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Conflicto político y nuevos protagonismos democráticos. Estudio de caso, la cuestión piquetera

Muñoz, María Antonia

Abstract

La democracia moderna es un régimen político que acoge la diferencia y el pluralismo de valores pero también regula y normaliza los confl ictos que de ellos resulta a través de ciertos mecanismos. En general, los estudios se centran en el voto, los partid

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Conflicto político y nuevos protagonismos democráticos. Estudio de caso, “la cuestión piquetera” María Antonia Muñoz (FLACSO – Sede México) Resumen La democracia moderna es un régimen político que acoge la diferencia y el pluralismo de valores pero también regula y normaliza los confl ictos que de ellos resulta a través de ciertos mecanismos. En general, los estudios se centran en el voto, los partidos políticos y los parlamentos como las vías centrales por las cuáles se resuelven los confl ictos. No obstante, hay cierta clase de confl ictos y sujetos políticos que no se ajusta al paradigma que entiende a la vida en democracia como un proceso de negociaciones entre intereses y competencias electorales. En el artículo se presentará un estudio de caso, el movimiento piquetero en Argentina antes del año 2002. El presente análisis mostrará cómo este movimiento logró convertirse en un protagonista político y estructurar el debate público a partir de instalar una polémica; ¿era la desocupación una cuestión de administración de los recursos o de una reparación social que requería de la reorganización de la sociedad civil, el Estado y el mercado? Palabras clave: confl icto político, movimiento social, piqueteros, Rancière, Argentina. Abstract Modern democracy is a polítical regime that assumes confl icts and accepts the pluralism of values but also generates rules and laws to conduct these confl icts. In general, scholars analyze the vote, political parties and parliaments as mechanisms to solve the discrepancies between citizens `s preferences. In spite of this, there are some sort of confl icts and political subjects, which cannot be studied under the traditional paradigm of competence and negotiation in liberal democracy. The paper analyzes the case of one movement call “piquetero”, in Argentina after 2002. This work will show how this movement becomes the main protagonist in the political scene by installing in the public scene a polemic about how to understand unemployment and poverty; was it a problem of administration or was there a need of reorganization of society? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, N° 20. Segundo semestre de 2008. Págs. 93-121. Araucaria21-1-.indd 93Araucaria21-1-.indd 93 15/04/2009 12:21:2015/04/2009 12:21:20 94 María Antonia Muñoz Keywords: political confl ict, social movement, piqueteros, Rancière, Argentina. 1. Introducción ¿Por qué se quiere, por qué se debe querer, un régimen democrático? No lo discutiré aquí, limitándome a observar que esa pregunta implica ya que debemos (o deberíamos) vivir en un régimen en el que todas las preguntas pueden ser planteadas, y eso también es el régimen democrático (Castoriadis, 1996; 5) A diferencia de los regímenes autoritarios que buscan su legitimidad en el mantenimiento del orden, las democracias conviven con una tensión permanente. Por un lado, se trata de un régimen político que acoge en su seno el confl icto y el pluralismo de valores. Por otro lado, solo puede existir a través del establecimiento de un conjunto de reglas e instituciones que median o tratan esos confl ictos para evitar que la diferencia no se convierta en división y fractura del orden social (Lefort, 1990). El formato liberal procedimental de la democracia propone resolver esta tensión a través de ciertos procedimientos y un núcleo básico de valores que permiten dirimir estos confl ictos. Algunas de sus fi guras clásicas son los partidos políticos, el voto y el parlamento. Ciertos valores, como la tolerancia y la libertad negativa, se presentan comúnmente como principios de la democracia que limitan tanto a los autoritarismos como a los confl ictos que amenazan el orden político (Berlin, 1998; Gray, 2001). Además, el conjunto de derechos políticos que se adjudica la democracia procedimental habilita a los ciudadanos a expresar libremente sus opiniones y asociarse con el objeto de hacerlas públicas (O´donnell, 2001; Schmitter, 2005). Los movimientos sociales representan una de las vías por la cuál los ciudadanos pueden expresar sus preferencias, presionar por la dirección de las decisiones vinculantes y desplegar, sobre el escenario público, un confl icto político. Se puede nombrar una importante variedad de aquellos: el clásico movimiento obrero típico de Europa, los formatos populares en América Latina, los “nuevos movimientos sociales” caracterizados por instalar novedosas demandas (ecológicas, de género, culturales), los movimientos anti neoliberales en defensa de una serie de derechos sociales y económicos y nuevas formas de control democrático. Cada uno de éstos se caracterizó por crear repertorios de acción novedosos que les permitieron irrumpir en el escenario público. Pero aquellos no solo introdujeron nuevos temas en la agenda política e infl uyeron la acción de los partidos. También forzaron e, incluso, transformaron los límites del sistema político, la economía y el Estado. Araucaria21-1-.indd 94Araucaria21-1-.indd 94 15/04/2009 12:21:2015/04/2009 12:21:20 95 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... Los movimientos sociales no necesariamente contradicen ni son incompatibles con las instituciones de la democracia liberal. No obstante, la desafección institucional y electoral, así como el descontento político creciente, le dan un nuevo sentido a aquellas vías de participación1. Muchos de estos colectivos proveen de un canal al disgusto ciudadano frente al elitismo que ha caracterizado a los partidos políticos, cuestionando los contenidos y las formas en que se han tomado las principales decisiones vinculantes en las democracias latinoamericanas. Durante los últimos años, han tendido a asociar esta crítica con los malos rendimientos económicos de los gobiernos, sobre todo, en materia de generación de empleo, bienestar social y distribución de los ingresos (Mainwaring, 2006). Los casos típicos han sido los movimientos indígenas, campesinos y cocaleros en Bolivia y las organizaciones piqueteras y las asambleas barriales en Argentina. En dichos países, estos actores colectivos lograron poner en duda los principios que organizaban al modelo neoliberal y a una democracia considerada elitista al dividir la escena entre aquellos que estaban a favor y aquellos que estaban en contra. Pero este fenómeno, en donde los confl ictos políticos han desbordado los canales tradicionales, no es exclusivo de Bolivia y Argentina. En una cantidad importante de países latinoamericanos, el abandono de políticas claves para el consenso de Washington ha sido atribuido, en parte, a la acción colectiva originada fuera de los partidos políticos y los sindicatos (Sader, 2003; Wolf, 2007). Al contrario de lo que se esperaría desde algunas teorías, no fue la competencia entre los partidos o los debates parlamentarios los que marcaron las principales diferencias entre las posiciones políticas, sino que fueron las protestas, las organizaciones sociales y las redes de ciudadanos los que polemizaron, no solo con los gobiernos, sino con la “clase política” y con las políticas denominadas neoliberales. Agregado a ello, el elevado nivel de violencia de las fuerzas públicas contra las protestas y el grado de desafección electoral pusieron en duda la efi cacia de las reglas normales para gestionar el confl icto y evitar el quiebre del orden social. Los movimientos lograron introducir no solo nuevos temas sino nuevas formas de tratamiento, ampliando las fronteras de la política2. Al intentar 1 La desafección institucional refi ere al rechazo o distancia hacia diferentes instituciones políticas. Aunque sin cuestionar al régimen democrático la persistencia de este tipo de comportamiento en el tiempo puede minar el “apoyo a la democracia”. El descontento político es entendido como la expresión de decepción con el rendimiento general del gobierno. El descontento político solamente puede ser medido en relación con los objetivos que la ciudadanía considera que debe tener el gobierno. 