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Proceso de generación del espacio doméstico. Metodología para la transformación de espacio en lugar

Coscarelli, Sara

Abstract

La generación de un lugar habitable es un proceso en el cual intervienen diversos factores. A diferencia de la habitual dependencia que se considera que existe entre usuario habitador y espacio habitado, este ha ido siempre de la mano de un proceso de diseño llevado a cabo a partir de métodos diversos con el objetivo de obtener resultados satisfactorios para quienes lo habitan. En este sentido, existen una serie de variables desjerarquizadas que se retroalimentan entre sí y actúan en constante cooperación, tales como el usuario, el espacio preexistente, las actividades, el contexto, la percepción, o la experiencia, que juegan un papel determinante a la hora de lograr la conversión de un espacio en un lugar. Son diversos los teóricos de la arquitectura que han afrontado la crisis del Movimiento Moderno desde un posicionamiento crítico en pro de una alternativa fenomenológica, y que han sido figuras clave en el desarrollo de la trayectoria y evolución del espacio del S. XX. De este modo, y a través del análisis de su pensamiento, en relación con las variables anteriormente presentadas, se argumenta la existencia de una interdependencia, imprescindible para poder crear un espacio identitario, un lugar.

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Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes. Número 23, septiembre de 2023. ISSN 1697-8072 [pp. 68-89] https://dx.doi.org/10.12795/Fedro/2023.i23.05 PROCESO DE GENERACIÓN DEL ESPACIO DOMÉSTICO. METODOLOGÍA PARA LA TRANSFORMACIÓN DE ESPACIO EN LUGAR. DOMESTIC SPACE GENERATION PROCESS. METHODOLOGY FOR THE TRANSFORMATION OF SPACE IN PLACE. Sara Coscarelli EINA, Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona. RESUMEN La generación de un lugar habitable es un proceso en el cual intervienen diversos factores. A diferencia de la habitual dependencia que se considera que existe entre usuario habitador y espacio habitado, este ha ido siempre de la mano de un proceso de diseño llevado a cabo a partir de métodos diversos con el objetivo de obtener resultados satisfactorios para quienes lo habitan. En este sentido, existen una serie de variables desjerarquizadas que se retroalimentan entre sí y actúan en constante cooperación, tales como el usuario, el espacio preexistente, las actividades, el contexto, la percepción, o la experiencia, que juegan un papel determinante a la hora de lograr la conversión de un espacio en un lugar. Son diversos los teóricos de la arquitectura que han afrontado la crisis del Movimiento Moderno desde un posicionamiento crítico en pro de una alternativa fenomenológica, y que han sido 68 figuras clave en el desarrollo de la trayectoria y evolución del espacio del S. XX. De este modo, y a través del análisis de su pensamiento, en relación con las variables anteriormente presentadas, se argumenta la existencia de una interdependencia, imprescindible para poder crear un espacio identitario, un lugar. Palabras clave: Identidad; espacio; lugar; experiencia; usuario ABSTRACT: The generation of a space is a process in which various factors intervene. Unlike the usual dependence that it is considered to exist between the user and the space, this has always gone hand in hand with a design process carried out using various methods, always with the aim of obtaining satisfactory results for those who inhabit it. In this sense, there are a series of nonhierarchical variables, which feedback on each other and act in constant cooperation, such as the user, the pre-existing space, the activities, the context, the perception, or the experience, that play a decisive role in obtaining the conversion of a space into a place. The analysis of space carried out by There are different architectural theorists, who have written abouts de modern movement from a critical position in favor of a phenomenological alternative and who have been key figures in the development of the trajectory and evolution of the space design of Twenty century. Through the analysis of their thinking, in relation to these variables, an interdependence is argued, which is essential to create an identity space. Keywords: Identity; space; place; experience; user 1. INTRODUCCIÓN Este texto pretende demostrar que el espacio doméstico debe ser creado más allá de su función práctica de habitáculo y generar una experiencia a quien lo ocupa a través de la interdependencia existente entre diversas variables que se usan comúnmente en el diseño de espacios, que hasta el momento se han analizado de forma independiente sin tener en cuenta su relación cooperativa ni tampoco su retroalimentación. Usuario, espacio, actividad; contexto, experiencia, lugar; percepción, hogar, bienestar. Todas ellas