Edmund Husserl: Los objetos como unidades de sentido
Abstract
El presente trabajo se propone elucidar distintas aristas y consecuencias de la noción de objeto en la fenomenología de Husserl, tomando como referencia principal las lecciones de 1907, publicadas con el título: Ding und Raum (Cosa y Espacio). El trabajo busca dar cuenta del reconocimiento de la dimensión de sentido que dicha noción involucra, y de como la misma pretende distanciarse de las visiones clásicas, tanto realistas como idealistas. Para ello, se analizan las siguientes cuestiones: 1) el modo de darse (Gegebenheitsweise) del objeto a la percepción y el conocimiento, 2) la manera de entender los conceptos de identidad y trascendencia, 3) la manera de entender el vínculo objeto-propiedad.
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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 58, julio-diciembre (2018) pp.: 137-156. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2018.i58.8 EDMUND HUSSERL: LOS OBJETOS COMO UNIDADES DE SENTIDO EDMUND HUSSERL: THE OBJECTS AS UNITS OF SENSE Franco César Puricelli1 Universidad Nacional de Córdoba – CONICET (Argentina) Recibido: 24-05-2018 Aceptado 30-08-2018 Resumen: El presente trabajo se propone elucidar distintas aristas y consecuencias de la noción de objeto en la fenomenología de Husserl, tomando como referencia principal las lecciones de 1907, publicadas con el título: Ding und Raum (Cosa y Espacio). El trabajo busca dar cuenta del reconocimiento de la dimensión de sentido que dicha noción involucra, y de como la misma pretende distanciarse de las visiones clásicas, tanto realistas como idealistas. Para ello, se analizan las siguientes cuestiones: 1) el modo de darse (Gegebenheitsweise) del objeto a la percepción y el conocimiento, 2) la manera de entender los conceptos de identidad y trascendencia, 3) la manera de entender el vínculo objeto-propiedad. Palabras-clave: Husserl, fenomenología, percepción, objeto, sentido. Abstract: The aim of this work is to elucidate the different angles and consequences of the notion of object in Husserl´s phenomenology (considering the 1907 lections Ding und Raum). This work tries to account for the recognition of the dimension of sense that is involved in that notion, and how it seeks to distance itself from such classic visions as realism and idealism. To accomplish this aim, the following matters are analyzed: 1) the mode of givenness (Gegebenheitsweise) of the object to perception and knowledge, 2) the way in which the concepts of identity and transcendence are understood, 3) the way in which the relationship between object and property is understood. Keywords: Husserl, phenomenology, perception, object, sense. 1. Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Doctorando en Filosofía por la misma universidad, con beca de CONICET, bajo la dirección de Alejandro G. Vigo y Ariela Battán Horenstein. ([email protected])
Franco César Puricelli Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 138 1. Introducción Uno de los desarrollos más importantes de la filosofía de Edmund Husserl, a nuestro entender, es la consideración del objeto como unidad de sentido (Einheit des Sinnes). Este reconocimiento de la dimensión de sentido tiene una importante cantidad de aristas y consecuencias que trataremos de elucidar en el presente trabajo. En un conocido y muy citado parágrafo de Ideas I, Husserl afirma: «En cierta forma y con alguna cautela puede decirse también: “todas las unidades reales en sentido estricto son unidades de sentido”.»2 Ahora bien, ¿qué quiere decir esto? ¿Quiere decir acaso que hay cierto elemento de subjetividad o de arbitrariedad en la determinación de las unidades objetivas? ¿Quiere decir que el mundo es una especie de construcción de la conciencia? Es importante detenerse a analizar este planteo con detalle, ya que con él Husserl pretende distanciarse tanto del realismo de sentido común, que no problematiza la dimensión interpretativa de la experiencia, como del idealismo radical, que reduce el mundo a sensaciones e ideas. La consideración del objeto como unidad de sentido tiene varios elementos e implica distintos niveles de estudio. El objetivo de este trabajo es recorrer dichos elementos y niveles, con el propósito de entender mejor su significado concreto e intereses generales. Consideramos que es necesario analizar las nociones que aquí presentamos en sus distintas aristas y relaciones mutuas, evitando confusiones o malentendidos, ya que no se trata de una tesis aislada, sino de un conjunto de abordajes que involucran el análisis de la percepción, del conocimiento y hasta del lenguaje. La noción de objeto nos servirá tanto de punto de partida como de centro organizador de varios abordajes husserlianos que, a nuestro entender, son de profunda relevancia filosófica. Tomaremos como referencia, fundamentalmente, las lecciones de 1907, publicadas bajo el título Ding und Raum (Cosa y Espacio). La elección del texto obedece a varias razones: 1) las lecciones están dedicadas en buena parte al estudio de la noción de objeto; 2) existen pocos comentarios y análisis sobre las mismas3; 3) se encuentran situadas históricamente entre la publicación de dos obras clásicas de Husserl: Investigaciones Lógicas (1900-1901) e Ideas I (1913). En Ding und Raum, Husserl no plantea todavía muchas de las tesis fundamentales que luego serán desarrolladas en Ideas I. Principalmente, no nos encontramos aún con la distinción entre noesis y noema, así 2. Edmund Husserl, Ideas, FCE, México DF, 1962, Libro Primero, §55. 3. Dentro de la bibliografía citada en este trabajo, los textos de Walter Hopp y Kevin Mulligan hacen referencia explícita a Ding und Raum.
