Full text
385 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 Lo intolerable (mandato) y lo imposible (anuncio). Nota sobre el sacrificio de la metafísica a partir de J.-L. Marion The Intolerable (Mandate) and the Impossible (Announcement): A Note on the Sacrifice of Metaphysics from J.-L. Marion Alicia María de Mingo Rodríguez Universidad de Sevilla, Sevilla, España. Enviado: 15/06/2024 Evaluado: 17/06/2024 Aceptado: 29/09/2024 Dossier: El estatus de la metafísica en la obra de Jean-Luc Marion Editores: Jorge Luis Roggero, Matías Pizzi y Ezequiel Murga. Como citar: Mingo, A. (2024). Lo intolerable (mandato) y lo imposible (anuncio). Nota sobre el sacrificio de la metafísica a partir de J.-L. Marion. Revista de Filosofía UCSC, 23 (2), 385 – 408. https://doi.org/10.21703/2735- 6353.2024.23.2.2906 Resumen Nuestra aproximación al fenómeno saturado en J.-L. Marion se realizará mediante los ejemplos de mandato y anuncio que se dan en el ámbito de la revelación. Con ellos justamente se pretende llamar la atención sobre la necesidad de una fenomenología de la donación que abarque lo que desde nuestra comprensión humana se rechaza como intolerable, e incluso imposible, atendiendo sin embargo a fenómenos saturados que no se limitarían a un determinado ámbito, como algunas críticas parecen sugerir cuando se refieren al “giro teológico” en la fenomenología (Janicaud, 1991). La donación exige ser reconocida, y que no nos opongamos a ella de entrada por nuestras inclinaciones metafísicas hacia la objetividad, el cálculo, el control, la predicción, etc. En este sentido nos referimos a un sacrificio de la metafísica, acreditando la oportunidad para que pudiera desmentirse lo que parece hacerla imprescindible (más que meramente necesaria), y a favor de
386 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 nuevas posibilidades del pensar y del enriquecimiento de la experiencia. Para ello sería de suma relevancia proteger la confianza en la donación, incluso en los casos más extremos, que en nuestros ejemplos también dan crédito a la libertad. Palabras clave: fenómeno saturado, metafísica, confianza, revelación, lo imposible. Abstract Our approach to the Saturated Phenomena in J.-L. Marion will be realized through the examples of command and announcement given in the realm of revelation. They are just intended to draw attention to the need for a Phenomenology of Giveness that encompasses what is rejected as intolerable, and even as impossible, from our human understanding. However, we must attend to saturated phenomena that would not be limited to a certain field, as some critics seem to suggest when they refer to the "theological turn" in phenomenology (Janicaud, 1991). Giveness demands to be acknowledged, and that we do not oppose it from the outset because of our metaphysical inclinations towards objectivity, calculation, control, prediction, etc. In this sense we refer to a sacrifice of metaphysics, accrediting the opportunity in order to disprove what seems to make it indispensable (rather than merely necessary), and in favour of new possibilities of thinking and the enrichment of experience. To achieve this, it would be highly relevant to protect trust in giveness, even in the most extreme cases, which in our examples also give credence to freedom. Keywords: Saturated Phenomenon, Metaphysics, Trust, Revelation, The Imposible. 1. Introducción Fue sobre todo Emmanuel Lévinas quien llamó la atención de la fenomenología y, en general, del pensamiento contemporáneo sobre la importancia de transformar el modelo del yo dominante, posesivo y emprendedor, en otro modelo que el propio Lévinas defendió en textos clave en el contexto de su Humanismo del Otro hombre (2005), en el que el yo no se enuncia y se afirma
387 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 imponiéndose como un Yo (el Mismo, lo nombra Lévinas ya desde el comienzo de Totalidad e infinito (1977)), dejando paso a un Heme aquí que no niega al sujeto, pero lo descentra de sí (es decir, de su egoísmo), en la medida en que responde a una llamada, haciéndose, más acá de su poderosa libertad, responsable de los Otros, quedando en su respuesta “depotenciado” de su ego, siempre afanado en auto-entronizarse en su libertad y auto-posesión. En este sentido, como comprobaremos a continuación, Marion también ha asumido la principalidad de la llamada para, en su caso, pensar lo que sería una de las claves de su fenomenología de la donación, pues la donación se da de modo que, en su darse, llama, apela a aquel a quien se da, es decir, al asignatario1. Pues bien, si la llamada, la apelación, se nos presenta en Jean-Luc Marion como un fenómeno saturado en la medida en que, al responder a la llamada, el sujeto se entrega al darse de lo que se le da como llamándole (Marion, 2008, pp. 420-427; Mena, 2015), quisiéramos subrayar aquí, más concretamente, la posibilidad de la llamada como fenómeno saturado, siendo la llamada no una llamada que entendamos como plenamente inobjetiva, indeterminada, no necesitada de concreción2, sino precisamente como una llamada muy concreta, “objetiva”, con su genuino contenido discursivo, “dicho” (Lévinas), sin confusión ni ambigüedad, y que se presenta como tal, y una llamada, por lo demás, con su propio donatario y donador3. Por otra parte y por más que Marion nos recuerde que la llamada no depende de su posible autoridad por lo que se refiere a su procedencia, aquí, en los casos a los que me referiré como ejemplos, la llamada no permanece indeterminada, detentando una autoridad radical: no en vano, 1 Antonio Paredes (2023) reconoce al respecto que Marion “en primer lugar, describirá el nacimiento del asignatario a partir del fenómeno dado en tanto que «dado» y en segundo lugar llevará a cabo la descripción del nacimiento del asignatario a partir del fenómeno dado en tanto que «saturado». Así, podremos alcanzar la última denominación del asignatario: el adonado” (p. 251). Véase también Roggero (2019). 2 Mena (2015) cita a este respecto un texto muy esclarecedor de Chrétien: “Escuchar es siempre dejar de escuchar porque estamos siempre ya a la escucha. Pero la escucha desborda por mucho el solo oír. Todo en nosotros escucha, porque todo en el mundo y del mundo habla (...). Lo que sea que hagamos, o incluso cuando no hacemos nada, donde estemos, siempre somos ya llamados y requeridos, y nuestra primera palabra, como nuestra primera mirada, responde ya a este requerimiento donde es tomada. No hay más que ese llamado de lo sensible que Merleau-Ponty intentara pensar en Le visible et l’invisible, el llamado que es, según sus términos, «ese logos que se pronuncia silenciosamente en cada cosa sensible»” (p. 108). 3 En este sentido, si dispusiéramos de más espacio podríamos abordar la compleja cuestión planteada en los análisis muy elaborados y sutiles de Marion en torno a las figuras del donatario, el donador, el asignatario y el adonado (Marion, 2008). Véase también Giacomo (2023b, pp. 7 y ss.).
