Reaños: la gráfica del acento
Abstract
Este estudio pretende ser un grito de reivindicación, de mirar hacia lo nuestro, hacia dentro, las raíces y lo que emana de nosotros sonoramente, el acento. Busca la materialización del Andaluz mediante imá- genes sinestésicas creadas a través de la gráfica tomando como recurso iconográfico la casa como base cultural.
Full text
REAÑOS: LA GRÁFICA DEL ACENTO NURIA OLMO LÓPEZ
Trabajo de Fin de Grado para optar al título de Grado Universitario en Bellas Artes Universidad de Sevilla Autor: Nuria Olmo López Firma del estudiante: Tutor: Dr. Santiago Navarro Pantojo Vº.Bº del tutor: Sevilla, 13 de junio de 2021 REAÑOS: LA GRÁFICA DEL ACENTO
6 7 Conteni SINOPSIS .................................................. 9 INTRODUCCIÓN ........................................10 I.1 .....Expresiones y jergas. El lenguaje popular andaluz como fuente de iconografías ............13 I.2. La poesía y el cante. Compendio de historias propias y ajenas ........................................19 I.3.Cómo vivo, cómo hablo. .........................29 I.4.Objetivos y objeto de estudio .................33 I.5.Metodología .........................................35 II.CONSTRUIR EL LENGUAJE: LA VERBALIZACIÓN Y EL HÁBITAT ............................................36 II.1. La apariencia y el umbral: Fachadas, Pórticos y Zaguanes ............................................... 41 II.2. Sabores, recetas y degustación: La cocina y el salón ....................................................45 II.3. Entre el sueño y la fantasía. Los placeres, los deseos y el descanso. La cama y los patios. ..49 III.APORTACIONES ARTÍSTICAS ...................55 III.1. Aportación 1. Serie reaños .................. 59 III.2. Aportación 2. Retales .........................85 III.3. Aportación 3. Serie compás ................89 III.4. Aportación 4. Arbonaida. ....................93 CONCLUSIONES ........................................96 BIBLIOGRAFÍA ........................................102 ÍNDICE DE FIGURAS ...............................106 ÍNDICE
w 8 9 SINOPSIS: Este estudio pretende ser un grito de reivindicación, de mirar hacia lo nuestro, hacia dentro, las raíces y lo que emana de nosotros sonoramente, el acento. Busca la materialización del Andaluz mediante imágenes sinestésicas creadas a través de la gráfica tomando como recurso iconográfico la casa como base cultural. PALABRAS CLAVE: Acento - Andaluz - Raiz - Casa - Cultura SINOPSIS
10 11 INTRODUCCIÓN “Raíces y alas. Pero que las alas enraícen y las raíces vuelen” Juan Ramón Jiménez
12 13 I.1 Expresiones y jergas. El lenguaje popular andaluz como fuente de iconografías *Enraizar* La RAE, define el término RAÍZ como aquel que refiere el “Origen, principio o causa. Órgano de la planta que sirve de sostén y para absorber de la tierra las sustancias minerales y el agua necesarias para el crecimiento y desarrollo de la planta. Parte que se mantiene invariable en todas las palabras de la misma familia”. Todos tenemos raíz. Metafóricamente, la raíz se refiere a ese origen, abraza la tierra y nutre el fruto. La raíz es equilibrio y fortaleza, es razón. También es piel, que guarda marcas y cicatrices tras el paso de mil temporales. La raíz son los cimientos, que después de tantos años todavía aguantan con pasividad los muros y el techo que nos da cobijo. La raíz es hogar, es casa. Mediante este símil del hogar queremos estructurar este trabajo, con sesgo cultural e identitario, cuyo énfasis reside en nuestro sentir andaluz, nuestro modo de vivir y sobre todo nuestro modo de convivir y comunicarnos. El lenguaje, gestual y verbal como seña idiosincrática. “Cuando nuestras palabras son verdaderas, nuestro pensamiento queda desnudo ante ellas. Y es, precisamente, aquí donde reside la magia de las personas” María Nieves López González Nuestro comportamiento lingüístico o la forma en que nos expresamos y relacionamos es símbolo Fig.I.1 Raí, Nuria Olmo 2020
14 15 de nuestro pensamiento. De esta manera la lengua se convierte en vehículo de comunicación, una forma de canalizar el pensamiento, y al fin y al cabo, también acaba siendo reflejo de nuestra identidad, tanto como personas, o bien, como pueblo. Y es en el uso de nuestra variedad lingüística donde reside nuestra dignidad. La lengua se hace realidad cuando se lleva al uso oral, y en esa oralidad es donde se da su evolución natural. Como dijo Ángel Del Río sobre Lorca en 1952: “Va sorbiendo sin sentirlo, el embrujamien- to de la tierra andaluza, limo de pasión y limo de viejas culturas: lo tartésico, lo romano clásico, lo árabe, lo gitano, la fina gracia decadente de los poetas del siglo XVII y el espíritu de las cuerdas granadinas del XIX”. Al igual que el poeta, el andaluz