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Anuari de Filologia. Estudis de Lingüística (Anu.Filol.Est.Lingüíst.) 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT MARCADORES DEL DISCURSO Y ESQUEMAS CONSTRUCCIONALES. LOS PATRONES DISCURSIVOS DE BUENO EN LA LUCHA POR LA VIDA DE PÍO BAROJA Araceli López Serena Universidad de Sevilla [email protected] orcid: 0000-0001-6987-6551 María Uceda Leal Universidad de Sevilla [email protected] orcid: 0000-0003-1259-9957 Resumen El presente trabajo pone de relieve las limitaciones que entraña el análisis de los marcadores del discurso como piezas aisladas y se suma a las reivindicaciones de la necesidad de considerarlos como miembros constituyentes de patrones discursivos o esquemas construccionales complejos. A partir de un corpus de diálogos literarios extraído de la trilogía La lucha por la vida de Pío Baroja (1904-1905), el artículo examina cuatro esquemas construccionales en los que participa el MD bueno. Se busca, de este modo, complementar, con la descripción sistemática de los patrones discursivos identificados, las caracterizaciones que de este marcador ofrece la bibliografía, así como comprobar en qué medida la consideración de los esquemas construccionales que favorecen la comparecencia de determinados valores discursivos puede arrojar luz sobre el posible itinerario de gramaticalización o discursivización sufrido por bueno, y en el que los usos vinculados con la atenuación parecen haber actuado como puente entre el funcionamiento del marcador en el ámbito interaccional y su explotación en el ámbito metadiscursivo. PALABRAS CLAVE: bueno, marcadores del discurso, patrones discursivos, esquemas construccionales, oralidad fingida, oralidad literaria, mímesis de la oralidad, diacronía del siglo XX. MARCADORS DE DISCURS I ESQUEMES CONSTRUCCIONALS. ELS PATRONS DISCURSIUS DE BUENO A LA LUCHA POR LA VIDA DE PÍO BAROJA Resum Aquest treball posa en relleu les limitacions que comporta l’anàlisi dels marcadors del discurs com a peces aïllades i se suma a les reivindicacions de la necessitat de considerar-los com a membres constituents de patrons discursius o esquemes construccionals complexos. A partir d’un corpus de diàlegs literaris extret de la trilogia La lucha por la vida de Pío Baroja (1904-1905), l’article examina quatre esquemes construccionals en què participa l’MD bueno. Es busca, així, complementar, amb la descripció sistemàtica dels patrons discursius identificats, les caracteritzacions que ofereix d’aquest marcador la bibliografia, així com comprovar en quina mesura la consideració dels Data de recepció: 20/x/2023 Data d’acceptació: 30/xii/2023 Data de publicació: 30/xii/2024
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 2 Araceli López Serena y María Uceda Leal esquemes construccionals que afavoreixen la compareixença de determinats valors discursius pot donar llum sobre el possible itinerari de gramaticalització o discursivització sofert per bueno, i en què els usos vinculats amb l’atenuació semblen haver actuat com a pont entre el funcionament del marcador a l’àmbit interaccional i la seva explotació a l’àmbit metadiscursiu. PARAULES CLAU: bueno, marcadors del discurs, patrons discursius, esquemes construccionals, oralitat fingida, oralitat literària, mimesi de l’oralitat, diacronia del segle XX. DISCOURSE MARKERS AND CONSTRUCTIONAL SCHEMES. THE DISCURSIVE PATTERNS OF SP. BUENO [‘WELL’] IN PÍO BAROJA’S LA LUCHA POR LA VIDA Abstract This paper highlights the limitations involved in the analysis of discourse markers considered as isolated pieces and claims to consider them as constituent members of discursive patterns or complex constructional schemes. Using a corpus of literary dialogues from Pío Baroja’s trilogy La lucha por la vida (1904-1905), the article examines four constructional schemes in which the Sp. DM bueno (‘well’) participates. The aim is to complement, with the systematic description of the discursive patterns identified, the characterizations of this DM offered in the bibliography, as well as to check to what extent the consideration of the constructional schemes that favour the appearance of certain discursive values can shed light on the possible itinerary of grammaticalization or discursivization suffered by bueno, and in which the uses linked to attenuation seem to have acted as a bridge between the functioning of the DM in the interactional sphere and its exploitation in the metadiscursive sphere. KEYWORDS: Sp. bueno ‘well’, discourse markers, discursive patterns, constructions, literary orality, 20th century diachrony. 1. INTRODUCCIÓN* En la investigación lingüística de naturaleza pragmático-discursiva hay ya una cierta tradición de advertencias acerca de los problemas que se derivan tanto de la aplicación preferente de enfoques estrictamente semasiológicos (cf. Narbona Jiménez 1989[2014], 1990[2014]; López Serena 2011; Borreguero Zuloaga/López Serena 2011) como de la concentración exclusiva de la atención en los marcadores del discurso (en adelante MD), considerados con excesiva frecuencia como los mecanismos por antonomasia en el desempeño de las funciones atingentes a 1 * Esta publicación es parte del proyecto I+D+i PID2021-123763NA-I00 «Hacia una diacronía de la oralidad/escrituralidad: variación concepcional, traducción y tradicionalidad discursiva en el español y otras lenguas románicas» (DiacOralEs), financiado por MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033. Su diseño, planteamientos teóricos y redacción han corrido a cargo de la primera de sus autoras, que es miembro del equipo de investigación del proyecto. La localización y la transcripción de los ejemplos, así como una primera tentativa de clasificación de los esquemas construccionales identificados en el corpus, han sido obra de la segunda de las autoras del artículo, miembro del equipo de trabajo del proyecto.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 3 los ámbitos interaccional, metadiscursivo o lógico-argumentativo (cf. López Serena/Borreguero Zuloaga 2010; Borreguero Zuloaga 2015). De hecho, frente a la omnipresencia, en los estudios sobre MD, de la perspectiva semasiológica, en los últimos tiempos han cobrado protagonismo aproximaciones, a día de hoy clásicas, a este tipo de unidades, como las de Pons Bordería (2006) o Fischer (2006), cuya aceptación explica, al menos en parte, el éxito de propuestas funcionales de carácter general fundamentadas en una concepción global de la comunicación lingüística1 –y no en la descripción pormenorizada de los valores de sentido individuales de cada marcador en particular– y cuya razón de ser se justifica en virtud del interés que para la investigación pragmático-discursiva tiene explorar todos los «medios [de los que] se vale el hablante para llevar a cabo una determinada función» (Borreguero Zuloaga 2015: 165). Explorar todos los medios de los que se vale el hablante para llevar a cabo una determinada función no es incompatible con aspirar a una descripción «exhaustiva de todos los contextos de aparición de un marcador estableciendo un catálogo ad hoc de funciones», algo que naturalmente se considera «esencial cuando el objetivo final es la redacción de una obra lexicográfica» (Borreguero Zuloaga 2015: 165). Nada impide conciliar ambos enfoques, siempre que se tenga claro que estamos ante niveles de análisis distintos, cuya especificidad ayuda a poner de manifiesto la tripartición propuesta por Foolen (1989), de la que se hacía eco Martín Zorraquino (1994) cuando afirmaba que la descripción del valor semántico-pragmático de los MD se puede llevar a cabo en 1) un nivel muy abstracto, que debería ser válido para la forma en cuestión como marcador discursivo y para los usos de la forma en otras clases de palabras; 2) un nivel intermedio que debería dar cuenta de los valores que la forma tiene como «indicador ilocutivo»[2]; [y] 3) [un] […] nivel semántico más concreto en el que se daría cuenta de la pluralidad de sentidos que cada forma adquiere en el discurso (Martín Zorraquino 1994: 405). Así, obviando el primer nivel de abstracción establecido por Foolen (1989), al que de momento no parece aspirar ningún trabajo en curso, podemos convenir en que los acercamientos «que parten del estudio de un marcador concreto o de un grupo de MD que presentan algún tipo de afinidad […] y realizan una descripción exhaustiva de sus funciones en distintos contextos de aparición» (Borreguero Zuloaga 2015: 159-160) forman parte del tercero de estos niveles, mientras que «aquellos que tratan de establecer un inventario de las principales funciones que pueden realizar los MD» operan, más bien, con los valores del segundo nivel de análisis. Este segundo tipo de estudios emana del anhelo por dejar atrás 1 Un ejemplo de este tipo de propuesta es la que, inspirándose en las contribuciones de Bazzanella (1995, 2001, 2005, 2006), Briz Gómez (1998), Martín Zorraquino y Portolés (1999) y Pons Bordería (2006), se lleva a cabo en López Serena y Borreguero Zuloaga (2010) (cf. ahora Borreguero Zuloaga 2015). 2 Martín Zorraquino (1994) emplea esta etiqueta como sinónimo de marcador del discurso u operador pragmático, entre otras posibles denominaciones que baraja en ese mismo trabajo.