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Joyas femeninas del siglo XVIII en el ámbito sevillano y quiteño. Un análisis comparativo a través de la documentación notarial

Mejías Álvarez, María Jesús

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JOYAS FEMENINAS DEL SIGLO XVIII EN EL ÁMBITO SEVILLANO Y QUITEÑO. UN ANÁLISIS COMPARATIVO A TRAVÉS DE LA DOCUMENTACIÓN NOTARIAL FEMELE JEWELS OF THE XVIII CENTURY UN THE DOMESTIC AREA OF SEVILLAN AND QUITEÑI. A COMPARATIVE ANALYSIS THROUGH NOTARIAL DOCUMENTATION María Jesús Mejías Álvarez HUM171. Universidad de Sevilla https://orcid.org/0000-0002-8066-4231 [email protected] Resumen: A través de la documentación notarial se puede analizar el lujo doméstico como elemento activador del prestigio social. La acumulación de metales preciosos, plata labrada y joyas es una manifestación de poder económico y social de la sociedad quiteña y sevillana del siglo XVIII. Cartas de dotes y testamentos permiten reflexionar sobre el papel de las joyas como símbolo de poder y estatus. Y son válidos para analizar aspectos sociales, económicos y artísticos. La relación de joyas empleada, para designar las distintas tipologías en Sevilla y Quito, establece las posibles correlaciones entre los tipos europeos y americanos y las singularidades locales. Palabras claves: Joyas, Quito, Sevilla, documentación notarial, cartas de dote, testamentos, Siglo XVIII reseñadas en estos documentos se analiza la terminología Abstract: Through the notarial documentation we can analyze domestic luxury as an activating element of social prestige. The accumulation of precious metals, carved silver and jewels is a manifestation of the economic and social power of the Quito society of the 18th century. Documents, especially letters of gifts and testaments, from different archives allow us to reflect on the role of jewelry as a symbol of power and status. They are documents of great versatility, valid to analyze social, economic and artistic aspects. With the list of jewels outlined in these documents, it is possible to analyze the terminology used to designate the different typologies in Seville and Quito, and establish possible correlations between European and American types, as well as local singularities. Keywords: Jewels, Quito, Seville, notarial documentation, letters of dowry, testaments, 18th century Joyas femeninas del siglo XVIII en el ámbito sevillano y quiteño. Un análisis comparativo a través de la documentación notarial 192 La sociedad quiteña del siglo XVIII se presenta activa y dinámica tanto en lo económico como en la búsqueda de la consolidación del poder político local. Un poder que se consigue a través del linaje y del patrimonio pues el funcionamiento de su estructura social se basa en la categoría tradicional de estratificación jerárquica estamental. Por tanto, la capa alta de esta sociedad urbana sigue utilizando el concepto de distinción y exclusión social para garantizar su identidad1.Como reflejo de este discurso aristocrático asumen una serie de ideales como el derecho a participar de la moda; el vestirse con ricos tejidos y adornarse con abundantes joyas se convierte en otro indicativo del prestigio social, así cada grupo muestra su identidad a través del traje y sus complementos. De hecho, el excesivo uso de elementos suntuarios tiene que ser regulado jurídicamente por el rey, atendiendo tanto a factores económicos, éticos como de diferenciación estamental, al tiempo que se imponen distintivos y normas de vestir en determinados oficios2. La polémica sobre el lujo en la España del Setecientos lleva a Juan Sempere y Guarinos a publicar en 1788, en 2 tomos, la obra Historia del lujo y de las leyes suntuarias en España, con la que intenta analizar el valor 1Existen un buen número de estudios que analizan la sociedad quiteña del siglo XVIII, entre los que destacamos Borchart de Moreno,1998: 227-323. Büschges, 1997: 55-84; 1997:54-65; 1999:123-145; 1999: 213-231. Marchan Moreno, 1986: 55-76. Molina Martínez, 2015: 192-203. Ponce Leiva: 2002, 23-40.; Terán Najas, 2009: 99-108. económico de los bienes suntuarios, o de ostentación, a través de las ideas ilustradas3. Se centra en definir el lujo útil y el lujo condenable, considerando la profusa legislación expedida por la Corona