Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la poliorcética y el fasto caballeresco
Abstract
En la Baja Edad Media, la caballería ocupó con plena madurez el papel político-militar al que había ido accediendo como máximo estamento civil. La imagen lúdica de la institución se incorporó a su repertorio iconográfico representativo y el fasto caballeresco, como producción artística, se convir - tió en el medio de expresión estética por excelencia de la fiesta tardogótica. Presentamos este episodio interdisciplinar entre el medio guerrero y el precortesano del estamento caballeresco y su cultura de la guerra, a través de la reutilización de materiales, estructuras y estrategias militares con tratamiento y finalidad artística que las fuentes gráficas y escritas nos ofrecen.
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LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 ARTE, GUERRA Y FIESTA EN LA BAJA EDAD MEDIA: APROXIMACIÓN A LA RELACIÓN ENTRE LA POLIORCÉTICA Y EL FASTO CABALLERESCO ART, WAR AND FEAST IN THE LOW MIDDLE AGES: APPROXIMATION TO THE RELATIONSHIP BETWEEN POLIORCETICI AND CHIVALRIC PAGEANT Carmen VaLLeJo naranJo Grupo de Investigación HUM-429: Museum [email protected] En la Baja Edad Media, la caballería ocupó con plena madurez el papel político-militar al que había ido accediendo como máximo estamento civil. La imagen lúdica de la institución se incorporó a su repertorio iconográfico representativo y el fasto caballeresco, como producción artística, se convirtió en el medio de expresión estética por excelencia de la fiesta tardogótica. Presentamos este episodio interdisciplinar entre el medio guerrero y el precortesano del estamento caballeresco y su cultura de la guerra, a través de la reutilización de materiales, estructuras y estrategias militares con tratamiento y finalidad artística que las fuentes gráficas y escritas nos ofrecen. Palabras clave: arte; caballería; fiesta; guerra; poliorcética. In the late Middle Ages, chivalry fully assumed the political-military role which it had gradually attained as supreme civil class. The ludic imagery of this institution was incorporated into its representative iconographic repertoire and chivalric pageantry, considered as an artistic production, became par excellence the means of aesthetic expression of late Gothic festivals. This paper presents an interdisciplinary episode dealing with both chivalry’s warlike and pre-courtly means and culture of war through the artistically purposed reuse of materials, structures and military strategies provided by graphic and written sources. Keywords: Art; chivalry; feast; war; poliorcetici.
Carmen Vallejo Naranjo42 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 I En la Baja Edad Media, guerra y fiesta son los polos que marcan el pulso de la vida colectiva. Para el estamento nobiliario y bajo ordo caballeresco, ambas, son expresiones de poder y, ambas, se ejecutan con un fuerte y depurado código ideológico y estético. Tanto en el medio guerrero como en el lúdico-deportivo, la caballería como institución y el caballero como aristócrata se justifican y representan funcional, estamental, económica y políticamente a través del ejercicio de su oficio, convirtiéndose en las dos caras de su imagen pública. Bajo esta nueva y última identidad, se utilizará de forma legítima y ambivalente parte del material de guerra para recrear durante la fiesta estructuras arquitectónicas y simulacros de estrategias bélicas bajo una fuerte dramatización escénica, convirtiendo al fasto caballeresco en la máxima expresión cortesana de su ancestral cultura laica, guerrera y varonil. Para contextualizar mínimamente la importancia del fasto caballeresco, dentro del ámbito general de la fiesta en la cultura medieval europea1, debemos señalar someramente la funcionalidad de los principales pilares en los que se asienta: guerreros, económicos, sociopolíticos y culturales, hasta introducirse en la Edad Moderna como el último recurso estético de representación pública del estamento. La fuerte cultura bélica germana de naturaleza mercantil, convirtió la guerra en el modo de vida que marcó la existencia humana en la Edad Media2. La Iglesia comenzó en el siglo XI su proceso de reforma y expansión frente al Imperio Germano por la preeminencia del poder terrenal, presentando a la caballería como el brazo armado de la nueva iglesia militante bajo órdenes directas del papado: la militia sancti Petri3. En este complejo contexto se enmarca el comienzo del dilatado conflicto denominado como Querella de las investiduras (1075) y el movimiento de las Cruzadas que junto con la Pax et tregua Dei4 fueron proclamados en el Concilio de Clermont 1 LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Las fiestas en la cultura medieval. Barcelona, 2004; y LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Las fiestas en la Europa Medieval. Madrid, 2015. 