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Edmund Husserl: Los objetos como unidades de sentido 139 como con el consiguiente análisis pormenorizado de las estructuras noético-noemáticas.4 Sin embargo, en lo que respecta al reconocimiento de la dimensión de sentido en el objeto, el autor ya ha dado -en las lecciones de 1907 como también en las Investigaciones Lógicaspasos verdaderamente significativos. Por eso, creemos que hay buenos motivos, tanto históricos como filosóficos, para servirnos del mencionado texto en el análisis de una serie de tópicos centrales en la obra de Husserl. La consideración del objeto remite, en primer lugar, al modo de darse (Gegebenheitsweise) del mismo a la conciencia, y con esto, a la manera en que este darse implica siempre un acto de aprehensión interpretativa (Auffassung)5 de contenidos de sensación. En segundo lugar, nos obliga a ampliar la mirada más allá del simple objeto como individuo o sustancia, y considerar elementos tales como el horizonte en que se presenta y la dirección de interés que guía el acto intencional que lo aprehende. En tercer lugar, exige una reformulación de la manera en que es concebida tanto la identidad del objeto como su trascendencia. Por último, implica un ambicioso intento de reinterpretar el vínculo entre el objeto y sus propiedades y relaciones. 2. La aprehensión La dimensión de sentido en el objeto es reconocida por Husserl, en primer término, cuando afirma que el mismo no se da a la conciencia a partir de una mera acumulación de sensaciones, sino que exige además un acto de aprehensión interpretativa (Auffassung). El objeto así constituido es precisamente una unidad de sentido que se mantiene en el cambio de las sensaciones. Lo que percibimos –por ejemplo, un árbolse encuentra alternativamente más cerca o más lejos, se modifican las condiciones de luz que nos permiten verlo, se modifica también el punto de vista desde el cual lo miramos. Todo esto implica un cambio en las sensaciones que nos presentan ese objeto, pero eso no impide que nuestra conciencia lo aprehenda como “el mismo árbol” que es. La dinámica de la aprehensión objetiva no se ve obstaculizada por el cambio de las sensaciones, más bien lo contrario, lo exige. Esto es así porque el objeto no se conoce a partir de 4. Cf. Ibídem, Sección Tercera. 5. Traducimos Auffassung como aprehensión interpretativa (a veces simplemente aprehensión o aprehensión objetiva). Para Husserl, la Auffassung implica, por así decir, tanto captación como interpretación.
