1 Emociones y sentimientos en la emigración familiar española a América (siglo XX). Perspectivas de análisis María José Fernández Vicente, Universidad de Bretaña Occidental 1 . Alicia Gil Lázaro, Universidad de Sevilla 2 . Resumen El texto explora el papel de las emociones y sentimientos en las estrategias familiares de los emigrantes españoles que marcharon hacia América Latina a lo largo del siglo XX. Se enmarca en la corriente historiográfica que estudia la construcción social y cultural de las emociones. Esta corriente analiza la impronta contextual de las emociones, el lenguaje utilizado para su manifestación, los patrones emocionales esperables, tolerables o cuestionados en un determinado tiempo, lugar y cultura, así como las marcas de clase, género y edad, entre otras, en la experiencia emocional. Tanto la decisión de la partida como las estrategias de retorno influyen en las decisiones familiares para la salvaguarda de la unidad familiar, el sostenimiento económico del conjunto o la conservación de la comunicación, todo lo cual involucra un alto contenido emocional, que se comparte a través de cartas, testimonios, escritos autobiográficos y entrevistas, fuentes esenciales de este estudio. Palabras clave: emociones, emigración familiar, emigrantes españoles, España, América Latina. Abstract: This paper explores the role of emotions and feelings in the family strategies of the Spanish migrants who went to Latin America all along the twentieth century. It is part of the historiographical current that studies the social and cultural construction of emotions. This current analyzes the contextual imprint of emotions, the language used for its demonstration and the emotional expected patterns, bearable or questionable in a particular time, place and culture, as well as the hallmarks of class, gender and age, among other things, in emotional experience. Both, the decision of leaving and the return strategies of migrants, influence the family decisions to protect the family unit, the economic support of it or maintenance of communication. All this involve a high emotional content shared through letters, testimonies, autobiographical writings and interviews, all of them are essential sources in this study. Key words: emotions, family migration, Spanish emigrants, Spain, Latin America. 1 Doctora en Historia por la Universidad de Paris 7 con una tesis titulada: “Émigrer sous Franco. Politiques publiques et pratiques individuelles dans l’émigration espagnole vers l’Agentine et vers la France, 1945-1965 ». Profesora de civilización española contemporánea, ha ejercido como titular en la Université de Marne-la-Vallée (2005-2012) y Université de Bretagne occidentale (desde 2012). Ha trabajado sobre las políticas migratorias españolas, las migraciones españolas a lo largo del siglo XX y la construcción de discursos migratorios desde el espacio público. E-mail:
[email protected] 2 Doctora en Historia por El Colegio de México. Título de la tesis: “Billete de repatriación. El retorno subvencionado de españoles entre la Revolución mexicana y la crisis de los años treinta”. Profesora Contratada Doctora en el Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Sevilla. Ha trabajado las políticas de repatriación españolas, las migraciones de retorno desde América Latina, el asistencialismo y la previsión social de los inmigrantes y la construcción discursiva migratoria a través de la prensa peninsular en el México revolucionario. E-mail: agi[email protected]
2 Introducción Este texto explora el papel de las emociones en las estrategias migratorias familiares de los españoles que marcharon hacia América Latina a lo largo del siglo XX. Nuestro punto de partida es la constatación del parco espacio historiográfico dedicado hasta ahora al estudio del papel de las emociones en la historia de las migraciones 3 . En un primer momento, las migraciones históricas se analizaron desde una perspectiva estructural, a partir de teorías que ubicaban al emigrante dentro de flujos migratorios cuya dinámica se intentaba entender en función de variables macro económicas. En este sentido destaca la teoría del pull-push que explicaba las migraciones a partir de factores de expulsión y de atracción, fundamentalmente el diferencial de salarios, el acceso a la tierra, y la búsqueda de equilibrios en los mercados de trabajo internacionales. Tras estas teorías que negaban a los emigrantes un papel como agentes activos con capacidad para tomar sus propias decisiones, los historiadores, bajo la influencia de la historia social inglesa y de la escuela de Annales francesa —a la que se sumó después la microhistoria italiana— cuestionaron y superaron esta visión macro de la emigración. Los estudios migratorios comenzaron entonces a centrarse no tanto en