intervienen en el proceso de generación de un lugar, cuya existencia no tiene sentido alguno si no hay interrelación mutua. Al mismo tiempo, y para comprender esta interdependencia que debe permitir el diseño de un espacio doméstico que acometa sus funciones, debe entenderse que éstas van más allá de la mera practicidad de una habitabilidad, sino que deben aportar un bienestar emocional a sus habitantes. En el proceso de argumentación de estos preceptos se analizarán conceptos desarrollados por una serie de pensadores considerados claves, cuya criticidad hacia la modernidad resulta determinante para la comprensión del objeto de estudio. Afrontan la crisis del Movimiento Moderno desde un posicionamiento en pro de una alternativa fenomenológica en la cual la 69 existencia, y, en consecuencia, la ocupación espacial y el habitar, vienen determinados por el lugar en el que ello sucede, por la experiencia y por la identidad que genera la vivencia de dicha experiencia. Estos conceptos se vincularán a las variables presentadas con el objetivo de proponer un método para diseñar y entender el proceso de generación de un espacio doméstico que realmente funcione; esto es, un lugar. A diferencia de la habitual dependencia que se considera que existe entre usuario y espacio, este ha ido siempre de la mano de un proceso de diseño llevado a cabo a partir de métodos diversos con el objetivo de obtener resultados satisfactorios para quienes lo habitan. En este sentido, el concepto de dependencia suele usarse con una connotación negativa, a imagen y semejanza de una supuesta vulnerabilidad, falta de autonomía o percepción de vacío al no formar parte de algo considerado “mejor”. Esta valoración, que sin duda tiene un componente ético y moral, viene definiéndose a lo largo de los tiempos en función de un imaginario colectivo que ha impuesto una única manera de entender la realidad, es decir, una única manera de vivir el espacio, de habitarlo. 2. LUGAR E IDENTIDAD EN EL PENSAMIENTO FENOMENOLÓGICO Son diversos los teóricos de la arquitectura que han afrontado la crisis del Movimiento Moderno desde un posicionamiento crítico en pro de una alternativa fenomenológica, y que han sido figuras clave en el desarrollo de la trayectoria y evolución del espacio del s. XX. De este modo, y a través del análisis de su pensamiento, en relación con las variables anteriormente presentadas, se argumenta la existencia de esta alternatividad, imprescindible para poder crear un espacio identitario, un lugar. Consideran la existencia humana como esencia de vida a partir de la argumentación que el mundo siempre existe antes de que el ser humano trate de reflexionar sobre él. Sostienen que el contacto inmediato con la existencia ha quedado empañado y que, por tanto, el ser humano debería intentar reestablecer su contacto con ella. 2.1 Continuidad versus crisis Ernesto Nathan Rogers (1909-1969) entiende la arquitectura y el proceso arquitectónico como una relación de interdependencia constante, en la cual diversos parámetros necesariamente deben entrelazarse en una misma jerarquía para que el proceso de diseño llegue a buen puerto. Plantea la aparente contradicción entre la continuidad o crisis en relación con la pervivencia del Movimiento Moderno (Rogers, 1958) y considera que la historia no puede ser aniquilada, puesto que la tradición en sí misma constituye la experiencia, la vivencia del ser humano, sin la cual éste perdería su identidad. Rogers aboga por una reinterpretación de la historia en clave moderna, no folklórica ni nostálgica, entendiendo que las arquitecturas vernáculas sirven de referente y los postulados emancipadores y progresistas del Movimiento Moderno han aportado grandes soluciones técnicas y constructivas que no se pueden obviar. Sin embargo, no puede existir la continuidad si previamente no ha habido una crisis. Y del mismo modo, no puede existir una crisis sin solución de continuidad, puesto que su significado se entiende como situación puntual 70 de dificultad que se encuentra entre variables temporales que implican un antes y un después. Por eso Rogers defiende la existencia de los dos conceptos al mismo tiempo en función de si se quiere hacer más hincapié en el cambio o en la permanencia de lo estable y duradero. Y, de hecho, plantea otorgar al Movimiento Moderno una nueva oportunidad, una nueva modernidad a partir de la recuperación de la historia, entendida desde una nueva óptica no solo de la concepción de pasado, sino de presente, de memoria, de procedimiento a partir del cual poder proyectar el futuro. En el primer editorial de la revista Casabella, de la cual fue director entre 1953 y 1964, escribe: “Nosotros creemos en el fecundo ciclo hombre-arquitectura-hombre y queremos representar su dramático desarrollo: las crisis, las pocas, indispensables certezas” (Rogers, 1953, p. 60). Desde su posicionamiento crítico