Economía y territorio: una sucinta revisión
Abstract
Este artículo expone de forma resumida algunas de las diversas formas de aproximarse a la relación entre economía y territorio. En primer lugar se exponen someramente algunos de los principales rasgos de los modelos de localización neoclásicos. A continuación se presentan algunos de los rasgos más destacados de la nueva geografía económica, insistiendo en los puntos más novedosos de la misma. La forma de incorporación del territorio desde la perspectiva de la economía política también es analizada, considerando en primer lugar los modelos centro-periferia y, en segundo término, las nuevas construcciones teóricas derivadas de los distintos desarrollos de raíz institucionalista.
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REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 119 ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN Daniel Coq Huelva Universidad de Sevilla Este artículo expone de forma resumida algunas de las diversas formas de aproximarse a la relación entre economía y territorio. En primer lugar se exponen someramente algunos de los principales rasgos de los modelos de localización neoclásicos. A continuación se presentan algunos de los rasgos más destacados de la nueva geografía económica, insistiendo en los puntos más novedosos de la misma. La forma de incorporación del territorio desde la perspectiva de la economía política también es analizada, considerando en primer lugar los modelos centro-periferia y, en segundo término, las nuevas construcciones teóricas derivadas de los distintos desarrollos de raíz institucionalista. Palabras clave: desarrollo regional, economía regional, geografía económica, distritos industriales. 1. INTRODUCCIÓN Es un punto común, dentro de la ciencia económica, el reconocimiento del escaso papel que, habitualmente, se le presta al componente espacial, es decir, al territorio a la hora de explicar los procesos de producción y consumo que sobre el mismo tienen lugar. En este sentido, las siguientes palabras puedan, quizá, ser ilustrativas de un sentir bastante generalizado. “¿Cómo suelen abordar los economistas el espacio? Por decirlo en pocas palabras, la mayoría no lo trata en absoluto. En efecto, hay algo extraño en la manera en que buena parte de nuestra profesión ignora cualquier cosa que guarde relación con el lugar en el que se producen las actividades económicas” (Krugman, p. 15, 1997a). Pese a que la frase anterior es, en términos generales, válida, sin embargo, los intentos de desarrollo de una ciencia que enfoque los problemas económicos desde una perspectiva espacial son muy antiguos1. (1) Los intentos por incorporar la variable espacial al análisis económico son muy antiguos, remontándose a Vön Thunen (1839) y A. Weber (1909). COQ 15/4/02 12:25 Página 119
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 120 Así, desde principios del siglo pasado se han sucedido una serie de contribuciones teóricas en este sentido. Se trata de aportaciones muy heterogéneas. Por eso, el objetivo principal de este artículo es proceder a su ordenación y resumida exposición. Se realizará, para ello, una somera revisión de las distintas teorizaciones económico-espaciales. El campo de análisis es sin duda muy amplio. Las relaciones economía-territorio pueden establecerse a múltiples niveles. Este artículo va a centrarse en aquellas aproximaciones que, de una u otra forma, analizan el comportamiento de empresas e individuos concretos, en un plano esencialmente microeconómico. Por tanto, no van a incluirse aquellas aproximaciones que introducen el espacio en modelos macroeconómicos, ya que ello desbordaría con mucho los objetivos del presente texto2. Con todo, la amplitud del tema hace que la revisión de escuelas aquí realizada diste mucho de ser exhaustiva. La organización de texto será la siguiente. Se comenzará por exponer la forma en que, desde la economía de inspiración neoclásica, se incorpora el espacio al análisis, así como las principales carencias de estas aproximaciones (epígrafe 2). A continuación, en el punto tercero, se analizarán las complejas relaciones entre economía y sugeridas por la nueva geografía económica. Estos últimos desarrollos, aunque tienen una serie de importantes coincidencias con la teoría neoclásica de la localización, se apartan de ella en una serie de puntos claves. Se seguirá con la exposición de la concepción del espacio presente en las concepciones centro-periferia (epígrafe 4). Por último, en el epígrafe 5, se analizarán todo un conjunto de conceptualizaciones que tienen en común dos cosas: - La apertura del análisis a desarrollos procedentes de otras ramas del pensamiento económico y disciplinas afines. - Su gran apego a la realidad, derivado del hecho de que su última finalidad es explicar los elementos socio-económicos que explican el especial dinamismo, así como las especiales dificultades de territorios concretos en la dinámica competitiva actual. Todos estos desarrollos teóricos tienen un elevado grado de retroalimentación entre sí. Por ello, su ordenación y clasificación puede realizarse a partir de diversos criterios. En este caso, se ha optado por ordenar las diversas aproximaciones sobre la base de su distinta percepción (2) No obstante, toda delimitación del campo de estudio lleva implícita una serie de limitaciones. En nuestro caso algunas de las conceptualizaciones microeconómicas del espacio tienen un correlato macroeconómico especialmente relevante, sin la cual la profundidad de los replanteamientos realizados no puede ser comprendido. Es el caso de la Nueva Geografía Económica donde la incorporación microeconómica de la variable espacial está íntimamente ligada al desarrollo de modelos macro de crecimiento y comercio internacional. En estos casos, cuando la relación sea especialmente intensa, como es el ejemplo anterior, algunas referencias mínimas son inexcusables. COQ 15/4/02 12:25 Página 120
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 121 de las causas que rigen los cambios en la organización territorial de la producción3. 2. EL ESPACIO COMO UN MERO RECEPTÁCULO: LA TEORÍA DE LA LOCALIZACIÓN Ya a principios del siglo XX, los autores de la denominada Escuela Alemana de la Localización4se plantearon analizar las causas que regían la distribución espacial de las manufacturas. Esto era, en aquellos momentos, en Alemania un debate de gran trascendencia debido a que, como consecuencia del fuerte proceso industrializador vivido a finales del siglo XIX, se había transformado radicalmente el uso dado al espacio y la localización en él de las actividades productivas. Con la finalidad de intentar comprender las fuerzas rectoras de tal transformación se acudió a la teoría económica por la fecha dominante: la teoría neoclásica. Sobre la base de la misma estos autores se propusieron conceptualizar los efectos derivados de la inclusión del espacio5en ese modelo de análisis. Para ello, encontraron dos vías principales: - Por un lado, la existencia del espacio altera las funciones empresariales de coste, introduciendo un nuevo tipo de gasto, el transporte6. - Por otro lado, también es obvio, que a igualdad de precio (y de todos los restantes atributos que definen una mercancía), los consumidores comprarán sus productos en aquellos establecimientos que les resulten más cercanos. Es decir, la distancia influye en la formación de preferencias por parte de los consumidores y, por tanto, en las decisiones de localización de los empresarios7. (3) No obstante, dada la heterogeneidad de estos desarrollos, es posible proceder a otras ordenaciones de ellos, por ejemplo, sobre la base de sus diferentes bases epistemológicas y ontológicas. Una