El Hospital por dentro ó El buen Gobernador : drama en cuatro actos
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Número i. # EL HOSPITAL POR DENTRO, Ó el buen gobernador. DRAMA EN CUATRO ACTOS. VALENCIA: IMPRENTA Y LIBRERÍA DE MANÜÉL LOPEZ , ANO 1816. CON LICENCIA. hallará de venta en la misma imprenta y librería , calle de Bordadores > minie 1*0 11 . fe
PERSONAS, Margarita: madre de Luisa : joven de 2 o años.. Vernero : Gobernador y padre de Enrique : Oficial. Vivensi: Contralor del Hospital, y padre de- Carlos : Oficial . Julio : anciano pobre y jovial. Germán Mayordomo del Gobernador.. El Conde: Leandro amigo de Vernero Un Capitán. Dos Ordenanzas.. Venancio. - padre' de Luisa 5 enfermo » Urbano e nfermo c „ Medico., Practicante,. Enfermo primero* Enfermo segundo*
ACTO PRIMERO. T ■ a *?“”*'-figura una habitación baja, de una casa pobre , con Ja puerta a la derecha , y al lado una reja con .encerados de papel, algunos cua - ^ ros r oios: dos sillas viejas : una mesa al foro : en medio, del teatro Un anafe d medio encender, y vn candelero 4 de barro, con un cabo de kho ardiendo. — Aparece Margarita, con trago obscuro y pobre, soplan - anafe con unos fuelles : dentro parece una noche lluviosa, con buenos y relámpagos ,. cuyos resplandores se dejan ver por la ventana 3 H la tempestad cesará ú, poco, de empezar , para no interr umpir la representación. ESCENA PRIMERA. margarita. ^arga . jNL puedo unas , me falta el Lluvia. «diento : almas crueles é insensi¬ bles , que nacéis con riquezas, por Hüé motivo no os acercáis alguna Trueno. Ve z á las puertas del mendigo? por ? Parece que la noche se pretempestuosa.... Dios mió! La ^clemencia del tiempo aumentarla Relámpago. ;? í^is males? Je sus. 1 , A y hija amar t a * no hallarás esta noche quién e socorra ! Mas parece que llaman. Dentro Luisa. Madre , Madre mi* abrid. Marga. Eres tu, hija mía ? Dentro Luisa. Si Madre, abad. Margarita abre , salen Luisa Con un vestido pobre r aunque decente, yon man¬ tilla lisa negra ; y ¡pernera, vestido de levitón obscuro , y con Capa. Luisa de? ja la mantilla , y se echa en los brazos de su madre asustada. Luisa. Ah madre miu! Miar. Qué es esio, hija? Que abatimiento! Remero,PE1 'propio que vos misma le habéis preparado. Con severidad. Marga. Yo? Luisa. Sefíor, pues salvasteis mi ho-
ñor, no mortifiquéis a 'mi madre. Demasiado oprimida se encuentra de otras penas. No se las redobléis con severas reprensiones. Verne. Buena hija , admiro y apre¬ cio vuestra filial ternura ; pero no debo p£>r ella sacrificar la razón, ni la verdad. El peligro que habéis cor¬ rido , mueve mi lengua, y no pienso ofender á vuestra madre5 aunque;me he quejado de su imprudencia, que os espoue á tales riesgos.' Marga. A cuáles riesgos te he espuesto? hija mia . .. responde. Luisa. Ah madre! ignoro con qué co¬ lores podre pintaros mi desgracia ? Un hombre (que ignora lo que es virtud) observé que al -anochecer me miraba con demasiada atención,: pro¬ curé separarme, y advertí seguía mis pasos: mi corazón entonces empezó á recelar, y traté de retirarme á ca¬ sa. Pero nuestra gran necesidad, lo pdblico del sitio, y mas que todo, la confianza en el favor del .cielo, me aseguraron. Disipé el temor, y Volví al parage acostumbrado , que es en el que suelen dispensarme so¬ corro los bienhechores. Verne. Qué pedis limosna en aquel ' ! pueáto ? Luisa. Y cómo podríamos alimentar¬ nos ? Cóipo sostener la débil ec- . sistencia de mi querida madre, que por instantes se acerca á su fin ? Verne. Pero decidme , si estabais re¬ celosa, por qué no mudasteis esta noche de puesto ? Luisa. 'Me imaginaba, señor, libre de todo'insulto. Y quién podria creer que aquel pérfido se presentase des¬ pués de largo rato, y con artificio , me sprprefiendiese para agarrarme la mano ? Marga. La mano? Cielo Santo! Luisa. Aquí veis al que me salvó: acu¬ dió á mis gritos, é impidió que aquel indigno cumpliese su inten¬ ción. Dejadme sejlqltar en mi P r0 j pió dolor, las tristes ideas de 111 peligro! carezco de la fortaje 2 ^ suficiente, para pronunciarlas sin n° rorizarme ... Marga. Dios mió ! la infelicidad 0 ° cercará'por. todos lados? 1 ’ , Verne. Buena muger, no os entregó 15 al dolor , que no siempre las caos que . desconocemos, son el verdadet Origen de los males que nos rodea 11 * ■ N osotros mistnós 'nos acarreamos i jl1 í chos de ellos , y nos alivia el a trl buidos á nuestros principios. \ Lui'sa: A h ! si süpierdis! Verne. Todo lo sabré. Sin duda el lo dirigió mis pasos esta noche ha cJ vos, pitra seros rftilv- Deseo xono^ r vuestros males: mas jamas disculp^ re á vuestra madre, pues ha caU sa do el mayor de ellos. Esponer joven bien parecida, y sola á dir limosna en la obscuridad de ^ noche, en una ciudad tan poblada <> una imprudencia imperdonable. CUj quier delito que hubieseis cornetín » sería suyo : y yo én lugar de a P ia darme, tal vez :: : Margarita lloroU Luisa. Respetad su amargo llanto. Verne. Sus lágrimas son el mas sín cer ° testigo de su convencimiento: y e _ _ vista de ellas, me ¿reprimo, y cargo, que este suceso, para ' sea el illtimo egemplar. Luisa. Y lo sera. Con firme**' Pero cómo ! ' y Verne. Qné ... volveríais á espone 1 ' 0 ^ Entonces creeria que en vos mi e ? la virtud, y que no teineis esp ñeros al mal. 0l Luisa. Primero la muerte que el dd 1 Pero cómo subsistir? cómo ? . Verne. Faltán en ésta ciudad péi" 50 ’^ benéficas, que compadezcan vU c>s . situaciofi., y os .prodiguen los geJ
