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Operación masacre [Reseña]

Huici, Adrián

Full text

Ope ación masac e Rodol o Walsh Mad id, Ediciones 451, 2008. 230 páginas Ad ián Huici Módenes A gen ina, junio de 1956: un g upo de ci iles y uni o mados de iliación o simpa ías pe onis as deciden le an a se en a mas pa a depone al gobie no de los mili a es que no hacía un año habían dado un golpe de es ado, al que pomposamen e llama on, Re olución Libe ado a, con el que expulsa on del pode al Gene al Juan Domingo Pe ón, en onces p esiden e cons i ucional del país. T as el golpe, Pe ón pa ió al exilio, do ado y plácido, como suele se el caso, pe o sus e ien es seguido es, los que no pudie on segui le al acogedo Mad id del Gene al F anco, no sólo pe die on p i ilegios, posiciones de pode o conquis as sociales, sino que padecie on la enganza de los sec o es más conse ado es y an ipe onis as de la sociedad del momen o: e a enien es, al a bu guesía, p o esionales acomodados, cle o, odos ansiosos de e ancha as diez años de gobie no pe onis a. Un deseo de enganza que desmen ía escandalosamen e la amosa ase p onunciada po uno de los golpis as, el Gene al Lona di, que p ome ía aquello de “Ni encedo es ni encidos”. En 1956, las he idas es an abie as y sang an es, y a las palab as de Lona di, como an as eces en aquellas la i udes, muy p on o las había a as ado el gélido ien o pa agónico. Y como an as eces, an es y después, se conspi a aunque aho a no es poca cosa: hay odo un Gene al, Juan José Valle, y co oneles, y sa gen os, y al os je es policiales, sindicalis as, ob e os… Du an e la noche del 9 al 10 de junio comenzó la suble ación: a aques pa a hace se con cua eles, comisa ías y a mas en Buenos Ai es, La Pla a y o as ciudades; egimien os en e os que se ponen en ma cha…El gobie no, p esidido po el Gene al Ped o Eugenio A ambu u eacciona con máxima cele idad, an o que algunos sospechan que enían in o mación del mo imien o y lo deja on p og esa pa a luego aplas a lo mejo , sin deja ni un cabo suel o. Se impone la ley ma cial y se ac úa con inusi ada iolencia: p on o las calles se siemb an de cadá e es y, en poco iempo, los ebeldes son de o ados y de enidos. Casi ein e mili a es y quince ci iles ue on ápidamen e usilados, sin ga an ía legal alguna, incluido el Gene al Valle, quien ho as an es de compa ece en e al pelo ón esc ibe una ca a a su an iguo cama ada de a mas y aho a e dugo, el Gene al A ambu u: Todo el mundo sabe que la c ueldad en los cas igos la dic a el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como ienen us edes los días con ados, pa a lib a se del p opio e o , siemb an e o . Pe o inú ilmen e. Po es e mé odo sólo han log ado hace se Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 182-186. ISSN 1989-600X 182 Ad ián Huici Módenes abo ece aquí y en el ex anje o. Pe o no apa án con men i as la d amá ica ealidad a gen ina po más que engan oda la p ensa del país alineada al se icio de us edes. Po cie o, años más a de, en 1970, el b azo de una Némesis ciega y ci cula , como si de una agedia de Esquilo o de un cuen o de Bo ges se a ase, alcanza ía al des ina a io de esa ca a, po en onces econ e ido en demóc a a. En mayo de 1970 A ambu u ue secues ado, some ido a un simulac o de juicio y asesinado con a ios dispa os de pis ola hechos a quema opa en el só ano de una casa de campo. Sus e dugos e an miemb os del g upo gue ille o Mon one os, el ala izquie da y e oluciona ia de un pe onismo enacido y que, ingenuamen e, pensaba que el anciano Gene al Pe ón, que ecupe a ía el pode en 1973, iba a conduci una e olución socialis a. Es a es, en azos gene ales, la mac ohis o ia de aquella malhadada “con a e olución” que p e endió acaba con una au op oclamada “ e olución libe ado a” que, s ic u sensu no lo e a y que, a su ez, había acabado con una democ acia que, dado el au o i a ismo y populismo de su p esiden e, ampoco lo e a an o: así de in incados son los bo geanos juegos de espejos del labe in o la inoame icano. Po ello mismo, e a p