Adib Ishaq. Libertad y laicismo árabe en el siglo XIX
Full text
Anaquel de Es udios Á abes ISSN: 1130-3964
2003, 14 259-283
259
Adīb Isāq. Libe ad y laicismo á abe en
el siglo XIX
Cla a Mª THOMAS DE ANTONIO
Á ea de Es udios Á abes e Islámicos
Uni e sidad de Se illa
Ad¯b Isq (1856-1885), “uno de los p ime os espí i us ebeldes y e oluciona ios del
pensamien o á abe mode no” (Mz. Mon á ez, 1985: 36), ue poe a, d ama u go y pe iodis a y
una de las igu as más des acada de la ida cul u al si o-libanesa y egipcia del s. XIX. Aunque
nació en Damasco, se asladó a Bei u muy jo en, y u o que exilia se po dos eces, p ime o
a Egip o y luego a Pa ís, huyendo de la censu a, pa a acaba sus días en e Egip o y el Líbano.
Desapa ecido p ema u amen e, dejó, sin emba go, una ob a que aún o ece p opues as de
in e és pa a la di ícil si uación que i e el mundo á abe1.
- BIOGRAFÍA.
Ad¯b Isq nace en Damasco, de pad es si ios, en 1856. Comienza sus es udios en el
colegio ca ólico de los Pad es Laza is as2, donde ap ende á abe y ancés y se apasiona po la
poesía. Pe o en 1867, con sólo 11 años, la si uación económica amilia le obliga a deja los
bancos de la escuela pa a acep a un modes o empleo en la Adminis ación de Aduanas. Sin
emba go, es o no le impide segui p o undizando en sus a os de ocio en la lengua á abe y
amplia sus conocimien os del u co y el ancés.
P on o iene que ma cha a Bei u pa a euni se con su pad e, que había sido asladado allí
como empleado del Co eo O omano. En es a ciudad pasa su ju en ud, abajando du an e un
iempo en la Adminis ación de Aduanas3, lo que no consigue aleja le de sus a iciones
li e a ias, pe o con ibuye a o ja su ca ác e , como a i ma Louca (1970: 127): “El sen ido de
esponsabilidad iene a edobla , en el alma de es e muchacho, su i meza de au odidac a á ido
de cul u a. El con lic o que le di ide en e la mezquina necesidad co idiana y la nos algia de un
mundo ideal le hizo madu a , animándole además a lucha con a las injus icias sociales”.
1 Au o muy poco conocido en Occiden e, man iene su igencia en el mundo á abe. Mues a de ello son las
nume osas calles o uladas con su nomb e, especialmen e en Bei u , Damasco, El Cai o y Alejand ía; las e e encias
que se hacen a él en a ículos sob e e o mismo polí ico o pe iodís ico que ci culan po In e ne ; o las monog a ías que
le dedican en el mundo á abe casi un siglo después de su mue e, como la de xsà Fa Ô, Ad¯b Isq, impulso del
despe a nacional (Ad¯b Isq, b iÓ al-naha al-qawm¯ya, Damasco, 1976), la de Alu al-D¯n Wa¯d con el
signi ica i o í ulo de Ad¯b Isq: el enamo ado de la libe ad (Ad¯b Isq, šiq al-u ¯ya, El Cai o, 1998), o la de
Nŷ¯ AllÔš, Ad¯b Isq (Bei u , 2001).
2 Desde el s. XVII los con en os c is ianos es ablecidos en la zona si o-libanesa habían jugado un impo an e
papel en la conse ación de la lengua á abe, g acias a sus biblio ecas y escuelas, que se mul iplica on a pa i de 1856,
cuando el sul án u co Abd al-Maŷ¯d les pe mi ió una mayo au onomía pa a ges iona sus asun os in e nos. En ellas
se o ma on muchos c is ianos aman es de la lengua á abe y abie os a las nue as ideas, mien as los musulmanes
en iaban a sus hijos a las escuelas del es ado, donde sólo había luga pa a la lengua u ca (Elias, 1993: 19-21).
3 Según B ockelmann (1938: 759), con inuó sus es udios con los jesui as en Bei u .
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En su nue o en o no iene ocasión “de en a en ecundo con ac o con los ep esen an es del
despe a cul u al á abe de la época, que queda on so p endidos po la i acidad de su espí i u
y su no able conocimien o de la lengua á abe clásica” (Rizzi ano, 1978: 117). Es o le anima a
dedica se a esc ibi , y a los 18 años compone sus p ime os poemas amo osos: Rec eo de las
mi adas en las lizas de los enamo ados (Nuzha al-adq ¯ maÑ i al- uššq, 1874)4. Po
o o lado, demues a su elocuencia como o ado en “Zah a al-bdb” (La Flo de las Le as),
asociación es ablecida en 1873 y que, a pesa de su ju en ud, llega ía a di igi 5.
Po o o lado, sus inclinaciones li e a ias y su dominio del á abe clásico le lle an a en a en
el mundo del pe iodismo: empieza a en ia a ículos a la p ensa6, y en 1873, a los 17 años, le
enca gan de la edacción de al-Taqqadum (El P og eso)7. Allí despliega su elocuencia, su
in e és po los emas polí icos y sus conocimien os de la his o ia eu opea y la li e a u a
ancesa. En los a ículos que esc ibe en onces es ablece pa alelos en e “el ana ismo y la
ole ancia” o en e “los g iegos y los omanos”; deba e sob e “el mé i o de Napoleón” ci ando a
Cha eaub iand y a Madame de S aël; o elogia la “libe ad” según la conciben Mon agne,
Mon esquieu y Rousseau (Louca, 1970: 127).
Además de su abajo pe iodís ico, Ad¯b se in e esa p on o po el ea o, un nue o géne o
in oducido en el Líbano po Mā Ôn al-Naqqš (1817-1855) y man enido, a la mue e de és e,
po su sob ino Sal¯m al-Naqqš (m. 1884), que c ea en Bei u su p opia compañía ea al. A
p opues a del cónsul de F ancia en Bei u , Ad¯b hace una aducción lib e, en p osa y e so, de
And ómaca (And Ômka), de Racine8, a la que añade algunas melodías compues as po él,
siguiendo la adición inaugu ada po M Ôn. La ob a se á ep esen ada po p ime a ez en
1875 po la compañía de su amigo Sal¯m al-Naqqš en un es i al bené ico celeb ado en un
o elina o de niñas, y el dine o ecogido se dis ibui ía en e los pob es (Landau, 1965: 64;
Badawi, 1988: 56). También aduce del ancés una ob a his ó ica que lle aba el í ulo de
Ca lomagno (Š lumn)9, y además p ueba sue e con la poesía d amá ica, ayudando a Sal¯m a
compone piezas de ea o según el modelo ancés, y a ep esen a las.
4 És e es el í ulo de su colección según Rizzi ano (1978: 117), pe o B ockelmann (1938: 759) la i ula Donai e de
enamo ados y place de las mi adas (Fukh al- uššq wa-nuzha al-adq, 1874).
5 Pa ece que Isq se elaciona ya en Bei u con la masone ía, aunque es di ícil encon a da os concisos sob e el
ema, dada su condición de asociación sec e a. Según Came a (1998: 32), “segu amen e la masone ía, a la que
pe enecía jun o a un nu ido g upo de in elec uales de la época y que e a du amen e a acada po la e is a de los
jesui as al-Baš¯ , eje ció una no able in luencia en su o mación y en la elección de su ideología. A pesa de su
ju en ud, di igió una Logia a iliada al G an O ien e de F ancia”. Po o o lado, Louca (1970: 127) se e ie e a “Zah a
al bdb” como un cí culo in elec ual, y al-DusÔq¯, (1964: 91), que se e ie e a ella con el é mino ŷam a, a i ma que la
di igió más a de, sin p ecisa luga ni echa. Como luego se e á, ambién en Egip o se uni á a la ancmasone ía.
6 Como los en iados a b al-adh (Huellas de los iempos), de Sal¯m Ŷib u¯l al-JÔ ¯ y Sal¯m M¯ju¯l Šida
(Rizzi ano, 1978: 117).
7 También abajó en la edacción de Tama al-FunÔn (F u os del A e) (B ockelmann, 1938: 759), semana io
polí ico, cien í ico y li e a io, c eado en 1875 como po a oz de la comunidad sunni a y edi ado po una sociedad
anónima (Elias, 1993: 30), lo que demues a una es echa colabo ación en e in elec uales c is ianos y musulmanes en
la a ea de mode nización del mundo á abe de la época.
8 Es a ob a ambién la aduci ía en 1935 el eminen e li e a o egipcio h pusayn (1889-1973) (Tomiche, 1981:
24).