los flujos como en el emigrante en sí, el cual pasó a considerarse como un actor capaz de concebir y poner en marcha estrategias en el seno de grupos migratorios solidarios, todo ello bajo la idea fuerte de la cadena migratoria. Estas cadenas proveían información importante sobre el viaje y los destinos, como la disponibilidad de empleo o los salarios y también facilitaban recursos como el adelanto del billete, el alojamiento temporal a la llegada y su inserción social y laboral en la sociedad de acogida. La historiografía de las migraciones transformó así a los emigrantes en actores sociales racionales que tomaban decisiones sobre sus vidas. Se trataba con ello de contrarrestar, por un lado, la visión impersonal del desplazamiento masivo de seres humanos y, por otro lado, atenuar la popularidad de ciertos tópicos como el espíritu aventurero, el carácter atávico, o bien la idea de la “expansión epidémica” de la fiebre emigratoria que afectaba a determinadas regiones. Con todo, el énfasis en la racionalidad de los actores no ha considerado hasta tiempos recientes la significación e influencia de las emociones en el desarrollo de la experiencia migratoria. A pesar de los avances en las últimas décadas en la historiografía que analiza los sentimientos y las emociones, pocos han sido los estudios que han tratado de incorporar esta variable emocional a la comprensión del hecho migratorio. Nuestro trabajo es una exploración preliminar de las posibilidades que abre el estudio de las emociones en la historia de la emigración. Nos centramos para ello en el contexto de los desplazamientos de españoles a América Latina a lo largo del siglo XX. El análisis se ha organizado en torno a las tres etapas que estructuran usualmente el proceso migratorio: la salida, la estancia y el retorno (real o imaginado). Hemos acudido a la literatura epistolar, las autobiografías de emigrantes y testimonios procedentes de entrevistas como principales fuentes primarias. Antes trataremos de definir sucintamente algunas nociones esenciales en los estudios sobre las emociones. 3 El estudio sociológico y antropológico de las migraciones recientes, sin embargo, sí ha reparado en la perspectiva de las emociones, véanse los textos de Piras (2016: 67-77) y González (2016: 99-123).
3 Un abordaje desde las emociones y las comunidades emocionales familiares ¿Qué son las emociones? ¿Pasiones, sentimientos, afectos? Su diversidad y la ausencia de una versión uniforme y universal a lo largo del tiempo hacen difícil la tarea de definirlas. La historia de las emociones, más que constituir una temática en sí misma, muestra su mayor fortaleza en su capacidad de constituirse en una categoría útil de análisis histórico (junto a otras como el género, la raza o la clase), que emerge del empeño por dotar a la historia de la dimensión experiencial. Las emociones conforman, pues, una realidad ineludible del entramado social, un sustrato común a todos los ámbitos del devenir humano. Su estudio permite comprender las motivaciones y acciones que subyacen a procesos sociales y culturales particulares. A lo largo del siglo XX, el psicoanálisis y las teorías cognitivas hicieron que las emociones —y en general la expresión de los afectos y sentimientos— dejaran de verse como elementos netamente naturales y espontáneos, al hallarse sometidas a un condicionamiento social e histórico. Norbert Elías destacó la correspondencia entre estructura social y estructura emotiva e individual. Para Cliffort Geertz las emociones no son componentes fisiológicos y universales, sino realidades culturales que incluyen pensamientos y juicios de valor que varían como resultado de la evolución de la organización social (citado en Bolaños Florido, 2016:183-184). Desde la teoría de la práctica, Pierre Bourdieu defendió que las emociones son prácticas que emergen de las disposiciones corporales siempre condicionadas por un contexto histórico y cultural, mientras que Michael Foucault las vio como prácticas discursivas esenciales en la construcción de la subjetividad. Paradójicamente, la vía de acceso al estudio de la experiencia y la vida afectiva ha seguido estando ineludiblemente modelada y mediada por el discurso y las representaciones sociales (citado en Labarca Pinto, 2016). La propuesta de análisis más influyente en las últimas décadas ha sido la de William Reddy, ya que ha proporcionado conceptos nuevos para deshacer la idea de que las emociones son simplemente irracionales. Su libro Navigation of feelings (2001), constituye un intento por solventar los problemas relacionados con una versión esencialista de las emociones frente a una visión contextualista, tal y como había sido promovida por la antropología cultural. En la perspectiva de Reddy, derivada de la filosofía del lenguaje, las