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Adiós a don José Montoto y González de la Hoyuela

López Lozano, Joaquín Carlos

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ADIOS A DON JOSE MONTOTO Y GONZALEZ DE LA HOYUELA Po JOAQUÍN CARLOS LóPEZ LOZANO No e a don José de g an alla ísica. Ni pequeño . Más bien de media alla. Cuando yo le conocí apenas si apun aba su so de a. De sencillo, sencillísimo -y has a descuidado- es- i , no le daba alo al dine o. Pe o como nunca lo enía en abundancia no e a acaño ni gas oso: p esuponía que el es o de las gen es e an como él, ni os en oso ni mise able . Sencillo. De una sencillez an se ncilla c omo pocas eces ol í a encon- a a ningún se illano. Tenía una pluma no ya ácil, sino a- cilona; acilísima. Empe o e a con adic o io, po que dispo- niendo de aquellas acul ades a ísimas, solía emplea las solo en ocasiones. Un día, cuando es aba en e noso os en «El Co- eo de Andalucía», aquel g an pe iodis a que se llamó F an- cisco de Luis y Díaz - esidenciado du an e nues a úl ima gue a en Se illa después de su de ención en Bu gos, acusado de habe hecho un in o me di igido a Roma c on a el ma - e ialismo de las o ganizaciones o ali a ias de ju en ude s- c uando a la sazón impuso en el decano de la p ensa se illana los consejillos de di ección a semejanza de los que exis ían en «El Deba e» que él igió, al lee se un edi o ial que se le había en ca gado , qui ándose sus qu e edos, le dijo: -Don José: ¡qu é pluma la suya! El día de mañana nues o San o Pa ón, San F ancisco de Sales, a us ed que no iene ningún pecado, le pedi á cuen as po su abulia de pluma ... E a e dad. Una e dad andaluza, que aquel enomenal pe iodis a as u iano no podía comp ende . Po que aquella 64 JOAQUÍN CARLOS LÓPEZ LOZANO abulia e a hija de la psicología de don José. Que e a an sencillo en la di ección del pe iódico que, sal o ocasiones muy excepcionales, no daba sensación de la au o idad que os en aba. Y la os en aba con humildad, dejando hace a los demás a oda ho a. Desde que ing esé en «E l Co eo de Andalucía», en e sus con idencias noc u nales y los momen os de p ueba que, jun - os, a a esamos, supe de él cuan o podía sabe se pa a, a es as · al u as, bosqueja su silue a. A ello con i buyó el a ec o que le gua daba desde la ju en ud, el en onces conseje o- delegado de «Edi o ial Se illana», Joaquín de la C uz y Díaz. Ambos ue on compañe os de banca en los escolapios con homb es que después en el pe iodismo llega on muy al o. Como Juan Ca e e o -mi p ime di ec o en «A B C»- y como Julián Ca bó , compañe o en el p opio «A B C». Tan ín - ima y an lejana e a la ams ad de don José, que Joaquín de la C uz, un día en plenas con idencias, me explicó cómo don José, cuando ambos es aban en los escolapios, esc ibía una y mil eces: «Yo quie o casa me con Isabeli a Flo es ... ». Y con Isabeli a Flo es se casó bien p on o. Don José había desempeñado la di ección de «La In o ma - ción de Cádiz», pe iódico de de echas, en la Taci a de Pla a. De aquella época da aba su amis ad en añable con José Ma- ía Pemán y la única a en u a polí ica de don José. Al is ado en la Unión Pa ió ica, hizo la campaña elec o a l con Pemán po la p o incia gadi ana. El ue quien me con ó que como iba de elone o en la e e ida campaña, como lógicamen e los discu sos se epe ían, un buen día don José, que se sabía el de uno de sus compañe os de e na, lo la gó al comenza el ac o