Full text
Son en realidad pocos los trabajos de interpretación bíblica sobre el Libro de Job en el Barroco español. Esta investigación recupera tres de ellos, escritos en castellano, y que representarían los más emblemáticos modelos retóricos para la exégesis bíblica de aquél tiempo: el comentario de Joseph Gallo, la exposición de Luis de León y la paráfrasis de Francisco de Quevedo. Aunque limitados por las exigencias derivadas del Concilio de Trento, se podrán apreciar diferencias notables en la hermenéutica de cada uno de ellos y muchas coincidencias también, como hallar en Job, siguiendo a Gregorio Magno, a una figura de Cristo. Esta comparación se enriquecerá con otras obras que también tomaron a Job como referencia, durante el Barroco, y en castellano: las de Esteban de Aguilar y Zúñiga, Jerónimo de la Cruz, Francisco de León y la traducción a una paráfrasis de Dimas Serpi. Palabras clave: Job, Luis de León, Joseph Gallo, Francisco de Quevedo, Cristo. They are actually few biblical interpretation works on the Book of Job in the Spanish Baroque. This research gets three of them, written in Castilian, which represents the most emblematic rhetorical models for biblical exegesis of that time: the comment of Joseph Gallo, the exposition of Luis de León and Francisco de Quevedo’s paraphrase. Although limited by the requirements stemming from the Council of Trent, can be marked differences in the hermeneutics of each one of them and also many coincidences, such as founding in Job, following Gregory the Great, a figure of Christ. This comparison will be enriched with other works that also took a Job as a reference, at the same period and written in Castilian, to complete the vision that they might have been about the Book of Job in the Seventeenth Century: Esteban de Aguilar y Zúñiga, Jerónimo de la Cruz, Francisco de León and a Dimas Serpi’s translation’s paraphrase. Keywords: Job, Luis de León, Joseph Gallo, Francisco de Quevedo, Christ. .
6
7 ara el teólogo de los Siglos de Oro, explicar el papel de Job en la historia de salvación fue una pasión secreta, a decir de los muy pocos comentaristas que osaron adentrarse en el texto. Tal curiosidad se encontraría, como ahora, no solo en razón de sus muchos y fascinantes enigmas sobre Dios y su forma de obrar, o del genuino interés por una obra bíblica casi única por su celebrada poesía. También porque el personaje Job es un sabio que piensa, discute y rebate sobre un tema siempre vigente: el origen de las desgracias, del dolor y su cura, y si Dios tiene que ver en ello. Sin embargo, los problemas teológicos a los que se enfrentaría cualquier intérprete de la época eran de complicada resolución si se quería, de verdad, hacer una exégesis literal. Uno de estos grandes problemas del Libro de Job (en adelante, LJ) tuvo su origen en la traducción del hebreo al latín, conocida como Vulgata (en adelante, Vg) que colocaba a la tragedia de Dios como el resultado de un plan urdido entre Satanás y Yahvé para poner a prueba su fe. En Jb 1,6-12 se lee: «quadam autem die cum venissent filii Dei ut adsisterent coram Domino adfuit inter eos etiam Satan». Para cualquier intelectual de la época y más aún, para aquél que conociese el hebreo 1 , este Satanás no era la encarnación del mal, ni siquiera el demonio. Por tanto, era imprescindible excusar a Yahvé e inculpar a Satanás. Otro gran problema para el pensador barroco era, sin duda, no contradecir a la tradición, iniciada con Gregorio Magno, que daba por hecho, con Job, el anuncio de la venida de Cristo como redentor, y adelantaba su pasión y resurrección. Según Jb 19,25, versión jeronimiana, «scio enim quod redemptor meus vivat et in novissimo de terra surrecturus sim» 2 . Job habría tenido la visión profética de clamar por el «redentor» y, por tanto, para sus intérpretes, en el Barroco era ya figura de Cristo. Pero, además, de un Cristo «paciente» ante los designios del Padre y sufridor de una cola enorme de pérdidas, calumnias, males, tentaciones demoniacas y hasta la muerte pasionaria. En Quevedo y Jerónimo de la Cruz, incluso, se perfilaría un Job estoico. 1 Luis Alonso y José Luis , Job, comentario teológico y literario, Madrid, Cristiandad, 2002, p. 126. Schökel explica que el lector de hoy no ha de confundir «satán» con la imagen de un «demonio» pues en el Libro de Job «no es una afirmación teológica, sino un personaje funcional en la historia». 2 La Sixto-Clementina redacta: «scio enim quod redemptor meus vivit, et in novissimo die de terra surrecturus sum». P
8 Las traducciones contemporáneas al castellano han «eliminado» estas y otras controversias, por lo menos a un nivel ecdótico: las nuevas biblias (sobre todo, católicas) han restablecido el texto en una versión lo más cercana a lo que pudo ser respecto del original; en ellas, ya no es Satanás poniendo en entredicho a Dios ni Job está anunciando al redentor Cristo. Recientes interpretaciones no quieren obviar estos y otros problemas retórico-teológicos del LJ que siguen discutiéndose como, por ejemplo, la doctrina de la retribución allí planteada, la no-respuesta que ofrece Yahvé a su siervo o hasta si Job más bien era impaciente. Otros grandes problemas interpretativos que emanan de la obra siguen siendo un misterio para el exégeta contemporáneo. Como sea, nuestros escasos comentaristas castellanos fueron valientes al abordar una obra compleja y comprometedora aunque, de principio, su trabajo se hallase amordazado: toda interpretación debía partir de la Vg 3 y sin abandonar la tradición exegética. Pero esa versión vulgata no existía como texto único. Circulaban muchas ediciones de aquella del siglo IV. Por ello, aunque Trento concluyó en 1563, no fue sino hasta el Papado de Sixto V (1585-1590) que se imprimió con el nombre de Biblia Sacra, enmendada según la prescripción tridentina, la cual fue conocida como «edición sixtina de La Vulgata» y que, a su vez, también fue objeto de críticas por parte de teólogos, en particular, de los jesuitas. Así fue como se editó una segunda Biblia Sacra o Sixto- Clementina, en 1592, a cargo de los cardenales Marco Antonio Colonna y Roberto Bellarmino 4 . Resultará sorprendente para el lector que, pese a las limitaciones, fuese posible una variedad de sentido. Para el estudio elegí tres obras originales en castellano, del Barroco 5 , y que representaran tres de las variantes más comunes de la excercitatio en la 3 En el Concilio de Trento se declaró «auténtica» la Vg; esto es, «que hace autoridad ó fe», según el cardenal Bellarmino. Ver Félix , Notas generales puestas en forma de diccionario, Madrid, Miguel Burgos, 1835, VI, p. 101. En ese tiempo, los conciliares también determinaron que «nadie, por cualquier pretexto sea osado o presuma rechazarla […] [y] que, en adelante, la Sagrada Escritura y principalmente esta antigua y vulgata edición se imprima de la manera más correcta posible», Denz. 785-786 n, 1506-1508. 4 J. Emilio , Historia y ambivalencia. Ensayos sobre arte, Buenos Aires, Biblos, 2006, pp. 102-103. 5 Del Renacimiento español, en el inventario del almacén del impresor Juan Cromberger aparecen las siguientes obras en castellano: Las lecciones de Job trabadas por un reverendo y devoto religioso de la orden de predicadores con un infierno de dañados, manuscrito impreso en Toledo en 1524. Además, una traducción de Amberes, 1540, titulada Las lecciones de Job con los nueve salmos que con ellas se cantan en las horas de los finados. También, del siglo XVI, Liciones de Job en castellano de Fernando de Jarava (Amberes, 1550). Interesante por las sucesivas expurgaciones a las que fue sometida (en las ediciones de