hacia la arquitectura internacionalista anti-historicista y exageradamente universalista, Rogers plantea su pensamiento arquitectónico desde la fenomenología, que en Italia ya imperaba de la mano de Antonio Banfi (1886-1957) y Enzo Paci (1911-1976). También Christian Norberg-Schulz (1936-2000) dedica sus estudios a la construcción de una teoría que enlaza la tradición arquitectónica con la revisión crítica de la modernidad, tal y como lo plantea Rogers. Desde su posicionamiento, defiende dos instrumentos: la masa y el espacio arquitectónico, por un lado, y su articulación, por el otro. En relación con la masa y el espacio, dígase materia, ésta se entiende como existencia, vivencia, fenómeno; y pronto evoluciona hacia el concepto de lugar. Por su parte, y en lo referente a la articulación, sería la relación que se establece entre los diversos elementos y fragmentos de la arquitectura dentro de un sistema que sea congruente. En Intenciones en arquitectura (1965) pone en crisis el positivismo internacionalista del Movimiento Moderno para mostrar y posicionarse en contra de su falta de criterio simbólico y ambiental. Pone en entredicho el concepto de espacio que se ha entendido desde la óptica del Estilo Internacional y plantea un nuevo enfoque que se plasmará en su siguiente obra Existencia, espacio y arquitectura (1971), basado en las nuevas concepciones existencialistas y en la cual entiende el espacio como carácter existencial, influenciado por Martin Heidegger (1889-1976). Por su lado, el crítico de arquitectura Kenneth Frampton (1930) entiende la historia como un elemento no continuo que debe ser fragmentado y que depende de varios factores que le aportan credibilidad, lo cual se relaciona directamente con la concepción que tiene del espacio, cuya influencia procede nuevamente de Heidegger, pero también de Paul Ricoer. Frampton manifiesta preocupación por la sustitución de la ciudad debido a esta megalópolis, que le cambia sus límites físicos por redes tecnológicas y distributivas que generan una situación en la que desaparece el lugar y es sustituido por algo carente de características propias. Este argumento sigue incorporando la posición metafísica de Heidegger según la cual los límites son aquellos lugares desde donde se percibe una presencia, en la que el ser sólo existe dentro de un espacio con límites precisos. En su ensayo, “Towards a Critical Regionalism: Six Points for an Architecture of Resistance” (Frampton, 1983), Frampton divide el término en seis partes, 71 cada una de las cuales lleva un título que vendría a ser, en sí mismo, una definición. La primera, “Culture and Civilization”, constituye la introducción y en ella Frampton se lamenta de la falta de existencia de formas urbanas significativas en la modernidad debido a la excesiva preocupación por el perfeccionamiento tecnológico. Se trata de una lacra que deshumaniza el espacio al quitarle identidad, y constituye, por tanto, la situación de crisis. En el segundo punto, titulado “The Rise and Fall of the Avant-Garde”, Frampton establece los límites temporales y casuísticos de las vanguardias artísticas, pero sobre todo se focaliza en su declive y establece los parámetros de la crisis de la modernidad. Su mentor Paul Ricoeur (1913-2005) combina la descripción fenomenológica con la interpretación hermenéutica y servirá de inspiración a Frampton para desarrollar su propia teoría. Considera que el fenómeno de la civilización provoca la destrucción, además de las culturas tradicionales, de lo que llama “núcleo creador de las grandes civilizaciones”. Se trata del núcleo a partir del cual se interpreta la vida y que él llama “núcleo ético y mítico de la humanidad” (Ricoeur, 1990, p. 256). Esta única civilización mundial ejerce una acción de desgaste del fondo cultural que ha forjado a las grandes civilizaciones del pasado. Sugiere que el hecho de sostener cualquier tipo de cultura auténtica en el futuro dependerá en última instancia de la capacidad que tenga el ser humano para generar formas vitales de cultura regional al tiempo que se apropie de influencias ajenas tanto a nivel de cultura como de civilización: “Si es verdad que todas las culturas tradicionales sufren la presión y la acción erosiva de esta civilización, no todas tienen la misma capacidad de resistencia ni sobre todo el mismo poder de absorción. Es de temer que no toda cultura sea compatible con la civilización mundial, nacida de las ciencias y de las técnicas” (Ricoeur, íbid.) En este contexto resulta indispensable mencionar a Jane Jacobs (19016-2006), periodista, socióloga y economista estadounidense; y autora de Muerte y vida de las grandes ciudades americanas (1961). Deudora inequívocamente de las interpretaciones de Lewis Mumford y su urbanismo regional que definía con detalle ya en 1924 en Sticks & Stones, a study of American architecture and civilization, defiende