Ciudad, comunicaciones y globalización: Postfolio
Abstract
En este ensayo el autor analiza el significado civilitatorio de los medios electrónicos de comunicación exponiendo los elementos conceptuales de una posible interpretación de estos medios. El análisis se organiza en torno a cinco categorías elementales: globalidad, masa, ciudad, espectáculo y experiencia.
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168 POSTFOLIO CIUDAD, COMUNICACIONES Y GLOBALIZACIÓN Eduardo Subirats En este ensayo el autor analiza el significado civilitatorio de los medios electónicos de comunicación exponiendo los elementos conceptuales de una posible interpretación de estos medios. El análisis se organiza en torno a cinco categorías elementales: globalidad, masa, ciudad, espectáculo y experiencia. Globalidad La televisión es un sistema integral de integración simbólica que compite ventajosamente con las instancias tradicionales de socialización: la familia, la escuela o la iglesia. Esta función socializadora comprende varios aspectos de la vida humana. La televisión regula en primer lugar nuestro tiempo y nuestro espacio vitales, es decir, los ritmos humanos de producción, consumo y vida privada. La televisión produce la realidad que nos envuelve, a través de sus programas y paquetes mediáticos, sus eventos políticos y de entretenimiento. Ella construye, a su vez, los esquemas interpretativos de su propia presentación de la realidad. Una guerra. Sus imágenes son seleccionadas con arreglos a características psicológicas, estéticas y políticas. Las víctimas del enemigo son vistas en primer plano y extremo naturalismo. Los efectos destructivos de las fuerzas aliadas se representan a través de los frotages de las imágenes de láser. El ritmo informativo es definido por las secuencias publicitarias, los programas de entretenimiento y las informaciones locales. Sobre este material procesado se sobrediseñan procesos de interpretación secundaria. Estos pueden se fictivos: un film de Rambo arroja claves estratégicas, espectativas morales, identidades heroicas que los comentarios de editores, o los propios discursos militares pueden confirmar o adaptar. El resultado es la tupida red de interacciones simbólicas entre las imágenes reales y ficciones narrativas, citas de la realidad y discursos editoriales políticos. La televisión define así valores al mismo tiempo colectivos y personales, establece las características de nuestra memoria histórica y dise- - CLXVIII - ASTRAGALO, 16 (2000) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2000.i16.17 Escritor, profesor de la New York University
ña el futuro. Ella encierra, en fin, un universo cultural relativamente autónomo, con sus leyes estéticas y políticas, y su propia racionalidad iconográfica y económica. Pero la televisión no es solamente un discurso o un sistema de discursos. A través de sus funciones simbólicas y sus redes electrónicas constituye una comunidad ideal, una ciudad virtual: la masa electrónica de los teJe-espectadores. Esta existencia social electrónica ha transformado radicalmente nuestras formas de interacción humana, nuestras culturas urbanas y nuestra percepción cotidiana de lo social. Categorías tradicionales en las que se ponía de manifiesto la concepción secular de Jo social desde el siglo xvm, la plaza, el pasaje, el teatro y el parlamento, y en las que lo social se articulaba como una realidad presencial, y emosiglo xx. Fue asimismo una de las consignas de los movimientos sociales izquierdistas. Nueva política y nueva cultura han sido también, y no en último lugar, los títulos que en el pasado han anunciado los dos grandes sistemas totalitarios del pasado: el comunismo y el nacionalsocialismo. Quiero llamar la atención sobre estos antecedentes semánticos e históricos porque son relevantes para el problema que quiero dilucidar en estas páginas. Antes de continuar esta reflexión quiero subrayar otro aspecto paralelo: la nueva cultura mediática posee raíces más profundas que sus instrumentos tecnológicos en un sentido estricto, es decir, la combinación de la antena, el satélite, la computadora y el aparato de televisión. La comunicación electrónica es el resultado de la convergencia de estas tecnologías de cionalmente vibrante a través de su realidad reproducción y difusión con otros factores soinmediata reconocible, se ha transformado en ciológicos y culturales: en primer lugar, la un dispositivo de signos móviles discrecionalmente diseñados sobre la pantalla. La acción y participación sociales, la propia experiencia de lo social se ha transformado gracias a esta mediación en un sentido tanto emocional como intelectual. Se ha vuelto más abstracta, se ha empobrecido sensualmente, ha perdido en espontaneidad y viveza, lo