388 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 se trata de un fenómeno de revelación el que está en juego, en la medida en que en el relato bíblico la llamada procede directamente de Yahvé, en el caso de Abraham (Gn 224), e indirectamente, a través del ángel Gabriel como mensajero, en la situación de María (Lc 1, 26-38). De acuerdo a las aportaciones de Lévinas y, entre otros, del propio Marion, los asignatarios (no meramente receptores) de la llamada, quienes la acogen, no tienen la iniciativa, sino que se experimentan conducidos, atraídos por la apelación que les convoca y que les conmina a una ‒en expresión de Bernet, citado por Marion– aceptación confiante (Marion 2008, p. 422, nota 8). Cuando Marion habla de la llamada es en una acepción más inobjetiva e indeterminada que aquella a la que aquí me refiero, pues en nuestros ejemplos la llamada tiene lugar efectivamente y de modo muy “claro”, señalando lo que habrá de suceder casi con precisión. Sin embargo, y esto me parece que no debe olvidarse en ningún momento, se habrá de reconocer que no es tan decisiva la objetividad de la llamada, ésta o aquélla (como un modo de manifestarse concretamente), cuanto la llamada en general. Ninguna llamada podría ser dada/vivida si no fuese ya expresión, por así decirlo, de una llamada profunda y del poder de su convocatoria, a la que sobre todo se refiere Marion. Es importante subrayar el modo en que, en efecto, el sujeto convocado, sorprendido, interpelado y fáctico queda entregado en su no-iniciativa, de modo que ese entregarse comporta una transformación existencial sin parangón. El adonado no es dueño ni señor (Giacomo, 2023a), ni está, como suele decirse hoy, “empoderado”, sino más bien depotenciado. Lo que pretende este trabajo es pensar la llamada más extrema, que con mayor intensidad pudiera descentrar al sujeto y, en efecto, obligarlo a recibirse en y de la acogida de esa llamada, puesto que esa llamada extrema podría ejemplificar en qué medida el Mismo queda descentrado, involucrando con ello una crisis metafísica de rango mayor, pues el mundo conocido, acordado, aún al alcance del “yo pienso” y del “yo puedo” queda conmocionado. Esta llamada, pensada en su radicalidad bajo las modalidades del mandato y el anuncio, que nos revela la lógica del fenómeno saturado mostrándose ella misma como un fenómeno saturado, nos permite postular la necesidad del sacrificio de la metafísica. 4 En todos los casos en que sea citado un pasaje de la Biblia, será de la Biblia de Jerusalén (2019).
389 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 2. La llamada como mandato y anuncio Se recordará que, para Marion, son cuatro los rasgos de manifestación del interpelado en relación con el fenómeno de la llamada que, a su vez, cuestionan a la metafísica: la convocación, la sorpresa, la interlocución y la facticidad. Respecto a la convocación, los ejemplos de Abraham y María se presentan como insignes, extraordinarios, porque, en efecto, los muestra como asignatarios y adonados, se reciben de lo que reciben, y no de cualquier modo banal, sino que se reciben aceptando lo que en el mundo sería intolerable (Abraham) e imposible (María). El heme aquí con el que responden, aunque no sea necesario que sea expressis verbis, los descentra por su involuntario prestar oídos a la voz (de Yahvé) que exclama el propio nombre de Abraham por dos veces, y en el caso de María, por su parte, en la escucha sorprendida del “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Pues bien, según la convocación, dice Marion: El interpelado experimenta una llamada lo suficientemente potente y apremiante como para que deba entregarse a ella, en el doble sentido de desplazarse hacia y someterse a ella. Debe así renunciar a la autarquía de una auto-posición y de una auto-efectuación: es en tanto que alterado por la escucha originaria que se reconoce como eventualmente identificado. El impacto puro y simple de la convocación solo identifica al yo transmutándolo inmediatamente en un me, en un “a quien”. (2008, pp. 423-424) La convocación que nos incumbe en los casos de Abraham y María tiene un perfil preciso, ya lo recordamos antes: no se trata de una llamada de la que pudiera decirse que es inobjetiva o de origen desconocido; no se parece en nada, ni formalmente ni por su contenido, a una llamada al uso, cotidiana, que pudiera tener cabida en el mundo, por más que pueda ser escuchada en él. Y cabría decir algo semejante a lo que afirma Marion, en el sentido de que la esencia individual se somete así a una doble relativización: resultar de una relación y de una relación de origen desconocido. De ahí surge una paradoja primordial: el adonado se identifica gracias a la convocación, pero esta identificación le escapa de golpe, puesto que la recibe sin conocerla necesariamente (2008, pp. 422-423)