2 CONTAMINE, Philippe: La guerra en la Edad Media. Barcelona, 1984, pp. 232-341. 3 El concepto de militia sancti Petri fue introducido por León IX (1049-1057) en las campañas de defensa de los territorios de la Iglesia. Alejandro II (1061-1073) lo aplicó a nuestra Reconquista y, en el contexto de la Querella de las investiduras, junto con su sucesor Gregorio VII (1073-1085), contra la simonía. 4 La “Paz de Dios” protegía a los indefensos: eclesiásticos, mujeres y niños, campesinos, peregrinos y bienes públicos –molinos, iglesias, cosechas o animales de tiro–. La “Tregua de Dios” prohibía luchar en Adviento, Cuaresma, Pascua, en invierno, de noche o si llovía, y desde el viernes por la tarde hasta el lunes por la mañana. Su quebrantamiento estaba duramente perseguido por el “Tribunal de la Paz” con severas penas físicas –amputaciones de miembros– y espirituales –excomuniones, maldiciones y expulsiones de la Iglesia–.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 43 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 (1095)5. Salvando este ámbito general para la Cristiandad, la tregua tenía el mismo marco jurídico y escala que las partes en conflicto, siendo, en realidad, y dependiendo del tipo de lucha, un simple pacto colectivo o personal de ámbito local6. Se apeló al concepto del otium onestum para canalizar la actividad de la caballería en los períodos de tregua en los que el negocio se suspendía y el desorden imperaba, incidiendo en la responsabilidad moral del caballero de mantener sus aptitudes físicas y psíquicas intactas y prestas para el combate7. Hasta principios del siglo XIV, todo ello se mantuvo como un código moral dentro de la institución, pues los torneos fueron condenados por el papado desde el siglo XI y canónicamente en el Corpus Iuris canonici de Gregorio IX en 1234, prohibiendo cristiana sepultura a los caballeros caídos durante su ejercicio y excomulgando a los participantes8. El papa Juan XXII levantó la prohibición en 1316 y, pocos años después, comenzaron las fundaciones de las órdenes curiales europeas, correspondiendo la primacía a la castellana Orden de la Banda en 13329. En Castilla, como frontera meridional de la última Cruzada, esta apelación al ocio honesto se mantuvo como un recurso de legitimación guerrera hasta la caída del reino de Granada. Los “caballeros leídos” siempre justificaron en sus obras su 5 CONTAMINE, Philippe: La guerra en la Edad Media, op. cit., pp. 340-344. 6 ALFONSO X, EL SABIO: Las Siete Partidas, Partida VII, Título XII, Capítulo I. Madrid, 1994, p. 926. 7 LLULL, Raimond: Libro de la orden de caballería, II, 10. Madrid, 1986, p. 33: “El caballero debe cabalgar, justar, correr lanzas, ir armado, tomar parte en torneos, hacer tablas redondas, esgrimir, cazar ciervos, osos, jabalíes, leones, y las demás cosas semejantes a éstas que son oficio de caballero; pues por todas estas cosas se acostumbran los caballeros a los hechos de armas y a mantener la orden de caballería. Por ello, menospreciar la costumbre y el uso de aquello por lo que el caballero aprende a usar bien de su oficio, es menospreciar la orden de caballería”. 8 ALFONSO X, EL SABIO: Las Siete Partidas, I, XIII, 10, op. cit., p. 125: “Torneo es una manera de uso de armas que hacen los caballeros, […] e acaece, a las veces que mueren algunos de ellos. E para esto vedar más firmemente, puso por pena a los que entrasen en el torneo e allí muriesen que los no soterrasen en el cementerio con los otros cristianos, aunque se confesasen e recibiesen el cuerpo de Dios. E esto mandó para que los hombres tomasen escarmiento, en los que viesen soterrar por los campos, e se guardasen de lo hacer”. 9 NÚÑEZ DE VILLASÁN, Juan: Crónica del muy esclarecido Príncipe y Rey don Alonso el onzeno… Cap. CXLIIII. Toledo, 1595, p. LXXXV: “Este Rey don Alonso de Castilla y de Leon como quiera que en aquel tiempo estuuiesse sin guerra, siempre se trabajaua en officio de caualleria haziendo torneos, y poniendo tablas redondas, y justando, y quando esto no hazia corria monte, y por esto, y otro si, porque los caualleros no pudiessen desusar las armas, y también que estuuiessen apercebidos para la guerra quando menester le fuesse, citando en Valladolid mando llamar por sus cartas los caualleros de la vanda, y otros caualleros y escuderos hijos dalgo de su reyno que fuesen todos en vno con el en aquella villa dende a tercer dia antes del dia de pascua, y truxessen alli todos sus caballos y sus armas, y para aquel dia que el rey los embio a llamar vinierõ alli todos”.