2 En general, los debates en el escenario público político se organizan a partir de diversas posiciones o perspectivas al respecto de una cantidad reducida de temas y problemas sociales. El espacio público puede ser entendido como la existencia de un conjunto problemas, el lugar de su tratamiento y la forma misma de tratarlos. Para ampliar este tema ver Rabotnikof, Nora, En busca de un lugar común: el espacio público en la teoría política contemporánea, México, DF; Araucaria21-1-.indd 95Araucaria21-1-.indd 95 15/04/2009 12:21:2115/04/2009 12:21:21 96 María Antonia Muñoz demostrar que el funcionamiento de los gobiernos, la economía y, también, ciertas instituciones públicas representaban un daño ejercido sobre el cuerpo (supuestamente igualitario) de la sociedad, pusieron en entredicho el rol de los partidos políticos, de los sindicatos, del Estado y de los mercados. Es decir, el confl icto se establecía sobre la distribución del orden mismo, lo que suele trastocar las reglas del juego político. El llamado “giro hacia la izquierda” (al que yo agregaría, “popular”) de ciertos presidentes latinoamericanos electos después del año 2002, atestigua la efectividad de aquellas formas de intervención en la vida política para irrumpir y dislocar los consensos previos. Debido a que la teoría liberal asume como supuesto indiscutible la equivalencia total entre democracia (en general) y una serie de procedimientos e instituciones (en particular), ésta se vuelve impotente a la hora de explicar y analizar este tipo de confl ictos como parte de la vida en democracia. Por ello, en el presente artículo se eligió estudiar un caso particular, el argentino, desde otro enfoque teórico. A continuación, se evaluará el confl icto desplegado por el movimiento “piquetero” analizando la interacción entre las organizaciones de desocupados y los actores claves del sistema político3. Esto permitirá no solo estudiar al movimiento sino al tipo de confl icto desplegado. Se observará cómo el orden político, no solo la economía, estaba en crisis desde antes de la renuncia del presidente De la Rúa en diciembre del 2001. Esto era efecto, en parte, de la interacción polémica entre sujetos heterogéneos que provocaba una transformación de los sentidos acerca de lo público y lo privado. En este proceso se destaca la creación de demandas democráticas que permitían hacer visibles la existencia de una serie de exclusiones y defi nirlas como injustas e incompatibles con la democracia. Para ello se tomará como modelo de confl icto el concepto de desacuerdo de Jacques Rancière (1996), el cuál se irá desarrollando durante todo el cuerpo del texto. La formulación del presente artículo fue posible gracias a la realización y análisis de entrevistas en profundidad realizadas entre los años 2001 y 2005 a miembros de organizaciones de desempleados, funcionarios y líderes políticos. También se utilizaron fuentes primarias, como diarios y gacetillas, para construir un registro de las protestas y declaraciones públicas de los partidos políticos, gobiernos y organizaciones sociales. De ahora en más el artículo será estructurado en seis secciones. En las dos que siguen se desarrollará, primero, el contexto político en el que nacieron UNAM, 2005, p 333. 3 El “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” fue una consigna muy reconocida entre el público nacional e internacional y el movimiento de asambleas barriales también tuvo mucho eco como deponente de la necesidad de renovar ciertos aspectos de la democracia argentina. A pesar de la relevancia de estas acciones colectivas, el movimiento piquetero tuvo mayor continuidad y formuló más cantidad de demostraciones y argumentaciones en contra del modelo neoliberal y de la democracia reducida a unos pocos procedimientos. Araucaria21-1-.indd 96Araucaria21-1-.indd 96 15/04/2009 12:21:2115/04/2009 12:21:21 97 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... las organizaciones de desocupados y, segundo, la estructura del discurso que defi nía la identidad del movimiento piquetero (demandas discretas, reivindicaciones generales y paradestinatarios). Luego se hará un breve repaso por las diferentes interpretaciones que se hicieron sobre el movimiento según diversos enfoques teóricos metodológicos. Finalmente, las siguientes secciones darán cuenta del tipo confl icto desplegado. Se estudiará el tipo de interacción entre interlocutores del movimiento y otras posiciones políticas y, luego, se observará la actuación del gobierno y las estrategias que desarrolló para negar el estatuto del movimiento como interlocutor político válido. Para concluir, se realizará una breve refl exión sobre las consecuencias políticas de la constitución del escenario polémico. Antes de continuar es necesaria una aclaración. El presente análisis no quiere arribar a la conclusión de que “los piqueteros” fueron el sujeto que desarticuló la hegemonía del neoliberalismo o que fueron los únicos que impusieron un límite al consenso dominante en torno a las políticas neoliberales (como no podría decirse de ningún sujeto en particular). Más bien, el argumento es que éstos introdujeron un confl icto que no podía ser tratado por los canales políticos tradicionales porque justamente lo que se quería enunciar era una exclusión de estas formas de organización de la vida en comunidad. Esto permitirá refl exionar sobre, aunque no contestar, una serie de preguntas que han sido centrales en el debate político de los últimos años en América Latina ¿Qué lugar e importancia adquieren los movimientos sociales y las organizaciones políticas no electorales como jugadores en el registro de lo político? ¿Siguen teniendo los partidos y el Estado el mismo protagonismo político que antes tenían en la vida democrática de nuestros países? 