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Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 43, 2010
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AUTORREGULACIÓN Y LIBERTAD
Te esa Beja ano. Uni e sidad de Se illa
Resumen. T as econoce el alo , pe o ambién la insu iciencia, de los es udios
sob e au o egulación (cen ados en la ecompensa demo ada, o en el socióme o
o sis ema que eacciona a indicios de echazo eal o posible), nos p egun amos
cómo es posible la libe ad humana. Asumiendo que la libe ad end ía que ac-
ua en con a de la mo i ación que más ue e haya sido jus o en el momen o
an e io , enemos que e , p ime o, de dónde pod á eni la mo i ación nue a, y,
segundo, cómo esa mo i ación nue a pod á alcanza la su icien e ue za. Nues a
suge encia es la de en oca la e ocación del u u o y la cap ación de la in e io i-
dad adicalmen e ajena, y más en pa icula la elación que esas capacidades
exclusi amen e humanas gua dan con la línea de con enidos men ales que com-
pa imos con los animales.
Abs ac . Ha ing admi ed he alue, bu also he insu iciency, o sel - egula-
ion li e a u e ( ocused on he delay o g a i ica ion, o on he sociome e o psy-
chological sys em which de ec s signs o eal o po en ial ejec ion), we wonde
how is human eedom possible. Assuming ha eedom would ha e o ac
agains he mo i a ion which has been s onges in he e y p e ious momen ,
we would ha e o see, i s ly, whe e would he new mo i a ion come om, and,
secondly, how ha new mo i a ion could each enough powe . Ou sugges ion is
o ocus on o esigh in men al ime a el and he g asping o adically alien sel ,
and mo e in pa icula he ela ionship which hose exclusi ely human abili ies
p esen in connec ion wi h he line o men al con en s which we sha e wi h ani-
mals.
In oducción
Aunque los da os y expe imen os de la Psicología no es án en condi-
ciones ni siquie a de abo da el p oblema de cómo es posible la libe ad
humana, con odo, c eo que es con enien e que a endamos a algunos de
ellos. En la P ime a Pa e, e isamos la au o egulación implicada po la
a ea de la ecompensa demo ada (1. 1), y a con inuación, la esis lla-
mada del socióme o o sis ema psicológico que de ec a indicios de echazo
eal o posible y mo i a a la pe sona a compo a se de modo que minimice
la p obabilidad de echazo (1. 2).
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T as econoce el alo , pe o ambién la insu iciencia, de esos es udios
(2. 1), pasamos a cen a nos en el p oblema nuclea (2. 2). Habiendo des-
c i o los dos equisi os añadidos que endu ecen mi o mulación del p o-
blema (a sabe , el echazo de odo dualismo, y el echazo de la necesidad
de cons uc os in elec uales so is icados), y asumiendo que la e dade a
libe ad, pa a se lo, end ía que ac ua en con a de la mo i ación que
más ue e haya sido en el momen o inmedia amen e an e io , nos p e-
gun amos, p ime o, de dónde pod á eni la mo i ación nue a, y, se-
gundo, cómo esa mo i ación nue a pod á alcanza la su icien e ue za.
Respec o al p ime pun o, yo señala ía (2. 3) como uen es an o la e oca-
ción del pasado y, sob e odo, del u u o, como igualmen e la cap ación de
la in e io idad adicalmen e ajena (que se ían, sugie o, capacidades ex-
clusi amen e humanas). En 2. 4, e iso de nue o la p opues a del soció-
me o, sus acie os y ambién su de ini i a incapacidad pa a o ece una
solución.
Respec o a la segunda y e dade amen e impo an e cues ión, oy,
como paso p e io, a p opone (2. 5, 2. 6 y 2. 7) que (g acias al habla in-
e io ) los ac os de di igi la p opia a ención son en el se humano muy
ba a os, o, dicho de o a o ma, que la ue za mo i ado a que necesi an es
excepcionalmen e baja. Pe o eso no soluciona nues o p oblema. En gene-
al, la a ención a una me a se limi a a in o ma de la ue za que a esa
me a le co esponde.
Pa a islumb a aunque sea emo amen e una espues a, nos ija e-
mos en los con enidos de la segunda línea men al, o sea, los que e san
sob e la in e io idad ajena o sob e el u u o lejano (2. 8). Po un lado, se
nos apa ecen como obje i amen e iguales a sus homólogos de la p ime a
línea men al: la in e io idad ajena es an eal como la mía, y el u u o
lejano es an impo an e como el momen o p esen e. Po el o o lado,
desde el pun o de is a emocional, la segunda línea men al es débil, ágil
y comple amen e in e io a la p ime a línea. Es a con adicción es in ín-
seca a la men e do ada de las dos líneas. Dicho de o o modo, en el se
humano la elación de ue za (u o denamien o je á quico) en e dos me-
as puede se di e en e en el plano emocional que en el plano del conoci-
mien o. Así pues, hay dos c i e ios en e los que el suje o ha de elegi . No
se a a de que el suje o escoja la me a menos ue e -eso se ía imposible.