390 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 pudiendo provocar alguna suerte de profunda inquietud y perplejidad, una sorpresa sin parangón, aunque en nuestro caso la llamada se presenta con un contenido muy definido. Recordemos que, para Marion, en la sorpresa el interpelado (…) se reconoce prendido y dominado por una cierta supremacía. La llamada sorprende al adonado, prendiéndolo y, sin embargo, sin hacerle aprender nada; lo reduce solamente a un estar al acecho, lo fija, lo deja en una inmóvil disponibilidad (…). La sorpresa, como supremacía oscura que se experimenta, contradice la intencionalidad, ese éxtasis conocido y cognoscente desplegado por el Yo a partir de él mismo; sin poder ya vigilar con la mirada el terreno claro de la objetividad por conocer, el Yo transmutado en un mí/me se encuentra dominado por la reivindicación incognoscible. (2008, pp. 424-425)5 Dice luego Marion que, a diferencia de lo que pensaba Descartes sobre la sorpresa/admiración como pasión del sujeto-yo, aquí se trata de “una afección más originaria que precede la subjetividad metafísica” (2008, p. 425). En tercer lugar, según la interlocución, la llamada no se inscribe en una situación ya dialógica pues, en palabras de Marion, no se trata “sino de la situación desigual en la que me encuentro interpelado, es decir, llamado, incluso agredido en tanto que el «a quien» de una palabra que se me dirige” (2008, p. 425). En último lugar, según la facticidad, Marion insiste en que el siempre precedente ser-llamado concierne al llamado en tanto fáctico existente. Siempre me encuentro ya, desde el principio, transmutado en un mí (2008, p. 427). Las llamadas que nos servirán como guías son fenómenos extremos o de saturación no solo por la cualidad misma de su propio acontecer como arribo (Marion, 2008, pp. 236-237), por ejemplo, como llamada inesperada y sorprendente6, o incluso acompañada de cualidades 5 Véase Mena (2020). 6 La situación es tan “dramática”, que mandato y anuncio no simplemente se confirman en el presente de su arribo, con todo lo que en ellos se da, extendiéndose ese arribo hacia el tiempo de su cumplimiento. Pero no solo eso: como siendo dados, mandato y anuncio se hacen notar llamando la atención sobre sí, en una suerte de demanda específica de atención. Frente a la llamada inobjetiva de la que no se nota fehacientemente que llame, aquí la llamada llama inequívocamente. Es un momento de contingencia e incluso diríamos que de objetividad, pero de modo que fuerza en el asignatario, se lo reconozca o no, incluso en el impávido Abraham, su estupor frente al “sacar de quicio” del mandato
391 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 fenoménicas impactantes, sino especialmente en la medida en que se dan para el adonado/asignatario a) como mandato y como anuncio, con la correspondiente ausencia, a modo de apelación al futuro, que se da en ambos casos, de modo que se convoca a responder al adonado en el momento en el que aún nada ha tenido realmente lugar en un sentido, digamos, de hecho, sino en que todo está por venir (pues el mandato está por cumplir, al igual que el anuncio); y b) en sendos gestos afirmativos de cumplimiento y asentimiento (“que así sea”) como modos de aceptación de lo mandado y anunciado, dándose ya en la decisión/respuesta un compromiso saturado por la extrema o inaudita desproporción de aquello que se ordena en el mandato y se anuncia en el anuncio, mucho más allá y de otro modo a lo que cabría esperar. Con ello, al darse la apelación como un convocar al adonado no únicamente ahora (ya en la mera recepción de la llamada), sino en dirección a una posibilidad de realización (futura), habríamos de preguntarnos por ésta como fenómeno saturado, quedando involucrada en el asentimiento el contenido mismo de lo que habrá de cumplirse, que concentraría en sí un gigantesco poder de saturación, detectable, por ejemplo, en la angustia que provocase la llamada, o en aquel quedar boquiabiertos y petrificados a que se refería Kierkegaard comentando lo que le ocurriría a cualquier mortal si escuchase, siendo su asignatario, el mandato que se encomienda a Abraham7. Debo precisar, casi confesar, que la primera sugerencia para abordar esta cuestión, aparte de la propia importancia que ha cobrado el tema de la llamada en el pensamiento ético-filosófico y en la fenomenología, así como la atracción suscitada por el pensamiento del propio Marion, procedió de la lectura de una obra en cuyo título Soren Kierkegaard ya expresó en toda su intensidad lo que vendría a ser la respuesta emocional a un acontecimiento, en este caso bajo la forma de llamada, sea, según hemos dicho, como mandato o anuncio. Me refiero, en efecto, a Temor y temblor (Kierkegaard, 1976), obra en la que se aborda con extremo detalle y profundidad la orden que recibe Abraham de sacrificar a su único y muy amado hijo, Isaac. En esa apelación debió producirse, de seguir la lectura kierkegaardiana, acorde con lo que la mayoría de los lectores consideraría una interpretación idónea, el vértigo de una desazón sin parangón que “desquiciase” a uno mismo, y a y el anuncio. Aquí, toda la necesidad que parece desprenderse del Que-así-sea (también, a su manera, Abraham dice “hágase en mí según tu palabra”) es vinculante de cara no al presente de lo recibido, sino sobre todo frente al futuro. 7 Véase Gramont (2014, pp. 95-96).
