Full text
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UNIVERSIDA D DE SEVILLA
FACU LTAD DE COMUN ICACIÓN
TESIS DOCTORA L
EVOLUCIÓN EN EL TRATAMIEN TO INFORMATI VO DE
NOTICIAS S OBR E PERSONAS MAYOR ES.
LA REPRESE NTA CIÓN DEL EN VEJECIMIE NTO AC TIVO
EN LA PRE NSA ANDALU ZA (2007 -2012)
FRAN CISCO ROMÁN MARTÍN SANTOS
Dirección: Dra. AURORA LABIO BE RNAL
DEPAR TAMEN TO DE PERIODISMO II
Sevilla, 2015
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“Envejecer es com o escalar una gran m ontaña:
m ientras se sube las f uerzas dism inuyen,
pero la m irada es m ás libre
y la vista m ás am pli a y serena”
Ingmar Bergm an
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ÍNDICE
1. INTRODU CCIÓN………………… ……………… …………… ……………… … …… 9
1.1. Justificación y objeto de es tudio………… …………… ………………… ………… 9
1.2. Metodolog ía………………………… ……………… …………… ……… …….… 1 7
1.3. Hipótesis y ob jetivos…… ………………… ………… ………………… ……….. . 43
1.4. Algunos antece dentes de la investig ación…………… ………………… ……….. 47
2. ANÁLI SIS CUAN T I TATIVO Y CUALI TATIVO DE LA S PERSON AS MAYORES
EN ESPAÑ A Y AN DALUCÍA………………… ……………… ……………… ……. 51
2.1. I ntroducci ó n…………… …………… ……………… … ………………… ……… 5 1
2.2. ¿Qué se entiende po r enve jecimiento? ………… ……………… ……………….. 55
2.3. El contexto soci odemog ráfico de las per sonas m ayores en España…………… ... 69
2.4. El contexto soci odemog ráfico de las per sonas m ayores en Andalucía…… …….. 91
2.5. El perfil de las pe rsonas m ayores……………… ……………… ……………….. 101
2.5.1. Caracte rísticas de las p ersonas m ay ores en España. Un nuev o perfil…...101
2.5.2. Caracte rísticas de las p ersonas m ay ores en Andalucía………… ….…… 114
3. LA NUE VA REALID AD DE LAS PE RSONA S MAYORES: FACTORES C LAVE Y
RETOS DEL EN VEJECIMI EN TO ACTIVO………………… ……….……… …… 126
3.1. Definición de Env e j ecim iento Activo……… ………………… …………..…… .. 126
3.2. Libro Blanco de l Enve j e cim iento Activo de España y Libro Blanco de l
Envejecimien to Activo de Andalucía: Docum entos de referencia…………… … 1 36
3.3. 2012: Año Europ eo del Env ejecimiento Act ivo………………… ……………… 1 45
4. I MAGEN SOCIAL D E LAS PERSONA S MAYOR ES………………………… ….. 153
4.1. Un paseo histó rico por el e nvejecimien to……………………… ……………...... 153
4.2. ¿Cóm o denom inamos a las personas m ayores?.... ........................... ..................... 1 6 9
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4.3. La lucha cont ra la im agen estereotipada y negativa de las personas m ay ores…. 181
4.4. Las personas m ayores en l a sociedad…… ………… ………………… ………… 197
4.4.1. La im agen de las persona s m ayores……………… …………… ………. 197
4.4.2. La im agen de las persona s m ayores en Europa……… ………… ……… 202
4.4.3. I magen de las personas m ay ores en los más jóvene s. Apuesta po r la
intergenerac ionalidad…… ………………… ………… ………… ……… 207
4.4.4. La v isión de las personas m ay ores de las propias pe rsonas m ayores…... 210
4.4.5. Género y enve j e cimiento: l a imag en de la mu jer m ay or……………….. 216
4.4.6. Entorno, háb itat: rura l frente a urbano ……………… … ………………. 22 1
5. LAS PERSO NAS MAY ORES EN LOS MEDI OS DE CO MUNICA CIÓN……….. 226
5.1. Los m edios de comunicaci ón como const ructores de la rea lidad………… …….. 2 26
5.2. Las personas m ayores, las principales consum idoras d e m edios de
comunicación…… ………………… ……………… …………… ………………. 2 34
5.2.1. Las pe rsonas may ores como consum idoras………… ………………….. 234
5.2.2. Las pe rsonas may ores como consum idoras de m edios de
comunicación…… ………………… ……………… …………… ……… 246
5.3. Antecedentes en e l tratam iento de las personas m ay ores en los medios de
comunicación…… ………………… ……………… …………… ………………. 2 64
5.3.1. Prensa…… ……………… ………………… ………… ………… ……… 278
5.3.2. Radio… ……………… …………… ……………… …………… ………. 282
5.3.3. Televis ión……………… ………… ……………… …………… ……….. 285
5.3.4. I nternet y redes sociale s…………… ……………… …………… ……… 288
5.3.5. Rev istas especializ adas…………………… ………… …………………. 293
5.4. Un nuevo tratam iento de la s personas m ayores en los medios de
comunicación…… ………………… ……………… …………… ………………. 3 03
5.4.1. Recom endaciones y ho ja de ru ta para un m ejor tratamiento del colectivo en
los medios……… ………………… ……………… …………… ………. 303
5.4.2. La opinión de los prof esionales……… ……………… ………………… 318
5.4.3. La opinión de las pers onas m ayores………………… …………………. 324
5.5. Por un period ismo social espec ializado…...…… ……………… ………………. 3 30
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6. ANÁLI SIS DE LOS RESULTADOS……………… … ………………… ………… .. 338
6.1. Análisis global de los resul tados………… …………… ………………… …….... 3 38
6.2. Análisis com parativo de los periódicos selecc ionados………… ……………….. 401
6.3. Análisis de result ados indiv idualizado de ca da periódic o seleccion ado….….….. 4 29
6.3.1. La Voz de A lm ería………………… ……………… ……………. …….. 429
6.3.2. Diario de C ádiz…… ……………… ……………… …………… ……… 473
6.3.3. Córdoba ……………… …………… ……………… ………….… ……... 519
6.3.4. I deal de Granada………… ………………… ……… …………… …….. 566
6.3.5. Odiel I nformación……… ………………… ………… ………… ……… 612
6.3.6. Jaén………… …………… ………… ……………… …………… …….. 657
6.3.7. Sur…… ……………… …………… ……………… …………… …….. 702
6.3.8. Diario de S evilla………… ………… ……………… …………… ……. 749
7. DISC USIÓN Y C ONCLUSIONES…………….…… ………………… ………… .. 796
8. PROPUE STA DE DECÁ LOGO D E BUEN AS PRÁCTICAS………………… …..802
9. SELECCI ÓN BIBLIO GRÁFICA …………………… ………………… ………… .. 804
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1. INTRODUCCIÓN
1.1. JUSTIFI CACIÓN Y OB JETO DE ESTUDIO
La imagen de l as personas m ayore s está cam biando a medida que emerge la
heterogeneidad de este grupo social. Nuestra sociedad está pasando de ten er consolidada
una imagen negativa, ho mogénea, m onótona y l ineal de las pe rsonas de edad avanzada,
a una imagen m ás heterogénea en la que la se gmentación del colectivo de personas
mayores por cohortes de edad está marcando las pautas de un envejecimiento con éxito,
transmitiendo nuevas realidades de las personas mayore s. C omo señala Teresa B azo
(1992a: 78), “un error que suele cometerse es c onsiderar a las personas de 65 y más
años como un grupo homogéneo, cuando ex isten difere ncias por clase social , eda d,…”.
Por tanto, en este mom ento, la imagen social de las personas m ayore s no es lineal sino
poliédrica, alim entada por nuevas actitudes en c orre spondencia con las de la población
en general y consideradas pos itivas (participación, aprendizaje, hábitos sanos de salud,
ejercicio físi co, i ncorporación a l as nuevas tecnologías, etc.), que están re definiendo s u
imagen social en positivo.
La s person as ma y o res d el futuro no s e pa recerán a lo s ma y or es de ahora. Actualmente,
entre las person as que co mponen l a población mayor predominan principal mente las de
nivel cultural bajo, que h an desarroll ado s u trabajo en labores poco cu alificadas, es
mayoritario el origen r ural, y en el ámbito de la salud se trata d e generaciones
fuertemente seleccionadas por la m ortalidad, pues superaron un a guerra civil y una dura
postguerra con escasos recursos alimenticios y p adec imiento de enfermedades
infecciosas.
En un futuro mu y próx imo, las personas m ayores serán mucho m ás instruidas, urban as,
cualificadas, estarán m ás informadas, habr án vi vido una gran parte de su vid a en l a
sociedad de la abundancia y del ocio, por lo que sus necesidades y exigencias serán
diferentes a las que tienen los m ayores actuales. La socied ad tendrá que estar preparada
para alber g a r a un gr an número de personas may o res que dispondrá de más recursos
económicos, edu ca tivos y p ersonales, por lo que sus demandas s erá n di ferentes y s e
harán escuchar con más fuerza.
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Doblas, J osé Antoni o Marina o Salvador C arulla. P ara completar el registro de fuentes,
se recopilará también la opinión de las personas mayore s del t rata miento que reciben
por los medios de comunicación.
A su vez, se realizará un aleg ato por l a necesidad de un p er iodismo especializado en
contenidos sociales, con la finalidad de que ex ista un tratamiento más ad ecua do d e los
colectivos vulnerables o en riesgo de exclusión en los m edios de c omunicación.
La última parte de esta T esis const a del análisis de campo realizado a partir del estudio
de las informaciones publi ca das en diferentes medios de la prensa andaluz a desde
noviembre de 2007 a diciembre de 201, tal y como se especifica en el epígrafe
siguiente. Si g ui endo la s conclusiones de los resultados obtenidos, presentaremos
nuestro propio decá l ogo de buenas prá ctica s destinado a los profesionales de los medios
de comunicación pa ra o frecer una nu eva actitud abierta e inclusiva co n respecto al
colectivo de las personas ma y ores.
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1.2. METODOLOGÍA
En el planteamiento de la investiga ción estaba clara la necesidad de aportar una muestra
empírica d el tratamiento ot org ado por los medios a la tem ática que nos o cupa. P or este
motivo, nuestro enfoque necesitaba establecer una metodología científica que
encontramos fund amentada en el análisis de cont enido, técnica qu e ex plicare m os de
manera pormenoriz ada más adelante. Antes de proceder a definir las unidades
analizadas, queremos sustentar nuestra elección realizando algunas a pr eciac i ones al
respecto.
Se h a optado por sele ccionar el medio de m ayor difusión de cada un a de l as provincias
andaluzas, mientras que en Sevilla ha sido Diario de Sevilla , medio analizado en el
trabajo de investi ga ción, por ser un medio de la capital andaluza y que en c ierta manera
fuera repr esentativo de toda la Comuni dad Autónoma, ya que es una de las nueve
cabeceras pertenecientes al Grupo Jol y , primer grupo editorial andaluz.
Siguiendo el criterio d e difusión y los datos de e studio de la Oficina de Jus tificac ión de
la Difusión (OJD) de Julio-2012/J unio-2013, los medios analizados serán los siguientes:
PROVI NC I A
MEDI O DE
COMUNI CACIÓN
PROMEDI O
DIFU SIÓN GRUPO DE
COMUNI CACIÓN
ALMERÍ A La Voz de Almer ía 6.344 Grupo La Voz
CÁDIZ Diario de Cádiz 16.107 Grupo Joly
CÓRD OBA Córdoba 9.493 Grupo Z
GRAN ADA Ideal de Granada 19.199 G r upo Vocento
HUELVA Odiel 4.283* Grupo Gallardo
JAÉN Jaén 4.999 Grupo Z
MÁLAGA Sur 21.537 Grupo Vocento
* Dato recogido del OJD d e 2010 . El diario onubense Odiel I n f ormación desapare c ió con ese
nombre el 22 de octubre de 2 01 1, y comenzó a publicarse con el título de El Peri ó dic o de Huelva
y con la imagen d e los rotat ivos de la red del Grup o Ze t a. El 6 de octub re de 2 013 cerraba
definitivame nte también e st a ca becera.
Son cifras ex traídas de los informes de la OJD. Esta empresa privada calcula la tirada
(los ejemplares q ue se p onen a la venta) y la difusi ón (la tirada m enos los ejemplares
devueltos) en base a datos objetivos que contrasta con quioscos y ot ros puntos de venta.
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El segundo p aso en nu estra investigación se centra en la selección de casos a partir de la
temática ce ntral del estudio: el reflejo del nuevo perfil de las personas mayores, noticias
que re fleja n una nueva realidad diferente de la que presentaban los medios en años
anteriores.
En relac i ón al período a estudiar, nos planteamos por un l ado el marc o temporal entre
noviembre de 2007 a diciembre de 2012. Aunque y a a prin cipios del año 2000 se
empezaba a potenciar el concepto d e envejecimi ento activo, en España no sería hasta la
organización de la Conferencia Ministerial de l a R eg ión Económic a para Europa de
Naciones Unidas (CEPE) sobre envejecimiento, celebrada en León en noviembre del
año 2007, cuando re almente se dio un impul so a este tipo d e políticas en España, y a
defender “una sociedad para todas las edades”.
De esta última conferencia se deriva la Declaración Ministerial de León , que re co ge una
serie de compromisos d e los g ob iernos de los países miembros de la CEPE, para
avanzar en materia de en vejec imiento. Por ejemplo, en el punto 7 de di cha Dec laración,
se detalla como uno de los compromisos:
“Fom entar una i m agen positiva de las perso na s de edad, en particular m e diante el
sistema educacio nal y c a m pañas en los medios de di fusió n, puede contrib uir e n
gran m edi da a que s e a pr ecia de m anera más g eneralizada la aportación que est as
personas pueden hacer a la s ociedad . Alentamos el desarrollo d e actividades para
dar a con o cer entre el pú blico la i m portante y variada contribución que pueden
hacer las personas d e e d a d a sus fam il ias y a la soc i eda d”.
Entre otras actuaciones, esta Declaración Min isterial promueve las de stinadas a la
prevención y atención de la salud, a fomentar el envejecimiento activo, la vida
independiente, la participación social y la edu cación a lo largo de la vida .
A r aíz de esta De cla ración, se org anizaron dif erentes e n cuentros y f o ros sobre la s
personas mayores y los medios de comunicación.
Es cierto, que y a en 2005 , el Imserso el aboró l a Declaración de Santander . En esa
ciudad del norte de Espa ña, una serie d e periodistas, reunidos l os días 31 agosto y 1 de
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septiembre de 2005, recog ieron en esta Declaración l as aportaciones realizadas por los
asistentes al S eminario Las Personas mayores y los medios de comunicación y
expresaron en ella su v oluntad “de contribuir desde nuestros r espec t ivos medios de
comunicación a luch ar contra los estereotipos que imp iden a las personas m ay o res
participar e integrarse en nuestra sociedad como ciudadanos de pleno derec ho”.
En el preámbulo de dicha Declaración asumieron:
“La crítica que se ha hecho de que los medios de comunicación españoles ofrecen
una imag en ne g at iva y sesgada de las personas m ayores que no refleja la realid ad
de un cole ctivo heterogé neo i nteg r ad o por el 17 por ciento de la pob l ació n
española. El mensa j e sobre l o s m a yores es muy r educido, apar ece ligado a
conceptos como soledad, depende ncia, aisla m iento, enferm eda d y pasividad, ocul ta
la voz de los pro t agonis t as y evita mostrarles en im á g e nes” (2005 : 1 ).
Pero como ellos mismo s rec onocían, “no todos los medios de comunic ación cuentan
con profesionales especializ ados en el tema de los mayores”.
Los periodistas reunidos propusieron una serie de m edidas, que señalamos a
continuación:
1. M ostrar el envejecimiento como una etapa más de l a vid a, con sus ventajas y sus
inconvenientes. En una sociedad como l a nuestra, que promociona todo lo relacionado
con la belleza y l a juv entud, consideramos i mportante r esca t ar los valores que encarnan
las personas mayores como la serenidad, la exper iencia , el respeto, la independencia o la
memoria.
2. Acercarnos a los mayores de hoy para cono cer su perfil y orientar nuestro trabajo
profesional a sus nuevas circunstancias sociales p ara poder ofrecer un a imagen exacta y
ajustada a la realidad.
3. Inc l uir a las personas mayores como parte de la población en plano de i g ualdad con
los demás colectivos en todo ti po de informaciones y no sól o en las que están
relacionadas directamente con los ma y ores.
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4. Evitar el lenguaje pe yora tivo, paternalista y discriminatorio que contrib uye a reforzar
los estereotipos sociales sobre las personas mayores y utili zar de forma habitual los
conceptos pre fer idos por el colectivo. S in embargo, que remos d ejar const ancia de las
dificultades que en contramos los periodistas a la hora d e realizar nuestro trabajo ante
una excesiva limitación de la terminología.
5. Ofrecer imágenes gráfica s positivas de l os mayores, respetar su dignidad en todo
momento y reflejar la pluralidad del colectivo. Respecto a la comunicación comercial,
nos unimos a su malestar ante el abuso de l a publicidad ofensiva y rechazam os aquellos
mensajes en los que se ridiculiza a las personas ma y ores.
6. Propiciar desde los medios el tratamiento de los temas desde una perspectiva
intergeneracional y, por lo tanto, mucho más rica y ajustada a la realidad social.
7. Dar voz a las personas ma y ores, como ciudad anos independientes y pro tag onistas de
sus propias vidas. Acabar con su “invisi bilidad”, recurriendo a ellos como fuente
informativa, es el p rimer paso para que puedan conquistar el espacio que les
corresponde.
8. Informar al ma y or de las acciones e iniciativas que le be neficien y se an de su interés.
Pero como se reconoció en un encuentro de idé ntica t emática e idéntico título, pero
organizado s eis años más tarde en la misma ciudad, en l os primeros años esos consejos
no tuvieron mucho efecto, según l as conclusione s del Taller La i magen de los mayores
en los medios de comunicación (2011). Esta conclusión también es recog ida en el L ibro
Blanco del Envejecimiento Activo de España (2011: 361).
Es a partir d e 2 008 cuando s e empiezan a desarrollar polít icas en este sent ido. La J unta
de Andalucía en 2010 y el Gobierno de la Nación, en 2011, presentaron sus respectivos
Libros Blancos del Env ejec i miento Activo , que dedican un capítulo a la imagen y
tratamiento que realizan los medios de comuni cación de l as personas ma y or es y su
envejecimiento más activo. De todo ello hablaremos en esta investigación.
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Y cerramos en diciembre de 2012 con el objeti vo de que en futuras investigaciones,
analizar si tras la Declaración de 2012 como Año Europeo del Envejecimiento Activo y
la Solidaridad Intergeneracional , los medios de comunicación y los profesionales que
trabajan en ellos han asu mido e incorporado l as recomendaciones que sob re la m ater i a
están planteando los diferentes organismos y re g iones de la Unión Europea.
1.2.1. Bases teóricas de la metodología de análisis de contenido
La t éc nica de investi g a ción que se h a seleccio nado es el análisis de c ontenido, por
cuanto s e adopta como unid ad de análisis el mens aje. S ig uiendo a Clement e y Sant alla,
“el análisis de contenido, por sus características de técnic a des arr o llada de sde los inicios
de las i nvestigaciones sobre comunic ación, se h a convertido, c asi con ex clusividad, en
la forma de dete rminar la influencia que l os medi os de comunicación de masas ejercen
sobre la conducta humana” (1990: 11).
Berelson (1952: 18) s ostiene que el an álisis de contenido es “una técnica de
investigación para la d escripción obj etiva, sist emática y c u antitativa del contenido
manifiesto de la comunicación”. Para Clemente Díaz:
“Es quizá e s ta idea de la cuantificación la que permite distingui r entre e l
procedimiento científico de aquel guiado por la intuición. Si se desea cuantificar,
de forma objetiva y sistem ática , tal y como propone Berelson, s ólo queda una
opción: crear un sistema de categorías, que inequív ocamente perm ita codificar las
diversas partes del mensaje en cada una de ell a s ; es decir, categorías que sean
excluyentes entre sí, y pertinen t es al análisis (que se refieran al objeto de estudio).
Así, si conseguim os codificar adecuadamente el mensa j e , gran parte del trabajo
necesario p ara real izar una buena aplicación de la t éc nic a habrá sido subsanado”.
(1992: 65).
Hostil y St one (1969: 5) citado por Andréu Abela (2001: 3), abogan po r una definición
que aporta varios aspec tos mu y importantes respecto a l a realizada por Be relson. “El
análisis de contenido es una técnica de investi g a ción para formul ar inferencias
identificando de m anera sistemática y objetiva ciertas características específicas dentro
de un text o”. Desaparecen por tanto los requisit os de que los análisis de co ntenido sean
“cuantitativos” y “manifiestos” admitiéndose d e esta man era la posibilidad de que
dichos análisis puedan ser “ cua litativos” haci endo referencia al contenido “latente” d e
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los text os”. Además se añade un nuevo elemen to mu y important e: la inferencia. El
propósito fundamental del análisis d e contenido es realizar “inferencias”. I n ferencias
que se refieren fund amentalmente a la comunicación s imbólica o mensaje de los datos,
que tratan en general, de fenómenos dist intos de aquellos qu e son di re ctamente
observables.
Desde nuestro punto de vista, dos de los autores referentes en el estud io del análisis de
contenido son Laurence Bardin y Klaus K rippendorff. Se g ún este últi mo, profesor en la
Annenberg of Communicatios en l a Universidad de Penns y lvania, se t rata de “una
técnica d e i nvestigación destinada a formular, a partir de cier tos datos, infere ncias
reproducibles y válidas que pu eda n apli carse a su contexto” (1990: 28). P ara Andréu
Abela (2001: 3 ), “el elemento que añade esta defi nición es el ‘contex to’ como m arc o de
referencias donde se desar rollan los mensajes y lo s significados. Con l o cual cualquier
análisis de contenido debe realizarse en relación con el contex to de los datos y
justificarse en función de éste”.
Por tanto, es el i nvestigador s ocial qui en pu ede reconocer el si g ni ficado de un acto
situándolo dentro del contex to social de la situación en la que ocurrió.
En cambio, el otro autor que consideramos de referencia, Bardin, define el aná lisis de
contenido como “ el conjunto d e técnicas de análisis de comunicaciones tendente a
obtener indicadores (cuant itativos o no) por procedimientos sistemáticos y objetivos de
descripción del contenido de los mensajes, pe rmitiendo la infere n cia de conocimientos
relativos a l as condiciones de p roducc i ón/recepción (variables inferid as) de estos
mensajes” (1986: 32).
“Por lo tanto, pertenece al campo del análisis de contenido toda iniciativ a que,
partiendo de un conjunto de técnicas parcia les pero com plementarias, consista en
explicitar y sistematizar el c on t enido de los mensajes y la expresión de ese
contenido, con ayuda de i n di cios cuantificables o no. Todo ello con el obje t ivo de
efectuar deducciones lógicas y j u s tif icadas concernient e s a la fuente (el emisor y su
contexto -o eventualm e nte l os efectos- de los m ens a jes tomados en consideración.