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 4 Araceli López Serena y María Uceda Leal los sesgos semasiológico y lexicocentrista (cf. Borreguero Zuloaga/López Serena 2011) que aquejaban hasta no hace mucho a la investigación sobre MD y que se han superado, parcialmente, gracias al reconocimiento de que estas unidades no suelen actuar, sobre todo por lo que respecta a la lengua hablada, de manera aislada, sino de forma conjunta y solidaria3 con mecanismos sintácticos (cf. López Serena 2011) o prosódicos (cf. Hidalgo Navarro 2006, 2010, 2011, 2015, entre otros), igual de productivos que los propios MD para cometidos como la toma o el mantenimiento del turno de palabra, la apelación al interlocutor, la estructuración o la planificación sobre la marcha del discurso, la intensificación y la atenuación de la fuerza ilocutiva del enunciado, o la realización de diversas conexiones lógicas destinadas, en última instancia, a la fundamentación de una determinada estructura argumentativo-persuasiva, etc.4 A lo que aún no hemos llegado, sin embargo, al menos de manera generalizada –y nuestra propuesta en estas páginas va exactamente en este sentido–, es a abandonar la perspectiva de análisis que aborda los MD como piezas aisladas, en favor de aproximaciones que den primacía a su consideración, no como recursos independientes de una naturaleza léxico-funcional similar, en el terreno de la macrosintaxis (cf. Fuentes Rodríguez 2017; Fuentes Rodríguez/Gutiérrez Ordóñez, eds. 2019), a la que las conjunciones o preposiciones manifiestan en el ámbito oracional, sino como miembros constituyentes de esquemas construccionales complejos, del tipo de los que interesan, por ejemplo, a la gramática de construcciones (cf. Goldberg 1995, Gras Manzano 2010); esquemas en los que los MD se integrarían solo como parte de la totalidad de un determinado patrón discursivo (cf. Couper-Kuhlen y Thompson 2000; 2008: 446). Pese a que ya en trabajos pioneros, como el citado más arriba de Martín Zorraquino (1994), se señalara sin ambages que propiedades de los MD como su «versatilidad suprasegmental», «la dimensión extraoracional de su capacidad relacionante» o su «multifuncionalidad pragmática» «derivan, sin duda, del hecho de que se trata de unidades que se manifiestan en el discurso», motivo por el que «no puede prescindirse, en su caracterización […] ni de lo que precede ni de lo que sigue en el discurso en que se inserta cada operador o indicador ilocutivo» (Martín Zorraquino 1994: 405; la cursiva es nuestra), lo cierto es que, salvo que se atienda a marcadores (u operadores) en proceso5 (cf. Fuentes Rodríguez, coord., 2020a,b), el cotexto anterior y posterior al marcador rara vez forman parte sistemática de su descripción. Una excepción modélica en este sentido constituye el trabajo que Raquel Taranilla García (2015) dedica a los MD construidos sobre la base del verbo parecer –al parecer, según parece y a lo que parece–, y donde señala la «pertinencia de incluir en la descripción de marcadores el estudio del patrón en el que se inserta un 3 En esto había insistido tempranamente Antonio Narbona Jiménez (1988[1989]); cf. ahora Narbona Jiménez (2015). 4 Para una presentación en forma de cuadro sinóptico de las principales funciones discursivas que desempeñan, entre otras unidades, los MD, cf. Borreguero (2015: 164). 5 Operadores en proceso es el título de Fuentes Rodríguez (coord.) (2020a).
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 5 marcador determinado»6. Partiendo de la idea, anticipada ya por Martín Zorraquino (1994) y Portolés (1998), «de que la consideración del contexto discursivo puede aportar datos valiosos a la hora de caracterizar adecuadamente el significado de los marcadores del discurso» (Taranilla García 2015: 260), Taranilla defiende que el patrón discursivo «contiene significado procedimental que puede sumarse al significado básico de una partícula, de modo que su semántica nuclear se vea enriquecida con valores secundarios» (ibid.)7. De acuerdo con la idea de que el significado procedimental de los MD depende, en muchos casos, del tipo de patrón discursivo en que estos comparecen, el propósito de las presentes páginas es mostrar la idoneidad de tener en cuenta esquemas construccionales completos para el estudio de un marcador específico, en concreto el esp. bueno, en un corpus intencionadamente muy limitado, y que no procede –esto también es intencionado– de la transcripción de un conjunto de conversaciones coloquiales espontáneas, sino de los diálogos de una trilogía de novelas de principios del siglo XX: La lucha por la vida, de Pío Baroja, conformada por las novelas La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1905). El motivo por el que hemos decidido basar nuestra descripción formal, funcional, posicional y construccional de bueno en un corpus cerrado de oralidad fingida (cf. López Serena 2007; Brumme coord. 2008) cuyas muestras tienen más de un siglo de antigüedad es múltiple. Por un lado, queríamos asegurarnos de que teníamos en cuenta todos los usos de bueno como MD que un observador tan perspicaz de la lengua coloquial de su época como lo fue Pío Baroja hubiera sido capaz de recrear en el habla de sus personajes, porque ello nos procuraba la certeza de estar atendiendo a usos ya asentados a principios del siglo XX tanto en el habla como en la conciencia metapragmática de los hablantes, y que, por tanto, necesariamente tendrían que haber sido descritos en los diccionarios de marcadores, partículas y operadores actualmente disponibles (Santos Río 2003; Briz, Pons y Portolés, coords. 2008; Fuentes Rodríguez 2009), lo que, en última instancia, nos permitiría comprobar en qué medida estos repertorios tenían o no en consideración la parte del significado procedimental del MD que deriva de los 6 Una idea que, tal y como ella misma recuerda, «se encuentra apuntada ya, en relación con los marcadores conversacionales, en Portolés (1998: 130-131)», quien «sostiene que es posible distinguir entre los valores de apertura y cierre de secuencia del marcador bueno en función de su ubicación en el discurso» (Taranilla García 2015: 259-260). En esta misma línea, Taranilla remite también al trabajo de Masini y Pietrandrea (2010) sobre el it. magari y recuerda cómo la idea de que los marcadores pueden aparecer preferentemente en determinadas posiciones de patrones discursivos específicos ya fue puesta asimismo de relieve por Montolío (2011), al señalar cómo los operadores argumentativos de debilitamiento en principio, por ahora, por el momento, de momento y en teoría suelen comparecer «en el seno de un patrón bimembre compuesto por un segmento argumentativo debilitado (en el que se ubican las partículas mencionadas) y un segmento argumentativo reforzado» (cf. Taranilla García 2015: 261). 7 En relación con los niveles de análisis esbozados por Foolen (1989), podríamos correlacionar la semántica nuclear de un marcador con el nivel 2 y los efectos de sentido a los que se refiere Taranilla (2015) con el nivel 3 de los propuestos por ese autor.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 6 Araceli López Serena y María Uceda Leal diferentes esquemas construccionales en que participa. Por otro lado, queríamos reivindicar, una vez más (cf. López Serena 2007, 2012; López Serena/Sáez Rivera 2018) –y en línea con el resto de contribuciones a este número monográfico sobre oralidad y escrituralidad en la caracterización lingüística de las lenguas romances–, la utilidad de la mímesis de la oralidad para el estudio femológico. En tercer lugar, pensamos que el reto de adscribir todas las apariciones de bueno como MD en un determinado corpus a un subtipo formal y funcional específico de esta partícula, en lugar de partir de clases ya preestablecidas de las que procurar ejemplos ilustrativos, nos daba la oportunidad de poner a prueba las clasificaciones disponibles hasta la fecha y nos permitiría, llegado el caso, realizar alguna aportación, siquiera mínima, al actual estado de la cuestión. Ya por último, entendimos que la selección de ocurrencias lingüísticas ya centenarias podría servir de acicate, en trabajos ulteriores, para el abordaje del siglo XX como nuevo espacio de diacronía que proponía emprender Salvador Pons hace relativamente poco tiempo (cf. Pons Bordería 2014). Con respecto a un MD como bueno, presupusimos que uno de los posibles cambios que esta unidad habría podido experimentar en el lapso de más de un siglo que nos separa de la primera edición de la trilogía barojiana podría tener que ver, precisamente, con que en origen la aparición de esta forma hubiera estado más acotada que en la actualidad a determinados esquemas construccionales, que, a su vez, pudieran haber actuado como contextos propicios para la emergencia y posterior consolidación de valores funcionales hoy ya quizás desligados de esos patrones discursivos concretos8. En cuanto a su estructura, el artículo parte de una revisión del tratamiento bibliográfico que ha recibido bueno9 (§ 2). Seguidamente, se acomete la descripción de todas las ocurrencias de bueno como MD identificadas en los diálogos de los 8 En el caso de bueno, esta posibilidad se antoja especialmente atractiva, habida cuenta de que autores como Martín Zorraquino (1994: 406) llegaron a poner de manifiesto que «no aparece comentado, como elemento matizador del discurso, ni en la gramática de Bello ni en la de Salvá, quienes, en cambio, sí tratan de bien», al tiempo que avisa de que no se han podido recoger «casos de bueno como operador pragmático en el teatro de Moratín, anterior en menos de medio siglo al texto de Salvá, y sí en cambio de bien con dicho valor» (Martín Zorraquino 1994: 407). No obstante, en su clásico artículo con Portolés, Martín Zorraquino –que en 1994 (407, n. 1) calificaba sus conjeturas a este respecto de «muy provisionales» y necesitadas de «comprobación en numerosos textos anteriores a 1830»– ya menciona un posible uso de bueno como marcador en el Quijote, registrado por Garcés (1852): —Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula? —Adonde sopla. —¡Bueno: respondéis muy a propósito! […] (Quijote, parte II, cap. XLIX; cf. Martín Zorraquino/ Portolés 1999: 4055). Por su parte, Ocampo (2006) localiza otros dos ejemplos anteriores al siglo XVIII de posibles usos discursivos de bueno. 