como inútil e inoperante, convirtiéndose su análisis sobre las leyes suntuarias en una fuente esencial para el conocimiento histórico de la producción y consumo del lujo a lo largo de la Historia Moderna de España. En el II Congreso Internacional sobre a Plata Iberoamericana, siglos XVI-XIX, celebrado de la ciudad española de León, en 2010, ya expusimos tanto las dificultades para el estudio de la joyería quiteña del siglo XVIII (las mismas que podemos encontrar en otras áreas hispanas) como el uso de alhajas de gran valor, de oro y de pedrería, que las señoras principales mostraban en su indumentaria. La “escasez” de piezas conservadas y la dificultad de acceso a las existentes, tanto en colecciones privadas como públicas, hizo necesario realizar un primer análisis a través de la pintura4, fuente indirecta y valioso testimonio gráfico que nos aporta información tanto de aspectos formales como del comportamiento social. En el año 2014, en el IV Congreso Internacional sobre la Plata Iberoamericana, siglos XVI-XIX, celebrado en Oporto 2 De la Puerta Escribano, 2000: 65-72. 3Sempere y Guarinos, Juan, 1788, edición a cargo de Rico Giménez, 2000: 17, 60- 65, 313-346 4 Mejías Álvarez, 2010: 373-385. María Jesús Mejías Álvarez 193 (Portugal), Jesús Paniagua Pérez dio un paso más en el estudio de la joyería de la Real Audiencia de Quito, abordando aspectos como las materias primas y los artífices a lo largo de toda la etapa colonial, apoyándose tanto en la pintura como en algunas noticias de archivo5. Con este trabajo se pretende avanzar en la investigación y, por lo tanto, en el conocimiento de la joyería quiteña en relación con las redes sociales. Partimos del análisis de la documentación de archivo, centrándonos en distintas tipologías documentales como las cartas de dotes, los testamentos y los inventarios de bienes adjuntos a testimonios sobre pleitos, ya que proporcionan una amplia, variada y rica información sobre el ámbito doméstico. En estos registros aparecen reseñados los nombres de una gran cantidad de objetos vinculados al mundo femenino, entre los que destacan muebles6, pequeños enseres, objetos de devoción, vestidos y ropa del hogar, y joyas de variada funcionalidad. La selección de varios documentos del Archivo Histórico Nacional (Quito), del Archivo General de Indias y del Archivo Histórico de Protocolos de Sevilla, ha permitido hacer un análisis comparativo con el que poder profundizar en los gustos, en el modo de vida privado tanto de la sociedad quiteña como de la sevillana del siglo XVIII. En estos 5 Paniagua Pérez, 2014: 301-324. 6Fernández Martín, 2015: 19-24. centros que consideramos en cierta medida periféricos, al no ser capitales de virreinato o reino, respectivamente, pero si centros secundarios de referencia con cierto protagonismo sociopolítico, podemos establecer confrontaciones y paralelismos. Las cartas dotales de las señoras quiteñas y sevillanas presentan gran afinidad en su comportamiento, respondiendo a los patrones de la época que se ajustan al predominio de bienes de adorno personal, vestidos y joyas, quedando en un segundo lugar los muebles y el menaje del hogar7. De esta documentación, muy rica para trabajar distintos aspectos económicos, sociales y artísticos, nos interesan, especialmente, las piezas de joyería reseñadas. Lo habitual era presentar una tasación por lotes entre los que destacan los referentes a ropa (vestidos y ropa blanca del hogar), joyas y plata labrada, muebles, libros, y otros enseres diversos. Del análisis de la documentación consultada se revela que lo lotes más importantes y valiosos eran, por este orden, el de la ropa, las joyas y los muebles. Este comportamiento lo podemos encontrar a lo largo de todo el siglo XVIII, tanto en Quito como en Sevilla. Varios testamentos de distintas damas quiteñas como el de doña María 7Véase, Álvarez Santaló/García Baquero, 1981: 128. Ortego Agustín, 2003: 322- 344. Turiso Sebastián, 2006:197-216. Joyas femeninas del siglo XVIII en el ámbito sevillano y quiteño. Un análisis comparativo a través de la documentación notarial 194 Manuela de Cepeda, de doña Isabel de Mediana8, fechados en Quito en marzo y abril de 1712, respectivamente, o en el de doña Rosa Araujo y Sotomayor9, fechado el 5 diciembre de 1741 , y el de doña