El a na lista tiene a su disposición ( o lo cree) t od o un j uego de ope raciones
analíticas, m ás o m eno s a daptadas a l a na t u raleza del m at erial y al problema que
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trata de resolv er . Puede ut ilizar un a o varias que sean com pl em ent arias p a ra
enriquecer los resultados o aumentar su v alidez y pretende r así una i n t erpr etació n
final f undam entada. T odo análisis objetivo t iene com o m eta afianzar las
impresiones, los juicios intuitivos, con operacione s conducentes a resultados
fiables” (I bid) .
En general, las d ef inicio nes pueden ser múltipl es, destacándose fundamentalmente tres
grandes tipos (Clemente y S antalla, 1990: 12 y 13):
1) Las que realizan un énfasis en los aspectos metodológicos de la técnica, ge n eralmente
en lo que se refiere a la objetividad, a la codificación y a l a cua nt ificación.
2) L as q ue se centran en el o rigen de la t écnica y en sus habituales apli ca ciones,
enfatizándose qu e es una técnica que permite el análisi s de los mensajes d e los medios
de comunicación de masas.
3) Las que, cons cientes de que con la misma s e descubren ideologías, v alores y datos
que permiten evaluar pos ibles efectos persuasivos en la audien cia, y cambios de opinión
y de actitudes, enfatizan que es una técnica que permite el análisis de los discurso
políticos.
A modo de resumen, Clemente y Santalla definen el análisis de contenido como:
“Una técnica de recogida de información, que debe r eu nir todos los requisitos
científicos nec e sario s como técni c as de m edida, más los qu e se refieren a u n
sistema de creación de c a tegorías que, em pl eado dentro d el es qu e m a general de
una inves tigación, ob t iene información num ér ica y cuantificabl e a través del
contenido manifiesto de un documento, con lo que perm it e 'descubrir' aspect o s del
m is m o que no figuran en él de manera directa, evitando el p roblema de la
obstrusividad, y que es d e gran ayuda para el e s tudio de todos aquel los proceso s e n
los que está im plí cita la influencia so cial” (1991: 16 ).
El análisis de contenido se encuentra en la frontera de otras técnicas como el análisis
lingüístico, el análisis documental, textual, de discurso y semiótico.
Con respecto al análisis l ingüístico, Bardin (1986: 33) destaca que “la li ng ü ística estudia
la lengua para describir su funcionamiento. El análisi s de contenido trata de saber lo que
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hay detrás de las p alabras a las que s e d edica. La lingüística es un estudio de la l engua ,
el análisis de contenido es una encuesta, a través de mensajes, de otras realidades”.
Para diferenciar d el análisis documental, también citaremos a Bardin (1986: 35). Define
el análisis documental como l a operación, o conju nto de operaciones, tendentes a
representar el contenido de un documento bajo un a forma diferente de la su y a original a
fin de facili tar su consult a o localización en un estudio ulterior. Se diferencia
esencialmente del an álisis de contenido en que el documentalista actúa
fundamentalmente s obre los documentos mi entr as que el analista d e contenido actúa
sobre los mensajes comu nicativos. El análisis documental se hace princ ipalmente por
clasificación e i ndexación temática, el análisis categorial temático es una entre v aria s
técnicas d e an álisis de c ontenido. Por último, el objetivo del análisis doc umental es la
representación cond ensada d e la información para almacenamiento y consul ta, mi entra s
que el análisis de contenido trata de actualiz ar indicadores que permitan inferir de una
realidad, otra diferente al mensaje.
Andréu Abela (2001: 9) nos muestra las diferencias con respecto al resto d e análisis
mencionados anteriormente. P or ejemplo, con respecto al análisis t extual, la primera
diferencia con el análisis de cont enido se basa fu ndamentalmente en que este últi mo se
puede re alizar tambi én a través de observaciones no text uales, por lo tanto l as técnicas
de análisis de contenido pueden abarcan tanto análisis t e x tuales como no textuales.
Como y a hemos señalado anter iormente, otra téc nica diferente al análisis de contenido
es el análisis de discurso. Siguiendo con este autor:
“El análisis de d i scurso hace referencia f u ndamenta lmente al acto conv er sacio na l y
a los procesos estructu rales de interacción que en él se producen. Ti en en en común
con el análisis de contenido la bús qu e da últim a del sentido de l texto, pero se aleja
de él en que el análisis de discurso suelen acogerse a ciertos enfoques teóricos de
nivel interpreta tivos en la que cualquier interposición , como l a representada por la
estricta metodo logía analí tic a del a ná lisis de conteni do, c or re e l pel i g ro de ser
considerada m á s com o un estorbo que com o una ayuda” (200 1: 10).
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Por último, con respec to a la semiótica actual, Andréu Abela defiende que también se
ocupa del si gnificado de los textos tal como lo hace el análisis de conte nido, pero se
diferencia de éste, en que su unidad última de análisis es el signo. A t ra vés de estos
signos la semióti ca pret ende fund amentalmente l a construc ción del tex t o más que s u
análisis y adopt a tod o un aparato descriptivo-interpretativo de las acciones de l os
sujetos.
Metodología del análisis de contenido
Toda inv estigación med iante la técnica de an álisis de contenido ha de di stinguir v arios
pasos diferentes en su proceso.
1.- Preanálisis. Determinar el objeto o tema de análisis.
2.- La codificación.
3.- La categorización o codificación respecto a categorías
4.- La inferencia.
1. Preanálisis. Determinar el objeto o tema de análisi s.
Determinar cuál es el objeto de an álisis signi fica p reguntarse por qué se qui ere
investigar, se eligen los documentos, se analizan las i nvestig aciones previas s obre el
tema en cu estión, s e pla ntean las hipótesis, los o bjetivos y se elaboran los indicadores
en que se apo y ar á la inve stiga ción. Tien e por objet ivo la sis tematización de las ideas de
partida.
Para Bardin (1996: 72 y s s), los pasos a seguir son:
- La lectura “superficial”.
- La elección de l os documentos que se van a analizar y l a constitución de un corpus, es
decir, el conjunto de documentos tenidos en cuenta para ser sometidos a los
procedimientos analíticos. Esto im plica cumplir l as si g ui entes reglas:
- Ex haustividad. Se debe tener en cuenta todos los documentos del corp us (no
selectividad).
- Representatividad. Cuando está dispuesto el material, se pu ede ef ec tuar e l
análisis con una mu estra. El muestreo se considera ri g uroso si la mu estra es una
parte representativa del universo de partida.
32
parte indi ca dores emple ados con anterioridad por Mª Euge nia Polo (2006: 219-225), en
su T esis Doctora l, aunque en alg unos de ellos se dis cre pe en cuanto a la valoración de
los mismos.
Con respecto a los indi ca dores, estos serán los siguientes (ficha tipo de análisis
utiliz ada ):
AÑO:
DÍA DE LA SEMANA:
LOCALIZACIÓN:
EXTENSIÓN:
TÍTULO:
TIPO DE T Í TU LO (informativos, expresivos, apelativos o temáticos):
OTROS ELEMENT OS DE TITUL AC IÓ N:
ANÁLISIS DE CARACTER Í ST I C AS QUE MOT I V AN LA INFOR MACI Ó N
(actualidad, noved ad, prox imidad, prominencia, conflicto, rareza, tras ce ndencia, int er és
humano, …):
TEMA:
SECCIÓN:
ÁMBIT O:
IMAGEN:
FUENTE U ORIGEN DE LA INFORMACIÓN:
33
GÉNERO:
FIRMA:
DENOMINACIÓN DE L CO L ECT I V O:
EDAD:
SEXO:
REFLEJO DE UNA N UEV A R EALIDAD:
T odas estas variables ser án definidas a continuaci ón y cu antifica das en el capítulo de
análisis de los resultados, un análisis que nos permitirá extraer conclusio nes comunes
sobre cuál es el comportamiento de los medios en los casos tratados.
En este sentido, no p odemos partir del prejuicio según el cual lo s medios de
comunicación realiz an un tratamiento adecuado o inadecuado de l as realidades
informativas que nos interesa analiz ar , sino que la idea fundament al es evaluar cómo se
comporta el medio. A partir de esta prospectiva, nuestro objetivo será descubrir los
aspectos ad ecuados de dichos t rata miento (muestra de un envejecimiento más activo de
las personas ma y ores ), pero también las cu estiones m enos posit ivas (ima ge n
estereotipada y pasiva, p rotagonistas d e noticias negativas y sucesos…) que pueden ser
corregidas par a contribuir a un periodism o que informe y fo rme mejor a l a sociedad en
aquellas temáticas que t ienen que ver con las personas ma y o res, t eniendo en cu enta,
como hemos señala do anteriormente, que estamos analizando un period o de transición
en lo que respecta a la nueva realidad de este colec tivo.
1. Número de unidades. Consi dera remos el número de unidades publicadas, para valorar
si ex iste un may or interé s por el tema. El ma y or número d e info rmaciones no significa
que el tratamiento sea el adecuado o que las perso nas mayores se sientan m ás integradas
en la sociedad. P ero, a priori, es evidente que el caudal informativo es sintomático d e la
sensibilidad del medio de comunicación hacia un determinado tema.
34
2. Año. S i la prensa andaluz a refleja l a realidad d el crecimiento de la pobl ación ma y or ,
entonces tendrá qu e h aber una correlación con el número de informaciones publicadas
sobre las personas ma y ores se g ún se avance en los años.
3. Día de la semana. Según se desprende d e los datos de tirad a y difusión que
periódicamente publica la Ofi cina d e la J ustificación d e la Difusi ón (OJD), las
informaciones publicada s l os sábados, domingos y lunes son indicativos d e más interés
por parte d el medio q ue los publicados durante el resto de l a semana. Conflu y en tres
factores: se venden más periódicos, los fines de semana los l ec tores disponen de m ás
tiempo d e ojear el pe riódico y las pá ginas de los p eriódicos se incrementan en rela ción a
los días no laborables, mientras que los lunes es postrero a una jornada deporti va.
4. L o calización. Como señala Pol o (2006: 220 y 221 ), el que los cont enidos de un
periódico se publiquen en una p ágina u otr a no es algo aleatorio ni fruto de la
improvisación. S u ubicación responde a un crite rio de preeminencia, cuyo clímax se
halla en la portada. Junto con la contraportada, son l a tarjeta de p rese n tación de los
diarios. No obst ante, la p ree minencia se mide, ent re otros factores, por el hecho de que
las páginas sean pa res o impares. Se p arte de la base de que éstas últ imas son más
susceptibles de ser vistas que las pares. Esto explica que los anuncios publicitarios
incrementen s u coste cu ando aparecen en las páginas impares (amén de la portada y
contraportada). Por tanto, en gradación descend ente, se conside ran indi cador de más
importancia los contenido s publicados en el siguiente orden: portada, contraportada,
página impar , pá g i na par .
5. Ex tensión. Otra variable que mide el interés que un m edio otor ga a un t ema es la
extensión que le dedica. Cuanto más espac i o se re serve a un contenido, se considera que
ese m edio cuantitativamente se preocupa más po r él. Pa ra ell o, si guiendo a Polo (2006:
221) de nuevo, considera mos a una información breve s i el tamaño de la información es
de m enos de una columna; intermedio (de una columna a media página); larg o (de
media pág ina a una página); y ex tenso ( cuando la i nformac i ón o cupa más de una
página).
35
6. Título. El t ítulo es siempre la “ carta de pr esentac ión” de la notici a. Para ello,
diferenciaremos si éstos son informativos, expresivos, apelativos o temáticos. A su vez,
analizaremos si exi sten otros elementos de ti tulación, valorando aquellas i nformac i ones
que estén acompañadas de otros elem entos gráficos di stintos a la imagen como son los
destacados o despieces.
7. T ema. Es quizá uno de los i ndicador es más in teresantes. T radicionalmente, y según
comprobaremos en el marco t eór ico posterior , las personas ma y ores er an protagonistas
de noticias relacionadas con sucesos, salud o residencias. Ho y los ma y ore s tambi én son
identificados con t emas como las nuevas t ec nologías, el ocio y ti empo libre, el
envejecimiento saludable y activo, la interg en eracionalidad, formación… Si l a persona
mayor aparece como activa, el medio dar á un a mejor ima gen y más positiva del
colectivo.
8. Sección y ámbito. C uanto más cercana se a l a i nforma ción al entorno de los lectores,
se consider ará que tien e ma y o r calidad, y a que re fleja m ejor la reali dad cercana,
objetivo de periódicos locales como los que vamos a analizar .
9. I ma ge n. La i magen realza las informacion es a las qu e a compaña. Desde esta
investigación, s e considerará de representación más p ositiva de las pe rsonas mayores
aquellas imágenes en las que aparezcan acompañados de jóvenes o menores
(inter generacionalidad), s eg uida de aquellas en l as que s ea n protagonistas de m ane ra
activa (practicando deporte, consumiendo, formándose…).
10. Fuente u ori ge n de l a información. Se valorará aquellas fuentes en las que el ori gen
de la inform ación sean l as propias p er sonas m ayores o asociaciones de mayores, y en
menor medida, las no ticias basadas en a g encias. Con resp ec to a las fuentes
institucionales, se deberán tener en consideración y a que en el caso del Go bierno central
(I mserso, p rincipalmente), y la J unta de Andalu cía (Consejería con competencias en
políticas sociales más c oncre t amente), so n al gunas de las instituciones que más están
concienciando a los medios en mejorar su trato ha cia las pe rsonas de edad.
1 1. Género informativo. En esta investigación analizaremos únicamente el gé n ero
informativo, dejando para futur as investigaciones el opinativo o los anuncios
36
publicitarios. Dentro de la informa ción, se rá menos valorable el que un m edio se li mite
a publicar noticias (como género informativo ‘p uro’ por antonomasia) o crónicas, o si
trata de ir más allá publicando reportajes o entrevist as.
12. Firma . Como señal a Polo (2006: 224-225), citando a autores de relevancia como
Álex G rijelmo o Martín Agua do, la firma es una garantía de indepe nd encia, en la
medida en que demuestra que el periódico ha obtenido la información por sus propios
medios. L os contenidos r ubricados son, pues, un sello de calidad informati va. En orden
decreciente lo id eal sería que apareciera la firma completa (con nombres y a pellidos);
luego iniciales y a pellidos o sól o l as ini ciale s; después el periódico qu e publica l a
información (o r eda cció n); una firma m ixta (es decir redactor -agencia, periódico-
agencia…); a g encia, y po r último, textos sin fir mar (el anonimato es la actitud más
desaconsejable).
13. Denominación del colectivo. Esta es otr a de las variables determinantes, de ahí que
dediquemos un epígrafe compl eto en l a in vestigación. Es mu y important e el t érmino
que se utilice para deno minar al c olectivo, y a que algunas de sus acepciones han
transmitido una imagen estereotipada y negativa. El uso del término ‘personas ma y ores’
o ‘ma y o re s’ será el mejor valorado y el peor , ‘viejo’. El resto de denominaciones tomará
valores intermedios.
14. Edad. En esta invest ig ación hemos defendido que el nuevo pe rfil de la persona
mayor está más identi fica do con edade s más cercanas a los 65 años, mientras que el
perfil menos ac t ivo o dependiente e s aqu el que supe ra los ochenta años. Por ello,
tendremos en cuenta como variable la edad para justi fica r nuestra hipótesis de estudio.
15. Co n respecto al sex o, a mod o indicativo analiz are mos el sexo de las personas
protagonistas de las inform ac iones, diferenciando también cuándo se habla del colectivo
de forma ge n érica. La m ujer si empre ha s ido más di scriminada sin diferenciar su edad,
por ello tendremos en cuenta si el p er fil de persona ma y or a ctivo es más predominante
entre los hombres o por igual en las mujeres.
16. P or último, el an álisis de contenido aporta i nformac i ones suplement arias al lector
crítico de un mensaje. Como hemos señalado anteriormente, es la inferen cia (deducir lo
37
que ha y en un texto). Analizaremos si las noti cias reflejan l a nueva r ealidad de las
personas ma y ores o no . Aunque se trata de u na conclusión subjetiva, estará basada en
indicadores objetivos (temática de la información, denominación del colectivo, …).
En síntesis , el trabajo de campo se ha apo y ado en 16 variables para tr atar de analiz ar e
interpretar una realidad que es compleja y h eter ogénea.
AÑO Y MES
2007
2008
2009
2010
201 1
2012
DÍA DE LA SEMANA
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
V iernes
Sábado
Domingo
LOCALIZACIÓN
Página Impar
Página par
Ambas
EXTENSIÓN
Breve (menos de una columna)
Intermedio (de una columna a media página)
Lar go (de media págin a a una)
Extenso (más de una página)
38
TÍTULO
Informativo
Expresivo
T emático
Apelativo
OTROS ELEMENT OS DE TITUL AC IÓ N
Cintillo
Epígrafe
Antetítulo
Subtítulo
Destacado
Despiece
Infografía
TEMA
Economía
Envejecimiento activo
Nuevas T ecnolo g ías
Envejecimiento Saludable
Inter generacionalidad
Dependencia
Salud
T urism o
Residencias
Centros de Día
Sucesos
Pensiones
Ocio
Asociaciones
Universidad/Formación
Longevidad/Envejecimiento
Servicios Sociales
39
Cultura
Solidaridad
Geriatría
Medio Ambiente
Política
SECCIÓN
Portada
Local
V ivir en…
Provincia
Andalucía
Nacional
Internacional
Sociedad
Salud
Economía
T urism o
Cultura y Ocio
Deporte
Pasarela
T elevisión
Contraportada
ÁMBIT O DE L A INFORMAC I ÓN
Local
Provincial
Regional
Nacional
Internacional
IMAGEN GRÁFICA
Sí, inter generacionalidad
Sí, personas ma y ores
40
Sí, ma y ores y no ma y o res
Sí, pero no mayores
Sí, pero sin personas
Infografía
No ha y
FUENTE
Agencia
Ámbito judicial
Asociaciones
Entidad
Estudios/ I nformes
Experto
Familiares
Fuerzas de seguridad
Institucional
ONG/Fundaciones/Obras sociales
Partidos políticos
Personas ma y ores
Sindicatos
Sin especificar
Otros
GÉNERO PER I OD Í S TICO
Noticia
Reportaje
Entrevista
Fotonoticia
FIRMA
Hombre
Mujer
Inic ial y Ap ellido
Inic iales
41
Inic ial y Ap ellido y A ge ncia
Redacción
Agencia
Sin firma
DENOMINACIÓN DE L CO L ECT I V O
Mayores/Personas mayores
T ercera edad
Cuarta edad
Jubilados/as
Pensionistas
Seniors
Sexagenarios
Abuelos/as
Ancianos/as
Personas dependientes
V iejos/as
Otros
EDAD
Mayores de 65 años
Menos de 65 años
De 65 a 74 años
De 75 a 84 años
De 85 a 100 años
Más de 100 años
Sin especificar
SEXO
Hombre
Mujer
Colectivo
48
Nuestro propósito, como no podía se r de otra ma nera, es do cumentar el objeto de
estudio de la forma más completa posi ble, ac u diendo a la m ayor pa rt e de fuentes
secundarias, y no sólo desde aquellos temas que han sido fundamentados en estudios
anteriores de forma parcial, sino desde una óptica investigadora integradora y flexi ble.
No obstante, esta investigación parte de un a serie de e studios anteriores que n os han servido
como g uía y ma rco conceptual para d e sarrollar nuestro planteamiento, a unqu e ninguno d e
ellos enfocado a los medios de comunicación de ámbito andaluz.
En este sentido, desde el punto de vi sta metodol ó gico, tenemos que r epa sar brevemente
-a l o largo del trabajo o en la bib liogr afí a q ue cierra la i nvestigación, se pueden
consultar de una mane ra más detenida l as ba ses científic as en las que nos h emos
basado- las referencias más destacadas y los antece d entes que cons ideramos más
relevantes a la hora de confeccionar esta investigación.
Por un la do, en l o relativo a las personas may ores y los medi os de com un icación, nos ha
sido de re f e rencia im po rtante la Te s i s Doctoral de
Mª Eugenia P olo La repr esentación de
los mayores en los perió dicos de C astilla y León ( 1983-2001 ) , y a que, pe se a no hace r
mención al conce p to de envejecimiento ac tivo, sí nos muestra de manera pormenorizada
y ex haustiva, el tr atamiento negativo y estereotipado que hacen de las p ersonas ma y ores
los medios de comunicación del ámbito de su Com unidad Autónoma.
También nos ha a y ud ado en gran medida l as actas de un congreso cu y a temática giraba
en torno a las personas ma y ores y los m edios de comunic ación. Nos re ferimos al
organizado por la Xunta de Galicia, en colaboración con el Colex io Profe sional de
Xornalistas de G alicia y el Observatorio Gal ego dos Medios, en el año 2 007, editadas
bajo el nombre de ‘Comunicación e Persoas Maiores’, por Luis Álvarez P ousa, Joám
Evans Pi m y Bárbara Kri stensen . A su vez , el Informe sobre La imagen de las personas
mayores en los medios d e comunicación de masas y la opinión pública, enca rgado por
la Unión Democrática d e Pensionistas y J ubilados de Esp aña (UDP) a los investigadores
Matilde Fernández-Cid y Ángel Martín Caño.
49
Además de estos anteced entes, s e h a rastreado todos aquellos artículos o revistas sobre
dicha temática, entre e llas las publ icada s por la Universidad d e Al icante, única
Universidad qu e cuenta con una asi gnatura sobr e las pe rsonas m a y ores y los m edios de
comunicación. Así como los escritos y ponencias de una de las periodistas referentes en
la m ater i a como Loles D íaz Aledo, di rectora dura nte veinte años del p rograma, El club
de la vida , de R adio Nacional de España. Text os como por ejemplo Los Mayores en los
medios de comunicación (2003), Envejecer es vivir (1993), o su intervención en el
Congreso Internacional sobre Envejecimiento Act ivo, celebr ado en Sevilla en 2010.
Y por supuesto, l as J ornadas organiz ada s por el I mse rso sobr e Personas Mayores y
Medios de Comunicaci ón (2005, 2010 y 201 1), algunas en colaboración con la
Universidad Internacional Menéndez y Pela y o , y en las que, sobre todo las celebradas
en 2011, sí presentan unas conclusiones más pare cidas a las que defendemos en este
estudio.
En lo que respecta al anál isis del contexto sociode mográfico de las personas may or es en
Andalucía, han s ido importantes los escritos y documentos firmados por Juan L ópez
Doblas, sociólogo y profesor de l a Universidad de Granada, principal inve stigador en l a
materia y uno de los c olaboradores del L ibro Blanco del En vejecimiento Activo de
Andalucía , así como el demógrafo J ulio Pérez Díaz, principal defensor de no considerar
el envejecimiento de la población como un problem a o un fe n ómeno “improductivo”.
En lo puramente cualitativo del perfil de las pe rsonas m ayores, la ma yor ía de datos
proporcionados correspo nden a l os i nforme s p resentados año tras año p or el Instituto
Nacional de Estadística (INE) y el I m serso, y las encuestas des arrollada s para diferentes
investigaciones, así com o los documentos Aportaciones de l as personas mayores a l a
sociedad. Análisis sociológico de Mª Teresa Bazo (1996), o El nuevo di scurso de los
mayores: la construcció n de una nueva identidad social , de Antonio Trinidad R eque na
(2006).
