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Al hilo de la literatura latinoamericana: estudios literarios / estudios culturales

Caballero Wangüemert, María del Milagro

Abstract

El presente trabajo constituye un recorrido bibliográfico por la crítica y la teoría literaria hispanoamericana de los últimos 50 años, sin afán de exhaustividad, como tarea colectiva (congresos etc) y personal. Sus hitos más significativos son: cómo se formó y fue derivando el canon literario en Hispanoamérica. Las teorías postcoloniales y su aplicación al Nuevo Mundo. Las orientaciones de la crítica y la teoría literaria en / sobre Latinoamérica. La irrupción y pervivencia de los estudios culturales. Nuevas modas críticas: estudios transatlánticos, tecno escritura, ecocrítica, crítica genética...

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AL HILO DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA: ESTUDIOS LITERARIOS/ESTUDIOS CULTURALES To the thread of Latin American literature: literary studies / cultural studies MARÍA CABALLERO WANGÜEMERT UNIVERSIDAD DE SEVILLA [email protected] Catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Sevilla. Su actividad docente en el Departamento de Filologías Integradas (Literatura Hispanoamericana) se compagina con la investigación. Ha publicado numerosos artículos de investigación, además de libros sobre autores argentinos -Borges, Mújica Láinez, Sarmiento- y puertorriqueños como Hostos y Marqués. Sus actuales investigaciones se centran en la narrativa -memorias, literatura femenina, literatura transatlántica-, el cine y la teoría literaria. Ha sido profesora invitada en Francia, Alemania y San Juan de Puerto Rico, donde acaba de presentar: El Caribe en la encrucijada. La narración puertorriqueña (2014). RECIBIDO: 3 DE FEBRERO DE 2017 ACEPTADO: 1 DE JUNIO DE 2017! RESUMEN: El presente trabajo constituye un recorrido bibliográfico por la crítica y la teoría literaria hispanoamericana de los últimos 50 años, sin afán de exhaustividad, como tarea colectiva (congresos etc) y personal. Sus hitos más significativos son: cómo se formó y fue derivando el canon literario en Hispanoamérica. Las teorías postcoloniales y su aplicación al Nuevo Mundo. Las orientaciones de la crítica y la teoría literaria en / sobre Latinoamérica. La irrupción y pervivencia de los estudios culturales. Nuevas modas críticas: estudios transatlánticos, tecno escritura, ecocrítica, crítica genética... PALABRAS CLAVE: canon, crítica literaria, teoría literaria, teorías postcoloniales, estudios culturales. ABSTRACT: The present work constitutes a bibliographical route by the criticism and the Hispano-American literary theory of the last 50 years. Its author did not pretendan exhaustiveness, but a collective task of congresses etc. Its most significant milestones are: how the literary canon was formed and was derived in Spanish America. Postcolonial theories and their application to the New World. The orientations of the critic and the literary theory in / on Latin America. The irruption and survival of cultural studies. New critical fads: transatlantic studies, tecno writing, ecocritics, genetic criticism … KEYWORDS: Canon, literary criticism, literary theory, postcolonial theories, cultural studies.! ! Caballero Wangüemert, María. “Al hilo de la literatura latinoamericana: estudios literarios / estudios culturales”. Kamchatka. Revista de análisis cultural 9 (Julio 2017): 121-151 . DOI: 10.7203/KAM. 9.9932 ISSN: 2340-1869 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… Este juego divino que es la literatura lanza sus olas, retumbando, hasta los acantilados del yo, y a veces lo socava, o quema para siempre su víctima (...). Este juego divino busca una satisfacción ilimitada, un desquite contra lo físico. Quiere empujar fronteras del alma y del lenguaje. Se revuelve entonces y se castiga, purgándose a sí mismo. Unos lo han llamado estallido; otros, purificación; y los antiguos, catharsis. La emoción que expresa o que comunica lleva disueltas todas las pasiones, todos los anhelos, todas las reivindicaciones contra el pequeño suceder cotidiano (...). Emoción de vitalidad, de sentimiento, de belleza y de inteligencia van graduándose en el desarrollo hacia el arte (Reyes, 2005: 34). La cita de Alfonso Reyes que elijo para abrir el trabajo me sirve para evaluar distancias entre la tradicional concepción de “ese juego divino” y las cuestiones que afloran en el debate actual. Siempre se dijo que la literatura utiliza la lengua como instrumento propio, de un modo específico: “la literatura existe en tanto que es esfuerzo para decir lo que no dice ni puede decir el lenguaje ordinario. Si significara lo mismo que el lenguaje ordinario, la literatura no tendría razón de ser” — apuntó en su momento Todorov (1971: 15)—. Con todo, desde que Jakobson propusiera la literariedad como objeto de la ciencia literaria, la crítica dio vueltas en torno a un asunto bastante resbaladizo. Las dudas surgidas en el seno mismo del estructuralismo y el posterior desarrollo de los estudios semióticos, deconstruccionistas y de la teoría de la recepción entre otros, marcaron la denominada crisis de la literariedad. La especificidad del lenguaje literario como determinante de la literariedad fue puesta en entredicho, al tiempo que se subrayaba el papel del lector. Los planteamientos postmodernos en el marco de la cultura de masas aceleraron un proceso vertiginoso, a años luz de presupuestos todavía válidos a comienzos del pasado siglo. Por otra parte, en los noventa y espoleada por el libro de Bloom, The Western Canon (1994) explotó con virulencia la polémica en torno al canon occidental, reseñada entre otros por Pozuelo Yvancos y Aradra Sánchez en su libro del 2000. Seminarios que cuajaron en libros como Canon y poder en América Latina, editado por Christian Wentzlaff-Eggebert y Martin Traine (2000); o números de revista, como el de Iberoamericana, compilado por José Manuel López de Abiada y Waldo Pérez Cino (2006) demostraron el interés y la fecundidad de un asunto peliaguado, siempre abierto y con muchos filos. Más allá del canon “con mayúsculas” cuyos componentes aspiran al parnaso de los clásicos, que soportan la relectura o la prueba del comentario, se habla de canon como valor de uso pragmático y provisorio, apoyado en agentes culturales -historias literarias, academia, premios...-. “Lo canónico se enlaza con la lectura y con la historia de sus concreciones históricas, de tal forma que cada país tiene su propio canon, al mismo tiempo que podemos hablar de un canon común” (Zavala 1998: 35). Así no es de extrañar que, históricamente la configuración de un canon se preste a manipulaciones.! Con estas palabras de introducción, en absoluto pretendo reabrir la polémica, sino terciar puntualmente y con la inevitable modestia en asunto tan espinoso; y ello por cuanto interactúa con los avatares de/sobre la crítica y teoría literaria hispanoamericana en el cambio de siglo. Como ya estudié en otro lugar (Caballero 1998 y Caballero Wangüemert 2000), el tradicional canon literario del Nuevo Mundo fue resquebrajándose desde los ochenta del siglo pasado, en función de una serie de KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 122 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… binarismos que, a su vez, transparentaban el esfuerzo por rescatar la voz del otro -léase indio, negro, mujer, gay...-. Las consecuencias no se hicieron esperar. UN DEBATE INABARCABLE: LAS TEORÍAS POSTCOLONIALES Y SU APLICACIÓN A LATINOAMÉRICA Es este un asunto que me interesó desde antiguo, por lo que aprovecho aquí parte de mi trabajo anterior (Caballero 2010). Por cronología, la polémica en torno al canon literario se superpuso a los debates acerca de la postmodernidad, en cuyo origen está la crisis, la incredulidad ante los grandes relatos, la descentralización del gran discurso, de la gran historia, de la verdad... cuestiones ya señaladas por Lyotard, Vattimo, Deleuze, Derrida, Baudrillard y otros. Esa pluricodificación subsiguiente de la postmodernidad tiene una serie de rasgos bien conocidos -deconstrucción, collage, metadiscurso lúdico, diseminación, interculturalidad, intertextualidad...