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(Des)cortesía, agresividad y violencia verbal en la sociedad actual

Fuentes Rodríguez, Catalina; Alcaide Lara, Esperanza

Abstract

En la actualidad, la Lingüística ha dejado de ser una disciplina que interesa solo a unos pocos especialistas en la materia, para pasar a ser una disciplina de interés social, por cuanto que el estudio de la lengua se lleva a cabo siempre sin perder de vista su uso, su uso en la sociedad, su uso en relación con el individuo. Se trata de la Lingüística Pragmática. A través de estos estudios, y con la ayuda necesaria de los enclavados en la Sociopragmática, se llega a tomar el pulso a la sociedad, por cuanto que la utilización de una lengua funciona como reflejo de los comportamientos sociales de los individuos.

Full text

3 Catalina Fuentes Rodríguez Esperanza R. Alcaide Lara (Des)cortesía, agresividad y violencia verbal en la sociedad actual EDITA: UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCÍA AUTORES: Catalina Fuentes Rodríguez Esperanza R. Alcaide Lara COPYRIGHT DE LA PRESENTE EDICIÓN: Universidad Internacional de Andalucía COPYRIGHT: Catalina Fuentes Rodríguez Esperanza R. Alcaide Lara FECHA: Marzo de 2008 EDICIÓN: 500 ejemplares ISBN: 978-84-7993-052-3 MAQUETACIÓN Y DISEÑO: Ricardo Barquín Molero _____________________________________________ Monasterio de Santa María de las Cuevas Calle Américo Vespucio, 2 Isla de la Cartuja. 41092 Sevilla www.unia.es 5 Índice _____________________________________________ 1. Introducción 9 2. Descortesía y agresividad 15 3. Descortesía y léxico 19 4. La descortesía en los medios 21 5. La agresividad en el lenguaje político 59 6. La violencia verbal en el aula 65 7. Lingüística pragmática y sociedad: los tests de hábitos sociales 69 8. Conclusiones 73 9. Bibliografía 75 7 Catalina Fuentes Rodríguez Esperanza R. Alcaide Lara (Des)cortesía, agresividad y violencia verbal en la sociedad actual 9 1. Introducción La obra que el lector tiene en sus manos es el fruto inicial de un proyecto que el grupo de investigación Argumentación y Persuasión en Lingüística (HUM-659) de la Universidad de Sevilla puso en marcha en el mes de marzo de 2006, y que consiguió financiación de la Junta de Andalucía como Proyecto de Excelencia. Se trata del proyecto “La violencia verbal y sus consecuencias sociales” (Excia. 2006 Hum-593). En septiembre de 2007, en el marco de los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía, las profesoras C. Fuentes y E. Alcaide, codirigen el curso que ha dado lugar a este trabajo: “Descortesía, agresividad y violencia verbal en la sociedad actual” (Sevilla, 17-21 de septiembre de 2007, UNIA). En la actualidad, la Lingüística ha dejado de ser una disciplina que interesa solo a unos pocos especialistas en la materia, para pasar a ser una disciplina de interés social, por 16 de vista que cubre ambas figuras comunicativas, con todo lo que ello implica. De hecho, N. Hernández (2005), ve en este concepto un intento de llegar al equilibrio entre la imagen del emisor y la del receptor. En este mismo sentido, al entender la descortesía como la cruz de esa moneda, la del intercambio comunicativo, cuya cara es la cortesía, no podemos pensar otra cosa que, igualmente, la primera supone un intento de destruir la imagen social del otro, en pos del beneficio del hablante. En relación con la noción de imagen social, debemos decir que deriva del modo en que un individuo se percibe a sí mismo y del modo en que quiera ser percibido por los demás. Observamos, pues, cómo en esta definición se ven involucrados una vez más los dos polos comunicativos esenciales: hablante y oyente. Desde Goffman (1959, 1961), la imagen (face) se considera una proyección del yo ante el otro, un yo virtual, que no tiene por qué coincidir con lo que es en realidad, sino que se crea a partir de la relación y la interacción social cotidiana. De hecho, A. Cordisco (2003), retomando las ideas de Goffman (1967) y Bravo (1999), llega a decir que “la imagen que posea un individuo de sí mismo condicionará su trato interpersonal, estableciéndose unas pautas o normas cuyo desconocimiento puede tornar problemático el intercambio” ( 151). Otros de los conceptos que tenemos que tener en cuenta son los de “afiliación” y “autonomía”. Para D. Bravo (1999), la “autonomía” hace referencia a los comportamientos relacionados con “cómo una persona desea verse y ser vista por los demás como un individuo con contorno propio dentro del grupo”. La “afiliación” se refiere a los comportamientos que tienen como objetivo mostrar “cómo desea verse y ser visto por los demás en cuanto a las características que lo identifican con el grupo”. Pero no son siempre las reglas de cortesía las que gobiernan la conversación y la comunicación en general. Existen situaciones comunicativas en las que, lejos de pretender quedar bien con nuestro interlocutor, nuestro interés se centra en deteriorar y destruir su imagen. Es entonces cuando se producen los actos descorteses, que aparecen sobre todo en situaciones comunicativas de conflicto y polémica, como el discurso político, al que se les han dedicado innumerables estudios desde esta perspectiva (cfr. J.L. Blas Arroyo: 2001; A. Bolívar: 2003). En ellos, más que buscar el acuerdo y la armonía entre los interactuantes, se intenta marcar las diferencias. La descortesía se convierte, de este modo, en su peculiar manera de cortesía: la del conflicto. En todos estos casos, la descortesía llega a ser un rasgo característico, e incluso, podríamos decir, se convierte en la pauta de comportamiento discursivo o norma. Los hablantes actúan afanosamente en 17 pos del conflicto, de tal forma que se busca deliberadamente el desequilibrio entre las imágenes sociales de los distintos interlocutores. 2. Agresividad y violencia en relación con la descortesía La relación de la descortesía con la agresividad y la violencia llega de la mano de las estrategias utilizadas para llevarla a cabo. Muchas de esas estrategias descorteses se pueden tildar de agresivas e incluso de violentas. Podemos hablar de: - Agresión y violencia hostil: cuando el objetivo es solo hacer daño a la víctima - Agresión y violencia instrumental: en los casos en que la agresión sea un medio para obtener otros fines. Según Balandrón Pazos (2004), “en realidad la agresividad no es sino un primer estadio desde el que se puede entender, junto con otros condicionantes y dimensiones la violencia; al fin y al cabo, el ser humano puede llegar a ser violento porque, además, puede ser agresivo. Entendida la agresividad como tendencia a la agresión, agresividad y violencia no serían más que potencia y acto de un mismo fenómeno, al igual que agresividad y agresión” (42). ¿Dónde está el límite entre la agresividad y la violencia? Según el autor antes citado, “la diferencia entre la agresividad y la violencia reside para algunos autores en que la segunda es cultural mientras que la primera tiene que ver con la naturaleza, como explica José Sanmartín: “decir que somos agresivos por naturaleza no conlleva, pues, aceptar que también por naturaleza seamos violentos. No hay violencia, si no hay cultura. La violencia no es un producto de la evolución biológica, de la bioevolución como se dice frecuentemente. Es un resultado de la evolución cultural, de la llamada en sentido amplio ‘tecnoevolución’, porque la técnica ha jugado un papel decisivo en la configuración de la cultura” (Balandrón Pazos: 2004, 48). Como vemos, en esta visión de la agresividad y la violencia se defiende la intencionalidad como componente esencial de la última. La agresión no persigue el daño propiamente sino afectar, como método disuasorio en la mayoría de las ocasiones; en cambio, la violencia persigue el daño, físico o psíquico, y tiene en el poder y las desigualdades sus aliados. En cualquier caso, sea con una intención o con otra, para realizar actos lingüísticos agresivos y/o violentos, recurrimos 18 a estrategias de descortesía, buscando siempre que la imagen del otro se vea dañada en cierta manera. En el terreno de lo verbal, podríamos establecer la diferencia entre lo que son actos disuasorios o actos de inhibición, del tipo de la amenaza, que encarnarían la agresividad: se trata de intimidar bien para defenderse de algo (contra-agresividad) o para mantener una postura fuerte frente al grupo. Por ejemplo, una persona puede ser agresiva hablando para mantener sus posturas, aunque no llegue a ser violenta. La violencia, en cambio, da lugar a la ejecución de un acto ilocutivo que va a dañar socialmente al interlocutor: por ejemplo, el insulto, la ridiculización, el empequeñecimiento, la usurpación de la palabra, es decir, todos aquellos actos que atentan contra la dignidad de la persona. Por lo tanto, hay actos ilocutivos agresivos y actos violentos. Estamos muy acostumbrados a hablar de violencia en forma de asesinatos, puñaladas, disparos, actos que, por supuesto, son altamente violentos, pero no llegamos a reconocer violencia en un insulto (“el monstruo del culo gordo” de Shin-Chan refiriéndose a su madre) o una cachetada o coscorrón (los que continuamente propina Misae, la madre, a Shin-Chan y a su propio marido cuando se siente agredida o contrariada). Sin embargo, estas formas de violencia pueden ser en extremo perjudiciales para el espectador. En palabras de J. Potter (1999), “perhaps the less serious forms of violence pose the greatest risk to viewers. Perhaps because the inhibitions that prevent viewers from imitating insults and lies are much lower than the inhibitions that prevent them from imitating assaults, a small reduction in a person’s inhibition would be more likely to show up as a behavioural effect with the less serious forms of violence” (p. 79). 