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e-Spania Revue interdisciplinaire d’études hispaniques médiévales et modernes 49 | Octobre 2024 El desengaño (siglos XVI-XVII) / Structures corporatistes dans la Monarchie Hispanique (XVIe-XVIIe siècles) Interactions et dynamiques sociales des structures corporatistes dans la Monarchie Hispanique à l’époque moderne (XVIe-XVIIe siècles) Las escrituras de iguala y los zapateros sevillanos en 1582 José Jaime García Bernal https://doi.org/10.4000/12jp9 Résumés Español Français La alcabala de la renta de los zapateros de 1582 fue arrendada por el cabildo de Sevilla a Gonzalo de Aguilar que llegó a acuerdos particulares con los maestros zapateros de la ciudad mediante escrituras de concierto o igualas, registradas ante escribano público. Estos documentos permiten conocer el reparto al por menor de la renta real entre 250 unidades de producción y de venta de zapatos (talleres, tiendas, casas-tienda o simples puestos en mercados y baratillos), los nombres y vecindad de sus otorgantes y fiadores, las características básicas del negocio y la forma de trabajo, la participación de la mujer y la alfabetización. Presentamos y explicamos un cuadro general de los niveles de tributación, dividido en 11 segmentos de valor, donde se aprecia una clara jerarquía de negocios y la tendencia a la concentración del capital industrial en los niveles superiores de la escala. L’affermage de l’alcabala de la renta des cordonniers de 1582 a été octroyé par la ville de Séville à Gonzalo de Aguilar qui parvint à des accords particuliers avec les maîtres cordonniers sévillans à travers des contrats appelés igualas, signés devant notaire public. Ces documents permettent de connaître la répartition détaillée de la rente royale entre 250 unités de production et de vente de souliers (ateliers, boutiques, casas-tienda ou simples étals dans les marchés), les noms et l’origine de ceux qui la payent et leurs garants, les caractéristiques basiques du négoce et la forme du travail, la participation de la femme et l’alphabétisation. Nous présentons et expliquons un tableau général des niveaux d’imposition, divisé en onze catégories, à travers lesquelles on peut observer une hiérarchie claire des négoces et la tendance à la concentration du capital industriel dans les niveaux supérieurs de ces catégories. Entrées d’index Mots-clés : corporations de métier, artisans, cordonniers, boutiques, alcabala, affermage des rentes, Séville, XVIe siècle SEARCH All OpenEdition
Palabras claves: gremios, artesanos, zapateros, tiendas, alcabala, arrendamiento de rentas, Sevilla, siglo XVI Notes de l’auteur Este artículo ha sido financiado gracias a los fondos del Proyecto «El universo humano de la 'Carrera de Indias'» (PID2022-141165NB-I00) y Orgánica 1801073009 Texte intégral 1. Introducción: la alcabala de los zapateros de Sevilla 2. Algunas consideraciones metodológicas En 1582, Gonzalo de Aguilar, vecino de la collación de Santiago, se hizo cargo de la renta de la alcabala de los zapateros de Sevilla adelantando por ello la apreciable suma de 1.492.523 maravedíes1. Una cantidad que se mantuvo en valores semejantes en los años 1585, 1586 y 1588, descendiendo a finales de siglo al entorno del millón trescientos mil maravedíes2. Todavía declinaría algo más, a consecuencia del impacto de las epidemias y carestía, en 1605, cuando estimamos, por los datos extrapolados del último tercio de aquel anal, que debió bajar hasta 1.224.621 mrs3. 1 En relación al conjunto del sector del cuero que suponía casi cinco millones de ingresos para la real hacienda en el distrito sevillano, el trabajo del calzado representaba algo más de un 30% del total4. Era una industria ya pujante a principios del siglo XVI y en esta tónica se mantuvo en las siguientes décadas5. Gonzalo de Aguilar recurrió a Jerónimo Díaz, arrendador de la alcabala de los esclavos6, para costear la operación, comprometiéndose a abonar la fianza que este último le entregaba, en cantidades mensuales, durante un año7. El remate último de la renta alcanzó 1.500.000 mrs, más los derechos habituales de la misma, suma que Díaz debía pagar «de una mano» a Pedro Ortiz8 receptor de las alcabalas del cabildo de Sevilla9. El compromiso se suscribió ante el escribano de rentas Pedro de la Torre10. 