Teodora de Vargas, otorgado el 20 de septiembre de 179310, y en distintas las cartas de dote señoras quiteñas y sevillanas como la de doña Josefa Villalba en favor de don a Antonio Alvarado, fechada el 22 de septiembre de 1783 y doña Xaviera Bermeo a favor de don Mariano Cadena fechada en 25 de abril de 178911, o de doña Francisca de Zeilas, fechada en Sevilla el 5 de diciembre de 173812, reflejan el poder adquisitivo de éstas así como su alto status social. En éstos se anotan objetos suntuarios de gran valor, muebles, piezas de plata labrada y de joyería, además de ropas blancas, sábanas de Ruan, colchas de sarga y colgaduras de damascos, gran cantidad de prendas de vestir y de tejidos, entre los que podemos citar casacas de terciopelo, de damascos azules, o de raso de moda, sayas de terciopelo y tafetán, camisas de algodón, rebosos de bayeta de Castilla 8 Archivo Histórico Nacional/Quito (en adelante AHN/Q), Protocolos, Notaria nº 1, Nicolás Plaza de Cepeda 1711-1715,1712, ff. 324-326. 9AHN/Q, Protocolos, Notaria 4ª, caja 84, Diego Arias Altamirano, 1741-1742, 1741, ff. 203-206. 10 AHN/Q, Protocolos, Notaria 1ª, caja 432, tomo II, 1792-1795, s/f. 11 AHN/Q, Protocolos, Notaria 1ª, caja 423, 1783-1792, ff. 11 y 12 r y v., y ff. 494- 495 r., respectivamente. 12 Archivo Histórico Provincial, Sevilla: Protocolo 10350 (en adelante AHPSE: P). Escribano público Andrés Gutiérrez Pineda. de diversos colores, faldellines de bayeta y de terciopelo con detalles de brocado azul, camisones de Bretaña, pañuelos finos de seda, medias de seda y de lana, zapatos de terciopelo, mantos, mantillas de raso liso con encajes blancos de Bruselas, y otras más sencillas de bayeta adornadas con encajes. En ambas orillas del Atlántico triunfa el traje “a la francesa”13, con las lógicas variantes e interpretaciones locales14, afianzándose las prendas de encima, como el manto, la manteleta y la mantilla en distintos colores y tejidos, como queda atestiguado en dos composiciones de las pinturas murales de la galería superior del convento carmelita del Carmen Alto de Quito15. Estas relatan varios pasajes de la vida de la Santa, el ingreso de Santa Teresa al convento y la Santa realizando un milagro contemplado por unas damas, que vestidas a la moda del siglo XVIII aportan una indudable información general sobre la moda local femenina de la época (Figura 1) 16. 13 Véase Molina/Vega, 2004: 180-210; De la Puerta Escribano, 2006: 250; Rosillo Fairén, 2015: 230-232. 14 Para profundizar en las variantes locales de la indumentaria de la mujer quiteña, véase Yépez Suárez, 2020: 54-66. 15 Este convento carmelita, conocido también como el Carmen de San José, fue establecido en 1653 en la casa que había pertenecido a Santa Mariana de Jesús, concluyéndose la obra material de su iglesia en 1689, mientras que la fachada no estará terminada hasta 1765. Véase, Pacheco Bustillos, 2000:55-98. 16Mejías Álvarez, 2010, 373-385. María Jesús Mejías Álvarez 195 Figura 1. Pintura mural anónima. Santa Teresa realizando un milagro contemplado por unas damas (Detalle). Convento del Carmen Alto, Quito. (Foto de la autora). Así mismo, uno de los ejemplos más interesantes de la consolidación de la moda francesa en la Real Audiencia de Quito se constata en la descripción de los bienes de doña Isabel Sánchez de Madrid y Gillis, viuda de don Antonio de la Cueva, corregidor de Riobamba17, donde se inventarió un vestido de paño de seda “color 17Archivo General de Indias (en adelante AGI), Quito, 242, N. 138. Inventario de bienes fechado el 19 de diciembre de 1783. pompadur” con botones de oro. Este color alude a los tonos pastel, rosas y celestes, típicos del rococó francés, que puso de moda la marquesa de Pompadour (1721-1764). A las transformaciones y novedades de la indumentaria hay que vincular el desarrollo de la joyería, pero en determinados ámbitos periféricos como el quiteño, se siguen utilizando prendas de vestir asentadas en la tradición. Los distintos inventarios de bienes consultados también demuestran la pervivencia de accesorios y joyas que corresponden a modelos arcaizantes, o con cierto desfase temporal, combinados con otros más novedosos, ajustados a la moda del momento. El vestir “a la francesa” implicaba agrandar el escote, elevar el busto, dejar parte de los