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Las tradiciones discursivas en la encrucijada entre la teorización y la descripción lingüísticas

López Serena, Araceli

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Bert Cornillie Giulia Mazzola Miriam Thegel (eds.) Tradicionalidad discursiva Bert Cornillie Giulia Mazzola Miriam Thegel (eds.) Tradicionalidad discursiva Iberoamericana · Vervuert · 2023 Sección I Avances en la delimitación terminológica y conceptual Capítulo 1 LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA ENCRUCIJADA ENTRE LA TEORIZACIÓN Y LA DESCRIPCIÓN LINGÜÍSTICAS* Araceli López Serena Universidad de Sevilla 1. Introducción En un artículo bastante reciente, en el que proponía diferenciar, grosso modo, dos grandes tipos de acercamientos al ámbito de las tradiciones (o de la tradicionalidad) discursiva(s) –los acercamientos de naturaleza descriptiva a los que en esa publicación (López Serena 2021a) atribuyo un enfoque que denomino de materia frente a las aproximaciones teóricas que llamo de objeto de estudio1–, comenzaba mi exposición llamando la atención sobre la conexión que sin duda existe entre el interés que la lingüística contemporánea viene mostrando, desde hace algunas décadas, por el estudio de la variación (cf. Fernández Pérez 1997) y el eco creciente que el paradigma de las tradiciones (o de la tradicionalidad) discursiva(s) ha encontrado, en los últimos * El presente trabajo se ha realizado a caballo entre el proyecto “Tradicionalidad discursiva, tradicionalidad idiomática, sintaxis del discurso, traducción y cambio lingüístico en la historia del español moderno: prosa (pre-)periodística, prosa (pre-)ensayística y prosa literaria” (PGC2018- 097823-BI00), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España, y el proyecto “Hacia una diacronía de la oralidad/escrituralidad: variación concepcional, traducción y tradicionalidad discursiva en el español y otras lenguas románicas” (PID2021- 123763NA-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España. 1 Esta diferenciación parte, a su vez, de la distinción entre las nociones de materia y objeto de estudio. En ella, el término materia hace referencia a la realidad fenoménica en toda su heterogeneidad y complejidad (en el caso de nuestra disciplina, a la heterogeneidad y la complejidad que imperan en todas las manifestaciones lingüísticas), y que es necesariamente distinta de los objetos de estudio específicos que las diferentes corrientes lingüísticas delimitan y perfilan, en virtud de determinados criterios e intereses de investigación, y sometiendo la materia de estudio a procesos de abstracción, modelización e interpretación a través de los cuales esta deja de ser mera realidad fenoménica y se convierte en constructo teórico (cf. Fernández Pérez 1993: 213-215; 1999b: 23), Gimeno Menéndez (1995: 22), Martí Sánchez (1998: cap. 6), Bernardo Paniagua (1999), López Serena (2006: 304; 2019: 14, n. 2; 2021a). ARACELI LÓPEZ SERENA 24 tiempos, sobre todo entre los historiadores de la(s) lengua(s romances)2. Mi propósito, a este respecto, era subrayar cómo la actual predisposición de los investigadores por tener en cuenta la complejidad y la heterogeneidad reales del lenguaje (cf. Fernández Pérez 1999b: cap. 1) no había corrido pareja a una disociación clara entre los ámbitos de variación específicos que analizan quienes atienden a las diferencias de registro o de estilo, quienes se decantan, más bien, por establecer determinados tipos de textos o quienes agrupan sus intereses de investigación en torno a la noción de género discursivo. Por este motivo, a nadie extraña que autores como Daniel M. Sáez Rivera pusieran el dedo en la llaga cuando, hace ya más de decenio y medio, señalaron que, en relación con categorías como “tipo textual, género o clase textual, tradición textual y tradición discursiva”, “nos encontramos ante conceptos borrosos y fronterizos” (Sáez Rivera 2006: 89). Es más, incluso si hacemos abstracción de términos como género o tipo textual, que, pese a su afinidad con el de tradición discursiva (en adelante TD), los especialistas en TD suelen evitar3, nos encontramos