9 interpretación de obras bíblicas: la Exposición del libro de Job, de fray Luis de León; el comentario Historia y diálogos de Job, de Joseph Gallo y la paráfrasis La constancia y paciencia del santo Job, de Francisco de Quevedo. La revisión de ellas se complementará con cuatro obras, también en castellano y del XVII, que abordaron de forma central o parcial el tema de Job: Combates de Job contra el demonio, de Esteban de Aguilar y Zúñiga; Job evangélico estoico ilustrado, de Jerónimo de la Cruz; Priuança del hombre con Dios: sobre el Parce mihi, Iob 7, de Francisco de León y la exitosa traducción al Tratado del Purgatorio contra Lutero y otros herejes, obra del italiano Dimas Serpi. Contraponer las siete obras podrá brindar una idea bastante cercana a la forma como se interpretaba el LJ. Todos ellos se ciñeron, por así estar mandado, a la Sixto-Clementina que seguía llamándose «Vulgata». El género por excelencia para interpretar los textos bíblicos, todavía hasta el XIX, fue el commentaria. Sin embargo, en épocas de grave censura como en el Barroco, los autores prefirieron sus variantes: la expositio o la paraphrasis. El comentario se articulaba desde un sistema exterior al texto (el sistema escolástico), mientras que la paráfrasis, refiriéndose al concepto erasmiano del término, pasa por los versículos del texto, se esfuerza por lograr con la comparación de códices griegos la versión más fiel del Nuevo Testamento, compara este original con la Vulgata y nota las instancias de traducción defectuosa o las que pudieran ser más fieles y elegantes 6 . Fray Luis de León llamó expositio a sus textos, Erasmo de Rotterdam empleaba el término paraphrasis y los escolásticos, commentaria. La elección de fray Luis de León estaba en razón de que la exposición es la hermenéutica ideal, toma el texto como totalidad, no los versículos aislados. Establece la estructura desde las coordenadas del texto, no desde categorías exteriores a él, y trata de desplegar todas las posibles significaciones que el texto admite sin violentar el significado de las palabras (Ibíd.). La paráfrasis tuvo su origen en Lorenzo Valla, de quien Erasmo tomó el método: oponer la lectura escolástica tradicional al estudio literal de la Biblia. Esto puede parecer una paradoja: si la Iglesia siempre alentó el literalismo bíblico, la escolástica de 1511, 1514, 1517, 1520 y 1527), están las Liçiones de Job apropiadas a las pasiones de amor, de Garci Sánchez de Badajoz. Como se aprecia, el LJ tampoco generó alguna notable producción literaria. 6 Javier , «Estudio histórico literario», en Luis de León, Exposición al Libro de Job, ed. Javier San José Lera, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1992, 2 vols., I, p. 309.
10 los «gramáticos», que lo tenía como principio exegético fundamental, imponía una lectura oficial ante las escrituras sagradas. Parafrasear terminó siendo el modo más socorrido para comentar. Permitía a su autor dar la vuelta a posibles «tergiversaciones» y hasta presunciones de herejía, según la autoridad eclesial. Por este motivo, las paráfrasis bíblicas se caracterizaron también por tener claros fines moralizantes 7 . El estudioso, de este modo, podía comentar y explicar su contenido sin reproducir el libro. «Desde una perspectiva retórica, la paraphrasis es una forma de la excercitatio, consistente en la modificación libre del texto en prosa o en verso, mediante amplificaciones y glosa, omisiones u otros mecanismos de modificación» 8 . Los comentarios más antiguos al LJ en occidente se hallan en una fase tardía de la Patrística. Sin duda, el más importante de ellos, como ya se adelantó, es Libros Morales (en adelante, LM) de Gregorio Magno quien, de forma equivocada, afirmó que el Libro «nunca [fue] comentado antes de mí», de modo que sus únicas autoridades acabaron siendo los apóstoles, los profetas y otros personajes y autores sagrados de la Biblia 9 . El Papa Gregorio dedicó sus LM a comentar a Job. No le interesaba comprobar si él era el escritor y si existió o no, pues su verdadero autor es el Espíritu Santo, quien dictó palabras «a un escriba». Como sea, Job era un «gentil justo», dotado de «elevadas virtudes» y «flagelado por el sufrimiento» para ser «probado» por Dios. La pregunta formulada por él —y, por lo común, todos los que hemos reflexionado acerca de la historia de Job— es: ¿cómo ocurrieron tantas desgracias a un hombre cumplido y virtuoso? La respuesta ofrecida es que «convenía que fuera severamente probado para ver si permanecía fiel a Dios en medio de la tribulación. El dolor, en efecto, verifica la 7 En su Priuança del hombre con Dios, Francisco de León advierte «al letor» de la importancia de la literalidad pero con sentido moral: «El sentido literal va con todo rigor […] porque importa mucho la consonancia de la letra al espíritu, y que lo literal sea fundamento firme sobre que estriue lo moral», en Francisco de , Privança del hombre con Dios: sobre el Parce mihi, Iob 7, Pamplona, Nicolás de Assiayn, 1622, f. s/n. 8 Javier , «Fray Luis de León: traducción, poesía y hermenéutica», Bulletin Hispanique, 105:1, 2003, p. 53. 9 Se tiene noticia de comentarios y exégesis de Orígenes y de Pseudo Orígenes, que seguían enlistadas en el Índice Último de Libros Prohibidos de 1789; de Dídimo «el Ciego» Alejandrino; la Explanatio in Iob de Efrén de Siria y un trabajo de Felipe el Presbítero, compendiados en la Patrología Latina (PL) de Jacques-Paul Migne. Asimismo, Anotaciones al libro de Job (c. 400 o 405) de San Agustín; es un compendio de glosas al margen del texto bíblico, que personas desconocidas recogieron tal como las conocemos hoy. Y como contemporáneos de este último, De interpelatione Iob et David de Ambrosio y un breve texto de Juan Crisóstomo. También abordaron el tema Olimpiodoro el Joven y Hesiquio Jerosolimitano. Sobre los Libros Morales de Gregorio, Odón Cluniacense escribió Epitome Moralium S. Gregorii in Iob en el siglo IX.
