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La inmigración en el sector agrícola de Lucena del Puerto [memoria y reportaje].

Conde Garrochena, Estefanía

Abstract

El auge del cultivo de los frutos rojos en la provincia de Huelva ha producido en sus municipios un gran cambio demográfico. Desde los años 90, jornaleros de provincias cercanas acudían a la recogida de los frutos durante la campaña agrícola. Con el boom de la construcción esos peones dejaron de lado el campo para trabajar en otros sectores, dando paso a la llegada de miles de inmigrantes para cubrir esos puestos de trabajo. Actualmente, el municipio de Lucena del Puerto cuenta con una gran número de habitantes extranjeros. Sin embargo, hay un pequeño problema: Cientos de personas viven en asentamientos chabolistas por no poder acceder a la vivienda.

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bitantes) proceden de otros países. Además, durante el periodo de recogida de los frutos, Lucena alberga una población flotante de cercana a 7.500 personas, que se reparten entre contratos en origen, nacionales -de provincias cercanas-, y personas que habitan en asentamientos. Por lo tanto, ¿te imaginas vivir en una localidad donde la población inmigrante triplica la población autóctona? MÁS DE 50 AÑOS CULTIVANDO Desde el comienzo del siglo pasado, las tierras del Condado han sido labor de sus residentes. Los agricultores en los años 40, 50 y 60 comenzaron a sembrar naranjas y, poco después, se empezaron a cultivar fresas en los arroyos En el Condado de Huelva encontramos Lucena del Puerto, una localidad de 4.671 habitantes. Su economía gira en torno a la agricultura de regadío, en concreto a los frutos rojos, las fresas, las frambuesas, las moras y los arándanos. El municipio cuentaanualmente con una producción de más de 40 millones de kilos de fruta, unos 14.000 contratos y un volumen de ventas cercano a los 250 millones de euros. Según el INE, hay censadas 3.146 personas, de las que un 31.34 % (986 ha- El cultivo de los frutos rojos de Lucena ofrece más de 14.000 puestos de trabajo. Más de un 30% de la población procede de otros países. Cientos de personas viven en condiciones infrahumanas en campamentos de plásticos y madera. Lucena, un lugar de emigrantes. cercanos a las localidades. Francisca Bartomeu, de 94 años, fue una de las primeras mujeres en cultivar fresas en el Condado. Se quedó viuda estando embarazada y tuvo que seguir con la labor de su marido junto a sus hijos. “Comencé a cultivar fresas en 1962 junto a mi marido, fuimos pioneros en Lucena del Puerto. Regábamos las fresas con unos motores Pivo, los colocábamos en el arroyo, les echábamos agua hasta rellenar el cuenco y expulsaba agua por todo el cultivo”, comenta Francisca con lágrimas en los ojos. Con el paso de los años se profesionalizó el cultivo de las fresas. Poco a poco un mayor número de habitantes comenzó a dedicarse a cultivar las tierras, ya que era el único modo se poder sobrevivir en aquella época. En la década de los años ESPECIAL INMIGRACIÓN REPORTAJE Por Estefanía Conde Fotografía: Estefanía Conde La inmigración en el sector agrícola de Lucena del Puerto 1 La inmigración en el sector agrícola de Lucena del Puerto Mujeres marroquíes trabajado en la recogida de los arándanos. 80, el cultivo de los frutos rojos se implantó definitivamente en el Condado, siendo pioneros en la provincia de Huelva. En estos años las fresas pasaron a ser el cultivo de primor. A finales de los 90, España comenzó a experimentar un gran cambio económico con el boom de la construcción. Ante este fenómeno, la población autóctona y de provincias cercanas (Cádiz, Sevilla, Badajoz) fueron abandonando el sector agrícola para dedicarse a otros sectores, que contaban con mejores salarios y condiciones, puesto que el trabajo en el campo es muy duro y su salario está condicionado a los días que se trabaja. El salario medio al día es inferior a los 40 euros. “Así sea fiesta o domingo los peones y agricultores tenemos que trabajar porque la fruta no se recoge sola”, relata Juana María Moreno, empresaria agrícola de Lucena. Juana dejó de estudiar con tan solo 15 años y se dedicó al cultivo con sus hermanos y su padre. Repite convencida: “Este trabajo es muy duro, no contamos con vacaciones, todo depende de la campaña”. Además, “el español que tenga un paro gana más que trabajando en el campo”, señala Juan Antonio Márquez Domínguez, Catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Huelva y experto en el tema. Es en este momento cuando comienzan a llegar personas de otros países a las localidades freseras. Según indica el informe del Consejo Económico y Social de Huelva (CESH) “La inmigración en la provincia de Huelva” elaborado por Mª Lucía Vizcaya