Franco César Puricelli Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 140 una imagen rígida del mismo, sino a partir del desenvolvimiento dinámico de nuestro trato con él. Pertenece a la esencia del ser-cosa en general el ser una unidad intencional idéntica, que se “constituye” en una determinada colección de apariencias -efectivas o posibles- y que se identifica, tanto en su ser como en su correspondiente ser-así, en un entramado de apariencias ordenadas y en cada caso motivadas. Pero este entramado es un entramado de apariencias armónicas, que se completan mutuamente y que son asumidas por una conciencia de creencia continua, o mejor dicho, por una conciencia positiva de ser [Setzungs- Seinsbewuβtsein].6 Esta definición expresa varios elementos centrales de la manera husserliana de concebir el objeto. En primer lugar, la definición del objeto remite al modo de darse (Gegebenheitsweise) del mismo en un acto de conciencia. El objeto es una unidad intencional que se presenta en un entramado de sensaciones, pero que no se reduce a él, desde el momento en que mantiene su identidad, aunque las sensaciones se modifiquen. Más aún, los aspectos del objeto no dados ahora efectivamente –aprehendidos en forma impropia, sin las sensaciones correspondientesforman parte también de su unidad. No se trata de que el objeto sea construido o elaborado por el sujeto. La afirmación de que la conciencia pone orden y estructura en el caos de las apariencias puede generar confusiones y malentendidos. La conciencia, más bien, constituye un sentido allí donde en principio sólo hay sensaciones. Por eso mismo, además de los contenidos de sensación, la percepción exige un plus que Husserl denomina aprehensión. Los contenidos de sensación no contienen por sí mismos todavía el carácter de la percepción, no contienen nada de la dirección a un objeto percibido; no son todavía aquello que hace que algo objetivo esté ahí en carne propia. Llamamos a este plus el carácter de aprehensión y decimos que los contenidos de sensación experimentan aprehensión. Estos contenidos -que por sí mismos serían materia muertaobtienen, mediante la aprehensión, una significación viva, en el sentido de que con ellos viene a presentarse un objeto.7 Cuando hablamos de sensación nos referimos a los contenidos que son vividos por la conciencia como inmanentes. En cambio, los objetos y sus cualidades objetivas pertenecen al entramado del mundo, al ámbito de lo que trasciende la conciencia. Las sensaciones, para Husserl, presentan las cualidades del objeto, pero no se identifican con ellas. No tiene sentido, por ejemplo, decir que el verde del árbol es una sensación de verde o que la sensación de verde pueda ocupar un lugar en el espacio. Un objeto no 6. Edmund Husserl, Ding und Raum (Husserliana XVI), M. Nijhoff, La Haya, 1973, §84, primer párrafo. (La traducción es nuestra) 7. Ibídem, §15, primer párrafo. (La traducción es nuestra)
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Edmund Husserl: Los objetos como unidades de sentido 141 puede en ningún caso estar dentro de la conciencia como un contenido de la misma, del mismo modo que un amontonamiento de sensaciones jamás puede constituir por sí mismo un objeto del mundo.8 Es importante mencionar que la consideración del modo de darse nos muestra que, en la percepción, el objeto se da siempre “por un lado”, esto es, de manera incompleta y a partir de ciertas determinaciones. No es posible tener a la vista, por ejemplo, todos los lados de un objeto al mismo tiempo. Husserl da cuenta de esto diciendo que forma parte de la naturaleza del objeto el no poder ser percibido sino a través de escorzos (Abschattungen). Lo que llamamos percepción de cosas en general consta por tanto de aprehensiones propias e impropias, de lados o momentos que son presentados por contenidos de sensación y otros que son co-aprehendi- dos como aquello que también está ahí, aunque no propiamente presente. Lo percibido propiamente, en base a contenidos de sensación presentes, demanda el complemento de las aprehensiones impropias. Si no existiera este entrelazamiento de aprehensiones propias e impropias, jamás podríamos tener frente a nosotros un objeto, ni siquiera un lado del mismo, puesto que los lados no son algo autónomo ni separable. Sin el objeto, el lado no es tal. Las sensaciones, en cambio, no responden a esta estructura de presentaciones “por un lado”. La sensación se da siempre como lo que es en forma completa, sin lados ni perspectivas posibles. La sensación no tiene un reverso.9 Un mismo objeto es percibido en base a contenidos de sensación cambiantes, desde diferentes puntos de vista, en condiciones de visibilidad que varían también. Existe, no obstante, una conciencia de identidad que dispone estos contenidos diversos en la unidad de un mismo objeto.10 Este importante hallazgo husserliano señala la necesidad de estudiar los actos de la conciencia a la hora de dar cuenta del fenómeno mismo de la objetividad. El estudio de los objetos en general remite desde un principio al estudio de la unidad de los actos constituyentes de la conciencia, los actos de identificación y distinción. En palabras del propio Husserl, «la cosa se 8. Como es sabido, Husserl plantea esta distinción ya en las Investigaciones Lógicas, fundamentalmente en la Investigación Quinta, en la cual el análisis de las vivencias perceptivas tiene un rol esencial. En Ding und Raum, el análisis se realiza en forma más pormenorizada y ejemplificada, pero no hay, en lo que respecta a esta distinción, un cambio de postura por parte del autor. (Cf. Edmund Husserl, Investigaciones lógicas, Alianza, Madrid, 2006, Tomo II, Inv. V, §14.) 9. Cf. Edmund Husserl, Ding und Raum (Husserliana XVI), Nijhoff, La Haya, 1973, §14-18. 10. Cf. Ibídem, §10.