intentos; dé pied&d ? La cóñipa^on ‘ se encierra en las tinieblas de la no¬ che ? Luisa. No: pero en ellas es menor el _ i'iibor de tfecibidai ' '^erne. El rubor ! WargS. Ved aquí mi escusa , Señor. Este insuperable tirano de las al¬ mas educadas al honor , es el que detiene mis pasos muchas veces , é impide presentarme en aquellos parages, en los que sería el peor de mis males , el ser conocida. No he¬ mos nacido , sefidr , para penas; co¬ nocimos-con. abundancia los bienes; pero ahora. ffcrne. No suspendáis vuestra narración!, lío: proseguidla. Aun ignoráis mi co- ' tazón... decidme... manifestadme... La vergüenza que os impide prose¬ guir v será mucho mas peligrosa pa¬ ta voS 1 , sino la domináis en mi pre- «encía. Luisa., Señor... u-ne. Dejad toda reserva : sin duda ía ; mano del cielo, me Condujo esta noche á conoceros. Qué ... dentro Julio. Margarita? Luisa? Qué novedad es tener la puerta abierta ? Saliendo. Ignoráis' qué á puerta cerrada el dia¬ blo se vuelve? Alarga. Ah buen amigo! Interin este discurso , se acerca Julio ú la mesa que está al bastidor mas uriha de la puerta , y deja un es¬ portillo pequeño , en el que figura traer alguna vianda. Julio sale con cápa , gorro azul i y sombrero redondo : su centro una chupa larga y atacada • , y c alzon corto , medias azules : todo bas¬ tante pobre: su carácter de un horn¬ ee de sesenta años : pero fresco ‘y 'ágil, de corazón sensible ,> ■ de talento des¬ pejado , y práctico en la filosofía jiatuml : amigo de decir verdades ' sin cli" i 'qiteta , y ' muy' franco. . Julio. Parece en efecto, que habéis per¬ dido la cabeza. Está lloviendo á cán- ■ taras, y qüéreis que-la humedad en» tre ”d haceros compañía? Ventero. Quién es. ese hombre? • ■ Lúisa. Es Liñ infeliz ; que nos prodigó - sus socorros. Julio. í)ejad que ponga aquí este . i... • Ay qué cabeza! Lo mejor se inedia olvidado. Vaya, voy aporque-sin vi¬ no; nova el molinero al molino» . Hace que se va. Marga. Julio . .. reparad . . . Julio. Qué ? Luisa. Este señor. . Julio. Quién? un hombre aquí? y qué pretende ? Verne. Os disgusta que esté aquí! Julio. Si he de decir la verdad , no me agrada mucho. r . Verne. Sois claro. Julio. Mas que fel agua. Verne .'Pero por qué? Julio. ' S i- en vez de un hombre, hu¬ biera hallado una. botella de vino de España, la hahria cumplimentado mejor; c Vente. Tanto os agrada el vino?. Julio. Co'mo no me ha de gustar, lo - que conserva el resto de mis dias? - Mi comercio y caudal , se reducen á una poca yesca , y á un manojo de pajuelas: su producto es muy limi¬ tado: pero el dia que me suminisr tra medios de repartirle con otros tan pobres como-yo , me considero el mas feliz de la tierra. Mi sentimiento es, que no lo puedo hacer diariamente: pero hoy he tenido un despacho re¬ gular , y quiero esta noche tener un - ainbigá... Pero yo dre hablado dema¬ siado , y quien mucho habla, mu- .. cho yerra. Voy, voy á buscar, lo
. >qué daifasirripulso; á, mi cnérpo. Si gustáis .de esperar para que brin- ' demos juntos, os h¿ré este obsequio con el mayor .definieres . Ahur.... Verne. 'Deténeós ^ Jiombre singulár.. Juliú.i Señor .incógnitael./tiempo .está malo, y las bodegas se cieiran ‘pron¬ to. No quisiera .... jPehiei;La.-,de- J mi casa .está sáem pire abier¬ ta para vos, y para vuestros ami- . .gos: esperaos, y no mé privéis ej consuelo de. ..saber .quien sois, y baj - Q° que techa se , abriga' la virtud. Julio, ..Corno ?.1iyi el señor Ignora, dón¬ de se baila ? Marga. Ha; venido no ha un instante, acompañando á mi hija. Luisa. Y, me ha salvado el honor , y .aun la vida. « , Julio. El honor y. aün la vida ?, y • bá sido tan escasai Vuestra /política, que" no le habéis manifestado, que sóis la hermana y la sobrina de Vivensi ? Verne. Será posible? . Marga. Ah Julio ! Luisa. Para qué descubrirnos? Verne. De Vivefisi? Oh cielos! Julio. Y bien , os enfadáis por qué os be descubierto ? La verdad debe decirse ... si señor . ... lo dicho di¬ cho; parientas de Vivensi. Mirad, su estada ¡ i ndigente; Las conocería algu¬ no , ni creerá qué se bailan en tan infeliz situación., mientras su pa¬ riente nada en la felicidad y opu¬ lencia ? Verne. Y. él lo sabe ? JuIíol Preguntádselo á ellas. Guantas-ve¬ ces lian derramado sns xpiejas en. los bu lábrales de su. casa, tantas el im¬ pío las. ha echado de ellos. Vaya, hablad vosotras también, y no de¬ jéis en mí solo, el oficio de abo- i gado. . ; ■ M arga. Y qué añadiremos á cuanto ha¬ béis dicho.? Verne. Basta: no aumentéis mi terror. Vuestra situación, y este pobre «»' lo ; , me dicen mas que vuestras I? 11 ' guas. Decidme; señora, no tenei? uá' rido ? Luisa. Ay señor ’ mi padre está efl el Hospital luchando con la muerta Verne. JEn el Hospital ? Cómo ? Luisa. Duplicaremos vuestro senlhniefl' ’toj con la narración he todos nuestro* . .males. Vtrr ^e.Esplicadmelos, que esperimentoS® fortalece mi alma tanto, cuanto in aS los/conoce. Luisa. Pu,es, bien no ignorareis que oh' tenia un decoroso empleo en esta ciU" dad. Verne. Lo se. Luisa. Que la intriga enemiga de I a . . virtud , le espuso por crueles sospechas, á ,les insultos de la suerte, de cuyas resultas perdió' el empleo, que pendía toda nuestra, fortuna. Julio. Lo que comunmente sucede; una desgracia acarrea las, piras, y no se , acaban hasta el .sepulcro. Luisa. Y al sepulcro . casi le han re¬ ducido, la tristeza y desplacion, seis meses hace que el iiñeliz está di¬ putando la vida á la parea. Hace uno* dias que ha recobrado algún vigor» y ayer me dijo él médico, que efl breve volvería á su casa. Y á que volverá á -ella? A mezclar sus lᬠgrimas con las nuestras; á confun¬ dir sus quejas con ... Veme. No: no: él volverá á consolaros J cuidaros: pero decidme, Vivensi no es el contralor de el Hospital ? Julio. El misino. Vn-ne. Bárbaro 1 Y ha resistido i vista de un pariente en tal estado» sin enternecerse, al menos por su fa¬ milia ? Julio. Buena ternura te de Dios. Si. su¬ pierais lo que ha costado que admi¬ tióse en el Hospital al padre de efr ta señorita?. Pero por fin se consi¬ guió: pero después, qué trato taf !