9 No se ci a a su au o , pe o pod ía a a se de Cha lemagne, oman his o ique, ob a publicada en Pa ís en 1845
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Pe o la si uación en Bei u se o na incómoda pa a los in elec uales. Ad¯b, con an sólo 20
años, ya ha des acado como “a dien e campeón de la libe ad polí ica y social” y “acé imo
enemigo de la i anía o omana” (Gab ielli,1971: 250), po lo que, pa a escapa de la censu a,
iene que emig a a Egip o, donde el jedi e Ism ¯l (1863-1879) había p opiciado un clima de
g an libe ad.
La p ime a es ancia de Ad¯b en Egip o es muy in ensa y p oduc i a. En 1876 se es ablece
en Alejand ía po ins igación de su amigo Sal¯m, que había emig ado a Egip o en 1875 con su
compañía10 a in de p osegui su ac i idad ea al en un clima polí ico y li e a io más
con o able. En su nue a pa ia, ambos se dedican a desa olla el nacien e géne o d amá ico
á abe, componiendo jun os algunas piezas o iginales y adap ando o as, como el Ho acio
(Mayy aw Ho ace) de Co neille. Ad¯b ambién aduce o a ob a ancesa más lige a, His o ia
de la bella pa isina (QiÑÑa al-B ¯s¯ya al-asnu) de la Condesa Dash (1805-1892)11.
Como el can o o maba pa e de es as p ime as p oducciones al habe lo in oducido M Ôn
en sus ob as pione as po in luencia de la ópe a i aliana, Ad¯b y Sal¯m no dudan en ecibi
lecciones de música egipcia pa a acomoda se a los gus os de su nue o ambien e. Pe o, a pesa
de sus es ue zos, ienen una ue e compe encia en las compañías egipcias, que conocían mejo
su medio, y ambos dejan el ea o en 1877 pa a pasa a eng osa las ilas del pe iodismo
polí ico.
La ida de Isq iba a da un impo an e gi o al en a en con ac o con el amoso Ŷaml al-
D¯n al-A gn¯. A in de segui las enseñanzas que és e impa ía en la mezqui a del Azha , Ad¯b
se aslada a El Cai o donde, cau i ado po su pe sonalidad, en a a o ma pa e de la
angua dia que se eunía a su al ededo . Isq a a sen i -al igual que el es o de sus
discípulos12- una g an admi ación po el maes o, como pone de elie e el siguien e bosquejo
biog á ico que hace de “Ŷaml al-D¯n al-A gn¯”13.
po Madame Go is, au o a de la que se ha pe dido el as o y cuya ob a -en 2 olúmenes encuade nados en uno solo-
apa ece ci ada en el es amen o de Melcho Ocampo (jhe e apena. ipod.com/ocampo).
10 Según Li ola (1990: 49), es a compañía ea al - o mada po doce ac o es, cua o de ellos muje es- ac uó po
p ime a ez en Alejand ía en 1876 ep esen ando AbÔ-l-pasan el a olond ado (AbÔ-l-pasan al-muga al, 1850), la
segunda ob a de M Ôn al-Naqqš que es aba inspi ada en una di e ida his o ia de Las mil y una noches. Tomiche
(1981: 25) y al-DusÔq¯ (1964: 91) conside an es a compañía como uno de los p ime os g upos á abes que anquea on
la on e a e in oduje on el ea o “mode no” en Egip o. Haywood (1971: 60-61) señala que la Casa de la Ópe a de El
Cai o les ab ió sus pue as. Y Landau (1965: 71) añade que allí en a on en con ac o con el céleb e ac o y can o
Salma piŷz¯ (1855-1917).
11 Según Landau (1965: 66-67) la adujo con el í ulo de Milag os del aza (Ga uib al-i i q); pe o al-DusÔq¯
(1964: 91) conside a es e úl imo í ulo como una ob a o iginal de Isq en la que, según Tomiche (1981: 25), exp esa
sus ei indicaciones de libe ad e independencia. Y Rizzi ano (1978: 117) p ecisa que su manusc i o o iginal ue
obado y la ob a se pe dió.
12 En e los discípulos de al-A gn¯ que alcanza ían más ama es aban Muammad Abduh (1849-1905), su más
ín imo colabo ado ; Qsim Am¯n (1863/65-1908), conside ado el após ol de la libe ación de la muje ; Muammad al-
Muwayli¯ (1868-1930), amoso po sus ela os de iaje omanceados o po sus p ime os in en os de esc ibi no ela;
Abd Allh Nad¯m (1845-1896), e o mis a panislámico; o el mencionado Sal¯m al-Naqqš, uno de los pione os del
ea o á abe.
13 F agmen o de Al-du a (1909: 222-223), una ecopilación pós uma de su ob a a la que luego se aludi á. Tex o
á abe omado de Pé es (1969: 12-13).
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“Conocí al pe sonaje de es a biog a ía en Egip o cuando e a uno de sus adep os y
o maba pa e del cí culo ín imo de sus amigos du an e su es ancia en al-Ma Ôsa [El
Cai o] y en Alejand ía. Al aza su biog a ía, mis palab as an a a a de su ciencia
y su expe iencia, pues debo se e az y no deja me lle a po la pasión que sien e
odo aquel que ha conocido a al-Sayyid Ŷaml al-D¯n, y Dios es es igo de lo que
digo.
Lo que conozco de es e sabio me pe mi e deci que es mo eno, echoncho y de ue e
complexión, de mi ada a ac i a y muy pene an e, con ba ba poco poblada y cabello
suel o. Lle a un jubón, unos za agüelles neg os que se ajus an a los obillos y un
pequeño u ban e blanco al modo de los ulemas de Cons an inopla. Es célibe,
al uis a, piadoso y muy dado a la plega ia noc u na, po lo que sólo due me desde el
inal de la noche has a que se hace de día. No come más que una ez al día, pe o bebe
mucho é y uma bas an e. Es elocuen e, amigo de la polémica, buen a gumen ado y
de g an memo ia. Es un homb e an sagaz que casi puede descub i los elos de las
conciencias y desga a las co inas de los a canos. Sin emba go, a pesa de sus
i udes, no es á lib e de un empe amen o ehemen e.
Una mues a de su p odigiosa in eligencia es que ap endió an o ancés que llegó a
pode aduci lo y a memo iza mucho ocabula io en menos de es meses, sin
p o eso , sal o el que le enseñó las le as de su al abe o en dos días.
O o de sus ex ao dina ios mé i os es que seguía la ma cha de los conocimien os
eu opeos y los descub imien os mode nos y que es aba an al co ien e de lo que
p oducían e in en aban los homb es de ciencia que pa ecía habe es udiado ciencias
en alguna de las escuelas supe io es de Eu opa”.
O o ac o que u o una impo an e in luencia en la u u a ac i idad pe iodís ica de Ad¯b
Isq ue su pa icipación en los cí culos masónicos14 egipcios. En ellos se eunían polí icos,
pe iodis as o esc i o es de odas las eligiones -como al-A gn¯, Muammad Abduh, Ya qÔb
annÔ , Muammad al-Muwayli¯ o Sal¯m al-Naqqš- y se discu ían ideas mode nis as y
e o mis as. Muchos in elec uales á abes -en especial los c is ianos, cansados de las masac es
eligiosas- se sin ie on a aídos po los p incipios masónicos de mu ua ole ancia y libe ad de
conciencia sin abas, y po su lema de “igualdad y a e nidad”, pues espe aban uni bajo esos
p incipios a los in elec uales á abes pa a lucha con a el despo ismo o omano. Es os ac o es
explican las inusuales amis ades en e in elec uales c is ianos laicos, como Ad¯b Isq, y
e udi os musulmanes, como al-A gn¯ y Abduh (Mo eh, 1976: 99).
Así, a pa i de 1877, el pe iodismo acapa a odas las ene gías de Ad¯b Isq y Sal¯m al-
Naqqš. Ayudados po al-A gn¯ -que es aba con encido de la impo ancia de la p ensa a la
14 Según Mo eh (1976: 99), las ac i idades masónicas ya habían comenzado en Bei u en 1862, cuando se
es ableció una logia dependien e del G an O ien e F ancés; más a de se unda on o as logias en Si ia, Líbano y
Egip o, y a ellas se unie on eminen es poe as, esc i o es y pe iodis as á abes; según Cheikho y Zaydn, a los que ci a
Mo eh, Isq había sido miemb o de la logia “Zah a al-bdb” es ablecida en 1873 en Bei u , en an o que al-A gn¯ y
Abduh ue on po un iempo ancmasones en Egip o. Po o o lado, B ockelmann (1938: 759) señala que Ad¯b se
unió en Egip o a los ancmasones y que a causa de su ogosa o a o ia eje ció una g an in luencia. También Va ikio is
(1969: 139) alude a su pe enencia a los cí culos masónicos egipcios, así como a las ideas mode nis as y libe alizado as
que en ellos se discu ían.