2 Quedaba ahora la enojosa tarea de recaudar la renta estipulada entre los maestros zapateros de la ciudad sólidamente organizados en gremio y cofradía11. Una labor que se hizo tienda a tienda, mediante cartas de obligación de pago de igualas, cantidades acordadas entre el arrendador de la alcabala y el zapatero que se cobraban, en casi todos los casos, por semanas. Estos conciertos solo incluían la obra hecha en el taller por el interesado pero no «la que se hiciere en compañía ni por cuenta de otra persona» que debía pagar el porcentaje habitual del impuesto12. 3 Los artesanos que conciertan con Gonzalo de Aguilar cartas de iguala debieron ser la gran mayoría de los que desarrollaban su trabajo en Sevilla en los primeros años de la década de 1580. Las garantías legales que concurrían en quien había arrendado una renta del rey y, sobre todo, las consecuencias que podía tener su incumplimiento, albergan pocas dudas acerca de la generalización del acatamiento13. Así, efectivamente, el primer concierto que registramos entre Aguilar y un zapatero tuvo lugar el 18 de enero de 1582, los que siguen el resto del mes y en febrero fueron escasos, pero durante toda la primavera abundaron, una vez asegurada la fianza de Jerónimo Díaz14. Conforme avanza el verano parece que casi todos los talleres habían formalizado ya sus obligaciones y los que no lo hicieron debían tener algunas dificultades para pagar. Quizás por eso, el 29 de agosto, Gonzalo de Aguilar otorgó un poder a favor de Juan de la Peña para que cobrase en su nombre tanto las rentas de los zapateros como la de la 4
3. Valoración económica del universo estudiado Tabla: Distribución de la suma de lo negociado en la alcabala de los zapateros de 1582 por talleres y rangos de valor curtiduría de lo menor, aunque él mismo todavía acudirá a recibir los reales comprometidos de alguna tienda en septiembre15. No hemos localizado escrituras de iguala encabezadas por su apoderado Juan de la Peña pero de haberlas, en otro oficio, debieron ser pocas y en abril de 1584 Gonzalo de Aguilar se daba por contento de lo cobrado por ellas16. Por otra parte, Aguilar arrendaba la renta de la alcabala del viento de los cordobanes17 y la alcabala de las bestias de Sevilla18, además de varios ramos del diezmo en pueblos del Aljarafe19 y en la villa señorial de Marchena20. Formaba parte de un selecto grupo de hombres de negocios implicados en el arrendamiento de las rentas de la Corona, que asimismo tenían mano en las eclesiásticas, ámbito en el que se movían fuertes intereses21. No es de extrañar, entonces, que ajustase las contribuciones de los zapateros con precisión, a veces en cuartillos de real, calculadas a partir de su propia experiencia sobre los rendimientos de los años precedentes. 5 Del conjunto de las escrituras de igualas que hemos examinado, dejando al lado alguna incompleta o perdida, y resumiendo las que se repiten por un nuevo contrato, resultan 250 unidades tributarias útiles que corresponden a otros tantos talleres que son también puntos de venta. Todas ellas siguen la misma estructura y aportan una información semejante. Encabezada por el nombre del zapatero otorgante de la obligación y su collación de residencia, se indica dónde tiene su tienda y allí, en el lugar de trabajo, se establecen las condiciones para el concierto que realiza, en todos los casos, con el mencionado Gonzalo Aguilar: cantidad y modo de pago, que suele expresarse en reales por semana (se cobra los sábados), sanción en caso de incumplimiento, compromiso de avisar si el género procede de fuera del término de la ciudad para pagar la alcabala adicional al margen de la iguala. También se menciona si el maestro trabaja solo o con sus oficiales. El tipo de labor que realiza (de obra vieja, nueva o gruesa)22. Y si el contrato de obligación se hace en pareja, con la garantía de los bienes de ambos cónyuges, se mencionará el nombre de la mujer. En caso de intervenir responsables subsidiarios de la obligación, como son los fiadores, se agregan nombres, morada y actividad profesional del avalista. 