11 autenticidad del amor del que ama en la tranquilidad» 10 . El «enemigo» (o sea, el diablo) había pedido someterlo a prueba para «perderlo» pero, en cambio, los méritos del virtuoso crecieron ante Yahvé. Por eso, está escrito: En todo esto, Job no pecó con sus labios. Si algunas de sus palabras parecen duras a inexpertos lectores, es porque no saben interpretar los dichos de los santos con la misma piedad con que son pronunciados. Quien no es capaz de asumir en sí mismo los sentimientos de dolor del justo, no podrá nunca interpretar correctamente las palabras con que ese dolor se expresa. Y es que, sólo el que comparte el sentimiento, puede comprender la mente del que sufre 11 . Según Gregorio, solo si hay sufrimiento empático con Job se le puede comprender. Y no pecó con sus palabras pues el pleito era, en realidad, entre Dios y el «demonio». Aquí tenemos, entonces, que Job no pasaba de ser víctima de un litigio superior entre ambos. En tal condición (víctima), en modo alguno fue vanidoso al elogiar o defender su propia inocencia o santidad, sino que buscaba devolver a su ánimo la «esperanza». El análisis gregoriano introdujo por primera vez el actuar de la Divina Providencia en Job. A decir suyo, la tarea de esta Providencia es hacer el prototipo personificado de las virtudes, para servir de ejemplo a las generaciones futuras. Por ejemplo, la obediencia es de Abraham; la castidad conyugal, de Isaac; la constancia, de Jacob; la mansedumbre, de Moisés, y así. Y la paciencia en medio del sufrimiento, es de Job. Todos estos varones ejemplares son «como estrellas en el cielo por encima de las tinieblas de los pecadores» 12 . Gregorio también es el primero que coloca en el LJ el anuncio del Redentor: Por eso fue necesario que también el santo Job, que anunció la Encarnación —el más grande de todos los misterios—, representara con su comportamiento a Aquel que proclamaba con su voz, manifestando los sufrimientos que había de padecer, y predijera así los misterios de su Pasión con tanta más exactitud cuanto no los profetizaba únicamente de palabra sino padeciéndolos 13 . 10 , Libros morales, ed. José Rico Pavés, Madrid, Ciudad Nueva, 2004, 2 vols, I, p. 80. 11 Ibíd. 12 Ibíd., pp. 84-86. 13 Ibíd., p. 86.
12 Job, entonces, «es tipo, con su cuerpo, del Redentor que había de venir». A su vez, su esposa «representa la vida de los carnales» que, aun cuando pertenecen a la Iglesia, siguen una «conducta perdida». Los amigos son los «herejes» quienes no hacen sino «ejercitar el arte del engaño» y ofenden a Dios. Elihú, tratado por aparte, en efecto habla con sentido común pero con necedad y «representa a cualquier persona arrogante». Por último, la compensación a Job simboliza la de la Iglesia que, cuando todos los gentiles y los judíos se conviertan hacia ella, «recibirá el doble también en lo sucesivo»; por último, si Job es santo y estandarte de la Iglesia, ésta también es santa 14 . Después del Prefacio, Gregorio Magno desglosó partes del LJ comprendiendo los sentidos literal, alegórico y moral y que, por falta de espacio, no se puede abundar aquí. Con todas las discrepancias que surgieron o puedan surgir de la exégesis gregoriana, lo cierto es que ella fue punto de partida para los comentarios que vendrían en los siglos posteriores en dos temas específicos: el actuar providente de Dios y Job como figura de Cristo. Con él quedó establecida, por siglos, la interpretación canónica que debía darse al LJ 15 . Pese a ser un libro tan elogiado y conocido, se ha hecho notar que sean tan pocas las exégesis al LJ en castellano, y apenas un puñado en latín en los Siglos de Oro. Por ello, sobresale el trabajo del erudito latino Juan de Pineda quien, sin embargo, no 14 Ibíd., pp. 89-90. 15 Durante el resto del largo periodo medieval hallamos los textos Glossa ordinaria de Walafrido Estrabón y el comentario del judío Abraham ibn Ezra quien, en el siglo XI, también se muestra preocupado por hallar el sentido literal. Está el Compendium in Iob, de Pedro Blesense, la Expositio in Iob de Bruno Astense, y el Commentarium in Iob de Ruperto Tuicense (los tres, del siglo XII). En el XIII, el de Nahmánides de Girona y los de los grandes escolásticos Alberto Magno y Tomás, estos últimos, con los títulos Commentarium in Iob y Expositio in Iob, respectivamente. En el siglo XV, además de su traducción a LM, el canciller Pero López de Ayala realizó Flores de los Morales, una selección de glosas a LM. De este periodo, el flamenco Dionisio Cartujano hizo Enarratio in Iob y el cardenal Tomasso de Vio Cayetano, un comentario. Uno de los más editados fue Elucidatio paraphrastica in Iob (Amberes, 1547), de Francisco Tittelmans, y Commentarii in librum Iob (Génova, 1573) del hebraísta francés Jean Mercier (Ioannis Merceri). De finales del XVI he hallado, de Pablo Comitolo, Catena in beatissimum Iob abso Ivtissima e XXIV graeciae doctorum explanationibus (Lugdvni, 1586). De este periodo, y de pluma de españoles, los que he podido hallar, en latín, son: Commentaria in Librum Beati Job et in Cantica Canticorum Salomonis (Alcalá, 1581), de Cipriano de la Huerga, publicado 20 años después de su muerte. La traducción de Hernando (o Fernando) de Jarava, de Exemplo de la paciencia de Iob (León, 1550). La Paraphraseon in Job libri III (Colonia, 1579), de Jerónimo de Osorio; Expositio libri Iob, de Luis de Alcázar (1588) y el Commentaria in Librum Job, quipus triples ejes editio Vulgata Latina, Hebraica et Graeca LXX Interpretum, neonon et Chaldea explicantur et inter se conciliantur (Toledo, 1584, reimpreso en Roma, 1591) de Diego de Zúñiga. Del Barroco: In librvm Iob paraphrasis poetica, de Jeao de Melo e Souza (Lugdvni, 1615) y el de Janssen y su Enarratio In prophet Librum Iob (Lovaina, 1623). De autores castellanos: Paraphrasis in librvm Iob cvi svbiicitvr brevis expensio litteralis vel tropa logica vel mixta, de Juan de Jesús María (Roma, 1611); el de Gaspar Sánchez, In livrum Iob commentarii cum paraphrasi (Lugdvni, 1625) y Iob elucidatus, de Balthasar Cordier (Antverpiae, 1646). Como se aprecia, todas estas obras fueron escritas en latín.