2. La cuestión del origen Hay política porque quienes no tienen derecho a ser contados como seres parlantes se hacen contar entre éstos e instituyen una comunidad por el hecho de poner en común la distorsión, que no es otra cosa que el enfrentamiento mismo, la contradicción de dos mundos alojados en uno solo; el mundo en que son y aquel en que no son, el mundo donde hay algo entre ellos y quienes no los conocen como seres parlantes y contabilizables y el mundo donde no hay nada (Rancière, 1996; 42) A mediados de la década de los noventa, en las provincias de Argentina comenzaron a registrarse cortes de ruta y otro tipo de repertorios de protesta contra las políticas neoliberales. La fuerte represión policial y la persistencia de los manifestantes marcaron al escenario político. Fueron las primeras evidencias de los efectos sociales de la orientación económica tomada por el gobierno de Carlos S. Menem (1989-1995 y 1995-1999). Durante esas protestas Araucaria21-1-.indd 97Araucaria21-1-.indd 97 15/04/2009 12:21:2115/04/2009 12:21:21 98 María Antonia Muñoz se inauguraba la fi gura del “piquete” (cortes de rutas y obstaculización de la circulación en espacios públicos). “A partir de 1996-97 una parte de aquella Argentina sacrifi cada por el modelo neo-liberal e ignorada por los medios de comunicación hizo su irrupción en las rutas del país, impidiendo la libre circulación de personas y mercancías en la demanda de puestos de trabajo” (Svampa, 2004: 3) Aunque, por aquel entonces todavía no existía el movimiento como tal, estas fechas constituyeron el “mito de origen” del movimiento piquetero, es decir, una referencia simbólica creada retrospectivamente una vez formado el movimiento (Massetti, 2004). En el año 1997, diversas organizaciones comenzaron a sistematizar ese tipo de repertorio. La ruta se resignifi caba como espacio público físico para la confrontación. En ese año se registraron los primeros cortes de ruta en la principal provincia del país organizados por asociaciones de desocupados impulsadas por sindicatos y partidos de izquierda. La creación de los “Movimientos de Trabajadores Desocupados” (MTD´s), de inspiración autonomista y horizontalista, impulsaron también protestas en la zona sur del cono urbano. A pesar de que eran pequeños en número de afi liados, la presencia de los medios de comunicación en casi todos los cortes de ruta les otorgó un canal por el cual sus demandas y otros aspectos reivindicativos (como las asambleas por las cuáles tomaban las decisiones) podían aparecer en la escena nacional (Zibechi: 2003). Que las demandas fueran impulsadas ahora por organizaciones y se hicieran en la provincia de Buenos Aires, transformó los elementos del confl icto. Hasta el momento, aquellas eran realizadas en pueblos del interior del país y se asociaban a la mala gestión de los gobiernos (sobre todo de las provincias) y, por tanto, eran solo problemas administrativos. Es decir, no se cuestionaban las políticas delineadas por el centro del poder político (representados geográfi camente por Buenos Aires y Capital Federal). Las protestas realizadas luego del año 2000 representan nuevos elementos beligerantes: las asociaciones eran más y tenían más presencia pública4, registraban mayores niveles de coordinación5 y, lo más importante, comenzaban a realizar críticas generales. Los manifestantes enunciaban sus reclamos puntuales pero, también, y sobre todo, hacían públicas reivindicaciones para el conjunto de desocupados y pobres. 4 Si bien las protestas organizacionalas por las organizaciones de desocupados demuestran un punto de despegue en el año 1997, en el año 1999 las acciones se disparan, mostrando una progresión sostenida hasta alcanzar en el año 2002 el 24% del total de las protestas. 5 En el año 1997, 5 de cada 10 de las protestas correspondía a desocupados no organizados, no obstante, esto iría disminuyendo. En el año 2001 esa proporción desciende al 40% y en el año 2003 al 23%. Las protestas en demanda de trabajo eran principalmente organizadas por las asociaciones. En este año, las organizaciones piqueteras tenían la misma capacidad de desplegarse públicamente que los sindicatos. Araucaria21-1-.indd 98Araucaria21-1-.indd 98 15/04/2009 12:21:2115/04/2009 12:21:21 99 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... “Vale la pena destacar en este sentido que el 52% de las demandas de las organizaciones piqueteras no son aquellas que más inmediatamente se pueden vincular con sus reivindicaciones. Más allá del predominio de las demandas por asistencia directa (48%) los piqueteros participaron de demandas típicamente sindicales en un 8% mientras que los sindicatos lo hicieron en un 1% en las típicas demandas piqueteras. Si seguimos explorando el tipo de demandas sostenidas por las organizaciones piqueteras, también nos encontramos una importante participación de los piqueteros en el cuestionamiento a la legitimidad del régimen social de acumulación y del régimen político de gobierno (25%).” (Schuster et al., 2006; 47) A diferencia de otras organizaciones que también organizaban protestas (sindicatos, partidos políticos, empresarios y otras agrupaciones civiles), las piqueteras desplegaban una serie de reivindicaciones que no podían reducirse a una posición corporativista ni a un solo repertorio de acción colectiva. Las demandas tenían otra naturaleza al saltar de un plano individual y corporativo a otro de carácter más general. Además, la percepción de que las protestas sociales y los cortes de ruta rodeaban la capital federal, contribuyó a que los medios de comunicación, la Iglesia Católica, los partidos políticos y los sindicatos de oposición, entre otros, interpretaran a las demandas como desbordes de la capacidad de gobierno nacional y asuntos ineludibles de la agenda política. No obstante, el desempleo y la pobreza todavía no eran interpretados por los principales partidos políticos como efectos estructurales de la economía, es decir, como exclusiones permanentes y daños irreparables del esquema neoliberal. En el año 1999, la alianza entre partidos políticos que ganó la presidencia (UCR + FREPASO), sostuvo en sus campañas que la pobreza y la desocupación eran un problema a resolver por la administración, siempre dentro de los márgenes de la Ley de Convertibilidad, las privatizaciones y la apertura comercial. Incluso, el eje de la campaña fue el de la transparencia institucional y combate a la corrupción. Esto pone en evidencia que la exclusión social era una cuestión de mejora en la administración pública (Delamata, 2002). Hasta pasado el año 2000, a pesar de que las acciones de los piqueteros habían sido multiplicadas6, la mayoría de los líderes de los partidos políticos consideraban que eran producto de una serie de desajustes económicos. Esto servía como bandera de la oposición pero no para presionar por el cambio radical del rumbo económico. El presidente De la Rúa (1999-2001) incorporaba en su discurso las demandas de trabajo y la promesa de combate a la pobreza mientras sostenía las mismas políticas económicas que el gobierno previo había 6 Durante 1997 hubo 104 cortes de ruta, en 1998 uno por semana, en el 2000 hubo al menos un corte diario, y en el 2001 el promedio ascendió a cinco cortes por día (Diario La Nación 19-12-01). Araucaria21-1-.indd 99Araucaria21-1-.indd 99 15/04/2009 12:21:2115/04/2009 12:21:21 100 María Antonia Muñoz creado. Hasta ese momento, las demandas piqueteras eran difíciles de contener pero eran todavía dominables dentro del paradigma de la “estabilidad”7. Al asumir en el año 1999, el gobierno de coalición partidaria (Unión Cívica Radical –UCR– y el Frente por un País Solidario –FREPASO–) se tuvo que enfrentar a un contexto de recesión económica y, al poco tiempo, a un quiebre de las alianzas políticas que lo habían llevado a la victoria8. Los frentes de batalla que se abrían eran múltiples. La renuncia del vicepresidente Carlos Álvarez (FREPASO) minó la credibilidad del gobierno al perder uno de los aliados principales. Álvarez abandonó su mandato denunciando a sectores del ofi cialismo de comprar votos en el senado. Esto provocó que muchos de los votantes que habían aplaudido las promesas de transparencia institucional quedaran abiertamente decepcionados. La respuesta del presidente frente al quiebre de la alianza incrementó la fractura interna y la percepción negativa externa. En