6 Establecidas las precisiones metodológicas anteriores, pasemos a analizar los datos que ofrecemos en la Tabla. El reparto de la contribución de la alcabala está organizado por segmentos de valor, establecidos en reales/semana para mantener la mayor fidelidad posible a la modalidad de recaudación que domina en los contratos. Quedan así escalonados 11 rangos en una horquilla que va de los zapateros más modestos, casi todos de obra vieja, cuyas aportaciones no alcanzan el real a la semana o lo superan en poco (rangos 1 y 2), a aquellos que multiplican por diez o más la contribución de los anteriores donde sobresalen los talleres que fabrican obra nueva en un volumen importante. Entre los dos primeros renglones (97 unidades productivas con predominio de los que trabajan solos) y el último (15 grandes talleres con oficiales) van sumándose gradualmente escalones de renta diferentes que apuntan a realidades económicas singulares y formas de trabajo que iremos comentando en sucesivos epígrafes. Pero antes hagamos unas consideraciones de conjunto. 7 Rango (reales / semana) Número zapateros / talleres Obra vieja Obra gruesa Obra prima Otros oficios* Zapateros sin especificar Valor de la iguala (en mrs) Porcentaje sobre la suma total
* Jervilleros, borceguineros y coleteros. ** Algunos zapateros se declaran de viejo y de nuevo por lo que las cinco columnas de esta fila suman 253 tipos de oficios mientras los maestros/talleres son 250. 4. Vivienda, trabajo y producción de los zapateros sevillanos 4.1. Zapateros pobres sin obrero, ni aprendiz, con puesto o tenderete < 1real semana 47 45 0 1 0 1 51.828 3,37 % 1 a 2 rs 54 43 0 5 0 6 95.890 6,25 % 2 a 3 rs 34 13 1 7 2 12 127.552 8,31 % 3 a 4 rs 24 5 2 5 7 6 130.834 8,52 % 4 a 5 rs 18 2 2 8 3 3 117.691 7,67 % 5 a 6 rs 14 1 3 5 1 4 119.340 7,77 % 6 a 7 rs 17 0 5 4 1 7 183.564 11,96 % 7 a 8 rs 13 0 1 9 2 1 169.286 11,03 % 8 a 9 rs 8 0 1 4 0 3 113.373 7,39 % 9 a 10 rs 6 0 0 4 1 1 97.240 6,33 % > 10 reales 15 1 2 7 0 6 327.522 21,34 % Totales 250* 110 17 59 17 50 1.534.120 mrs 99.94 % Para empezar, salta a la vista, la presencia de artesanos de la piel en todos los niveles económicos de la escala23. Salvo la franja entre los 8-10 reales/semana algo despoblada, el resto de segmentos cuentan con un número de representantes significativo que aportan cantidades semejantes a la hacienda real, todas ellas situadas (salvo en los extremos) entre los 100.000 y los 200.000 mrs/año (entre el 6% y el 12% del total negociado). Al lado de esto es también relevante el contraste entre la concentración de capital-trabajo en el rango superior (327.522 maravedíes para solo 15 talleres-tienda; alcanzando un 21,3% del total de las cantidades igualadas) y la dispersión en unidades muy pequeñas que se da en el rango inferior: 51.828 mrs (un 3,4% del volumen negociado) para 47 maestros zapateros. 8 En las franjas medias de esta escala de valor sobresale la fortaleza económica de dos subconjuntos que asoman con personalidad propia en la tabla: el sector de los artesanos, bastantes en número (58 talleres), que contribuyen con aportaciones de entre 2 y 4 reales a la semana (rangos 3 y 4) frisando los 260.000 mrs/año (un 16% del conjunto); y el de aquellos otros, no pocos (31 talleres), que con pagas semanales de 6 a 8 reales (rangos 7 y 8) alcanzan los 352.850 mrs (lo que supone algo más del 22% del total). Apuntan a modelos productivos en los que en seguida abundaremos. 9 Pasemos, a continuación, al análisis detallado de cada uno de los grupos que hemos delimitado, comenzando por el estrato inferior en renta, los artesanos que pagan menos de un real al fisco. Se trata de 47 unidades de producción, la mayor parte (salvo en 9 10