En l o relacionado con la s polít icas sobre el envej ecimiento, el si g nificado de la vejez y
los estereotipos sobre las personas ma y ores, las aportaciones de R ocío Fernández-
Ballesteros ( Mito s y realidades sobre la vejez y salud , 1992) o de J uan Luis Fu entes
Gómez-Calcerrada, y Nu ria Navarro Cortés ( Los mitos y estereotipos sobre la vejez en
50
los medios de comunicación y la import ancia de la educación int ergene ra cional , 2009),
han sido mu y destacadas.
En lo que respecta al Envejecimiento Activo, teniendo en cuenta lo novedoso del
concepto, nos hemos basado principalmente en los Libros Blanc os elaborados por la
Junt a de Andalucía, en p rimer lugar (2010), y el Gobierno de España, con posterioridad
(2011), para todo lo relacionado a la definición y el desarrollo de sus po líticas, líneas
estratégicas, retos y recom endac i ones.
Por último, también se han utilizado fuentes di re ctas tanto en el ámbito de la sociolo g ía,
la antropología y la polít ica, periodistas y editores de r evistas especiali zadas, y por
supuesto, las propias personas mayores.
51
2. ANÁLISIS CUANT I TAT I V O Y CUALITATIVO DE LAS P ERSONAS
MAYORES EN ESPAÑA Y ANDALUC Í A
2. 1. INTRODUCCIÓN
La s sociedades europeas actuales se enfrentan a una realidad d emográf i ca que requiere
actuaciones importantes en el ámbit o de la convi vencia, la i ntegración y el bienestar.
La s personas ma y ores están viviendo transformaciones sociales que las hacen, en
síntesis, afrontar su envejecimiento de una manera diferente a las pautas tradicionales.
Pero no debe confundi rse el envejecimiento demográfico con el en vejec i miento
humano, aunque a lo la rgo de esta i nvestigación ut ilicemos a menudo los 6 5 años con el
objeto de ser oper ativos en el análisis del grupo de población de ma y or edad,
protagonista no s ólo de un incremento espectacular en cuanto a número sino de un a
serie de tendenci as bastante profundas qu e ponen de manifiesto el desarrollo de nuevas
formas de envejecer.
Andalucía no es una e xcepción en el envejecimiento rápido y p rogresivo de su
población. Se gún los d atos del Instituto de Estadíst ica de Andalucía, en esta Comunidad
Autónoma el 15,91% de l a pobl ac ión t iene más de 65 años, es decir, más de 1.300.000
personas. Es to supone que la población ma y or a ndaluza se ha triplicado en sólo 50 años
(desde 1960). Este envejecimiento, además, se g ui rá ascendiendo, y a qu e se prevé que en
el año 2050 las personas ma y ores supongan casi un tercio de la población andaluza -el
30,9%-, es decir, el doble del porcentaje actual (Fernández Cordón, 2007: 5).
Otro dato destacado que arroj a el análisis demográfico es el de la feminiz ación del
envejecimiento. El 16,9% de las mujeres tiene h oy m ás de 65 años, frente al 12,7% en el
caso d e los hom bres. La previsión es que esa diferencia aumente y e n 2050 se an
mayores el 31,9% de las muj er es y el 26,3% de l os hombres. Estas diferenc ias son aún
más acusadas e n el ca s o de las personas ma yores de 80 años, tramo en el que el
porcentaje actual de m ujeres (4,9 %) dupli ca al de hombres (2,8%), po rcentajes que
llegarán al 11,5% y al 7,8%, respectivamente, en 2050 (Libro Bl anco del
Envejecimiento Activo de Andalucía , 2010: 52).
52
Este pro gr esivo aumento demográfico obliga, por tanto, a dar respuesta a las demandas
de un grupo poblacional que necesita participar en la vid a so cial, cultural, polít ica y
económica, y no sól o recibir una atención de carácter asistencial. P orque, la esperanza
de vida al llegar a los 65 años se si túa en 16 años más, en el caso de los hombres, y 2 0
años más, en el de las muj er es, según los datos de prospección publicado por el Imserso
en 2012.
En la actualidad, las personas mayores son cada vez más activas, quieren vivir con
mayor autonom ía, viajar y realizar m ás actividades. Y, sobre todo, quieren aportar s u
experiencia, se guir d esarrollándose como personas y p articipar activamente en la
sociedad. Adelantarse y ada ptarse a estos cambios demográficos y s ociológicos es un
reto que necesita propuestas y r espuestas, por que nos afec t a a todos y a tod as.
En España, d ebemos apo star por p asar de in terpretar el envejecimiento de la población
como un problema a abordarlo como una “oport unidad”, y reivindicar el papel de l a s
más de 8,4 mill ones de personas ma y o res d e 65 años (más d e 1.300.00 0 mayores en
Andalucía) como un recurso que contribu y e a producir riqueza y a esti mular la
economía.
Moreno Nav ar ro (1999: 42) considera d esafortunado hablar de “env ejec im iento de la
población”, ya que s upone un enmascaramiento de los aspectos positivos que conllevan
el descenso de la mo rtalidad y el alargamiento d e la vi da medi a: “ La fr ase tiene una
connotación n ega tiva, p orque, en nuestra s ociedad productivi sta y en altece dora de
cuanto tenga el marchamo de ‘joven’ (...) el envejecer tiene una malísima p rensa ”.
La pe rcepción de las personas ma y ores y el proceso de envejecimiento c omo problema
“condiciona en cierto mo do las ideas, estereotipos y en particular l as a ctitudes hacia los
mayores, espe cialmente en una sociedad dom inada por l a influencia de los medios de
comunicación, y con un creciente mercado d e pr oductos y servicios orien tados a ellos”
(Montoro Rodríguez, 1998: 21-22).
El envejec imiento debe ser contemplado como un proceso que a todos nos afec t a, que
requiere m odulaciones sociales y r espuestas ada ptadas. Pero no sólo de los poderes
públicos, sino de la propia sociedad, de la propia ciudadanía en un empeño común. Por
53
ello se hace pre ciso adoptar hábit os de vida saludable, anima rse a p articipar, a vivir…,
crecer cada día como p ersonas indivi duales y como miembros de la soci edad. Y en este
proceso, es vital el papel de los medios de comunicación.
Como señala el Li bro Blanco del Envejecimiento Activo de Anda lucía en su
Introducción, varias consideraciones deben se r d erribadas y va rios prejuicios deben s er
desalojados para sentar las bases de un correcto concepto de envejecimiento activo:
- la primera, p ensar que el espe ctac ul ar envejecimi ento de la pobl ación es una am enaza
para la sociedad del bienestar es una visión que oculta la oportunidad y reto que
conlleva;
- la se g unda, que las personas ma y or es no representan pasivos d e gasto y d e
contribución, sino qu e p or el contrario, producen riqueza y estímulos en l a economía al
crear sector, conllev an una adapt ación en la forma de p restar los servicios públicos
dando entrada a empleados públicos m ás c ercanos, humanos y eficaces;
- la tercera, que a yudan a las familias y aportan experiencia, que contri buye n a crear
mejoras en los entornos (2010: 17).
El envejecimiento activo no ha de verse sólo como una política de acc ión derivada de la
necesidad de adaptarse al cambio demo g rá fico que produ ce el envejecimiento de la
población. Debe ser co ntemplado como un impuls o de transformación , que permita
adaptar la sociedad -c on el esfuerzo de los poderes púb licos, los m edios de
comunicación y la ciudadanía- a un cambio de pa radig m a sobr e la ima gen y v alor d e las
personas ma yor es, consi dera nd o el env ejecimiento activo como un generador d e
oportunidades, bienestar, riqueza y empleo.
Como señala para esta investigación Mª José Castro Nieto
2
, Directora General de
Personas Ma y ores de la J unta de Andalucía desde el año 2008 al 2012, “aprender a
gestionar l a edad s e co nstituye como un factor clave en la constru cción de nuestro
concepto. Se tr ata de ac ompasar nuestra aportació n social a la evolución y al proceso
vital, que ofrece formas distintas de seguir siend o útiles en una socie dad que nos sigue
necesitando a medida que envejecemos”.
2
Entrevista re alizada en per sona el 0 2-03-2011 .
54
Nuestra visión del env ejecimiento activo en este estudio parte de l a definición de
envejecimiento activo dada por la Organización Mundial de la S alud (OMS),
entendiéndolo como el “proceso de optimiz ac ión de l as oportuni dade s de salud,
participación y se gur ida d con el fin de mejorar l a calidad de vida a m edida que las
personas envejecen” (2002: 99). Y añadimos la educación y formación para toda la
vida. Com o un proceso sin interrupción que nos acompaña a lo largo de toda nuestra
existencia y que no se queda en la puerta de la jub ilación.
Entendemos el e nvej ecimiento a ctivo como: vivir seguro, contando con l os apoyos
sociales, jurídicos y sani tarios, caso de necesitarse. Es vivir con salud, disponiendo de
recursos que le pe rmitan desenvolver una vi da saludable. Es vivir s intiéndose
reconocido r espetado y requerido para apo rtar a la sociedad. Es vivir formándose y
educándose a lo largo de toda la vida.
La tan t raída ima gen de l a soledad con tintes ne ga t ivos qu e acompaña a las person as
mayores pued e ser real para una parte del colectivo de las personas ma y ores, pero en
todo caso, no es tan ex tensa como los propios medios de comunicación refl ejaba n , y en
menor medida, todavía reflejan, y la sociedad ti ene g rabado en su subconsci ente.
Sin embarg o, se vi slumbra la di versificación en el t rata miento mediático de las persona s
mayores informando sobre sus nuevas formas de presencia social, con rasg o s más
positivos y vitales.
55
2.2. ¿QUÉ SE ENT I EN DE POR ENVEJECI M IENTO?
En pleno siglo XXI nos encontramos ante un proce s o global de envejeci miento de la
población en t odo el mundo , con un aumento progresivo de la esperanza de vida gracia s
a los avances en medicina que, j unto con la reducción de l as tasas de natalidad, está
provocando una alteraci ón de l as pirámides p oblacionales y por tanto una clara
influencia social y económica.
El descenso de la mortalidad, la caída de la fecundidad, lo s avances sanitarios y
tecnológicos y l a tend encia al retorno de lo s inmigrantes están generando un
envejecimiento nun ca antes conoc ido, sobre todo en Europa, donde l a esperanza de v ida
es la más alta de toda su historia: 84 años de media en Francia y 83 en Españ a (la
segunda del continente y una de l as más altas del planeta según estud ios d e Eurostat de
2009) y cu y o crecimiento se va a acelerar a partir de 2025 llega ndo a los 15 millones de
personas ma yores de 65 años en España (d atos de previsión del INE de 2010), es decir,
el 32 por ciento de la población.
Esta si tuación desafía l a capacidad de la so ciedad par a re g enerarse y hace n ecesario
proponer un reto de futuro a la socied ad pa ra conseguir una m ayor lon gevidad con más
salud y un aumento d e la calidad de vida de la población. P ero el r eto del
envejecimiento no d ebe ser s ólo tenido en cuenta desde la perspectiva económica, sino
como un reto y a l a vez una oportunidad de negocio d edica do a una franja de población
cada vez más numerosa y con una demanda más exigente (CSIC, 2010). Y los medios
de comunicación, como empresas que son, no deben ser ajenos a este proceso.
Sin embarg o, este proceso de envej ec imiento debe ser también desde un a perspectiva
social, teniendo en cue nta las necesidades de la población ma y o r y d edicando los
recursos necesarios para crear el mar co que garantice las futuras expectativas de vida
con el adecuado orden social.
En este contex to, la temática del env ejecimiento ha tomado un protagonismo
generalizado en las diferentes estrate g i as y líneas de actuación cl ave en las políticas de
investigación e innovación de las principales economí as mundiales.
56
Pero, ¿qué se entiende por enveje cimiento? Es importante distinguir el envejecimiento
como proceso, del pro ceso d e env ejec imiento . El envejecimiento como proceso
(podríamos decir, el envejecimiento “normal” ), representa los c ambios bi ológic os
universales que s e produ cen con la edad y que no están afectados po r la influencia de
enfermedades o del entorno. No todos estos cam bios relacionados con la edad tien en
consecuencias clínicas negativas.
El conce pt o de v ejez dep ende no sol amente de l a edad cronológica si no también del
concepto que cada sociedad tiene de esta etapa vital (McPherson, 1986: 7).
Una de l as definiciones más uti lizadas relaciona el proce s o de Envejecim iento con la
degradación del si stema fisiológico: “El Enveje cimiento es un proceso que convierte a
los adult os sanos en sujetos frágiles, con una dism inución en la reserva de l a ma y oría d e
los sistemas fisioló g i cos y un a vulner abilidad ex ponencial a la mayoría de las
enfermedades y a la muerte” (Miller, 1994, citado por I ms erso, 2002: 13).
Para Biner y Bourliere (citado por Vicente Rom o, 2001: 11), el envejecimiento es la
serie de modi ficaciones m orfológ i cas, psicoló gicas, bioquímicas y funcionales que
aparecen como consecuencia de la acción del paso del ti empo sobre los seres vivos. Por
su parte, Handler, consid er a que envejec er es “el envejecimiento es el deterioro de un
organismo m aduro, d eter ioro resultante de cambios ligados al tiempo,
esencialmente irreversibl e, e intrínse co a t odos los miembros de la especie”, (citado por
Martín Rodríguez, 2006: 12).
Sin embarg o, según la d efinición de l a Organiz ac ión Mundial de la S alud (OMS), el
Envejecimiento se def ine como: “El deterioro de las funciones progresivo y
generalizado, que produce una pé rdida de respuesta adaptativa al estrés y un ma y or
riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con la edad” (2001: 10). Sin embargo, l a
OMS hace una disti nción del Envejecimiento en sí, como un proceso normal que
representa los cambios biológicos universales que se producen con la edad y que n o
están afectados por la influencia de enfermedade s o del entorno y po r tanto no tienen
por qué conllevar consecuencias c línicas adversas, dife ren ciándolo de l proce so de
Envejecimiento que se encuentra mu y influencia do por ot ros fa ctore s del entorno, como
el estilo de vida y las propias enfermedades (1998 : 2).
57
Además, la p ropia OMS (2002: 99) ha i ntroducido el concepto de envejecimiento activo
(concepto al que dedi caremos un apartado completo en esta investigación), definiéndolo
como “el proceso de hacerse m ayor sin envejecer mediante el desarrollo continuado de
actividades físicas, sociales y espirituales a lo largo de toda la vida” .
Strehler, en 1982, propu so para fundamentar un a teoría del envejecimie nto coherente
que ésta se basara en dilucidar varios factores y no un único mecanismo, relacionando
los siguientes como parte constitut iva que toda teor í a debe explicar:
a) Perjudiciales: minoran las funciones.
b) Progresivos: que tengan lugar paulatinamente.
c) Intrínsec os: aquellos que no sean por causa de agentes medio ambientales alterables,
es decir, genéticos.
d) Universales: todos los mi embros de una espe cie deben mostrar las carencias o déficit.
Por tanto, el envejecimiento puede entenderse como un proceso universal, intrínseco y
paulatino que s e d esarrolla a l o l argo d e la vi da, todo ser vivo tiende a él; exis te una
relación e i nteracción entre el medio ambiente y determinados esti los de vida
(envejecimiento ex trínse co) y el programa genético del indivi duo (envejecimiento
intrínseco), por lo que cada ser hum ano envejece de manera disti nta, siend o un proceso
natural, ligado al propio ciclo vital (Hernando Beas, 2006: 38).
Una definición basada en el par ámetro tiempo es la de Sáez-Narro (1986, citado por
Vicente Romo, 2001: 13): “El envejecer se refiere a l os cambios regul ares que ocurren
en or g anism os maduros , genuinamente represen tativos, que viven b ajo condiciones
ambientales representativas, a medida que avanzan estos en edad cronoló g ica”.
La edad es la v ariable expli ca tiva . Sin embarg o, para denominar este pro ceso, no ex iste
en español una palabra derivada d e la edad ( como ex iste en portugué s o en inglés),
como lo sería edadmiento , si no que, a pesar de ser la edad la variable que es conc urrent e
o expli ca la vejez y el envejecimiento (como proc eso de envejecer), ambos términos no
cuentan con un a etimología rel ativa a la edad y, es más, l a vej ez hace r efere ncia, se g ún
64
número a la pobl ac ión i nfantil (población de 0 a 14 años). Pero ad emás, la franja de
población de mayor edad (personas de más de 80 años) supone y a u n 14% de la
población ma y or, t eniendo previsiones de crecimi ento por encima d el 20% para el 2050.
Además, también s e espera un crecimiento, in cluso más acelerado, de las personas
centenarias, aumentando su número unas nueve v eces, esto es, de 454.000 en 2009 a 4,1
millones en 2050.
Para el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid J ulio Vinuesa Angulo:
“El enve jecimiento de la población puede definirse como un proceso mediante el
cual se producen transfo rm aci ones en la composici ón por edad y sexo de una
población (lo que también se llam a estructura por edades y que s e representa muy
eficientemente c on l a pirám ide de eda d e s. ). Dicho proceso de cambios t iene una
doble dimensión , diferencia ble por sus causa s y por sus e fecto s :
1ª Di m ensi ón: Aum enta la proporción de personas m ayores. Es decir e l g r upo de
los individuos de may or edad pasa a crecer más deprisa que l os otros grupos de
edad. Se modifica así una relación num érica que m i de tensiones en las relaciones
intergenerac ionales. L a causa de esta variación es , básicamente y con caráct e r
general, el descen so de la natalidad. Se conoce com o “envejecimiento por la bas e
de la pirám i de”.
2ª Dimensión: Aum e nta el grupo de personas may ores en térm ino s absolutos y lo
hace a un ritmo sos tenido. Lo que pro v oca , co n carácter general, este efecto e s el
aumento de la esperanza de vida en todas las edades. Es lo que se denomina
“enve j ecim ient o por la cús pide de la pirám i de” (2004 : 30).
El proceso de enveje cimiento es sólo uno de los aspectos, relevante pero parcial, de la
dinámica demográfica mundial a lo largo de los dos úl timos siglos.
Aunque no existe un consenso generalizado para expl icar el co mportamiento
demográfico, l a denominada teoría de la Transición Demográfica , define un mism o
proceso de transformaciones que se repite en las poblaciones de los países del mundo,
con di stintas cronolog ías y sobre todo, con distintos ritmos. El concepto de transición
demográfica fu e propu esto inicialmente por Frank Notestein (1953, citado por Meil
65
La ndwerlin, 1999: 8). El autor lo explicaba afirmando que las s ocieda d es a g rícolas
tradicionales necesitaban altas tasas de f ecundidad para compensar las a ltas tasas de
mortalidad; que la urbanización, l a educac i ón y l os cambios económicos y sociales
concomitantes causaron una di sminución de las tasas de defunción, en particular las
tasas de mortalidad de m enores de un año; y que las tasas de f ecundidad c omenzaron a
declinar a m edida que los hi jos pasaron a ser más costosos y m enos valiosos en
términos económicos.
En l a actualidad, p rácticamente y a no exist en países en el m undo en los que no esté
descendiendo notablement e la fecundidad y no e sté aumentando la esperanza de vi da.
Como señala Thum ere l le (1996: 15), las dinámica s demog ráficas presentan tantos
rasgos de convergencia a lo largo d e los dos últimos siglos que puede defenderse la idea
de que probablemente se inscriben en un modelo único de evolución.
Efectos económicos del envejecimiento de la población
Una vi sión contemporánea del envejecimiento d e la población debe ten er en cu enta en
su análisis la p er spec tiva económi ca . Como pre tende de fender esta investigación, el
incremento del número d e personas ma y o res es un logro que genera rique za, y no deb e
entenderse como una amenaza para el desarrollo económico de cualquier país.
El incremento del volum en y p roporc ión de l as p ersonas m a y ores no apa rece como un
“logro” , sino como una “carga” social (Bazo, 1 992a: 76). Y esta pe rcepción viene a
constituir el problema principal de la vejez, tal y como es denunci ado por los
investigadores que habiendo sido pioneros lleg an a esa etapa de la vida (La slett, 1991).
Sin embargo, p ara R odríg uez Cabrero (2011: 154) la perspectiva económica como una
de las miradas de análisis “supone revisar cómo las personas mayores están o han
estado incardinadas en el proceso productivo formal y sus fo rmas de r etiro, así como los
niveles de renta, ahorro, consumo y o cio”.
Siendo ésta una perspecti va necesaria, cabe otra mirada más amplia, la de la economía
política d el envejecimient o, mediante la cual autores pi oneros, como W alker (1981),
Phillips on (1982) y B aars, J ., Dannefer, D., y Phillipso n, C., Walker, A. (2006), abordan
el envejecimiento de la población como aquel proceso en el que los cambios
66
demográficos se analizan y comprenden dentro d e la t ra m a insti tucional de l a sociedad,
bajo un enfoque omnico mprensivo en el que pro ducción, consumo e inte g ración social
forman parte de un todo y en el cual el envejecim iento es al mismo tiempo el resultado
de un l argo ciclo vital y social desigual (Guille mard, 1992) y una form a específica de
distribución de la rique za de la s ocieda d (Etxezarreta y otros, 2009), al mismo tiempo
que una parte fund amental de los procesos de reproducción social ( Libro Blanco del
Envejecimiento Activo de España , 2011).
No ha y dud a sobre la im portanc ia del envejecimi ento de la p oblación, como decisivo
tema g lobal qu e, entre otras cosas, va a determinar el futuro de las sociedades en todo el
mundo.
De acuerdo con HelpA g e International (2002: 88), “los enfoques de los orga ni smos
multilaterales revelan una mayor conciencia del impacto de la transición demográfica...
Exist e una clara v isión de que el envejecimiento de las poblaciones y los retos que éste
conlleva para los p rogramas sociales y económicos ocupa rán un lugar c entra l en sus
agendas de trabajo”.
Según un informe de l a C omisión Europea para Abordar los efectos del e nvejec i miento
de la población de la Unión Europea (2009: 1) como consecuencia del envejecimiento
de la pobl ación, aumentará la ne cesidad de que el sector públi co proporcione
transferencias y servicios relacionados con la edad. Por consiguiente, se prevé que los
efec tos del env ejec imient o de la p oblación sobr e el presupuesto serán substanciales en
casi todos los Estados miembros, y s e dejarán s entir y a en el tr anscur so de l a próxima
década. Globalmente, s obre la base de las polí ticas actuales, se prevé que el gasto
público derivado del envejecimiento de la pobl ación aumente por t érmino medio en
aproximadamente 4,75 puntos porcentuales del P I B de aquí a 2060 en la Unión
Europea, y en más de cinco puntos porcentuales en l a z ona d el euro (debido
principalmente a los gastos en pensiones, en asistencia sanita ria y en cuidados de larga
duración). Las tend enc ias demográficas implicarían un aumento muy si gnificativo del
gasto público en pensiones en todos los Est ados miembros.
Sin embarg o, l as reformas de l as pensiones real izadas en algunos Est ados m iembros
están proporcionando resultados po sitivos desde el punto de vista de la sostenibilidad de
67
la hacienda pública. Casi todos los Est ados miembros han endurecido los requisitos para
poder optar a una pensi ón públ ica, especialmente aumentando la ed ad d e jubilación y
restringiendo el acceso a re g í menes de jubilación anticipada (Co misión Europea, 2009:
1).