y cuando le llegó el u no a su colega, és e se las io y deseó pa a imp o isa su discu so. Lo que sucedió después, en e b omas y e as, no quie o con a lo. El caso es que don José salió elegido pa a la amosa Asamblea Nacional p i - mo i e is a y que como omó con pa simonia p esen a se en la misma, cuando pasaba po Se illa en el exp eso, se en e ó de que la Asamblea había mue o polí icamen e: «Lo- zano -me dijo con humo -, po eso yo no me apun o aho a a nada ... ». ADIÓS A DON JOSÉ MONTOTO Y GONZÁLEZ DE LA HOYUELA 65 En aquella época de la gue a ci il, e ec i amen e, don José no ac uaba polí icamen e, pe o en ocasiones y en casa -como sus hijos mayo es- se ocaba con una boina oja . No obs- an e ac uaba siemp e con una obje i idad imp esionan e y jamás le obse é una pa cialidad den o de las acciones que animaban el alzamien o del 18 de Julio. Yo c eo que apa e de su g an e ca ólica e a en el ondo un libe al, un huma- nis a. Las delaciones, los chismes y las queb an ías in e esa- das, le esbalaban olímpicamen e. A eces desapa ecía como po encan o: había ido a Lo a pa a eapa ece inopinadamen e. El ue quien p ime amen e me me ió en la cabeza los in íngulis de la acei una de e deo que po aquel en onces esol ía en la expo ación los p oble- mas de la p eca ia balanza de pagos. Don José, algunas no- ches acos umb aba a queda se en mi despacho -en el suyo nunca- y se umbaba en un incomodísimo so á de cue o. Cuando yo le p egun aba cómo podía sopo a aquella pos- u a, me solía esponde : «Lozano, es que us ed no es á acos- umb ado a iaja en la «Ca e a» como yo ... ». Po aquellas calendas hacíamos dos ediciones en «El Co- eo de Andalucía», ma u ina una y espe ina o a. Yo me pasaba la ida en el pe iódico embu ido en un mono azul como edac o -je e de ambas, ealizado y has a ajus ado en un alle diezmado po la mo ilización mili a . Los pocos a os que es aba en la edacción los pasaba oyendo la adio -«aquellas adios que hablaban en idiomas ex años», como decía Ramón Resa-. Has a que me busqué un e ue zo en Ca los Delgado que sabía el inglés como el que la a y que cuando le enca gué la sección depo i a -po que yo no me podía mul iplica más -hizo amoso el seudónimo de «K i- e ion». De la acilidad de pluma de don José - nunca le apeé el don- alga es a anécdo a. E an ya las úl imas cha las de Queipo de Llano y, como no eníamos aquíg a o en la casa, las omaba An onio Rubio y Sanz, un gadi ano que había lle- gado a Se illa en ando en c<La Unión» pa a ecae en el ó - gano ca ólico de la calle Alba eda. Rubio, andaba po aquellos iempos an al o de sueño como de dine o y po las noches 66 JOAOUi:-1 CARLOS LÓPEZ LOZANO cuando se ponía an e el apa a o de adio se do mía a eces y después las pasaba ducas pa a, a mano, hace el esumen, cosa que nos e asaba el cie e lamen ablemen e . Una noche se lo dije a don José , po que la mad ugada a anzaba y aún no enía la c ha la pa a manda la al alle . Hubo poco menos que in en la, y a la noche siguien e don José en ó sigiloso y sin que se die a cuen a el somnolien o edac o omó «di ec- amen e » la cha la, esu miéndola, y cuando acabó don Gon- zalo su pe o a a me la en egó pa a compone : la había es- c i o como siemp e s olía ha ce lo, con un lápiz de in a. Y cuando se de spe ó Rubio le puso po delan e las p uebas. El lance ue de ó dago . Don José, en ez de eñi al edac o , sol ó la ca cajada como si hubie a hecho una chiquillada. Así e a de in an