se nutre y se conforma a partir de todo y todos los que hacen y han nutrido esta tierra. Esto sería a lo que Antonio Manuel llama la resiliencia andaluza, la capacidad de nuestro pueblo de adaptarse a las adversidades a lo largo de la historia y sin perder la filosofía ni el acento. Porque conservar el acento es la mejor manera que tenemos de reivindicar la memoria de nuestra lengua. El andaluz es lengua, porque está vivo, es dinámico, evoluciona y cambia. Está hecho por y para el pueblo, y es el más puro reflejo de la cultura y esencia de sus hablantes. Es dialecto de calle, como su gente. Alegre y a la vez sentío. Tiene musicalidad y suena añejo, pero con la gracia juvenil y fresca que lo hace más actual que ninguno. Como lo describió José María Pérez Orozco, el andaluz no se debería considerar un dialecto, sino una realidad mucho más maravillosa, que es un conjunto de hablas en perenne ebullición. Todo esto se caracteriza por rasgos lingüísticos que utilizamos de manera natural como la aspiración, el seseo-ceceo o la pérdida de la -d- intervocálica, además del uso de antífrasis que son expresiones en las que se dice lo contrario de lo que se quiere decir, como por ejemplo el mítico “no ni na”, que como dijo también Pérez Orozco, es “la única expresión en España con la que se niega tres veces para hacer una afirmación”, además la afirmación más rotunda que se pueda escuchar. Porque si de algo puede presumir el andaluz es de ser perspicaz e ingenioso, ya no solo por las características formales que nos diferencian, sino también la gracia especial que tenemos los andaluces al defenderlo. Obviamente, todas estas características deben ir siempre acompañadas de la entonación, la cadencia, la intención y el ritmo variado y ágil propio del andaluz, ya que sin él y sin un contexto daría lugar a malinterpretar la gran mayoría de nuestras expresiones, muchas de ellas de carácter soez. La unión de todos estos rasgos es lo que conforma nuestro acento, nuestra textura y sabor andaluz, que con el gran peso musical que tiene y el uso de vocablos tan peculiares y nuestros, nos pueden llegar incluso a sugerir un diccionario sensorial donde se podrían recoger miles de texturas, olores,
16 17 sonidos, sabores y sensaciones distintas. El caló, cuando lo canta un flamenco y hace referencia al cariño, suena aterciopelado y de piel morena. Las fatiguitas de unas manos encallás y arrugadas, manchadas por el sol y tez áspera. El escalichao de una pared, que deja entrever las entrañas de la casa, de las que brota algo de musgo. El puchero, que suena a familia y huele a la mismísima gloria. El age, que brilla de gracia infinita con aroma a azahar. O el duende, que suena por bulerías y te pellizca el alma de tal manera que podría confundirse con caricias. El andaluz tiene la capacidad de recrear un sinfín de recuerdos y sensaciones solamente con las palabras y su manera de entonarlas. Te puede llevar desde Huelva a Almería solamente por el deje de quien esté hablando, y es capaz de pintar un paisaje o hacer tangible un sentimiento con una sola palabra.
30 31 ciales al que el hombre responde con un conjunto de soluciones: La Cultura. Como son posibles muchos conjuntos de soluciones, quiere decirse que han existido y existen muchas culturas.” Es aquí donde entra en juego el también antes mencionado comportamiento lingüístico, cómo traducimos o transformamos con palabras nuestro pensamiento, de manera ágil y eficaz. En este caso concreto, identificado en el ingenio andaluz. Algunos atribuyen estas cualidades al clima, otros a la mezcolanza de culturas históricas… Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que el pueblo andaluz es un pueblo de calle, un pueblo que comparte, que es cercano. Por lo que el acento nos suena a familieo, es más rápido y económico, y sobre todo desenfadado. En breve resumen, podríamos decir que el andaluz, por el simple hecho de serlo y hablarlo, tiene más calle que un bordillo. Y es, precisamente por eso, que desarrolla tanto su ingenio. Porque somos hanguilleros, nos encanta religarnos con el primero que pase, a comer se va ‘ancalagüela’ y -”a por recados” nada, nosotros hacemos mandaillos que es lo que nos trae atareaos. Somos más de santiguarnos delante del camarero que en la ermita, pero claro, hasta que llega Semana Santa, que entonces somos todos capillitas. Y eso sí, a jartibles no nos gana nadie, y cuando queremos acabar una conversación echamos un ‘teskiya’ que eso no lo rebate nadie. Un bastinazo, que dirían en Cádiz. Quizá podría sonar tópico todo esto, pero de eso se trata, de tomar los tópicos y absurdos complejos que nos han infundado y hacerlos nuestros, porque son nuestros, y porque es nuestra forma de vivir, y sobre todo de ser.
