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La importancia de Zenobia Camprubí en el ámbito de la filología

Osuna Cabezas, María José; Osuna Cabezas, María Dolores

Abstract

El objetivo de las investigaciones que hemos realizado bajo la perspectiva de género ha consistido en el estudio de mujeres que han contribuido notablemente, de manera directa o indirecta, a la literatura y que no han sido conocidas y/o reconocidas por el “público en general”. En esta ocasión nos vamos a centrar en la figura de Zenobia Camprubí. Para ello, hemos profundizado en el estudio de su vida y actividad investigadora, así como en su poderosa influencia en la literatura a través de la figura de Juan Ramón Jiménez. Todos los datos recopilados, más una amplia galería de fotografías que ilustran distintos momentos de su vida, se han presentado en forma de conferencias participativas en diversos foros: Ciclo de conferencias y mesas redondas conmemorativas del Día de la Mujer en la localidad de Camas en 2006, en la localidad de Bollullos de la Mitación en 2007, en La Algaba en 2008 y con motivo de otras fechas importantes, como el Día del Libro, en Pruna en 2006, en Martín de la Jara y Algámitas en 2007, o Constantina en 2008. Todos estos actos fueron organizados por el Área de Cultura y Deportes de la Diputación de Sevilla.

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LA IMPORTANCIA DE ZENOBIA CAMPRUBÍ EN EL ÁMBITO DE LA FILOLOGÍA Osuna Cabezas, María José Departamento de Literatura Española Universidad de Sevilla [email protected] Osuna Cabezas, María Dolores Funcionaria de carrera de la Junta de Andalucía, perteneciente al Cuerpo Superior Facultativo, Opción Psicología [email protected] RESUMEN El objetivo de las investigaciones que hemos realizado bajo la perspectiva de género ha consistido en el estudio de mujeres que han contribuido notablemente, de manera directa o indirecta, a la literatura y que no han sido conocidas y/o reconocidas por el “público en general”. En esta ocasión nos vamos a centrar en la figura de Zenobia Camprubí. Para ello, hemos profundizado en el estudio de su vida y actividad investigadora, así como en su poderosa influencia en la literatura a través de la figura de Juan Ramón Jiménez. Todos los datos recopilados, más una amplia galería de fotografías que ilustran distintos momentos de su vida, se han presentado en forma de conferencias participativas en diversos foros: Ciclo de conferencias y mesas redondas conmemorativas del Día de la Mujer en la localidad de Camas en 2006, en la localidad de Bollullos de la Mitación en 2007, en La Algaba en 2008 y con motivo de otras fechas importantes, como el Día del Libro, en Pruna en 2006, en Martín de la Jara y Algámitas en 2007, o Constantina en 2008. Todos estos actos fueron organizados por el Área de Cultura y Deportes de la Diputación de Sevilla. PALABRAS CLAVES Literatura Española del siglo XX; Mujeres escritoras; Zenobia Camprubí; Juan Ramón Jiménez. PRESENTACIÓN Los años 2006-2008 se han dedicado justamente a homenajear a Juan Ramón Jiménez y a Zenobia Camprubí al cumplirse cincuenta años de sus muertes y de la concesión del Nobel de Literatura al andaluz universal. Son muchos los actos que se han organizado a propósito de este Trienio Zenobia-Juan Ramón: conferencias, coloquios, artículos en revistas y periódicos, publicación de libros inéditos, reedición de obras significativas en 921 la trayectoria poética del moguereño, etc. Nos queremos sumar a estos homenajes con este trabajo centrado en la figura de Zenobia Camprubí. Cuando se menciona a Zenobia Camprubí lo más común es que se la defina como la mujer de Juan Ramón Jiménez, pero fue mucho más que eso. Además de ser su apoyo constante y de ejercer una influencia directa en la obra del poeta de Moguer, fue una mujer adelantada a su tiempo y tuvo una autonomía intelectual plena, pues ella misma, entre otras cosas, fue escritora y traductora. Con el deseo de dar a conocer estas facetas desconocidas hemos impartido en los últimos años una serie de conferencias, dirigidas a un público muy heterogéneo, con el objetivo de reivindicar el puesto que Zenobia Camprubí