Se a a de que escoja uno de los dos dic ámenes opues os sob e cuál es la
me a más ue e.
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P ime a pa e: la psicología de la au o egulación del a ec o
La Psicología que es udia la capacidad de egula la p opia a ención y
a ec os no es á en condiciones de soluciona , ni siquie a de abo da , el
p oblema de cómo es posible la libe ad humana. Eso es á muy cla o.
Pe o, con odo, c eo que es con enien e que quienes nos in e esamos po
la iloso ía a endamos a esos es udios.
1) El pa adigma expe imen al de la ecompensa demo ada
Hay un pa adigma expe imen al que, su gido en el conduc ismo, lle a
medio siglo dando u os. Se da a los suje os la opción de escoge en e
una ecompensa muy alo ada, que sólo se pod á ob ene as un iempo
de espe a, y o a mucho menos a ac i a, pe o que se puede consegui de
inmedia o. El iempo de demo a e a una espe a pasi a en los p ime os
expe imen os. Después, hubo una inno ación en el pa adigma: se les
pedía a los suje os que abaja an in ensamen e du an e la espe a.
¿Cuán o iempo aguan an los suje os?: és a es siemp e la cues ión cla e.
A los cua o años los niños ya se hacen capaces de sopo a alguna de-
mo a, y a pa i de ahí se obse a un inc emen o que co elaciona con la
edad. Pe o las di e encias indi iduales son ma cadísimas en odo es e
ipo de expe imen os, y se ha mos ado que p edicen de una o ma muy
exac a muchos hechos de la ida pos e io de los suje os, como los esul-
ados en los es udios, el consumo o no de d ogas o el éxi o p o esional. El
esumen de odo es o podemos e lo en Mischell, 2004.1 En Ainslie, 2005,
se o mula de un modo más p eciso el ecuen e cambio de p e e encias:
“La endencia básica, an o en humanos como en animales, es la de p e-
e i ecompensas meno es a las mayo es du an e un pequeño in e alo
de iempo, conc e amen e en el momen o en que la ecompensa pequeña
es accesible inmedia amen e”. Es a endencia, que en Ainslie, 2005, se
o mula en una cu a hipe bólica sob e las coo denadas de alo y iem-
1 Es e abajo es á incluido en Baumeis e & Vohs (eds.), Handbook o Sel - egula ion. De ese lib o oy a comen a cua o
abajos y a aludi de pasada a algunos más. Pe o end é que pasa po al o pun os que me esul a on in e esan es.
Menciona é es. Uno, el de que el es ue zo pa a ahuyen a un pensamien o es con ap oducen e (Wegne , 1992) a menos
que el suje o encuen e o o pensamien o sob e el que pueda een oca su a ención y a ec o (Mischell & Ayduk, 2004); o o,
el de que los abandonos de una sana conduc a la gamen e man enida se dan a menudo (Ro hman e al., 2004), “ya sea po
el a iba mencionado ago amien o del ego, ya sea po la in ensi icación del deseo”; o o aún, el de umbamien o de la
eo ía, an que ida pa a el psicoanálisis, de la ca a sis (o sea, las bondades del desahogo) de sen imien os nega i os
(La sen & P izmic, 2004).
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po, yo la glosa ía como la en ada en acción de las a o dances (o in i a-
ciones a ac ua ) susci adas po el obje o. La in luencia de es as a o dan-
ces iene a suma se a la in ensidad del deseo que se sen ía ya an es,
cuando el obje o no e a oda ía inminen e.
Lo p ime o que debemos sub aya es que es a ‘ ue za de olun ad’
(como la llaman muchos de los au o es que abajan en es a co ien e) no
iene po qué asimila se a la libe ad mo al en endida en sen ido es ic o.
La capacidad de pe sis encia hacia una me a puede pone se al se icio de
un deseo mo almen e neu o -pensemos en quien se sac i ica ex ao di-
na iamen e po comp a se un lujoso coche- o incluso pe e so -como el de
quien se p epa a es o zadamen e du an e años pa a masac a a los que
en algún iempo le lle a on la con a ia. Es muy e dad, pues, que hay
que man ene bien sepa ados esos dos dominios, el de la ue za de olun-
ad y el de la mo al. De hecho, los ejemplos de ida eal que la mayo ía
de los es udiosos de la au o egulación escogen se e ie en a asun os co-
mo la idelidad o no a los p opósi os de adelgaza y la consecuen e en-
ación de los helados o bombones.2 O sea, las opciones más es ic amen e
mo ales son a amen e aludidas. Con odo, no es descabellado pensa que
algunos p ocesos o es a egias puedan se comunes a aquellos dos domi-
nios.
