Las plazas de toros del Duque de Lerma: festejos ecuestres y taurinos en la corte de Felipe III
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Revista de Estudios Taurinos N.º 52, Sevilla, 2023, págs. 129152 LAS PLAZAS DE TOROS DEL DUQUE DE LERMA: FESTEJOS ECUESTRES Y TAURINOS EN LA CORTE DE FELIPE III1 Fátima Halcón* a austeridad imperante en los últimos años del reina do de Felipe II (15271598) se vieron contrarrestados con el espíritu festivo que se impuso en la corte espa ñola durante los reinados de Felipe III (15781621) y Felipe IV (16051665). Cuando Felipe III subió al trono en 1598 sólo contaba con veinte años de edad; su muerte se produjo con poco más de cuarenta, por lo que su vida como Rey transcurrió prácticamente durante su juventud y primera madurez. La corte se convirtió en una corte festiva por antonomasia, el polo opues to al severo estilo que imperó durante los últimos años del rei nado de su padre. El deseo de ostentación, el despliegue de riqueza, la organización de festejos manifestaron un nuevo esti lo de vida que se hizo sentir desde los primeros momentos de su reinado.2En esta andadura acompañó al monarca el hombre más poderoso de la corte, amigo y cortesano, que estuvo a su lado desde los primeros años de su infancia, Francisco de Sandoval y Rojas (15531625), I duque de Lerma además de otros títulos nobiliarios, su todopoderoso valido. * Universidad de Sevilla. 1El presente trabajo es resultado del proyecto I+D, El despliegue artístico de la monarquía hispánica, siglos XVIXVIII financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y Universidades del Gobierno de España, PGC2018093808. 2Suárez de Figueroa (1913: 337339). Sobre las fiestas ver: Pinheiro da Vega (1916). L
Fátima Halcón 130 Perteneciente a una familia de la nobleza levantina por parte de ambos progenitores, se educó en la corte madrileña de Felipe II al ser nombrado menino del príncipe Carlos (1545 1568), hijo de Felipe II y de María de Portugal (15271545), comenzando desde entonces una brillante carrera en la corte que le llevó a ocupar los cargos de Gentilhombre del Rey Felipe III (1592), virrey de Valencia (1595), Sumiller de Corps, Caballerizo Mayor (1598), Consejero de Estado, Consejero de Guerra, Comendador Mayor de Castilla y General de Caballería.3Su figu ra ha sido estudiada desde muchos ámbitos: sus estrategias políti cas, el valimiento como sistema de poder, las redes clientelares, la relación literatura y poder durante su mandato,4el mecenazgo artístico5o el carácter espectacular que le dio a la organización de las fiestas cortesanas, particularmente las ecuestres y taurinas.6De este último aspecto es del que vamos a ocuparnos en este estudio, ya que a él se le deben las primeras construcciones que conocemos hasta la fecha de recintos dedicados a este tipo de festejos dentro de sus propiedades particulares. Considerado el hombre más influyente y poderoso des pués del monarca, Lerma patrocinó y divulgó un discurso políti co basado en su pertenencia a lo más alto de la jerarquía social y a la exaltación de los servicios prestados a la monarquía hispá nica por sus antepasados y por él mismo, como principal minis tro y consejero del Rey. A lo largo de su vida logró reunir un importante patrimonio en tierras castellanas a la vez que iba con solidando su posición social a través de los matrimonios de sus hijos con personas pertenecientes a lo más relevante de la alta nobleza española. Dentro del variado elenco de cargos que ostentó está el de Caballerizo Mayor (15981621) desde donde 3Feros (2002); Williams (2010); Alvar Ezquerra (2010). 4Matas Caballero; Micó Juan y Ponce Cárdenas (dir.) (2011). 5Schroth (1990; 2001: 3146). 6García García (2003: 3577); (2007: 203245).