9 Por razones de espacio, y atendiendo al hecho de que el propósito de este trabajo no es proporcionar una descripción exhaustiva y actualizada del marcador bueno en conjunto, sino mostrar en qué medida la idea de considerar la actuación de bueno no de forma aislada, sino como elemento integrante de determinados esquemas construccionales, puede servir para arrojar luz sobre algunos de sus comportamientos, en la revisión bibliográfica nos ceñiremos a los trabajos más significativos
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 7 personajes que intervienen en cualquiera de las tres novelas que conforman la trilogía La lucha por la vida (§ 3). En el análisis –de cuyos resultados se presentan, en estas páginas, solo algunos ejemplos significativos para la descripción de los cuatro esquemas construccionales más frecuentes–, se atiende tanto a las funciones ya contempladas por la bibliografía previa, como al co-texto prototípico de aparición de los diferentes tipos de bueno localizados –es decir, a su patrón discursivo–, con el fin de proponer, en algunos casos, la consideración de bueno, más que como marcador aislado o independiente, como miembro constituyente de un determinado esquema construccional10. En la presentación de los cuatro patrones discursivos de bueno que se contemplan en estas páginas, nos detenemos, en primer lugar, en los usos del MD más apegados a su valor semántico de origen, a partir de los cuales se rastrean las derivaciones hacia otros valores que ha sido posible atestiguar en las tres novelas examinadas, procurando señalar qué contextos propician la conservación del significado conceptual del adjetivo que está en la base del MD y cuáles favorecen la aparición de sus diversos valores procedimentales. 2. EL MD BUENO EN LA BIBLIOGRAFÍA El interés por los valores discursivos de bueno se remonta, en la bibliografía española, a la obra pionera de Beinhauer sobre el español coloquial (1958/19913), en la que se dedica a este marcador un epígrafe específico, que lleva el título, quizás poco afortunado, de «El bueno conclusivo» (cf. Beinhauer 1958/19913: 431-434). En él, Beinhauer diferencia varios tipos de bueno, algunos de los cuales se producen en combinación con otras partículas: (i) el que expresa conformidad «bien sea con lo dicho por uno mismo, bien con lo dicho por el interlocutor», «o, en términos más generales, con el conjunto de la situación» (Beinhauer 1958/19913:431); (ii)el que indica que «se da […] por despachado lo que sólo le interesaba al interlocutor» y va seguido de la conjunción y, que «sirve para pasar a tratar de aquello que particularmente le importa al hablante» (Beinhauer 1958/19913: 431); (iii)el destinado a realizar «una mera concesión al interlocutor […] a continuación [de la cual], introducida por pero, viene la objeción del hablante» (Beinhauer 1958/19913: 431); (iv) el bueno «seguido de pues, [que] puede referirse también a lo dicho por el propio hablante, y entonces no suele representar más en y sobre nuestra lengua y no tendremos en cuenta las numerosas aproximaciones efectuadas, sobre todo en inglés, a marcadores en cierta medida equivalentes al esp. bueno, como well. 10 Como es sabido, la gramática de construcciones (cf. Goldberg 1995, 2003; Gras Manzano 2010) utiliza la noción de construcción para hacer referencia a estructuras en que concurren sistemáticamente una determinada forma, parcialmente fijada, y un determinado contenido semántico-pragmático, no derivable de la suma de las partes. Para evitar enzarzarnos en la discusión de si los patrones discursivos que se presentarán en § 3 son efectivamente construcciones propiamente dichas o no –lo que dependerá, en última instancia, del peso que se desee dar al valor semántico que el propio marcador aporte al efecto de sentido propiciado por ese esquema construccional en concreto–, hemos preferido hablar, en este sentido, bien de patrones discursivos, como hace Taranilla (2015), bien de esquemas construccionales.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 8 Araceli López Serena y María Uceda Leal que una muletilla de relleno, particularmente frecuente después de paréntesis y de otras desviaciones que amenazan distraer al hablante del objetivo de su plática. Puede observarse a menudo este recurso especialmente en boca de incultos que construyen mal» (Beinhauer 1958/19913: 432)11; (v) el que aparece «[e]n el hablar inseguro y titubeante» (Beinhauer 1958/19913: 432); (vi) «el bueno precursor de una rectificación a la que el hablante se ve obligado a avenirse, obligado por alguna objeción del interlocutor» (Beinhauer 1958/19913: 433), y (vii) el bueno de remate, precedido por y (Beinhauer 1958/19913: 434)12. A principios de la década de los 90, tanto Catalina Fuentes (1990b) como M.ª Antonia Martín Zorraquino (1994) partirán, en sus propios acercamientos a este marcador, de estas siete funciones atribuidas por Beinhauer a bueno13. Además, en la misma época, en un trabajo específico sobre bueno, bien y pues bien, la primera de estas dos autoras ponía de relieve una diferencia fundamental entre bueno y bien, en relación con la expresión de conformidad o aceptación que deriva del valor semántico de bondad compartido por ambos marcadores: Como respuestas a una pregunta, los dos suponen aceptación, pero en el caso de bien es aceptación voluntaria, acuerdo libre con lo que el otro interlocutor expone, y en el caso de 11 Con este último uso está también relacionado el que aflora en el hablar que Beinhauer califica de «inseguro y titubeante»: «En el hablar inseguro y titubeante es frecuente el simple bueno: el hablante pone fin bruscamente a su incómoda situación, como diciendo: ‘dejémoslo estar’» (Beinhauer 1958/19913: 354). 12 El ejemplo que proporciona a este respecto, extraído de la obra de Pedro Muñoz Seca La verdad de las mentiras (1919), y que apunta a que se trata del bueno exclamativo de expresión de sorpresa desagradable del que también hablará Moliner (cf. infra), es el siguiente: «Me aseguró Izaguirre que su caballo “Ladislao” iba a ganar la carrera de obstáculos porque saltaba muy bien. Yo lo creí, me metí en firme ¡y bueno! Tuve que venirme desde el hipódromo a pie». 13 Así, Fuentes (1990b) sintetiza las que Beinhauer menciona en el epígrafe específico sobre el bueno que hemos visto que este autor denomina conclusivo en los siguientes términos: (i) «Expresar la conformidad del hablante con lo precedente, ya sea con lo dicho por él mismo, por el oyente, o, en suma, con el conjunto de la situación»; (ii) «Cuando se agrupa con y, bueno indica el fin de lo anterior, lo que expresa una concesión al interlocutor, y la conjunción, el inicio del nuevo tema que es el interesante para el hablante. Supone un cambio de enunciación, un cambio de tema»; (iii) «Lo mismo para bueno, pero. Bueno ratifica y termina con el tema, al que sigue una objeción»; (iv) «Con bueno, pues se ratifica lo dicho por el interlocutor o bien se conecta tras un paréntesis, o desviación, retomando el hilo de la conversación. Es decir, bueno expresaría la conformidad y abriría un nuevo tema, enlazando lo ya dicho. En este caso es volver al tema anterior»; (v) «En otras ocasiones bueno se usa en el hablar titubeante e inseguro, bien para terminar con el titubeo habiendo hallado la palabra o terminando por la imposibilidad de terminar»; (vi) «Y en otros ¡bueno! con entonación ascendente tiene un valor emotivo» (Fuentes Rodríguez 1990b: 154). Por su parte, Martín Zorraquino (1994: 408) se hace eco asimismo de la consideración de este marcador, por parte de Beinhauer, entre las fórmulas para iniciar el diálogo y recuerda que también Steel (1985: 142-143) y Vigara Tauste (1987: 77-78) dedican alguna atención a bueno. Como señala Martín Zorraquino, el primero de estos dos últimos estudiosos lo considera un «adjunto de aserción», «es decir, un adjunto coloquial que se usa “to add varying degrees of assertion to a sentence or to one of its components”» (Martín Zorraquino 1994: 408) y la segunda «indica su valor de “soporte conversacional”, que permite un titubeo sin ruptura en la comunicación» (ibid.).
