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Sin hogar y sin prejuicios

Arcos, Celia

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REPORTAJE - SIN HOGAR Y SIN PREJUICIOS CELIA ARCOS TORRES María José y Paco no se conocen, pero ninguno de los dos tiene hogar. Cómo son sus vidas sin llaves, cómo transcurre el tiempo sin techo ¿? Vivir en la calle en Sevilla Historias particulres de un problema estructural María Joséha terminado de rociar con espray de menta el cajero donde duerme, recoge sus pertenencias, ata a su pareja de perros y a sus dos gatos en un carro de Mercadona. Como todas las mañanas, abandona el cajero antes de que llegue el director y la limpiadora, como todas las mañanas su rutina comienza antes de las ocho. “Cuando empecéen la calle hace seis o siete años dejaban muchos más bancos abiertos. Ahora, como la gente puede pagar con los móviles, cada vez son menos los que están disponibles” comenta mientras trata de callar a Rex, un pequeño Beagle de cuatro años. María José tiene sesenta años y nunca ha dormido al ras del suelo. Desde que se vio por primera vez en la calle siempre supo que debía, por su condición de mujer, protegerse en un cajero o en lugares cerrados. Según la encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística a personas sin hogar en 2012, la mayoría de las PSH son hombres de nacionalidad española, en edades comprendidas entre los treinta y los cuarenta y cinco años. En el territorio español se estima que hay una media de veinte mil personas sin hogar. María Josées una de las cuatrocientas cuarenta y cuatro que, según el recuento realizado en 2016 por el Ayuntamiento de Sevilla y diferentes asociaciones, vive en las calles de la capital andaluza. Algunas temporadas María José lleva el pelo de colores, es coqueta y le gusta cambiar de aspecto. A los voluntarios de las diferentes ONGs que la visitan les suele preguntar cuándo le traerán pinta labios o un poco de maquillaje. Aunque en marzo aún se sienta el frío del invierno, ella lleva sandalias “ las compréen el chino’ dice mientras las observa y mueve los dedos de los pies al ritmo del leve aire que corre en el parque. MAÑANA Sin hogar y sin prejuicios La calle narrada desde historias personales dormir, comer, sobrevivir y salir de ella Por Celia Arcos Paco, un sevillano de sesenta y cuatro años, opta por despertarse en algún banco, bordillo o pequeño espacio que encuentre en la calle. El albergue no es un sitio familiar para él, que no haya distinción y todos compartan el mismo lugar es un inconveniente ya que, según Paco, pueden darse situaciones incómodas con personas en estado de embriaguez o drogadas.“ Es un cajón de sastre todo lo que sobra en la calle lo van metiendo allí ” señala Paco refiriéndose al albergue. Aparece y desaparece. Su condición de persona sin hogar aparece cuando te rozan sus largas y amarillentas uñas, cuando observas con detalle sus zapatos rotos. Desaparece, su condición de sin hogar desaparece cuando hueles su aliento a cafésindical, la corbata bien atada y el jersey intacto, impoluto. Paco podría pasar por uno más en la cola del supermercado, en la farmacia yendo a comprar a Ibuprofeno, en un bar p r e g u n t a n d o amablemente si puede utilizar el aseo, porque Paco es uno más. Su voz es suave y pausada, habla con tranquilidad y no gesticula mucho. Su espalda ha dormido en la calle, pero en sus manos reina el temperamento. Las historias de María Joséy Paco confluyen, ambos se vieron afectados por la repentina muerte de sus padres y, en un cúmulo de desavenencias familiares e inconvenientes laborales acabaron viviendo en la calle. Francisco, trabajador del Equipo de Intervención en calle de Emergencias Sociales de Sevilla, sostiene que uno de los puntos más importantes a trabajar con las personas sin hogar son los vínculos familiares. “ Una de las partes en las que se trabaja a nivel técnico es recuperando lazos familiares y la autoestima. Hay que sanear las relaciones y cuidarlas ”. Según el VI Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España