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El litoral onubense y algarveño en el "Papiro de Artemidoro": una nueva interpretación

Ruiz Acevedo, Juan M.; Campos Carrasco, Juan Manuel

Abstract

La reciente edición del “Papiro de Artemidoro” ha permitido conocer el posible comienzo del libro II del “Periplo” de Artemidoro de Éfeso, en el que figuraría, además de un proemio, el “paraplo” de las costas de la Península Ibérica conocidas a finales del s. II a.C. Consideramos auténtico dicho papiro, pues es difícil que un supuesto falsificador del siglo XIX, como defi enden algunos estudiosos, pudiera haber conocido el topónimo “Ipsa”, del que no se han tenido noticias hasta 1986, fecha de las excavaciones arqueológicas en las que aparecieron algunas monedas con esta leyenda. Por otra parte se pretende dar explicación a las ausencias de algunos enclaves geográficos del litoral ibérico, bien conocidos por la literatura geográfi ca grecolatina; se postula que Artemidoro realizó un viaje exploratorio por las costas del Golfo de Cádiz hasta el Cabo Sagrado y tal vez también por toda la fachada Atlántica y se propone una interpretación distinta a la de los editores del papiro para el tramo costero desde “Onoba” al Cabo Sagrado.

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89 EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO: UNA NUEVA INTERPRETACIÓN1 Juan M. Ruiz Acevedo y Juan M. Campos Carrasco Universidad de Huelva La reciente edición del Papiro de Artemidoro ha permitido conocer el posible comienzo del libro II del Periplo de Artemidoro de Éfeso, en el que fi guraría, además de un proemio, el paraplo de las costas de la Península Ibérica conocidas a fi nales del s. II a.C. Consideramos auténtico dicho papiro, pues es difícil que un supuesto falsifi cador del siglo XIX, como defi enden algunos estudiosos, pudiera haber conocido el topónimo Ipsa, del que no se han tenido noticias hasta 1986, fecha de las excavaciones arqueológicas en las que aparecieron algunas monedas con esta leyenda. Por otra parte se pretende dar explicación a las ausencias de algunos enclaves geográfi cos del litoral ibérico, bien conocidos por la literatura geográfi ca grecolatina; se postula que Artemidoro realizó un viaje exploratorio por las costas del Golfo de Cádiz hasta el Cabo Sagrado y tal vez también por toda la fachada Atlántica y se propone una interpretación distinta a la de los editores del papiro para el tramo costero desde Onoba al Cabo Sagrado. The recent edition of Artemidoru`s Papyrus has allowed to know the possible beginning of the book II of Artemidorus of Ephesus Periplus, in which there would appear, besides a preface, the paraplo of the coasts of the Iberian Peninsula known at the end of second century B.C. We consider the authenticity of this papyrus, since it’s diffi cult that a supposed forger of the 19th century, as some experts defend, could have known the Ipsa toponym, of which news has not been had until 1986, date of the archaeological excavations in which some coins with this name appeared. On the other hand, to give explanation to the absences of some geographic places of Iberian coast, well known through Greek and Latin geographical literature, is intended. From these data, there is postulated that Artemidoro realized an exploratory trip for the coasts of the Gulf of Cadiz until the Sacred Cape, and maybe also across the Atlantic seaboard; fi nally, an interpretation different from that of the publishers (editors) of the papyrus about the coastal stretch from Onoba to the Sacred Cape, is proposed. 1 Este trabajo ha sido realizado en el seno del Proyecto de Excelencia del Plan Andaluz de Investigación ‘Ciudades romanas del territorio onubense’ (HUM 2691) y es un extracto de uno de los capítulos de la tesis “El territorio onubense en las fuentes literarias grecolatinas”, Universidad de Huelva, diciembre 2008. HABIS 40 (2009) 89-107 90 JUAN M. RUIZ ACEVEDO Y JUAN M. CAMPOS CARRASCO La expansión romana a lo largo de los siglos II y I a.C. por todo el occidente de la ecúmene trajo como consecuencia el conocimiento de las tierras occidentales en un proceso comparable al que tuvo lugar respecto a Oriente durante la expansión macedónica2. A diferencia del conocimiento de Occidente en épocas anteriores que vino de la mano de la navegación fenicia y