visión sintética de estas diferencias se presenta en Coq (2004). (4) Esta Escuela de pensamiento fue continuada en los años 50 y 60 por los estudiosos agrupados bajo la impronta de la Asociación Americana de Ciencia Regional. Entre estos últimos destaca la figura de W. Isard, sin olvidar las de E. Moses o E. Hoover. Con todo, estos teóricos en lo esencial continúan la línea de lo expuesto por sus predecesores germanos, respetando, en este sentido, los factores de localización considerados. (5) En este caso, el espacio es una variable definida en términos exclusivamente físicos. Se intenta estudiar los patrones de localización bajo las premisas de la existencia de individuos absolutamente racionales, que poseen una información perfecta de los costes asociados a las distintas localizaciones y que actúan de una forma totalmente egoísta para de este modo maximizar el beneficio de sus empresas o, en su defecto, su utilidad. El espacio es, por tanto, uno de los datos necesarios para que estos individuos –perfectamente racionales– tomen sus decisiones. De esta forma, es un elemento que actúa como una restricción en los procesos de decisión individual. Así, el espacio se equipara a la distancia y se piensa en él como un elemento pasivo. (6) Esta es la línea de razonamiento que, básicamente, sigue A. Weber y sus sucesores norteamericanos de los años 50 E. Hoover y L. Moses. (7) Este conjunto de aproximaciones recibe el nombre de Teoría del Lugar Central, cuyos máximos exponentes son Hötelling, Christaller y Lösch. COQ 15/4/02 12:25 Página 121
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 122 A partir de estas dos vías teóricas se obtienen una serie de conclusiones: - Por una parte, está claro que, dado el carácter de coste del transporte, las empresas tenderán a instalarse allí donde los gastos de transporte se minimicen. - Esta tendencia general (la minimización de los costes de transporte) prevalecerá siempre que los clientes no tengan una clara y decidida predilección por adquirir sus productos en aquellos establecimientos que les resulten más cercanos. De este modo, la teoría predice la existencia de dos tipos de industrias; por una parte, las orientadas a las materias primas y por otra, las orientadas a la demanda final. Las primeras se concentrarán en unos puntos concretos, con independencia de dónde se encuentren los principales núcleos de población, mientras que las segundas tenderán a localizarse en los principales núcleos urbanos (Richardson, 1986). Adicionalmente, a través de una serie de deducciones matemáticas se demostraba que esta última orientación era el caso general8. Sólo había un problema. La evolución de las principales economías demostraba que los procesos de industrialización iban acompañados de intensos procesos de urbanización (Polèse, 1994). Nos encontraríamos, por tanto, frente a un fenómeno de tipo circular. La industria sigue a la población que, lejos de tender a reproducir los patrones de ocupación del espacio previamente existente, es crecientemente urbana. Es decir, la industria se “orienta a la demanda” y la fuerza de trabajo, la población, va allí donde hay oportunidades de empleo, es decir, donde hay industria. Esta situación está lejos de ser explicada por un modelo teórico como el neoclásico, basado en la idea de equilibrio, que describe una situación estática como óptima y, por tanto, en la que no es posible operar ninguna transformación. Tan espinoso problema, ya intuido desde el principio por A. Weber fue resuelto mediante el recurso a un concepto marshalliano9: las economías externas. La base de la argumentación reside en que la concentración de industrias en un punto produce una serie de reducciones de costes que afectan a todo sector de actividad, sin que, ninguna de las empresas existentes, pueda limitar el disfrute por las restantes de estos descensos10. De esta forma, las industrias localizadas en un punto concreto son capaces (8) El propio Weber en su obra “Theory of location of industries” llega a esta conclusión. (9) El hecho de que A. Marshall fuera un autor con un gran apego a la realidad empírica hace que su obra tenga una gran influencia en la evolución del pensamiento económico-espacial. Dos son los conceptos marshallianos que van a ser objeto de desarrollo. Por un lado, el ya indicado de economías externas. Por el otro, el concepto de distrito industrial que se tendrá la ocasión de comentar en el cuarto epígrafe del presente texto. (10) Un ejemplo de Economías externas sería el comentado por P. Krugman en su obra “Geografía y comercio”. En la misma expone cómo la existencia de una concentración de industrias de un sector en un área determinada promueve, a su vez, la creación de un mercado de trabajo especializado. De dicho mercado de trabajo pueden beneficiarse todas las empresas situadas en esa área y esto supone una ventaja competitiva para las mismas. COQ 15/4/02 12:25 Página 122
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 123 de reducir los gastos asociados a sus procesos productivos por encima del efecto derivado del aumento de los costes de transporte (derivado de la mayor distancia respecto a la localización de la producción de materias primas). Las formas en las que estas economías externas pueden tomar cuerpo son muy variadas. Por ejemplo, vía la formación de un mercado de trabajo cualificado y considerablemente más productivo. También puede entenderse su existencia por las necesidades concretas de los procesos productivos, por las características de los sistemas institucionales de las ciudades, etc. En realidad, con el desarrollo del concepto de “economía externa” se abre la puerta a una concepción evolutiva de la dinámica espacial, pero, oculta tras el telón de una serie de argumentos teóricos extraídos de teorizaciones directamente vinculadas a la estática comparativa neoclásica. Por ello, no es extraño que desarrollos más recientes se hayan centrado casi obsesivamente en las economías externas. 3. LA NUEVA GEOGRAFÍA ECONÓMICA Las aproximaciones de la nueva geografía económica suponen una renovación y, al mismo tiempo, una negación de algunos de los postulados más importantes de la teoría neoclásica de la localización. De hecho, si en la teoría neoclásica de la localización existe una cierta oposición entre el espacio como inductor –reductor de costes y el espacio como inductor– reductor de utilidad, ahora esas dos dimensiones van a sintetizar en un modelo omnicomprensivo. Por otro lado, otras muchas diferencias menores entre las distintas aproximaciones económico –espacial tradicionales también son objeto de superación11. En este sentido, la nueva geografía económica supone una síntesis entre aproximaciones económico– espaciales, que, aunque nacidas dentro de la misma corriente de pensamiento, eran, en buena medida excluyentes. Sin embargo, al mismo tiempo, se introducen una serie de fundamentos “microeconómicos” nuevos. Entre ellos, habría que citar los siguientes: - Se parte de un enfoque de competencia imperfecta, lo que es muy importante, sobre todo en la conceptualización de las implicaciones localizatorias de la teoría de la producción. En realidad, una de las contradic- (11) De hecho se sintetiza la aproximación weberiana, que ve la problemática localizatoria como una extensión de la teoría neoclásica de la producción, una vez se introducen los costes de transporte, con la aproximación nacida con Ohlin (1933) que consideraba la localización industrial como el reflejo “regional” de las dinámicas que regían el comercio internacional. Pero también se integra, el enfoque de equilibrio general, estableciendo modelos en los que se considera simultáneamente el efecto de la distancia sobre la producción, sobre la demanda, o sobre el comercio internacional intentado la creación de un modelo equilibrio general tal y como intentó W. Isard (1956). COQ 15/4/02 12:25 Página 123