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 9 bueno es aceptar algo que por insistente nos lleva a conceder nuestra aprobación o consentimiento. O bien aceptar algo sin ser querido, sin una intencionalidad o voluntad del hablante. Es el matiz de resignación (Fuentes 1993: 209)14. En ese mismo artículo Fuentes destacaba también la posibilidad de que tanto bien como bueno introdujeran una conclusión o consecuencia y argumentaba que el itinerario de gramaticalización que habría podido seguir este marcador desde la expresión de aceptación, pasando por la indicación de cambio de tema, hasta llegar a la introducción de una conclusión habría conllevado «una progresiva pérdida del valor de bondad, pasando al asentimiento o conformidad, y de ahí a la pura conexión» (Fuentes 1993: 217). En su opinión, el propio valor de bondad de partida habría permitido esta gramaticalización: Ese valor de aceptación de lo anterior es el que [bien] comparte con bueno, y le hace usarse para cambiar el tema, introducir algo informativamente más interesante, una consecuencia, etc., pero aceptando, partiendo de lo anterior (Fuentes 1993: 2017). Una hipótesis de gramaticalización compatible con la que sugiere Fuentes (1993), pero presentada de forma más exhaustiva y pormenorizada, ya que en este caso constituye el propósito específico del trabajo, ofrece Ocampo (2006), quien prefiere hablar, en relación con el surgimiento, por convencionalización de inferencias, de los valores semánticos del bueno no adjetivo, no de gramaticalización, sino de discursivización15. De acuerdo con este autor, los dos significados que alberga esta partícula –planteados desde el punto de vista del segundo nivel de abstracción de los tres diferenciados por Foolen (1989)– son el de ‘aceptación’ y el de ‘límite que facilita una acción discursiva subsiguiente’16. En su opinión, ambos significados pueden aparecer, en diferentes contextos, tanto por separado como conjuntamente. En este segundo caso, según la presencia proporcional de uno u otro significado emergerán efectos de sentido diversos17. Los valores apuntados inicialmente por Beinhauer, de los que hemos visto que se hace eco Fuentes (1990b), y que resultan compatibles con los dos significados 14 A este matiz de resignación se refería, precisamente, el sexto tipo de bueno del que hemos visto que se había ocupado Beinhauer. 15 En otros trabajos, Fuentes tampoco habla de gramaticalización, sino que se decanta por la noción de co-optación de Heine et al. (2017), en relación con «the transfer of pieces of discourse from Sentence Grammar to Thetical Grammar, whereby they turn into theticals» (Heine et al. 2017: 818, apud Fuentes 2020: 16). 16 La noción de límite sería compatible con los usos de bueno como MD introductor de discurso referido sobre los que llama la atención Borreguero Zuloaga (2017) y que han interesado asimismo a Rosemeyer y Posio (2023). 17 Para ilustrar su tesis, Ocampo señala que la idea de límite y la de aceptación conviven en casos como el del ejemplo (a) (cf. infra), en el que, tal y como él mismo señala, «está ya naciendo la idea de límite: al estar F de acuerdo con la situación, ya no es necesario que A siga tratando de convencerlo. Es en este tipo de contexto, donde se expresa una acción subsiguiente, que el significado de límite comienza a percibirse» (Ocampo 2006: 239):
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 16 Araceli López Serena y María Uceda Leal En posición inicial, bueno se asocia a la expresión de acuerdo (real o estratégico) cuando se vincula a la intervención reactiva, esto es, cuando aparece al inicio de acto y de intervención de reacción […] En posición inicial de diálogo se asocia […] al cambio de tópico. En posición inicial de acto […] posee valor modal de atenuación […] Y, por último, en posición inicial de subacto en el interior de acto […] se vincula a valores reformulativos que pueden ser […] de tipo correctivo (Briz y Pons 2010: 328). Como se verá enseguida, las posiciones que sugerimos como posibles en la segunda columna de la tabla 1 difieren parcialmente de las contempladas por Briz y Pons (2010), ya que hemos intentado tener en cuenta todas las localizaciones posibles del MD cuando este contribuye a un determinado efecto de sentido, y no solo las más prototípicamente asociadas a cada valor contextual de tercer nivel. Tabla 1. Valores funcionales de tercer nivel de bueno Valor semántico abstracto (Ocampo 2006) y macrofunción prevalente Unidad y posición Tipo y Definición Ejemplo aceptación interaccional Posición inicial de intervención reactiva Bueno de expresión de conformidad plena con respecto al enunciado: «Expresa conformidad bien sea con lo dicho por uno mismo, bien con lo dicho por el interlocutor» (Beinhauer 1958/19913: 431). —¿Vienes? —¿Adónde? —A Moscú. —Bueno (C. Vargas, Y si quieres saber de mi pasado. Madrid, Aguilar, 2002, apud Fuentes 2009: 64) aceptación interaccional Posición inicial de intervención reactiva Bueno de expresión de conformidad con respecto a la enunciación: «Darse por enterado de una orden o indicación que se recibe» (Moliner 1966[20073], s.v. bueno). I: sí me dice este <este:> me dice mi hija dice sí dice / «salimos el viernes a las siete de la noche papá» / le digo «ah bueno» (ME-130-12H-01, apud Martín Butragueño 2006: 44)29 aceptación + límite interaccional Posición inicial de intervención reactiva Bueno de expresión de conformidad reticente con respecto al enunciado: «aceptar algo que por insistente nos lleva a conceder nuestra aprobación o consentimiento. O bien aceptar algo sin ser querido, sin una intencionalidad o voluntad del hablante» (Fuentes 1993: 209). «Este valor de conformidad también se encuentra en los pocos casos en que este elemento aparece al final, como toda una enunciación condensada. […] Es una expresión equivalente a ‘vale, de acuerdo, ¿qué le vamos a hacer?’» (Fuentes 1990b 155-156) —¿Te parece bien así? —Bueno, vamos a ver qué pasa (Santos Río 2003, s.v. bueno) Me parece como muy excesivo, ¿no?, pero bueno (Encuesta P1H2 del habla de Sevilla, apud Fuentes 1990b: 155). 29 Mantenemos la notación que se emplea en el corpus del que extrae este ejemplo Martín Butragueño (2006), que es el Corpus sociolingüístico de la ciudad de México <https://lef.colmex.mx/ corpus_sociolinguistico.html> (cf. Lastra y Martín 2000)