con que ni siquiera de los trabajos de los autores responsables de la conformación y de la exitosa circulación, en el marco de la Romanística alemana, de la noción de TD (Koch 1987, 1997; Oesterreicher 1997; Jacob/Kabatek 2001; Kabatek 2005, 2011, 2015a, 2015b, 2018; Wilhelm 2001, 2015; Lebsanft 2005, 2006) es posible extraer una única definición de consenso. A esto se suma, además, el problema de que, tal y como recordaban también no hace mucho Cristina Bleorţu y David Paul Gerards (2018: 11), en la “Nota de los editores” que abre el volumen compilatorio, editado por ellos, de los trabajos reunidos en Kabatek (2018), “el creciente número de estudios especializados en TD […] no solo ha llevado al efecto positivo de su aceptación cada vez mayor, sino también a una serie de imprecisiones y confusiones”. En efecto, desde su acuñación y a través de ulteriores desarrollos en el seno de la Romanística (alemana)4, primero el concepto de tradición discursiva y actualmente, cada vez en mayor medida, el de tradicionalidad discursiva5 han encontrado una excelente acogida en los estudios históricos de lenguas como el español y el portugués de Brasil6. En su difusión internacional, la mayoría de los autores 2 Sobre la posible especificidad teórica de la Romanística, cf. Sornicola (2011). Para un panorama reciente sobre la difusión de este paradigma de investigación en los estudios sobre historia del español y del portugués brasileño, cf. López Serena (2021b, 2023a). Sobre la conexión entre el auge de las TD y la eclosión de estudios sobre variación lingüística, cf. López Serena (2023b). 3 Cf. infra en § 2.1 los motivos que aduce a este respecto Oesterreicher (2012: 231-232). 4 La ubicación del adjetivo entre paréntesis busca destacar el hecho de que los desarrollos teóricos de esta corriente no se han circunscrito a propuestas procedentes exclusivamente del país de origen del modelo teórico. 5 Por este segundo se decantan, por ejemplo, Winter-Froemel et al. (eds.) (2015), Octavio de Toledo y Huerta (2018), Del Rey Quesada (2021), o Méndez Orense (2021). 6 Cf., de nuevo, a este respecto, López Serena (2021b). 25 LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA ENCRUCIJADA que han abrazado este concepto lo han hecho movidos por su potencial heurístico y, por tanto, en contextos en los que, por encima del interés por la teorización lingüística, primaba la preocupación por llevar a cabo descripciones lingüísticas de determinados textos o fenómenos que fueran máximamente respetuosas con el contexto sociohistórico en que tales textos y fenómenos se identifican. En muchos casos, esto ha conducido a pensar que disponer de una definición precisa y rigurosa de la noción de TD carecía de importancia, toda vez que, de acuerdo con la opinión más extendida, el carácter innovador del paradigma de las TD reside, fundamentalmente, en el tipo de orientación metodológica que suelen efectuar quienes exploran la historia de la lengua teniendo presentes las diferentes TD vigentes en cada periodo y ámbito de la producción textual. Que esta es, efectivamente, la opinión mayoritaria es algo de lo que terminó por convencerme el hecho de que en un seminario en línea, celebrado en febrero de 2021, que nos reunió –al menos a través de las pantallas de nuestros ordenadores– durante dos días a algunos de los autores que hemos querido sumar nuestras contribuciones en este volumen monográfico, el título, en forma de pregunta, con el que se nos convocó al intercambio de ideas fue “Las tradiciones discursivas en tiempos de lingüística cuantitativa: ¿corrección epistemológica o deconstrucción metodológica?” (la cursiva es mía). Tal y como yo lo veo, los términos en que se planteaba el debate ponían de manifiesto que, como se ha constatado que es también el caso entre los historiadores de la lengua (cf. López Serena 2021a), para los organizadores de ese encuentro, el principal valor que cabe atribuir al paradigma de las TD no parece estar vinculado con la dimensión teórica de esta corriente, sino con la rentabilidad heurística o metodológica de su aplicación a la descripción lingüística. El descubrimiento de que tal creencia parecía haber calado profundamente en muchos de mis colegas de disciplina me determinó a dedicar estas páginas, precisamente, al lugar que las tradiciones discursivas ocupan en la encrucijada entre la teorización y la descripción lingüísticas, con el propósito de mostrar cómo, en mi opinión, la verdadera novedad y la originalidad de la corriente de las TD derivan del marco teórico en el que esta se gesta y son, por tanto, de naturaleza teórica y no metodológica. 