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Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad de Aránzazu de Lima (1644-1645)

Zulaika Hernández, Josu M.

Abstract

La Hermandad de Aránzazu de Lima encargó en 1644 en España la talla de una imagen de la Virgen que se veneraba en el santuario de Aránzazu de Oñate. La publicación por Ayllón de la Relación de la grandiosa fiesta que se hizo… a la colocación de la milagrosa imagen de N. Señora de Aransazu (1647), aportó algunos detalles sobre las vicisitudes de esta historia. Pero ni Ayllón ni los autores posteriores pudieron ofrecer datos acerca de la identidad del artífice de la imagen. El descubrimiento del contrato firmado en Sevilla entre algunos miembros de la hermandad y el escultor antequerano Juan Bautista del Castillo nos permitirá suplir algunos de los vacíos que Ayllón no pudo reflejar en su Relación.

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87 RTE 34 (2022) pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad de Aránzazu de Lima (1644-1645) Juan Bautista del Castillo, artificer of an image of the Virgin for the chapel of the Brotherhood of Aránzazu in Lima (1644-1645) Josu m. zuLaika HernánDez Eusko Ikaskuntza – Sociedad de Estudios Vascos. España ORCID: 0000-0003-4692-8296 [email protected] Resumen: La Hermandad de Aránzazu de Lima encargó en 1644 en España la talla de una imagen de la Virgen que se veneraba en el santuario de Aránzazu de Oñate. La publicación por Ayllón de la Relación de la grandiosa fiesta que se hizo… a la colocación de la milagrosa imagen de N. Señora de Aransazu (1647), aportó algunos detalles sobre las vicisitudes de esta historia. Pero ni Ayllón ni los autores posteriores pudieron ofrecer datos acerca de la identidad del artífice de la imagen. El descubrimiento del contrato firmado en Sevilla entre algunos miembros de la hermandad y el escultor antequerano Juan Bautista del Castillo nos permitirá suplir algunos de los vacíos que Ayllón no pudo reflejar en su Relación. Palabras clave: Virgen de Aránzazu; Hermandad de Aránzazu; Lima; Sevilla; Juan Bautista del Castillo. Abstract: The Brotherhood of Arantzazu of Lima ordered in 1644 in Spain the carving of an image of the Virgin venerated in the sanctuary of Arantzazu in Oñati. Relación de la grandiosa fiesta que se hizo… a la colocación de la milagrosa imagen de N. Señora de Aransazu, published by Ayllón in 1647, brought some details about the vicissitudes of this story. But neither Ayllón nor later authors were able to offer information about the identity of the artificer of the sculpture. The discovery of the contract signed in Seville between some members of the brotherhood and the sculptor Juan Bautista del Castillo will let us supply some of the voids that Ayllón was not able to reflect in his Relación. Keywords: Virgin of Aránzazu; Brotherhood of Aránzazu; Lima; Seville; Juan Bautista del Castillo. Fecha de recepción: 26 de enero de 2021. Fecha de evaluación: 6 de marzo de 2022. CÓMO CITAR ESTE TRABAJO / HOW TO CITE THIS PAPER: Zulaika Hernández, Josu M. (2022): “Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad de Aránzazu de Lima (1644-1645)”. En: Laboratorio de Arte, 34, pp. 87-110. © 2022 Josu M. Zulaika Hernández. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0. International License (CC BY-NC-SA 4.0). Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 88 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) La creación de la Hermandad de Aránzazu de Lima La abundancia y calidad del hierro vizcaíno era bien conocida desde al menos la Edad Media en buena parte de Europa. Los vascos no se limitaban a la extracción del mineral, sino que también asumían en muy buena medida tanto las tareas de su transformación como las de su comercio y transporte. Todo ello, unido a su marcado carácter asociacionista, motivó que los vascos se agruparan, normalmente en forma de hermandad o de cofradía, en aquellas ciudades europeas con las que los puertos de su tierra natal mantenían un importante tráfico mercantil. Así pasó en ciudades como Brujas, Amberes o Sevilla. Y luego, tras el descubrimiento de América, también en el Nuevo Mundo. La primera cofradía de vascos conocida en las Indias es la constituida en 1601 en la villa minera de Potosí, siendo también la primera creada bajo la advocación de la Virgen de Aránzazu. Pocos años después, en 1612, varios vasconavarros residentes en Lima –entre los cuales destacaba la figura del guipuzcoano Juan de Urrutia Obiaga (Tolosa, 1573)– decidieron asociarse y convinieron en adquirir una capilla como sede de la futura hermandad. Conforme rezaba en