merece en el ámbito de la filología y de que su nombre no nos remita solo al hecho de haber estado casada con uno de los mejores poetas del siglo XX1. Ese mismo objetivo tiene el presente trabajo, que no pretende aportar datos inéditos ni exhaustivos sobre la vida o la labor filológica de Zenobia Camprubí, sino el de difundir en un contexto como el que ofrece este Congreso sobre “Investigación y Género” la labor humana, docente e investigadora de una mujer como Zenobia Camprubí, que no se limitó a cumplir el papel que la sociedad de su época tenía asignado a la mujer. Para cumplir con este objetivo, vamos a hacer un recorrido por la vida y obra de Zenobia Camprubí. VIDA Y OBRA DE ZENOBIA CAMPRUBÍ Zenobia Camprubí Aymar nació en Malgrat, un pueblo de la Costa Brava, situado a unos sesenta kilómetros de Barcelona, el 31 de agosto de 18872. A pesar de ser catalana de nacimiento, sus apellidos delatan orígenes extranjeros y así es. Su madre, Isabel Aymar Lucca, era hija de una puertorriqueña y de un norteamericano de una rica familia mercantil de Nueva York. De este modo, la madre de Zenobia vivió entre Puerto Rico y los Estados Unidos hasta que conoció al que iba a ser su marido, el español Raimundo Camprubí Escudero. Raimundo era ingeniero y fue enviado a Puerto Rico a construir una carretera y el destino hizo que se enamorase de Isabel Aymar, con la que se casó y con la que se instaló posteriormente en Barcelona, en el Paseo de Gracia, pasando los veranos en Malgrat. La madre de Zenobia había sido educada en Estados Unidos con una filosofía de vida bien diferente a la que podía tener una mujer española de finales del siglo XIX y principios del XX. Esto le ocasionó algunos problemas con su marido y por supuesto influyó en la educación de sus hijos: a su debido tiempo los varones fueron enviados a estudiar a los Estados Unidos, y de la educación de Zenobia se encargó ella misma y su madre (la abuela materna de Zenobia, que se había trasladado también a Barcelona). Las 1 Dichas conferencias fueron impartidas en conmemoración del Día de la Mujer en las localidades de Camas en 2006, en Bollullos de la Mitación en 2007, en La Algaba en 2008 y con motivo de otras fechas importantes, como el Día del Libro, en Pruna en 2006, en Martín de la Jara y Algámitas en 2007, o Constantina en 2008. Todos estos actos fueron organizados por el Área de Cultura y Deportes de la Diputación de Sevilla. Las conferencias fueron ilustradas con una serie de fotografías que mostraban a Zenobia en distintos momentos de su vida, así como los diversos lugares donde había vivido y trabajado. 2 Al día siguiente de su nacimiento, el jueves 1 de septiembre, fue registrada en el juzgado de la Plaza de la Iglesia con el nombre de Zenobia Salustiana y Edith. Una reproducción del acta de nacimiento puede consultarse en Ángel Sody de Rivas, Zenobia Camprubí Aymar (1887-1956): Aquella flor amarilla…, Moguer, Fundación Municipal de Cultura, 2007, p. 131. 922 dos comenzaron a darle clases a Zenobia de lectura y de inglés y con ocho años ya habían hecho leer a Zenobia La Iliada y La Odisea. Además, como gozaban de una situación económica bastante buena, le pusieron tutores particulares. De este modo, la infancia de Zenobia transcurrió en un ambiente cultural bastante superior del que estaba al alcance de cualquiera y desde muy joven fue colaboradora de una revista infantil publicada en Nueva York, St. Nicholas. Ilustrated Magazine for Boys and Girls, donde frecuentemente enviaba relatos escritos en inglés, ya que Zenobia desde muy pequeña podía escribir con la misma fluidez tanto en español como en inglés3. El año 1905, cuando Zenobia tenía 18 años, fue fundamental en su vida, ya que su madre decidió regresar a Estados Unidos. Una de las posibles razones de este regreso fue que Raimundo Camprubí, el padre de Zenobia, había contraído una serie de deudas por jugar en la Bolsa de París. Sabiendo los deudores que la familia contaba con buenos recursos económicos decidieron amenazar a la familia con asesinar a un hijo. Otro posible motivo es que la madre de Zenobia nunca se acostumbró a vivir en España y a los continuos cambios