realizado por FOESSA, las transformaciones producidas en el mercado laboral, en las formas de convivencia y el devenir del propio Estado del Bienestar se consideran esferas de riesgo que afectan la capacidad integradora de la sociedad. La familia adquiere un papel protagonista en aquellas personas sin hogar con un avanzado estado de degradación moral según el informe. “ El quebrantamiento del modelo familiar tradicional como estructura dominante ha puesto en tela de juicio el balance entre la provisión de ingresos y los cuidados anterior ”. María Josétiene primos y tíos, pero dice no querer molestarlos. Balbucea la palabra orgullo, piensa dos veces antes de decirla, pero la acaba masticando y asimilando. “ Puede que sea por orgullo, no quiero incordiarlos ”. La familia de Paco desconoce su situación. Con el fallecimiento de su madre, dos infartos y un estado de salud delicado, decidiópor motivos personales cortar la relación con ellos. -María José,¿has visto el perro de Emilio? se le perdióayer y no lo encuentra. -Que va, si estuviese por aquíse habría quedado jugando con Rex y los gatos. -Bueno, si lo ves avísame. Una anciana se detiene ante el carro de Mercadona y saluda a María José. Durante la mañana aprovecha los días soleados para lavar y secar la ropa en algún céntrico parque. Por un euro, recalca con satisfacción, compra detergente “ un amigo que también vive en la calle me lo recomendó, en aquella tienda lo venden muy barato, asique para que la ropa tenga un buen olor le echo un poco ”. Para Paco el que la ropa estélimpia y él bien aseado es costumbre:“ si lo he estado durante toda mi vida, ¿por quéno lo iba a estar, aunque viviese en la calle? ” menciona haciendo referencia a su estética. Aunque, también reconoce que hay personas que descuidan mucho su aspecto y eso les repercute de manera negativa a todos. Además del aspecto, uno de los estereotipos que pesan sobre las personas sin hogar es la drogadicción y el alcoholismo. En la última encuesta realizada en todo el territorio español por el Instituto Nacional de Estadística en 2012, el porcentaje de personas sin hogar que no consumían alcohol era del 56%. En cuanto a drogas, el porcentaje es más alto, un 63%.“ Por la imagen que unos transmiten se les estigmatiza a todos ”señala Francisco, trabajador de la Unidad de Intervención en Calle de Emergencias Sociales de Sevilla. “ A míno me gusta pedir dinero, ni aparcar coches, mis únicos vicios son el tabaco y el café” recalca Paco mientras pasa las páginas del último libro de ciencia ficción que estáleyendo. Manuel tiene sesenta años, lleva más de veinte viviendo en la calle, encadenando albergues, bancos y trabajos esporádicos y, aunque él siga considerándose alcohólico, hace más de un año y medio que no prueba la bebida.“ Una mañana me despertéen el albergue muy hinchado, fui al baño a orinar y era negro como la Coca Cola. Fui a Urgencias y me ingresaron, estuve allídurante doce días. Cuando salí me dije que aquello tenía que cambiar ”. Los sesenta años de Manuel son sesenta arrugas en su piel blanca, sesenta marcas de sol en la cara, sesenta grietas invisibles en sus ojos que han dejado un rojo sempiterno. Manuel habla y explica con la mirada las anécdotas inabarcables, las noches en vela en la calle. y, mientras habla su cafése derrama“ muevo mucho las manos ”, dice excusándose. Corre a la camarera para pedir un paño y mientras ella trata de limpiarlo él le sigue los pasos, limpia por donde antes ella limpió. “ El oficio nunca se olvida ”recalca. Manuel explica que si hubiese seguido con el alcohol ahora mismo no podría estar sujetando el caféque tiene entre manos. Las mueve imitando el temblor que habría encauzado su vida si esa mañana al salir del hospital no se hubiese dicho“ ¡hasta aquíhemos llegado! ”. A partir de ahí, con “ UNA MAÑANA ME DESPERtÉEN EL ALBERGUE MUy HINCHADO, FUI AL BAÑO A ORINAR y ERA NEGRO COMO LA COCA COLA. FUI A URGENCIAS y ME INGRESARON, EStUVE ALLÍDURANtE DOCE DÍAS. CUANDO SALÍME DIJE QUE AQUELLO tENÍA QUE CAMBIAR” la ayuda de los trabajadores sociales del albergue municipal comenzó a acudir al psicólogo y a terapia. El tridente enfermedad mental, disfunciones físicas y consumo de drogas es uno de los factores que el médico Sebastián tornero analiza en su estudio Hospitalizaciones de Personas sin Hogar en Sevilla.