4.2. El grupo mayoritario: los zapateros con tienda propia y algún oficial casos) maestros que declaran trabajar solos, utilizando comúnmente las expresiones «sin obrero ni oficial», «por su propia persona» o «solo sin tener obrero ni aprendiz». Algunos añaden que lo hacen «sin que pueda tener tienda», detallando entonces los mercados y baratillos donde venden sus artículos24. Por lo general suelen indicar la ubicación del puesto de trabajo como hace Pedro Alonso, zapatero de lo viejo, que montaba su tinglado «frontero de las casas de Antonio de las Cruces, alguacil de los veinte»25. Algunos tenían sus palenques junto a las iglesias y conventos como Sebastián López (debajo del portal de San Pedro) o Pedro de Acosta que se situaba frontero al monasterio de San Francisco26. También los hay que servían a monjas de los monasterios ubicándose en sus barreduelas y compases27. Y no faltan los que dicen desarrollar sus labores en casas de vecindad como Álvaro Gómez que trabajaba «dentro del corral del conde de Olivares», en la collación de Santiago28. 11 Mención particular merecen los zapateros remendones que abren sus boticas en las puertas de las tabernas, situación que se prodiga asimismo entre los artesanos del siguiente nivel de renta, hasta dos reales a la semana, por lo que haremos un comentario conjunto. Cristóbal Rodríguez era uno de ellos. Zapatero de lo viejo, «traba[jaba] a la puerta de la taberna de Domingo Díaz» que estaba en el Arenal. Del mismo modo, Gonzalo Carrillo tenía su tienda «junto a la taberna de Francisco de Castro» en la collación de San Esteban, cerca de la puerta de la Carne29. Buscando asimismo la clientela de los mesones y tabernas, hallamos a Alonso Martínez, junto al mesón de la Castaña30. Mientras que los más modestos suelen remendar zapatos en casas de mujeres que son taberneras o que alquilan cuartos, situación en la encontramos a Mateo Sánchez y a Rodrigo Peñasco31. 12 Mayor interés tienen aún aquellos individuos que comparecen ante el escribano público declarándose, a la vez, zapateros y taberneros: Francisco Gómez dice tener su puesto de zapatero «a la puerta de mi taberna», a las espaldas del convento de San Pablo. Y arrimado al hospital de San Vicente encontramos a Luis Pardo, que era de color moreno, pero hombre libre que había conseguido prosperar hasta el punto de regentar una taberna, actividad que combinaba con la de zapatero32. Taberneros pero no propietarios de taberna parecen ser Pedro de Córdoba quien declara tener su puesto «en la taberna honda de la calle Bayona», presentándose ante el notario como zapatero y tabernero; y Martín Prieto que vivía en el Salvador y dice ser «tabernero y zapatero de obra vieja» cuya tienda estaba junto al hospital de los carniceros33. 13 Entre estos zapateros modestos que dicen tener tienda, los encontramos, muy repartidos por la ciudad, aunque predominan las ubicadas en las barreras y cantillos de los barrios trabajadores: en Santa Marina, en la calderería de San Lorenzo, en San Juan de la Palma o en Triana34. Casi todos ellos trabajan solos, pero en diez ocasiones se mencionan obreros u oficiales. Uno de estos talleres es el de Alonso de Castellanos e Isabel de los Santos, los únicos que declaran ser zapateros de obra prima en el compás de San Clemente35. 14 En conjunto, los artesanos de este primer renglón sobrevivían con negocios sencillos, de poca facturación, y que rara vez requerían de un fiador en los contratos. Su contribución a la alcabala superaba en poco los 50.000 mrs anuales, apenas un 3,4 % del total de lo recaudado en el ramo en 1582. El promedio por artesano era de 1.102 mrs/año cifra muy modesta, que apunta a niveles de vida humildes, frisando en la pobreza en aquellos artesanos, 17 individuos, que aportaban a la alcabala medio real a la semana de sus ganancias36. 15 El segundo grupo de zapateros que vamos a tratar, aquellos que abonaron al impuesto real, cantidades que oscilan entre 1 y 2 reales por semana (de 1.768 a 3.094 maravedíes anuales), constituyen el segmento más numeroso del universo que 16
estudiamos (54 unidades productivas que representan algo más de la quinta parte del universo estudiado) y aportan a la alcabala 95.890 mrs, un 6,3% del monto total recaudado. Suelen trabajar con pocos operarios dada la limitada dimensión del negocio, circunstancia que pocas veces aclara la escritura indicando «con un oficial», «con un obrero» o «con un aprendiz»37. Siguen dedicándose, como los del grupo precedente, a la obra vieja, aunque ya la mayoría trabaja en tienda o en casa tienda. Tan solo hallamos 5 maestros de obra nueva y otros 6 que se presentan ante el escribano público con un genérico «zapatero». Los lugares y condiciones de trabajo de los otorgantes repiten, en