el preámbulo de las constituciones de esta congregación, podían ser miembros de la misma “los cavalleros hijosdalgo que rresiden en esta Ciudad de los Rreyes del Pirú, naturales del Señorío de Vizcaya y Provincia de Guipúzcoa, y descendientes dellos; y los naturales de la Provincia de Álaba, Reino de Navarra y de las Quatro Villas de la costa de la Montaña, que son Laredo, Castro de Urdiales, Santander y San Vizente de la Barquera”1. Siguiendo el ejemplo de Potosí, también la hermandad de Lima estableció su capilla en el convento de los franciscanos de la ciudad y se constituyó asimismo bajo el patrocinio de la Virgen de Aránzazu2. Ninguno de ambos hechos debe entenderse como casual. En cuanto al primero, así había ocurrido –y seguiría ocurriendo– con las diferentes asociaciones de vascos en el exterior. Otazu y Díaz de Durana dan cuenta de esta circunstancia, señalar que “los franciscanos, a lo largo de los siglos XIV y XV, se habían instalado en cuatro de las cinco villas más pobladas de Vizcaya”, precisamente algunas de aquellas que tenían un mayor peso mercantil como Bilbao o Bermeo3. Este hecho habría propiciado que la especial relación y conocimiento mutuo 1. Archivo Central de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima (ACSBPL), Manuscrito nº 08179, 1612-1750, f. 29: Libro de elecciones de mayordomos de la Ilte. Hermandad de Nra. Sra. de Aranzazu, sita en el convento de N. P. S. Franco. de Lima, desde el año de 1612 hasta el de 1750, y Constituciones. 2. Si bien posteriormente los vascos de Potosí trasladarían su sede al convento de los agustinos. Arzáns, [ca. 1705-1736] 1965: vol. III, 4-5. 3. Otazu/Díaz de Durana, 2008: 130-139. Entre 1617 y 1650 los franciscanos también tuvieron convento en Lequeitio, otra importante villa comercial vizcaína. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 89 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) entre franciscanos y mercaderes en Vasconia, se trasladase después a las ciudades del exterior a las que los vascos dirigían sus destinos4. También estaba bajo el cargo y custodia de la orden franciscana el santuario en el que se veneraba a la Virgen de Aránzazu. La imagen original de esta había sido encontrada por un pastor en los montes de Oñate en la segunda mitad del siglo XV. Como en su día relató Garibay, en atención a lo extraordinario del suceso los oñatiarras construyeron en el lugar de la aparición “una hermita, a la qual llamaron luego Nuestra Señora de Aránçaçu, que en lengua de la mesma región de Cantabria es lo mesmo que dezir Nuestra Señora del Espino, porque al espino en esta lengua llaman arança”. Y añadió que la noticia fue “poco a poco publicándose por la mesma provincia de Guipúzcoa y la de Álava, y señorío de Vizcaya y reyno de Navarra”5. La devoción llegó incluso a calar entre los vascos del norte de los Pirineos, desde donde llegaban “tropas de ciento en ciento”6. De este modo, bien puede decirse que la Virgen de Aránzazu era patrimonio de todos los vascos, por lo que no es de extrañar que, cuando estos decidían asociarse en tierras lejanas, lo hicieran precisamente bajo su advocación7. Tal cosa ocurrió a principios del siglo XVII en Lima, donde, como se hace notar en el preámbulo de las constituciones del año 1635, la capilla de la hermandad tenía por “por adbocación el Santo Christo y Nuestra Señora de Arançaçu”8. La remodelación de la capilla de la hermandad Como ya hemos adelantado, 1612 fue el año en el que por primera vez se reunieron los integrantes de la Hermandad de Aránzazu de Lima. En aquella primera junta acordaron adquirir por un importe de 10.000 pesos una de las capillas de la iglesia que los franciscanos tenían en la capital del virreinato. La compra, sin embargo, no se consumó hasta el bienio 1619-1620, años estos en los que también se redactaron las primeras constituciones por las que habría de regirse la hermandad, se eligieron los primeros mayordomos de la misma y se acometió la remodelación integral de la capilla recién adquirida. 4. Como muestra de lo dicho, en la escritura de donación de una capilla para la Cofradía de la Piedad, que agrupaba a los vascos residentes en Sevilla, los franciscanos hicieron constar que habían accedido a dicha gracia por “respeto y consideración a la devoción que [...] siempre han tenido a nuestra sagrada religión y orden de N. P. S. Francisco, y por la mucha devoción que nos tienen siempre los de la dicha nación”. Garmendia, 1979: 423. 5. Garibay, 1571: vol. II, 1227-1230. 6. Luzuriaga, 1686: lib. II, 67-68; lib. III, 7. 7. También las diferentes cofradías de vascos del virreinato de la Nueva España –como la fundada en 1681 en Ciudad de México– se acogerían al patrocinio de la Virgen de Aránzazu. 