de residencia por el trabajo de su marido. En cualquier caso, esta situación o crisis matrimonial provocó que la familia se separase durante cuatro años. En los Estados Unidos Zenobia vivió la vida del norteamericano mejor, entre familiares y amistades pudientes y cultas. Siguió colaborando en la revista que mencionamos antes y sus conocimientos continuaron aumentando: recibía clases de música, piano, literatura, inglés, francés, historia, etc. y por supuesto asistía con frecuencia a actividades culturales y sociales. Asimismo, antes de cumplir los 21 años empezó a asistir a la Universidad de Nueva York para estudiar Pedagogía y Literatura. Con tanta actividad cultural y social es fácil comprender que a Zenobia no le agradase la decisión de su madre de volver a España en la primavera de 1909. Cuando llegaron a España su destino fue Huelva, en concreto La Rábida, donde en esos momentos se encontraba viviendo su padre por motivos de trabajo4. El lugar le gustó mucho a Zenobia porque parecía un sitio idílico, rodeado de agua, con poca gente y un monasterio y un monumento a Colón como único escenario. Además ella había leído muchas cosas sobre este lugar, que estaba tan relacionado con el descubrimiento de América y le gustaba indagar en su historia, sus nombres, etc. La llegada de Zenobia y su madre a este lugar tan poco habitado causó en la gente gran expectación, sobre todo, porque sus rasgos físicos evidenciaban que no eran españolas. Como había tan pocos habitantes pronto Zenobia los conoció a todos y tuvo una gran idea, que evidenciaba su vocación docente y su deseo de ayudar a los más desfavorecidos de la sociedad. Así, se dio cuenta que los niños que vivían allí no tenían acceso a la escuela, de modo que decidió montar ella su propia escuela en una pequeña 3 Uno de los cuentos que envió a esta revista se centraba en las Guerras Carlistas y seguramente fue escrito a raíz de las experiencias que le narrarían su abuelo o sus tíos paternos. El relato llevaba el título de A narrow Escape (Una escapatoria milagrosa) y fue publicado en la edición correspondiente al mes de marzo de 1902. Al año siguiente, envió otro The Garret I Have Known (Un desván que he conocido) sobre una experiencia suya relacionada con un búho. Otros títulos publicados, siempre en la misma revista, son: A dog Hero (Un perro heroico) y When Grandmother Went To School (Cuando mi abuela asistía a la escuela). Este último relato, centrado en las vivencias de su abuela materna en un colegio de Nueva York, fue publicado en 1904 y recibió un premio, una insignia de oro. 4 En concreto, el padre de Zenobia ocupaba el puesto de Ingeniero Jefe del puerto de Huelva y le habían proporcionado una vivienda al pie de la carretera que une Palos de la Frontera con la Rábida, frente al Monasterio de Santa María de la Rábida. Actualmente esta casa está ocupada por la Oficina de Turismo. 923 dependencia situada detrás del patio de su casa. Lo que fundamentalmente les enseñaba a los niños era a leer, a escribir y a realizar las operaciones matemáticas básicas. Lo que más le importaba a Zenobia es que los niños aprendieran con alegría y para esto a ella se le ocurrían algunas ideas, como colgar en los árboles frutas y golosinas que los chicos tenían que encontrar una vez finalizada la clase. Los niños del lugar estaban muy contentos con Zenobia, la querían mucho y decían que era “la mar de buena”5. Por La Rábida no pasaba mucha gente, salvo los guardas rurales, los leñadores, los pastores y unos pocos trabajadores montados en sus burros. Pero un día se recibió una visita especial: el pintor valenciano Joaquín Sorolla llegó a La Rábida con Juan Ramón Jiménez, que ya era conocido como poeta. Sorolla iba para conocer el Puerto de Palos porque le habían encargado hacer un cuadro de Colón6. Esta visita la aprovechó Zenobia para hacer varios artículos para revistas de Nueva York7 y además comenzó a tener contacto con la familia Jiménez, sobre todo, con uno de los hermanos de Juan Ramón, que tenía la intención de restaurar los lugares colombinos; sin embargo, en estos momentos no llegó a conocer a Juan Ramón. Este verano que pasó Zenobia