Vázquez, jefa de la Oficina de Extranjería de la Subdelegación del Gobierno en Huelva, se estimaban ya alrededor de 3.000 trabajadores extranjeros en la provincia de Huelva durante la campaña de 1997/1998, con cierto predominio marroquí. En 2001, la población extranjera en la provincia y el número de la población extranjeros trabajando en la fresa aumentó sustancialmente. Se pasó de unos 3.000 a 11.801 inmigrantes. Este gran aumento coincide con el inicio de los contratos en origen y el proceso de regulación de inmigrantes en España. Tal era el número de personas que llegaban a España que se convirtió en un país receptor. Como consecuencia, la Ley Orgánica 7/1985 quedaba obsoleta y se dio paso a la nueva Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero. Esta nueva ley unificó y dio una redacción adecuada a lo que ya en muchos casos se venía aplicando a través de órdenes Ministeriales, Circulares, etc, según muestra dicho informe. “La contratación en origen es una forma de contratación que empieza esencialmente en Huelva” además, la provincia onubense “ha sido el laboratorio de contratación en origen en España”, cuenta el catedrático. Este tipo de contrato hizo que solo entre 2001 y 2002 unas 7.000 personas procedentes de los países de Europa del Este llegasen a trabajar al sector agrícola. Lucena comenzó este tipo de contratos en 2001, tras el éxito de este nuevo modelo de contratación en el sector agrícola de Palos de la Frontera. “Las primeras mujeres que tuve trabajando con contrato en origen eran principalmente polacas y dos o tres años después comenzaron a venir mujeres de Rumanía.”, relata Antonio Conde, empresario agrícola de 50 años y vecino de Lucena del Puerto. Este gran proceso de selección de personal desde el país de origen provocó el desplazamiento de las personas inmigrantes que tradicionalmente habían trabajado en la campaña fresera y que procedían principalmente de Marruecos. Sin embargo, tal era el efecto llamada del trabajo en el sector agrícola que hizo que miles de personas de otros países se trasladaran a la provincia de Huelva para trabajar en la campaña sin contrato previo. Como consecuencia, se produjo una situación insostenible a nivel humanitario, y comenzaron a aparecer en aquellos años los primeros poblados chabolistas. Según cuenta el artículo “Asentamientos e inmigración. El caso de Huelva”, elaborado por Javier Rodríguez y Juan Manuel Breva ambos de Cáritas Diocesana de Huelva, “Chabolas no había porque todo el mundo que traía personas de otros países si tenían casas en el campo se llevaban a los trabajadores al campo y el que no tenía casa, las alquilaba o incluso se alojaban en cocheras que estaban adaptadas para vivir”, comenta José Antonio Garrochena Reyes, ex agricultor y vecino de Lucena. “Pero nunca había chabolas, sin embargo, desde hace años sí que se ven, antes no venían tantísimos extranjeros a trabajar”, repite el ex agricultor. Los inmigrantes que acuden al municipio proceden tanto de la Comunidad Europea como de otros países no comunitarios. “En Lucena puedes encontrar personas de Rumanía, Polonia, Senegal, Argelia, Ghana, Marruecos, Nigeria, entre otros”, dice Gema Macías, mediadora intercultural del Ayuntamiento de Lucena del Puerto. UN MISMO OBJETIVO Todas estas personas tenían un mismo propósito: encontrar trabajo en el sector agrícola. “Al principio era comerciante en la aceituna en Marruecos y vivía mucho mejor que ahora, pero el negocio con el tiempo se aflojó y tuve que buscar otras alternativas”, añade Mohamed El Baroudi, peón agrícola que llegó a la provincia de Huelva en 2003 con el fin de encontrar trabajo y tener una vida mejor. Sin embargo, las personas procedentes de otros países que acuden a la campaña de la fresa se encuentran con una dura realidad. “Hay muchas personas que se arrepienten cuando llegan a España porque no encuentran la tierra prometida, ni la riqueza que tanto le habían asegurado”, dice Said Metefah, Presidente de la Comunidad Islámica de Almonte y licenciado en Sociología. Encontramos dos tipos de trabajadores inmigrantes en el sector. Por un lado, las personas con contratos en origen que vienen con su puesto de trabajo asegurado y una casa habilitada y, por otro lado, aquellas que se desplazan a las localidades freseras durante el periodo de campaña en busca de trabajo. “Ahora en junio Lucena parece otro pueblo, tras acabar la campaña cambia mucho”, asegura la mediadora intercultural. Hay que destacar que muchas son las personas que han llegado a España, concretamente a la provincia de Huelva, de forma irregular y se han encontrado en el país indocumentados. Sin embargo, eso “La mayoría de los que llegaban aquí de África decían que cruzaron la frontera o por Ceuta o por