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Disceptatores Romani fuerunt. “Compellence diplomacy” y arbitraje romano sobre el norte de África en el segundo período de entreguerras (201-149 a. C.)

Roselló Calafell, Gabriel

Abstract

El presente trabajo analiza el desarrollo de la diplomacia entre Roma y los Estados norteafricanos desde el final de la Guerra de Aníbal hasta el inicio de la Tercera Guerra Púnica. Con este objetivo se examinarán los mecanismos utilizados por los romanos en relación con las demandas de mediación, entregas de tributos y de regalos, y conservación e intercambio de rehenes y prisioneros. Indagaremos, asimismo, sobre los objetivos verdaderos del modus operandi senatorial a propósito de su política exterior, y también sobre las características del arbitrio.

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HABIS 54 SEVILLA 2023 DIRECTORES Antonio Luis Chávez Reino y Pilar Pavón Torrejón CONSEJO DE REDACCIÓN Luis Ballesteros Pastor (Universidad de Sevilla, España), José Luis Escacena Carrasco (Universidad de Sevilla, España), José Beltrán Fortes (Universidad de Sevilla, España), Antonio Bravo García (Universidad Complutense, España), Antonio Caballos Rufino (Universidad de Sevilla, España), José María Candau Morón (Universidad de Sevilla, España), Francisca Chaves Tristán (Universidad de Sevilla, España), Juan Fernández Valverde (Universidad Pablo de Olavide, España), Enrique García Vargas (Universidad de Sevilla, España), José María Maestre Maestre (Universidad de Cádiz, España), Carlos Márquez Moreno (Universidad de Córdoba), José Luis Moralejo Álvarez (Universidad de Alcalá, España), Salvador Ordóñez Agulla (Universidad de Sevilla, España), Antonio Ramírez de Verger (Universidad de Huelva, España), José Miguel Serrano Delgado (Universidad de Sevilla, España), José Solís de los Santos (Universidad de Sevilla, España), Francisco Villar Liébana (Universidad de Salamanca, España) SECRETARIOS Francisco José García Fernández e Irene Pajón Leyra CONSEJO ASESOR Rutger J. Allan (Universidad de Amsterdam, Holanda), Manuel Bendala Galán (Universidad Autónoma de Madrid, España), Alberto Bernabé Pajares (Universidad Complutense de Madrid, España), Genaro Chic García (Universidad de Sevilla, España), José Antonio Correa Rodríguez (Universidad de Sevilla, España), Francisco Javier Fernández Nieto (Universidad de Valencia, España), Manuel García Teijeiro (Universidad de Valladolid, España), Juan Gil Fernández (Universidad de Sevilla, España), Luis Gil Fernández (Universidad Complutense, España), Cristóbal González Román (Universidad de Granada, España), Simon J. Keay (†) (Universidad de Southampton, Reino Unido), Peter Kruschwitz (Universidad de Viena, Austria), Pilar León Alonso (Universidad de Sevilla, España), Francisco J. Lomas Salmonte (Universidad de Cádiz, España), Jesús Luque Moreno (Universidad de Granada, España), José María Luzón Nogué (Universidad Complutense, España), M.ª Cruz Marín Ceballos (Universidad de Sevilla, España), Patrizio Pensabene (Universidad de Roma “La Sapienza”, Italia), Miguel Rodríguez- Pantoja Márquez (Universidad de Córdoba, España), Diego Ruiz Mata (Universidad de Cádiz, España), Eustaquio Sánchez Salor (Universidad de Extremadura, España), Bartolomé Segura Ramos (Universidad de Sevilla, España), Emilio Suárez de la Torre (Universidad Pompeu Fabra, España), Nicolas Tran (Universidad de Poitiers, Francia) Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro pueden reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito de la Editorial Universidad de Sevilla. Este volumen ha sido parcialmente financiado por las Facultades de Filología y Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla. © Editorial Universidad de Sevilla 2023 c/ Porvenir, 27. 41013 Sevilla Teléfonos: 954 48 74 46 - 74 51. Fax: 954 48 74 43 Correo electrónico: [email protected] http://www.editorial.us.es Impreso en España-Printed in Spain ISSN 0210-7694 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/Habis Depósito Legal: SE-669-1994 Maquetación: Referencias Cruzadas - [email protected] Impresión: Pinelo Talleres Gráficos, s.l.-Salteras. Sevilla ÍNDICE CARLOS MONZÓ GALLO. Δράκις y γράπις (Sófocles fr. 314,183 Radt): una nueva propuesta interpretativa .............................................................. 9 MARIOS SKEMPIS. Neuartige Homererklärung: Kallimachos Hekale Fr. 85 Hollis ........................................................................................................... 29 JORDI REDONDO. Mímesis y ficción literaria en los epitalamios de Teócrito y Bión .......................................................................................................... 35 REGLA FERNÁNDEZ-GARRIDO. El Sueño de Nectanebo (PLeid U.): análisis, autoría y tipología literaria ............................................................ 55 JOSÉ ANTONIO CORREA RODRÍGUEZ. Origen de los topónimos Archidona y Estepona (Málaga).................................................................. 79 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL. Disceptatores Romani fuerunt. “Compellence diplomacy” y arbitraje romano sobre el norte de África en el segundo período de entreguerras (201-149 a. C.) ................................... 87 JAVIER HERRERA RANDO. Nueva tésera de hueso procedente del yacimiento romano-republicano de La Cabañeta (El Burgo de Ebro, Zaragoza) ..................................................................................................... 109 VÍCTOR A. TORRES-GONZÁLEZ. Magistratus qui iure dicundo praeerunt: la administración de la justicia en las colonias y municipios romanos ....................................................................................................... 