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 124 ciones de la teoría neoclásica de la localización es que partía de un enfoque de competencia perfecta, para, una vez introducida la distancia y los mercados de trabajo especializados, afirmar, de hecho, un modelo de competencia imperfecta. En el caso de la nueva geografía económica esta contradicción desaparece12 (Martin y Sunley, 1996; Krugman y Fujita, 2004). - La competencia imperfecta se encuentra ligada a un esquema de rendimientos crecientes. Esto también es importante, porque son estos rendimientos crecientes los que favorecen la concentración de las actividades económicas en unos pocos espacios. Es decir, los rendimientos crecientes son la principal fuerza centrípeta existente en el sistema (Krugman y Fujita, 2004). - Da una importancia central al proceso de generación de externalidades. Este argumento se vincula con el anterior, porque en realidad, lo que se viene a afirmar es que los rendimientos crecientes no pueden ser totalmente internalizados por las empresas, quedando, en buena medida “en el aire”. Por tanto, la afirmación de un esquema de “rendimientos crecientes” permite dotar de una coherencia lógica al proceso de generación de externalidades, algo que los esquemas anteriores eran incapaces de hacer. De esta forma, se modeliza el carácter evolutivo de los fenómenos localizatorios en tanto la generación de externalidades de hoy es la base de la creación de las capacidades competitivas de mañana. La principal contradicción de las teorías clásicas de la localización –basarlo todo en un elemento, las externalidades, que no eran explicadas– queda de esta forma superado. - Pero, además, se vincula la problemática localizatoria con otras áreas de trabajo y tradiciones de pensamiento económico. Es el caso de las teorías de comercio internacional (algo que ya los clásicos habían trabajado) y de las propias teorías del crecimiento. Los rendimientos crecientes explicarían de esta forma, tanto el crecimiento económico de los distintos territorios (y su tendencia general a la no-convergencia), cuanto el carácter acumulativo de los procesos de localización industrial. Es decir, explicarían la concentración como la proyección microeconómica de una dinámica de crecimiento polarizada en determinados territorios capaces de generar rendimientos crecientes sobre la base de la actuación sistemática de externalidades positivas. De esta forma, la base microeconómica del crecimiento incorpora un elemento inherentemente espacial, ya que el crecimiento económico se explica echando mano al concepto de rendimientos crecientes y éstos se asocian con la creación de externalidades (Martin y Sunley, 1998). (12) Sin embargo, esta conceptualización de la competencia imperfecta tiene sus límites ya que se fundamenta básicamente en dos tipos de modelos, los marshalianos y los basados en el esquema de competencia monopolística. El propio Krugman acepta las limitaciones derivadas del esquema de competencia modelizado (Krugman y Fujita, 2003). COQ 15/4/02 12:25 Página 124
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 125 Pero simultáneamente, al tiempo que se integra, se articula y se reforman distintas tradiciones neoclásicas de pensamiento económico-espacial, la nueva geografía económica desarrolla puntos de contacto importantes con otras tradiciones de pensamiento económico. En este sentido: - Se afirma un modelo de tipo centro-periferia. Krugman (1991) en su obra más conocida Geografía y Comercio desarrolla un modelo sencillo de dos productos y dos regiones que confirma la tendencia a la constitución de este tipo de estructuras. Incluso llega a afirmar la validez de las aproximaciones centro-periferia tradicionales argumentando que su principal problema era la falta de modelización matemática. - De la misma forma, se afirma la importancia de la historia. La especialización regional viene marcada no sólo por la dotación de factores, sino por la trayectoria histórica de los distintos territorios que es la que, en definitiva, marca el proceso de creación de ventajas competitivas, rendimientos crecientes, externalidades y tendencias a la concentración espacial de las actividades productivas (Martín y Sunley 1996). Con ello, lo que se hace en realidad es abrir la puerta a la afirmación de una serie de modelos evolutivos que intentan comprender la evolución de una realidad caracterizada por la existencia de fuerzas enfrentadas que no tienden a ninguna posición prefijada. Todo esto hace que estas aproximaciones se caractericen muchas veces por su complejidad. Así lo denuncian Martín y Sunley (1996), cuando refiriéndose a uno de los principales autores de esta corriente P. Krugman afirman: “...Las ideas de Krugman están lejos de ser estáticas. En realidad sus puntos de vista parecen estar continuamente cambiando –en ocasiones criticándose a sí mismo– y esto es muy importante en una evaluación de la altura de sus trabajos ” (p. 261). Esta complejidad se debe a los múltiples elementos que confluyen en la nueva geografía económica (teorías clásicas de la localización, teorías del comercio internacional, teorías del crecimiento, teorías del desarrollo). Esto hace que, en ocasiones, las aproximaciones de la nueva geografía económica desarrollen equilibrios difíciles de mantener. Por ejemplo, al mismo tiempo se afirma el carácter beneficioso del comercio internacional y la posibilidad de que los beneficios del mismo se concentren tan sólo en unos pocos territorios como consecuencia del juego de rendimientos crecientes, externalidades y crecimiento desigual. Por tanto, se defiende al mismo tiempo la posibilidad de una politica discrecional de comercio internacional (que cree ventajas competitivas en sectores clave) y los beneficios de la liberalización y la integración comercial. Todo ello, da a la nueva geografía económica un elemento evidente de indeterminación (Martin y Sunley, 1996). 4. TEORÍA DEL CENTRO Y LA PERIFERIA Otro intento por comprender la relación entre economía y territorio fue el realizado a finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo COQ 15/4/02 12:25 Página 125
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 126 por la Teoría del Intercambio Desigual13 (Amin, 1974, Emmanuel, 1973). El objetivo de estos teóricos era entender el funcionamiento de las economías subdesarrolladas (que ellos denominan periféricas) a partir de la consideración de los principales rasgos constitutivos de las mismas. Para ello, era necesario, en primer lugar, la realización de un análisis histórico. Con él se pretendía indagar en la génesis y modo de funcionamiento de las principales relaciones y actividades económicas en la periferia. Es decir, se buscaba identificar las estructuras socioeconómicas más importantes de las realidades analizadas, así como estudiar su evolución. Esto, a su vez, propiciaba el desarrollo de un marco diferenciado que servía al análisis de las sociedades periféricas sin la servidumbre que suponía compararlas continuamente a las economías capitalistas más avanzadas. En este sentido, se consideraba que las economías periféricas tenían una forma de funcionamiento radicalmente distinta a las economías centrales. La razón fundamental de esta diferencia estriba en que los procesos de acumulación a escala mundial se dirigen desde los espacios centrales, mientras que se proyectan, sólo de forma deformada, en los espacios periféricos. En los mismos, consecuentemente, las decisiones de los agentes productivos se encuentran muy condicionadas por el