esumible que es a his o ia no acaba a con el eco de las de onaciones de un pelo ón eglamen a io o mado en el pa io de una cá cel pa a usila “ eglamen a iamen e” a gene ales, co oneles o sa gen os, que de odo hubo. En e ec o, ocul a as los g andes i ula es de p ensa, y de los nomb es que ci culaban en boca de odo: Rojas, Valle, A ambu u, la ía una his o ia en le a pequeña pe o cuyo d ama ismo supe aba, si cabe, al de los usilamien os bendecidos po el código mili a y ambién, segu amen e, po la San a Mad e Iglesia, que en la A gen ina siemp e ha es ado lis a pa a legi ima a las espadas sal ado as. Esa pequeña his o ia, e a la his o ia de un puñado de pe sonas, odas ellas ci iles muchas de ellas sin conexión alguna con los hechos desa ollados en la ía noche del 9 al 10 de junio, que po el aza o po el des ino, según se p e ie a, se ie on so p endidas po una edada policial que los de u o a odos, sin in en a dis ingui siquie a en e sospechosos, culpables o inocen es. De enidos odos, ca gados en un u gón policial, la mayo ía pe plejos o inc édulos, ue on lle ados a una comisa ía aunque no se los egis ó en el lib o de en adas. Después de unas ho as, ue on asladados a un basu al de la pe i e ia de Buenos Ai es donde, ignominiosamen e, se los usiló, aunque al ez no hab ía que u iliza esa palab a que, aun en su b u alidad, oda ía e is a un au a de legi imidad ya que p esupone juicio, de ensa y apelación. El usilamien o conlle a ambién algo an “cul u al” como el ce emonial: i o de la úl ima olun ad, ma cha al pa íbulo, enda en los ojos…Lo que ocu ió en aquel oscu o basu al, sencillamen e, ue una masac e, y así se la nomb a desde el í ulo de es e lib o: con odas la le as. Como decíamos, es a his o ia hab ía quedado en el ol ido más absolu o, añadiéndosele más ignominia, si cabe, de no habe sido po que un umo llegó a oídos de un esc i o y pe iodis a que, alejado de conspi aciones y dispa os, se concen aba solo en su esc i u a y en el ajed ez, sus dos g andes pasiones. Y allí, en un ba en el que Rodol o Walsh medi aba sob e la con eniencia de emplea la de ensa Nimzowi z o la Pe o , alguien le susu ó la ase que ya no le abandona ía: “Un usilado i e”. En onces, odo cambió: algo se emo ió en el in e io de Walsh: un Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 182-186. ISSN 1989-600X 183 Ope ación masac e sen imien o de injus icia, el anhelo de la e dad y el ins in o del cazado de buenas his o ias. A pa i de esa simple ase: “un usilado i e”, comienza una alucinan e y alucinada in es igación que lo lle a á, li e almen e, a los só anos más oscu os de la polí ica nacional y de los eso es del pode , in es igación que le e ela á, len a pe o inexo ablemen e, una e dad a oz. Todo ello a pa i de en e is as clandes inas, de iajes po una ciudad inaba cable, de isi as al luga de los hechos y de búsqueda de p uebas que, poco a poco, an apa eciendo y con i mando la e sión de los supe i ien es. Así, en plu al, po que uno de los inc eíbles descub imien os que ha á el pe iodis a es que son a ios los que, de una mane a u o a, median e el aza o po una eno me olun ad de i i , escapa on a la mue e del basu al. El p opio Walsh, como él mimo lo cuen a, debe á ocul a se, cambia de iden idad y domicilio po que iene la con icción de que el b azo c iminal que ac uó aquella noche de junio, ambién puede alcanza lo a él: su descenso a los in ie nos le ha mos ado el os o de la in amia en las ca as de jueces, abogados, mili a es y policías cómplices del c imen, aunque ambién algún que o o soplo de ai e esco, como el caso de un unciona io policial que denuncia el caso, y un juez alien e que lo asume, aunque, odo hay que deci lo, el gobie no cie a la in es igación judicial o denando que la causa pase a la ju isdicción mili a . A pesa de an as abas, de an as amenazas y de an o miedo, el abajo de Rodol o Walsh hace que la e dad eme ja. Ya no quedan dudas: se usiló sin juicio, sin ca gos ni posibilidad de de ensa legal a un g upo de pe sonas, una ho a y media an es de la en ada en igencia