emociones son “racionalizaciones”, expresiones emocionales o actos de habla (emotives). Estos “enunciados emotivos” no constituyen una emisión lingüística declarativa, ni verdadera ni falsa con relación al mundo exterior o interior; tampoco son simplemente performativos, como lo sería cualquier otro acto de habla. Se trata de expresiones emocionales entendidas como “traducciones, normalmente verbalizadas, de otras tantas modalidades sensoriales que acompañan la atención. Dependen de aquello de lo que parten y también construyen aquello de lo que hablan” (citado en Zaragoza Bernal, 2013:3-4). Para Reddy, un “régimen emocional” estaría formado por las normas que permiten manejar estos emotives y definir cuáles son lícitos y cuáles no en una situación determinada o ante una persona concreta. Tales regímenes tendrían consecuencias para la construcción del individuo en función del mayor o menor grado de “libertad emocional”. Debido a que los estilos normativos no determinan por entero los estilos emocionales, los sentimientos, según este autor, pueden “navegarse”, esto es, permitir un espacio para la ruptura del régimen emocional hegemónico. Esto es posible porque las expresiones
4 emocionales no son ni completamente naturales ni enteramente construidas (Moscoso, 2015:21-22). Por otro lado, la familia ha sido un grupo social muy estudiado en la historia de las emociones, por tratarse de una “comunidad emocional” —en el sentido que Barbara Rosenwein (2002) habla de ello— que resulta muy importante para los individuos y grupos sociales en distintas épocas y en cualquier parte del mundo. Por comunidad emocional Rosenwein entiende una comunidad social —como por ejemplo las familias, los vecindarios, los parlamentos, los gremios o las parroquias— en la cual la gente se adhiere a unas mismas normas o expresiones emocionales y valoran las mismas o parecidas emociones. Esta autora señala el papel social de las emociones como creadoras de comunidades. En tales comunidades los investigadores buscan descubrir sistemas de sentimiento, es decir, aquello que esas comunidades y sus individuos consideran como válido o peligroso para ellos. Estas comunidades se definen, así mismo, por la atención que prestan a las emociones de los demás, por la naturaleza de sus núcleos afectivos y por los modos de expresión emocional que aceptan o toleran. Así, para los teóricos las emociones serían el resultado de valores y juicios de los miembros de una comunidad emocional. Estas son diferentes según las sociedades, en la medida en que los valores y juicios difieren de unos casos a otros. En este sentido el concepto resulta enteramente aplicable al estudio de las familias emigrantes, como trataremos de ver a continuación. La emoción en la salida De manera general los proyectos migratorios se solían elaborar en el seno familiar y todos los miembros, tanto los que marchaban como los que se quedaban, se veían afectados de una u otra manera por este proyecto vital colectivo. Se fuera uno o varios miembros, todos a la vez o escalonadamente —a través de la reagrupación familiar—, la emigración era usualmente un emprendimiento de la comunidad emocional familiar. El momento de la partida cristaliza los sentimientos, a menudo contradictorios, que envuelven al conjunto de la familia frente a la emigración. Por un lado, la idea de emigrar se ponía en marcha ante la expectativa de una mejora en las condiciones de vida, de modo que generaba sentimientos como la ilusión y la esperanza, tanto en los que realizan el viaje como los que lo apoyan quedándose. En muchas ocasiones, ambos sentimientos se hallan estrechamente vinculados con los tópicos y estereotipos sociales de los lugares de destino. La imagen de Eldorado americano justificaba y alimentaba la ilusión inicial. En cierto modo, Eldorado americano no era sino la representación de la familia trasplantada a América, la que hacía la llamada a emigrar y colaboraba en la alimentación del mito. Matilde Alonso, entrevistada en Buenos Aires en 2001 afirmaba al respecto: «[…] marcharse a América era la ilusión máxima que podía aspirar el que podía marcharse, el que tenía un pariente en América que lo podía reclamar. […] El porvenir estaba en América, esa era la ilusión» 4 . Pero la emigración también era percibida como una tragedia que separaba a las personas físicamente. La distancia dividía a las familias por lo que no era de extrañar que imperaran los sentimientos de tristeza y desarraigo. Yo, aunque disimulaba, sentía como una tristeza al pensar que sería la última fiesta que estaría en casa, ya que el sábado siguiente, Sábado de Gloria, era el día de mi partida para la Argentina. 4 Testimonio de Matilde Alonso. Entrevista realizada por María José Fernández Vicente (Buenos Aires, 13 de octubre de 2001).