*ndigio le han dacfo ! Creedme, si estas infelices lio se quitasen de su boca algunas 'frioleras, para llevár¬ selas , ya hubiera fallecido, como su¬ cede á várros qiie no tienen el me- ^ n or socorro. : j e ^ e - Y Vi vertsb sábé> todoeso : V 0, y cdmo ignorarlo ? Pero es ; u n ' ™ Pfó 9 sin. corazón.. Escuchadme y decidid.. Hablad.. M?-La. multitud dé J k iehdig6@ que hay ^ ésta ciüdad , ha movido el áiíi- e ? ,^e nuestro nuevo Gobernador, á c 1 un Hospicio, con el fin de re- °ger en él los verdaderamente ne¬ cesitados, y vergonzosos, alimentar- ° 8 y sostenerlos sirviéndose di mis- ? 10 tiempo del producto de< sus labotes para ''utilidad dél estado. Juz¬ gad , quién séría ‘ capaz de oponerá una obra tan pía y tan dtil ? u es' se óp'one el señor Vivensi. Y y^ 1 qiié ? Por temor de ver reco-- gidos : sus parientes , : y publicada ,su p. barbarie.. .; 1 [ íe ¡- Apésar-de esa oposición , el Hosj. Picio se hará. ¿V O no y que es lo mas' seguro, ne ‘ l^ e consta qué el Gobernador , m u y -empeñado en : ello. Pues quedará desairado ; apcsar e que me han dicho que ese nuevo obernador 1 , que'hace* poco ha veni- o á desempeñar su encargo , • es aun p ñsm° tiempo , duro y benéfico., ne - No le conocéis?. //No le hemos visto : bienque di- ^e/° n ( l u e no ' sa ie sino denoche. l^v Pues es bien raro. Pero-se va ^«^ardc y debo retirarme. do - A mí. también se me ha pasa- Ja hora, y lo peor es, que ya Kr n eerra( i° todas Jas-bodegas. t ^ e - No os inquietéis-,, hacedme el gus- % 0 d c acompañarme hasla ñu tasa, m* I:)c buena gana : perollueve , y tenemos para-aguas. f Ferne. Nada importa ! nb vivo dejos. Luisa. Sentimos vuestra incomodidad/ Ferne. La. disipa el placer, que me ha ocasionado, el conoceros-, virtuosas se^ ñoras;. ' ; .•<: ,- . ..y , t. Marg'd. Señor.'.., . ■ . < ■ Ferne. Quedad i con Dios / infelices", pe¬ ro apreciables 'objetos. Esta . . . s í¿ esta sera la ultima noche que vean vuestras lágrimas, estas paredes. Mas alegre os será el nuevo dia, J y q U j l za tal le harán los clamores de tan¬ gos pobres quepor vosotras eónoceran. la felicidad. Basta : poralióra conservad en vuestro, pecho tan dul¬ ce esperanza, y disponeros á bende- 1 cir al cielo en medio de vuestras aIe g r ú*s..' • ráse. dulíó. Margarita ; , Luisa , Cerrad bien lá J puerta 1 ,'que-al. momento vuelvo. ; Fase. Luisa.. Querida madre , habéis observa¬ do Jas últimas palabras de ente ca- - hall ero V Marga.' Sí : y fían penetrado .basta el fondo de, mi aliña. Más quién se¬ rá? y • Lútea.:' Quién sabe? pérosu aspecto y hablar no me parecencomunes. Marga. El'cielo, hija -üiia, á veces por inesperados medios ampara la virtud, y ... quién : sabe : si se val¬ drá de este • hueñi señor para aliviar nuestras; penás? ■ ' - ■ \. Luisa. Sea como quiera, he-concevido buenas esperanzas.^ Marga. Cierra la puerta, y cuando vuel¬ va Julio, nos -informará.. Luisa va n cerrar la-puerta , y al mis¬ mo tiempo , sale: Carlos de oficial , muy azorado. Carlos. Ah Luisa !: Luisa. Garlos! Marga. Quién ? Carlos. Disimulad!,, señora’,, si tan tar¬ de vengo á molestaros; pero la si¬ tuación en; que me hallo ...
Luisd.^Olx' Dies! estáis a Horacio. Carlos. Acabó ele. reñir , y dejo herido , á mi enemigo. Luisa., Cielos ! Marga. Y venís á refugiaros aquí, pa¬ ra que tengamos que sufrir; mas pe¬ nas 1'. Carlos. Ño : no: estoy bien seguro por aquel , honor que ha sido causa , de, la riña. , f Luisa. Cojijo'?.- Marga. Qué.,decís ? .. - [ < Carlos L uisa,, decidme Ja. verdad. .Es¬ ta uoqb e ; os ha'agraviado alguno? _ Nada me calléis , pues de ello pen- .. de mi tranquilidad. Luisa. Nopu§do j}£gfrjo,.Uq jcíyen in¬ discreto , un militar impolítico ! Carlos. ./, ahora, me gloriq de; haberle casti- . gado. Marga., Esplicaos. . * Carlos. No os enfadéis, mi buena mal dre : r y o; debí desagraviar al honor$ „ y así Jo he, egecutado.' Marga. ‘ Como ? fiarlos. Estaba , poco hace en la gran guardia, cuando entró aquel calabera, y empezó á decir con una ri- . sa sardónica. nrAmigo, buenas nue- . ¡ ??vas traigo : ha vuelto á renacer el 3 ,siglo .de oro,, y la virtud se en¬ cuentra donde menos, ( ¡se. piensa.” . Luisa. Ipicuo! Carlos. No comprehendí el enigma en un principio ; pero tratando indagar¬ lo , refirió la historia de su indig¬ no atentado, y pintó el caso con tan vivos colores, que conocí al punto quien había sido el objeto de su ’ burla. No pude menos de resentir¬ me , y defendí con ardor la hones¬ tidad de Luisa: el la vituperó al¬ tamente con espresiones ofensivas : de todo lo cual, resultó un desafio. Sa- . limos del cuartel, desenvainamos los sables , y al tercer golpe cayó el in¬ solente á mis pies. Lútea. rAy.rPipsr? ' : Marga. Hija... , V Carlos. Ignoro , cómo ni en que 0 ' . te le h?» herido; se' que escape ' la patrulla, que qcjLidió par,a . ai' rC5 tarme ; que ohí Jos gritpa del & sulta.dpr, quó.r:: pero no es eS mi mayor afán : el temor de p e í deros , es mi mas cruel tormento*- herido, es hijo del Gobernador. Marga. Justo Dios ! Y nos faltad Y-estas , nuevas -desgracias? Carlos. Esta es * 1 $ ocasión de .evijn las,, niadr.q mía., admitiendo. dejf - los socorros que siempre rehusastf . Alejaos, por unos dias de, la ciudr’ . y esto bastará para aseguraros de I o . da violencia: A este efecto, he cogido por , lo pronto , cuanto he . didp.; y este hqlsillo , contiene lo f* . jficiente, para vuestra ecsistencia , f algún .tiempo. Yo cuidaré de : vH? tro padre, para que se reúna a ? sotras lo. ¡pías. pronto. Queridos 0 L jetos,, no rehuséis esta, corta y ^^ cera prueba’ de mi amistad t>1 ^, preveed los insulto^ de quien ^ noce mas que su amor propio. y - compensad,, poniéndoos en seg 1 ? la fineza de mi tierno car ifio. Luisa. Ah .querida madre! < Marga. D,exame, Luisa, por Dios. aturdida me. hallo , queignoro , que me pasa. Por cuál medio Jt . Dios, habéis hoy llevado al ; c 0 Y nuestras desdichas ! • Carlos. Quizá' os habré abierto para vuestro bien. Si supierais j medito después, de vuestra auserip 19 ' . Si..,. ' > ,, i . Sale Julio con una es-cusa baraja j hierba de una,, servilleta en ^ue-\fiwL traer una porción de manjares a e í> dos. f ;, I Julio. Aun está esta puerta ahi cl Vaya, si, lo digo yo , que esta » 10 * habéis perdido la cabeza.
