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TEXTO Y FOTOGRAFÍAS DE María de la Paz Pedrero González EN PORTADA Las fronteras de la realidad Andalucía se ha convertido en el nuevo hogar de muchos refugiados que buscan una vida digna. El camino no es fácil y el destino está lleno de incógnitas. La realidad a la que se enfrentan aquí también está llena de barreras.
LAS FRONTERAS DE LA REALIDAD REFUGIADOS EN ANDALUCÍA Diffang Eyong Andrew tiene 27 años y hace 14 meses que huyó de su país, Camerún. Tan solo lleva en Andalucía un mes por lo que el camino hasta llegar aquí, como el de la mayoría de refugiados, no ha sido fácil. Tuvo que huir para salvarse, primero a países vecinos y luego a España tras arriesgar su vida en el mar. Afrontar la realidad y tener que dejar a su familia allí fue difícil pero sobrevivir era más importante. “Estoy aquí solo porque los motivos son personales, yo allí no tenía seguridad. Me duele estar lejos de mi familia pero ellos están bien en Camerún porque no tenían los mismos problemas con el gobierno que yo, problemas que me impedían tener una vida tranquila”. El motivo principal de su huida es el conflicto político que existe en su país. Camerún es un país con un problema anglófono, como le dicen allí, una cuestión de naturaleza social y política que parte de la coexistencia en un mismo país de legados coloniales muy distintos: el británico, por una parte, y el francés, por otra. Se atribuye el origen de ello a la Conferencia Constituyente de Foumban (1961). El problema anglófono tiene cada vez mayor predominio sobre la agenda política de Camerún, que conlleva actos de protesta, huelgas y encendidas polémicas que reclaman la instauración del federalismo o directamente la secesión de los anglófonos. La incapacidad por parte del país de abordar el problema pone en peligro el proyecto nacional camerunés de unificar a ambas comunidades. Y a su vez, hace que muchos de sus habitantes se vean obligados a dejar el país por sentirse amenazados y maltratados por el gobierno de la región en la que se encuentren. Este es el caso de Diffang, que explica: “El gobierno no trata bien a las personas. En mi país hay dos culturas diferentes, dos lenguas diferentes, inglés y francés. Yo soy de legado británico y el gobierno de ahora es francés y nos tratan mal. Además, estamos en minoría y poco podemos hacer”. Por lo que respecta a la situación de los derechos humanos en Camerún, el Gobierno ha sido acusado de cometer y encubrir importantes abusos. Según organizaciones de derechos humanos, las fuerzas de seguridad han sido responsables de perpetrar asesinatos y de practicar torturas y otros abusos a personas detenidas o presas. Además, dichas fuerzas también han continuado realizando arrestos arbitrarios de políticos de la oposición, activistas de los derechos humanos y otros ciudadanos, sin que se haya juzgado a ningún responsable de estos hechos. Durante todos estos años, el Gobierno también se ha caracterizado por imponer importantes límites a la libertad de reunión y asociación, así como de expresión y prensa. La violencia y la discriminación contra las mujeres y los Pigmeos, la discriminación social contra determinados grupos religiosos y étnicos, o la explotación y la esclavitud infantil, son otros de los principales problemas. “Venimos a España para tener una vida mejor, para estar en un país donde se respetan las leyes y los derechos de cada ser humano, donde podamos estar protegidos. Yo allí vivía con el miedo de ser maltratado continuamente e incluso con el de un día acabar asesinado. Aunque el camino haya sido duro, tomé la decisión correcta y sé que tengo que aceptar en la vida lo que me venga y seguir adelante”, explica el joven camerunés. Diffan Eyong, que estaba decidido a dejar su país, sabía que empezar una nueva vida iba a ser complicado. Para él, fue el destino de Dios acabar en España, no tenía ningún país fijado en mente al abandonar su casa, simplemente la intención de sobrevivir y la esperanza algún día de regresar. “He pasado por muchos países. Primero estuve en Nigeria, después en Níger, Auroville, Marruecos y actualmente en España. En cada uno de ellos no me trataron muy bien, sobre todo las autoridades de Ceuta pero cuando sales de tu país tienes que respetar todo lo que viene contigo, cada piedra del camino”, confiesa. El viaje de un refugiado se podría definir como una tragedia, pero finalmente Diffang llega