2. El concepto de TD como noción teórica. Problemas de definición En relación con el hecho de que, en la balanza entre la teorización y la descripción lingüísticas, la opinión común más extendida sea que el peso de las TD se vuelca del lado de la descripción, puede resultar paradójico que mi propio interés por la noción de TD y por la corriente de estudios a que este concepto o categoría de análisis ha dado lugar se originara en el polo de la teorización, que es, por un lado, el que menor adhe- ARACELI LÓPEZ SERENA 26 sión ha suscitado hasta el momento7 y, sin embargo, por otro lado, el ámbito en el que, como acabo de avanzar, creo que se ubica la verdadera originalidad de esta corriente. Concretamente, en un principio (cf., por ej., López Serena 2012), lo que me llevó a ocuparme de la noción de TD fue una preocupación, compartida con otros autores, a la que ya se ha hecho alusión: la referida a la falta de univocidad y de precisión imperantes en las definiciones que sobre este concepto suele ofrecer la bibliografía. 2.1. La relación entre géneros y TD Desde esa perspectiva teórica, me inquietaba el uso impreciso e inflacionario8 del marbete TD que es muy frecuente encontrar en buena parte de la bibliografía, en general porque se emplea el término TD como mero sinónimo estilístico del de género y se piensa, debido a ello, no en toda la gama de fenómenos discursivo-tra- dicionales a la que apuntan las dos definiciones más conocidas de este concepto (que enseguida traeré a colación), sino, por lo común, solamente en moldes textuales en cierta medida taxonómicos, como los que constituyen los géneros. La frecuente –y, en realidad, indebida– equiparación entre TD y géneros es bien conocida, por lo que, en el presente contexto, no me voy a extender excesivamente en ella9. Baste, a modo de ejemplo, una cita de Wulf Oesterreicher que servirá para poner de relieve cómo esta igualación no se puede atribuir en exclusiva a quienes han incorporado el término TD a su vocabulario, a resultas de la difusión internacional de la que este ha disfrutado en los últimos años, sino que también es responsabilidad de los autores que contribuyeron a su acuñación, definición y propagación en primera instancia: [L]as variedades lingüísticas de una lengua tienen una afinidad con determinados usos en situaciones comunicativas […]. Estas situaciones se cristalizan en lo que, a veces, se denomina ‘géneros textuales’ o ‘tipos de texto’ y que yo prefiero llamar ‘tradicio- 7 Cf. ahora, sin embargo, Zamorano Aguilar (2020). 8 La elección del adjetivo inflacionario para hacer referencia a la aparición creciente de usos, por lo general meramente superficiales, del marbete TD en un número cada vez mayor de trabajos se hace eco de la expresión que Javier Elvira utilizó ya en 2012 cuando, a propósito de otra noción clave en la actual lingüística histórica, la de gramaticalización, afirmaba: “el concepto de gramaticalización está un poco devaluado por un uso ‘inflacionario’ en los estudios de lingüística y gramática de los últimos años. […] la noción de gramaticalización se ha convertido en una especie de comodín al que muchos investigadores recurren cuando quieren hacer referencia a muy variados procesos de innovación gramatical. De ahí el escepticismo con el que algunos contemplan el concepto” (Elvira 2012: 315) (cf. a este respecto López Serena 2021a: § 6). 9 Si se desea, se puede ver, a este respecto, López Serena (2021a: § 6), así como López Serena (2021b) o Kabatek/López Serena (en prensa). 