La Voz Nueva. El sueño editorial de Ricardo de Alcázar (1927-1931)
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15 La Voz Nueva. El sueño editorial de Ricardo de Alcázar (1927-1931) Alicia Gil Lázaro Introducción Cuando Wenceslao Rodríguez llegó a Veracruz en 1898 tenía solo catorce años. Abandonó su aldea de origen, Luarca, en la costa occidental asturiana, y, como cualquier otro emigrante, se embarcó rumbo al puerto atlántico, donde aprendió el oficio de tabaquero, aunque no lo ejercería por mucho tiempo. Con un carácter autodidacta, un notable talento para las letras y horas de lectura en los ratos libres logró hacerse periodista, escritor y poeta. Su vida transcurrió enteramente en tierras mexicanas y en ellas murió a la edad de sesenta y ocho años, en la Ciudad de México, donde residió por tres décadas de forma ininterrumpida, ya conocido entre sus congéneres por sus dos pseudónimos: Ricardo de Alcázar y Florisel. Todavía en Veracruz, llevó a cabo su primer proyecto editorial, la revista Gente nueva, trece años después de su llegada, en 1911, junto al también asturiano Ceferino Martínez Riestra. 15 A pesar de su corta duración —a principios de 1913, se trasladaría a la capital— la publicación dio alas a una aspiración que acompañaría 15 El asturiano Ceferino Martínez Riestra residió primero en Cuba, donde trabajó en el campo y después reemigró a México. En el puerto de Veracruz alternó una plaza de escribiente en la aduana con la escritura y dio sus primeros pasos en el periodismo. Participó en la revolución al lado del carrancismo (Entrevista de José Ignacio Gracia Noriega a Martínez Riestra en La Nueva España, 14, X, 2002).
Las migraciones europeas a América Latina 16 a este hombre durante largos años, la de editar una revista cultural en el marco de la comunidad migratoria que lo acogía. Con diferentes formatos y duración, pero similares objetivos y contenidos, el proyecto se materializó en varias ocasiones en las décadas siguientes. El propósito de estas páginas es analizar la trayectoria periodística de Florisel, que corre paralela al desarrollo de las revistas culturales españolas de su generación, y revisar, en concreto, la última y quizá más lograda de sus aventuras editoriales, La Voz Nueva, publicada primero semanalmente y luego con carácter mensual durante algo más de tres años, desde fines de 1927 y hasta principios de 1931. Con esta revista, Ricardo de Alcázar traspasó las fronteras estrechas y rígidas de los intereses lectores de la colonia española, para entrar de lleno en los ambientes culturales, estéticos e intelectuales del México de principios de los años treinta. Sin apearse de las ideas que habían caracterizado el resto de sus empresas periodísticas en las décadas anteriores —las cuales giraban esencialmente en torno al hispanoamericanismo que cruzaba el Atlántico procedente de la madre patria—, La Voz Nueva incorporó temas, enfoques y formatos modernos, abriéndose a un público algo más amplio y heterogéneo. Las colaboraciones en la revista se ampliaron significativamente a las plumas mexicanas y de otras latitudes latinoamericanas. Asumió un modo nuevo de hacer el periodismo, aunque se mantuvo a caballo entre las viejas y las nuevas formas. La historiografía no le ha prestado la suficiente atención aún a la obra de este escritor, a pesar de que Florisel era un personaje popular en la acotada vida cultural del grupo migratorio español de México en el tiempo previo a la llegada del exilio y su nombre era conocido entre los escritores mexicanos de su tiempo. Tal vez el brillo de la generación de inmigrantes escritores y periodistas que lo precedió, aquella que desarrolló su labor durante el régimen
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 17 porfiriano, en el último tercio del siglo XIX y los primeros años del XX, y también el posterior, el de los grandes intelectuales refugiados en México de la persecución franquista, atrapó a Florisel en una «tierra de nadie» historiográfica y en unos tiempos por demás difíciles de la historia mexicana, lo que terminó propiciando cierto desdén por su escritura o directamente el olvido. El objetivo de este texto no es juzgar la calidad de la producción ensayística, poética o periodística del autor, sino contextualizar su proyecto editorial en el marco de las corrientes y los cambios culturales de su tiempo y ya no solo dentro del tal vez magro interés de la colonia española por la cultura, sino también en diálogo con las letras y artes mexicanas de entonces. Para ello, hablaré en primer lugar del periodismo étnico español en la Ciudad de México en los años convulsos de la revolución y las dos décadas posteriores; me centraré después en el protagonismo que adquirieron entre 1915 y 1930 las revistas culturales como forma de expresión característica de la prensa hispana y me detendré finalmente en la carrera periodística de Florisel, en el perfil editorial, el formato y los contenidos de La Voz Nueva, y en especial en la relación que unió a la revista con la generación de los Contemporáneos. El periodismo español en México en una época convulsa El tiempo en el que De Alcázar desarrolló buena parte de su actividad periodística estuvo marcado por la revolución, sin duda, pero también por el advenimiento de grandes cambios en la prensa, no solo en México, sino en todo el mundo occidental, cuando el periodismo orientó su producción a las masas, abarató su precio y multiplicó sus tiradas. La prensa española en México a fines del siglo XIX convivió y se nutrió del crecimiento periodístico mexicano de la época. Los periodistas étnicos a menudo formaban parte de la esfera culta