griega, del comercio marítimo y de exploraciones comerciales o científi cas como la de Piteas de Marsella (Magnani 2002), en estas fechas los descubrimientos se realizaron básicamente en compañía de las legiones y de la administración romana por caminos interiores. No obstante, por lo que al suroeste de la Península Ibérica se refi ere, el conocimiento más detallado del litoral suroccidental tuvo lugar por vía marítima, como queda de manifi esto en la presencia de Polibio en Gadir y su exploración por el Mar Exterior o la visión directa de nuestras costas por parte de Artemidoro. Igualmente Posidonio, el otro gran transmisor directo de los conocimientos de nuestro litoral, debió de llegar en nave a Gadir. Además de la ampliación de conocimientos geográfi cos, propiciada por las conquistas romanas, pero realizada por griegos en Occidente, estos siglos se caracterizan por el progresivo desarrollo de la geografía descriptiva. Los siglos II y I a.C. suponen la edad de oro de esta disciplina y del conocimiento del Occidente en general y de la Península Ibérica en particular. Los grandes geógrafos de estas fechas, Polibio, Artemidoro y Posidonio, escribieron principalmente sobre Occidente (Pédech 1976: 116) y precisamente estos tres autores pisaron y vieron las tierras y las costas peninsulares y de manera muy particular el litoral suroccidental. El segundo de ellos, Artemidoro, nació a mediados del s. II a.C. en Éfeso, donde desarrolló una activa vida política, de la que sirve de ejemplo la embajada a Roma en representación de su ciudad (Str. 16.1.26); mas también tuvo una intensa actividad científi ca dedicada a estudios teóricos y viajes exploratorios; Marciano de Heraclea sitúa su acmé a fi nes del siglo II a.C., en torno a la 169ª Olimpiada, entre el 104 y el 101 a.C.3. Artemidoro, basándose en una amplia documentación literaria y en la experiencia de sus propios viajes por gran parte del Mediterráneo y por la costa suroccidental de la Península Ibérica, donde exploró con seguridad desde Cádiz hasta el actual Cabo de San Vicente4, compuso en once libros un periplo denominado Geografouvmena cuyo contenido y valoración conocemos, aunque sólo fragmentariamente, a través de Marciano de Heraclea5, por las citas de Estrabón, Plinio, 2 Pédech 1976: 108; cf. Plb. 3.5.9; Str. 1.2.1; Marcian. Epitom. Menip. 1.3. 3 Cf. Marcian. Epitom. Menip. 1.3; Alonso Núñez 1980: 255; Meana, Piñero 1992: 37, nª 16; Kramer 2006, Canfora 2008: 69ss. y Gallazzi, Kramer, Settis 2008. 4 Cf. Marcian. Epitom. Menip. 1.3; Marcian. Peripl. 2.4 = Artemid. Frg. 9 Stiehle; Str. 3.5.5 = Artemid. Frg. 10 Stiehle; Str. 3.2.11 = Artemid. Frg. 11 Stiehle; Str. 3.5.7 = Artemid. frg. 14 Stiehle; Str. 3.1.4 = Artemid. frg. 13 Stiehle; Str. 3.1.5 = Artemid. frg. 12 Stiehle. 5 GGM I: CXXIX ss., 574 ss.; cf. Marcian. Peripl. 2.2. 91 EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO Esteban de Bizancio y otros autores grecolatinos6, recientemente ampliados por la edición del denominado Papiro de Artemidoro, que supuestamente contiene parte de su obra (Gallazzi, Kramer, Settis 2008; contra Canfora 2008). La extensión del dominio romano a gran parte de la Península Ibérica durante el siglo II a.C., incluidas algunas amplias zonas del interior y también del litoral noratlántico (cfr. la expedición de Décimo Junio Bruto más allá del río Oblivio hacia el 137 a.C.), redundó en la ampliación de conocimientos geográfi cos y de garantías para viajar por algunas zonas y mares dentro de la órbita del Imperio; este hecho permitió a Artemidoro concebir una obra ambiciosa que abarcaba gran parte de la ecúmene comenzando por las zonas occidentales en la que Iberia, visitada por él, era el inicio de una descripción que le llevaba hasta los países orientales, en una secuencia que recuerda la estructura de los periplos, pero con numerosos añadidos de naturaleza geográfi ca y etnográfi ca (Schiano 2008). Aunque la concepción general de la geografía de Artemidoro era arcaica desde el momento en que su método descriptivo cercano al periplo había sido superado, no obstante introdujo un elemento científi co: el estadiasmo o relación de distancias expresadas en estadios (Pédech 1976: 140), procedimiento que no era novedoso, pues ya en el Pseudo-Escílax había sido utilizado, pero no de manera rigurosa y sistemática. Por ello