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La credibilidad en la investigación interpretativa y etnográfica

González Monteagudo, José

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1 LA CREDIBILIDAD EN LA INVESTIGACIÓN INTERPRETATIVA Y ETNOGRÁFICA. JOSÉ GONZÁLEZ MONTEAGUDO UNIVERSIDAD DE SEVILLA. FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN. Comunicación*presentada*en*congreso:* (1996):*La#credibilidad#en#la#investigación#interpretativa#y#etnográfica.* XI#Congreso#Nacional#de#Pedagogía.#San*Sebastián,**2*a*5*de*Julio*de*1996.# San*Sebastián:*Sociedad*Española*de*Pedagogía*y*Universidad*del*País*Vasco,* vol.*II,*142K143.* En los últimos años se han multiplicado las aportaciones tendentes a establecer criterios de calidad para asegurar la credibilidad de la investigación interpretativa y etnográfica (cf. Altheide y Johnson, 1994; Anguera, 1986; Cajide, 1992, 359-364; Eisenhart y Howe, 1992; Goetz y LeCompte, 1984, 212-246; Guba, 1981; Hamilton, 1980; Hammersley, 1992; Lincoln y Guba, 1985, 119-125, 155-157 y 289-331; Marshall, 1990; Miles y Huberman, 1984, 230-243; Santos Guerra, 1990a, 161-175; Smith, 1990a; Spindler y Spindler, 1992, 72-74; cf. también Alvira et al., 1981, 21-89 y Cronbach, 1975). La búsqueda de criterios seguros sobre los que apoyar la investigación ha sido uno de los rasgos característicos de las corrientes positivistas. El enfoque convencional en la investigación social tiene su origen en la conocida obra de 1963 de Campbell y Stanley 1 sobre diseños experimentales y cuasi-experimentales. Estos autores establecieron los conceptos validez interna y de validez externa y describieron las amenazas a cada una de ellas y los modos posibles de neutralizarlas. La mayor parte de la investigación social convencional de los últimos treinta años ha seguido la estela propuesta por Stanley y Campbell. Las críticas a este enfoque se hicieron cada vez más fuertes y consistentes. A comienzos de los setenta, Harré y Secord (cits. en Alvira et al., 1981, 54-58) formularon cuatro aspectos problemáticos de la investigación experimental: a) limitaciones impuestas por la misma naturaleza de la situación experimental: esta situación es artificial porque no tiene nada que ver con la experiencia cotidiana y porque impide al sujeto la exploración activa de la situación, limitándolo a la respuesta ante los estímulos presentados por el experimentador; b) deficiencias en la operacionalización de los conceptos, que no se adecuan al mundo externo, al cual deben representar; c) desconocimiento del parámetro de la personalidad de los sujetos experimentales, puesto que las diferencias de personalidad entre sujetos son tratadas como varianzas de error; y d) influencia de la interacción peculiar entre sujeto e investigador, ante la cual responde el sujeto de una manera ritualizada al no conocer al experimentador. Otro hito importante en la crítica a los 1 criterios de bondad del enfoque convencional provino de la famosa conferencia de Cronbach (1975). Cronbach, ante el "santuario" científico de la Asociación Americana de Psicología, atacó el ideal de la generalización y defendió una interpretación de los resultados de la investigación ligada al contexto. Sus palabras influyeron poderosamente los enfoques metodológicos de la investigación social: Nos ha llegado el momento de "exorcizar" la hipótesis nula. No podemos permitirnos tirar costosos datos por la alcantarilla cada vez que los efectos presentes en la muestra "no lleguen a alcanzar significación significativa"... Hay más cosas en los cielos y en la tierra de las que soñamos en nuestras hipótesis, y nuestras observaciones deberían estar abiertas a ellas (Cronbach, 1975, 270- 271). Según Cronbach, la observación en el contexto debe convertirse en una prioridad de la investigación, relegando a segundo término el objetivo de la generalización. Y en todo caso, debe quedar claro que "toda generalización es una hipótesis de trabajo, no una conclusión" (Cronbach, 1975, 273). Cronbach reclama, finalmente, ir más allá de las dos disciplinas científicas de la Psicología ( es decir, el control experimental y la correlación sistemática), a través de una observación contextual intensiva realizada mediante una actitud