27 LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA ENCRUCIJADA nes discursivas’. En primer lugar, para enfatizar la dinámica interna de estos modelos discursivos históricos[;] en segundo lugar, para evitar la identificación con una teoría literaria de los géneros; en tercer lugar, para distanciarnos de los intereses y procedimientos puramente clasificatorios de la llamada tipología textual; y en cuarto lugar, porque las tradiciones discursivas no se corresponden necesariamente con modelos textuales enteros, sino que pueden ser caracterizadas también por ciertos rasgos lingüístico-estilísticos que se emplean en diferentes géneros de perfil concepcional comparable (Oesterreicher 2012: 231-232). Una diferenciación insuficiente entre la noción de género y la de TD, que podría inducir al equívoco de considerar que ambos conceptos son fácilmente intercambiables, se aprecia también, por ejemplo, cuando Daniel Jacob y Johannes Kabatek (2001: viii) señalan que la generalización de una lengua como medio de comunicación en cualquier situación comunicativa durante su proceso de elaboración lingüística “presupone que sea capaz de producir cualquier género textual o tradición discursiva, y, sobre todo, que desarrolle y ponga a disposición las técnicas discursivas y lingüísticas precisas para cualquiera de estos géneros y situaciones” (la cursiva es mía); o cuando Pilar Garcés, al hilo de la exposición de los objetivos de un proyecto de investigación dirigido por ella, escribe: Para emprender esta tarea es fundamental contar con una base documental apropiada y adecuada a nuestras necesidades. En este aspecto, disponemos de diversos corpus que serán la base de nuestro trabajo. Un corpus de datos seleccionado para el análisis de la lengua en los Siglos de Oro, lematizado y etiquetado, que ha sido elaborado a partir de obras representativas de los distintos géneros y tradiciones discursivas (Garcés Gómez 2012: 2691; la negrita y la cursiva son mías). Si se observan con detenimiento los pasajes que se acaban de reproducir, se estará de acuerdo en que la coordinación copulativa mediante y o disyuntiva mediante ode los términos TD y género que se localiza en ellos no obliga a considerar que los autores responsables de estos extractos entiendan ambas nociones como sinónimas. También es perfectamente posible que acudan a la coordinación justamente porque no ven en ellas una relación de sinonimia, sino de hiperonimia10, que sería compatible la definición más exitosa del concepto de TD. Me refiero, naturalmente, a la definición propuesta por Kabatek (2005: 159), en la que se estipula que una TD consiste en “la repetición de un texto o de una forma textual o de una manera particular de escribir o de hablar que adquiere valor de signo propio” (cf. ahora también Kabatek 2018: cap. 8). La amplitud de posibilidades que ofrece el hecho de 10 Como da a entender el hecho de que Oesterreicher, en la cita reproducida más arriba, afirme que las “tradiciones discursivas no se corresponden necesariamente con modelos textuales enteros”. ARACELI LÓPEZ SERENA 28 que podamos identificar tradiciones discursivas tanto si se repiten textos, como si se repiten formas textuales11, o incluso si lo que se repiten son maneras particulares de escribir o de hablar12, hace que salte a la vista la laxitud de la definición intensiva que más veces se repite, ella misma, en la bibliografía13. A su vez, esta laxitud de la definición intensiva formulada por Kabatek casa también a la perfección con la holgura de la definición extensiva que ya había proporcionado previamente Peter Koch, para quien las reglas históricas de naturaleza no idiomática, que ofrecen a los hablantes modelos para realizar de manera adecuada sus discursos, “remiten a tradiciones discursivas, es decir, a determinados estilos, géneros, clases de textos, universos discursivos, actos de habla, etc., todos los cuales aprehenden clases de discursos” (Koch 1987: 31; la traducción es mía)14. Ahora bien, mientras que para algunos especialistas el carácter considerablemente difuso de la cantidad de referentes diversos que caben dentro de estas definiciones constituye un problema, este mismo hecho supone, para otros, una extraordinaria ventaja. A mi modo de ver, el autor que más certeramente ha puesto de relieve, en los últimos años, los