considera Pédech que Artemidoro, cuya obra está a medio camino entre la geografía general y la descriptiva, es el precursor de la geografía romana, de la geografía de inventarios. Mas para nosotros adquiere mayor relieve la fi gura de Artemidoro por cuan- to es, como Polibio, un nuevo escritor cuya información general sobre Occidente procede, además de los datos recogidos en obras de autores, de su propia experiencia: fue uno de los grandes geógrafos de la antigüedad que conoció el litoral suratlántico y posiblemente el único, que sepamos con toda seguridad, que lo recorrió hasta su extremo, hasta el Cabo Sagrado, del que nos dejó una detallada descripción conservada por Estrabón (3.1.4), quien lo utilizó profusamente en el libro III de su Geografía, bien de manera directa, bien a través de Posidonio7. Junto con este último es el gran informador para Estrabón del litoral suroccidental (Ruiz Acevedo e.p.). 6 Stiehle 1856: 193-244; FGrHist III B: 438; GGM I: 574-576; FHA II: 150-161; THA IIB: 576 s. sólo recoge el fragmento 9 de Stiehle en el apartado dedicado a Artemidoro y luego otros fragmentos repartidos a lo largo del tomo. Está próxima a salir una nueva edición de los fragmentos de Artemidoro a cargo de Cl. Schiano (Canfora 2008: 69). 7 Posidonio es la fuente principal para Estrabón de los contenidos del libro III y a través de él el geógrafo de Amasia conoció seguramente a otros autores como Éforo, Eratóstenes, Polibio, al igual que a Artemidoro (Salinas 1995: 109 s.). Cf. también Schiano (2008: 98 ss.) que postula que siempre que Estrabón discute las opiniones de Artemidoro lo hace siguiendo a Posidonio, el cual acusaba al efesio de una preparación científica poco sólida. 92 JUAN M. RUIZ ACEVEDO Y JUAN M. CAMPOS CARRASCO Antes de analizar lo que se nos ha conservado de la obra de Artemidoro a través del llamado ‘Papiro de Artemidoro’, repasaremos lo que otros autores de la antigüedad han transmitido de él. Por las palabras de Marciano conocemos parte del contenido del Periplo de Artemidoro, en el que estaba incluido también el litoral suratlántico. Entre las noticias de nuestro litoral fi guraban, el Cabo Sagrado (Str. 3.1.3 ss.), las Columnas de Heracles (Str. 3.5.6) y Gadira (Str. 3.5.7). Pero además de la información puntual y detallada de estos enclaves, tenemos constancia de la cita de otros motivos geográfi cos: la isla y el templo de Hera (Str. 3.5.5), Carteia (Steph. Byz. s.u. Cartaia = Artemid. frag. 17 Stiehle), las mareas o la distancia entre el Cabo Sagrado y Gadira (Str. 3.2.11; 3.5.7), evaluada por él en 1700 estadios, el uso de Sileno, Polibio o Eratóstenes como fuentes y su discusión con los dos últimos a propósito de Tartéside y la accesibilidad del norte peninsular a través del Océano8, Abdera (Steph. Byz. s.u. Abdera = Artemid. frg. 15 Stiehle), Odiseia y el santuario de Atenea (Str. 3.4.3), Orisia y la Oretania (Steph. Byz. s.u. Orisia = Artemid. frg. 18 Stiehle), Hemeroscopeion (Steph. Byz. s.u. = Artemid. frg. 19 Stiehle), etc. Además sabemos que incluía en su obra la división territorial de la Península Ibérica y la sinonimia entre Iberia e Hispania9. Por Artemidoro conocemos el nombre de la región suroccidental y el de sus habitantes, con una leve variante respecto al transmitido por otras fuentes, pues la forma que, según Esteban de Bizancio10, dio Artemidoro tanto del nombre de la región (Tourtutanivan), como del de sus habitantes (Touvrtou~ kai; Tourtutanouv~), contiene la dental sorda, documentada igualmente en Catón (Turta, Cat. Orat. 1.18.19), frente a las más comunes con dental sonora de otros autores griegos y latinos (Turdetania, turdetanos); aparece asimismo en Artemidoro el doblete de etnónimos (turtos, turtitanos) paralelo al de Polibio (túrdulos, turdetanos). Este conjunto de noticias transmitidas indirectamente de la obra de Artemidoro, entre las que no se ha conservado ninguna sobre el tramo comprendido entre las desembocaduras del Guadalquivir y el Guadiana, dan idea de su contenido: junto a referencias a las dimensiones y distancias generales de la ecúmene y parciales de los litorales descritos, aparecen datos de la geografía física y humana, que lo hacen diferente de los periplos, si no en la estructura expositiva, si en el valor que adquieren los datos. Esto último y su presencia directa en el litoral suratlántico le confi eren a Artemidoro y a sus noticias un valor extraordinario, que nos aproxima a los que vamos a encontrar poco después en Posidonio y en Estrabón (Ruiz Acevedo e.p.). 