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ho a de con o ma la opinión pública, y con el que compa ían una misma línea en el campo
social- ambos undan en El Cai o el semana io polí ico MiÑ (Egip o)15 pa a opone se al con ol
ex anje o es ablecido sob e ese país en 1876.
Sus p eca ios inicios y su éxi o pos e io nos los cuen a al-DusÔq¯ (1964: 92) en es os
é minos: “Lo c ea on cuando e an unos insol en es que no enían más que 20 ancos [sic],
pe o el es ilo y ue za exp esi a del pe iódico, la se iedad de sus ideas y su alien e llamada a
la libe ad le ga an iza on una buena acogida y di usión. Le die on la bien enida los que
amaban la pluma ue e, el es ilo elocuen e y las ideas a e idas. Ad¯b empezó a lanza uego y
luz como un olcán, sacando lo que había es ado an o iempo ep imido en su alma cuando
i ía en Bei u y la op esión que él y su pueblo habían su ido a manos de los u cos. Así
emo ió los ánimos y de ol ió su glo ia al es ilo ele ado”.
Ad¯b de iende en MiÑ sus ideas libe ales, se hace eco de las doc inas de Mon esquieu y
del XVIII ancés - po ejemplo, en su a ículo sob e “El ey y los súbdi os” eclama pa a cada
país un gobie no que le sea p opio- o de las opiniones de al-A gn¯, -como en “El mo imien o
de las ideas”, donde expone la p opagación de la Re olución F ancesa po Rusia, Pe sia,
Bulga ia y Tu quía- (Louca, 1970: 127-128). Es a línea edi o ial hizo que p on o se eunie an
en o no a MiÑ los mejo es esc i o es y polí icos del momen o, como el p opio al-A gn¯,
Abduh o Abd Allh Nad¯m.
Pe o el jedi e Ism ¯l, que había p opiciado aquel clima de libe ad, aho a es aba siendo
a acado po la p ensa p i ada po habe endido el país a los ex anje os. Además, a pesa de
sus in en os po alia se con los sec o es que comba ían la in luencia ex anje a en Egip o, había
mucho descon en o en el ejé ci o y en e los cí culos e o mis as, lo que p opició el nacimien o
de dis in as asociaciones sec e as. Una de ellas se á El Jo en Egip o (MiÑ al-Fa h) -nomb e
omado de la amosa sociedad pa ió ica i aliana La Jo en I alia- que c ean en Alejand ía
cie os pe iodis as e in elec uales como Isq y Abd Allh Nad¯m (Va ikio is, 1969: 143).
En es a si uación, Ad¯b a on a se ios iesgos polí icos al edi a en la imp en a de MiÑ una
ob a que a a i ula His o ia de los anceses en Egip o (T ¯j al-Fa ansaw¯ya ¯ MiÑ , 1878).
Se a a de la pa e ela i a a la ocupación ancesa de Egip o de Ma a illas biog á icas e
his ó icas (Aŷuib al- ¯-l- a ŷim wa-l-ajb ,1805-1821), c ónica en 4 olúmenes del
egipcio Abd al-Ramn al-Gaba ¯ (1754-1825/26) cuya di usión es u o p ohibida en Egip o
has a inales de los años 70 po sus a aques a Muammad Al¯ -el undado de la “dinas ía” del
jedi e Ism ¯l- y que aho a se publicaba po p ime a ez sin in e e encia del gobie no, como
señala Ayalon (1979: 230).
Ya ue a pa a e i a un con ac o demasiado di ec o con las au o idades o al ez pa a
asegu a se la colabo ación de Sal¯m al-Naqqš, Ad¯b aslada la edacción de MiÑ a Alejand ía
en 1878. De nue o jun os en es a ciudad, la buena di usión que halló MiÑ les anima a edi a
ese mismo año un dia io al que llama on al-Tiŷ a (El Come cio), dándole al p incipio un
ca ác e come cial y inancie o, pa a de i a lo después hacia con enidos polí icos. Es e
pe iódico segui á la misma ayec o ia - ue e, en usias a y c í ica con el jedi e- que el an e io ,
y en él ambién publica á algunos a ículos el p opio al-A gn¯, unas eces con su i ma y o as
con seudónimo.
15 Rizzi ano (1978: 11) o Va ikio is (1969: 171) lo desc iben como semana io, pe o an o Tomiche (1993: 11)
como Louca (1970: 128) señalan que Ad¯b lo con i ió en semanal al aslada lo a Alejand ía.
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Tan o el aslado de MiÑ a Alejand ía como la p ime a o ien ación de al-Tiŷ a habían sido
un modo de in en a so ea la censu a egipcia, que suspendía pe iódicos de ez en cuando.
Pe o en 1879 eciben la o den de suspende al-Tiŷ a po dos semanas, y Ad¯b lo comen a en
é minos que nos ecue dan a su compa io a al-Kawkib¯ 16, po su oposición en e la luz de la
e dad y las inieblas de la i anía:
“Si nos ha dolido esa no i icación que nos ha llegado en ono de ep oche y ha
supues o un du o cas igo, nos aleg amos de que los pe iódicos sean obje o de opinión
y c í ica. No emos en es e cas igo nada a lo que pueda ecu i el censo o una
desg acia en la que pueda apoya se el malicioso. Al-Tiŷ a conside a el amo a la
pa ia como una eligión, y su de ensa, como un comba e17. En él ha i ido eliz y ha
mue o como un má i . Mas Dios le ha p ocu ado dos g acias, le ha b indado dos
g andes bene icios: ha i ido y mue o en él, y esuci a á en dos semanas,
pa oneándose con el es ido del ma i io y ado nándose con las joyas de la elicidad.
A pesa de la sobe bia de los en idiosos y de quienes in e p e an nues as palab as de
o ma dis in a a lo que p e endíamos, buscando en ellas algo que no se nos había
pasado po la men e e in en ando apaga la luz de la e dad, Dios quie e que su luz se
man enga a despecho de los que mien en”18.
Sin emba go, sus publicaciones no pod án escapa po mucho iempo a su inexo able
des ino. P ime o cie an MiÑ en 1879, pe o Ad¯b no se doblega, y decide ma cha de
inmedia o a Pa ís pa a con inua allí su comba e, segu amen e en concie o con el nacien e
Pa ido Nacional, que se eunía sec e amen e en pilwn. T as su pa ida, al-Tiŷ a ampoco
sob e i i á, pues se á clausu ado en 1880 po o den del despó ico Riy Bš, p ime minis o
del nue o jedi e Taw ¯q (1879-1892) y poco p ocli e a las p opues as nacionalis as.
Así Ad¯b uel e a oma el camino del exilio a causa de sus ideas e oluciona ias, la osadía
de sus opiniones y su oposición al gobie no. Du an e la a esía po ma en e Egip o y F ancia,
desc ibe su lucha in e io , que pa ecen e leja los elemen os de la na u aleza, como comen a
Louca (1970: 128): “Las olas del Medi e áneo que a a iesa le pa ecen pode osos egimien os.
16 El si io Abd al-Ramn al-Kawkib¯ (1849-1902), uno de los espí i us más abie os de la época, es aba al
en e del pe iódico Al-Šahbu (Alepo), undado en esa ciudad en 1877, y de I id (Unidad), undado en 1879.
Ambos se án suspendidos po sus c í icas di ec as y explíci as al gobie no local, mien as que las que hacía al gobie no
o omano e an más alusi as. Cada ez que los pe iódicos de Bei u o de El Cai o publicaban in o maciones
conce nien es a las echo ías del pachá de Alepo, al-Kawkib¯ e a acusado de habe las inspi ado. Inquie os po su
ac i ismo, las au o idades habían in en ado acalla le o eciéndole pues os o iciales, pe o, al no cesa en sus c í icas,
u o que exilia se a Egip o pa a con inua su lucha (Elias, 1993: 31-32). Un asgo esencial de su pensamien o es su
lucha po encende la luz del conocimien o, luz que el i ano a a de apaga pa a pode gobe na g acias a la igno ancia
del pueblo.
17 Aquí emplea el é mino ŷihd aplicado a la de ensa de la pa ia con la pluma, es deci , haciendo uso de una
libe ad de exp esión que siemp e de iende. Nada que e , pues, con las conno aciones iolen as que hoy se le es á
dando al é mino de una mane a an cla amen e sesgada.
18 Al-Tiŷ a, nº 1 187, p. 13, eb e o de 1879. Tex o á abe en al-DusÔq¯ (1964: 96).
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De endidos po emibles escudos blancos, asal an, bajo la guía del ien o, los he oicos
acan ilados19. Todo a su al ededo pa ece i i la epopeya que se desa olla en su alma”.