que ha ganado en accesibilidad técnica. Nueva cultura y nueva política, tales son los grandes rótulos bajo los que se pueden describir los cambios que la televisión ha impuesto sobre nuestras formas de vida. Al formular esta pareja de conceptos lo hago con la clara conciencia de sus antecedentes históricos. La renovación de la cultura moderna fue el grito de guerra de las vanguardias artísticas del concentración de poderes políticos, económicos y militares; segundo, un proyecto estético de cultura como segunda naturaleza artificial que se remonta a las vanguardias históricas y el romanticismo. La televisión, y su expresión más acabada, Internet, deben comprenderse en tercer lugar, dentro del proceso histórico de globalización económica, administrativa y simbólica que se confunde en muchos aspectos con el popio concepto de modernidad. Las ideas revolucionarias sobre el cine como medio manipulador de las masas desarrolladas y practicadas por Eisenstein deben recordarse en este lugar en la medida en que ilustran esta convergencia de perspectivas artísticas e intelectuales, políticas y tecnológicas en el campo - CLXIX169
170 de una nueva cultura política y estéticamente programada. Eisenstein definía el cine como «la fábrica de puntos de vista y actitudes frente a los hechos>>. Esta frase brillante y osada apuntaba a toda una nueva concepción totalitaria de la cultura. Pero Eisenstein sólo representa en este sentido un proyecto civilizatorio más amplio que abrazan el conjunto de las nuevas tecnologías y lenguajes artísticos de las vanguardias, desde el misticismo estético de lo absoluto de Mondrian, al programa surrealista de simulacros artísticos a escala industrial, y desde la movilización futurista de las masas a través del nuevo arte industrial hasta su exaltación poética, filmica o arquitectura por los pioneros del arte moderno: la poesía soviética de Alexander Block, el cine protofascista de Fritz Lang o la arquitectura industrial de Le Corbusier, por citar unos ejemplos. La misma concepción reformadora de la cultura y la política fue formulada con respecto a los medios electrónicos de comunicación específicamente por el Lissitzky, también en los años veinte. «El centro del esfuerzo colectivo -había escrito este artistaes la antena de transmisión de la radio, que difunde destellos de energía creativa por el mundo. Gracias a ella podemos despojarnos de las cadenas que nos atan a la tierra y elevarnos por encima de ella>>. En los sueños de este artista, que se prentendía el profeta de una nueva era planetaria, los nuevos medios técnicos de reproducción permitían la realización de la utopía romántica, asismsmo patrocinada por las vanguardias, de configurar la sociedad humana como el conjunto de una obra de arte total y una segunda naturaleza artificial. La antena se anunciaba como artífice de una cultura global de valores enteramente nuevos, y de una segunda realidad (técnicamente producida). Años más tarde, una de las cabezas intelectuales más destacadas del nacionalsocialismo alemán, Goebbels, definía asimismo la radio como el medio creador de una segunda realidad social e histórica. Se trataba, según sus propias palabras, del instrumento de una <<política total>> y de la <<determinación del estilo de una época>> . Goebbels, que en este sentido no se encontraba muy lejos del pensamiento de las venguardias anticipó con sus estrategias radiofónicas de la política total la construcción electrónica de la realidad a gran escala como la percibimos en el día de hoy. Su última consecuencia era el diseño de las decisiones políticas y de la representación del poder como una gran obra de arte real. En los años cincuenta, McLuhan todavía podía expresar una pueril fascinación por este proyecto pionero de la <<implosión mediática>> que él mismo formuló como profeta menor. Podemos establecer una primera conclusión a partir de estos rápidos bocetos en torno a la cultura mediática de nuestro tiempo. La televisión es, en primer lugar, una medio global y globalizador porque interrelaciona realidades sociales y culturales diferentes a todo lo ancho del planeta. Ella posee una función globalizadora en la medida en que incide en el conjunto de nuestras formas de vida, de nuestra cultura, así como en la nueva política. En fin, las transformaciones inducidas por la televisión en nuestra vida tienen un carácter global y definen una nueva cultura en consonancia con las utopías artísticas y políticas del siglo xx. - CLXXASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