parte, el patrón del grupo anterior. Tienen sus tiendas muy repartidas por la ciudad y muchas en las salidas de los caminos. Junto a la puerta de Triana poseía la suya Diego de la Fuente, zapatero de lo viejo, que dice trabajar con sus oficiales y se compromete a entregar un real a la semana. La misma cantidad que aportó Francisco de Cea, que trabaja solo, y ejercía su oficio en el otro extremo de la ciudad, junto a los caños de Carmona . También Juan Pérez de Caravaca e Isabel Díaz reparaban género viejo en la calle Sol, cerca de la puerta de Córdoba, pero esta pareja de zapateros obraba además con material de badana y becerro38. 17 La combinación del zapatero remendón que ocasionalmente confecciona obra nueva con materiales flexibles y más baratos como la badana y el becerro, se precisaba en los contratos39. Pedro Lorenzo, establecido en otra puerta de la ciudad, conocida como la del Osario, se concertó con su arrendador «por toda la obra de viejo y de badana y de becerro nuevo» que hiciese, con sus oficiales, desde el 1 de enero40. Los mismos materiales, suaves al tacto pero poco resistentes41 que manejaba Juan López en su tienda de la calle Buhones42, donde también trabajaba Domingo Martín, éste con obra vieja, precisando que lo hacía «en un arquetón»43. 18 Este último detalle da idea de lo que debieron ser, en los zapateros de baja renta, los parcos medios para ejercer su arte: sencillos tenderetes con los útiles indispensables del oficio mecánico que pueden reconstruirse, cuando hay suerte, por cartas dotales o inventarios de bienes44 pero sobre los que nos ha llegado parca iconografía y esta de fecha tardía45. Puestos arrimados a las iglesias como confiesa que trabaja Pedro Díaz, maestro de obra vieja, en Santa Catalina46, o ranchos bajo los soportales, entonces muy comunes en las plazas sevillanas y hoy solo conservados, en parte, en la plaza del Salvador que es donde hacía asiento Pedro de Alvarado47. Este zapatero de lo viejo añade, en su escritura de concierto, que también se incluyese «lo que vendiere los jueves en la Feria», revelando una práctica que repiten otras escrituras48. 19 A la vera de las iglesias o frontero a sus puertas se ubicaban otros muchos artesanos del calzado, por ser lugares frecuentados por el vecindario. Junto a San Nicolás trabajaba, por su cuenta, Diego de Mesa. Seguramente lo haría con un tinglado desmontable o bien con artificio de madera arrimado a la pared. Así imaginamos también a Vasco de Lagar, que ejercía su oficio mecánico con un solo oficial junto a la iglesia de San Julián49. Otros, en cambio, declaran tener tienda frontera de la puerta principal de las parroquias o conventos. García de Trujillo, que pagaba real y cuartillo, abría una en San Esteban, donde también hallamos a Antonio García con sus oficiales. Y Gonzalo García disponía asimismo de «tienda en el portal frontero de la iglesia de San Román» por cuyo rendimiento abonaba un real y tres cuartillos50. 20 El entorno de los antiguos hospitales constituyen igualmente espacios de sociabilidad gremial o familiar que atraen a los zapateros. A la puerta del hospital de la Magdalena encontramos a Melchor Roca trabajando solo en su tingladillo. Junto al hospital de los pregoneros, en la collación de Santa Cruz, a Francisco Jiménez que sabía firmar51. Y en el Salvador a unos pocos más, asociados a las casas-hospitales de los oficios que allí se concentraban donde, por cierto, celebraban sus cabildos y repartían las alcabalas52. Baste un botón de muestra: junto al hospital de los carniceros se establecieron dos artesanos de obra vieja: Cristóbal Martín que poseía una tienda a su vera y Alonso de la Puente que se colocaba en frente53. 21