en La Rábida fue espléndido, realizando continuamente excursiones. Cuando tuvieron que dejar el lugar, por un nuevo destino del padre, la gente del sitio lo sintió mucho, porque las “extranjeras” fueron muy buenas con todos ellos. El paso de Zenobia y su familia por allí fue inolvidable en sus vidas. La familia de Zenobia se instaló entonces en Madrid, en un piso del Paseo de la Castellana. La ciudad de Madrid desagradó a Zenobia porque vio coartada su libertad: ya no podía ir y venir y hacer y deshacer como en los Estados Unidos o en la misma Andalucía. En Madrid era necesario salir acompañada y esto le parecía intolerable. De este modo, le escribía a una amiga americana que en España las mujeres no tenían representación legal para cuidar de sus intereses a menos que no fueran solteronas o viudas y que tampoco tenían representación social hasta que se casaban y Zenobia pensaba (demostrando un gran sentido del humor) que a la mujer no le quedaba otro camino que casarse y echarle veneno en la sopa al novio. Notaba que cualquier mujer que, por vía honesta, trataba de independizarse era objeto de las burlas de los hombres que enseguida la consideraban masculina y aunque ella no era ni sufragista ni anticatólica, le parecía que el clero había fomentado la ignorancia del pueblo. Para valorar en su justa medida estas opiniones de Zenobia hay que tener en cuenta que a principios del siglo XX, en Estados Unidos, ya existía la igualdad de los sexos en la enseñanza, en las profesiones, en el comercio y en la industria. La mujer tenía plenos 5 En una nota de 1909 de Zenobia aparece un listado con los nombres de los niños a los que daba clases y que suman un total de diecinueve: Antonio Rebollo y Rebollo, Manuel García, Salvadora Bocanegra, Teresita Bocanegra, Antonio Bocanegra, Luis Bocanegra, Antoñito García, Paca García, Luis Hernández, Lobillo, Juan, Manuela, Ana Molina, Dolores, Maito, Fernando Molina, Carmen Borrego, Sebastián Borrego y Carmen Josefa. Cfr. A. Sody de Rivas, Zenobia Camprubí Aymar (1887-1956): Aquella flor amarilla…, p. 124. 6 Quizás Zenobia ya había tenido ocasión de conocer la obra de Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923), ya que en 1909, cuando todavía Zenobia estaba en Nueva York, se expusieron 350 lienzos del pintor valenciano en la Hispanic Society of America. El presidente de esta institución, mister Archer M. Huntington, fue precisamente el que le encargó a Sorolla que hiciese un trabajo sobre Cristóbal Colón y los lugares colombinos. 7 En The Craftsman, revista especializada en arte y artesanía, publicó el artículo “Valencia, the city of the dust, where Sorolla lives and works” y en St. Nicholas, “A setter from Palos”, donde hacía una descripción detallada del Monasterio, sus lugares, su gente y sus costumbres. 924 derechos legales, aunque no gozaba todavía del sufragio y a la mujer le estaban abiertas todas las profesiones. Además, desde finales del siglo XIX contaban con clubs y asociaciones femeninas importantes, influyentes y ricas. Como se sabe, todo lo contrario sucedía en España, donde normalmente las mujeres pasaban de estar bajo el poder del padre, a estarlo bajo el del marido. Teniendo en cuenta esto, es fácil comprender que Zenobia se encontraba mal. A pesar de todos los inconvenientes que encontraba Zenobia para llevar una vida independiente (sobre todo, en el plano económico), su cabeza no dejaba de trabajar y en uno de los viajes que hizo a Estados Unidos para conocer a un sobrino, tuvo la idea de hacerse comerciante. Conocedora del interés que la artesanía española (bordados, encajes, mantillas) despertaba en los Estados Unidos, se convirtió en intermediaria en la compra y venta de estos artículos y otros objetos de arte a cambio de una comisión. Esta nueva profesión de Zenobia hizo que también se interesara por todos los aspectos culturales de España, y así escribió artículos sobre la Feria de Sevilla, la Semana Santa, los toros, etc. Además intentó entrar en el mundo cultural de Madrid matriculándose en un ciclo de conferencias que se daba en la Residencia de Estudiantes, que era uno de los centros de reunión más importantes