vez de pedido de investigación y sanción de los corruptos se centró en pedir la renuncia de ministros y realizar un recambio del gabinete9. Por otra parte, el défi cit fi scal en combinación con la imposibilidad de emitir circulante (producto de la Ley de Convertibilidad), dejaba al Estado sin recursos para dar respuesta a las demandas. Ni siquiera podía cumplir con los compromisos que el gobierno iba generando. Aprovechando el contexto político, la debilidad del gobierno y más por como cálculo estratégico que por afi nidad ideológica, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y la Federación Tierra y Vivienda (FTV) formaron una alianza de tipo táctica. Aún manteniendo diferencias programáticas (“revolución” o “reforma”) generaron acciones de carácter masivo en el cono urbano 7 El défi cit era la principal preocupación gubernamental y el ajuste fi scal (menos gasto social, reducción del empleo público, etcétera) constituía la receta ya conocida dentro del esquema de la convertibilidad para combatirlo. Trabajo y mejores condiciones sociales serían un derivado de estas políticas. “Reducir el défi cit, actuar con transparencia y con sentido de responsabilidad, es abrir paso al crecimiento y a la inversión, multiplicar el trabajo de la gente, que es urgente frente al drama del desempleo, mejorar la calidad de la educación y de la atención de la salud y afrontar los problemas de la pobreza que nos interpelan cotidianamente [...] Este presidente, que recién hoy asume, no quiere más impuestos. Pero hay que bajar el défi cit.” (Discurso de asunción del presidente Fernando de la Rúa, diciembre de 1999) 8 La demanda de transparencia también hacía sido parte de la plataforma electoral de la Alianza. El gobierno de la Alianza creó una ofi cina Anticorrupción que incluso tuvo la intención de convertirla en Ministerio. Esto nunca sucedió y el presupuesto para pagar sueldos fue retirado tras los sucesivos ajustes fi scales. La corrupción política, denuncia que había sido protagonista en la campaña de la Alianza, se convirtió en el arma de doble fi lo que minó la legitimidad política no solamente del gobierno sino también de la clase política. Las denuncias realizadas al gobierno y a la oposición (en febrero del 2001 se había investigados al gobernador de la provincia de Buenos Aires del PJ) permitieron abrir la posibilidad de rotular a la clase política como corrupta. 9 No obstante, Carlos Álvarez tampoco pudo ser una fi gura de condensación frente al crecimiento de las demandas en parte porque la ambigüedad expresada en su posición inicial progresista y el giro posterior de apoyo a las medidas del presidente, agregado a que parte de su partido todavía seguía siendo parte del gobierno, no permitió marcar una diferencia política importante. Araucaria21-1-.indd 100Araucaria21-1-.indd 100 15/04/2009 12:21:2215/04/2009 12:21:22 101 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... bonaerense en contra de la desocupación, de la pobreza y de las políticas sociales y económicas del gobierno. El 28 de junio del año 2000, en la ruta 3 (provincia de Buenos Aires) se realizó un corte en contra de la reducción de los gastos públicos como forma de controlar el défi cit. Además, de esta demanda orientada a aumentar la función del Estado, se protestaba también en contra del “modelo neoliberal”. En este contexto, el gobierno prometió otorgar subsidios para solventar la situación de los manifestantes, pero durante los meses de octubre y noviembre, se realizó otro corte en protesta del incumplimiento de los acuerdos. En diciembre del año 2000, el Ministerio del Interior, encargado de la “seguridad pública” y el “orden interno”, comenzaba a generar informes sobre “los piqueteros”. Los medios de comunicación comenzaban a fi ltrar sus declaraciones y dejaron entrever la incertidumbre que generaba este actor en el espacio público; “ya no se trata de movilizaciones espontáneas de desocupados, sino de grupos políticos que quieren arrastrarlos10.” Un repaso de las percepciones de la prensa acerca de quienes eran los piqueteros revela sus difi cultades para comprender el fenómeno: “La situación social; historias de piqueteros. El rostro de la desocupación”11, “El que mató a Verón es un asesino disfrazado de policía o de piquetero, y en eso trabaja la Justicia. Ahora está la hipótesis de que hay tres piqueteros sospechosos, porque hay testimonios que los involucran”12, “Hieren a un joven por no querer darle dos pesos a piqueteros”13, “La situación social: el reclamo de los aborígenes salteños. Cuando los indios se hicieron piqueteros“14. ¿Quienes eran los piqueteros? ¿Pobres y desocupados? ¿Delincuentes? ¿Se trata de una protesta que cualquiera puede realizar? ¿Es un problema de administración de recursos, de la justicia o solo puede resolverse a través de mecanismos de negociación política? 3. Los piqueteros y sus reclamos democráticos Esto es lo que implica el proceso democrático: la acción de sujetos que trabajando sobre el intervalo entre identidades, reconfi guran las distribuciones de lo privado y lo público, de lo universal y lo particular (Rancière, 2006, 89) 10 Declaraciones de un funcionario del Ministerio del Interior al Diario El Clarín, 26.12.2000. La nota se titula “Reunión de piqueteros en todo el país. El gobierno en estado de alerta.” 11 Diario El Clarín, 07.12.2000. 12 Diario El Clarín, 12.11.2000. 13 Diario El Clarín, 18. 06.2000. 14 Diario El Clarín, 12.11.2000 Araucaria21-1-.indd 101Araucaria21-1-.indd 101 15/04/2009 12:21:2215/04/2009 12:21:22 108 María Antonia Muñoz asociaciones, las cuáles podían negociar el acceso a planes sociales, alimentos y subsidios directamente con el Estado. Esto fi nalmente fortaleció a las organizaciones piqueteras (Delamata, 2004). Por otra parte, la oposición en ese momento encarnada por el Partido Justicialista, apoyó las demandas de las organizaciones de desocupados y las asoció a la inefi cacia del nuevo gobierno. Esto tuvo como efecto instalar a las reivindicaciones piqueteras en el centro del debate público. Este contexto de competencia interpartidaria fue aprovechado por las organizaciones no solamente para saltar al ámbito nacional sino para generar una relativa autonomía para actuar en “los barrios”, ganado espacios de representación a nivel local, e incluso quitándole terreno a las relaciones clientelares del partido justicialista (Svampa y Pereyra, 2003). Durante el año 2000 continuaron efectuándose cortes de ruta en demanda de alimentos, planes de trabajo, construcción de centros de salud, provisión de medicamentos y dinero en efectivo38. Estos reclamos particulares eran legitimados tras consignas más generales como “Paremos el Genocidio”, asociando las condiciones defi citarias de la población con algo más que una cuestión administrativa. En una protesta del mes de octubre, el gobernador de la provincia de Buenos Aires y dirigente el Partido Justicialista, Carlos Ruckauf, colaboró con divulgar los reclamos y con reconocer a las demandas “piqueteras” como legítimas al apoyar sus reivindicaciones. A diferencia de lo que sucedía en la provincia de Jujuy (al norte del país), donde la represión policial mostraba los límites de la tolerancia institucional frente a la protesta, el gobernador hizo pública su pretensión de no reprimir y no obstaculizar el corte de ruta. El objetivo del gobernador era obviamente responsabilizar al gobierno nacional por la situación social. No obstante, la consecuencia no deseada fue que instaló en el centro de la escena la “cuestión