Ad¯b sólo pasa en Pa ís nue e meses, pe o de desbo dan e ac i idad. Lo p ime o que hace
al llega , a pesa del ío y las a igas del iaje, es busca una o icina y una imp en a pa a la
nue a publicación que ae en men e y en a en con ac o con o os á abes exiliados, como al-
A gn¯ y Abduh. Es e úl imo le ayuda a unda la e is a MiÑ al-Qhi a (El Cai o) donde
sigue p opagando sus ideas, apoyando de algún modo la lucha po los de echos de la muje ,
denunciando el pode absolu o del nue o jedi e Taw ¯q, eclamando una Cons i ución pa a
Egip o y ale ando a los egipcios con a el c ecien e pode de los b i ánicos, que p e endían
apode a se de su país. Su p ime a ículo se publica el 12 de diciemb e de 1879, y en él dice
e i iéndose a su í ulo: “La ealidad no cambia con el cambio del nomb e. El Cai o sigue
siendo la sie a de Egip o”20.
Du an e su es ancia en Pa ís su alen o se expande sin abas y sus esc i os ganan en
hondu a y i ulencia. Ad¯b consag a la mayo pa e de su iempo a su nue a e is a, que
apa ecía cada dos semanas o odas las semanas. E an cua o páginas amaño olio, calig a iadas
po él o po su colabo ado Abd Allh Ma š -po que no había ca ac e es á abes en la
imp en a- y li og a iadas po la P esse Ragusseau, de la Rue Jacquele (Louca, 1970: 128,
130). La indignación y nos algia que le p o oca el con as e en e la sociedad pa isina y la que
ha dejado en Egip o se aduce en a ículos desga ado es.
Sedien o de libe ad y belleza, Ad¯b lle a en Pa ís una ago ado a ida bohemia, cambiando
cons an emen e de domicilio21 y desplegando una desen enada ac i idad. F ecuen a Les
O ien aux de Pa ís y los cí culos pe iodís icos en que le in oducen los edac o es de los
pe iódicos u cos Mashu a y Taasu 22. En iquece su cul u a acudiendo a menudo a la
Biblio eca Nacional. Lee a conciencia a ículos de di e sos pe iódicos anceses e ingleses23
sob e la ac ualidad egipcia pa a da cuen a de ellos a sus lec o es. Publica a ículos en la p ensa
pa isina. Y asis e en usiasmado a las sesiones de la Cáma a de los Dipu ados. Además, se pone
en con ac o con los cí culos polí icos e in elec uales anceses, y llega a conoce a p es igiosos
li e a os.
Pe o “el ío de Pa ís, donde el in ie no de 1880 ue excepcionalmen e igu oso, el
ago amien o, la bebida y al ez el amo de más de una bella pa isina acaba on po a uina su
mala salud” ( Louca,1970: 130). En e mo de ube culosis, eg esa al Líbano, dejando en Pa ís
una honda huella en e los que le han conocido, has a el pun o que el insigne Vic o Hugo24
comen a ía al pa i Isq: “És e es el genio de O ien e” (al-DusÔq¯, 1964: 92).
19 Louca se e ie e a sus palab as ecogidas en Al-du a (Bei u , 1909: 88).
20 Tex o á abe en al-Dusūqī (1964: 92). En la segunda pa e de la ase, Adīb juega con el é mino “MiÑ ”, como
í ulo de su publicación egipcia y como pa e del nomb e de su nue a publicación pa isina, MiÑ al-Qāhi a, oponiendo
“al-Qāhi a”, li e almen e “ iun an e”, a “al-jādima”, en el sen ido de “si ien a”o “c iada”.
21 P ime o eside en la Rue Racine, nº 2; en ma zo se muda a la Rue Jean-Jacques Rousseau, nº 13, y un mes
después se ins ala en la Rue de la Chaussée d'An in, nº 33 (Louca, 1970: 130).
22 Como ela a en los a ículos 9 y 10 ecogidos en al-Du a ( Louca, 1970: 130).
23 En el a ículo 5 de al-Du a ci a Le Galois, La F ance, Le Na ional, Pa ís-Jou nal, The Times, The Daily News,
The Daily Teleg aph, The S anda d o The Obse e , y los pe iódicos alejand inos La Gace a de los T ibunales y El
Fa o de Alejand ía (Louca, 1970: 130).
24 Cu iosamen e, Vic o Hugo (1802-1885), el g an poe a, no elis a y d ama u go ancés, al que aduci án
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De nue o a bo do de un ba co, que es a ez le de uel e a Bei u , esc ibe unos e sos
pa é icos que e lejan su su imien o en é minos pa ecidos a los del iaje an e io , como
obse a Louca (1970: 130-131): “El ba co, que las olas agi an y es án a pun o de engulli
mien as el uego del mo o lo empuja, se con ie e en la imagen de es e co azón so ocado,
angus iado, que eme nau aga , pe o siemp e a dien e”25.
El es o de su b e e exis encia lo pasa Ad¯b en e el Líbano y Egip o. De Pa ís había
iajado a Bei u pa a cu a se y, como no podía pe manece ocioso, en 1881 acep a e oma la
edacción de al-Taqqadum donde an año había hecho sus p ime as a mas de pe iodis a. Pe o
sólo pe manece en Bei u un año.
Egip o, su pa ia adop i a, le seguía a ayendo, y al mejo a las ci cuns ancias polí icas, no
duda en acep a la in i ación que le hacen pa a e o na a El Cai o, donde a inales de 1881 le
nomb an di ec o del Depa amen o de Redacción y T aducción26 (Qalam al-Inšu wa-l-
Ta ŷama) del Minis e io de Ins ucción. Po las mismas echas le dan pe miso pa a ol e a
publica MiÑ , pa a lo cual con a á con la ayuda de su he mano Awn¯ Isq, aunque es a ez le
da á a la e is a un ono esencialmen e li e a io. También aduce en Egip o La enganza (Al-
in iqm), de Pie e Zaccone27, de nue o en colabo ación con Sal¯m al-Naqqš, y e oma sus
an iguos con ac os, ecuen ando el in luyen e salón li e a io que man enía en su palacio cai o a
la p incesa Nzl¯ Fil (m. 1914) y en el que se eunían las igu as li e a ias, eligiosas y
polí icas más p ominen es del Egip o de su iempo, como al-A gn¯, Abduh, Sa d ZaglÔl, al-
Muwayli¯, Qsim Am¯n, F is Nim o DwÔd Ba ak (Zeydan, 1995: 50-51). Y, además, le
nomb an sec e a io de la Cáma a de Dipu ados (Rizzi ano, 1978: 117).
Pe o en 1881 iene que deja de nue o El Cai o y ol e a Bei u po que con la e uel a de
U b¯ Bš la a mós e a se había o nado demasiado ines able. Es a e uel a nacionalis a
conduci á, pa adójicamen e, a la ocupación inglesa de 1882 y da á al as e con el enacimien o
cul u al que se augu aba en el abajo de Isq, enacimien o compa able al que había
p omo ido en su iempo Ri a al-ahÓw¯. Y cuando Ad¯b e o ne a El Cai o unos meses más
a de, se á mal acogido po los egipcios, como o os pe iodis as si o-libaneses a quienes se les
ep ochaba su apoyo a los ingleses, aunque és e no e a su caso.
De uel a en Bei u , acep a po e ce a ez la edacción de al-Taqaddum. Además publica
en 1884 La bella pa isina, de la Condesa Dash, ob a que había adap ado al á abe años a ás, y
ealiza unos úl imos iajes a El Cai o y Alejand ía. Pe o, al ag a a se su en e medad pulmona ,
Ad¯b eg esa al Líbano, pa a mo i en al-pada , una aldea ce cana a Bei u 28, el 12 de junio de
1885. La ube culosis se lo había lle ado a la edad de 29 años, “cuando es aba en la lo de su
muchos au o es á abes, mue e el mismo año que Ad¯b Isq.
25 Palab as que Louca oma de Al-du a (1909: 497).
26 Se a a del Depa amen o de T aducción que había c eado Ri a al-ahÓw¯ y había sup imido luego el jedi e
Abbs Bš (Louca, 1970: 131).
27 No ela que causó en 1880 su icien e e uelo como pa a a ae la a ención de Muammad Abduh, que la
ap oba á en 1881 aludiendo a ella como “una his o ia publicada en la imp en a al- AÑ al-pad¯” (Cachia, 1990: 33;
B ugman, 1984: 216).
28 Al-pada es á ce ca de la aldea donde se á en e ado el g an li e a o libanés Amad F is al-Šidyq (1804-
1887), po lo que “la mue e eunió a es as dos g andes igu as de la Naha á abe, a dos pione os del pensamien o y
de la nue a li e a u a” (al-DusÔq¯, 1964: 93).
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ju en ud” (al-FjÔ ¯, 1986:114), mas “no sin habe ma cado a su gene ación con su ogosidad y
su cu iosidad” ( AbbÔd, ci . en Tomiche, 1981: 25).