de la época, donde vivían, entre otros, grandes pintores como Dalí y muchos de los miembros de la generación del 27. Entre los extranjeros que acudían a las conferencias se encontraba un matrimonio norteamericano de nombre Byne, con quien Zenobia entabló una gran amistad. Casualidades de la vida hicieron que precisamente este matrimonio fuera vecino de Juan Ramón Jiménez, que por aquellos años estaba en Madrid. Parece ser que en una de las visitas que hacía Zenobia al matrimonio le hablaron de Juan Ramón, al que lo definieron como “un personaje educado, correcto, extraño e incomprensivo”. Por su parte, Juan Ramón escuchó un día en casa de sus vecinos una voz y una risa nueva, que calificaba de “risa tan rubia / y tan clara como el ala / de un clamariz, cuando / pasa, volando por el sol”. A partir de ese momento, el objetivo de Juan Ramón fue conocer a la dueña de esa voz y de esa risa. De este modo, Juan Ramón se hizo el encontradizo en la Residencia de Estudiantes y así consiguió conocer a Zenobia, a la que todos llamaban cariñosamente “la americanita”8. Desde el primer día que se conocieron Juan Ramón comenzó a hablarle de boda, pero ella se lo tomaba a broma. Además había cosas en Juan Ramón que no soportaba, como la tristeza que desprendían los libros que hasta ese momento había publicado (Elegías, Baladas,Pastorales,Poemas mágicos y dolientes), pero al mismo tiempo le atraía de él su gran cultura y su conversación amena. Además el contacto con Juan Ramón le permitía seguir cultivando su faceta de escritora, que hasta ahora solo había podido demostrar en las colaboraciones que enviaba a revistas americanas. Así, en 1914 Zenobia, animada por Juan Ramón, comenzó a traducir del inglés al español un libro de 8 Más detalles sobre el encuentro de Zenobia y Juan Ramón, así como de su relación posterior, pueden leerse en Graciela Palau de Nemes, Vida y obra de Juan Ramón Jiménez, Madrid, Gredos, 1974, 2 tomos, tomo II, pp. 499-641. 925 poemas de niños The Crescent Moon del escritor Rabrindranath Tagore, que había sido Premio Nobel en 19139. El procedimiento que utilizaron para esta traducción, y que luego seguirían empleando, consistía en que Zenobia hacía la traducción literal del inglés al español y luego Juan Ramón modificaba algunas expresiones para darle mayor valor literario y solía incluir algunos poemas suyos escritos expresamente para la ocasión. A la traducción de este libro le seguirían muchas otras: La cosecha,La hermana mayor y otros cuentos,Mashi y otros cuentos,Pájaros perdidos (sentimientos),El jardinero, etc. La traducción que realizaron sobre esta última obra mencionada, El jardinero, es especialmente interesante porque en ella podemos leer lo siguiente: “Zenobia Camprubí de Jiménez tiene la autorización exclusiva de Rabindranath Tagore para traducir sus obras al español y para publicarlas y representarlas en España y en la América Española. Todas las otras traducciones españolas que circulan son fraudulentas”. Igualmente se puede leer una nota de la traductora escrita en Madrid en 1922 que revela que Zenobia se contagió del afán corrector de su marido, que definió a toda su obra como una Obra en marcha y de su sentido de la poesía desnuda: “Ninguna obra, y menos si es traducción, puede tener, mientras su autor viva, sino un valor transitorio. En cada nueva edición, este libro se ha de ir desnudando más, maestro de sí mismo, hasta llegar a su expresión permanente”10. Siguiendo con el repaso por la vida de Zenobia, hay que comentar ahora que de la amistad y la colaboración literaria que se gestó entre ella y Juan Ramón surgió también el amor. Zenobia nunca había pensado casarse con un español, porque no quería ver mermada su libertad, sin embargo, las cuestiones de amor nunca se pueden planear. La noticia de esta posible boda no gustó nada a los padres de Zenobia por varias razones: en primer lugar, la familia de Juan Ramón, que siempre se había dedicado al negocio del vino en Moguer, atravesaba una crisis económica. Por otra parte, Juan Ramón no era un hombre corriente, sino que desde siempre había tenido muchas manías y rarezas y por esta época ya comenzaba a tener