Las migraciones europeas a América Latina 18 mexicana, colaboraron en sus medios y, al mismo tiempo, editaron numerosos periódicos y algunos llegaron a hacerse conocidos fuera de las estrechas fronteras de la colonia española. La historiografía mexicana le ha prestado una atención considerable a esta producción finisecular, algunos para ensalzarla (Mora y Miquel, 2008) 16 pero otros por considerarla más bien débil, fragmentada, de calidad cuestionable, escasa duración, y una aún más escasa rentabilidad como proyecto empresarial. 17 Con el inicio de la revolución este perfil habría obligatoriamente de acentuarse. 18 En 1910, la comunidad española en el país no sobrepasaba los treinta mil integrantes —el tamaño máximo alcanzado hasta entonces— y casi la mitad de ellos se concentraba en la capital. A partir de ese año, la estabilidad social, económica y política del grupo se tambaleó ante la oleada de violencia desatada por los revolucionarios, lo que afectó profundamente a sus medios de comunicación escritos, que ya eran muy frágiles. Varios diarios sobrevivieron a duras penas durante los primeros años del conflicto hasta que tuvieron que cerrar o fueron clausurados y los numerosos problemas de la comunidad española con los distintos bandos desalentaron otras iniciativas. 16 Este libro constituye el único texto de análisis historiográfico publicado hasta el momento en el que el tema central es el periodismo español en México. 17 Steward, 1965: 432: «Spanish newspapers were superfluous and inconsequential for the daily lives of the grocery store and clerking Spaniards scattered throughout Mexico». Meyer (2001: 81), recoge el punto de vista de un diplomático español en México quien a la altura de 1905 afirmaba que ese «elemento español» en México «tan satisfecho de sí mismo» se distinguía por su laboriosidad y riqueza, pero no «por su cultura ni por su erudición». El ministro tenía una pobre opinión sobre La Iberia o El Correo Español, pues no veía en ellos sino un «boletín de toros, gaceta del género chico, heraldo de diestros y defensor de tiples». 18 Mora y Miquel (2008: 17; 2006: 221-233) afirman que la presencia española en dicho lapso se dirigió exclusivamente a la colonia de residentes peninsulares y se mantuvo en terrenos tales como «la crónica de espectáculos o las actividades de beneficencia, el desarrollo empresarial y la vida social de la comunidad hispana».
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 19 Tras la clausura de El Correo Español, el diario más importante y longevo de la prensa española (Esquer, 1998), 19 los intentos posteriores de publicar otro periódico informativo español no fueron bien vistos por los revolucionarios ni tampoco por los diplomáticos españoles, quienes recelaban de los excesos de intromisión en los asuntos internos mexicanos a los que había llegado el diario y las consecuencias que ello podía traer para la seguridad de la colonia, al tiempo que aducían, según Marina Zuloaga, el hecho de que los mismos diarios mexicanos circulaban bajo una estricta censura de la que no se podrían librar las publicaciones hispanas (Zuloaga Rada, 1997: 815). Pero, contra todo pronóstico, el periodismo étnico español no llegó a desaparecer, sino que más bien renació bajo otros formatos y contenidos durante el segundo quinquenio revolucionario. En efecto, a partir de 1915, una generación más joven de escritores y periodistas expatriados desde fines del siglo XIX y durante la primera década del XX, o acaso más recientemente, en el transcurso del conflicto armado, logró zafarse de la animadversión revolucionaria y sacó adelante, con fortuna diversa, varias iniciativas bajo la forma de semanarios o revistas quincenales o mensuales, con el propósito de erigirse en publicaciones culturales de la colonia española en México. Refugiarse bajo el paraguas de la cultura y ensimismarse en sus asuntos internos resultó probablemente una decisión menos «sospechosa» de caer en veleidades críticas contra el régimen político, y, tal vez por ello, estas publicaciones fueron toleradas. 19 El Correo Español fue fundado en 1889 por Fernando Luis Juliet de Elizalde, quien además fue su editor, propietario y director. Sus primeros tiempos fueron inestables, con numerosos directores que duraron poco en el cargo. Con el cambio de siglo el diario pasó a manos de la Cámara de Comercio Española convirtiéndose en su órgano oficial, y en 1902 lo compró el editor asturiano José Porrúa. Bajo su dirección, hasta 1911, el diario alcanzaría por fin estabilidad y cierto esplendor.