5 [...] Empecé a despedirme de mis amistades. Fui a San Andrés a despedirme de mis familiares, tíos, tías y primos. Todos quedaron muy tristes y no hubo ni uno solo que me alentara, que es lo que yo hubiese querido. Me ponían aún más triste. Nos despedimos con mi hermana menor, porque tenía que ir a la fábrica muy temprano. Fue una despedida tremenda, ya que esta hermana y yo éramos los dos hermanos que más nos queríamos. Lloró hasta que se llenó y yo tuve que hacer lo mismo 5 . La tristeza se mezclaba incluso con enfado y rencor cuando la emigración se percibía como una injusticia dentro de las estrategias familiares. Así sucedía a menudo con los niños o adolescentes que acompañaban a sus padres en la emigración, ajenos normalmente a la toma de decisiones que había desencadenado la salida, o bien los que quedaban en el lugar de origen, en casa de otros familiares (abuelos normalmente) cuando los padres emigraban sin ellos 6 . Flora, emigrada a la Argentina en 1930 con tan solo quince años, afirmaba: «[…] mi hermana, cuando tenía el pasaje [enviado por la hermana residente en Buenos Aires] dijo que no venían que tenía que venir yo. Y yo no quería venir. Yo lloré creo que tres meses seguidos, no quería venir porque era joven… tenía 16 o 17 años» 7 . Los sentimientos de incertidumbre ante lo desconocido y el desasosiego que esta generaba son también característicos del mundo de la emigración y estaban especialmente presentes en el momento de la partida. Cuando la emigración dejaba en tierra a una parte del núcleo familiar (lo cual fue característico en las primeras décadas del siglo XX, cuando marchaban sobre todo los hombres), esta se veía especialmente afectada por sentimientos de zozobra ante la separación y los posibles riesgos del viaje. La angustia se potenciaba ante aspectos de la salida que escapaban por completo al control de los mecanismos familiares, como las esperas y retrasos en la expedición de documentos, en los viajes intermedios o en los controles burocráticos e inspecciones sanitarias a los que quedaban supeditadas tanto la salida como la llegada. La complejidad creciente en la tramitación oficial de los permisos migratorios constituyó una fuente constante de inseguridad, especialmente en las familias procedentes del mundo rural, a menudo analfabetas o cuando menos poco familiarizadas con la cultura administrativa. La falta de estudios es así considerada por numerosos emigrantes como una fuente de limitaciones que genera dificultades y sufrimiento. Nosotros, ¿sabes que fallo hemos tenido, con mi esposo? Gente de pueblo con poca escuela, […] si uno tuviera más preparación… […] Íbamos a la escuela pero no íbamos lo suficiente porque nuestros padres nos ocupaban en el campo […] Entonces, no estamos preparados para el mundo, y así uno sufre más, porque tienes que adaptarte a trabajos… a lo que venga…¿entendés? Hay que sufrir 8 . Desde el punto de vista de la comunidad emocional, la despedida previa a la partida se ritualizaba con una apelación a los valores transmitidos dentro de la familia, de los padres a los hijos. La familia, aún dividida por un océano, mantendría su coherencia en la medida que se guardase el respeto a esos valores. Así lo narraba el emigrante 5 MARSAL, Juan Francisco, Hacer la América. Biografía de un emigrante, Barcelona, Editorial Ariel, 1972, p. 98. Marsal reproduce y edita en este libro las memorias de un emigrante barcelonés que firma con las iniciales J.S, quien relata su experiencia de varias décadas entre la Argentina y Paraguay. 6 Véase CALVO SALGADO (en prensa). Luis Calvo analiza en este texto los sentimientos de nostalgia que genera la separación de padres e hijos en el contexto de la emigración gallega a Suiza. 7 Testimonio de Flora. Entrevista realizada por María José Fernández Vicente (Buenos Aires, 21 de octubre de 2001). 8 Testimonio de Joaquina González. Entrevista realizada por María José Fernández Vicente (Buenos Aires, 18 de octubre de 2001).