Las plazas de toros del Duque de Lerma: Festejos ecuestres y taurinos... se ocupó de la organización de festejos ecuestres y taurinos en los que participó directamente por ser muy aficionado. La mayor parte de los festejos tuvieron lugar en Madrid, pero también en Valencia, Valladolid y distintas ciudades castellanas además de en la villa de Lerma donde el duque construyó un palacio y se convirtió en gran mecenas de conventos y edificios religiosos. En las memorias del escritor y humanista Jehan Lhermite (15601622), Gentilhombre de Cámara de Felipe II y 131 Felipe III, escritas en 1602, se destaca el papel del duque como promotor de espectáculos y festejos desde 15937y, particular mente, en Valencia durante su mandato como virrey entre 1595 1597.8Hasta tal punto llegó esa tarea que el valido transformó sus residencias y fundaciones religiosas, construyó palacios, conventos e iglesias para convertirlas en espacios habituales de Fig. n.º 16. Pedro Pablo Rubens. Retrato ecuestre del duque de Lerma, 1603. Madrid, Museo Nacional del Prado. Todas las imágenes de este artículo han sido cedidas por la autora del mismo. 7Lhermite (1890: T. I. 217218). 8Ferrer Valls (2000: 257271).
Fátima Halcón la agenda del monarca. Al incluir sus espacios privados en los espacios de la corte contribuyó a asimilar aquéllos como “reales sitios” y a convertirlos en una extensión natural de su entorno familiar.9Entre ellos el cazadero de la Ventosilla, el palacio del marqués de Camarasa en Valladolid, convertido en residencia real, el palacio y huerta de la Ribera también en Valladolid donde constantemente fue el Rey y su familia, el palacio y edi ficios religiosos de Lerma además de la llamada “huerta” del duque en Madrid. Estos lugares no sólo fueron aprovechados por el Rey y la corte, sino que también sirvieron de escenario para recibir a embajadores, jerarquías eclesiásticas y miembros de las distintas casas reales de Europa. Gran parte de las fiestas que organizó están recogidas por Luis Cabrera de Córdoba (15591623) quién dejó narrado los fes tejos organizados desde los primeros años del valimiento con el viaje a tierras levantinas hasta los efectuados en ciudades caste llanas y en Madrid, con un total de cuarenta festejos.10 En muchas de las fiestas caballerescas intervenía el propio Rey, considerado un excelente jinete, quién participaba junto al valido y otros caba lleros de la nobleza. Existe una amplia bibliografía dedicada a las fiestas y a la literatura festiva durante el valimiento de Lerma, sin embargo, los festejos ecuestres y taurinos apenas si tienen signifi cancia entre otros motivos por las dificultades que conlleva la investigación sobre el desarrollo de fiestas de estas tipologías.11 La descripción de los festejos es a veces tan efímera como lo era el espectáculo mismo que contrasta con las crónicas o las relacio nes en prosa o en verso de otras actividades lúdicas. Las fiestas ecuestres durante el reinado de Felipe III tuvieron características 132 9García García (2016: 393439). 10 Cabrera de Córdoba (1987: 4243, 7475, 78, 104, 130131, 135136, 145, 155, 500) en adelante. Ferrer Valls (1991: 114142). 11 Sigue siendo de obligada consulta Cossío (1947981), 6 T. En particular los T. 14; GuillaumeAlonso (1994).
Las plazas de toros del Duque de Lerma: Festejos ecuestres y taurinos... 133 propias que muestran una evolución a lo largo de esa época y subrayan la importancia creciente que el valido le dio a estos fes tejos asociados o no a los toros. Las primeras funciones que se recogen de esta índole fue ron las del viaje que hizo el monarca, recién ocupado el trono, a Valencia con motivo de las dobles bodas reales entre el Rey y Margarita de Austria (15841611) por un lado y la infanta Isabel Clara Eugenia (15661633) y el archiduque Alberto de Austria (15591621) por otro, celebrada en la catedral valenciana en la primavera de 1599.12 Lerma aprovechó esta favorable coyuntu ra para acercar al Rey a sus territorios familiares y patrimonia les, particularmente a los que poseía en Denia, donde pasaron cinco días antes de llegar a la capital del Turia. En las fiestas de toros celebradas en Valencia el 22 de abril se soltaron seis toros, cuatros para toreadores de a pie y dos que fueron alanceados por caballeros13. También se hicieron torneos, juegos de cañas, alcancías y justas realizados por miembros de la corte y la noble za local. La riqueza de las vestimentas que incluían libreas bor dadas en oro, jubones de tela de oro de Milán, espadas, dagas, etc. se estimó en un valor individual de 600 ducados.14 Las fies tas de toros se iban a repetir en otros lugares de la geografía española: Zaragoza, Salamanca, Medina del Campo, León, Zamora, Toro, pero sobre todo las celebradas en Valladolid y Lerma durante el periodo en que residió la corte entre 16011606 y, posteriormente, en Madrid. Con la llegada de la corte a Valladolid en 1601 se prodi garon los festejos de todo tipo incluidos los taurinos. En la ciu dad del Pisuerga, además de las tradicionales fiestas votivas dedicadas a San Juan y Santiago, fue famosa la de julio de 1603 en la que un toro no se dejó desjarretar y fue el propio Rey quién 12 García Reidy (2014: 7792). 13 Gauna (1927: 636639). 14 Cabrera de Córdoba (1987: 22).
