scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

En recuerdo de Enrique de la Vega

Narbona, Francisco

Full text

EN RECUERDO DE ENRIQUE DE LA VEGA Por FRANCISCO NARBONA Enrique de la Vega Viguera y yo nos reencontramos al cabo de lo s siglos -en 1982en una feria de libro, en Sevilla. Yo finnaba una obra con pretensiones, dicho sea de paso, sobre el divorcio ... Se titulaba "un cierto divorcio" (Alguien escribió a este propósito que yo quería quitar importancia a un tema vidrioso, y que me había salido un título "bentaventiano". O sea que con ese título, el texto pasara inadvertido). Porque a esas alturas de los tiempos, lo impo$nte era que "el matrimonio naufragado hallara, en España, una salida airosa, sin más. Al fin y al cabo se trataba de una solución no-obligada, y allá cada cual con su particular conciencia. Le dediqué el libro y quedamos en vernos en su casa, para rehacer la memoria de los tiempos idos (desde 1936, la guerra, hasta el regreso a la democracia, superando olvidos y penas. Naturalmente, empezarnos, ya metido en confidencias, en su rincón de trabajo, con la panorámica del Prado desde su soleada terraza, por las Carmelitas, (el colegio de las Carmelitas), donde ambos habíamos coincidido, en tiempos de la hermana Corazón, tan poéticamente evocados por Rafael Montesinos, en su libro "Años inseparables". Hablamo s de la Universidad, donde nunca nos vimos , porque yo andaba por los bajos -el feudo de Pel smaecker, Giménez Fernández , Pedroso, Casso , Castejón , · García-Oviedo, etcy él por las alturas de las ciencias , con bata blanca - y de la guerra, por él vivida en baterías por frentes diversos y yo de simple s oldado (con pausas de periodista), y al final, de camillero en 210 FRANCISCO NARBONA un tren hospital que aguantó lo suyo en Peñarroya-Pueblonuevo. Me regaló algunos libros propios, que le habían llevado a la Academia, con todos los derechos y honores. Uno de ellos -"Los años 70"-nos dio pie para montar otro texto en colaboración que se tradujo en "Un siglo de magnicidios", que nos publicó "Planeta ". Y que fue preámbulo de otros empeños -"La Feria de Sevilla", una glosa del caudal fotográfico de Luis Arenas (q.e.p.d.), y "La Maestranza ... y Sevilla ", que mereció nada menos que el Premio nacional de literatura taurina (el "José María de Cossio") y que empujó mi nombre hacia el alto galardón de ser "correspondiente" de esa Real Academia de Buenas letras, en Ma - drid. Por si fuera poco contribuí a "meterme en camisa de once varas", añadiendo algunas "escenas" a su novela "Arde la nieve", que contaba el epílogo de Ja novia perdida en el caos final de la guerra mundial, y encontrada en La FAO de Roma, convertida en intérprete de español, en una asamblea de economistas. Hasta el final estuvimos proyectando otros trabajos, pero la quiebra de salud, nos mantuvo en un dialogo silencioso, has ta la noticia final de su muerte. Que Dios, Enrique era tan buen cristiano (y si no que lo digan en la Caridad), que resulta natural que aquél le habrá premiado con su grato y ju sto descans o. Amén.