Como se ha podido comprobar, este crecimiento de l a población d e personas ma y or es
que las sociedades desarrolladas experimentarán en los próxi mos años, ha provoc ado
una importante pr eocupación social, debido al temor de q ue l a estructura de edad de la
población se invi erta , dándose el f enómeno que W allace (1999 ) denomina como
“seísmo demográfico” y L i vi Bacci (1998) como “involución demográfica”.
La s c ausas que han ori g i nado l a ex tensión de esa perspectiva neg ativa de la ancianidad
son varias. C uando los r ecursos son escasos s e suele tender a su opt imización ( Ba zo,
1992a: 76).
Según Wallace (1999, ci tado por M ene ses, 2012: 2), a medida que la gente vive más
tiempo y tiene menos descendencia, comienza a producirse un cambio sísmico en la
pirámide de ed ad de las poblaciones: “el seísmo demográfico”. El mismo autor ll ama la
atención sobre el hecho de que “en un futuro inmediato, el seísmo demográfico afectará
a los países desarrollados con ma y or int ensidad que nunca”.
Pero, y a que el proc eso de envejecimiento tiene un car ácter estructu ral, es necesario
cambiar el enfoque pa sando de la perspectiva que lo considera como un problema
social, a la considera ción de que es un lo g ro d e las sociedades desarrollad as que tan sólo
requiere p rogramar las acciones económic as, polí ticas y so ciales adecuadas, como Díez
Nicolás (2002: 13 y 14) propone.
En sinto nía con Díez Nicolás, cada vez más autores coinciden en la paradoja de que se
convierta en problema uno de los grande s logros de la humanidad. Cabré i P la y Pérez
Díaz (1995, citado por Pol o, 2006: 61) sugier en “ir evitando la palab ra envejecimiento
cuando se quiere hablar, en realidad, de un si mple cambio d e composición de un grupo
de personas. Ello, mientr as se exploran las posibil idades semánticas del idiom a e n busca
de vocablos con connotaciones más positivas y constructivas”.
68
A pesar de todo lo ex pue sto, en un enfoque m oderno y positivo esta sit uación no puede
ser sólo vista como un problema, sino como una oportuni dad, por ejemplo para el
empleo, y un moti vo de alegría dado que vivi mos más t iempo porque h an mejorado los
servicios y l a calidad de vida de los ciudadanos d e nuestra región. Y las T ecnologías de
la Información y la Comunicación (T I C ) pueden ser un magnífico instrumento para el
desarrollo de soluciones que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía.
Viviane Reding , Comis ar ia Europea de Sociedad de la I nforma ción y Medios de
Comunicación, declaró du ra nte la aprob ación d el Plan de Acción Eu ropeo Envejecer
mejor en la sociedad de la información que:
“El en v ej ecim ie nto demográfico en Europa supon e un desafío para nuestro
m ercado de trabajo, l os sistemas sociales y sanitarios, per o r epres enta al mismo
tiempo una o portun i dad económica y social. Las TIC propor ciona r án nuevos
productos y servicios m ás accesibles que respondan a las necesidades de nues t ros
m ayores para mejorar la vida cotidiana y la pa rti cipación s oc ial de las personas de
edad y crearán nuev as o portunidades pa r a la industria europ ea”
3
.
3
E. C. ( 14 de junio de 2 007). Mil millones de euros en tec nologías digitale s para a y uda r a lo s europeos a
envejecer mejor. E uropean Commissio n . Recuperad o de http://euro pa.eu/rapid/p ress-releas e_IP-07 -
831 _es.htm
69
2.3. EL C ONTEXTO S OCIODEMOGRÁFICO DE LAS PERS ONAS M AYORES EN
ESPAÑA
La s polít icas de env ejec i miento activo responden a la necesidad de hacer frente a una
palpable “revolución demográfica” provocada p or el envejecimiento de la generación
que ori g inó l a explosión de la natalidad tras las guerras mundial es y civiles de mediados
de si glo XX, al superar la ed ad de 65 años a lo lar g o de l a década de 2000-2010 y en
adelante.
El incremento en la esperanza de vida, la reducción sostenida de l as tasas de mortalidad
(sobre todo infantil), com o resultado de las mejoras propiciadas p or l a revolución
industrial en las condiciones de vi da d e la población (higiene p ública, m ejor
alimentación, etc.), la baja tasa de n atalidad y las migraciones (C asado Marín y López i
Casasnovas, 2001: 27), e stán produciendo un cr ecimiento acelerado en el porcentaje d e
personas mayores, produciéndose un aumento del envejecimiento de la población.
El envejecimiento demográfico, por lo tanto, p uede se r ent endido (Re ques Velas co,
2006; Torres Degró, 2010) como el continuo aumento del promedio d e edad de las
personas que compon en una determinada poblaci ón y que, por facilidades de cálculo,
suele medirse a través d e la evolución del porcentaje de personas ma y ores de 65 años,
aunque este criterio sea discutible dado que sociológicamente el e nvejecimiento
constitu y e un proceso qu e no se ciñe a un a edad concreta sino que, en verdad, acontece
en las personas en todo momento de s u vida. P ara Leguina (1981, citado por Reques
Velasco, 2006: 56), el envejecimiento demográfic o no puede ser consider ado como una
variable independiente, s ino como un fenómeno e structural de complejas i mplicaciones
demográficas, económic as y sociales, así como territoriales, en cuanto que se muestra
fuertemente diferenciado y contrastado, a cualquier escala que se analice.
Sin embargo, Pérez Díaz (1998: 455) considera que el envejecimiento demográfico
consiste en un cambio en la estructura por edad es o, en otras palabras, en el ma y o r o
menor peso de unas edades r espec to a otras en el conjunto de la población.
Generalmente s e traduce en un aumento del porcentaje de personas de edad ava nzada,
“aunque resulta más correcto ut ilizar el aumento del promedio d e edad como indicador.
70
Traducido en términos gráficos, s ignifica que la pirámide d e población va perdiendo
anchura por su base mientras la gana por la cúspide”.
La clásica pirámide de p oblación está teniendo pr ogresivamente una confi g uración mu y
diferente. Siguiendo a Matías López:
“La pirámide, cuya form a f ue antaño clásica, t end rá progresivam e nte una
configuración muy dif erente, con la base (menores y j óvenes) cada vez más
estrecha, y la copa (per s ona s m ayores y pobla c ión anci ana ) mucho m ás fr ond osa, y
una parte central (poblac i ó n en edad activa, que a sum e el c oste de base y copa) con
dificultades para conservar su peso específico. Un a figura antiesté t ica y rechoncha ”
(2003: 4).
Pirámide de población en 1960
Fuente: In stituto Nacional de Estad ística, datos de l censo de 196 0
.
71
Pirámide de población en 2010
Fuente: Instit uto Nacional de Estadística, datos del censo de 20 10.
Esta circunstancia ha ce perder l a perspectiva del b aby boom para h ablar de lo que se h a
bautizado como maturi ty boom , (H arris y Semon, 2000; C attera l l y M aclaran, 2001;
Ramos, 2005)
.
En sólo v einte años hemos p asado de un extremo a otro en la gráfica de
ritmos de crecimiento. Se reduce el contingente juvenil y aum enta propor cionalmente el
de personas ma y ores: este dejuvenecimiento (San cho Castiello, 2001: 223) desencadena
un envejecimi ento: la p irámide poblacional se re du ce en su base y se dilata en la
cúspide, de modo que visualmente si queremos podemos mantener el término de
pirámide, pero, eso sí, invertida.
La s cifras que ir emos mostrando pretenden dar idea de la magnitud y la celeridad con
que se ha producido el cambio demográfico e n Es paña . Para ello, n os basaremos
principalmente en las investigaciones de J uan López Doblas, investigador andaluz y
referente en l a m ateria; y del demógrafo y sociólo go español J ulio Pérez Díaz, así como
en los diferentes inform es que s obre el tema ha n elaborado el Imserso y el Instituto
Nacional de Estadística.
Natalidad
En realidad, es la evolución de la nat alidad, y no la de la mortalidad, la que explica en
mayor medida l a reciente distribución por edades de la población de España. Esto es así
72
porque el número de n acimientos sí determina de m ane ra i nmediata las r elac iones entre
los grandes grupos de e dad (Cabré i P la y Pérez Díaz, 1995; González y San Miguel,
2001; López Doblas, 2003).
Conviene empezar señalando que en los albores del siglo XX, la tasa bruta de natalidad
se mantenía alrededor del 35 por mil, t asa que resultaba, en aquel entonces, bastante
superior a la qu e registraban casi todas las naciones de Europa Occidental, en l as cuales
venía descendiendo desd e mediados del X I X (Cabré, Domingo y Menacho, 2002: 127).
El m ay o r grado de religiosidad católica y el c arác t er más rural que definían a l a
población española, junto al retraso económico, mo tivaban e sta situación.
Como señala López Doblas:
“Nada m á s iniciarse e l sigl o la natalidad española emprende u n a clara t ray ect o ria
descendente, de manera que e n e l año 1914 su tasa se sitúa de f initivam ente por
debajo de l 30 por mil, acercándos e con ello a los n iveles occid entales europeos
(Nadal, 1988). Durante los siguientes tres lustros la natalidad permanece oscilando
dependiendo de l as circunstancias por l a s que atraviesa el país : reducción d e su
valor a raíz de la e pidem i a de gripe de 1918; l eve recuperación en los primeros
años veinte , gracias a la elev a ción coy untural de l a nupcialidad (Arango, 1978 ) . Ha
de considera rse que tam bién por este tiem po se produce una nota ble dism inución
de la mortalidad infantil, así como un c ierto desarrollo del proceso de
industrializac ión español ( Rodrí g uez Osuna, 19 85)” (2003: 80).
Al comienzo de los años treinta se produce una reducción de la natalidad mucho más
intensa, como l o prueb a, seg ún los datos del Instituto Nacional de Estadísti ca , que en
1935 se registrase el nivel m ás reducido de cuanto se llev aba de s iglo: el 25,74 por m il.
A pesar de ello, los valor es occidentales continuaban siendo más bajos. Más tarde,
como consecuencia de la Guerra C ivil y de la dur ísima posguerra, España atraviesa por
una situación demográfica bastante irregular. No sería hasta media dos de los años
cuarenta cuando se recobra la normalidad.
Un descenso que en Esp aña, p ara Gonz ález y San Miguel (2001: 24), tiene un carácter
sostenido a lo larg o del si g l o, sólo interrumpido por el baby boom que s e localiza en
73
torno a la década de los 60, y que genera qu e el n úmero de n ac idos si g a creciendo hasta
el año 1974, aún después de haberse iniciado el desce n so d e la tas a de fecundidad. “A
partir de ese momento, la fecundidad va a sufri r una caída ac elerada. Así, el índice
sintético de fecundidad, que era e n Es paña, en esa fec ha, de 2,8 hijos por muj er,
descendió hasta 2,2 en 1980. A partir de ahí h a caído hasta el 1,15 p ar a 1998, por debajo
del índice necesario para la mera reproducción (2,1 hijo s por mujer)” ( I bid).
Siguiendo a Abellán:
“A la caída de la tasa de fecundidad ha c ontri buido t am bi én un cambio en el
calendario reproductivo; desde 1965, el grupo de edad de la m adr e que aporta la
m ayor pr opo r ción de nacidos es el de 30- 34 años, m i entras que en l os últim os
veinte años era el de 25-29; el grupo de 35-39 se equipara ahora al de 20-24.
Adem á s, en aparente c on t radicción , las mujeres inactivas tienen menos hijos que
las activas: inseguridad en l os ingresos y una aversión al riesgo parecen reducir el
núm ero de hijos” (2002: 22 ) .
Aunque hay quien espera que en un futuro próximo asistamos a una recuperación de los
niveles (Pérez Ortiz, 1 997), l o cierto es q ue to davía en la actualidad las estadísti ca s
demográficas no han registrado este hecho ( L ópez Doblas, 2003).
En España s e produ ciría una r ecuperación d e l a fec u ndidad con un a década de retraso
que en el mundo occident al, que s e produjo t ras la Segunda Gu erra Mundial. Es así
como el índice s intético asciende hasta los 2,54, los 2,79 y los 2,90 hijos por mujer,
respectivamente, en los años 1955, 1960 y 1965. Más tarde, la f ecundidad se
estabilizaría algo por deb ajo de los tres hijos hasta mediados de los años setenta, en que
comienza s u derrumbe. En la fuerte caída que sucede después, España pierde el umbral
de reemplazo generacional a principios de los ochenta, para continuar hasta los 1,64
hijos por mujer en 1985 y los 1,35 en 1990. Ello significa que la fecun didad del país
vuelve a r educirse a la mit ad en tan sól o tres lustros. Durante los años noventa, siguió
disminu y endo, si bien en un gr ado menos cuantioso. Ho y en día perman ece estancada
entre los 1,15-1,20 hijos por mujer, el valor más bajo de todo el planeta (INE, 2000).
80
Naciones Unidas (ONU) si túan a España en el año 2050 como el país más envejecido
del mundo, aproximándose al 40% de la població n por enc ima de los 60 a ños.
Pero, como señala J ulio Pérez Díaz (2010: 36) “no se trata de una tenden cia co y untural
y p asajera, ni es una rareza. L o mism o ocurre en casi todos los p aíses desa rrollados. Las
principales diferencias deben buscarse en e l m omento histórico en que se i nició el
proceso y el punto en que se encuentra actualmente”.
Pr oyec ción de la población
La Pro y e cc ión d e Población de España a Largo Plazo elaborada po r el I nstituto
Nacional de Estadística en 2010 consti tuy e un a simulación estadística del tamaño y
estructura demográfica de la población que residir ía en España en los próx imos 40 años,
en caso de mantenerse las tendencias y comport amientos demográficos actuales.
Fuente: INE
Estos resultados muestran, básicamente, el efec to que en el largo plazo tendrían la
evolución recientemente observada de la fecundidad, la mortalidad y las mi g ra ciones.
Además, la simulación s e ha elaborado en base a un flujo inmigratorio anual constante
de 400.000 personas desde 2019.
81
La estructura d emográfica actu al de la pobl ac ión de España y las tendencias
demográficas a ctuales n os llevaría n a un escenario de reducid as tasas de crecimiento
poblacional futuro, el cu al supon dría un incremento de 2,1 millones de habitantes en l os
próximos 40 años. De esta forma, nuestro país rozaría los 48 millones en 2049.
El crec imiento demográfico sería, ade más, progresi vamente decreciente en l as próximas
décadas.
Crecimiento de la población de Esp aña
Años Población residente a 1 de enero Crecimiento poblacional
Absoluto Relativo (%)
2009 45.828.172
2019 46.955.030 1.126.858 2,46
2029 47.517.722 562.692 1,20
2039 47.903.099 385.376 0,81
2049 47.966.653 63.555 0,13
Fuente: Proyección de Pobl ació n a Largo Plazo
De hecho, los ma yor es crecimientos absolutos y relativos en los próx imos 40 años s e
concentrarían en l as ed ades avanzadas. Concr etamente, el grupo d e edad de p ersonas
mayores de 64 años se dupl icar ía en t amaño y pa saría a constit uir el 31,9% de la
población total de España.
Por otro lado, la población de 0 a 15 años s e incrementaría en 1 57 m il personas (un
2,2%), lo que s e derivaría de la p rolongación futura de l a tendencia al creci miento de la
fecundidad actualmente observada. Sin embar g o , la población d e 16 a 64 años, se v ería
disminuida en más de medio m illón de efec t ivos, un 18,4% de su volumen actual.
82
Población residente en Espa ña por gr upos q ui nq uenales a 1 de enero de 2009 y de
2049
Grupos d e edad 2009 20 49 Creci m ie nto absolu to Crecimiento re lativo (%)
TOT AL 45.8 28.172 47.966.653 2.13 8.481 4,67
0 a 4 años 2 .418.939 2 .299.310 -119.6 29 -4,95
5 a 9 años 2 .245.724 2 .317.571 7 1.847 3,20
10 a 14 años 2.0 95.985 2.2 83.219 187 .234 8,93
15 a 19 años 2.2 70.821 2.2 52.754 -18.0 67 -0,80
20 a 24 años 2.7 21.001 2.3 16.633 -404. 368 -14,86
25 a 29 años 3.5 52.515 2.4 70.271 -1.08 2.244 -30,46
30 a 34 años 4.0 80.629 2.6 65.873 -1.41 4.756 -34,67
35 a 39 años 3.9 06.791 2.8 20.434 -1.08 6.357 -27,81
40 a 44 años 3.6 78.920 2.7 69.202 -909. 718 -24,73
45 a 49 años 3.3 66.203 2.6 38.595 -727. 608 -21,62
50 a 54 años 2.9 26.209 2.5 07.077 -419. 132 -14,32
55 a 59 años 2.5 60.214 2.5 55.691 - 4.52 3 -0,18
60 a 64 años 2.3 75.287 2.7 44.749 369 .462 15,55
65 a 69 años 1.9 42.790 3.1 80.535 1.2 37.745 63,7 1
70 a 74 años 1.8 40.012 3.4 14.804 1.5 74.792 85,5 9
75 a 79 años 1.6 85.795 3.0 85.595 1.3 99.800 83,0 4
80 a 84 años 1.1 97.568 2.5 54.818 1.3 57.250 113 ,33
85 a 89 años 65 8.846 1.78 6.696 1.127.8 50 171,19
90 a 94 años 23 7.223 911 .322 67 4.099 284,16
95 a 99 años 60 .354 326. 663 26 6.309 441,24
100 y más años 6 .346 64.841 58.495 921 ,76
Fuente: 2009, Estimaciones de la Pob laci ó n Actual; 2049, Proye cción de P oblación a Largo Plazo
Con ello, por cada 10 personas en edad de trabajar, en 2049 residirían e n España ca si
nueve personas potencialmente inactivas (menor de 16 años o ma y or de 64). Es decir, l a
tasa de dependencia se elevaría hasta el 89,6%, des de e l 47,8% actual.
Crecimiento vegetativo y m igr atorio
La continuidad futura d e l as tendencias re cientes de la fecundidad lleva ría al número
medio de hi jos por mujer hasta un niv el de 1,7 1 en 2048. Dicha hipó tesis no sería
suficiente para evitar el descenso en el número absoluto de nacimientos en las próx imas
dos década s, como consecuencia d e la reducción del efectivo de mujeres e n edad fértil.
El número de nacidos no vol vería a elevarse ha sta 2028, una vez superado el efecto
sobre la pirámide poblaci onal femenina que produ jo la crisis de n atalidad d e los años 80
( Envejecer en España , Imserso, 2002: 19).
Por o tro lado, de mantenerse los ritmos actuales de reduc ción de la i ncidencia de la
mortalidad por edad sobre la población de Españ a, l a esperanza d e vida al nacimiento
alcanzaría los 84,3 años en los varones y los 89,9 años en las mujeres en 2 048,
incrementándose desde 2 007 en 6,5 y 5,8 años, r espectivamente. No obs tante, el ma y o r
83
tamaño poblacional y una estructura d emográ fica cada vez más envejec i da producirían
un continuo crecimiento del número anual de def unciones ( Proyec ciones de Pobl ación
a Largo Plazo , I NE, 201 0).
Con ello , el saldo entre nacimientos y defunciones entraría en u na dinámica
continuamente d ecreciente. De hecho, dicho ex cedente ve getativo, tras h aber al canzado
su máximo de las últim as décadas en 2008, acabaría tornándose en n ega ti vo a partir de
2020, lo cual supondría un fuerte freno al crecimie nto poblacional.
Crecimiento vegetativo proyectado
Años Nacimientos Defunciones Crecimiento vegetativo
2009-2018 4.801.676 4.120.462 681.214
2019-2028 4.188.170 4.383.448 -195.278
2029-2038 4.325.747 4.679.220 -353.474
2039-2048 4.560.425 5.224.559 -664.134
Fuente: Proyección de Pobl ació n a Largo Plazo
Indicadores de f ec undidad
Años Número medio de hijos por muj er Edad Media a l a Mate rnidad
2007 1,40 30,83
2008 1,46 30,82
2009 1,44 30,87
2018 1,54 30,92
2028 1,61 30,98
2038 1,67 31,00
2048 1,71 31,02
Fuente: Número medio de hijos por m ujer 200 7- 2008 , I n dica dores Dem ográ fic os Básicos (20 08 provisional) ;
Número medio d e h ijos por mujer 2009-2049, Pr oy ección d e Pob la ción a Largo P lazo; Edad Med ia a la Materni dad
2007, Indicadores De m o gráficos Básicos; E dad Media a l a M aternidad 2008-2049, Proyecciones de Población a
Largo Plazo;
Indicadores de mortalidad
Años Esperanza de Vida al Nacimiento Esperanza de Vida a los 65 años
Varones Mujer es Varones Mujer es
2007 77,77 84,11 17,68 21,65
2008 77,81 84,20 17,71 21,69
2009 78,01 84,37 17,82 21,81
2018 79,70 85,84 18,81 22,91
2028 81,39 87,32 19,88 24,06
2038 82,91 88,66 20,91 25,14
2048 84,31 89,89 21,90 26,15
Fuente: Es p eranza de Vida 2002 - 2007 , Tablas de Mortalidad de España; Esp eranza de V ida 2008 - 2048,
Proyecciones de Pob lació n a Largo P lazo
84
Siguiendo a P ére z Díaz, el cambio de la pirámide poblacional entraña consecuencias en
todos los ámbitos sociales. Algunas son automáticas: se t ra ta de los “efectos de
estructura”. Entre ellos destacan la feminiz ación, el sobreenvejecimiento y el aumento
de la dependencia:
“La feminizac ión de l a población se debe a la ancestral diferencia de m or talidad
entre hom bres y m uj eres, que desequilibr a la relación numérica entre ambos s exo s
a medida que la po bl ació n env ejece. A los 80 a ño s , las mu j eres doblan a los
hom bres. Antaño, estas diferenc i as no tení an de m asiada importancia. H oy, las
m uj eres de 65 años o más alcanzan una dé c ima parte de la población total
española” (2010: 37).
Conforme se generaliza l a sup ervivencia h asta la p rimera vejez, se produce un
sobreenvejecimiento: cad a vez es ma y or el número de personas que alcanza edades muy
avanzadas. Puesto que en el pasado la supervive ncia hasta esas edades e ra mu y esc asa,
ahora es el grupo que crece con mayor rapidez.
Dado que los problemas de salud guardan u na relación direct a con la edad, el
envejecimiento demo gráfico causa el aumento de los mismo s. En un país tan apoyado
en la solidaridad f amiliar como España, el creciente peso del cuidado a los dependientes
ha debido abordarse como asunto de Estado. En 2006, con l a aprobación de la Le y d e
Promoción de la Auton omía Personal y Aten ción a la s P ersonas en Situación de
Dependencia s e creó el cuarto pilar del Estado de Bienestar español, junto a la sanidad,
la educación y las pensio nes.
En la escala d el hogar, destacan los c ambios en los tipos de hogar es en que viven los
mayores:
- En uno d e cada tres hogares español es (34%) ( I N E. Base, 2007) reside al menos
una persona de 65 o más años: es decir, c asi cinco millones de ho g ares alber g an
a alguna persona de edad.