4.3. Zapateros con taller y sus fiadores Quedan agrupados bajo este epígrafe los dos siguientes segmentos del cuadro general que hemos presentado, es decir, los zapateros que acuerdan depositar semanalmente al arrendador entre 2 y 4 reales por la producción y venta de sus talleres: entre 3.000 y 6.000 mrs anuales en números redondos. Sus negocios disponen ya, en casi todos los casos, de trabajadores que realizan, casi a partes iguales, obra vieja y obra prima. El volumen del capital negociado en el rango de 2 a 3 reales fue de 127.552 mrs y en el consecutivo, de 3 a 4 reales, 130.834 mrs, por lo tanto, cantidades muy similares que sumadas representan el 16,2 % del total. Estamos, pues, ante un grupo de más peso económico que los anteriores, representativo de un modelo de negocio pequeño pero pujante que da trabajo a otros operarios y que, de otro lado, necesita hasta en 14 casos de la asistencia de fiadores que avalen la operación delante del escribano público para dar seguridad al arrendador. 22 ¿Quiénes eran estos avalistas y cómo actuaban? En el conjunto de escrituras de igualas estudiadas hemos registrado 38 zapateros que se obligan con un fiador a pagar la cantidad acordada. Respecto a un total de 250 individuos es una proporción modesta, de algo más del 15%. Pero lo más significativo es que se concentran en el tramo de renta que analizamos y en el segmento inmediato, de 4 a 5 reales, que suman exactamente la mitad de este tipo de cartas de concierto: 19 de 38. En esta franja, por tanto, el 30,4% de los talleres se vieron obligados a recurrir a un aval y esto ya es más relevante. Parece indicar que en el nivel medio del ranking de valor-trabajo del zapato (reparado o fabricado) los negocios están en una situación de mayor vulnerabilidad que en las franjas bajas de la tabla en las que predomina el trabajador por cuenta propia con poca inversión, pero que aún están lejos de alcanzar la estabilidad del negocio de los tramos superiores de la escala que apenas recurren a los fiadores. 23 La familia y el trabajo, unido en muchas ocasiones a la vecindad, son las conexiones que más parecen determinar este tipo de obligación jurídica compartida entre el artesano y su fiador. La relación familiar, aparece referida en ocho ocasiones en los contratos. Alonso Fernández acudió a su madre para abrirse camino en un negocio que sería muy pequeño (por el que pagaba tan solo medio real a la semana). La misma seguridad que debió buscar el zapatero de lo viejo Alonso Gutiérrez en su suegro el alcucero Pedro Guillén54. En ocasiones, padres e hijos, se apoyan mutuamente en las escrituras de concierto como sucedió con Sebastián Jiménez y su hijo Juan Jiménez, el primero con tienda en el Salvador y el segundo en Gradas55. Mientras que Alonso de Aranda, jervillero establecido en la Borceguinería, asumió el riesgo de incumplimiento de contrato de su hermano Bartolomé, también jervillero, para aliviarle desde una posición económica más holgada56. 24 Las solidaridades intrafamiliares son, por tanto, habituales en las franjas medias y bajas de nuestra escala de contribución a la alcabala. Un patrón de conducta, compartiendo el riesgo del negocio, que se repite en las relaciones entre artesanos del mismo oficio57. Alonso de Carrión y Baltasar de los Reyes, ambos zapateros de lo viejo, se fiaron el uno al otro, en sendos contratos que registraron ante notario en abril de 1582, por cantidades idénticas que hacían mérito al rendimiento de sus tiendas que tenían en la calle Buhones58. Del mismo modo, Antonio Fernández, zapatero en San Gil, actuó como avalista de Pedro de Castañeda que llevaba un negocio de obra gruesa con sus oficiales en el Arenal. Pero éste, a su vez, fío al primero cuando formalizó su contrato59. 25 Del conjunto de 38 escrituras de igualas con fianzas que hemos contabilizado, 14 zapateros recurren a otros compañeros del oficio para que declaren como fiadores, siendo habitual que el compromiso se establezca, además, entre maestros de la misma especialidad, que trabajan juntos o que se dedican a un oficio estrechamente vinculado a la actividad productiva. Por ejemplo, los borceguineros respaldan a los jervilleros60. Los artesanos de obra gruesa se fían entre sí61. Mientras que los de obra prima aparecen como fiadores, indistintamente, de zapateros de viejo o de nuevo62. En cuatro casos 26