32 33 I.4. Objetivos y objeto de estudio Este trabajo de fin de grado pretende ser un grito de reivindicación, de mirar hacia lo nuestro, hacia dentro, las raíces y lo que emana de nosotros sonoramente, el acento. Mediante la argumentación de la importancia del andaluz y la riqueza que esconde, y centrándome en palabras seleccionadas de su extenso y peculiar léxico, busco llegar a imágenes sinestésicas que nos transporten a momentos o sensaciones concretas unidas estrechamente a esta jerga. Para ello recurro a las técnicas gráficas tales como el dibujo o el grabado, ya que ambas técnicas me permiten elaborar tanto elementos más gestuales o propios de la grafía que nos acerca más al lenguaje, como composiciones texturales mucho más conceptuales, siendo estas sugerentes pero no descriptivas, por lo que la interpretación o los estímulos recibidos serán mucho más subjetivos en cada espectador.
34 35 I.5.Metodología Para elaborar este proyecto decidí tomar la casa como base cultural y fundamento para la argumentación y materialización de la obra, por lo que ,ordenando los epígrafes en relación a los habitáculos, he ido conformando la estructura del texto. En cuanto a las búsquedas documentales, cabe destacar el primer libro que me trajo la inquietud y despertó gran interés para llegar a abordar este tema: “El léxico andaluz de las coplas flamencas” de Miguel Ropero Núnez, junto a “Blas Infante, la forja de un ideal andaluz” de Juan Antonio Lacomba. Ambos estaban en un viejo mueble donde mi abuela tiene el teléfono fijo, junto algunos libros más y tapado por quinientas mil fotos de nietos. Son libros antiguos, no se sabe cuantos años llevan ahí ni quien los trajo. Ambos tienen el sello de una biblioteca, así que probablemente sean robados, ya que en mi familia, ni mi padre ni ninguno de sus hermanos tuvo la opción de poder estudiar, pero desde que tengo uso de razón es quien me da nociones de historia y recita de memoria y sin titubear el poema “Niño yuntero” de Miguel Hernández entre otros. Resiliencia Andaluza. A raíz de estos libros, y tomando referencias de otros movimientos culturales que ya me interesaban anteriormente como puede ser el carnaval, además de una pequeña colaboración que hice con un grupo de estudiantes de filología, he ido recolectando una amplia bibliografía sobre el andaluz y su cultura. Que mezclado con vivencias y anécdotas cotidianas nos llevan a desglosar la raíz, los reaños del andaluz.
36 37 II.CONSTRUIR EL LENGUAJE: LA VERBALIZACIÓN Y EL HÁBITAT En toda cultura las viviendas son reflejo de sus moradores. Nuestra cultura es igualmente singular. Se proyecta en la casa andaluza, funcionando como un cuerpo que habla. Se asemeja a nosotros, a nuestro lenguaje. Es reflejo de ellos desde su fachada, el lugar más recóndito de sus habitaciones, alacenas o patios. El lenguaje los recorta y los define. El lenguaje se desarrolla en los aledaños de las casas y en sus estancias. El lenguaje común y el lenguaje familiar, aquel que nos da identidad colectiva, pero que a su vez diferencia un clan del otro. El lenguaje surge también de los sentidos, de cómo percibimos el mundo, de una mirada particular, una manera de identificar y de hablar, de cómo articulamos sonidos vocales, verbales y corpóreos. Las palabras ilustran y empatizan con nuestras acciones: cómo tocamos las palmas, cómo creamos el compás, cómo rompemos el habla en el quejío, etc... La mirada, lo que vemos, nuestra comunicación no verbal. Las palabras, las expresiones, los sonidos y cantes. Nuestros gestos y andares, movimientos y actitudes, constituyen nuestro lenguaje. Lo que olemos sugiere expresiones. También lo que tocamos. Los sentidos construyen lenguaje que se sucede dentro y fuera de nuestras casas. En las calles y los hogares, en los patios y en los jardines. La casa es un cuerpo. En su interior hay un barullo de puertas que guardan habitaciones donde cada una tiene a salvo sensaciones, recuerdos y estímulos, que nos nutren y nos ayudan a crecer de una forma u otra. Por eso la casa también es útero, que nos gesta, nos guarda y da calor, y cuando nos pare guardamos cierta semejanza con ella, porque nos ha dado unos genes, una cultura, un lenguaje.