il, de sencillo y de bueno. Pe o hubo un lance g a e que nos obligó a con i i en Mad id du an e unos días. Sucedió que en la c oniquilla que había hecho Manolo Mu ga de un es i al au ino habido en la Maes anza a bene icio de los hué anos de la Policía A - mada, el cajis a que es aba co igiendo las líneas -un so do- mudo más bueno que el pan- se equi ocó y en ome ió una línea pu amen e au ina en el pá a o p ime o en el que se ano aba que la seño a de don Ramón Se ano Suñe p esidía el ac o. Y allí ue T o ya po el dispa a e de cue nos que se leía. De un plumazo nos suspendie on de empleo y sueldo a don José como di ec o y a mí como edac o -je e. Pese a los esc i os y a que en Se illa emo imos Roma con San iago, pese a nues a inocencia, no había o ma de qu e se deshicie a el en ue o. Y en onces aco damos don José y yo desplaza nos a Mad id bi en pe ec hado s de a ias c a as de ecomenda- ción, qu e consumimos a la pos e sin encon a ningún asi- de o álido, ni siquie a el del en onces omnipo en e Obispo de Mad id-Alcalá, D . Eijo Ga ay. En una de esas ges iones - don José me echaba a mí siem- p e po delan e-, cuando es aba en el an edespacho de Mos- ca dó, a la sazón Je e Nacional de Milicias, con su ayudan e, Manolo Mo a-Figue oa, u e que enuncia a consuma la i- si a po que Manolo me anunció que el gene al iba a sali pa a la calle de Alcalá donde Ramón Se ano Súñe iba a p onun- ADIÓS A DON JOSÉ MONTOTO Y GONZÁLEZ DE L HOYUELA 67 cia un dis cu so his ó ico decla ando la gue a a Rusia . Y po aquella ci cuns a ncia pude con empla d es de lejos, echado sob e la e ja del minis e io de la Gue a, el a do oso pa la - men o de Se ano, del que salió la «Di i sió n Azul». Reg esamos cabiz bajos y acasados a Se illa pa a con- sumi el úl imo ca ucho: da le cu en a de lo s h ec hos al ca - denal Segu a, quien despachó una ca a a Mad id, como p e- siden e na o de «Edi o ial Se illana», S. A., pidiendo nues a es i ución y, caso con a io, amenazando con excomulga a quienes ue an designados suceso es nues os en la di ección y je a u a de edacción, así como a quien los nomb a a. Y lo que no habíamos podido consegui a ue za de súp licas y de e dades lo consiguió el ca denal, e o nando don José y yo al «Co eo». Mien as allí es u e con é siemp e con él como maes o y como amigo, como con é siemp e con el apoyo del Conseje o- Delegado Joaquín de la C uz y Díaz, con cuya amis ad sigo hon ándome. Cuando ocupé la p esidencia de la Dipu ación huelga deci · que don Jos é ino a mí pidiéndome que a endie a a Lo a del Río, su pueblo na al, al que amaba como a las niñas de sus ojos al socai e de su de o ísimo amo a la Vi gen de Se e illa. Hice lo que pude y bien que me lo pagó con la gueza la bon- dad amical de don José, en cuyas manos p ecisamen e en e- gué las iendas de la p esidencia de la Asociación de la P e nsa y en cuya a ea don José se dio a conoce a muchas gen es que no le conocían, aunque pa ezca un a pa adoja, log ando da cima a la cons ucción de i iendas y apa ame n os en Ma alascañas pa a lo s pe iodis as se illanos . Así h as a un mal día en que su na u aleza ya consumida po lo s años, a pesa de hab e abandonado su a ición a l os ciga os pu os, acabó po ex ingui se y acompañé su úl im a andadu a po las ca lles de L o a del Río. La Real Academia Se illana de Buenas Le as había pe dido a uno de sus nu- m e a ios y yo había pe dido un maes o y amigo. ¡Dios le enga en su glo ia!