13 desacreditó nunca a Gregorio. Caracterizó al jesuita la importancia concedida a la crítica de las fuentes, por ejemplo, a la hora de revelar el posible origen de Job: si idumeo, anacoreta, cananeo o israelita; además, reivindicó a la Divina Providencia impugnada por el diablo —no a la manera gregoriana, personalizándola en Job, sino como incidencia en su vida—, tanto en el momento cuando el de Hus todo lo pierde como cuando todo le es devuelto; esto es, Dios da y quita según su criterio, y no se debe amársele cuando da o despreciársele cuando quita. Esta idea también está en Quevedo, como la de equiparar al santo con el ave fénix; no así anticipar con Job la llegada del mesías que, según la revisión, es de origen gregoriano 16 . Del Piero lamentó que el comentario pinediano se perdiese en la presentación exhaustiva de autores y autoridades defendiendo la Vg, y su exégesis resultara más acumulativa que crítica 17 . Antes del Barroco, el LJ también había sido argumento en la disputa por el heliocentrismo y la rotación de la Tierra. En In Iob Commentaria (1584), el agustino Diego de Zúñiga (maestro de fray Luis) había sugerido con cautela, sobre la base de Jb 9,5, que el heliocentrismo no era incompatible con las Sagradas Escrituras 18 . Los comentaristas contemporáneos y posteriores hicieron mutis ante la sugerencia. En fin, en el XVII, la figura de Job iba a ser un símbolo, la representación bíblica del dolor humano, tan de ese tiempo. Este «furor» por Job tenía, entre otros motivos, «buscar argumentos de fortaleza de ánimo y consuelo en un tiempo histórico de desmoronamiento del cuerpo nacional» 19 . Job era el doliente que jamás perdió la fe y, 16 y , op. cit., p. 53. En el estudio citado, ambos admiran la erudición del padre Pineda, como en su tiempo la exaltaron Schultens (en 1737) y Franz Delitzsch (en 1864), pero critican que sea «capaz de agotar la paciencia de cualquiera, incluido Job», por el uso excesivo de citas (Ibíd., p. 106). 17 Raúl , «Quevedo y Juan de Pineda», Modern Philology, 56:2, 1958, pp. 47-52. 18 Una traducción contemporánea de Jb 9,5: «Él desplaza las montañas de improviso y las vuelca con su cólera», en La biblia de nuestro pueblo, ed. y trad. Luis Alonso Schökel, México, Buena Prensa, 2009, p. 1321. Hay similitud con fray Luis de León, su discípulo, sobre el pasaje: la tierra sí se mueve en razón de que se «estremece» y «pone espanto a sus columnas, que es decir, a sus fundamentos, para significar que los haze temblar, porque quien se espanta, tiembla», en Luis de , Exposición al Libro de Job, ed. Javier San José Lera, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1992, 2 vols., I, p. 329. En el Índice de 1616 quedaron prohibidos tanto el comentario jobiano de Zúñiga como De Revolutionibus orbium coelestium, de Copérnico quien, más tarde, hubo de retractarse de estas sugerencias. Quevedo nunca mencionó este afamado comentario de Zúñiga como tampoco hizo referencias a Copérnico ni a Galileo. 19 Víctor , «Quevedo exégeta y moralista: comentario y discurso sobre Job», en Actas de la II Academia Literaria Renacentista. Homenaje a Quevedo, ed. Víctor García de la Concha, Salamanca, Universidad de Salamanca, p. 188.