Franco César Puricelli Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 142 constituye en la conciencia, es una intencionalidad (…) lo que le da sentido a ésta y a su ser-verdad.»11 Este reconocimiento de la dimensión de sentido en el objeto no debe interpretarse como implicando algún tipo de arbitrariedad en la aprehensión. Aquí no quiere decirse que el objeto sea el resultado de una pura elaboración subjetiva, por el contrario, la aprehensión se da siempre siguiendo reglas determinadas en función de los complejos de sensaciones que son considerados en cada caso.12 La actividad de la conciencia no crea el mundo de la nada, sino que brinda el elemento de sentido a una experiencia que de lo contrario sería incapaz de establecer continuidades objetivas en el flujo de sensaciones. Es necesario, por tanto, un idealismo que establezca el rol de la conciencia en la constitución de las objetividades sin reducirlas a sensaciones o ideas, y un realismo que establezca la trascendencia de las cosas sin desconocer el rol de la aprehensión interpretativa. Esto es lo que se propone la noción husserliana de objeto, y su valor se encuentra en haberlo intentado de una manera al mismo tiempo profunda y pormenorizada. 3. Los contenidos de sensación Es necesario profundizar ahora en algunos elementos planteados en el apartado anterior, relativos a la diferencia entre los contenidos de sensación y los objetos del mundo. La distinción se desarrolla a partir del análisis del modo de darse (Gegebenheitsweise) de ambos: es una distinción entre lo que la conciencia vive íntimamente en forma completa y lo que se le presenta en tal o cual sentido, siempre en escorzos, siempre dejando lugar a una indagación ulterior. La teoría husserliana de la percepción conserva esta doble dirección en todo momento: por un lado, hacia los contenidos de sensación, y por otro, hacia los objetos del mundo. La percepción, al mismo tiempo que presenta los objetos del mundo, interpreta las sensaciones. Esto ha generado confusiones y críticas en distintos lectores e intérpretes de Husserl.13 ¿Cómo se explica la dirección al objeto del acto perceptivo, si por otro lado parece posible dar cuenta de la percepción atendiendo únicamente al plano de la conciencia, a los contenidos de sensación y la aprehensión interpretativa de los mismos? ¿Cuál es la función de las 11. Ibídem, §13, párrafo seis. (La traducción es nuestra) 12. Cf. Ibídem, §84. 13. Para una reconstrucción de la teoría de la percepción de Husserl, así como de algunas de las críticas que se le han hecho: cf. Walter Hopp, “Husserl on Sensation, Perception and Interpretation” en Canadian Journal of Philosophy, 2008, Vol. 8, Nro. 2.