hombros más al aire y, por tanto, el triunfo de los adornos y joyas para el cuello y para las orejas, ahora más visibles. Las nuevas tendencias fueron asimiladas poco a poco por la tradicional sociedad española a ambos lados del Atlántico, mientras voces de moralistas y de clérigos se alzaron en contra de esta moda importada que aun así terminó por imponerse. Sirvan de ejemplos tanto la Carta pastoral que el obispo de Cartagena escribe a los fieles de su Diócesis a cada uno en lo que le toca, para que todos concurran a que se destierre la profanidad de los trages, y varios, e intolerables abusos, que ahora Joyas femeninas del siglo XVIII en el ámbito sevillano y quiteño. Un análisis comparativo a través de la documentación notarial 196 nuevamente se han introducido (Murcia, 1711) del cardenal Luis Antonio Belluga y Moncada (1662-1743) 18, como la obra Virtud al uso y mística de la moda: Destierro de la Hypocrisia, en frasse de exortación a ella. Embolismo moral, en el que se epactan las afirmativas proposiciones en negativas; y las negaciones en afirmativas (Pamplona, 1729), de Fulgencio Afán de Ribera, en la que éste trata de instruir a la juventud para que desprecien la falsa virtud y la moda. Las damas con más poder adquisitivo de la sociedad quiteña y sevillana del siglo XVIII usaban, en líneas generales, las mismas joyas. En los inventarios de bienes tanto de cartas dotales como de mandas testamentarias las alhajas más frecuentemente anotadas son las que se lucían en cuello y escote, desde los simples collares y cadenas hasta las denominadas joyas de pescuezo, así como las pulseras y los pendientes en sus distintas modalidades, y los adornos para el pelo (chispas, clavos o tembladeras). En Quito, junto a los modelos dieciochescos, también son muy frecuentes las joyas que se ajustan a modelos del siglo anterior como las cruces de engastería y los medallones relicarios, e incluso 18 Sobre las críticas que el obispo Belluga realiza contra los excesos de la moda tanto en lo referente a la moral como al gasto, véase Peñafiel Ramón, 2005:201-219. 19AHN/Q, Sección General, serie civiles, caja 17, 1751-1754, Expediente 6, fol. 68 20 Aunque se pueden encontrar antecedentes de este tipo en los diseños de Arnold Lulls publicados a principios del siglo XVII, no será hasta mediados de siglo cuando alguna tipología heredada de la tradición prehispánica como los prendedores del tipo denominado tupus. Las joyas suelen reseñarse de forma independiente en las descripciones de bienes, aunque no podemos descartar que formaran parte de algún aderezo compuesto de pendientes, collar y manillas, los más habituales en la época. Una excepción que confirma el presupuesto anterior se encuentra en la relación de bienes que adjunta doña Justa de Dorotineo, vecina de la ciudad de San Francisco de Quito, en los autos que interpone contra su esposo don Felipe Román por haberle despojado de todas sus joyas de oro y perlas, así como de los objetos de plata. En la citada documentación, fechada el 12 de mayo de 1752, se consigna “un aderezo de cruz y sarcillos de perlas”19, lo que demuestra la riqueza del joyero de esta dama quiteña. Las piezas más registradas son los pendientes, o zarcillos, en sus distintas modalidades. Tanto en la pintura como en la documentación, el modelo que se describe se ajusta al más utilizado a lo largo del siglo XVIII, el llamado girandole, pendientes grandes compuestos de broquel, o broquelillo, lazo o trecho vegetal, y almendras escalonadas20. Estos se difunda el modelo a través del álbum de dibujos (Liuvres des ourages d´orfeurerie, 1663) de Gilles Légaré. Tres dibujos de girándole, anónimos, del siglo XVIII se conservan en la Biblioteca Nacional, en Madrid (DIB/14/29/27; DIB/14/29/30; DIB/14/29/34). En los modelos del siglo XVII el anverso se guarnece con pedrería y el reverso se decora con esmaltes, mientras que en el María Jesús Mejías Álvarez 197 tres elementos de diseño unitario eran desmontables, lo que permitía la combinación para obtener piezas de uso sencillo o más complejo. Toda dama que se preciase poseía unos pendientes de este tipo, que en líneas generales y con algunas variantes, se realizaban en oro y se adornaban con esmeraldas. La versión más habitual es la que se compone de broquel circular, con trecho