19 3. Descortesía y léxico Los insultos también fueron analizados en el curso, desde un punto de vista internamente lingüístico. Desde el análisis puramente teórico, de cómo se genera y cuál es su conexión con la realidad que se quiere denominar y el aspecto tabú, completamente ligado a lo social, se analizaron los procedimientos léxicos que permiten generar tanto expresiones agresivas como eufemismos. En este fenómeno influyen diversos mecanismos: la sociedad y sus creencias, que establecen una interdicción lingüística, centrada en la palabra. La realidad negativa transmite esta tabuización al término, y el hablante lo utiliza según su intención comunicativa: - Crear una relación social agradable, positiva con la imagen del otro: entonces atenúa, reduce al eufemismo. Si el grupo social se caracteriza por un alto grado de familiaridad o confianza, utiliza el tabú sin carga negativa, con efecto anticortés - Establecer claramente un disfemismo para provocar una reacción de rechazo o negativa por parte del receptor. Este puede usarse como medio de identificación de 20 un grupo social: jóvenes, un grupo profesional, una pandilla… Ir contra la norma permite la identificación como segmento marcado. El tabú de palabra lleva al hablante a buscar mecanismos centrados en el cuerpo léxico de la misma, recurriendo a alteraciones fónicas o morfológicas que pueden enfatizar el valor negativo, o atenuarlo. Así, prefijos como pseudo (pseudodemócrata), medio (medio tonto), cruces léxicos (socialistos, conservaduros…), sufijos como –oide (politicoide, cursiloide, infantiloide), -oso (derechoso), -ero (pesetero, faldero), -ata (negrata, sociata, fumata)… De forma paralela, el léxico marginal, es decir, las palabras empleadas por hablantes de baja condición social, y ligadas más a un ámbito de argot, grupo apartado de la sociedad, han ido pasando a los jóvenes, que lo emplean como medio de afiliación, desprovistos de su carga violenta, para generar una conciencia de grupo. A ello contribuyen los medios de comunicación, que generalizan estereotipos. Así, jóvenes que no pertenecen a ámbitos socialmente marginados usan estos términos como forma de reaccionar ante lo establecido, pero siempre en situaciones específicas de su actividad cotidiana: instituto, universidad, pandilla de amigos. Un estudio de Gómez Capuz sobre el personaje televisivo Neng, del programa Buenafuente, revela el uso de expresiones disfemísticas desprovistas de este valor: que te cagas, de la hostia… o expresiones tabuizadas como puto, coño, mierda o es la polla: Pues vaya una mierda de fiesta, mi puta vida, mi punto coeficiente, de puta madre, de cojones. O de forma redundante: “Ya no me acuerdo de lo que hice ayer con la puta mierda del perfume”. Lo mismo encontramos en letras de canciones de algunos grupos musicales que tienen ventas nada despreciables y que exportan una estética y una forma de hablar marginal, que salta, desprovista ya de dicha connotación, a la lengua general. 21 4. La descortesía en los medios Uno de los aspectos que más preocupa a la sociedad hoy en día en relación con la descortesía y la violencia es su presencia cada vez más habitual en los medios de comunicación de masas. De hecho, en más de una ocasión culpabilizamos a los medios de la propagación indiscriminada de imágenes y mensajes agresivos y violentos, que tanto adultos como jóvenes y niños llegan a mimetizar. En este apartado analizaremos el uso de recursos lingüísticos descorteses y violentos, e intentaremos arrojar algo de luz sobre el problema de la transmisión de este tipo de contenido y sus consecuencias sociales. 22 1. Descortesía, agresividad y violencia en televisión: los teledebates y tertulias Actualmente, la descortesía y agresividad verbal se están imponiendo en el discurso televisivo como un medio de persuasión y, sobre todo, como medio altamente eficaz de captación de la atención de la audiencia. En este trabajo nos hemos centrado en el análisis de aquellos programas televisivos que versan sobre temas propios de la prensa rosa, que son los que, en realidad, presentan rasgos altamente agresivos. Estos formatos televisivos, movidos por el objetivo de obtener mayores cotas de audiencia, han ido evolucionando hasta generar un tipo de tertulias televisivas gobernadas por la descortesía verbal, un tipo de tertulias en las que el contenido informativo ha sido sustituido por el enfrentamiento y el alboroto. Son numerosas las estrategias descorteses presentes en la estructura interaccional propia de estos discursos, y actualmente están siendo analizadas en muy distintos tipos de corpus. Las interrupciones que se producen en ellas, así como las retenciones de turno o las violaciones del principio de cooperación que llevan a cabo los interlocutores pueden llegar incluso a poner en peligro el desarrollo de la comunicación. Algunas de estas estrategias son las siguientes: 1.- Producir frecuentes retenciones de turno, lo que puede indicar que se desconocen (o ignoran) los reclamos de turno. 2.- Tomar el turno de palabra para reafirmar la misma idea de otro participante. El objetivo es, en este caso, “egoísta”: la idea se ofrece no solo como aportación de ese otro participante, sino del propio hablante, que, además, aporta nuevas dosis de información acerca del tema tratado. Es decir, no quedar “sin tajada”. No se trata de revalidar la contribución del otro, que sería un comportamiento cortés de “afiliación” del otro, sino una forma de imposición para sacar beneficio propio. Para ello se pueden utilizar varios recursos. 3.- Interrupción explícita y abierta del turno, aunque no se reclame el mismo, con subestrategias claras, con objetivos diferentes: a.- El simple deseo de boicotear la intervención del contrario (‘no reclama turno, pero interviene’), y demostrar la disconformidad con lo que se está diciendo. b.- Afectar la imagen de los demás y dañar la propia produciendo contribuciones comunicativas incompletas: “quedarse con la palabra en la boca”. Objetivo: descontrolar al otro sin “decir nada”. 23 c.- Intentos claros de capturar el turno repetitivamente, sin éxito: Se intenta capturar, usurpar, el turno, una vez con resultado fallido, pero se vuelve a insistir una y otra vez, aún a sabiendas de que el otro lo va a ignorar. Esto entronca con la estrategia 8, que veremos más adelante, en el sentido de que las intervenciones se convierten, ante el ignorar la petición de turno, y el no otorgar un turno del que ahora goza el hablante, en una ‘contribución comunicativa incompleta’. 4.- Usurpar el turno de palabra para exponer opiniones contrarias a las expuestas por otros participantes. Varios recursos: - Mediante marcas de clara oposición al otro: Pero…, marca a la que el otro atiende - Mediante recursos engañosos en los que se piden turnos haciendo mención de actos de habla que no corresponden a los que realmente se efectúan. El hablante se muestra como insincero, porque su receptor atiende por cortesía la petición que este le hace, bajo engaño, por supuesto. 5.- Usurpar el turno de palabra iniciado por otro participante, realizando un enganche con su contribución sin colaborar en la construcción del turno. Esto se traduce en hacer de la intervención del otro una contribución comunicativa incompleta, y, lejos de ser una contribución colaborativa con respecto al otro, se trata de “decir la última palabra”, bajo la apariencia de la colaboración. Se suele dar cuando el “usurpador” se sabe en una posición social más alta que el participante “usurpado”. 6.- Usurpar el turno de palabra para poner en evidencia al otro que aporta pruebas. Esto se puede parafrasear con una expresión del tipo “esa prueba no demuestra nada”, con lo que se desvaloriza la prueba del contrario y se le desacredita. 7.- Desconocer o ignorar el turno de palabra. En realidad, son dos subestrategias con dos objetivos distintos: a.- Convertir el desconocimiento de turno en un intento por tomarlo b.- Negativa abierta a colaborar en la progresión temática del discurso. La consecuencia de todo ello es la pérdida de la autoimagen, pues se produce el incumplimiento del principio de cooperación, convirtiendo la contribución del otro en una contribución comunicativa fallida , al no llegar a buen puerto y ser su fuerza ilocutiva ignorada por el interlocutor. El recurso típico para llevar a cabo esta estrategia es un tipo de expresión como “a eso ni te voy a contestar”, o el silencio, con miradas que indican que se desprecia no ya al 24 otro, sino al propio acto ilocutivo realizado. Se trunca el par adyacente en este último caso. 8.- Desconocer o ignorar el reclamo de turno, obviando la presencia del interlocutor. El resultado suele ser una contribución incompleta (se deja al otro “con la palabra en la boca”). Es una reacción más que frecuente a una estrategia como 3c. Es seguir aprovechando el turno del que ahora gozo yo. 9.- Desprestigiar al contrario por medio de varias subestrategias: a.- Insultar. Recurso: utilizar la palabra para injuriar y lanzar improperios, utilizar metáforas de carácter escatológico. b.- No mención. c.- Referencia dentro de la situación comunicativa al contrincante bajo la forma de 3ª persona, despojándole de la categoría de persona del discurso, para pasar a ser la “cosa” de la que se habla. d.- Poner en evidencia las palabras de otro, atacando su imagen, relativizando o negando el valor de las pruebas aportadas. e.- Acusar de desconocer la realidad de la que se habla. f.- Decir que el otro miente. 10.- Amenazar: “Ten cuidado con lo que dices, que…”: Forma de imposición ya que amenaza el que se reconoce como superior en una situación comunicativa. Intrínsecamente es una forma de descalificación y distorsión del otro. Como podemos observar, no todas son de la misma naturaleza. Unas afectan a lo que es el sistema y la estructura de intercambio de turnos, es decir, a la regla básica de la conversación (un hablante, un turno), y están basadas en el juego de poderes que significa, al fin y al cabo, la conversación: la lucha por ocupar y mantener turnos. Aunque en esta ocasión con un deseo claro de afectar la imagen del otro. Así, las dos últimas afectan a un deseo claro de denigrar y deteriorar la imagen del adversario, víctima del enfrentamiento. Las primeras, al ser usuales incluso en la conversación no tan extremadamente polémica como, por naturaleza, es el género del debate, son descorteses, pero no llegan al grado máximo de descortesía que representan las dos últimas. Incluso entre las primeras puede llegarse a establecer una cierta gradación desde las más neutras, como por ejemplo la 1 y 2, a las más descorteses como 7 y 8. 