Las migraciones europeas a América Latina 20 Se tiene registro de algunas de ellas: El otro mundo (1915), Rojo y Gualda (1916-1920), Iberia. Revista mensual española (1917-1918), Castillos y leones (1920-1921), Don Quijote (1920-1922), Tricolor. Una revista mexicana de cultura (1917-1932), 20 Revista Española (1922- 1926), La Voz Nueva (1927-1931) y El Espectador (1930). Frente a los grandes diarios y revistas de la época, la mayor parte de estas publicaciones tuvo una vida efímera (algunas apenas alcanzaron la veintena de números) y otras arraigaron mejor en la medida en que orientaron su línea editorial más allá de los temas y los lectores españoles, con aportaciones de escritores, poetas y literatos de ambos lados del Atlántico y de distintas nacionalidades, aunque sin abandonar, efectivamente, ese sesgo localista y concentrado en sí mismo, fruto seguramente de las fuentes de financiación de los proyectos: suscripciones y publicidad de las casas de comercio e industrias hispanas. En todo caso, su importancia no puede calibrarse en modo alguno por su estabilidad o rentabilidad pues, salvo excepciones, antes o después solían cerrar por insolventes. Nuestra hipótesis es que, como ya sucediera en la etapa anterior, el impacto de esta etapa del periodismo español se puede valorar más ajustadamente si consideramos la presencia de un grupo nutrido y permanente de periodistas y escritores españoles residentes en la ciudad de México e integrados en menor o mayor medida en la vida cultural mexicana, lo cual facilitó el estrechamiento de las relaciones culturales hispanomexicanas durante la revolución y las dos décadas posteriores. La actividad ensayística y cultural desplegada por escritores y periodistas como Ricardo de Alcázar, Julio Sesto, Alfonso Camín, 20 Las fechas de inicio están comprobadas en todos los casos. No así las de finalización, pues de algunas de ellas no tenemos la certeza que se sea el último número, sino tan solo el último ejemplar conservado en los repositorios que hemos consultado, como por ejemplo Tricolor. Una revista mexicana de cultura.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 21 Ricardo Martínez de Bujanda, Ceferino Martínez Riestra, Felipe Velasco, Teodoro J. Ramírez, Baltasar Fernández del Cue, Desiderio Marcos, Enrique Guardiola Cardellach o Humberto Rivas Panedas, entre otros, trascendió los círculos periodísticos y literarios estrictamente españoles y se acercó a los grupos intelectuales mexicanos de la época. Esta situación facilitó la creación durante dicho período de redes intelectuales, artísticas y literarias entre ambas orillas. Algunos de los autores citados compensaron la imposibilidad de alentar una mayor producción de periódicos y revistas propios de la colectividad con un animado trasiego de artículos, ensayos y obras literarias de diversa amplitud que circularon en la prensa mexicana tanto como en la peninsular e incluso la habanera. Esto fue posible gracias al despliegue de redes de intelectuales en torno al hispanoamericanismo, especialmente en su versión conservadora, que se extendió a lo largo del primer tercio del XX, no solo en México sino en toda la América receptora de población inmigrante (García Sebastiani y Núñez Seixas, 2020: 9-14; Aimer Granados, 2005; Niño Rodríguez, 1993: 15-20; Sepúlveda, 2005). Las revistas culturales españolas en el México revolucionario y posrevolucionario En la reanudación de las publicaciones españolas en la capital mexicana tras los tiempos más duros de la revolución, tuvo un papel notable la iniciativa de Florisel, aunque no fue el único, sino que convivió, como ya se ha apuntado, con un grupo estable de periodistas llegados en esa década y media a México. Sabemos que Florisel se trasladó en 1913 a la capital mexicana y allí comenzó a trabajar como corrector de estilo y crítico de teatro en el diario El Imparcial, uno de los más importantes de la ciudad, durante la última etapa del rotativo con Salvador Díaz Mirón al frente (Bada,1951). Su firma aparece asociada, asimismo, a El Diario
Las migraciones europeas a América Latina 22 Español, con el que colaboró en el período previo a su cierre, y en otras publicaciones periódicas como El Dictamen. Florisel no abandonaría en estos años esta alternancia entre medios mexicanos y españoles de sus colaboraciones. En 1915 surgió la primera oportunidad de editar un semanario cultural propio, El otro mundo, junto al crítico teatral valenciano Francisco Martínez de Bujanda. Sobre la revista apuntaba Telesforo García: El Otro Mundo era discreto, atinado y decía en formas elegantes de nuestro incomparable idioma […] de la España científica, artística, pintoresca, inventora, industrial, parlamentaria y hasta torera […] Y después de esto, que ya es mucho, un cuidado exquisito de pasar discretamente sobre las molestas dificultades íntimas de la colonia, […] y una infatigable tenacidad en poner de resalto [sic] cuanto honra y eleva a España en el exterior […]. 21 La falta de rentabilidad económica y las desavenencias de ambos editores con la empresa en la que se publicaba la revista, una librería regentada por otro español, Andrés Botas, y su hijo, condujeron a Florisel y a Martínez de Bujanda —cinco meses y diecinueve números después— a renunciar al proyecto. Sin embargo, a principios del año siguiente el primero aparecía ya como director de un nuevo semanario titulado Rojo y Gualda, al lado esta vez de un nuevo administrador, José Albuerne. En la sección de apertura del segundo número, Bujanda animaba así a Florisel: Ojalá que, muerto El Otro Mundo, en tu Rojo y Gualda sepas hacer, solo, lo que no pudimos hacer en El Otro Mundo los tres unidos: labor española, labor hispanoamericana, y demostrar que si tenemos algo malo en nuestra colonia —al fin es numerosa— tenemos mucho bueno […]. 22 21 Telesforo García, «A Ricardo de Alcázar y compañeros de labor española» en Rojo y Gualda, 25/03/1916. El objetivo de acercar España y lo español a la comunidad migratoria en México fue común a todas las revistas publicadas en esta época, no así el de tratar con discreción los asuntos internos de la colonia, pues en realidad airear los problemas entre las asociaciones del grupo se convirtió en un tema recurrente de las revistas. 22 Francisco Martínez de Bujanda, «Una carta» en Rojo y Gualda, 01/04/1916.