funcionamiento global del sistema económico. En concreto, la posibilidad de un desarrollo industrial autocentrado14 en economías periféricas no es factible. Por ello, la industria local, sometida a intensos procesos de competencia para los que no se encontraba preparada, ha visto truncado su acceso a la “modernidad”, convirtiéndose en un residuo sin capacidad competitiva en mercados capitalistas. Por otro lado, se produce, en estos espacios, un proceso de implantación de modernas industrias, como consecuencia de la “deslocalización” de algunas actividades industriales tradicionalmente producidas en los países centrales. Pero las mismas se constituyen en enclaves aislados sin conexión con el tejido económico local15 (Amin, 1974). De esta forma, la Teoría del Centro y la Periferia ve los patrones de localización de las actividades industriales en las sociedades periféricas de forma muy distinta a la Teoría Neoclásica de la Localización. Las industrias poco eficientes, herencia de un artesanado de tipo tradicional, tienden a encontrarse localizadas de forma muy dispersa y, en ocasiones, muy cerca de las materias primas que son la base de su funcionamiento. Por el contrario, las industrias modernas se sitúan en enclaves concretos, en ocasiones, también (13) Realmente, estos autores toman la mayor parte de los conceptos utilizados de los trabajos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Lo que ocurre es que se trata de análisis referidos fundamentalmente a la realidad latinoamericana. La aportación de autores como S. Amín y A. Emmanuel es precisamente teorizar un cuadro de análisis aplicable al conjunto de realidades periféricas. (14) Es decir, realizado de forma socialmente análoga al existente en las Economías centrales. (15) De ahí la afirmación del carácter dual de la industria en las sociedades periféricas y la ausencia de rasgos comunes entre una industria tradicional, poco competitiva y socialmente muy arraigada y una industria moderna, muy competitiva, pero con una escasa relación con el tejido económico del entorno que la rodea. COQ 15/4/02 12:25 Página 126
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 127 cercanos a los puntos de abastecimiento de materias primas o, por el contrario, cercanos a zonas bien comunicadas con el exterior. En este sentido, no es que se niegue todo lo dicho por la teoría neoclásica de la localización, sino que se considera, sencillamente incompleto (Amin, 1974)16. Las Teorías del Centro y la Periferia se han utilizado igualmente para explicar los patrones de localización en el interior de las economías de los países centrales (Keeble, 1976; Veltz 1995). En este sentido, se ha partido de consideraciones similares. La dinámica económico-territorial es generada por unos pocos territorios (en el caso de Inglaterra el Sureste, en Francia la región parisina) quedando el resto supeditada a los patrones de difusión industrial generados por los mismos. No obstante, estas aproximaciones tienen también una serie de limitaciones: - En primer lugar, la propia utilización de los conceptos de centro y periferia. La diversidad en el interior de ellos, aunque reconocida, tiene una importancia menor en el análisis. Esto es especialmente grave cuando, sobre todo, en las realidades “periféricas” existe una gran heterogeneidad que hace que su evolución histórica presente importantes (y crecientes) diferencias. - En segundo lugar, la negación de la posibilidad de rearticular los patrones de acumulación y, por tanto, de localización en las realidades periféricas, independientemente de la heterogeneidad existente en la misma. Es decir, estos autores, son muy “pesimistas” , ya que, tras el análisis de la evolución a largo plazo de una serie de economías, identifican unas “trayectorias” que consideran que tienen una inercia tan fuerte que impiden que las mismas sean modificadas a partir de la actuación pública, o de cualquier dinámica social. La diferente evolución de distintas realidades tanto “centrales” como “periféricas” en los años siguientes va a poner de manifiesto la necesidad de avanzar en el estudio de la diversidad espacial, pero también social y cultural del capitalismo contemporáneo. 5. NUEVAS CONCEPCIONES DE LA RELACIÓN ECONOMÍA - TERRITORIO La crisis de mediados de los 70 puso en cuestión todas las visiones existentes sobre la relación entre Economía y Territorio. La Teoría de la (16) Realmente, aunque ambas tienen un substrato espacial, la problemática analizada por una y otra son muy diferentes. La teoría de la localización estudia la determinación de patrones de localización óptimas dados una serie de datos. Pero algunos de los elementos que se consideran dados, como por ejemplo, los lugares de residencia de la población son, en realidad, variables que cambian con el tiempo. Las teorías del intercambio desigual hacen un análisis mucho más a largo plazo y, por tanto, se interesan por el cambio de muchos de los elementos que desde la visión neoclásica se consideran como constantes. COQ 15/4/02 12:25 Página 127
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 134 - Se trata de un análisis muy afectado por una coyuntura de crisis industrial y, en este sentido, escasamente capaz de anticipar el resultado final del proceso. La tradición institucionalista británica: El arraigo local de las organizaciones El enfoque institucionalista es, en buena medida, una reacción contra algunas de las carencias explicativas de la Escuela de la Nueva División Espacial del Trabajo. Pero, adicionalmente, existen razones en la evolución de su propia realidad que justifican el cambio. De hecho, en los años 70, los Midlands habían “sufrido” los efectos de procesos de deslocalización a escala mundial. Sin embargo, desde mediados de los años 80, comienzan a resultar beneficiarios de los mismos. En los años 80, una gran cantidad de empresas transnacionales no británicas se instalan en las islas, por ejemplo, un buen número de empresas automovilísticas japonesas. En este momento, se pone de manifiesto que el grado real de influencia de estos nuevos establecimientos productivos sobre el entorno económico local va a depender mucho de las políticas asumidas por la gerencia de estas grandes empresas y por la capacidad de los entornos locales de generar un entorno favorable para el desarrollo de estas actividades productivas. Es decir, el grado de interacción entre los nuevos establecimientos y el espacio depende, en buena medida, del grado de “arraigo productivo”32 de las corporaciones transnacionales (Dicken, Folsgreen y Malmsberg, 1994). Todo este razonamiento se pone en relación con las actuales características de los procesos productivos. El proceso de Reestructuración ha supuesto, según estos autores, la emergencia de una nueva forma de competir33 (Best, 1990). Dentro de la misma, se acentúan los procesos de diferenciación en busca de nichos de mercado específicos. Por otro lado, se intensifica la “tensión temporal” de los procesos productivos. La forma más efectiva de detectar “nichos de mercado” es producir sobre pedido con el mínimo retardo posible. Ésta es la esencia de los sistemas Just –in– time y, en general, de la creciente flexibilidad de los procesos productivos (Coriat, 1993). Pero la flexibilidad de los procesos, no va a suponer una crisis de la gran empresa. Éstas no son intrínsecamente rígidas, sino que, como todos los agentes productivos son capaces de reorganizarse en búsqueda de una creciente flexibilidad. La búsqueda de la misma es puesta en relación con la clásica dicotomía promovida por algunas ramas del institucionalismo entre jerarquía y mercados (Williamson, 1983). Supone, por tanto, la ruptura de la cadena de mando y la aparición de cadenas de subcontratación. O lo que es equivalente, supone la sustitución de relaciones laborales por relaciones proveedor-cliente, de jerarquías por redes (Dicken, Folsgreen y Malmsberg, 1994). (32) Ésta es la traducción libre que realizamos de la expresión anglosajona “embeddedness”. La traducción literal de la misma es “incrustamiento”. (33) Frente a la Escuela de la Nueva División Espacial del Trabajo, aquí los cambios en la forma de competir ocupan un lugar muy destacado en la interpretación. COQ 15/4/02 12:25 Página 134