9 Larga. Ah Julio ír nl¿°. Siempre suspirando, siempre llo¬ rando. Acercaos, y ayudadme á cles- Car gar. Poco á poco, que este es un - néctar. Luisa. Julio, y para'qué? l¿ ho. Buena pregunta;! Esta, noche he- . naos de hacer un bímquete. Aquí vie-, ne ua capón asado, y un gamón cocido, y queso . . . Qué buen sefíor! Parece que lo-habla procuratodo de ante mano , para nosotros : pero esto aun es nada. 1 Manan a vereis. Mafí.... Quién está, aquí? Repara en Carlos. ü fe ar ga. Es Carlos. arlos. Qué no me conocéis ? ulio. Demasiado,' pero hablando con | a franqueza que acostumbro, me interesa, muy poco el conoceros. y 1 >'los. Por qué mótivo? - "h‘o. Porque en mi sentir, sereis un fuen muchacho, un hombre de bien: pero el hijo de Vivensi., tiepe pa- , ra mí mala fisonomía, y me temo, que un día d otro, habéis' de ser fatal á esta pobre familia. Afarga. Ya lo ha sido. Lulio. Como ? Luisa. Ha reñido por mi honor, y ha herido á su enemigo. Lflió. Cuando ? Curios. Poco hace : y estoy muy satisfecho de haberle castigado. , í ¿ ho. Sí? Bravo! biabéis hecho una ' grande cosa. Ah, Luisa ! si os lo di¬ je mil veces, que este, vuestro ena¬ morado me gustaba poco: pero qué podías esperar eje un hijo de Vivéiisi, sino, desgracias? Lar los, Julio! Furioso en tono amenazador. ^ ul¿ o. Conmigo no hay que hacer el guapo. Mo porque estáis armado, me priváis dehabla# ytírdad. Bella co- > sa! bella ! Mañana al saberse la cau- . ?a. que Originó; el desafio . . . Qué hablillas y murmuraciones no hflama en Ja ciudad! En vez de ha¬ berlo defendido , se, vulnerará,el ho¬ nor de esta jovéjti;, se. tóm'arán. • se-^ veras providencias contra :estas infcli- - ces i y quién sabe ? Carlos. No : no : todo se evita no rehu¬ sando el; efecto de mi. sensibilidad: tomad , amigas mias , este dinero. Julio. Dinero ? y para qué? Ca¡ los. Para ausentarse y ponerse en salvo. Julio. Huir? ponerse en salvo?, ellas no nccesitaripcle vuestros consejos, y menos 'de vueétfo'clincro. El pro¬ tector que se lia declarado por ellas.» ya... ya... Carlos. El protector! Luisa, Sí, Carlos: él es el que me¬ jor que .vuestra espada, defendió mi s honor, me libró de los brazos ,del indigno agresor, y me ¡condujo á los de mi apiada madre., Carlo$, Y quiéqj.es? Julio. Es_ un sugem , que,, hará tem¬ blar á vuestro. padre , y á vos, si¬ no teneis juicio : uno ... Carlos- Su nombre ?, . celoso. Julio.. Nada menos que .el Goberna¬ dor Vprnero-c. Las doy. El. Gobernador? Carlos. Qué oigo, ciclos! Julio. Qué os habéis sorprehendido ? Os parece que con tal protector, pue¬ dan necesitar de vos? Mirad, mirad los prijueros. ensay.ps de su be¬ neficencia. El me espera para dar¬ me mucho mas,' y man ana..-. ..... Cardos,. Con verdad , Julio , es Ver¬ bero ? Julio. Ni aun de hurlas miento. Ver- ; ñero . .. Verriero. Carlos. Margajita, Luisa , con lo que v h e .-hecho os lie* vendido cruel mente. Julio. Pues, qué diublof hicisteis?
Verne. Y bien se ha marchado? Julio. Si sefion Verne. A su cuarto, 6 á el arresto? Julio. A) cuar.... no, no5 al arres¬ to.... mas vale mentir. Vente.. Y el conde ? Julio. Vuestro amigo ? se ha ido. Ver ríe. Ah ! él le habrá protegido. Julio. Señor , sosegaos. Ya es inútil.... A lo hecho pecho.... El nial.... Vane.' Yo le vengaré. Sale Conde. Tranquilizaos, amigo. Es indecoroso en vuestro carácter todo transporte de -ira. Vamos á vuestro cuarto. Es tiempo de invocar sobre vos mismo, la verdad y él cofl' sejo. Julio. Señor, con vuestro permiso. Verne. A Dios, buen hombre, vos ha¬ béis presenciado mi terror , verei* también mi venganza. lejos , conso¬ lad á vuestras amigas; y evitarlas • Ja pesadumbre que las ocasionaría este suceso. Julio. Así lo liaré, señor. Vas e ‘ Sale Germán. La cena está dispuesta- Conde. Venid, amigo. Verne. Qué apetito puedo tener? Conde. El que os adquirirá la verd»' dera amistad. ACTO TERCERO. Salón largo cíe un Hospital , con dos crujías de camas , una á cada lado', las dos camas primeras de cada crujía , deben ser practicables , y P u ~ diesen ser lo mismo las demas : pero no de prespecliva , y todas ocupadas con enfermos. En la primera cama de la izquierda , está Venancio sett* tudo sobre ella , y casi vestido, con su gorro y chinelas. En la cle laderecha , está Urbano , vestido del todo , sentado en la cama , y apoyado en un bastón. En la segunda cama de la derecha 5 habrá un enfenp dcostado: y otro en la de la izquierda. Farol en mecho de la sala , 4 ut se está apagando. Puerta al fu o por donde se hecen las salidas. Aparece el practicante paseándose por el medio de la sala. Venancio. ! 3 e ndito sea el Señor , que de qué os quejáis? me. concede ver el nuevo dia , oh Venan. Ay amigo, discurro sobre i* 1 ■ . pura y viva luz del sol! Cuándo males, y sobre ellos hago mis resplandecerás propicia para ni i faflexiones. müia y para mí, así como te vi Urbano Habéis pasado muy mala ^ en los dias de mi pasada felicidad? che : la tos os lia inquietado . Qnando ? ah ! jamas. ... jamas.. . . chísimo. Urbano. Qué tenéis, señor Venancio? Venan. No me ha dejado sosegar.-^ ¡
he visto en la precisión de levantarme casi desesperado. ''baño. Yo también Ja he pasado muy Illa la á causa de la gran sed: est°s perros no me lian dejado una gota de agua para consolarme. e,la n. És preciso tolerarlos son tanh’ t os los enfermos..... r kfno. Aunque fueran pocos sucede¬ ría lo mismo. Estos practicantes des¬ conocen la caridad, y entran aquí, tan solo, para aprender á desollar y ^enterrar. e nan. Sin embargo, he observado que tienen alguna consideración. rbaíl o. Debieran tenerla: respeto á que pago mi peseta diaria : pero na da. ... lo propio que sino paga- * a : me tratan como á los demas: y p a veces peor. ■ ^eticante. Que sucede ahi?' Se ha ar- ^ llla do ya la tertulia? desde el foro, p^n. Perdonad. rac Ucan. Gallen ustedes : no se os ca¬ jera la lengua. Si ustedes no tie¬ nen sueño, dejad á los demas que v duerman. Insolentes. . . . v r hano . Lo oís ? Que modo de esplicarse! En voz baja, ^nan. Tiene razón, es preciso ca- ■ llar. p n fertno primero. Un poco de agua. r uctican. El médico no quiere. Con aire insolente. Julio- A donde puedo. ' i Practican . No es esta hora de hacer visitas. Julio., Yo, tengo licencia para hacerlas á cualquier hora. Praptican. Pero.;.. . ... Julio. Pero .... pero .... Es preciso parte. el tener un poco de paciencia, y aguantarlo. Ah Venancio ! Se acerca , y le abraza . Venan. Julio mió! Tií á éstas, horás? Julio. Oh! si supierais, cuanto tiem-, po hace que estaba á la puerta del Hospital. . ... si supierais ..... to-. Alegre. mad .... tomad .... Le da un cucurucho. Venan. Y que' es esto? Julio. Caramelos de malvavisco para 1 * tos: os harán provecho. Venan. Ah Julio! c danto te ;debo ! te. incomodas demasiado por mí. Julio. Incomodarme? No juzguéis que es fineza mia esta. Mis caudales no me dan para que yo compre cara¬ melos. Si supierais que bolsa está; abierta para vos y vuestra familia.... si supierais. .. . Venan. Como? como? Urbano acer¬ caos , escuchad mis felicidades. ^ n fermo segundo. Me da vd. una ta- ^ Z a d e caldo? ^uctican. A su tiempo se os dará. n fernio segundo. Y cuándo llegará la p hora ? Etican. Silencio. Julio con alguna franqueza , quien Qe en un pañuelo caramelos , pasas ^ bizcocho s. El practicante le impide p entrar. rQ,c iican. A ddnde yais ? Urbano se acerca , que se había ido desde que Julio salió. Urbano. Felicidades? y podráis lograr¬ las ? Venan. Yo no sé. Julio me habla de consuelo , de felicidad. Julio. Y lo repito. El nuevo Gober¬ nador , ha tomado parte en vues¬ tros males , y ... . sabéis lo qué quiere decir un Gobernador ? y lo qué puede hacer? 3