- suficientemente explorados por la crítica en las últimas décadas. En ese marco, la crítica dio vueltas una y otra vez a un dilema: ¿cómo puede hablarse de postmodernidad en Latinoamérica si nunca alcanzó una modernidad, en el sentido occidental, europeo, de la palabra? (Herlinghaus/Walter 1994). ¿Será oportuno hablar de “modernidad periférica” (Sarlo 1988, Brunner 1988, Martín-Barbero 1987...) lo que eufemísticamente recubre la idea de retraso para el Nuevo Mundo? Desde el lado europeo, Alfonso de Toro entró también en el debate reconociendo que la postmodernidad tuvo su origen fuera del continente americano aunque, inmediatamente y como contrapunto señala: “Latinoamérica ha sido siempre transcultural, híbrida (... y) antes de la teoría postmoderna en Latinoamérica (que es de fecha muy reciente) se produjeron manifestaciones culturales postmodernas” (A. de Toro 1997: 27). En ese sentido, la postcolonialidad como categoría epistemológica tiene su lugar en la cultura postmoderna y se entiende como reescritura del discurso del centro en el que brilla por méritos propios el argentino Borges, uno de sus primeros representantes trasatlánticos. La postcolonialidad es un proceso, una red de discursos de descentramiento semiótico-epistemológico y de una reapropiación de los discursos del centro y de la periferia y de su implantación recodificada a través de su inclusión en un nuevo contexto y paradigma histórico (A. de Toro 1999: 34). Frente a los viejos esencialismos derivados de la búsqueda de identidad -el discurso identitario queda obsoleto-, frente al binarismo manejado en tono maniqueo desde las metrópolis, frente a la Otredad como categoría excluyente... se produce un descentramiento: la hibridez, el nomadismo serán los nuevos parámetros en el enfoque postcolonial, la nueva estrategia discursiva transdisciplinaria. Autores “de entremedio” como Said, Spivak y Bhabha hablan desde el centro sobre la periferia de donde provienen, deconstruyendo ese mismo centro y recodificándolo en un nuevo contexto. Y teóricos de la cultura latinoamericana como Brunner, García Canclini o Martín-Barbero... “escriben el mundo inscribiéndose a través de una escritura de la diferancia, una escritura mímicra o rizomática, de entremedio, en una estrategia metonímica de la presencia” (A. de Toro 1999: 44-45), términos que remiten a Lacan, Derrida y Deleuze, en gran medida utilizados por Bhabha. KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 103-119 123 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… Ahora bien, el problema central parece ser el de los loci de la enunciación, como vieron Mignolo, Martín-Barbero y otros, es decir “desde dónde se habla”. Punto flaco -según algunosde todo la teoría postcolonial. Tal vez sea Castro-Gómez (1999: 79-100) uno de los más críticos al reseñar la incapacidad de los estudios subalternos para representar su propio lugar de enunciación y reclamar, junto a Mignolo, investigaciones que determinen qué tipo de sensibilidades locales hicieron posible el surgimiento de las teorías postcoloniales en Latinoamérica: porque... “fue constituida como objeto del saber desde las mismas sociedades latinoamericanas a partir de metodologías como el enciclopedismo ilustrado, el romanticismo utópico, el positivismo, la hermeneútica, el marxismo, el estructuralismo y los estudios culturales” (Castro-Gómez 1999: 96). Frente a las narrativas “esencialistas, sujetas todavía a las epistemologías coloniales que ocultan las hibridaciones culturales, los espacios mixtos y las identidades transversas” —en palabras de Spivak— (Castro-Gómez 1999: 83), habría que apostar por un nuevo latinoamericanismo cercano a Anzaldúa, es decir, asentado en los Borderlands, espacios intermedios, los cruces fronterizos de orden epistémico-cultural que caracterizan el imaginario de los inmigrantes latinoamericanos en los Estados Unidos. Es la tesis de Moreiras, corroborada por Castro-Gómez si bien con reticencias (1999: 89). Porque para este crítico, la modernidad no fue un proceso regional sino mundial que se constituye como resultado de la expansión colonialista de Occidente y la configuración de una red global de interacciones (... habría entonces que) entender la modernidad como un proceso des-re-territorializador de la vida social que nos permitiría superar la visión fatalista de la globalización que presentan los estudios subalternos y comprenderla como un fenómeno dialéctico en el que se combinan la homogeneización (desanclaje) y la liberación de las diferencias (reanclaje) (Castro-Gómez 1999: 94-95) CRÍTICA Y TEORÍA EN/SOBRE LATINOAMÉRICA: ESTUDIOS LITERARIOS/ESTUDIOS CULTURALES Pero no adelantemos acontecimientos. Las opiniones que acabo de citar en boca de Alfonso de Toro, Santiago Castro-Gómez y otros prueban cómo estos latinoamericanos, que trabajan en Europa, tienden una mirada trasatlántica sobre el Nuevo Mundo para terciar en un debate que les atañe. Y lo hacen al hilo de la crítica, el ensayo y la teoría literaria, tres fecundas vertientes sin fronteras nítidas: entre la simple reseña y la gran especulación teórica proyectada sobre el referente americano se despliegan infinitas variantes, que vienen afectando a gran parte de los latinoamericanistas. ¿Quién se atrevería a negar hoy que los textos de Rama o Cornejo Polar han diseñado una teoría de América Latina, en términos globalizadores? ! KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 124 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… La crítica en y sobre Latinoamérica en el siglo XX fue en su inicio deudora de tendencias y metodologías del Viejo Mundo: estructuralismos, historicismo, estilística, feminismos... Pero su pléyade de intelectuales rápidamente la contextualizó: revoluciones, dictaduras, el retorno a las raíces de la vanguardia, la poesía social, la literatura fantástica, el realismo mágico, el testimonio y la revisión de la historia... Todo ello afectó a la naciente y poco frecuentada teoría literaria cuyos puntales son El deslinde. Prolegómenos a la teoría literaria (1944), de Alfonso Reyes y Para una teoría de la literatura hispanoamericana (1975), de Fernández Retamar. Cuestión suficientemente estudiada y en la que no entraré ahora. Aunque sí diré que la mayoría de los críticos concuerdan con lo expresado por Raúl Bueno: La anhelada teoría de la literatura latinoamericana la están produciendo mayormente la crítica y la historia literarias latinoamericanas, por medio de los dispositivos que ellas mismas se procuran ante la demanda de fidelidad y rigor que le hacen las literaturas de que se ocupan; demanda de nuevos conceptos, categorías y modelos que representen y expliquen con exhaustividad, con certeza, los singulares fenómenos y objetos literarios de los que se hacen cargo (Bueno 1989: 301). Imposible reseñar la crítica de y sobre Latinoamérica: abruma la marea bibliográfica, así como la falta de distancia cronológica para tentar posibles valoraciones. A lo que se añade la diversificación de enfoques, producto de la mayoría de edad de una literatura que ha generado su propia crítica. Aun así, me gustaría hacer un comentario al hilo de congresos y números monográficos de revistas de los últimos años, una cala a partir de 1990, que incluya algunos libros emblemáticos. Y lo haré con una finalidad: mostrar cómo el maniqueísmo inherente a planteamientos binaristas —rescatar la voz del otro, el marginal…--ha dado paso en el marco de la postmodernidad y por obra y gracia tanto de teóricos postcolonialistas —Bhabha, Said, Spivak—, como del postestructuralismo y la semiótica trasplantados a Norteamérica -Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze...- a posiciones más complejas, caracterizadas por la hibridez y la des/reterritorialización donde los sujetos se mueven en el entre. Ya no es posible sustentar con honradez los viejos debates que oponían los estudios culturales (Estados Unidos) a la crítica nacida en Latinoamérica. Las cuestiones son mucho más complejas porque, como ya se adelantó, el canon norteamericano de la postmodernidad/postcolonialidad ha sido generado en gran medida por los subalternos procedentes de las colonias (India, Latinoamérica...), que se instalaron en universidades americanas. A ello se añade la mirada trasatlántica —Rincón, A. de Toro, Herlinghaus…— siempre atenta a las cuestiones teóricas. Vamos a los datos. Comenzaré por aludir a las actas del coloquio organizado en Darmouth por Beatriz Pastor y Raúl Bueno en el 89, que se publicaron en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana en 1990-91 y dan cuenta del interés por el tema al evaluar quince años de crítica literaria en Latinoamérica. Importa también el volumen de la misma revista que recoge el II Encuentro latinoamericano en Berkeley, así como el de Nuevo Texto Crítico correspondiente a 1995, es decir, las ponencias del coloquio celebrado en Berlín en noviembre del 91. Bajo el título: Celebraciones y lecturas: La crítica literaria en Latinoamérica se discutieron los caminos de esa crítica a partir de KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 125 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… 1945. ! En este último, se reflejan una serie de procesos nuevos que impelen a renovar el concepto hegemónico de lo literario, ya no identificado con lo escrito y culto. En consecuencia, se discute la fiabilidad del canon: las esencias culturales no son representadas por el modelo tradicional, sino creadas y mantenidas por él. Para superar las ideas de homogeneidad, totalidad, continuidad y especificidad se insiste en que la crítica literaria sea crítica cultural. Esta necesidad de redefinir la crítica se manifiesta en el proceso de cambio de paradigmas. Ahora se incide en las obras que muestran dinámicas de desterritorialización, procesos de hibridación cultural o la oralidad subterránea de las nuevas culturas urbanas del subcontinente. Asimismo se habla de las condiciones de producción del conocimiento: el lugar, el momento y la coyuntura en que los textos se plantean o silencian. La discutida cuestión de la identidad aparece en las ciencias humanas, no como una esencia intemporal que se expresa, sino como una construcción imaginaria que se relata. Interesante el número de la Revista Iberoamericana con sede en Pittsburgh —Crítica cultural y teoría literaria latinoamericanas— coordinado por Mabel Moraña, quien presenta el volumen considerándolo: ...como una exploración de algunos de los tópicos más importantes que guían los debates actuales sobre la producción cultural y particularmente literaria de América Latina. Dichos debates se enfocan sobre todo en la revisión de parámetros teóricos, métodos de aproximación historiográfica y cuestiones ideológicas replanteadas dentro del marco de los cambios que vienen produciéndose en la disciplina y en el más amplio marco de las ciencias sociales en las últimas décadas (Moraña 1996: 675). El esfuerzo realizado es representativo. Literatura y sociedad siempre estuvieron en contacto en el Nuevo Mundo. El auge de la sociología y la crítica marxista durante más de cincuenta años en el siglo veinte lo confirman. Aunque la reorganización sociopolítica de fin de siglo —caída del muro de Berlín y neoliberalismo como puntas de iceberg— lleve aparejada una revisión cultural que afecta a todo el universo. Porque universales fueron los fenómenos que se iban sucediendo: la expansión de la cultura mass-media, el derrumbe del socialismo internacional, el resurgimiento de los nacionalismos étnico-religiosos con sangrantes confrontaciones; el impacto en las grandes ciudades de las interminables olas migratorias que la lógica de mercado incrementaba. El fenómeno de la globalización hizo impensable que la literatura del Nuevo Mundo quedara al margen. Este volumen de la Revista Iberoamericana es un ejemplo del estado de la cuestión. Los trabajos se aglutinan en tres grandes bloques: 1. Estudios culturales latinoamericanos: nuevas cartografías; 2. Género y políticas de la representación en Latinoamérica; 3. Poscolonialismo/ Subalternismo/ Heterogeneidad/ Posmodernidad.! A nadie le extraña hoy comprobar que la sacralidad de la literatura del romanticismo hacia aquí y la concepción de la escritura como arma solidaria con los países latinoamericanos en autores del continente, marcados por el exilio interior o exterior de los sesenta/setenta, fueran sustituidas por un clima de escepticismo postmoderno. El fenómeno fue denunciado, entre otros, por Hernán Vidal en su libro Crítica literaria como defensa de los derechos humanos (1994). A su vez y simplificando KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 126 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… mucho, esa postmodernidad que en Europa tuvo sus valedores en Lyotard y Vattimo, en Norteamérica cuajó en una línea más cercana a la crítica lingüística, representada por De Mann y los deconstructivistas. Los ochenta estuvieron signados por una auténtica avalancha bibliográfica en esta línea. Y los noventa acuñaron un nuevo término para un concepto más abarcador: el postcolonialismo, que ya no se define en términos lingüísticos, ni siquiera literarios, sino que supone una mirada mucho más radical sobre la cultura de los países hispanos. Está en las antípodas de la teoría de la dependencia y de la transculturación tal como lo definiera Rama. Echa por tierra las periodizacionas habituales en la historia de la literatura y obliga a empezar de nuevo desde parámetros conceptuales muy distintos. Los tres grandes apartados, en que se dividen los trabajos recogidos en el volumen de la Revista Iberoamericana que señalo, están interrelacionados: los estudios culturales están engendrando nuevas cartografías en todo el mundo, y Latinoamérica en absoluto es una excepción. Los análisis de Román de la Campa sobre este asunto me parecen excepcionalmente lúcidos. Me refiero a “Latinoamérica y sus nuevos cartógrafos: discurso poscolonial, diásporas, intelectuales y enunciación fronteriza” donde, tras recordar el consabido influjo de Foucault, Derrida y Paul de Man en la teoría postmoderna, intenta delimitar esa cartografía postcolonial, procedente pero no identificada con la postmodernidad. Como ya se sabe, sus padres fueron Said, Spivak y Bhabha y su mejor cultor e intérprete Walter Mignolo. La reflexión iniciada en el Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos (GLES) —al que pertenecen el mismo Mignolo, Milagros López, J. Ramos, Patricia Seed, Norma Alarcón y J. Beverley— puede servir de puente entre postmodernidad y postcolonialismo. El feminismo y ciertos trabajos en torno al género, que sufrieron un boom hace ya años en los Estados Unidos, impulsaron un postcolonialismo difícil de definir pero centro del debate en la crítica y la teoría de la literatura latinoamericana, muy anclada en los estudios culturales. El abanico de ramificaciones de estos últimos es impresionante: mediáticos (Martín-Barbero), sociológicos (Ortíz, Lechner), antropológicos (Mato), marxistas (Dussel, Quijano), sobre culturas populares (García Canclini), filosóficos (Castro-Gómez), estéticos (Nelly Richard), intelectuales y literarios (Rama, Sarlo, Santiago, Ramos, Schwarz), feministas (Costa, Lamas)... Además hay varios trabajos que perfilan cánones y contra cánones, por ejemplo los de Yúdice, Moraña, Reynoso, Beverly, Mato o Castro-Gómez. En el congreso de LASA del 2001 se debatieron cuestiones como el fin de la alianza de los estudios culturales, los resquemores ante su institucionalización en los departamentos de letras, estudios de área o estudios étnicos de los Estados Unidos; y la subsiguiente imposición al mundo latinoamericano cuya realidad no tiene tanto que ver con los paradigmas teóricos diseñados. Todo ello en un marco más