de completa apertura mental (cf. Hamilton, 1980, 143-145). En el ámbito del paradigma interpretativo y 1 etnográfico, las cuestiones sobre la credibilidad de la investigación han cobrado una progresiva importancia en los últimos años. Al superarse la fase inicial de establecimiento de este paradigma y al consolidarse y aumentar su legitimidad metodológica, epistemológica, académica y social, el problema de los criterios de garantía de la investigación ha pasado a primer plano. Fundamentalmente podemos diferenciar tres posturas (cf. Eisenhart y Howe, 1992). La primera supone una aplicación, adaptada y modificada, de los criterios sobre validez y fiabilidad propuestos en el enfoque convencional. En esta postura podemos situar a Denzin (en sus primeras publicaciones) y a Goetz y LeCompte (1984, 212-246). Goetz y LeCompte (1984, 212), por ejemplo, son partidarias del establecimiento de criterios claros de evaluación de las investigaciones que sean susceptibles de ser analizados y valorados por las comunidades científicas. La fiabilidad externa concierne a los problemas sobre el status del etnógrafo, la selección de informantes, los escenarios sociales, los constructos analíticos y los métodos de recogida y análisis de datos. La fiabilidad interna tiene que ver con el uso de descriptores de bajo nivel inferencial, la simultaneidad de varios investigadores y la comprobación por parte de los participantes. La validez interna se refiere a la historia, la influencia del observador, la selección y regresión, la mortalidad y las conclusiones espurias. Finalmente, la validez externa tiene que ver con las 1 amenazas procedentes de los efectos de selección, de escenario, de historia y de constructo. Goetz y LeCompte señalan que el punto fuerte de la investigación interpretativa y etnográfica es la validez, a causa de la convivencia con los participantes, las entrevistas, la observación natural y el proceso de autovigilancia por parte del investigador (Goetz y LeCompte, 1984, 224). En nuestra opinión, la propuesta de estas autoras, aunque realizada desde una posición de compromiso con la investigación objetivista, resulta muy útil por la variedad de cuestiones planteadas y por su carácter sistemático. La segunda postura sobre los criterios de bondad presenta un enfoque alternativo al convencional. En este caso, no se trata ya de adaptar el enfoque de Campbell y Stanley, sino de elaborar unos criterios autónomos, desde la propia lógica de la investigación interpretativa y etnográfica. Según Eisenhart y Howe (1992, 648-653), podemos situar en esta órbita las propuestas de Erickson (1986) y de Lincoln y Guba(1985). Guba (1981) y, posteriormente, Lincoln y Guba (1985, 289-331) han formulado un conjunto de criterios para garantizar la calidad de la investigación interpretativa. Estos autores emplean cuatro conceptos: credibilidad, transferibilidad, dependencia y confirmabilidad, que constituyen los equivalentes, respectivamente, de los términos convencionales de validez interna, validez externa, fiabilidad y 1 objetividad. Comentamos los cuatro conceptos siguiendo a Guba (1981) y a Lincoln y Guba (1985, 289-331): (1) Credibilidad. Los autores sugieren cinco procedimientos para aumentar la credibilidad: a) Actividades que aumentan la probabilidad de que los resultados producidos sean creíbles: - estancia prolongada en el escenario. - observación persistente. - triangulación (diferentes fuentes, métodos, investigadores y teorías). b) Actividades que proporcionan una comprobación externa: - juicio crítico de los compañeros. c) Actividades dirigidas al refinamiento de la hipótesis de trabajo: - análisis de casos negativos. d) Actividades que hacen posible comprobar los resultados y las interpretaciones mediante la contrastación con "datos brutos" ("raw data"): - adecuación referencial. e) Actividades que facilitan una prueba directa sobre los resultados por parte de los informantes: - comprobación con los participantes. (2) Transferibilidad. El investigador interpretativo se limita a formular hipótesis de trabajo junto a una descripción del tiempo y del contexto en el los cuales se producen esas hipótesis. La capacidad para juzgar la transferencia del estudio se deja en manos de los lectores o