25 Pero existen casos aún más hirientes de descortesía, que se esconden bajo la astuta apariencia de la ironía. No podemos detenernos en este trabajo en explicar la compleja naturaleza del fenómeno de la ironía (Cfr. E.R. Alcaide, 2004). En cuanto a su relación con la (des)cortesía, han sido numerosos los autores que han dado cuenta de la misma. Por ejemplo, P. Brown y S. Levinson (1987) hablan de la misma como de un recurso para realizar un acto amenazante de forma indirecta. El propio G. Leech (1983) la eleva a principio pragmático de segundo rango (Principio de Ironía). Para este autor, el Principio de ironía permite que, al llevar a cabo una ofensa, un acto amenazante, no se vulnere absolutamente el Principio de Cortesía, pues a la descodificación de esa amenaza el destinatario ha de llegar indirectamente mediante implicaturas. Si una amenaza abierta y frontal puede ser contraatacada directa e inmediatamente, mediante la ironía es mucho menos probable que sea contestada. Ante esto, autores como J. Jorgensen (1996) afirman que, en relación a actos como las críticas o las recriminaciones, las afirmaciones irónicas tienden a ser más suaves que el ataque directo, y, por ende, la actitud defensiva del interlocutor se ve disminuida. La ironía en estos casos, como ya afirmaron D. Sperber y D. Wilson (1981), también se puede entender como instrumento de ataque. Y siempre “menciona” algo dicho o hecho por algún individuo que está presente o no en la situación comunicativa, o pertenece o no a esta situación. Analicemos unos ejemplos para comprobar lo dicho hasta ahora: Kiko Matamoros: [Mira, no quería entrar en ese tema, pero voy a entrar de lleno, voy a entrar de lleno. Tú o no tienes memoria, o no tienes memoria, o no tienes memoria], o sólo ves tus programas, ¿sabes?, porque yo estoy hasta las narices y todavía lo tengo que escuchar de que la de la vena y sus amigos me estén diciendo todo el día que éramos unos mentirosos, que el problema de Carmen era la cocaína, que no eran [las pastillas =] Lidia Lozano: [cuando murió] KM: y que por qué se negaba a decir eso y a reconocerlo § LL: § cuando murió KM: no, antes, por qué se negaba en vida y nos negábamos los demás y se negaba a reconocerlo. Es de lo que se me acusa, que por qué se negaba a reconocerlo. Animal porque está en su derecho de reconocer lo que le dé la real gana, no lo que te dé a ti. “TNT” (20-10-06) 32 Algo similar ocurre en los spots televisivos de la Dirección General de Tráfico, en los que el lenguaje utilizado es altamente agresivo. Observemos por ejemplo el lanzado en el verano de 2007 contra el consumo de alcohol en carretera: Beber y coger el coche. Te acaban pillando, tío. Y te van a quitar seis puntos, seiscientos euros, el carnet. Te vas a matar, ¿te enteras? O peor aún, vas a matar a tu novia, a los hijos que no has tenido. Y después… ¿vas a poder seguir viviendo como si nada? Hay muchas razones para no conducir si has bebido. Elige la tuya y hazlo. No podemos conducir por ti. En este texto, tenemos dos voces: la voz en off, que representa a la DGT, locutor del spot, y la de ese personaje tétrico, vestido de negro, apoyado en lo que puede ser la barra de un bar, con mirada desafiante y, sobre todo, directa. El registro utilizado es básicamente coloquial. Así lo demuestra el léxico (pillar) o el apelativo (tío), seña de afiliación entre personas entre las que existe, o se quiere mostrar que existe, cercanía comunicativa. Todo el texto se presenta bajo la forma de la advertencia, es decir, se trata de un macroacto de advertencia. Un estrategia agresiva, que sirve a la descortesía en este caso, porque, a pesar de que podríamos pensar que el objetivo es legítimo y obedece a una buena causa (quien bien te quiere te hará llorar, o te lo digo por tu bien…), no obstante ese tipo de advertencia donde implícitamente se le reprocha al destinatario su falta de responsabilidad y su inconsciencia, afecta a la imagen social de aquellos que beben cuando van a conducir sin pensar en las consecuencias. El resto de receptores, además, aquellos que son conscientes de este peligro, ven al que bebe como una especie de asesino. Obsérvese cómo habla de “te vas a matar”, que, al fin y al cabo, es un acto que se lleva a cabo sobre uno mismo. Pero también habla de “matar a tu novia” (un ser querido) y “a los posibles hijos” (los seres más indefensos y más queridos por naturaleza), seres todos ellos inocentes. Y, sobre todo, se habla de matar. El que mata a alguien es un asesino, luego tú, al beber cuando vas a conducir, también lo eres, al menos en potencia. Por lo tanto, advertencia, pero implícitamente acusación. ¿Hay descortesía? Sí. Camuflada bajo el aspecto de una ficción pero sí. ¿Agresividad?, también. Fijémonos en lo significativo e impositivo de ese marcador discursivo ¿te enteras?, cuya función es reforzar el contenido de lo dicho en el enunciado al que pertenece, pero con 33 la finalidad de buscar el asentimiento y aceptación forzada y realizada desde un plano superior del receptor. Y, por último, ese y después… ¿vas a seguir viviendo como si nada? Un recurso muy utilizado en publicidad es la interrogación, que lejos de formular una pregunta, representa la expresión atenuada de una aserción, que podemos parafrasear de la siguiente forma: después, no vas a seguir viviendo como si nada, porque es imposible. Pero en este contexto, esa interrogación va más allá: implícitamente remite a esa aserción, pero en cuanto a la estrategia que se lleva a cabo es claramente un reproche referido a una acción hipotética futura, que invita claramente a un reflexión interna, a un mirarse hacia dentro, y ver la posibilidad de ser, además de un asesino, un desalmado. En cualquier caso, la agresividad verbal aquí está justificada, ya que aparece como medio que tiene la sociedad para protegerse de situaciones nada deseables, en las que sus miembros se sienten física o moralmente amenazados. No ocurre lo mismo cuando este tipo de lenguaje se utiliza para fines comerciales, como ocurre en el siguiente spot de la cadena televisiva Antena3, utilizado para anunciar una película que se emitirá en domingo por la noche: ¿No es curioso? Suena un teléfono y podría ser cualquiera. Pero cuando suena, hay que contestar, ¿verdad? “Última llamada”. LA GENTE CENARÁ EN CASA VIENDO CÓMO MUERES. Este es un caso de violencia verbal, la cual, repetimos, no ha de estar asociada a un vocabulario soez, exclusivamente. Es de destacar lo impactante ya no solo de las palabras sino del tono de voz, de la declamación, de la forma de articular, que nos recuerda mucho a la de un psicópata (¿Hannibal Lecter de El silencio de los corderos?), una de las figuras protagonistas de la violencia social. La secuencia con la que se abre el anuncio hace referencia a la violencia más temida en nuestra sociedad: la que se da por azar, 34 cuando uno va paseando y le atracan o le asesinan, cuando alguien borracho conduce y mata a una familia entera. Es decir, responde al tópico “estás tan tranquilo y todo se puede perder en un momento”. La violencia gratuita y al azar es la más rechazada en nuestras sociedades occidentales, según los últimos estudios sobre la violencia en Norteamérica y Europa. A ese tipo de violencia azarosa alude ese ¿no es curioso?, y ese podría ser cualquiera, ese marcador ¿verdad?, que parece reforzar la perífrasis obligativa hay que contestar, buscando un acuerdo con el interlocutor prácticamente impuesto, que empuja a nuestro protagonista a contestar al teléfono que suena. Y, para concluir, la sentencia: La gente cenará en casa viendo cómo mueres. La gente tiene lectura universal (todo el mundo); cenará es un verbo que remite a una acción que muchas veces se convierte en un acto social placentero (salir a cenar, invitar a cenar); es decir, es una acción connotativamente positiva. En casa, no en su casa: en casa es una expresión afectiva. En casa es un espacio compartido por todos, es algo común. En fin, el sintagma núcleo del enunciado contrasta por su carácter positivo, con lo que sintácticamente se presenta como mero circunstancial: viendo cómo mueres. Es decir, se hace de la muerte de una persona, lo único no deseado por nadie en circunstancias normales, una mera circunstancia, en este caso un espectáculo. En este texto, por lo tanto, no son las imágenes las que transmiten violencia, sino las palabras. Se trata de lenguaje violento, con una violencia premeditada y asesina, y, por otro lado, de una violencia que se hace espectáculo: El Peliculón. En este caso, la violencia de la publicidad está al servicio de alcanzar una alta audiencia: “En general, los públicos rechazan ampliamente la violencia cuando se les pregunta acerca de sus expectativas en los contenidos televisivos. Sin embargo, aquellos programas en los que la violencia es dominante alcanzan niveles de audiencia muy elevados, produciéndose una gran contradicción entre lo que dicen los espectadores que querrían ver (…), lo que dicen que ven (…) y lo que realmente ven” (Garrido: 2004, 85). La violencia en la publicidad al servicio del share. Un caso curioso es el que se da en anuncios en los que el destinatario primario son los niños. Obsérvese el texto del siguiente spot, perteneciente a una conocida video consola de juegos: 35 Con Rayman Raving Rabbids en DS no podrás acariciar a un caniche… Pero SÍ HACER VOLAR POR LOS AIRES A UN RABBID. Rayman Raving Rabbids. Diversión y aventuras para tu DS. º(También disponible en las consolas más importantes.)