- El tamaño medio d el hog a r español, aunque s uperior a l a media del hogar
europeo es reducido, 2,71 miembros (INE. Base, 2007). En esta tende ncia se
encuentran los hogares de las personas ma y ores: un 47 % se compone de dos
85
miembros y un 16% co nsta de tres miembros ( Encue sta Personas Mayores ,
Imserso, 2010). El que prácticamente la ma y oría de las personas ma y ores viva
en pareja es determinante para su calidad de vi da. Paradójicamente, el ind icador
positivo de m ay or lon gevidad de l as mujeres, in crementa l a p robabilidad de que
los varones vivan acompañados de sus p ar ejas y reciban asisten cia de su esposa
en caso de necesidad hasta su fallecimiento. La situación contraria es mucho
menos frecuente, aunque ha comenzado un proces o de ig u alación. (Ibid).
Por comunidades autónomas, Andalucía, C ataluña y Madrid son las q ue mayor cifra de
personas mayore s tienen. En datos relativos, Castilla y León, Asturias y Galicia son las
que presentan proporciones m ás altas de per sonas m ay o res. Ent re los ma y ores
extranjeros afincados en nuestro país destacan fundamentalmente l os proc edentes de la
Unión Europea. Reino Unido y Alemani a son l os dos principales países emis ore s. Esto
contrasta con las nacion alidade s predom inantes entre los más jóvenes, entre las que
destacan Rumanía y Marruecos y al g unos países latinoamericanos (INE, 2010).
Diversificando po r hábit at rural o urbano, aspecto al que d edicaremos más adelante un
epígrafe completo, la po blación española asentad a en las u rbes lle g a prác ticamente al
80% en enero de 2009, te niendo las mujeres una mayor representación que los hombres.
En el medio rural, por el contrario, la relación entr e hombres y mujeres es l a inversa. El
menor núm ero de mujer es en edades reprodu ctivas en el medio a g rario di sminuye las
posibilidades de continu idad de la población en contraposición al medi o urbano y
muestra u no de los problemas principales de este hábitat: l a progresiva masculini zación
de la población (Imserso, 2011: 472).
En lo que respecta a lon g evidad y estado d e salud, conviene destacar al gunos datos de
interés publicados por el I mse rso en 2010, tras una encuesta para la elaboración d el
Libro Blanco del Envejecimiento Activo :
- L a l ongevidad se ha inc rementa do de forma espe ctac ul ar durante todo el siglo XX. En
1900 la espera nza de vida era de 34,8 años, y a hora es de 81,6. El factor que más ha
incidido es el descenso de la mortalidad infantil.
- Las muj eres esp añolas tienen una esperanza d e vida al nac er de 84,6 años, y los
varones de 78,5 años (2009). Se encuentran entre l as más altas de la Unión Europea.
86
- A lo s 65 años, la esp eranza de vida de l as mujeres es de l as más altas de la UE, detrás
de Fra n cia; lo mismo su cede con los varones (2009). Sigue ex istiendo un d ec live de la
mortalidad a edades alta s lo que provocará un a may or supervivencia de los mayores y
un envejecimiento de los y a vi ejos.
- Ha habido una r educción de morbilidad hospitalaria (altas) en pobl ación in fa ntil y
joven hasta 34 años, y u n aumento entre las pers onas de edad, en los últimos l ustros.
Los ma y or es suponen el 39,2% de todas las al t as hospitalarias. Son asiduos en los
hospitales y con estancias más l ar gas y presentan estancias más largas que el resto de la
población. Más de la mitad de todas las estanci as causadas en hospitales se debe a
población de 65 y más años.
- El patrón de mortalidad de la pobl ac ión española en su conjunto está det er minado por
las causas de muerte de l os ma y o res: las enfermedades degenerativas sustit uy en a otras
históricamente más importantes. Ex iste una mayor homo ge n eización d el proceso d e
muerte, puesto que se produce más tarde y se con centra en edades elevadas.
- El 83,5% de t odos los fallecidos en España son personas de edad. A prin cipio del sig lo
XX no llegaba al 30%. El patrón de mortalidad es di simétrico se gún sexo: los varones
empiezan a morir antes que las mujeres.
- La principal causa de muerte entre los ma y or es está relacionada con en fermedades del
aparato circulatorio: provocó 109.027 fallecim ientos. El cáncer es la segunda causa de
muerte (77.788 fallecidos). En tercer l ugar, a dis tancia, se encuentran l as muertes por
enfermedades respiratorias. Destaca el aumento de mortalidad por enfermedades
mentales y nerviosas (demencias, Alzheimer) en los últ imos lustros.
- El estado d e salud subjetivo varía poco entre una encuesta y otra. El 39,7% de los
mayores percibe su salud como buena o mu y buena; 75,9% en el r esto de l a población.
La s p ercepciones ne g ati vas aumentan con la edad. El sex o es un factor diferenciador de
la salud subjetiva; el 48 ,5% de los varones auto valora bien o mu y bien su estado de
salud, mientras que sólo el 33,1% de las mujeres considera su salud como buena o mu y
buena.
- La tasa de dis capacidad crece con la edad; a los 80 años, más de l a mitad de l os
españoles tiene p roblemas para actividades d e la vida cotidiana. También es más alta en
los analfabetos, en los viu dos y en los que viven en hogares de otro tipo (dife rent es a los
unipersonales, multigeneracionales y en pareja).
87
El envejecimiento de la pobl ac ión española ha provocado cierto alarmismo en algunos
sectores, como nos advierte Pér ez Díaz (2010: 38 ). Est as circunstancias han he cho que
Paul W allace (1999) hab le de “seísmo demográfico” para denominar el cambi o que se
está produciendo en l as pirámides de pobla ción de los países des arrollados y qu e da rá
origen a una “implosión demográfica”, es decir, a un descenso de la p oblación y a
graves consecuencias socioeconómicas. Dicho alarmismo se ha convertido en marca de
ciertas escuelas de p ensamiento, que han perdura do pese a la invalidez de su dis cur so,
desmentido desde hace ya c asi cien años. Halla mos un buen ejemplo d e ello en la
corriente ini ciada en Francia, en plena fieb re n atalista, por demó g ra fos como Alfred
Sauvy o F ernand Boverat, y mantenida po r su alum no Gérard-François Dum ont, a qui en
debemos el concepto de “invierno demográfico” (Ibid).
Este argumento h a sido mu y debatido, incluso criticado por muchos estudiosos, pero de
cualquier forma de lo q ue no cabe duda es q ue nos en contramos en un periodo de
importantes cambios demográficos. Pedro Reques (2002: 57) utiliza la expresión
“nuevo orden demográfico”.
Para comp render el m odo en que ha c ambiado el resto de las condiciones que rodean a
la estructura demográfica por ed ades, debemos considerar también los cambi os que ha
sufrido la significac i ón de cada edad. Para empezar, los adultos trabajadores no
producen la misma riqueza ho y que hace medio siglo. Se g ún Pérez Díaz :
“Cuando se calcula la sostenibil idad de la S e g ur idad Soc ial s e considera sólo la
relación entre la poblac i ón en edad productiva y la población en edad
improductiva . Pero lo qu e resulta det erminante no s on esas cifras, sino la
productividad de los trabajadores (la Seguridad Social ing res ará m ás dinero si éstos
tienen mejores empleos, por hallarse en un se c t or m á s productivo). De ahí que hoy
nos hallem os a nte una situación en apariencia paradó j ica: pese a que la relación
num érica en tre pensionista s y trabajadores es la peor de nuestra histor i a (nunc a
antes había habido tantos pensionistas ), el sistem a de pensiones s e halla más
consolidado que nun ca” ( 2 010: 38).
Siguiendo con este autor:
88
“Tales alarm a s se funda m entan en previsiones que nunca se han cumplido.
Previsiones erróneas que nadie se ha visto obligado a explicar po r que se integra n
en el consenso dominante en el c a m po de la d e m ografía. Pero en ciencia los errores
deben servir para revisar los supuestos de part ida y obt ener n uevas prev isiones.
Debería aclararse por qué el enve j ecimiento dem ográfico guard a una correlació n
casi perfec ta con los niveles de ri qu e z a y bienestar internacionales, y no con la
pobreza. España, d esde lue go, no desmiente esta relaci ón, sino todo lo cont rario: no
ha hecho m ás que prosper ar mientras la proporción de m a yores pasaba de apenas el
4 por ciento de ha ce un s igl o a l 18 por cient o a c t ual” ( 2 010: 39).
Además, la nueva pirám ide poblacional no sobrecarga los sistemas sanita rios. Son los
cambios en las pautas de consumo y la moderniz ación de tales sistemas los que ex plica n
la ma y or parte d el incremento en el gasto sanita rio en los países desarrol lados. Según
Matías López:
“No sirve contar cuántos ocupados y cuántos pensionistas ha y pa r a determinar si
el Est ado de bienestar se puede sostener. En l o s a ños setenta y oc henta se
consideraba, por ejemplo, que el crecim ie nto dem ográfi co era una catástrofe. Entre
1964 y 1994, l a población aumentó en unos siete millones sin que creciese el
núm ero de ocupados, pero se com pe nsó con un fuerte incremento de la
productividad. Y nadie se atrevería a decir que no mejoró el nivel de vida. (...) El
envejecim i ento demog ráfi c o puede alarmar a a lgunos, pero en la trayectoria vital e
individual de los j óvenes y adultos actuales ha r esult ado una auténtica bendición”.
La ve j ez, horizonte común para todos, ha irrumpido definitivamente c om o etapa
importante, pr o l ong ada y generalizada e n la vida de las personas, y existe una
m anera óptima de que no s e conv ierta en penur ia y desprotec ción” (2003: 5).
Esta nueva estructura de la pirámide de población consigue un ma y or equili brio entre
las edades, lo cual tiene consecuencias positivas para la economía produc tiva. Un perfil
de personas usuarias y co nsumidoras más diverso hace más estables los me rc ados frente
a las crisis sectoriales; además, el nuevo perfil de personas m a y ores está abriendo
sectores de consumo y de s ervic ios fundamentales para l a economía de cualquier país.
Fericgla desdramatiza lo que algunos han llamado “bomba demo g rá fica”:
89
“El tema del enve j ecim iento de l a población es uno de tantos que afectan a nuestro
futuro, y, repito, s om os bastante l os que traba jamos en ello para equilibra r nuestro
m undo buscando soluciones a t odo s y cad a uno de los desequilibrios que van
surgiendo: no es el final anunciado del camino, s ino un recodo más que exige que
cada uno aporte ideas para super a rlo y una de ell as consiste e n l a reeducación de
jóvenes y anci anos para a c eptar l a no f o r z osa negatividad de una sociedad con un
índice de enve j ecim i ento e lev ado” (1992: 52).
Hoy día las person as mayores transfieren más ap oy o y recursos a los más jóvenes, y n o
a la inv ersa . Actualm ente, ocho de cada diez abuelos aseguran a a y udar
económicamente a sus hijos y nietos, s eis m ás que en 2010, lo qu e evidencia el
empeoramiento de la s ituación de las famili as españolas. Un estudio de la Fundación
Educo estima la ay ud a media que aportan las personas ma y o res: 290 euros m ensuales
para apoyar a hijos y nietos
6
.
Además, en la actualidad, son las generaciones de edades más avanzadas las que
contribuyen a la sociedad mediante el cuidado de los ni etos y nietas (ante la falta de
ayudas públicas para l a conciliación l aboral y f amiliar, s ervicios d e cuidados o
guarderías) y de las personas en sit uación de dep endencia . S egún la Sociedad Española
de Geriatría y Gerontología:
“Los abuelos y las abue l as españolas dedican una media de siete horas diarias al
cuidado de sus nietos y nietas. Por tanto, desempeñan un papel fundam enta l en la
educación de los hijos, especialm ent e en lo que se refiere a la transmisión de
enseñanzas y valores. Y esta relación ta m bién es beneficiosa para lo s abuelos, ya
que les ayuda a combatir la sol ed ad, les hace sentir más vivos y út iles, les ayuda a
m antener una buena forma física, les proporciona un mejo r rendim iento cognitiv o,
se sienten m ás integrados y e s una opor t un idad para v iv ir una segunda paternid ad
7
.
6
Muñoz, A . (8 de septiembre de 2015). L os abuelo s sostienen a las fa milias. El Mun do , p . 40.
7
García, S. (24 de julio de 2015). La SEGG reco m ienda no sobr ecargar de ta reas a lo s abuelos.
Envejec imiento (en-red ) . Recuperad o de https://envejeci m ie ntoe nred.wordpr ess.com/2015/0 7/24/lo s-
abuelos-esp anoles-cuidad an-una-media-de- siete-horas-diar ias-a-sus- nietos-la-segg-reco mienda-
prudencia-a -l a- hora-de-sobr ecargar-de-tarea s- a-los -abuelos/
96
b) Por otro lado, l a masi va lle g ada de inm igrantes que se ha registrado d esde finales de
los años noventa, sobre t odo jóvenes en busc a d e trabajo y de unas mejores perspectivas
vitales que las que contaban e n s us lugares de orig en. Si en 1998 los ext ranje ros
empadronados en Andalucía no sumaban los 100.000 ( s ig nificando el 1,38% de la
población), en 2010, se gún los datos del I nsti tuto de Estadística de Andalucía, rondan
los 700.000 (y representan el 8,36% de ella).
En un contexto de crisis económica como el actual, la cantidad de inmigrantes no sólo
no ha disminui do si no q ue, por el m omento, sigue elev ándose. El gr u eso de ellos, al
poseer una edad juvenil o adulta, están contribuyendo a rejuvenecer la pirámide de la
población andaluza o, al menos, a frenar el ritmo de avance del envejecimi ento.
Eso es l o que ha sucedido en la primera década del siglo XX I , de ahí q ue si en 2001
Andalucía contaba con u n 14 ,60% d e sus habitantes más allá de los 65 años de edad, en
2010 tal porcenta je es ligeramente superior, el 14 ,97%, alcanzando en 2015 el 15,9%.
Así pues, en términos relativos, la pobl ac ión andaluz a apenas ha envejecido en el últ imo
decenio; en términos absolutos, por el contrario, la canti dad de p er sonas m ay ores que la
conforman ha aumentado de una forma i mporta nt e entre esas mism as fechas: del
1.073.970 de efectivos hasta el 1.25 0.622, esto es, 176.652 más (un 1 6,45% más),
siguiendo de nuevo los datos aportados por el Instituto de Estadísti ca de Andalucía.
Una vez analiz ados todos estos datos, conviene advertir que Andalucía no se halla entre
las comunidades autónomas con un ma y o r envejecimiento demo g ráfico (si tuación que
corresponde a Castilla y León, Galicia y Asturias ): en el padrón de 2010, el porcentaje
de habitantes de 65 o más años ronda es del 16,89%. A demás, es alg o que viene
ocurriendo desde hace mucho tiempo, al menos desde principios del si g lo XX.
Todos los ín dices recogidos por Carolina del Valle (2005: 3), así lo con firman. Si se
analiza el índice d e vejez
8
, en el año 2002, Andalucía alc anzaba un valor de l 14,9%, por
encima nuevamente de Melilla y Ceuta, cu yos valores e ran del 10 ,5% y 10,9%
respectivamente, C ana rias con un 12%, Baleares con un 14,3% y M adrid con un
14,71%. De la mism a forma l os v alore s m ás altos pertenecían a Cast illa y León,
8
El índice d e vejez co ntabiliza el número d e perso nas de 6 5 y más años p or cad a 100 habitantes.
97
Asturias, Aragón y Galicia, todas ellas s upera nd o el valor de 17,1% pertene cient e a la
media nacional.
Respecto al índice de senectud
9
se repiten los patrones comentados an teriormente.
Andalucía es una de las C omunidades con valor m ás bajo. En el 2002 dicho indicador
se situaba en el 9,2%, por encima de Ceut a (7,9%), Melil la (8,4%) y Mur cia (8,7%). La
misma situación nos la encontramos al calcular tanto el índice de env ejecimiento
10
como el índice de dep endencia de ma y ores
11
, en la que Andalu cía obtiene los valores de
89% en el primero y 21,7% en el segundo.
Para López Doblas y Dí az Conde (2010: 7), “en su explicación hemos de apuntar de
nuevo a la fecundidad, puesto que muestra valor es más elevados en Andalucía que en
España. E influ y e, por otra parte, el hecho d e que la esperanza de v ida al nacer
registrada en la comunidad autónoma sea inferior a la promediada a nivel nacional”.
Estructura de la pobl ación en An dalucía en com p aración con otras Co munidades
Autónomas
Del análisis de l a población atendiendo a la edad de las personas y a l as Comunidades
Autónomas en la qu e viven, se const ata la heterogeneidad como primera conclusión
sobre el peso important e de las person as ma yores en la ma yor ía de las C omunidades.
Esta variabilidad s e d ebe, en palabras de D el B ar rio y Abellán (2006: 40), “sobre todo a
factores de índ ole social, como las migraciones, l a composición rural o urbana de las
poblaciones, el crecimiento económico y los di fer e ntes patrones de natalidad”.
Siguiendo el estudio de “La situación social de l os ma y ores e n Andalucía”, editado por
el Centro de Estudios An daluces (2007: 19), a g rupando las Comuni dade s A utónomas en
dos bloques, entre las más envejecidas se encuentra más de la mitad, s ituándose por
encima de la media española 10, lo que significa que más del 16 % de la p oblación tiene
más de 65 años: Castil la y León (22,6 % ), Asturias, Galicia, Aragón, Ext re madura,
9
El índice d e senectud contabil iza el por centaje de pobla ción de 85 y más años sobre la población d e 65 y
más años.
10
El índice d e envejeci m ie nto contabiliza el porcentaj e de población m a yor de 64 años sob re la que se
encuentra en tre 0 y 14 años.
11
El índice d e depende ncia de may o res con tabiliza el po rcentaje d e población mayor de 6 4 años sobre
aquella que tie ne entre 15 y 64 años.
98
Castilla-La Mancha, Can tabria, País Vasco y La Rioja (18,4 % ); ad emás, en todas ellas
hay más ma y ores que jóvenes del tramo 0-14 años .
Dentro de las Comunidades Autónomas menos envejecidas, Andalucía es la que cuenta
con unos menores por centajes de población a ctiva, debido a qu e posee el m ay o r número
de personas meno res de catorce años en térmi nos relativos respecto de las demás
Comunidades Autónomas, en lo que se refier e a la s personas mayores de sesenta y cinco
años -16,5%-. Las Comunidades Autónomas con mayor porcentaje de pob lación m enor
de 15 años son Ceuta, Melilla, Murcia, Madrid y l as Islas Baleares junto con Andalucía.
Población española por Comunidades Autónomas y g rupos de edad (2006 ) (en %
horizontales)
COMUNIDADES AUTÓNOMAS M UY ENV EJEC I D AS
0-14 año s 15-64 años 65-79 años 80 y más 65 y más
C. y León 11,47 65,92 15,68 6,92 22,60
Asturias 9,89 68,15 15,65 6,32 21,96
Galicia 11,29 67,23 15,42 6,06 21,48
Aragón 12,77 66,76 14,40 6,08 20,47
Extremadura 14,83 65,95 14,17 5,05 19,22
Castilla-La Mancha 15,17 66,04 13,52 5,27 18,79
Cantabria 12,16 69,16 13,27 5,41 18,68
País Vasco 12,32 69,25 13,69 4,75 18,43
Rioja (La) 13,24 68,35 12,99 5,42 18,41
Navarra 14,32 68,24 12,25 5,19 17,44
Cataluña 14,31 69,22 11,99 4,48 16,48
Com. Valenciana 14,45 69,30 12,29 3,96 16,25
ESPAÑA 14,26 69,00 12,32 4,42 16,74
COMUNIDADES AUTÓNOMAS ENVEJ ECIDAS
0-14 año s 15-64 años 65-79 años 80 y más 65 y más
Andalucía 16,24 69,06 11,25 3,45 14,70
Madrid (Com. de) 14,43 71,09 10,70 3,78 14,48
Baleares (Islas) 14,99 71,17 10,17 3,67 13,84
Murcia (Región de) 17,05 69,16 10,57 3,23 13,80
Canarias 15,01 72,65 9,66 2,69 12,35
Ceuta 20,40 68,41 8,94 2,26 11,19
Melilla 21,99 67,08 8,55 2,37 10,93
ESPAÑA 14,26 69,00 12,32 4,42 16,74
* Datos de 2005.
Fuente: INE y Eurostat ( 2006 ). Elaboración propia.
99
El que el por centaje de personas m ayores (sea d e 65 como d e 80 años) resulte inferior
en la población and aluza que en la esp añola, o curre así por dos causas, como ya hemos
señalado con anterioridad. Una, porqu e la esperanz a de vida al nacer es más baja que la
media española, alrededor de año y medio, pa ra los hombres y para las mujeres:
Esperanza de vida al nacimiento en Andalucía y en España. 2007
AMBOS SEXOS H OMBRES MUJER ES
Andalucía 79,67 76,58 82,78
España 80,94 77,77 84,11
Fuente: I n dicadores Dem ográ f i cos Básicos (Insti tuto Nacional de Estadística).
Y la otra causa es porque la fecundidad viene resu ltando, en ca m bio, más alta:
Evolución reciente de la fecundidad en Andalucía y en Esp aña
1978 1988 1998 2008
Andalucía 2,98 1,77 1,30 1,56
España 2,55 1,45 1,16 1,46
Fuente: I n dicadores Dem ográ f i cos Básicos (INE).
Dentro de la comunidad autónoma, s in embarg o, Córdoba (el 17,25 %) y J aén (el
17,83%) poseen un porcentaje de habitantes de 65 o más años en su s respectivas
poblaciones superior al promediado en Es paña. Y hay qu e desta car asimismo a Gra nada
(el 16,13%). De otro lad o, prácticamente el 5% de los habitantes d e Córd oba y de J aén
sobrepasan l a edad de 8 0 años, una cifra que también resulta comparativamente más
elevada que la del país. El resto de las provincias andaluzas p re sentan niveles d e
envejecimiento demográfico mucho más bajos, sobre todo Cádiz y Alm ería ( Libro
Blanco del Envejecimiento Activo de Andalucía , 2010: 45).
Personas ma y ores de 65 y de 80 años empadronadas en 2009 en las provinc ias
andaluzas. Relevancia dentro de la población
POB LAC ION T OT A L 65 O MÁS A ÑO S 80 O MÁS AÑOS
(N) (%) (N) ( %)
Almería 68 2.250 85.7 58 12 ,57 21 .568 3,1 6
Cádiz 1 .228.987 16 2.601 13,2 3 36.7 22 2, 99
Córdo ba 8 03.038 138 .518 1 7,25 39.5 22 4,9 2
Granada 905 .285 1 46.025 16, 13 38 .250 4,23
Huelva 5 12.366 75.0 28 14 ,64 1 9.312 3,77
Jaén 66 7.502 118. 991 17 ,83 3 2.603 4,88
Málaga 1.58 7.840 231. 905 14 ,61 5 4.469 3,43
Sevilla 1. 898.424 265 .185 13,9 7 65.5 51 3,45
Andalucía 8.285.6 92 1. 224.011 14 ,77 3 07.997 3,7 2
España 4 6.661.950 7.78 0.830 16,6 7 2.21 3.955 4,7 4
Fuente: E l aboración propia, con datos del Padrón de Habitantes de 2009 (INE) .