pros y los contras con que nos topamos los investigadores enfrentados a definiciones intensivas y extensivas tan amplias de la noción de TD como las dos que se acaban de reproducir, ha sido Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta, en un trabajo de 2018, en el que partía de la distinción, esgrimida en diferentes ocasiones tanto por Peter Koch como por Johannes Kabatek, entre los ámbitos de la primera y de la segunda historicidad. Con el ánimo de contextualizar lo mejor posible la argumentación de Octavio de Toledo y Huerta, antes de entrar directamente en ella será necesario detenerse brevemente a definir las nociones de primera y segunda historicidad, para lo que se partirá, como es lógico, de la importancia del propio concepto de historicidad en el marco teórico coseriano, que es el que da origen al paradigma de las TD. 2.2. Tradiciones discursivas e historicidad Como ya expuse por extenso en otro lugar (cf. López Serena 2013) y recordaba asimismo recientemente en un trabajo en coautoría aún en prensa (Kabatek/López Serena en prensa, § 2.2; cf. asimismo López Serena 2021a: § 1, así como Oesterrei- 11 Por ejemplo géneros; de ahí la relación de hiperonimia. 12 Que darían lugar a diferencias de registros o estilos. 13 Y que podríamos decir, por tanto, que se ha convertido en una TD de los trabajos que se publican dentro de esta línea de investigación. 14 El pasaje originario en alemán, cuyo énfasis original conservo, es el siguiente: “Sie verweisen auf Diskurstraditionen, nämlich auf bstimmte Stile, Gattungen, Textsorten, Diskursuniversen, Sprechakte usw., die jeweils Klassen von Diskursen zusammenfassen”. 35 LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA ENCRUCIJADA A mi modo de ver, hay tres principios metodológicos fundamentales que comparte la descripción lingüística histórica interesada por el papel de las TD en la historia de la lengua. El primero de ellos, al que se acaba de hacer referencia a colación de las declaraciones de Kabatek, Koch y Oesterreicher contenidas en tres contribuciones a un mismo libro (Kabatek 2008), es, como ya se ha dicho, el rechazo a la conversión de la lingüística histórica en una lingüística de corpus que no tenga en cuenta los factores discursivo-tradicionales que condicionan la interpretación de cualquier dato lingüístico. El corolario de este primer principio es un segundo principio en el que también coinciden todos los representantes del paradigma de las TD: la voluntad de superar la visión lineal y monolítica de la evolución de las lenguas que subyace a orientaciones diacrónicas simplistas que pretenden acallar el “ruido” estadístico de las TD ampliando y diversificando las fuentes, pero persiguiendo, aun así, una descripción del sistema (y no del diasistema) lingüístico. A estas dos convicciones, que ponen en entredicho la viabilidad de hacer historia de la lengua a partir, exclusivamente, de corpus informatizados, hay que sumar un tercer credo metodológico entre los acólitos de las TD: la aversión por las categorizaciones apriorísticas y de vocación universalista características de la tipología textual, que, como hemos visto en § 2.1. que señalaba Oesterreicher, es uno de los motivos que explican la predilección por el concepto de TD por encima de otros como géneros, clases o tipos textuales. En este rechazo por las categorías teóricas prestablecidas o in vitro de los enfoques tipologistas vemos emerger, de nuevo, la prevalencia, en la investigación sobre TD, de una perspectiva descriptiva o de materia, que está también en sintonía con la asunción de la necesidad de llevar a cabo una recontextualización (cf. Oesterreicher 2003) de todos los documentos que interese estudiar, para lo cual es necesario prestar atención a la complejidad del contexto histórico, social y cultural en el que tales textos fueron originados y en el marco del cual es obligado interpretar cada uno de los datos lingüísticos que tales testimonios proporcionen. De hecho, esta es la razón que obliga a partir, no de bases de datos informatizadas, sino de textos que el investigador conozca a fondo, con cuyo contacto haya sido capaz de ir adquiriendo una