Carmen Vallejo Naranjo44 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 prolija actividad literaria como ocio honesto10. Don Juan Manuel (1282-1348) defiende su producción literaria como utilización provechosa de su tiempo de ocio frente a la habitual conducta pendenciera de la caballería11. En realidad, la cultura caballeresca y la formación de sus miembros, juega un papel esencial en la transmisión de la cultura laica bajomedieval. El discurso ideológico de la caballería12 es el único instrumento de autoridad con el que la monarquía y la alta aristocracia feudal se expresan lejos de las armas. Mantiene viva la exégesis de materias y conceptos capitales que son la base de la tratadística de género doctrinal castellana, como credo seglar para la propia institución y para la formación del Príncipe hasta las mismas puertas de la Edad Moderna. Los factores fundamentales que en el espacio cultural de la fiesta caballeresca justifican y legitiman públicamente la actividad del caballero durante el impás bélico de la tregua dada, reflejan claramente los cambios sociales que promueven los intereses de la nueva clase nobiliaria y su monarquía. Esta, dirigirá el último proceso de canalización colectiva de los ancestrales usos e intereses guerreros de la institución como medio de vida hacia un ejercicio propagandístico de la imagen y el programa político regio. Lo que supone la consagración definitiva del medio cortesano como marco de la función política que la caballería está llamada a desempeñar. En definitiva, la evolución de la fiesta caballeresca está intrínsecamente ligada a la propia progresión de la monarquía medieval hacia el absolutismo moderno. Todo ello se hará sin perder su génesis guerrera, pues la función del torneo y demás ejercicios caballerescos, como medio de entrenamiento físico y militar, continuaba plenamente vigente. El entrenamiento durante el tiempo de ocio no era solo una cuestión de supervivencia para la batalla. Los caballeros también se entrenan para la fiesta, ofrecen el máximo espectáculo, son los deportistas de élite del medioevo y detrás de ello hay, de modo natural, un fuerte componente económico. Para el estamento aristocrático, cuyos privilegios se sostienen 10 MARQUÉS DE SANTILLANA: Obras completas. Madrid, 2003, p. 487; GARCÍA DE CASTROJERIZ, Juan: Glosa al Regimiento de Príncipes de Egidio Romano, III, III, VII. Madrid, 1947, pp. 329-333; SÁNCHEZ DE ARÉVALO, Rodrigo: Vergel de los príncipes. Madrid, 1959, p. 314; y DE VALERA, Diego: Espejo de verdadera nobleza. Madrid, 1959, p. 89. 11 DON JUAN MANUEL: Libro infinido. Cap. XXVI, Vol. I. Madrid, 1982, pp. 182- 183: “[…] Et commo quier que yo se [que] algunos profaçan de mi porque fago libros, digo vos que por eso non lo dexaré, […] Et pues en los libros que yo fago ay en ellos pro et verdad et non danno, por ende non lo quiero dexar por dicho de ninguno. […] Ca deuedes saber que todas las cosas que los grandes sennores fazen, todas deuen ser guardando primera mente su estado et su onra, mas esto guardado, quanto mas a[n] en si de vondades, tanto son mas conplidos. […] et pienso que es mejor pasar el tienpo en fazer libros que en iugar los dados o fazer otras uiles cosas”. 12 RODRÍGUEZ VELASCO, Jesús: El debate sobre la caballería en el siglo XV. La tratadística caballeresca castellana en su marco europeo. Valladolid, 1996.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 45 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 exclusivamente mediante la función guerrera, la tregua suponía una merma en sus ingresos, necesarios para mantener el equipo y nivel de vida al que legalmente obligaba el estatus de caballero13. La inversión económica en formación y equipo, el pago de rescates de la varonía de la casa y la ostentación mal entendida de la largesse aristocrática podían llevar a la decadencia de un linaje14. En Castilla, se compensaba el perjuicio económico que todo ello suponía, liberando de tributar a las arcas regias o señoriales el quinto del botín obtenido durante estos encuentros caballerescos, como era obligatorio hacer con el botín de guerra15. En definitiva, la fiesta caballeresca sostenía su propia red de intereses, ofreciendo la posibilidad de obtener de modo legítimo beneficios propios y de distinta índole que seleccionaba y jerarquizaba al propio estamento aristocrático en baja, media y alta aristocracia. Los grandes señores, incluidos reyes y príncipes, que no perseguían el botín porque estaba mal visto y cuyo único afán era no dejarse apresar16, se veían en la obligación de patrocinar grandes festejos que estuvieran a la altura de su estatus social. Debían sufragar tanto la organización técnica del torneo y el mantenimiento del equipo mantenedor –armamento, manutención, transporte y alojamiento de todo su séquito y servicio, etc.