Mischell, el au o quizá con más la ga ayec o ia en es e campo, o e-
ce una o mulación a ac i a. “Es al en oca el conocimien o como los
suje os se hacen capaces de aumen a su aguan e y de supe a , po an o,
el impulso p ima io hacia la sa is acción inmedia a”. Es e oco sob e el
conocimien o lo con aponen Mischell & Me cal e,1999 a un sis ema ca-
lien e, a ec i o y pasional.3 F en e a es e sis ema calien e, que es el único
en ac i o en niños y animales, el ‘sis ema cogni i o’ es conside ado po
es os au o es como ío, o, más p ecisamen e, como “un sis ema que e-
p esen a los aspec os in o ma i os, cogni i os y espaciales de los es ímu-
los, y que po eso puede a enua el sis ema calien e y o ma un agudo
con as e con los e ec os de en en a se a la en ación”. Es e én asis sob e
el conocimien o me pa ece, epi o, ace ado.
Sin emba go, c eo que hay que ma iza la cualidad de ía y desapa-
2 Sin emba go, en el Handbook o Sel -Regula ion, 2004, hay una con ibución sob e au o-con ol y c imen -Hi schi, 2004
(Es e a ículo, aunque hace mé i os pa a se cali icado de o uoso -se demo a en con a odos los ue es cambios de eo ía
del au o a lo la go de su dila ada ca e a-, es muy in e esan e: me e e i é a él más a de).
3 La segunda au o a, Jane Me cal e, se ha especializado después en conciencia au o e lexi a y en me amemo ia. No
puede habe una señal más e iden e de cómo es e pun o de la ‘ ecompensa demo ada’ ha llegado a conec a con el
cogni i ismo, a pesa de habe se o iginado en el conduc ismo.
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sionada con la que Mischell & Me cal e ca ac e izan la a ención a la me a
demo ada. La me a po la que se aguan a la demo a o el abajo in enso
ha de llega a se obje o de un deseo ue e (además, cla o es á, de se
algo en lo que el suje o con íe plenamen e: c . Mischell, 2004). Ese deseo
ha de llega al inal a se calien e y apasionado, po deci lo con los é mi-
nos que ese a Mischell pa a el o o sis ema4. La di e encia no es iba
en la p esencia o ausencia inal de deseos ue es, sino en que el deseo de
la me a demo ada apun a a una escena e ocada y no a un obje o sob e el
que se pueda inmedia amen e ac ua . Las acciones a las que los obje os
eales in i an, o sea, las a o dances de esos obje os, se ían la cla e del
sis ema p ima io. En cambio, en el sis ema que da luga al aguan e en la
demo a (o, dicho de o o modo, a la au o egulación), la escena u u a
simbólicamen e e ocada es el elemen o c ucial. Es o encaja con unos ya
an iguos da os expe imen ales que al p incipio so p endie on a los es u-
diosos. Se ponía a la is a de los suje os du an e la espe a la ecompensa:
en algunos casos, la ecompensa demo ada, en o os la inmedia a, y en
o os aún, las dos. Pues bien, en e a lo que espe aban los expe imen a-
do es, el iempo de aguan e disminuyó incluso cuando e a sólo la ecom-
pensa demo ada la isible. ¿Po qué ello e a así? Pues po que el obje o
eal in i a a la acción inmedia a, mien as que es sólo el obje o simbóli-
camen e e ocado el que la men e puede coloca en la escena u u a.5
Pe o debo acla a mejo po qué, a pesa de mis epa os de de alle, el
én asis sob e el conocimien o se ía, en mi opinión, una es a egia ace -
ada. ¿Cuál es la cla e de que sólo los se es humanos y sólo a pa i de
una de e minada edad sean capaces de la au o egulación implicada po
la a ea de la ecompensa demo ada? A mi pa ece , esa cla e es iba en
que sólo los humanos son capaces de en oca escenas u u as ( e sus el
me o ene expec aciones o, dicho de o a o ma, acíos bien pe ilados
que claman po se ellenados). Cuando hay con ianza (la con ianza que
sub ayan odos los es udiosos ace ca de la me a demo ada6), la escena
u u a cuen a como una ealidad cognoscible po el suje o (Aquí con-
end ía conec a con la bibliog a ía ace ca del ‘men al ime a el’, capa-
cidad que Suddendo y Co ballis, 2007 es án de endiendo como exclusi-
4 En ealidad, en las páginas inales del abajo ci ado, Mischel pa ece decan a se po la pos u a que acabo de mani es a .
“Pa a esis i la demo a, los suje os del es han de e o za su mo i ación po la me a demo ada” (p. 114). “Se ía una
mala in e p e ación pensa que la búsqueda adap a i a de me a es po enciada po el de umbamien o del sis ema
calien e” (p. 122).
5 De ahí se pod ía de i a un pun o in e esan e. La capacidad de aguan e de la demo a se po encia á cuando la me a
demo ada consis a an e odo en un don o egalo. Los dones g a ui os no se pueden alcanza con las p opias ue zas.
6 Ca e , 2005, p. 30: “con idence”; Mischel & Ozlem, 2005, p. 105: “ us ”.
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amen e humana). Igualmen e, la in e io idad adicalmen e ajena (o,
más p ecisamen e, una in e io idad con la cual el suje o pueda in e ac-
ua ) es un ámbi o de la ealidad cognoscible po los humanos, y no en
cambio po los chimpancés (Beja ano, en p ensa). Los se es humanos
saben que es e dad que el p ójimo es á ahí y que las necesidades o in-
e eses de és e son an eales como los suyos p opios. Así pues, es la cap-
ación de nue os ni eles de ealidad -la ampliación de las capacidades
cogni i as, en suma- lo que da ía luga al sis ema humano que au o e-
gula la a ención, y, como consecuencia, ambién el a ec o y la conduc a.