cierta competencia lingüística sobre los estados de lengua y tradiciones idiomáticas y discursivas que manifiestan (cf. Kabatek 2014, así como López Serena 2018). Y es que, aunque la cuantificación no está reñida con este tipo de aproximación, en el trabajo con TD (o en el trabajo filológico, si se prefiere decir así) es imposible que haya cuantificación sin análisis cualitativo. En un panorama sobre la difusión internacional del modelo de las TD que se acaba de publicar (López Serena 2021b), y cuya redacción coincidió, en el tiempo, con la gestación del primer borrador del presente trabajo, creí oportuno organizar los estudios sobre TD en el ámbito de la historia de la lengua española en torno a tres finalidades fundamentales: ARACELI LÓPEZ SERENA 36 (i) el análisis de las diferencias lingüísticas que emergen entre textos que han sido producto de la refacción de algún modelo anterior y su(s) respectivo(s) modelo(s), y que se deben al hecho de que en esta relación intertextual el modelo y sus refacciones posteriores no compartan una misma orientación discursivo-tradicional (cf. Pons Rodríguez 2006; Octavio de Toledo y Huerta 2011, 2017); (ii) el análisis de procesos de elaboración lingüística o de construcciones lingüísticas emanadas de tales procesos, que, por oposición con respecto a las innovaciones debidas a la expresividad, consideradas cambios “desde abajo”, se han interpretado como cambios “desde arriba” (cf. Pons Rodríguez 2007, 2010); (iii) y el análisis de los cambios experimentados, a lo largo de la historia, por los tipos textuales característicos de unas y otras épocas (cf. Méndez García de Paredes/Leal Abad 2012; Carmona Yanes 2019; Bertolotti/Coll 2020; Vázquez Laslop 2019). Ninguno de estos tres tipos de aproximación se puede llevar a cabo sin análisis cualitativo y un conocimiento profundo de los textos que se examinan y/o describen. Ahora bien, ¿significa esto, realmente, que la novedad más significativa del paradigma de las TD derive de su voluntad de reconducir o de deconstruir metodológicamente la lingüística histórica? A mi modo de ver, en absoluto, y eso es lo que me gustaría destacar, a modo de conclusión, en la parte final de las presentes consideraciones. 4. Conclusiones De acuerdo con Kabatek, la “hipótesis fuerte” de las TD es la visión de que la historia de una lengua no presenta solo variación a nivel de dialectos, sociolectos o estilos sino que la lengua varía también de acuerdo con las tradiciones de los textos, es decir, que estos no solo añaden sus elementos formales, sus características de género o las marcas de un tipo determinado de estructuración a los productos de sistemas ya dados sino que condicionan o pueden condicionar, a su vez, la selección de elementos procedentes de diferentes sistemas (o de un sistema de sistemas) (Kabatek 2008: 8-9). Esta convicción enlaza, por un lado, con la tradicional filosofía hermenéutica de las ciencias humanas (cf. López Serena 2009, 2019) y es, por tanto, epistemológicamente previa a los experimentos estocásticos de la lingüística histórica cuantitativa, que, en consecuencia, no ha podido venir a combatir. Por otro lado, 37 LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA ENCRUCIJADA si descendemos del nivel de abstracción epistemológico al metodológico, tampoco creo que debamos hablar de deconstrucción, por más atractiva que me pueda parecer esta fórmula de cara a un escaparate internacional. La metodología que se emplea cuando se abraza el paradigma de las TD es, en su núcleo, la metodología de la filología, que quizás haya podido quedar opacada, en las publicaciones “internacionales” en inglés sobre el cambio lingüístico que las revistas que pertenecen a los grandes consorcios privados que monopolizan los primeros cuartiles de las principales bases de indexación se deleitan en aceptar. Sin embargo, que al menos en la lingüística histórica hispánica, esta metodología no se ha abandonado nunca; de ahí que entre los historiadores de la lengua española no haya sido necesario deconstruir absolutamente nada para plantar la semilla de las TD. Todo lo contrario: se diría que esta semilla ha dado frutos