4.4. La especialización del trabajo y la participación de mujeres 4.1.1. Jervilleros y zapateros de lo grueso artesanos que trabajan con la piel avalan a los zapateros en sus conciertos: un zurrador, un guantero, un gamuzador y un jubetero63. Los maestros de otras artes que fían a nuestros zapateros son menos numerosos y parece que su concurso obedece más a relaciones de vecindad64. Así, por ejemplo, al espadero Juan González le bastaba andar unos metros para encontrar la tienda del zapatero Pedro de Alvarado a quien fío en pública escritura, mientras que el atahonero Pedro González vivía en la Magdalena cerca de la Cestería donde trabajaba Alonso de Llanos65. Motivo este de la proximidad, unido al trato frecuente, que puede detectarse asimismo en tenderos, merceros, pasteleros y fruteros quienes figuran de fiadores en los contratos66. 27 En los ejemplos anteriores hemos mencionado una tipología de artesanos del calzado que no encontrábamos en los talleres más modestos: jervilleros, borceguineros y coleteros. Los primeros fabricaban servillas o jervillas que eran una especie de calcetín de cuero a modo de zapatilla67. Aparecen a partir del rango de los 3 reales a la semana y a ellos se unen, traspasado el umbral de los 5, los zapateros de obra gruesa que son mayoría en la franja siguiente, entre los 6 y 7 reales, desapareciendo en los niveles superiores. Estamos, pues, en presencia de nuevos modelos de negocio. El del maestro especializado en jervillas, con 18 representantes en el conjunto de nuestro universo, financiado a veces por fabricantes de borceguíes. Y el del zapatero de obra gruesa y blanca que labraba zapatos aforrados con chapa, cosidos con cera pez, que resultaban más gruesos y duraderos68, con el mismo número de talleres. Coleteros solo figuran dos casos o tres si consideramos la tienda que Beatriz de Morales poseía en las Gradas. Esta artesana era viuda de Francisco Vaca, coletero, pero ella se presentó ante el escribano como zapatera69. 28 Beatriz no es la única mujer que encontramos en la documentación revisada. No faltan los nombres femeninos, junto a sus maridos, entre los otorgantes de las igualas, aunque sean minoría. También aparecen las viudas que continúan el negocio de su consorte y mantienen el equipo de oficiales y trabajadores del taller. Un buen número de ellas se concentra, en los rangos de valor entre los 2 y 7 reales, aunque de forma discontinua70. No las hallamos, en cambio, en los segmentos más humildes de la tabla, como tampoco las hay, salvo excepciones, en los superiores. Así pues, dos nuevos rasgos caracterizan la franja intermedia de nuestra tabla: la participación de las mujeres y la especialización del negocio. Perfilemos, a continuación, ambas novedades. 29 Hemos dicho que los jervilleros irrumpen con fuerza en los contratos a partir de un volumen de negocio de 5.000 mrs/año y hasta los 9.000 mrs/año. A partir de esta cifra solo contamos dos casos: Andrés Leonardo que es también zapatero y Diego de Torres que cuenta con el aval del borciguero Diego de Torres71. Por debajo de dicho umbral otros dos: Cristóbal de Ribera que hizo la escritura de iguala en su casa-tienda en San Marcos y Francisco Ruiz que poseía tienda en el arquillo de Chapineros72. En estrecho contacto con los borcigueros o borceguineros, los jervilleros trabajan en tiendas con sus oficiales, sin necesidad de acudir a fiadores de otros oficios; si acaso, se respaldaban entre sí como se ha dicho de los hermanos Aranda. El nicho de mercado y el nivel de rentas está muy acotado con predominio de los que abonan 3 ó 4 reales, como mucho 5 reales a la semana por el impuesto de la alcabala73. 30 En cuanto a los zapateros de lo grueso, que fabricaban suelas para los zapateros de obra prima y calzado rústico74, es significativa su presencia en el rango de los 5-6 reales (tres sujetos) y su eclosión definitiva en el siguiente, la franja de los 6-7 reales, es decir, 31
4.1.2 La participación de las mujeres 4.5. Zapateros de obra prima, concentración del capital y grandes tiendas entre 10.000-11.500 mrs/año, donde se concentran la mayoría (5 talleres superando a los demás subtipos de zapateros). Casi todos ellos moraban en la calle Alhóndiga75, en la collación Santa Catalina, cerca de San Bartolomé donde operaban los curtidores de lo mayor que disponían de tenerías76. Por valores algo menores rendían sus cuentas los zapateros de lo grueso establecidos «fuera de la puerta del Arenal»77, un espacio abierto, próximo al puerto, donde se descargaban y trataban los cueros indianos con el pez que