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 17 Valor semántico abstracto (Ocampo 2006) y macrofunción prevalente Unidad y posición Tipo y Definición Ejemplo aceptación + límite interaccional Posición inicial de intervención reactiva Bueno atenuador de argumentación anti-orientada: «En posición inicial de intervención reactiva es un preludio concesivo de una antiorientación posterior, reformulador argumentativo, señal de desacuerdo que viene a continuación» (Briz e Hidalgo 1998: 129) A: ¿qué te pareció la peli? ¿es genial verdad? B: bueno / no sé qué decirte / a mí me pareció un poco floja (Briz e Hidalgo 1998: 129). límite cognitiva (modal) Posición inicial de intervención reactiva Bueno de expresión de resignación o desacuerdo: «Expresar resignación con algo que se oye o se ve y que disgusta o cansa» (Moliner 1966[20073], s.v. bueno). –¡Bueno…! Ya acabarás de decir tonterías! (apud Moliner 1966[20073], s.v. bueno). límite metadiscursiva Posición inicial de intervención reactiva Bueno de inicio de turno «Se usa en la conversación al empezar a hablar, para darse por enterado de lo dicho anteriormente e introducir la respuesta o para volver al asunto principal que se está tratando» (Moliner 1966[20073], s.v. bueno) –Bueno, ¿qué hacemos? (Martín Zorraquino 1994: 408) límite metadiscursiva Posición inicial de intervención reactiva o posición intermedia de intervención e inicial de acto Bueno de retoma temática «Presenta el miembro del discurso en el que aparece como una continuación de lo dicho anteriormente» (Briz, Pons y Portolés coords. 2008, s.v. bueno) Sinapismo: ¿Ustedes saben lo que me pasó a mí er jueves… que pusieron pa almorsá riñones? Tresolls: ¿Ah, pero aquellos trozos de antracita eran riñones? Sinapismo: Eso me dijo doña Nieves; bueno, pues a la hora y media tenía yo unos dolores en toa la tragaera que no tuve más remedio que di a casa der médico (García Álvarez y Muñoz Seca 1918, El verdugo de Sevilla, apud Beinhauer 1958/19913: 432) límite metadiscursiva Posición inicial de diálogo, posición inicial de intervención reactiva o posición intermedia de intervención e inicial de acto Bueno de cambio de tópico: «Supone un cambio de enunciación, un cambio de tema» (Fuentes 1990b: 154) V: luego mediaron los amigos, nos dimos las manos y se arregló el asunto. A: Menos mal. Bueno, y ¿qué haces aquí tan solo? (Muñoz Seca 1919, La verdad de la mentira, apud Beinhauer 1958/19913: 431)
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 18 Araceli López Serena y María Uceda Leal Valor semántico abstracto (Ocampo 2006) y macrofunción prevalente Unidad y posición Tipo y Definición Ejemplo límite metadiscursiva Posición inicial de intervención o posición intermedia de intervención, cercana al final del turno Bueno de cierre: «Si aparece en una secuencia de cierre, el valor que obtiene es el de conclusión y cierre conversacional» (Briz e Hidalgo 1998: 128) «Introductor de la conclusión a la que se va a llegar o del cierre de la intervención por parte del hablante. Se da en posición final de intervención» (Fuentes 2009: 62) — bueno / ya es casi hora de acabar (Briz e Hidalgo 1998: 129). límite metadiscursiva Posición intermedia de intervención Bueno de reformulación: «Introduce una rectificación a lo dicho» (Moliner 20073, s.v. bueno). Cuando voy a Nueva York –bueno, la verdad es que yo sólo he estado allí una vez–… (Santos Río 2003, s.v. bueno) límite metadiscursiva Posición inicial o intermedia de intervención Bueno de apoyatura en los procesos de formulación discursiva: «Se usa en el hablar titubeante e inseguro, bien para terminar con el titubeo habiendo hallado la palabra o terminando por la imposibilidad de terminar» (Fuentes 1990b: 154). Antonio (en soliloquio): ¡Dios mío! Que no se me verdevezcan (quiere decir reverdezcan, las pasiones), digo, redrevezcan, digo, verde…, bueno, ¡que no lo digo! (Arniches, Es mi hombre, 1922, apud Beinhauer 1958/19913: 433). cognitiva (modal) Posición inicial o intermedia de intervención Bueno de expresión de sorpresa: «Expresar sorpresa desagradable» (Moliner 1966[20073], s.v. bueno) —¡Bueno! No nos faltaba más que esto! (Moliner 1966[20073], s.v. bueno). cognitiva (modal) Posición inicial o intermedia de intervención Bueno de expresión de confusión o perplejidad: «Expresar confusión o perplejidad» (Moliner 1966 [20073], s.v. bueno) —¡Bueno, bueno, bueno…! (Moliner 1966[20073], s.v. bueno). 3. BUENO EN LA LUCHA POR LA VIDA. POSICIONES, FUNCIONES Y ESQUEMAS CONSTRUCCIONALES El recorrido bibliográfico que acabamos de hacer nos sirve para comprobar cómo en los estudios realizados hasta el momento siempre ha habido acuerdo en torno al hecho de que «no existen […] varios bueno, sino diferentes valores resultado de la relación [que se establece] entre su significado convencional y las diversas situaciones comunicativas» (Cortés 1998: 150 apud Martín Butragueño 2006: 25-26). El intento, por parte de Briz e Hidalgo (1998), así como de Briz y Pons Bordería (2010), de asociar determinadas posiciones dentro de determinadas unidades conversacionales con algunos de los valores funcionales atribuidos a bueno y
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 19 la atención a las posibles posiciones de bueno que se aprecia asimismo en los diccionarios de Briz, Pons y Portolés (coords.) (2008) y Fuentes (2009) parecen querer aprehender de manera sistemática esas diversas situaciones comunicativas a las que hace referencia Cortés (1998) en una tipología cerrada de posibilidades concebida de un modo considerablemente abstracto. Ahora bien, si se cotejan todos los matices de sentido a los que se alude en la bibliografía con las diferentes posibilidades posicionales que se han esgrimido, se verá que en algunas de las posiciones señaladas son varios los valores de bueno que pueden aflorar. En este sentido, tampoco las características prosódicas sirven, por ellas mismas, para desambiguar, en la medida en que las tendencias que muestran se agrupan más bien por macrofunciones que por efectos de sentido (cf. Briz e Hidalgo 1998, Martín Butragueño 2006, Martínez Hernández 2016); de ahí que, a la hora de acometer el análisis de todas las ocurrencias de bueno localizadas en las tres novelas que forman parte de la trilogía La lucha por la vida, y enfrentadas al propósito de ordenarlas teniendo en cuenta todas sus características formales y funcionales, las autoras de este trabajo nos planteáramos complementar de alguna manera el criterio de la posición considerando no solo si el marcador se ubicaba al inicio de diálogo, de intervención, de acto o de subacto, en posición intermedia de intervención o en posición pre-conclusiva y/o final absoluta de intervención, sino también si el tipo de intervención en que se encontraba era iniciativo o reactivo, así como las características del esquema construccional en el que se insertaba, y que entendíamos que estaba conformado, al menos, por la intervención y/o los actos inmediatamente anteriores y posteriores a la aparición de bueno. Esto nos ha permitido diferenciar, en el corpus acotado para este estudio, cuatro tipos de bueno, coincidentes, por lo general, con los ya descritos por la bibliografía precedente, y cuya caracterización, que precisa en algunos puntos la ya disponible hasta el momento, se presentará en los subepígrafes siguientes. En la elaboración de esta clasificación, hemos partido de la mera expresión de aceptación, relacionada con la manifestación de acuerdo, que parece ser el valor más estrechamente vinculado con el significado léxico del adjetivo bueno30, como muestra el hecho de que tanto Fuentes (1993) como Ocampo (2006) partan de él en sus hipótesis de gramaticalización, y que constituirá nuestro bueno1. Hemos visto que, dependiendo de los contextos, esta aceptación se puede interpretar bien como aceptación reticente, bien como aceptación que sirve de impulso para continuar con el discurso, bien como una aceptación que, en realidad, se antepone a una reacción antiorientada, etc., y pensamos que es posible identificar y describir patrones discursivos distintos para cada uno de estos valores. 30 La primera acepción que proporciona el Diccionario de la lengua de la Real Academia Española es «1. Adj. De valor positivo, acorde con las cualidades que cabe atribuirle por su naturaleza o destino». También resulta llamativo el tratamiento que recibe como interjección: «1. Interj. Denota aprobación, contentamiento, sorpresa, etc.».