6 asturiano Cayetano Sobrino Mijares en su autobiografía, al recordar las palabras de su padre al dejarle en el puerto en el momento previo a la partida: [...] “Te vas, procura mirar siempre por ti. Nosotros quedamos en casa y trabajando no nos faltará qué comer pero tú eres solo, puedes enfermarte o puede que algún día te falte el trabajo por cualquier circunstancia, y si no tienes algo tuyo pudieras verte necesitado y pasar hambre [...] Lo primero que has de observar es una conducta intachable: honradez, obediencia, constancia y buena voluntad, cualidades son que abren las puertas y recomiendan al individuo en todas partes [...]. Escribe tan pronto como puedas y adiós hijo”. Diciendo esto y dándome un abrazo y un beso en la frente, se retiró mi padre quedando yo abajo en el camarote sumido en la mayor tristeza 9 . Deseos, expectativas y frustraciones en el proceso de adaptación de los inmigrantes La experiencia migratoria analizada como un proyecto familiar trasnacional estaba atravesada por muy diversas emociones que cambiaban con el tiempo y que se vivían de distinta forma en los espacios de la emigración. Algunas se potenciaban, otras se atenuaban, otras desaparecían y eran sustituidas por sentimientos nuevos. La separación de las familias comenzaba en el momento mismo de la salida y se potenciaba desde la primera toma de contacto con el nuevo contexto inmigratorio. Las decisiones podían contradecirse y los individuos mudar de parecer a un lado y otro del proceso migratorio. Emergía pronto la decepción, que agrandaba en muchos casos la brecha en el interior de las familias. El relato del emigrante barcelonés recogido en el libro de Marsal lo expresaba así: [...] luego que pasaron quince días recibí carta de mi mujer contestándome la anterior. Tuve una decepción muy grande. Al leerla parecía como que me hubiesen dado un mazazo en la cabeza. En la carta me decía que no quería venir, primero, porque tenía miedo de que se le muriera la nena por el camino, y segundo, que no quería dejar a sus padres. “Apúrate a ganar dinero y vente rico”, decía 10 . La añoranza, por otro lado, constituía el sentimiento más característico del universo emocional de las familias participantes en el fenómeno migratorio, aunque no afectaba a sus integrantes del mismo modo. Para los emigrantes, la nostalgia se fundamentaba en el sentimiento de pérdida de un lugar y de unas personas, de un tiempo pasado, mientras que los familiares que se quedaban añoraban esencialmente al ser que emigró. Sus expectativas eran distintas y sus emociones también. En cualquier caso, para unos y otros la nostalgia remitía a un sentimiento de pérdida de un día a día compartido (ritos, fiestas, labores, etc.), que atenuaban en la correspondencia relatando sus quehaceres cotidianos o detalles anecdóticos. En la correspondencia con su hermano, el gallego Germán González Añel, emigrado a Montevideo en los años cincuenta, le confesaba a Serafín: «Excuso decirte en el silencio de la noche las veces que me acuerdo de todos 9 SOBRINO MIJARES, Cayetano, Memorias de un emigrante asturiano. La Habana y Veracruz (1871- 1908), Xixón, Muséu del pueblu de Asturies, 2012, pp. 29-30. Emilio Franzina, en su texto sobre las autobiografías y los diarios de la emigración, califica estos textos como “escritos de frontera”, por su cercanía a los géneros literarios tanto como su carácter de fuentes históricas, sin perder su naturaleza de formas primarias de escritura (1992: 121-122). Se trata sin duda de discursos “reconstruidos” sobre el pasado pero también sobre el presente y de la visión que los autores tienen de sí y de sus experiencias. 10 MARSAL, Juan Francisco, Hacer la América… op. cit., pp. 124-125.