fama de loco en su pueblo. Se han dado muchas explicaciones sobre la enfermedad que podía tener Juan Ramón. Lo cierto es que desde niño fue una persona muy solitaria y con grandes manías y en los años en que murió su padre desarrolló una gran hipocondria y unas series de crisis nerviosas, hasta tal punto de que como su padre había muerto de un infarto del corazón, él estaba seguro que él también moriría de una forma repentina. Nace de esta forma una obsesión por la muerte que hacía que solo lo tranquilizara la cercanía de un facultativo. De este modo, cuando se trasladaba a algún lugar lo primero que hacía era comprobar que hubiese algún centro médico cercano. Todas estas cuestiones hicieron que la madre de Zenobia decidiera llevarse a su hija de nuevo a Estados Unidos para ver si la lejanía espacial provocaba también el olvido de Juan Ramón. Zenobia abandona España a finales de 1915, sin embargo, desde ese día 9 Rabindranath Tagore nació en Calcuta el 6 de mayo de 1861 y murió en Santiniketan el 7 de agosto de 1941. Fue un poeta bengalí, filósofo del movimiento Brahmo Samaj (posteriormente convertido al hinduismo), artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones. Fue el primer asiático que obtuvo el prestigioso Premio Nobel de Literatura. 10 Estas citas pueden consultarse en Rabindranath Tagore, El jardinero, traducción de Zenobia Camprubí Jiménez con un poema de Juan Ramón Jiménez, Madrid, 1922, pp. 8 y 186. 926 Zenobia y Juan Ramón estuvieron más cercas que nunca, porque continuamente se escribían cartas11 y, sin poder esperar más, Juan Ramón decidió, a principios de 1916, viajar a Nueva York para casarse con Zenobia. El jueves 2 de marzo de 1916 Juan Ramón se casaba con Zenobia en la iglesia católica de Saint Stephen, de Nueva York. Zenobia tenía 28 años y Juan Ramón 34 y hacía solo tres que se habían conocido en la Residencia de Estudiantes. La ceremonia religiosa fue un acto íntimo y revestido de enorme sencillez: por parte del novio no asistió nadie; por parte de la novia, los familiares más cercanos y algunos amigos. Luego hubo una pequeña fiesta en el reservado de un hotel y al día siguiente los recién casados comenzaron su luna de miel. Fueron tres meses de intensa actividad, en los que Zenobia le mostró a Juan Ramón las más importantes ciudades del país: Boston, Filadelfia, Baltimore, Washington, etc12. En general, Norteamérica le gustaba a Juan Ramón pero no era capaz de adaptarse. Tal como se puede leer en su libro Diario de un poeta recién casado, Juan Ramón no podía soportar las grandes dimensiones de las ciudades, los ruidos, tantos coches, los olores mezclados, los grandes rascacielos, las prisas, etc. En definitiva, extrañaba los sonidos armoniosos y sencillos de la naturaleza. Después de estos primeros meses de casados, decidieron regresar a España. A mediados del mismo año 1916 llegaron a Cádiz, y tras pasar una semana de descanso en Moguer y Sevilla, regresaron a Madrid. Una vez instalados en su casa, en el número 16 de la calle Conde de Aranda, Juan Ramón se aísla voluntariamente del resto del mundo y Zenobia se convierte, como indica Campoamor González, en su “ángel de la guarda”13. Ella va a multiplicarse milagrosamente para que su marido viva entregado a la escritura. De este modo, Zenobia disponía y ordenaba lo concerniente al hogar, se preocupaba de los deberes sociales de su esposo y tomaba parte activa en todo aquello que reclamaba su presencia. En definitiva, Zenobia sabía ser colaboradora, secretaria, administradora y esposa y lo más difícil, lo hacía todo con gran alegría y dedicación. Por las cartas que conservamos de Zenobia y por el Diario que dejó escrito sabemos que nunca se arrepintió de casarse con Juan Ramón y que supo buscarse compensaciones, pero también es cierto que compartir la vida con Juan Ramón no debió ser fácil para una mujer como Zenobia que tenía un talante de vida que no se correspondía con la época que le tocó vivir. Hemos comentado antes que Juan Ramón estaba obsesionado con la muerte, pero en estos años tendrá una nueva obsesión: el silencio y la tranquilidad, cosa que le llevó a recubrir todas las paredes de su