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 135 En este contexto, la importancia del territorio es fundamental. La capacidad de subcontratar por parte de las empresas matrices va a depender no sólo de factores propiamente económicos (la existencia de un conjunto de PYMES con capacidad para hacer frente a los requerimientos de las transnacionales) sino de otros elementos culturales, sociales e institucionales. El desarrollo de redes de subcontratación, en un contexto caracterizado por la flexibilidad, implica la capacidad de adaptar continuamente las características de los procesos de trabajo. Ello, en última instancia, no puede ser regulado por ninguna relación meramente mercantil. Precisa del desarrollo de unos códigos de conducta, unos valores compartidos y unas formas de coordinación entre los distintos actores participantes. De esto depende que la actividad de las transnacionales tenga un efecto real en la actividad económica de las diferentes localidades34. Por tanto, el territorio entendido como construcción social juega un papel fundamental en tanto y en cuanto configura las pautas de conducta de los actores locales, básicas a la hora de promover el arraigo de las diversas actividades productivas. Así, las principales aportaciones de esta escuela pueden resumirse de la siguiente forma: - Considera que los países desarrollados no sólo se ven negativamente afectados por los procesos de “deslocalización” sino que, igualmente pueden beneficiarse de los mismos. Esto contradice, en buena medida, los postulados de la Escuela de la División Espacial del trabajo. - Considera que el efecto real de la localización en un territorio de una actividad industrial controlada por el capital transnacional depende, en buena medida, de elementos institucionales y culturales propios de cada entorno. Esto matiza, de forma importante, los postulados de las teorías centro-periferia. - Con lo cual, se insiste en el cambio institucional y social como el elemento fundamental, junto con los intereses del capital transnacional, a la hora de determinar la posición de los diferentes territorios en la división del trabajo. No obstante, estos autores coinciden con la Escuela de la Nueva División Espacial del Trabajo en la consideración de que, con los procesos de (34) Por ello, el concepto de arraigo local no hace referencia exclusivamente a la existencia de redes de subcontratación locales, sino que tiene unas connotaciones sociológicas y culturales muy importantes. Con ellas se quiere insistir en que la necesaria coordinación de las actividades productivas precisa de la concepción de formas más complejas de interrelación entre los agentes productivos que las tradicionalmente supuestas por la Teoría Económica. Por tanto, se niegan las visiones meramente “mercantilistas” basadas en un “homo economicus” absolutamente racional. Se afirma que esta visión del comportamiento económico de los individuos se deriva de una visión “infrasocializada” del mismo. Por el contrario, se considera que las visiones marxianas tradicionales pecan de lo contrario de una “sobresocialización” del comportamiento individual. En este caso, la noción de “arraigo” pretende constituirse en un elemento intermedio entre un extremo y otro (Granovetter, 1985). COQ 15/4/02 12:25 Página 135
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 136 Reestructuración se entra en una fase de desarrollo de las economías de mercado en el que las grandes transnacionales juegan un papel preponderante y, donde, las estrategias de valorización de las mismas se basan, en buena medida, en el aprovechamiento de los elementos de diferenciación de los territorios. 4.2. Territorio y redes de cooperación entre pequeñas y medianas empresas Existen otro tipo de aproximaciones que, a la hora de estudiar la nueva dinámica productiva y el papel de los territorios en las mismas insisten, sobre todo, en el papel de las Pequeñas y Medianas Empresas. No obstante, dentro de este grupo es posible distinguir dos grandes escuelas: - La escuela de la especialización flexible, que cree que la nueva dinámica espacial es el resultado de un proceso de “diferenciación” de los principales procesos productivos. - La escuela californiana que, por el contrario, se centra en el desarrollo de nuevas actividades productivas (informática, telecomunicaciones, industria aeroespacial) con las oportunidades que este proceso abre para determinados territorios. La escuela de la especialización flexible Desde mediados de los años 70, distintas aproximaciones han insistido en la importancia de procesos de desarrollo económico basados en la existencia de sistemas de PYMES interrelacionadas entre sí a través de redes. Este nuevo modelo de organización productiva implica una nueva geografía de la producción (la industrialización difusa) y la emergencia de una nueva categoría para analizar los sistemas productivos a escala microterritorial: el distrito industrial35. La fuerza de estas ideas, se fundamentó originariamente en la obra de Piore y Sabel (1984) La Segunda ruptura industrial . En la misma se argumentaba que los mercados se encontraban, en esta etapa histórica de desarrollo de las fuerzas productivas, crecientemente saturados. Esto hacía que la competencia en los mismos fuera muy intensa. Frente a esta realidad, la estrategia basada en la “competencia en precios” era difícilmente sostenible en el tiempo. Era difícil, dadas las condiciones de (35) Realmente, desde estas aproximaciones se proponen diversos modelos de sistemas de pequeñas y medianas empresas que colaboran entre sí. De este modo, originariamente, era posible distinguir los distritos industriales propiamente dichos (Bagnasco, 1977; Becattini, 1994) formados sobre la base de actividades industriales tradicionales en áreas de desarrollo intermedio, de los denominados distritos tecnológicos, que agrupaban actividades de alta tecnología en espacios que tenían una mayor centralidad (Silicon Valley, la M4, Sofía Antípolis etc.). En esta misma línea, otros autores trabajan con un concepto hermano al de distrito que también fija su atención en el elemento tecnológico, el denominado “milieu innovateur”. COQ 15/4/02 12:25 Página 136