20 sabedores de la fugacidad de la vida y fervorosos bajo cualquier circunstancia de adversidad o buena fortuna. El Job quevediano fue en todo humilde, recto, justo, se supo defender con dignidad y lo mejor: aceptó ser examinado por Dios, aun a costa de su sufrimiento y pérdidas, porque en él ensayaba el Señor lo que padecería Cristo. A consecuencia de ello (y esta es una novedad exegética de la época), Job no solo fue absuelto de las falsas acusaciones de sus amigos, sino que fue un rey canonizado por el Dios-Supremo Juez quien, aparte de dar por duplicado todo lo que tenía antes de la tragedia, le permitió escribir su propio libro para ejemplo de todos los creyentes. Incluso, según Quevedo, Aristóteles hizo su poética porque antes leyó el LJ, lo mismo que grandes poetas griegos y latinos 49 . Por si fuera poco, el estoicismo 50 nació allí también, y sus más altos propagadores como Séneca 51 y Epícteto 52 , pues vivieron en el tiempo que los Apóstoles vivian: estudiaron esta doctrina en las acciones de los primitivos Christianos: fueron sus ojos discípulos de sus persecuciones y cadenas: oyeron su sangre, que desde la de Abel hizo oficio de lengua, y articuló voz derramada en los Mártyres 53 . Más allá de lo anterior, y de plagios ya corroborados por Raúl A. del Piero, La constancia y paciencia del santo Job es una paráfrasis sorprendente, llena de imágenes retóricas y con una cantidad de sentencias artificiosas y contundentes, como «el prevenir no es arte de perezosos» o «es colérica la envidia, no aguarda informaciones» 54 . Es un libro que revela bien cómo en un tiempo, cuando la Inquisición estaba siempre detrás de la puerta, se podía eludir a la censura, a través del uso de un lenguaje críptico e ingenioso y dilogías y anfibologías premeditadas. Unas cuantas; para el primer recurso, haciendo un símil entre los amigos de Job, que son reyes, con 49 Ibíd., p. 217. 50 Muchos autores han reafirmado el estoicismo pregonado por Quevedo. Américo Castro, por ejemplo, es de la opinión que el senequismo quevediano es «puramente exterior». Américo , «Un aspecto del pensar hispano-judío», Hispania, 35:2, 1952, pp. 161-172. 51 Un pormenorizado estudio acerca de la presencia del senequismo en España, se puede encontrar en Karl Alfred , Séneca en España: investigaciones sobre la recepción de Séneca en España desde el siglo XIII hasta el siglo XVII, Madrid, Gredos, 1983. 52 José Antonio , editor de la poesía de Quevedo compilada en El Parnaso español, defiende la idea quevediana de que también Epícteto se inspiró el LJ. Ver José , González de Salas, humanista y editor de Quevedo, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2003. 53 Ibíd., p. 236. Más adelante, al citar en latín un fragmento del libro De la Providencia, de Séneca, remata con: «Estas palabras [estoicas] díxolas el Filósofo con los labios; Job con las obras». Ibíd., p. 241. 54 Ibíd., pp. 227 y 262.
21 otros que omite decir (se sobreentiende que son los hombres de poder que lo tienen preso), generaliza: «y quando ellos están en su poder florecientes, le ven con lo que de su cuerpo ha sobrado á las llagas hacer el gasto á los gusanos» 55 , en clara alusión a su propio estado físico de salud, pues antes ha escrito que tiene el cuerpo llagado en la celda. En cuanto al segundo, la anfibología, tenemos que después de perorar sobre cómo las enfermedades provienen de la gula y «en excesos de los pecados», remata confusamente: «No son los adulterios, los incestos, los raptos, los estupros, las aprobaciones de la hermosura, y de la gala. Todo esto es lo que se desea, y solo esto lo que quieren los mas de los hombres que los dé Dios: esto le piden» 56 . Además, esta obra de Quevedo es fiel reflejo del intento de muchos en su época por apropiarse de personajes bíblicos y hablar a través de ellos para autobiografiarse. Job y el madrileño tienen todo en común: son poetas, tienen linaje y reputación, fueron detenidos sin haber cometido delito alguno, acaban presos y enfermos, todo lo han perdido. Los amigos solo lo fueron en la prosperidad y, en vez de ayudarlo, se solazan en su desgracia. Pero llega el día del último concilio y el Gran Juez, que es Dios, escucha al siervo, lo exonera y convierte en santo. Esto último es lo que Quevedo esperaría para sí. Abordo, por último, las restantes obras que tomaron a Job como eje de análisis y que, en su mayoría, han sido revisadas poco o nada. En Job evangélico stoyco ilustrado. Doctrina ethica civil y politica (Zaragoza, 1638), Jerónimo de la Cruz, como Quevedo, hace similar el comportamiento jobiano con el de un estoico. El fraile considera que el estoicismo, respecto de las doctrinas de los académicos y de los peripatéticos, es «la más ilustre en lo moral de todas cuantas hubo entre los filósofos» 57 . Hace puntuales referencias a autores paganos y a cristianos que, en su parecer, alcanzaron el ideal estoico: Cicerón, Platón y Virgilio, por un lado, y Orígenes, Juan Crisóstomo, Basilio, Ambrosio, y Agustín, por otro. También para él es «retrato de Cristo» 58 . 55 Ibíd., p. 255. 56 Ibíd., p. 251. 57 Jerónimo de la , Job evangélico stoyco ilustrado. Doctrina ethica civil y política, Zaragoza, Hospital Real y General de Nuestra Señora de la Gracia, 1638, p. 3. 58 En 1647, José Tamayo Velarde publicó Paciencia de Job en ambas fortunas. Imposible tratar aquí lo que hubo también en teatro. Tomo, por venir al caso, La paciencia de Job, atribuida a Felipe Godínez, la cual inicia con Job lavando los pies de los pobres; como Jesús, «entra» en la ciudad en medio de aclamaciones y cuando va a fallecer, «las gentes se burlan de Job en la postración de la misma manera
22 En Combates de Job con el demonio (Madrid, 1641), Esteban Aguilar y Zúñiga, desde el inicio, situó a Job del mismo modo que sus contemporáneos (como rey) pero añadiendo que es «santo patriarca» y «príncipe del cielo». Con esta perífrasis también sigue de cerca a Pineda, como cuando afirmó que Job es anterior en el tiempo a Moisés, y descendiente de Esaú. Muy interesante es la defensa que hace del Job histórico, como Jesús, para refutar a viejas y nuevas herejías que colocaban al de Nazaret en un umbral fuera de la materia corporal. Combates fluye en una constante refutación a los herejes que, por negar a Dios, rechazan sus letras sagradas y las historias contadas en las Escrituras. Hay un exceso de citas bíblicas, de referencias a Padres y a poetas latinos, sobre todo, estoicos. Y trae a cuento un argumento contra Job, común en su época: que su paciencia era imposible y, por tanto, la obra suya era más parábola que historia «pues excede los limites de contingente cuya medida son humanas fuerças» 59 . Para el agustino Aguilar, la historia de Job había sido urdida por Dios para probarlo: tomo su credito a cargo de su testimonio, haziēdo tan infalible su loa, como su verdad. Claro esta el intento de Dios en esta historia. Claro el fin que tuuo en conuocar los Angeles y hazer que todos mirando el valor de Iob fuessen testigos de que Dios tuuo buen gusto en su eleccion 60 . Incluso, que Yahvé nombrara a Job con tal nombre era darle, para la historia de todos los tiempos, el cariz de «el dolorido», «el justo», el «amado por Dios». Este sufrido «combate» que libra «el justo» contra el demonio que quiere aniquilarlo, se armó para mostrar a todos los creyentes cómo Satanás suele tentarnos para hacernos caer, fallar y pecar con los labios. Y si Job se desnudó no fue por impaciencia o reniego de su fe sino en su calidad de «luchador, para estar mas expedito para el combate» 61 . Y es así, con su cuerpo (ya no con sus riquezas) como el husita ofreció al Señor hasta lo último que tenía; porque si pensaba que Dios le perseguía (no estaba enterado de que era Satanás), le adoraba de todas formas y le agradecía los azotes. Era consciente de que que los sayones se mofaron de Jesús durante su martirio». Germán , «La reescritura permanente del teatro Español del Siglo de Oro: nuevas evidencias», Criticón, 72, 1988, p 22. 59 Estevan de , Combates de Iob con el demonio: scritos con plvma canónica, en los tres primeros capitvlos de sv historia, y poderados con la de Don Estevan de Aguilar y Zuñiga, Doctor Theologo, Madrid, Carlos Sánchez, 1641, p. 12. 60 Ibíd., p. 24. 61 Ibíd., p. 154.