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 20 Araceli López Serena y María Uceda Leal Junto a este primer tipo de bueno, hemos identificado también un bueno2, que vehicula aserciones en contextos de argumentación; un bueno3, de carácter metadiscursivo, que aparece al inicio de la tercera intervención de un intercambio trimembre en el que se prosigue con la expresión de un contenido que se había iniciado en la primera intervención de esta tríada y que había precisado la intervención intermedia del interlocutor y un bueno4 de cambio de tópico. Por lo que respecta al número de ocurrencias de cada uno de ellos en el corpus, de un total de 137 ejemplos identificados, 54 pertenecen a nuestro bueno1 (expresión de conformidad o acuerdo), 27 al bueno2 (actos asertivos en contextos de argumentación), 23 al bueno3 (estructura trimembre: pregunta respuesta intervención reactivo-iniciativa encabezada por bueno) y 24 al bueno4 (cambio de tópico). Dejamos fuera del análisis otros 4 ejemplos, porque aparecen tras un párrafo narrativo y no ha sido posible reconstruir el diálogo originario, lo que imposibilitaba la consideración, a la que nos habíamos obligado, del tipo de intervención previa a la que reaccionaban, como parte esencial del patrón discursivo en el que el marcador se integra. Por último, siempre que ello ha sido posible, nuestra propuesta tiene en cuenta si es viable que bueno se intercambie, en un determinado contexto, por otros posibles marcadores. 3.1. Bueno1 interaccional, de manifestación de aceptación de actos directivos o de acuse de recibo De acuerdo con la semántica del adjetivo a partir del que se origina el marcador bueno, parece lógico que su valor nuclear sea el de expresión de conformidad o acuerdo; de ahí que se utilice, en inicio de intervención reactiva, para manifestar aceptación tras recibirse una orden, un ofrecimiento, una sugerencia o una petición, por ejemplo, que pueden ser, en todos los casos, tanto actos directos como indirectos. En estos contextos, bueno expresa conformidad con respecto a un acto directivo vehiculado por la intervención iniciativa directiva (cf. infra ej. 1) o compromisiva (cf. infra ej. 2) precedente, de manera que su esquema construccional se podría representar tal y como se propone en la figura 131: Ii directiva o compromisiva Ir encabezada por bueno de aceptación Figura 1. Esquema construccional del bueno1 de manifestación de acuerdo tras acto directivo o compromisivo32 31 Tal y como se podrá apreciar, a diferencia de lo que es habitual en la gramática de construcciones, que se suele limitar a recoger formas y funciones sintácticas, los patrones discursivos que proponemos tienen en cuenta tanto posiciones dentro de unidades discursivas (intervención, acto, subacto, etc.) –y no meramente sintácticas– como valores pragmáticos. 32 En ella, y en todo el resto de figuras de este tipo que se incluyen en estas páginas, de acuerdo con el sistema de notación del Grupo Val.Es.Co., «Ii» se refiere a ‘intervención iniciativa’ e «Ir» a
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 21 Ahora bien, si tenemos en cuenta las posiciones que este tipo de bueno puede ocupar, de acuerdo con el sistema de segmentación del grupo Val.Es.Co. –cuya notación aplicamos únicamente en las intervenciones en las que aparece bueno–, solo en nuestro limitadísimo corpus, esta construcción ofrece cuatro posibilidades posicionales diferenciadas, que se reflejan en las figuras 1a, 1b, 1c, y 1d, a continuación. En el primer caso, el bueno de aceptación constituye intervención, bien por sí mismo, bien en compañía de un vocativo, aunque también pude aparecer no conformando intervención por sí mismo, pero sí el primer acto de una intervención que después prosiga mediante la emisión de otros actos distintos: Ii directiva o compromisiva Ir #bueno (vocativo)# (#...#) Figura 1a. Esquema construccional del bueno1 de manifestación de acuerdo, tras acto directivo o compromisivo, que constituye acto o intervención por sí mismo Dentro de esta categoría agrupamos 29 ejemplos de La lucha por la vida. En todos ellos el bueno puede sustituirse por expresiones como vale, de acuerdo o está bien, lo que sin duda podría servir como prueba formal para delimitar con claridad este primer subtipo de bueno1 frente a otros que no admitan tal sustitución. (1) —Te vas a quedar aquí –le dijo la Petra a Manuel. —#Bueno#. —–Éste es un barbián –exclamó el señor Ignacio, riendo–; se conforma pronto (La busca, cap. 1, II parte). (2) —Tiempo hay de sobra. —Entonces, ahora voy a dejar la carta a tu coronel. —#{Bueno}. {¿Habrá alguna propinilla, eh?} (Mala hierba, cap. 7, III parte). En su camino hacia la conversión en un marcador de acuerdo capaz de expresar conformidad por sí mismo, parece probable que el estadio previo a esta posibilidad de ocupar en solitario la intervención de réplica en que se acepta una orden, una petición, una sugerencia, etc., fuera el que vemos en el esquema ‘intervención reactiva’. En las figuras que representan subtipos de cada uno de los cuatro tipos de bueno predominantes en el corpus –y que se reconocen porque además de un número llevan una letra–, se utilizarán almohadillas para indicar la segmentación en actos y llaves para señalar, cuando sea pertinente, la frontera entre los diversos actos y subactos. Recurrimos, por último, a los paréntesis para señalar qué elementos son opcionales. De acuerdo con esto, en el esquema construccional que presenta la Figura 1a infra se indica que bueno puede constituir acto por sí mismo colocándolo entre almohadillas. Para representar la opcionalidad del vocativo y de que al acto conformado por bueno se unan o no otros actos adicionales, se recurre a paréntesis. De esta forma, la notación #bueno (vocativo)# (#...#) se debe leer de la siguiente forma: bueno constituye acto, bien por sí mismo, bien en compañía de un vocativo, que es opcional. El acto del que bueno forma parte puede dar lugar, en solitario, a una intervención, o puede ir seguido de otros actos, opcionales, en la misma intervención.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 22 Araceli López Serena y María Uceda Leal construccional representado en la figura 1b: el uso de bueno como inicio de esa intervención de réplica de asentimiento, antepuesto a la expresión explícita, directa o indirecta, de que efectivamente se está conforme con la orden o petición recibida (cf. ejs. 3, 4 y 5): Ii directiva Ir #bueno# + #expresión explícita de aceptación que afianza (o parte de) la idea de aceptación# Figura 1b. Esquema construccional del bueno1 de manifestación de acuerdo, tras acto directivo, seguido por una expresión explícita de aceptación (3) —Y hoy quisiera que le dejara usted libre un par de horas. —Sí, señor; toda la tarde, si usted quiere. —#Bueno#; #entonces, yo vendré por él después de comer#. —Está bien (La busca, cap. 3, I Parte). (4) —¿Don Sergio Redondo? –preguntó Peñalar a un viejo de boina. —No ha bajado aún al despacho. —Esperaré; dígale que hay aquí un caballero que desea verle. —#Bueno#; #¿quién le digo que le espera?# (Mala hierba, cap. 4, I parte). (5) —Que si hay algún periodista de esos que vienen a recoger noticias aquí, le diga usted que yo soy cajista en el periódico El Mundo y que me han metido preso. —#Bueno#, #se dirá# (Mala hierba, cap. 8, II parte). Cuando bueno no ocupa, bien intervención por sí solo, bien el acto completo que corresponde a la parte reactiva de la intervención en que se halla, es posible que el acto que le sigue no exprese aquiescencia alguna con respecto a la orden, petición o sugerencia que se haya recibido, sino que la rechace de forma atenuada. Probablemente de estos contextos derive la sensación –que, como señalamos anteriormente, había sido puesta de relieve por Fuentes (1993)– de que la aceptación que se manifiesta mediante el uso de bueno no se lleva a cabo tan de buen grado como la que se realiza mediante bien, que, de hecho, es imposible en estos contextos. Y también probablemente sea este el origen del valor de atenuación que la bibliografía atribuye a bueno. En estos casos, la intervención reactiva encabezada por el bueno de aceptación en posición inicial absoluta de intervención prosigue con una expresión explícita en que se manifiesta incertidumbre33 (ya veré, ya veremos o vamos) con respecto a la posibilidad de llevar a cabo o no la acción requerida por el interlocutor en su acto directivo. Por este motivo, este tercer subtipo de bueno no constituye acto por sí mismo (como sí ocurría en los dos subtipos anteriores), sino un subacto adyacente. Y de ahí también que no pueda 33 Podríamos relacionarlo, en cierto modo, con la expresión de resignación de la que hablaba Moliner (1966[20073]). En cuanto a los diccionarios especializados, el posible carácter reticente de la aceptación mediante bueno lo señalan Fuentes Rodríguez (2009) bajo su bueno 1 y el DPDE bajo su bueno 2.