Relacionada con el pa adigma de la ecompensa demo ada, hay den o
del lib o edi ado po Baumeis e & Vohs una con ibución que nos puede
esul a in e esan e. Baumeis e ( e Schmeichel & Baumeis e , 2004) es
el especialis a en la cues ión llamada del ago amien o del ego (“ego deple-
ion”). Los ecu sos au o egula o ios se debili an empo almen e -se
gas an- cuando se eje cen, y po eso a con inuación de una a ea cos osa
desde el pun o de is a de la au o egulación le sob e iene no malmen e
al suje o un pe iodo de a iga o elajación en el que sus esul ados au o-
egula o ios empeo an. A mí es e pun o me pa ece eno memen e e-
alis a y sensa o. “La ue za de olun ad puede muy a menudo e gui se
iun an e du an e cie o iempo has a que al inal el suje o se dice: ‘Ya
es á bien. Se acabó’.” (Ca e , 2004). Recue do en elación con es o una
línea de la Encíclica Deus ca i as es : “El homb e no puede i i exclusi-
amen e del amo obla i o. No pod á da siemp e y con inuamen e a
menos que ambién eciba. Quien quie e da amo debe a su ez ecibi lo
como don”. Schmeichel & Baumeis e , 2004 mencionan como medidas de
es au ación de la ue za del ego el sueño y las expe iencias emocionales
posi i as.
2) El socióme o
Quie o e e i me a la cues ión llamada del “Sociome e ”, cuyo p inci-
pal pa ocinado es Lea y (2004).7 Quizá sea és e el au o que más con-
o e ido esul e. A pesa de odo, a mí me ha in e esado mucho su p o-
pues a. ¿En qué consis e el socióme o? “A causa de las c uciales en ajas
adap a i as de pe enece a un g upo, los se es humanos han des-
a ollado un sis ema psicológico que de ec a indicios de echazo eal o
posible, e oca sen imien os que ale an al indi iduo de la amenaza de
7 Baumeis e es á muy ce cano a es as p opues as. Ve Baumeis e & Lea y, 1995, y Baumeis e , 2005 (pp. 44-45, y odo
el capí ulo 6).
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echazo y mo i a a la pe sona a compo a se de modo que minimice la
p obabilidad de echazo y a o ezca la acep ación (Lo que es amos lla-
mando coloquialmen e ‘ echazo’ y ‘acep ación’ son ealmen e los pun os
ex emos en un con inuum de ‘ alo elacional’; po eso, es mejo habla
del g ado en el que los o os mi an sus elaciones con el indi iduo como
aliosas o impo an es).” Lea y menciona “el ‘ enómeno de la eunión de
cóc el’, po el que una pe sona, en medio de una mezcla inin eligible de
muchas con e saciones es capaz de oí su nomb e, lo cual le lle a a p e-
gun a se, o a p egun a abie amen e, qué se es á diciendo ace ca de él.”
Además, “es un hecho -con inúa- que la gen e gas a bas an e iempo pen-
sando cómo los o os los pe ciben y e alúan.”
Pasa después Lea y a compa a el socióme o humano con los sis e-
mas que o os animales poseen. Cie amen e muchas especies sociales, y
en e ellas, la mayo ía de las especies de p ima es han desa ollado sis-
emas que pe mi en al indi iduo egula las in e acciones con los demás
indi iduos de su g upo o subg upo (y eacciona adecuadamen e, en de i-
ni i a) espec o a dominancia-subo dinación o ambién inclusión-exclu-
sión. Sin emba go, la di e encia es iba en que el socióme o humano no
sólo a iende a exp esiones aciales o ges os, sino que depende de la capa-
cidad -exclusi amen e humana- de imagina cómo uno mismo es á siendo
pe cibido y e aluado po los o os.
Es a a ención pe manen e al juicio de los o os se ía, según Lea y, el
e dade o núcleo de la llamada au oes ima. Las a iadas conduc as que
han sido a ibuidas a los es ue zos de la gen e pa a man ene su p opia
au oes ima e lejan sus es ue zos pa a man ene alo elacional en los
ojos de los o os. El ‘ alo elacional’ es la e dade a causa y el unda-
men o explica i o de los sen imien os de sen i se bien o mal espec o a
uno mismo. “La au oes ima no es sino el indicado in e no, subje i o que
calib a el éxi o en la a ea de man ene al alza el alo elacional”. Es
e dad que hay si uaciones - econoce Lea y- en que la gen e, as habe
ealizado acciones buenas o malas, se sien e bien o mal ace ca de ellos
mismos a pesa de que ales acciones no las ha is o nadie. Pe o eso no
in alida la p opues a. “El socióme o es un mecanismo egulado , y po
an o no puede pe mi i se espe a a que una amenaza sea inminen e,
sino que ha de ad e i de an emano de las posibilidades de un descenso
en el alo elacional.” Como se e, odo es o choca on almen e con las
ideas de au onomía mo al.