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Edmund Husserl: Los objetos como unidades de sentido 143 sensaciones si en sí mismas no tienen contenido representativo alguno? El propio Husserl ha insistido en el rechazo a la idea de que las sensaciones pudieran ser una especie de imagen interna que representa un objeto exterior. Él afirma que la percepción capta los objetos del mundo y no alguna representación de ellos. ¿En qué radica entonces la importancia de los contenidos de sensación? Recordaremos cuatro rasgos fundamentales de la sensación: 1) En primer lugar, como dijimos, las sensaciones no son objetos de percepción, son vividas por la conciencia, pero no percibidas por ella originariamente. 2) A diferencia del objeto del acto perceptivo, las sensaciones son componentes reales de la conciencia. 3) A pesar de que las sensaciones no son representaciones o imágenes internas de los objetos, existe no obstante algún tipo de semejanza entre las propiedades objetivas y las sensaciones que las presentan. De hecho, una sensación auditiva no puede presentar jamás una propiedad visual. 4) Los contenidos de sensación no son en sí mismos intencionales. Adquieren esta función únicamente cuando son aprehendidos por la conciencia.14 Si bien Husserl pretendía que la incorporación de los contenidos de sensación facilitaría el acercamiento entre la conciencia y el mundo, para los críticos de dicho enfoque en realidad no ha hecho más que interponer una suerte de híbrido que, en sentido estricto, no puede ser parte del mundo ni de la conciencia.15 Además, la manera en que se supone que la sensación cumple un rol en la presentación del objeto a la conciencia no deja de tener ciertas oscuridades. La idea de una semejanza entre la sensación y la propiedad objetiva no hace más que complicar la situación, ya que parece implicar algún resabio de la idea de que percibimos imágenes o representaciones de las cosas, y esto es precisamente lo que Husserl más ha intentado poner en discusión. Ahora bien, ¿es posible dejar de lado los contenidos de sensación sin ninguna pérdida en la descripción fenomenológica de la relación entre la conciencia y el mundo? Esto no parece sencillo de aceptar, puesto que los mismos cumplen al menos dos funciones esenciales que Husserl menciona en reiteradas oportunidades. En primer lugar, dan cuenta del hecho de que no siempre un cambio en las sensaciones implica un cambio en la aprehensión objetiva. Si eliminamos los contenidos de sensación, parece que estamos obligados a decir que todas las percepciones de un mismo objeto son idénticas desde todo punto de vista. En segundo lugar, los contenidos marcan la diferencia entre la aprehensión propia y la impropia. Esta diferencia es fundamental a la hora de concebir el proceso de conocimiento y 14. Cf. Walter Hopp, obra citada, págs. 229 y 230. 15. Cf. Ibídem, págs. 230 y 231.
Franco César Puricelli Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. 144 la posibilidad de sumar nuevas determinaciones a medida que cambiamos de enfoque o de perspectiva. ¿Cómo diferenciamos si no la aprehensión que tenemos de la cara “presente” de un objeto de la aprehensión que tenemos de las demás? Si bien no pretendemos dar por cerrado el debate sobre los contenidos de sensación en este apartado, haremos no obstante una breve reflexión final. Las objeciones a la postulación de dichos contenidos parecen estar dando por hecho un esquema de interioridades y exterioridades que podríamos interpretar que el propio Husserl no asume en ningún momen- to. De hecho, si suponemos que los contenidos de sensación están en la interioridad de la conciencia y que además la aprehensión interpretativa de los mismos también es un hecho interno, entonces jamás podremos dar el salto a la exterioridad del objeto. Esto también nos llevaría a pensar en los contenidos como imágenes internas de las cosas externas. Pero si tratamos de seguir lo que de hecho afirma Husserl y concedemos que verdaderamente pretende alejarse de las mencionadas maneras tradicionales de abordar el tema -a pesar de que ciertas expresiones puedan favorecer la confusión-, tal vez podamos analizar su teoría bajo una luz nueva. Si conceptos tales como sensación, aprehensión, sentido, conciencia y objeto no pretenden trazar una línea divisoria entre ámbitos interiores y exteriores, sino más bien determinar elementos que componen la complejidad de un único ámbito de la experiencia, resulta probable que las objeciones adjudiquen a la teoría de Husserl un problema que en verdad no tiene sentido dentro de la visión general que la misma propone. 4. Movimiento y horizonte En este apartado analizaremos otros aspectos esenciales del modo de darse de los objetos. En primer lugar, es importante señalar que la cosa percibida nunca se encuentra aislada ni se da a nuestra consideración como un puro individuo, desconectado de cualquier tipo de relación. La cosa percibida, sin dejar de ser una unidad diferenciada, aparece siempre en medio de un entorno de cosas (Dingumgebung). Este entorno, si bien no atendido específicamente, es también percibido. No es posible, sin mediar algún tipo de abstracción, separar la percepción de entes individuales de esta mirada amplia y compleja de un escenario de objetos dispuestos de tal o cual manera.16 Este entorno de cosas co-percibidas incluye también al Yo-cuerpo (Ichleib), el cual se encuentra allí como cuerpo objetivo y además ocupando un lugar preeminente como referencia, en la medida en que aporta un de- 16. Cf. Edmund Husserl, Ding und Raum (Husserliana XVI), M. Nijhoff, La Haya, 1973, §24.