38 39 Las casas también se comunican, por lo que el lenguaje que se nos inculca es nuestro, pero a la vez de todos. Crea un sentimiento colectivo, pero también es el mismo el que nos hace diferenciar de qué casa pertenece cada uno. Porque el lenguaje, al igual que la casa y al igual que nosotros mismos, tiene una “fachada”, una característica común que lo hace colectivo y nexo de unión entre las personas, pero dentro hay habitaciones, hay recovecos de intimidad, que desarrollamos para nosotros mismos o solo para algunas personas y que cada uno comprende de manera distinta. A veces coincidimos con los demás, y a veces no. El lenguaje de los sentidos. La comunicación no verbal, que tiene nombre y palabras, pero no es necesario utilizarlas. Gestos, miradas, olores, incluso el tacto. Y en el culmen de todos los tipos de lenguaje, nace la identidad. Compás por bulería. Olor a tierra mojá de las lluvias de abril. Naranjos floreciendo. El tacto de las cuerdas al rajear la guitarra. Viento suave. Cae la tarde. Normalmente cuando hablamos de identidad se hace alusión a la personalidad de un individuo en sí, catalogándose siempre de manera muy individualista, pero obviamente la formación de esa identidad se debe a las influencias que recibe cada persona de su entorno, es decir, ese paisaje particular que englobaría nuestra casa y el lugar donde se sitúa. Por lo tanto compartimos pequeñas ramificaciones de nosotros mismos con los demás y viceversa, tejiendo de manera espontánea y viva un carácter y una cultura que hace partícipe a todo un pueblo. Así mismo, podemos concebir también la casa como una microrepresentación de la sociedad en un ámbito cultural concreto, porque aunque pueda variar ligeramente la estética, al final se establecen estructuras que se adaptan al modo de vida de sus habitantes, y si lo pensamos unos segundos tampoco han sufrido cambios muy radicales en cuanto a sus espacios funcionales a lo largo de la historia. En mi cabeza existe una casa, que asocio automáticamente con Andalucía. Tiene las paredes encalás, una puerta de madera, ventanas con rejas, y gitanillas que se asoman a través de ellas llenando la fachada de color. Es vieja, muy vieja. Entre las tejas que preceden la azotea crecen jaramagos, y en algunas zonas de la fachada se desprenden las calichas. Pero eso la hace aún más pura. Tiene age. Habla por sí sola, y lo hace con un acento puramente andaluz, de pueblo pequeño y jornalero. Suena a charla con mi abuela un domingo, o a esas coplillas que se cantan de memoria y no se sabe muy bien ni quién las escribió. Como el andaluz en sí, que tampoco conocemos concretamente su origen, pero está vivo, esconde toda la historia del paso de las civilizaciones que también hicieron de esta su casa, y continúa en evolución pero sin perder el toque añejo que lo hace tan puro y tan nuestro. Hay quien ha vivido siempre en la misma casa, quien no mantiene más de dos recuerdos en la misma, hay quien tiene más de una casa, hay quien no tiene ninguna. Pero al final siempre perteneceremos al lugar que alimente nuestros reaños, y nos sintamos también parte de su historia.