piquetera”. También a aquel corte se acercó Hugo Moyano, dirigente sindical del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), disidente de la Confederación General del Trabajo (CGT). Esta última había sido la principal aliada sindical del gobierno de Menem y sus políticas liberales. Moyano declaró la necesidad de dar respuesta a la desocupación y propuso un paro nacional en apoyo a los piqueteros. Sectores de la Iglesia Católica habían estado apoyando también la protesta; en un corte iniciado el 28 de junio del 2000 un sacerdote había participado del corte dando misa a los manifestantes. Cada uno de aquellos actores había reconocido las demandas como legítimas. El PJ y MTA apoyaban a la protesta como recurso para desprestigiar al gobierno. La Iglesia Católica intervenía también en la guerra de interpretación de dichas demandas y las asociaba con la exclusión social y, en términos más 38 Para ser administrados por el Consejo de Administración de la Matanza donde participaban una serie de organizaciones sociales y partidos políticos Araucaria21-1-.indd 108Araucaria21-1-.indd 108 15/04/2009 12:21:2315/04/2009 12:21:23 109 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... generales, con la falta de justicia. Sus voceros situaban a los piqueteros en el lugar de “un caso testigo” para demostrar que la “situación social” no era un problema de cómo administrar, sino de cambiar las formas de relación entre sociedad, economía y Estado. Las posiciones frente a la “cuestión social” y las políticas económicas comenzaban a dividir al escenario político en dos. Hay que señalar que estos acercamientos institucionales a los piqueteros no derivaron en una transformación de las identidades; no compartían intereses similares o demandas comunes. El gobernador de la provincia de Buenos Aires no cambió su posición conservadora representada con la consigna de “tolerancia cero frente a la delincuencia”. Quienes asumían una posición crítica frente a la del gobierno y de lo que se entendía como el orden neoliberal, no se presentaban como un proyecto social que pudiera constituirse en una alternativa hegemónica. Las prácticas de los actores políticos institucionalizados fueron, en parte, causantes de la constitución del movimiento piquetero como metáfora de las exclusiones provocadas por un modo de darse de la política y de la economía. En otras palabras, la capacidad de irrupción de las demandas “piqueteras” no dependía solo de los contenidos específi cos de las mismas, como tampoco exclusivamente de la forma de argumentar de los grupos piqueteros, sino del juego de posiciones en el contexto político. La “exclusión social” se convirtió en un asunto político y puso en suspenso el lugar del pobre y del desempleado en la sociedad. ¿Es un individuo que no tiene capacidad de incorporarse al mercado de trabajo? ¿Es un ciudadano al cual no le son otorgados sus derechos? ¿Es producto de una sociedad injusta? ¿Qué tanto hay que cambiar los parámetros de la economía? ¿Quiénes tienen que ceder y qué hay que transformar? 5.2. El gobierno: “¿conflicto? ¿qué conflicto?!” Creo que lo propio de la política es justamente que la escena no está constituida, el objeto no está reconocido y los propios participantes del debate no están legitimados como tales. La política comienza cuando se hace aparecer como sujeto de debate algo que no está visto, cuando quien lo enuncia es en sí mismo un locutor no reconocido como tal, cuando, en última instancia, se contesta la cuestión misma de saber si dicho sujeto es un ser hablante (Rancière, 1999; 256). Podría decirse que el movimiento piquetero representó una fi sura dentro del imaginario neoliberal, pero la naturaleza del enfrentamiento era singular. Como se puede observar de la anterior sección, el resto de los actores hacía referencia a los piqueteros como expresión de injusticia, como representación del límite de las políticas neoliberales, como demostración de la inefi cacia del gobierno, etcétera. Pero las organizaciones de desocupados no parecían pro- Araucaria21-1-.indd 109Araucaria21-1-.indd 109 15/04/2009 12:21:2315/04/2009 12:21:23 110 María Antonia Muñoz ducir articulaciones de tipo hegemónicas con otros ámbitos. No quiere decir que no pudieran convertirse en un sujeto contra hegemónico en un futuro, pero hasta ese momento su rol en el escenario político no era más que el de crear un escenario polémico. Rancière señala que los interlocutores en un litigio no se reconocen en el escenario de confl icto. De hecho el escenario se establece justamente “para el uso de un interlocutor que no lo ve y que no tiene motivos para verlo dado que aquel no existe.” (1996; 41). En el contexto que se está estudiando, el gobierno sería uno de los principales interlocutores con los cuales se establece dicho escenario. El gobierno tenía una doble estrategia frente a los piqueteros. Por un lado, desconocía como legítima la “cuestión piquetera” pero, por el otro, aceptaba y negociaba frente de las demandas particulares (trabajo y eliminación de la pobreza). Como se dijo anteriormente, el gobierno de De La Rúa había legitimado a las organizaciones en el ámbito de lo local al concederle la administración de algunos planes del Estado. Como maniobra para romper con las redes clientelares del partido justicialista y descentralizar las tareas burocráticas, éste le había concedido la gestión y distribución de los planes de trabajo a las asociaciones de la sociedad civil (Svampa y Pereyra, 2003)39. Pero a la vez, cuando se hacía referencia a las protestas, se las desconocía, minimizaba o descalifi caba. En un corte de ruta realizado en el mes de octubre y noviembre del año 2000 la Ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide se encontraba en Francia. Desde allí, por intermedio de senadores bonaerenses de la UCR, tachó a las protestas de ilegítimas y a las demandas de falsas e inculpó al gobernador y al intendente de estimularlas. Para Meijide no se trataba más que de una estrategia de los partidos opositores. En un principio se negó a acceder a los pedidos realizados por parte de las organizaciones de desocupados pero probablemente la persistencia de los manifestantes, la simpatía de algunos medios de comunicación y las adhesiones sociales ganadas provocaron que el gobierno fi nalmente otorgara alimentos, planes de trabajo y subsidios al municipio. En febrero del 2001 se realizaría un nuevo corte de ruta. De nuevo, los representantes del gobierno, en ese entonces sumergidos en una crisis debido al quiebre de la alianza del gobierno40, no 39 Las organizaciones aprovecharon esta oportunidad para convertirse en canales de mediación entre Estado y la población en condiciones de vulnerabilidad social, lo que signifi có un fuerte impulso que los ayudó a crecer en número pero los condicionó al atar su existencia a las urgencias y necesidades cotidianas de los benefi ciarios de los planes. 