Thémata. Revista de Filosofía Nº58 (2018) pp.: 35-48. Edmund Husserl: Los objetos como unidades de sentido 145 terminado punto de vista (Standpunkt), un “desde dónde” de la percepción y de los comportamientos en general. Ahora bien, ni la cosa percibida ni el Yo-cuerpo son elementos estáticos, sino que el movimiento es uno de sus rasgos esenciales. El punto de vista va cambiando, el objeto se mueve, el entorno mismo se modifica. Percibir objetos es ser consciente de las identidades que se mantienen a lo largo de los cambios, tanto en el plano de la sensibilidad como en el plano de la disposición objetiva de las cosas. Cuando se asume esta perspectiva dinámica del fenómeno de la percepción, el cambio en los contenidos de sensación vividos no resulta un impedimento para dar cuenta de la identidad del objeto, sino que se vuelve una necesidad. A medida que nos acercamos a un objeto inmóvil, por ejemplo, es esperable que las sensaciones que presentan dicho objeto se vayan modificando. Además, todo objeto se conforma esencialmente de múltiples lados, pero se presenta solamente por uno de ellos, de manera tal que siempre hay una disposición de lados visibles y no visibles que se va modificando. Todo escenario de percepciones actuales implica otros escenarios de percepciones posibles que se suceden en forma coherente y en consonancia con el movimiento y el cambio. Es justamente en la aprehensión donde se constituyen las relaciones entre los diversos continuos de sensaciones, así como entre lo dado propiamente a partir de sensaciones y lo co-dado impropiamente.17 Sin esta conexión entre sensaciones de distinto tipo (visuales, táctiles, etc.) y sin la conexión entre los lados visibles y los no visibles, sería imposible tener noción de objeto alguno. El estar-ahí del objeto se constituye a partir de este múltiple darse a la percepción en escorzos que, como tales, son siempre escorzos de algo, momentos de una unidad que los contiene. El objeto, entonces, es lo que es sólo en tanto polo que unifica y sistematiza tales escorzos y posibilidades de escorzos. 18 Para dar cuenta del sentido concreto de un objeto, es necesario siempre ir más allá del mismo entendido como algo aislado. Todo objeto singular percibido lleva consigo su horizonte de otras percepciones posibles. Dicho horizonte se extiende tanto espacial como temporalmente, de modo tal que cada objeto remite a un mundo que lo circunda, así como también a un pasado y un futuro. Nuestro trato con las cosas, por tanto, se desenvuelve siempre en tales horizontes, y referirnos a un objeto individual implica en cada caso poner en juego ese conjunto de relaciones. Esto no quiere decir que la experiencia se desarrolle siempre en armonía, sino 17. Cf. Ibídem, §22. 18. Cf. Ibídem, §29-30.