en el mes de abril al Centro de Acogida de Refugiados (CAR), que se encuentra en Sevilla y en el que dice ha recibido las ayudas más importantes. “Tener un lugar para dormir, comida cada día y clases de español hace que puedas sentir que tienes una vida normal. Me tratan muy bien, son muy buenas personas y si tienes algún problema están ahí para ayudarte”, cuenta Diffang respecto al centro. En este centro, pasa su día a día aprendiendo español, aunque ya se maneja bastante bien gracias al ímpetu que pone en ello ya que considera que dominar el idioma es una gran ventaja de cara al futuro. Y es que para él, la principal dificultad es hablar con la gente en público. “Muchas veces tengo miedo de hablar con personas porque no sé si me comunico bien, no sé si me explico correctamente y me frustra no hacerlo bien. Es un gran problema”, explica con tono preocupado. Welcome Refugees es el eslogan más repetido en pancartas, grafitis y redes sociales desde que empezó la crisis de refugiados. Hace más de dos años que Madrid colgó en la sede de su Ayuntamiento un cártel enorme con esas dos DIFFAN EYONG: “AUNQUE EL CAMINO HAYASIDO DURO, TOMÉ LA DECISIÓN CORRECTA Y SÉ QUE TENGO QUE ACEPTAR EN LA VIDA LO QUE ME VENGA Y SEGUIR ADELANTE” PÁGINA ANTERIOR Welcome Refugees PÁGINA SIGUIENTE Refugio 3
palabras. Hace más de dos años que el gobierno se comprometió a acoger 17.387 personas. A día de hoy solo hemos acogido el 7,5 %, ¿Por qué? Luis Vargas, coordinador general de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía explica que “una parte del presupuesto para la acogida de personas solicitantes de asilo en nuestro país lo pone la Unión Europea que es la que marca las directrices, pero otra parte la pone el Estado Español.” Y añade: “España no cumple el cupo, pero también es cierto que sería un serio problema para el país que viniera un aluvión de personas precisando residencia y se les diera, porque podría poner en riesgo el sistema de protección social. Por eso yo creo que Europa se está equivocando con el tratamiento que está haciendo de los flujos migratorios, está echando mucho dinero en la protección de la frontera, en la vigilancia de éstas y en la expulsión de estas personas que entran de manera irregular”. A pesar de que el refugio es un derecho, la situación no cambia. Por su parte, Cristian Bohórquez, responsable del Área Asistencial-Residencial del CAR en Sevilla, añade que “hay 6.500 plazas de acogida ahora mismo en España para personas refugiadas”. También habla de los cambios que se han producido al respecto: “hemos pasado de 2.500 solicitudes en 2012 a 31.700 en 2018. En 5 años se ha multiplicado por mucho. El cupo no se está cumpliendo. De todas formas estamos hablando de una cifra que puede hacer peligrar el sistema de acogida, es decir, en Italia el año pasado hubo 200.000 solicitudes de asilo y en países nórdicos, recibían 80.000 y se han visto desbordados. Ahora mismo, si las cifras se mantienen, nosotros estamos bien. Esperemos que la cosa no vaya a demasiado y nos quedemos en estos números, que son proporcionales para un país como nosotros”. Según datos del Ministerio del Interior son 1.141 los refugiados que han llegado hasta la fecha a la comunidad andaluza, de los cuales 532 se encuentran en Sevilla, repartidos entre los principales centros de acogida. En la Convención de Ginebra de 1951 se definió que un refugiado es una persona que "debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opinión política se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país". LLeva pasando durante toda la historia, pero esta crisis es dferente porque en mayor o menor medida, sigue siendo mediática. La actual crisis de refugiados solo es comparable con la acontecida durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando se llevan a cabo tales comparaciones, las reflexiones pertinentes van encaminadas hacia la siguiente pregunta: ¿Por qué se repite la historia? Las crisis sociales que se producen a nivel mundial están claramente condicionadas por la situación política y económica. Pierre Gramegna, ministro luxemburgués, en REFUGIADOS EN ANDALUCÍA 4