Urbano. Quiere decir, un hombre de autoridad.... Julio. Nada de eso. Venan. Pqvo acaba de consolarme, dime.... Julio. Silencio, queaquí se acerca: :: Mira al foro. Venan. Quién ? Julio. El Gobernador. Urbano. AqWl?-. Sale por eb foro Vernero , con su le¬ vitón , de forma , que encubra el uni¬ forme que trae debajo : mira á ambosi lados : encuentra al-pasar al ¿ prac¬ ticante , le saluda , i y pasa. adelante: el practicante . le vuelve el-saludo}, y dice aparte. Practican.. Qué novedad ! tan tempra¬ no empiezan las visitas. Quién será fe&e : §eñtaf tan -hinchado ?. Esperemos á ver. Jiilio.- Señor. Saliéndole á recibir. Vernero O h! estáis aquí? Celebro os hayáis adelantado .... Y vuestras > amigas ? Desde está escena hasta> la peripecia, Vernero procurará ocultarse'< cuanto pue¬ da , con el pañuelo en la boca y y con todas sus acciones.. Julio. Tardarán: muy poco en venir.. Vernero.. Bien: Y á donde se halla el enferma l Julio. Allí está. Señalando. Vernero. Aquél ?' Qué aspecto tan ve¬ nerable ! Dios os guarde, señor Ve¬ nancio. Se acerca.. Venan. Señor.... Haciendo por levantarse. Vernero. No os incomodéis; vuestra situación os da derecho á no hacer cumplidos. Solo deseo que me cC ¡' nozcais. Miradme , haced memod* de mí. Venan. No me acuerdo. Después de mirarle. Vernero. No os acordáis del tenieiñ e Vernero, qué milité con vos las banderas del mariscal Benchild’ Verían. Verdad es: ahora caigo. Julio. Voto á.. . . y. yo tan borríc^ que se me ocultase que erais n 11 ' litar? Bien , que tengo disculpa : s0' lo os he visto deuoche, y sin in¬ signia alguna. Ahora os quiero i Vernero. Por qué ? Julio . Por qué? Pues hay mayor sr . tisfaccion entre los hombres, q ue la de poder decir “ Yo he & „puesto la vida por mi soberano,/ „por mi patria: he ganado una bafl' „dera: he escalado una muralla..» Pero yo no lie probado ese placer- Mi buen padre '• quiso que siguiese el comercio: hice,, por mf íátálidad, una quiebra considerable; aü “ sentéme de aquel pais, y vine 3 este á vender yesca y pajuelas. Vernero. Estáis contento ? Julio. Nada poseo, y estoy libre de afanes qné me atormenten. Ventero. Sois trias feliz que yo. Julio. Sí : pero_ Vernero.. Dejadme hablar con Vena»' ció.. Judio.. Pero en. pie. ... Si encontrar 3 una silla. Urbano. Tomad esta. Desde su cama , que se retiró desd 6 que Ventró ernero. Julio. Sí, sí.. .. Con franqueé Vernero. No os incomodéis por A Urbano. Urbano. Nada , nada , tomad, • A Julio.
falto. Acercaos, - y probareis la deli¬ cia de ver á un hombre de bien. Practican. A donde lleváis esa silla? Con altivez. Julio. Es p ara que se siente aquel ca¬ ballero. Practican. Que se esté en pie. No es necesario para hablar sentarse. uho. Yo después la volveré á su lu- u °tican. No quiero ,que se altere la simetría del Hospital, c Voto á. . .. qqe estoy tentado Aparte. Por romperle la simetría en los cas¬ aos. er nero. No, no: Julio, déjala en su j Puesto. v^Q. ,Yo quiero que os sentéis. jl'uetican. Pero. . . . Señor practicante , juicio , y se- ¿ ^ mejor para vos. Etican. Hu.... hu. . .. hu...« Se retira gruñendo. Ernero. Y son tan indiscretos en es- ^.te Hospital? r batio. Ay señor! si supierais que gente hay aquí dentro ! ?nan. Dejad ahora eso, Urbano, y no ^e retardéis el gusto de conocer ll na persona, de la que habia per¬ dido la imágen. Válgame Dios! Y cuanto tiempo hace que no nos ve¬ nios. Pero estáis jo'ven robusto; y e rnero. No desmayéis, ni perdáis . la ^esperanza de. rec#l)|p.r, ¿sipo la jtiv eutud , al menos la jovialidad , que es el mejor bálsamo de la vida. Yo también tengo mis afanes, y el pues- *° á que hace un mes me han eler v ado mis cortos talentos , me los au¬ mentan .... pero dejemos esto, y y aiuos al motivo de mi venida, que es lo que mas interesa. Como ; os va en vuestra enfermedad ? De qué naturaleza es ? Vman. Una tenaz tos, y una conti¬ nua calenturilla, eran los indicios mas seguros de mi decaimiento : pe- . ro .ahora. ... Ternero. Qué ? ; Venan. De dos dias á esta parte, me parece que tengo alguna me- . joría. Urbano. No será posible restablecerse, mientras se mantenga en este se¬ pulcro. Ternero. Falta la cura , y el cuida¬ do ? Urbano. Para destruir á un enfermo, todo sobra; pero para restablecerle, otra cosa se necesita que la cura y el cuidado de un Hospital. Ternero. Pero cpmo, en un parage .don¬ de se hace profesión de cuidar á los enfermos. . . . Urbano. Los matan mas pronto .... Oidme. En esta crujía hay treinta camas , en la de enfrente, otras . tantas , y asimismo en las demas sa- . las. En cada cpma hay un enfer¬ mo: el uno está asmático, el otro aploplético , aquel hidrópico , este cránico , y el de mas allá tísico, &c. Viene el médico por la mañana, ha- . ce su visita, toma los pulsos, y sin .detenerse ,á observar, receta; da s’us ., órdenes, se . ya,, ,y ¡ no vqelve, hasta el dia siguiente. Él boticario poco después pasa con las medicinas,. y entrega á cada uno, la dosis de bebida, de píldpras, &c.: sin nie¬ lemos ahora, en las veces , que ó por no mirar bien la libreta, á . ; por otras, causas, equivoca las por¬ ciones , y da á uno, lo que suele servirles de mas perjuicio. Y regu¬ larmente pagan los enfermos sus jue¬ gos y distracciones : no . ha muchos dias, que en esta misma sala, iba el remedios mayores leyendo la li-
bretá, y el boticario distribuyen¬ do k médicma , y se divéitkul á espensas nuestras; empezó su lec¬ tura en esta forma : número r.% emulsión nitrada con el jarabe pec¬ toral : número 2° , dieta: núihero 3. 0 , media , y chocolate : nú¬ mero 4. 0 , cantáridas ; se ha muer¬ te» f(dijo el practicante) y el otro respondió, echárselas al 5. 0 ; figu¬ raos como se pondría el que ocu¬ paba la cania, contra el tal señor. En seguida viene el aprendiz de cirujano : á este sangra : desuella - : al i ; ótro> emplasta las -llagas á aquel} y hasta la vista. Queda el enfermo á cargo del practicante , que mas cuida de jugar á los naipes, ó de cortejar, que de asistir á su sala. Este , y el marmitón, después que suministra él caldo, la sopa, el pe¬ dazo de cuero cocido ; y tal vez por rara casualidad , dos • dedos dé vino • muy' aguado', vá á comer con el asistente , el enfermero y cocinero, hítenos capones, y ternera muy' ri¬ ca , cebada con las rentas del mis- ‘ nío . Hospital. Decidme ,' pues , en¬ tre éstas gentes, cómo queréis que se restablezca un pobre enfermo ? El se muere de hambre , de sed, de agonía , del mal olor, y aun tieñe mucha dicha, si la naturale¬ za le favorece, y le ayuda á sa¬ lir pfohft) de entre estos -demonios: ó bien curando, ó bien dejando el pellejo. Si un enfermo en una casa particular necesita dos personas que le asistan, cómo una sola podrá ciunplir con sesenta? Venan. Ah! Urbano, calíais? Urbitno. Ya sabeiís cjué no puedo ca¬ llar. Julio. Hacéis bien , hablad siempre que digáis la verdad. Lo que me¬ rece .castigo', se debe siempre de¬ clarar, y aquí tenéis quien lo hará. Vernero. No-, ^no, Julio , no os pro¬ metáis tanto. No descuidaré el s°' corro de mis semejantes : pero es W so negado, querer corregir todos l ot abusos. El mundo .... Practican. Silencio , señores. Julio. Qué querrá ese aprendiz de in 3 ' - tador ? Vernero. Vendrá el médico. Urbano. En efecto, viene. Salen por la puerta del foro el tn¿' dico j y un practicante con el tinte ? 0 y la libreta: se reúne el practicad que estaba en la escena á la visité y empieza por la primera carnet) Urbano. Dejadme ir á mi cama. Vernero. Yo también me retiro á est* lado. Vernero se retira , cubriéndose cuati 0 pueda , á la punta del tablado. Médico. No puede vivir, os digo : dis' Primera • cama. ponedle para la muerte. El practicante escribe. Julio. Sentencia difinitiva, y sin apC' lacion. Médico. La calentura ha repetido: ve- Segunda cama. remos como termina. Julio. Eso es darle largas. Medico. Sangría : está riíuy encendió 0. Tercera cama. Julio. Sí: que los refrescos valen ca * ■ I r0 ^ r/l J Itl ,213 ¡Í V o , ■ Médico. La acdstumbrada decocci^ 11 ' Citaría bártlh. ■ < ,;IM • aumentándose algo la dósis sudo#' fera. Julio. Eso es repetir, por si pega* Médico. Este es preciso que coin e * Quinta cama. * desorden.