8. ACSBPL, Manuscrito nº 08179, 1612-1750, f. 29. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 90 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) La supervisión de los trabajos de rehabilitación se encomendó a uno de los miembros de la hermandad, el arquitecto y escultor guipuzcoano Juan Martínez de Arrona Íñiguez (Deva, 1562). De manera paralela, en 1628 se encomendó a Pedro de Mesa la construcción del que sería el primer retablo del altar central de la capilla, que incluía “una hornacina en que se veneraba la imagen de la Virgen de Aránzazu, con un lujoso manto tachonado de perlas y diamantes”9. Pero a partir del año 1635 la congregación limeña experimentó un notable impulso, redactándose unas nuevas constituciones. Y en 1642, siendo Juan de Urrutia uno de los mayordomos de la hermandad, “se consideró que el altar existente requería una sustancial mejora”, por lo que se concertó con “el maestro ensamblador Asensio de Salas para labrar un nuevo retablo”, y además “con el maestro escultor Pedro Muñoz de Alvarado [para] modelar varias figuras de muchachos, ángeles y virtudes para acomodarlas en el retablo”10. La idea de Urrutia, quien asumió los gastos de la construcción del nuevo retablo, era la de procurarle un digno acomodo a la nueva imagen de la Virgen de Aránzazu que había de encargar que se hiciera en España. El coste del retablo ascendió a “más de diez mil patacones”, según refiere Ayllón11, o “más de doze mil pesos” si atendemos al relato de Córdoba12. En cualquier caso, y para hacernos cargo de la magnitud de la obra, pensemos que este gasto fue incluso algo mayor del que en su día se hizo para la adquisición de la capilla. No dudamos de que “la devoción y zelo” que Urrutia sentía hacia la Virgen de Aránzazu fueran el principal motivo de estos dispendios13. Pero es muy posible que, además, tanto la hermandad como el propio Urrutia pretendieran hacer visible su poderío social y económico en la capital del virreinato. En 1613 –esto es, solo un año después de la fundación de la hermandad– se había constituido en Lima el Tribunal del Consulado, institución que agrupaba a los comerciantes limeños. Muchos de los vascos que habían de constituir la Hermandad de Aránzazu eran mercaderes, destacando entre ellos la figura de Urrutia, en palabras de Suárez el comerciante más importante de la ciudad14 y uno de los principales impulsores tanto del referido tribunal como de la hermandad. De hecho, fue cónsul del tribunal en los años 1623-1624, alcanzando incluso su más alto cargo, el de prior, en los años 1631, 1634 y 163915. No creemos, en definitiva, que obedezca a la casualidad esta coincidencia de fechas entre la creación de ambas instituciones; los vascos 9. Lohmann, 1990: 211. 10. Lohmann, 1990: 212. 11. Ayllón, 1647: 10v. Aquí debemos entender patacón como sinónimo de peso. 12. Córdoba, 1651: 178. 13. Córdoba, 1651: 178. 14. Suárez, 2015: 109 y 115. 15. Mendiburu, 1874-1890: vol. VIII, 439-440. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 91 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) afincados en la Ciudad de los Reyes pretendían con su unión hacerse fuertes en el control del comercio transoceánico limeño16. Y en aquella época “era necesario exteriorizar aquellos elementos que hacían visibles el prestigio y el poder”17, función a la que había de servir el esplendor de la capilla que servía de sede a la hermandad, con su nuevo y espectacular retablo. El encargo de una nueva imagen de la Virgen de Aránzazu Una vez concertada la hechura del retablo, era el momento de procurarse la figura de la Virgen de Aránzazu que había de acomodarse en el mismo y que sustituiría a la que hasta entonces había presidido el altar central de la capilla. En el virreinato había buenos artistas; uno de ellos el ya nombrado Martínez de Arrona. Pero este había fallecido en 1635 y, por otro lado, era en España –y más concretamente en Andalucía– donde tenían sus talleres los grandes maestros de la imaginería, razón por la cual Urrutia dirigió hacia allí su encargo. Aunque sin mayores precisiones, Ayllón nos trasladó en su día este hecho ya en el título de su obra:...la milagrosa imagen de N. Señora de Aransazu, que a expensas de Juan de Urrutia... se truxo de España. También alude a esta circunstancia en el cuerpo de la obra: “Juan de Urrutia […] despachó […] dineros muchos a España, con que, adelantado valiente, un artífice le fabricó el hechizo más dulce de su alma”18. Mas hasta ahora desconocíamos quién había sido este “valiente artífice” y en qué circunstancias