amplio, de carácter mundial, donde Beverley ha venido importando de la India los estudios subalternos, o Mignolo toma como paradigma para el estudio de lo latinoamericano el pensamiento fronterizo o border thinking, derivado de los intelectuales chicanos. Tres años antes —marzo del 98—, la incansable Mabel Moraña había organizado en Pittsburgh un nuevo simposio para seguir discutiendo estos asuntos. Las actas correspondientes -Nuevas perspectivas desde/sobre América Latina. El desafío de los estudios culturales (2000)- proponen una KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 127 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… mirada conjunta tras hacerse eco, una vez más, de los desencuentros entre las reflexiones surgidas desde América Latina y las planteadas sobre ella desde Estados Unidos. El volumen consta de ocho secciones: globalización y multiculturalismo (García Canclini, Martín-Barbero, Ortíz), estudios culturales (Rincón, Román de la Campa, Herlinghaus), crítica, ideología y estudios culturales (Vidal, Kaliman, Moreiras), memoria y territorialidad (Franco, Ramos, Richard, Moraña), márgenes sociales, género, ciudadanía (Debra Castillo, Zimmerman), intelectuales, esfera pública y políticas culturales (Sarlo, Achugar), culturalismo y crítica del canon (Antelo, Castro-Klaren), saberes locales, movimientos sociales y construcción de sujetos (Ileana Rodríguez, William Rowe, Harrison). Los temas y autores dan la pauta de por dónde van los tiros en el debate crítico internacional: conceptos como “identidad” que la globalización ataca, están necesitados de una redefinición en términos no esencialistas. Por otra parte, la creciente importancia del pensamiento virtual mueve a plantear un asunto como la autoría, que nunca se configura independientemente del lugar desde donde se escribe o habla. Y se anatematiza la figura del letrado criollo —por letrado y por criollo— ejemplificada en los grandes ensayistas: Henríquez Ureña y Reyes, pero también Rama y Cornejo Polar, cuya muerte marcaría simbólicamente el fin de todo un linaje intelectual. Así se fueron encrespando las tensiones entre academia norteamericana y países latinos: los primeros giran más hacia las humanidades, los otros se centran en lo social. En Estados Unidos se privilegia el postcolonianismo o la subalternidad, en Latinoamérica la transculturación o reconversiones culturales de tipo antropológico. Los medios son muy distintos y las metodologías también. Lo curioso es que surgieron críticas desde la misma academia, como la de Said: La universidad norteamericana, con su munificencia, su utópica calidad de refugio y su destacada diversidad, ha defendido a los intelectuales (literatos, filósofos o especialistas en Historia) cuyas responsabilidades suponen valores y principios. Sus estilos se han visto dominados por unas jergas que producen una repugnancia casi inimaginable. Los cultos del posmodernismo, del análisis del discurso, del Nuevo Historicismo, de la ideología de la deconstrucción o del neopragmatismo los llevan a posiciones conservadoras (Said 1996: 466-7). Entre paréntesis, habría que comentar que él mismo ha sido fruto de la academia y parte de las jergas. Lo propio sucede con García Canclini considerado por muchos como niño bonito de los estudios culturales, un oportunista aupado por el sistema. Aun así, como crítico radicado en México, se permite un irónico muestrario de los desencuentros con el mundo anglo en su artículo “La épica de la globalización y el melodrama de la interculturalidad”. Allí escenifica un diálogo entre un experto en Cultural Studies y un antropólogo hispanoamericano. Ambos funcionan con esencialismos implícitos, focalizando al otro como tal sin advertir que: ...los estudios culturales existían en América Latina desde hacía varias décadas, aunque no llevaran ese nombre, y que las búsquedas transdisciplinarias, el estudio de la multiculturalidad y sus vínculos con el poder tenían formatos distintos que en Estados Unidos, y a la vez diferentes en México o Perú, donde lo intercultural pasa en gran parte por la presencia indígena, o en el Caribe, donde es central lo afroamericano, o en el Río de la Plata, en que el predominio de la cultura europea simuló una homogeneidad blanca. Cuando se pregunta KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 128 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… quiénes son nuestros otros, la respuesta no es la misma en toda América Latina, ni en todo Estados Unidos (García Canclini 2000: 38). Son evidentes las fisuras, incluso el malestar hacia los estudios culturales a fines del siglo XX. Precisamente el número 197 de la Revista Iberoamericana coordinado por Daroqui y Cróquer desde la universidad Simón Bolívar de Caracas llevaba por título Mercado, editoriales y difusión de discursos culturales en América Latina. El volumen subraya cómo la intrínseca relación de la literatura con los medios condiciona la recepción, es decir, los modos de lectura de un lector hipertextual asediado por un aluvión de imágenes, sonidos, textos y estímulos. El artículo de Gisela Kozak Rivero, “¿Adónde va la literatura? La escritura, la lectura y la crítica entre la galaxia Gütemberg y la galaxia electrónica” analiza el cambio de rol sociocultural de la literatura en los últimos años: “la caída de la posición del escritor como conciencia crítica de la sociedad, las nuevas tecnologías y los afanes antiestéticos de los Estudios Culturales no han pasado en balde” —dice (Kozak Rivero 2001: 693)—. Pero lo interesante viene a continuación, al hilo de una serie de comentarios a Sarlo, Martín-Barbero y otros: Vemos dos cambios básicos respecto a los debates anteriores sobre la crítica literaria latinoamericana. El primero atañe al objeto mismo de estudio: hasta las últimas décadas estaba perfectamente claro que la crítica tenía un objeto de importancia central en la cultura, la producción literaria. Lo que había que discutir eran los enfoques teóricos, metodológicos e ideológicos desde los cuales se debía enfrentar el análisis de dicho objeto. Ahora el objeto y la idea de un enfoque teórico-metodológico coherente son los blancos mismos de la discusión. En este sentido, el latinoamericanismo ha sufrido un vuelco al tener que orientarse por derroteros esencialmente distintos a los que le eran propios: la nación, las diferenciaciones entre alta cultura, cultura popular y cultura de masas, la literatura, los proyectos educativos han sido objeto de un radical replanteamiento (Kozak Rivero 2001: 696-7). Por supuesto los críticos huyen de términos como “esteticismo” o “esencialidad” y la polémica sobre el canon tuvo mucho que ver con eso. Lo que hay detrás, según algunos, es el temor a una cierta idea del hombre que arranca del humanismo. En último término, lo que los estudios culturales combatieron fue su legitimidad; pero, a su vez, hay muchas reticencias hacia ellos. Reticencias que cuajaron en un volumen de Nuevo Texto Crítico (2000-2001), coordinado por Bergero y Ruffinelli, cuyo título es transparente: Estudios literarios/estudios culturales. Veintiún críticos responden, de modo personal y creativo, a un cuestionario de los editores que se plantean cómo pensar el debate desde otras geografías u otros ángulos, por supuesto trasatlánticos. Los más aguerridos atacan directamente el problema (Antelo, Jitrik, Morales, Sarlo, Richard). Un pequeño grupo (Monleón, A. del Sarto, Young, Vidal, Zimmermann) da cuenta del estado de la cuestión en la academia norteamericana. Por fin, los teóricos consagrados se arriesgan con especulaciones más osadas, profundizando en propuestas anteriores (Pizarro, Trigo, A. de Toro, Franco, García Canclini, R. de la Campa, Ríos). El resultado es un volumen interesante por lo crítico -en el doble sentido del término- y por la preocupación de reabrir un diálogo con la literatura. Así Bergero se pregunta “cuáles serían los puentes para pensar de nuevo la literatura a partir de los aportes de las diferentes