º De lo violento de las imágenes dan cuenta los fotogramas aquí presentados, aunque de nuevo nos topamos con el toque humorístico y el carácter de entretenimiento de la violencia. Para vendernos el producto se utiliza un movimiento argumentativo muy típico: la contraposición por medio de la conjunción pero de dos argumentos. El argumento de mayor peso es el que sigue a ese conector de contraposición que lo dota de suficiencia y mayor fuerza argumentativa. Lo válido y el argumento de mayor peso para adquirir este producto es “hacer volar por los aires a un rabbid”. La expresión por sí misma es bastante violenta: hacer volar por los aires, es decir, destruir, aniquilar, y en este caso, matar, porque, si atendemos a la estructura gramatical de esa secuencia, tenemos un Complemento Directo de persona (o de personificación en este caso), marcado por la preposición “a”. Ese “hacer volar por los aires” es también atentatorio contra la dignidad de alguien o algo que aparece personificado. Podemos afirmar, por ello, que se trata de una expresión agresiva. Por lo tanto, no se trata de destruir una cosa, que no sufre, sino, cuando menos, a un ser vivo, que, por cómo se presenta en el anuncio, tiene bastante de ser humano. Es una especie de conejo con rasgos humanos. Además, “hacer volar por los aires” a este ser se identifica, como vemos en los siguientes enunciados, con diversión y aventuras. Por lo tanto, ¿podemos hablar de “violencia lúdica”, pero violencia al fin y al cabo? Esa voz en off se comporta más como un psicópata, que identifica asesinato con diversión, que como un ser equilibrado, puesto que la entonación cambia radicalmente, los acentos de intensidad son más enfáticos y demuestra satisfacción ante este cruel hecho. 36 ¿Qué consecuencias puede tener todo esto en los futuros comportamientos de quienes reciben a diario y de forma prácticamente imprevista este aluvión de mensajes en los que se encierra este alto nivel de agresividad y violencia? Desde la Sociología, se habla de que la agresividad puede ser cuestión de aprendizaje. Así pues, afirma que existen modelos simbólicos, es decir, individuos que realizan actos que al observador le son atractivos, y, por ello, pueden ser posteriormente imitados. Actualmente, los medios de comunicación, incluida la publicidad, se han ido convirtiendo en modelos de comportamiento, por lo que se puede decir que, desde esta perspectiva, la violencia que presenta el discurso mediático puede llegar a contribuir a la adquisición de comportamientos violentos. Balandrón (2004), ante esta consideración, opina que hay múltiples factores que hace que debamos matizar esta observación. A saber, la simple observación no va a llevar al observador a imitar los actos violentos, puesto que existen condiciones, como la percepción y el juicio, que instigará o no ese deseo. Por otro lado, según este autor, una cosa es el aprendizaje y otra ejecutar lo aprendido, fase en la cual intervienen muchos otros factores, sobre todo sociales. Por último, alude al hecho de que existen diferentes instancias que influyen sobre la conducta de los individuos, “siendo probablemente el poder de los medios de comunicación menor que el que cotidianamente se le otorga”, la familia, el trabajo, el grupo de amigos, el barrio, etc. Por lo tanto, en las conductas violentas interaccionan el instinto y los condicionamientos ambientales. En definitiva, a nuestro juicio, nos encontramos con una serie de comportamientos, entre ellos los lingüísticos, que, lejos de mostrarse como ejemplos de ciudadanía que se deben seguir, se nos antojan contraproducentes. En unos casos, los de los spots y anuncios cuyos fines guardan relación con la erradicación de situaciones deplorables y circunstancias que ponen en peligro a la sociedad, esta agresividad y violencia verbal es tolerada e, incluso, queda legitimada. No en vano “el fin justifica los medios”, y si sirve para algo, bienvenida sea: “la letra con sangre entra”. Pero en el caso de las marcas que utilizan este tipo de recursos y estrategias agresivas y violentas, con el único objetivo de vender el producto, es más difícil de justificar. Incluso se puede llegar a pensar que están contribuyendo a sedimentar una serie de comportamientos, que si bien pueden llegar a no ser imitados, sí que pueden ir poco a poco alojándose en nuestro pensamiento como algo normal, habitual. Es decir, pueden estar contribuyendo a inmunizarse contra estos patrones lingüísticos y de comportamiento en general, que en otros momentos fueron calificados de agresivos y violentos. Esto puede alcanzar tal grado, que este tipo de conductas sea asimilado por niños y jóvenes (también por adultos, ¿por qué no?) como 37 normal, sin llegar a distinguir contextos y situaciones de uso. Así podemos explicarnos la pérdida de autoridad de los padres y profesores, en la que no queremos decir que toda la culpa sea de los medios de comunicación (gran parte de ello es responsabilidad de los propios protagonistas), pero, sin lugar a dudas, los medios también contribuyen, asentando modelos como estos. 3. La violencia en el anonimato: el ciberespacio Aunque se incluye entre los medios de comunicación, Internet es un macromedio, ya que los incluye a todos. Sirve para transmitir información (labor de la prensa), para movernos a comprar un producto (publicidad), para entretener, educar, instituir hábitos (medios audiovisuales, campañas institucionales)… Pero también tiene una faceta individual: se utiliza como el teléfono o las cartas personales para comunicarse dos individuos, entidades, o una empresa, entidad o institución con sus usuarios. Las características de este medio podrían sintetizarse en: - rapidez en la transmisión - poco trabajo-coste para el individuo - extensión: comunicación fácil y sin fronteras. - Y, lo más atractivo, el anonimato: hasta ahora nos permite adoptar un rol y vivir “on line” con él. Las consecuencias de todo esto son importantes: podemos mentir, fingir, y también insultar, atacar, amenazar…, ya que no tenemos presente al individuo receptor, ni este nos puede identificar. Hay, incluso, delitos cibernéticos, podemos alterar las informaciones sobre alguien, intervenir en sus correos… Esto ya es labor de “delincuentes”, “expertos” o “hackers”, como suelen autodenominarse. El individuo de a pie no llega tan lejos pero, como vamos a ver, también se siente atraído por esa impunidad y puede caer en el insulto fácil. La violencia, pues, puede estar también en este entorno y la encontramos en múltiples ámbitos: 3.1. Ámbito informativo: periódicos digitales En el ámbito informativo tenemos que referirnos, en primer lugar, a los periódicos digitales. Así encontramos portadas, como la siguiente, perteneciente a 20 minutos.es (17-9-2007) 38 • ElPPveelaumentodelacriminalidadenlaentrada“masiva”deinmigrantes. Así lo ha dicho la portavoz de los populares de Granada, Eva Martín. • “Noleolosdiariosporlashostiasquemedan”. Luis Aragonés, muy expresivo en el entrenamiento. • Unmuroseparaaloscochesisraelíesdelospalestinos. • “Estamosdeenhorabuenaporquepodíanhaberreventadoamuchagente”. Logroño condena el atentado. En estos titulares podemos advertir el uso de unidades lingüísticas que transmiten un contenido altamente agresivo. En el primer caso, se comienza relacionando dos realidades: “criminalidad” e inmigración. De este modo, se transmite una visión negativa del inmigrante, relacionado con actos negativos y constitutivos de delito. Podemos argüir que no se afirma que todos los inmigrantes sean criminales, pero de esta conexión el oyente deduce, infiere dicha conexión. Esto propaga un prototipo del inmigrante que puede llegar a justificar la xenofobia (cfr. C.Fuentes-M.Márquez: Actitudes ante la inmigración: el reflejo lingüístico, Junta de Andalucía, 2006). Lo reafirma otra construcción del texto: entrada masiva de inmigrantes. El adjetivo masiva, al calificar a entrada, provoca una reacción de miedo, de autodefensa por lo que se considera una invasión. La construcción, pues, tiene tales connotaciones que transmite una visión del inmigrante como atacante y provoca una sensación de peligro en el receptor. Esto es muy frecuente en los textos periodísticos. Aquí la violencia se ejerce sobre este sector de población, y puede tener consecuencias en el plano práctico, ya que transmite unos prototipos que pueden dar lugar a una discriminación manifiesta. Y esta realidad violenta se ha creado a través de las palabras, de las asociaciones que conllevan, de los sentidos derivados que ponen en marcha. Por su parte, el titular sobre Luis Aragonés sólo resulta inadecuado. Aquí no se trata de agresividad, sino de utilizar un término excesivamente coloquial y tabuizado en algunos contextos. Presuponemos que en un periódico el lenguaje debe ser “políticamente correcto”, con lo que estas expresiones, aunque aparezcan citadas, y bajo la responsabilidad del que las ha emitido, no dejan de generar cierto malestar a algunos lectores del periódico. Transmiten, además, una visión del autor de las mismas, que, para unos, puede ser simpática, desinhibida, pero para otros puede revelar una falta de respeto con los que lo escuchan. El tercer titular no presenta ningún término incorrecto. Pero la realidad sí es agresiva: Un muro separa a los coches israelíes de los palestinos. Es una información objetiva, pero que se inscribe en un contexto de lucha entre estos dos grupos humanos. Además, cuando 39 el lector ve un muro separa liga esta información con el “gueto”, con el muro de Berlín, es decir, con otras situaciones de separaciones étnicas o políticas que sólo provocan dolor y vergüenza. No podemos olvidar que nunca las palabras van desnudas o solas, sino que llegan a la mente del receptor, que ya tiene una serie de saberes, experiencias y conocimientos que comparte con la comunidad, y las interpreta en virtud de ellos. Por tanto, una información aparentemente inocente puede cargarse de connotaciones negativas cuando se confronta con las experiencias y la historia de una comunidad. Por último, en la frase recogida sobre el atentado en Logroño, la expresión reventar no puede ser más dura. Aunque sea un coloquialismo, el contexto en que se inscribe no permite estas licencias. Un atentado en que podrían haber muerto muchas personas no es asunto frívolo, ni para hablar de ello de forma descuidada. Reventar en español significa, en su primera acepción, “Deshacer o desbaratar algo aplastándolo con violencia” (DRAE, s.v.). Se aplica a animales y cosas, y sólo coloquialmente se recoge una acepción como “Causar gran daño a alguien” o “Morir violentamente”. Aquí aparece como causativo, con complemento directo: “reventar a alguien”, que implica destrozarlo en partes, hacerlo estallar y diseminar sus componentes. Decir esto hablando de personas inocentes es altamente violento, además de desagradable. Podríamos objetar que son formas de hablar, descuidadas, directas, coloquiales, que acercan el lenguaje. Nada más lejos de la realidad. Las palabras no pueden ser utilizadas como nos parece. Transmiten lo que transmiten y no podemos evitar la carga que conllevan y que provienen de sus otros usos, de forma que están llenas de capas, contaminadas de los usos anteriores. De esta forma, no llegan limpias, sino contaminadas. Saber esto nos facilitaría la comunicación y evitaría estas deducciones que hace el oyente de significados añadidos, de los que el emisor no ha sido consciente. Pero han llegado y han transmitido una imagen descuidada, agresiva, inadecuada o violenta del mismo. 