A a o de Lea y se pueden alinea indudablemen e a ios indicios.
Los o ígenes an o en la e olución como en el niño esul an con incen e-
men e conec ables con su p opues a. F en e a eso, la au ónoma au oes-
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ima se nos apa ece como una so is icación a día. Además, la ci cuns-
c ipción al g upo, que es ca ac e ís ica de las e apas his ó icas emp a-
nas, a anza ía p og esi amen e hacia una isión más uni e sal; y así, al
en oca sob e ese g upo que es la Humanidad, los dic ámenes del soció-
me o empiezan a ace ca se a la mo al a anzada. Además, y sob e odo,
la p eocupación po el juicio de los demás puede p oyec a se a los siglos
enide os y con e i se en el es ue zo en p o de la ‘ ama’ ( eco demos la
desc ipción de la ama en Jo ge Man ique). La idea de Lea y, su én asis
en la impo ancia que pa a el indi iduo iene el se acep ado y que ido,
pod ía incluso encaja con las c eencias eligiosas. El ecibi el amo de
Dios, el ab azo del Pad e, es el anhelo úl imo, la me a más impo an e
del e dade o c eyen e.
Pe o ¿no se educe odo en onces a un ‘do u des’, a lo que se iene
llamando ‘al uísmo ecíp oco’? ¿No ha desapa ecido así la obje i idad de
las no mas mo ales? ¿No hab emos pe dido la idea de la e dade a libe -
ad mo al cuando nos hemos dejado seduci po la ce canía que el soció-
me o iene con los o ígenes, con la e olución y el niño? An e odas esas
objeciones, hab ía que a e a se a la idea de que el socióme o humano se
basa en la capacidad exclusi amen e humana de cap a la in e io idad
adicalmen e ajena, o sea, la in e io idad de quien me mi a o se comu-
nica conmigo. Es e ene en cuen a las necesidades y los sen imien os
ajenos es, después de odo, cap a una ealidad que es obje i a - an obje-
i a como la que más- y su icien e pa a sos ene la mo al más ele ada. Y,
po o o lado, pa a que alguien llegue a que e nos, un medio e icaz es sin
duda el que él no e que noso os es amos compa iendo sus deseos y
aleg ías.
Cie amen e el busca a oda cos a la p opia in eg ación en el g upo,
el es o za se po no desen ona , puede se una ac i ud nada ecomenda-
ble. Po ese camino se puede acalla la e dad y ole a la injus icia. Esos
pelig os son muy eales. Sin emba go, si omamos el socióme o, no como
una medida del es ado de opinión gene alizado y anónimo del g upo, sino
como una p eocupación enden e a que cada pe sona conc e a pueda sen-
i se ce cana a mí, en onces esa p opues a iene a coincidi con la mo al
más exigen e y obje i a que se pueda concebi .
Lo que se ha pe dido, eso sí, es el p es igio de la au onomía mo al, la
au osu iciencia adul a que oma como c i e io la p opia au oes ima. Con
la nue a p opues a apa ecemos más dependien es, más ulne ables y
ágiles. ¿Es ho ible ese esul ado? En mi opinión, no lo es en absolu o.
Somos ealmen e así de débiles y necesi ados, necesi amos que los demás
nos quie an, nunca acabamos de aleja nos de lo que uimos de niños, y
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sin emba go, aun a pesa de odo eso, somos capaces de e dade a libe -
ad.
El emo de que nos echacen, y a la in e sa, la espe ada ecompensa
de una buena y amo osa acogida, cuen an pa a con o ma nues a con-
duc a. En eso yo es oy de acue do con Lea y. Pe o ¿bas an esos es ímulos
pa a explica oda la conduc a mo al? ¿Son lo su icien emen e ue es?
De momen o dejemos es a in e ogación y sigamos.
El a ículo que en el Handbook se dedica a ‘Au ocon ol y c imen’ -
Hi schi, 2004- acaba p oponiendo algo pa ecido a Lea y. El au ocon ol,
que co elaciona nega i amen e con las acciones delic i as, es la enden-
cia a conside a la en e a gama de cos es po enciales de un ac o pa icu-
la . Mien as que en o os au o es, se pone el acen o sólo en las implica-
ciones a la go plazo, aquí se insis e en que sean las más amplias que sea
posible conside a y que a menudo se án con empo áneas al ac o. Se e-
coge así an o el peso de los ínculos (a achmen s) con o as pe sonas,
como el de los p oyec os del indi iduo pa a su p opio u u o (Ya hemos
is o a ias eces esas dos dimensiones del au ocon ol). En de ini i a,
como Hi schi sub aya, la e ien e más impo an e del au ocon ol se
iden i ica p ác icamen e con el con ol social, que en una ob a an e io él
ya había analizado como compues o de ínculos, p oyec os y c eencias.
Segunda pa e: la cues ión ilosó ica de la libe ad
1) ¿Qué hay ace ca de la au ode e minación en los es udios an es
e isados?