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 137 los mercados, recuperar los volúmenes de capital invertidos por esta vía. Por ello, no quedaba más remedio que optar por una política de diferenciación de la producción, que aprovechara “nichos de mercado” previamente escasamente explotados36. Esto producía un acercamiento de la producción a las necesidades de los consumidores. A su vez, inducía la producción de series más cortas, para la que las PYMES tenían importantes ventajas competitivas. Adicionalmente, la necesidad de dar respuesta en poco tiempo a los requerimientos de los consumidores favorecía la aparición de sistemas de producción flexibles, en los que, de nuevo, las PYMES gozaban de ventajas competitivas37. Pero, para producir de este modo no sólo era necesario flexibilizar la producción, sino también el desarrollo de mecanismos de cooperación interempresarial. Es, por ejemplo, indispensable crear redes de subcontratación, de transmisión de la información, de comercialización etc. Pero estas iniciativas chocan habitualmente con un elemento inmaterial, “la confianza”, porque el desarrollo de estos mecanismos se encuentra sujeto a importantes niveles de incertidumbre. De este modo, sólo mediante la existencia de unos fuertes mecanismos de cooperación y confianza entre los agentes es posible reducir y gestionar el riesgo asociado a cualquier proceso de producción. La necesidad de competir produciendo “series cortas” de forma muy flexible, hacía inevitable la aparición de sistemas de cooperación empresarial. Dadas la naturaleza de la Pyme y las limitaciones en cuanto a movilidad de sus propietarios, estas formas de cooperación solían establecerse en marcos geográficos muy concretos. Aparecen así concentraciones territoriales de Pymes especializadas en una determinada actividad industrial, que colaboran entre ellas a la hora de realizar los distintos pedidos encargados por sus clientes. Por ello, estas formas de acuerdo son el resultado de mecanismos sociales de regulación especialmente presentes (36) Como puede observarse hasta aquí el paralelismo entre la tesis de la segunda ruptura industrial y la manejada por los teóricos del “arraigo” local de las organizaciones es muy similar. Esto se explica, en buena medida, porque ambas escuelas parten de unos fundamentos económicos comunes, de corte fundamentalmente, institucionalista. Aunque el lazo que une los fundamentos teóricos del institucionalismo y su proyección territorial es difuso, éste ha sido reclamado por una serie de autores (ver Amin, 1998). Debido a este substrato teórico común se coincide en que la nueva organización de la producción exige niveles crecientes de flexibilidad, lo que produce un cambio muy importante en las formas de competir. Con ello, se afirma, implícitamente, que los procesos de competencia son el producto de una construcción social que se crea y recrea con el paso del tiempo, sin que exista un único modo de competencia que pueda ser abstraído en el análisis. (37) Aquí es donde se produce el punto de ruptura entre los teóricos del arraigo local y los de la segunda ruptura industrial. Para estos últimos, la exigencia de flexibilidad supone que las grandes empresas tienen tales dificultades para adaptarse que la existencia de redes de PYMES flexibles e innovadoras se convierte en el auténtico factor estratégico de desarrollo. Para los teóricos del arraigo, por el contrario, las grandes empresas son capaces de, a través de los cambios oportunos en sus sistemas de organización industrial de adaptarse al nuevo entorno competitivo, aprovechando en mayor medida, las oportunidades ofrecidas por el mismo. COQ 15/4/02 12:25 Página 137
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 138 en determinados entornos locales38 (Becattini y Rullani, 1995). Por tanto, existen determinadas realidades locales que, por sus especiales características sociológicas, son capaces de generar relaciones de confianza especialmente estrechas y, de este modo, aprovechar las nuevas oportunidades abiertas por la emergencia de una segunda ruptura industrial. Estas realidades locales actuarían como laboratorios de prueba de la incipiente organización futura del territorio. Los propios Piore y Sabel, ponen como ejemplos de la nueva organización del espacio los casos de la Tercera Italia, Silicon Valley, la carretera 128, Sofía Antipolis, los Parques Industriales Japoneses etc… Se habla, por tanto, de la existencia de Distritos industriales y Distritos Tecnológicos como si se tratara de dos modalidades de una misma realidad definida sobre la base de tratarse de sistemas de Pequeñas y Medianas empresas, concentradas territorialmente, que colaboran entre sí, hasta el punto de que la zona en la que se concentran los productores (el distrito) sirve como “marca” de la actividad. En este sentido, la concentración de pequeños y medianos productores en áreas rurales concretas, en ocasiones, sin tradición industrial es un indicio de la aparición de estas nuevas formas de organización industrial39. La aparición de formas de cooperación, la generalización de la subcontratación, la existencia de normas sociales que regulen la actuación de las empresas más allá de las leyes de mercados son factores adicionales necesarios, en todo caso, para promover procesos de acumulación de capital a escala local. Es necesario destacar que territorio es aquí algo más que un espacio físico, es el entorno en el que se producen una serie de interacciones susceptibles de valoración económica y el marco social en el que se sitúan los agentes económicos. Este marco social, hace que tengan interiorizadas determinadas pautas y normas de conducta compartida. Por ello, actúan no sólo como un límite físico, sino como una limitación cognitiva (Becattini y Rullani, 1995)40. Los agentes económicos pueden, en este sentido, coordinarse siguiendo formas mucho más elaboradas debido a que comparten algunos valores y actitudes que permiten la existencia de relaciones de confianza entre los mismos. Este elemento social, es susceptible de valoración económica. Las relaciones de (38) Esto supone de facto, la consideración de la actividad económica como un proceso instituido en determinados entornos locales. Esto da una nueva dimensión al territorio pero además lleva a considerar que el desarrollo económico no puede ser independiente de estas formas de “socialización” más amplias que rigen el funcionamiento de lo económico. Con lo cual la promoción del desarrollo económico debe basarse en la especificidad de las normas y relaciones sociales presentes en los territorios y, en su engarce, a su vez, con las nuevas formas de competencia imperantes a nivel mundial. (39) Este argumento ha tenido, posteriormente, otra lectura. Se ha considerado, de este modo, que el fomento de la empresariabilidad, como si éste fuese un valor que pudiera inyectarse sin más en un entorno local, era la vía principal que tenían los espacios desfavorecidos para desarrollar actividades productivas en su seno. (40) En este sentido, estos autores trabajan con un concepto muy desarrollado de territorio. Esta concepción aparece desarrollada en Coq (2004). COQ 15/4/02 12:25 Página 138
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 139 confianza, la propensión a la cooperación y la cercanía favorecen el desarrollo de economía externas. El distrito se constituye, de este modo, en una agrupación intensiva de éstas (Garofoli, 1994). Es necesario, por último, afirmar que los distritos industriales efectivamente existen. No sólo en el caso italiano, donde se han identificado más de 100, sino también con menor importancia en Francia (Courlet y Pecqueur, 1994), en Inglaterra, en Alemania o en España. Pese a que se trate de un modelo de organización de la producción con un cierto grado de difusión dista, de todos modos, de ser una forma de organización de las actividades productivas en los territorios generalmente presente. La escuela californiana Los autores encuadrados dentro de la denominada Escuela californiana41 han intentado explicar el dinamismo reciente de la actividad económica en dicha zona de los Estados Unidos. A la hora de explicar dicha dinámica, se retoman algunos de los elementos más característicos de la explicación endogenista vista en el epígrafe anterior. En concreto, vuelve a insistirse en conceptos tales como el de flexibilidad, economías externas, concentración territorial, etc. Sin embargo, las aproximaciones de la Escuela californiana retoman a la hora de explicar las transformaciones en la distribución espacial de las actividades algunos fundamentos de Teoría Económica para intentar proporcionar una mayor consistencia al análisis42. Pese a ello, las explicaciones