precisamente porque venía a coincidir, en sus orientaciones metodológicas, con lo que los viejos filólogos de la escuela de Menéndez Pidal ya llevaban décadas practicando. Justamente por este motivo, algunos reputados especialistas en historia de la lengua española nunca fueron capaces de ver, en la corriente de las TD, más que vino nuevo en odres viejos, como se puede inferir de la sorna de unas palabras de Manuel Ariza Viguera que resulta pertinente traer a colación en este contexto: La mayoría de la documentación romance comienza con una oración imperativa en presente de subjuntivo: sepan [en nota: o conoçuda cosa sea] los que esta carta vieren, y también la práctica totalidad acaba, antes de la data, con una condicional en subjuntivo: si algún omne esta quisiere… haya la maldición… et peche, con pequeñas variantes que no hacen al caso. Todo esto pertenece a la formulística notarial o tradiciones discursivas, que se dice ahora (Ariza Viguera 2012: 15; la negrita es mía). Así pues, si bien es cierto que la corriente de las TD se enfrenta epistemológicamente a la lingüística cuantitativa que da la espalda a las directrices de la filosofía hermenéutica de las ciencias humanas y se opone, también metodológicamente, a la extracción de datos de fuentes informatizadas que priven al investigador de la posibilidad de desarrollar intuiciones21 sobre los estados de lengua que describe, creo que plantear esta oposición epistemológica y metodológica en términos de corrección o deconstrucción puede hacernos olvidar que estas alternativas epistemológicas y metodológicas eran previas a los intentos de naturalización de la lingüística histórica que supuestamente iban a otorgar a esta disciplina verdadero carácter científico (cf., a este respecto, López Serena 2014). Lo único que sí se puede considerar innovador es la atención, ya no solo al sistema lingüístico, sino a todas las variedades idiomáticas, discursivas, etc., que tienen 21 En el sentido técnico que atribuye Esa Itkonen (2003 [2008]) a este término. ARACELI LÓPEZ SERENA 38 cabida en el espacio variacional de cada estado sincrónico. Claro que –y aquí está la raíz de la posición que quiero sostener en estas páginas–, esta no es una innovación epistemológica, ni tan siquiera, en puridad, metodológica. Aunque influya a la postre en la metodología, porque impida, por ejemplo, acudir exclusivamente al análisis cuantitativo de datos de corpus informatizados, o porque inste a atender a fuentes textuales representativas de todo el espectro del espacio variacional entre la inmediatez y la distancia comunicativa, se trata de una cuestión teórica que atañe a la construcción del objeto de estudio de la lingüística histórica, que se ha visto ampliado por fenómenos que antes quedaban relegados al ámbito de la materia22. Esto se ve aún mejor si proyectamos sobre las tablas 1 y 2 reproducidas más arriba la distinción entre materia y objeto de estudio que se proponía aplicar, al análisis de la investigación sobre TD en López Serena (2021a). En ambas tablas, el nivel actual del discurso correspondería a la materia de estudio, es decir, a la realidad de los testimonios discursivos y textuales que conforman una de las principales fuentes de datos para el estudio lingüístico, mientras que los niveles histórico y universal constituirían abstracciones propias del objeto de estudio; de ahí que, para convertir las tradiciones de los textos en objeto de estudio –y, por ende, en concepto teórico– Peter Koch no tuviera más remedio que ubicarlas, como hemos visto que hace en la tabla 2, en el nivel histórico del lenguaje. En realidad, la ampliación teórica originaria del objeto de estudio dentro del paradigma de las TD, en su formulación pionera por parte de Koch (1987) era bastante más compleja de lo que refleja la tabla 2 y coincidía con la propuesta que se reproduce a continuación en las tablas 3 y 4: Relacionado con la lengua (sprachbezogen) Idiomático (sprachlich) Actual (aktuell) Individual (individuell)Saber (δύναμις) Histórico (historisch) Sujeto a reglas (regelhaft) Lenguaje (Sprechtätigkeit) + - - - - + Lengua (Einzelsprache) +- - + + Tradición discursiva (Diskurstradition)+- - - + + Acervo idiomático individual (Individualsprache)+- - + + + Discurso (Diskurs)+-+ + - - Tabla 3. La naturaleza lingüística, idiomática, actual, individual y técnica del lenguaje, la lengua, la tradición discursiva, el acervo idiomático individual y el discurso (apud Koch 1987: 33) 22 Véase n. 1. 