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 23 ser sustituido por de acuerdo, y que tampoco terminen de parecer adecuados, en estos mismos contextos, ni vale ni está bien. Ii directiva Ir #{bueno} + expresión de incertidumbre respecto a la posibilidad de llevar a cabo o la acción requerida# Figura 1c. Esquema construccional del bueno1 de distanciamiento atenuado con respecto al acuerdo esperado tras la emisión de un acto directivo (6) —Na –añadió Vidal, después de un momento de silencio, dirigiéndose a Manuel–, tú has de venir con nosotros; formaremos una cuadrilla. —Eso es –tartamudeó el Bizco. —#{Bueno}; {ya veré}# –dijo Manuel de mala gana (La busca, cap. 1, III parte). Una última posibilidad de este bueno, también de conformidad, pero que no sirve para aceptar el acto ilocutivo precedente, sino su mera emisión34 –de ahí que lo califiquemos de bueno de acuse de recibo–, es la que refleja la figura 1d. En estos casos, la intervención de réplica va encabezada por un bueno, en principio de aceptación, situado en posición inicial absoluta de intervención, y seguido de una expresión en la que se explicita una acción futura que impide la interpretación de ese bueno como expresión de aceptación. Su función, por tanto, no es ni la de aceptar el contenido del acto ilocutivo de la intervención iniciativa precedente, ni la de aceptar el acto ilocutivo, sino, simplemente, la de aceptar que se haya producido tal acto35, de manera que la intervención precedente se convierte en turno. Ii directiva o condicional Ir #{bueno} + {expresión que explicita una acción futura contraria al sentido de aceptación}# (#...#) Figura 1d. Esquema construccional del bueno1 de acuse de recibo tras la enunciación de un acto directivo En estos casos, de los que nuestro corpus ofrece únicamente tres ejemplos (7, 8 y9), una vez más, la conmutación por de acuerdo, está bien o vale es imposible. (7) —Ya ves lo que has conseguido: ya no puedes estar aquí –dijo la Petra a su hijo. —#{Bueno}.{Ese morral me las pagará}# –replicó el muchacho apretándose los chinchones de la frente–. #Le digo a usted que si le encuentro le voy a machacar los sesos# (La busca, cap. 4, I parte). 34 Este es el tipo de bueno que Moliner 1966[20073]) define como aquel que se utiliza para «darse por enterado de lo dicho e introducir la respuesta». 35 Cf. supra la nota anterior.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 24 Araceli López Serena y María Uceda Leal (8) —No, porque si yo no aparezco por casa del cabo, a quien me confió el Garro, me cogerán y me llevarán a la cárcel. —#{Bueno} {allá aprenderás a no mover la sin hueso}# (Mala hierba, cap. 8, III parte) (9) —¿Le veremos a Grau? —#{¡Psch!}... {bueno} {no querrá ir}# (Aura roja, cap. 3, III parte). Si quisiéramos adscribir estos cuatro tipos de bueno1 a una única macrofunción de las señaladas por López Serena y Borreguero Zuloaga (2010), la más apropiada sería la macrofunción interaccional. A nuestro modo de ver, parece oportuno adscribir a este último tipo de funciones tanto la aceptación de órdenes, peticiones o sugerencias del interlocutor, que se manifiesta por medio de bueno en solitario (1a) o acompañado por otra expresión explícita de aquiescencia (1b), como el acuse de recibo de la intervención anterior, gracias al que esta se convierte en turno, vaya este antepuesto (1c) o no (1d) a una expresión que nos impide interpretar que se esté aceptando el acto directivo precedente. Tal y como se expone en la versión más actualizada de la propuesta de macrofunciones firmada por Borreguero Zuloaga (2015), la macrofunción interaccional «agrupa todas las funciones propias de la interacción cara a cara, que se puede[n] subdividir en tres tipos, teniendo en cuenta dos parámetros fundamentales: (1) el rol de hablante u oyente que se adopta en un momento dado en la conversación y (2) la intención de cambiar dicho rol» (Borreguero Zuloaga 2015: 161). Estos dos parámetros dan lugar a tres tipos de funciones: (i) las que lleva a cabo quien está en ese momento haciendo uso del turno; (ii) las que lleva a cabo quien desempeña el papel de oyente sin pretensión de tomar el turno y (iii) las propias del oyente que pasa a asumir el rol de hablante. De acuerdo con Borreguero Zuloaga (2015: 161), las funciones de este tercer tipo –también llamadas funciones de contacto conversacional– se reducen básicamente a dos: (i) la función fática, cuyo objetivo es señalar al hablante la atención continuada del receptor, confirmar la recepción y validarla (Bazzanella 1990) […]; y (ii) la expresión de las emociones que la información transmitida por el hablante provoca en el receptor, desde la ira hasta la sorpresa (Borreguero Zuloaga 2015: 161). En el caso de bueno1, estaríamos dentro del ámbito de la confirmación y/o validación de la recepción. 3.2. Bueno2 de aceptación de aserciones previas A partir del valor de aceptación que hemos considerado en el epígrafe anterior –referido, como acabamos de ver, a la confirmación y/o validación de la recepción de una intervención previa–, y teniendo en cuenta que, más allá de manifestar conformidad con respecto al contenido locutivo (e ilocutivo) vehiculado por la intervención iniciativa directiva (o compromisiva) precedente, a la que bueno reacciona, también es posible posicionarse, no solo con respecto a actos
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 25 directivos y compromisivos, sino también frente a actos asertivos en contextos de argumentación, no nos ha extrañado que en nuestro corpus de estudio bueno aparezca asimismo en intercambios argumentativos. De nuevo, podemos diferenciar varias subclases de tipos de intercambios, cuyas características volvemos a representar en forma de esquemas construccionales. Lo definitorio, en todos los casos, de este segundo grupo de bueno –y, por tanto, lo que recoge la Figura 2– es su aparición en posición inicial de intervención reactiva tras acto locutivo asertivo. El hecho de que este tipo de bueno pueda conformar acto e intervención por sí mismo, pero tenga también la posibilidad de constituir un subacto, se refleja mediante la colocación de las llaves y del posible acto posterior entre paréntesis: I1 asertiva Ir #({)bueno(}) ({…})# Figura 2. Esquema construccional del bueno2 de reacción a una aserción previa En primer lugar, tal y como hicimos previamente con bueno1, representamos el esquema de la construcción de bueno tras aserción previa, en que el marcador ocupa por sí mismo toda la intervención reactiva, de forma que esta se interpreta como aquiescente: Ii asertiva Ir #bueno# Figura 2a. Esquema construccional del bueno2 de aceptación de aserciones Ilustramos esta primera posibilidad con un ejemplo en el que bueno parece servir para aceptar como probable la aserción presentada en la intervención anterior, al tiempo que, debido al contexto, se infiere también una actitud de resignación por parte de quien profiere tal aceptación. El valor de bueno, en este contexto, no es distinto del que se ha indicado en relación con la aceptación de actos directivos. La diferencia estriba, simplemente, en el tipo de patrón discursivo en que se integra, que en este caso no es de Ii = pregunta/orden/petición/ sugerencia + Ir = respuesta, sino de Ii = aserción + Ir = reacción. Con todo, justo debido a ello, tras intervención iniciativa asertiva no es posible –al menos en los ejemplos que ofrece nuestro corpus– sustituir bueno por de acuerdo, vale o está bien. Sí cabría, al menos en (10), la sustitución por ya, que nos permite intuir que el acuerdo que se expresa en estos contextos deriva de que ya se compartía previamente la misma opinión que manifiesta el interlocutor o, al menos, de que ya se tenía constancia de la información que verbaliza este en la intervención iniciativa a la que se reacciona. (10) —He visto que tú, el señor Canuto y otros, os vais a ganar el presidio. —#Bueno# (Aura roja, cap. 5, II parte).
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 32 Araceli López Serena y María Uceda Leal (27) —Usted todo lo quiere tomar al pie de la letra –dijo Prats–. Esas cosas de detalles se estudiarán. —#{Bueno}, {y otra cosa: los obreros, ¿qué vamos ganando con la anarquía?}# (Aura roja, cap. 2, II parte). (28) —¿Está por barrios bajos? — Sí. —Algún día iré a verle. —Oye –le dijo a Manuel–, si conoces algún sitio raro por barrios bajos donde haya mala gente, avísame: iré contigo. —#Le avisaré a usted, no tenga usted cuidado#. #{Bueno}. {Hasta la vista}#. —¡Adiós! (La busca, cap. 4, I parte) Este último ejemplo (28), que persigue ilustrar el esquema reflejado en la Figura 4b, nos sirve también para darnos cuenta de que este subtipo de bueno es el que parece estar en la base del bueno que se suele considerar de cierre, y que se da cuando el tópico B conforma, precisamente, una despedida; algo que sucede también en (29) y que, como vemos en (30), puede ocurrir incluso cuando el bueno4 implicado se asemeja, por su contexto de aparición, al bueno3: (29) —También es casualidad –dijo la Justa. —#No; que no tendría petróleo# –repuso Manuel–-. #{Bueno}, {yo me voy}#. (Mala hierba, cap. 3, III parte). (30) —¿Cuento con que escribirás esas cartas? —Sí. —#{Bueno}; {me voy}, {que tengo que comprar unos cristales}# #¡Háblale al chico!# (Mala hierba, cap. 2, I parte). 3.5. Recapitulación Los esquemas construccionales localizados en las tres novelas que forman parte de la trilogía La lucha por la vida de Pío Baroja nos llevan a formular la hipótesis de que los valores metadiscursivos del marcador, que hoy en día son frecuentes en posición intermedia de intervención, debieron iniciarse a partir de los usos interaccionales en posición inicial de intervención reactiva en que el marcador no expresaba aceptación de buen grado, sino aceptación reticente, o en que bueno atenúa una respuesta despreferida. La secuencia lógica del itinerario de gramaticalización (o discursivización) que conduciría de lo interaccional a lo metadiscursivo, pasando por la expresión de la atenuación, una secuencia que no estamos en condiciones de aventurar si se corresponde también o no con la secuencia cronológica que podrán corroborar o no los datos diacrónicos de que dispongamos, sería la que se expone a continuación. En consonancia con su valor semántico nuclear, bueno es capaz de expresar aceptación en inicio de intervenciones reactivas en las que el hablante asiente a una sugerencia o aserción hecha por otro interlocutor (esquemas construccionales 1 y 2), tanto en contextos de reacción a actos directivos (figura 1) como en