7 vosotros y digo qué estarán haciendo [...]» 11 . Elisea Riquer desde Barcelona le pedía a su padre: [...] Cuídate mucho y dime si no debo esperarte. Así van derrumbándose una por una mis ilusiones para dejar paso a la amargura que me domina y se apodera de mí a pasos agigantados. Mama te abraza, no te escribe porque está muy débil pero no te olvida un solo instante. Y de tu hija recibe el amor más grande junto con la adoración 12 . El proyecto migratorio podía generar mucha satisfacción y orgullo por el deber cumplido, por las expectativas superadas, por el esfuerzo involucrado que había llevado a una mejora en la calidad de vida del individuo y de su grupo familiar. También estaban presentes los sentimientos como la alegría y la felicidad en celebraciones familiares ante nacimientos, fiestas locales, rituales de paso y otros, si bien teñidas de nostalgia y resignación al no poder compartir esos momentos de alegría juntos. [...] por vuestra carta, nos enteramos que todos están bien de lo que nos alegramos mucho, como también nos alegramos que nos dices quel día de carnaval matan los cerdos y que piensan juntarse todos y que sienten que nosotros no podamos acompañarlos, pues así es la vida siempre no se puede estar juntos 13 . Motivo de optimismo era también la buena acogida local, la solidaridad de la población autóctona, el encuentro con los ‘otros’ desconocidos, la creación de una nueva familia, amigos y lazos sociales de distinto tipo que aumentaban, en definitiva, la integración del inmigrante en el nuevo entorno. Los inmigrantes, pues, no dudaban en expresar su alegría y acostumbraban a hacerlo con vehemencia. En estos casos la inevitable ruptura familiar que suponía la emigración se solventaba ingresando a una nueva comunidad emocional en el espacio de adopción. El relato autobiográfico del santanderino Eloy Vejo Velarde lo expresaba por el afecto que profesó a su primer jefe: “don Alfonso, que como si hubiera sido un miembro más en su familia, me recogió en su casa”, y de sus paisanos y compañeros en el comercio “eran mis mejores amigos [...] ellos fueron mis cicerones y mis maestros en el difícil arte de comerciar” 14 . El catalán J.S. describía así su vida cotidiana en la tierra de acogida: Conocí a toda la familia. Algunas veces la hija, muchacha de unos cuarenta años, me hacía salir a bailar y yo, como no sabía bailar, ni he sabido nunca, no quería, pero ella me arrastraba. Entonces yo, por seguir la corriente, me dejaba llevar. Total era entre familia y la cuestión era pasar el rato. Esta familia me tomó mucho cariño y tiempo más tarde tenía que significar mucho para mí 15 . Sin embargo, las huellas dejadas por los inmigrantes suelen hablarnos en mayor medida de sentimientos de frustración a muy diferentes niveles. La angustia de la separación, el miedo a no volver a ver a la familia o a no tener noticias de uno u otro lado, la inquietud ante el estado de salud o el envejecimiento, eran factores de 11 Carta de Germán González Añel a su hermano (Montevideo, 13 de abril de 1954). En SOUTELO VÁZQUEZ, Raúl, De América para a casa: correspondencia familiar de emigrantes galegos no Brasil, Venezuela e Uruguay (1916-1969), Santiago de Compostela, Consello da Cultura Galega, 2001, p. 176. 12 Carta de Elisea de Riquer a su padre Manuel de Riquer (9 de junio de 1920). Archivo General de la Administración Española (AGAE), Fondo Consulado de España en México, caja 9685. 13 Carta de Germán González Añel a sus padres y hermanos (Montevideo, 23 de enero de 1951). En SOUTELO VÁZQUEZ, Raúl, De América…, op. cit. pp. 99-100. 14 VEJO VELARDE, Eloy, Memorias de un emigrante, Santander, Artes Gráficas Resma, 1976, p. 130. 15 MARSAL, Juan Francisco, Hacer la América… op. cit., p. 139.