en forma de florón, lazo o mariposa, y una caída de tres elementos, piedras o perlas. En la documentación de la Real Audiencia de Quito a este tipo de pendientes se les denomina pendientes de tres chorros. Las señoras con mayor poder adquisitivo podían tener hasta cinco pares de este tipo pendientes, sólo diferenciados por las piedras y perlas con los que se adornaban, sirva de ejemplo el caso de doña Josefa Villalba que en su carta de dote, fechada en Quito el 22 de septiembre de 1783, registra cinco pares de zarcillos de oro de tres chorros21, unos de perlas grandes, otros de esmeraldas y otros de piedras coloradas y otros de piedras azules, haciendo referencia a rubíes y zafiros, o venturina de color azul, respectivamente. También se reseñan otros de mayor tamaño, con cinco elementos pinjantes, por ejemplo, en el testamento de doña Setecientos los esmaltes van desapareciendo. Véase Müller, 1972: 134. Arbeteta Mira, 1998:61. Aranda Huete, 1999: 388. Fuhring, 2004: 277. 21 AHN/Q. Notaría 1ª, caja 423, 1783-1792. 22AHN/Q, Protocolo, nº 1, caja 423, 1783-1792. Testamento fechado en la ciudad de San Francisco de Quito, 8 de abril de1784, fol. 33-35. Tomasa de los Reyes en el que se inscribe “un par de sarsilllos de cinco chorros de oro y perlas”22, valorados en 100 pesos. En la documentación notarial sevillana cuando se hace alusión a este tipo de pendientes se describen como de “tres caídas” o de tres o “cinco pendientes”23. El análisis comparativo documental nos ha permitido confrontar la terminología que, en esencia es similar, pero no idéntica, lo que demuestra, en un campo más, la singularidad lingüística del español en Hispanoamérica. Como piezas menores se anotan otro tipo de sarcillos, el modelo pendeloque, muy popular en el siglo XVIII español, compuesto por un broquelillo de perfil circular u ovalado, lazo en el cuerpo intermedio y tercer cuerpo colgante en forma de gota o almendra, también confeccionado en oro y piedras o perlas. En ocasiones pueden perder la pieza intermedia, encontrándonos una versión simplificada, donde el cuerpo de caída suele ser una gran esmeralda en forma de lágrima, llamada aguacate24, o una gran perla o varias perlas de tamaño decreciente. El éxito de esta tipología queda atestiguado en los dibujos de exámenes de los distintos gremios de plateros de la Península. En el 23Sirva de ejemplo la partición de bienes de doña Francisca de Medina y Salazar, Marquesa de Peñuela, fechada en Sevilla en 1709, donde se reseña unos “sarzillos de oro y esmeraldas cada uno con cinco pendientes desiguales”. AHPSE: P-3777, escribano Toribio Fernández, folio 88 r. 24En la documentación se les denomina sarzillos de aguacate. Joyas femeninas del siglo XVIII en el ámbito sevillano y quiteño. Un análisis comparativo a través de la documentación notarial 198 gremio sevillano, en el II Libro de Exámenes, aparecen dos dibujos reseñados con los números 2 y 11, y en el gremio de Granada los dibujos de aprobación realizados por José Tormos en 1738 y por Manuel Ahumada y Cepeda en 1746 corresponden a este modelo25 . Además, dibujos de piezas semejantes existen en los Libros de Passanties de Barcelona, y en las colecciones de dibujos de joyas de la Biblioteca Nacional de Madrid y de París. Asimismo, se han conservado bastantes piezas tanto en colecciones privadas como públicas, fechadas en el siglo XVIII y en el XIX, ya que el modelo perduró en la joyería popular, asociado al traje regional en determinados centros periféricos de la Península. Además, existen dos modelos que se apartan de los diseños convencionales europeos, y que fueron de uso muy frecuente entre las clases más humildes, no apareciendo reseñados en la documentación analizada, aunque si se muestran en la pintura local quiteña. El primero de ellos se articula con dos cuerpos compuestos de perlas apiñadas, denominado pendientes de racimo, lo podemos ver representado en la en la pintura La india con traje de gala de Vicente Albán26. El segundo, menos habitual, se trata de un modelo que se compone de una simple argolla de oro del que pende una perla en forma de gran gota que 25 Sanz Serrano, 1986: 127,131 y 133, figuras 74, 82 y 85. Pérez Grande, 2006: 257-270. también podemos apreciar en la negra esclava que acompaña a la pintura de Albán llamada