100
Fruto d e esta evolu ción s e está produ ciendo en la actualidad un he cho i nsólito: pueblan
Andalucía un a cantidad pare cid a de niños y adolescentes (menores d e 16 años) que de
personas m ayores (de 65 años). En el medio r ural, incluso, estas últ imas s on m ás
numerosas que los primer os ( Libro Blanco del Envejecimiento Activo de Andalucía ,
2010: 46).
Podría afirmarse , entonces, que si en Andalucía e l siglo XX fue de inicio del proc eso de
envejecimiento demográfico, el XX I l o va a ser de su expansión hasta alcanzar, con
total seguridad, cotas mu y altas en las próxi mas déca d as. El aumento d el peso de l a
población ma y o r de 65 años, no olvidemos que se rá en el 2050 del 30,8% para Es paña y
del 31,1% para Andalucía para un crecimiento medi o, seg ún indi can las pro y ecciones de
población estimadas por el I NE, y generará un i ncremento de la d emanda de atención
por parte del colectivo de las personas ma y ores y de sus familias.
101
2.5. EL PERFIL DE LAS PER SONAS MAYORES.
2.5.1. CARAC TERÍ ST ICAS DE LA S P ERSONAS MAYORES HOY. UN NUEVO
PERFIL.
Más allá de su componente demog r áfico en España y Andalucí a, que hemos abordado
en capítulos anteriores, el estudio del envejec imien to implica a las personas. Por eso, a
sabiendas de que la estructura de la pobla ción española y andaluz a está ca mbiando y de
que las edades avanzadas se hallan en plena expansión, vamos a analizar rasgos
sociológicos esenciales que definen a estos actores sociales tales como el sex o, sus
condiciones económicas, las relaciones intergeneracionales, su forma de c onvivencia o
el nivel educativo.
Exist e una nueva realidad social en l o que a las personas mayores se refiere. Es el
nacimiento de una nuev a vejez . Los viejos que vienen son nuevos. Una persona de 60
años, ahora tiene un a ex pec tativa de vi da de otros 25. Más del 60% ven e sta etapa vital
como una opo rtunidad de dedicar su tiempo a lo que des ean. P ero más de la m itad
prefieren auto gestionar su tiempo libre porque lo que se les o frece no les interesa. S on,
en definiti va, más fo rmados, más solventes -hasta aho ra- económicamente, más
autónomos, más longevos y más peleones
12
.
La s p ersonas de más edad deben gozar de la op ortunidad de se g uir parti cipando en la
sociedad y en el mundo l abora l mediante fór mulas más flexibles, accediendo a la
formación, programas d e capacitación y t ene r recursos par a mantener su autonomía e
independencia el ma y or ti empo posible. (Alonso y Mackay, 2011: 11).
El hecho de ser ma yor no ha supuesto un problem a hasta la lle g ad a de l a era mode rna.
Antes sólo por tener más años se adquiría un estatus y una relevancia social
considerable. S in embargo, en las últimas déca das, la sociedad solía u sar el término
“viejo” en s entido peyorativo y el grupo d e viejos respondía a una identi dad impuesta
por la sociedad que les asignaba un pap el s ec undario e irrelevante en el entramado
social, seg ún Bengtson (1973, citado por Trinid ad Requena, 2006b: 141). Com o ha
12
Sánchez Mellad o, L. (1 6 de noviembre de 2014). Fuera del rebaño. Do mingo (El País) , p. 5.
102
destacado Mª Teresa Baz o (1996: 209), “las personas ma y ores son percibidas más como
rece pto ra s d e a y ud a, cui dados y apo yo económ ico que como cuidadoras de otras
personas y donantes de su t iempo, energía, conocimientos, apoyo afectivo, material y
económico a la familia y a la socie dad”.
En la misma línea, M atras (1999), citado por C orra l iza Rodríguez (2000: 232), destaca
que “la vejez se ha aso ciado, hasta no hace m ucho, a los siguientes rasgos en l as
sociedades modernas: físicamente dismi nuido, mentalmente deficitario,
económicamente dependiente, so cialmente aislado y con una di sminución de estatus
social”.
Por su parte, una de las periodistas referente en l a temática de l as personas mayores y
los medios de comunicación, Loles Dí az Aledo, destacó en una ponencia titul ada “L os
mayores en los medios de comunicación” que “ el 90% de l as personas de m ás de 65
años tienen c apac i dad para ser útiles, se sienten útil es para h acer montones de cos as”
(2003: 2 84). Según sus d atos, “el 72% no ne cesita ningún tipo de ayuda, el 13% de los
voluntarios enrolados en distintas ONG's son mayores de 65 años y 42 u niversidades
tienen suscritos convenios con el Minis terio de Asuntos Sociales para im partir
programas uni versitarios que siguen más de 20 .000 m ay or es de 60 años en toda
España” (Ibid).
Para Díez Nicolás (1996, citado po r T rinidad Requena, 2006 a: 78), ho y , las personas
mayores están adquirie ndo ma y or r elevancia social, y a que pueden desempeñar
actividades útiles p ara el conjunto de la pobla ción y ésta s abe que los ma yore s ti ene n l a
necesidad de s er t enidos en cuenta, d e seguir siendo respetados y d e seguir sintiéndose
útiles.
Como señala Trinidad Requena:
“Entre el 2001 y el 2017 tendrem os 1.893.689 de nuevos j ubilados, aunqu e t o da v ía
quedan por manifestarse algunos de l o s efectos de las bajas tasas de fecundidad y
del a um ento espectac ular d e la e s peranza de vida. Má s concretam e nte, e l gran
cambio que nos e sp era a p artir del 2010 - cua ndo ya lleguen a la edad de 65 años
los nacidos después de la Guerra Civil y de l a pos g ue rra- es que aumentará más la
103
proporción de m ayores y, ade m ás, éstos vivirán más, es decir, la población m a yor
empez ar á, ya lo está haciendo, a envejecer, lo que perm i tirá que varias
generaciones co i ncidan e n un mismo periodo de tiem po” ( 20 06a: 69).
Para S ánchez Vera (2000: 72), la cultura econó mica de los ancianos está condicionada
por el estatus, por el ni vel de renta y la inst rucción. Estos dos úl timos factores están
crec iendo en las nuevas personas ma y o res, po r l o que todo h ace pensar q ue en ellos se
está produciendo un cambio en su comportamiento económico, social y en su vis ión d e
la jubilación.
La pirámide de poblaci ón revela que a medida que aumenta la edad, las mujeres
adquieren más relevancia en la pobl ac ión. Este hecho h a llevado a algunos autores a
hablar de la feminización de la vejez (Pérez Díaz, 2000 ).
Según los datos d el INE de 2010, el sexo predominante en la vejez es el fem enino. Ha y
un 3 5% más de muj ere s que de varones. Nacen más varones que mujeres y este exceso
se mantiene durant e muchos años. Ahora se alcanza el equilibrio hacia l os 50 años. En
las primeras décadas d el s ig lo XX, la ed ad en que mujeres excedían y a en número a los
varones er a l os 14 años. Esto se debe a que la esperanza de vida de las m ujere s es
mayor, lo qu e hace que a m edida que aumenten los años, también lo haga su
importancia dentro del conjunto de la población. En el grupo de más edad -más de 65
años- representa un 16,9% de la pobl ac ión y , en este caso, y a es bastant e superior la
proporción de mujeres a la de hombres. A pesar d e l a ma y or presenci a de la muj er en el
grupo de ma y o r ed ad, al cruzar nivel d e estudios y medi a de la pensión es el hombre el
que destaca en el perfil de nuevo jubilado.
Otro indicador demo g ráfico relevante de la pobla ción may o r es el estado civil, ya qu e
éste condiciona muchas de las pautas y comportamientos de las person as mayores (Bazo
y Maiztegui, 1999: 46).
Se ha evidenciado que, en general, las personas casadas viven más y se sienten mejor
que las solt era s o viud as, a s í c omo que, en l a viudedad, ha y más frecuencia de
incapacidades, de sentimientos de soledad y una percepción más nega tiva de la propia
104
salud (Pinquart, 2001: 37 5). Por su p arte, Baz o y Maiztegui (1999: 46 ) encontraron que
las personas casadas se sentían viejas en menor pr oporción que las viudas.
En 1970 casi una de ca da dos personas ma y ores de 65 años estaba casada, cifr a que
asciende p ara el 2001 al 61,2%. Un 39,4% eran vi udos/as, dato que en este periodo de
tiempo ha descendido algo menos d e diez puntos . L os solteros suponí an en 1970 el
11,2% y en el año 2001 s us cifras descendieron hasta el 6,8%. Por último, el grupo d e
separados es mar g i nal, aunque ha aum entado en los últim os años, pasando del 0,4% en
1970 al 1,1% en el 2001 (I nstituto Nacional de Estadística, 2010). En sínt esis, en los
primeros tramos de edad dom inan los cas ados, t anto hombres co mo mujeres,
descendiendo conforme aumenta la edad a favor d e la viudeda d.
Dentro del proceso de urbanización ocur rido en la sociedad española en las últ imas
décadas, otro indicador a tener presente en el análisis cuantitativo del nuevo m ay o r es su
lugar de r esidenc ia. Más adelante dedic are m os un epígrafe específi co sobre el
envejecimiento en el ámbito rural y en e l ámbito urbano.
Otra de las características que define al nu evo jubilado es el nivel d e e studi os alcanzado,
donde los analfabetos y sin estudios han ido dan do paso a los que tienen estudios de
secundaria y universitari os (INE, 2010). La imp ortancia d el ni vel educa tivo se pone
también de m anifiesto en un estud io de De genova (1992: 135). Est e investigador
preguntó a person as ma y ores, qué c ambiarían de sus vidas si pudieran v ivir otra vez, y
encontró que el nivel edu cativo era el predictor más s ig nificativo de revisión de vida por
encima de la salud, las actividades sociales y los ingresos.
Lopata (1987, citado por Sánchez Palacios, 2004: 64), sostiene que l a educa ción es el
factor de i nfluencia m ás importante en cuanto a la form a en q ue los adult os mayores
adquieren nuevas formas de compromiso social, así como que el nivel educa tivo ac túa
como un medio de a y uda en la reducción de la soledad.
Pérez Díaz es contundente acerca del cambio radical que ha protagonizado la vejez en
España y apunta que:
105
“Los sexagenarios actua l es han sido los pioneros en accede r de forma m a y o ritaria a
la educació n y la sanidad universales, a la vida urbana, el traba j o lejos del s e c tor
agrario, a los electrodom ést icos y los primeros utilitarios. Han trabajado mucho,
ellos y ellas, y por primera vez la historia no ha traicionado su esfuerzo. Ha n
podido c asarse, tener pocos hij os, pero invertir m ucho en e llos, y llegar a la ve j ez
todavía cuidando y ayudando a los demás, ya sea n sus jóvenes o sus muy ancianos
padres y madres. Tienen ahorros, patrimonio, hace n de avaladores y prestam istas,
han d iversificado el consum o inte rn o y aumentado así la estab ilidad del sistem a
productivo, están creando sectores ocupaciona les em ergentes , son ciudadano s
activos y entusiastas” (200 2: 9).
Con ello, desmonta tam bién el pre j uicio de asociar la vejez a la pobreza. En esta
dirección se pronuncia también García Zarza:
“Hasta ahora s e considerab a que lo propio de la ve j ez era el de rrum be físico y la
pobreza, pero todo esto está cam biando. Se ha descubierto que muchos de los
efectos achacados a la edad están vinculados a estilos de vida, a valores sociales y
que el deterio ro mental, notorio e irr ev ersible, no suele ocurrir, por l o gener al,
antes de los 75 años. Y por ot ra parte, estamos ante la primera generación de vie jos
con r e c ursos prop ios, que ya no dependen del arbitrio de la f am i lia o de lo s hijos y
que se ha n convertido en un mercado po tencial i n teresante y a tray e nte, a d e m ás de
tener tam bi én gran importancia dentro del s istem a democrático, al poder i nc linar
los resultados electorales a f av or de la opción política que más l es atraiga, interese
o convenza” (199 8: 26).
En la misma línea, Trinidad Requena destaca que:
“Es e v i dente que c ada v ez llegarán más per sonas a la edad de j ubil ación, pero ésta s
se diferenciarán b astante del j ubilado tradic i onal. As í , c ada vez i rán acce diendo a la
jubilación tanto un número crecient e de mujeres trab ajadoras com o de individuo s
de ambos sexo s que alcanz an una cuantía m e dia en sus pensiones cada vez más
altas, dada la profesión más cualificada que han de sem peña do y el sector
económico del que proceden. Debido a la t erciar i z ación de la e co nom ía españo la,
los nuevos jubilados pr o cederán del sector ser v i c ios, en oposició n a los viej os
jubilados procedentes del secto r primario. Ig ual mente, estos nuev os j ubilad os, que
112
El últ imo estudio que p rofundiza sobre l as nuevas características qu e definen a las
personas ma y o res es d el año 2013 y se titula “Las personas m a y ores qu e vienen”. Sus
autores son Gre g orio Ro dríg uez , catedrático de S ociología; Pilar Rodrí g u ez, presidenta
de l a Fundación Pilares para l a Autonomía Personal; y P enélope Castej ón, ex perta en
gestión y planificación d e servicios so ciales. Su principal conclusión es qu e los ma y ores
entre 50 y 69 años pl antean nuevas d emandas qu e obligan a reformular l as políticas y la
oferta de actividades.
Entre otros resultados del estudio, debemos destacar (2013: 209-244):
• La jubil ación se percibe de mane ra distinta s egún la r elación con l a a ctividad laboral:
para más del 60% de las personas ocupad as y l as jubil ada s significa un a oportunidad de
“dedicar el t iempo a lo que se quiere”. Pe ro esta visión posit i va es mucho menos
frecuente entr e quienes s e encuentran en situación de desempleo (34%); la precariedad
de su situación y cómo ésta pueda afectar a s u ju bilación seguramente m otiva que el
44% piense que será una etapa difícil.
• En cuanto a su opi nión sobre hasta qu é edad s e debería t rabajar, más de la mitad
manifiestan acuerdo en que hay que seguir haciéndol o más allá de los 65 años. Pero este
porcentaje disminu y e cuand o la preg unta se refiere a su propia situación.
• El 63%de la población estudiada (más de 6.500. 000 de personas) están contribu y endo
de manera mu y relevante al apo y o familiar: cui dan a sus ni etos mientras los padres
trabajan, atienden a personas en si tuación de dep endenc ia y a yuda n económ icamente a
otros familiares, sobre todo a hijos ma y ores de 25 años.
• En cuanto a las activi dade s de ocio, el grupalismo que ha sido tradicional en l as
personas m a y ores está da nd o paso a un a ma yor autonomía e n la ele cc ión de los
intereses individ uales. De ahí que más de la mitad de la población estudiada manifieste
desinterés por l as actividades que se ofrecen y prefieran auto ge s tionar su tiempo libre.
No obstante, el 60% t endría interés en p articipar en programas de ocio y c ultura junto a
personas que compartan sus mismas inquietudes y el 77% desearía hacerlo con personas
de todas las edades.
113
• Casi la mitad se int ere s ar ía por recibir algún tipo de formación que le s a y ude a
organizar su ac tividad y su tiempo durante la etapa de la jubilación o p ar a iniciarse en
tareas d e volunt aria do y participación so cial. En est e sentido, m ás de tres cuartas partes
de la pob lación encuestada valora positivamente que hubiera formación es pec ífica antes
de jubilarse para preparar la nueva etapa y vivirla de la manera más plena.
• L os centros sociales, hogares, clubs, h an ju gado un rol ce n tral como e spacio de
encuentro y org anización de actividades para las personas ma y o res. Sin emb ar go, estos
centros están perdiendo p arte de su atractivo: entre las personas que están en la fra nj a de
60 a 6 9 años apenas un 16% informa acudi r a el los; exist e otro segmento (34,7%) que
no asis te pero qui zá lo haga más adelante y, fin almente, un amplio grupo (45%) afirma
que no asiste ahora ni lo hará en el futuro. C omo propuestas de mejora, el 37% de las
personas de 50 a 69 opin an que sería conveniente abrir estos c entros a todas las edades,
mientras el 21% p roponen que al menos la edad de ac ce so d escienda a 50 años (en
ambos casos el porcentaje de mujeres es ma y or).
• Más de la mitad de l a p oblación colabor a o pert ene ce a ONGs y ot ras or ga n izaciones,
pero solo un 10% participa en actividades el volun taria do. No obs tante, hay otro 32%
que no participa pero “le gustaría hacerlo”, si bi en este deseo ex presado de participación
solidaria no encuentra s uficiente refrendo en la práctica real de activid ade s, lo que debe
alertar sobre la búsqueda de fórmulas capaces de a ctivar e se potencial.
• El tipo de voluntariad o preferido contiene claramente la idea de leg ado: trasmiti r la
propia ex perienc i a l aboral o de otros queh aceres y conocimientos a los jó venes, apo y a r
su promoción profesio nal o emprendimiento empresarial o comprometerse en el
desarrollo de valores a las nuevas generaciones. L a experiencia es el aspecto mejor
valorado de la edad aunq ue esta pe rcepción es me nor entre los más ma y ores del grupo,
quizá a medida que se comprueba que esta e xperiencia no es aprovechada por la
sociedad.
Por tanto, t odos estos indicadore s detallados a l o largo de este epígrafe muestran la
importancia q ue tiene ho y , a nivel general, el segmento de población mayor, no sólo en
términos demográficos o estadísticos, sin o social es y económi cos. Poco a poco, s e va
perfilando un a nueva sociedad qu e, como not a m ás significativa, t endrá una elevada
114
proporción de personas jubiladas que, como poco, vivirá veinte años en buenas
condiciones de salud física y mental.
Algunos expertos, a la vista del cambio, hablan de la e closión de un a nueva edad.
Llaman senelescencia , forzada mix tura entre s enectud y adolesc enc ia, al periodo de
transición entre la mediana edad y la vejez en el que uno y a no es joven, ni siquiera
maduro, pero aún no es, de nin guna de las m aneras, viejo. Un a etapa, la últim a de la
existencia, que empieza para cada uno en una fecha dist inta, porque cada mayor es un
mundo y, cada vez más, la identidad se const ruye m enos por la ed ad y más por el estilo
de vida
14
.
Es el momento de qu e el mercado y l os medios d e comunicación se den cuenta de qu e
las nuevas generaciones que están lleg ando ya a la edad de jubilación l o hacen en
condiciones económicas y , sobre todo, cultural es muy di ferentes a las que no h ace
mucho tiempo se llegaba.
2.5.2. CARACTER Í ST ICAS DE LA S PERS ONAS MAYORES EN ANDALUCÍA
Son escasas l as i nvestig aciones ex istentes sobre las características d e las person as
mayores de Andalu cía. P or ell o, para l a elabo rac ión de este capítulo nos hemos basado
principalmente en el estudio de la Funda ción Pública Andaluz a Centro de Estudios
Andaluces, entidad pert enec i ente a la Consej ería de la P residencia d e l a J unta de
Andalucía, titulado Ras gos básicos del envejeci miento demográfico y las personas
mayores en Andalucía , dirigido por López Doblas en colaboración con M aría del Pilar
Díaz Conde (2010); del artículo de Carolina del Valle para el C entre d’Estudis
Demográfics, El Envej ecimiento demográfi co en Andalucía y l as características
sociodemográficas de l a población mayor d e 64 años (2005), así como del capítulo
específico que sobre esta m ater i a aparece en el Libro Bl anco del Env ejec i miento Activo
de Andalucía (2010: 57-106).
14
Sánchez Mellad o, L. (1 6 de noviembre de 2014). Fuera del rebaño. Do mingo (El País) , p. 5.
115
Como se destaca en t odas estas investigaciones, e s preciso saber cuáles son los rasgos
sociológicos fundam entales de las personas mayores en la comunidad autónoma de
Andalucía, analizando t anto aspectos estructurales como tendenc i as de cambio, que
informen sobre l os diferentes m odos de envej ecer y que, po r añadido, aporten un
conocimiento que a y ude a deste rrar los pr ejuicios y los estereotipos que a m enudo
circulan sobre ellas.
Una circunstancia mu y a tener en cuenta es que las edades avanzadas se componen de
más efectivos de población de s exo femenino que masculino. El pre dominio
cuantitativo de la muj er sobre el hombre, además, se acentúa a medida qu e asciende l a
edad. L os datos del P adrón de Habitantes de 2010 indi ca n que en Andalucía de cada
cien person as m ayores d e 6 5 años, 57 son muje res y 43 hombres. En el grupo de 65-69
años, el 52,58% son mujeres y el 47,42% varon es. En el de 75-79 años hablamos del
57,30% frente al 42,70% . En el de 85 o más años, sobre todo, las mujeres suponen más
del 68% de los habitantes y los varones ap ena s el 32%.
La s pautas d e comportamiento que cara cter izan estas diferencia s entre sexo a lo largo de
la vida son ampliamente conocidas por todos los profesionales de la d emografía : aunque
nacen más niños que ni ñas dicha ventaja numérica de los primeros va reduciéndose
aproximadamente hasta los 35-40 años donde los porce ntajes se i g ual an pa ra comenzar
la in ver sión del proc eso cu y as dif ere n cias van a centuándose conforme s e i ncr ementa la
edad (Del Valle, 2005: 9).
Consideramos int ere s ante hacer hi nca pié sobre este punto puesto que a m enudo se
investiga sob re la vejez teniendo como r eferencia la sit uac ión social y l as necesidades
del hombre, pareciéndose dejar en un plano secundario al sex o feme nino.
Punto importante si tene mos en cuenta que l as mujeres envejecen en un as circunstancias
personales, familiare s y sociales bastante diferentes a las de los hom bres, de ahí que
dediquemos más adelante un epígrafe íntegrament e sobre género y envejecimiento y la
imagen de la mujer mayor.
La ma yor esperanza de vida que registra el sexo fe menino con respec to al masculino, no
únicamente al nacer sino a cu alquier edad que se considere, moti va que entre las
116
personas m ayore s ha ya u na cifra sup erior de mujeres que hombres. Todas y cad a una de
las provincias andaluz as pres entan este rasgo en sus p oblacione s, destacando
sobremanera Sevilla: entre sus habitantes d e 65 o más años, el 58,67% son mujeres y el
41,33% varones. En Alm er ía, sin embar g o, las primeras supon en el 55,79% y l os
últimos el 44,21%. En general, la desproporció n entre los sex os se p roduc e de una
forma más acusada en las provincias occidental es de Andalucía qu e en las orientales
( Libro Blanco del Envejecimiento Activo de Andalucía , 2010: 58).
Es algo constatado a demás en tod as las comu nidades autónomas, así como en el
conjunto del mundo occidental, constituyendo p or lo tanto un aspe cto e structural que
define de una manera global al envejecimiento (Dí az Conde y Lópe z Dobla s, 2010: 10).
La sobreabundancia de mujeres se re g i stra, de o tro lado, s ea cual sea el tamaño de la
localidad de residencia que consideremos, aunque de una forma mu y especial en las
grandes ciudades. En las que s uper an el m edio millón de habitantes, en efe cto, de cad a
centenar de p ersonas mayores 61 son mujer es y 39 hom bres, aproximadamente; en las
de 100.001 a 500.000, encontramos 60 mujeres frente a 40 hombres. En cu anto al medio
rural, pese a que tambi én son relativamente más numerosas l as mujeres que los
hombres, la desp roporción no alcanza tanto valor: en los pueblos y al deas de hasta
2.000 habitantes, en torn o al 45% de las pe rsonas de 65 y más años son hombres y al
55% mu jere s ; i gua l sucede, en g eneral, en lo s municipios de hasta 50.00 0 habitantes
( Libro Blanco del Envejecimiento Activo de Andalucía , 2010: 61).