pateras”, Manuel Mora. ESPECIAL INMIGRACIÓN REPORTAJE 3 más de tres meses. Nosotros estábamos trabajando sin contrato. No sabíamos las leyes que había en el país en aquellos años”. Alina cuenta esta historia con gran nerviosismo, pues este acontecimiento fue de los más duros de su vida, al no saber nada de su marido. Esto ocurrió en 2005. “Eran nuestros primeros años en el país y tenía 20 años. Ahora llevo en Lucena 12 años. Tenía miedo, era un país extraño, sin mis padres, sin mis hermanas y sin nadie”, relata Alina. FALTAN INFRAESTRUCTURAS El principal problema que se encuentran estas personas al llegar a la zona es el acceso a la vivienda. La localidad lucenera es muy pequeña y con una población tan reducida no cuenta con casas suficientes para albergar a tantas personas en campaña. “El pueblo no consta de viviendas suficientes. Si te fijas, no queda una casa sin alquilar en Lucena”, añade la mediadora intercultural. Estas personas, por la lejanía a su lugar de origen, pernoctan en los municipios agrícolas. Sus lugares de alojamiento son muy variados, según Mercedes Gordo Márquez en “La población inmigrante en la campaña de la fresa de Huelva: el problema de alojamiento”. Por un lado, tenemos las casas cedidas por los empresarios que pueden estar en el casco urbano o en la propia finca donde trabajan. Por otra parte, la casa alquilada. Sin embargo, no siempre es posible alquilarla a pesar de contar con los recursos suficientes. Esto es debido al tamaño de los Alina Calin, una joven rumana de 32 años, emigró hacia España con tan solo 19 años para buscar trabajo junto con su novio, ya marido Juan. “Nosotros estuvimos trabajando un par de años sin papeles y sí, es mucho mejor trabajar con papeles que sin papeles”, confiesa. El gran temor de estas personas irregulares era siempre encontrarse con la Policía o Guardia Civil, puesto que el visado les duraba tres meses en aquel entonces a las personas procedentes de Rumanía. “Sentía mucho miedo porque una vez cogieron a mi marido cuando estábamos trabajando en Badajoz en la aceituna. Él se retrasó tres meses con el visado porque estábamos esperando para acabar la campaña de la aceituna y volver a Rumania” y añade, “este episodio no lo olvido nunca, nuestros jefes nos ayudaron a buscarlo” y concluye: “No teníamos ni contratos, ni teníamos nada para poder estar ocurría en los primeros años. Actualmente, la gran mayoría de las personas que acuden a trabajar en el sector tienen documentación y sus papeles en regla. “La mayoría de los que llegaban aquí de África decían que cruzaron la frontera o por Ceuta o por pateras”, comenta Manuel Mora, alcalde de Lucena entre los años 2007 y 2015. Said hace referencia a las mafias que se encargan de la trata de personas, asegurando que ellos hacen ver a la sociedad marroquí un mundo que no es cierto. “Las mafias de las pateras pintaban un mundo de rosas, un mundo de billetes”, añade. Y, además, cuenta cómo ellos convencen a los jóvenes con promesas como “vas a cobrar 100 euros al día”, “vas a tener mujeres” o “vas a vivir mucho mejor”. Entonces la gente cede y “si te piden 3.000 o 4.000 euros lo pagas”, asegura. Por otra parte, también relata que la culpa de los pensamientos que tiene la sociedad marroquí de España en gran parte la tienen los medios de comunicación y los cuentos falsos que cuentan los inmigrantes que vuelven de España. Un ejemplo de ello, es el caso de Mohamed El Bauroudi que pagó 1.000 euros por llegar a España en patera. “Con el apoyo de la familia se vendieron cosas para conseguir dinero para venir a España”, añade el peón marroquí. Además, Mohamed dice que sus primeros años fueron muy duros. “Principalmente por los papeles porque al principio no tenía papeles y no podía trabajar y me llevé tres años sin documentos y el idioma también era muy difícil”, comenta. “Las mafias de las pateras pintaban un mundo de rosas, un mundo de billetes”,Said Metefah PRIMERAS MUJERES CON CONTRATOS EN ORIGEN EN LUCENA DEL PUERTO 4 municipios, y a veces, son los propios propietarios los que no quieren alquilar la casas a personas que trabajan en el sector porque se llegan a convertir en casas pateras. Por último, encontramos los albergues. Actualmente, en Huelva solo existe uno para personas extranjeras “La Casa del Gato” en Cartaya. Una casa rural acondicionada como vivienda común que es propiedad del Ayuntamiento. Este albergue se encuentra a 6 kilómetros de la población y alberga solo a unas 100 personas. Por último, encontramos las infraviviendas o chabolas que han sido la última opción de los temporeros. LOS ASENTAMIENTOS Esta falta de viviendas hace que cientos de personas se alejen de la localidad y comiencen a construir sus propias “casas” con plásticos, cartones y maderas que encuentran