Fátima Halcón 134 lo mató de cuatro arcabuzazos.15 Pero los festejos más famosos celebrados en Valladolid fueron los de 1605 con motivo del naci miento del príncipe heredero, futuro Felipe IV, que coincidió con la ratificación de la paz con Inglaterra y con la presencia de la delegación inglesa.16 Las fiestas de toros están descritas por Tomé Pinheiro da Veiga (15661656), testigo directo de ellas, quién ofrece una relación de caballeros participantes y sus laca yos, dándose la particularidad de que en esta ocasión se utiliza ron rejones en lugar de las tradicionales lanzas que comenzaban a estar en deshuso, lo que muestra la evolución de las fiestas de toros en esos momentos.17 Algunos nobles, caso del duque de Pastrana, el marqués de Távara o el conde de Barajas utilizaron el rejón, nobles que veremos reaparecer en otros festejos. El mismo cronista nos describe que tras los toros, el Rey y Lerma se vistieron con sus libreas para participar en el juego de cañas. Tanto uno como otro mostraron un gran despliegue de trajes, caballos, lacayos y monturas, cabalgando juntos y destacando entre todos los participantes. Lerma, conocedor de la afición del Rey por este tipo de festejos y comprobando el control que podía ejercer en la corte a través de su organización, no dudó en construir espa cios dedicados a estos fines dentro de sus propiedades, tratán dose de fiestas áulicas de carácter más íntimo que las celebradas en las plazas públicas. Construyó un recinto en la Huerta de la Ribera en Valladolid y, posteriormente, otro de mayor relevancia en la llamada Huerta del Prado de San Jerónimo. Aunque esa zona de Madrid estaba ya desarrollada desde el final del reinado de Felipe II, no hay duda de que el establecimiento del duque de Lerma, a cuya casa iban asidua mente el Rey y personalidades destacadas de la corte, contri 15 Cabrera de Córdoba (1987: 51, 5657). 16 García García (1996: 143173); Williams (2009: 1951). 17 Pinheiro da Vega (1916: 113114 y 123132).
Las plazas de toros del Duque de Lerma: Festejos ecuestres y taurinos... 135 buiría a su desarrollo definitivo como espacio idóneo para construir recreos y huertas que manifestasen el esplendor del Madrid barroco. Esa idea llega a España importada de otros países, fundamentalmente Italia, donde desde los albores del Renacimiento las grandes familias de la nobleza acostumbra ron a levantar villas y palacios rodeadas de frondosos jardines en zonas periurbanas que le sirvieron de recreo, caso de los Médicis en Florencia, los Farnese en Parma o los Contarini en Venecia. En España, el carácter itinerante de la corte impidió que las grandes familias de la nobleza se inclinasen por dupli car su residencia porque los nobles siguieron al Rey en su iti nerancia por diversas capitales españolas hasta su asentamiento definitivo en Madrid. La actividad arquitectónica que desarrolló Lerma se puede rastrear a través de los palacios, huertas, conventos e igle sias que fue auspiciando y construyendo a lo largo de su vida.18 Los proyectos arquitectónicos y urbanísticos de la capital valli soletana, su residencia en la denominada Huerta del Duque y palacio de la Ribera además de La Ventosilla, el proyecto en la villa ducal de Lerma, su intervención en las residencias reales además de su patronazgo en Denia y Valencia, lo han identifica do con la denominación de validoarquitecto por su implicación directa en estas obras y su contacto con los grandes arquitectos e ingenieros de la época. Además de estas edificaciones, el duque de Lerma tuvo en Madrid varias casas en la zona de las Descalzas que pertenecieron al mayorazgo de don Antonio Gutiérrez de Anaya, a las cuales les hizo reformas y finalmente se las vendería al Rey por el mismo precio que las compró, trein ta y cinco mil ducados.19 18 García García (2020: 2967). 19 Archivo General de Simancas (AGS). Leg. 34, Doc. 137. 20 de agosto de 1613. Escritura de venta del duque de Lerma a favor de Felipe III de unas casas que tenía en Madrid.