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 23 Este nuevo intento arraigó y de Rojo y Gualda se publicaron casi doscientos números, entre marzo de 1916 y septiembre de 1920. El modelo de publicación semanal con suscriptores, un tamaño en torno a las veinte páginas con ilustraciones, portadas a color, publicidad de los negocios españoles y secciones fijas que atendían a los intereses del grupo que lo sufragaba —una colonia de comerciantes, abarroteros y unos cuantos lectores, no muchos probablemente, con pretensiones intelectuales— prendió lo suficiente no solo para sostener una iniciativa, sino para alentar, poco tiempo después, varias más del mismo estilo. En sus páginas colaboraron los inmigrantes periodistas y se reproducían, además, textos publicados previamente en otras revistas pertenecientes a escritores españoles afamados, aparte de algunas participaciones, más esporádicas, de poetas y ensayistas mexicanos consagrados. Si bien la revista logró mantenerse en pie durante cuatro años y medio, no estuvo exenta de la inestabilidad propia de las pequeñas empresas editoras de este período y los cambios frecuentes de director y dueños fueron la tónica. Los primeros 67 números de Rojo y Gualda estuvieron a cargo de Florisel, quien abandonó el semanario en agosto de 1917, quedando Albuerne provisionalmente al frente. En el año y medio siguiente, el semanario creció, aumentó su espacio publicitario —lo que le permitiría contratar a dos personas más— y continuó con una línea editorial similar a la de la primera etapa. En enero de 1919 la dirección pasó el poeta asturiano Alfonso Camín Meana, quien colaboraba desde su llegada a México en otras revistas (Suárez, 2012: 69-80). 23 Camín se encargó de los setenta números siguientes, al término de los cuales se despedía en su editorial así: 23 Alfonso Camín emigró a México a fines de 1915, después de una larga estancia en Cuba donde se formó como periodista y publicó sus primeros poemarios. En 1922 regresó a España y unos años más tarde fundó la revista Norte, que le acompañaría en su destierro en 1937, esta vez directamente a México, donde permaneció hasta 1967, año en que volvió definitivamente a España.
Las migraciones europeas a América Latina 30 La Voz, El Sol, El Siglo Futuro, El Heraldo de Madrid y otros. Asimismo, algunas publicaciones españolas contaron con corresponsales en México, como el diario madrileño La Libertad, que durante años recibió colaboraciones de Alfonso Camín (Mora y Miquel, 2008: 194). Así trabajó Florisel, como vimos, desde su llegada a la Ciudad de México, pero es también el caso de otros periodistas como Julio Sesto, quien publicó sus artículos en El Hijo del Ahuizote, Diario del hogar, El Universal, Excélsior, Hoy, mañana y siempre y sobre todo en El Imparcial. En Madrid, el autor fue colaborador de Blanco y Negro, Nuevo Mundo, La Ilustración Española y Americana y El Liberal y en La Habana trabajó para El Diario de la Marina y El Mundo Ilustrado (Gordo Piñar, 2013: 138-150). En la misma línea, el palentino Desiderio Marcos colaboró en revistas españolas como Nuevo Mundo, Mercurio. Revista Comercial Ibero Americana, Hispania y La Ilustración Artística y en mexicanas como Cosmos (Renedo, 1919: 65-66). 39 Florisel y La Voz Nueva Más allá de su quehacer poético, de su intensa actividad emprendedora y de su ensayado halo de intelectual y erudito, Ricardo de Alcázar fue, ante todo, un español de la colonia, dedicado en cuerpo y alma a la colectividad (Bada, 1951). 40 Su compromiso institucional desde la atalaya del periodismo lo condujo a diversas empresas, ruinosas no pocas de ellas, con el fin de dotar a la colectividad española de medios de expresión 39 Desiderio Marcos llegó a México con el cambio de siglo y rozando la treintena, después de haber estudiado letras y comercio y haber trabajado como empleado en empresas como la Sociedad Hullera Española, a la vez que inició su colaboración en diversos periódicos, con los que no perdió el contacto después de su emigración. 40 A partir de 1930, Florisel alternó el periodismo con el cargo de director de la comisión de cultura del Casino Español de la capital, puesto del que vivió hasta su fallecimiento dos décadas después.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 31 propios. Sin embargo, no acompañó del todo a Florisel la fortuna en el contexto de cambios fuertes en el periodismo, los lectores y los gustos de aquel entonces. El notable crecimiento de la prensa informativa mexicana durante los primeros decenios posrevolucionarios y la amplia acogida que tuvieron en algunos de ellos las noticias españolas, retrajeron las iniciativas periodísticas de los españoles haciendo, según Armando de María y Campos, «difícil y aventurado cualquier intento en ese sentido» (María y Campos, 1960: 113). Sin embargo, intentos, justamente, no faltaron. En 1919, Florisel fundó el diario vespertino El Día Español junto al catalán Enrique Guardiola Cardellach. 41 El también escritor y periodista Juan J. Bada contaba en el obituario que escribió sobre Florisel, que varios empresarios de la comunidad española le financiaron las instalaciones del diario y los gastos iniciales; cuatro personas se encargaban de todas las secciones y él mismo corregía la totalidad del diario. La tentativa, sin embargo, tardó en cuajar, y solo hasta 1924 pasó a ser un diario matutino. Dos años más tarde, con deudas y desilusionado, el escritor decidió vendérselo al conocido cónsul español Carlos Badía Malagrida, quien logró un permiso del servicio exterior español y, concitando de nuevo la ayuda económica de los poderosos de la colonia, pudo relanzar por un tiempo el periódico (Bada, 1951: 32). El Día Español fue el único diario de la colonia española que logró sobrevivir a lo largo de ese decenio. Fuera de la actividad periodística, la mayor parte de la obra de Florisel durante las décadas de 1920 y 1930 estuvo dedicada a la 41 Durante los años de la Primera Guerra Mundial, Guardiola dirigió una publicación germanófila llamada El Boletín de la guerra subvencionado por el Servicio de informaciones alemanas de México. En 1915 escribió La paz en Europa y el porvenir de España, donde alertaba del peligro que entrañaba la neutralidad española en la guerra; dos años más tarde publicaría Ante la paz y ante la guerra, en la Imprenta de León Sánchez.