Dada su de ensa del laicismo y el a o poco indulgen e que había depa ado al cle o en sus
publicaciones, las au o idades c is ianas se niegan a celeb a su une al y, a pesa de la p esión
de la amilia, impiden que se le en ie e en el cemen e io ca ólico. Po ello es en e ado
ci ilmen e, acompañado po las palab as que el šayj Iskanda al- bz p onuncia en su elogio
úneb e: “Vi ió y mu ió lib e en conciencia y pensamien o, en palab a y ob a. C eció como un
pa io a iel y ec o, i ió como un soldado del más noble linaje y las más al as me as,
poniendo a su se icio el espí i u que inspi aba su pluma y man eniendo una excelsa lucha, y
mu ió como un má i digno de odo elogio (...) Los homb es lib es e llo a emos, y la libe ad
can a á su can o úneb e sob e la umba p ema u a” (al-FjÔ ¯, 1986: 116; Came a, 1998: 32).
- PRODUCCIÓN LITERARIA Y PERIODÍSTICA.
La mayo pa e de su p oducción ue ecogida al año de su mue e en Las pe las, selección
de las publicaciones del di un o Ad¯b Isq (Al-du a , mun ajab min munša' al-ma Ôm
Ad¯b Isq)29, un olumen misceláneo de p osa y poesía. Edi ado p ime o en Alejand ía en
1886 po Ŷi ŷis Miju¯l al-Naās, y luego en Bei u , en1909, po su he mano Awn¯ Isq,
es a colección pós uma es la única ob a que nos ha llegado30 de Ad¯b Isq. En ella se eúne
una selección de sus poemas, algunas de sus e siones ea ales -como And ómaca,
Ca lomagno e His o ia de la bella pa isina-, y discu sos, con e encias y a ículos que había
publicado en al-Taqaddum, Tama al- unÔn, MiÑ , al-Tiŷ a o MiÑ al-Qhi a.
Ad¯b Isq ha cul i ado la poesía, la p osa poé ica, el d ama y el a ículo pe iodís ico31,
pe o, a pesa de su indudable impo ancia, su ob a aún se conoce de o ma muy incomple a. Si
pa e de su ob a se pe dió32, nos ha llegado una página del ela o que pensaba esc ibi sob e su
iaje a Pa ís33, en la que se ponen de elie e su alen ía, su au en icidad y sus eno mes ansias
de sabe , como comen a Louca (1970: 131-132): “De él no enemos más que una página,
ne iosa, o iginal. Una página de in oducción que se quie e un ac o de co aje, po el p opio
hecho de habe sido esc i a an es de la edacción de la ob a, oponiéndose así a la hipóc i a
cos umb e de in oducciones siemp e pos izas (...) En ella anuncia un ma e ial abundan e, la
cosecha de a ios años de obse ación y es udios sob e ‘el país de los ancos’ en los di e en es
aspec os geog á ico, his ó ico, polí ico y económico, sin p e ende p o undiza especialmen e
en ninguno de es os campos. Que es e lib o se pe die a pa a siemp e es an o más lamen able
29 De es a ecopilación pós uma se hizo una eseña en el momen o de su apa ición en la e is a al-Muq aÓa (Vol.
11, nº 2, no iemb e de 1886) (B ugman, 1984: 335).
30 Sin emba go, Va ikio is (1969: 173, 467) a i ma que dejó una colección de ensayos sob e g an can idad de
emas, que ue on eunidos en 4 olúmenes i ulados Selecciones (Al-mun ajab ) y cuya 2ª edición ue edi ada en
Alejand ía en la úl ima década del XIX en un único olumen.
31 Según Cachia (1990: 83), ambién abo dó la c í ica li e a ia -siendo uno de los pocos que hizo e e encias
ocasionales a uen es eu opeas-, aunque su p oducción en es e campo ue escasa.
32 Según Rizzi ano, 1978: 117), el manusc i o de la ob a de ea o Ga uib al-i i q ue obado, y el de una ob a
que esc ibió en Pa ís i ulada Biog a ías de Egip o en es a época (Ta yim MiÑ ¯ hd l- aÑ ) se pe dió.
33 La mejo ob a mode na de es e géne o de ila e a O o pu o pa a desc ibi Pa ís (Tajl¯Ñ al-ib ¯z ¯ alj¯Ñ
B ¯s, BÔlq, 1834), la amosa desc ipción de Pa ís publicada po Ri a al-ahÓw¯ (1801-1873), o o g an e o mis a
y pione o egipcio que Isq no pudo conoce po habe mue o an es de su llegada a Egip o.
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es a polí ica había susci ado las c í icas del eme gen e mo imien o nacionalis a y la nacien e
p ensa p i ada (Tomiche, 1966: 41-49).
An e es e pano ama an pe en o io y ce cano, Isq e a “ uego que ins igaba en con a del
colonialismo, la humillación y la escla i ud. Su encuen o con al-A gn¯ aumen ó su
en usiasmo y a i ó el uego en su co azón. Lo sacó ue a, como a dien e llama, en unas
palab as que de amaban la a sob e los enemigos y espoleaban los debili ados ánimos” (al-
DusÔq¯, 1964: 93). Con encido de que sólo la unión podía de ende les de las ambiciones
ex anje as, Isq p oclama la necesidad de la “unidad de las comunidades á abes” (i id al-
umam al- a ab¯ya) (al-DusÔq¯, 1964: 93), adelan ándose con ello casi un siglo a las p opues as
unionis as de Náse y usando pa a ello exp esiones co ánicas, a pesa de se c is iano:
“¿Qué mal ha ía a los di igen es de es a nación que ci cula an en e ellos mensajes
pa a especi ica los medios a usa , que luego se eunie an en algún luga a discu i y
dialoga , y que después se p onuncia an con oces aco des en las me as como si
ue an una única oz? Ha llegado la ca ás o e, y le segui á una segunda. Ha soplado
el hu acán, y le segui á la empes ad que a en a á nues os de echos, con i iéndolos
en mo as de pol o despe digadas. Nos ha isi ado la desg acia y ha ocu ido la
heca ombe. Y aho a es amos como si no hubié amos can ado en el aye ni hubié amos
sido nada digno de mención. ¡Vamos, pues! ¡Busquemos lo pe dido y exijamos lo
saqueado, sin que lo haga un g upo y no o o y sin a ene nos a una doc ina y no a
o a, pues en la pa ia somos he manos unidos po el lazo de la lengua, y cada uno de
noso os, po di e en es que seamos, somos se es humanos!
¿Acaso piensan [nues os líde es] que esa oz [única] no end ía eco? ¿Acaso emen
que ese es ue zo se ía ano? ¿O es que no saben que una unión como és a -al ma gen
de me as eligiosas, ligada po los lazos de la aza y de la pa ia y con o mada po la
mayo ía de las doc inas á abes- za andea ía al mundo con ue za y concilia ía la
olun ad de los es ados de g ado o po la ue za, y que así los á abes ecob a ían lo
pe dido que buscaban y los de echos que exigían, sin que sus líde es u ie an nada
que eme y nada que lamen a ?” (al-DusÔq¯, 1964: 93).
Al- DusÔq¯ (1964: 93) conside a que es a p opues a de Isq es b illan e y “se di ige en la
di ección co ec a po la que debe ía habe caminado la umma á abe desde que io al codicioso
y ambicioso Occiden e a ila sus ga as pa a des oza la”, pues “si hubie a hecho eso a
mediados del siglo XIX, no le hab ía a ligido lo que la a ligió”, es deci , la implan ación del
colonialismo que se p odujo en el mundo á abe du an e el siglo XIX.
Como o os pe iodis as del momen o que eclamaban la independencia de Egip o, Ad¯b y
Sal¯m al-Naqqš apoya on al p incipio a U b¯ Bš y a sus seguido es po el hecho de
opone se al con ol ex anje o, pe o más a de deplo a on su ac i ud, ea i mando la conexión
de Egip o con el sul án de Es ambul. Po ello, más que un nacionalis a á abe -como le han
cali icado an os esc i o es á abes con empo áneos- Ad¯b ue un leal o omanis a que c eía en el
apoyo al sul án, especialmen e con a las aspi aciones impe ialis as de los usos (Va ikio is,
1969: 173).
Además de la unión de la umma á abe, Isq p oponía la Fede ación de los Pueblos de
O ien e -que él denomina li e almen e “la unidad gene al en e los o ien ales” (al-i id al-
umÔm¯ bayna al-ša q¯y¯n)- con a la pene ación colonial, e inci aba a es os mismos pueblos a
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lucha po la libe ad y la a i mación de su p opia iden idad, de inida como qawm¯ya ( xsà
Fa Ô, 1976: 188; ci . en Pelli e i, 1987: 47). Po an o, la p opues a de Isq ampoco se ía
una apues a po el nacionalismo egipcio, sino una mezcla del panislamismo dominan e y del
nacien e pana abismo, al in eg a la unidad á abe den o del conjun o o omano.