habitación con corchos y a no querer prácticamente hablar con nadie. El portero de la casa tenía orden de “no dejar pasar” a nadie, bajo ningún pretexto. Si alguien se escapaba de la vista del portero, y conseguía llegar a la puerta, normalmente era Zenobia quien se ocupaba de ofrecer las 11 Podemos poner como ejemplo la carta que le escribió Juan Ramón el 6 de septiembre de 1915: “Es absolutamente preciso que nos casemos pronto. No sabes la paz, la fuerza, la tranquilidad, el tiempo, que esto me daría. Piensa tú que tu presencia me es necesaria, Zenobia, que mi vida sin ti está falta de vida. La mañana que yo amanezca a tu lado, ¡qué nuevo va a parecerme el mundo!... Yo estoy seguro de que, si tú quieres, nos podremos casar para la primavera. ¡No lo dudo, ni lo dudes! Me parece que se me abre el corazón. ¡Todo gracias a ti, gloria, reina, buena, vida mía! ¡Déjame besarte hasta que empiece otra mañana!”. Este texto está extraído de Antonio Campoamor González, Juan Ramón Jiménez: Nueva biografía, Sevilla, Diputación de Sevilla y Junta de Andalucía, 2001, pp. 67-68. 12 Cfr. A. Campoamor González, Juan Ramón Jiménez: Nueva biografía, pp. 70-71. 13 A. Campoamor González, Juan Ramón Jiménez: Nueva biografía, p. 72. 927 explicaciones que vinieran al caso, preocupándose siempre porque nadie se sintiera ofendido. Mientras que Juan Ramón, como decíamos, se aísla del mundo y vive quizás una de las etapas más productivas de su labor creadora, Zenobia continúa también consolidando su faceta de escritora. Habíamos comentado que antes de casarse Zenobia había traducido ya un libro de poemas de Tagore y que esa labor fue continuada. Precisamente estos años fueron tan fructíferos que Zenobia, ayudada por Juan Ramón, va a traducir casi una treintena de obras de este escritor. E incluso Zenobia adaptó algunas obras de teatro para llevarla a la escena, como El cartero del rey que se estrenó el 7 de abril de 1920 en el Teatro Princesa de Madrid o la que se representó en el Hotel Ritz de Madrid el 9 de abril de 1921, con el título de El rey y la reina. Este interés de Zenobia por representar y traducir las obras de Tagore hizo que este quisiera viajar a España para conocer a Zenobia, con la que solo había tenido ocasión de intercambiar algunas cartas, sin embargo, nunca pudo cumplir su deseo de visitar nuestro país, a pesar de que tuvo intención de hacerlo en dos ocasiones: en 1921 y en 1924. Zenobia, en su epistolario14, se lamenta de que no se haya producido el encuentro. Así, en carta dirigida a Juan Guerrero Ruiz, fechada en Madrid en abril de 1921, dice: ¡Muchísimas gracias por estas flores! Son tantas y tan hermosas que da alegría andar por la casa. Juan Ramón decía esta mañana que le parecía volver a estar en Andalucía, porque al despertar encontraba la casa perfumada de celinda y azahar. ¡Qué pena que Tagore no haya podido disfrutar de ellas! Juan Ramón quería enviarles con ésta un juego de libros de Tagore ya encuadernados con las nuevas tapas, pero como no han llegado todavía del depósito, mando ésta por delante y mañana recibirán ustedes los libros15. La faceta de traductora de Zenobia no se limitó a Tagore, sino que abarcó a muchos otros escritores como Shakespeare, Blake, Synge, Browning, T.S. Eliot, Yeats, etc. además de franceses como Baudelaire, Anatole France, Mallarmé o Rémy de Gourmont, entre otros muchos. En cualquier caso, el hacer traducciones y adaptaciones de obras de teatro no era suficiente para la dinámica Zenobia que en 1926, para no distraer la atención de su esposo (preocupado siempre de sus quehaceres literarios) y al mismo tiempo en busca de una posible nueva fuente de ingresos, abrió una tienda dedicada al arte popular, en sociedad con su amiga Inés Muñoz. El establecimiento se llamaba “Arte Popular Español”, y en él se vendían gran cantidad de cosas como enseres rústicos, bordados, artículos de hierro, bronce y cuero, lozas, cristales, cerámicas, trajes regionales, mantones, telas, objetos de mimbre, alfombras y artesanía diversa del labriego español. A pesar de que no daba muchos ingresos, Zenobia mantuvo hasta 1936 este negocio, pero lo compaginó con otro mucho más fructífero económicamente hablando. 