123 FRANCISCO CIDONCHA-REDONDO. Las uniones entre patronas y sus propios libertos: el caso de Claudia Ilias y Ti. Claudius Hermes (CIL VI, 15106) .......................................................................................................... 145 SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA / SERGIO GARCÍA-DILS DE LA VEGA. Edición de una inscripción de Acilia Plecusa conservada en el Museo de la Ciudad de Antequera .............................................................. 165 JOSÉ D’ENCARNAÇÃO. Reflexões em torno de Vacus, divindade indígena 173 SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA. Inscripción romana de Morón de la Frontera (Sevilla) ......................................................................................... 189 ENRIQUE GARCÍA DOMINGO. Nota sobre Aiezia / Aieza (ThLL s.u.; CIL X 3482) ................................................................................................. 197 JOSÉ BELTRÁN FORTES / MARÍA LUISA LOZA AZUAGA. Esculturas romanas de pescadores de la Baetica. A propósito de una nueva escultura-fuente del ager de Igabrum (Cabra, Córdoba) ............................ 215 PIETRO LI CAUSI. Μὴ γὰρ φύσεως ποίημα: Democrito, l’ibridazione equina e la moralizzazione della natura in Eliano (NA 12.16) .................... 233 JUAN MANUEL ABASCAL. Dos miliarios de Maximino de Galicia y la reunificación de la Hispania citerior a comienzos del siglo III .................. 249 PERE MAYMÓ I CAPDEVILA. Flavio Valila Teodovio, un ejemplo singular de integración germánica en la Roma del siglo V ......................... 273 RESEÑAS............................................................................................................ 289 A. Alvar Ezquerra, J. Edmondson, J. L. Ramírez Sádaba, L. Á. 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Con este objetivo se examinarán los mecanismos utilizados por los romanos en relación con las demandas de mediación, entregas de tributos y de regalos, y conservación e intercambio de rehenes y prisioneros. Indagaremos, asimismo, sobre los objetivos verdaderos del modus operandi senatorial a propósito de su política exterior, y también sobre las características del arbitrio. PALABRAS CLAVE: Diplomacia romana; senado romano; Numidia; Cartago; arbitraje. ABSTRACT: This paper analyses the development of diplomacy between Rome and the North African states from the end of the Hannibal War to the beginning of the Third Punic War. To this end, it will examine the mechanisms used by the Romans in relation to mediation demands, tribute and gift deliveries, and the keeping and exchange of hostages and prisoners. We will also examine the underlying objectives of the senatorial modus operandi in foreign policy, as well as the characteristics of its arbitration. KEYWORDS: Roman diplomacy; Roman Senate; Numidia; Carthage; arbitration. RECIBIDO: 04/05/2023 ACEPTADO: 09/06/2023 Introducción El tratado del año 201 a. C. certificaba el ocaso de una época de competencia bipolar entre los dos Estados más poderosos del Mediterráneo occidental, iniciando 88 HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL un segundo período de entreguerras1. Las cláusulas impuestas por Roma después de casi dos décadas ininterrumpidas de conflictividad tenían por objeto incapacitar a los cartagineses durante al menos media centuria2. Cartago, pese a que no se libraría de su imagen de hostis de la República, quedó reducida formalmente al estatus de un aliado sobre el que era precisa una estrecha y permanente vigilancia. Las labores de supervisión recayeron en el propio Senado, que organizó periódicamente misiones diplomáticas destinadas a la inspección del territorio africano. A la par los patres exhibieron, según los historiadores antiguos, una notable pasividad ante las permanentes agresiones de Masinisa, calculando posiblemente que el númida contribuiría a menoscabar un posible renacimiento púnico3. Sin embargo, estas medidas no impidieron que Cartago experimentara en un breve lapso una considerable recuperación económica, circunstancia que corroboran tanto las fuentes literarias como la arqueología. Así, Livio refiere que en 191 unos embajadores cartagineses solicitaron amortizar la deuda contraída como consecuencia de la Guerra de Aníbal, lo que, de haberse materializado, habría significado el desembolso inmediato de unos ocho mil talentos para los que todavía estaban programadas cuarenta cuotas4. En este sentido, también la comedia de Plauto, Poenulus, se hace eco de una abundante presencia de mercaderes cartagineses en la Vrbs a comienzos del siglo II, factor que contribuye a explicar el amplio flujo de intercambios evidenciados entre el norte de África e Italia durante estos años5. Tal proceso de aceleración comercial puede observarse en el testimonio arqueológico, que constata en paralelo la ejecución de reseñables proyectos arquitectónicos en estas fechas. Habrían germinado por aquel entonces los famosos puertos y el denominado “barrio de Aníbal”, a la vez que se acometían reformas en el casco antiguo, y el hábitat se expandía hasta adquirir las 6 ha, alcanzando las laderas de Byrsa y Juno6. El “milagro económico” cartaginés empujó al gobierno romano a mantenerse aún más alerta sobre los progresos de su tradicional enemigo. Con este objetivo, no solo se logró la formación de un grupo político favorable a sus intereses en el seno del Consejo de Ancianos de Cartago –si damos crédito al testimonio de Apiano7–, sino que además se llevó a la máxima expresión aquello que Eckstein 1 El primero se había prolongado entre 241-218. Todas las fechas de este trabajo son a. C. 2 Plb. 15.18. 