se había ejecutado el encargo de Urrutia. Como se lamentaba Lohmann, “ni en el testamento cerrado de Urrutia (6 de septiembre de 1643) ni en dos codicilos complementarios […] queda referencia al encargo”19. El hallazgo en el Archivo de la Casa de Zavala (parte integrante del Archivo Histórico de Euskadi) del contra- to firmado entre un escultor andaluz y varios comerciantes vascos miembros de la Hermandad de Aránzazu nos permitirá ahora despejar en muy buena medida estas incógnitas. El documento en cuestión tiene el título de Memoria de la forma en que se a de hazer la escultura de la imagen de Nuestra Señora de Aránçaçu para la capilla de la 16. Recordemos que la hermandad limeña estaba abierta a los “naturales […] de las Quatro Villas de la costa de la Montaña”. Esta unión de vascos y cántabros buscaría facilitar el control del Tribunal del Consulado, evitando así las disputas que tendrían lugar entre ambas facciones por el control del organismo homónimo de Ciudad de México. 17. Mansilla, 2014: 247. 18. Ayllón, 1647: 10r-10v. 19. Lohmann, 1990: 212, nota al pie. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 92 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) Figura 1. Convenio entre Juan Bautista del Castillo y Miguel de Basterrechea, 1644-1645, Archivo Histórico de Euskadi (Bilbao). Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 93 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) naçión bascongada de la Çiudad de los Reyes del Pirú (fig. 1)20. Pese al enunciado, el manuscrito está integrado por dos partes bien diferenciadas. La primera, fechada en Sevilla el 1 de junio de 1644, contiene la memoria técnica y artística que había de servirle de guía al escultor, así como los plazos en los que este debía cumplir el encargo y el precio que se le abonaría por el mismo. En cuanto a la segunda parte del documento, datada en Sevilla el día 13 de enero del año siguiente, contiene la recepción de la obra y el consiguiente pago de las cantidades concertadas. La memoria y los términos del contrato La memoria técnica y artística En el folio 1r aparece la memoria del encargo, que es bastante sucinta. Se habla, por un lado, de las medidas que había de tener la peana de la escultura para acomodarla al nicho que se le había reservado en el altar de la capilla, diciéndose a este respecto que “tiene de ancho dos varas”. Y se añade que “en una bara de alto que a de tener la dicha peana, se a de acomodar el espino, con el tronco gruesso; y desde el suelo a el nacimiento del tronco del espino a de aver una tercia; y el espino tendrá de alto dos tercias”. Se señala, asimismo, que “la imagen de Nuestra Señora a de ser de una vara de alto, y que se pueda quitar y poner en el espino”. Establecidas las medidas de la peana, del espino y de la Virgen, se apuntan en el documento algunas someras indicaciones artísticas. Así, la Virgen habría de colocarse en el centro de la peana, y se le indica al artista acerca de su figura que “sobre todo se a de esmerar en la perfección de la imagen de Nuestra Señora […], y en especial que el rrostro sea muy perfecto; y a de ser cassi de rrelieve entero, y que salgan por los lados las ramas y ojas del árbol o espino”. También se dice que en la peana, al lado derecho de la imagen de la Virgen, “a de estar el pastor incado de rrodillas, puestas las manos adorando la imagen de Nuestra Señora, la qual a de estar algo inclinado el rrostro al pastor, como que le está hablando”. Y se añade que el niño Jesús “a de estar en el rregazo de su madre, echándole la bendición al pastor; sentado y bestido el niño”. El pastor había “de ser un moço de hasta veinte años, sin barva, con un capotillo vizcaýno de dos faldas con sus mangas, y en los pies unas abarcas que se cojen con correa”. 20. Archivo Histórico de Euskadi (AHE/EAH), Archivo de la Casa de Zavala, Sección Olaso, Sub Sección Vélez de Ulívarri, Serie X, Signatura 247.9, 1644-1645: Memoria de la forma en que se ha de hacer la imagen de Nuestra Señora de Aranzazu para la capilla de la nación vascongada de la ciudad de los Reyes del Perú, siendo testigo Miguel Vélez de Ulivarri. Disponible en: https://dokuklik.euskadi.eus/ badator/ficha/347780 (23-2-2022). Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 94 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) Finalmente, se le indica al artista que “en la peana se an de poner al lado izquierdo de la imagen, en un pradillo entre cerros, algunas obejas, y la peana por los lados del espino de rriscos y peñascos, y algunos árboles y un arroyo de agua”. Cuando Ayllón hablase de la llegada de la que él llamaba Viscaynita a Lima, señaló que, en efecto, lo hizo “con su espino, pastor y ovejas”21. Los términos del contrato El convenio aparece comprendido entre los folios 1r y 2r. A grandes rasgos, nos hallamos en presencia de un acuerdo de voluntades en el que una de las partes, el escultor Juan Bautista del Castillo, se compromete a realizar una obra artística en un plazo determinado y a cambio de un precio cierto que la otra parte contratante, Miguel de Basterrechea, se obliga a pagar al artista a la recepción de dicha obra. En cuanto a las partes contratantes y al objeto del contrato, la primera cláusula del mismo reza así: “Dezimos nos, Juan Bautista del Castillo, vezino de la ciudad de Antequera, maestro del arte de la escultura, y Miguel de Basterrechea, que somos conbenidos y concertados en que yo, el dicho Juan B. del Castillo, me obligo a hazer la escultura que se rrefiere en la memoria de esta otra parte en la conformidad que en ella se refiere, de toda perfección y arte. Y me obligo a darla acavada y entregada toda ella en esta ciudad de Sevilla para el día de Navidad de este presente año”. Se habla después del precio, diciéndose que “estamos conbenidos en que se me a de dar y pagar por toda la dicha obra dos mill y cien rreales de plata doble”. Se señala que Basterrechea le ha entregado a Castillo “quinientos rreales agora luego de contado”, mientras que “los un mill y seiscientos reales restantes” se le habrían de abonar “después que aya entregado en esta ciudad toda la dicha escultura”. A renglón seguido aparece la figura de un fiador, Melchor de Torres, quien se obliga a que si “Juan B. del Castillo no entregare para el plazo rreferido la dicha escultura en la manera dicha, le pagaré al dicho Miguel de Basterrechea […] los dichos quinientos rreales de plata doble que así le a entregado”. Posteriormente, Castillo y Basterrechea dicen que se obligan con sus “personas y bienes” a cumplir con lo estipulado, firmándose el contrato “en Sevilla, a primero de junio de mill y seiscientos y quarenta y quatro años”, y “siendo testigos Antonio Ruiz de Ocharcoaga, Miguel Vélez de Ulivarri y Domingo de Liquinano”. Hay, finalmente, en el contrato un par de cláusulas adicionales. En la primera de ellas se apunta que, para el supuesto de que “el dicho Miguel de Basterrechea esté ausente de esta ciudad” de Sevilla a la recepción de la obra, será uno de los que 21. Ayllón, 1647: 15v. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 95 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) firmaron como testigos, Antonio Ruiz de Ocharcoaga, quien quedará obligado a pagarle a Castillo “los un mill y seiscientos reales de plata doble” restantes. La segunda cláusula adicional contiene un par de apuntes de carácter técnico-ar- tístico. Se faculta al artista para modificar la altura del espino si “le pareciere más conbeniente para la perfección de la obra”. Y se le indica a Castillo que “el pastor a de ser también que se pueda quitar y poner de su asiento, como la imagen de Nuestra Señora”. Tras señalarse que Ruiz de Ocharcoaga quedaba obligado al pago y recepción del trabajo incluso en el supuesto de que Castillo lo finalizase antes del plazo estipulado, se vuelve a fechar el contrato “en Sevilla, en primero día de junio del 644”, apareciendo las firmas de Castillo, Ruiz de Ocharcoaga y Basterrechea. Las partes contratantes Como acabamos de apuntar, las partes principales del convenio fueron Juan Bautista del Castillo y Miguel de Basterrechea, redactor de la primera parte del contra- to. Como fiador de Castillo aparecía Melchor de Torres. Y, como testigos, Antonio Ruiz de Ocharcoaga, Miguel Vélez de Ulibarri y Domingo de Liquinano. Además, el nombre de Ruiz de Ocharcoaga figuraba también en calidad de firmante del contrato y de las ya referidas cláusulas adicionales. Pero, ¿quiénes eran todas estas personas, no demasiado conocidas en el ámbito de la historiografía de aquella época? En la medida de nuestros conocimientos, trataremos de responder a esta pregunta en las siguientes líneas. Miguel de Basterrechea, Antonio Ruiz de Ocharcoaga y Miguel Vélez de Ulibarri Miguel de Basterrechea Uribarri era un comerciante vizcaíno nacido en Aulesti en 1593. Como Urrutia, era miembro de la Hermandad de Aránzazu de Lima. De hecho, su nombre aparece ya en un documento de la hermandad del año 1625 y, posteriormente, entre los firmantes de las constituciones de 1635 de la siguiente manera: “Miguel de Basterrechea, de Aulestia, en el Señorío”22. Lo propio puede decirse del también vizcaíno Antonio Ruiz de Ocharcoaga Plazabeitia, nacido en Begoña23 en 1592 y, al igual que Urrutia y Basterrechea, mercader afincado en Lima y miembro 22. ACSBPL, Manuscrito nº 08179, 1612-1750, f. 31. 