atributo sin referirlo a una sustancia. El abordaje sustancialista, por lo tanto, termina conduciéndonos a todo tipo de enredos y confusiones.28 Husserl no habla de propiedades ni de atributos, sino de determinaciones. Con esto, sitúa la discusión no en el plano de la distinción metafísica entre tipos de realidad, sino en el plano de la indagación sucesiva de algo dado a la experiencia. La distinción entre el objeto y la propiedad no involucra realidades ni tipos de realidad dependientes o independientes, sino que es una distinción categorial que surge como resultado de un proceso de determinación. El vínculo entre ambos elementos, por otra parte, también se explica por la propia lógica de la indagación empírica. Esto tiene importantes repercusiones en la concepción general del objeto, así como en las reflexiones sobre la naturaleza de las propiedades primarias y secundarias, sensibles y morales, esenciales y accidentales. El objeto despojado de las determinaciones no es entonces una sustancia, sino más bien una X vacía que sirve como centro o soporte del sentido objetivo que guía la orientación de la conciencia al objeto. «Un objeto intencional idéntico puede darse de diversas maneras según diferentes determinaciones, y la totalidad de las determinaciones es un polo ideal que rige un proceso de infinito enriquecimiento.»29 Hay, por tanto, una X indeterminada que sirve de centro unificador de las determinaciones que conforman el sentido objetivo, del mismo modo en que el sujeto de una proposición sirve de centro unificador de todos los predicados que le corresponden. La manera en que se nos dan estos fenómenos en la experiencia y en el conocimiento nos muestra que no es posible disociar realmente al objeto de sus determinaciones o al sujeto de sus predicados. Ambas categorías se disocian y se vuelven a unir constantemente, como resultado de los procesos de indagación. El objeto en sí mismo, sin determinaciones, es inconcebible. La consideración del objeto se nos abre siempre a partir de tal o cual determinación. De modo análogo, cualquier sujeto gramatical –incluyendo los nombres propios- cumple su función en la medida en que involucra –de modo más o menos explícito- un criterio de identidad en base a ciertos predicados. Por otro lado, tanto las determinaciones de las cosas como los predicados de los sujetos resultan impensables como realidades aisladas, se dan siempre en relación con una referencia unificadora. Ahora bien, todo darse un objeto comprende siempre la co-evocación de su horizonte interno y de su horizonte externo. Con esto, lo que tenemos es que cada objeto implica dos direcciones de explicitación: la de sus propiedades (ej: S es P) y la de sus relaciones (ej: A > B). La realidad del objeto es inconcebible 28. Cf. David Hume, A Treatise of Human Nature, Dover, New York, 2003, Book I, Part I, Section VI. 29. Roberto Walton, Introducción al pensar fenomenológico, Biblos, Buenos Aires, 2013, pág. 86.
sin la evocación de dichos horizontes de explicitación, del mismo modo que los horizontes son impensables sin un centro que los estructure y brinde el tema de la explicitación. Propiedades y relaciones son entonces categorías que surgen como resultado de los procesos de explicitación de los horizontes interno y externo. Lo mismo puede decirse de la categoría misma de objeto. «El “lugar de origen” de la distinción categorial básica entre el objeto que oficia de sustrato y sus determinaciones se encuentra en el proceso de la consideración explicitante o simplemente explicitación.»30 La indagación del objeto es entonces un proceso que va de la consideración del mismo como un todo a una serie de consideraciones parciales, las cuales refieren nuevamente a la unidad del objeto. La indagación exige y presupone que lo indagado se mantiene uno e idéntico en la multiplicidad de aprehensiones parciales. Si no pudiéramos referir las determinaciones a un sustrato, no podríamos seguir el hilo de la explicitación, no podríamos saber si avanzamos en un mismo sentido ni tampoco si avanzamos en forma coherente. En este proceso el tema se constituye como “sustrato” y las parcialidades reveladas como “determinaciones” de dicho sustrato. Este movimiento que va del sustrato a la determinación y viceversa conduce a un sucesivo enriquecimiento del “sentido objetivo” de aquello que se indaga, al mismo tiempo que sirve de base a la síntesis predicativa. La transición del objeto S al momento p en la síntesis explicitante tenía como resultado, junto a la constitución de S como sustrato y de p como determinación, el enriquecimien- to del sentido objetivo del “objeto-sustrato” S, conservado, como tal, en su vigencia, en una modalidad peculiar del “mantener todavía asido”. Sobre esta base, la síntesis predicativa toma ahora, en un primer paso, la forma de un “retroceso” hacia el objeto, en el cual se identifica al objeto nuevamente tan sólo como S, es decir, como nuevamente despojado o separado del momento p, unido sintéticamente a él, a través de la síntesis explicitante.31 El juicio predicativo no es una simple repetición de aquello dado en la aprehensión, sino que implica una síntesis activa que identifica parcialmente el momento p con el sustrato S. En la síntesis predicativa el “determinarse como p” de S es temáticamente aprehendido y se vuelve explícito bajo la forma “S es p”. Esto implica una suerte de reiteración de la indagación inicial, pero ahora de carácter activo. La cópula “es” expresa la forma categorial propia de esta síntesis entre el objeto y la determinación, que no es por eso una simple repetición de la aprehensión, sino que implica una nueva categorización y la 30. Alejandro Vigo, Juicio, experiencia, verdad, EUNSA, Navarra, 2013, capítulo IV. 31. Ibídem, capítulo IV.