3 Kunze 2011; Melliti 2016: 452; Brisson 2023: 325. 4 Liv. 36.4.7: et stipendium, quod pluribus pensionibus in multos annos deberent, praesens omne daturos. 5 Lancel 1994: 232-237. 6 Acquaro 1978: 73-121; Huss 1993: 283-290; Lancel 1994: 363-366; Rakob 1998; Le Bohec 2001; Docter et al. 2005; Docter et al. 2006; Fumadó Ortega 2010: 19; Hoyos 2010: 207; Miles 2012: cap. 13; González Wagner 2013: 102-103. 7 App. Pun. 68. El alejandrino sostiene que durante la primera mitad del siglo II coexistieron en las instituciones tres sectores con diferentes tinciones. A saber, el filorromano, encabezado por Hanón HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 89 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 “COMPELLENCE DIPLOMACY” Y ARBITRAJE ROMANO define como “compellence diplomacy”8. El Senado puso en práctica, en definitiva, una estrategia de coerción e intimidación amparándose constantemente en las disposiciones del tratado, que se interpretaron siempre de manera impositiva y unidireccional9. A este juego perverso se acopló un tercer agente, la Numidia de Masinisa, que operó, al menos en apariencia, como socio preferencial de los romanos10. La diplomacia entre Roma y el norte de África gravitó, por consiguiente, sobre tres ejes que hallamos perfectamente delimitados en el relato de los historiadores antiguos: la observación y el arbitraje; la entrega y exigencia de regalos y tributos; y la administración de rehenes y prisioneros. 1. Observación y arbitraje Como consecuencia de su nueva situación hegemónica, la República romana se arrogó a lo largo del siglo II el papel de mediadora en las disputas norteafricanas. Una serie de misiones diplomáticas fueron despachadas por el Senado fundamentalmente para dirimir las desavenencias regionales entre Cartago y Masinisa. Pero esta no fue su única ocupación. Estas delegaciones viajaron también a Libia (Tabla 1) con el propósito de alcanzar acuerdos de paz y, asimismo, analizar y asumir el control de un escenario geopolítico complejo, que incluía también la porción restante del reino de Sífax, ahora en manos de su hijo Vermina, y la Mauritania de Baga11. Tabla 1: Misiones diplomáticas romanas a África Año Fuente Objetivo de la embajada 200 Liv. 31.19 En Cartago: - Protestar por la actividad militar de Amílcar - Reclamar desertores y esclavos fugitivos de la Segunda Guerra Púnica - Exigencia de trigo a los cartagineses En Numidia: - Entrega de regalos a Masinisa - Solicitud de tropas y suministros a Masinisa - Acordar la paz con Vermina el Grande; el favorable a Masinisa, liderado por Aníbal el Estornino; y el democrático, representado por Amílcar el Samnita y Cartalón. Sobre la prosopografía de estos personajes: Geus 1994. 8 Eckstein 2006: 60-65. La traducción literal es “diplomacia de la compulsión”. Para este autor la diplomacia en la Antigüedad fue en esencia un complemento de la guerra y de la competencia por la supervivencia. El objetivo de las embajadas era, por consiguiente, escenificar bien la preponderancia, o bien la sumisión ante otros Estados o entidades políticas. 9 Sanz 2019: 70-78. 10 Walsh 1965. 11 Vermina habría gobernado en la Numidia masesilia sobre los territorios que no habían sido fagocitados por Masinisa. Respecto a Baga, no tenemos noticias que apunten a un cambio de liderazgo sobre los Mauri desde el año 206. Vid. Liv. 29.30. Cf. Gozalbes Cravioto 2010; Aragón Gómez 2015; Gozalbes Cravioto 2015. 90 HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 195 Liv. 33.47.6-10; Iust. 31.17.9; Val. Max. 4.1.6; Zonar. 9.18.12-14 En Cartago: - Acusar a Aníbal de conspirar contra Roma (no oficial) - Resolver las discrepancias entre Cartago y Masinisa (oficial) 193 Liv. 34.62.15-18; App. Pun. 67; Zonar. 9.18.12-14 En Cartago y Numidia: - Arbitrar sobre las diferencias territoriales entre Cartago y Masinisa 182 Liv. 40.17.1-6 En Cartago y Numidia: - Arbitrar sobre las diferencias territoriales entre Cartago y Masinisa 171 Liv. 43.3.5-7 En Cartago y Numidia: - Requerir recursos para la Tercera Guerra Macedónica 152 Liv. Per. 48 En Cartago: - Recriminar a los cartagineses la constitución de un ejército - Acordar una paz entre Cartago y Masinisa 152-151 Liv. Per. 48; App. Pun. 68-72 En Cartago: - Arbitrar sobre las disputas entre Cartago y Masinisa - Observar la situación de Cartago Las autoridades romanas pusieron por primera vez de relieve su estatus de superioridad a través de la diplomacia cuando, solo un año después del tratado de Escipión, enviaron una legatio de primer nivel al norte de África. La entidad de los embajadores constituye un primer indicador de la importancia que se otorgaba a aquella misión12, que recaló en primer lugar en Cartago para protestar por las correrías de un tal Amílcar13. Este personaje era probablemente un oficial superviviente de la batalla del Metauro (207) que, apoyado por remanentes del ejército de Asdrúbal Barca, capitaneaba ahora a las tribus galas en el norte de Italia14. Es evidente que las instituciones cartaginesas no estaban implicadas en este asunto, pero aun así los embajadores insinuaron, en palabras de Livio, que el excombatiente de la Guerra de Aníbal estaba vulnerando el acuerdo de paz (bellum contra foedus facere). Nos hallamos sin duda ante un escenario de “compellence diplomacy”, a partir del cual los romanos habrían perseguido exclusivamente la coerción. Sus verdaderas intenciones consistían en subrayar ante la audiencia púnica la cláusula que impedía a los africanos emprender cualquier actividad bélica sin el beneplácito de Roma, además de recordarles que se mantenían en todo momento vigilantes. La delegación constituía, en suma, la reafirmación del nuevo contexto político, idea que avalan sus restantes exigencias: entrega de fugitivos y desertores, y contribuciones en especie. Como es lógico, los gobernantes de Cartago aseguraron que no poseían autoridad sobre aquel Amílcar díscolo, cuyas acciones militares de ninguna manera podían vincularse 12 Cayo Terencio Varrón (cos. 216), Espurio Lucrecio (praet. 