puertas de acceso ofrecidas por los estudios culturales” (Bergero 2000-2001: 17).! Los hay muy críticos: tal vez los estudios culturales acabaron con la literatura. Por ejemplo, KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 129 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… literatura hispanoamericana” en el dossier Transatlántica: Idas y vueltas de la literatura y cultura hispanoamericana en el siglo XX (2006: 99-107). Más allá de la óptica histórica y los precedentes de Chaunu, O´Gorman y algunos célebres historiadores, la emergencia de los estudios transatlánticos desde la teoría literaria apunta a 1992 y el auge de los estudios culturales se rearma en torno “a una espacialidad compleja, atravesada por sujetos, objetos, hegemonías y fuerzas múltiples” que son su base (Gerassi-Navarro y Merediz 2009: 616). Este volumen vuelve los ojos también a la génesis colonial del proceso, o a la presencia africana en el Nuevo Mundo arrancando de 1492. Hay que flexibilizar el espacio atlántico, tanto en su dimensión geopolítica como en la discursiva: el concepto de tercer espacio, el multifacético viaje transatlántico que usa el Nuevo Mundo como espacio de transformación, la apertura al Pacífico y a las posibilidades que ofrecen los estudios comparativos/ continentales exponen los aciertos y los obstáculos con que se enfrentan los estudios transatlánticos. Cuestionan tanto la geografía como la aplicación de modelos que pueden resultar ajenos a los discursos literariocríticos o a los diseños políticoculturales latinoamericanos (Gerassi-Navarro y Merediz 2009: 625). Las coordinadoras reconocen que los estudios transatlánticos no presentan, necesariamente una metodología nueva, sino más bien proponen recuperar espacios marginados, relaciones excluidas e incluso desfamiliarizar el ángulo de estudio, con el objetivo de trascender una geografía limitadora e interrogar el lugar desde donde se enuncia, sabedoras de que las miradas se refractan en varias direcciones. TECNOESCRITURA, ECOCRÍTICA, CRÍTICA GENÉTICA Por lo que se refiere a la tecnoescritura, es decir, a la relación entre literatura y tecnología en América latina, el volumen coordinado por Andrew Brown en 2007 para la Revista Iberoamericana arranca de cuestiones más trabajadas, como la presencia/ influjo de la fotografía en la escritura, hasta las más innovadoras como el fenómeno lisaymona en el sitio de internet poesía.com, o la identidad posthumana, a partir de propuestas como la de Jerry Hoeg en su libro Science, Technology, and Latin American Narrative in the Twentieth century and Beyond (2000). La tesis de fondo para este y otros estudiosos del tema es que “la tecnología ofrece una perspectiva única e importante de cómo la modernidad, y la posmodernidad, se está articulando y rearticulando en América latina”. Por eso, el objetivo del volumen es “considerar las múltiples dinámicas en que literatura y tecnología se encuentran como partícipes de realidades culturales en un flujo constante” (Brown 2007: 737- 738). En el caso de cierta narrativa, es el discurso mismo el que simula los medios representativos posibilitados por la tecnología: algo comprobable de Lugones y Bioy a Paz Soldán, Courtoisie o cierto César Aira. La conciencia medioambiental de críticos como A. Candido, E. Dussel, L. Boff… precedió la aparición de la Ecocrítica en los años 90, al relacionar determinadas epistemologías con su contexto cultural, económico e histórico con el que establecen conexiones profundas. De forma institucional, esta disciplina nació en Estados Unidos de la mano de The Ecocriticism Reader, de Cheryl Glotfelty y Harod Fromm (1996) y, un poco antes, con la fundación en 1992 de la Association for the Study of KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 136 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… Literature and the Environment (ASLE), que incidía en la “nature writing” y se polarizaba en textos románticos. En la última década han proliferado congresos y publicaciones marcadas por voces postcoloniales y marginales en términos étnicos, culturales y sexuales. La categoría de lugar (la representación de la naturaleza en la literatura) es central para la Ecocrítica, que extiende esta noción a conceptos como frontera, animales, ciudades, regiones geográficas específicas, ríos, montañas, desiertos, indígenas, tecnología, basura y cuerpos… y la aplica a textos desatendidos habitualmente por la crítica. Para ello parte de un número amplio de teorías disciplinarias con el fin de explorar cuestiones respecto a las construcciones simbólicas de las especies y su relación con el medioambiente. Una pregunta pertinente en esta fase es, por ejemplo, ¿cómo los discursos literarios y culturales han definido lo humano? Esta perspectiva, de hecho, cuestiona los principios contrarios, opuestos y dominantes propios del pensamiento occidental, dualismos que dividen el significado de la materia, mente y cuerpo, hombres y mujeres, extrapolando a la humanidad de la naturaleza (Heffes 2014: 12) Entre otras publicaciones convendría reseñar la de C. Flys Junquera, J. M. Marrero Henríquez y j. Barella Vigal, Ecocríticas. Literatura y medioambiente (2010) con un perfil de divulgación de la materia para el público de habla española. Puntos de contacto con el ecofeminismo, versiones como ecología social y eco-marxismo, hay que reconocer que “el giro medioambiental dentro de los estudios literarios y culturales se encuentra impulsado más por cuestiones temáticas que por un método o paradigma de análisis específico” (Heffes 2014: 18). La autora señala tres desafíos en esta corriente: superar la división naturaleza/ cultura, reconocer que la crisis medioambiental es cultural y en consecuencia, subrayar desde las mismas humanidades los aspectos bioculturales del comportamiento humano. Una lectura ecológica de textos latinoamericanos subyace a Hispanic Journal (1998), Ixquic (2000) y Anales de Literatura Hispanoamericana (2004), entre otros. La pregunta sería cómo utilizar estas herramientas de indagación cultural en una tradición tan extensa y rica como es la latinoamericana, qué rasgos específicos aparecen en ella, y hasta qué punto la utilización de esta disciplina teórica es pertinente para la reflexión y análisis profundos de un corpus variado y disímil como el que emerge de nuestra historia social, cultural y literaria? (Heffes 2014: 21). La coordinadora de este número apuesta por la Bioecocrítica, una conjunción de ecocrítica y biocrítica que exceda al aparato teórico proveniente de la Academia norteamericana e inglesa. El rendimiento de tal apuesta está aún por ver. Y esta supuesta orientación innovadora de la crítica no deja de ser una deriva de los estudios culturales que se resisten a morir. En cuanto a la crítica genética, el número 246 de la Revista Iberoamericana de Pittsburgh, coordinado por Balderston y Rossi (2014), es como el subtítulo adelanta, un panorama de “aportes teóricos y lecturas críticas”, arrancando de sus inicios en la vieja Francia. Ahora se reescribe la labor editorial del proyecto Archivos ligado en su origen a Amos Segala y continuado después por Fernando Moreno en Poitiers. Pero sobre todo, se repasan los archivos de manuscritos KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 137 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… latinoamericanos que han ido forjándose en las universidades norteamericanas, comenzando por la más importante, Princeton University, pero también la Library of Congress de Washington, Texas, Michigan State… En Brasil, La Habana, Caracas… y tantas otras va surgiendo la inquietud de formar el archivo literario nacional y latinoamericano. En Europa, la biblioteca Nacional de France y la universidad de Poitiers, entre otras, están en la misma línea. Se abre un inmenso panorama de trabajo para futuros investigadores a partir del cuidado del patrimonio que suponen textos literarios hispanoamericanos. La metodología no es nueva: hay que revisar los