21 Practican; Por nuestra parte no : se¬ guramente , á no ser por la de su hermano que le visita. Médico. Ustedes no tienen cuidado : si llega á morirse, la culpa la teudrá el medico. djdio. Como regularmente es la ver¬ dad : pero bueno eá lavarse las manos como Pilatos. Médico. Un vomitivo. Ola! os habéis Sexta cama. levantado. A Urbano. Urbano. No puedo estar en la camaj e l asma me atormenta. Médico. No sé qué hacer ya. Ella os acompañará al sepulcro. ybano. Gracias por el aviso. duli 0 . Ahora es ello. Se retira un poco. Médico. Tampoco hoy teneis calentu- ^espiies de pulsarle á Venancio. .h. Alta. uenan. Señor doctor : :: Médico. Qué queréis ? P*man. Discurrís que la fiebre me haya dejado por largo tiem¬ po? Yo concibo por mi gran de¬ bilidad , que no ha hecho sino tina breve tregua conmigo. Permitidme algún dia mas. Médico. No puedo. El enfermo sin ca¬ lentura , debe salirse. renan. Y la convalecencia. Médico. Hacedla en vuestra casa. ferian. Dios mió! ignoráis acaso mi infeliz estado? Médico. Eso nada me importa. Infe¬ liz ? si lo que yo se' lo refiriera, qs. haría poco honor. ^ estas palabras todos se comueven é interesan. ^í nan ~ Pdco honor? Médico. Ea , idos : vuestra hija , que bajo el pretesto de la pobreza pros¬ tituye su hermosura , y promueve desafios entre, sus pretendientes, os procurará una escelente convalecen¬ cia. Venan. Dios mió, qué es lo que oigo Se deja caer sobre la cama. Vernero. Señor doctor, esperad. Médico. Q u é queréis? Vernero. Que me informéis sobre lo que habéis dicho á ese infeliz. Médico. Quién sois vos, para ecsigir informe ? Vernero. Un hombre de bien, que ali¬ menta en su pecho, sentimientos • muy diversos de los vuestros. Médico. Ya, ya os entiendo. Vos sin. Con ironía duda sereis el protector de aquellas inocentes. Vernero. Doctor. . . ! Con nervio » Médico. Mas seáis lo que quisiereis, yo debo atender á mi visita , y no á vuestro entusiasmo; ni este es lu¬ gar para informafós de lo qtle dije: Vernero. Pues bien: lo será delante dél Gobernador Vernero: en su tri¬ bunal os aguardo para confirma? vuestras espresiones. Médico. Vaya, vaya j él es loco. Le vuelve la espalda , y sigue la vi* sita. Julio. Quién es loco, quién? Con entusiasmo. Vernero. Tranquilizaos. I)¿teniéndole. Julio. Voto al diablo. Furioso . Vernero. Aquietaos, y procuremos alen¬ tar á este infeliz: Venancio? Venan. Lo oísteis , señor ? Vernero. Y quién hace caso de las voceé’ .de un imprudente , en cuya faz se manifiesta claramente la ba-
jeza y la impostura ?,rNo deis cré¬ dito á unas voces falsas. Venan. Y podre' creerlas tal? Él ha hablado de desafio.... Vernero. Ha hablado como un hom¬ bre de pérfido corazón, de inicuos principios, y peor educación. Médico y practicante están en el foro. Médico, Sí, sí: él será hombre de bien , añadiéndoos la seducción. Vernero. Doctor , no trato de contes¬ taros : os espero ante el tribunal de Vernero. Médico, de Vernero i A Dios. . . . Viva el protector. vs. y lospracticantes. Julio. Y sufrís tal insolencia ? Vernero. Tales hombres' no me pue¬ den ofender. Ya le cité donde da¬ rá razón de sus imposturas : allí . quedara ■ confundido y castigado de¬ lante de la verdad. Sale Luisa. Está¡ levantado! Y Margarita al foro, Vernero. Ellas son. Murga. Ah esposo! á un tiempo , Luisa. Ah padre ! y se Venan. Hija, esposa! abrazan. Julio. Margarita! Luisa! Qué bello cuadrfy A Vernero que se retiró. Vernero. Yo no gusto de estos bellos / placeres en .el mundo. ap. Marga. Pór qué te has levantado ? Luisa. Instáis mejor ? Venan. Él médico dice, no tengo ya calentura pero mi debilidad es es¬ trenada. Julio. Y Jgrjpéor es j ¡ qu.e r . no .quiere que. pasé aquí su convalecencia. Luisa. Y, por qué? Julio. Oh! bueno! Porque así lo ten¬ drá dispuesto y concertado, con .su f . . Viyensi. Son lobos de una ,^pm^da, y no se muerden por mas . que se gruñan. Sale, por el foro el practicante, c ° n un vaso y dos jar ritos , que fg ll! ' en ser de medicina , y aguas cocidas, l°f que deja en varias camas , y se di' rije á su tiempo, con el vaso, a la de Urbano. Practican. Esta tertulia la acabaré y 0, Julio. Qué dccis ? Practican. Nada.... tomad, á Urbano < Urbano. Qué es esto ? Practican. El acostumbrado jarabe» Urbano. No le quiero. Practican. Y por qué? Urbano. Porque el médico me ha cfi' cho que he de morir de este mal? y siendo así, que debemos creer? y aun apoyar sus desaciertos, pues son oráculos de las vidas, no quie' ro ni roas jarabes., ni mas medici' ñas. Practican. No : obstante, con estas drO' gas, puede.... Julio. Tomadlo, amigo, y tened en¬ tendido , que. los malos médicos, Y los albañiles remendones, lleyan un . ..propio camino: todo se vuelve echar ... remiendos al humano ediíicip y ta que á fuerza de su ignorancia, da en el suelo: tomad , por via de remiendo esta droga. Urbano. Buena cosa: grama, en \eí de: zarzaparrilla. Practican. Si no estuvierais enfer¬ mo. ... Urbano.... Qué, me . desafiaríais ? Practican. Yo? Dios me guarde. Eso se queda para los enamorados ; q u e promueven desafíos por sus jo/en es: v.. g. como esa niña. .. t , v ; q¡. # Venan. Señor practicante, qqé habcí 5 dicho? Practican, Yo no se nada. El médir co me lo ha contado. vaso- Julio. Ah infame doctor! Vernero. Venancio, no liagajs aprecia Se acergq.