205) y Cneo Octavio (praet. 205). Vid. Broughton 1951-52: 325. Cf. Walsh 1965; Picard 1969: 267-271; Goldsworthy 2000: 214; Bridoux 2014; Aragón Gómez,2015: 74; Gozalbes Cravioto 2015: 92-94; Hoyos 2015: 230-237. 13 Liv. 31.19.1-6; Geus 1994: 62-63. 14 Livio (31.10.2) señala entre los rebeldes a los ínsubres, cenómanos, boyos, celinos, ilvates y demás pueblos ligustinos. HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 91 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 “COMPELLENCE DIPLOMACY” Y ARBITRAJE ROMANO con su política exterior. Por otra parte, como no estaba en sus manos entregarlo a los romanos, lo condenaron públicamente al exilio y todos sus bienes fueron expropiados. La excepcional información de Livio sobre este episodio confirma que los legati habían viajado a África también para estabilizar las fronteras de los númidas y exhibir ante ellos su posición preponderante. Así, mientras que a un obediente Masinisa se limitaron a entregarle presentes y a solicitarle suministros alimentarios y militares, a Vermina, que había apoyado a los cartagineses en la guerra15, los embajadores le concretaron los términos de un acuerdo de paz. El rey imperaba ahora sobre los territorios de su padre a excepción de la sección que Roma había regalado a Masinisa, que incluía la antigua capital, Cirta16. Para legitimar sus dominios necesitaba, no obstante, la aprobación del nuevo ἡγεμών, por lo que poco antes había enviado motu proprio una comisión al Senado disculpándose por haber combatido contra Escipión –conducta que atribuía a su juventud y a la mala fe de los púnicos–, y demandando el reconocimiento de amigo y aliado (petere, ut rex sociusque et amicus ab senatu appellaretur)17. Vermina ya conocía entonces el fatal destino que había padecido su predecesor en la Vrbs18 y era también consciente de que el gobierno romano había exhibido públicamente su predilección por Masinisa19, por lo que tenía motivos justificados para temer por su integridad personal y territorial20. Esto explica por qué cuando la legatio se hallaba en la frontera el masesilio salió a su encuentro y permitió que fueran los mismos romanos quienes impusieran sus condiciones (ut scriberent ipsi quas uellent pacis condiciones permisit)21. Livio añade que Vermina hubo de despachar todavía una nueva comisión a Roma para reafirmar el pacto, pero lo cierto es que sus maniobras diplomáticas del año 200 le brindaron un gobierno longevo y estable. Esto es algo que se infiere del análisis de sus acuñaciones. El masesilio realizó hasta tres emisiones monetales, dos de ellas en plata, superando en este sentido a Sífax, cuyo numerario ha sido hallado únicamente en bronce22. Por otra parte, conocemos la pervivencia de su estirpe a través del propio Livio, que noticia que Arcobarzanes comandaba un ejército para los cartagineses en los prolegómenos de la Tercera Guerra Púnica23. 15 Liv. 30.36.7-8; Gsell 1920: 329; Gozalbes Cravioto 2015: 86. 16 Plb. 14.8-9; Liv. 30.7-12; App. Pun. 69; Aragón Gómez 2015: 72. 17 Liv. 31.11.13-18. 18 Donde, o bien había sido expuesto durante el desfile triunfal de Africano (Plb. 16.23; App. Pun. 66; Val Max. 6.2.3, 5.5.1b), o bien había fallecido pocos meses antes de este evento en la cárcel de Tíbur (Liv. 30.45.4; Flor. 1.22). 19 Liv. 30.17. 20 Walsh 1965; Gozalbes Cravioto 2015; Hoyos 2015: 230-237. 21 Liv. 31.19.5. 22 Gsell 1920: 329; Gozalbes Cravioto 2015: 86. 23 Este sujeto era probablemente el vástago de Vermina, aunque nuestra fuente lo presenta exclusivamente como nieto de Sífax. Vid. Liv. Per. 48; Aragón Gómez 2015: 73. 98 HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 la restitución del territorio ocupado, e invitaron a los litigantes a firmar la paz (pacem inter eos et Masinissam facere uoluerunt, Masinissa agro, de quo lis erat, cedente)60. No es posible saber si la referida región se corresponde con Emporia, pero esto demostraría una vez más que los númidas no fueron oficialmente beneficiados por las decisiones de una Roma que no quería ver amenazada su preeminencia en el norte de África. Por otra parte, la síntesis de Livio expone que un magistrado llamado Giscón levantó al pueblo contra los comisionados, que tuvieron que huir para librarse del maltrato. Este sujeto, descrito como Hamilcaris filius, podría ser vástago de Amílcar el Samnita, líder del grupo político “democrático” de Cartago, según Apiano, lo que resultaría indicativo de que esta facción predominaba en el Consejo de Ancianos61. Quizás por esta razón, o porque un sector “imperialista” se había apoderado en paralelo del discurso oficial en el senado de Roma, la última embajada, pese a su pretendido carácter arbitral, recaló en Cartago cuando la invasión ya estaba prácticamente decidida, con la intención de escrutar las defensas de la ciudad62. El princeps legationis era precisamente Catón, máximo adalid del belicismo, quien, según Apiano, tuvo la oportunidad de visitar el núcleo urbano y la χώρα. Su discurso posterior en la Vrbs acerca del peligro que suponía el resurgimiento púnico, escenificado a través de una bandeja de higos, si no es apócrifo, únicamente habría albergado la intención de convencer a aquellos miembros del Senado que todavía se encontraban indecisos63. Esto mismo explicaría por qué cuando en 149 los cartagineses comisionaron a su máximo consejo en materia diplomática, la Comisión de los Treinta, con atribuciones plenipotenciarias, para entregar al Estado en deditio, las autoridades romanas no detuvieron los preparativos para la guerra64. 