de la ley ma cial. La o peza y los ne ios de los policías enca gados de la ejecución, la sue e y el alo de alguna de las íc imas, les pe mi ió escapa a la mue e, esconde se y, en algunos casos, e ugia se en embajadas ex anje as pa a sali , luego, del país. Con oda esa in o mación, Walsh comienza a edac a su lib o que, a la pos e, queda á en los anales de la his o ia del pe iodismo de in es igación a la ez que de la g an li e a u a, inaugu ando con él un géne o que an ecede en unos cuan os años al mí ico A sang e ía de T uman Capo e, al que no iene nada que en idia . Ope ación masac e es, en e ec o, un documen o de in es igación que consigue nada menos que a anca la e dad secues ada en las cloacas del pode , a la ez que u iliza con maes ía los ecu sos de la no ela neg a, en la mejo adición de Chandle o Hamme y, como si es o ue a poco, acaba á po ans o ma se en una ob a de p o undo calado polí ico. Polí ico, pe o no pa idis a. Walsh no hace juicios ideológicos aunque, como se e á po su ayec o ia i al y, sob e odo, po su ágica mue e, ue un homb e que no u o miedo de asumi un comp omiso y de ac ua según sus con icciones. Ope ación masac e es una ob a polí ica po que en ella se denuncia una o ma, o una de o mación a oz del eje cicio del pode , la que p e ie e la iolencia, la ep esión y el silenciamien o de cualquie oz disiden e, an es que el diálogo y la discusión democ á ica. Queda cla o, además, que la denuncia que es e caso se cen a en unas pe sonas conc e as, en un iempo y en un luga , puede y debe ex ende se a cualquie si uación y momen o, e cualquie luga , como muy p on o se e ía en la p opia his o ia de oda La inoamé ica y su in e minable sucesión de dic adu as y c ímenes, al menos has a la década de los no en a. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 182-186. ISSN 1989-600X 184 Ad ián Huici Módenes Desde el pun o de is a de la e elación de una e dad que clama desde las p ime as páginas de es e lib o, ambién es posible conside a lo como una ob a p opagandís ica ya que, como decía Lenin, una buena p opaganda debe comenza con una p ime a ase que él llamó, p ecisamen e, “de e elación”, en su caso, del uncionamien o del capi alismo, ya que la sola mos ación de su mecanismo e a en sí misma una denuncia y una descali icación. Lo que hace Walsh aquí es mos a po p ime a ez la maquina ia pe e sa que unciona de ás de la achada de gobie nos mili a es que, se suponía, daban golpes de es ado pa a sal a a sus países de g a es pelig os que amenazaban con su disolución, especialmen e, las ep esen adas po sindicalis as, in elec uales o pe sonas de ideología izquie dis a. Como lo ha mos ado la his o ia pos e io , esos mili a es, cuyos hilos e an mo idos po los sec o es más eacciona ios de la sociedad, no se de u ie on an e ningún epa o é ico o mo al en su misión sal ado a. En los cinco cue pos que queda on endidos en el basu al de Buenos Ai es ya se podía pe cibi , pa a quien como Rodol o Walsh uese capaz de mi a con los ojos bien abie os, el genocidio con que se salda án las p óximas décadas en nume osos países la inoame icanos. En el caso conc e o de A gen ina, ello desemboca á en o a e ible denuncia, el in o me sob e las o u as, desapa iciones y o os c ímenes innomb ables que, con el í ulo de Nunca Más, ue di igido po el esc i o E nes o Sába o. T ágicamen e, en ese lis ado del ho o hab á de igu a , ambién, el nomb e de Rodol o Walsh. Una p ueba del calado social y polí ico de es a ob a se á la u ilización que de ella se ha á, especialmen e en e pe onis as, p osc i os y pe seguidos du an e ein e años, quienes lo esg imie on con a los sucesi os mili a es golpis as como ad e encia: “sabemos de lo que son capaces de hace ” y “sabemos lo que se esconde as la acuidad de los discu sos” pa ecía se el mensaje que ponían en pie quienes ena bolaban el lib o. Rodol o Walsh, igual que T uman Capo e, sal ó a la ama con él y los lib os que esc ibió a pos e io i u ie on una g an acogida de público y de c í ica. Pe o a nues o au o no le espe aba un camino