a los alrededores de las fincas. Los asentamientos se empezaron a ver en Lucena del puerto sobre el año 1999 y 2000, pero eran minoritarios. Actualmente, más de un centenar de personas habitan en estas condiciones infrahumanas. Antes, las personas que vivían en estas condiciones solo lo hacían como población flotante. Sin embargo, cada vez son más las personas que se quedan viviendo en estas condiciones durante todo el año. “Me gustaría vivir en una casa en el pueblo, pero Lucena es muy pequeño”, explica la mujeres que viven en los asentamientos son principalmente de Nigeria y muchas de ellas se dedican a la prostitución”, explica la técnico responsable del Programa de Cáritas en los Asentamientos Susana Toscano. Anteriormente, eran las personas marroquíes las que mayoritariamente vivían en chabolas, sobre todo hasta los años 2003 y 2004. “Antes, cuando se venía a la campaña no había casas y lo más fácil era hacer una chabola”, cuenta Said. La edad media de las personas extranjeras que viven estas condiciones es bastante joven. “Los más jóvenes suelen ser los africanos, aunque no se sabe la edad exacta. Ahí es la edad que ellos te digan, no hay documentos”, explica el ex alcalde. “Entre 20, 30 y 35 años. Sin embargo, encontramos algunos casos de personas de 60 años, que mayoritariamente son hombres”, dice la coordinadora de Cáritas. Los asentamientos de Lucena están seguidos y supervisados por varias organizaciones: Huelva Acoge, Cáritas Diocesana y Cruz Roja. Estas organizaciones se encargan de acudir continuamente a los asentamientos para atenderles y cubrir todo tipo de necesidades. “Acudo con la mediadora y vemos sus condiciones. Por ejemplo, si tienen la tarjeta sanitaria o no, y si no la tienen se la tramitamos. También, se miran sus nóminas o incluso sus trámites en el banco”, cuenta la responsable Enma González, de Huelva Acoge. nigeriana Eulice Osazuwa, de 38 años, que habita en uno de los asentamientos de Lucena. Eulice lleva en España 5 años y llegó en avión desde Casa Blanca. “Llegué sola y llevo dos años en Lucena. Aquí me eché novio, en las chabolas”, dice. Sin embargo, tras conocer las personas que se encontraban en el lugar observamos cómo era la única mujer que habitaba allí. “No me siento rara porque vivo con mi novio”, añade. Normalmente son hombres los que viven en los asentamientos y suelen ser de Malí, Ghana, Senegal, Rumanía y un número reducido de Marruecos. No obstante, también hay un número considerable de mujeres. “Las “Las mujeres que viven en los asentamientos son principalmente de Nigeria y muchas de ellas se dedican a la prostitución”, Susana Toscano. ESPECIAL INMIGRACIÓN REPORTAJE Son construidos con los plásticos y maderas de las fincas cercanas. 5 personas de Marruecos. Al llegar a este poblado encontramos las mismas condiciones que en el anterior. Sin embargo, en él no se encontraba nadie porque estaban todos trabajando. El tercer y último asentamiento que visitan estas organizaciones es el asentamiento más grande. En él habitan personas de Malí, Ghana, Senegal y algunas de Marruecos y se aprecia una gran cantidad de hombres, a exepción de Eunice. Este asentamiento está pegado a una finca agrícola, donde muchos de ellos trabajan en la campaña. Las condiciones de este es algo mejor que los anteriores. En él se sigue apreciando la basura por los rincones. Sin embargo, allí en medio de la nada tienen de todo: una mezquita para rezar, bares con antenas parabólicas para ver el fútbol y beber alcohol o incluso coches en muy buenas condiciones. Eunice vive en este asentamiento y ella hace gran hincapié en que lo que más necesitan es el agua. “Antes no teníamos agua. Vivimos como podemos y para nosotros lo importante es tener trabajo. Lo que más necesitamos aquí es el agua.Antes, sin ella, era muy difícil vivir. Ahora la cogemos de la finca de al lado”, cuenta la joven nigeriana. La mujer africana explica que todos cuentan con papeles y que se encuentran de forma regular en España. Por otro lado, dice que todos durante la campaña trabajan cuando la fruta está bien y esporádicamente los fines de semana. El campo siempre necesita la mano de obra, y todos ellos saben que a pesar de vivir en esas condiciones tarde o temprano acabaran trabajando en la agricultura. Es por esta razón por la que soportan vivir Cáritas de Lucena participa activamente en la localidad ayudando a todos los integrantes de los asentamientos. La organización acude cada dos semana a repartir comida en los cuatros asentamientos principales del municipio. Cada dos miércoles, se reúnen los integrantes de Cáritas Lucena, coordinados por Susana Toscano de Cáritas y por Enma González de Huelva Acoge para entregarles comida a los más necesitados, saber cómo se encuentran y qué