2. Entrega y exigencia de regalos y tributos En el año 213 los hermanos Escipión, que lideraban a los romanos en Hispania, habían comprendido que la alianza de los reyes númidas era indispensable para un desenlace favorable de la Segunda Guerra Púnica65. Esta circunstancia favoreció el envío de toda una serie de legationes portadoras de regalos de extraordinaria factura a Numidia66. El propósito de los embajadores era, evidentemente, obtener, y en cierta manera “comprar”, el favor de Sífax y Masinisa, algo que sin duda consiguieron a propósito del masilio. A este lo habían colmado de dona, y 60 Liv. Per. 48. 61 App. Pun. 68; Geus 1994: 29, 36. 62 App. Pun. 69. Vid. Law 1979: 176; Kunze 2011: 409; Goke 2014: 139; Hoyos 2015: 31. 63 Plin. nat. 15.20.74-76; Plu. Cat.Ma. 26-27. Vid. Baronowski 1995: 28; Kunze 2011: 409. 64 Plb. 36.3-11; Liv. Per. 49; App. Pun. 74-93; D.C. 33.6-7; Zonar. 9.26; Flor. 1.31; Oros. hist. 4.22.1-4. Sobre la Comisión de los Treinta: Rosselló Calafell 2020. 65 La primera embajada fue comisionada a la Numidia masesilia con la intención de configurar una sociedad con Sífax (Liv. 27.4.5-10). 66 Rosselló Calafell 2021. HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 99 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 “COMPELLENCE DIPLOMACY” Y ARBITRAJE ROMANO como contrapartida el monarca les ayudaría a ganar la guerra67. En el año 200 el Senado entregó un último conjunto de presentes a Masinisa en reconocimiento de su colaboración y de la absorción de una parte de las posesiones masesilias68. Sin embargo, si hasta entonces las exigencias de Roma se habían limitado a la asistencia militar, en esta ocasión los comisionados solicitaron adicionalmente al rey un millar de jinetes, doscientos mil modios de trigo y otros tantos de cebada69. Tales demandas, encaminadas a abastecer a las legiones en la Segunda Guerra Macedónica (200-197), marcan un cambio de paradigma, a partir del cual los romanos ya no volverían a enviar regalos y, en cambio, sí reclamarían en lo sucesivo tributos para sostener sus conflictos en el exterior. África, en definitiva, se convirtió desde los inicios de la centuria en un granero y en una fuente de auxilia. De hecho, en el año 200 unos requerimientos similares se habían hecho también a los cartagineses, quienes, según Cornelio Nepote, habían entregado a Roma una corona áurea como gesto de sometimiento70. Las autoridades de la Vrbs utilizarían desde entonces a los africanos para abastecer a sus ejércitos y también para costear las campañas de la República. Tan solo de Cartago recibían anualmente una compensación de doscientos talentos de plata, cuya pureza era meticulosamente examinada por los cuestores71. Y en adelante, tanto los púnicos como Masinisa contribuyeron ampliamente al sustento, no solo del conflicto con Filipo, sino también al que enfrentó a Roma con Antíoco (192-188) y a la Tercera Guerra Macedónica (171-168). Las cifras manejadas por Livio dan cuenta de ello: el Estado cartaginés había suministrado en treinta años 1,9 millones de modios de trigo y seiscientos mil de cebada, y Masinisa 2 millones de modios de trigo y setecientos cincuenta mil de cebada. Las mayores cantidades, aportadas por ambos al final de esta etapa (171), resultan indicativas de la progresiva prosperidad agrícola de ambos pueblos. En este sentido la “compellence diplomacy”, es decir, la coerción, fue un instrumento esencial de la política exterior romana. En 191, según la versión de Livio, los embajadores númidas y cartagineses llegaron a competir por ser quienes comprometieran una mayor cantidad de víveres72. Los púnicos incluso solicitaron también la posibilidad de reiniciar la construcción de una flota, así como 67 Cic. Verr. 2.4.103; Liv. 30.15.11-12, 30.17.13-14; App. Pun. 32; D.C. 17.84; Val. Max. 1.1.ext.2. 68 Liv. 31.11.12. Consistente en vasos de oro y plata, una toga de púrpura y una túnica palmeada, un cetro de marfil, y una toga pretexta con una silla curul. 69 Liv. 31.19.3-4. 70 Esta narración, que Nepote sitúa durante el consulado de Publio Sulpicio y Cayo Aurelio, cónsules del 200, no es testimoniada por ninguna otra fuente, por lo que podría tratarse de una referencia apócrifa. Respecto a los suministros, Cartago envió doscientos mil modios de trigo a Roma y otros tantos al ejército en Macedonia (Liv. 31.19.3). 71 Así, Livio (32.2.1-2) hace notar que en 199, un primer transporte se sometió a examen y se consideró adulterado, por lo que el Estado cartaginés fue constreñido a sufragar la parte alterada a través de préstamos obtenidos, seguramente a través de sociedades privadas, en la propia Vrbs. 72 Liv. 36.4.7-9. 100 HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 la liquidación de su deuda en un solo pago, demandas que fueron desestimadas por el gobierno romano73. De ambas informaciones pueden extrapolarse las verdaderas intenciones del Senado, que consistían en mantener a Cartago como un Estado deudor durante el mayor tiempo posible, y en alimentar la rivalidad entre los pueblos de Libia74. De hecho, el Senado parece haber tratado igualmente de mantener las distancias con los africanos en la medida de lo posible, circunstancia que corroboraría la negativa de los padres conscriptos en 168 a una propuesta de Masinisa, que imploraba permiso para viajar con motivo de la celebración un sacrificio de acción de gracias a Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio75. La diplomacia coercitiva se infiere asimismo de la categoría de los embajadores que fueron remitidos al norte de África. Así, amén de los personajes ya citados, en 171 recalaron en este territorio Lucio Postumio Albino, que había sido cónsul solo dos años antes, Cayo Aburio y Quinto Terencio Culeón (praet. 