“ El menor acceso a los servicios de salud y la tendencia al uso de los servicios médicos de urgencia son argumentos que apoyan el infradiagnóstico de estas enfermedades en las PSH ”. Durante sus dos años y medio viviendo en la calle, Paco reconoce haber visitado únicamente una vez el hospital por un corte. tornero señala varios vacíos en el ámbito sanitario con respecto a la atención de personas sin hogar. Por ejemplo, señala que el diálogo entre los servicios sociales y los médicos que atienden a PSH varía dependiendo de la ‘sensibilidad del médico’. Además, hace referencia también a la falta de una base de datos en la que se puedan interconectar las diferentes asociaciones y herramientas para las PSH y su seguimiento pos ingreso. Para este médico sevillano es alarmante el número de personas sin hogar en Sevilla. “ Ellos son los excluidos de los excluidos. El trato que se les ofrece en los hospitales no es el más favorable. Por su condición se pueden sentir discriminadas incluso por su compañero de habitación durante su estancia en el hospital ”. EL MEDIO DÍA Con la hora de comer comienza un nuevo recorrido. Algunos días María Joséaprovecha algunos alimentos que ha podido comprar o que le dan los vecinos que ya la conocen. Otros, coge el carro y sus mascotas y tira de ellos hasta alguno de los comedores sociales de la ciudad hispalense ofrece. “ Como rápido para no dejar mucho rato a los animalitos fuera en la calle, con ellos no puedo entrar en el comedor ”. Cuando la comida se la proveen voluntarios en la propia calle, estos saben con antelación que a los gatos de María Joséles gusta la caballa, siempre guardan un poco para ellos. Un grupo de personas dispersas se agolpan en la puerta del Comedor de San Juan de Dios. Una mujer deja caer su brazo, cansada, en el tronco del árbol que le da sombra. Otro hombre trata de abrir la puerta con el extremo de la muleta que le sostiene el cuerpo. De lunes a viernes, Paco acude a este comedor. Las necesidades básicas quedan cubiertas de manera semanal por las diferentes instituciones religiosas y la administración local. Para Paco, esta ayuda es solo una venda con la que estabilizar la situación de las personas que viven en la calle “ no dejarnos morir de hambre ” puntualiza. La asociación Solidarios realizóun folleto informativo en el que se pueden encontrar los recursos principales disponibles en Sevilla para las personas sin hogar según sus necesidades: comidas, duchas, dormir, atención social y centros de día. El comedor del Pumarejo o el de triana para el medio día, la Asociación Virgen de Valvanuz para ducha los martes y los jueves o el Rincón del Encuentro de RAIS para pasar el día. Esa es la rutina de Paco y puede ser algunas de las paradas diarias de las cuatrocientas cuarenta y cuatro personas sin hogar que viven en Sevilla. “ Con esta rutina no perdemos la noción del tiempo, al revés, lo controlamos aún más. Por las mañanas, algunos, los que duermen en cajeros o en la entrada de alguna tienda se tienen que despertar temprano para dejar limpiar a la limpiadora. Ahícomienza nuestro día, temprano ” señala Paco. Si Paco entiende su rutina como un recorrido hacia los diferentes servicios que le ofrecen las asociaciones e instituciones religiosas, Manuel recuerda con recelo cómo pasaba sus días en la calle. Aprieta con fuerza el café, como si de un momento a otro este se le fuese desvanecer, a escapar de las manos. Una calle sin salida, una oración sin terminar, un día que nunca finaliza, para Manuel recordar cómo pasaba el tiempo una vez ya fuera de esa rutina es un ejercicio de superación. A veces dice pasar por donde estan los que eran sus compañeros del día a día, “me da pena, pero séque no puedo quedarme mucho con ellos”.