40 41 II.1. La apariencia y el umbral: Fachadas, Pórticos y Zaguanes “Andalucía tiene una fachada muy diferente de lo que realmente encierra” María Galiana La fachada es la parte visible de la casa. Podríamos decir que el rostro en concreto. Con ventanas por ojos y oídos que nos deja barruntar lo que sucede fuera, y la puerta como boca. Entrada y salida al paraíso. Captadora de estímulos, y el principio del sistema alimenticio de la casa. Donde después, en sus adentros, se digiere toda la información y sentimientos encontrados. Porque la casa se nutre de la calle y el entorno, creando así una realidad similar, pero propia y más íntima. A través de su piel podemos intuir su edad, y con ella su historia. Como se desprende la cal, como se apodera el musgo de los bajos y recovecos, o como invaden las malas hierbas cualquier rincón en que se les permite crecer. Por muy antiguas que sean las casas están tan vivas como nosotros mismos. Tendemos a juzgar las casas por sus fachadas. La fachada es siempre la primera impresión, y normalmente cuando estás delante de una fachada hay algún instinto que se despierta, te da un pellizco en la barriga, y entonces sabremos si ese cuerpo que es la casa está dispuesto a abrazarnos o no. La fachada es el reflejo superficial de la casa, pero es la única parte de ella que conoce todo el mundo y la que predomina en su iconografía. Es la parte de la casa más banal, quizás por ser la más pública, y al final puede llegar a convertirse en tópico. fig.II.1. Fachá, Nuria Olmo 2021
42 43 La fachada es la forma que tiene la casa de exhibir su belleza. Es una pequeña muestra del carácter de la misma, pero de manera muy sutil, ya que, al igual que las personas, el instinto de adaptación o la influencia colectiva hace que al final las fachadas de un mismo lugar sean bastante similares. Andalucía, como gran casa, también tiene fachada. La parte más vistosa y divertida. Huele a espetos en la playa, rebujito, incienso y cerveza fría. Se colorea de mil colores alegres repartidos entre lunares y volantes, y suena a sevillanas y rumbita flamenca. Si tuviera cara seguramente sería la de un pijo cortijero, de los que llevan patillas de torero, puro en boca y parece que hasta a comprar el pan van a caballo. Y chistes malos, obviamente. El topicazo por excelencia. Ferias, Semana Santa y siesta. Lo que Ortega y Gasset en su ensayo “Teoría de Andalucía” llama farsa multicolor que según dice hemos creado para los turistas. Obviamente la fachada es tan nuestra como el interior, el problema es que hemos dejado que se nos estereotipe convirtiéndonos en vagos y monos de feria. Haciendo también de nuestro acento un complemento más para el bufón. En el desarrollo de este “ideal vegetativo” que escribe José Ortega y Gasset, analiza y compara la figura del andaluz de una manera cuanto menos curiosa, basando su argumento en que hacemos de la pereza nuestro ideal de existencia: “El pueblo andaluz posee una vitalidad mínima, la que buenamente le llega del aire soleado y de la tierra fecundada. Reduce al mínimo la reacción sobre el medio porque no ambiciona más y vive sumergido en la atmósfera como un vegetal” Quizás tenga razón Ortega y Gasset, y a lo mejor nuestra querida Resiliencia Andaluza viene determinada por nuestra pasividad y saber vivir. Yo personalmente prefiero pensar que nuestra actitud ante la vida es más por un sentimiento colectivo, de hacer, pero de hacer con disfrute y en compañía. De un esfuerzo, pero esfuerzo alegre y trabajo feliz. ¿Por qué debe ser nuestro concepto de esfuerzo el erróneo? Quizás deberíamos dejar mas abiertas las ventanas para que pueda verse desde fuera un poco de lo que hay dentro. El escalichao de la pared es bonito, y aporta pureza a la casa. Pero quizás lo que nos hace falta es volver a encalar las paredes para que nos cambie un poco la cara.
44 45 II.2. Sabores, recetas y degustación: La cocina y el salón “Ay andalú, pan que estiras y no llegas, remiendo y silla de enea es tu via y es tu cru” Ay andaluz, Paco Herrera La cocina y el salón son las partes más cálidas de la casa, en ellas están los fogones, el brasero, la chimenea… Pero además, son las estancias más acogedoras por el ambiente que se respira, por las vivencias que estas habitaciones nos aportan: el salón por ejemplo, es un lugar de reunión, de charla. Aunque, como he comentado anteriormente, los andaluces solemos hacer la mayor parte de nuestra vida social en la calle, dentro de casa el salón sería nuestro lugar de relación pero en un entorno más íntimo. Si tuviera que vincular este espacio con alguna palabra sería