187)76. Probablemente no nos equivoquemos al afirmar que Cartago instrumentalizó a númidas y a púnicos durante cincuenta años. En este sentido, una verdad irrefutable es que cuando las cuotas que los segundos depositaban anualmente en el Aerarium Saturni alcanzaron su fecha de caducidad, la República les declaró la guerra. Por otra parte, cabe considerar que las ambiciones de Masinisa no estaban en consonancia con la estrategia del Senado, lo que explicaría por qué el masilio fue inicialmente excluido del proyecto de destruir Cartago77. Roma, en suma, no estaba dispuesta a compartir ni una porción del pastel con un soberano masilio que, a decir del testimonio literario, pretendía engrandecerse a base de imponer sus propias sanciones económicas sobre los púnicos78. 3. Rehenes y prisioneros Rehenes, prisioneros, desertores y fugitivos fueron utilizados por las autoridades romanas como parte de su diplomacia coercitiva sobre los cartagineses. La posesión de capital humano de interés para el enemigo podía ser un instrumento de coacción y un aval sobre el cumplimiento de lo acordado. En el caso de los prisioneros (capti), estos también podían llegar a constituir un lucro si no se ofrecía 73 Tales referencias parecen confirmar que Cartago había canalizado su forzado pacifismo en la explotación de las fértiles tierras del norte de África y que, en efecto, gozaba de prosperidad económica. Vid. App. Pun. 67. De la misma manera, también Masinisa parece haber transformado a un pueblo seminómada en un reino de base agrícola durante el siglo II. Vid. Walsh 1965: 155-159; Lancel 1994: 364; Kunze 2011: 395. En relación con la negativa romana a la construcción de una flota el propio Livio (36.42.1-2) se muestra contradictorio al mencionar la participación de seis naves cartaginesas (sex Punicas naves ad auxilium missas accepisset) en la batalla de Córico. 74 Walsh 1965: 167; Lancel 1994: 158; Lancel 1997: 252; Goke 2014: 136-139; Hoyos 2015: 29-31. 75 Liv. 45.13.12-17. 76 Broughton 1951-52: 418. 77 App. Pun. 93. 78 Cf. Plb. 31.21. App. Pun. 73; Liv. Per. 48. HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 101 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 “COMPELLENCE DIPLOMACY” Y ARBITRAJE ROMANO un rescate por ellos, tal y como recuerda Livio a propósito de aquellos que habían sido vendidos por Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica79. Por otra parte, Nepote recuerda que los romanos se negaron a devolvérselos a los cartagineses nada más terminar la Guerra de Aníbal, quizás porque esperaban una recompensa mayor que la corona áurea que les había sido ofrecida80. Sobre los desertores y fugitivos, en cambio, la autoridad dependía del estatus de poder del gobierno que los hospedaba, pues su libertad era una humillación para su Estado de origen. Roma, por ejemplo, decidiría acoger a dos desertores de la Tercera Guerra Púnica, Asdrúbal el Boetarca y Bitias, toda vez que habían depuesto las armas81, lo que podía interpretarse como un gesto de poderío y magnificencia. Por el contrario, la primera embajada que el Senado despachó al norte de África después de la Guerra de Aníbal exigió la devolución de los desertores y esclavos fugitivos que habían encontrado refugio en Cartago82. Parece evidente que los romanos consideraban aquella circunstancia una humillación, lo que empujó a los sometidos cartagineses a la devolución de todos aquellos que pudieran encontrar (perfugas et fugitivos, quos inquirendo vestigare potuerint). Sin embargo, algunos de ellos debían haber escapado con antelación, de manera que se envió una misión diplomática al Senado para ofrecer las explicaciones pertinentes (reddidisse et de ea re missuros legatos Romam qui senatui satisfacerent). Ahora bien, si ciertos seres humanos fueron esgrimidos eminentemente para condicionar las acciones políticas de los enemigos, estos fueron los rehenes (obsides). Recordemos que su satisfacción al vencedor, en el seno del ius belli, era uno de los requisitos que podían incluirse en los acuerdos de paz, junto con la entrega de armas, establecimiento de guarniciones y la imposición de cargas económicas83. Su cantidad debía depender tanto del potencial humano del enemigo, como de las posibilidades de sustento y manutención del Estado receptor84. Tras la Segunda Guerra Púnica, por ejemplo, su número exigido por Roma fluctúa entre los dos centenares y los doscientos cincuenta85, mientras que en los instantes previos a la Tercera Guerra Púnica la cantidad ascendió a los trescientos86. 79 Liv. 30.40.5. El historiador cita a Polibio como fuente a este respecto. 80 Nep. Hann. 7.2-4. Recordamos, no obstante, que mantenemos nuestras reservas sobre la historicidad del evento. 81 Zonar. 9.30.9. 82 Liv. 31.19.1-2. 83 García Riaza 1997: 81; García Riaza - Sanz 2019. 84 Hernández Prieto 2011. 85 Polibio (15.18.8) y Livio (30.38.6) circunscriben la entrega de rehenes después de Zama a un centenar, mientras que Apiano (Pun. 54) afirma que fueron ciento cincuenta. A este propósito, Moscovich (1974: 417) ha propuesto que estos autores refieren a una segunda transferencia y que, por tanto, la cifra total ascendería a los doscientos o doscientos cincuenta, como se infiere, asimismo, del relato del historiador de Patavium (Liv. 31.19; 32.2). 86 Plb. 36.4.6; Diod. Sic. 32.6.1; Liv. Per. 49; App. Pun. 76; Zonar. 9.26.5. 