Al-A gn¯ e Isq compa ían la con icción de que e a necesa ia la unidad, pe o ¿qué
equisi os debían egi esa “unidad”? Mien as al-A gn¯ la ci aba en la unión panislámica, es
deci , de odos los países de eligión islámica, pa a Isq -c is iano, aunque con posiciones
ma cadamen e an icle icales- la unidad á abe debía basa se sólo en la aza y en la lengua,
excluyendo el ing edien e eligioso. Elias (1993: 21) comen a que la conciencia de se de
“sang e á abe” e a ecuen e en e los c is ianos. Mien as los musulmanes enían que concilia
su ape u a al ex anje o con la idelidad a las adiciones, los c is ianos libaneses se habían
abie o a Occiden e y a la ez se habían eplegado en sus comunidades, al no sen i se “en su
casa” en el Impe io O omano. Pe o, an e la ma anza de c is ianos de 1860, algunos c is ianos
cul os comenza on a cues iona se los lími es de la p o ección occiden al y el e ec o aislan e de
su pe enencia comuni a ia. Tal ez es a oma de conciencia les condujo a concebi su
“ ocación” á abe como modo de sob e i i polí ica y socialmen e en un con ex o musulmán.
Po an o, pa a los c is ianos, la eligión no debía se el eje de la unidad deseada. Es a idea de
una sociedad laica ya la había p opues o el libanés BuÓ us al-Bus n¯ (1819-1883), y al ez
Ad¯b bebió en esa uen e.
Es a adelan ada concepción laicis a41 de la unidad a abo-musulmana se á una de las
mayo es apo aciones ideológicas de Ad¯b Isq, pues en Egip o p edominaba la co ien e
panislámica de A gn¯ y Abduh. El e udi o si io Mun¯ MÔsà, que dis ingue sie e co ien es en
el e o mismo musulmán en la zona si o-libanesa, incluye a Isq en la “co ien e laica y
adical” -que de ine como “libe al, cien í ica y adical” (al-l¯b¯ l¯ al- ilmn¯ wa-l- adikl¯)-
jun o a o os in elec uales c is ianos ligados a la g an bu guesía si ia que deseaban libe a se de
la i anía u ca -como F ans¯s Ma š, Rizq Allh passÔn (1825-1880) y Fa a AnÓÔn (1861-
1922)- y cuyas ob as se ca ac e izaban po la p opues a de sepa a eligión y polí ica y po la
a i mación del nacionalismo (al-waÓan¯ya wa-l-qawm¯ya) (ci . en Pelli e i, 1987: 15).
Además del laicismo, la libe ad e a, pa a Isq, o o equisi o de esa unidad. Su o mación
anco-á abe, que an o in luyó en su es ilo, ambién in lui á en el con enido de sus esc i os. Le
ascinaban la Re olución F ancesa y su lema de “Igualdad, Libe ad y F a e nidad”42, que an
ce ca es aba de los p incipios de los cí culos masónicos que había ecuen ado. In luido po sus
lec u as sob e la Re olución F ancesa, insis e en la necesidad de libe ad y en la de inición de
los de echos y debe es de los ciudadanos. Su isión p og esis a le lle ó a elabo a la idea de
una sociedad laica, libe ada de odo ínculo eligioso, en la cual a aiga ían los p incipios de la
libe ad y los alo es mo ales. Pa a Isq, el O ien e Medio enía una u gen e necesidad de una
41 Los deba es de la p ensa pos e io con ibuye on a la p opagación de la idea de laicismo, que más adelan e
o ma á pa e de los p oyec os elabo ados po muchas o maciones nacionalis as á abes (c . Elias, 1993: 42-43).
42 Pascale Ghazaleh (s.d.: 1), al in en a elucida la cons i ución de un pa adigma de los de echos del homb e
undado en una compa ibilidad, a menudo u bado a, de los p incipios de la Re olución F ancesa y los de la cul u a
islámica dominan e, se p egun a cómo Ad¯b Isq, c is iano o igina io de Damasco, había in en ado o mula los
de echos y debe es de los ciudadanos en el con ex o de la sociedad egipcia y elabo a un pensamien o e o mis a
cla amen e en aizado en los impe a i os de la libe ad, la igualdad y la a e nidad.
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educación polí ica y mo al -como de endía Abduh-, y po ello selecciona como lema “No hay
pa ia sin libe ad, ni libe ad sin i ud” (Came a, 1998: 31).
En los luga es en que había anscu ido su exis encia con i ían comunidades de dis in o
ipo, po lo que el p incipio de la libe ad e a un ing edien e básico pa a c ea una sociedad
ue e y unida. Al se o omana la pa ia, la cues ión undamen al pa a es os e o mis as e a la
libe ad indi idual y colec i a de los pueblos que esidían en ella, como exp esa Isq:
“La libe ad es la ida pa a el pueblo, y la independencia es la ida pa a la
nación/comunidad; es necesa io que cada pe sona sea lib e y que la nación sea
independien e”43.
En su a ículo “El mo imien o de las ideas” (pa aka al-a k )44 ambién insis e Ad¯b en la
necesidad de esa libe ad pa a lucha con a cualquie o ma de i anía, como comen a Juan R.
I. Cole45 incluyendo algunos pá a os del au o :
“Ad¯b Isq, un libe al omán ico, e la libe ad como una ue za casi mís ica que
con o ma la his o ia mode na. ‘La llama de la e o ma -esc ibe Isq- ue encendida
po p ime a ez en la Re olución F ancesa de 1789, de o ando al despo ismo y la
i anía de la adición ( aql¯d) mien as iluminaba el camino de la libe ad. Los
enemigos de la libe ad espe a on y, cuando pe cibie on debilidad, ap o echa on la
opo unidad pa a de o a la. Su ic o ia, sin emba go, ue co a, y la llama ol ió a
p ende se’. La con lag ación se ex endió po el no e de Alemania y po Rusia. En
P usia omó la o ma del socialismo, y en Rusia, la del nihilismo. ‘Una jo en nihilis a
en la ie a del absolu ismo se a e ió a dispa a de o ma delibe ada con a el je e de
policía, y encon ó muchos apoyos. Y un jo en socialis a en la ie a de la hegemonía
se a e ió a dispa a es eces con a el mona ca conquis ado ’. En onces la llama
eco dó su an iguo hoga , O ien e, donde comenza on mo imien os de polí ica y
eligión é ica, di undiéndose po I án, la an igua mo ada del p o e a Zo oas o. ‘Allí,
unos 30 años an es -esc ibe Isq- la eligión Babi c eció en o no a Bab, un Mahdi o
igu a mesiánica. Los Babis o ganiza on un mo imien o con a el gobie no,
mos ando una inusi ada in epidez y osadía. Cuando su líde ue asesinado, un g upo
de Babis dispa ó con a el Shah en un in en o de asesina le, mas el empeño alló. Pe o
ecien emen e, el 7 de ab il de 1878, los Babis, ac uando como soldados ai ados,
pene a on en e la segu idad del Shah y se las a egla on pa a a aca su ca uaje con
pied as, hi iendo a a ios del séqui o’. ‘O a mani es ación del uego de la libe ad en
O ien e -a i ma Isq- ocu ió en Es ambul, donde sus huellas ue on e iden es en la
deposición del sul án Abd al- Az¯z en 1876’. El Es ado O omano ha luchado con a
los que abogan po la libe ad, de eniéndoles y exiliándoles. Isq, po an o, e a los
43 En Al-du a , 1886: 196; ci . en Pelli e i, 1987: 47.
44 Publicado en MiÑ en 1878 y eimp eso po Naŷ¯ AllÔš en Ad¯b Isq (Bei u , 2001), a a en él de la
p opagación de la Re olución F ancesa po Rusia, Pe sia, Bulga ia y Tu quía y hace la p ime a mención signi ica i a
en la p ensa á abe sob e mo imien o de los Babis (Isq, s.d.: 1).
45 En Colonialism and Re olu ion in he Middle Eas : Social and Cul u al O igins o Egyp ’s U abi Mo emen
(P ince on Uni e si y P ess, P ince on, 1993) (ci . en Isāq, s.d.: 1).
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Jó enes O omanos y el cons i ucionalismo o omano como un eslabón de la g an
cadena de los mo imien os in elec uales po la libe ad”.