de osas: en los años 70, una ez más la iolencia y las con ulsiones polí icas sacuden al país. De un lado, los g upos a mados de izquie da, como los o skis as del ERP o los Mon one os pe onis as (los que secues a on y ma a on a A ambu u), del o o, los mili a es ansiosos po acaba con esos g upos y, en medio, el i ubean e gobie no del ya anciano Gene al Pe ón y, a su mue e, el de su incompe en e muje , Isabel que se á depues a, en ma zo de 1976 y sus i uida po la dic adu a de los gene ales, con Videla a la cabeza. An e semejan e pano ama, Rodol o Walsh conside a que hay que lucha pa a consegui un gobie no e dade amen e e oluciona io que acabe con las injus icias de las que él ha sido es igo de p ime a mano. Pa a ello se une a Mon one os y pasa a la clandes inidad. También lo ha á su hija que, poco iempo después cae á asesinada en una emboscada del ejé ci o. En ma zo de 1977, al cumpli se el p ime año del gobie no de la Jun a Mili a , esc ibe una ca a es emecedo a a los Gene ales que le da á an a no o iedad como Ope ación Masac e y que, a la pos e, se á su sen encia de mue e. Tal y como lo hicie a ein e años a ás al na a los c ímenes en Ope ación Masac e, en es a ca a, Walsh uel e a desenmasca a las in enciones c iminales de Videla y compañía a la ez que hace un lúcido análisis de las mo i aciones y obje i os eales po los que los mili a es han omado el pode . La ca a comienza con es as inol idables palab as: Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 182-186. ISSN 1989-600X 185 Ope ación masac e La censu a de p ensa, la pe secución a in elec uales, el allanamien o de mi casa en el Tig e, el asesina o de amigos que idos y la pé dida de una hija que mu ió comba iéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a es a o ma de exp esión clandes ina después de habe opinado lib emen e como esc i o y pe iodis a du an e casi ein a años. Con inspi ación e dade amen e p o é ica, Walsh uel e a mos a lo que pe manece delibe adamen e ocul o, po ejemplo, los e dade os planes que los mili a es iene pa a el país y los nomb es que se mue en de ás de los uni o mes, a la ez que p edice con escalo ian e p ecisión lo que le ocu i á al país y a sus gen es: Es os hechos, que sacuden la conciencia del mundo ci ilizado, no son sin emba go los que mayo es su imien os han aído al pueblo a gen ino ni las peo es iolaciones de los de echos humanos en que us edes incu en. En la polí ica económica de ese gobie no debe busca se no sólo la explicación de sus c ímenes sino una a ocidad mayo que cas iga a millones de se es humanos con la mise ia plani icada. Todo es á allí: los secues os, las desapa iciones, la o u a, el en iquecimien o obsceno de los pocos de siemp e y la pos ación económica y mo al de oda la nación. De alguna mane a, ambién se incluye aquí la esquina de la ciudad de Buenos Ai es en la que los mili a es espe a on al esc i o , que dis ibuía pe sonalmen e copias de su ca a, y donde lo aba ie on con uego de me alla. Lo escalo ian e de es e ex o es que es á esc i o con la ce eza de que su des ino inal se á ese y sin emba go es asumido con alen ía y con e dade o co aje ci il que an epone la denuncia a su p opia ida. Así e mina es a ca a que ha pasado a se uno de los documen o más imp esionan es de una época in ame: Es as son las e lexiones que en el p ime ani e sa io de su in aus o gobie no he que ido hace llega a los miemb os de esa Jun a, sin espe anza de se escuchado, con la ce eza de se pe seguido, pe o iel al comp omiso que asumí hace mucho iempo de da es imonio en momen os di íciles. Como hemos dicho, la p o ecía y la agedia se combinan en es e documen o, que es la culminación necesa ia e insoslayable de lo que Walsh había iniciado con Ope ación Masac e, an o más ágico cuando aho a, muchos años después, conocemos ehacien emen e la e dad que ence aba y que encie a y el malhadado des ino de su au o cuyo nomb e, a pesa de odo, y a di e encia del de sus e dugos, pe du a á. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 182-186. ISSN 1989-600X 186