La Calumnia
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óei ejemplo moral de la infelia Isolina*, jóvm desgraciada en Santeña. "'IWLiS. UliJ. litíij. muy hermosa, criada por sus padres con mucho recato ytemor **®*'*** 11. fÍ*T* A«ai-ifívvnyí i<A ulua i*iuj p,-. --- r.4. j' de Dios dpe muy jorencita tuvo la desgracia de perderlos. >ivia retirada, yno salia mas oke ála Iglesia por la mañana temprano: no iba áparte alguna, sino á casa de su be^na vecina, mujer honrada, que le proporcionaba costura pon que '^^Pero miradas de los hombres corrompidos ydisolutos penetran mocho como la dfc los basiliscos. Asi foé que varios de estos mismos. qoe_ abundan en tolas nartes se p'oposieron enamorar áIso/tno, nombre de la niña, ysacarla de hbaena seida, pero lo que hicieron al intento loé en vano: su corazón, sus oídos ysu casa pennatecieron cerrados átoda seducción, como el paraíso cuando lo vjí^ldo”jnHo ti mas audaz yel mas malo de todos, le amenazó con que se veniaríaTi se mantenía en no darle oidos; ycuando vió que ni por temor ásus am4az;S accedía la niña asus ruegos, púsolas por obra publicando por todas partes qu. era una hipócrita, r«l^e él había sido en secreto sm gran resistencia su corresiomido amante. ^,,j1. Co*o el mundo está siempre predispuesto acreer todo lo malo que del pro- .oiaic se dct la pobre Isolina quedó en poco tiempo completamente difamada. -*Veia laintcente que los mismos que antes la querían bien yla saludaban, la 1niraian alort en desvio ycon sonrisa burlona, que las genttó bonradp que an- «s fababláian ahora le volvían la espalda yno podía atinar con la cansa de estas mudanzas, basta que por último su buena vecina se lo manifestó, añadiendo
qoe sentía, por qae la qoeria bien, tener qne decirle que en adelante no nodia permitir la inUmidad qoe con sos hijas tenia, porque annqne no fnera ciert^ qne sobre ella decían, era el hecho qae había perdido su buena fama tone k sas hijos padecería si se trataban con ella. ^® ;ün rayo no habiera podido herir yanonadar en mayor grado ála pobre niñi »o qne hiciera estas paleras! Retiróso^so aposento llena de dolor tde verauen¿ y^eayendo de rodillas, CTplicó al Señoría llevase ksi sacándola de un mando ei eqQe> como flor marchita por el balito de ana serpien¿, no había ya lagar para ela en el ve^el de las gentes honradas. Ycomo si Dios habiera accedido á1 plegaria ta n'oonesto yjustamente motirada, desde aquel dia em'pezó áenferma aquella flor marchita por el tíI gusano de la calumnia qüe roía su corazón. Vamos ahora áqué Julio el mal alma que había robado áesta inocente su único bien, su buena fama, andaba tan descuidado viajando por esos mundos, ysi-i guiendo su viciosa vida, como aquel que cree que no se ha de morir nanea. Sucedió que en la capital en que ála sazón se encontraba, foé súbitamente invadida por una espantosa epidemia. Uno de estos infortunados fué el calumniador, cuya conciencia despertó cuando cerca de la muerte, yle puso patente ante los ojos como un juez, la enormdad de una culpa, lo^ueje aterró tai^.. qaQ.;estaqdo cercano <á la corte de Roma, marchó áella, sé echó álos pies éel Snoté Pontífice le efenfesóso pecado. Su Santidad té puso por condición para absorverté réméSíse del 'modo que pudiera el daño.queNbabia cansadov yle díó por penitmicia qoe entrad á«ar en 4g!osias que ea sa tiaje de vuelta halláiia ásu pa^. Asi lo efectuó snmiSo él penitente. Llegó ásu pueblo en una hermosa noche de luna, “y ál pasar froníerc ála iele sia, estrañó notar la puerta entreabierta ysq intermr alambrado. En cumplimiento de la penitencia impuesta, entró áorar; pero cual no seria su asonbro cuando VIO en medio de la nave na féretro que alambraban ycustodiaban cuaKO blandones, cuya luz ^ve, clara yserena cuando posa solemne sobre un cadáver, parees el aliu del résplandeciente dia sin noche de la noche de la eternidaJ. iinfelíz! pensó al divisar aquel abandonado cadáver, qne no tnm CMa en qse^ qnedw depositado, ypidió áDios la suya que presta Su Dwina ifageshd átodós ios desamparados .