Las migraciones europeas a América Latina 32 crítica literaria y a la exégesis, aunque también publicó varios poemarios, Donaire (1931), Ofrenda al silencio (arrepentimiento de Donaire) (1931), Epistolario de amor y de amistad (1939) y otros. Era conocido también como conferencista y, en menor medida, como traductor de obras literarias y ensayísticas francesas. 42 En sus temáticas recuperaba las preocupaciones y los discursos ideológicos del hispanismo conservador proveniente de España y en algunos casos los pasaba por el tamiz mexicano; así, por ejemplo, en sus ensayos demostró su devoción castiza por la lengua castellana peninsular en Por el alma y el habla de Castilla (1922) aunque también ofreció el contraste con las formas locales en Cómo hablamos en México (Sintaxis sin tasa oral y escrita cogida al vuelo) (1944). Otro de los tópicos esenciales de su obra, tomado de las corrientes hispanistas que fluían por toda América Latina, y que también se reiteraría en La Voz Nueva, fue el de la defensa de la historia colonial española en América frente a la creciente influencia cultural de los Estados Unidos, en obras como El cuento y la cuenta del oro de América (1933); finalmente, también le preocupó defender la imagen y el papel de la colonia española de México en El cetro, las cruces y el caduceo (en busca de la conciencia de la colonia) (1928) o El gachupín. Problema máximo de México (1934), al tiempo que criticaba la fragmentación de sus instituciones asociativas en Unión, fusión y confusión de la colonia (un esquema de superestructura racional) (1928). El lenguaje satírico que habituaba, muy dado al barroquismo en las formas —hasta la saturación en ocasiones— fue la nota característica de su estilo. Gustaba de expresar sus ideas con juegos de palabras, paradojas y otros recursos retóricos 42 Dos obras traducidas por Florisel del francés Introducción a la poética, 1938 y Literatura, 1933, ambas del poeta Paul Valéry, fueron muy alabadas por Xavier Villaurrutia.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 33 complejos y a menudo abstrusos, pero en otras ocasiones practicaba un talante directo y frontal en la crítica. Meses después de su salida de El Día Español, el periodista emprendió su proyecto más ambicioso y con el que cerraría su etapa de editor de revistas. Desde el primer número, la primera página de La Voz Nueva. Revista semanal de información, opinión y comentarios contenía toda una declaración de intenciones donde el poeta expresaba la esencia de los cambios que sustentaban su nuevo proyecto: ¿Pero hace falta decirlo aún? La Voz Nueva, fundamentalmente hispanicista [sic], tiende a demostrar que, no solo no hay incompatibilidad alguna entre México y España, sino que, en la raíz, en el fondo y a la larga todo es una y la misma cosa. 43 Frente a las revistas españolas de las dos décadas anteriores, La Voz Nueva presentaba ciertos rasgos de continuidad y otros de originalidad. Respecto a los primeros, la revista se atribuía un cierto carácter de «órgano espiritual de la colonia», con el que ya Florisel había editado los primeros números de Rojo y Gualda, lo que en la práctica parecía significar que, como habían hecho las demás revistas, seguía con toda atención los entresijos comunitarios, alababa a los empresarios y grandes industriales, juzgaba las vicisitudes de las asociaciones e introducía ciertos temas preferidos por un grupo algo más amplio de lectores, como las victorias de sus equipos de fútbol y las buenas faenas de los toreros. Así, por ejemplo, los retrasos en las obras de construcción del nuevo sanatorio español de la Sociedad de Beneficencia Española fueron motivo de invectivas por parte de la revista: Las obras del Sanatorio español, paradas, son una vergüenza de la colonia. La lotería de Covadonga «En marcha» puede ser la salvación del sanatorio. 43 La voz nueva, 11/11/1927.