cuyo país se ejerce la presidencia semestral del Consejo Europeo, afirmó en una conferencia tras una reunión con sus homólogos de la UE hace dos años que esta crisis de refugiados “está teniendo un impacto en el presupuesto de la UE así como en los presupuestos nacionales". Las implicaciones económicas y políticas que supone una crisis de tales dimensiones son desmesuradas. Los países deben actuar de forma precipitada. El coordinador general de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía, Luis Vargas cuenta que “la Unión Europea cuando detecta que hay países que están haciéndose los remolones a la hora de proporcionar el asilo y refugio, les amenaza con sanciones económicas. Un ejemplo son países como Hungría o Polonia, que claramente están diciendo que no quieren allí a refugiados”. Miles de familias aporrean las puertas de Europa a cada segundo de forma insistente, con un solo fin: la supervivencia. Una mala decisión, una errónea forma de actuar, puede costar la vida de cientos de personas. La presión es muy elevada, y bajo esta premisa no se piensa igual. La profesionalidad de las figuras políticas y económicas destacadas se pone más de manifiesto que nunca. Respecto a España, Cristian Bohórquez explica cómo el asunto del cupo de refugiados tiene varias caras que a veces es difícil entender, ya que la profundidad del asunto es grande y tiene muchas cloacas que hace que no nos enteremos bien de lo que va sucediendo. “Hay muchos intereses por parte de otros gobiernos como Grecia e Italia para quedarse allí con los refugiados y así recibir las ayudas en su país más que hacer la reubicación a otro país europeo. A Líbano, o a Turquía, por cada persona que se vaya le dan una cantidad, y de hecho firman un documento las personas que salen de que no pueden volver en 5 años y quieren sacar a gente del país porque están desbordados”, cuenta el coordinador del CAR respecto a la actuación de diversos países con esta crisis. Lo que queda claro es que este tipo de situaciones deben tener un tratamiento mediático muy específico y estudiado. No se espera menos de los creadores de la opinión pública. Sea como sea, la indiferencia no tiene cabida en esta crisis. Una parte del mundo pide a gritos ayuda, la respuesta será una forma de medir cómo de humano es el poder que mueve este mundo. La humanidad y la compansión parecen desaparecer cuando más hacen falta. Más de la mitad de los refugiados que llegan a España pasan primero por las oficinas de las administraciones de Madrid, desde allí son reubicados en diferentes lugares. Mamadou Aldocer, refugiado procedente de Senegal, pasó por Madrid antes de llegar al CAR en la capital hispalense. Gracias al dinero que le prestó un amigo que se encuentra en Rusia pudo coger un avión hasta Madrid. “Mi único plan es España, me gusta mucho. Desde pequeño, mi equipo favorito de fútbol es España, me encanta ver el fútbol de aquí. Y la lengua también me gusta, hace solo 4 meses que empecé a aprender español y creo que ya me defiendo bien”, cuenta el joven senegalés de 28 años. Mamadou lleva seis meses en España, cinco de ellos en Andalucía. Llegó el domingo 29 de octubre a las cuatro de la mañana al aeropuerto de Barajas, en Madrid, y lo primero que hizo esa mañana fue ir a pedir asilo. Recuerda su corta estancia en la capital con angustia, “El recibimiento por parte de las autoridades no fue bueno. Estuve una semana durmiendo en el aeropuerto, hasta que se acordaron de mi asilo y me llevaron al Hostal Welcome, donde pasé las últimas tres semanas hasta llegar al CAR, en Sevilla. Esa semana se me hizo como de tres meses, hay muchas personas pidiendo asilo y se hace muy difícil estar una semana en esas condiciones pero cuando yo salí de Senegal me preparé para todo, lo bueno y lo malo, porque vivir en mi país es tan difícil que yo quiero estar siempre aquí. Creo que este país me puede ayudar, aunque comprendo que la vida no es fácil en ningún sitio”. Mamadou vivía en una región de Senegal llamada Casamance, donde existe una guerra invisible por la cual decide abandonar su país. “Esta región quiere la independencia y eso genera muchos problemas con las personas. No es un lugar seguro para vivir, cada día mueren personas y a mí no me quedaba familia allí por la que decidí huir a España en busca de una vida mejor”, explica. Mamadou perdió a sus padres hace muchos años por lo que la única familia que le quedaba en su país eran unos tíos con los que no tenía mucha relación. En la región senegalesa de Casamance, desde diciembre de 1982, se libra una guerra de baja intensidad, lo cual ha hecho que se convierta en invisible para la gran mayoría de los medios de comunicación. Claro, los muertos no son muchos, apenas unos 