consiguiente constitución de los “estados de cosas” como correlatos objetivos de los juicios predicativos. 8. Conclusiones Quisiéramos destacar dos puntos de gran relevancia, en los cuales la visión husserliana, tal y como ha sido expuesta en este trabajo, se diferencia de los abordajes clásicos heredados de la modernidad: 1) En primer lugar, la consideración del darse de los objetos (en la percepción, en el conocimiento) como fenómeno dinámico y de carácter no atomista. 2) En segundo lugar, la consideración del objeto desde una perspectiva no sustancialista y no metafísica. Nuestro objetivo ha sido mostrar los vínculos entre estos dos puntos y la manera en que ambos se manifiestan en distintos aspectos del pensamiento de Husserl. El primer punto ha sido trabajado más expresamente en los primeros apartados, relativos a la aprehensión (Auffassung) y los contenidos de sensación, así como también en los subsiguientes, que tratan sobre el rol esencial del movimiento y del entorno en la percepción de objetos, y sobre la dirección de interés como determinante del conocimiento. El segundo punto corresponde más a los apartados finales del trabajo, relativos a la manera de concebir, por un lado, la identidad y trascendencia del objeto, y por otro lado, el vínculo objeto-propiedad. La relación entre un punto y el otro -que resulta de gran importancia para entender por qué hemos tenido que incluir en este trabajo el análisis del primero de ellosviene de la mano del hecho de que Husserl se sirve del modo de darse (Gegebenheitsweise) como punto de partida para sus estudios sobre el objeto. Los abordajes aquí reconstruidos han servido de fundamento para la crítica de ciertas concepciones heredadas de la modernidad. De hecho, la manera husserliana de entender el objeto permite una comprensión de la distinción entre propiedades esenciales y accidentales que difiere significativamente de las visiones metafísico-sustancialistas. También permite discutir la idea de que ciertas propiedades se encuentran verdaderamente en el objeto, mientras que otras son puestas en él por el sujeto. Mucho menos podemos decir que para todo X haya un conjunto de propiedades esenciales que definen su identidad de modo absoluto. Todas estas categorías se definen en un proceso de indagación. Para Husserl, el conocimiento no implica la determinación absoluta de una realidad “en sí”, sino que más bien se compone de un conjunto de respuestas válidas a preguntas surgidas en la experiencia y dirigidas a la experiencia. La indagación no crea objetos y propiedades arbitrariamente: delimita lo esencial y lo inesencial, al mismo tiempo que establece un tema alrededor del cual se organizan las consideraciones. Cada aspecto develado no es una “propiedad” cuya pertenencia al objeto o a la mente deba ser establecida a partir de un es-
quema metafísico previo, sino que es una “determinación”, una ampliación del sentido objetivo del objeto ganada en un proceso de indagación. Entendiendo las cosas de esta manera, hemos de decir que no hay determinaciones en la mente, todas son concebidas como determinando al objeto, como definiendo aquello que el objeto es.32 Para terminar, diremos que el equilibrio buscado por Husserl es, como se habrá advertido, delicado y complejo. En líneas generales, podríamos decir que intenta alejarse de la visión realista –que desconoce la importancia de los procesos de aprehensiónsin caer en una destrucción idealista de cualquier noción de objetividad. Esta dirección es probablemente la más difícil de transitar para cualquier filosofía, pero nos parece también la más acertada. Lo contrario sería simplemente pensar que el conocimiento se da en una especie de contacto inmediato con el objeto y que consiste en la obtención de una imagen rígida del mismo, o bien establecer las identidades en cada caso por definición, a la manera metafísica. Semejantes procedimientos se encuentran más cerca del pensamiento mágico que del razonamiento crítico. Por el contrario, Husserl sostiene que dirigirse a un objeto es en cada caso estar frente a un horizonte de indagación, lo que significa que no pueden sacarse conclusiones absolutas a partir de un elemento aislado. 32. Es claro que la ampliación de la noción de objeto más allá de ciertas determinaciones privilegiadas (primarias, visuales) llevada a cabo por Heidegger y por la hermenéutica se fundamenta en estas consideraciones husserlianas y es impensable sin ellas.