Señora principal. De singular interés es el testamento de doña María Manuela de Cepeda, fechado el 12 de marzo de 1712, en el que se registran tres pares de sarcillos de oro, “uno grande con sus higas de corales y perlas, otro pequeño con sus higas de corales y perlas, y el otro con sus higas de ventarinas y perlas”27, demostrando como en todas las clases sociales se otorga especial importancia a la superstición. Las higas hispánicas en forma de puño sacando el pulgar por el índice y el anular se usaban con efecto apotropaico, especialmente para ahuyentar el mal de ojo. Se realizaban, generalmente, de coral o azabache, en muchos casos asociadas a perlas como en este caso quiteño. También es interesante la alusión a los de venturinas, o aventurina, un tipo cuarzo que puede ser de distintos colores, verde esmeralda, rojo pardo o azul, al que se le atribuyen ciertos poderes curativos. Sin ser un material precioso se puso de moda a lo largo del siglo XVIII, utilizándose en distintos tipos de joyas. Las denominadas piezas de garganta, ahogadores o joyas de pescuezo adquieren un gran desarrollo a partir del segundo cuarto del siglo XVIII cuando la moda impone la concentración del adorno en la garganta. En realidad, se trata de collares o gargantillas con adorno 26 Arbeterta Mira, 2007: 164. 27AHN/Q, Protocolo, nº 1, 1711-1715, fol. 323-327 v. María Jesús Mejías Álvarez 199 central que se colocan a medio cuello o en el arranque de éste. Este tipo de joyas puede presentar diversas variantes, desde modelos sencillos conformados por hilos de perlas hasta los más complejos, compuestos de elementos seriados, rígidos y engoznados, pasando por el modelo más habitual llamado ahogador con pinjante, que parte del modelo inicial más sencillo al que se le incorpora un motivo central en forma de lazo, roseta o cruz con o sin pinjante. El collar de perlas era el más sencillo, y solía llevarse corto, rodeando la base del cuello, con una o varias vueltas como se puede apreciar en el anónimo retrato de doña Josefa Aguado (Milagro de Nuestra Señora de El Quinche al cobrador de tributos don Fernando de Merizalde y su esposa doña María Josefa Aguado) que se encuentra en el Santuario de Nuestra Señora de El Quinche, Quito. En ocasiones, de estos collares podían colgar una gran perla, una “esmeralda aguacate”, o una cruz. Las cruces normalmente solían hacer juego con los pendientes, pues algunos modelos presentaban el mismo esquema compositivo de los sarcillos. Se formaban por dos o tres cuerpos que configuraban la cruz propiamente dicha. Esta podía partir de un lazo (cruz de lazo) o simplemente de una pieza circular de la que pendía la cruz, que podía ser griega o latina. En 28 Arbeteta Mira, 1998:104-105. Mejías Álvarez, (2010): 373-385 29AHN/Q, Protocolos, Notaria 1, caja 423, 1783-1792. 30 AHN/Q, Protocolos, Notaria 1, caja 423, 1783-1792. la pintura hispanoamericana28 están muy bien representados, y la documentación notarial de la época refleja que era una alhaja muy habitual entre las damas quiteñas. Por ejemplo, en el testamento de doña Micaela Blanco, fechado en Quito, el 1 de julio de 1785, se anotó, entre otras más sencillas, una gargantilla de “una soga de perlas regulares con su cruz de oro y esmeraldas”29, pero no aporta datos concretos sobre sus brazos o si esta presentaba copete o alguna pieza pinjante, o gotera, que colgase de sus brazos. En líneas generales, la documentación quiteña es bastante pobre en la descripción de las cruces, pues sólo se menciona el material con el que están realizadas. Sin lugar a duda, los collares de perlas son las piezas más consignadas en cartas de dotes y testamentos, ya sean de un hilo (o soga) o varios, de perlas gruesas o aljófares. También son habituales los que combinan perlas con pequeñas higas de azabache como el que muestra la India con traje de gala de Vicente Albán, o el que se anota en la carta dotal de doña Josefa Villalba, en 1783, (“…y otra gargantilla de quattro hilos con panecitos de azabache”30), utilizados como protección. Así mismo, hay constancia documental de collares de varias vueltas, combinando varios materiales, perlas, esmeraldas o pequeñas cuentas Joyas femeninas del siglo XVIII en el ámbito sevillano y quiteño. Un análisis comparativo a través de la documentación