actos de invención del escritor y agruparlos en tres tipos posibles: Primero está todo lo que entra bajo la categoría de “notas”, ya sea documentación, observación, recuerdos o ideas para desarrollar; segundo, lo que está comprendido en la categoría de concepción de la totalidad de una obra, su plan; la idea activa que es la composición –la elaboración de escenarios y esbozos; la organización de una estructura o el desarrollo de un sistema de restricciones (…). Finalmente está lo que se comprende bajo la categoría del escribir propiamente dicho –reescritura, correcciones y el punto final de un texto si es que llega. De hecho, lo “incompleto” tiene un lugar considerable en las reflexiones genéticas, tal como lo tiene en toda producción literaria, e indudablemente eso constituye una de las cuestiones más interesantes a propósito de la definición de qué es lo que hace una obra (Neefs 2014: 22). El volumen reúne contribuciones de ambos lados del Atlántico y que trabajan sobre autores muy diversos, desde clásicos franceses como Flaubert, hasta los hispanoamericanos en un amplio abanico de posibilidades (Alberdi, Güimaraes Rosa, Donoso, Saer, Pizarnik o Claribel Alegría y Clarice Lispector). LA CRÍTICA LITERARIA HISPANOAMERICANA COMO TAREA PERSONAL Pasando a otra dimensión, reseñar contribuciones críticas a nivel individual es una tarea imposible que excede estas páginas. Aun así cabe subrayar que, desde el ámbito americano, parece haberse puesto de moda otra vuelta de tuerca sobre los fundadores, sean estos decimonónicos o del siglo XX. Ejemplo de los primeros, la concepción del premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas a Víctor Barrera Enderle, por su libro Lecturas insurgentes. La formación de la crítica literaria hispanoamericana (1810-1870) (2007) Por lo que se refiere al pasado siglo, El poder de la palabra. Ensayos sobre la modernidad de la escritura cultural hispanoamericana (2007), de Guillermo Mariaca, tras contraponer juicios estéticos e ideológicos, recuerda cómo el canon atiende a la literatura culta en función de criterios de política cultural. Y vuelve a asentar las bases de la fundación del canon (H. Ureña), la fundación de la teoría (A. Reyes), la fundación de la crítica (J. C. Mariátegui), el canon de la modernidad (A. Rama), la teoría de la modernidad (O. Paz) y la crítica de la modernidad (Fernández Retamar); para cerrar con un repaso sobre la modernidad y la crítica literaria hispanoamericana. No obstante, y para equilibrar en parte la balanza muy centrada en el lado transatlántico más occidental, me gustaría hacer algún comentario al trabajo de Alfonso de Toro, incansable gestor y organizador de congresos en el Instituto Iberoamericano de Leipzig, punto de acogida de muchos de KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 138 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… los críticos citados, y director de proyectos de investigación en torno a los asuntos que se tratan aquí. Su trayectoria fue siempre puntera: del estructuralismo a la semiótica y a la teoría de la cultura postcolonial, siempre atento a las últimas tendencias teóricas. El campo de aplicación de sus estudios ha sido ambicioso: el análisis textual, la novela española e hispanoamericana, el teatro, Borges, el debate sobre las teorías postmodernas y postcoloniales, la narrativa histórica, Frida Kahlo... fueron objeto de su atención en clases y publicaciones. Los nuevos enfoques postcoloniales amplían el campo de estudio, lo que es visible en sus textos más recientes: Espectacularidades (2008) y Dispositivos espectaculares latinoamericanos: nuevas hibridaciones-transmedializaciones-cuerpo (2008), del que es editor. Algo similar sucede con Borges. Las actas de congresos sobre el argentino, quien le apasionó desde muy temprano, culminan —por el momento— en su Borges poeta (2010). Como autor, tienen un espléndido exponente en su libro Borges infinito-Borges virtual: pensamiento y saber de los siglos XX y XXI (2008). ! Por fin, su interés por la teoría le ha llevado a dirigir proyectos de investigación en cuyo seno se debatieron las cuestiones más candentes de postmodernidad y postcolonialidad -término que le gusta más, para evitar las connotaciones de “postcolonialismo”-. Postmodernidad y postcolonialidad: breves reflexiones sobre Latinoamérica (1997), El debate de la postcolonialidad en Latinoamérica: una postmodernidad periférica o cambio de paradigma en el pensamiento latinoamericano, editado junto a Fernando de Toro (1999), y Cartografías y estrategias de la postmodernidad y la postcolonialidad en Latinoamérica: Hibridez y Globalización (2006) constituyen un sólido corpus de trabajos con el que se lanza a la arena de las disputas sobre canon/corpus, estudios culturales y teoría cultural. En el marco de los estudios transatlánticos, incorpora voces del otro lado (García Canclini, Martin-Barbero, Brunner...) que, a su vez, han asimilado tanto a los teóricos postcoloniales (Said, Bhabha, Spivak) como a estructuralistas, semióticos y deconstruccionistas europeos (Foucault, Derrida, Deleuze, Lyotard...), entablando con todos un fructífero diálogo. Y, a partir de ahí, comienzan a aparecer sus aplicaciones prácticas: volúmenes como Estrategias postmodernas y postcoloniales en el teatro latinoamericano actual: hibridez, medialidad, cuerpo (2004), coeditado junto a René Ceballos y Claudia Angehrn; y Expresiones liminales en la narrativa latinoamericana del siglo XX: estrategias postmodernas y postcoloniales (2007), coeditado con el mismo Ceballos. Un breve comentario sobre Cartografías y estrategias de la postmodernidad y la postcolonialidad en Latinoamérica. Hibridez. Globalización. Bajo este título recoge Alfonso de Toro veinticuatro ponencias, fruto de un proyecto de investigación, que constituyen una reflexión transdisciplinaria sobre Latinoamérica y la diversidad de sus discursos. Muchas de las aportaciones (García Canclini, Martín-Barbero, Mendieta, Sieber y, desde luego, el extenso y pormenorizado trabajo del antólogo y director del proyecto insisten y profundizan líneas anteriores en varios sentidos. Por ejemplo y respecto a “modernidad y Latinoamérica” habrá que ampliar el término a una dimensión periférica y descentrada, porque ambos procesos están de algún modo entrelazados y no conllevan un antagonismo epistemológico tan grande. García Canclini subraya que los debates de la KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 139 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… postcolonialidad se centran en conceptos como nomadismo y desterritorialización, frente a viejos planteamientos de identidad nacional. Y establece una taxonomía, fruto de su empeño en reordenar las relaciones local/global: lo local enajenado en las colonias, rediseñado por la americanización, desconectado y, por fin, lo glocal. En el marco de la globalización, que implica nuevos modos de estar juntos, rescata este último término que nació en el mundo de los negocios japonés a fines de los ochenta, para definir las estrategias de los nuevos mapas culturales y como permanente reformulación de lo local frente a lo global. En palabras de Rincón, tendría mucho que ver con la relocalización de las culturas dentro del proceso de interconexiones globales, sobre la base del carácter compuesto, híbrido, transicional de todas las culturas, dentro del flujo de las corrientes contemporáneas de experiencias históricas (Rincón 2004: 122).! Lo cierto es que la circulación transnacional de la cultura en Latinoamérica implica un proceso transcultural y transdisciplinario. Como recuerda el colombiano asentado en Berlín, gracias a los medios todo llega en el momento de su emergencia, pero su asimilación no es simultánea: tesis de su conocido libro La no simultaneidad de lo simultáneo. Postmodernidad, Globalización y Culturas en América Latina (1995) que revisa ahora, casi diez años después de publicado, en un sustancioso trabajo panorámico. En su artículo “Mediaciones