construidas continúan más interesadas en la explicación de su realidad, que en la coherencia formal de las explicaciones propuestas. Esto da lugar, en ocasiones, a que las mismas pequen de un cierto grado de eclecticismo43 (Scott, 1986). Sin embargo, cuando no es así, conjugan una riqueza analítica muy importante con una alta capacidad explicativa (Storper y Walker, 1989). Refiriéndonos posiblemente a la obra más conocida de Storper y Walker “The capitalist (41) Los principales autores encuadrados dentro de esta corriente son Michael Storper, Allen J. Scott y Richard Walker. (42) Realmente, la búsqueda de fundamentos económicos que expliquen el rápido desarrollo de determinadas industrias en California es muy intenso en estos autores. A finales de los 70 y principios de los 80 se inspiraron, sobre todo, en desarrollos teóricos de corte marxiano o neorricardiano (Storper y Walker, 1981,1983). Con posterioridad, fueron incluyendo, normalmente de forma velada algunos elementos procedentes de la tradición neoclásica (Scott, 1988). (43) Esto no es sólo una opinión personal del autor. Al artículo de A.J. Scott “Industrial organization and location: division of labour, the firm and the industrial process” publicado en Industrial Geography en 1986 le sucedieron una serie de comentarios, aparecidos también en dicha revista en los que se criticaba el eclecticismo de la aportación. De hecho, en este artículo se utiliza la modelización neoclásica de la competencia para argumentar las tendencias de localización de las empresas. Pero también se utilizaban una serie de consideraciones de origen marxiano, que intentan hacerse casar con las modelizaciones neoclásicas. COQ 15/4/02 12:26 Página 139
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 140 imperative: territory, technology and industrial growth”44 la misma une planteamientos tradicionalmente marxianos con algunas aportaciones provenientes de la escuela de la especialización flexible45. Por un lado, consideran que las empresas tienden a acumular ventajas competitivas. Esto da lugar a que las empresas tengan una cierta “inercia” locacional. Es decir, cuando hay una serie de empresas en un espacio que desarrollan ventajas competitivas, dicho territorio tiende a especializarse en dicha actividad. Para que dicha especialización se vea atacada es necesario que se produzcan procesos de acumulación de la misma intensidad y con idéntica especialización productiva en otros espacios. Por tanto, en industrias “maduras” con procesos industriales que requieren importantes inversiones en activo fijo, la inercia locacional de éstas es un factor importante a la hora de explicar los patrones de localización de la misma en un momento concreto46. Sin embargo, en el caso de las nuevas especializaciones industriales las ventajas competitivas acumuladas por las empresas son forzosamente reducidas y, además se basan en elementos inmateriales, como, la existencia de un mercado de trabajo cualificado, de una importante relación ciencia-industria, etc. O dicho de otra forma, la inercia es más débil, apareciendo lo que estos autores denominan una “ventana” locacional. Esto hace que sea posible un cambio en la distribución de la actividad económica y, por tanto, en la división espacial del trabajo, si estas ventanas locacionales son efectivamente aprovechadas por regiones sin una tradición industrial. Por otro lado, las empresas más eficientes de un territorio tienden a crecer. Conforme esto se produce se abre camino la posibilidad de la apertura de instalaciones en otros lugares. De esta forma, se asiste a una expansión espacial de la industria triunfante. Pero estos nuevos centros periféricos son capaces de acumular, en muchas ocasiones, ventajas competitivas suficientes como para desplazar, al menos parcialmente, a los (44) De hecho, esta es posiblemente la contribución más brillante de estos autores. En este sentido, el grado de conexión entre los fundamentos económicos sobre los que basan su análisis (de carácter marxiano) y su proyección territorial está muy conseguido. En primer lugar, hay que destacar que se establece una relación directa entre competitividad empresarial y localización. Además, este lazo se establece y conceptualiza a escala microeconómica. (45) De esta forma, los fundamentos microeconómicos del análisis, basados en una consideración marxiana de los procesos de competencia, siguen un línea estrictamente marxiana. Pero la proyección espacial de estos principios (en los que la aportación de M. Storper se ve de una forma clara) se observan muchas influencias de los postulados de la escuela de la especialización flexible. (46) Con lo cual el elemento estructural del análisis se debilita, al reconocerse que existe un elemento de indeterminación en el interior del mismo. Esto, a su vez, abre la puerta a desarrollos institucionalistas que son mucho más explícitos en la forma de aprovechamiento de estas ventanas locacionales. En este sentido, véanse los trabajos de Lundvall, B-A (1992) National Systems of Innovation o Nelson (eds.) (1993): National Systems of Innovation: A comparative analysis. COQ 15/4/02 12:26 Página 140
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 141 centros matrices. En un primer momento, esto únicamente ocurrirá en aquellas tareas más fácilmente estandarizables y, por tanto, ejecutables por trabajadores no cualificados. No obstante, el desarrollo de ventajas por parte de los territorios periféricos puede afectar a los otros elementos mucho más difícilmente reproducibles. En estos casos, tenderá a crearse una industria con una estructura espacial policéntrica47. Valoración crítica de los enfoques que insisten en la importancia de los sistemas de PYMES Las aproximaciones basadas en las Pymes presentan una serie de elementos que suponen un avance frente a concepciones anteriores, pero, simultáneamente, poseen un gran número de “pasivos” que limitan el alcance real de sus aportaciones. En este sentido, su principal valor es que se trata, en ambos casos, de concepciones en las que, frente a planteamientos anteriores, se ensalza el valor de la diferencia. Son los elementos socialmente específicos de ciertos territorios los que justifican su “éxito” relativo, su condición de “ganadores” en los procesos de Reestructuración. Esto supone que entran a formar parte del análisis una serie de elementos considerados “extraecónomicos” por las escuelas neoclásicas o estructuralistas. La existencia de elementos como la “empresariabilidad”, las “redes de confianza”, las “formas locales de regulación económica”, el “un mercado de trabajo local”, los “esquemas cognitivos comunes” etc son fundamentales para explicar una determinada realidad económicoespacial. Por tanto, de hecho, se promueve una apertura del pensamiento económico hacia ciencias afines como podrían ser el caso de la Sociología o incluso de algunas ramas de la Antropología y la Psicología Social. La principal pregunta se plantea a la hora de determinar si estos elementos diferenciadores se encuentran siempre bien identificados y convenientemente teorizados. A este respecto, pueden realizarse una serie de consideraciones. En primer lugar, las estructuras de tipo distrito industrial o “milieu innovateur” raramente se dan en forma pura. Más allá del estudio de los casos “clásicos” que dieron origen a estas conceptualizaciones, la realidad económico-territorial se muestra de una forma mucho más poliédrica, afirmándose algunos de los elementos básicos de estas teorizaciones y negándose otros. Por ejemplo, frente a la dicotomía entre gran y pequeña empresa, la realidad empírica apunta a una coexistencia, a una complementariedad entre ambas, como ha apuntado certeramente la tradición institucionalista británica y algunos autores franceses (Veltz, 1995). (47) Aquí puede observarse cómo la competencia se define como un proceso feroz, en el que la acumulación de capital, la mejora de la eficiencia técnica de las producciones y la innovación son elementos íntimamente relacionados entre sí. Esta sería la concepción clásico-marxiana de la competencia (Guerrero, 1994) o “strong competition” (Storper y Walker, 1988) que se opondría a la visión neoclásica de estos mismos procesos, más interesada en la determinación de un tamaño de empresa óptimo y, por tanto, con costes medios más reducidos. No obstante, también hay que destacar que es precisamente este carácter feroz de los procesos competitivos el que determina que exista finalmente una cierta indeterminación sobre la proyección que éstos tienen sobre el espacio. COQ 15/4/02 12:26 Página 141