Las migraciones europeas a América Latina 34 Si compra ud. un billete, tendremos vergüenza colectiva y sanatorio español. 44 Con el mismo desparpajo reclamaba reformas urgentes en el Casino español, ofrecía recetas para racionalizar la organización social de los españoles de México o sacaba pecho frente a los reproches a la revista por parte de la Cámara Española de Comercio. Fuente inagotable de contenidos para La Voz Nueva fueron, sin duda, las desavenencias constantes entre las distintas asociaciones de la colectividad —especialmente las tres más grandes—, la rivalidad entre sus élites, los afanes de las regionalistas y las pugnas separatistas, y cualquier tema que respondiera a la muy a menudo conflictiva vida comunitaria desde la óptica de sus dirigentes y estructuras organizativas. Pero, aparte de todo esto, a sus críticas parece acompañar también la pretensión de influir en las decisiones colectivas, equipararse a los órganos rectores del grupo, ofrecerles su consejo, sus alternativas a una forma de actuar que a Florisel se le antojaba errónea. Tal actitud añadía un matiz novedoso y rebelde frente al carácter más anuente de las revistas culturales anteriores. El afán por intervenir, por mediar, por mezclarse con las élites y enmendarles la plana si hacía falta, distanciaba a La Voz Nueva de las experiencias anteriores. Florisel se sentía un igual frente a ellos, capacitado moralmente para dirigirse a la colonia y denunciar sus inconsistencias. Prueba de ello es que, durante esos años, Florisel trató de hacer real la iniciativa largo tiempo acariciada de unir a las diferentes instituciones asociativas en una sola que hiciera funcionar más racionalmente a todos. Aunque su intento terminó en un fracaso, La Voz Nueva fue publicando todas estas iniciativas y fungió de ariete contra los sectores más reacios a las transformaciones. Estos eran algunos de los titulares: «Editorial: el primer paso hacia la 44 La Voz Nueva, 14/01/1928.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 35 unión por la convivencia»; «La vida que vuelve y la colonia que renace», «Primero entendámonos. Unión, fusión y confusión de la colonia (un esquema de superestructura racional)». 45 Si bien las continuidades se expresaron, como hemos comentado, en ciertas temáticas asociadas a la actividad lúdica y de entretenimiento de la colonia —los toros, el fútbol o el teatro—, cualquiera de estos temas sufrió, asimismo, una transformación cualitativa en cuanto al tratamiento de la información, en la forma de abordar los temas, desde una mirada ahora más reflexiva e intelectualizada. Así se expresaba la revista sobre un famoso torero: Si hay una personalidad ejemplar es la de Juan Belmonte. El ideal equilibrio entre la forma y el fondo —lo bello y lo útil— alcanza el límite en su arte. No se sabe dónde comienza lo adjetivo y dónde lo sustantivo acaba. Caso sin precedente el suyo: sobriedad—sin defecto. Magnificencia—sin exceso. 46 Esta gradual «culturización» de la revista llevó a que fuera finalmente el teatro el que terminara imponiéndose frente a la menor atención que con el tiempo recibieron el fútbol y los toros. En una sección titulada «Farsas y comparsas» se analizaba el teatro contemporáneo en Italia, Alemania o Moscú; el teatro de vanguardia, el expresionismo; se glosaba la obra de diversos dramaturgos y se observaba, una y otra vez, la evolución del teatro mexicano, sus autores más connotados, las escenografías, los temas, los actores o la puesta en escena. 47 Por otra parte, La Voz Nueva constituyó ante todo una revista hecha por y para Florisel. En sus páginas el editor sacaba a la luz su obra 45 La Voz Nueva, 10/03/1928: 5-6; La Voz Nueva, 15/03/1928: 5-6; La Voz Nueva, 31/08/1928: 5-9. 46 M. Ángel Colomar, «Juan Belmonte o el reposo» en La Voz Nueva, 31/12/1927: 12. Véase también Andrenio «Dionisos y el deporte. El espíritu del “fair-play”, del jugar limpio, sin trampas» en La Voz Nueva, 17/11/1927: 12; «La autoridad arbitral en los campos de fútbol» en La Voz Nueva, 10/11/1927: 10-11. 47 La Voz Nueva, 14/01/1928: 19; La Voz Nueva, 21/01/1928: 22; La Voz Nueva, 01/02/ 1928: 24; La Voz Nueva, 20/02/1928: 14-15; La Voz Nueva, 15/03/1928: 24-25 y otros.
Las migraciones europeas a América Latina 36 en pequeñas entregas y publicitaba sus libros mediante diferentes tácticas como la reseña realizada por colaboradores 48 , el anuncio publicitario: «Apareció ya El cetro, las cruces y el caduceo (el libro de la conciencia de la colonia [...]) y cuesta $ 2.00», 49 o la reproducción de recortes de prensa de tirada nacional (normalmente El universal, Excélsior y otros) en los que se alababa su nueva obra 50 ; sometía sus poemarios (Donaire en concreto) al escrutinio de sus pares, españoles y mexicanos, lo que muestra que mantenía buena relación con escritores y periodistas de la talla de Félix Palavicini, Alfonso Caso, Vito Alessio Robles, Alfonso Reyes y Genaro Estrada, algunos de los cuales colaboraron esporádicamente con la revista. 51 Incluso incluía fragmentos de traducciones que él mismo hacía de obras de la literatura francesa: «Valéry y la poesía estética y moral» [traducción de Florisel]. 52 Al mismo tiempo, la revista se convirtió en un canal mediante el cual Florisel dialogaba con los prohombres de la colonia, se comunicaba con ellos, publicaba su correspondencia: «Carta abierta a don Alejandro Quijano», «Una bella carta y un claro espíritu valiente. Firmado: Alejandro Quijano». 