aplicaban como cera en el zapato grueso. El grupo de establecimientos aquí concentrado es también relevante porque suele contar con fiadores, que son otros zapateros, y porque en él que abundan las escrituras encabezadas por matrimonios de artesanos como Hernando García y María de Lara que tributaron 7.072 mrs al año por la obra manufacturada con sus oficiales, o Gonzalo Martín y Francisca Gutiérrez Domínguez que alcanzaron los 12.372 mrs78. En el conjunto de las escrituras tabuladas las mujeres de zapateros que figuran en los contratos hablando como una sola voz junto a sus maridos son 21, mientras que tan solo contabilizamos 4 viudas, además de una mujer que actúa como fiadora de su hijo. La minoría de las mujeres que decidieron continuar con el negocio de sus esposos fallecidos debieron hacerlo por necesidad familiar pues sus rentas corresponden a la franja media-baja de nuestro ranking de aportaciones a la alcabala, entre los 2,75 y los 6 reales por semana79. En el caso de la zapatera Antonia de Ascorza, la documentación permite identificar el momento en que sustituye a su marido, revocando el contrato que él había firmado por una nueva iguala que se protocolizó el 20 de julio de 1582 con el mismo arrendador, manteniendo los oficiales que trabajaban en la tienda del Peladero80. 32 En cuanto a las parejas de otorgantes las encontramos representadas en diferentes niveles de renta y distintas modalidades de negocio pero casi siempre concentradas en el segmento más alto dentro de su grupo. Me explico: si nos fijamos en los modestos talleres de la obra vieja que abundan en el rango 0-3 reales/semana, las escrituras encabezadas por matrimonios proliferan en la parte superior del segmento, es decir, entre los 2 y 3 reales, subrayando el compromiso de la mujer en la empresa familiar con expresiones del tenor siguiente: «que nosotros hiciéremos» o «que nosotros e un oficial hiciéremos». En la franja media de fortuna, sucede otro tanto: los contratos que hacen conjuntamente marido y mujer se encuentran en el nivel superior de este tipo de negocio que corresponde a la obra gruesa y enfatizan el compromiso de la pareja que trabaja «con nuestros oficiales». En tercer lugar, aquellos negocios de obra prima y mayor valor de renta, las escrituras donde figuran asumiendo responsabilidad ambos cónyuges se sitúan en la capa superior del grupo, por encima de los 10 reales/semana como sucedió con los declarantes Alonso López y María Mendoza que tenían su tienda en Gradas donde también moraban Cristóbal García e Isabel de los Ángeles81, o con Pedro Gómez Cabello e Inés Vílchez que lo hacían en la Alhóndiga82. 33 Aunque es muy arriesgado llegar a conclusiones sin haber consultado cartas dotales, testamentos o inventarios de bienes de estas parejas, los ejemplos señalados parecen indicar que en los tres tipos de actividad (de obra vieja, de grueso o de nuevo), las escrituras con presencia de mujeres figuran entre los negocios que más contribuyen por alcabala lo que parece apuntar a obrajes y tiendas más consolidados. 34 A partir de los 12.000 maravedíes de contribución al impuesto de compra-venta, los zapateros de obra gruesa desaparecen (los de obra vieja lo habían hecho antes) y dominan la actividad comercial, por tanto, los artesanos de la obra prima que labran 35
1582 para «cobrar cualesquier alcabalas pertenecientes a las dichas rentas (…) así por igualas como sin ellas». AHPSe, PNS, leg. 16088, fol. 280v-281r y leg. 16090, fol. 25r-v. Pour citer cet article Référence électronique José Jaime García Bernal, « Las escrituras de iguala y los zapateros sevillanos en 1582 », e- Spania [En ligne], 49 | Octobre 2024, mis en ligne le 01 octobre 2024, consulté le 22 mai 2025. URL : http://journals.openedition.org/e-spania/52950 ; DOI : https://doi.org/10.4000/12jp9 Auteur José Jaime García Bernal Universidad de Sevilla Articles du même auteur Triunfos del suceso: Cultura festiva en las postrimerías del Siglo de Oro [Texte intégral] Paru dans e-Spania, 29 | février 2018 Droits d’auteur Le texte seul est utilisable sous licence CC BY-NC-ND 4.0. Les autres éléments (illustrations, fichiers annexes importés) sont « Tous droits réservés », sauf mention contraire.