23. Uno de los altares de la capilla de la Hermandad de Aránzazu en Lima estaba dedicado precisamente a la “gloriosa Virgen de Vegoña”. Córdoba, 1651: 178. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 102 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) finalmente, una anotación de Vélez de Ulibarri que dice así: “De los cajones y demás gastos que fueron menester para el despacho y avío del retablo de Nuestra Señora de Arançasu: 490”. La llegada de la imagen de la Virgen a Lima Finalizada y entregada la obra a Ruiz de Ocharcoaga el 13 de enero de 1645, la misma no llegó a Lima hasta el verano del año siguiente. Con razón pudo decir Ayllón que Urrutia “esperó sufrido la dilación del bien”, o que “perezoso corrió el tiempo del viage”51. En realidad, y como ya habíamos adelantado, el relato de Ayllón presenta una importante laguna que abarca el tiempo y los hechos transcurridos desde que en 1644 Urrutia despachara “dineros muchos a España” hasta que en julio de 1646 la imagen llegase al puerto del Callao (fig. 2)52. La ya reseñada carta remitida desde Lima por Ocharcoaga a Basterrechea en el verano de 1652 está acompañada de ciertos apuntes contables que pueden ayudarnos a completar en buena medida ciertos vacíos del relato53. Así, merced al contenido de las anotaciones de Ocharcoaga sabemos que Sevilla fue el puerto de partida de la nao que transportaba la imagen de Aránzazu. Y que, siguiendo la ruta habitual en la época, la nave surcó el Atlántico rumbo a Portobelo, en Tierra Firme. Desde allí, la mercancía llegó en una fragata el 31 de diciembre de 1645 a la boca del río Chagre, punto de partida del conocido como Camino de Cruces, que atravesaba el istmo de Panamá. La parte fluvial del camino –esto es, el curso del Chagre– se recorrió en barcazas. Y desde el poblado de Cruces la mercancía se trasladó en carros hasta llegar al puerto de Panamá, ya en el océano Pacífico. Una nueva embarcación transportó la imagen de la Virgen y el resto de las mercaderías desde Panamá hasta Callao, punto en el que retoma el relato Ayllón, por quien sabemos que llegó allí el 31 de julio de 1646: “En el puerto del Callao surgió, día del glorioso San Ignacio de Loyola”54. Sabemos, en definitiva, que fue el propio Ruiz de Ocharcoaga quien llevó la imagen que había recibido en Sevilla de manos de Juan Bautista del Castillo hasta el puerto del Callao. Creemos que en este punto finalizó el encargo del mercader de Begoña, depositando allí en manos de los franciscanos limeños la obra tallada 51. Ayllón, 1647: 11r y 12v. 52. Ayllón, 1647: 10r y 12v. 53. FSS, Archivo Uriarte, Signatura Villarreal de Berriz, N. 631, 1652: Carta de Antonio de Ocharcoaga dirigida a Miguel Basterrechea. 54. Ayllón, 1647: 12v. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 103 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) en Andalucía. En este sentido, Ayllón nos trasladó que el “concurso de seculares y religiosos de N. glorioso Francisco” había acudido a Callao a recibir la imagen de la Virgen55. Y entre las cuentas de Ocharcoaga hay una que reza así: “517 p. que cobré de M. de Eguillestegui en nombre de Joan de Urrutia por lo gastado de más en España con el retablo de Nuestra Señora de Aránzazu que le remití”. Por aquel entonces, Juan de Durana, “padre de la Santa Provincia de Cantabria” y a quien Ayllón había dedicado su obra56, era predicador mayor del convento de San Francisco de Lima y comisario general de la orden franciscana en el virreinato. Junto a él, en el año 164457 había pasado a Indias su compañero de orden Gabriel de Guillestegui Ubilla (Marquina, 1597), por lo que pensamos que es a este franciscano 55. Ayllón, 1647: 13r. 56. Ayllón, 1647: Portada. 57. AGI, Contratación, 5427, N. 1, R. 53, 1644: Registros de los pasajeros que en 1644 fueron a Tierra Firme en los ocho galeones y dos pataches al mando del general Jerónimo Gómez de Sandoval. Figura 2. Leonardo Ferrari, Descripción del puerto del Callao [con Lima al fondo], ca. 1650, Kriksarkivet (Täby). Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 104 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) vizcaíno –que en aquellas fechas tenía el cargo de secretario de Durana– a quien se refiere Ruiz de Ocharcoaga como pagador de los gastos extraordinarios relativos a la obra de Castillo y como probable depositario de la misma. Llegada, como decíamos, a finales de julio de 1646 a Callao la nave que transportaba la imagen de la Virgen, esta fue recibida en el puerto con una salva de artillería. Desde allí, el “caxón grande” con la Virgen fue llevado en procesión al convento que los franciscanos tenían en aquella ciudad portuaria. Pasados unos días, y a pesar de su “peso tan excessivo”, se trasladó “dos leguas de viaje” la caja “en ombros” hasta Lima58. Entre “el clamor de las campanas y mosquetería”, el 5 de agosto llegó la imagen a la capital del virreinato, donde en primera instancia –“mientras llegaron a tener perfección algunas cosas del adorno de la Virgen y su retablo”– fue depositada en la casa de Juan de Urrutia59. Allí “se abrió el caxón” y se comprobó que, a pesar de lo ajetreado del trayecto, la imagen “no se vio ofendida de lesión alguna”60. Finalmente, el 17 de octubre la Virgen fue llevada en procesión a la Catedral de Lima y desde allí, el día siguiente, a su destino final en la iglesia de San Francisco –asistiendo al evento lo más granado de la sociedad limeña, con el entonces virrey Mancera a la cabeza–, donde “fue colocada la Santa Imagen en su espino (divina rosa entre espinas) dentro de un nicho de gallardo fondo, a cuya magestad corren dos cortinas de labor costosa”61. La imagen de Lima no fue copia de la original de Oñate La talla de la Virgen de Aránzazu de Lima fue destruida por un incendio que en 1899 arrasó la capilla de la hermandad62, sin que por otro lado se haya conservado ninguna representación gráfica de la misma. ¿Cuál pudo ser, entonces, el resultado del trabajo de Juan Bautista del Castillo? Ayllón dejó escrito en su obra que la intención de Urrutia al encargar en España la imagen de la Virgen de Aránzazu era la de “sacarle el retrato”63. Córdoba fue más allá, afirmando que “fabricó su imagen un valiente artífice, que copió de la original que apareció milagrosa sobre un espino en el monte de Aránzazu”64. Basándose en 58. Ayllón, 1647: 13r-14r. 59. Ayllón, 1647: 18v. Aun cuando el contrato entre la hermandad y Asensio de Salas se había firmado en 1642, cuatro años después este todavía no había rematado su trabajo. 60. Ayllón, 1647: 15r-15v. 61. Córdoba, 1651: 177-178. 62. Lohmann, 1990: 213. 63. Ayllón, 1647: 10r. 64. Córdoba, 1651: 178. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 105 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) estas noticias, también Lohmann dijo que Urrutia “encargó a un valiente artífice la hechura de una copia directa del original venerado en los riscos de Oñate”; o que el mercader tolosano tenía “el anhelo de obtener una reproducción fiel de la imagen original”65. Por todo ello, se ha venido pensando que la imagen de Lima había sido copia de la original de Oñate. En realidad no fue así. Parece difícil que, con las meras indicaciones que aparecen en la memoria del contrato, un escultor manierista andaluz del siglo XVII fuese capaz de conseguir “una reproducción fiel de la imagen original”, obra esta de estilo tardorrománico o gótico y realizada al menos dos siglos antes. Lo cierto, en cualquier caso, es que las indicaciones artísticas de la memoria no guardan relación con la figura de la Virgen venerada en el santuario guipuzcoano. Esta tiene una expresión algo hierática y que desde luego no se compadece con el hecho de que, como se le indica a Castillo en la memoria artística, la de Lima hubiera de tener “algo inclinado el rrostro al pastor, como que le está hablando”, o con que el niño Jesús estuviera “echándole la bendición al pastor”. De hecho, ni siquiera hay imagen de pastor alguno en el Santuario de Aránzazu de Oñate. Las indicaciones artísticas del contrato posiblemente estuvieran relacionadas con alguna representación iconográfica de la Virgen de Aránzazu que estuviese en circulación por aquel entonces. Por lo demás, era tan somero el contenido de la memoria que, por fuerza, los vascos de la hermandad habrían de ser conscientes del amplísimo margen de libertad que se le dejaba al artista. Parece indudable la devoción que los vascos de aquel entonces, también los de Lima, sentían por la Virgen de Aránzazu. A modo de ejemplo, sabemos que uno de los firmantes del encargo, Miguel de Basterrechea, le escribió el 5 de septiembre de 1652 a su cuñado Silverio de Beingolea diciéndole que tras “la rromería a Nuestra Señora de Aranzazu” había mejorado muchísimo de sus achaques en el pie; y que su hija pequeña, quien la semana anterior estaba “cassi muerta y con pocas esperanças de su vida”, había “alcançado nueva vida y salud” gracias a la “Birgen Santísima de Aránzazu”66. Aun así, y como ya habíamos adelantado, nosotros pensamos que Urrutia encargó la talla en Andalucía por ser esta la tierra donde trabajaban los más afamados imagineros, y que el prestigio del artista pudo pesar más en la decisión del mercader tolosano que el parecido que pudiera tener la imagen de Lima con el original. 