Debemos distinguir todavía otros aspectos. Las palabras global, globalidad y globalización fueron lanzadas al aire precisamente en el marco de la teoría de los medios, como sucedáneo al concepto más politizado de internacionalismo, y de los arcaicos significados metafísicos ligados al valor de lo universal. El «global village» fue definido como la reduplicación electrónica del mundo humano, es decir, de las civilizaciones y sistemas sociales, sus memorias culturales, y su devenir histórico a lo ancho de una red electrónica que se anunciaba comercialmente como una segunda corteza cerebral. A lo largo de los años ochenta el concepto de globalización ya no era una utopía futurista como la expresada por El Lissitzky, Goebbels o McLuhan: era más bien la efectiva red de inres del planeta señalan una dismensión paralela de la globalidad, inseperable de la utopía y de la realidad de la integración electrónica de la llamada aldea global. Masa Los medios electrónicos de comunicación constituyen hoy un sistema omnipresente de información e interacción de las masas humanas virtuales de la sociedad trardoindustrial: la masa electrónica de los teJe-espectadores. Esta masa electrónica es el segundo aspecto de la transformación electrónica de la cultura que deseo analizar. Para la comprensión de esta masa mediática quiero aprovechar una intuición de Elias Canetti en su libro Masse und Macht. Canetti reformación electrónica por la que circulaban laciona la organización industrial de las masas tlujos financieros, decisiones políticas y accio- (desde las masas encerradas en el estadio nes militares a escala planetaria. La Guerra del Golfo Pérsico, los colapsos financieros que se han ido reproduciendo a lo largo de la última década del siglo xx, o el escándalo sexual en torno al presidente Clinton son algunas citas de primera importancia que señalan esta nueva dimensión electrónica global de nuestro mundo. Pero las palabras globalidad y globalización las empleamos asimismo para designar los efectos que estas redes de comunicación tienen sobre el conjunto de las culturas mundiales y la existencia humana individualmente considerada. Los desastres sociales ligados a las crisis financieras, las catástrofes ecológicas derivadas de la contaminación industrial de la biosfera. los fenómenos migratorios masivos que acompañan las crisis económicas y militaolímpico hasta las masas volatilizadas en los campo de exterminio) a la tradición de las masas cristianas: las masas de los fieles, encerradas, dirigidas y movilizadas por el sistema artístico global de las iglesias; las masas de peregrinos y las masas de cruzados; sus masas de condenados o de elegidos; las masas de las almas. En segundo lugar Canetti señala una sucesión lógica y empírica en la sociedad totalitaria del siglo xx entre el encerramiento, la movilización y la inmolación de las masas. La masa tardomoderna es, en primer lugar, una masa cultural, económica y urbanística desintegrada. Es multicultural, pero los legados de su cultura apenas sobreviven en su intensidad originaria. Es una masa encerrada, sumida en un radical aislamiento domiciliario, en las ma- - CLXXI171
llas de la arquitectura y el urbanismo industrializados. Es una masa segregada e incomunicada por los propios medios de comunicación, desde el highway hasta Internet. Es una masa pasiva que ha recudido triunfalmente su presencia moral, su acción social, al clicar de la computadora, y la elección, como las masas cristianas de los muertos y de las almas. Canetti hace una última e interesante observación: la finalidad última de las masas concentradas, dirigidas emocionalmente y luego movilizadas por las iglesias cristianas era la muerte. Muerte en forma de guerras de cruzada o de progroms. Muerte también en el sentido de los símbolos de los que se apropiaron los movimientos de masas totalitarios del siglo xx. Muerte bajo las formas de autodestrucción de inmolación de los genocidios del siglo xx. mación puede definirse a partir de dos perspectivas complementarias: la condición existencial del habitante de la metrópolis, y su transformación arquitectónica y urbanística. Las visiones complementarias de la ciudad moderna como la de Simmel y Le Corbusier son esclarecedoras a este respecto. En su análisis de la cortesía, Simmel descubrió la necesidad, subsiguiente a la multiplicación cuantitativa de los contactos humanos en la metrópoli, de abstraer sus componentes personales y emocionales, y suplantarlos por un principio de cálculo. Le Corbusier formuló, en Le Modular. el proyecto de una megalópolis del futuro basada estéticamente en leyes numéricas y geométricas, y en funciones abstractas de producción, comunicación y consumo. Eran los principios de la nueva antropología postindustrial. Spengler y Freud concluyeron 172 La muerte está presente bajo múltiples formas críticamente que precisamente estos principios en nuestros medios de comunicación. La televisión constituye en este sentido una verdadera