40 En ese entonces el vicepresidente del FREPASO había renunciado, tras las denuncias de corrupción al partido con el cuál compartía el poder; UCR. Además, la Ministra de Desarrollo había renunciado y había asumido Patricia Bullrich, de signo más conservador e intolerante con la protesta. Araucaria21-1-.indd 110Araucaria21-1-.indd 110 15/04/2009 12:21:2415/04/2009 12:21:24 111 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... quisieron presentarse a negociar, cambiando la denominación de su enemigo político. A medida en que la situación se iba haciendo más inmanejable, la descripción de los otros los iba corriendo a una posición sobre la cuál era imposible sentarse a negociar. Si antes se alegaba que era el PJ el que manipulaba las protestas, después se dijo que eran los grupos de izquierda y, luego, que eran subversivos que se infi ltraban entre los manifestantes. Así, se reforzaba una tensión entre el reconocimiento de la demanda discreta (trabajo, planes, etcétera) y el desconocimiento cada vez mayor de un interlocutor legítimo que tuviera derecho a realizar el reclamo. La estrategia del gobierno fue perdiendo credibilidad. La inconsistencia y los giros en sus argumentos era un indicador de los efectos políticos de los piqueteros. Al gobierno le era difícil poner el nombre de “enemigo” a algo que era ponderado positivamente por varios sectores de la sociedad. Pero tampoco podía negar su existencia. ¿Cómo dominar algo que no se sabía muy bien que era? La duración de las protestas (por ejemplo; una se realizó entre el 12 y el 22 de febrero del 2001) y a la cantidad de manifestantes (entre 3500 y 5000) también le restaba credibilidad al argumento “policial” del gobierno. No se podía decir que la persistencia se debía a “los subversivos”; tampoco que era una táctica de la oposición política ya que daría cuenta de su capacidad de movilización. La otra opción tampoco era válida: no podían reconocer a los piqueteros, no se los podía hacer hablar. Mientras la recesión económica y las protestas (ya no solo piqueteras) aumentaban, el comportamiento del gobierno pretendía dominar ambos frentes sin cambiar el modelo neoliberal. Por un lado, daba señales a los mercados y los organismos internacionales mediante ajustes al gasto del Estado para controlar el creciente défi cit, pero, por el otro, aumentaba el número de subsidios a los desocupados41. En el mes de abril del año 2001, el presidente De la Rúa designó a Domingo Cavallo como Ministro de Economía, quien había sido el gestor del Plan de Convertibilidad y símbolo del dogma neoliberal. Frente a este gesto, otra serie de protestas volvieron a dividir el espacio social en dos: a favor y en contra de las políticas neoliberales. Las protestas nuevamente expresaban demandas concretas (subsidios, alimentos, trabajo) y posiciones generales (el fi n de las políticas liberales de ajuste, la oposición al gobierno, un cuestionamiento al funcionamiento del Estado)42. 41 Esta confi rmación de las coordenadas neoliberales, dejaba paso a las prácticas de ajuste más duras en vistas del défi cit cero y la reestructuración de la deuda externa y rompía con las promesas preelectorales de políticas neokeynesianas de aliento al crecimiento (Cheresky, 2003). 42 El dirigente de la Federación Tierra y Vivienda, Luís D´Elía, dijo frente a un paro nacional que convocaron también las organizaciones piqueteras, “el más grande en lo que va del año. A pesar de ello, el Gobierno sigue sin escuchar nuestros reclamos. No estamos dispuestos -advirtió- a que (Domingo) Cavallo termine de liquidar el Estado. Se tiene que ir en forma urgente” Diario La Nación, 14.04.2001 Araucaria21-1-.indd 111Araucaria21-1-.indd 111 15/04/2009 12:21:2415/04/2009 12:21:24 112 María Antonia Muñoz El gobierno insistió en negar como legítimas dichas manifestaciones. El Ministro del Interior dijo que el confl icto estaba liderado por “grupos de izquierda armados”, negando la justicia de las demandas piqueteras y desplazando sus protestas del terreno de la política al de la seguridad. Pero esta operación no parecía efectiva. A los cortes de ruta se acercaban no solamente líderes de los partidos políticos y sindicatos sino de movimientos de derechos humanos, así como personajes del mundo de la música y de las artes (Massetti, 2004). Durante todo este tiempo, los piqueteros utilizaron los recursos que proveían del Estado para distanciarse de la fi gura asignada del “piquetero” como vago, parásito de las instituciones públicas, desocupado, pobre y otras caracterizaciones negativas. “Ellos dicen que somos piqueteros, pero somos trabajadores desocupados.43” Para ello, no solamente utilizaron la palabra sino que emprendieron acciones que contrarrestaban las estigmatizaciones y designaciones del gobierno y otros actores. Utilizaron los subsidios públicos para la formación de huertas, comedores, apoyo escolar, cooperativas y micro emprendimientos. Mediante estas acciones encontraban formas de pensarse y actuar fuera de los márgenes de lo se suponían que debían ser y hacer. Cuando te quedás sin trabajo te quedas afuera, sin dignidad. Los planes del gobierno no sirven para resolver eso por eso estoy aquí porque esto implica otra cosa.[...] Nosotros luchamos por los planes, pero en realidad lo que nosotros queremos el día de mañana es un trabajo genuino, tener oportunidades, que nuestros hijos las tengan. Nosotros estamos luchando para cambiar esa realidad.44 La creación de enunciaciones y acciones que rompían con el campo de experiencia dado, parecían traer al tiempo presente lo que se imaginaba en el futuro, hacían realidad lo que la realidad debía ser. Esto tenía un importante efecto moralizador para pagar los altos costos del sostenimiento de las organizaciones beligerantes. Utilizaron los recursos públicos para crear formas de asociación alternativas, realizaron masivas protestas donde se veían familias enteras, se oían declaraciones públicas a favor de las demandas piqueteras por parte de fi guras reconocidas del ámbito artístico y la Iglesia Católica participaba en muchas de sus acciones colectivas. Todo esto se orientaba a mostrar una situación paradójica: era una parte de la comunidad que a la vez estaba excluida de ella. Si el sentido común indicaba que tenían que salir a buscar trabajo, entonces, ellos mismos intentaban crear las fuentes de subsistencia alternativas. Los emprendimientos productivos no se redujeron solo a formas de acceder a recursos materiales necesarios para la vida diaria, también se 43 Desocupada que participa del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón ,07.2004. 44 Desocupada que participa del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Araucaria21-1-.indd 112Araucaria21-1-.indd 112 15/04/2009 12:21:2415/04/2009 12:21:24 113 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... demostraba que se podían generar relaciones laborales sin patrón, se podía enseñar sin contratar a un profesor particular, etcétera. La lucha por la interpretación de lo que eran los piqueteros (si un problema de seguridad, de subversión, de administración o de justicia social) era una de las consecuencias de la aparición de su fi gura. En este sentido, su subjetividad no se reducía a la suma de nuevos sentidos creados sobre su situación de “subordinación”. Al decir de Rancière (1996; 2000) construían un “entre medio” que tenía efectos sobre lo que unía y dividía al escenario político. Se situaban en mitad del camino entre la desclasifi cación de lo que el gobierno decía que eran y lo que todavía no llegaban a ser. No estaban autorizados a hablar pero tomaban la palabra constituyendo un escenario común a partir del litigio. En este escenario fracturado, la capacidad de estructurar la acción de los otros por parte del gobierno iba debilitándose cada vez más, hasta el punto de suspenderse. En un contexto donde se hacía insostenible el respaldo en dólares de la moneda nacional, el gobierno podría haber optado por cambiar las coordenadas económicas y negociar con el FMI, y otros organismos crediticios, la salida de la Ley de Convertibilidad. “El estancamiento económico durante los últimos dos años de