Pe o ¿cómo hay que en ende el au ocon ol? ¿Es ealmen e el ac o de
un agen e pe sonal? Ca e , 2004, econoce que ha igno ado muchas
cues iones ace ca de la conduc a humana. “¿Qué hay ace ca de la olun-
ad? ¿Qué ace ca de la au ode e minación? Incluso los p ocesos delibe a-
dos y op-down que se han esbozado ue on desc i os p ác icamen e como
au omá icos y p i ados de oda au ode e minación. Es as cues iones,
aunque impo an es, no se ocan aquí”. Baumeis e , 2004. pg. 86, se com-
p ome e de un modo un poco más explíci o con el ca ác e ac i o, cons-
cien e e in encional del sel y de sus unciones ejecu i as, o lo que se ía lo
mismo, au o egula o ias. Mischel & Ayduk, 2004, admi en el ca ác e
agén ico de la au o egulación, pe o an e el pelig o de ene que in oca
un homunculus, sugie en que la agencia es á en la o ganización de la ed
neu onal.
Fi zsimons & Ba gh, 2004, se con aponen abie amen e a la opinión
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 43, 2010
80
Po supues o, además de Vygo sky, muchos o os au o es la han en o-
cado, desde el clásico Jaynes, 1990, al ecien e Jones, 2009, y an e odo
quizá Cla k, 2006. Po supues o ambién, en dos abajos del Handbook
se menciona la inculación en e habla in e io y au o egulación (Goll-
wi ze e al., 2004; y aún más insis en emen e en el muy ygo skiano
Ba kley, 2004). Sin emba go, c eo que oda ía no se ha explo ado su i-
cien emen e cómo el habla in e io pod ía in e eni en la cues ión de la
au ode e minación.
¿Po qué es ba a a el habla in e io ? ¿Po qué equie e poca ue za
mo i ado a? P ime o, no hay despliegue muscula . Segundo, dado que el
habla no es á des inada sino al mismo hablan e, no hay que elabo a los
modos de designa ni ampoco la sin axis. Te ce o, en el habla in e io
desapa ece ían los sucesi os pasos de la secuencia a icula o ia de la
palab a. La cla e es iba en que el e dade o modelo de palab a es el
modelo onémico-social, que es po de inición imposible de ejecu a . Si
alguien ejecu a un onema, ya no se á un onema, sino un sonido eal,
con su imb e, su olumen y su opción pa icula de alguna de las a ia-
ciones pe mi idas. Na u almen e, en el habla ex e na hay que enuncia
a ep oduci el e dade o modelo, o sea, el onémico-social. Sin emba go,
dado que en el habla in e io es posible abaja con el modelo onémico-
social o e dade o modelo, ¿po qué no se iba a hace así? La g an en aja
es que en ese modelo, la palab a cuen a como una unidad no sólo al ni el
semán ico (lo cual sucede siemp e), sino al ni el de p oducción (donde
no malmen e hay que unciona con la palab a como compleja secuencia
a icula o ia).
Veamos aho a po qué, a pesa de su bajo cos e, el habla in e io pue-
de ene un g an endimien o. Una palab a no sólo es capaz de e oca su
e e en e, si lo iene, sino ambién de p eac i a los enlaces más habi-
uales, o ambién los más ecien es, de la palab a, o sea, aquellas o as
palab as jun o a las cuales, o bien es ecuen e encon a la, o bien se la
acaba de encon a . Y, na u almen e, esa e ocación es man enible du-
an e el iempo que se quie a, ya que una y o a ez se la puede susci a
median e el habla in e io . Así, po ejemplo, una me a que aya di umi-
nando su p esencia en la men e, po que es é siendo a acada po in e e-
encias, po ejemplo, puede se epin ada epe idamen e de modo que
pueda man ene su pleno a ac i o du an e mucho iempo.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 43, 2010
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2. 7) Me a pe dedo a, pe o capaz de susci a habla in e io : Una posi-
bilidad ac ible
Bajo cos e, g an endimien o.11 Eso es es upendo, sí. Pe o ya es amos
opando con una p ime a di icul ad. Po mucho que el habla in e io e-
quie a muy poca ue za mo i ado a, alguna ue za es cla o que equie e.
¿De dónde sald ía esa ue za, si en nues a o mulación del p oblema
hemos asumido que en el pun o de pa ida del p oceso hay una me a
opues a con g an ue za mo i ado a?
La espues a a es a p ime a di icul ad es ela i amen e ácil. Se sabe
que cuando hay en el ce eb o una compe encia en e a ias me as, cada
una de ellas pond á en ac i ación sus enlaces, aún cuando desde el p in-
cipio haya una cla a ganado a. Cada uno de los enlaces de una me a de-
uel e siemp e algo de ue za a esa me a, y así hab á momen os, aún
cuando sean b e ísimos, en que una me a cla amen e no ganado a cuen-
e con un mon o de ue za su icien e pa a esa ac i idad an de bajo cos e
que es el habla in e io . En de ini i a, el que una me a no ganado a log e
p oduci habla in e io y así di igi hacia sí la a ención es una posi-
bilidad muy ac ible y ácil de explica .