392 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 la vez, devolviese y casi “clavara” a sí mismo, obligado el adonado como asignatario (Marion, 2008, pp. 398-399) a recibirse de este modo, apartado de todos y tal vez (pero en nuestros ejemplos no hubo este “tal vez”) sin acabar de “dar crédito”. La orden se combina con lo que habrá de darse en el cumplimiento o en la ejecución de lo ordenado… de la que cualquiera que no fuese Abraham diría, con interjecciones, que a pesar de todo es ¡inasumible, insoportable, inhumana! Un mandato del que habría que reconocer que incluso para el creyente excedería con mucho, transgrediéndolo, todo lo que cupiese esperar, no ya lo previsible, sino lo razonable, de modo que se estuviera tentado a pensar mandato-y-rechazo y anuncio-e-incredulidad al mismo tiempo. ¿Pueden, entonces, un mandato y/o un anuncio ser fenómenos saturados, en tanto dados, remitiendo a algo que aún no se ha dado (lo mandado y anunciado)? Si el fenómeno saturado del mandato y el anuncio como tales son ya fenómenos saturados, ¿no lo son sobre todo porque lo que se ordena y lo que se anuncia es excesivo? Y en ese caso, ¿se trata de una donación doble?: a) en la medida en que la orden y el anuncio en cuanto tales, teofánicos, se expresan en su efectividad de mandato y anuncio como tales, y b) atravesada esta expresión (del mandato y el anuncio) por la seriedad de su cumplimiento incuestionado y a la vez libre, en el futuro. El asignatario/adonado se recibe a sí tanto desde el mandato y el anuncio, que son dados como hechos consumados ¡en todos los sentidos! Al aceptar el mandato y el anuncio, cambiarán las vidas de Abraham y María8. En el caso de Abraham, en el último instante, antes de que se compruebe que no ha de cumplirse lo intolerable, y en el caso de María, con la efectividad de lo anunciado, que parecía imposible (era tenido por imposible), sin serlo. ¿Puede, entonces, un fenómeno saturado ser ya tal, sin menoscabo, en la anticipación de su cumplimiento? ¿Podría cuestionar la anticipación la enormidad de la saturación? El mérito de Abraham y María comenzó desde la aceptación sin condiciones, con confianza extrema, del mandato y del anuncio, y ese mérito se mantuvo hasta el momento ultimísimo. Así pues, ¿puede la donación darse ya antes de que se dé lo que haya de darse? ¿No es, entonces, lo inesperado en primer lugar no ya lo que haya de cumplirse o lo que haya de suceder, sino la propia interpelación en dirección a lo intolerable y lo imposible, pero –y esto resulta ser paradójico– en un asentimiento, o en un Amén cuya firmeza no le restaría inquietud ni saturación, en lo que sería –lo diré mal– el arrojo de la fe? 8 No simplemente por aceptar, sino por soportar(se) en lo insoportable, por aceptar lo imposible.
393 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 ¿No se recibe a sí el sujeto ya desde el propio ser llamado en el cumplimiento de su decisión confiada en el heme aquí tanto de Abraham como de María?9 Las dos interpelaciones a las que estoy refiriéndome ya descentran al sujeto de sí, convirtiéndolo en adonado, por lo que se refiere al contenido de aquello a lo que se apela, en su desmesura, quiebran el esfuerzo con que el pensar “metafísico” se empeña en asegurar un mundo estable y consistente, razonable y más o menos confortable. Esta es básicamente la temática del fenómeno saturado, a la que Marion se ha referido amplia y profundamente en varios textos (el primero de 1992 y los otros dos, fundamentales, de 1997 y 2001). En efecto, en Siendo dado y respecto al fenómeno saturado, en peculiar controversia con Kant (Mingo, 2005), Marion nos invita a pensar esa saturación en el sentido de ser no-mentable (según la cantidad), insoportable (según la cualidad), absoluto (según la relación) e inmirable (según la modalidad) (Marion, 2008, pp. 348 y ss.). Habría sido extraordinario que el propio Marion tomase como guías nuestros dos casos de apelación/llamada, probando en ellos la donación saturada, o bien desmintiéndola, o bien tal vez relativizándola. La saturación de las llamadas a que estoy refiriéndome se produce respecto al mundo y respecto al horizonte de expectativas de sus asignatarios. Se produce como algo insoportable que se aparta del mundo, sin poder ser reductible a un contexto, y conmoviéndoles hasta el extremo (aunque permanece como algo inexplicable la impasibilidad de Abraham10). Sin duda, en ambos casos se trata de un fenómeno de revelación (Marion 2008, pp. 378 y ss.) en el que quizás lo decisivo es el modo en que por su fe los asignatarios aceptan lo mandado y el anuncio, en lo que se propone para ser pensado justamente el modo en que, de acuerdo con el mundo ordinario, tanto lo mandado como lo anunciado serían rechazables por su intolerabilidad y su imposibilidad. Lo propio de la actitud metafísica sería la impugnación, o, dicho de otra manera, el modo en que ambos asignatarios rechazarían recibirse de lo que reciben, con la radical perturbación que ello supondría. Para la metafísica, todo debería ajustarse a las condiciones de 9 “Hay que ver ahí un episodio emblemático de una fenomenología de la fragilidad en la que la alegría naciente nunca va sin herida ni temblor (…). Pero podrá leerse también en estas páginas de Kierkegaard una figura ejemplar de esta inversión de la fenomenología histórica que toma como hilo conductor no ya las tareas de la subjetividad constituyente, sino el carácter primero de la llamada, del acontecimiento y del don y el carácter segundo de nuestra respuesta y sus múltiples figuras” (Gramont, 2014, p. 93). 10 Vid. nota 13.