danza macabra modernizada a través de sus espectáculos de sadismo sexual, policial o militar. Pero la muerte es central también en un sentido formal y tecnológico: como proceso de volatilización de una masa electrónica que se ha vuelto invisible, muda y pasiva. Una masa digitalizada, estadísticamente definida. Una masa reducida a una ficción numérica, reducida a nada, en el acto mismo de su constitución virtual electrónica, mercantil y política. Ciudad La cultura global de la masa electrónica ha transformado radicalmente la estructura de la ciudad a lo largo del siglo xx . Esta transforabstractos y racionales de la civilización urbana moderna eran la expresión de un instinto colectivo de muerte. La ciudad de la era electrónica -que ha recibido diferentes nombres: posmoderna, hipermoderna, high-tech ... según las modas de crítica de la arquitecturaañade a esta «tendencia hacia la abstracción» de la ciudad moderna una serie de dimensiones nuevas. Una de sus formulaciones más tempranas y fascinantes se debe a Scheerbart y Taut, en el contexto europeo de la Primera Guerra Mundial. El punto de partida de ambos eran las ciudades históricas europeas que durante la Primera Guerra Mundial habían sido destruidas social, militar y moralmente. Lo nuevo, es decir, el Leitmotiv de la revolución civilizatoria protagonizada - CLXXIIASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
por las vanguardias del siglo xx, tenía que construirse sobre esos inmensos campos de cenizas. Esta nueva ciudad tenía una dimensión planetaria y cósmica. Era vertical. Sus rascacielos competían por el dominio de las alturas. Su construcción partía de metáforas cristalinas, sistemas geométricos de organización virtual del espacio, masas inmateriales, superficies transparentes, arquitecturas de luz. Su primera realización por Gropius y Mies van der Rohe, en Manhattan, asumió la astringenfinió al habitante de la metrópoli postindustrial como una función abstracta. En su utopía The Metropolis of Tomorrow, Ferriss lo compara con las hormigas. Las megatorres del final de siglo en Kuala Lampur, Hong Kong y Sao Paulo Tower se erigen programáticamente como ciudades-fortaleza y metaciudades electrónicas sobre las ruinas de la metrópoli postindustrial, y su irreparable degradación social y ambiental. cia formal de un concepto racional de civiliEspectáculo zación. Luego, la metrópoli moderna se revisDesde la aparición del surrealismo la teoría crítió de toda clase de retóricas monumentales. tica de la cultura ha centrado cada vez más su Sólo la ciudad electrónica introdujo un cambio atención en la progresiva independización del radical en las últimas décadas del siglo xx. Pervalor representacional de los objetos con ressistía la misma concepción de una ciudad rapecto a su valor funcional o presencial. El feticional, cristalina, cósmica e inmaterial. Pero su lenguaje formal adoptaba una expresión siniestra: cubos de vidrio negro, prismas reflectantes, volúmenes metálicos, geometrías agresivas ... Las fachadas de vidrio opacas exhibían una monumentalizada inaccesibilidad. Y volúmenes puros de paredes especulares generan espacios negativos o virtuales en el interior de la ciudad real. Es como si la nueva arquitectura quisiera construir los espacios trascendentes de un antilugar para albergar precisamente la administración global del mundo que trata de representar. A lo largo de esta evolución histórica comprendida entre las arquitecturas luminosas del expresionismo y el nazismo alemanes, y event-cities norteamericanas de la era posmoderna, la megalópolis del siglo xx se vacía progresivamente de presencias humanas, de sus narrativas y su memoria. Mendelsohn dechismo de la noticia, el valor simbólico añadido por la publicidad a los productos del consumo, el hiperrealismo de la imagen son algunos de los temas relacionados con esta autonomía de la representación. Históricamente este fenómeno no es enteramente nuevo. Las técnicas barrocas de propaganda misionera de la Iglesia católica se basaban en este hiperrealismo de la imagen. La retórica política siempre es otro modelo tradicional de desplazamiento y suplantación de la experiencia de la realidad por sus representaciones propagandísticas. El dinero es la expresión civilizatoria pura de este hiperrealismo de la representación. Lo nuevo· en la cultura electrónica es la asociación estructural de esta autonomía del valor simbólico autónomo de una imagen (no susceptible de control analítico o reflexivo, de generación automática, pseudomágico, etc., como sucede con el icono de un producto co- - CLXXIII173