5.000 en 35 años, a lo que hay que sumarle unas casi 2.000 víctimas de minas antipersonales de las que todavía no se tiene ningún registro. La región se encuentra separada del resto del país por la Republica de Gambia, y arrinconada contra las fronteras de las dos Guineas. Lo intransitable de las rutas, sumadas a las lluvias casi perennes, obliga a que los apenas 500 kilómetros que separan a la región, de Dakar, la capital del país, se deban recorrer en más de 24 horas. Mientras que el epicentro del conflicto se ubica en la Baja Casamance a 20 kilómetros de la frontera con Guinea-Bissau. Este aislamiento ha hecho que la etnia diola, predominante en la región, desarrolle un espíritu independiente, y que ya en 1947, y en plena dominación francesa, se fundará el Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC). Los casanarenses han luchado por su autonomía mucho más a partir de 1960, año de la independencia de Senegal. Una nueva protesta en diciembre de 1983 desembocó en lo que se conoce como “el domingo rojo”. Las fuerzas de seguridad volvieron a reprimir con más violencia y aunque las cifras oficiales hablan de apenas veinticuatro muertos, la cifra real podría superar los 250, al tiempo que cientos de personas fueron detenidas durante largos periodos sin ninguna acusación. Desde entonces el conflicto ha ido escalando en violencia hasta el estancamiento iniciado en 2012, cuando la guerra se convirtió en invisible, pero no por ello menos peligrosa, ya que es como una mina a punto de estallar, a la primera pisada que la active. Esta situación en Senegal hace que Mamadou no quiera volver nunca, aunque las cosas allí cambiaran. Ese pensamiento es poco habitual, ya que la mayoría de refugiados que huyen de su país lo hacen para sobrevivir pero con el pensamiento de algún día poder regresar cuando las cosas se normalicen y se pueda vivir allí en paz. Pero para él no es así, allí no le queda nada. “Yo no quiero volver nunca, todos los días pienso que quiero estar aquí siempre aunque sea difícil. Al salir no esperaba nada bueno porque mi filosofía de futuro es negativa para que así cuando llegue algo bueno sea mejor, sea más fácil”, confiesa con tono serio. Siria es el país que más está sufriendo en la actualidad y se ha convertido en la prioridad de todos los organismos internacionales que luchan por la defensa de los derechos humanos. Y de hecho, es del lugar de donde llegan más refugiados, sólo superado actualmente por Venezuela. Sin embargo, el mundo alberga otros lugares que siguen padeciendo las consecuencias de conflictos bélicos o el mandato de gobiernos corruptos. Este es el caso de Senegal o Camerún, de donde también miles de personas huyen en busca de una vida mejor. No han venido por gusto. Nadie deja su hogar, a menos que su hogar sea la boca del lobo. De un día para otro, con maletas llenas de nada tuvieron que dejar atrás todo: seres queridos y pertenencias y así emprender un largo e indeciso camino para la supervivencia. Pero Diffang y Mamadou son solo algunas de las más de mil personas que han LAS FRONTERAS DE LA REALIDAD REFUGIADOS EN ANDALUCÍA 5
llegado a España, huyendo de un conflicto y solicitando asilo. Y dos de las 200 personas, de distintas nacionalidades (Venezuela, Líbano, Eritrea, etc) que se encuentran en el CAR. Sevilla alberga uno de los cuatro Centros de Acogida a Refugiados (CAR) que existen en nuestro país. Sin embargo, la ciudad hispalense ocupa un lugar en mitad de la tabla de provincias en las que se han producido solitudes de protección internacional. Según datos aportados por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), no se encuentra ni entre las diez primeras, ni entre las diez últimas. En la Plaza de la Acogida, nombre cuanto menos apropiado, se encuentra el Centro de Acogida a Refugiados. Están en un edificio corriente, que pasa desapercibido, cuyo interior puede asemejarse al de un instituto de la Junta de Andalucía. Pero se trata de un lugar ejemplar en toda la ciudad, no existe nada que se le compare, allí se concentran estas casi 200 personas procedentes de diversos lugares del mundo. Todos ellos viven en comunidad, todos ellos llaman a aquel sitio hogar, temporal, pero hogar. Las personas o familias que entran en el CAR pueden permanecer allí durante seis meses prorrogables por motivos como casos de vulnerabilidad, escolarización de menores, etc. Se trata de un centro de acogida de personas refugiadas, que