3.2. Páginas dedicadas a insultos En la red encontramos también muchas páginas dedicadas exclusivamente a temas violentos. Así, hay muchas de grupos extremistas, o dedicadas específicamente a los insultos. Aparecen artículos sobre ellos, listados, incluso máquinas para generarlos (www.ehu.es/ scwreal/personal/chistes/maquina.html), información histórica, imágenes, cómics (http://jamillan.com)… Reproducimos a continuación la Máquina para fabricar insultos y un cómic como ejemplo: 40 • Tieneenemigos??Estácansado de insultarlos siempre de la misma manera? Póngale un poquito de creatividad a sus insultos, y lo que es mejor, ni siquiera se gaste en pensarlos, ya que aquí está la verdadera: • MáquinaEspañoladeInsultos (versión 1.0) • Simplementemarquelosdatosde la persona que no soporta y luego presione la tecla “Crear insulto ofensivo”. • Sinoestáconformeconelinsulto, vuelva a presionar la misma tecla. Cada vez se creará una nueva variante!!! • Sexo: - Hombre - Mujer - Indefinido • Inteligencia: - Se cree inteligente - Idiota total • Afiliaciónpolítica: A favor de Aznar / En contra de Aznar / No sabe no contesta • Hincha: De la Real Sociedad / Del Athletic de Bilbao / Del Barcelona / Del Real Madrid / Del Athletico de Madrid / Del Valencia / Del Betis 41 Duelo: un ejemplo en comic Aparecido en El Víbora, número 230 (1999), pág. 50 48 función. La coletilla o qué también sirve de contrapunto enfatizador. Deja sin respuesta o alternativa, con lo cual equivale a decir claramente “es usted, evidentemente, idiota”. Las consecuencias de este insulto son varias: - En el plano general, se están violando las normas de una comunidad educativa, que presupone la corrección en las expresiones. Asimismo, desde el punto de vista sociocultural, dos personas que no se conocen y que pertenecen a grupos laborales diferentes, deben mantener cierta distancia, y cierto respecto - Por otro lado, la descalificación personal, el insulto presupone una relación de poder de AJL sobre AO. El primero cree que puede agredir la imagen de AO, a quien minusvalora como persona (idiota) y como hablante (aclárese consigo misma, piense). Presupone que no piensa, que no tiene claridad en la expresión, que no sabe comunicarse, en suma. La presencia del insulto directo a una interlocutora concreta provoca la intervención de otro participante en la lista, que protesta por lo que considera una violación de las normas del correo y se erige en árbitro o controlador de la situación. From: “Jgm To:”AJL Cc:[email protected] Sent:Tuesday,September 12, 2006 2:23 PM Subject: [debatespdi] Insultos en la lista. Es la primera vez que veo un insulto tan directo en esta lista. No puedo quedarme callado. Espero que además de dejar de anunciar asuntos absurdos y confusos sobre la legalidad de la huelga, mejoremos la calidad del debate y el respeto a los compañeros. 2.4 Esta función de moderador no es aceptada por el “acusado”, que responde del siguiente modo: De:AJL Fecha: Martes, Septiembre 12, 2006 2:39 pm Asunto: Re: [debatespdi] Insultos en la lista. A:JGM CC: [email protected] Perdón, perdón. No quise escribir “idiota”. Quise escribir “Engreída sin fundamento 49 para ello” (http://www.rae.es). Pero a mí me parece, en cambio, que el auténtico insulto está en decir que los no funcionarios estamos luchando para rascarnos la barriga, o, literalmente, “para no hacer NADA”, como dice Ana. Algunos se asustan de muy poco y se les cuela lo realmente grave. Como podemos comprobar, lejos de aliviar la tensión, la aumenta. Parece que se arrepiente: perdón, perdón, acto de habla esperable en esa circunstancia comunicativa, pero luego reorienta claramente su argumentación. Sustituye el término censurado, idiota, por su definición en la RAE, citada literalmente, con lo cual hace más fuerte la crítica, al usar un argumento de autoridad (cfr. C.Fuentes- E.Alcaide: 2002). Ahora la llama engreída, que sólo equivale a idiota en una acepción. Además, añade más acusaciones a esa persona (Ana), incluso al que lo ha criticado. Sobre él recae esa acusación velada en el algunos se asustan. Lo deja incluido en el indefinido. Es una forma de atenuar, una forma indirecta pero rotunda. El comienzo con la repetición de perdón, perdón, resulta completamente insincero. El hablante se desdobla: uno obedece, como lo manda la cortesía, y otro reacciona criticando, dando un giro no a lo más suave o a lo positivo, sino al revés, a otro insulto mucho más claro. Al poner una definición de la RAE usa la autoridad, con lo cual su crítica es consciente, premeditada y más fuerte. En otros correos el hablante expresa su enfado ante una situación con una serie de expresiones que son claramente agresivas, aunque el contexto pueda atenuar algo su fuerza. De: AJ A: r[email protected] Cc: [email protected] July 14, 2006 9:17 AM Asunto: Re: [debates] Fotos actuación policial No me extraña que sea Astilleros quién ponga a la Policía Nacional como responsables de sus ‘lamentos’, esto es un insulto a quien pone en riesgo sus vidas y las de sus familias (también ellos tienen familias y problemas laborales) para que luego los jueces pongan en la calle a los mismos con los que se han jugado la vida. A los de astilleros, o por lo menos el que ha enviado el mensaje no les cuesta ningún trabajo cortar carreteras principales en horas puntas para reclamar sus ‘problemitas’ laborales (que nada más tienen ellos claro, sólo ellos, y los más gordos) y no cortárselas a los que se suponen que son los responsables de su situación. Que 50 corten la entrada al Parlamento, a San Telmo, y vayan a las puertas de la ‘Moncloa’... que tengan ‘huevos’... qué pasa, ..., que es ‘más cómodo’ cortarnos a nosotros las carreteras, que somos igual de trabajadores que todos ellos... No, lo que pasa es que es ‘menos cobarde’ y más fácil salir corriendo. Pues el trabajador de Astilleros que quiera cortarme la carretera de acceso a mi trabajo, cuando estoy a punto de llegar a él después de una hora de camino, que tenga lo que hay que tener (y que no tienen) y venga a cortármela a las puertas de mi casa, frente a frente identificándose, a ver quién le dará la ‘carga’... claro,..., que no creo que venga.... por lo menos que venga solo....vendrá acompañado....Co, coro coooooooooo.......Qui quiri quiiiiiiii...... AJFE, por mi nombre y mi correo el que quiera que me llame por teléfono y que me diga lo que quiera a mi cara, en persona y sin taparse la cara. En este mensaje podemos ver claramente la diferencia entre descortesíaataque a la imagen del otro, y la agresividad manifiesta. - Descortesía: La imagen del otro se minusvalora. Y, así, se pone entre comillas “lamentos”, a lo que queda reducido su protesta. Incluso se utiliza un diminutivo para restar importancia: “problemitas laborales”. De esta forma le quita importancia a su protesta, le quita la razón y por tanto, se presenta como no justa la intervención que ha motivado el caos en el tráfico. - Agresividad: Pero AJ pasa directamente a la provocación: amenaza a los otros, los reta, los tacha de cobardes. Y esto lo hace con expresiones claramente manifiestas y, en ocasiones, rayanas en el mal gusto. Utiliza expresiones apelativas como: que corten… vayan…, que tengan… En este último caso llegamos al mal gusto: que tengan ‘huevos’. Luego se dice que tengan lo que hay que tener. Se los provoca, tachándolos de cobardes: es menos cobarde y más fácil salir corriendo. Incluso recurre a una expresión onomatopéyica que provoca esta misma sensación: Co coro cooooooo …. Qui quiri quiiiiiii. Si ahora confrontamos las expresiones con el contexto en el que están insertas, comprobaremos que este potencia su valor agresivo. Es poco “valiente” convocar a personas que no van a leer este correo. Esa provocación queda en suspenso, porque el receptor, el trabajador de Astilleros, no lo recibe. Por el contrario, los que leemos el mensaje descodificamos otra cosa: la imagen del emisor queda afectada, porque este se presenta como una persona que desciende al enfrentamiento directo y de tono barriobajero. El grupo de alumnos, administrativos o profesores inscritos en la lista de debates, que no se conocen entre sí muchas veces, y que pertenecen a una institución 51 educativa, no se merecen expresiones de tono tan bajo. Podría entenderse por la falta de control provocada por el enfado manifiesto de la persona, pero nunca justificarse. En suma, el hablante se siente impune, no piensa que nadie tenga más poder que él, que pueda quitarle la voz, y se parapeta en el anonimato para insultar, dar rienda suelta a su emotividad y agresividad. Ante este tipo de situaciones, la lista de distribución ha reaccionado y ha eliminado la suscripción indiscriminada, de manera que el que quiera participar tiene que seleccionarlo previamente. Esto ha limitado, y casi ha anulado, la participación en los foros. La pregunta posible también sería: ¿cómo una persona de un nivel cultural medio o medio alto se permite estas expresiones en un contexto que no es el adecuado para ello? ¿Ha perdido conciencia de la carga negativa que pueden tener las palabras y las inferencias o contenidos implícitos que se ponen en marcha al usarlas?. No podemos pensar que hablar no conlleva ninguna responsabilidad. Tenemos que dar cuenta de nuestras elecciones tanto al receptor como al auditorio. Y controlar la imagen que transmitimos de nosotros mismos, si no queremos ser juzgados por lo que no somos. La palabra es instrumento de comunicación. Nunca va vacía, ni limpia. Es labor nuestra conocer sus posibilidades. Si no, llegaremos a situaciones de malentendidos o disputas no pretendidas en un principio. 