usuarios. Para facilitar 1 esta tarea, se debe hacer un muestreo teórico, se recogen abundantes datos descriptivos y se desarrollan descripciones minuciosas. (3) Dependencia. Para favorecer la estabilidad de los datos, los autores proponen: a) métodos solapados, de manera que puedan complementarse y suplir mutuamente las deficiencias. b) réplica paso a paso, mediante la cual dos equipos de investigadores revisan el mismo material y contrastan sus conclusiones de manera continuada a lo largo de todo el proceso de la investigación. c) establecimiento de una pista de revisión, que permita realizar un seguimiento del proceso de investigación. d) posibilidad de que un observador externo revise la investigación ("inquiry audit"). (4) Confirmabilidad. Los autores proponen un conjunto de procedimientos para comprobar la adecuación de la investigación y el correcto proceder del investigador en todo el proceso. Entre otros elementos, se acude, nuevamente, a la triangulación y al mantenimiento de un diario reflexivo por parte del investigador. La tercera postura sobre la credibilidad tiene unos tintes más radicales y a nuestro juicio supone una ruptura drástica con las dos anteriores. Autoras como Roman (Roman, 1992; Roman y Apple, 1991) y Lather (1990, 1992) consideran que hay que trascender los criterios 1 propuestos por una parte de los investigadores interpretativos y etnográficos. Para ello, es preciso reconsiderar y asumir hasta sus últimas consecuencias el carácter político, dialéctico, subjetivo e implicativo que entraña la investigación social. Los investigadores situados en esta postura preconizan nuevas y creativas formas de entender la validez de la investigación. Por ejemplo, Lather (cf. Lather, 1992, 94-95), en una de sus investigaciones, realizada desde una orientación que ella denomina "postestructuralista" y "postrepresentacional", redactó cuatro historias diferentes sobre el trabajo empírico llevado a cabo, construyendo cuatro "cuentos" sobre la experiencia vivida: realista, crítico, deconstructivo y reflexivo. De esta manera, Lather desborda el procedimiento clásico consistente en la redacción de un informe de investigación. Roman (1992), por su parte, reclama, desde una óptica feminista y materialista, una concepción democratizadora y dialógica de las relaciones entre el investigador y los participantes. En este proceso, el objetivo último es no sólo la mejora de la comprensión y del conocimiento, sino fundamentalmente el replanteamiento de la praxis, tanto de los sujetos como del propio investigador (Roman, 1992). Los autores que siguen esta postura se sitúan en enfoques críticos, feministas o deconstructivos y acentúan el carácter relativista y situacional de la validez interpretativa. Tanto los enfoques de Lincoln y Guba (1985) como los de Roman (1992) y Lather (1992) suponen una 1 posición alternativa a las propuestas que asumen un cierto grado de compromiso con el realismo. Nos encontramos más allá del realismo sutil (Hammersley, 1992), del realismo crítico (Philips, 1990) y del realismo trascendental (Miles y Huberman, 1984, 15-25). Finalmente, queremos señalar que propugnamos un interpretativismo etnográfico no fundacionalista, puesto que rechazamos la idea de que hay un criterio absoluto de certeza. En este sentido, aceptamos que nuestra posición pueda ser calificada de relativista y de no realista, puesto que, como escribe Marshall (1990, 175), "la realidad social no es una realidad independiente, sino que es una realidad construida socialmente: la realidad de significados, intenciones y propósitos es descubierta en la interpretación o es establecida por la interpretación". En todo caso, este relativismo no significa una posición escéptica sobre las posibilidades de la razón humana para conseguir referencias adecuadas para la vida, para el trabajo y para la praxis. En este sentido, y siguiendo a Bernstein (1983), pensamos que podemos situarnos más allá del objetivismo y del relativismo (empleando este término en el sentido de escepticismo y nihilismo) si promovemos de manera práctica, en todos los ámbitos en que sea posible, "el tipo de solidaridad, participación y reconocimiento mutuo que se encuentra en las comunidades dialógicas" (Bernstein, 1988, 231).