Marga. Oh señor. Saludándole. Luisa. Mi bienhechor! Idem, ternero. No os sorprehendais, ni ha^ gais demostración alguna, que rae descubra hasta su tiempo. Salen Vivensi y practicante al foro.. que una cama que debe sirvir pa¬ ra otro, este' ocupada inútilmente. Venan. Pero mis fuerzas. . . . Vivensi. El tiempo, y el egercicio, os las harán recobrar. Marga. Y mas que todo, los socor¬ ros de su beneficencia. ivensi. Quien son aquellas mugeres, practicante? i'uctican ; No las conoce, vd. ? La muw^ er é hija de aquel mendigo.- ivensi. -Ellas son. ■ üfisa. ’&y cielos! Vivensi. mirándolo. \f r nero. Él es. i Se cubre, y retira. JL nan . A qué vendrá ahora? ** ar ga . No temas. Yo sabré responderle. fho. Ademas, aquí estoy yo. jf bono. Aquí tenemos el otro asesino. ivensi. Ya os he mandado avisar por re petidas veces con el asistente, que Cs ta no es hora de visitar enfermos; Pero vosotras abusáis de mi tolfe- *ancia. Quisiera que roe entendie¬ seis, sin obligarme á segunda de¬ claración. Marga. Demasiado entendido estáis. Quisierais que nos marchásemos de aquí. Vivensi. Así es: y principalmente en e l tiempo crítico que está destina-- do para la limpieza del Hospital! "larga. Veo vuestra mucha razón, per ° estad seguro, de que á no ha¬ ber sido tan urgente el motivo que a quí nos condujo, hubiéramos res¬ petado vuestra orden. Volveremos . oras .tarde: ivensi. Escusaos de esa molestia. p; ar ga. Por qué? ivensi. Porque esta tarde, ó á mas fardar mañana, vuestro marido se . lr á á su casa. p, etl an. Como ! así tan débil ? ivensi. El médico me ha asegurado, que hace dos dias os falta la ca¬ lentura ; y yo no puedo consentir, Con ironía. Vivensi. Margarita í Con fuerza , y terrible mirada. Marga. De qué sirven esas horriblbs miradas ? Acáso ellas me coharta¬ rán la facultad para deciros, que la prisa que teneis de que salga de aquí mi esposo , procede sola¬ mente de seros inaguantable la viéta , de un continuo acusador de vuestra insensibilidad ? Vivensi.. Yo. no tengoremordimientos para temer acusaciones, y si aáí fuera, no le Rubiera, admitido- en el Hospital.. Marga.. Pués dependíasu. admisión devos ? ’Laprecisión os obligó á ello, ’ que á no ser así, le hubierais'echa¬ do de estos muros , como lo ha¬ béis egeculado conmigo- y mi hija muchas veces, de los umbrales de' vuestra casa. Julio. Esto se. llama claridad y ver¬ dad. Venan. Sosiégate Margarita.. Luisa. Aquietaos, madre miá.. Vivensi. No os alteréis, y mas; val¬ drá que salgáis del Hospital, y guardéis á vuestra, hija de las som- • bras de la noche, entre las que en ellas cree quedansepultadas sus li¬ viandades. Luisai Ah bárbaro! Con fuerza. Vivensi. No os propaséis; Este no es parage para inútiles gritos, Respe¬ tad .... Luisa. Respetaré yo , hombre cruel,.
24 lo que vos mismo hacéis abomina¬ ble con vuestras indignas proposi¬ ciones? Ante todo el Universo le¬ vantare" mis quejas pidiendo justi¬ cia, del agravio que me hacéis? Co¬ mo calumniáis de esa suerte la ino¬ tas , que han venido aquí para in ¬ sultarme. Médico. Y que" podéis esperar de quien ha ocasionado á noche á vuestro hi¬ jo un desafío. Vivensi. Cdmo! cencía, á fin de justificar vuestra propia crueldad? Es esta, pues, la condición del pobre que esconde su rubor en las sombras de la noche, y alarga la mano , implorando la piedad y el socorro, y halla en su lugar la insidia ó la calumnia mas atroz y detestable? Ah madre! Por qué si había de pasar por esta afren¬ ta , no me ahogaste en vuestro se¬ no , antes de que naciera? por qué? Ah Dios inio! Dios supremo , qué horror me cubre el corazón! Cuán bárbaro y feroz ha sido para mí es¬ te golpe inesperado ! Ah madre inia, yo fallezco . . . , Cae desmayada sobre Margarita. Marga. Ay hija mia! Venan. Hija. . . ! Julio. Pronto, pronto, un. . . . Urbano. Qué queréis^ Julio. Pronto, un poco de agua un es¬ píritu. ... Urbano. Espíritu aquí ? Aunque os mu¬ rierais , y en él consistiera vuestro vivir , no se encontraría. Julio. Yo le hallaré. ... Ah bri. . . . A Vivensi. Médico. Pues, qué no sabéis que Car- 1 los ha reñido con otro , por la her¬ mosura de vuestra sobrina? Vivensi. Justo Dios ! Alto- Médico. Tranquilizaos, no os alboro¬ téis. Vivensi. Ah mugeres inicuas ! teneií mas ardides para disfrazar vuestros delitos. Marga. Hija. Vuelve Luisa en sí « Venan. Dejadnos, Vivensi. Julio. Vaya , y contra quién ? Vivensi. Contra todos, indignos, con¬ tra todos : eres tií su defensor ? su ... . Julio. Sírvase vd.. (si gusta) de no ultrajarme; pues de lo contrario? os encajo en la cabeza, cuanto tras¬ to me venga á la , mano. Vivensi. Amenazas á mí ? Praeticanr tes? Practican. Señor ? Vivensi. Echad al momento á tod° s esos pérfidos á la calle. Médico. Pero señor. ... Vivensi. A nadie oigo. Que salgan esos indignos, que han seducido n mi hijo. Médico. Tranquilizaos, pues de n o, os citarán , como á mí, ante tribunal de Vernero. ; Vivensi. Y quien, será el atrevido. Estáis contento ahora, que la ha- Vernero. Yo : que os he visto y oid» beis ocasionado un deliquio. con horror. Vivensi. Eso es fingimiento. Yéndose. Julio. Fingimiento? voto al diablo. Se descubre , y adelante. Sale el médico por el foro , y habla con Vivensi. Médico. Amigo, con quién altercáis? Vivensi. Con mis dignísimas parien- Julio. Gracias á Dios que llego" la h°" ra! ah Vivensi. Señor Gobernador ? V. S. aq ü * Reportado.