53 Sin embargo, La Voz Nueva era mucho más que esto. Frente a las continuidades, la revista supuso una transformación importante en 48 Sobre El cuento y la cuenta del oro… (Reseña de V. Salado Álvarez) en La Voz Nueva, 01/11/1927: 18. 49 La Voz Nueva, 31/10/1928. «Aparecerá en breve un libro (de nuestro director) titulado El cetro, las cruces y el caduceo (en busca de la conciencia de la colonia). Causará sensación entre la gente española porque denuncia y barre los obstáculos ocultos —componendas agazapadas de interés privado— que se oponen a la formación y marcha armónica de nuestra conciencia colectiva». 50 «Sobre el cuento y la cuenta del oro de América. Opinan, al propósito, Humberto Rivas y Toribio Esquivel Obregón» en La Voz Nueva, 10/12/1927: 21. 51 «Donaire en el banquillo. Opiniones escritas. Un bello libro de Ricardo de Alcázar (Florisel)» en La Voz Nueva, 12/30-01/1931. 52 Ricardo de Alcázar, «Literatura, por Paul Valéry» en La Voz Nueva, 30/11/1930. 53 La Voz Nueva, 19/05/1928: 5; La Voz Nueva, 15/05/1928: 7-9.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 37 la naturaleza del periodismo étnico español, desde distintas perspectivas. De hecho, la inclusión de nuevos temas tenía como principal objetivo avanzar fuera de las fronteras de la colonia y hacerlo, en primer lugar, para estrechar sus lazos con el periodismo y la cultura nacionales, a través de la inclusión en sus páginas de textos de muy diferente carácter pertenecientes a escritores mexicanos. Al mismo tiempo, el editor buscó en La Voz Nueva reafirmar el carácter netamente cultural bajo el que habían nacido las revistas españolas más de una década atrás. Se puede afirmar que este carácter avanzó a lo largo de la publicación de la revista —algo que se observa de manera acentuada en los números más tardíos frente a los primeros—, en un proceso que acabaría por distanciarla de las publicaciones españolas de México realizadas hasta entonces y sus objetivos más localistas. Para empezar, la estética misma de la revista cambió, marcando una distancia considerable respecto a la imagen canónica anterior. Florisel abandonó por completo la preferencia generalizada por las ilustraciones típicamente modernistas de las revistas de las décadas de 1910 y 1920. En Rojo y Gualda, Iberia, o Revista Española la imagen de la portada rendía tributo normalmente a los hombres importantes (generales, políticos, monarcas, científicos, literatos y otros), reproduciendo un boceto con su busto o con dibujos o fotografías de cuerpo entero, mientras que Don Quijote mostraba casi siempre el rostro de bellas mujeres (cantantes o actrices, esencialmente), o también los homenajes a ciertas efemérides festivas y religiosas. En su lugar, La Voz Nueva estilizó sus ilustraciones al punto de ceñirse a simples siluetas y prescindió totalmente de la fotografía y los grabados. Así presentaba Florisel la revista: Al entrar, el lector —si no es distraído— habrá visto que dice en la puerta: La Voz Nueva. Luego:
Las migraciones europeas a América Latina 38 Revista de información, opinión y comentario. Después: Hay un corzo heráldico, que se quiebra de puro sutil, casi aéreo. Un corzo elástico, dinámico, que pasa —¡que pase! — como saltando por encima de todas las cosas, rozándolas apenas con la ágil pezuña. 54 En la línea del hispanoamericanismo imperante en las corrientes del pensamiento atlántico, una reflexión habitual en las editoriales de Florisel era el carácter del inmigrante español en América Latina, los problemas de la inmigración o la mirada a la relación entre la madre patria y sus emigrantes-inmigrantes. A menudo ejemplificaba las virtudes colectivas aludiendo a personajes conocidos del grupo español que él había tratado personalmente, había entrevistado o de los que simplemente narraba sus trayectorias. Esta preocupación se expresaba en titulares como: «El gran problema de la inmigración. Dígase de una vez: ¿el español que convive con Méjico ¿es propiamente extranjero?», «El emigrante español, creador de América», «El español que se hace» o «La emigración de España y la inmigración de América». 55 [...] acerca de la creadora acción histórica del emigrante español en América. Del emigrante español que arriba a América —en cuyo suelo histórico se siembra— en plena impubertad, no hecho aun históricamente, y, así, al crecer y abrirse, da a América cuanto sobre sí brota: la riqueza, familia, costumbres, ética, étnica… Al revés de todos los demás emigrantes que, no solo no se siembran, sino que recogen lo sembrado y, al fin, hecho su agosto, retornan a su lugar de origen llevando consigo y tras sí cuanto aquí produjeron: experiencia, dinero, familia [...]. 56 En el empeño ya señalado de su editor por elaborar un producto netamente cultural, La Voz Nueva siguió con la táctica tradicional de publicar poemas o fragmentos de obras de reconocidos literatos del momento, españoles o mexicanos, como Federico García Lorca, 54 Florisel, «Dos palabras y adelante» en La Voz Nueva, 01/11/1927, p. 5. 55 La Voz Nueva, 17/12/1927: 5; La Voz Nueva, 24/12/1927: 5-6. Otros como: «El español de América abandonado a sí mismo. Esquema racional para la organización de las aspiraciones de los españoles de México» en La Voz Nueva, 10/11/1927: 5-8. 56 La Voz Nueva, 17/12/1927: 5; La Voz Nueva, 24/12/1927.