la crisis del Movimiento Moderno y constituye una obra clara para la crítica de la ciudad moderna. Jacobs analiza la calidad de vida urbana de grandes ciudades estadounidenses, como Nueva York, Chicago o Boston, y plantea una crítica al urbanismo de la Carta de Atenas y al desarrollo capitalista de la ciudad. Frente a la urbe totalmente racionalizada, dividida en áreas y dominada por la especulación y el individualismo, Jacobs justifica a partir de una serie de encuestas sociológicas, cómo la calidad de vida urbana y la salud económica se producen cuando se superponen las distintas funciones urbanas y se dispone una red de interconexiones propia de los viejos y densos vecindarios. Defiende la vida pública y se manifiesta contraria a la privatización de la ciudad. Considera que la felicidad de una ciudad, así como su seguridad y cultura, están determinadas por la existencia de una concentración humana (usuario) suficientemente tupida predominada por la amistad y la cordialidad. 72 2.2 Espacio versus lugar Heidegger argumenta en su conferencia “Construir, habitar, pensar” (1951) que el ser humano da sentido a su vida sobre todo a través de la ocupación de su entorno y las respuestas emocionales a él. Esto constituye nuevamente una relación entre usuario (ser humano habitante), hábitat (entorno) y experiencia (respuestas emocionales). Previamente, en su conferencia “La Cosa” (1950), si bien Heidegger plantea un posicionamiento excesivamente ruralizado y en contra del progreso, es relevante su defensa de la idea de cercanía entendida a partir de connotaciones diferenciadas pero interdependientes: familiaridad, proximidad intelectualidad y proximidad física. Vincula la apreciación de la cercanía por parte del ser humano con su relación con las “cosas”. Nuevamente en “Construir, habitar, pensar” (1951) Heidegger entiende la construcción arquitectónica como una relación interdependiente entre la propia acción de habitar, su entorno y el ser humano que habita. El lenguaje le indica que el habitar implica ser uno con el mundo -pacífico, satisfecho, liberador-, lo cual está relacionado con la manera de construir que implica cultivar y cuidar (Sharr. 2022). En este punto de su intervención, pone como ejemplo la mesa de comedor y explica que, según la convención social de construir y habitar, se podría entender que una mesa tiene cierta relación con el habitar, pero no con el construir. Sin embargo, ciertas mesas especiales podrían entenderse como construcciones, como el caso de aquellas sin las cuales un espacio concreto, un lugar, deja de tener identidad. No obstante, las mesas de comedor domésticas difícilmente podrían formar parte de la construcción. Para Heidegger, el construir y el habitar están siempre relacionados con la mesa ya que el uso de ésta constituye el habitar, mientras que la implicación del ser humano en todo ello constituye el construir y el habitar. Uno no tiene sentido sin el otro; son, por tanto, interdependientes. Explica que mover la mesa por una habitación es una forma de construcción, en respuesta a una necesidad del usuario. Del mismo modo que distribuir la ubicación de cada comensal es también un modo de construcción, en base a la organización de cómo los usuarios pretenden comer allí (Unwin, 2003). De este modo, se establece una relación de interdependencia entre el habitar –la interacción del ser humano con la mesa- y el construir -la disposición de dicha mesa en relación con cómo está colocada y organizada para ser usada-. En términos de Heidegger, es el construir del cultivo indisolublemente mezclado con el habitar en la micro organización diaria de las comidas (Shaar, 2022). Asimismo, la actividad conjunta de construir y habitar adquiere autoridad por medio de la aceptación conjunta y cooperación de las condiciones existentes del emplazamiento, el conjunto de seres humanos y la sociedad. En el caso de Norberg-Schulz, evoluciona desde la publicación de Existencia, espacio y arquitectura (1971) para centrarse, finalmente, en la idea de lugar, que entiende como punto de inicio de distintas gradaciones, pero que de facto se encuentran desjerarquizadas en el concepto de espacio tal y como se entiende hoy en día: espacio existencial interior, camino, paisaje, 73 región. En su obra Genius Loci (1979) define este concepto como la suma de los anteriores y lo entiende como la habilidad para el desarrollo de una propia identidad, tal y como se explica en el posicionamiento crítico de este texto. Por su cuenta, Christopher Alexander (1936-2022) induce en Nature of Order (2001) sentimientos de pertenencia al lugar y a la estructura a partir del concepto de totalidad. Esta cualidad se encuentra en la mayoría de los edificios históricos y espacios urbanos, y es precisamente lo que Alexander intenta capturar en sus teorías de diseño espacial. Presenta quince propiedades estructurales