mercial, la imagen de un genocidio o la sonriEn 1967 Guy Debord advirtió, en La société sa de un presidente) con el interés económico du spectacle, que la generalización de la eco- -exactamente lo que la teología crítica de nomía mercantil transformaría la realidad en Marx reconstruyó como fetichismo de la merun valor estéticamente fabuloso tendente a incancíaes su extensión general lo mismo que vertir epistemológicamente e igualar emociosi se tratara de una segunda naturaleza. nalmente los extremos de lo real y lo ficticio. Desde este punto de vista la implisión mediática aparece como la generalización electrónica del fetichismo capitalista, el cumplimiento a escala planetaria de su inversión de todos los valores. Al mismo tiempo, su diseminación electrónica indefinida convierte el hiperrealismo fetichista o pseudomágico de la economía capitalista en un poder universal de dimensiones cósmicas. Un ejemplo. La fragmentación, descontextualización y banalización de la escena de una guerra posee una función negativa precisa: im174 posibilitar masivamente su experiencia; destruir la autonomía cognitiva de la persona individual; generar una dependencia mayor al sistema de información. Pero estas imágenes provocan, al mismo tiempo, una poderosa carga emocional, que puede desplazarse a discreción hacia otros objetos previamente elegidos. Básicamente ésta era ya la estrategia emocional empleada en las políticas coloniales de genocidio y conversión cristianos. La diferencia con respecto a nuestro mundo contemporáneo es de orden cuantitativo y cualitativo. La multiplicación electrónica de este efecto al infinito, como de hecho ocurre todos los días en nuestras pantallas. lleva a la completa sustitución de la experiencia congitiva autónoma por una segunda realidad integralmente mediatizada por los interes comerciales y políticos. El universo entero estaba llamado a transformarse en un valor vacío, volátil y, por ende, muerto. A esta nueva era de la civilización capitalista la llamo «sociedad del espectáculo». Esta nueva realidad virtual ha sido llamada la aldea global, y quiero recordar a este respecto la crítica que en su día hizo Debord: lo que se globaliza a través de Jos medios no es el mundo, no es la pluralidad de realidades civilizatorias, étnicas, lingüísticas o religiosas, es el villaKe. el villorrio, las culturas pueblerinas de comportamiento e inteligencias limitados, estadísticamente sustentadas bajo el principio mercantil de baja definición de los mensajes y máxima cuantificación de la masa electrónica. Experiencia Un concepto analítico que debe analizarse en este marco es el de la manipulación. Esta palabra está asociada con la mano y con el manejo instrumental de utensilios. Se manipula un cuchillo o una palanca. Se puede manipular también a un humano. En este caso, manipular significa utilizar a una persona como instrumento, lo que supone la derogación de cualquier valor autónomo de su existencia. No tengo que recordar que las metáforas del existente humano como instrumento y objeto de poderes anónimos ha sido prodigada a lo ancho de la literatura, el arte y la filosofía mo- - CLXX!YASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
demos, por no decir, que ha sido uno de sus motivos dominantes. Pero muy a menudo se ha dicho que la crítica de la televisión, mucho más aún la de Internet, como sistema de manipulación es unilateral y exagerada. Se argumenta que la multiplicación indefinida de la información electrónica incrementa hasta un virtual infinito nuestras posibilidades de elección. La indefinida capacidad técnica de conectarnos a las redes de información digital acrecientan nuestro acceso a las más variadas formas de conocimiento, comunicación y acción. Los medios electrónicos, lejos de ser instrumentos de manipulación humana, se celebran como Jos medios de su nueva libertad en un sentido comunicativo y existencial de la palabra. Sin embargo, esta argumentación es muy limitada en muchos aspectos. En primer lugar, el concepto de libertad es algo más profundo que la elección entre una relativa variedad de mercancías. Por manipulación, por otra parte, entiendo la producción de unas condiciones técnicas y lingüísticas de la percepción de la realidad, y de la actuación humana en ella que hacen prácticamente imposible la configuración individual de una experiencia independiente de Jo más pequeño hasta lo más grande. Y que, por consiguiente, limita el espectro de las posibiilidades de actuación y de expresión humanas. Quiero recordar a este respecto una situación cotidiana que todos hemos compartido. Todos nosotros hemos visto escenas de la guerra de la ex-Yugoeslavia o de otras guerras llamadas regionales. Todos hemos pronunciado alguna vez una frase común como la siguiente: «Yo he visto el bombardeo del mercado de Sarajevo por los francotiradores». La estructura simple y la banalidad de este enunciado de una apercepción electrónica