39 LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA ENCRUCIJADA ἐνέργεια δύναμις ἔργον Nivel universal Lenguaje (Sprechtätigkeit) Hablar en general Saber elocutivo (reglas del lenguaje) Ø Nivel histórico Lengua Práctica de una lengua histórica Saber idiomático (reglas idiomáticas) (gramática, diccionarios, etc.) Tradición discursiva Práctica de una tradición discursiva Saber expresivo (reglas discursivas) (retórica, poética, estilística, etc.) Acervo idiomático individual Práctica lingüística individual Acervo idiomático individual (idiomático, expresivo, idiolectal) (análisis estilístico de autores específicos, etc.) Nivel actual Discurso Habla ø“texto” Tabla 4. El lenguaje, las lenguas, las tradiciones discursivas, los acervos idiomáticos individuales y los discursos y sus correspondencias con los niveles universal, histórico y actual del lenguaje (apud Koch 1987: 35) Como se puede ver, se basaba en la propuesta coseriana de distinguir, dentro de la competencia lingüística del hablante, las esferas del saber elocucional, el saber histórico y el saber discursivo que ya habíamos visto diferenciadas en la tabla 1, y se hacía eco, asimismo, de la terminología con que Coseriu hacía referencia al hecho de que el lenguaje es actividad (ἐνέργεια) cuya realización discursiva en forma de productos particulares (ἔργον) precisa el concurso de determinados saberes técnicos o la puesta en práctica de determinadas competencias (δύναμις). En este contexto, las TD surgen, como concepto, con el propósito de poner de relieve que el tipo de saber histórico que se necesita para su dominio no es el mismo al que recurrimos en relación con la aplicación del saber exclusivamente idiomático en la construcción de discursos. La inclusión de su estudio en el edificio teórico coseriano forma parte, efectivamente, como hemos visto que señalaba el propio Peter Koch, de la voluntad de contribuir a la implantación de “un marco teórico lingüístico categorial, dentro del cual se pueden situar, delimitar e interrelacionar con exactitud las diferentes preguntas de investigación que surjan en el abordaje de los dictamina” o de cualquier otro conjunto de textos que compartan características discursivo-tradicionales (Koch 1987: 36; la traducción y la cursiva no preceptiva son mías)23. La forma de llevar a cabo el rastreo de tales características discursivo-tradicionales en los textos nunca fue, sin embargo, en la corriente de las TD, motivo de innovación alguna, puesto que en la filología “de algún modo siempre se ha[bía] sabido y se ha[bía] comentado que la variación sintáctica depende en gran medida de la tradición textual, y eso 23 El texto original de esta cita se puede ver en la nota 17 supra. ARACELI LÓPEZ SERENA 40 tanto si consideramos el texto en su totalidad como cuando lo diferenciamos internamente” (Kabatek 2012: 91). Como la historia y la sociología de la ciencia son caprichosas, paradójicamente, lo que de momento más ha trascendido de este marco teórico no son, en la mayoría de los casos, las propuestas de modelización teórica de la competencia lingüística que reflejan las diferenciaciones representadas gráficamente en las tablas 1, 2, 3 y 4, sino la revalorización del trabajo filológico tradicional a la que ha conducido la necesidad de preservar estas distinciones en la investigación. Pero esto no significa, en absoluto, que la novedad y la originalidad de esta corriente sea de naturaleza metodológica. Referencias bibliográficas Ariza Viguera, Manuel (2012): “El romance en la primera mitad del siglo xiii (documentos notariales castellanos)”, en Emilio Montero Cartelle (ed.), Actas del VIII Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Santiago de Compostela, 14-18 de septiembre de 2009. A Coruña: Meubook, vol. I, pp. 5-28. 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