400 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 responde, por su parte, estableciendo una analogía con lo sucedido a Isabel, “la que era considerada estéril, porque no hay nada imposible para Dios” (Lc 1, 37-38)14. En relación con nuestros ejemplos, la dificultad estriba en que lo que se dice en la inmediatez de la descripción de la experiencia del fenómeno-límite religioso es que, pudiendo lo religioso ser descrito en términos de saturación y exceso, como experiencia de lo imposible, este último tipo de experiencia, como género, resultaría una instancia de mayor generalidad, si se me permite decirlo así, que la especie “experiencia religiosa”, pudiendo, en consecuencia, abarcar otros fenómenos-límite que no fuesen únicamente los de tipo religioso (Moreno, 2003). Pero ha sucedido, sin embargo, que no se prestó suficiente atención al género, en la medida en que se lo restringió a esa especie, con la argumentación de que quien no admitiese lo religioso, por cualquier razón, parecería con ello autorizado a negar que algo así como los fenómenos-límite pudieran darse, porque solo serían religiosamente accesibles. Esta polémica la recoge Marion en La banalidad de la saturación (Marion, 2020, pp. 18-25) a propósito de la negativa de algunos críticos a aceptar la saturación porque ellos no habrían tenido experiencia de lo “religioso” (y esto es, en el fondo, lo hiriente para algunos otros críticos más abiertos a la propuesta marioniana15). En consecuencia, el fenómeno saturado, caso de no ser directamente negado, quedaría claramente circunscrito. Hay que tomar en consideración que en los ejemplos que proponemos aquí de llamada (mandato, anuncio) el extremismo es tal, el potencial impacto es de tales proporciones, que en 14 El texto de Marion que recoge en su título esas últimas palabras (tal y como ha sido comentado en la anterior nota) fue publicado previamente a “Le phénomène saturé”, capítulo aparecido en 1992 formando parte de un conjunto de aportaciones a un seminario que tuvo lugar durante los cursos académicos de 1990-1991 y 1991-1992 en el Centre de recherches phénomènologiques et hermenéutiques del Archivo-Husserl de París, bajo el título de Phénoménologie et hermenéutique de la religion. Courtine, editor del volumen, escribe: “lo que ha parecido interesante o digno de ser cuestionado a los investigadores del Centro –que se trate, hace de ello algunos años, del examen de la obra de arte y de su modo de ser específico, o, más recientemente, de la subjetividad, de la alteración intersubjetiva o aun de la subjetividad melancólica o, en general, “patológicamente” afectada– era conducir la fenomenología a su límite o confrontarla precisamente a los fenómenos-límite, susceptibles de servir de piedra de toque para apreciar la pertinencia y el rigor de sus principios fundamentales o de sus marchas metódicas constitutivas” (Courtine, 1992, p. 8). 15 “En primer lugar, la nueva fenomenología mantiene la necesidad de evidencia de lo que aparece, aun cuando su aparecer no se dé dentro de los marcos de la fenomenología clásica, esto es, de un modo directo. En segundo lugar, la nueva fenomenología no apropia la autoridad de ninguna dogmática teológica, pero sí utiliza recursos venidos de la teología para abordar aquello que excede la conceptualización tradicional. Por último, la nueva fenomenología se limita a tratar la posibilidad de los fenómenos religiosos, sin pronunciarse sobre su realidad” (Tapia, 2022, p. 110).
401 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 ambos casos se exigirá, por un motivo u otro, el mantenimiento del secreto16 frente a la comunidad. Así pues, tanto Abraham como María otorgan y muestran una confianza radical –el argumento habría complacido a Kierkegaard, que se ocupa abundantemente de él por lo que se refiere a Abraham– al mismo tiempo que realizan un apartamiento de la comunidad. Diría Kierkegaard que para qué decir nada, si ni Abraham ni María habrían de ser comprendidos, pudiendo Abraham ser inculpado desde una perspectiva mundana, también según la metafísica, en el fondo, como asesino, y María como mujer/esposa sin honra. Lo dado al adonado no habría de tener que ser compartido, acordable intersubjetivamente o “consensuable”. La pregunta, pues, y por incidir directa y rápidamente en nuestro tema, se refiere a si la metafísica podría haber admitido todo este escándalo para la razón, o incluso si aquí no sería pertinente decir aquello, tan goyesco, de que el sueño de la razón produce monstruos. Como dice la Biblia, la fe no apela a los sabios, pero no porque requiera a necios, sino porque a quien se considera “sabio”, según el modelo de “sabio” que pudiera inferirse de la metafísica, y en su deriva hacia la tecnociencia, le resultará extremadamente difícil admitir el no-saber o el arrojo, o la entrega, incluso en la perplejidad, que exige no ya solo la fe, sino la confianza, en la que, no sé si podríamos decirlo así, la donación queda endiosada pero en una orientación opuesta a aquella en la que quisiera desenvolverse, satisfecho, el positivismo de los hechos controlables, experimentables, predecibles, objetivables. La exploración marioniana de los fenómenos saturados se propone abrir hasta lo inaudito la acogida incondicional de la donación. Es preciso pensar esa acogida desde la entrega. Me permitiré recordar aquí un film extraordinario en el que se produce la asociación entre una solicitud excesiva (no se trata de un “mandato”, sino más bien de una “encomienda”) y su cumplimiento radical, por amor, como sacrificio para alcanzar (a la postre, milagrosamente) el bien de una sanación. La petición, solicitud o encomienda ya de suyo aparecen como algo perturbador, fuera de lo común, o incluso como escandaloso y “pervertido”, excesivo, en suma. En la película de Lars Von Trier Rompiendo las olas (1996), Jan, trabajador en una plataforma petrolífera, resulta gravemente herido. Poco antes había contraído matrimonio con Bess, una joven bastante espontánea y se diría que 16 Jacques Derrida dedicó enjundiosas indagaciones a este respecto (Derrida, 2000).