gobierno, con sus consecuencias desde el punto de vista de desocupación y empobrecimiento, así como una naciente conciencia sobre las consecuencias eventualmente catastrófi cas de un Estado endeudado, defi citario e incapaz de recaudar, alimentaban la esperanza de un cambio de rumbo” (Cheresky, 2003; 33). No obstante, la fuerza de una comprensión neoliberal del mundo hacía que el gobierno sostuviera que la “estabilidad económica” era prioridad por sobre otros bienes públicos y que ésta solamente podía ser garantizada por Plan de Convertibilidad. “Así la Ley de Convertibilidad se hallaba bien lejos de constituir para el gobierno de De la Rúa una política monetaria autónoma; ella era, por el contrario, una suerte de cerco de tiza caucasiano hipostasiado en jaula de hierro de toda la economía” (Naishtat, 2005; 422). Dicha creencia “reifi cada” se manifestó de nuevo en julio del año 2001 cuando se sancionó la “Ley de Equilibrio Fiscal”. Ésta, también conocida como la “Ley de Défi cit Cero”, ligaba los haberes de los empleados estatales y los jubilados al resultado de la recaudación fi scal. Pero dicha política era en sí misma una contradicción de términos, ya que la recaudación dependía de la capacidad del poder de pago de la ciudadanía y de la credibilidad pública de la gestión. Ambos fenómenos estaban ausentes en dicho escenario. Esta disposición a priorizar el equilibrio de las cuentas del Estado representaba la persistencia de una lectura neoliberal por parte del gobierno, aún cuando esta perdía efi cacia política y económica, lo que impactó aún más sobre la capacidad contención estatal frente a lo social. No solamente se afectaba el salario de una importante parte de la población sino que se suspendieron los programas alimenticios que alcanzaban a dos millones y medio de personas Araucaria21-1-.indd 113Araucaria21-1-.indd 113 15/04/2009 12:21:2415/04/2009 12:21:24 114 María Antonia Muñoz (Cels, 2002). El gobierno negaba que las políticas económicas tuvieran un estatus de injusticia. Eran todo lo contrario; obligaciones del Estado y únicas vías para resolver los problemas sociales. No obstante, la aguda descomposición económica y el fracaso de las acciones dirigidas a mejorarla hacían más creíbles los argumentos de sus enemigos. Así, para el año 2001, el argumento en torno a que la desocupación y la pobreza era el reverso de una serie de relaciones de subordinación (del Estado con los organismos internacionales, de la ciudadanía frente a los capitales y los gobiernos) generaba efectos de frontera sentando posiciones a favor y en contra. 6. La constitución del escenario polémico “Resulta por demás evidente el fracaso del modelo neoliberal en la tarea de organizar nuestra sociedad”. (Fragmento del documento “Democracia por Nosotros Mismos”, Movimiento por la Consulta Popular, 2001) “La Argentina no tiene otra elección, no puede cambiarse el camino emprendido.” (De la Rúa, 01.11.2001)45 “Ratifi co la convertibilidad y la paridad ambiaria” (Cavallo, 16.12.01).46 La construcción de un discurso “piquetero” como consecuencia y límite de la hegemonía neoliberal no puede comprenderse solo por la aparición y acción de las organizaciones de desocupados como expresan gran parte de los análisis acerca de éste movimiento. La construcción de los sentidos en torno a la pobreza y desocupación como injusticia, como ausencia de derechos, como daño social, fue posible por la producción de ciertos argumentos, demostraciones, comprobaciones, enunciaciones. Pero su productividad en el escenario político también dependió de otras causas que no se pueden reducir a las intenciones (egoístas o no) de los diferentes sujetos. Las variables que intervienen son múltiples: el contexto económico (défi cit fi scal, insufi ciencia de circulante, fuga de capitales, etcétera), el contexto institucional (crecimiento de la desafección, transformación en el tipo de políticas públicas, crisis de los partidos ofi cialistas y opositores, etcétera) así como las estrategias del gobierno, los partidos políticos, los sindicatos, etcétera 47. 45 Fragmento de un discurso pronunciado en el marco de la creación de políticas tendientes a reducir aún más el défi cit fi scal. 46 Declaraciones registradas por el Diario El Clarín. 47 De esto surgen algunas preguntas. Primero: si los movimientos surgen en relación con el contexto y en interacción con otros actores o sujetos, cuando desaparece el principal interlocutor ¿desaparece también el movimiento? Segundo: si se observa que ciertos movimientos sociales son des articuladores de ciertas formas de comprensión de la economía, el Estado y la sociedad ¿Porqué seguir llamándolos sociales y no políticos? Para refl exionar en torno a estos interrogantes es necesaria la redacción de una cantidad de párrafos que es imposible desarrollar aquí. No Araucaria21-1-.indd 114Araucaria21-1-.indd 114 15/04/2009 12:21:2415/04/2009 12:21:24 115 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... Durante los años 2000 y 2001, la fi gura del piquetero funcionó como una plataforma de acción de múltiples actores con diferentes intereses y objetivos. Algunos con un interés electoral, los usaron como indicadores de mal gobierno. Otros, en cambio, los convirtieron en la evidencia de que era necesario implementar una transformación del orden defi nido como neoliberal (sea a través mitos tales como la revolución social, la toma del Estado, la necesidad de identifi car los intereses del pueblo con los del Estado, etcétera). Para fi nales de 2001, el nombre piquetero ya no solamente pertenecía a la fi gura del desocupado. Por un lado, era el nombre de todos aquellos que protestaban, que demandaban, que intentaban mostrar una injusticia48. Por el otro, el gobierno hacía uso de aquel nombre pero cargado de connotaciones negativas. Según los voceros ofi ciales, la situación de inestabilidad política era producto de sus prácticas subversivas. Las instituciones políticas fueron desbordadas por el confl icto, justamente por sus características. Se trataba de la demostración de una exclusión, de la aparición de un sujeto que era excedente o supernumerario de la distribución social. Esto pone en evidencia que la política no se puede reducir a una escena donde diferentes socios representan grupos efectivos o donde se desarrollan debates que siguen reglas lógicas y universales. La pregunta que surge inmediatamente es cuál es la estructura de este confl icto político. ¿Es posible concluir que los piqueteros y las articulaciones políticas producidas con otras organizaciones y demandas constituían una contra hegemonía? ¿Representaban una alternativa creíble al orden neoliberal? Después del año 2002 quedó en claro que para la mayoría de los argentinos no era así. ¿Tenían un “mito” compartido que les permitía actuar como una identidad colectiva con imágenes compartidas de lo que sería la sociedad plena? La variedad de las posiciones ideológicas no permiten responder por la positiva49. obstante, me pareció interesante formularlas como consecuencias del presente artículo. 48 Muchos analistas asociaban a los cortes de ruta casi como sinónimo del accionar del movimiento piquero. No obstante, hubo otros manifestantes que usaron intensamente este repertorio de acción. Del total de los cortes de ruta, el 30% era organizado por piqueteros (Schuster et al., 2006). Los cortes de ruta realizados en el período que va del año 1989 al año 2003 eran protagonizados por múltiples sujetos: vecinos, pobladores, estudiantes, padres, jubilados, indígenas (49%). Hasta grandes asociaciones de empresarios y pequeñas organizaciones de productores echaban mano de este recurso (9%). A los empleados de “Aerolíneas Argentinas” (empresa privatizada durante el gobierno de Menem) a fi nes del año 2001 se les había designado como “piqueteros aeronavegantes”. Este confl icto tuvo gran repercusión en la escena pública. 