fundamentales de la totalidad, que determinan el carácter del ser humano y permiten la creación de un espacio según necesidades específicas, pudiendo, de este modo, alcanzar el bienestar doméstico y el vínculo identitario con el propio hogar. A continuación, se mencionan a modo de listado solo para ejemplificar la relación intrínseca que se genera entre ellas, en la cual no hay jerarquías, sino que todas participan de esa totalidad con el mismo fin común de cooperación mutua: niveles de escala, centros fuertes, límites, repetición alternada, espacio positivo, buena forma, simetrías locales, entrelazado profundo, contrastes, variación gradual, asperidad, ecos, vacío, calma interior, no separación. Para Frampton, la excavación de una topografía irregular para convertirla en un solar plano es claramente un gesto tecnocrático que aspira a una condición de falta de localización absoluta, “placelessness” (Frampton, 1983, p. 26), mientras que alisar el mismo solar para recibir la forma retranqueada de un edificio es un compromiso con el acto de “cultivar” el solar. Esta inscripción, que procede de la “incrustación” del edificio en el solar, tiene muchos niveles de significado ya que implica la capacidad de encarnar, en forma construida, la prehistoria del sitio, su pasado arqueológico y su consecuente cultivo y transformación a través del tiempo: “Through this layering into the site the idiosyncrasies of place find their expression without falling into sentimentality” (Frampton, íbid). Al examinar el concepto de lugar en profundidad, toma relevancia el pensamiento de Edward Relph (1944), centrado en el vínculo identitario que se establece entre las personas y el lugar que habitan. Su Place and Placeness (1976) es un relato fenomenológico de cómo se experimentan los lugares y cómo están cambiando. Fue uno de los primeros libros que examinó explícitamente la idea de lugar, además de uno de los primeros estudios fenomenológicos en geografía. Investiga los fundamentos fenomenológicos y experienciales de esta disciplina y otros que elaboran el sentido de lugar y las formas en que las experiencias se están transformando actualmente. Por identidad de un lugar Relph se refiere a su “persistente uniformidad y unidad que permite que ese [lugar] se diferencie de los demás” (Relph 1976, p. 45). Relph describe esta identidad persistente en términos de tres componentes: el entorno físico; sus actividades, situaciones y eventos; y los significados individuales y grupales creados a través de las experiencias e intenciones de las personas con respecto a ese lugar. Relph enfatiza, sin embargo, que la identificación de lugar definida de esta triple manera no es lo suficientemente fundamental o profunda existencialmente porque, esencialmente, los lugares son “centros significativos 74 de nuestras experiencias inmediatas del mundo” (Relph 1976, p. 141). Explica que, para comprender mejor los lugares, se necesita un lenguaje mediante el cual se puedan identificar experiencias de lugares particulares en términos de la intensidad del significado y la intención que una persona y un lugar tienen el uno para el otro. Para Relph, el quid de esta intensidad vivida es la identidad con el lugar, que define a través del concepto de interioridad: el grado de apego, participación y preocupación que una persona o grupo tiene por un lugar en particular. 2.3 Identidad y tradición Las interpretaciones del espacio de Bernard Rudofsky (1905-1988) se centran en la idea limitada de arquitectura de autor y se introduce en el mundo de la “arquitectura informal” (vernácula, indígena y, a menudo, anónima). En su Arquitectura sin arquitectos (1964) evidencia que la arquitectura vernácula, olvidada por la modernidad, tiene valores propios, tanto estéticos como funcionales, que deben ser considerados por los arquitectos a la hora de trabajar. La idea de construir desde dentro hacia fuera con el objetivo de optimizar las condiciones climáticas, pero también para poder hacer frente a los usos de sus ocupantes, especialmente en las viviendas más humildes en que la cantidad de espacio es limitada, son factores que Rudofsky revaloriza y que aportan bienestar y vínculo identitario solo si se tratan y aplican en conjunto. Recuperando a Rogers, cabe mencionar en este punto un pasaje de la editorial de despedida de Casabella: “[Hay que] indagar teóricamente sobre el fenómeno arquitectónico, sobre las preexistencias ambientales, sobre la utopía de la realidad, sobre la realidad del movimiento moderno, sobre el concepto de tradición” (Rogers, 1964, p. 33). En este sentido, “las preexistencias ambientales” (Rogers, 1955) constituyen un punto de inflexión en el porvenir de la arquitectura de la segunda modernidad, una vez aceptada la crisis del Movimiento Moderno. Rogers define las preexistencias como aquello que existe previamente, aquello que ya está