23 sus desastres eran en cumplimiento «de la divina voluntad. Y siendo la de Dios la suya, no fue contra la suya lo que fue conforme a la de Dios» 62 . Aguilar mencionó las gestiones de la Providencia en Job en pocas ocasiones (pp. 26, 59 y 248), aunque al final del libro anunció que su siguiente tomo abordaría «las disputas de la Diuina Prouidencia, que Iob defiende y que imputan sus amigos» 63 . Por su parte, el Tratado de Serpi contiene 70 «consideraciones sobre las lecciones de Job» las cuales remiten, a menudo, al libro de Pineda 64 . Un mérito es citar, cuando conviene, verbos hebreos para una mejor comprensión de su intención escriturística; por ejemplo, demostrar, con Job por delante, la existencia del purgatorio y del infierno, situarlos en un lugar geográfico y describirlos. Todo gira en torno a la brevedad de la vida y al dolor con que se vive: desde que nace, el hombre «va caminando para morir; y es camino q nunca lo dexa de andar: porq durmiendo, comiendo, andando y reposando, no para, sino q siempre camina hacia la muerte» 65 . Morir significa poner fin a los castigos. Y así claman también los que se hallan en el purgatorio: «que se alivien sus penas» 66 . Lo anterior no quiere dar un aval al suicidio porque «Dios tiene ya determinado y señalado el dia de la muerte de cada uno, y seria pedir a Dios lo que es en contra de su diuina determinación» 67 . Entonces, Job calza aquí a la perfección. Como cuando dice para sí, parafraseado por Serpi: «ello se ha de acabar, y mis dolores han de tener fin, y yo me he de ver en lugar de reposo, y no tendré mas estas angustias» 68 . Como la de Serpi, Priuança del hombre con Dios tomó del LJ, pero solo el versículo 7,16: «desperavi nequaquam ultra iam vivam parce mihi nihil enim sunt dies mei» 69 . «Parce mihi», para Francisco de León, es «perdónanos señor» y no «déjame», según las traducciones contemporáneas. De esta frase se prendió para discurrir sobre la 62 Ibíd., p. 165. 63 Ibíd., p. 248. No se conoce tal volumen. La historia de Job como aquella en la que opera la Divina Providencia, ya había sido interpretada así por los comentaristas judíos Saadiá Gaón (s. X) y Abraham Ibn Ezra (s. XI). Ninguno de los dos es mencionado por los autores castellanos aquí estudiados. 64 Desde hace siglos, en las misas de difuntos suele leerse algún pasaje del Libro de Job (en particular, Jb 19, 23-27). Serpi afirma que esta tradición inició porque la Iglesia «propone en el oficio de los finados las liciones del santisimo varon Iob, que fue como un espejo puesto delante de nuestros ojos, para que considerásemos en un hombre tan justo como era Iob, vna auenida de tan grandes tribulaciones como la suya, y lo que despues della tuuo de contentos y bienes doblados, recebidos de la mano de Dios». Dimas , Tratado de purgatorio contra Lutero y otros herejes, Madrid, Luys Sánchez, 1617, p. 398. 65 Ibíd., p. 485. 66 Ibíd., p. 492. 67 Ibíd., p. 493. 68 Ibíd., p. 535. 69 «No he de vivir para siempre: déjame, que mis días son un soplo» (La Biblia de nuestro pueblo, p. 1319).
24 Divina Piedad para lo cual, como Pineda, referenció en todo tiempo a la Biblia, en particular, los Salmos y se apoyó, cuando ameritaba, en citas patrísticas de Agustín, Beda el Venerable, Gregorio Nacianceno, Tertuliano, Jerónimo y otros. El propósito central de la obra estaba en probar que Job, a contracorriente de los autores aquí estudiados, admitía ser un pecador pero que confesaba y clamaba perdón por todas sus acciones, lo cual le «subió mucho de punto su santidad» 70 . Dios demostraba con Job que su Divina Piedad siempre perdona a los arrepentidos 71 . Francisco de León se atrevió pocas veces a discrepar de la traducción al latín de la Vg., a la que siguió con puntualidad, lo mismo que a LM y al padre Pineda; a veces, citó para rebatir al padre Diego de Zúñiga, por ejemplo, cuando puso en duda su afirmación de que engrandecer no requiere, por necesidad, aflicción 72 . Como se ha leído, era una esparcida creencia de los Siglos de Oro que el LJ profetizaba acerca de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Luis de León, por ejemplo, concluyó que tal libro «no sólo es historia, sino doctrina y profecía. Que demás de que nos cuenta los açotes de Job y su paciencia, también nos compone las costumbres y nos profe[ti]za algunos misterios venideros» 73 , así que Job es figura de Cristo 74 . A partir de Jb 36,21 (según la Vg), Joseph Gallo leía una «clara profecia de Christo Señor Nuestro, como quantas ay en la Sagrada Escriptura» 75 , mientras que Francisco de Quevedo resumía: Prodigioso diseño fue Job de Christo: mostraré la diferencia. Respecto de Christo fue Job un dibuxo hecho con carbon, y Christo la pintura admirable, que dá ser con hermosísimos colores á lo que confusas y revueltas, ni sé si diré mejor que prometieron, ó amargaron los borrones de las llagas, heridas, y aflicción de Job á las del Hijo de Dios 76 . 70 Francisco de , Privança del hombre con Dios: sobre el Parce mihi, Iob 7, Pamplona, Nicolás de Assiayn, 1622, p. s/n. 71 Ibíd., p. 16. 72 Ibíd., p. 60. 73 Luis de , op. cit., I, p. 144. 74 Ibíd., p. 188. 75 Ibíd., II, p. 594. 76 , op. cit., p. 305.