65. Lohmann, 1990: 211-212. En el mismo sentido, véanse Mendiburu, 1874-1890: vol. VIII, 169, y Arzáns, [ca. 1705-1736] 1965: vol. III, 4-5 (si bien este último yerra al atribuir a la Cofradía de Aránzazu de Potosí el encargo de Urrutia). 66. FSS, Archivo Uriarte, Signatura Beingolea, N. 602, 1652: Cartas de Miguel Basterrechea dirigidas a Silverio de Beingolea. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 106 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) En cualquier caso, tampoco podemos olvidar que al menos entre 1621 y 1693, y por los atavíos que la adornaban, sería bastante difícil conocer el auténtico aspecto de la Virgen de Oñate67. No sabemos cuál pudo ser el producto del arte de Castillo. Tan solo conocemos su tamaño –que sería el que venía determinado en la memoria68– y su peso, que en palabras de Ayllón era “de más de treinta arrobas”69. También es de Ayllón la única referencia, si bien tangencial, que hemos encontrado al resultado artístico de la obra: “A pesar de lo tosco en la madera, sobresalía verde el pasto, natural el sustento, y tan vivo el pastorcillo que a mover los labios le sospechavan con alma, pues los ojos hablavan mudos y el semblante le representava vivo”70. La viveza del pastor encaja con lo que conocemos de la obra de Juan Bautista del Castillo, cuyas figuras son, efectivamente, muy expresivas. Aunque nacido “en pleno ambiente manierista de la ciudad” de Antequera, el arte de Castillo presenta ciertas peculiaridades que pone de relieve Fernández Paradas: “Sus figuras son rotundas, pesadas y monumentales, con cabezas y anatomías vigorosas. Altamente expresivas, aportan un arte alejado de la tradición antequerana. Particularmente interesantes son sus cuerpos, que parecen de otra época, y que, de no estar documentados, inmediatamente serían clasificados en la estela romanista del siglo XVI”71. La obra más conocida de Castillo es su sorprendente Cristo de las Penas, tallado alrededor del año 1652 y que todavía hoy puede admirarse en la parroquia de San Pedro de Antequera. En la misma iglesia luce la Virgen del Consuelo (fig. 3), talla de 1653 y que, aun tratándose de una dolorosa, sería probablemente la obra del artista antequerano que más podría servirnos para hacernos una idea, siquiera somera, de cómo pudo ser la imagen de la Virgen que llegó a Lima y que ha sido la protagonista de estas líneas. 67. Villasante, 1991: 17. 68. “Una vara de alto” la imagen de la Virgen –esto es, alrededor de 85 centímetros– y “dos tercias” el espino. 69. Ayllón, 1647: 13r. 70. Ayllón, 1647: 15v. 71. Fernández Paradas, 2016: 175-177. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 107 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) Figura 3. Juan Bautista del Castillo, Virgen del Consuelo, 1653, Iglesia de San Pedro (Antequera). Foto de Antonio R. Fernández Paradas. Josu M. Zulaika Hernández Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad… 108 pp. 87 - 110, ISSN 1130-5762 – e-ISSN 2253-8305 DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2022.i34.04 RTE 34 (2022) Conclusión Hemos hablado de una fase de la Historia en la que los vascos se abrieron al mundo. También al Nuevo Mundo. Pero lo hicieron resistiéndose, al menos en cierta medida, a perder su identidad. Por ello se agruparon en sus lugares de destino en forma de hermandades o cofradías. Además de las funciones espirituales de estas congregaciones, y aunque desde luego se constituyesen bajo la advocación de una figura religiosa, en aquellos tiempos hermandades y cofradías no eran asociaciones piadosas en sentido estricto. Se trataba, más bien, de agrupaciones de personas con intereses comunes que, en definitiva, no hacían otra cosa que llevar a la práctica la vieja máxima de que concordia res parvæ crescunt. Y fue la unión entre tres vascos de Lima –miembros de la Hermandad de Aránzazu– y otro de Sevilla –miembro de la cofradía de vizcaínos– la que, en definitiva, permitió que llegase a buen término el encargo de la imagen de la Virgen que había de presidir durante más de dos siglos y medio el altar central de la capilla de la hermandad limeña. Para ello confiaron en el arte de Juan Bautista del Castillo, escultor antequerano muy renombrado en su época pero cuya memoria, a nuestro entender de manera injusta, se ha ido difuminando con el paso de los años. Bibliografía Arzáns, Bartolomé ([ca. 1705-1736] 1965): Historia de la Villa Imperial de Potosí. En: Hanke, Lewis/Mendoza, Gunnar (eds.). Providence: Brown University Press (3 vols.). 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