Pe o con ello no se esuel e nues o p oblema. Vol emos a opa nos
con el mu o de siemp e. Si la me a es una que iene menos ue za que la
dominan e en ese momen o, en onces el que, g acias al habla in e io ,
eciba una a ención ocalizada, no la con e i á ipso ac o en me a domi-
nan e. Si se con ie e ealmen e en me a dominan e, ello se á sólo po -
que in e enga en es e pun o algún o o ac o .12
2. 8) El úl imo y decisi o encon onazo con la di icul ad
¿Cómo la a ención a una me a pe dedo a puede con e i la en domi-
nan e? ¿Po qué los impulsos de i ados de la cap ación de la in e io idad
ajena o de la e ocación del u u o a la go plazo pod ían cob a ue za una
11 Incluso podemos añadi la posibilidad que el habla in e io o ece de edesc ipción (Es a edesc ipción coincidi ía con lo
que en la bibliog a ía clásica ace ca de la ecompensa demo ada se iene llamando “cogni i e eapp aisal”, o “ e-cons ual
mechanisms”).
12 La misma objeción alza íamos con a cualquie in en o de en ende la ‘ ep io i ización’ de Simon (1967) como
au omá ica. La emoción se i ía (ésa se ía su unción biológica) pa a lle a al oco de la a ención una me a que en ese
momen o no es aba den o de al oco. Veo muy bien, sí, esa a i mación de Simon. Pe o pensemos en una emoción
compasi a, p. e. És a ocaliza ía la me a a la que apun an unos in e eses ajenos, es e dad. Pe o ¿po qué es o iba a alza
esa me a al p ime pues o en e las me as que guían nues a conduc a? O, más conc e amen e, ¿po qué es o iba a pone la
po encima de los in e eses p opios?
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ez que la a ención se ocaliza a sob e ales con enidos? En gene al, la
a ención a una me a se limi a a in o ma de la ue za que a esa me a le
co esponde. Aquí, en cambio, necesi a íamos que esa ue za esul a a
aumen ada po ob a de la a ención. ¿Cómo pod ía hace se al cosa?
Los con enidos de la segunda línea (que e san, ya se sabe, sob e la
in e io idad ajena o sob e el u u o lejano) son débiles y ágiles p ecisa-
men e po que no se incluyen en la p ime a línea men al. Pe o, aún a
pesa de eso, la capacidad exclusi amen e humana que nos p opo ciona
esos con enidos los señala como obje i amen e iguales a sus homólogos
de la p ime a línea men al. La in e io idad ajena es an eal como la mía;
el u u o lejano es an impo an e como el momen o p esen e. Así pues,
aunque la segunda línea men al sea débil y ágil desde el pun o de is a
emocional, en cambio desde el pun o de is a del conocimien o obje i o no
se p esen a en absolu o como in e io a la p ime a línea. És a es una
con adicción que es in ínseca a la men e do ada de las dos líneas. ¿Se
a iende a la ue za emocional inmedia a?: en onces siemp e sald á pe -
diendo la me a ligada a la segunda línea men al. ¿Se a iende, po el con-
a io, al conocimien o obje i o pa a que nos guíe en el manejo de nues-
as dos líneas men ales?: en onces la me a al p incipio pe dedo a pod ía
con e i se en dominan e.
És a se ía la opción básica, el pun o donde in e iene la libe ad
humana. Aho a podemos ecoge una idea que apa eció ya en el 1. 1. El
conocimien o, la a ención a la más comple a e dad que sea accesible,
se ía la e dade a base de la libe ad humana.
Hay un a ículo, Schwa z, 2008, que, en un campo muy educido, a ín
al de la me a demo ada, apun a ya es a idea. “Supongamos que alguien
dice ‘Mi me a de cuida mi salud men al ole a á sin p oblemas el que
es a noche no me la e los dien es’. En ealidad, quien dice eso, iene
azón: po un solo día sin la a se los dien es no apa ecen ca ies. Sin em-
ba go, end íamos que busca alguna o ma de soca a ales a i macio-
nes. Aunque al debilidad de olun ad no es mo al, el azonamien o de
ipo mo al que en uel e el p incipio de igualdad pod ía se in ocado aquí
(....) El p incipio de igualdad puede, lo sabemos, aplica se al campo es-
ic amen e mo al. Así cuando ú e a as a i mismo de modo di e en e
a como a as a o os, hay una iolación del p incipio de igualdad apli-
cado a la mo al. En el caso del cepillado de dien es, el suje o no se es á
a ando cie amen e a sí mismo como una excepción, pe o es á haciendo
una excepción injus i icada de su momen o p esen e, como si no ue a
simila a o os muchos momen os u u os.” O sea, la mo i ación domi-
nan e lle a a hace una excepción obje i amen e no jus i icada. Pe o el
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conocimien o de la e dad empuja a a a igual las cosas que son igua-
les.