25 Sobre la paciencia y lo justicia de Job, hay unanimidad en todos los textos aquí estudiados. De hecho, el Job «paciente» está definido desde la Vg (Santiago 5,11) 77 , lo mismo que el Job «justo» (Ezequiel 14,14) 78 . Una cita: para Luis de León, dicha paciencia estriba en pasar «en un instante» de la abundancia a la miseria sin mayor queja; por ejemplo, no fue a ver dónde estarían enterrados sus hijos. Así, Dios manda los males porque ejercita la fe de sus siervos: «No son siempre pena, que como son fuente de coronas, tambien se recetan por galardon» 79 . Quevedo y Aguilar prefieren discurrir sobre el «estoicismo» jobiano. El primero lo afirma, el segundo, lo rechaza. Mientras Quevedo insiste en que los «bienes» perdidos por el santo son «temporales», Aguilar aclara: «no disputo si son bienes verdaderos los humanos, ni examino las rencillas de Estoycos, y Peripateticos» 80 . Para él, «las que oy estima por riquezas la locura comun» son el oro y los diamantes, no las tierras ni el ganado, a los cuales no considera bienes sino regalos de Dios 81 . En Combates, Aguilar y Zúñiga carga su retórica hacia la figura de Satanás como la representación del mal en el mundo, haciendo una valiosa acotación: «Dios no sabe la ciencia practica de hazer el mal, y por esso le haze el demonio su Maestro». Que dé por verificada la historia del santo (también lo hacen Quevedo, Gallo y Luis de León) es parte de la tradición postridentina pues, para los herejes (entiéndase: ateos y protestantes), se trataría de un cuento inventado por un autor incierto en donde no hay tal paciencia. Véase, por ejemplo, el trasfondo de la discusión quevediana sobre cuándo nació, de dónde es, qué día le aconteció su desgracia, cuándo desaparecieron sus llagas («un 10 de mayo», afirma) y dónde puede estar enterrado. Para fray Luis, por ejemplo, negar la existencia del personaje es «falso y condenado y, en cierta manera, injurioso» 82 . En Aguilar y Zúñiga se ve con claridad de qué manera en el Barroco se insistía en la ejemplaridad de Job, y cómo en su historia quedaba de manifiesto que Dios es un 77 La traducción de Schökel cambia al Job paciente por el que aguanta: «Miren, declaramos dichosos a los que aguantaron. Ustedes han oído contar cómo aguantó Job sus sufrimientos y conocen lo que al final el Señor hizo por él; por que el Señor es compasivo y piadoso» (La biblia de nuestro pueblo, p. 1968). 78 «Si encontraran allí estos tres varones: Noé, Daniel y Job, por ser justos salvarían ellos la vida — oráculo del Señor—». Ibíd., p. 918. 79 Luis de , op. cit., I, p. 248. 80 , op. cit., p. 62. 81 En otra parte: «Si pides a Dios bienes de fortuna, pides bienes incõstãtes, cõdenados a muerte, por ser hazienda de mortales, sujetos a riesgos, porque lo esta su posseedor». Ibíd., p. 5. 82 Luis de , op. cit., I, p. 152.
26 Juez siempre victorioso frente a las tentaciones malignas. A la pregunta formulada por él en varios apartados, acerca de cuál es el motivo porque un Dios bueno acongoja a sus hijos y los pone en peligro, Aguilar y Zúñiga responde: «Sabe Dios que los justos son sus hijos, y parientes, y como Padre los conoce y se deleita en conseruarlos. Y no contento con que los conozca su Sabiduria. Quiere tambien que los conozca el mûdo por sangre suya, y los respecte por esa dignidad» 83 . Para fray Luis, algo similar: Dios pretendía «hacer prueva clara de su virtud, no para sí, a quien todo lo es claro, sino para ejemplo nuestro y para gloria suya, y para desengaño y confusión del demonio» 84 . En todo caso, de acuerdo con Aguilar y Zúñiga, dicho problema es «laberinto de Theologos. Remitolo a las Escuelas, si ellos saben mas que reuerenciar los secretos de la Diuina Prouidencia» 85 . Y en ese laberinto se enredó Quevedo quien, cuando menos desde un interés retórico, pretendió descifrar esos secretos. A contrapelo de estos autores, incluido Quevedo, Luis de León casi prescindió de citas patrísticas o paganas para sostener su trabajo sobre la base casi exclusiva de la Biblia 86 . Pero lo más destacado es el intento por alcanzar, traduciendo, el sentido del LJ escrito en hebreo. Traducir y hebraizar. Así para él, Satanás «es el demonio, porque tiene officio de acusador y calumniador, y Satanás quiere dezir el que acusa o calumnia». Es decir: primero es un acusador y luego, un demonio; no al revés. Al presentarse con Dios (no se trata de un «concilio», como le llama Quevedo), viene de «cercar por la tierra y de pasearme por ella». Cercar, dice fray Luis, es «dezir inquirir y visitar, o cercar inquiriendo, como lo hace el que con mando y jurisdicción inquiere y pesquisa» 87 . Así que el demonio, azuzando al «sufriente», es solo un «executor» de una orden dada por Dios. Job entonces no solo fue paciente sino «pacientíssimo» porque fue castigado sin culpa «que sin duda no la tenía conforme al castigo; ni averle faltado paciencia para l[l]evarlo […] ni aver sentido mal de la providencia de Dios o de su justicia, la qual confiesa en muchas partes y alaba» 88 . 83 , op. cit., pp. 25-26. 84 Luis de , op. cit., I, p. 159. 85 , op. cit., p. 248. 86 El autor del aparato crítico de Exposición del Libro de Job, Javier , ofrece pormenores de las fuentes y referencias. De forma esporádica, Luis de León hace alusiones a la Biblia Sacra, a la de Vatable, y rara vez a santos (como Agustín) y a grecolatinos. 87 Luis de , op. cit., I, p. 160. 88 Ibíd., II, p. 486.