caló. Este “calor” hace referencia a la sensación de calidez y protección. Cuando pienso en esta palabra me transporta automáticamente a la casa de mi abuela cuando todavía tenia un viejo brasero de picón y tomábamos café y dulces los domingos por la tarde todos juntos. Eso es el caló. Un beso en la frente de tu padre. Apoyar la cabeza en el pecho de tu madre y sentir como si volvieras a estar en su vientre al volver a escuchar de cerca el latido de su corazón. El abrazo o la caricia justa de unas manos que aunque estén frías son capaces de calentar hasta el último escondrijo del alma. La familia. Por otra parte, para mí la cocina guarda unas connotaciones muy similares al salón, ya que en mi casa fig.II.2. Fatigas III, Nuria Olmo 2021
46 47 pasamos en ella muchísimo tiempo, y a parte de su funcionalidad también es nuestro rincón de cháchara. Aunque me atrevería a decir, que la cocina es aún más íntima que el salón, ya no solo por las relaciones interpersonales que en ese espacio puedan establecerse, sino por lo que significa este lugar. La cocina es alimento, lo que nos nutre y quien lo prepara. En ella se puede ver el derroche o la escasez de la gente, la humildad y la avaricia. Puede ser una cárcel para quien no tiene más remedio que someterse a las ataduras de su casa; puede ser mágica, para quien prepara la comida a los suyos cargaíta de amor; puede ser un tormento, para quien quiere hacerlo pero no tiene los medios; o puede ser desprecio, para el que ignora todos los sentimiento y sensaciones que allí se cuecen. En Andalucía, como elemento predominante la mayoría del pueblo es y ha sido clase media-baja, y sin ir más lejos lo podemos apreciar en nuestra gastronomía: el salmorejo, las migas, “ropa vieja”, o incluso las croquetas. Los platos más conocidos y sobre todo los más antiguos tienen su origen en utilizar alimentos como el pan duro que ya no se puede consumir de otra manera, o sobras de otras comidas para elaborar un nuevo plato. Una vez más volvemos a destacar el ingenio y la resiliencia andaluza, y es por esto, que la cocina es el más puro ejemplo de la manera de afrontar las adversidades, el esfuerzo. Por esto, me atreveré a rebatir sutilmente las sabias palabras de José Ortega y Gasset, que en su “ideal vegetativo” comenta: “En Andalucía come poco y mal todo el mundo, no solo el pobre. La cocina andaluza es la más tosca y primitiva y escasa de toda la península. Un jornalero de Azpeitia come más y mejor que un ricacho de Córdoba o Jaén. Hasta esto imita el andaluz al vegetal: se alimenta sin comer, vive de la pura inmersión en tierra y cielo.” Un pueblo que conoce sus virtudes y sus carencias, y utiliza sus cartas para jugarlas de la mejor manera posible, afrontando la realidad con alegría y actitud, no lo llamaría cultura vegetativa, si no más bien de carácter epicuerísta, de saberse feliz y pleno con lo esencial. Hacer la vida fácil es el acto más valiente y difícil que existe.
48 49 II.3. Entre el sueño y la fantasía. Los placeres, los deseos y el descanso. La cama y los patios. El dormitorio y el patio son los espacios de la casa sin duda alguna donde afloran los sentimientos y sensaciones más puras, creando un estrecho vínculo con la casa como cuerpo y nosotros parte de él. En el dormitorio surge de manera más íntima, personal e introspectiva, y el patio es una experiencia de inmersión en la tierra, nuestra tierra. Raíces, hojas que miran hacia arriba conectando el cielo con lo terrenal, el agua que purifica y calma la sed, y el olor. Azahar, limón, jazmín… El patio es una de las partes de la casa donde predomina la influencia de la cultura árabe en Andalucía, de esta provienen los sistemas de regadío, el uso de las fuentes y presencia constante del agua, y la vegetación. Con el paso de civilizaciones ha ido evolucionando hasta llegar a ser un icono en nuestra cultura, y que ahora, con la influencia también y el modo de vida de la cultura gitana del que tanto bebemos, aparte de ser un remanso de paz y conexión, el patio es el lugar más vivo y jaranero. En los antiguos bloques o casas andaluzas, el patio era la zona común y compartida de varias viviendas, por lo que era allí donde, dentro de la casa, se montaban entre ellos las juergas al igual que se hace en la calle. Cantes y bailes que llenan un espacio de vida, de alegría y de amor en el estado más puro y natural. En el documental “Triana pura y pura” (Ricardo Pachón,2013), se puede observar claramente esta forma de convivencia y manera de disfrute del espacio habitado. Casas principalmente humildes, pero rebosantes de felicidad y vida.