acoge a personas que piden protección internacional en España. Y su trabajo principal es la acogida y la integración. “Nosotros les damos alojamiento y manutención, que es básico para las personas que no tienen recursos para vivir. También damos una serie de ayudas económicas relacionadas con la ropa, tarjetas de autobús, es decir, todo lo que funcione para la subsistencia básica de la persona. Además, ofrecemos una asistencia especializada, como clases de español para las personas que no saben el idioma, ya vengan de países asiáticos o africanos, y algo muy importante como es la formación para el empleo, la atención psicológica, la atención social y el apoyo en la búsqueda de empleo y vivienda, entre otras no menos importantes”, cuenta Cristian Bohórquez respecto a los servicios que se ofrecen en el centro. Este centro, normalmente, suele ser el segundo contacto que tienen con España, ya que la inmensa mayoría de sus residentes han vivido durante unos días, con anterioridad, en Madrid o en Melilla. El primer paso a superar es el idioma. Una vez superada esta barrera, que suele agotar casi los seis meses, comienzan cursos de formación especializados para ayudarles con la integración laboral y social. “Ahora que más o menos domino el idioma, quiero hacer algún curso relacionado con la informática o con la cocina en este mes que me queda en el centro para poder trabajar y tener una casa que me permitan vivir para siempre en Sevilla. Ese sería mi sueño, pero lo que venga, bienvenido sea”, cuenta Mamadou. Desde el CAR, se dan cursos de formación en distintos ámbitos, como pueden ser: cocina, limpieza, administrativo, catering, etc. Una proporción bastante pequeña consigue después empleo, pero para el equipo profesional de allí es bastante gratificante conseguir pequeños avances. “El año pasado había 189 adultos en centro, de ellos 80 tenían posibilidad de conseguir empleo porque otros muchos no llegan a aprender el idioma. Pues bien, de esos 80, 11 lo consiguieron. Por eso el porcentaje medio de las personas que solicitan asilo, pasan por el centro y consiguen empleo va por rachas, pero esperemos que este año las cifras también mejoren”, cuenta Cristian. La necesidad de expertos que le guíen e indiquen qué camino deben tomar se convierte en una urgencia. Paradójicamente, en 2017, cuando la Administración debe atender un mayor número de personas, el presupuesto de la Subdirección General de Integración de los Inmigrantes del Ministerio de Empleo y Seguridad Social es más reducido que los años anteriores. Otra de las medidas del Gobierno central, en materia de integración, fue la supresión en 2012 del derecho universal a la atención sanitaria, excluyendo de ella a las personas inmigrantes en situación administrativa irregular, que incluye a las personas a las que España deniega protección internacional. Las personas que piden asilo en España entran en el Sistema de Acogida e Integración Social para Solicitantes y Beneficiarios de Protección Internación en España, que consta de tres fases: acogida, que dura entre seis y nueve meses; integración, de hasta nueve meses y autonomía, de seis meses. En total, la cobertura dura entre 18 y 24 meses. Durante la primera fase, el Estado proporciona una plaza residencial en un centro público (CAR) o bien en uno gestionado por una ONG en coordinación con el Ministero del Interior. Así pues, la estancia en el CAR es corta. A veces esos seis meses, diez en algunos casos, pueden parecer una eternidad o puede pasar en un abrir y cerrar de ojos. “Aquí pueden estar seis meses, pero después no trabajamos solos, trabajamos con una serie de entidades como Cruz Roja, Accem, Andalucía Acoge o Cepaim, que cuando una persona termina su periodo aquí, se le facilitaría el traslado a una segunda fase, en la que se les dota de una ayuda económica para al- REFUGIADOS EN ANDALUCÍA LAS FRONTERAS DE LA REALIDAD EN ESTA PÁGINA Logo del Centro de Acogida al Refugiado en Sevilla DESDE EL CAR SE DAN CURSOS DE FORMACIÓN EN DISTINTOS ÁMBITOS, COMO PUEDEN SER LA COCINA O LA LIMPIEZA PÁGINA SIGUIENTE Humanidad 6