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 33 contextos argumentativos (figura 2). En ambos tipos de contextos, la aceptación puede realizarse de buen grado e ir acompañada (esquemas 1b y 2b) o no (esquemas 1a y 2a) de expresiones explícitas en este sentido. Asimismo es posible que el marcador vaya seguido de una expresión que ponga en duda que realmente se vaya a llevar a cabo la acción requerida (esquema 1c), o en la que se efectúe una contrarréplica (esquema 2c). Esto conduce a las lecturas de bueno que la bibliografía ha descrito como de aceptación reticente y que hacen que la partícula solo tenga sentido como marca de atenuación. En contextos argumentativos, la expresión explícita de aceptación en forma de argumento co-orientado puede ir encabezada por pues (esquema 2d) y es frecuente que la expresión de un contraargumento vaya encabezada por pero (esquema 2e). Un tipo de ocurrencia singular de bueno, sobre la que, hasta donde sabemos, la bibliografía no había llamado la atención, es el bueno del esquema construccional trimembre que hemos descrito en § 3.3. En este caso, la semántica propia del valor de aceptación que este bueno3 comparte con bueno1 y bueno2 se une a la aparición del marcador en un contexto en que su función como elemento continuativo y, por tanto, como marcador metadiscursivo cobra relevancia por encima del sentido de aceptación. A nuestro modo de ver, la conjunción entre esta función continuativa y el hecho de que bueno1 y bueno2 antecedan, cuando tienen valor atenuador, a enunciados que se desvían de las preferencias del interlocutor anterior es lo que conduce a su empleo como mera marca de cambio de tópico (esquema 4), en un proceso que es coherente con los itinerarios de gramaticalización (o discursivización) sugeridos por Fuentes (1993) y Ocampo (2006), por el que el mayor distanciamiento con respecto al valor de aceptación desemboca en una reforzamiento de su potencial metadiscursivo. El proceso de desemantización que permiten dibujar los datos extraídos de La lucha por la vida no apunta al desarrollo lineal y escalonado de los diferentes valores discursivos en los que se atestigua un mayor alejamiento con respecto al significado nuclear del adjetivo bueno, sino más bien a la emergencia simultánea de estos valores en los diferentes contextos en que el marcador comparece. De hecho, en ningún caso parece viable atribuir a bueno en solitario ninguno de estos valores, que el análisis muestra, más bien, que emergen de todo el esquema construccional en conjunto del que bueno forma parte. Es más, la consideración de patrones discursivos completos nos lleva a descartar la existencia del llamado bueno de cierre, que debe ser tratado, simplemente, como un bueno de cambio de tópico en el que el tópico hacia el que se gira es el de la despedida. En las novelas analizadas, no ha sido posible documentar casos de bueno de inicio de turno, de reformulación o de apoyo en los procesos de formulación del discurso sobre la marcha, es decir, ejemplos de los usos metadiscursivos en los que desaparece por completo la noción de aceptación. Naturalmente, será necesario allegar datos adicionales para poder responder a la cuestión de si la ausencia de este tipo de usos en La lucha por la vida se debe a que su aparición, en nuestro idioma, se produjo con posterioridad a la segunda década del siglo XX,
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT 34 Araceli López Serena y María Uceda Leal en la que vio la luz la trilogía barojiana que nos ha ocupado en este trabajo, o si debemos asociar esta falta de ejemplos a la frecuente escasez, en los diálogos literarios, de unidades y estructuras prototípicas de la simultaneidad entre planificación y formulación que caracteriza a la producción discursiva propia de la máxima inmediatez comunicativa (cf. López Serena 2007). 4. CONCLUSIONES En sintonía con la temática del número monográfico de revista en el que se incluye, este trabajo combina el interés por la descripción de los MD con la atención por el potencial que la intersección entre oralidad y escrituralidad tiene en relación con la caracterización lingüística de una de las lenguas romances en las que se centra el monográfico: el español. En relación con la descripción de MD, y ciñéndose, para la ejemplificación, al caso concreto de bueno, este artículo –que, pese a no ser pionero en sus vindicaciones36, no deja de tener un carácter en gran medida programático– propone la consideración sistemática de los MD no como unidades discursivas aisladas, sino como miembros integrantes de los patrones discursivos o esquemas construccionales que son los realmente responsables, en su conjunto, de la convocación de los diferentes valores de sentido que, por desgracia, aún con demasiada frecuencia, desde la perspectiva que se suele denominar léxico-céntrica (cf. Borreguero Zuloaga/López Serena 2011), se atribuyen en exclusiva al propio marcador. La revisión de los estudios previos acerca de bueno más importantes, así como de los principales diccionarios de MD, partículas, conectores y operadores, nos ha permitido identificar un buen número de valores de sentido de este marcador de los que resultaba imposible dar cuenta atendiendo únicamente a las características prosódicas y a la posición (inicial, intermedia, final o independiente, dentro de la unidad discurso, diálogo, intercambio, intervención o acto) prototípica de cada uno de estos valores. La exploración de un corpus de novelas de principios del siglo XX en cuyos diálogos se ha documentado más de un centenar de usos de bueno como marcador y la identificación, en estos ejemplos, de regularidades que se prestaban a ser descritas en forma de esquemas construccionales específicos nos lleva a reivindicar la necesidad de extender este tipo de análisis a otros corpus y a otros marcadores. Durante largo tiempo, la utilización de ejemplos procedentes de recreaciones literarias de lo oral constituyó la vía de aproximación por excelencia al estudio de 36 Recuérdese, en este sentido, el antecedente de los trabajos de Montolío (2011) y Taranilla García (2015) a los que se ha hecho referencia páginas atrás, así como los comentarios que en relación con la necesidad de prestar atención al contexto que rodea a un marcador hemos visto que hacen tanto Martín Zorraquino (1994) como Portolés (1998), a lo que cabe sumar la defensa acérrima de la consideración solidaria de todos los mecanismos que contribuyen a la producción de sentido que subyace a todas las aproximaciones de Narbona (1989[2014], 1990[2014], 1989, 2015) a los mecanismos prototípicos de la sintaxis coloquial.
Anu.filol.estud.lingüíst., 14/2024, pp. 1-39. ISSN: 2014-1408. VERSIÓN PRE-PRINT Marcadores del discurso y esquemas construccionales 35 la lengua hablada. Con la implantación sistemática del recurso a transcripciones de interacciones originariamente orales, tanto dialógicas como monológicas, la atención hacia los corpus literarios (contemporáneos) de oralidad fingida se recondujo hacia objetivos de investigación distintos, derivados del deseo de identificar el alcance y los límites de los procedimientos de mímesis de la oralidad y la especificidad de este tipo de realizaciones de lo oral en lo escrito. El reciente interés por la exploración del siglo XX como nuevo espacio de diacronía nos ha llevado a retomar, de nuevo, los datos que contienen los diálogos literarios de novelas como las que se examinan en este trabajo como fuentes indispensables para la investigación de estados de lengua para los que no contamos con otros tipos de datos «orales». Sería deseable que el despertar de este renovado interés por la oralidad literaria se pudiera aprovechar para impulsar la identificación no de ocurrencias aisladas de unos u otros marcadores en determinadas obras, sino de los patrones discursivos o esquemas construccionales que la conciencia metapragmática de escritores especialmente duchos en este sentido haya llevado a poner en boca de sus personajes BIBLIOGRAFÍA Fuentes primarias Baroja, P. (1904[2010]), La lucha por la vida. I. La busca. Ed. de J. M. Marín Martínez, Madrid, Cátedra. Baroja, P. (1904[2010]), La lucha por la vida. II. Mala hierba. Ed. de J. M. Marín Martínez, Madrid, Cátedra. Baroja, P. (1905[2010]), La lucha por la vida. III. Aurora roja. Ed. de J. M. Marín Martínez, Madrid, Cátedra. Fuentes secundarias Bauhr, G. (1994), «Funciones discursivas de bueno en español moderno», Lingüística Española Actual, 16, pp. 79-124. Bazzanella, C. (1990), «Phatic connectives as interactional cues in contemporary spoken Italian, Journal of Pragmatics, 14 (4), pp. 629-647. Bazzanella, C. (1995), «I segnali discorsivi», en Grande grammatica italiana di consultazione, Renzi, L., Salvi, G. y Cardinaletti, A. (eds.), Bolonia, Il Mulino, vol. III, pp. 225-257. Bazzanella, C. (2001), «Segnali discorsivi e contesto», en Modalità e Substandard (Modena 2000), Heinrich, W. y Heiss, C. (eds.), Bolonia, Clueb, pp. 41-64. Bazzanella, C. (2005), «Segnali discorsivi e sviluppi conversazionali», en Italiano parlato. Analisi di un dialogo, Leoni, F. A. y Giordano, R. (eds.), Nápoles, Liguori, pp. 137-158. Bazzanella, C. (2006), «Discourse Markers in Italian: towards a ‘compositional’ meaning», en Approaches to Discourse Particles, Fischer, K. (ed.), Ámsterdam, Elsevier, pp. 504-524. Beinhauer, W. (1958/19913), El español coloquial, Madrid, Gredos. Trad. de F. Huarte Morton del original alemán Spanische Umgangsprache. Zweite und verbesserte Auflage, Bonn, Ferd. Dümmlers Verlag, 1958 (3.ª ed. ampliada y revisada).
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