62 63 Fig.III.2. Reaños, Nuria Olmo 2021 Fig.III.3 Reaños, Nuria Olmo 2021
64 65 Calor(Caló): Protección, cariño. Con esta aceptación, esta palabra es característica del lenguaje del cante, donde se emplea frecuentemente: Si cuar yo tengo pare Tuviera yo mare, No andarían estos chorrelitos A caló e nadie. El lexico andaluz de las coplas flamencas, Miguel Ropero Núñez Fig.III.4 Caló, 30 x 17’5 cm. Nuria Olmo 2021
66 67 Fig.III.5. Caló, Nuria Olmo 2021
68 69 Belenes: Cuentos, enredos, pamplinas. (DRAE,DCELC Belén ‘confusión’: VA ‘lío’, ‘amancebamiento’; DRAE ‘alboroto, enredo, cuento’). No me vengas con belenes Que yo belenes no quiero; Que me pones la cabesa Como mano de mortero. El léxico andaluz de las coplas flamencas, Miguel Ropero Núñez. Fig.III.6 Belenes, 30 x 17’5 cm Nuria Olmo 2021
70 71 Fig.III.7. Belenes I, Nuria Olmo 2021 Fig.III.8 Belenes II, Nuria Olmo 2021
72 73 Fatigas: Trabajos, necesidades y estrecheces; penas, dolores y sufrimientos; ansia, vehemencia amorosa, celos. Sinónimo de ducas (duquelas) y penas. Bente cormigo a la güena Y entre los dos pasaremos Las fatigas y las penas. El léxico andaluz de las coplas flamencas, Miguel Ropero Núñez Fig.III.9. Fatigas 35 x 25 cm Nuria Olmo 2021
74 75 Fig.III.10, Fatigas I Nuria Olmo 2021 Fig.III.11 Fatigas II Nuria Olmo 2021
76 77 Escalichao (Escalicharse): Caerse a las paredes la capa de cal que en ellas se forma después de varios blanqueos. Cuando m’asiento en la cama Y en ti comienzo a pensá Las paeres se escalichan De duquitas que me dan El léxico andaluz de las coplas flamencas, Miguel Ropero Núñez Fig.III.12 Escalichao 30 x 17’5 cm Nutia Olmo 2021
78 79 Fig.III.13 Escalichao Nuria Olmo 2021
80 81 Duende: Encanto misterioso o inefable del cante. En las poesías de tema andaluz o flamenco este término se usa con frecuencia: Manuel Torre— Manue— tenía La voz de viejo bronce y puro sueña. Había nacido —un gozo era Su nombre la tierra y la palabra— Con un duende de años entre los labios Y recreo de ángel por los cantes. El léxico andaluz de las coplas flamencas, Miguel Ropero Núñez Fig.III.14. Duende, 30 x 17’5 cm Nuria Olmo 2021
94 95 Fig.III.23 Arbonaida, Nuria Olmo 2021
96 97 CONCLUSIONES Si nos despojásemos de lo material y nos quedáramos con la expresión más pura del ser, nos convertiríamos solamente en acento. En el acento viaja el pensamiento más innato y en la reacción con que lo modificamos, vive agarrado en la garganta junto a mil siglos de historia y evoluciona continuamente, porque es relacional, es de la gente. Es la forma en la que se dibujan nuestros pensamientos y sentimientos, sin falsas doctrinas que cohiban la expresión más pura. Por eso quizás, el Andaluz, es de los más rechazados. Hablar en andaluz es un acto de rebeldía, de memoria. Es una reafirmación constante de nuestra cultura, de lo que somos; pero lo que somos de verdad, fuera de tópicos rancios que visten cada día de luces y mantillas. Porque como dice Antonio Manuel Rodriguez Ramos: “Nos condenaron al analfabetismo de nuestra propia cultura”, y nadie es capaz de amar algo si no lo conoce. Por eso es importante conocer nuestro acento, nuestra cultura, nuestra propia casa; y observar con detenimiento cada detalle, cada sabor, cada susurro. Por que solo así, comprendiendo la sencillez, la mínima expresión, podremos llegar a admirar y amar el conjunto, el barullo de hablas y culturas que es Andalucía. Y entonces, solo entonces, podremos arraigar con fuerza y entereza en esta tierra mientras nos crecen altas ramas colmaítas de hojas que apuntan decididas al cielo. Mi traducción plástica del acento ha sido un proceso experimental que ha derivado en composiciones texturales principalmente compuesta por ritmos
98 99 circulares y envolventes que guardan connotaciones de hogar, de cariño, y de puerza. Como la propia Caça y el Andaluz en sí. El uso directo de materia en las obras, gracias a técnicas como el collagraph, crea mayor impacto visual y consigue llegar a matices que con otros procesos no sería posible conseguir. Estos matices son los que precisamente nos sugieren elementos que podemos llegar a relacionar con palabras concretas: pliegues como arrugas, corrientes de azúcar que abrazan tierra o sal derramada como símbolo de mal fario. Al final, plasmar visualmente el acento es como hablarlo. Es una pequeña ramificación del dialecto que se convierte en tu propio lenguaje, otro tipo de comportamiento lingüístico, de canalizar emociones y pensamientos en búsqueda de un sentimiento común y una correspondecia. Por eso las imágenes hablan, se comunican y se prestan a la interpretación para que cada espectador las entone con el acento que más le identifique.