allí, antes de que el profesional de la arquitectura o del diseño intervenga en el espacio. Estas preexistencias son quienes permiten generar un vínculo histórico al usuario, un vínculo entre tradición e identidad. La moldura, tan rechazada durante el auge del Estilo Internacional, constituye un elemento clave en la historia de la arquitectura y es una muestra clara de preexistencia. Otro tipo de preexistencia más tectónico es la inclinación del terreno, por poner un ejemplo, que según apunta Rogers debe mantenerse y es el habitáculo quien debe adaptarse al desnivel, puesto que éste estaba antes, es preexistente. Por su parte, Norberg-Schulz demostrará en 1974, con la publicación de Arquitectura occidental, que su sistema interpretativo expone la interdependencia en el espacio y que éste, en sí mismo, separado de las demás variables, no tiene sentido alguno; como se decía al inicio de este escrito, constituye una simple dimensión, una zona, un área. Norberg-Schulz demuestra cómo su sistema puede aplicarse a toda la historia de la arquitectura al poder ser interpretada a partir de los conceptos paisaje, articulación, concepción y significación. Estas variables cooperan entre ellas y tienen una relación mutua y equitativa; para el buen proceder de la creación espacial 75 y la obtención de un lugar habitado por un usuario que debe desempeñar unas actividades específicas, no pueden actuar por separado. Frampton advierte en el tercer punto de “Towards a Critical Regionalism” (1983), titulado “Critical Regionalism and World Culture”, que la arquitectura sólo puede mantenerse como práctica crítica si adopta una posición de retaguardia, es decir, si se distancia igualmente del mito del progreso propio de la Ilustración, pero también del impulso irreal y reaccionario de volver a las formas arquitectónicas del pasado preindustrial. Esta retaguardia crítica debe separarse tanto del perfeccionamiento de la tecnología avanzada como de la omnipresente tendencia a la recuperación de un historicismo nostálgico o volublemente decorativo: “a resistant, identitygiving culture while at the time having discreet recourse to universal technique” (Frampton, 1983, p. 18). Por eso considera necesario calificar el término retaguardia para separar su alcance crítico de políticas conservadoras, como son el populismo o el regionalismo sentimental. En el cuarto punto encuentra la inspiración directriz en elementos tales como el alcance y calidad de la luz local, una tectónica derivada de un estilo estructural peculiar o la topografía de un emplazamiento dado. Remarca que la estrategia fundamental del Regionalismo Crítico consiste en la reconciliación del impacto de la civilización universal con los elementos derivados “indirectamente” -dice- de las peculiaridades de un lugar concreto. Para él, el principal vehículo del populismo, en contraposición al Regionalismo Crítico, es el signo comunicativo o instrumental, que no trata de evocar una percepción crítica de la realidad, sino más bien la sublimación de un deseo de experiencia directa a través del suministro de información. Finalmente, en “The Visual Versus the Tactile”, el último punto, Frampton escribe sobre la elasticidad táctil del lugar y la forma, y sobre la capacidad del cuerpo de interpretar el entorno con datos distintos a los aportados por la vista. Según dice, estos elementos sugieren una estrategia potencial para presentar resistencia a la dominación de la tecnología universal, lo que permite generar un vínculo identitario con el lugar en el que el habitáculo se encuentra emplazado. Es clara la relación intrínseca que se genera entre cada punto y su interdependencia; no hay jerarquías, existe cooperación mutua y cada apartado aporta su función parcial para la generación de un todo tal y como defiende Heidegger cunado se refiere al conjunto de construir y habitar. Además de las evidentes similitudes entre el pensamiento de Ricoeur y el de Frampton, un factor que engloba a estos dos críticos dentro del pensamiento fenomenológico es el hecho de que Ricoeur lo toma como referencia para explicar la necesidad humana de conocer y recuperar sus orígenes: “Para el europeo en particular, el problema no es el de participar en una especie de huelga que pudiera aceptar a todo el mundo; su tarea es la que señala Heidegger: ‘Tenemos que desplazarnos a nuestros propios orígenes’, es decir, volver a nuestro origen griego, a nuestro origen hebrero, a nuestro origen cristiano, para ser interlocutores válidos en el gran debate de las culturas. Para tener ante nosotros al otro, debemos tenernos enfrente a nosotros mismos” 76 llevadas a cabo por el usuario. o Actividad-espacio: Las actividades se deben decidir antes de establecer cómo va a compartimentarse el espacio. A su vez, este espacio debe organizarse en función de las actividades que en él se deban desempeñar. Reciprocidad: o