49 Entre las organizaciones piqueteras las coincidencias programáticas eran pocas. Desde su aparición, pasando por las dos asambleas nacionales en julio del año 2001, y después de los hechos de diciembre de ese mismo año, las organizaciones de desocupados se dividieron entre aquellas que proponían un gobierno de unidad popular de tipo “revolucionario”, las que se sostenían sobre una mirada nostálgica hacia el movimiento peronista para transformar las bases del Estado y la economía, las que pretendían la recuperación del poder soberano a través de prácticas de democracia directa, etcétera. De ésta multiplicidad de voces surge lo que atraviesa y unifi ca la Araucaria21-1-.indd 115Araucaria21-1-.indd 115 15/04/2009 12:21:2515/04/2009 12:21:25 116 María Antonia Muñoz Los piqueteros hacen referencia a un movimiento cuyos efectos no se concentran en la constitución de un discurso posiblemente hegemónico, sino en el tratamiento de un daño. Pero hay que aclarar, daño que no era “tramitable”, es decir, que no podía ser efectivamente resuelto por los procedimientos propuestos por el formato liberal de la democracia. Las demostraciones y argumentos arrojados al público hicieron uso o desgarraban las inscripciones de igualdad del marco institucional y del discurso hegemónico para volverlas en su contra. Como sujeto político, “los piqueteros” no representaban solo a los desocupados, sino a los oprimidos porque tuvieron la capacidad de universalizar la falta, de convertirse en la evidencia de que el orden social estaba “fallando”. Algunos indicadores de esta división donde los piqueteros constituían un símbolo de una injusticia y un límite a la hegemonía neoliberal son la constitución del FRENAPO y el Movimiento por la Consulta Popular, la interna hacia adentro de la UCR y el tipo de referencias del gobierno a las organizaciones de desocupados. En el año 2000 se formó el Frente Nacional Contra la Pobreza (FRENAPO). Esta fue impulsada por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), la Federación Tierra y Vivienda (FTV), y participaban otras organizaciones piqueteras, de estudiantes, barriales, sindicales, etcétera. La principal actividad era coordinar acciones contra el gobierno pero, también, contra los representantes del principal partido de oposición, el Partido Justicialista, que se los identifi caba como representantes del modelo neoliberal50. Entre las principales acciones se destacan protestas y movilizaciones en contra del modelo económico a través de su rechazo explícito y con propuestas como un seguro de desempleo digno y universal y un salario o renta básica para todos los ciudadanos que tengan un hijo a cargo. Además se realizó una encuesta y acciones públicas con el objeto de denunciar las condiciones sociales en las que vivía la población y presionar a las autoridades públicas por la política económica y en rechazo al “elitismo” de la clase política. Así como el FRENAPO era una amplia alianza de diversas organizaciones, entre ellas piqueteras, las resoluciones de los Congresos Nacionales Piqueteros realizados durante el año 2001 apoyaban las acciones del FRENAPO51. La coordinación era posible por que las posiciones compartían el rechazo al “orden neoliberal”. posición piquetera. 50 En la segunda asamblea nacional de organizaciones de desocupados, donde participaron 1500 personas en calidad delegados de diferentes regiones del país y de 14 organizaciones diferentes se acordó un plan de lucha que consistía en continuar con los cortes de ruta y piquetes en las entradas de las fábricas, impulsar más cabildos abiertos en el conurbano y las provincias y el apoyar la marcha de siete columnas del Frente Nacional Contra la Pobreza. 51 Durante el año 2001 se realizaron dos asambleas nacionales de “organizaciones populares, Araucaria21-1-.indd 116Araucaria21-1-.indd 116 15/04/2009 12:21:2515/04/2009 12:21:25 117 Confl icto político y nuevos protagonistas democráticos... Por otra parte, después de la renuncia del vicepresidente que representaba al otro partido en el poder, gran parte de la Unión Cívica Radical le retiró el apoyo a su propio representante en el ejecutivo. El 31 de agosto del año 2001 presentaron públicamente un documento llamado “Hacia la unión nacional”, nombre que indicaba que algo amenazaba con fragmentar la Nación. Los principales dirigentes radicales sentaron su posición a favor de “reconstruir el Estado para que esté en condiciones de cumplir con sus fi nes y responder a los problemas más agudos de la sociedad. No queremos un Estado omnipresente sino democrático, capaz de defender el bien común”. Además, agregaba; “debemos proponer hambre cero, es decir, un ingreso digno para cada hogar”. Se asociaba el “bien común” con la cuestión del “combate con la pobreza y los ingresos” y para ello era necesario ocupar al Estado de herramienta clave. El documento sentenciaba “el modelo está agotado”52. La reacción del presidente frente a las declaraciones de su partido, fue defender las políticas emprendidas por su Ministro de Economía, Domingo Cavallo. Es evidente que el campo político se mostraba surcado por posiciones imposibles de reconciliar en un mismo esquema conceptual. Pero, también, queda claro que aquellos que antagonizaban con el neoliberalismo no formaban parte de una fuerza unifi cada tras un imaginario común. Solo existía la percepción compartida de que había que cambiar un orden injusto por otro. No se trataba solamente de que el gobierno no tuviera la capacidad de gestionar el confl icto. “[...] La segunda cuestión que debió afrontar el gobierno fue el reconocimiento de un nuevo actor social, cuya dimensión y alcance no llegaba a vislumbrar claramente, debido tanto a la escasa implementación territorial de los funcionarios aliancistas como también a la multiplicidad de las líneas políticas que existían en el tratamiento de la `cuestión piquetera´” (Svampa y Pereyra, 2003; 97). Más que la “incapacidad” del gobierno de visualizar a un nuevo actor, se trataba de una visión del mundo que no podía ser incluida en el orden que el gobierno defendía. “La estrategia de negociación encontraba cauces tradicionales de intercambio entre el Estado y la sociedad, pero la estrategia política más global que incluía la deslegitimación del reclamo y la represión de la protesta quedó enmarcada en la imposibilidad de mediaciones políticas entre `el lado de la ley ´ y el `ruido ´ y la violencia de los manifesterritoriales y de desocupados”. En ambas, pero sobre todo, en la segunda se expone una variedad de demandas; por trabajo, por mejores salarios, por dinero para que los chacareros siembren, libertad de presos políticos, etcétera. Las propuestas programáticas se dirigían a la coordinación de acciones de protestas frente al gobierno y la demanda de no pago de la deuda externa y nacionalización de ciertos sectores de la economía (como la banca y la administración de fondos públicos y pensiones). 52 Aparecido en “Micro semanario”, Año 11 número 456, Sábado 8 de septiembre de 2001. http:// www.fcen.uba.ar/prensa/micro/2001/ ms456.htm#NOTA1, Consultado el día 25 octubre del 2005. Araucaria21-1-.indd 117Araucaria21-1-.indd 117 15/04/2009 12:21:2515/04/2009 12:21:25