8 inseguridad y desasosiego que compartían tanto los que se iban como los que quedaban. «Yo lloré dos años… no me acostumbraba […] Yo extrañaba las costumbres, el pueblo… ¡qué sé yo! La vida de allí…» afirmaría Otilia Garrido 16 . Germán González Añel le decía a su hermano: «Serafín, en esta fecha recibo tu deseada carta la que me dio mucha alegría porque enterado de ella veo que estáis todos bien de lo que tanto me alegro que estábamos intranquilos por no saber nada de vosotros que nunca tardamos tanto en tener carta» 17 . La dificultad de la comunicación y los silencios prolongados eran interpretados por quienes quedaban a la espera a menudo en clave de olvido y abandono. La sospecha de haber sido relegados por los que se fueron o la perspectiva de no volver a saber nada más de un ser querido activaba mecanismos a través de los cuales las familias buscaban apoyos para encontrarlos o recuperarlos. Muchas de las peticiones de las mujeres que se quedaban en España ante las autoridades diplomáticas revelaban el incumplimiento de los compromisos adoptados por los emigrantes dentro del entorno familiar y la ruptura, por tanto, de las normas y comportamientos morales por los que se regía esa comunidad emocional. Su solicitud respondía a la búsqueda de un mediador dotado de legitimidad para restituir la situación de partida. Esto expresaba en 1911 la esposa de un salmantino emigrado a México: Excmo. Señor Cónsul México, me dirijo a ud. como representante en esa republica de mi nación y es que mi esposo salió desta ace 6 años con intención de ganar en esa 1 peseta para poder atender a las necesidades y manutención de su esposa y 5 hijos que dejo y asta la fecha no solo no a mandado 1 peseta sino que no sabemos del asi es que le suplico a su excelencia si es posible le fuera lo aga por una madre con cinco hijos aberiguar su paradero y recriminarle y decirle lo que debe hacer, se llama Lorenzo natural de Tejares, Salamanca [...] 18 . El sentimiento de culpa era una constante en el repertorio emocional de los emigrados. Los emigrantes se sentían culpables por una variedad de responsabilidades incumplidas, entre las que destacaba la de no asumir la tarea de los cuidados de los hijos que quedaban en tierra o de los padres en el momento en el que envejecían o enfermaban. El testimonio de Josefina Abril así lo desvelaba: «[…] después en algún momento hasta me arrepentí de haber venido por mi mamá, qué se yo […]» 19 . J.S. vivió con enorme sufrimiento el distanciamiento de su hija: [...] Al otro día recibí una carta de mi mujer y el corazón me dio un vuelco. Era una fotografía de mi hijita de Primera Comunión ¡Qué preciosa estaba! Quedé como extasiado mirándola. No me pude contener: lloré mucho ese día, ya que mi mayor ilusión hubiera sido estar allá para la primera comunión de mi hijita 20 . También sentían remordimientos por no haber enviado dinero o por la gradual distensión de los vínculos familiares debido a la lejanía, el paso del tiempo o los múltiples quehaceres cotidianos, tal y como refleja la correspondencia, que solía estar 16 Testimonio de Otilia Garrido. Entrevista realizada por María José Fernández Vicente (Buenos aires, 22 de octubre de 2001) 17 Carta de Germán González Añel a su hermano (Montevideo, 31 de marzo de 1951). En SOUTELO VÁZQUEZ, Raúl, De América…, op. cit., p. 101. 18 Carta al Cónsul de España en México (Tejares, Salamanca, 6 de julio de 1911), AGAE, Fondo Consular de España en México, caja 9649. Grafía original de la carta. 19 Testimonio de Josefina Abril. Entrevista realizada por María José Fernández Vicente (Buenos Aires, 20 de octubre de 2001). 20 MARSAL, Juan Francisco, Hacer la América… op. cit., p. 181.