Fátima Halcón La huerta de Lerma ocupó una manzana entre las calles del Prado y Huertas llegando hasta la Carrera de San Jerónimo y entre las calles Francos y San José, frente al Monasterio de San Jerónimo, en cuya manzana se integraban los conventos de Capuchinos y Trinitarios que se levantaron dentro de la propie dad, según puede apreciarse en la planimetría de Madrid, ocu pando la manzana 233.20 La propiedad del Prado de San Jerónimo la adquirió en 1602, tratándose de un espacio y casas que pertenecían entonces al secretario del Consejo de Portugal, Pedro Álvarez Pereira. Sería la primera de una serie de fincas, en total veinte, que fue comprando a distintos propietarios, sal vando las dificultades del propio terreno y de las distintas calle juelas que constituían el territorio.21 La primera finca tenía una casa y una huerta. El duque comenzó su intervención con nue vas obras en 1603 al construir una galería con vistas al Prado mientras que la fachada principal daba a la Carrera de San Jerónimo. Tradicionalmente el Prado era la zona de paseo más frecuentada de Madrid donde tenían lugar, entradas, procesiones y regocijos varios. La galería tenía ventanas y celosías y un mirador que sobresalía de la fachada principal desde donde se podía ver y ser visto. Tres años más tarde continuaría con la edi ficación de los llamados “cuartos principales” según la traza de Juan Gómez de Mora y dirección de Pedro de Herrera que inclu ía el acondicionamiento de las conducciones de agua, reparo de las norias y construcción de fuentes para garantizar el abasteci miento y el embellecimiento de los jardines.22 Las obras continuaron a lo largo de los años hasta su ter minación en 1613 y se concretaron fundamentalmente en la zona de huerta y jardín donde el duque llegó a construir jaulas para 136 20 Planimetría General de Madrid, (1988). 21 Cabrera de Córdoba da muchas noticias de las fiestas en la huerta de Lerma desde 1603 a 1613. 22 Lopezosa Aparicio (1998:457476).
Las plazas de toros del Duque de Lerma: Festejos ecuestres y taurinos... animales exóticos. Desde el inicio, se consideró que la función principal de esta propiedad era la de servir de residencia secun daria para alojar al Rey y a destacados visitantes donde el vali do pudiese mostrar sus cualidades como anfitrión y maestro de ceremonias. Una de las pocas referencias gráficas de la huerta de Lerma nos la ofrecen los planos de WittMancelli23 y el de Teixeira24 donde se aprecia el conjunto constituido por la casa principal, accesorias, patios, jardines, edificios religiosos y el 137 23 Witt y Mancelli (1622). Instituto Geográfico Nacional, Sig. 32A1. 24 Teixeira (1656). Instituto Geográfico Nacional, Sig. 41A17. recinto dedicado a las fiestas ecuestres con toros, al que nos referiremos más adelante. En el plano vemos que la vivienda principal, estructurada en torno a un patio rectangular, daba a la Carrera de San Jerónimo y estaba unida a San Antonio del Prado que a su vez se comunicaba mediante un pasadizo sobre la calle del Prado con el convento de Santa Catalina. Los jardines se extendían entre las viviendas y el convento de los Trinitarios, espacio en el que se encontraba el recinto de festejos ecuestres Fig. n.º 17. F. de Witt y A. Mancelli. La villa de Madrid. Corte de los Reyes Católicos de España, 1622, detalle del lugar que debió ocupar la plaza de toros del duque de Lerma.