Contexto-lugar: en función de las características del contexto, el lugar será percibido de un modo u otro. Pero al mismo tiempo, este lugar obtendrá una identidad que parcialmente vendrá dada por las características del contexto. o Contexto-experiencia: La experiencia que se percibirá en el espacio-lugar estará vinculada con las características del contexto. A su vez, este contexto, por sus propias características intrínsecas, hará que la experiencia del usuario varíe respecto de los parámetros estándares previamente imaginados. o Experiencia-lugar: El lugar es determinante para la generación de una experiencia. No obstante, esta experiencia será una u otra en función de cuál y cómo sea ese lugar. En la tarea de aplicación del Diagrama de Interdependencia (Figura 1) a la vida diaria, cabría contextualizar cada variable en su uso específico. De este modo, véase el resultado: Figura 2. Diagrama de Interdependencia aplicado al uso. Autoría propia. 83 La relación que se establece entre los distintos parámetros en relación con el Diagrama de Interdependencia entre variables es la siguiente: Retroalimentación: o Usuario-espacio contextualizado en persona-vivienda: el usuario es la persona, o personas, que habitan el espacio, en este caso una vivienda -piso, casa…-, la cual puede tener usos diversos. De hecho, en el caso de estudio aplicado se propone un uso compartido en el que la actividad es la de vivir y trabajar. En este sentido se entiende vivir como el conjunto de acciones habituales que se desempeñan en una vivienda convencional -dormir, asearse, vestirse, comer, socializar y descansar-. Este espacio concreto, además, ofrece la actividad de trabajar, algo cada vez más habitual en un contexto post-pandémico. o Usuario-actividad contextualizado en persona – vida-y-trabajo: la persona habitante tiene la necesidad de vivir y trabajar en la vivienda y por tanto, estas actividades determinarán la configuración de dicha vivienda. Si en ella no se tuviera la necesidad de trabajar, no existiría una estancia, ámbito, rincón o mueble destinado a dicha función. o Actividad-espacio contextualizado en vida-y-trabajo - vivienda: El acto de trabajar debe decidirse a priori de la organización espacial. De lo contrario puede suceder que esta actividad acabe realizándose en un espacio no habilitado para esa función y ello tenga como consecuencia perjuicios de tipo emocional, más allá de los meramente ergonómicos, como falta de concentración, estrés, cansancio…, en definitiva, falta de bienestar. Reciprocidad: o Contexto-lugar se contextualiza en ciudad-identidad: en este caso se ha propuesto la ciudad como contexto en el cual se emplaza la vivienda tipo, la cual permitirá a la persona habitante establecer un vínculo identitario con el espacio habitado, la vivienda. Cabe recalcar en este punto que esta identidad se percibirá solo si la ambientación de la vivienda ha sido pensada, proyectada y ejecutada en función del contexto en el que se encuentra, es decir, si se tiene en cuenta que las viviendas emplazadas en la ciudad, y depende de cada ciudad y sus características específicas, tienen maneras de ser usadas concretas. Resulta difícil establecer un vínculo identitario con una vivienda ubicada en una ciudad africana si su ambientación está articulada desde un lenguaje alpino, por poner un ejemplo. o Contexto-experiencia se contextualiza en ciudad-confort: La experiencia percibida por la persona que habita la vivienda estará vinculada con las características del contexto. En este caso se trata de un contexto urbano y por tanto, la manera de usar el espacio, de vivirlo y de sentirlo emocionalmente, estará relacionada con las características de la ciudad. Un claro 84 ejemplo es la diferencia entre cómo se vive una vivienda habitual en la ciudad respecto de una residencia de verano en un pueblo costero, o un apartamento en el Pirineo. El confort al que se aspira en cada uno de estos tres ejemplos es distinto, si bien no a nivel cuantitativo ni tampoco cualitativo; sino más bien a nivel cognitivo, es decir, de concepción esencial, de lo que se espera de ese lugar, de lo que se quiere obtener de él y para el objetivo por el cual se ha creado. o Experiencia-lugar se contextualiza en confort-identidad: La percepción de confort por parte de la persona habitante es fundamental para que resulte una experiencia satisfactoria. Por su lado, ese confort irá de la mano de cómo se ambiente el espacio, de su materialidad y de su distribución. El confort es un término harto abstracto que se percibe de distintas formas en función de su usuario. Por ejemplo, puede que una persona prefiera leer un libro sentada en una silla y con el libro apoyado en la mesa, respecto de otra que prefiera leerlo reclinada en su sofá. De este modo, no percibirán el confort de la misma manera y por tanto, lo que a una le aporta bienestar a la otra le