necesitan. Los alimentos que se reparten son: Leche entera, tomate frito, arroz, atún en lata, galletas, macarrones, lentejas, aceite y azúcar. Cáritas de Lucena suele repartir en campaña sobre unas 95 bolsas quincenales. La organización visita tres de los asentamientos, excluyendo el de nacionalidad rumana, ya que según ellos no quieren ayuda y se sienten ofendidos cuando se les ofrece. El primero de los asentamientos que visitan es el más pequeño y se encuentra cerca del Huerto de las Veredas. Cuando llegan al asentamiento avisan a todos los que se encuentran allí para que acudan a recoger la comida, y se colocan en filas para recibir las bolsas. Es llamativo ver cómo muchos de ellos tras coger sus bolsas se meten en sus chabolas, se cambian de ropa e intentan hacerse pasar por otras personas para obtener una bolsa más. “Tenéis que esperar que vengan todos, mira cómo se cambia de ropa. Ellos no piensan que si se les da dos bolsas uno de sus compañeros se queda sin ella”, añade Susana. Las condiciones de este poblado son pésimas y en él se pueden apreciar unas 20 chabolas donde habitan personas de diferentes nacionalidades (Ghana, Malí, Rumanía, Senegal, etc). Tras dar un paseo por el asentamiento se aprecia cómo viven día a día. Sus ropas tendidas en cuerdas que van de árboles en árboles, las pequeñas hogueras en las puertas de las chabolas para cocinar o incluso sus cuartos de baños, que son unos pequeños cuadrados hechos con plásticos y cuatro palos de menor tamaño que sus casas y con un pequeño cubo en la puerta. Tanto Huelva Acoge como Cáritas comienzan a hablar con ellos para preguntarles que necesitan. Una de las cosas más curiosas es ver cómo piden preservativos a los integrantes de Cáritas. “Mama, dame globo”, dicen los hombres, “Dame globo que no quiero quedarme embarazada”, dijeron algunas mujeres. Como se ha mencionado antes, muchas de las mujeres que viven en los asentamientos se dedican a la prostitución, puesto que el periodo de campaña dura unos tres o cuatro meses al año y no pueden sobrevivir solo con ese dinero. El segundo asentamiento que visitan se encuentra cerca del Camino Santa Catalina y está compuesto por Los asentamientos son completamente ciudades con coches y antenas parabólicas. Estos poblados se encuentran totalmente rodeados de basura en esas condiciones. Sin embargo, allí los días se les hacen largos, y cuando no trabajan viven con lo poco que reciben de las ayudas y con la comida que se reparten entre todos. Una de las cosas que más necesitan es ropa y calzado. “La gente necesita más ropa y zapatos”, dice Eunice. “Cuando no tenemos trabajo la gente necesita más ayuda, nos deberían ayudar más”, dice la joven nigeriana Durante la campaña las ayudas les llegan cada dos semanas y cuando no es campaña se les visita cada semana para intentar atenderles adecuadamente. El cuarto y último poblado chabolista es de nacionalidad rumana. Este es el de mayor tamaño y se encuentra en el Camino de los Lobos. En él puede haber más de 200 personas y muchos de ellos son niños que nos se encuentran escolarizados. Según el Ayuntamiento, en este poblado se encuentra una gran cantidad de niñas embarazadas y bebés que viven en condiciones precarias. Además, este poblado presenta una gran particularidad, se encuentra situado en una finca que tiene embargada un banco. “Esa finca es un alcornocal y se la embargó el banco al dueño. Por esta razón, el Ayuntamiento no puede actuar ahí. Si actúa, tiene que actuar de emergencia porque es una finca privada y realmente el que tiene que desalojar a las personas de la finca es el banco”, dice el ex Alcalde. Además, asegura que ellos se han enterado de esta situación porque “no se han movido”. Estas personas que se encuentran en este asentamiento antes no vivían ahí, y menos en esas condiciones. Hace unos años vivían en una barriada conocida como “La Noria” de Lucena, que estaba casi completamente ocupada por inmigrantes. “En 2012, dejaron la barriada y se fueron a los campamentos para no pagar alquiler. Eso está constatado por la policía y hay informes”, asegura Mora. “Yo sé que vienen a trabajar y eso, pero allí viven en unas condiciones infrahumanas”, añade. No obstante, hay que destacar que esta población es flotante, y cuando acaba la campaña estas personas emigran a otro lugar de España en busca de trabajo. Sin embargo, el Ayuntamiento en el periodo que no se encuentran en la localidad no puede derrumbar las chabolas, pues el terreno no pertenece al Ayuntamiento. Una de las cosas más llamativas es que la localidad onubense tiene mejor comunicación con Bucarest que con Huelva capital. Cuatro son las conexiones diarias de autobús que tiene el municipio con Rumania, siendo una más que con la propia capital de