Fátima Halcón 144 a la contemplación de las vistas del río y de las fiestas que pudie sen darse en ellas37. La Huerta de la Ribera estaba situada en la margen derecha del río Pisuerga, desarrollándose de forma para lela al río y en la orilla opuesta a la ciudad. Desde el edificio y los jardines podían verse los festejos de toros que, celebrándose en la ciudad, iban a terminar a la orilla del río.38 La propiedad se la vendió al Rey en 1607 mediante escritura de venta firmada en Madrid que incluía las casa con tapices, pinturas y mesas de jaspe, los jardines con sus fuentes y esculturas de mármol y la torre para el ingenio del agua.39 Hay constancia de la presencia del rey Felipe III en la huerta de Lerma de Madrid desde 1603. Una de las principales aconteció a finales de noviembre de ese año cuando los reyes regresaron de Valladolid, alojándose allí durante diez días antes de emprender una jornada a Valencia.40 A partir de esa fecha, la presencia real se concreta en días determinados entre 1606 y 1608 pero a partir de 1610 y hasta 1618, la asistencia real es continua.41 Así puede contemplarse en la pintura anónima Carrera de San Jerónimo desde el Prado (c. 1614) en la que se aprecia la comiti va regia bajando por la carrera de San Jerónimo que se dispone a entrar en el palacio del valido por la puerta que daba al paseo del Prado.42 Dentro del recinto hubo celebraciones de festejos tauri nos de las que existen referencias como las celebradas el 16 de julio de 1611 en las que corrieron toros, resultando gravemente herido don Pedro de Zúñiga,43 las de diciembre de 1613 por la 37 Urrea (1996: 130132); Pérez Gil (2002 (a): 9298). 38 Pérez Gil (2002 (b): 179199). 39 AGS., Ptr. Leg. 35, Doc. 11, 27 de agosto de 1607. 40 Cabrera de Córdoba (1987: 197199), Valladolid, 29 de noviembre de 1603. 41 García García (2016: 395396 y 418419). El autor da una relación com pleta de los días y agasajos reales. 42 Ver nota 27. 43 Répide (2014: 4347).
Las plazas de toros del Duque de Lerma: Festejos ecuestres y taurinos... existencia de pagos a diversos mayorales por los toros que se corrieron en esa fecha y en los primeros meses del siguiente año y los festejos que se fueron celebrando hasta 1618.44 El interés del Rey y del valido por las fiestas taurinas fue incrementándose conforme pasan los años hasta el punto que Lerma llegó a formar su propia ganadería de toros, siguiendo el ejemplo real.45 Se conoce que a principios del siglo XVII había vacada real en Aranjuez de donde procedieron parte de los toros que se lidiaron en Madrid, de los que a veces Lerma se reserva ba algunos que utilizaba como sementales.46 Tampoco le faltó la afición ecuestre y de hecho existe constancia de compra de caba llos e intercambio con otros aficionados españoles y extranjeros. En una carta fechada el 20 de abril de 1616, el duque de Lerma le escribía al marqués de Flores sobre el envío de ocho caballos desde Nápoles, “los mejores del mundo”, destinados a carruajes que habían sido donados por el conde de Lemos y el marqués de Santeramo, siendo el mejor de ellos un potro de cuatro años lla mado Standarte.47 A partir de 1609 y hasta la caída en desgracia del valido en 1618 se prodigaron las fiestas de toros en Madrid y en otras capitales. Lerma aprovechó cualquier ocasión para organizarlas y para exigir a las autoridades municipales que se ocuparan de ello. Se dieron en las fiestas tradicionales de la Villa de Madrid a las que asistía un público abundante con caballeros y lidiado res de a pie. No hubo visita real a las ciudades castellanas sin que existieran festejos ecuestres con toros. En Aranda de Duero se dieron fiestas de toros el 5 de julio de 1612 en honor del duque 145 44 Lópezosa Aparicio (1999: 663690). 45 López Izquierdo (1985: 28). 46 GuillaumeAlonso (2011: 295316). 47 AGS, Cca. Div, 34, 23. Carta del duque de Lerma al marqués de Flores, 16 de abril de 1616.