9 plagada de disculpas por las tardanzas. Un cierto fatalismo ante la experiencia migratoria, considerada a posteriori como una decisión inevitable, atenuaba la impresión de culpa por la separación y la distancia permanente. En la colección de cartas que hemos citado, recogidas por el historiador Raúl Soutelo en un pueblo gallego, el protagonista le manifestaba a su hermano: También me dices que mamá dice que tiene ganas de conocer a la Isabel porque le parece que a lo mejor no la ve más, pues en eso que no piense, si no, tiene siempre un sufrimiento de lo que no sacará nada […] yo también sufro pensando ciertas cosas que no puedo explicarlas por las cuales sueño siempre […] luego cuando me despierto no puedo contenerme de llorar, porque también me pasa como dice mamá, pero de consuelo tengo que pienso para mí y digo: un padre que cría hijos no siempre los puede tener a su lado y antes de yo reconocer esta separación otros la han reconocido […] 21 . Cuando las noticias se retrasaban o no llegaban aparecían sentimientos de intranquilidad y preocupación creciente. Una prolongada ausencia de comunicación llevaba a pensar que pudiera haber ocurrido alguna desgracia y esto elevaba la angustia y la desesperación en las familias separadas por la emigración; de ahí se pasaba al alivio y la alegría cuando por fin la comunicación se reanudaba. La familia de un barcelonés escribió el 14 de marzo de 1917 al cónsul de España en México preguntando por su paradero: «Tenemos en esa de México un hermano de mi esposa que estaba empleado [...] en donde estaba de dependiente de la casa que se fue a la quiebra, y desde entonces nada más hemos sabido de él, de lo cual nos hace estar con verdadera ansia pensamos si le habrá ocurrido alguna desgracia [...]» 22 . Emociones y retorno El deseo de volver estaba presente por lo general desde el momento mismo de la partida, a excepción de aquellos emigrantes que con el paso del tiempo perdieron los pocos familiares y amigos que les habían quedado en España. Como expresa Flora: «Yo nunca quise volver. Yo tuve oportunidad de ir sin pagar, pero no quise ir. […] ¿A dónde iba a ir? Los parientes ya habían muerto, ¿a qué iba a volver? ¿No te parece? Los de mi edad ya se habían muerto […]» 23 . La nostalgia de la que hablábamos antes se amortiguaba ante la expectativa del retorno, ya fuera temporal o definitivamente, con ahorros y reputación conseguidas. El 23 de mayo de 1957, ocho años después de llegar a Montevideo, Germán González le escribía a su familia en Galicia: «Las niñas muy bien, pero siempre nos preguntan que cuando volvemos a España» 24 . Por su parte, Consuelo González, hermana de Germán y residente en Caracas, le decía a su madre en 1965: «[…] mamá, las faltas de veros no nos faltan que tantas ganas tenemos de irnos para fines de este año o para principios del que viene si Dios quiere» 25 . 21 Carta de Germán González Añel a su hermano (Montevideo, 23 de enero de 1951). En SOUTELO VÁZQUEZ, Raúl, De América…, op. cit., p. 100. 22 Carta del 14 de marzo de 1917. AGAE, Fondo Consulado de España en México, caja 9685. 23 Testimonio de Flora. Entrevista realizada por María José Fernández Vicente (Buenos Aires, 21 de octubre de 2001). 24 Carta de Germán González Añel a sus padres (Montevideo, 23 de mayo de 1957). En SOUTELO VÁZQUEZ, Raúl, De América…, op. cit., p. 225. 25 Carta de Consuelo González a su madre (Caracas, 16 de julio de 1965). En SOUTELO VÁZQUEZ, Raúl, De América…, op. cit., p. 90.