provincia. Además, estas pequeñas ciudades que se encuentran aisladas de la sociedad tienen sus propias normas. “Cuentan con un sistema para resolver los conflictos, especialmente, en el de nacionalidad rumana. Tienen como si fuesen un alcalde, no quiero llamarle mafia, pero se parece bastante”, cuenta Manuel Mora. VIVIENDAS INFRAHUMANAS Las condiciones de los asentamientos son pésimas y han sido denunciadas por una gran multitud de organizaciones, que han culpado en gran medida a las administraciones, a los empresarios y a las autoridades municipales. CCOO Huelva, en el pasado mes de mayo propuso promover la construcción de al menos cinco albergues, uno por cada uno de los municipios con realidad chabolista: Lepe, Palos de la Frontera, Lucena del Puerto y Moguer, y por último, otro en la capital. Para financiarlo tendrían que hacerse cargo las distintas administraciones competentes, y además, han pedido alojamientos que deberían ofrecer otros servicios básicos como lavandería y duchas, según publicó el diario onubense Huelva24.com. Por otro lado, éstos denunciaron que esta situación se haya cronificado por la poca acción de las administraciones, y el beneficio de una parte del empresariado que dispone de mano de obra dispuesta a trabajar en cualquier momento. Las organizaciones Asnuci (Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad) y Astiti Cuenca Minera, que trabajan con la población migrante en las zonas de chabolas, en el pasado mes de abril iniciaron una campaña de recogida de firmas para denunciar los numerosos asentamientos en la provincia, y para exigir a los sectores implicados, principalmente a la administración y empresarios agrícolas, erradicar las condiciones de estas personas. Los empresarios, por su parte, se muestran indignados cuando las organizaciones les piden responsabilidades. “El agricultor trae a las personas con contrato en origen y los inmigrantes se metían ahí porque no había casas. Además, muchos de ellos aseguran que no quieren alquilar”, dice Antonio Conde. “El agricultor no tiene responsabilidades y cuando puede le da trabajo al que tiene documentación. Pero nosotros preferimos el contrato en origen”, añade. Por otro lado, UPA (Unión de pequeños agricultores de Huelva) asegura que “la responsabilidad es del Gobierno, la Junta y los municipios, que no pueden seguir mirando hacia otro lado”. En estos asentamientos existe prostitución, proxenitismo, venta de alcohol, venta de servicios de televisión, trapicheo de todo tipo de objetos y alimentos o incluso trabajan unos para otros para sacarse algo de dinero, según indica el informe creado por el ex Alcalde Manuel Mora en 2015 en respuesta al Informe de Sanidad y Política Social del Defensor del Pueblo donde se criticaba duramente la situación y se exigía grandes responsabilidades al Ayuntamiento. Las personas que habitan en los poblados viven en un escenario donde no se cumplen las condiciones higiénico-sanitarias básicas. Esta situación provoca un problema de peligro para la salud pública de la población residente y de los propios ESPECIAL INMIGRACIÓN REPORTAJE Mapa cedido por Cáritas sobre los asentamientos en Lucena 7 habitantes de las chabolas. Estas personas carecen de agua potable y de saneamiento, y tampoco cuentan con luz. Según el Ayuntamiento, ellos tienen que velar por la vida de todos, pero no pueden colocarles ni agua ni luz porque se produciría así aún más “el efecto llamada”. Esta situación provoca que estas personas vivan excluidas de la sociedad, pues se encuentran situados a unos 4,5 kilómetros de la localidad, escondidos entre pinos en lugares poco visibles, con el fin de evitar la destrucción de las chabolas. Diariamente andan hacia el pueblo para comprar comida, recibir ayudas, o arreglar papeles. Ellos acuden a la localidad también en bicicleta o incluso en coches. “Los morenos todos pasaban andando y ahora es muy raro ver alguien andando ahora el que no tiene bicicleta tiene coche y hay personas que no tienen ni carnet”, cuenta Antonio Barroso Suarez vecino de Lucena. Allí no tienen un lugar donde tirar la basura y nadie acude a recogerla. “Ya que admiten que se queden ahí en las chabolas al menos que les pongan unos contenedores y tiren la basura”, dice María Bartomeu vecina de la localidad. “Que les coloquen las cubetas y que un camión se lo lleve. Están rodeados de basura y ahí vienen las moscas, los bichos y se cogen enfermedades”, añade. Cuando llega primavera y verano, en aquellas chozas, la temperatura aumenta considerablemente y dentro pueden alcanzarse los 50 grados, provocando que muchos de ellos no aguanten temperaturas tan altas y se desvanezcan. “En 2015, tuvimos un completo de ambulancias. Con el calor caían redondos al suelo”, relata el ex alcalde. Lucena