ponen de manifiesto, sin embargo, un conjunto de elementos oscuros y contradictorios. Lo primero que debe ponerse en cuestión es su mismo sujeto. Por decirlo muy sucintamente: el Yo gramatical de esta percepción de la guerra coincide estructuralmente con el formato en el que se produce su representación mediática. Ahora bien, nada en esta situación simple del telespectador frente a la pantalla electrónica permite sugerir ni la envergadura existencial del poder transcendental de un sujeto del conocimiento, ni mucho menos el fundamento ontológico de una verdadera conciencia ética personal. El sujeto gramatical de este enunciado es una fantasmagoría. Por otra parte, decimos «he vistO>> o «has vistO>> la guerra. Pero lo que efectivamente hemos visto en nuestras pantallas son algunas imágenes parciales y expresiones emocionales sobreañadidas, las cuales están subsumidas, a su vez, a adicionales comentarios editoriales. A menudo estas expresiones emocionales, las imágenes y los comentarios añadidos no mantienen entre sí una relación lógica. Imágenes, sonidos, emociones y comentarios constituyen muchas veces aspectos de una información fundamentalmente fragmentaria y discontinua, cuya eficacia está basada en nexos asociativos fundamentalmente automáticos y prerreflexivos. Las preguntas no terminan aquí. Al pronunciar: «Yo he visto el bombardeo de la Biblioteca Nacional de Sarajevo por francotiradores>> construyo un juicio interpretativo cuyos - CLXXV175
176 elementos, en mi ciudad de espetador electrónico, no soy capaz de controlar analíticamente. Por ejemplo, la palabra «francotirador» presupone una interpretación prefabricada por el propio medio de comunicación. Tiradores francos son individuos aislados, autores de una violencia individual y en alguna medida espontánea en un contexto certificado previamente como caótico o de «guerra civil>> . Un representante de las Naciones Unidas radicado en Sarajevo durante su sitio militar me contó, tras finalizar la guerra, que los partes oficiales censuraban la referencia específica de la procedencia de los disparos, cuando permitía distinguirlos inmediatamente y sobre el terreno como procedentes del ejército serbio. Al mismo tiempo, se pudo comprobar que el acoso militar de la población civil de Sarajevo no era el acto espontáneo de individuos descontrolados, sino una estrategia perfectamente concertada por el ejército serbio hasta sus más delicados detalles. Todo ello ha sido eliminado lingüísticamente y técnicamente de la frase: «he visto el bombardeo>> y la situación mediática que describe. El resultado de esta información fragmentaria, dislocada y distorsionada es la imposibilidad de construir individualmente un juicio sobre la realidad. El sistema de información cancela estructuralmente la posibilidad de una experiencia. La multiplicación indefinida de estas distorsiones y desplazamientos de lo real, y la incapacidad de realizar y comunicar su experiencia individual acrecentada hasta el infinito define el concepto de manipulación en un sentido riguroso. Este significado riguroso es, ciertamente asustador. La manipulación es el estado de continua minoría de edad, también llamado muerte del sujeto, técnicamente inducido por los medios electrónicos de comunicación. Tal fue precisamente el sentido del concepto de manipulación de la crítica de la industria cultural realizada por Horkheimer y Adorno. Quiero señalar a continuación otros aspectos de esta manipulación. Para ello debo partir de dos funciones complementarias de la televisión. La primera es productora de lo real. La segunda función es receptora de esta misma realidad mediáticamente producida. La primera de estas funciones, la producción de lo real, puede definirse con una sola frase. En la cultura contemporánea, la cultura del espectáculo, sólo es lo que aparece en la pantalla; lo que no sale en pantalla no es. La función primordial de la televisión consiste en crear esta clase de hiperrealidad, llamada también virtual. La segunda función mediática está estrechamente relacionada con esta producción de una segunda realidad. Dividiré su explicación en dos partes. Primero: la televisión impone unilateralmente un modelo, un formato, una forma de comprender la realidad. No lo hace porque en sus administraciones existan equipos de expertos con el objetivo de vigilar y censurar los productos finales de la pantalla. La censura lingüística y la policía semántica son indispensables para la producción de los simulacros culturales. Pero la manipulación es un fenómeno más profundo que la simple censura o tergiversación de la opinión. La manipulación opera más sutilmente a partir de las condiciones técnicas del medio. - CLXXVI - ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672