402 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 “ingenua”, perteneciente a una comunidad religiosa muy cerrada. Pues bien, ante la imposibilidad de mantener relaciones íntimas con su marido a causa de su accidente, éste le pide a Bess que mantenga relaciones con otros hombres para, posteriormente, narrarle sus experiencias a fin de conseguir, por ese medio, una fusión espiritual y carnal entre ambos. Venciendo su rechazo inicial, una Bess sorprendida y nada predispuesta se entrega a esa llamada, a esa apelación, a esa solicitud tan escandalosa, tan ¡imposible e intolerable! –sobre todo teniendo en cuenta la “inocencia” de Bess y el rigorismo de su comunidad– con un afán que, por desgracia, acabará por costarle la vida, y lo que no es menos importante, como sacrificio para que su esposo sane. Y en efecto, poco después de su muerte, su esposo inexplicablemente sanará. La base que reúne en torno a sí la fe de Bess en Dios, tal como nos la presenta el film, el amor a su esposo y lo que desde el punto de vista mundano y de su comunidad sería tenida por locura, es, esta base, lo que permite la apertura que se manifiesta en el sacrificio de Bess. Lo que pareciera imposible de cumplir, Bess lo cumple, con creces. Antes de que acontezca el milagro, ya la entrega de Bess es el milagro mismo. Trier, al final de la película, después de dados los acontecimientos, rinde un homenaje a Bess con el milagro de que repiquen ¡pero en el cielo! (de lo que son testigos su marido y sus compañeros en la plataforma petrolífera) unas campanas que faltaban en la iglesia del pueblo, con una comunidad de creyentes absolutamente cerrada, dogmática y casi inhumana, que las habían despreciado, precisamente en lo que tienen de medio-de-llamada. 5. La metafísica sacrificada En sus aportaciones generales a lo que sería su proyecto máximo, el de una fenomenología de la donación como base para una renovación del pensamiento metafísico, más allá de sus insuficiencias, la fenomenología del siglo XX, en este caso a través de Jean-Luc Marion, ha penetrado con extraordinaria fecundidad en terrenos inexplorados. Nuestro autor ha debido afrontar el desafío de pensar nuevamente las posibilidades de un pensar no-metafísico (postmetafísico, podríamos decir, por más que el calificativo comience a estar connotado en exceso) en el que es decisivo abordar, contando tanto con las aportaciones más fundamentales y teoréticas como con las aproximaciones concretas, ejemplares, de lo que podríamos considerar no ya la propuesta
403 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 de una destrucción de la metafísica, sino de su sacrificio. No se trata de que la metafísica realice un sacrificio, sino de que ella misma fuese sacrificada en aras de algún Bien que diera sentido a su sacrificio en favor de una posibilidad del pensar más elevada, abierta y profunda frente a la metafísica en lo que ésta tiene de necesaria tal como se dejaría justificar desde la precariedad humana, es decir, también desde lo que la ha hecho y hace e incluso hará necesaria. Sería hipócrita no reconocerlo: ir más allá de la metafísica no sería, no será, en ocasiones, un “camino de rosas”. Como es bien conocido, una de las aportaciones fundamentales en el proyecto marioniano ha sido la de la exploración de los que el fenomenólogo francés llamó, a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado, fenómenos saturados. De ellos también hemos tratado aquí, si bien en gran medida lateralmente y con una brevedad sin duda imperdonable, cuando nos hemos detenido en dos episodios del fenómeno de revelación de extraordinaria significación, como son el sacrificio de Isaac y la anunciación a María, en los que dicho fenómeno se cumple, no en el sentido de que la fenomenología o la filosofía se hubieran salido de su incumbencia, sino en el sentido de que mandato y anuncio se dan dejando su contenido más acá de su cumplimiento efectivo. La fe se ejercita no en lo estrictamente dado, de hecho, sino en la posibilidad de que se dé: de que se cumpla el mandato y lo anunciado, en los que, sin que se cumpla aún nada, sin embargo, la donación se orienta al cumplimiento. La no-exclusión apresurada de lo excesivo en lo que se diese como imposible, o en lo que interpretamos, de modo tan comprensiblemente humano, demasiado humano, como intolerable, marca la diferencia de la inmensa amplitud y profundidad de la donación, que avalan el proyecto del fenomenólogo francés. Sacrificar la metafísica implicaría ir más allá de lo que parecía avalarla en la demanda imperiosa, en los seres humanos, de seguridad, estabilidad, orden, límite, cordura y confort, que hacen “mundos” a imagen y semejanza de, en este caso, las condiciones de posibilidad pertinentes a lo que consideremos que nos es “necesario”. Sin embargo, en su adhesión, en su entrega, la confianza de Abraham y María (no como ejemplos únicos, pero sí, en el ámbito del fenómeno de revelación, como paradigmáticos) habrían de invitarnos a atisbar un más allá de la precariedad (siendo el combate contra la precariedad lo que parecía dar fuerza y empuje a la metafísica) y a pensar en la solicitud de una generosidad inusitada. En la apuesta de Marion:
404 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 generosidad para con la donación, no ya, diríamos, la donación dada, sino incluso la donación por venir, venidera, posible. En las acogidas respectivas del mandato y el anuncio lo que está en juego no es la simple adscripción de esos acontecimientos a lo que sería, digamos, una acotada fenomenología del fenómeno de revelación. Primero sería necesaria una fenomenología de la donación de lo excesivo saturado y del adonado. La metafísica es sacrificada en aras de acreditar la oportunidad para que pudiera desmentirse aquello que parece hacerla imprescindible (más que meramente necesaria) y se diría que mezquina, tacaña y alicorta: su necesidad de objetivar, calcular, controlar, predecir, etc. Lo que conocemos como “fe”, como actitud respecto a la donación, es un caso extremo, paradigmático, pero no el único. Precisamente la fenomenología de la donación tendría por tarea explorar la donación en toda su amplitud y profundidad, liberando a la donación de sus límites y lastres. Por lo que se refiere a nuestros ejemplos, en la recepción del mandato y del anuncio se habría de dar, en o fuera de la religión, una experiencia de tránsito, de desbordamiento, de exceso, capaz de cuestionar la capacidad de la metafísica para, a su modo, digámoslo así, atar cabos. Cabe imaginar –quizás nos aventuremos demasiado– que a Marion se le ha presentado como tarea la exigencia de sacrificar la metafísica en pro del anuncio de nuevas posibilidades del pensar y del enriquecimiento de la experiencia. Para ello sería imprescindible proteger la confianza en la donación. Y confianza, como no podría ser menos, in extremis, hasta en lo que vivimos con estupor, incluso como temor y temblor, como imposible e intolerable, incluso antes de su cumplimiento. También éste sería un modo de pensar más radicalmente, parecido a la hospitalidad sin condiciones, en una línea derridiana (Derrida, 2006). ¿Solo sería posible el sacrificio de la metafísica en un contexto de fe, así pues? No, sin duda. Pero con la misma firmeza con que contestamos con este No, deberíamos afirmar que la fenomenología de la donación no excluiría la fe y sus donaciones porque fuesen extremas, no cotidianas. Con Marion comprendemos que lo decisivo es también, y quizá, sobre todo, en fenomenología, no cerrar puertas, no dar la espalda a todo lo que pudiera darse en tanto pudiera darse17. No valdría un “a mí no se me da” ni un “imposible que se dé” que, en 17 Sin duda, y Marion lo ha reconocido en muchas ocasiones, en honor al Principio de todos los principios tal como se formula en Husserl, 2013, p. 129.
405 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 último término, y este giro lo da el propio Marion, dependería de un “por lo que sé o sabemos”18, o mejor, por lo que se me/nos alcanza. En suma: la fenomenología de la donación no depende de que haya una experiencia religiosa, pues se sostiene por sí misma, y es por ello por lo que, al mismo tiempo que no dependería de ella, tampoco la excluiría, por supuesto. La donación exige (de aquí su fuerza, su intensidad) ser reconocida, y no oponerle necesariamente y, de entrada, por nuestras pulsiones metafísicas a la vieja usanza (una metafísica fascinada aún por entes y objetos), el rechazo y la exclusión. Se trata de mantener abierta la posibilidad. Por estas razones nos ha interesado el mandato y el anuncio, porque en ellos se abría la posibilidad, y, además, por cierto, se daba crédito a la libertad, no ya de acoger el mandato y el anuncio como tales, que ya se dan, sino de aceptar o rechazar lo mandado y lo anunciado. La donación no exige obediencia ciega, sino confianza, y cuenta con la libertad de negar, pues la metafísica, que busca dominar, no habría sido destruida, sino sacrificada. ¿En favor de qué? En Heidegger, del Ser, caído en el olvido propiciado por lo ente, el objeto. En Lévinas (si esa Metafísica se identifica como ontología), en favor del Otro; en Henry, en favor de la Vida ocultada, olvidada. Y en Marion, en favor de la Donación. El sacrificio de la metafísica es un sacrificio mayor, al menos en el terreno del pensar filosófico. ¿A qué llamada responde, en el pensar fenomenológico, la exigencia de este sacrificio? ¿Qué responsabilidad exige? ¿No deberíamos, al menos, poder presentir el fondo de procedencia de la llamada? ¿Desde dónde se nos llama a este sacrificio con creces, sin parangón? ¿Qué esperanza lo 18 Me permito aquí recordar que C. Moreno propone con frecuencia en sus clases de Metafísica (Facultad de Filosofía, Universidad de Sevilla) el ejemplo de un Montaigne escéptico que, sin embargo, en sus Essais no se aviene a rechazar la posibilidad de los milagros. Su argumento no es tanto a su favor, en positivo, cuanto con vistas a no cargar sobre lo que pudiera darse o no el fardo de nuestros saberes, presuposiciones, creencias, etc. Estar abierto a la donación exige no excluir la posibilidad de los milagros, estar atento a la donación, sea, en nuestro caso, la de un mandato “fuera de quicio” o la donación de un anuncio de algo (que consideramos) imposible. Ya hemos mencionado antes el texto de Marion «Para Dios nada hay imposible», en el que explora el milagro, diremos ya que con vistas a ejemplificar y ejemplarizar la experiencia del fenómeno saturado. Dice que “el milagro, tal como interviene de ese modo en lo cotidiano, no ofrece nada absolutamente excepcional. O mejor, no es excepción más que de la frontera que yo trazaba, en un momento dado, entre la posibilidad y la imposibilidad. Antes de poner en cuestión las «leyes de la Naturaleza» (…), lo que pone en cuestión es la amplitud que yo pueda reconocer a lo posible y la parte que yo sacrifico a lo imposible; en suma, el milagro revela los límites de lo que yo me construyo como mundo” (1989, p. 307). De este modo, “el concepto de milagro, por tanto, no pertenece al dominio estrictamente religioso, sino que se desprende del análisis conceptual, aunque no estrictamente filosófico, de la cotidianeidad. Si el milagro activa la fe (la facultad del espíritu para creer), no presupone la fe (como adhesión religiosa), porque toda vida individual se encuentra con acontecimientos que se emparentan con el concepto de milagro” (Marion, 1989, p. 308; vid. también p. 310). En general, me permito remitir al esclarecedor artículo de Jorge Roggero (2018).