no cuenta con un centro médico de 24 horas para cualquier urgencia. Los ciudadanos tienen que acudir al centro médico de San Juan del Puerto. Hace unos años sí que contaban con consultas de mañana y consultas de tarde para poder atender a los temporeros. Sin embargo, con la llegada de la crisis se redujo la jornada laboral de los dos médicos titulares al 75 %, quedando así solo cubiertas las jornadas de mañana. Hay que destacar que estos servicios actualmente se encuentran desbordados, los dos médicos de la localidad no dan abasto con tanta carga, y además la localidad solo cuenta con una pediatra dos días a la semana y las consultas son reducidas. Las personas que habitan en los asentamientos sufren enfermedades continuamente debido a las condiciones en las que viven. Además, se encuentran personas con problemas de adicción y con problemas mentales. Según Mora, durante su candidatura tuvo que ingresar a algunas personas que vivían en esas condiciones en psiquiátricos. Pero eso no es todo, vivir entre cartones, madera, plásticos y basura hace que se aumente aun más el riesgo de incendios. En 2015, se produjo un foco en las chabolas, quedando calcinadas más de 20, afectando a unas 40 personas. Afortunadamente, este incendio no registró daños personales y tampoco afectó a todo el asentamiento. EN BUSCA DE SOLUCIONES Las acciones que ha llevado a cabo el Ayuntamiento en los últimos años han sido varias. Ellos reconocen que se encuentran desbordados ante la situación y que es un tema muy complicado, ya que no reciben ayudas para controlar este fenómeno. Además, la localidad no cuenta con infraestructuras para atender a tanta población. Una de las acciones que realizó el Ayuntamiento cuando comenzaron a aparecer las chabolas fue levantar un albergue temporal. Este albergue se construyó con módulos prefabricados en la Plaza Doñana de la localidad. Por otro lado, se subvencionó la construcción de un albergue para el municipio, aunque no llegó a realizarse. En 2014, ante la pasividad de las administraciones tanto autonómicas como nacionales, el Ayuntamiento se vio obligado a tomar cartas en el asunto. Como medida, el municipio se coordinó con dos localidades onubenses, Lepe y Moguer, para realizar un protocolo de actuación, que consistió en comunicar a las administraciones la situación y solicitar la colaboración para proceder a la limpieza y derribo de los asentamientos no habitados e impedir la construcción de nuevos. Es entonces, en el verano de este mismo año cuando una veintena de trabajadores de la localidad, la Policía Local, la Guardería Rural y maquinaria contratada limpia 8 asentamientos. Se derribaron un total de 753 chabolas. “Cuando comenzamos a derribar las chabolas llamamos al concejal de Moguer para avisarles que podrían ir para allá”, dice el ex alcalde. El coste de esta operación fue de 50.000 euros, que fueron soportados íntegramente por el municipio. Tras esta actuación se le comunicó a la Policía Local, la Policía Rural y a la Guardia Civil la orden de impedir, de acuerdo con la ley, la construcción de chabolas y de proceder su derribo antes de su ocupación. No obstante, el Ayuntamiento no posee suficientes efectivos ni puede controlar la autentica la avalancha que llega a la localidad cada día. ¿Por qué no levanta el Ayuntamiento? “Pues el ayuntamiento no levanta porque no tiene capacidad, no es que no quiera, no tiene capacidad. ¡Estamos locos! Un Ayuntamiento de 2.000 habitantes no puede hacer nada, cuando hay más población allí que aquí”, dice Manuel. La Guardia Civil acude irregularmente a los asentamientos y retiran las bombonas, los coches que no tienen papeles, intentaban que no se produjeran focos dentro de las chabolas, etc. Ellos no pueden hacer mucho más, cuando una per- Bolsas de comida para entregarlas a los más necesitados por Cáritas. Mapa cedido por Cáritas sobre los asentamientos en Lucena ESPECIAL INMIGRACIÓNREPORTAJE sona se encuentra sin documentación esta función le corresponde al Grupo de Inmigración de la Policía Nacional. Con lo cual, ellos no pueden más que intentar velar por la salud de todos. FALTAN AYUDAS Desde que comenzaron a llegar tantas personas de otros países a la localidad se recibieron muchísimas subvenciones. Sin embargo, actualmente están cortadas y el Ayuntamiento no recibe nada. Las ayudas se dejaron de recibir en 2007, pero se mantuvo la compensación de la Dirección General de Políticas Migratorias hasta 2010. “No existe ningún fondo de ayuda de ninguna parte, ni de Diputación, ni de la Junta de Andalucía por la crisis”, explica Manuel Mora. Ante esta situación el municipio clausuró los servicios a la inmigración por la imposibilidad material de atenderlos en junio de 2008, manteniendo en la actualidad a una