Po o o lado, su conciencia de la necesidad de e o ma del Impe io O omano se conc e a en
su lucha po la libe ad e independencia de Egip o, su pa ia de adopción. Ad¯b es aba
enamo ado de ese país, pues le había acogido en su exilio, le había dado una libe ad que se le
negaba en Bei u , le había p opo cionado opo unidades pa a ealiza abajos que el p opio
Jedi e había ap eciado y ecompensado, y además daba e ugio e impulso a las co ien es
e o mis as. Es e amo a Egip o le inci aba a ad e i a su pueblo de los pelig os que lo
acechaban:
“Egip o -y no hay que a e gonza se de ama - es un país en el que dejé la lo de los
días de la ju en ud, al que legué el cul i o de las le as, en el que sacudí la ie na ama
de los deseos y en el que me e es í con la elucien e opa de las espe anzas. La
desg acia no me impidió ama lo, ni el exilio me hizo ol ida el pac o que con él enía.
No soy el p ime o aman e cuya pasión se inc emen a con la dis ancia, sin ompe un
pac o po o o. Así que ¡gua daos, gen e de Egip o! El enemigo os acecha. Ojos y
espías os asedian” (al-DusÔq¯, 1964: 94).
Ad¯b e a ambién un de enso apasionado de la libe ad de exp esión y eclamaba, jun o con
o os in elec uales, un gobie no cons i ucional pa a ese país. En 1881, en una de sus es ancias
en Egip o as eg esa de F ancia, esc ibió un a ículo en el que e u aba al šayj Fa Allh46,
que eclamaba un gobie no au oc á ico el día en que se ab ió la Cáma a de Dipu ados. Decía
Ad¯b elogiando la uel a a la ac i idad pa lamen a ia:
“¡Pe dón a las icisi udes del iempo po sus e o es! *
¡Hoy ha sido un día de buenas acciones!
¿Y cómo no? [El Pa lamen o] es una necesidad del alma y un deseo del co azón desde
que la men e se di igió a la polí ica nacional, desde que la ene gía se dedicó a
eanima los ánimos, desde que la olun ad se comp ome ió a p ese a los de echos
y desde que se unie on las ue zas pa a cumpli los debe es. Rep esen a a una
gene ación que ha e es ido a la pa ia con un limpio man o de ju en ud, al deseo que
ha plan ado una esca ama de espe anza pa a la umma. Es lo que hemos anhelado
siemp e y po lo que hemos desa iado al iempo y hemos espe ado años a ando de
ence sus icisi udes. ¡Qué he moso día, que ae de nue o el esplendo del pasado,
que da ida a la espe anza mue a, que de uel e la ju en ud a la umma!” (al-DusÔq¯,
1964: 94).
Enemigo acé imo del c ecien e con ol de los ex anje os sob e Egip o, Ad¯b se á
belige an e con a la p ensa que simpa izaba con ellos. En una ocasión en que los pe iódicos
elogiaban a los ingleses po sup imi algunos impues os - al ez cie as asas en la
46 Redac o del pe iódico al-Bu hn, lanzado po el Jedi e Taw ¯q pa a con a es a a la p ensa hos il que
apoyaba a U b¯ y echazaba la p esencia en Egip o de los con olado es eu opeos (Va ikio is, 1969: 171).
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enegociación de la deuda egipcia-, Isq les ec imina su ac i ud, pues, según él, ebajando
esos impues os los b i ánicos sólo p e endían e o za su posición en Egip o; y aunque
econocía que la censu a de p ensa impedía expone la e dad del expolio, pide a los egipcios
que no se some an a una ida indigna y a unos malos gobe nan es, y lo hace de nue o
u ilizando exp esiones co ánicas, especialmen e en el úl imo pá a o, y además en é minos
simila es a al-Kawkib¯, oponiendo la luz de la e dad a las inieblas del engaño:
“¿Acaso se les ocul a a esos pe iódicos el hecho de que no es un ac o de compasión
que el cazado eche g ano an e las a es? ¿Es que no saben que quien ilda a los
egipcios de sal ajes y c ee en la in e io idad de sus acul ades men ales no les da
es as migajas sino pa a acili a que los ingleses des ocen su ue za y de o en sus
iquezas?
¡Cla o que lo saben! Los pe iódicos egipcios no igno an es a ealidad, pe o no pueden
p oclama la, pues son conscien es de que el lad ón que p e ende oba los de echos
nacionales odia la luz y de que, si ellos in en an mos a la, él se ap esu a á a apaga la,
ce ándolos y aboliéndolos.
¡Gen es de Egip o!
Puede que mis palab as os pa ezcan ex añas: Cuando ues os di igen es son los
mejo es, cuando ues os icos son los más gene osos y cuando omáis decisiones po
consenso, la supe icie de la ie a es mejo pa a oso os que su ien e; mas, cuando
ues os di igen es son los peo es, cuando ues os icos son los más a a os y cuando
ues os asun os quedan en manos de ues as muje es, en onces el ien e de la ie a
es mejo pa a oso os que su supe icie” (al-DusÔq¯, 1964: 95).
La en a del país a los ex anje os p opició el desa ollo de las endencias nacionalis as y de
una se ie de sociedades sec e as, como la llamada Sociedad Nacional. És a se unió a los
miemb os descon en os del ejé ci o lide ados po U b¯ Bš, y así su gi á el Pa ido Nacional
Popula (al-pizb al-WaÓan¯ al-Ahl¯). Pocos meses an es de que los b i ánicos conquis a an
Egip o (12 de no iemb e de 1882), Ad¯b di ige es e ehemen e ep oche a los egipcios, que no
comp endían los obje i os po los que luchaba dicho pa ido:
“[El Pa ido Nacional] quie e que el egipcio enga la dignidad del se humano, que sea
lib e en la ida y dis u e de su independencia, que ob enga sus de echos y cumpla sus
debe es; ¡mas oso os que éis que se le a e como a una bes ia que es conducida al
ma ade o, y que se le desuelle si llega a iejo!
[El Pa ido Nacional] busca que el compa io a es é segu o en su casa y sea igual a su
ecino, que ob enga p oduc o de su siemb a y sea abundan e su ub e; ¡mas oso os
p e endéis que sea un ex año en e su gen e y que se le con isquen sus bienes,
alimen ando a quien le excluye, con iando en quien le a emo iza, p o egiendo a quien
le op ime”47.
Semejan es c í icas a la polí ica de los jedi es Ism ¯l y Taw ¯q y a su en a del país a los
b i ánicos ya habían p o ocado el cie e de sus pe iódicos egipcios. Ad¯b, o zado a un nue o
47 En MiÑ , ene o de 1882, p. 29 (al-DusÔq¯, 1964: 95).
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exilio, es a ez a F ancia, había seguido iel a sus obje i os de abaja po despe a al O ien e
á abe, llama a la libe ad y echa a los ex anje os de Egip o. Y esos p opósi os los había
ei e ado en el p ime núme o de MiÑ al-Qhi a, que salió en Pa ís el 24 de diciemb e de
1879:
“No p e endo enga me. Sólo busco comba i la alsedad y que iun e la e dad,
de ende a O ien e y a su gen e, a la cul u a y a sus homb es. Mi mé odo es pone al
descubie o la ealidad, exp esándome son anqueza y apa ándome de la alusión y
la suge encia, y pone de mani ies o los p incipios de la libe ad y las opiniones
c í icas. Mi me a es exci a lo que queda de la cóle a o ien al y agi a lo que queda de
la sang e á abe, le an a el elo de los ojos de los ingenuos y anima el en usiasmo de
los a isados, pa a que mis gen es sepan que ienen un de echo que se les ha obado, y
lo pidan, y unos bienes que han sido saqueados, y los eclamen; pa a que abandonen
ese p oyec o humillan e, echen ue a a odo es a ado que comp a ba a o sus de echos
y hagan sabo ea a los aido es un cas igo se e o; pa a que desp ecien, po sus
de echos, las cosas más p eciadas, y luchen a mue e comba iendo a quienes enden
sus cue pos y sus iquezas, sus pa ias y sus gen es” (al-DusÔq¯, 1964: 96).
Ad¯b, de enso de la libe ad de p ensa y de la libe ad polí ica, había hallado en F ancia el
clima ap opiado pa a segui luchando a a o de los de echos de los egipcios y la unidad á abe
y en con a de cualquie i anía, ue a o omana o egipcia. Pe o, i iendo en una sociedad an
di e en e, se adicaliza al hace se aún más conscien e del humillan e some imien o de su
pueblo. Po eso g i a u ioso a sus he manos:
“Bajo un cielo de equidad, sob e una ie a apacible, en e homb es lib es, allí donde
se escuchan los a moniosos concie os de una sociedad basada en la jus icia, me
ienen a la memo ia los gemidos que lanza mi pueblo op imido bajo los lá igos de los
e dugos, y me pongo a solloza como una mad e que acaba de pe de a su hijo. Veo
los signos del bienes a en los hoga es de la igualdad, y me acue do de la mise ia de
mi ebaño en los luga es de la oscu idad. Y ie o lág imas mezcladas con la sang e
de mi co azón, lág imas en las que empapo mi pluma pa a esc ibi a mis he manos:
¡Homb es! Vues a op esión no iene ninguna excusa, ues a esignación es ana,
ues a acción no iene mé i o. Pe ecéis sin se llo ados. Sopo áis la injus icia has a
al pun o que ues o i ano c ee e en ella un de echo; son eís a ues as cadenas
como a un o na o; bajáis an humildemen e la cabeza que, al e os, se di ía: No son
homb es en absolu o; son máquinas dedicadas a abaja la ie a y a cul i a la pa a
los homb es” (Louca, 1970: 128-129).