27 En la exposición luisiana se percibe, como en Quevedo, que el autor estaría tomando a Job como caso para ejemplificar sus propios juicios ante las autoridades de su época. Unas citas: «Empero los que se empeñan en la persecucion de otro, no acusan pecados; invéntanlos» 89 . «En el error que vosotros llamáis error, en ésse me estoy. Y aunque os ençendáis contra mí y me digáis, como hazéis, mil afrentas, no me torno atrás de lo que ya dixe: en ello estoy, y si error es, abrazo esse error» 90 . De los siete autores abordados, hay unanimidad en cuatro aspectos: Job es figura de Cristo; se le reconoce su inmensa paciencia; al final, con la exoneración del husita se demostró que siempre gana el bien; y todo lo anterior, a pesar de la malicia de Satanás que es el demonio, el mal mismo. Pero las diferencias o énfasis son variados: el LJ es sobre la Divina Providencia (Quevedo); sobre la culpa de Satanás en las desgracias de Job (Quevedo, Serpi); sobre la responsabilidad de Yahvé (Luis de León, Aguilar); Job pecó levemente (Quevedo, Luis de León); en todo pecó (Francisco de León); sí existió (Aguilar, Gallo, Quevedo, fray Luis); es estoico (Tamayo, Jerónimo y Quevedo); se proyectan autobiográficamente (Quevedo y fray Luis). Los únicos que emplean métodos filológicos son Gallo, Quevedo y fray Luis. Con todas las cortapisas propias de una época como el Barroco, capaz de ahogar a cualquier biblista con un solo trago de agua, aquí se han visto los alcances interpretativos que pudo tener el LJ. Para todos ellos, al final, Job era un estandarte, un símbolo de resistencia, un ejemplo en medio del dolor, la censura y la limitación. , Estevan de, Combates de Iob con el demonio: escritos con plvma canonica, en los tres primeros capitvlos de sv historia, y ponderados con la de Don Estevan de Agvilar, y Zuñiga Doctor Theologo, Madrid, Carlos Sanchez, 1641. 89 , op. cit., p. 275. 90 Luis de , op. cit., II, p. 486.
28 , Eugenio, De fray Luis de León a Quevedo y otros estudios sobre retórica, poética y humanismo, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2005. , Karl Alfred, Séneca en España: investigaciones sobre la recepción de Séneca en España desde el siglo XIII hasta el siglo XVII, Madrid, Gredos, 1983. J. Emilio, Historia y ambivalencia. Ensayos sobre arte, Buenos Aires, Biblos, 2006. , Ramón, «Retórica y exégesis en la Exposición del Libro de Job, de fray Luis de León», Letras de Deusto, 50, 1991, pp. 151-176. , Salvador, «La lucha contra la corrupción en la Nueva España según la visión de los neoestoicos», HMex, 55:3, 2006, pp. 717-765. , Américo, «Un aspecto del pensar hispano-judío», Hispania, 35:2, 1952, pp. 161-172. , Jerónimo de la, Job evangélico stoyco ilustrado. Doctrina ethica civil y política, Zaragoza, Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia, 1638. , Raúl A., «Quevedo y Juan de Pineda», Modern Philology, 56:2, 1958, pp. 82-91. , Aubrey, Luis de León: un estudio del renacimiento español, Barcelona, Araluce, 1923. , Joseph, Historia y diálogos de Iob, con explicación literal y moral de todos sus capítulos, según las versiones de Vatablo, Pagnino, Parafraste y los Setenta. Burgos, Pedro de Huydobro, 1623. , Víctor, «Quevedo exégeta y moralista: comentario y discurso sobre el Job», en Actas de la II Academia Literaria Renacentista, Homenaje a Quevedo, ed. Víctor García de la Concha, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1982, pp. 187-211. , Mariano, «La influencia de Saadiá Gaón en el Comentario de Abraham ibn Ezra al libro de Job», Sefarad, 67:1, 2007, pp. 51-69. , Libros morales, ed. José Rico Pavés, Madrid, Ciudad Nueva, 2004, 2 vols. , Francisco de, Priuança del hombre con Dios: sobre el Parce mihi, Iob 7, Pamplona, Nicolás de Assiayn, 1622.
29 , Luis de, Exposición del libro de Job, ed. Javier San José Lera, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1992, 2 vols. , José, González de Salas, humanista y editor de Quevedo, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2003. , Luisa; , Pedro María; y , María Isabel, eds., El libro antiguo español. Coleccionismo y bibliotecas (siglos XV al XVIII), Salamanca, Universidad de Salamanca, 1998. , Oreste, La poesía de fray Luis de León, Barcelona, Crítica, 1982. , Pilar, «Autobiografía y corrientes espirituales en la Exposición del Libro de Job de Fray Luis de León» en Literatura y espiritualidad. Actas del Seminario Internacional, coord. Pilar Manero Sorolla, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2003, pp. 83-104. , Bartolomé, «Algunos puntos de interés en la hermenéutica de fray Luis de León, y de su tiempo», en Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra. Biblia y Hermenéutica: VII, ed. José María Casciaro, Navarra, Universidad de Navarra, 1986, pp. 487-495. , Marguerita, Homenaje a fray Luis de León, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2007. , Alberto, «En torno a la Exposición del Libro de Job de Fray Luis de León», en Academia Literaria Renacentista I Fray Luis de León, coord. Víctor García de la Concha, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1981, pp. 225-244. , Miguel Ángel, La oratoria sagrada en la época del Barroco: doctrina, cultura y actitud ante la vida desde los sermones sevillanos del siglo XVII, Sevilla, Universidad de Sevilla-Fundación Focus Abengoa, 1997. , Francisco de, Vida y obras phostumas de don Francisco de Quevedo Villegas, Caballero del Hábito de Santiago, Secretario de su Magestad, y señor de la Villa de la Torre de Juan Abad, VI: La constancia y paciencia del santo Job, Madrid, Joachin Ibarra, 1772. , Javier, «Fray Diego de Zúñiga y fray Luis de León frente al Libro de Job», Ciudad de Dios, 204: 2-3, 1991, pp. 967-983. ——, «Estudio histórico literario» en Luis de León, Exposición al Libro de Job, ed. Javier San José Lera, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1992, pp. 9-140.