quilar un piso. Nosotros contactamos con las entidades y ayudamos con la búsqueda de alojamiento. Esta fase puede ser de hasta 12 meses más, en total 18 meses”, cuenta Cristian respecto a la fases de acogida de una persona refugiada en nuestro país. Las verdaderas dificultades empiezan una vez que terminan los seis primeros meses, ya que te enfrentas a la realidad, “encontrar vivienda y empleo son las dificultades que más frustran a las personas refugiadas ya que de por sí es una dificultad que con la crisis todo el mundo tiene. Pero ellos, al no tener muchas veces idioma, contrato de trabajo o personas que los avalen pues les resulta más complicado”. Luis Vargas, coordinador de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía, también explica cómo “el ministerio a estas entidades no gubernamentales les proporciona una ayuda y unos programas económicos con unos recursos que, en parte, vienen de los propios presupuestos de la Unión Europea. Y nosotros, pues indirectamente asumimos el coste que supone la inclusión de estas personas en la sanidad, en el sistema educativo y cómo contemplar a estas personas dentro del sistema de prestaciones públicas de los servicios sociales. Digamos que acompañamos a donde el Estado no llega pero en cuanto a la relación que tiene la Comunidad Autónoma con estas personas y con estos organismos que las atienden y cuidan es como la que tenemos con cualquier otro colectivo que está residenciado en España”. Hay veces que los refugiados llevan aquí un tiempo, un tiempo en el que algunos han conseguido integrarse, ya sea social o laboralmente, y de repente les llega la denegación de la solicitud de asilo. La Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, recoge en el título preliminar, en el artículo 3, que “la condición de refugiado reconoce a toda persona que, REFUGIADOS EN ANDALUCÍA DOBLE PÁGINA ANTERIOR Igualdad y Solidaridad EN ESTA PÁGINA Integración LUIS VARGAS: “LA VIVIENDA Y EL EMPLEO SON LAS DIFICULTADES QUE MÁS FRUSTAN A LAS PERSONAS REFUGIADAS” 9
Amal Amarouch, refugiada siria, lleva más de un año acudiendo y cuenta que los viernes se han convertido en tradición para muchos sirios que se encuentran en Sevilla: “Es el mejor día de la semana, el día que más acompañada e integrada me siento. Estoy muy feliz porque veo la alegría de todos cuando estamos juntos en Casa Sáhara, los voluntarios nos ayudan mucho y nos hacen sentir que tenemos un Home Sweet Home allí”. Amal tiene 28 años y se encontraba refugiada en su país desde 2012. Cuando su madre murió, supo que nada le podía hacer feliz ya, que no tenía nada que perder, y decidió salir del armario de su cuarto decidiendo por sí misma quién era. Su primer destino fue Marruecos y allí sintió que no estaba en ningún lugar: “Todo el mundo me prejuzgaba por quién era y perdí a mis amigos, mi trabajo, todo… por lo que puse rumbo a un nuevo destino, Sevilla, una ciudad maravillosa donde nadie me conocía pero intenté integrarme y ahora soy muy feliz”. Lleva un año y dos meses en Setrar una vivienda digna. Sadeq hizo todo lo posible por no dejar Siria, hasta que las bombas empezaron a explotar cerca de su casa. Fue entonces cuando decidió ponerse en contacto con un amigo en España para que la ayudara, el mismo amigo que le habló de los encuentros que organizaban en AAHR. Hace apenas unos meses consigue llegar a Madrid, su primer destino antes de acabar en Sevilla y habla de la suerte que tuvo de no tener que arriesgar su vida en el Mediterráneo: “Muchas personas mueren también por el camino, los desplazamientos son duros y muy forzosos. Así que yo tengo que estar agradecido a mi amigo de no tener que pasar por eso, porque es algo que afecta mucho a las personas que salimos de nuestro país huyendo de la guerra y parece que nos metemos en un camino igual de difícil”. La salida de Siria se ha convertido en uno de los principales objetivos de la población. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), desde el 21 de agosto –fecha en la que el presidente sirio usó armas químicas–, el número de refugiados en los países colindantes se ha incrementado en un 28,2%, o lo que es lo mismo, en torno a las 700.000 personas. “Quién quiere libertad debe respetar, y eso, actualmente no existe. Es necesario que todos se sienten y dialoguen, así se conseguirá la paz”, afirma Sadeq. Al igual que Sadeq, millones de conciudadanos sirios se encuentran fuera de sus lugares de origen. El número actual asciende a los 2,4 millones, repartidos entre Líbano (903.000 personas), Jordania (591.000 personas), Turquía (593.000 personas), Irak (217.000 personas) y Egipto (133.000 personas), cifras que pueden hacer peligrar la estabilidad de la zona en un futuro. Pese al poco tiempo aquí, ya considera a España como su