comunicacionales y discursos culturales”, Martín-Barbero remacha que las identidades nacionales hoy son multilingüísticas y transterritoriales. Algo que tiene mucho que ver con el mercado. “Lo que estamos intentando pensar es la hegemonía comunicacional del mercado en la sociedad: la comunicación convertida en el más eficaz motor del desenganche e inserción de las culturas —étnicas, nacionales o locales— en el espacio/tiempo del mercado y las tecnologías globales” (Martín-Barbero 2006: 144). Mediaciones, nuevos modos de simbolización, producción y circulación cultural, entre los que destaca la televisión /cine que definió un tipo de ciudad dispersa, de imagen múltiple —según Benjamin—. Ahora la metáfora acuñada es “zappar”, metáfora de la fragmentación y el flujo; y el espacio doméstico se transforma en espacio virtual, pleno de posibilidades. Curiosamente, para este colombiano la televisión es el instrumento con que las comunidades construyen su propia imagen, su “territorio del lugar” anclado en la memoria y que interactúa con la dinámica global. Así, el desenraizamiento producto de la hibridación cultural desemboca en una mundialización “desde dentro” y una relocalización política de la diferencia cultural del lugar. Estamos muy lejos del paradigma de lo nacional como instrumento para pensar el mundo... “Hacia una teoría de la cultura de la hibridez como sistema científico transrelacional, transversal y transmedial” muestra ya cuajada una ambiciosa teoría de la cultura, síntesis de aportaciones anteriores y en línea con Bajtín, Bhabha, Deleuze, Derrida, Baudrillard, Welsch y otros. Importa la productividad (potencialidad y recodificación) de esa teoría de la cultura, que es el resultado de tender puentes entre estudios culturales y crítica literaria -ambos definidos y reformulados dentro de una red de disciplinas y de conocimiento-; en ese sentido, el trabajo de Alfonso de Toro supone un paso adelante en relación a lo que veníamos comentando, muy a tono con KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 140 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… el fin de los binarismos, y con la estrategia postmoderna del entre, del tercer espacio. Su premisa: la literatura perdió “gran parte de su fascinación y relevancia sociopolítica (...) de allí se desprende la pregunta fundamental de para qué estamos y quién nos necesita”... (A. de Toro 2006: 197). )Desde qué base epistemológica pensamos/escribimos? “La teoría debería asumir una función de puente, de relacionar, entrelazar la transversalidad de la cultura (... —en el sentido de Welsch—...), deberá ser una práctica colectiva transdisciplinaria y transcultural del análisis de un objeto cultural” (A. de Toro 2006: 200-201). Una última acotación que me parece pertinente: si el lugar de nacimiento -boom, diría yode los Estudios Culturales produce un rechazo (Norteamérica/Latinoamérica), habría que anotar que, al parecer, a los líderes de la discusión de los estudios coloniales y postcoloniales en E.E.U.U. no les produjo ningún problema el partir de postulados filosóficos de Foucault (Said), de Lacan y Derrida (Bhabha) o de Marx y Derrida (Spivak), sino más bien un beneficio para sus propias aproximaciones. Lo mismo podemos decir de muchos y centrales trabajos de García Canclini, Brunner, Monsivais, Martín-Barbero... (A. de Toro 2006: 207). A partir de aquí se despliega toda una teoría de la cultura -por supuesto nunca sometida a una lectura hegemónicaque “sería un lugar privilegiado de análisis, de descripción y de interpretación de las construcciones culturales y sus diversas articulaciones o representaciones en sistemas discursivos” (A. de Toro 2006: 211). Teoría transversal con evidentes consecuencias en la academia, y que debería plantearse al menos en tres niveles: el de principios constituyentes de base; el de objetos textuales/discursivos; y el socio-histórico-topográfico. Teoría cuya fundamentación en el macronivel descansa en dos conceptos (hibridez y transversalidad) que, a su vez se articulan en otros (transmedialidad, cuerpo/sexualidad) en el micronivel correspondiente: Los criterios de hibridez, transversalidad, transmedialidad y cuerpo fomentan un análisis e interpretación transdisciplinaria, transcultural y transtextual, por ejemplo, el diálogo entre diversos códigos culturales y estéticos de la cultura latinoamericana, europea, norteamericana, afro-americana, africana, musulmana o asiática (A. de Toro 2006: 216). Planteamiento ambicioso, gran panel que pasará a desglosar pormenorizadamente en el resto del trabajo, de tono absolutamente postmoderno —cuestionamiento del Logos occidental, de las categorías Origen y Verdad— y que desemboca en un diálogo muy postcolonial alrededor de tres áreas o estrategias: transdisciplinariedad, transculturalidad y transtextualidad. “Modelos de diversa proveniencia disciplinaria y teórica (...) al servicio de la apropiación, decodificación e interpretación del objeto analizado” —para la primera—. “Modelos, o fragmentos o bienes culturales que no son generados ni en el propio contexto cultural (cultura local o de base) ni por una propia identidad cultural” —para la segunda—. “Diálogo o recodificación de subsistemas y campos particulares de diversas culturas y áreas de conocimiento” en los que importa lo estético, la función social o su productividad, y no cosas como el origen o la autenticidad —para la tercera—. Evidentemente son reformulaciones de conceptos que tienen una historia con la que se dialoga —por ejemplo, la KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 141 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… transculturalidad, que no implica mestizaje, pérdida o cancelación de lo propio como en Ortiz, sino proceso continuo e híbrido—. Ya que el prefijo transincide en ese “diálogo desjerarquizado, abierto y nómada que hace confluir diversas identidades y culturas en una interacción dinámica”, en un proceso disonante, de alta tensión...- (A. de Toro 2006: 218-219). Una muy pormenorizada teoría sobre la hibridez y sus estrategias -siempre esbozadas al hilo de la translación -completa el trabajo: la hibridez como categoría epistemológica construida por la diferancia (Derrida) y la altaridad (Taylor), en términos no de exclusión del otro, sino de negociación permanente y abierta. Hibridez como categoría científica y ciencia transversal; como categoría y estrategia cultural; como forma de organización mediática; como categoría urbana, de circulación de mercado; como tecnología y ciencia... Lo importante son los pasajes, esa dinámica abierta y nómada: el rizoma como red, la arruga, el pliegue de Deleuze; le différend, es decir, esa visión del pensamiento como islas o significados a la deriva de Lyotard; el pensamiento débil y el concepto de perlaboración, como reescritura, de Vattimo... son los ingredientes -formas vacías en realidadcon que construye su teoría... para concluir con unas palabras de indudable operatividad en un mundo marcado por los desplazamientos: La identidad, lo auténtico se negocia hoy en día en la diversidad de las orillas y en los puntoscruces del encuentro de culturas (y no a través de oposiciones, sino por medio de operadores tales como allí, aquí, en medio, simultáneamente): se vive simultáneamente en diversos mundos, en un intermedio, en un espacio extra-territorial (A. de Toro 2006: 228). La labor de Alfonso de Toro está enfocada a tender puentes entre su propia exégesis crítica y la Academia norteamericana. Para cerrar este brevísimo esbozo crítico de lo producido en Europa, quisiera citar al menos dos volúmenes: el libro de Genara Pulido, Constelaciones de teorías. El giro culturalista en los estudios literarios latinoamericanos (2009) y el de Ingrid Galster, Hispanoamérica y el posmodernismo. Teoría literaria, feminismo, textos coloniales y novela histórica (2015). Este último decepciona porque recién aparecido en L´Harnattan de Paris, es en realidad un texto que reúne viejas conferencias de