8 Cf. Str. 3.2.11. 9 Cf. más adelante el texto de Constantino Porphirogeneta (Adm. Imp. 23.13); contenido similar en Str. 3.4.19. 10 Steph. Byz. s.u. Tourdhtaniva (= Artemid. frg. 20 Stiehle). 93 EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO Hasta hace poco no conocíamos de Artemidoro salvo estas citas sueltas transmitidas por otros autores que lo utilizaron directa o indirectamente (Estrabón y Marciano sobre todo). El hallazgo relativamente reciente de un papiro11 nos ha proporcionado nuevos e importantes datos sobre la geografía de Artemidoro y, más aún, sobre la geografía de la Península Ibérica. Parte del contenido de dicho papiro versa sobre las costas peninsulares, tanto las mediterráneas como las atlánticas, a excepción del sector septentrional, desconocido en su época. Tras varios artículos que adelantaron algunas cuestiones relativas al papiro (Gallazzi, Kramer 1998; Gallazzi, Kramer 2000; Kramer 2005) y una encendida polémica en la prensa internacional y en los ambientes científi cos sobre su autenticidad, sobre todo por parte del Profesor Canfora, que considera el papiro una falsifi cación del siglo XIX de un tal Constantino Simónides (Canfora 2008), defi nitivamente a principios del 2008 ha visto la luz la editio princeps (Gallazzi, Kramer, Settis 2008), que viene a corregir algunas de las aseveraciones y datos proporcionados en las primeras publicaciones y a confi rmar su autenticidad. Han sido realizadas exhaustivas pruebas de Carbono14, que dan para la recolección de la planta un arco cronológico entre el 40 a.C. y el 130 d.C. con un porcentaje de fi abilidad del 98% y entre el 15 d.C. y el 85 d.C. con un porcentaje del 68%; además los análisis de la tinta utilizada confi rman que ésta es de origen orgánico (carbón y goma arábiga) y descartan el uso de componentes metálicos (hierro, cobre, etc.); estas pruebas, unidas a otros datos internos del propio texto en el que destaca sobre todo la cita de un topónimo del litoral suratlántico, Ipsa, cuyo nombre no ha sido conocido hasta 1986 a raíz del hallazgo de unas monedas en excavaciones realizadas en el sur de Portugal, cerca de Portimâo, como veremos más adelante, vienen a confi rmar que se trata de un papiro original; en él fueron escritas varias columnas de texto copiadas de la obra de Artemidoro, además de un mapa sin terminar contemporáneo al texto, al que fueron añadidos posteriormente numerosos dibujos, cuando ya se habían interrumpido por razones aún desconocidas la redacción del texto y la realización del mapa (Gallazzi, Kramer, Settis 2008: 58 ss.). La datación del texto, a partir de datos paleográfi cos es situada por los editores (p. 80) a comienzos del siglo I d.C., en los últimos años de Augusto o en los primeros de Tiberio. La disposición en el papiro es de tres columnas de texto que contienen un proemio dedicado a la labor del geógrafo (cols. I-II-III), una zona en blanco donde fue dibujado un mapa (sin terminar) y a la derecha del mapa otras dos nuevas columnas (cols. IV-V), en las que fi gura el comienzo de la descripción litoral (paraplo) de la Península Ibérica: 11 Cf. Gallazzi, Kramer, Settis 2008 para características, pormenores del hallazgo y avatares de dicho papiro. 94 JUAN M. RUIZ ACEVEDO Y JUAN M. CAMPOS CARRASCO Papiro de Artemidoro Col. IV 1-38: A partir de los montes Pirineos hasta la zona junto a Gadira y las regiones del interior todo el territorio se llama igualmente Iberia e Hispania. Los Romanos la han dividido en dos provincias. La primera se extiende desde los montes Pirineos hasta Cartago Nova, Castulo y las fuentes del Betis. La segunda hasta Gadira y todo el territorio de la Lusitania. En cuanto al contorno del territorio su naturaleza es la siguiente: El Pirineo es el límite12 entre Céltica e Iberia y el extremo que sobresale hacia nuestra tierra mira al costado sur, hacia el mediodía; el otro extremo vuelto hacia el norte se adentra mucho en el Océano. De sus vertientes una mira hacia levante y desde estos lugares se divisa una parte sufi ciente de la Céltica; la otra vertiente mira hacia poniente y desde ella se divisa una parte similar de Iberia. Establecido esto, es necesario