4. La imagen de la mujer El tema de la mujer, o mejor dicho de la visión o imagen de la mujer en los medios, es uno de los más preocupantes en nuestra sociedad. En un tiempo en que se lucha de un modo u otro por la igualdad de sexos, y, sobre todo, contra la llamada “violencia de género”, el cómo se ve a la mujer a través de los medios es un asunto de máxima prioridad. Uno de los aspectos más debatidos en este sentido es el del tan llevado y traído sexismo, o androcentrismo, de la lengua española. Por ejemplo, hoy en día, más por motivos políticos, que por los estrictamente lingüísticos, estamos asistiendo a lo que podríamos calificar de “aberración gramatical”: es el hecho de que al hablar de hombres y mujeres colectivamente, no se haga bajo la forma tradicional masculina, lo que se ha denominado el masculino genérico, aduciendo que, bajo esta práctica, se esconde un deseo de eclipsar la figura de la mujer en el discurso. 52 De todos es sabido que de los dos géneros gramaticales, el masculino es el más extenso, por ser el no marcado, frente al femenino, el más intenso y marcado. Esto quiere decir que el masculino es capaz de adoptar y englobar significados femeninos, y no así el femenino. De tal manera que cuando el uso lingüístico decide la indistinción de sexos, lo que se emplea es la forma o significante masculino: los padres, los hombres, los reyes, etc., que supone la fusión de ambos géneros. Así pues, la idea de generalidad o genérica es inherente al masculino. Se utiliza para nombrar lo genérico, lo general. Pero desde distintos foros se ha abogado por la “abolición” de esta práctica, a favor de otras que, al parecer, resultan menos discriminatorias. Por ejemplo, el uso de un signo como @, bajo el cual se señalaría la indistinción de sexos. Pero, por supuesto, esto solo valdría para la lengua escrita, ya que a este signo no le corresponde ningún sonido del español. Otra solución es la utilización de sustantivos que hagan referencia a colectivos: el profesorado, por los profesores, el alumnado por los alumnos, la cuidadanía por los ciudadanos, etc., recurso de muy escasa rentabilidad en el discurso oral conversacional de registro coloquial, dado que son términos excesivamente cultos. Otro recurso recomendado es repetir el sustantivo en masculino y femenino juntos. Así, en los escritos oficiales y oficiosos de la Junta de Andalucía, por poner un ejemplo cercano, aparece continuamente: hombres y mujeres de Andalucía, ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas, Asociación de padres y madres, pues, al parecer, bajo el masculino genérico las mujeres, niñas, alumnas, profesoras, ciudadanas, no nos sentimos aludidas ni nombradas. Pero habría que plantearse aspectos como qué género va antes, por ejemplo. Esto no solo va contra una regla gramatical imperante en el español general hablado, por su uso. También va contra una ley viva en cualquier lengua: la de la economía lingüística (decir el máximo número de cosas, utilizando el mínimo número de elementos y unidades). Repetir insistentemente el sustantivo en forma masculina y femenina para referirse a todos los de una especie, es algo que contradice el principio de economía. Es un recurso antirrentable. Pero ¿y la concordancia con los adjetivos? ¿también se haría repitiendo los mismos en masculino y femenino? Al margen de este tipo de usos, también es interesante detenerse en observar cómo se representa a la mujer en un discurso de carácter persuasivo como el publicitario. La argumentación publicitaria construye una imagen del cuerpo femenino basada en una realidad inacabada, defectuosa, imperfecta. Y esto lo hace, sobre todo, a través 53 de recursos lingüísticos estratégicamente descorteses, que buscan ante todo generar sentimientos de insuficiencia, y, por tanto, rechazo, miedo e indefensión. No debemos olvidar que en este apartado nos ocupamos de un tipo de texto, el publicitario centrado en los productos de belleza femeninos, cuyo principal objetivo es hacer creer que se puede alcanzar el estado de la perfección a través del producto ofrecido por la marca. Para ello, genera, a través de recursos léxicos sobre todo (léxico asociado con la muerte, la destrucción, lo militar, la guerra, etc.), un doble proceso: de rechazo de lo natural (celulitis, acné, arrugas…), aliado con las fuerzas de la Naturaleza (el tiempo, el agua, el sol, el viento…), y de adhesión irracional al producto, que posibilitará la reconstrucción de lo que esta destruye. Por ejemplo, en el anuncio de Innovage (in out) de Phergal Laboratorios, se nos ofrece como efectos beneficiosos del uso de este producto lo siguiente: Revitaliza la expresión de la mirada. Redensifica y alisa la dermis. Piel firme y sin arrugas. Máxima acción antioxidante contra el dermoenvejecimiento. Es decir, toda una lucha contra los procesos naturales del paso del tiempo. De ello también da cuenta el anuncio perteneciente a Bio-Perfomance Super Restoring Cream de Shiseido: SHISEIDO te presenta la Super Restauración del rostro. El complejo Bio-Restoring Complex actúa inmediatamente sobre tu piel, rellenando las arrugas y reafirmando la piel desde el interior. Siente como[sic] recuperas el rostro de tus recuerdos. O el de Clinique: Trabajan sin descanso para neutralizar los efectos del paso del tiempo, el estrés y el medio ambiente causantes del envejecimiento. En este incluso el medio ambiente, al que hay que cuidar, es paradójicamente un enemigo. Ya mencionamos más arriba que el publicitario es un tipo de discurso que se define por presentar un acto ilocutorio, fin último que da sentido a su existencia, de carácter explícita o implícitamente directivo: “adquiera, compre, utilice este producto”. Por ello, es un tipo de discurso que bajo el cual se encierra una amenaza para la imagen negativa del alocutario (FTA, según Brown y Levinson, 1987). Esto ha hecho que, en situaciones 54 normales y generales, se tienda a utilizar la atenuación como categoría encaminada a mitigar ese carácter dominante e impositivo del mismo. No surtiría el mismo efecto persuasivo un discurso en el que continuamente nos enfrentáramos de forma unilateral e impositiva a nuestro interlocutor, que aquellos a los que estamos acostumbrados, que dejan entrever un cierto margen de libertad, engañoso, eso sí, pero libertad al fin y al cabo. En el caso que nos ocupa, los anuncios sobre productos de belleza femeninos, curiosamente es la descortesía la norma imperante. En ellos, la imagen de la mujer queda afectada por ese halo de imperfección, que continuamente se encargan de hacer sobresalir las marcas. No en vano, en opinión de M. Márquez (2007), “idealizada o desvalorizada, divinizada o satanizada, la imagen se convierte en producto. Las estrategias de cortesía (idealización-cortesía positiva; mitigación: cortesía negativa) y descortesía (desvalorización) se ponen al servicio de la movilización de los afectos (deseo de emulación de los héroes publicitarios / temor de la desvalorización si no se posee el producto) y de la venta de identidades. El sentido último de la descortesía en la publicidad es “negativizar” a los productos competidores, así como a los sujetos que no están en relación con el producto que se ofrece. Y como veremos, como estrategia, la descortesía puede llegar a ser un instrumento mucho más eficaz que la cortesía tanto para captar la atención del destinatario, como para movilizarlo hacia el fin último que se persigue.” (p. 3) Para llegar a la construcción de esta imagen negativa, la publicidad se vale de muy diversos recursos: 1.- El léxico: La selección del léxico que utilizamos supone la interpretación de la realidad que expresamos a través de nuestros enunciados. De hecho, en la elección del léxico, como ya afirmaron J.C. Anscombre- O. Ducrot (1994) y C. Kerbrat-Orecchioni (1986), radica gran parte de la fuerza argumentativa de nuestras producciones lingüísticas y sus posteriores encadenamientos a conclusiones ciertamente válidas. Esto tiene especial relevancia si el léxico empleado tiene carácter axiológico o valorativo, pues “los axiológicos, elogiosos o injuriosos, tienen el papel de detonadores ilocutorios con efectos inmediatos y a veces violentos” (C. Kerbrat-Orecchioni, 1986:108). Los campos semánticos en torno a los cuales gravitan estos textos son, en especial, el de la destrucción y el de la muerte, la aniquilación, asociadas a lo bélico, los cuales, en nuestra opinión, no guardan relación con la belleza. Por ejemplo, para describir el producto Expresionist de la marca Helena Rubinstein, entre otras expresiones se utiliza 55 concebido para neutralizar las micro-tensiones cutáneas. Clarins. Paris nos dice de sus cremas ansiedad que sirven para preservar la integridad de las células cutáneas más frágiles para actuar visiblemente sobre la juventud de la piel. Y, además, el tratamiento de noche la regenera con sus poderosos principios activos. O el Repairwear de Clinique, bloquea y repara las líneas y arrugas y prepara la piel para afrontar un nuevo día. La publicidad parte de la consideración del cuerpo femenino como algo imperfecto, lleno de “estrías, acné, vello, celulitis, arrugas, manchas, marcas, etc.”