És e es el sen imien o que le emba ga al compa a Egip o con F ancia. Y en o os a ículos,
ambién ecogidos en Al-du a , a a desc ibi las di e encias abismales que sepa an a ambos
países, pa a acaba ea i mando la alidez de los p incipios de la Re olución F ancesa en que
ha basado su discu so como solución a an a mise ia, igno ancia e injus icia. Así lo esume
Louca (1970: 129-130):
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“En Pa ís, Ad¯b da ienda suel a a su indignación de homb e y a sus lamen os de
poe a. El pa alelo en e F ancia y Egip o es escandaloso. Aquí [en F ancia] el
campesino posee su pequeño campo y su pequeña casa a la que uel e pa a dis u a
en medio de los suyos, lee les el pe iódico y do mi apaciblemen e, sin soña con el
lá igo implacable de un gobe nan e ni con una só dida p isión que le aceche. Y allí
[en Egip o] pasa abajando oda la jo nada, pa a ap e uja se al a a dece en o no a
una ma mi a neg a, come migajas de pan de cebada, bebe agua in ec ada del Canal,
y luego ence a se en una choza neg a como una umba, ebosan e de niños en e mos
y muje es cubie as de mug e. Aquí, el co aje es ecompensado; allí, el miedo
in e e ado enseña a los homb es la coba día. La polí ica de ex o sión y humillación es
denunciada, condenada, así como el papel de compa sas de los dipu ados de El Cai o.
Sin emba go, en O ien e, al igual que en Occiden e, los homb es han sido c eados del
mismo ba o del que ue c eado Adán. Los anceses son un pueblo cuyas du as aíces
han p oducido al inal bellas amas. A pa i del es ado sal aje, han e olucionado y
han alcanzado -g acias a una a ención pe se e an e a las e elaciones de la azón y a
una olun ad ené gica que echaza la i anía- una ci ilización p óspe a donde einan
la libe ad, la igualdad y la a e nidad. Sin emba go, O ien e -donde el cielo
espléndido, el agua límpida y las ie as é iles habían colabo ado al desa ollo de
una ci ilización cuyos monumen os aún esis en el paso del iempo- ha pe dido en e
an o bienes a el sen ido del es ue zo, del debe y del de echo, y ahí es á, igno an e,
indigen e, sojuzgado. De es e con as e conmo edo que p esen a la his o ia hay que
saca una lección: es en la Re olución F ancesa48 donde eside el p incipio de la
nue a condición de la humanidad, de una ida digna de se i ida”.
CONCLUSIÓN.
Aunque la mayo ía de los manuales occiden ales ci an a Ad¯b Isq, apenas se ex ienden
sob e el con enido de su ob a, o eciendo unas pocas e e encias a su labo pione a en el ea o
y el pe iodismo. La azón puede es a en que su igu a quedó eclipsada po la ingen e labo de
al-A gn¯ y o os de sus discípulos más amosos o en que la b e edad de su exis encia sólo le
pe mi ió deja algunos indicios de su eno me po encial. Pe o, si los da os sob e Ad¯b Isq son
escasos, son a la ez su icien es pa a hace nos una idea de su impo ancia, como pone de
elie e la alo ación que se hace de él en el mundo á abe y en Occiden e.
Po ejemplo, al-DusÔq¯ (1964: 91) alo a en especial los aspec os li e a ios e ideológicos de
su ob a: “Fue uno de esos cap ichos del iempo. A pesa de su ju en ud, pudo b illa como una
esplandecien e es ella en el cielo de la li e a u a, el pe iodismo y la o a o ia, c eando una
escuela es ilís ica que imi a ían li e a os y o ado es. E a de esos cuyos co azones es án llenos
de amo a Egip o y a O ien e. Al e a los ex anje os codiciosos, a los ap o echados y a los
48 Comen a Louca (1970: 130) al espec o que Ad¯b consag a a la e olución un la go a ículo -Al-du a (1909:
163)- en el que insis e en el papel de los ep esen an es del pueblo en e a la mona quía y epi e la e sión egipcia de
la “Ma sellesa” debida a Ri a al-ahÓw¯; y ambién que en “El g i o del su imien o” -edi o ial nº 17 de MiÑ al-
Qhi a- o ece su isión de un pueblo conquis ando sus de echos, que se hallaba ya en el lib o de Ri a, pe o que aquí
se e e o zada. Según Louca, el in e és po la p opaganda polí ica domina, en nues o apasionado pe iodis a, sob e el
de la in o mación obje i a, y su ono ehemen e, exaspe ado, anuncia la inminen e e olución en Egip o lide ada po
U b¯ Bš.
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a en u e os, a izó con a ellos un uego encendido cuya llama no se apaga ía en ninguno de los
luga es en que se es ableció. Tan o emig ó y agó a causa de su ideología, su exube an e
pa io ismo y su a do oso es ilo, que se quemó siendo aún jo en, mu iendo sin habe cumplido
los 30 años”.
Louca (1970: 126, 127,132) se lamen a de la emp ana mue e de es e “niño p odigio,
apasionado po la poesía”, de es e “jo en y a dien e” pe iodis a “p osc i o”, y acaba el capí ulo
que le dedica en su es udio -especialmen e cen ado en su e apa pa isina- esal ando su alan e
ecep i o y comunica i o: “Hay que sub aya que, po su buena o mación anco-á abe, po su
na u aleza imp esionable y gene osa, Ad¯b Isq, especialmen e do ado pa a ecibi , asimila y
ansmi i , hab ía eje cido un excelen e papel de in e media io. De su paso po el ea o
conse aba la capacidad de desliza el mo imien o en las palab as p onunciadas y de ansmi i
sus más mínimas ib aciones al público. ¡Qué i o p opagandis a! En sus la gas ases, cálidas
y llenas de colo , uno sien e oda la impaciencia de una eb il imaginación, odo el a do de un
mili an e que sólo halla salida y emedio en la esc i u a. Es e mili an e idealis a susci aba, con
sus emas y su exp esión, las inquie udes mo ales y sociales de sus lec o es”.
Pascale Ghazaleh (s.d.: 1) incide más en el aspec o polí ico de su ob a, al esal a uno de
sus aspec os más no edosos: “Ad¯b Isq, a pesa de su mue e p ema u a, ue al ez uno de
los que lle a on más lejos el es ue zo po inse a una eo ía de los de echos indi iduales en un
campo polí ico cuyos lími es es aban de e minados, en el plano ju ídico, po la ša ¯ a, y en el
plano iden i a io y comuni a io, po el sis ema de mille s”.
Y al-FjÔ ¯ (1986: 116) hace un buen balance de lo que ep esen ó su igu a: “Ad¯b Isq
e a un comba ien e social, un polí ico enaz, un g an pe iodis a y un o ado elocuen e, que
exho ó a des ui el pode del despo ismo, a lib a se de la escla i ud y la se idumb e, y a
libe a las men es de cualquie au o idad i ánica, ue a empo al o eligiosa. Quiso pa a
O ien e lo que hubie a que ido odo se leal, y se opuso a los colonialis as con he oísmo,
en usiasmo y o gullo”.
Es as alo aciones, po ci a sólo algunos ejemplos, son su icien es pa a calib a la
impo ancia de la labo pione a de Ad¯b Isq. El b e e esbozo que hemos azado de su igu a
y su pensamien o polí ico-social nos pe mi e conclui que, si la ideología panislámica e a la
p edominan e en e los e o mis as de la época, esul a aún más des acable, si cabe, que Ad¯b
se adelan a a a su iempo op ando po el laicismo, en su a án po consegui una sociedad lib e
de oda i anía y capaz de auna los es ue zos de odos sus componen es, sin exclui a nadie po
azón de sus c eencias.
Si la emp ana mue e segó una p ome edo a cosecha, no pudo acaba con la luz que Ad¯b
se empeñó en encende -como su compa io a al-Kawkib¯- a despecho de cuan os i anos se
es o za on en apaga la. Po desg acia, en las ci cuns ancias en que hoy se deba e el mundo
á abe, es necesa io ol e a su ob a pa a ecob a aquella lejana luz.
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