¡Desdichada qne no tuvo parientes, dendos ni amig«s qufle^ velasen, yacudió áque lo hicieran estas luces de la iglesia, que del mi^o^o honran el cadáver de los poderosos que el de los miserosi Acercóse ai féretro yretrocedió aterrado. En el yacía el cadáver de la lina que vil calnmoia ajó yque mataron loa , -roedores gusanos, el dolor/ b,^rgñenza. Huyó despavorido, pero encontró las puertas de la iglesia cenadas. <i(h vez mas asombrado, trató de esconderse; pero ¿dónde que ante los ojos no tuvi^ , aqcel féretro colocado en medio del templó en el centro del foco df 1» Jib qq» esparcían los blandones? Sus ojos fijos yespantados, no podían deayiaEse de aquel cuadro de terrtH Í^ irresistible atraccimi.
Entonces Tióqtfé la inorerteieTtótó su »cabeza ycoow si le fallan las fuerzas la TolvÓ ádelar caet. ^ El infeliz, eitraaiado por ol espanto hoyó á^ado, per6 ningono desviado que no. llegase áél Uluz de los cirios iapartado que no a al centro. yi k Vio entonces que la nlae^ se incorporó yse seni gu el atoad; pero tamtuea esto vez parecieron faltorté las" foeri^, volvió ácaer eja caja. Finalm^te, po tercera vez, si incorpprp ysaljendó' del féretro dirigióse gg paso '^***9’. '|strado de rodillas, Ía&. manos cenadas, los ojos estravi.jos, empezó adeci jPerdona, perdóniñiíé, piadosal ¡Sabe qne he reconocida mi enorme delito, que me pesa, ine pesa, me péíaf .... Yque peregrinando vena cwt eV cargo y firme intención dp, restituirte /sol»«d la buena fama que en mM'iora te qui . La muerta con* un>gesto le mandó que la siguiese. Encanáin^e ense^ con él ála pila del ^na teudita, yllegado que hubieron áella le bizt seña de qne vaciase. Trémalo'y'dosailentado, apresuróse Julio ácumplir con lanandada. mando la pila estavó^i^tía,' lé dQo la muerta con voz grave ysonora: —Recoge ahora el agua vertídá yvuelve állenar la pila. Asombrado se quedó el pefiSitente con tan estraño mandato„i ¿No ves, esclamó que no existe ya el agua —que el suelo la haabsortBlo jqne imposible volver 4recoger ni Una sola gota? iAlo qne la mnerto reposo en tono solemne; Lw^gHsáeba-fama en el hombre es comojel ^oa bendito en la pito; á [jleirama, no podrá el qne la derramó recogerla yrestitnírla. Imañana siguieate halló él sacristán cuando entró en la Iglesia, áun cidentodo junto ’á la piU del agua bendita. Vuelto, en si de sn accfdente "»Mar ni dardmticiaa ix-nn»-» a»proogneta en aquel lo^ar, porque su leí. había j>cado. Entró de lego en nn convento, en qne tuzo una vida ejem- !*• ypenitente, Ydonde morió en opinión de santo. s iqai Señor, de r«<fi8as, estoy llorasdo la aeagaa qeteeiBnaiedoni leagaa laúd solté úl eaador; Bto tó, lesos de sd vida, sabes qoe sov iMCsate . yeoafu cmataatopeiBte eistoifia de ai aaear . :aaás los lieabias legraron 9sa blrbaiA leriieia 4tflaaaeday«r«sa cao ta aaxffio ^arié, 7Jallo, el aat ^de todos. CMio los demás borlado mi descrédito ba jorado. ylo ha consegoidp áfé La leagoa mordaz de Jolio por todas partes lafriefcas, eno Upóerila oie Baaa ydiz qoe so presa foi; de soerte qo* ea poco Üempo creyó la geata ai iai^ aleado así qoe el honor m atwaaeate perA. Lee hoabrw ybs aajerea lanaatíanosT Iss aifes.
