El bienestar de los docentes en tiempos de crisis
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Revista Fuentes, 12, 2012; 9-12 9 Presentación
El bienestar de los docentes en tiempos de crisis 10
PRESENTACIÓN Marchesi, A. Revista Fuentes, 12, 2012; 29-40 11 EL BIENESTAR DE LOS DOCENTES EN TIEMPOS DE CRISIS TEACHERS’ WELL-BEING IN CRISIS TIMES Álvaro Marchesi Ullastres Secretario General de la OEI Hay que reconocer que tiene mérito y arrojo plantear el tema del bienestar docente en este tiempo en el que la educación está dejando de ser el factor principal para el desarrollo social del país y para el progreso de las nuevas generaciones. Pero hay que destacar que es necesario abordarlo también en estos momentos, por críticos que sean, porque aunque los apoyos y la valoración de la enseñanza disminuyan, el hecho de que los docentes asuman su responsabilidad con ilusión sigue siendo un factor de primer orden para mejorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje de los alumnos. Lo que sucede es que ahora es más complicado, exige un plus de motivación y el riesgo de que se incremente el desánimo y el malestar es aún mayor. Hablamos de bienestar cuando el profesor se siente preparado y competente en su desempeño profesional; cuando percibe que su esfuerzo merece la pena por los resultados que obtiene; cuando trabaja en una cultura profesional en la que se reconoce y valora el buen hacer; y cuando siente que los responsables de la educación se preocupan por mejorar sus condiciones de trabajo y sus posibilidades profesionales futuras. El bienestar profesional no es, por tanto, un estado de ánimo al que puede acceder cualquiera que se lo proponga, sino que es el resultado de un conjunto de factores interactivos, unos internos y otros externos al docente, cuya confluencia condiciona su satisfacción profesional. La propia competencia del docente para hacer frente a las exigencias actuales de la enseñanza y su capacidad para encontrar sentido a su esfuerzo es posiblemente el factor principal de la satisfacción de los profesores. Pero este factor está al mismo tiempo asociado a los otros: a la respuesta que obtiene de sus alumnos, al apoyo que recibe en su centro, a la valoración que se le manifiesta por el trabajo bien hecho, a las perspectivas futuras que se le ofrecen y a las condiciones que se generan para hacer mejor su trabajo. Es cierto que difícilmente estos factores contextuales podrán compensar la ausencia de las competencias profesionales de los docentes; pero también hay que reconocer que no es fácil que un profesor competente y motivado
El bienestar de los docentes en tiempos de crisis 12 pueda mantener una experiencia profesional satisfactoria si el resto de las condiciones no acompañan a su esfuerzo. Los artículos que configuran este número monográfico abordan estos temas desde diversas perspectivas. Una de ellas, que aparece en varios textos, se refiere a las emociones de los docentes o, contempladas desde otro ángulo, a su inteligencia emocional. Es un enfoque necesario pues la enseñanza es un trabajo con profundas connotaciones emocionales. La propia definición de bienestar incluye un nivel suficiente de equilibrio emocional. El profesor está en permanente contacto con sus alumnos y con sus compañeros, pero también con las familias y, aunque habitualmente más alejados, con las autoridades educativas, cuyas decisiones, cambios y reformas influyen de manera muy directa en el trabajo docente. Todas estas relaciones son una fuente continua de experiencias emocionales, unas más satisfactorias que otras, pero que suelen dejar una huella en el docente al final de su jornada de trabajo. Es cierto que los mismos sucesos provocan reacciones distintas en las personas y que lo que es agotador y frustrante para unos, puede llegar a ser vivido como una experiencia estimulante para otros. Pero no cabe duda de que las complejas interacciones que ha de vivir el docente en su trabajo dejen un fuerte impacto en todos los profesionales de la enseñanza. Por ello es preciso cuidarse y buscar el mayor equilibrio emocional posible que facilite el bienestar profesional. Las experiencias y las sugerencias de los docentes apuntan a que hay tres factores que ayudan a conseguirlo: la participación en proyectos innovadores, por limitados que sean; la conversación habitual sobre las experiencias profesionales con amigos que son también compañeros; y la preocupación por mantener el valor y el sentido de la tarea de educar.