101100 “Aholá mi andalucía se te colara en lah entrañah. Aholá te besara las tripah y el perfume de mi beso se mehclara con tu sangre. Aholá me miraráh a loh ohoh, me sintérah la boca y te diera calambre” Aholá, Roberto Villegas Trapero 2021
103102 Revistas - ORTEGA Y GASSET, José, 1944. “Teoría de Andalucía y otros ensayos”, Revista de occidente, pp. 11-35. -RODRIGUEZ RAMOS, Antonio Manuel, 2020. “Zizaña y çeçeo”, Ceceo, no 0, pp. 7-9. Libros -ALEXAINDRE, Vicente, et al.,1998. Poetas Andaluces de la generación del 27. Sevilla: Grazalema S.A. -ARAGÓN BECERRA, Juan Carlos, 2017. El paso doble interminable.Sevilla: Editorial El paseo. -GARCÍA LORCA, Federico, 1980. Poema del cante jondo- Romancero gitano. Madrid: Ediciones Cátedra S.A. -JIMENEZ FERNÁNDEZ,Rafael, 1999. El andaluz. Madrid: Arco/Libros-La muralla S.L. -LACOMBA, Juan Antonio, 1983. Blas Infante: La forja de un ideal andaluz. Sevilla: Grupo Editorial Sur - LÓPEZ GONZÁLEZ, María Nieves, 2018.La dignidad del habla andaluza:La obra to para conocer la belleza y singularidad de una de las hablas más hermosas e influyentes en todo el mundo hispanoparlante. Córdoba: Editorial Almuzara. -MACHADO, Antonio, 1978. Antología Poética. Barcelona: Círculo de Lectores S.A. -PEREC, Georges, 1974. Espèces d’espaces. París: Éditions Galilé -ROPERO NÚÑEZ, Miguel, 1983. El léxico andaluz de las coplas flamencas. Sevilla: Ediciones Alfar. -TRAPERO, Roberto, 2021. Aholá: poemario en Andalúh. Granada: Derkálih. Online BIBLIOGRAFÍA
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106 107 ÍNDICE DE FIGURAS Fig.I.1. “Raí”, dibujo digital. Nuria Olmo, 2020. (Pág. 10) Fig.I.2. “Alegrías”, monotipo. Nuria Olmo, 2021. (pág.16) Fig.I.3. “Juerga”, monotipo, Nuria Olmo, 2019. (pág.18) Fig.I.4. “Soy mi casa”, dibujo, Nuria Olmo, 2020.(pág.26) Fig.II.1. “Fachá”, dibujo, collagrapgh e hilo, Nuria Olmo, 2021.(pág.38) Fig.II.2. “Fatigas III”, Collagraph, Nuria Olmo, 2021.(pág.42) Fig.II.3. “Zayo”, Collagraph, Nuria Olmo, 2021. (pág.49) Fig.III.1. “Reaños” serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021.(pág.59) Fig.III.2. “Reaños” serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021.(pág.60) Fig.III.3. “Reaños” serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021.(pág.61) Fig.III.4. “Caló”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021(pág.63) Fig.III.5. “Caló”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág.64) Fig.III.6. “Belenes”, serie Reaños, collagraph. Nuria Olmo, 2021(pág.67) Fig.III.7. “Belenes”, serie Reaños, collagraph. Nuria Olmo, 2021 (pág.68) Fig.III.8 “Belenes”, serie Reaños, collagraph. Nuria Olmo, 2021 (pág. 69) Fig.III.9. “Fatigas”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág, 71) Fig.III.10. “Fatigas”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021(pág. 72) Fig.III.11. “Fatigas”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág. 73)
108 Fig.III.12. “Escalichao”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág. 75) Fig.III.13. “Escalichao”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág. 76) Fig.III.14. “Duende”, serie Reaños, collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág. 79) Fig.III.15. “Duende”, serie Reaños, Collagraph, Nuria Olmo, 2021 (pág.81) Fig. III.16. “Retales”, técnica mixta, Nuria Olmo, 2021 (pág. 82) Fig. III.17. “Retales”, técnica mixta, Nuria Olmo, 2021.(pág. 84-85) Fig.III.18. “Compás”(detalle), monotipo, Nuria Olmo, 2021 (pág. 86) Fig.III.19. “Compás I”, monotipo, Nuria Olmo, 2021.(pág.88) Fig.III.20. “Compás II”, monotipo, Nuria Olmo, 2021.(pág. 88-89) Fig.III.21. “Compás III”, monotipo, Nuria Olmo, 2021.(pág.89) Fig.III.22. “Arbonaida”, monotipo, Nuria Olmo, 2021. (pág.90) Fig.III.23. “Arbonaida”, monotipo, Nuria Olmo, 2021. (pág.92-93)