segunda casa y espera encontrar trabajo. Ojalá que con algo relacionado con la arquitectura. Lo que no le cabe duda es de que lo intentará. Mientras se toma un café en compañía de los demás asistentes al encuentro, reflexiona: “Quiero mandar dinero a Siria. Poco es suficiente para que mi familia no tenga que comer de lo que se encuentre en el suelo”. La vida tiene sus nombres: Diffang, Mamadou, Amal, Bassam, Sadeq y el de miles de personas que tienen que dejar su país, empezar de cero y enfrentarse a una dura realidad. Una realidad reducida a cifras. Todos han llegado a España tras un viaje lleno de peligros y se enfrentan a nuevos retos, como reconstruir sus vidas en un país con otro idioma, otras costumbres, con 4,1 millones de personas en paro, pero a 3.700 kilómetros de la inseguridad y posiblemente la muerte. impresiones: “Nos mueve la ilusión por hacer que ellos se sientan integrados, hemos creado una familia muy bonita y todo lo que realizamos lo vemos como proyectos de gran importancia por muy pequeñitos que sean”. A María Jesús siempre le acompaña su hija de cinco años. “A ella le encanta. Prefiere venir conmigo cada viernes o a cualquier otra actividad que se organice antes que quedarse en casa o en el parque jugando”, expresa la voluntaria. Respecto a la actividad realizada ese viernes, Amal cuenta cómo su ciudad perfecta sería aquella en la que las personas no miraran mal y con deprecio a los demás por el hecho de ser diferentes. “Yo, a pesar de ser siria, no tengo aspecto árabe y un día iba en el autobús con algunos amigos y escuché a dos personas decir: Mira esa, ¿qué hace con esos moros? La gente prejuzga demasiado y para nosotros que nos digan moros con ese tono es muy ofensivo”, cuenta Amal con tono enfadado. Ella considera que Sevilla es una ciudad muy buena para vivir, pero que para que fuera perfecta le faltarían más espacios culturales gratuitos: “Música, arte, teatro, baile,… que cada persona pudiera hacer y aprender de ello sin coste alguno. Creo que al aprendizaje de la cultura no se le da la importancia que se debería”. Entre los asistentes, se encuentra Bassam Shihabi, refugiado sirio de 60 años. Es una persona un poco tímida, de pocas palabras. María Jesús cuenta que Bassam ha sufrido mucho, que está sin su familia y no habla mucho porque se emociona, pero que los encuentros le ayudan a estar entretenido: “Cuando hacemos actividades más emocionales, observar su cara ya conmueve. El día que nos contó su historia, todos nos emocionamos mucho pero él es una persona muy reservada y siempre le gusta más observar”. Pero ese día, Bassam explicó su ciudad ideal: “Me gustaría vivir en una ciudad que fuera una mezcla entre Siria y Sevilla, que estuviera llena de espacios verdes y con un trabajo que me ayudara a estar tranquilo y que por supuesto, mi familia estuviera aquí conmigo”. Bassam se muestra impotente cuando habla de su familia. Vive solo y lleva meses sin verla. “Desde la Oficina de Asilo no me dejan traer al resto de mi familia”, dice resignado. “No entiendo qué problema puede haber”, añade. El viernes 4 de mayo fue el último día del encuentro antes del Ramadán y llegó un nuevo chico, Sadeq Yarur, sirio arquitecto de 26 años que tan solo lleva un mes en la ciudad. No todos los solicitantes de protección internacional se amparan en el sistema de acogida con ayudas, por lo que ahora, su principal problema es encon- REFUGIADOS EN ANDALUCÍA LAS FRONTERAS DE LA REALIDAD villa y ha conocido a muchas buenas personas, pero dice que las personas de AAHR son especiales. “Son los únicos que me tratan como un ser humano y no como una refugiada”, añade Amal emocionada. Se siente tan bien en la ciudad que se define a ella misma como “Siria miarma”, de hecho tiene tatuada en su piel las palabras: te como miarma. En el encuentro del día 27 de abril, María Jesús, otra de las voluntarias de la asociación, traía preparada una actividad muy especial relacionada con las ciudades del mundo. En la primera parte, tenían que rellenar en un folio los huecos libres de palabras de la canción “Ciudadanos del mundo” para practicar el idioma con música y aprender nuevas palabras. Y en la segunda parte, todos tenían que describir como sería su ciudad ideal. María Jesús cuenta que siempre hacen actividades de este tipo para que todas las personas que lleguen puedan compartir sus SADEQ YARUR: “QUIÉN QUIERE LIBERTAD DEBE RESPETAR, Y ESO NO EXISTE ACTUALMENTE” 16