– como todo el boato –fiestas, banquetes y agasajos a las damas, invitados y equipo aventurero–. Este derroche de medios económicos se sumaba a los gastos permanentes de la estructura militar y hacendística de sus dominios. Para los jóvenes caballeros la fiesta suponía el medio natural de ascenso social donde conseguir prestigio y fortuna. Además de gozar de los deleites del amor, se introducían en la vida amable de la Corte, buscando poseer el favor de la “Señora”17 que les buscaba matrimonios ventajosos para ellos18. 13 ALFONSO X, EL SABIO: Las Siete Partidas, II, XXI, 12, op. cit., p. 291. El trabajo manual o mercantil y la pobreza son acciones y condiciones excluyentes para el ingreso o permanencia en el orden caballeresco. 14 VALE, Malcolm: War and Chivalry. Londres, 1981, p. 14. 15 ALFONSO X, EL SABIO: Las Siete Partidas, II, XXVI, 18, op. cit., p. 335: “Mas el torneamiento que se hace por razón de usar las armas, e no por matarse ni por otra enemitad que los hombres hubiesen unos con otros, tal como éste con todo lo que allí ganase debe ser suyo, e no ha de partir con ninguno, ni dar quinto ni derecho al rey ni a otro señor que haya”. 16 DUBY, Georges: Guillermo el Mariscal. Madrid, 1997, pp. 156-157. 17 KEEN, Maurice: La caballería. Barcelona, 1986, pp. 49-51. Define la situación “doméstica” como un eufemismo del vasallaje hacia el señor reflejado en su esposa de índole ideal, menos carnal. DUBY, Georges: Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo. Barcelona, 1985, p. 394; y DUBY, Georges: Guillermo el Mariscal, op. cit., p. 76. Sostiene que el señor feudal presenta a la dama como un señuelo de distracción sexual para controlar a los jóvenes de su casa. 18 CHACÓN, Gonzalo: Crónica de don Álvaro de Luna. Condestable de Castilla. Cap. VII. Madrid, 1940, p. 26: “[…] e fabló con algunos grandes de la corte quexándose de aquel
Carmen Vallejo Naranjo46 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 En el nuevo contexto cortesano, el famoso caballero borgoñón Godofredo de Charny en su Livre de Chevalrie (1350) versa sobre el amor cortés y lo presenta, junto con el honor caballeresco, como los acicates que avivan fuertemente el valor del caballero. El recuerdo de la amada, el miedo a decepcionarla y el íntimo deseo de poseerla lo impulsarán a luchar hasta la extenuación. La fiesta caballeresca se establecía como el marco lúdico por excelencia donde se desarrollará públicamente este nuevo código de las relaciones intersexos. Un cortejo amoroso donde el varón llama la atención de la amada, exhibiéndose con sus ricas galas, demostrando su virilidad por medio de la violencia, como fuerte reclamo de promesa erótica, o dilatando voluntariamente la consecución del encuentro final a través de un voto que dificulte y ennoblezca la obtención de tan preciado botín. El amor cortés se convertía así, en la esencia del misticismo laico caballeresco. Este alarde de control sexual alegoriza la continua lucha interna del caballero por dominar su pathos y, por tanto, pertenece también a su propio proceso de formación. Pero, en la mayoría de los casos, la relación amorosa no era tan sutil y la recompensa se sabía mucho más explícita e inmediata. En el fondo, esta épica erótica del amor cortés enmascara bellamente la pulsión viril más carnal, aquella que finalmente lo rinde vasallo de la plenitud femenina, madre-amante, como la fuerza que mueve el mundo. Todos estos factores están inscritos dentro del concepto antropológico de la fiesta. No es una cuestión ni parcial, ni secundaria, puesto que este producto y ostentación estética de la cultura caballeresca es, al mismo tiempo, recreación y ejercicio del poder adonde se traslada la intriga y la tensión de las luchas entre bandos políticos19. Esta imagen pública de la verdadera jerarquía local del fecho, e diziendo «que se tenía por muy desdichado por la Reyna aver querido tener aquella manera con él, siendo él un caballero pobre, e tanto moço, e quererlo ella trabar con una donzella pobre tan prestamente»”. 