^dico. Infeliz--de ¡mí ! Que este es ^.Vernero. ap. Artero. El conocerme aquí, de nasirve; no es la persona la que asustar al hombre criminal, el verdadero conociiñiento de su de hto. Aunque ..no fuera yo Verel horror' que me ocasionó Al médico. Muestro .indigno proceder, me conshtuiria vuestro irreconciliable acu¬ sador. Imaginaos , pues, qué será * u e l instante., en que se manir leste la verdad delante de la ley: J iterado perfectamente de vues- ‘ carácter, me manifieste vues- . r o juez. Aquel, sí, aquel será el 'litante en que tembléis , no de Vernero, sí de la humanidad ul- ! ra jada; del honor agraviado, y de a integridad violada. Contra vosoj ° s clamarán , el amor social , la 5 el publico, y el privado bien. Justicia os espera dentro de dos en mi tribunal, y os enseñaá respetar este nombre. I* e dico . Pero , señor, vos. . . . Artero. Julio, id á buscar una silla de mano, para trasladar á Venanf ¡do á mi casa. , i0 - Al momento. Allí nos veremos as caras j señores. Fase. V’ücnsi. Y queréis qne salga. . . . Vernero. No lo queríais voá. ? Vivensi. Perdonad un primer movi¬ miento : : : : la noticia de un hi¬ jo : Vernero. \ ivensi, no os contradigáis.... “Yenáneio' está > sin calentura : no „dcbe ocupar una cama, que puede „servir para otro enfermo.” Sobran¬ tes camas bay en mi casa, y pue¬ do sacrificar una de ellas , á la pie¬ dad y á la ternura. Venan. Ah señor ? , Marga. Hombre singular! Ideando- Luisa. Hombre benéfico! Vernero. Infelices objetos, quién no lo será para vosotros, sino el mas cruel de los mortales? Sale Julio. Señor, está pronta la si¬ lla de manos. Vernero. Venancio , apoyaos de mí. Julio. Yo, yo le ayudaré. Vernero. No Julio ; no rne privéis del puro placer que se esperimenta en asistir á su prógimo. Jamas be sos¬ tenido peso mas dulce. Solo las al¬ mas insensibles, pueden rehusarlo. Marga. Ah esposo ! Luisa. Padre mió! Urbano. Esto me ha sorprehendido. Julio. Sabéis por que' ? Porque raras reces sucede. ACTO CUARTO. ^°n corto : tres puertas al joro: ia ae en medio es,la de las salidas , ^ Esotras dos 9 de los gabinetes de Curios y Enique. Germán aparece. des nos han venido! Pero quién en¬ tra ? Sale Conde. Germán , dónde está el señor .Gobernador. Germ. En su gabinete. Y"a queda todo corriente, y Hie¡ a mo se está acabando de vestir, ** ■ debe acudir al tribunal en esnfisma mañana. Qué de huéspe- 4
32- S Julio. Éso está por ver. a p. Ternero. 'Muy bien : escelente deseo, si pudiera realizarse. Pero me pare¬ ce muy necesario, que por algún tiempo , vayáis á egcrcer vuestra fa¬ cultad , á uno de los presidiosde nuestros cantones: donde aprende- "reisdiferente método de visitar , y de 'reflexionar sobre las diversas enfer¬ medades de los pobres, que tengan la desgracia de caer en vuestras manos. iMédico . La conducta de un médico, no puede ser vindicada. 'Verñero. Qué ley manda eso ? Re¬ sidirá en vuestro desconcertado meo¬ llo, ó en los aforismos de hipdcrates. Infeliz, no os estremecen los ayes de los moribundos, que por vues¬ tra inercia , ó desidia , espiran, de¬ jando á sus familias la indigencia, r y orfandad por patrimonio ? Eh! Huid de mi vista, y cumplid mi drden , porgue me estremezco al vetos. ■ ■ Vase médico. Julio. No hay' peste mas devoradora, ' que los malos médicos. ap. Vivensi. Qué prepotencia ! ap. Vernero. ¿eííor capitán, escuso de hacer á vd. cargos militares: vuestra heri¬ da , ya se sabe de que dimana. La adquiristeis por sorprehender á esta joven, en el tiempo crítico que os ' ‘hallabais de guardia en el principal, de lo que se deduce hicisteis un for¬ mal abandono. No ignoráis la pena que merece t^l delito,- é ínterin la Impone el consejo de guerra,-manda¬ do por S. M. I., os mantendréis ar¬ restado en la gran guardia , sin acor¬ daros de vuestro padre; pues hombre que así atropella los deberes de la humanidad, á nadie pertenece. Carlos. Señor, si la amistad. . . . Vernero. No se-os lia llamado aquí para ¿ su defensor. Enriq ■ Si mi arrepentimiento. . . . Vernero. En cuanto se cumpla Ja pena q«e mereceis, estaréis más arrepen¬ tido: marchad. Vs. Enrique. Julio. Caramba! Ni aun su hijo le me¬ rece indulgencia. ap> Vernero. Y bien, caballero Vivensi, qu¿ os parecen mis decisiones , acerca de las ocurrencias de esta mañana? Vivensi. No es de mi inspección, el criticar los agenos pareceres., poro, pues, os dignáis preguntarme, diré que me parecen tales tallos, violentos. Vernero. Mas violentas me son las in¬ famias que cometen los hombres or- I gullosos, con los infelices: pero de- I jando esto pará después, decidme: qué motivos teneis para no reconocer por parientes al señor Venancio, y su fa¬ milia ? Vivensi. Las gentes qúe se prostituyen ¡ á la mendicidad, y í los delitos , í \ nadie pertenecen. Venan. Como habíais? Vernero. Callad: que yo debo contes¬ tarle. Si vuestra humanidad leí ! hubiera dado los ausilios debidos, se hubieran escusado de mendigó* Quién le quito' el empleo que antes obtenía, á Venancio? Vivensi. Su insuficiencia. Vernero. Vuestra iniquidad: pues fuisj teis el primero á follar contra vuestra propia sangre. Todo lo sé, piles de - todo me han enterado. Vivensi. También sé yo, que toda esa familia conspira contra mí, por lo¬ grar que mi hijo se una á esa hipó¬ crita. Vernero. Refrenad los ’ insultos, y ad¬ vertid, que soy yo quien defiende (porque lo merece) á vuestra so¬ brina. ' Vivensi. Pues ya que n* me queda ot& recurso, me valdré de la autoridad de un padre , 'é impediré tal unión* Vernero. Vuestro hijo es de la patria* esta pertenece: ai Emperador, y S. N' por mí, le concede lo que vos { ■ negáis.
Pivensi. Esto ya es demasiado. Si tai hace ese hijo desconocido, mi maldi : : ; : - ternero. Qué pronunciáis , sacrilego ? Pues bien: ya qne no os conven¬ cen las razones, hágalo la violen¬ cia* Vuestros delitos merecen un •norme castigo , usurpador de las lentas de beneficencia. Las repeti¬ das quejas de los enfermos, y ha¬ ber yo presenciado vuestro vil ma¬ dejo . os hacen acreedor á mi in¬ dignación. Desde este momento, que¬ dáis desposeído de vuestro empleo: Nuestros bienes responderán según ley, de cuanto resulte contra *os: y mientras rendís ecsactas cuen¬ tas , estaréis arrestado en la sala de privilegio. *<irlos. La naturaleza y la sangre, me . impelen á suplicaros por mi padre. rne.ro . La razón y la justicia me obli¬ gan á desatender vuestras suplicas. *ivensi . De nadie neeesito indulgen¬ cia. * entero. Nadie tampoco os la conce¬ derá. Marchad. Vs. Vivensi. Julio. Demasiado bien ha escapado, por 1 q picaro que ha sido. ap. ternero. Ya he dado el castigo á la maldad > resta premiar la virtud. Vos, Venancio , procurareis resta¬ bleceros í mi costa, y así que lo 33 consigáis, desempeñareis la admi¬ nistración del Hospital. Venan . Señor. . . » Las dos. Nuestra gratitud. . . . Vernero . Vos, Carlos , cumplid vues* tros deberes ecsactamente , é ínte¬ rin pido al Soberano el competente permiso, para uniros á esta jdven, permaneceréis en mi compañía , en clase de secretario militar. Julio. Ble alegro. Vernero. Loables ciudadanos, ya ha¬ béis visto mis primeras decisiones. Me constan vuestros atrasos, y la miseria en que estáis. Si consigo ve¬ rificar mis proyectos, os recogeréis en el nuevo Hospicio, y cada cual con sus labores, será útil al estado, y á sí propio; y eyitareis la pre¬ cisión de mendigar. Interin llega es¬ te dia, mis rentas las emplearé en vuestra manutención. Julio. Viva el padre de la patria. Vernero. Julio, vuestra tranquilidad que¬ da á mi cargo:y os anuncio desde aho¬ ra , que debeis ser la piedra fun¬ damental, de la obra consagrada á la fraternidad. Julio. JEstoy siempre á vuestras orde¬ nes : hombres honrados, este pre¬ mio tiene la virtud. Vernero. Orgullosos, este fia tiene la soberbia. FIN.