102 HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 Asimismo, para generar una mayor necesidad de obediencia, los romanos demandaron a los púnicos que los obsides fueran personas jóvenes. Después de Zama, según Livio, su edad debía rondar entre los catorce y los treinta años (ne minores quattuordecim annis neu triginta maiores)87. Del mismo modo, la embajada cartaginesa que viajó a la Vrbs para tratar de detener los preparativos de la invasión africana en 149 hubo de hacer frente a la exigencia de enviar trescientos muchachos a los romanos88. En la juventud de los rehenes en ambos casos se observa una doble intención: en primer lugar, se preserva el valor intrínseco de esta condición en el seno de las sociedades humanas y, en segundo, tal circunstancia permite dilatar en el tiempo el estatus de las relaciones exteriores. En el caso de los transferidos en virtud del tratado de Escipión, a tenor de la duración del gravamen impuesto a los cartagineses, se habría impuesto incluso la necesidad de ir supliéndolos (mutatio obsidum) a medida que envejecían o incluso morían89. De los rehenes, por otra parte, además de su edad, se requería una procedencia aristocrática, con objeto de amarrar el compromiso de las élites del Estado rival. Esta circunstancia se aprecia en el requerimiento que los padres conscriptos realizaron sobre los obsides del año 149 que, según Polibio, debían poseer rango senatorial (τῆς συγκλήτου καὶ τῆς γερουσίας)90. No es extraño, por consiguiente, que tanto la juventud como la categoría de los rehenes atrajese una serie de misiones diplomáticas cartaginesas a Roma interesándose por su situación. El Senado, como es lógico, aprovechó este contexto para reforzar la naturaleza de su “compellence diplomacy”. Así, en 199 los patres respondieron a una embajada púnica entregando una parte de los obsides y autorizando el traslado de los demás desde Norba a Signia y Ferentino91. En el año 181, transcurridos dieciocho años, aquellos que no habían sido devueltos fueron reemplazados (Carthaginiensibus eodem anno centum obsides redditi) seguramente por otros más jóvenes. Roma se aseguraba así el cumplimiento del tratado y especialmente la satisfacción del tributo92. Cabe suponer que esta situación se prolongó hasta el año 149. En base a lo pactado tras la Guerra de Aníbal los romanos debieron reintegrar la totalidad de los rehenes del conflicto después de la satisfacción de la última cuota de la indemnización. Esto explicaría por qué el Senado volvió a utilizar la diplomacia para atar nuevamente a los cartagineses cuando estos se presentaron en la ciudad 87 Liv. 30.38.6. 88 App. Pun. 76. 89 Moscovich 1974: 427; Álvarez Pérez-Sostoa 2009: 164. 90 Plb. 36.4.6. El megalopolitano señala que debían proceder bien del Consejo de Ancianos, o bien del senado, refiriéndose quizás al Tribunal de los Ciento Cuatro, dando muestra de cierto desconocimiento de las instituciones cartaginesas. Apiano (Pun. 76), por su parte, destaca también el carácter aristocrático de los rehenes. 91 Liv. 32.2.3-4. Según Nepote (Hann. 7.2-4) el primer paradero de estos rehenes pudo haber sido Fregelli. 92 Moscovich 1974: 420. HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 103 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 “COMPELLENCE DIPLOMACY” Y ARBITRAJE ROMANO como dediticii. Los padres conscriptos obtuvieron entonces el compromiso del envío de trescientos rehenes. La entrega, en esta ocasión, no estuvo libre de la oposición de un sector del senado púnico93, y solo sirvió para que el gobierno cartaginés obedeciese todas las disposiciones de Roma hasta que la guerra fue ya ineludible. 4. Conclusiones Los acontecimientos relativos al final de la Guerra de Aníbal y al comienzo de la Segunda Guerra Macedónica otorgaron a Roma un papel preponderante en el escenario mediterráneo. La Vrbs se convirtió en el siglo II en punto de convergencia de embajadas que solicitaban una mediación al Senado para sus conflictos regionales. Los primeros requerimientos llegaron a finales del siglo III de la esfera griega, que poseía sus propios instrumentos de arbitrio, como el Consejo Anfictiónico, pero que ahora depositaba su confianza en el Estado itálico, como si de una potente monarquía helenística se tratara94. Las apelaciones foráneas recibieron respuestas a veces autoritarias, lo que generó cierta perplejidad e incomprensión por parte de las autoridades helenas95. Estaba germinando un marco de relaciones exteriores que Eckstein clasifica como “jerarquía interestatal”, cuya presencia se observa de manera más nítida a partir de la paz de Apamea (188) y el comienzo del “período unipolar”96. En base a ello, los Estados griegos, pero también los norteafricanos, diferenciados funcionalmente por sus diferentes grados de autoridad, empezaron a reconocer oficialmente el papel de Roma como ἡγεμών desde sus diferentes localizaciones en la cuenca del Mediterráneo97. Todo ello contribuiría, como es lógico, a fortalecer el dominio romano en el exterior. Una situación, la unipolaridad, que se dilató aproximadamente hasta mediados del siglo II, momento en el que se percibe una derivación en el modelo de actuación de Roma hacia actuaciones más agresivas, como las que produjeron la aniquilación de las ciudades de Corinto y Cartago (146)98. Hasta entonces los actores pequeños y medianos de los sistemas regionales liderados por Roma habían buscado el amparo del Senado en busca de su propia supervivencia99. Este fenómeno, más ampliamente estudiado en relación con los griegos, es 93 Plb. 36.5. Concretamente, un tal Magón de Brucio pronunció un discurso en el Consejo de Ancianos en contra de este compromiso. Sobre el personaje: Geus 1994: 191-192. 94 Sherk 1984: XIII-XIV; Eckstein 2012: 352-353; Casella - Petraccia 2022. 95 Eckstein 2012: 352-353; Casella - Petraccia 2022. 