Otra tendencia cu yo con ocimiento re sulta clave en el análisis de las condiciones de vi da
de las personas de edad e n Andalucía es que l a viudez pierde relevancia e n beneficio de
la vi da matrimonial. Es un hecho perceptible desde mediados del si glo XX pero que s e
está dando con especial magnitud en las últimas décadas.
Según los datos extraídos del Censo de Población de 2001, los últimos publicados por el
INE sobre el estado civil, las condiciones d e vida de l as personas de e dad avanzad a
responden, en lo esencial, a su sit uac ión de pareja . Más allá de los 65 años se
encuentran ca sadas en A ndalucía un porcentaje de ellas que casi duplica al de viudas: el
59,48% frente al 31,83 %; aparte, el 7 ,49% están solteras y el 1,2 1% separadas o
divorciadas. Por tanto, frente al desconocimiento social o incluso el prejuicio que quiz ás
117
exista al respecto, el envejecimiento en p are ja es muchísimo más frecuente que el que s e
desarrolla en ausencia de la misma (Díaz Conde y L ópez Doblas, 2010: 16).
Carolina del Valle considera que el estudio del es tado civil se pl antea más int ere sante si
se analizan los datos considerando tanto la edad com o el sexo:
En la población m a y or de 64 años, el porcentaje de varones es may or que al de
m uj eres en las c a t egorí as de población casada (78,93% frente a 45,04%), separada
(0,96% frente a 0,7%) y divorciada (0,46% frente a 0,36%), mientras qu e en las
categorías de población soltera (6,39% son hombres y 8,30% m ujeres) y viuda es
m ayor el porcentaje de mujeres, s ob r e todo en es ta últim a que triplica al de varones
con un porcenta je del 45,61% frente a un 13,27%. Esta cuestión es realm e nte
importante a tener en cuen t a e n l o que a dotac iones e infraestructura s sociale s se
refiere (2005: 12) .
Comparando los datos de Andalucía, son mu y si milares respecto a los de España,
matizando si acaso que a nivel nacional l a viuded ad posee una incidencia algo inferior y
la soltería en cambio un tanto mayor, y sí difiere de una manera bastante significativa
entre unas provincias andaluzas y otr as, según s e desprende de los datos aportados en el
informe de Rasgos básicos del enve j ec imiento demográfico y las personas mayores en
Andalucía :
Jaén cuenta con un porcenta j e de personas may ores casadas mucho más elevado
que el de Cádiz o Sev i lla. En Cádiz, precisam ent e, se da la tasa de v i ud edad más
alta de toda An da lucí a , au nque también s on v alores cuantiosos los de Huel v a y
Sevilla. En cuanto a l celib ato, resul ta más frecuente en Sevilla y Córdoba que en
Jaén o Almería. Por últim o, aun dent ro de su es casez es tad ís tic a , la tasa de
personas may or es separadas o divorciadas c u a drupli ca en Málaga el valor
registrado en Jaén (2010: 11).
Por tanto, no es solo q ue cada vez ha y a más personas de edad elevada en nuestr a
sociedad si no qu e está cambiando también l a forma en qu e envejecen, comenzando por
la situación de pareja. Y eso porque, aunqu e la t asa de soltería p ermanece con escasas
variaciones, el retraso del m omento de la viudez está favoreciendo que se p rolongue por
más tiempo que nunca el envejecimiento en parej a. L as separaciones y los divorcios, a
118
pesar de que van en aumento, tienen todavía una releva n cia muy esca sa, sobre todo en
las provincias interiores ( Lib ro Blanco del Envejecimiento Activo de And alucía , 2010:
71).
En lo que respecta al hábitat, varias circunstancias llaman la atención:
- Primero, que conform e aumenta el tamaño de l a localidad de residencia t iende a
elevarse el porcent aj e de personas mayores viudas, que oscila entre el 29,87%
registrado en l o s pueblos y las aldeas de hasta 2.000 habitantes y el 34,29% que se
observa en las c i udades d e más de m edi o m il lón de ha b itantes.
- Segundo, que en las grandes ciudades hallamos, en contrapartida , la proporció n
m ás reducida de situaciones matrim oni ales. Están casadas el 54,70% de las
personas may ore s que res iden en localidade s de m ás de 500.000 habitantes, fr ente a
m ás del 61% de l a s que lo hac en en los núcleos de poblac ión inferior a los 50.00 0
habitantes.
- T ercero, que también l a s grandes c iudade s destacan po r contar con la m ayor
relación tanto d e personas mayores solteras como de separadas o d ivorciadas ( I bid:
72).
Una vez ana lizados todos estos datos, la conclusión no admite dudas: en l a etapa final
de l a vida, existe básicamente dos formas dispares de envejece r: la masculina en
matrimonio y l a femenin a en soledad con yuga l. S egún los datos del C enso del 2001, por
ejemplo, en el grupo de edad de 85-89 años, en la pobl ac ión m asculina andaluza aún
son bastantes más corrient es las situaciones matrim oniales que las de viudedad; entre
las mujeres, en cambio, el porcentaje de c asa das rondaba el 11% mientras que las de
viudas el 80%.
En lo que respe cta a la fami lia
15
y a los hogares
16
, en Andalucía , de cada cinco person as
mayores dos habitan en hogares bipersonales (el 41,99% s iendo ex actos). Es, con
diferencia, el tipo de hogar más frecuente entre ellas. Las demás se d istribuye n , en
magnitudes b astante si milares, en ho gare s de tre s miembros (el 19,05% ), de cuatro o
15
El glo sario del censo de 2001 de f ine familia co m o “ el grupo d e personas (d os ó m á s) que , residiendo en
la misma vivienda fa mil iar, c om p arten algu nos gastos co munes y e stán vinc ulados p or la zos de sangre, o
político s, independienteme nte de su grado ”.
16
E l glosario del censo de 2 001 d efin e hogar como “un co njunto de p ersonas q ue, residie ndo en la misma
vivienda, co mparten gasto s comunes or igin ados p or el uso d e la vivienda y /o gastos de alimentación”.
119
más mi embros (el 19,21%) o bien uni persona les (el 19,76%) ( Lib ro Blanco del
Envejecimiento Activo , 2010: 79).
Aunque parte d e los hogares de dos mi embros enmarcan situaciones de convivencia
intergeneracional, sea con algún descendiente o bien ascendiente, los m ás comunes
entre ellos son los constit uidos por una pareja de personas ma y ores. Y, dad o que se está
retrasando el momento e n que sucede la viudez, esta clase de ho gares t iende a s er cada
vez más común, sobre to do entre las personas septuagenarias: en torno al 45% de ellas
se encuentran en uno de ellos ( I bid ).
Los ho g ar es unipersonales, en este sentido, están registrando un a gran ex pansión en las
edades avanzadas. Se enviuda más tardíamente que nunca, pe ro cuando llega ese
momento prevalece la vo luntad de las personas de ir trazando por sí mism as s u destino
en vez de dele garlo en ot ras. “Hombr es y muj er es participan de este proceso de cambio,
que les garantiz a libertad, independencia y autonomía en una medid a superior que ot ras
modalidades de convivencia como podrían ser el traslado y convivenci a en cas a d e
familiares o el ingreso en una residencia” ( L ópez Doblas, 2005a: 114).
Según los datos del Censo de 2001, el resultado es que alrededor del 30% de las
personas de 80 o más años residen en un hogar so litario.
Los ho gares más poblados , sean de tres o más miembros, engloban fundamentalmente
dos perfiles de conviv encia mu y disti ntos. Uno, personas ma y or es con o si n parej a, pero
teniendo hijos aún sin emancipar, situación sobre todo común en contex tos de re ciente
jubilación. Otro, personas de edad mu y avanzada que, debido a sus proble mas de salud,
deciden dejar de vivir sol as yéndose al dom icilio de familiares. De ahí que , en el
segmento de la pobl ación de más de 65 años, tan to los hogares de tres mi embros como
los de cuatro o m ás pierden relevancia en un prim er m omento para recuperarla luego
(entre las personas de edad superior, conforme los familiares van acogiéndolas en casa
para cuidarlas).
La s p ersonas ma y ores s e repar ten entre los diferentes tipos de hogares d e una m anera
bastante sim ilar tanto e n Andalucía como en España . No ocurre así dentro de la
comunidad autónoma, dond e siguiendo de nu evo los datos aportados po r el Libro
120
Blanco de l a Comunidad Autónoma de Andalu cía, ha y que reseñar lo sigui ente (2010:
80 y 81):
- Gran ada es la provin cia con el porcentaje más alt o de personas ma y or es en hogares
unipersonales, el 21,72 %, se g ui da de Jaén (el 20,87%) y d e Málaga (el 20,71%). En
sentido contrario destacan C ádiz (el 18,22%), Córdoba (el 18,55%) y Sevilla (el
18,96%).
- J aén sobresale, de otro lado, por ser l a provin cia andaluz a con la ma y o r relación de
personas mayores en ho gares d e dos miembros, el 47,57%. A continuación s e si túan
Córdoba y Granada (alr ededor del 44,50%). En Sevilla, en cambio, en esta cl ase de
hogares se encuentran menos del 40% de ellas y en Cádiz, incluso, m enos del 38%.
- La p roporción d e personas ma yor es en ho gare s de tres miembros v a del 17,98%
registrado en Jaén y al 20,11% de Cádiz .
- Por último, la c i fra de personas m ayores que viven en hogares de cuatro o má s
miembros resulta mu y di stinta según las p rovincias, destac ando lo elev ado de s u valor
en algunas o ccidenta les, como Cádiz (el 23,75%) y Sevilla (el 21,59%), y l o reducido
en algunas orientales, como Granada (el 15,54%) y J aén (el 13,58%).
Por clase de hábitat cabe destacar q ue los hogares de una sola p er sona son
especialmente frecuentes en el medio rural. En lo que respecta a los hog a res formados
por dos person as, tambi én t ienden a de finir la ex istencia de una cifra relativamente
superior de personas ma y o res del medio rural que del urbano: hablamos de porcenta jes
que oscilan desde el 46,59% de las que residen en municipios de hasta 2.000 habitantes
hasta el 39,05% de las que lo hacen en poblaciones que sobrepasan el me dio millón de
efec tivos ( Ibid).
Otro he cho mu y significativo que nos pr esenta el L ibro Blanco del E nvejecimiento
Activo de Andal ucía (2010: 82) es la relativa esca sez de ho gares de cuatro o más
miembros en el medio rura l, m ás extraños cuanto menor es el tamaño de la pobl ac ión de
residencia. Por contrario que parezca, la convivencia entre vari as generaci ones resulta
en las sociedades actuales b astante más corriente en las áreas urb anas que en l as rural es.
En estas ú ltimas, en cam bio, es m ucho más común la vida en sol itario de las personas
mayores, circunstancia perfectamente compatible con el hecho que d estacábamos arriba
121
de que el envejecimiento en pareja sea también más frecuente en los pueblos que en l as
ciudades.
Otra variable inte resa nte de analiz ar es la actividad y situ ac ión económica de l as
personas mayores en Andalucía.
En Andalucía, c asi la totalidad de población ma yor de 64 años es inactiva
17
(97,36%) y
solo el 2,64% pertenece a la población activa
18
. Es tos porcentajes se m antienen si el
análisis se hace en función de los gr upos de edad, aunque el valor mayor de pobl ac ión
inactiva en el Censo 2001 fue el de aquellos que tenían entre 75 y 79 años, con un total
del 98,47%.
En función del sexo, frente al 3,29% de hombres activos nos encontramos con valor del
2,17% para l as mujeres y, por tanto, si el 96,71% son hombres inactivos, este porcentaje
para las mujeres asciende al 97,83%. Así pues, estas cifra s muestran como el hombre
perpetúa algo m ás que l as mujeres su activid ad laboral, se g ú n los diferent es informes
del I nstituto de Estadíst ica de Andalucía.
En lo que r espec t a a la composición por gr upos de ed ad del t otal de activos por una
parte, y de inactivos por otra, y si g uiendo a Caroli na del Va lle:
Del total de población ocupada o parada (activos) mayor de 64 años, más del 50%
tenían entre 65 y 69 año s y casi un 20% entre 7 0 y 74 años. Por tanto, e l m ayor
núm ero de activos e s población de tercera eda d . Aunque ocurre lo m i sm o en el
grupo de población inactiv a, e s decir que la m ayoría de el los (80,18%) tiene m enos
de 80 años sin embargo e xiste un mayor equilibrio entre l os grupos. Así pues, tan
solo el 31,8% tiene entre 65 y 69 años f rente a l 53,44% que presenta ba para dichas
edades el colectivo de población activ a. Le s igue con un 27,92% aquellos que
tienen entre 70 y 74 añ os y con un 20,46% lo s de 75 a 79 años ( 200 5: 22).
17
Se e ntiende por perso na inact iva “aq uella que no sati sface las condicio nes necesaria s par a su i nclusión
entre la s pe rsonas ocupa das o pa radas”. To m ad o del Glos ario realiza do par a la elab oració n del Censo
200 1. Esta categoría está for m a da po r estudia ntes, j ubilad os o prej ubilados, pensionistas, p ersonas
dedica das a las tareas d el hogar u otra situ a ción co m o rentist a.
18
Se entiende por p ersona activa aquella q ue estando e n edad de trabajar lo h ace (p oblación ocupad a) o
desea hacer lo (par ada o desemplead a).
128
aprendizaje a cualquier edad y la posibi lidad de entrar y salir del mercado laboral,
diferentes veces a lo largo de la vida”.
Como señalamos al princ ipio de este epígrafe, el término “envejec i miento activo” fue
adoptado por la Organización Mundial de la Salud a finales de los años noventa con la
intención de t ransmitir un m ensa je más completo que el de “envejecimiento saludable”
y r econocer los factore s que junto a la atención sanitaria afectan a l a manera de
envejecer de los individuos y las pobla ciones (Kalache y K ickbusch, 1997: 4 y 5).
El planteamiento del envejecimiento activo se basa en el reconocimiento de los
derechos humanos de las personas ma y ores y en los Principios de las Naciones Unidas
de independencia, participación, dignidad, asis tencia y realización de l os propios
deseos. Sustit uy e la planificación estratégica desde un planteamiento “basado en l as
necesidades” (que conte mpla a las personas mayores como objetivos pasivos) a otro
“basado en los derecho s”, que reconoce los de rechos de las p ersonas m ay or es a la
igualdad de oportunidad es y d e tr ato en todos l os aspectos de la vida a medida qu e
envejecen, siendo el fin último m ejora r su calidad de vida (OMS, 2002: 79).
Y respa lda su responsabilidad para ejercer su participación en el proceso políti co y en
otros aspectos de la vida comunitaria.
Este marco polít ico requiere también la ac ción sobre tres pilar es básicos, s eg ún C armen
Marco:
- Salud: Cuando los factores de riesgo ( tanto ambientales como conductuales) de
las enfermedades crónicas y el dec liv e funcional se mantienen en niveles bajos y
los factores pr o t ectores son elevados, las pe rsonas disfrutan d e m á s a ños y m ás
calidad de vida.
- Participación: Las Personas Mayores seguirán haci e ndo una contribució n
productiva a la soci edad en actividades remuneradas como si n remunerar. Total
participación en las actividades socioeconóm ic as, cult u r a les y espirituales, de
acuerdo con su s derechos h um anos.
- Seguridad : Las políticas y los program a s abordarán las necesidades sanitarias,
sociales, económ ic as y de seguridad f ísica de l o s M ay ores, garantizando su
protección, su dignidad y su a sistencia en el caso de que y a no puedan valerse po r
129
sí m is m as. Se apoyarán a las familias y a las com unidade s e n sus esfuerzos por
cuidar de sus se r es quer idos de m ás edad (2002: 7).
Los pro g r amas de env ejec imiento activo reconocen la necesidad de fomentar la
responsabilidad persona l, los entornos adecuados para las p er sonas de edad y l a
solidaridad intergeneracional. Las p er sonas y l as f amilias nece sitan planificar su vejez y
prepararse par a ella. Las Administraciones, por su lado, deben promover y propi ciar
políticas y entornos favorables que permitan el desarrollo de esti los de vid a activos y de
bienestar, o freciendo a los colectivos de pe rsonas m ayores una v ida llena de
oportunidades ( Plan de Acción para el Envejecimiento Activo en Bizkaia , 20 10: 11).
Buscando los orí g enes d e la promo ción de este t ipo de polít icas, ya en 1982, se celebró
en Viena la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, cu y o propósito era que si rviera
de foro “para i niciar un programa internacional de acción encaminado a g arantizar la
seguridad económica y social de las personas de edad, así como oportunidades para que
esas personas contribuyeran al desarrollo de sus p aíses”. En su resolución 35/129, de 11
de di ciembre d e 198 0, l a Asamblea General mani festó además su deseo de que como
resultado de la Asamblea Mundial “las sociedades reaccionen m ás plen amente ante las
consecuencias socioeconómicas del envejecimiento de las poblaciones y ant e las
necesidades especiales de las personas de ed ad” . Teniendo presentes tales mandatos, fue
concebido el Plan de Acción Internacional sobre el Envejecimiento .
Este Plan debía considerarse como parte integrante de l as prin cipales estrateg ias y
programas internacion ales, re g i onales y nacionales formulados en respuesta a
importantes problemas y nec esidades de carácter mundi al. Sus metas principales er an:
“Fortalecer la capacidad de l o s países para abordar de m anera efectiva el
envejecim i ento de s u pob l ación y atender a las preocupaciones y necesidad es
especiales de las personas de m ás edad, y fomentar una respuesta interna c ion al
adecuada a los prob lemas del envejecim iento mediante m edidas p ara el
establecimien t o del nue v o orden econ ómico internacional y el aum ento de las
actividades internacionales de cooperación técnica, en particular entre l os propios
países en desar rollo” (1980 : 5).
130
El Plan de A cción debía considerarse en el marco d e otras estrategi as y planes
internacionales. En partic ular, se reafirmaban en él los principios y objetivos de la Carta
de las Naciones Unid as , de l a Declaración Universal de Derechos Humanos
(resolución 217 A ( III ) de la Asamblea General), de los Pactos Internacionales de
Derechos Humanos (resol ución 2200 A (XX I) de la Asamblea Gen era l) y de la
Declaración sobre el Progreso y el D esarrollo en lo Social (resolución 254 2 (XXIV) de
la Asamblea General), de la Declaración y el Programa de Acción sobre el
Establecimiento de un N uevo Ord en Econó mico Internacional (r esoluciones 3201 (S-
VI) y 3202 (S-VI) de la Asamblea General) y d e la Estrategia Internacional del
Desarrollo para el Tercer De ce nio de l as N aciones Unidas para e l Desarrollo
(resolución 35/ 56 d e l a Asamblea G eneral), así c omo las resoluciones 34/ 75 y 35/46 de
la Asamblea Gen er al, en que se declara el decenio de 1980 Segundo Decenio para el
Desarme.
El desarrollo de pro gramas y actuaciones d e env ejecimiento activo se h a d e contemplar
dentro de una concepción global: como un p rograma d e formación y de educación
permanente, a lo lar g o d e tod a la vida, que llev e a las poblaciones y a las personas que
las integran, de forma r esponsable y activa, a adoptar una “nueva conce ptuali zación en
el vivir”, a fin de que di cho cuadro conceptual genere e im pulse nuevas actitudes,
nuevos comportamientos y hábitos, que d esemboquen en estil os de vida saludables,
positivos y de bienestar ( OMS, 2002: 104).
Para hacer d el envejecimi ento una experiencia positiva, se g ún Mar co (2002: 65)
tenemos que an alizar al gunos conceptos de la v ida diaria que son funda mentales para
las personas ma y ores, tales como la autonom ía o capac i dad de controlar, afrontar y
tomar decisiones personales; la i ndepe ndencia como la capacidad de desempeñar las
funciones relacionadas con l a vi da diaria; la calidad de vida entendida como la
percepción individual de la propia posición en la vida dentro del contex to del sistema de
valores en que s e vive; y por último la esp eranza de vi da saludable, qu e se utiliz a como
sinónimo de esperanza de vida libre de discapacidades.
Con estos conceptos, se puede medir el grado de dificultad que ti ene un a persona m a y or
para desarrollar las actividades básicas de la vida diaria.
131
Por su parte, el p ro y ecto de Iniciativa intern ac ion al ‘Global A g eing Iniciat ive’ que está
tratando de probarse en 16 países, condiciona el e nvejec er bien a cinco in gredientes:
1. Actividad
2. Recursos sociales
3. Seguridad material
4. Eficacia cognitiva
5. Estado de salud y funcional
En cambio, ya en 198 9, Fries, señalaba seis criterios básicos para el envejecimiento con
vitalidad:
1. Mantenerse independiente.
2. Tener hábitos de vida saludables.
3. Mantenerse activo.
4. Ser entusiasta.
5. Tener una buena imagen de uno mism o.
6. Ser uno mismo.
El envejecimiento activo es también un arma eficaz contra la pobreza de las personas
mayores. En 2008, el 19 % de las personas ma y or es de se senta y cinco a ños de la Unión
Europea corrían riesgo de pobreza, y l a vej ez es par a muchos un periodo de
marginación. Aunqu e l a mejora de las opo rtunidades de empleo de las per sonas de más
edad puede a y ud ar a resolver algunas de las causas de pobreza de ese grupo de edad, su
participación activa en a ctividades voluntarias pu ede aliviar su aislamiento (Comis ión
Europea, 2010: 19).
Dice el qu e fuera Directo r del Pro gr am a de En vejecimiento Activo de la OMS, el
profesor e investi ga dor brasileño en la L ondo n School y la Universidad de Oxford, Alex
Kalache, que:
“Queremos enve j ecer, y e so significa salud y cali d a d de v ida. Una persona mayor
saludable es un recurso para su familia y para su comunidad. Si tiene un grado de
salud alto, ay uda no sólo en la f am il ia, si n o en cualq u ier t raba j o voluntario. Esto
también tie n e un significado e conóm ic o, porque representa una contribución a la
sociedad. Si el grado de salud es bajo, pierde dos veces, porque no sólo no e x i ste
132
esa contribuc ión, sino que habría unos costos por enfermedade s … Las personas
m ayores son una nueva fuerz a pa ra el desarrollo”
23
.
El enorme potencial que atesora n las personas d e más edad para la sociedad, con s u
posible participación en actividades voluntarias o de cuidado, podría aprovecharse
mejor si se eliminaran la s actua les trabas del trabajo no remunerado y se estableciera un
marco adecuado.
En este siglo XXI, el envejecimiento a escala mundial impondrá ma y ores ex ige ncias
económicas y s ociales a todos los países. La Orga nización Mundial de la Salud sosti ene
que los países podrán afrontar el envejecimiento si los gobiernos, las Organizaciones
Internacionales y l a So ciedad C ivil, promulgan p olíticas y pro g r amas de e nvejec imiento
activo que mejoren l a sal ud, l a participación y la seguridad de los ciudada nos de ma y or
edad (OMS, 2002: 75).