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 39 Azorín, Unamuno, Mariano Azuela, Genaro Estrada y Puig Casauranc y otros. 57 La revista reprodujo también las aportaciones de insignes filósofos y pensadores de la época como Ortega y Gasset o Américo Castro e incluso, fuera del ámbito hispanohablante, de autores como el francés André Guide o el británico Bernard Shaw. 58 Ofrecía perfiles biográficos y bibliográficos de escritores de ambos lados del Atlántico como José Luis Moreno Villa, Vicente Blasco Ibáñez, Pío Baroja, Ramón López Velarde, Salvador de Madariaga, Jacinto Benavente y artistas como Manuel de Falla. 59 Si estos rasgos ya habían aparecido en algunas de las revistas anteriores, otros indicios de modernidad fueron poco a poco poblando las páginas de La Voz Nueva. Prueba de ello es la inclusión de temas de carácter económico y social, como la preocupación por los cambios en 57 Azorín, «Un juicio de Azorín. Sobre Jorge Guillén» en La Voz Nueva, 31/08/1929: 16; «Clama desde Hendaya el alma trágica del gran don Miguel (sobre Unamuno)» en La Voz Nueva, 24/12/1927: 12; «Lo que opina, sin reservas, de su viaje a América Luis Araquistáin» en La Voz Nueva, 24/11/1927; J. Moreno Villa, «Bajo el signo del colmo y del record», en La Voz Nueva, 24/11/1927, p. 5; Federico García Lorca, «Mariana Pineda» en La Voz Nueva, 17/11/1927: 11; Jacinto Benavente, «Nueva obra de Benavente. La noche iluminada» en La Voz Nueva, 21/01/1928: 9; «Dos poemas de Genaro Estrada. Del bello libro “Escalera (tocata y fuga)” que acaba de aparecer» en La Voz Nueva, 31/07/1929: 19. 58 José Ortega y Gasset, «El rejuvenecimiento de Europa. América indescubierta aún [la opinión última de Ortega y Gasset]» en La Voz Nueva, 28/02/1929: 10-11; «México a la vista de Américo Castro» en La Voz Nueva, 28/02/1929: 13-14; «Oyendo a André Guide» en La Voz Nueva, 24/11/1927: 10; «Bernard Shaw da normas para el éxito (en la vida, en la literatura y en otras actividades)» en La Voz Nueva, 30/11/1928: 16-18. 59 J. Moreno Villa, «Apología de la relación en La Voz Nueva, 21/01/1928: 12; «Vicente Blasco Ibáñez, el batallador» en La Voz Nueva, 01/02/1928: 16; Xavier Villaurrutia, «Pío Baroja. Vida, pecados, milagros, absolución» en La Voz Nueva, 07/02/1928: 16; Ermilo Abreu Gómez, «Azorín o el diálogo» en La Voz Nueva, 01/02/ 1928: 18; A. Hernández Cata, «La gran música de hoy. Manuel de Falla» en La Voz Nueva, 14/01/1928: 10; José Gorostiza, «Ramón López Velarde y su obra» en La Voz Nueva, 15/03/1928: 20-22; Augusto Barcía, «Salvador de Madariaga. Alma del secretariado de la Sociedad de Naciones» en La Voz Nueva, 31/10/1928: 15-16.
Las migraciones europeas a América Latina 46 de Florisel, especialmente La Voz Nueva, son la muestra de ese tránsito que recorrió la prensa española en su afán de supervivencia. Bibliografía Alcázar, R. de (Florisel) (1922). Por el alma y el habla de Castilla. Pról. de Felipe Sassone, México: «El Día Español». ————(1927). El cuento y la cuenta del oro de América. México: Imprenta de Manuel León Sánchez. ————(1928). El cetro, las cruces y el caduceo (en busca de la conciencia de la colonia). México: Imprenta de Manuel León Sánchez. ————(1928). Unión, fusión y confusión de la colonia (un esquema de superestructura racional). México: Imprenta de Manuel León Sánchez. ————(1931). Ofrenda al silencio (arrepentimiento de Donaire). Madrid: Editorial Talleres Espasa Calpe. ————(1931). Donaire. México: La voz nueva. ————(1934). El gachupín. Problema máximo de México. México: El Ideal. ————(1939). Epistolario de amor y de amistad. México: Tipografía «La voz de la verdad». ————(1944). Cómo hablamos en México (Sintaxis sin tasa oral y escrita cogida al vuelo). México: Costa—Amic. Bada, J. A. (1951). Ricardo de Alcázar (Florisel). Bosquejo biográfico y crítico. México: s.p.i. Figueroa Esquer, R. (1998). «El Correo español: la prensa españolista mexicana y el 98» en Cuadernos Hispanoamericanos, 557-558, pp. 87-98.
Nuevas perspectivas socioculturales a través del estudio de la prensa 47 García Sebastiani, M. y Núñez Seixas, X. M. (2020). Hacer patria lejos de casa. Nacionalismo español, migración y exilio en Europa y América (1870-2010). Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza. García-Sedas, P. (2009). Humberto Rivas Panedas. El gallo viene en aeroplano. Poemas y cartas mexicanas. Madrid: Renacimiento. Gil Lázaro, A. (2017). «Prensa étnica e inmigración. El periodismo español en México en el primer tercio del siglo XX» en Revista Internacional de Historia de la Comunicación, 9: 37-64. ————(2017). «Dos figuras señeras del periodismo español en México en la primera mitad del siglo XX: Ricardo de Alcázar (a) Florisel y Desiderio Marcos» en M. Garabedian (comp.) La prensa periódica española en América Latina. Voces, prácticas y diálogos para la identidad española en la diáspora. Buenos Aires: Leviatán, pp. 183- 202. Gordo Piñar, G. (2013). Miguel de Unamuno y México. Relación y recepción. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid. Granados, A. (2005). Debates sobre España. El hispanoamericanismo en México a fines del siglo XIX. México: El Colegio de México. ———— (2007). «La corriente cultural de la JAE en México: el Instituto Hispano Mexicano de Intercambio Universitario, 1925-1931» en Revista de Indias, 239: 103- 124. Guardiola Cardellach, E. (1915). La paz en Europa y el porvenir de España. México: Imprenta de Manuel León Sánchez.
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