. Además, tal y como lo presenta este tipo de textos, la mujer no es capaz de salir de ese estado de imperfección si no es con la acción inmediata de los productos ofrecidos por las marcas. De ahí que el protagonista de estos discursos no sea otro que el producto ofertado, que es el único capaz de iniciar ese camino deseado, anhelado, hacia el cambio, que conducirá a la mujer al éxito en el amor y el trabajo, así como a la salud: Si quieres sentirte bien, cuida tu piel, nos dice el anuncio de Les Cosmétiques, bajo el eslogan El valor de la belleza. Otro de los grandes aliados léxicos de este tipo de discurso es el tecnicismo. Este se utiliza para fundamentar esta idea sesgada del cuerpo imperfecto de la mujer con verosimilitud y transmitirla con toda su intensidad. Como ya hemos señalado en otros trabajos (C. Fuentes- E. Alcaide, 2002, y E. Alcaide- C. Fuentes, 2004), los tecnicismos se revelan como técnicas suasivas muy potentes en los discursos publicitarios, hasta tal punto de que les dotan de ese halo científico que los barniza de altamente fiables, otorgando prestigio a los productos. La mayoría de estos términos son absolutamente desconocidos para el alocutario (cliente virtual), pero no cabe duda de que, a pesar de estar comportándose como elementos monoplanos, puro significante, sin significado, puro esqueleto léxico, dota de una gran fuerza argumentativa, actuando como lo haría un auténtico argumento de autoridad. Los ejemplos son innumerables: Enriquecido con Collagen-Boost. Enriquecido con Melanin Block, de L’oreal Age Perfect; o el enriquecido con Ceramidas de Hydra-Bronzé de Pond’s. 2.- Las metáforas: la publicidad presenta ese proceso de consecución de la belleza por medio de los productos ofrecidos como si de una guerra se tratara. Se trata del cuerpo no como un producto de la Naturaleza, sino como algo que lucha contra ella. Se nos presenta a la mujer, su cuerpo, siempre en lucha contra factores externos (factores meteorológicos, polución, , el estrés de la vida moderna, el sol, el agua del mar, la brisa, el frío, etc.) e internos (el envejecimiento, el paso del tiempo, los cambios hormonales, retención de líquidos …), sus poderosos enemigos, ante los que esta se muestra indefensa y frágil. Por ello, necesita de la protección que les proporcionan las marcas a través de sus productos. Un ejemplo prototípico de este tipo de comportamiento discursivo lo 56 tenemos en los anuncios de productos anticelulíticos. La celulitis se presenta como un enemigo que viene de fuera y que prácticamente nos invade (“se aloja”, “se ubica” en vientre, muslos, caderas, etc.), cuando en realidad es un proceso absolutamente natural de la mujer. Pero el cuerpo se ha convertido solo en el terreno en el que se va a desarrollar la batalla entre el producto y el “defecto”. El tiempo, o mejor dicho, “el paso del tiempo”, también se revela como un enemigo mortal de la mujer, llegado de fuera y que nos causa daños irreparables. Al “tiempo” hay que “vencerlo”, “detenerlo”, “negarlo” y “engañarlo”, nunca aliarse con él. Es nuestro enemigo. Los productos nos defenderán de él y de las huellas de su paso por nosotras. La construcción metafórica sirve a un propósito claro: la legitimación discursiva de toda una serie de acciones que pueden calificarse como inequívocamente violentas. 3.- La hipérbole, mecanismo de intensificación, se manifiesta en la utilización de un léxico marcado por la máxima intensidad. Por ejemplo, el producto Expresionist de Helena Rubinstein es calificado de Nuevo desafío a la ciencia; Bio-Perfomance de Shiseido actúa inmediatamente sobre tu piel; las fórmulas reparadoras de Clinique trabajan sin descanso; y así, un largo etcétera. Junto a este recurso, hallamos otros como repetición, acumulación de adjetivos, metáforas, léxico con rasgos semánticos de intensidad, gradación, que trabajan en pos de la intensificación de conceptos extremos como lo luminoso, lo intenso, lo sofisticado, lo perfecto…, todo ello bajo el halo de la simplicidad. Lo cierto es que los discursos, sobre todo aquellos que, como el publicitario, nos aborda en cualquier lugar y en cualquier momento, van conformando nuestro pensamiento. A través de este tipo de textos que ahora nos ocupan se van sedimentando ideas como las que apoyan que el éxito, las relaciones personales, la dignidad de la persona, etc. se logran solo y exclusivamente a través de un cuerpo hermoso, lo que no es sinónimo precisamente de natural. Por ello hay que aunar esfuerzos para conseguirlo. Cualquier recurso es válido y legítimo. Y las marcas nos van a ayudar en nuestros propósitos, si no son ellas mismas las que lo van a conseguir para nosotros. Eso es lo que nos transmiten sus mensajes. ¿Se puede hablar en este tipo de anuncios y spots publicitarios de descortesía y violencia verbal? En nuestra opinión, claramente sí. Estos anuncios se dirigen, como ya hemos dicho más arriba, a unos alocutarios concretos: las mujeres. Y, siguiendo un proceso perfectamente natural, las mujeres presentan en su cuerpo “esas imperfecciones” de las que nos hablan los textos tratados. Luego es más que probable que las mujeres se 57 sientan afectadas y amenazadas por este tipo de publicidad, cuyo objetivo es presentar una imagen negativa, en el sentido plástico del término, del cuerpo femenino, imagen negativa que será subsanada una vez que se adquiera el producto. De hecho, esa presentación negativa del cuerpo de la mujer, se utiliza como argumento de una conclusión de carácter procedural: compre nuestro producto. Todo ello a través de ese sentimiento de amenaza, manifestado por medio de toda una serie de recursos de coerción, que llevarán a legitimar la adquisición del producto ofertado. En cualquier caso, se trata de un lenguaje agresivo, cuando no violento, que trata, a través de la afectación, si no destrucción de la imagen física (y, por qué no, psíquica también) de la mujer, de vender un producto. 64 la consejería de Medio Ambiente desconoce ese proyecto del que ustedes hablan, señor Conde. No mienta y no engañen a la gente, por favor (idem, 7383). La primera vez se enfatiza: lo que no se puede hacer, claramente descortés. Reitera la exhortación a no mentir, y sólo al final aparece un atenuativo: por favor, que en este contexto incluso podría interpretarse como una forma de enfatizar aún más la acusación. También encontramos abundantes ejemplos en que se intenta atacar la imagen del receptor, acusándolo de no cumplir, no tener credibilidad o ser un fracasado (estrategia 1) ¿Sabe usted quién es el fracasado en Andalucía? El Gobierno del señor Chaves, que se obstina en fomentar el agravio comparativo entre las provincias de Andalucía. El Gobierno del señor Chaves, que goza con mantener los desequilibrios territoriales que existen en Andalucía. El Gobierno del señor Chaves, que da la espalda y engaña, permanentemente, a los ciudadanos. Mire usted, no metan ustedes tanto miedo con Bruselas, no se escuden ustedes en Bruselas… (Sr. M. Conde Vázquez a la consejera de Medio Ambiente, idem). 65 6. La violencia verbal en el aula Una afirmación muy repetida en nuestra sociedad es que la violencia ha llegado a las aulas. Es lo más perceptible y de lo que se quejan los profesionales de la docencia. Esto se concentra, sobre todo, en el segmento de la Educación Secundaria, que ha sufrido muchos cambios en los últimos años, cambios que se han unido a los que un chico sufre a esta edad. Todo ello dibuja un panorama que a primera vista puede resultar descorazonador. En este contexto, cabe preguntarse ¿por qué presentan un grado de agresividad tan alto los jóvenes en la escuela? ¿Puede ser esto valorable desde el punto de vista lingüístico? ¿Tienen ellos consciencia de esta situación, o, por el contrario, consideran normal lo que para otros segmentos de la población es realmente negativo? Para valorar todo esto, y teniendo en cuenta que miembros del equipo de investigación “Argumentación y persuasión en Lingüística” son profesores de Enseñanza Secundaria, 66 hemos llevado a cabo, dentro del proyecto de Violencia verbal, unas encuestas de conciencia lingüística y competencia comunicativa con los adolescentes que asisten a las clases de Secundaria y Bachillerato. Estas encuestas han sido realizadas en diversos centros de Sevilla y Cádiz bajo la dirección de D. Moreno Benítez, y J.M. López Martín a alumnos desde 1º de ESO (12 años) hasta 1º de Bachillerato (17 años) durante el curso 2006-07. Estas encuestas pretenden valorar el grado de agresividad verbal en situaciones de conflicto, y la conciencia que los jóvenes tenían, como hablantes, del valor de los insultos. Además, se ajustan a las distintas situaciones vitales en las que ellos se mueven. Estos, como se demostró suficientemente con los datos, cambian la orientación y la carga negativa del insulto cuando se encuentran en un ámbito familiar o de amigos. Es lo que K. Zimmerman (2003) llama “anticortesía”. El insulto pasa a ser un medio de crear lazos con el grupo, de identificación del mismo. La encuesta pregunta sobre la reacción verbal si el que le hace daño, lo evita, le quita algo suyo, le regaña es de su familia (padremadre), un profesor o profesora, o un amigo o amiga. De esta forma se intenta valorar si el tipo de relación social predetermina los empleos, así como si el sexo tiene alguna incidencia en los resultados. Asimismo, se les pregunta qué tipo de insultos admitirían y en qué circunstancias, para así ver su uso no sólo activo, sino también pasivo. Estas encuestas se complementan con un debate abierto y grabado en una hora de clase en la que se utiliza un tema como estímulo y se intenta que participen de forma desinhibida. De esta manera, podríamos confrontar los datos obtenidos, y ver si en el uso concreto, en una situación de enfrentamiento verbal entre compañeros, podía surgir el mismo grado de agresividad. Asimismo, nos permite analizar no sólo insultos, sino estrategias a la hora de quitarle la palabra a otro, hacer valer su opinión por encima de los demás, algo especialmente agresivo… La encuesta, pues, contiene dos grupos de preguntas diferenciados. Un primer bloque se refiere a cuestiones que parten del supuesto de una situación violenta para los interlocutores. Dentro de este bloque podemos agrupar las preguntas en tres entornos vitales: los amigos, los profesores y la familia. En un segundo bloque, las cuestiones planteadas son de tipo metalingüístico y requieren al informante su opinión sobre los insultos y el lenguaje violento. 