19 LÓPEZ DE AYALA, Pedro: Crónica de los Reyes de Castilla… Madrid, 1910, Año IV, Cap. III, p. 429 y Cap. VI, p. 432. Año V, Cap. XVII, p. 446; PÉREZ DE GUZMÁN, Fernán: Generaciones, semblanzas… Madrid, 1877, Año XVII, Cap. III, p. 424. Año XXII, Cap. X, p. 447 y Año XXVIII, Cap. IV, p. 516; DÍEZ DE GAMES, Gutierre: El Victorial. Salamanca, 1997, Cap. LI, p. 434; CHACÓN, Gonzalo: Crónica de don Álvaro de Luna. Condestable de Castilla. Cap. XIV, op. cit., p. 53; VALERA, Diego de: Memorial de diversas hazañas. Madrid, 1941, Cap. X, pp. 36-37: “[…] y dende se fué para Sevilla, donde estuvo algunos dias con la reyna su muger. Donde se fizieron grandes justas y torneos, en el qual se creyó que viniera alguna turbación, por las competencias que avía entre el duque de Medinasidonia y el marqués de Villena; y ese día estuvo armada muy gran parte de la gente de la çiudad, y aun el rey vino al torneo trayendo coraças vestidas y casquete en la cabeça, y plugo a Nuestro Señor que las cosas se metiguaran. En este torneo fueron capitanes de la vna parte el duque de Medinasidonia, en cuya parte venía Miguel Lucas, que ya parescía contender de parcialidad con el marqués de Villena, y de la otra parte el marqués de Villena”.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 47 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 poder medieval, convierte el fasto caballeresco en un elemento esencial del ejercicio político regio como medio de reafirmación ante la siempre amenazadora aristocracia y como medio de proyección de una idea tangible de sí misma ante la población. Por su alto contenido ideológico y estético quedaron plenamente enmarcadas en el ceremonial regio de las curialis disciplinae20, sin detrimento de la representación institucional y personal de la caballería21. El ceremonial y el nivel de ostentación aristocrático se complicaron tanto que provocó la denuncia de algunos miembros del estamento por la pérdida de sus contenidos ideológicos, recurriendo a los tópicos literarios del Ubi sunt22 y la Edad de Oro de la idealizada caballería romana23. Estudiada su trascendencia, se defiende el recurso escenográfico como una actividad cultural de primer orden, cuyo objetivo es entretener, instruir y proyectar la imagen pública de la caballería y de sus valores desde un marco idealizado, frente al resto de celebraciones cívicas, a través de la rica mitología pseudohistórica caballeresca. Lo que produjo el éxito y profundo arraigo cultural del torneo en la Baja Edad Media, pues el impacto que las fuentes literarias tuvieron sobre una clase guerrera recién llegada a la cultura cortesana provocó que los caballeros quisieran vivir el ritual de esa épica literaria de ficción24. La naturaleza competitiva, amorosa y novelesca de las fiestas de caballería se hacía realidad en ellas mismas25. Los excesos grandilocuentes serían parte del vocabulario propagandístico del poder regio necesitado de perpetuar en la memoria colectiva los costosos festejos realizados. En definitiva, la fiesta tardogótica caballeresca celebraba su propia existencia como grupo humano, recogía su tradición funcional más ancestral que la cohesionaba y, al mismo tiempo, integraba los últimos acontecimientos políticos regios y culturales como reflejo de todo lo que bullía dentro de la nueva entidad urbana26. 20 NIETO SORIA, José Manuel: Ceremonias de la Realeza. Propaganda y legitimación en la Castilla trastámara. Madrid, 1993, p. 167. 21 DE ANDRÉS DÍAZ, Rosana: “Las fiestas de caballería en la Castilla de los Trastámaras”, La España medieval, 5, 1986, pp. 81-84. 22 MANRIQUE, Jorge: Coplas, Estrofas XVI y XVII, vv. 181-204. “¿Qué se hizo el rey don Joan? Los infantes d’Aragón ¿qué se hizieron? ¿Qué fue de tanto galán, qué de tanta invinción como truxeron?...”. 23 GARCÍA DE CASTROJERIZ, Juan: Glosa al Regimiento de Príncipes de Egidio Romano, III, III, VIII, op. cit., pp. 334-339. 24 KEEN, Maurice: La caballería, op. cit., pp. 126 y 256-286; y OLEZA, Joan: “Las transformaciones del fasto medieval”, en Teatro y espectáculo en la Edad Media. Alicante, 1992, pp. 47-64. 25 DE ANDRÉS DÍAZ, Rosana: “Las fiestas de caballería en la Castilla de los Trastámaras”, op. cit., pp. 89-93. 26 CARDINI, Franco: “La feste in toscana tra medioevo ed Età Moderna”, Incontri Pistoiesi di storia, arte e cultura, 38, 1987, pp. 2-3.