supondrá un perjuicio emocional. Sea como fuere, esta metodología empodera al usuario y lo convierte para tomar sus propias decisiones, independientemente de las preexistencias del espacio, del contexto o del imaginario colectivo. Esto significa que es el usuario el sujeto de la acción, el emisor del mensaje, quien decide qué busca, qué quiere, qué necesita. Esto permite que entren en juego los canales de connotación hacia el espacio, los cuales consienten, a través de la cooperación y la acción conjunta, la aportación del bienestar real que el usuario requiere. El usuario participa de una interdependencia entre emociones, sensaciones y sentimientos procedentes del espacio en el que habita y eso le convierte en el emisor de la experiencia, es decir, que es el usuario quien asume la responsabilidad de percibir esas emociones, esas sensaciones y esos sentimientos de un modo u otro, en función de cómo está programado, materializado y ambientado el ente habitado. Se entiende, por tanto, la implicación del usuario en el proceso de diseño de la experiencia ya que habrá podido decidir qué sensaciones, qué emociones y qué sentimientos desea percibir en el lugar que habita. Como estos objetivos no se pueden llevar a cabo sin tener en cuenta las otras variables -actividad, espacio, contexto, experiencia, lugar-, se crea necesariamente una interacción dinámica y versátil, sin jerarquías. Así, se puedo hablar de ensujetamiento del usuario. Lo mismo sucede en el caso de la experiencia de usuario, en que, a través de esas sensaciones, emociones y sentimientos se pretende que este perciba una serie de inputs que le lleven a tomar unas decisiones u otras: calma, evasión, refugio… 85 Figura 3. Generación de la experiencia de usuario. Autoría propia. 4. A MODO DE CONCLUSIÓN El espacio doméstico debe ser creado más allá de su función práctica de habitáculo y generar una experiencia a quien lo ocupa con el objetivo de aportar tal bienestar que se genere un vínculo identitario con la propia vivienda, el lugar y el contexto. Habitar un hogar es algo intrínseco a la existencia humana y por su propia complejidad, incluida la que lleva implícita al ser humano, debe realizarse por medio de todos los factores y todas las variables posibles, trabajando cooperativamente y colaborando a un mismo ritmo y nivel, para que ese espacio, impersonal, esa cantidad limitada de superficie, de metros cuadrados, pase a ser un lugar que acoja las voluntades, los deseos y las necesidades de sus habitantes ocupantes, y perciban un bienestar acorde a sus expectativas, generando el nexo identitario con ese lugar. El lugar en el que habita el usuario debe resolver todas sus preocupaciones. Para ello, resulta determinante la toma de decisiones por parte del usuario a la hora de elegir como éste debe ser. Esta afirmación tan simple es casi una falacia teniendo en cuenta la realidad en la que vive gran parte de la sociedad, adaptada a viviendas que no se ajustan a sus necesidades. La solución pasa por el empoderamiento del usuario (ensujetamiento), quien, a través del estudio de sus necesidades emocionales, perceptivas y sensoriales logre obtener el bienestar que necesita. De este modo, el objetivo del colectivo profesional correspondiente debe alejarse de la mera optimización de cantidad de espacio, que no logra transformarlo en lugar -con vínculo identitario-, y orientarse hacia la optimización de la calidad de ese espacio mediante una buena organización circulatoria y una materialidad y ambientación acordes con los requerimientos emocionales reales del usuario -que no con los sistemas de la moda y la tendencia-, para la obtención, como resultado, de una experiencia satisfactoria. Finalmente, esta suma de variables encuentra su máxima representación cuando el usuario logra establecer el vínculo identitario con el contexto circundante, con el lugar. El colectivo profesional debe tener en cuenta las vicisitudes específicas de cada lugar, tanto las características climáticas, ambientales, históricas, geográficas o geológicas, entre otras, para lograr ese deseado bienestar que tan lejos está de conformarse con una mera funcionalidad práctica. Primero existe la emoción, luego la función. 86 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alexander, C.; Ishikawa, S; Silverstein, M, 1977, A pattern language: towns, buildings, construction, Oxford University Press. Alexander, C., A, 1979, The timeless way of building, Oxford University Press. Certeau, M. De, (1945), 2007, La invención de lo cotidiano. 1 Artes del hacer, col. El oficio de la Historia, México D. C.: Universidad Iberoamericana. Certeau, M. De et al. (1945) 2011, L’Invention Du Quotidien. 2. Habiter, Cusiner, col. Folio Essais, París: Gallimard. Dols, José A., 1974, Función de la arquitectura moderna, Barcelona: Salvat. Basombrío, M. 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