considerar los tres lados del territorio que conforman Iberia; uno, que se extiende desde los montes Pirineos hasta Gadira, es el que se encuentra a lo largo de nuestro mar situado al interior de las Columnas de Heracles y paralelo a las regiones meridionales. Papiro de Artemidoro Col. V 1-45: El segundo lado, bañado por el mar de frente al Océano y que mira al norte, llega hasta occidente, donde se une al tercer lado; éste se extiende por el costado occidental, en el que se encuentran, por un lado, Lusitania y el llamado Cabo Sagrado y, por otro, toda la zona adyacente a Gadira. De las partes que confi nan con el Pirineo, la de Iberia se vuelve hacia el este y delimita el contorno de un gran golfo que llega hasta los montes antes citados. Este golfo limita también con el golfo Galático. Tal es la forma general de Iberia. Ahora emprendemos la navegación litoral (‘paraplo’) de ésta (sc. Iberia) de manera compendiada a fi n de conocer de manera global las distancias de los lugares: Desde el cabo de la Afrodita Pirenaica hasta la ciudad de Emporio, colonia de los foceos, 632 estadios. Desde éste hasta la ciudad de Tarraco 1508. Después hasta el río Ibero menos de 92. Desde éste hasta el río Sucro 1048. Después hasta Cartago Nova 1240 estadios. Desde Cartago Nova hasta el monte de Calpe 2020. Desde éste hasta Gadira 544. La suma total desde el Pirineo y el cabo de Afrodita hasta Gadira es de 7084 y más allá de Gadira hasta la torre y el puerto de Menestheo es de 7170. Desde éste hasta la segunda boca del Asta, 120. Después de ésta hasta el río Betis 84 estadios. Después de éste, hasta Onoba 280. Después hasta Maenoba 78. Después de ésta hasta la ciudad de Ipsa 24. Después de ésta hasta 12 Entre los argumentos para demostrar la falsedad del papiro Canfora (2008: 290, n.3) considera la forma dievzeucen como creación del supuesto falsificador del papiro. Sin embargo está atestiguado el perfecto aspirado de zeuvgnumi en Filóstrato (ejpezeucovta", V. Ap. 2.14) y el uso del perfecto aspirado es habitual en ático desde el siglo IV a.C. (cf. tevtrofa, kekhvruca y otros ejemplos en Chantraine 1974: 131). 95 EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO el estuario del Ana en la línea recta en la que está la ciudad de Cilibe 36 estadios. Desde las bocas del Ana sigue el extremo del Promontorio Sagrado y hasta el lugar último hay 992 estadios. Una vez rodeado el promontorio hasta la torre de los de Salacia hay 1200 estadios. Después hasta la boca del Tajo 320 estadios. Desde éste hasta el río Duero 1300 estadios. Después de éste a 180 estadios desemboca el río Oblevion, que también se llama Lethes y Limaias. Después de éste hasta el río Benin 120 estadios. Desde éste hasta el promontorio de los Ártabros 940 estadios + x. Desde éste hasta el Puerto Grande x + 40 estadios. El resto de la costa nadie lo ha examinado aún13. El inicio de la columna IV (1-14) coincide casi al pie de la letra con el contenido transmitido por Constantino Porfi rogeneta, explícitamente atribuido a Artemidoro14. Similares contenidos fi guran también en Marciano de Heraclea y en Estrabón15. Ambas referencias han llevado a atribuir estas primeras líneas de la descripción de la Península Ibérica a Artemidoro y en consecuencia el resto de los contenidos textuales del Papiro, tanto las columnas IV-V, como las columnas I-II-III (proemio), con lo cual estaríamos ante el primer documento directo de Geografouvmena de Artemidoro, concretamente del comienzo del libro II y copiado poco más de un siglo después de haber realizado su viaje a Occidente y haber publicado los once libros dedicados a la geografía de la ecúmene. En este comienzo del libro II, el dedicado a la Península Ibérica, tras el proemio (columnas I-II-III), la columna IV se inicia con los datos generales de la misma: extensión (IV 1-3), nombres (IV 4-5), división provincial y extensión de las provincias (IV 5-14). Le sigue la exposición del contorno general de la Península (o{lhn peri[g]rafh;n) (IV 14-15) y los lados (pleura;) que la confi guran: el costado de los Pirineos que mira a levante y por el que limita con la Céltica (IV 16-29); el costado meridional desde los Pirineos a Gadira y las Columnas bañado por el Mediterráneo (IV 30-38); el costado septentrional (V 1-4) y el occidental (V 4-7), ambos bañados por el Océano. Con esto cierra su exposición de la forma general de Iberia (o{lon sch`ma), tras la cual inicia el ‘paraplo’ litoral de la misma de manera resumido (ejn ejpitomh`i) y las distancias (ta; diasthvmata) parciales y 13 La traducción ha sido realizada a partir de la lectura de la editio princeps; más adelante presentaremos algunas objeciones, variantes y propuestas distintas. 