Carmen Vallejo Naranjo48 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 II La necesidad e importancia de todos estos aspectos señalados, justifican plenamente la profusión de medios económicos, técnicos y artísticos puestos al servicio de la fiesta caballeresca que se constituye en el tiempo y espacio estético de la institución. Las fuentes gráficas y escritas nos informan de una nómina de estructuras o construcciones de carácter efímero, levantadas para el buen desarrollo y máxima espectacularidad de la misma. El fasto caballeresco se desarrolla en ámbitos espaciales y tiempos diversos porque promueve manifestaciones de temáticas distintas, tanto dinámicas como estáticas, que demandan escenarios polivalentes. Espacios abiertos y públicos para los encuentros lúdico-deportivos y espacios cerrados y privados para los actos de representación aristocrática de sus anfitriones. La convocatoria se realizaba con meses de antelación. Los capítulos declaraban la ideología del festejo, la modalidad, sus condiciones y el equipo mantenedor. Si se desarrollaba plenamente intramuros, el espacio urbano era el escenario público de la fiesta que confluía en la plaza, generalmente la del mercado27. Mientras que los espacios arquitectónicos privados celebraban y hospedaban a sus participantes. En espacio privado se desarrollaba la recepción de los equipos, los agasajos a las damas, banquetes, bailes, etc. y, por último, la deliberación y coronación del campeón. Toda esta actividad programada se denomina en las fuentes “hacer sala”. De ser celebrado extramuros, la arquitectura efímera debía recrear este espacio arquitectónico y urbanístico permanente a base de madera y textiles. El número de elementos y grado de riqueza de sus materiales privilegia el nivel del evento y de su anfitrión. El emperador Federico I, Barbarroja, en 1184, levantó una verdadera ciudad efímera a orillas del Rin para los invitados a la investidura de armas de sus dos hijos28. Estas “ciudades” de ricos pabellones eran utilizadas igualmente en los campamentos militares. Carlos, el Temerario, duque de Borgoña, en el sitio de Neuss (1473-1474), levantó un campamento con tal pompa cortesana que algunos de sus señores alzaron, para su esparcimiento, pabellones en formas de castillos, con galerías internas y jardines a su alrededor29. Ya en el siglo XVI, el hito de este capítulo lo constituye El campo del paño de oro30 (Figura 1). La cualidad suntuaria tenía en el contexto militar idéntica función de ostentación, identificación y jerarquización del poder guerrero-nobiliario –también ante el enemigo–. Nada de ello estaba reñido con su ancestral y necesaria 27 FERRER VALLS, Teresa: “El espectáculo profano en la Edad Media: espacio escénico y escenografía”, en Historias y ficciones: Actas del coloquio sobre la literatura del siglo XV. Valencia, 1992, pp. 307-322. 28 KEEN, Maurice: La caballería, op. cit., p. 39. 29 HUIZINGA, Johan: El Otoño de la Edad Media. Madrid, 1978, p. 138. 30 Evento diplomático de gran pompa caballeresca, celebrado cerca de Calais en 1520 para pactar una tregua entre Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra. De la riqueza en los paños de los pabellones toma su nombre.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 49 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 planimetría regular castrense y su capacidad histórica para trascender en ciudades permanentes31. Aunque, en la necesaria esquematización narrativa de las ilustraciones medievales, para indicar su gran número se muestre un mar de agolpados pabellones. En ambos casos, el militar y el festivo, tanto las fuentes gráficas como las escritas hacen hincapié en la funcionalidad espacial, la complejidad de algunas de sus estructuras y la representación de rango que ofrecen. Finalmente, durante la liza se colocaba un pabellón en cada lado menor del campo con el blasón del participante y servían para terminar de armarse y desarmarse o descansar, si el rey de armas así lo indicaba32. Las distintas estructuras que delimitaban el campo y acogían al aforo, para conseguir el alto grado de fastuosidad que la fiesta requería, se revestían con ricos paños cuyo uso era exclusivo de la aristocracia. Los tejidos eran el medio por excelencia del tratamiento suntuario medieval, tanto en los espacios urbanos como en los arquitectónicos, permanentes o efímeros y su valor crematístico es bien conocido. Las fuentes también testimonian