notarial 206 voluminosas y de mayor tamaño, especialmente las que adoptan forma de flor, por lo que la citada referencia muestra el carácter divergente de la pieza de doña Micaela con respecto a las habituales quiteñas que son grandes. Según Priscila Müller54 no hay que descartar la influencia china en estos adornos para el pelo, que pudieron introducirse a través del comercio, siendo de uso genérico en toda Europa, desde Portugal a Rusia. Por último, hay que mencionar el abanico por tratarse de un accesorio de la indumentaria femenina de gran significación que alude a la elegancia y a la exquisitez de su propietaria, aunque estrictamente no se puede considerar una joya a pesar de que en ocasiones puede presentar guarniciones de oro o de plata. De hecho, en la pintura mural del Convento del Carmen Alto de Quito que representa la escena de la llegada de Santa Teresa al convento para tomar los hábitos en presencia de un grupo de tres monjas, la Santa viste a la moda del siglo XVIII como una dama de la alta sociedad quiteña. Ataviada con un vistoso traje de flores, se adorna con joyas ricas, complementando su aderezo con un abanico (Lam. 3). Elemento que entre las damas españolas era usado desde el siglo XVII como se puede apreciar en el cuadro de Velázquez, Señora con abanico, de 1650, convirtiéndose en el siglo XVIII en el 54 Müller, 1972:158; 2012:161. 55 Véase De la Puerta Escribano, 2009: 95 y ss. Alvarado, 2009: 12-18. complemento perfecto de distinción. Existían diversos tipos y se fabricaban de distintos materiales tanto las varillas como los países. Las varillas solían ser de carey, marfil o madera, y los países de papel o seda, pudiendo estar decorados con pinturas o bordados55. Al igual que en la Península, el abanico para las damas quiteñas era una pieza que completaba el atuendo a la vez que mostraba el poder económico y social de su dueña. Aparecen reseñados siempre en la documentación sevillana y con menos asiduidad en la quiteña. De la documentación quiteña hay que señalar el inventario de bienes de doña Isabel Sánchez de Madrid y Gillis, viuda de Antonio de la Cueva, corregidor de Riobamba, en el que figuran cinco abanicos con sus correspondientes cajas56. De éstos, uno es de carey y oro, otro de marfil y plata, en ambos casos no se hace referencia al país. Los tres restantes poseen varillas de marfil, presentando dos ejemplares “un país con pintura chinesca” y el otro se describe de “marfil y oro bordado de antejuelas el país”. Este último se trata de un modelo que se puso de moda a mediados del siglo XVIII, normalmente realizado en seda bordada y adornado con lentejuelas lo que demuestra, una vez más, que las damas de quiteñas de alto poder adquisitivo contaban con ejemplares novedosos, ajustados a la última moda. 56 AGI, Quito 242, N. 138. Inventario de bienes fechado el 19 de diciembre de 1783. María Jesús Mejías Álvarez 207 El análisis de una selección de documentos notariales, cartas de dotes y testamentos, fechados en distintos momentos del siglo XVIII, permite confirmar como en el ámbito doméstico quiteño al igual que en el sevillano, las joyas femeninas son elementos indicativos del prestigio social de la mujer, quedando su identidad definida a través del traje y sus complementos. Así mismo, se puede visualizar como las joyas femeninas quiteñas están marcadas por la tradición y las novedades formales. Se aprecia un gusto por los materiales, las técnicas y las tipologías tradicionales en las joyas de carácter devocional, mientras que en las otras existe un deseo de renovación, ajustándose tanto a modelos exógenos como a modelos tradicionales evolucionados que adquieren una singularidad propia nacida del ambiente cultural y artístico de la Real Audiencia de Quito. BIBLIOGRAFÍA Alvarado, Isabel (2009): Abanicos. Despliegue de Arte. 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Palabras clave: maja, tipos populares, Sevilla, Cádiz, costumbrismo. Abstract: This article aims to establish both a series of common characteristics and the existing disparity in the Andalusian female majismo, mainly of Cadiz and Seville. It also analyzes their artistic representation during the 19th century and their conversion into a true regional myth. Keywords: maja, popular types, Seville, Cadiz, costumbrism.