14 Constant. Porph. Adm. Imp. 23.13 (= Artemid. frg. 21 Stiehle): Artemidoro en el libro segundo de la Geografía afirma que (Iberia) está dividida de la siguiente manera: ‘A partir de los montes Pirineos hasta la zona junto a Gadira y el interior se denomina igualmente Iberia e Hispania. Los Romanos la han dividido en dos provincias. [A la primera] pertenece toda la región desde los montes Pirineos hasta Cartago Nova y las fuentes del Betis, a la segunda Gadira y Lusitania (trad. de los autores). 15 Marcian. Peripl. 2.6-7: Iberia, que es denominada Hispania, comienza a partir de los montes Pirineos (...) El Pirineo (...) separa y divide Iberia de Celtogalatia (...) anteriormente fue dividida por los romanos en dos provincias (...) (trad. de los autores); Cf. Marcian. Peripl. 1.2; 2.2; Marcian. Epitom. Menip. 1.3; Str. 3.4.19. 96 JUAN M. RUIZ ACEVEDO Y JUAN M. CAMPOS CARRASCO totales (V 14 ss.); en este recorrido por las costas peninsulares hasta el extremo noroccidental de la Península, fi guran algunos elementos señeros en la navegación costera peninsular y la distancia en estadios entre cada uno de los enclaves citados. Y si no están todos o los más importantes que conocemos por la literatura geográfi ca, sí están los sufi cientes para hacernos una idea global, compendiada, de los dos lados reconocidos de Iberia, el meridional y el occidental; el tercero o septentrional aún no había sido navegado. Los editores comentan que Artemidoro recurre a la forma literaria del paraplo, “vale a dire una fi ttizia navigazione costiera, nel corso della quale enumera le località notevoli incontrate dal navigatore (città, porti, fari, foci, estuarî, promontorî” (Gallazzi, Kramer, Settis 2008: 119), en cierta manera diferente del ‘periplo’ (idem 2008, en comentarios a V 14-15) y afi rman que los lugares citados son utilizados para guiar la navegación de los marineros o para orientar a los lectores. Si embargo en este paraplo de las costas ibéricas más que elementos para guiar al navegante o al lector, como es posible ver por ejemplo en la Corografía de Mela, Artemidoro de manera compendiada (ejn ejpitomh`i) realiza un recorrido por enclaves geográfi cos que en su mayor parte, si no todos, son puertos o fondeaderos y marca las distancias entre ellos. Estaríamos por tanto más cerca del Sobre los puertos de Timóstenes, que del Periplo del Mar Exterior de Marciano de Heraclea. El inicio de este paraplo es el promontorio de la Afrodita Pirenaica, al que siguen Emporion, Tarraco, el río Ebro, el río Júcar, Cartago Nova, Calpe, Gadira, faro y puerto de Menestheo, el estuario del Asta, el río Betis, Onoba, Mainoba, Ipsa, el estuario del Ana, Cilibe, el Cabo Sagrado, el faro de Salacia, el río Tajo, el Duero, el Oblivio, el cabo de los Ártabros y el Gran Puerto, con las respectivas distancias entre unos y otros. Salvo las dudas que tenemos respecto a Maenoba, Ipsa, Cilibe o la inseguridad de sus respectivas localizaciones (que más adelante comentaremos), todos y cada uno de los lugares señalados coinciden o con enclaves portuarios bien conocidos (Emporion16, Tarraco17, Cartago Nova18, Gadira19, puerto de Menestheo, Onoba20, faro de Salacia21, Gran Puerto22), o con lugares apropiados para fondear 16 Puerto de llegada de Cneo Escipión en el 218 a.C. (Plb. 3.76.1). 17 Str. 3.4.7; para la presencia de tropas romanas en Tarragona al mando de los Escipiones en el 218 a.C. y para las condiciones portuarias de Tarraco, cf. Ruiz de Arbulo 2002; cf. Plb. 3.95.5; Liv. 22.22 y Liv. 26.45. 18 Para la situación y descripción de la ciudad portuaria de Cartago Nova, cf. Plb. 10.10 ss. 19 Cf. Millán León 1998. 20 Gómez Toscano e.p. 21 Estrabón (3.3.1) nos da detalles de la navegación más allá del Cabo Sagrado (distancia, desembocadura del Tajo, esteros, una torre y Salacia) que cuadran con una recorrido autóptico parecido al de Artemidoro. 22 Cf. Ptol. 2.6.2, Ptol. 2.6.4 y Agathem. 4.16, GGM II: 476. 