96 Eckstein 2006; Eckstein 2012: 352-353; Brisson 2023. La nomenclatura esgrimida por estos autores deriva de la interpretación histórica de la corriente realista. Eckstein asume el concepto de “jerarquía interestatal” a partir de la obra del politólogo K. N. Waltz (1979: 81, 114). 97 Eckstein 2006, 2012; Brisson 2023. 98 Brisson 2023. 99 Cary 1926: 194; Eckstein 2006; Brisson 2023. 104 HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 GABRIEL ROSSELLÓ CALAFELL http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 parangonable al que se desarrolló en paralelo en el norte de África, y que hemos tratado de desgranar en las páginas anteriores. Sobre el modus operandi del Senado a propósito de las solicitudes de arbitrium se han desarrollado diversas propuestas. Ager afirma que, de hecho, los propios romanos se mostraron en un principio reacios a inmiscuirse en las relaciones entre Estados griegos100. Tal concepción puede llegar a apreciarse en relación con el norte de África, donde no se tomaron decisiones geopolíticas de calado hasta la década de los 60. La actitud vacilante unas veces y autoritaria otras provocó cierta incomprensión, tanto en la Hélade como en el norte de África, donde ni Masinisa ni los cartagineses se mostraron completamente satisfechos con unas mediaciones que no terminaban de resolver la conflictividad101. Que aquello fuese parte de una maquiavélica estrategia de diuide et impera, como defienden algunos autores102, para fortalecer enemistades, es una posibilidad. Nuestra óptica, no obstante, está más cercana a la hipótesis de Cary, que en su momento señaló que los romanos no estaban especialmente interesados en generar discordia en el mundo griego, algo que podría extrapolarse a Libia, donde poseían un control casi absoluto de la situación103. Los instrumentos para este control contaban, además, con un soporte jurídico. Habían firmado tratados de diferente calado con Masinisa, Vermina y Cartago. Con los dos primeros habían adquirido compromisos de amicitia, y los púnicos se habían convertido en un Estado tributario a largo plazo. A los romanos les resultaría suficiente en lo sucesivo con mantener vivas las relaciones con los númidas y a los cartagineses atados de pies y manos (no podían restaurar ni su flota de guerra ni su ejército) a través, como hemos observado, de la conservación de rehenes de elevado interés político. Resulta, por lo tanto, contradictorio considerar que Roma alimentase ex profeso las agresiones territoriales de Masinisa, a quien, de hecho, después de treinta años el testimonio de Livio confiere las mismas posesiones que Escipión le había concedido. En esta ecuación no debemos desestimar el quizás excesivo protagonismo otorgado al masilio por parte de las fuentes filorromanas, que categorizaron a los reyes foráneos en función de su filiación con Roma104. De este modo, pese a que las referencias al soberano númida en el testimonio literario son linealmente amables, no debe sorprendernos que en la práctica su reino no se viera excesivamente beneficiado por su “prioritaria” amicitia. Desde nuestro punto de vista, en definitiva, el Senado romano no terminó de definir su estrategia a propósito del norte de África, como tampoco la del escenario oriental hasta después de la batalla de Pidna (168). En la década de 100 Ager 1996: 21-35. 101 Cf. Eckstein 2012: 52-352; Casella - Petraccia 2022. 102 Walsh 1965: 167; Lancel 1994: 158; Lancel 1997: 252; Goke 2014: 136-139; Hoyos 2015: 29-31. 103 Cary 1926: 200. 104 Eckstein 1985. HABIS 54 (2023) 87-108 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 105 http://dx.doi.org/10.12795/Habis.2023.i54.06 “COMPELLENCE DIPLOMACY” Y ARBITRAJE ROMANO los 60 se produce cierto viraje, que en los decenios siguientes se materializará con intervenciones directas sobre el territorio. Con respecto a Cartago, parece evidente que Roma encontró acomodo mientras la metrópoli africana satisfacía anualmente las rentas del gravamen, a la par que exigía tanto a púnicos como a númidas suministros y tropas para la guerra. En consecuencia, no es trivial que el asedio definitivo de Cartago empezase cuando la deuda había sido reparada. Tampoco debe resultarnos extraño que la tolerancia a propósito de las incursiones de Masinisa fuese elevada hasta el momento en que el númida parece haberse apropiado efectivamente de posesiones que no le correspondían. Esto explicaría por qué el gobierno de la Vrbs nunca dio pábulo a las acusaciones del masilio, que ubicaban a los cartagineses negociando con el enemigo, decidiendo asimismo emprender la Tercera Guerra Púnica sin su conocimiento. Por otra parte, la prolongación del statu quo en la región parece haber sido la estrategia más evidente hasta que el sector catoniano se adueñó del discurso en la curia, ya en los años ’50. En base a ello, cabe considerar que efectivamente existió equidistancia en las decisiones de las misiones diplomáticas de alto nivel despachadas al norte de África, motivo por el cual fueron escogidos embajadores que poseían un buen conocimiento del territorio y que tenían relaciones personales con los africanos, como era el caso del propio Escipión Africano. En este sentido, pues, la “compellence diplomacy” implicó a unos y a otros por igual. Bibliografía Acquaro 1978: E. Acquaro, Cartagine: un impero sul Mediterraneo (Roma 1978). Ager 1996: S. L. Ager, Interstate Arbitrations in the Greek World, 337-90 BC (Berkeley 1996). Álvarez Pérez-Sostoa 2009: D. Álvarez Pérez-Sostoa, “El confinamiento de los prisioneros de guerra y rehenes en la Roma republicana”, Veleia 26 (2009) 153-171. Aragón Gómez 2015: M. Aragón Gómez, “Sífax: el rey númida masaesilio en los pasajes de Tito Livio”, Aldaba 40 (2015) 57-76. Badian 1958: E. Badian, Foreign Clientelae, 264-70 BC (Oxford 1958). 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