los 90 que, por fin, se tradujeron y publicaron ahora. Como panorama de conjunto, muy útil en su momento, habría que destacar la primera conferencia, de 23-de febrero de 1994, sobre “La teoría literaria hispanoamericana entre la dependencia y búsqueda de autonomía. La discusón sobre el posmodernismo” (Galster 2015: 15-41). El libro de Genara Pulido, especialista en teoría literaria y profesora de la universidad de Jaén, es un estudio de conjunto muy cercano a mis propios trabajos, que no cita pero debe conocer. Me refiero a los que se centran en el binomio “canon/corpus” (1998, 2000) e incluso a una primera versión, online, del que aquí se presenta. Está dividido en dos partes: I. Estudios literarios (crítica, teoría, historiografía y literatura comparada) y II. Estudios de la cultura... En la última parte se recuerda que, como corolario de todo lo expuesto se produjo, tiempo ha, el cuestionamiento del canon literario “oficial” vigente en la primera mitad del pasado siglo, para generar nuevas cartografías en/de América Latina. El lector está ante uno de los más serios, enjundiosos y útiles panoramas del mercado, punto de partida para poner cierto orden en los complejos asuntos que hemos intentado al menos dejar planteados. KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 142 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… PARA CONCLUIR SIN CERRAR O PARA CERRAR SIN CONCLUIR... Es obvio, en nuestra época la pregunta sigue siendo cómo articular cultura y literatura hispanoamericanas, el reto es cómo conciliar la globalización del planeta con las diferencias multiculturales. Los interrogantes y propuestas para la crítica, conformadora en tantas ocasiones de una teoría hispanoamericana, siguen siendo muchos. Quise hacer una cala bibliográfica en determinado momento de nuestra historia, pero estamos ante un mar sin orillas y el bombardeo de publicaciones es imparable. Es indudable el consenso: más allá de viejos esencialismos, la cultura se presenta como un área de conocimiento común desde la que abordar otras formas de producción de conocimientos; un campo transdisciplinario en el que se estudian los fenómenos que desbordan a cada una de las disciplinas, entre ellas la literatura. Tal vez tenga razón Alfonso de Toro cuando asegura que conservar el concepto de disciplina tradicional y la forma tradicional de producción científica conlleva no sólo el peligro inminente de la pérdida de legitimación y relevancia socio-cultural- política de las disciplinas en cuestión, sino aún peor, su silencio, ya que las disciplinas en su forma actual y con sus instrumentos no son capaces de abarcar, de describir e interpretar la cada vez más compleja y peligrosa realidad contemporánea” (A. de Toro 2006: 196). ¿Crítica? ¿Teoría? Tal vez la tarea crítica de muchos años bajo determinado prisma consiga dibujar una teoría de la literatura hispanoamericana, cada vez más atendida de los noventa hacia aquí. El texto necesitará sus exégetas, mientras sigan abiertos los debates teóricos en el marco de seminarios, grupos multiculturales y congresos celebrados a lo largo de la cartografía mundial y se diseñen nuevas historias de la literatura como las de Pizarro y Jitrik, que tratan de fijar para la posteridad los avances, fruto de las fisuras en ese canon tradicional diseñado y reelaborado continuamente por los críticos. Está clara la preocupación por el estatuto de lo literario, tan imposible de definir y en la base de un canon latinoamericano que se agiganta con las aportaciones del corpus cada vez más variopinto, y que enriquece y desintegra a la vez lo que tradicionalmente se consideró literatura. No han dejado de sorprender los gritos de alerta de críticos como Jitrik, Sarlo o Richard muy atentos al referente desde el análisis marxista, la sociología o los estudios culturales. En ese sentido, tal vez el ataque más contumaz y provocador de cuantos he leído siga siendo el de Morales en Nuevo Texto Crítico (2000-2001). Muy autobiográfico, narra su experiencia de estudiante y profesor latino en los Estados Unidos, y no teme mostrar su alarma ante lo que ve: una crisis de identidad en los profesores de disciplinas humanísticas, especialmente en los de literatura, que -ante la marginación que la literatura misma sufrió por parte de la hegemonía de los medios audiovisuales masivos (expresiones excelsas de la lógica cultural del mercado)- vieron de pronto su profesión sin sustento epistemológico ni ético. La hegemonía de la letra y de lo letrado y toda su venerable tradición renacentista, quedaron súbitamente anuladas por un universo de imágenes y sonidos que apelan a un espectador muy bien educado en el arte de dejarse manipular y también en el olímpico desprecio de las aburridas letras, que tienen el insufrible defecto de que forzosamente deben ser leídas una por una y de atrás para adelante (Morales 200-2001: 122). KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 143 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… ¡Sin comentarios! No han de extrañar frases como “el precio que la modernidad ha pagado por su riqueza es, pues, la bancarrota espiritual de sus habitantes”, ni que se pregunte: “¿es ésta la modernidad que queremos para nuestros pueblos tercermundistas?” (Morales 2000-2001: 129). Tampoco que se haga hincapié en el “olvido de la esencial dimensión estética del discurso literario” (Morales 2000-2001: 125). Por esta vía, ciertos críticos de los estudios culturales confluyen con las minorías, bien escasas pero por ello interesantes, que han peleado en soledad a lo largo de los años de su carrera literaria por defender otros valores. Estoy pensando en Graciela Maturo que trabajó el análisis de textos latinoamericanos desde la fenomenología, el símbolo, las tradiciones populares y, asombrosamente, el catolicismo militante. En los últimos años recogió parte de sus estudios en un libro, La razón ardiente. Aportes a una teoría literaria latinoamericana (2004). Allí bullen sus propuestas por otra parte muy contundentes: En este campo ofreceríamos, frente al desborde irracionalista creciente en la teorización crítica norteamericana, la posibilidad de una actitud fenomenológico-hermenéutica acorde con el sentido ético, constructivo y abierto del latinoamericano (...), pero advertimos, el exceso irracional violenta la esencia humanista de la cultura hispanoamericana, latinoamericana (Maturo 2004: 234). Maturo entiende como un deber ético-político la profundización de un pensamiento propio, porque la realidad latinoamericana es distinta, histórica y ontológicamente, con arraigadas esencias culturales. Ello deberá reflejarse en una crítica “integradora, pluralista y comprensiva del signo lingüístico en su especificidad”, que se distancie tanto del inmanentismo como de la sociología, ambos reductores, el primero por no incluir los contextos y el segundo por circunscribirse a determinados en detrimentos de otros, como el religioso. Considera el símbolo como la manifestación más específica de lo literario, y la literatura latinoamericana, transcultural y dialógica, una cultura marcada por el humanismo cristiano y los pueblos primitivos, campo propicio de reconocimiento de ese acto fundante, el mestizaje. América es trasmoderna en virtud de ese mestizaje... ¿Disonancia? Un testimonio tan respetable como otros y que me permito traer aquí en aras del pluralismo que según casi todos define nuestra postmodernidad. KAMCHATKA 9 (JULIO 2017): 121-151 144 María Caballero. Al hilo de la literatura latinoamericana… BIBLIOGRAFÍA ALADRO, J., N. KLAHN, L. MARTÍNEZ-ECHAZÁBAL y J. POBLETE (coords.) Dossier “Genealogias of Displacement. Diaspora/ Exile / Migration and Chicana / o / Latina / o / Latin American/ Peninsular Literary and Cultural Studies”. Nuevo Texto Crítico 29-32 (2002-3). AMAR SÁNCHEZ, A. Mª y T. BASILE. (Coords.) Dossier:“Derrota, melancolía y desarme en la literatura latinoamericana de las últimas décadas”. 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