97 EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO naves (las desembocaduras o los estuarios de los ríos Ebro23, Júcar24, Asta25, Betis, Tajo, Duero, Oblivio) o bien con promontorios junto a los cuales están documentados igualmente el fondeo de naves (cabo de Afrodita26, Calpe o el Promontorio Sagrado27). Faltan sin embargo en este listado algunas ciudades y puertos mediterráneos y atlánticos que podemos considerar de cierta importancia geográfi ca e histórica, cuya ausencia sería difícilmente admisible en una descripción literaria, aunque somera; entre otras Barcino, Valentia, Abdera, Malaca, Carteia, etc., como queda de manifi esto al comparar el Papiro con otros periplos o descripciones costeras conservadas. Es más, entre estas ausencias llaman la atención algunas ciudades como Abdera, Carteia o Hemeroscopeion, “visible a distancia por los navegantes” (Str. 3.4.6), que sabemos fi guraban en la obra de Artemidoro (Steph. Byz. = Artemid. frgs. 15, 17, 19 Stiehle); al mismo tiempo resulta extraño por un lado que Artemidoro haya ofrecido primero este somero periplo, en cierta manera incompleto, que fi gura en el Papiro, para luego, de acuerdo con las citas de él conservadas, volver a recorrer las costas aportando pormenores geográfi cos y etnográfi cos, y por otro que en este repertorio de distancias falten indicaciones sobre la dirección a tomar para llegar de un sitio a otro, aun reconociendo que al seguir el perfi l de la costa no eran absolutamente necesarias. Todo ello ha llevado a califi car lo conservado en las columnas IV-V del papiro de exiguo y mezquino “rispetto alla richezza che scorgiamo dietro le tumultuose vicissitudine della tradizione” (Schiano 2008: 111s). Llama igualmente la atención la falta de otros elementos claves no sólo en la navegación sino también en la confi guración peninsular como cabos, ensenadas, golfos28, la irregularidad en las distancias entre los distintos puntos citados y sobre todo la cita de dos ciudades en el litoral suratlántico, como son Ipsa y Cilibe, que salvo por la numismática y alguna referencia indirecta en Plinio (N.H. 4.118) para la segunda de ellas (los Cilibitani de Lusitania), no eran conocidas en la geografía peninsular. 23 Para ejemplo de fondeo de naves en la desembocadura del Ebro cf. Plb. 3.95.8. 24 Cf. Str. 3.4.6, para río y ciudad y 3.4.17 para adornos de mujeres del lugar, según Artemidoro, que parecen responder a una actividad autóptica. 25 Cf. Str. 3.2.2, para Asta como ciudad en los esteros en la que se celebraban reuniones de los gaditanos y situada a menos de 100 estadios del puerto de la isla. 26 Para la actividad portuaria en este lugar cf. el envío que realizó Catón en el 195 a.C. de una escuadra hasta el portum Pyrenaei, luego a Rode y de allí a Emporion donde desembarcó todas las tropas (Liv. 34.8.4ss.; FHA III: 178-181); cf. también Mela 2.84 y Liv. 34.8.5. 27 Para fondeaderos en el Cabo Sagrado, Str. 3.1.4 a partir de Artemidoro. 28 Prom. Ferraria, sinus Sucronensis, sinus Illicitanus (Mela 2.91s.), sinus Urcitanus (Mela 2.94), Cabo de Juno (Mela 2.96), monumento de Cepión (Mela 3.4), litus Curense, montes Hareni (Plin. N.H. 3.3.7), etc. 104 JUAN M. RUIZ ACEVEDO Y JUAN M. CAMPOS CARRASCO Mientras tanto nuestra propuesta es realizar una lectura distinta de los datos aportados por el Papiro. Tras la cita del faro y el puerto de Menestheo (V 27) y antes de la de Onoba (V 30), las líneas 28-29 ofrecen una difícil lectura (28. zro: ajpo; de; touvt[ou eij~ to] tou`` jAst..[..s]tovm[a] to; / 29. deuvteron rk: meta; de; tou``to{n} ejpi; to;n Bai'tin), en la que con muchas dudas los editores, con ayuda de otras fuentes (Estrabón, Plinio, Marciano, etc.) han tratado de ver en los restos de letras conservados las citas del río y el estuario de Asta y del Betis, lo que cuadraría con las secuencias antes expuestas (Gadira-puerto de Menestheo-estuario de Asta-Baetis-Onoba). Las líneas 31ss. de esta columna V, es decir, tras la cita de Onoba, son igualmente difíciles de leer completas. Los editores comentan sobre la lectura de Mainoba de la línea 31 que “fatta eccezione per la sillaba inizziale, tutte le altre lettere del toponimo sono gravemente danneggiate” (Gallazzi, Kramer, Settis 2008: 251) y recurren a la Maenoba de Estrabón citada en el mismo listado que Asta, Nabrissa, Onoba, Ossonoba y otros asentamientos situados a orillas de los estuarios (3.2.5). El orden en que aparecen no tiene por qué ser secuencial de levante a poniente, dado que es una simple enumeración de ejemplos; y en el caso de serlo la Maenoba citada estaría a poniente de Ossonoba, no de Onoba. Por Plinio (3.11) sabemos de la existencia del río Maenuba, afl uente del Guadalquivir, pero en este caso estaríamos ubicados a levante de Onoba, no tras ella como parece refl ejar el Papiro. No podemos apoyarnos, por tanto, en ninguno de los dos autores para justifi car la presencia de una Mainoba tras Onoba. En la línea 32 tenemos las mismas difi cultades de lectura y salvo la existencia de un estuario o hidrónimo que empieza por A- y de Cilibe, el resto presenta problemas de interpretación39. Si nos atenemos a las lecturas plenamente fi ables y claras de estas líneas, tendríamos en la línea 30 Onoba, en las 32-34 la ciudad de Ipsa y a continuación el estuario de un río A-¿? con la ciudad de Cilibe, y en las líneas 35-36 el Cabo Sagrado a 992 estadios de un lugar de difícil lectura del fi nal de la línea 34. Bastaría sospechar que en la línea 31, después de Onoba, fi gurase la boca (stovma) o el estuario del Ana, en vez de Mainoba y que tras él, es decir a poniente, estuvieran las ciudades de Ipsa, el estuario de un río A- (¿Arados?40) y la ciudad de Cilibe antes de llegar al Cabo Sagrado y por último la distancia global entre el Cabo Sagrado y el Ana (IV 35-36). De esta manera y teniendo en cuenta las difi cultades de lecturas que plantean las líneas 31ss., la interpretación que proponemos es la siguiente: 39 Cf. el comentario de los editores a las líneas 32-34: “l’uniforme andamento sintattico fino ad ora seguito dal paraplous è qui interrotto da una variatio, che complica l’interpretazione delle trace propio in corrispondenza di un consistente danneggiamento del supporto (...)” 40 El actual Arade podría derivar de un *Arados (Gallazzi, Kramer, Settis 2008: 257). 105 EL LITORAL ONUBENSE Y ALGARVEÑO EN EL PAPIRO DE ARTEMIDORO (...). Después de éste, hasta Onoba 280. Después hasta la boca del Ana ¿78?. Después de ésta hasta la ciudad de Ipsa ¿24?. Después de ésta hasta el estuario del A¿? en la línea recta en la que está la ciudad de Cilibe ¿36? estadios. Desde las bocas del Ana sigue el extremo del Promontorio Sagrado y hasta el lugar último hay 992 estadios. (...) Con esta interpretación podríamos solventar las contradicciones que se plantean entre el Papiro y el resto de información barajada, si situamos Maenoba, Ipsa y Cilibe entre Onoba y el río Guadiana, y hacer confl uir los datos del Papiro con lo que nos aportan los testimonios literarios (los Cilibitani de Lusitania), los datos numismáticos (Cilpes e Ipses en la costa algarvia), las secuencias lineales de la literatura geográfi ca, las características geomorfológicas de la zona y la realidad arqueológica. Volviendo de nuevo a la presencia de Artemidoro en Occidente y retomando el argumento de que él realizó con total seguridad el trayecto autóptico Gadira- Cabo Sagrado (y tal vez también el paraplo de la fachada atlántica) y tomó las distancias entre los distintos puertos en los que recaló, es posible reconstruir su itinerario desde Gadira o desde el puerto de Menestheo: tras zarpar de uno de estos dos puertos y pasar por el estuario de Asta y el río Betis, llegaría a Onoba. Desde el puerto onubense partiría hacia la desembocadura del Ana; desde este río, FIG. 3: El Suroeste peninsular en el Papiro de Artemidoro. 106 JUAN M. RUIZ ACEVEDO Y JUAN M. CAMPOS CARRASCO tras costear por el litoral del Algarve, en un amplio rodeo con el fi n de evitar las difi cultades que para la navegación a vela siempre ha supuesto el Cabo de Santa María y sin recalar, por tanto, ni en Balsa (Tavira) ni en Ossonoba (cercanías de Faro), llegaría a la desembocadura del río Arade y a las cercanas ciudades de Ipsa y Cilibe y desde allí por último a los confi nes occidentales de la ecúmene, el Cabo Sagrado. BIBLIOGRAFÍA J. M. Alonso Núñez, “Les renseignements sur la Péninsule Ibérique d’Artemidore d’Éphèse”, Antiquité Classique 49.1-2 (1980) 255-259. J. M. Campos Carrasco et alii, Las cetariae del litoral onubense en época romana (Huelva 1999). L. Canfora, Il papiro di Artemidoro (Bari 2008). P. Chantraine, Morfología histórica del griego (Reus 1974). A. 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