el monopolio que sobre el maderamen tenía la institución caballeresca33. Existen dos cercados, uno en la guerra y otro en la fiesta, que podría decirse tienen “jurisdicción” propia. El palenque delimitaba el campo de juego y estaba rodeado por un corredor o patín donde los escuderos se movían atentos a las evoluciones de sus señores y donde, también estos, desarrollaban las suertes de a pie. Sus dimensiones no estaban reglamentadas y oscilan en las fuentes34. Dentro de esta demarcación la máxima autoridad era el rey de armas que arbitraba y controlaba los tiempos de los encuentros. Dependiendo de la magnificencia de 31 CHUECA GOITIA, Fernando: Breve historia del urbanismo. Madrid, 2000, pp. 58, 62-63 y 108. 32 CARRILLO DE HUETE, Pedro: Crónica del halconero de Juan II de Castilla. Vol. III, Cap. VII. Madrid, 1946, pp. 26-27: “E la liza donde hicieron el canpo fue en el corral de San Pablo de Valladolid. E fue muy ordenada, de sus palenques doblados, e de dentro su patín para pie, al pie de donde estavan los cadalsos donde mirava el señor Rey. E las armas fueron en esta guisa: una tela puesta en mitad de la liza, e a las dos esquinas dos tiendas. E ellos vinieron ay con cada tres pajes bien rricos, e sus estandartes, e con muchos farautes e menestrales e trompetas. E llegaron así a la liza, e llegaron a fazer rreverencia al Rey, e fue cada uno para su tienda, e armáronse. E luego salieron armados e con escudos de azero. E la condición de las armas era que fiziesen tantas carreras; […] E luego quitaron los padrinos, e de ally volviéronlos a las tiendas, e desarmáronse”. 33 DE VALERA, Diego: Preeminencia y cargos de los oficiales de armas. Madrid, 1959, p. 170: “y que la madera de los cadalsos y los cadalsos de las dichas liças fuesen dell oficio d’armas”. 34 DE VALERA, Diego: Tratado de armas. Madrid, 1959, pp. 119-121: “Las liças manda facer el rey de ochenta passos de largo e sesenta de ancho e altura acostumbrada de un codo”. El autor está describiendo una liza francesa (111,5 x 83,6 x 0,42 m).
Carmen Vallejo Naranjo56 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 múltiples tensiones que, de otra manera, se hubieran visto avocadas a una resolución armada del conflicto. Estos castillos efímeros con torres de distintos tamaños tenían todo un repertorio de formatos en las máquinas de asalto medievales. Unas, de gran tamaño y altura, denominadas bastidas y utilizadas en funciones defensivas como barreras móviles u ofensivas, cuando avanzaban lenta pero implacablemente sobre rodamientos, empujadas por cantidades ingentes de peones hasta alcanzar la muralla enemiga (Figura 8). Otras, más pequeñas, se movilizaban sobre las mencionadas carretas55. Cada una de ellas tenía una función y nomenclatura precisa56. Todas, diseñadas y calculadas para ejercer su cometido con precisión. Estructuras que podían utilizarse desnudas como cadalsos verticales o “vestidas” pintadas con lienzos o sobre sus propios “cueros crudos” imitando labor de cantería como las torres de estos castillos efímeros con gran capacidad de alojamiento que nos describen las crónicas. En cuanto a sus ingenieros, en Sevilla, sus competencias aparecen adscritas al gremio de los alarifes en las Ordenanzas del siglo XIII, como consta en el Libro del Peso…: “entendidos de fazer engenios”. En los libros de cuentas de Sancho IV se relacionan los “maestros de los ingenios”. Pedro I en 1364 encargó nuevos ingenios a maestros carpinteros del reino de Murcia. Aún, en las ordenanzas sevillanas de 1527, los carpinteros de lo blanco tienen que saber hacer “aquellos ingenios destinados a combatir ciudades y fortalezas”. El reconocimiento de la maestría de los ingenieros lombardos se repite en las fuentes históricas y en la literatura medieval castellana y europea57. La tradicional auctoritas de la tratadística y poliorcética militar desde la Antigüedad la detentaban en la Edad Media el De Architectura de Vitruvio (año 15 a.C.) y, sobre todo, el Epitoma rei militaris de Vegecio (siglo IV d.C.), obra de cabecera para la institución. Don Juan Manuel escribió el Libro de los engennos, perdido en el incendio de Pañafiel. La ausencia de tratados técnicos medievales se explica por la propia dinámica restringida de formación y transmisión del conocimiento gremial. García Fitz destaca la influencia del Thexaurus regis Franciae… en la tratadística del siglo XV. Escrito en 1335, precisamente por un lombardo, Guido da Vigevano, para Felipe VI de Francia. Es un método de actuación para solventar retos médicos y militares durante una Cruzada y el tratado de máquinas de guerra más completo hasta ese momento. Nos interesa destacar en él, su estudio en economía de medios: 55 CONTAMINE, Philippe: La guerra en la Edad Media, op. cit., p. 129. 