Fátima Halcón de Mayenne, embajador francés en Madrid,48 aunque más inte resantes fueron las que tuvieron lugar el 27 de julio y 2 de sep tiembre tras su llegada a Vitoria y Segovia, respectivamente en las que intervenían primero personajes de a pie que tiraban dar dos contra el toro y posteriormente entraba el caballero montan do a la gineta con los estribos muy cortos para lancear al toro antes de desjarretarlo. Descripciones que son interesantes desde el punto de vista de la tauromaquia porque a través de ellas podemos apreciar cómo hasta mediados el siglo no se hace alu sión a las mulillas ni al empleo de las banderillas. Pero de todos los festejos taurinos de la época los más importantes fueron desde el punto de vista cortesano, nobiliario y escénico los que tuvieron lugar en Lerma en octubre de 1617 con motivo de la inauguración del conjunto palacial y conven tual del valido. En ese año el palacio ducal y la espléndida plaza de grandes dimensiones, mayor que la de Valladolid y Salamanca, estaban terminadas.49 Las fiestas incluyeron misas solemnes, fuegos artificiales en la plaza del palacio ducal ador nada como una huerta sembrada de árboles, cohetes alrededor de una noria que despedía toda clase de fuegos de artificio, carros triunfales, galeras que parecían surcar el mar a través de unas olas hechas con el movimiento de grandes lienzos, representa ciones teatrales, regocijos de toros y fiestas de cañas que orga nizó el conde de Saldaña, segundo hijo de Lerma.50 Con respecto a las fiestas de toros, se corrieron primero los de vara larga en las que dos de los caballeros participantes, Francisco de Riaño y Gaspar Bonifaz, mataron algunos toros a cuchilladas mientras otros lo hacían con garrochón y otros salieron por el despeñadero. También hubo juego de cañas en el que participó 146 48 Lafront (1988: 5961). 49 Williams (2008: 185260). 50 Herrera (1618, fols. 33v41). BNE, Signatura r/12268.
Las plazas de toros del Duque de Lerma: Festejos ecuestres y taurinos... el conde de Saldaña, montado a la brida sobre un caballo napo litano, acompañado por cuarenta y ocho caballos formados en cuadrillas conducidos por el duque de Pastrana, el duque de Cea, el marqués de Peñafiel, el marqués de Velada, etc. Todos ellos con rica indumentaria formada por rasos, tafetanes, plata de las libreas, marlotas y aderezos de los caballos, plumas, capellares de raso verde, etc. constituyendo un verdadero canto del cisne de una época que ya terminaba para Lerma quién un año más tarde tendría que pedir el capelo cardenalicio para huir de la justicia y retirarse a sus propiedades. El duque de Lerma se erige en el gran promotor de fies tas ecuestres con toros durante el primer cuarto del siglo XVII en un momento que puede considerarse de gran importancia en la evolución de la tauromaquia. Las fiestas de toros iban a expe rimentar, durante su mandato, una transformación que se evi dencia primero en la imposición de la monta a la gineta en lugar de la brida por considerarse más fácil y ligera en el manejo de los caballos con los toros. La otra gran innovación fue la susti tución de la lanza por el rejón que comienza en los primeros años del reinado de Felipe III, implantándose a partir de ese momen to como la forma más idónea y menos cruenta para matar al toro. Desde el punto de vista lúdico y festivo fue un innovador al constituirse en el primer noble que construyó dentro de sus pose siones un espacio dedicado a fiestas taurinas, decantándose por la forma cuadrilonga como la más idónea. En este sentido se anticipa a otros edificios construidos en la primera mitad del siglo XVII como hemos visto y habrá que esperar a la primera mitad de la siguiente centuria para que las fiestas de toros pudie ran celebrarse en un edificio único, propio y circular: las plazas de toros. 147
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