DANIEL COQ HUELVA. ECONOMÍA Y TERRITORIO: UNA SUCINTA REVISIÓN 142 En este sentido, frecuentemente los mercados finales están dominados por grandes organizaciones, al tiempo que la creciente incertidumbre que caracteriza a la organización productiva contemporánea da lugar a que se produzca una ruptura de los procesos productivos tendente a aumentar la flexibilidad de los mismos. De este modo, la gran empresa es una fuente de subcontratación y, a su vez, precisa de una amplia red de subcontratistas para poder funcionar. De esta forma, la existencia de una importante red de subcontratistas se transforma en un importante factor de atracción. Por ello, las grandes empresas terminan provocando la aparición de complejas estructuras de pequeñas y medianas organizaciones relacionadas con las grandes organizaciones e interrelacionadas entre sí (Markussen, 1996; Helmsing, 1999). Este hecho aparece ligado a una segunda característica de los sistemas productivos locales existentes en la actualidad, a saber, su creciente heterogeneidad. Hay agrupaciones espaciales de empresas de muy diverso tipo y con esquemas de relación muy diversos entre las distintas organizaciones que las componen. No puede afirmarse que el distrito industrial “a lo italiano”, por ejemplo, sea un modelo universal de organización de la producción tal y como Piore y Sabel (1980) sugerían. Los sistemas productivos locales, en algunos casos, se caracterizan por una fuerte cooperación empresarial y en otros no. En unos casos tienen altos niveles de subcontratación y en otros bajos. Pueden existir grandes empresas que “lideren” la producción de un área o (menos frecuentemente) la estructura productiva del territorio puede estar dominada por la pequeña y mediana empresa etc. Frente a este hecho hay, desde un punto de vista teórico, dos opciones. La primera de ellas consistiría en difuminar los conceptos teóricos de referencia (como el caso del distrito industrial), hacerlos más imprecisos para que puedan abarcar un número mayor de casos. Por ejemplo, Markussen (1996) utiliza una definición de distrito industrial muy amplia en la que el distrito industrial “italianizante” es considerado sólo un caso específico. Otra alternativa, en el mismo sentido, consciente de la mayor carga cognitiva asociada al concepto de distrito, es la utilización de conceptos más neutros, como sería el caso, del término cluster (propuesto por el profesor Porter), que presupone únicamente la existencia de una aglomeración de empresas especializadas en un área (Porter, 1991; Rabellotti, 1999; Schmitz y Nadvi, 1999). La segunda de las posibles alternativas consistiría en desarrollar tipologías de sistemas territorializados de producción. En este sentido, se han realizado aportaciones valiosas como la de Markussen (1996) que diferencia entre distritos industriales italianizantes, distritos industriales dominados por grandes empresas arraigadas, plataformas territoriales de producción descentralizada y distritos nacidos a partir de la intervención del Estado u organismos ligados al mismo (universidades, por ejemplo). La conclusión de Markussen es que, en la actualidad, la economía norteamericana se encuentra esencialmente “movida” por unas cuantas agrupaciones industriales y de servicios, pero que éstos funcionan de forma muy distinta a lo que el modelo “italianizante” viene a indicar. COQ 15/4/02 12:26 Página 142
REVISTA ASTURIANA DE ECONOMÍA - RAE Nº 31 2004 143 Si los sistemas productivos locales son muy distintos entre sí, sería importante determinar una serie de criterios que pudieran poner de manifiesto su “deseabilidad”. No tendría mucho sentido que, desde instancias de política económica se fomentaran sistemas de producción que no estuvieran asociados a unos patrones sociales mínimos. En este sentido, una de las motivaciones iniciales del estudio de las formas territorializadas de producción era la de examinar las causas que permitían un mantenimiento de ciertas “conquistas” sociales en un entorno caracterizado por una férrea competencia. Por tanto, parece que uno de los criterios a la hora de valorar la importancia estratégica de las distintas formas territorializadas de producción es su capacidad para mantener e, incluso, aumentar los parámetros de bienestar y equidad sobre la base social que las soporta. Desde luego, no todas las formas territorializadas de producción pasan esta prueba, lo que debe llevar a una importante reforma de su contenido teórico. Por último, además de captar la heterogeneidad de los sistemas productivos locales, al tiempo que se buscan criterios para valorar socialmente las mismas, se hace necesario dotar de un mayor realismo a las construcciones teóricas existentes. Para ello, se hacen precisas fundamentalmente dos cosas. La primera de ellas es reconocer que la mayor parte de los sistemas productivos locales no se dan en áreas rurales o en pequeños núcleos urbanos sino, por el contrario, en importantes metrópolis que tienen funciones muy destacadas dentro de la organización económica actual. Sin este papel relacional muchas de las actividades espacialmente concentradas serían difíciles de entender. Por tanto, se plantea la necesidad de una cierta confluencia de los análisis regionales y los urbanos, ya que la especialización de los territorios no es en la actualidad aislable de la especialización de sus ciudades. El otro elemento sobre el que es necesario insistir es sobre el hecho de que el modelo de distrito industrial más clásico, ligado a industrias maduras y dominado por la pequeña empresa, en la actualidad se da de forma bastante más clara en algunas economías emergentes, que en los países propiamente desarrollados. De esta forma, se han identificado sistemas productivos locales en México (Rabelloti 1995 y 1999; Bair y Gereffi, 2001), en Brasil (Rabelloti y Schmitz, 1999, Schmitz, 1995 y 1999), en la India (Chari, 2000; Gulyani, 2001) y en otros países asiáticos. También hay que destacar el esfuerzo realizado para cuantificar algunos de los elementos cualitativos más característicos de algunos sistemas territorializados de producción, como puede ser el caso del distrito industrial (Tessieri, 2001). En todo caso, el principal “pasivo” del desarrollo de estas aproximaciones es que su auge ha permitido confinar a una buena parte de los científicos en el estudio de realidades muy concretas, lejanas a la crítica general que tomando el espacio como referencia, realizaban las escuelas anteriores (Mitchel-Weaber, 1995). No obstante, el refinamiento de la base teórica a partir del desarrollo de tipologías, de la introducción del componente urbano, de la vinculación con las estrategias de desarrollo sobre todo en el caso de las economías emergentes, pueden atenuar este excesivo empirismo ayudando a complejizar el esquema teórico de referencia. COQ 15/4/02 12:26 Página 143