imien o
Nacional, bases p incipales del Régimen nacido en
19
39 (Miguel, A. de, 1975 y 1976).
El desa ollo de la «globalización» anglosajona en España
No obs an e, en ese la
go
pe íodo de «
uni
o
midad» que
a
de 1940 a 1975, se inicia la pene a-
ción de much
os
de l
os
elemen os hoy más signi i
ca
i os de la
«g
lobalización» p esen e. En ese
pe íodo, y en especial desde las e o mas económicas y social
es
de inales de los años cincuen-
a y comienzos de l
os
sesen a y en oposici
ón
a
la
s
p
e ensiones au á quicas y
na
cionalis as de
la
polí i
ca
económi
ca
an
e
io
(1
939-1958), da comienzo la pene ación del capi al in e nacional,
de las g andes « asnacionales» del au omó il y la ag oindus ia, po ejemplo (Cla e o, J. e alii,
1973), que ac ualmen e dominan casi absolu amen e es os dos g andes sec o es ab iles. Y no
son los únicos aunque ninguno como e
ll
os
lo es an o (Ga cía Del
ga
do, J. L., 1990
).
En
el ámbi o de las cos umb es y de los compo amien os, se impone en onces la «anglización»
no sólo del lenguaje, muy pene ado
po
é minos, ocablos y e
xp
es
ion
es
ingleses que la
In
o
má ica
ha
inc emen ado úl imamen e al máximo, sino de cie as cos umb es y compo a-
mien os casi co idian
os
. En es e aspec o ha sido
-y
es-
undamen al el impac o
de
cie os depo -
es, como el « ú bol», hoy una de las g andes pasiones pop
ul
a es, o, en me
no
medida, el « enis»
y el «balonces o». Aunque, jun o a ello,
es
esencial el desa ollo explosi o del au omó il a es i-
lo «no eame icano» y su consecuencia inmedia a, el «hábi a » subu bano y pe
i
é ico uni ami-
li
a
y aja dinado
de
las g andes me ópolis, o la apa ición de la edi icación exen a y en al u a,
del « ascacielos»,
como
asgos de iden idad p incipal de la
g
an ciudad. La imagen ac ualizada
de Mad id y de Ba celona esponde a ese p o o ipo, una imagen que no al a, en meno medida,
en casi odas las ciudades medias españolas.
-
XX
IX -
29
ASTRAGALO,10(1998)ISSN 1134-3672