trabajadora social que en realidad es la mediadora intercultural Gema Macías, y el trabajador social de la Diputación de Huelva. “Antes se tenían contratadas tres trabajadores sociales y desde hace unos años no hay subvenciones y llevo todo el tema sola”, explica Gema Macías. Las ayudas para poder llevar esta situación comenzaron a finales de los años 90. Puesto que, en aquellos años se trasladaban a la localidad personas de Cádiz, Sevilla y de la Sierra para trabajar “Ya en los 90 había personas inmigrantes, pero nosotros comenzamos con los temporeros con las personas de Cádiz y de la sierra. Por eso aquí hay comedor, cómo venían temporeros se tubo que montar el comedor, y por ahí empezaron las ayudas” explica Mora. ¿Cómo eran las ayudas? “Las ayudas eran porcentajes y lo que te daban era dinero. Sobre todo se empleaba para lavandería. Con ese dinero se compraba una secadora y una lavadora, y se encontraba en el antiguo vestuario del polideportivo”, Manuel Mora . Para obtener las subvenciones se realizaba una nivelación del servicio. “Entregaban un dinero cuantioso para servicios de inmigración. Llegó a ser de más de 30.000 euros, aunque había municipios que recibían mucho más teniendo muchos menos inmigrantes”, añadía el ex alcalde. Además, el Ayuntamiento también recibía ayudas de mantenimiento y de alimentación. “Esas ayudas eran muy ridículas, realmente se gastaban en alimentos. Los comprábamos y los entregábamos a Cáritas”, añade. Otra de las ayudas que recibe el pueblo es para apaciguar el absentismo escolar. Hay constancia de que más de un centenar de niños, que se encuentran en chabolas y casas de la localidad, no acuden a las escuelas. En 2015, se recuperó el programa de Absentismo Escolar, tras ocho años de ausencia. Se dotó a la localidad con 9.000 euros, 4.500 de Educación y 4.500 por parte del Ayuntamiento con el fin de acabar con esta situación. Según el ex alcalde, durante su candidatura llegaron a descubrir entre 100 y 120 niños sin escolarizar de nacionalidad rumana. El Gobierno de España ha destinado 1,49 millones de euros en los últimos cuatro años para la financiación de proyectos específicos de atención a inmigrantes. Estos proyectos se han desarrollado por cinco Organizaciones No Gubernamentales, entre ellas Cruz Roja y Huelva Acoge. Estos fondos han sido concedidos por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad con cargo a la asignación tributaria del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) correspondientes a los ejercicios de 2012, 2013, 2014 y 2015, según ha informado el periódico online onubense Huelva Buenas Noticias. Huelva Acoge, ha recibido a través del IRPF 266.000 euros y ha desarrollado un proyecto de acceso a la vivienda y alojamiento de inmigrantes asentados. Cruz Roja, por su parte, ha recibido a través del IRPF una ayuda de 491.500 euros y ha llevado a cabo en estos cuatro años un programa de acogida integral a inmigrantes y otro de atención a personas vulnerables en asentamientos. Estas iniciativas del Gobierno son para prestar una ayuda básica a los que viven en los asentamientos e intentar facilitarles un alojamiento digno y promover así su inserción social y laboral, señala el diario onubense. Otras de las ayudas son las de Cáritas Lucena del Puerto a los inmigrantes que se encuentran en los asentamientos. Cáritas lleva funcionando en la localidad desde los años 80. Las localidades que cuentan con asentamientos chabolistas obtienen subvenciones. Una de las principales ayudas que recibe la organización es de la FAO, Organización de Amancio Ortega. “Según la necesidad de cada pueblo se da una cantidad de dinero en relación a la población que necesita ayuda”, explica el responsable de Cáritas Lucena del Puerto, Manuel Olivares Menguadia. Otra de las ayudas que recibe la organización es de la Fundación La Caixa que dona todos los años 3.000 euros, según indica el responsable. Por otro lado, también cuentan con ayudas de cooperativas de frutas y de las hermandades de la localidad. “El colegio también colabora, todos los años hacen una campaña de recogida de alimentos para los más necesitados”, dice el responsable y vecino de la localidad. Las ayudas que dan a estas personas siempre es material. “Nunca se les da dinero, a no ser que sea muy necesario. Por ejemplo, para obtener medicinas se les entregan un vale”, añade. En los últimos tres años se han realización miles de atenciones a estas personas. Según Cáritas, en el año 2015 se ayudó a más de 3.000 personas y en el año 2016 se le dieron atenciones a 1.895 personas en la “!Estamos locos! Un Ayuntamiento de 2.000 habitantes no puede hacer nada, cuando hay más población allí que aquí”, Manuel Mora. cuartos de baño de los asentamientos. Rodeados de basura. 9