eon b«^f 7destUei alvr'^ ea rostro me dea: knta aat aiedre coa hijas qaa riempie labor me haa dado de so casa me ha expotsado temieado de mi oa desmaa. Cómo 70, pobre ItoHm, podré 9ivir ai aa segaock» en este misero mondo sia mi honor mi único bt^*^ cómo podré de las gen*^ hallar la antigoa a;níi^ dsáeia 7eavilecha 7ea desamparo te ven? ¿Dónde estas fioesto Julio? que to corazón Ásceno no Tiene de fnr.b lleno áhnndirme ei el ataúd? {impostor/ ¿qjé ajas te resta? ¿no devoraste terrible con una saia indecible mi honor, mi pan, mi'salod? ]Obt nos de recta josticía dulce consuelo de mi alma dale ám's pesares caima eo tu celesUal mansión ^sobre' mi negra tamba haz que Julio arrepentido devjQC^va mi honor perdido con p^Uca confesión. Él Éedéntor de los bombees desde SU córte divina escachó éti la herohia la insta yferviente prez; ylos castísimos ojos de la paciente doncella tan mal lograda ytan bella vieron por postrera véx. EL. TEMPLO. lí; Era una aaoha sereaa de lana clara 7íolgetMe que iluminaba impoaapto .. de nn santnario el estertor, . , su entrada del todo abierta dejaba ver am espanto nn pobrs féretro' santo con cirios en derredse- Xln Tiíjanle ^regrino-_w; . entra en el templo yadvierta . nn catafalco de muerte que ante sus ojos está; .-«id. payarti^osa modtosa , ána iagulo d<^ saataara vé qoe él m^lal fbherark dehieaiaáaltiw^ti. Aferrado el perégriao hoye por toda la nave po rver Msu restioevade de aqael túmulo cruel: -más los cirios encendidos que en él templo verreraban ante su vista alampaban ^eatafaJco de biel. Ea pié por fin el cadáver se pone sobre la tumba ysa voá grave retumba ea el sagrado lugar; entóneos el peaiteala busca aturdido bt poerta . yno encoatrándola bidtiérta de inojos va ásupljcar.^ Perdón, perdón, Aoiaio, diz temblsado ei peregrino perdpB para el asesina .... que sin piedad te ntatóZj^ . perdón {tara el hombre infáaie^ qtte en una flora drieneía bBBlgna.la.pi!Ovldoneia . deaberimeBleayisú, AEomi marché VPa^ mi deiito confesanoo -\ me!Bflaió vfei^*eiéáid -^ EúLEkihÁiM caOl A6 vos; .pQ^MloslBoelieay^Siaé. (v«Bfafeéeewjóia 'con lágrimas en los para tu honra devolver. Ven, Julio ves baste estaiN»*a<|)Ua( 'í' yc(» la acctaa iiM (rate^ al suelo sa agoaeelte^tB . yeapmqueestft^uia^ toma el agüé ál red^^ qae no riáudota ‘ lo mismo eeB% -iit. Jiodtai soa'weíb'mow ÚítocMllaiiaoeaateapc^ qae bartdos las calnmuten siiu^e^; ypocoslosqute co^.j»*® Mrfsadc» porel tíeib^^ al mundo tnieen ^eosw confalón de sa m>l** K' (i i :í.¡ de u