La posibilidad de la libe ad mo al de i a ía según eso de las capaci-
dades cogni i as humanas. Pe o en su aíz es as capacidades no end ían
que o ece nos necesa iamen e elabo aciones in elec uales, no conoce ían
alo es o p incipios mo ales, sino que consis en p ima iamen e y sob e
odo en la cap ación de la in e io idad ajena (y ambién, como hemos es-
ado epi iendo, en la e ocación de escenas u u as). Cie amen e, a pa -
i de ahí, y con el despliegue his ó ico del lenguaje y la cul u a, se pod á
llega a aquellas elabo aciones más abs ac as. Sin emba go, en el o igen
mismo de la libe ad es p e e ible, a mi juicio, pone conocimien os que,
aun siendo exclusi amen e humanos, sean explicables como una p o un-
dización y supe ación de las capacidades de los p ima es supe io es, so-
b e odo de aquéllas (p opias del chimpancé) que log an a ibui pe cep-
ciones isuales y es ados in e nos al congéne e (sal o -pequeña pe o c u-
cial sal edad- cuando és e lo es á mi ando a él o comunicándose con él:
Beja ano, en p ensa).
Pe o ol amos a nues o hilo. El conocimien o de la in e io idad ajena
es, po de inición, el o igen de oda supe ación del subje i ismo. El que
esa supe ación se aspase o no desde el plano cogni i o al emocional, ésa
se ía la elección lib e. Dicho de o o modo, en el se humano la elación
de ue za, u o denamien o je á quico, en e dos me as puede se di e-
en e en el plano emocional y en el plano del conocimien o. Así pues, hay
dos c i e ios en e los que el suje o ha de elegi . No se a a de que el
suje o escoja la me a menos ue e -eso se ía imposible-. Se a a de que
escoja uno de los dos dic ámenes opues os sob e cuál es la me a más ue -
e.
¿Cómo se lle a ía a cabo es o en el ce eb o? No engo la más mínima
idea.13 C eo, sin emba go, que con la e o mulación que hemos hecho del
p oblema, algo se ha log ado. Veamos poco a poco qué se ía ese pequeñí-
13 In oca ac o es como la ees uc u ación humana de la especialización hemis é ica, o como la ampliación de la zona
p e on al y la memo ia de abajo, me pa ece o almen e p ema u o e in undamen ado. ¿Cómo no an a se p ema u os
esos in en os si aún no con amos ealmen e con ninguna explicación del pun o de is a in e no de un animal? Es e dad
que desde Desca es al conduc ismo y a una g an pa e del cogni i ismo ac ual muchos au o es han op ado po nega ese
pun o de is a in e no en los animales. Y es o almen e e dad que de momen o no enemos nada que espalde la
exis encia de ese pun o de is a in e no. ¿Cómo lo amos a ene si los animales no hablan y si los conocimien os de hoy
sob e el ce eb o son sólo de alles agmen a ios y supe iciales? Pe o, sin emba go, yo es oy con encida de que es
in e osímil el concebi un ce eb o animal sin pun o de is a in e no, o sea, el concebi lo al modo de un e mos a o. Y en
consecuencia, es oy con encida ambién de que sólo después de que conozcamos en p o undidad el ce eb o animal, sólo
después, epi o, se es a á en condiciones de empeza a abo da cómo la libe ad y el espí i u su gen en el ce eb o humano.
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simo algo.
Todo animal, en la conduc a hacia sus me as, a iende siemp e a sus
pe cepciones, o sea, se deja guia po el más amplio conocimien o de la
ealidad del que en cada caso disponga. Es o debe ía cumpli se, pues,
ambién en el se humano. Pe o aquí ese deja se guia po el conoci-
mien o se complica. Las capacidades humanas o ecen conocimien os
sob e la in e io idad ajena que, en ez de se ú iles a la consecución de
las me as que es én siendo pe seguidas en ese momen o po el indi iduo,
in e ie en con al consecución. En conc e o, el se humano puede da se
cuen a de que unas necesidades ajenas son más u gen es que las suyas.
És e es el luga donde se inse a ía la libe ad mo al al como la es amos
asumiendo. Pe o lo que me impo a sub aya es que, en esa enc ucijada,
es jus o la opción a a o de los in e eses ajenos, o sea, jus o la conduc a
inasequible pa a los animales, la que es á espaldada po la ley biológica
gene al de a ende al mejo y más amplio conocimien o disponible. Cie -
amen e, la opción de desa ende ese conocimien o es á disponible pa a el
se humano. La sa is acción de las necesidades del p opio o ganismo es
sin duda una ley biológica aún más gene al, dado que se cumple ambién
en ege ales o en o ganismos unicelula es. Sin emba go, oma es a op-
ción y enuncia , pues, al mejo conocimien o disponible, equi ale a deja
de lado la endencia e olu i a que se inició con la pe cepción y el ce eb o
animal. Como se e, con la e o mulación del p oblema, no se ha log ado
mucho. Pe o quizá aho a apa ezca la libe ad mo al como un poco menos
lejana a la biología y la e olución.
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Te esa Beja ano
Depa amen o de Filoso ía y Lógica
Uni e sidad de Se illa
[email p o ec ed]