67 Así, con respecto al primer grupo de preguntas, las referidas a los amigos, hemos encontrado en las respuestas una estructura discursiva que se repite con frecuencia, y en este orden, consistente en un apelativo inicial, un insulto inicial (o varios), uno o varios enunciados argumentativos y un insulto final (o varios), como vemos en: “Illo, ¿tú eres tonto o qué? ¿por qué me has dejao plantao? gilipolla.” (1ºESO-S-V:17) El insulto es lo más frecuente, siendo a veces lo único que aparece, seguido por el enunciado argumentativo. Precisamente consideramos que se trata este de un enunciado argumentativo porque en la mayoría de los casos va orientado hacia la ‘tesis’ del texto que es el insulto. Ahora bien, se puede explicitar bajo diversos tipos de enunciados: petición de explicaciones (el más frecuente en la primera pregunta), exhortación (el más frecuente en la tercera y cuarta pregunta), argumentación lógica, amenaza, ironía, enunciados asertivo, expresivo, desiderativo o performativo. En cuanto a los insultos, hemos observado que conforme aumenta la edad y el nivel de estudios la diversidad de insultos se va reduciendo y concentrándose en unos pocos para cada respuesta. También disminuye ligeramente el número de informantes que insultan según aumenta la edad. En la primera pregunta (“- Imagina que te has cabreado por algo que te han hecho. ¿Qué dirías que es esa persona? ¿Cómo le llamarías, para insultarlo, herirlo?”) predominan insultos como gilipollas, perro y cabrón. En la tercera (“si tu chico/a ha salido con otro/a”) son más frecuentes, en este orden: cabrón, puta, guarra, hijo de puta. La segunda pregunta conlleva la variable de sexo, pues se trata de la primera, pero referida a chica (“si una chica te deja plantado/a”). En ella constatamos que discrimina el 19% de los informantes (mitad chicos, mitad chicas), concentrándose sobre todo en 2º y 3º de ESO del IES “San Lucas”. Se utilizan en estos casos distintos insultos (puta, zorra) y se observan algunos casos de flagrante machismo o bien otros en los que más que de sexismo se trata de la asunción de los distintos roles sexuales comprobable en la mayor amistad o complicidad entre varones o entre chicas. Con respecto al segundo bloque de preguntas, aquellas en las que los alumnos se dirigen a profesores, podemos deducir que el principal causante del conflicto comunicativo ente profesor y alumno no es tanto, como suele creerse, el cariz intrínsecamente violento del habla juvenil, sino más bien las diferentes formas de apreciar determinadas estructuras como corteses o no por parte de ambos. El alumno suele utilizar sin intención descortés determinados términos o estructuras que el profesor no percibe así. A esto hay añadir 68 que, sobre todo en los alumnos de menor edadprimero y segundo de secundaria-, lo normal es que no distingan los contextos, las situaciones, el grado de familiaridad, la edad, la jerarquía social… que determinan el empleo de un registro adecuado. En las diversas situaciones analizadas de conflicto entre profesor y alumno, este se muestra más moderado a la edad de doce o trece años. En esta edad son menos frecuentes los insultos al profesor y predomina la ausencia de respuesta (“No le diría nada”. Es en segundo y tercero de la ESO (de catorce a dieciséis años) cuando la descortesía y la violencia se hacen más comunes, y aparecen con más frecuencia los insultos, las apelaciones descorteses, las imprecaciones o los enunciados burlescos. Los alumnos de mayor edad, los de cuarto de la ESO y primero de Bachillerato (de dieciséis a dieciocho años) dejan de ser, en su mayoría, violentos en sus respuestas, pero no por ello cesa su descortesía. Sus respuestas son ahora más elaboradas, y su crítica, por tanto, más ácida y doliente. Encontramos ya en estas edades enunciados irónicos, ya que la mayor madurez lingüística de los alumnos les permite realizar ese juego de máscaras y de voces tan útil para ridiculizar al “adversario”. En cuanto a la discriminación por sexo, es muy reducido el porcentaje de alumnos que suavizan o violentan su discurso según tengan delante a un profesor o a una profesora. La descortesía es igual para ambos. Sí es cierto que, dentro de este pequeño número de alumnos, es común que tanto ellos como ellas utilicen estructuras algo más descorteses con profesores de sexo femenino. Encontramos cierto sexismo manifestado en la lengua ya que creemos que este fenómeno deriva de que tanto los chicos como las chicas aumentan su grado de descortesía con el que creen más débil, debilidad que creen intrínsecamente unida al sexo femenino. Por otro lado, hemos observado en las encuestas que los alumnos no suelen tener un repertorio de palabras malsonantes distinto si se dirigen a alguien conocido con sentido cariñoso. Términos como “maricón” o “cabrón”, que son los más usados cuando quieren insultar seriamente al profesor o a un amigo, son los mismos que utilizan en contextos más cordiales o cariñosos. Sí hay que destacar que los alumnos con mayor madurez (cuarto de la ESO y primero de Bachillerato) suelen acompañar estos insultos de aclaraciones sobre otras estrategias que utilizarían para precisar el sentido del término en un contexto determinado “Le diría cabrón pero con otro tono” Le diría hijo puta, pero de otra forma”… Encontramos claramente demostrado que para una situación de familiaridad o amistad, el insulto o palabra malsonante realiza una función positiva, de unión de miembros, más que de ataque a la imagen del otro. 69 7. Lingüística pragmática y sociedad: los tests de hábitos sociales Este tipo de encuestas por la que optamos se relaciona con lo que desde el grupo Edice (Estudios de cortesía del español) y otras investigaciones en pragmática sociocultural se denominan “tests de hábitos sociales”. La profesora Nieves Hernández Flores, de la Escuela de Comercio de Copenhague, y secretaria de dicho grupo de investigación internacional, realizó un taller donde presentó diversos modelos y pidió la colaboración de los alumnos asistentes para ello. Incluso provocó un debate sobre lo que ellos incluirían en dicho test. El objetivo básico es obtener una serie de datos de los empleos reales que realizan los hablantes y valorar los parámetros sociales que intervienen en ellos y los condicionan. Para ello se han elaborado varios modelos utilizados por los investigadores para obtener la información requerida y el corpus de trabajo que les permitieran elaborar unas hipótesis sobre lo aceptado o no en cada grupo sociocultural. Normalmente nos hemos limitado a las diferencias nacionales de los modelos de cortesía. Es decir, que algo considerado cortés en España no lo es en Argentina, por ejemplo. 70 Los tests nos proporcionan la siguiente información: - características del comportamiento social - características del contexto sociocultural - características de la imagen social - características de los roles de los hablantes en los debates-tertulia - estrategias y formulaciones pragmalingüísticas. Por ejemplo, cuestiones del test de M. Bernal (2007) del tipo: - En general, ¿piensa usted que los españoles son más o menos corteses que las personas de otros países? ¿Cuál/es y por qué? - En la sociedad de hoy día parece bastante frecuente el uso de expresiones malsonantes y tacos. ¿Usa usted expresiones de ese tipo cuando habla con las siguientes personas? a) sus padres Nunca Alguna vez Bastante A menudo b) sus hermanos Nunca Alguna vez Bastante A menudo c) sus abuelos…” O el modelo de N. Hernández sobre Debates-Tertulia televisivos: “Lo que viene abajo son comentarios reales (grabados de televisión) de los participantes en los debates (conocidos periodistas). Evalúe su comportamiento en las siguientes situaciones señalando una de las opciones de las casillas con una X 1. Un contertulio le dice a otra, con tono y gesto de seguridad: No digas eso porque no tienes razón. Comportamiento del contertulio - Normal para un debate-tertulia (ni educado ni maleducado) - Educado - Maleducado - Grosero - Otro (diga cuál):” En el modelo que proponíamos para la secundaria añadíamos todos los contextos en que podrían utilizarse los insultos: cuando no tenían dicho valor, sino un sentido positivo. Asimismo, queríamos comprobar el otro polo, el del receptor: cuándo los aceptaríamos y de quién. 71 1- ¿Qué palabrotas usas para dirigirte a tus amigos con sentido cariñoso? - ¿Las usarías con alguien que no fuera tu amigo? - ¿Las usas sólo con chicos o también con chicas? - ¿Usas estas mismas palabras cuando estás enfadado? - En caso contrario, ¿qué palabras utilizas? (Si tienes varias, explica la diferencia entre ellas, a quién van dirigidas o en qué contexto las utilizas normalmente)) 2.- ¿Cuáles son las expresiones que te resultan más molestas cuando se las escuchas a otro? - ¿Qué insultos admites y cuáles no? ¿Y en qué circunstancias? Asimismo, tendríamos en cuenta la conciencia metalingüística, el aspecto reflexivo: “- ¿Qué opinas de los insultos? - ¿Y de los tacos y palabras malsonantes? - ¿Consideras que hay ocasiones que no son negativos?” Todo este trabajo de encuesta no tiene valor si no se complementa con grabaciones de usos no dirigidos, de conversaciones completamente coloquiales, donde podamos comprobar si en el uso libre, el hablante en realidad emplea aquello que dice, o, por el contrario, su uso activo no se corresponde con su conciencia lingüística. 73 8. Conclusiones Como conclusiones, recogemos las que surgieron en el coloquio final del curso. Los asistentes, de diversa procedencia geográfica (andaluces, argentinos, marroquíes y griegos) y de distintas edades, aunque predominaban los jóvenes, coincidieron en que habría que evaluar también el grado de agresividad presente en los otros miembros de la realidad escolar: padres y profesores. Del mismo modo, reconocían el uso disfemístico del insulto, es decir, desprovisto de la carga negativa o tabú, cuando el entorno era de confianza, y que, por tanto, seguía habiendo una conciencia colectiva del grado de cortesía necesario en las relaciones sociales, que impediría o frenaría estos usos en contextos formales. También que el grado de cortesía disminuye cuando aumenta la confianza, o la cercanía entre los miembros de la comunicación. Incluso ligaron la cortesía a las normas necesarias para la armonía social, algunos para relacionarse con respeto, o para garantizar el funcionamiento de una clase social medio-