406 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 anima? Los ejemplos extraídos de las Sagradas Escrituras nos ponen sobre la pista de que la llamada en algún momento, por la extrema radicalidad de su responsabilidad, debió, debe venir de una zona interrogativa de primera magnitud. Quizás el sacrificio de la metafísica esté –no se lo debiera descartar– en el camino hacia una gran apertura, a un nuevo comienzo, al que el pensamiento fenomenológico pudiera y quisiera contribuir. ¿Qué se esperaría de tan gran sacrificio? ¿Podría ser de otro modo que un sacrificio religioso o ético? Lévinas nos ha enseñado que la voluntad de poder exige una ética más allá de la ontología. ¿Lo habremos tomado suficientemente en serio? 6. Referencias Biblia de Jerusalén (2019). Desclée De Brouwer. Courtine, J.-F. (1992). Présentation. En Courtine, J.-F. (ed.), Phénoménologie et Théologie (pp. 7- 14). Criterion. Chrétien, J.-L. (1992). L’appel et la réponse. Minuit. Derrida, J. (2000). Dar la Muerte. Paidós. Derrida, J. (2006). La hospitalidad (Conversación con Anne Dufourmantelle). Ediciones de la Flor. García Labrador, J. y Vinolo, S. (2019). Hannah Arendt y Jean-Luc Marion. El acontecimiento y los márgenes de la metafísica. Tópicos, Revista de Filosofía, (57), 207-234. http://doi.org/10.21555/top.v0i57.1060 Giacomo Zanotti, M. di (2023a). L’adonné (el adonado), según Marion: el sujeto que se recibe de lo dado. Studium. Filosofía y Teología, XXVI (51), 25-53. https://doi.org/10.53439/stdfyt51.26.2023.25-53 Giacomo Zanotti, M. di (2023b). La decisión del don y la pasividad del sujeto. Un comentario sobre el don en Siendo dado de Jean-Luc Marion. Dios y el Hombre, 7 (1), 1-21. https://doi.org/10.24215/26182858e097 Gramont, J. de (2014). Kierkegaard. Pequeña fenomenología de la donación.
407 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 Revista de Filosofía Open Insight, V (8), 79-102. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=421639458006 Husserl, E. (2013). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica I. FCE. Janicaud, D. (1991). Le tournant théologique de la phénoménologie française. Éditions de L´Éclat. Kierkegaard, S. (1976). Temor y temblor. Guadarrama. Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Sígueme. Levinas, E. (2005). Humanismo del Otro hombre. Siglo XXI. Marion, J.-L. (1989). Para Dios nada hay imposible. Communio, 11 (IV-V), 305-317. Marion, J.-L. (1992). Le phénomène saturé. En Courtine, J.-F. (ed.), Phénoménologie et Théologie (79-128). Criterion. Marion, J.-L. (2001). Du surcroît. Études sur les phénomènes saturés. PUF. Marion, J.-L. (2008). Siendo dado. Ensayo para una fenomenología de la donación. Síntesis. Marion, J.-L. (2010). Certitudes négatives. Grasset. Marion, J.-L. (2020). Doubler la métaphysique. Alter. Revue de Phénoménologie, (28), 205-226. https://doi.org/10.4000/alter.2063 Marion, J.-L. (2020), La banalidad de la saturación. En Roggero, J. L. (ed), El fenómeno saturado. La excedencia de la donación en la fenomenología de Jean-Luc Marion (13-47). SB. Mena Malet, P. (2015). El fenómeno de la apelación. Revista Co-herencia, 12 (23), 107-137. https://doi.org/10.17230/co-herencia.12.23.5 Mena, P. (2020). El fenómeno de la sorpresa: atención, resonancia y hundimiento. Filosofia Unisinos, 21 (2), 209-217. https://doi.org/10.4013/fsu.2020.212.10 Mingo Rodríguez, A. M. de (2005). Intuiciones sin concepto. Consideraciones acerca de la relectura de Kant por Jean-Luc Marion. En Andaluz, A. M. (ed.), Kant. Razón y experiencia (pp. 149- 158). Universidad Pontificia de Salamanca.
408 REVISTA DE FILOSOFIA UCSC Universidad Católica de la Santísima Concepción Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía Vol. 23, Nº 2, 2024, pp. 385 - 408 ISSN 2735-6353 Versión en línea ISSN 0717-7801 Versión Impresa https://doi.org/10.21703/2735-6353.2024.23.2.2906 Moreno Márquez, C. (2003). Trascendencia y exceso. Transcotidianeidad y eclosión de la donación. En Santos, J. M, Alves P. M. S y Barata, A. (eds.), A Fenomenologia Hoje (pp. 413-429). Centro de Filosofía de la Universidad de Lisboa. Paredes Gascón, A. (2023). Amar para saber. Acogimiento mutuo en Jean-Luc Marion [Tesis doctoral, UNED]. http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/tesisuned:ED-Pg-Filosofia- Aparedes/PAREDES_GASCON__Antonio_Tesis.pdf Roggero, J. L. (2019). La receptividad del adonado en J.-L. Marion. Signos filosóficos, 21 (42), 110- 135. Roggero, J. L. (2018). La esencia de la manifestación: la revelación como el límite de la fenomenicidad en la obra de Jean-Luc Marion. Escritos de Filosofía, (6), 91-105. https://plarci.org/index.php/escritos/article/view/583 Tapia Wende, M. (2022). Kierkegaard y la nueva fenomenología. Aoristo. International Journal of Phenomenology, Hermeneutics and Metaphysics, 5 (1), 104-120. https://doi.org/10.48075/aoristo.v5i1.28763 Trier, L. von (Director). (1996). Rompiendo las olas [Película]. Zentropa.