14 En el año 2006 se puso en marcha el proyecto de dar a conocer el epistolario inédito de Zenobia Camprubí. Graciela Palau de Nemes y Emilia Cortés Ibáñez han sido las encargadas de publicar el primer tomo que recoge fundamentalmente las casi setecientas cartas que Zenobia envió a Juan Guerrero Ruiz y a su esposa Ginesa Aroca, grandes amigos del matrimonio Jiménez. 15 Zenobia Camprubí, Epistolario I: Cartas a Juan Guerrero Ruiz (1917-1956), ed. de Graciela Palau de Nemes y Emilia Cortés Ibáñez, Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2006, p. 7. 928 Así, Zenobia también se dedicó a subarrendar pisos amueblados a diplomáticos y extranjeros de paso por la capital de España, anticipando lo que luego serían los hostales o paradores. El móvil que tenía Zenobia para crear estos negocios no era solo el económico, como lo prueba el hecho de que todo lo que obtenía con estos alquileres lo destinaba a correr con los gastos de los estudios de un sobrino de Juan Ramón, hijo único de Eustaquio Jiménez, aquel que conoció años atrás Zenobia en La Rábida. Si recapitulamos, en estos momentos Zenobia se encarga de hacer traducciones y adaptaciones de teatro, de la tienda de arte popular y de subarrendar pisos, además de encargarse del bienestar de Juan Ramón. Y todo ello en el primer tercio del siglo XX y siendo mujer. Creo que a todos nos parecerá que hacía muchas cosas a la vez; pues bien, a Zenobia no le parecía suficiente. A ella le gustaba ser útil y quería ser útil, sobre todo, para ayudar a las mujeres, ayudarlas a conseguir su independencia y su igualdad con respecto a los hombres. Por este motivo, a partir de 1925 intervino de contacto entre la Residencia de Señoritas de Madrid y algunos colleges norteamericanos para conseguir becas para que estas chicas españolas pudieran ir a estudiar a los Estados Unidos. En esta misma línea, al año siguiente fundó, con María de Maeztu, el primer club de mujeres de España (el Lyceum Club Femenino, inspirado en el Lyceum de Londres), del que ella sería la Secretaría y Presidenta del Comité Internacional, creado para otorgar becas de estudio en el extranjero. Antes, o al mismo tiempo, Zenobia colaboró con el Comité Femenino de Higiene Popular, fue una de las fundadoras de La Enfermera a Domicilio (grupo que se encargaba de ayudar a niños necesitados), y ayudó en las tareas sociales y benéficas del Ropero de Santa Rita y de la Visita a Domicilio. Además, años después, participará con las asociaciones feministas de la época que trataban de conseguir que se le otorgara el voto a la mujer. En medio de todas estas actividades, en 1928, tanto Zenobia como Juan Ramón, recibieron un duro golpe porque con pocos días de diferencia murieron sus dos madres. Cuando uno de los hermanos de Zenobia vino a España para visitar al matrimonio después de estas trágicas noticias, decidió regalar a Zenobia el coche que él traía, un pequeño Ford. Zenobia fue una de las primeras mujeres españolas que se sentaron al volante y viajó con su coche por toda España, en ocasiones acompañada de Juan Ramón y en otras ocasiones ella sola o con amigas. Además de toda España visitó, entre otros lugares, Marruecos e Italia. Todo parecía ir bien en las vidas de Zenobia y Juan Ramón hasta que llegó el año 1936, que marcó un antes y un después en la historia de España y por extensión en la vida de todos los españoles. Como casi todos los intelectuales de la época, Juan Ramón decidió abandonar España por temor a su vida y la de su mujer. Ayudados por Manuel Azaña, presidente de la República, los dos consiguieron trasladarse a Estados Unidos. Atrás dejaban su casa, y en ella sus únicos bienes materiales. No llevaban demasiado equipaje, porque pensaban que el regreso sería pronto. Sin embargo, nunca más regresaron a España. Pero desde Estados Unidos intentaron ayudar lo máximo posible. De hecho, la primera ocupación de Juan Ramón y Zenobia fue organizar desde las páginas del diario La Prensa, de Nueva York, propiedad de uno de los hermanos de Zenobia, una suscripción para recaudar fondos destinados a socorrer a los niños víctimas de la guerra. 929