56 ALFONSO X, EL SABIO: Las Siete Partidas, II, XXIII, 24, op. cit., p. 314. 57 CÓMEZ RAMOS, Rafael: Las empresas artísticas de Alfonso X el Sabio. Sevilla, 1979, pp. 35-38; y CÓMEZ RAMOS, Rafael: Los constructores de la España medieval. 3ª ed. Sevilla, 2009, pp. 81, 83 y 116-118.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 57 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 materiales, transporte e instalación, diseñando piezas prefabricadas, plegables o desmontables58. IV En definitiva, la semejanza en las fuentes escritas y gráficas del diseño escénico del aparato lúdico-festivo caballeresco como parte de un repertorio común a toda la Cristiandad. El alto coste de su magnificencia estructural y compositiva y, sobre todo, su imperiosa necesidad de seguridad, obligaba a manejar la necesaria optimización de los recursos técnicos y económicos con un abanico básico de elementos probados y estables, transportables y con un plazo mínimo de montaje, es decir, prefabricados que ya estaba resuelto en las máquinas de asalto. Una vez instalado y revestido con su rica cubierta textil, el puntual tratamiento temático del festejo daría acogida a un nuevo espectáculo, donde la artillería mecánica formaba parte del attrezzo. La parafernalia militar y política era una dotación necesaria y común para el ejercicio del poder de la monarquía y los grandes magnates bajomedievales. Por tanto, debía resolverse mediante una logística general y, por ello, comparten suministros, pertrechos y equipo técnico humano. Como el gran aparato que movilizó el maestre de Calatrava, don Pedro Girón, en su intento fallido de esposar a la infanta Isabel, futura reina de Castilla59. Fecha de recepción: 25 de octubre de 2017 Fecha de aceptación: 12 de abril de 2018 58 GARCÍA FITZ, Francisco: “Tecnología, literatura técnica y diseño de máquinas de guerra durante la Baja Edad Media occidental: El Thexaurus Regis Franciae Acquisitionibus Terrae Santae de Guido Da Vigevano (1335)”, Anuario de Estudios Medievales, 41/2, 2011, pp. 841-862. 59 DE VALERA, Diego: Memorial de diversas hazañas, Cap. XXXVI, op. cit., p. 118: “La qual como fuese certificada del propósito con quel maestre venía, e con grande aparato, no solamente de guerra mas de corte, e con grandes aparejos para fazer justas y torneos e todas las fiestas que se acostunbran fazer en las bodas de los grandes príncipes”.
Carmen Vallejo Naranjo58 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 1. Diseño de pabellones, Campo de los paños de oro (1520), Ms. Cotton, Augustus III, f. 18, British Library, Londres. Figura 2. Detalle de la altura de los cadalsos, Libro de horas de Simón Bening (1520-1530), Mes de junio, Ms. Add. 24098, f. 23v, British Library, Londres.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 59 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 3. Detalle de tribuna móvil, Torneo de las mazas, siglo XIV, Sala de las Parejas, castillo Runkelstein, Bolzano.
Carmen Vallejo Naranjo60 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 4. Thomas Le Myésier, Breviculum ex artibus Raimundi Lulli electum, 1322, St. Peter perg. 92, f. 7r, BLB - Badische Landes Bibliothek, Karlsruhe.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 61 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 5. Konrad Kyeser, Bellifortis, c. 1430, Ms. 30150, f. 8, BSB-Bayerischen Staatsbibliothek Bavarian, Münich.
Carmen Vallejo Naranjo62 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 6. Campamento, The Medieval Housebook of Wolfegg, 1475-1500, ff. 53r–53r1, colección particular.
Arte, guerra y fiesta en la Baja Edad Media: aproximación a la relación entre la... 63 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 7. Justa (registro central) y Asalto al castillo del Amor (laterales), caja de marfil, escuela francesa, siglo XIV, British Museum, Londres.
Carmen Vallejo Naranjo64 LABORATORIO DE ARTE 30 (2018), pp. 41-64, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2018.i30.03 Figura 8. Torre de asalto, Bitonis, De constructione bellicarum machinarum, Venecia, 1545, Ms. Burney 69, f. 12v, British Library, Londres.