No obst ante, en estos últimos años se están dand o pasos importantes de sde el marco
político propue s to por la Organización Mundial de l a S alud en 2002 y por la II
Asamblea Mundial sobre Envejecimiento cel ebr ada en Madrid ese mismo a ño.
Como señala la que fuera ministra de Sanidad y P olítica Social en la presentación del
Libro Blanco del Envejecimiento Activo de España, L ei re Pajín:
También se está revisando la amplitud y las noci on es rel a cionadas con l a propia
idea de enve j ecimiento activ o, sobre las q u e se s igue avanzando y matizando. Cabe
hablar e n este s en t ido de la trascendencia del concepto de ciudadanía, de la
viv encia s atis factoria del propio proceso, de l a importanci a del aprendizaje a l o
largo de la vida, de l as relaciones intergeneracionale s, de la capacidad de
imag i nación e i n novación en su tratamiento, así com o de la importancia de l a
perspectiva de g énero (201 1: 16).
23
Blanco, C. (26 de enero de 2004) . Alex Kalache: “ Lo s mayo res son una nue va fuerza par a el
desarro llo”. El País , p ág. 26. Recuperad o de
http://elpai s.com/diario/20 04/01/26 /sociedad/10750 71606_850215 .html
133
Siguiendo las indicac iones, entre otras, de la Organiz ación Mun dial de la Salud, tanto el
Gobierno de la Nación como la Junta de Andalucía, han elaborado s endos L ibros
Blancos del Env ejecimiento Activo, documentos que analizaremos más detenidamente
en el siguiente apartado de esta investigación.
Factores determinantes del Envejecimiento Activo
El envejecimiento activo depende de una di versidad de influencias o dete rminantes que
rodean a l as person as, l as familias y l as nacion es. En el do cumento de la Organización
Mundial de la Salud Envejecimiento Activo: Un marco político, (2002: 82-90) los
resume así:
Determinantes E conómicos: son tres los conce ptos que tienen un efecto especialmente
significativo sobre el envejecimiento activo: los ingresos, el trabajo y la protección
social.
Determinantes S ociales: el apoy o social, las oport unidades para el aprendizaje continuo,
la paz y la protección c ontra la violencia y el a buso son factores fundamentales del
entorno social que mejoran la salud, la particip ación y la seguridad de l as personas que
envejecen.
Determinantes P er sonale s: los determinantes personales y conductuales son en los que
más influye la persona, ya q ue son estilos de vida que ella adopta.
Determinantes Conduct uales: l a participación activa en el propio autocuidado es
importante en t odas las etapas del ciclo vital. Uno de los mitos sobre el en vejec imiento,
gira en torno a l a id ea de que, en la vejez, ya es d emasiado tarde p ara ado ptar un estilo
de vida saludable. Es t odo lo contrario: implicarse en un a activi dad física ad ec uada,
tener una alimentación sana, no fuma r y el co nsumo prudente del alcohol y de los
medicamentos en el proceso de la ve j ez, puede e vitar la disca pacidad y el declive
funcional, prolongar la longevidad y mejorar la propi a ca l idad de vida.
Entorno físico: unos entornos físicos que ten gan en cuenta a las personas ma y ores
pueden establecer la diferencia entre i ndependencia y d ependencia. La s p ersonas
mayores que viven en un entorno inseguro o con múl tiples barreras físicas, salen menos
134
y por lo tanto, son más propensas al aisl amiento, a la depresión y tienen m ás problemas
de movilidad.
Por su parte, para M arco Marco (2002: 5), t ambién ex isten unos determinantes
transversales, que son:
La Cultura. Es un factor clave porque influ y e s obre todos los demás determinantes del
envejecimiento activo. Las polít icas y los pro gramas que se i nstauren necesitan respetar
las culturas y tradicio nes de los pu eblos as í como los valores universales qu e
trascienden la cultura como lo s valore s éticos y los derechos hum anos.
El Sex o. Es como una “lente” a través de l a que s e puede considerar l a idoneidad de las
distintas opciones de las polí ticas instauradas y có mo afectarán al bienestar tanto de los
hombres como de las mujeres.
Fernández-Ballesteros e n su estudio Envejecimiento Sat isfactorio (2002, citado por
Marco, 2002: 5), establece dos tipos de factores determinantes del envejecimiento
activo: distales y proximales, dividiendo cada uno de ellos en personales y sociales:
Factores dist ales : genéti ca, biologí a, sexo, nut rición, proceso de socialización, hábitos
(personales); y educación, posi ción familiar, apoy o social, ambiente físico, sis tema de
protección (sociales).
Factores P roximales : es tilos comportamentales, cap acida des i ntelectuales, control y
autoeficacia, h abilidades de afrontamiento, conducta prosocial (personal es); y apo y o
social/familia, pensión-renta, disp onibilidad de formación, ambiente adecuado, servicios
sociales y de salud (socia les).
Independientemente de estos num erosos factores, lo que es un a realidad es que en
España y , sobre todo, en los últimos quince añ o s, hemos visto cómo ha ca mbiado la
manera de vivir d e las personas m a y ores. Ahora realizan muchas m ás actividad es
sociales, formativas y parti cipativas, y h ac en más ejercicio físi co que antes. Es más qu e
notorio su acercamiento a las nu evas tecnolo gía s y h a crecido su interés por participar
en actividades culturales, turísticas y recreativas.
135
Se trata de c ambios trascendentales qu e ir án cada vez a más, aba rcando nu evos aspectos
de nuestra vida soci al, cultural y económica. El desafío es asumirlos al ti empo que se
mantiene el Estado del Bienestar y l a cohesión social. De ahí la elaboración de
documentos estratégicos que son la hoj a de rut a de l as políticas futuras sobre
envejecimiento activo.
136
3.2. LIBRO BLANCO DE L ENVEJEC I M I E NTO ACT I VO DE ESP AÑA Y LIBRO
BLANCO DEL ENVEJEC I M I E NTO ACT I VO DE AND ALUCÍA: DOC UMENTOS
DE REFERENCIA
En este siglo XX I , el e nvejec i miento a nivel mundial impondrá may ores ex ige ncias
económicas y social es para l as naciones. Siguiendo las indi caciones de la OMS de qu e
los Gobiernos desarrollen pol íticas y programas de envejecimiento a ctivo que mejor en
la salud, la participación y l a seguridad de los ciudadanos de m ay o r edad (2002: 75),
tanto el Eje cutivo de España como la J unta d e Andalucía, elaboraron s endos Libros
Blanco del Envejecimiento Activo. Ambos pretenden ser documentos de diagnóstico,
debate y reflex ión, entre agentes de di versos ámbit os, al tiempo que una guí a de acción
para incr ementar el rol activo de las personas mayores en la so ciedad y que su valor
redunde en otras generaciones.
3.2.1. Libro Blanco del Envejecimiento Activo en Andalucía (2010)
El L ibro Blanco del Envejecimiento Activo d e Andalu cía fue el prime r documento de
este tipo en España. Presentado por la Consejería para la Igualdad y Biene star Social de
la Junta d e Andalucía en 2010, tiene como objetivo analiz ar la nueva si t uación de las
personas ma y or es, sus inquietudes, i ntere ses y motivaciones, necesidades y demandas
para el d iseño de p olíticas y actu ac iones que den respuestas a su desarrollo desde el
punto de vista social, cultural, formativo.
Para ello se apo ya en el desarrollo de pilares b ásicos como la s eguridad jurídica y
económica en el entorno y hacer frente a este reotipos, mediante la promoción de una
imagen positi va de las p ersonas ma yores, la pro moción de hábitos de vida saludable,
físicos y mentales, la formación a tr avé s del reconocimiento de capacidades y
competencias, l a prom oción de la i g ualdad de oportuni dade s, el fomento de la
autoestima y la p articipación y aportación d e las personas ma y o res a la so ciedad, d esde
su experiencia, formación, valores, apo y o a la familia y a la comunidad.
Este documento parte de un enfoque tr ansversal, abierto a la p articipación de todos los
sectores y desde el optimism o, ya que p romueve nuevas oportunidade s. Se sustenta
sobre la p erspectiva de género y la intergeneracionalidad, favorece la igualdad de
oportunidades y la autonomía personal. Así el Libro Blanco pretende generar
137
condiciones que permitan a las personas ma y o res vivi r cerca de sus objeti vos e ideales.
Además, pretende ser la hoja de ruta para las pol íticas que se van a desarrollar en
Andalucía en los próxim os años sobre se gur idad, formación, participación y apo rtación
de las personas ma y ores a la sociedad.
Desde los pl anteamientos expuestos ahora, cor responde aporta r, estudiar y propon er
desde todos los sectores, desde todos los ámbitos , para la construcción de un modelo de
sociedad que profundice y consolide el Estado del Bie nestar.
Para esta investi gac ión, se solicitó a Mª José Castr o Nieto, directora genera l de P ersonas
Mayores en el p eriodo que se aprobó el L ibro Blanco del En vejecimiento Activo de
Andalucía , los principios básicos y las á reas tem ática s sobre los que se su stenta el
documento
24
.
Según nos señaló, los principios básicos son:
- Globalidad. El envejecimiento activo presenta una variedad de aspectos y factores que
reclaman un enfoque global y conjunto que aborde todos los factores que en él
confluyen.
-
P
rotección. L os mecani smos de protección de las personas ma y o res deben verse como
respuestas ante sit uaciones que no definen al grupo, si no ante contingencias por las que
pueden pasar otros grupos.
- Transversalidad. L a s re spuestas t ienen que darse desde todos los ámbitos impl icados
no abarcando a uno sólo. Las aportaciones deben de hacerse d esde el secto r sanitario,
social, de transportes, urbanístico, económico, cult ural.
-
C
oordinación e Intersectorialidad. Ha d e favorecer la coordinación entre los dis tintos
agentes al objeto de pote nciar las acciones y h acerlas eficac es. P rá cticament e todas las
Consejerías realiz an acciones sobre pe rsonas mayores, pero es preciso enmarcar estas
24
Entrevista re alizada en per sona el 0 2-03-2011 .
144
Líneas de actuación propuestas en el Libro Blanco
El documento destaca la necesidad de que todos los estratos sociales int erioricen una
serie de prioridades a f in de afrontar con éxito las tra n sformac i ones debidas a los
cambios demográficos ya en march a. En e ste sentido l anza cien pro puestas, y se
destacan, entre otras muchas:
- Asumir que el desarrollo individual se prolonga a lo largo de todo el ciclo de
vida de las personas, lo que conlleva una repercusión social.
- I nstaurar un a política ec onómica que contemple todo el ciclo vital y fac il ite las
relaciones humanas, reserve t iempo par a l os cuidados personales, l a solid aridad
y l as relaciones sociales lo que mejorará la economía y la seguridad de las
personas mayores.
- Desarrollar, fomentar y di fundir un concepto de l as personas ma y or es ajustado a
los derechos que les corresponden como parte integrante de la ciudadanía, sin
discriminaciones ni desigualdades de trato.
- Fac i litar su participa ción activa en todos los ámbitos y a todos los niv eles de la
sociedad, y potenciar la solidaridad intergeneracional.
145
3.3. 2012: AÑO EUR OPEO DE L ENV EJECI MIENTO ACT IVO Y LA
SOLIDARIDAD INTERGENERAC I ONAL
El 14 de septiembre d e 2 011, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Uni ón Europea
designaron el año 2012 como Año Europeo del Enveje cimiento Activo y la Solidar idad
Internacional , después de varios años de intensas neg o ciaciones y acuerdos.
Según el artículo 25 de la Carta de los Derechos Fundamentales, la U nión Europea
reconoce y respeta el derecho d e las personas m ay or es a llevar u na vida digna e
independiente y a participar en la vida social y cul tural.
Sucesivos Consejos Eur opeos han reconocido la necesidad de combatir el efecto del
envejecimiento demogr áfico sobr e l os modelos s ociale s eu ropeos. Una r espuesta
fundamental a este rápid o cambio de la estructura de edades consiste en promover el
envejecimiento activo y, en consecuencia, garantiz ar que las cohortes del baby boom ,
que globalmente están más s ana s, mejor formada s y con unas condicione s económicas
más satisfactorias que ni ng una de las que las preceden, gocen de participa ción activa en
la sociedad.
Debido a l a creciente proporción de person as m ay o res en Eu ropa, resulta m ás
importante que nunca promover un envejecimiento saludable que puede co ntribuir a que
las personas de más edad incrementen su pa rticipación en el m er cado de trabajo,
permanezcan activas más t iempo en la sociedad y mejoren su ca lidad de vi da individual,
y a que se reduzca la carga para los sistemas de at ención sanitaria y social.
La Comisión ex puso su visión sobre los retos demog ráficos de la UE y las posibi lidades
de supera rlos en las Comunicaciones “El futuro demográfico de Europa-Transformar un
reto en una oportunida d”, de 12 de octubre d e 2006, y “Abordar los efectos del
envejecimiento de la población de la UE”, de 21 de abril de 2009.
El 22 de febrero de 2007, el Consejo adoptó la Resolución “Oportunida des y retos del
cambio demo g ráfico en Europa: contribución de las personas de mayor edad al
desarrollo e conómico y social”, en la que se hace hi nca pié en l a necesidad de aumentar
146
las posibili dade s de participación activa de las personas de más edad, en las nuevas
oportunidades económicas ( silve r economy o “economía d e plata”) derivadas de la
crec iente d emanda de algunos bienes y servicios por parte de las p ersonas ma y ores y en
la importancia de dar una imagen pública positiva de estas personas.
El 8 de junio de 20 09, el Consejo adoptó conclusiones sob re “ I gu aldad d e
oportunidades entre ho mbres y mujer es: envejecer con dignidad y llevando una vi da
activa” e n las que recono ce que en toda Europa, los homb re s y l as mujeres de más edad
se enfrentan a importantes retos para llevar una vida activa y envejec er de manera
digna, y propone una serie de medidas a los Estados m iembros y a la Com isión.
Por su parte, el 20 de noviembre de 2009, el Consejo adoptó conclusiones s obre
“Envejecimiento digno y saludable” en las que invit aba a l a Comisión a que, entre otras
cosas, “desarrolle activi dades de sensibil ización a fin de fomentar el envejecimiento
activo, en particular un posi ble Año Europeo del Enveje cimiento Activo y la Soli daridad
Intergeneracional en 2012”.
En su Comunicación “Europa 2020: Una estra teg ia p ara u n crecimiento inteligente,
sostenible e integrador”, la Comisión destacó la importancia que tiene para l a Unión
Europea l a promoción d e un envejecimiento activo y s aludable de la po blación para
mantener la cohesión social y aumentar l a p roductividad. A este respect o, propuso la
iniciativa “Una agenda para nuevas cualific aciones y empleos”, en cu yo m ar co los
Estados miembros deben promover, en particular, políti ca s de envejecimie nto activo, y
la iniciativa “Plataforma europea contra la pobreza”.
El lo g ro de estos objetivos dependía de l a actuación a todos los ni veles de g ob ierno y de
varias partes interesadas no gubernamentales, que, a su v ez, podrían beneficiarse del
apoyo, a niv el de la Uni ón, de las actividades del Año Europeo sobre sen sibilización y
promoción del intercam bio de buenas prácticas. L os coordinadores nacionales debían
velar por la coordinación y l a coher enc ia d e l a acción na cional con los objetivos
globales del Año Europeo . Se preveía también la participación de ot ras insti tuciones y
partes interesadas.
147
El 7 de junio de 2010, el Consejo adoptó conclusiones sobre el envejec imi ento activo en
las que inv itaba a la Comisión a que “continúe los prepara tivos para la celebración en
2012 de un Año Europeo del Envejecimiento Activo en el que pu edan ponerse de
relieve las vent ajas del envejecimiento a ctivo, así como su aportación a l a solidaridad
entre las generaciones, y darse a conoc er las iniciativas prometedoras en apoyo d el
envejecimiento activo”.
El 7 de septiembre de 2010, de conformi dad con el artículo 304 del Trat ado de
Funcionamiento de l a Unión Europea, el Consejo de la Unión Europea y el P arlamento
Europeo decidieron consul tar al C omité Económico y Social Euro peo sobre la
“Propuesta de Decisión del Parlamento Europeo y d el Consejo sobre el Año Europeo
del Envejecimiento Activo (2012)” COM (2010) 462 final.
El 14 de septiembre de 2010, la Mesa del Comité encargó a l a Sección Esp ec ializada de
Empleo, Asuntos S ociales y Ciudadanía la preparac ión d e los trabajos del C omité en
este asunto. Las políticas en materia de envejecim iento activo suelen ser responsabilidad
de los E stados miembros, que estaban redoblando sus esf uerzos por movil izar e l
potencial de las personas de más edad. S in embargo, las respuestas r ecibidas de las
autoridades nacionales de los Estados miembros fuer on abrum adora mente favorables a
la id ea d e una acción a e scala de la Unión y , en p articular, de un Año Eur opeo. Dichas
autoridades conside rar o n que la Unión Europea podría sumarse a s u es fuerzo crea ndo
un entorno más favorable, caracterizado por una ma y or sensib ilización de l os
responsables políticos y del públ ico en general, contribu y endo a movi lizar a los
responsables políticos y a las pa rtes intere sada s a tod os los niveles, apoy a ndo e l
aprendizaje m utuo e n toda Europa, supervisando los avanc es y a y ud ando a def inir
objetivos y metas comunes.
El envejecimiento a ctivo constitu y e un objetivo común a varios programas de la Unión,
entre los que cabe cita r el Fondo Social Europeo, el Fondo Europeo d e Desarrollo
Regional, el Pro g rama Progress, el P rograma de aprendizaje perm anente, el P rog ram a
de salud pública, los programas específicos sobre las tecnologías de la in formación y l a
comunicación y sobr e ci encias socioe conómicas y humanidades del Séptimo P rog r ama
Marco de Investigación y Desarrollo, el Plan de Acción “Envejecer mejor en la socieda d
de la información”, el Programa conjunto de investi g ación y d esar roll o “Vida cotidiana
148
asistida por el entorno (AA L) ”, el P rograma pa ra la Innovación y la Co mpetitividad,
con pro y e ctos de despli eg u e piloto sobre las TIC para envejecer bi en, y el Plan de
acción sobre movilidad urbana.
La cofinanciación por pa rte de la Unión de l as actividades del Año Eu ropeo debía ten er
en c uenta las p rioridades y las n ormas que s e a pliquen, sobre un a base anual o
plurianual, a l os programas existentes y las línea s presupuest arias autónomas e n el
ámbito del empl eo, los asuntos sociales y la igualdad de oportunidades. E n su caso, los
programas y l as políticas correspondientes a otros ámbitos, tales como l a e ducac i ón y l a
cultura, la salud, la inves tiga ción, la sociedad de la información, la polít ica regional y la
política de transporte, podrían prestar apo y o al Año Europeo.
Un Año Europeo con actividades coordinadas a n ivel de la Unión Europea permitiría a
la Comisión garantizar la coherencia de las activ idades esp ecíf icas del m encionado Año
con otras iniciativas y otros progra mas de la UE.
Por ello, la Comisión Eur opea pr esentó una prop uesta para designar el año 2012 como
Año Europeo del En vejecimiento Activo . Est a ini ciativa tendría po r objeti vo a y udar a
crear m ejore s oportunidades de empleo y cond iciones de trabajo para el creciente
número de personas m ay o res en Europa, a y ud arles a tom ar un papel activo en la
sociedad y promover un envejecimiento saludable .
El artículo 151 del Tratado de Funcionamiento de l a Unión Europea establece que la
Unión y los Estados miembros “tendrán como objetivo el fomento del empleo, la
mejora de las condicion es de vida y d e trabajo, a f in de conseguir su equiparación por la
vía del progre so, una protección social ad ecuada, el diálogo social, el desarrollo de los
recursos hum anos p ara conseguir un nivel de e mpleo elevado y du ra de ro y la luch a
contra las ex clusiones”. Para lograr ese obj etivo, la Unión apo y ará y completará la
acción de los Estados miembros sobre las condiciones de trabajo, l a integración de las
personas ex cluidas del mercado laboral y la luc ha contra la exclusión social (artículo
153, apartado 1, del TFUE).
Los objetivos indicados en el artículo 151 justifican la propuesta de Decisión sobre el
Año Europeo del Envejecimiento A ctivo , cuya finalidad era fomentar y apo ya r los
149
esfuerzos de los Est ado s mi embros y sus autoridades re g ionales y lo cales, de los
interlocutores sociales y de la sociedad civil para promover el envejecimiento activo.
El Año Europeo del Envejecimiento Activo propuesto fomentaría y apo y aría los
esfuerzos de los Est ado s mi embros y sus autoridades re g ionales y lo cales, de los
interlocutores sociales y de la sociedad civil para promover el envejecimiento activo y
moviliz ar e l potencial de las cohortes del baby boom .
El Año Europeo debería por tanto considerarse un elemento d estacado d el importante
esfuerzo pr evisto para el periodo 2011-2014, dur ante el cua l la Unión Eu ropea debería
orientar muchos de los programas y políticas co munitarias al envejecimiento activo y
establecer un m arco que permita fomentar y promocionar nuevas i niciativas y
colaboraciones que apo yen el envejecimiento acti vo a todos ni veles (Estad os miembros,
interlocutores regionales, locales y sociales y s ociedad civil).
Actividades propuestas para el Año Europ eo del Envejecimiento Activo
- En 2011, se animó a los poderes públicos, a los i nterlocutores so ciales y a las
organizaciones de la sociedad civil a todos los n iveles a comprometerse a alcanzar
objetivos específicos r elacionados con el env ejecimiento activo; a tal fin , t endría n que
centrarse en ac ciones realizadas durante el Año Europeo. Los objetivos se
documentarían en un s itio web europeo que se convertiría en el siti o web d el Año
Europeo y serviría de her ramienta de s eguimiento y ev aluac ión.
- En 2012, las actividades del Año Europeo se cent rar on en la puesta en p ráctica d e los
compromisos asumidos en 2011, la sensibiliz ación del público en general, l a promoción
de estas iniciativas a t ravé s de activi dade s en los medios de comunicación y l a
implicación de otros multiplicadores. Asim ismo, se presentarían los resultados de los
proyectos sobre env ejecimiento activo financiados en el m ar co de las l íneas
presupuestarias y los pro gramas existentes.
El envejecimiento activo i ncluy e la creación de más oportuni dade s para que las
personas ma y or es puedan continuar trabajando, mantenerse saludables p or más tiempo
y s eguir contribu y endo a la sociedad de otras man era s , po r ejemplo a través de acciones
150
de voluntariado apo y ad o por una amplia gama de políticas en t odos l os niveles d e
gobierno. La Unión Europea tiene un importante papel que desempeñar en áreas como
el empleo, la protección e inclusión soci al, l a salud pública, la so cieda d d e l a
información y el transp orte, p er o el papel principal es de los gobiernos nacionales,
regionales y locales, así como de la sociedad civil y los interlocutores social es.
Objetivos del Año Europeo del Envejecimiento Activo
Como hemos señalado, l a finalidad global d el A ño Europeo era fomentar y apo y ar l os
esfuerzos de los Est ado s mi embros y sus autoridades re g ionales y lo cales, de los
interlocutores sociales y de la sociedad civil para promover el envejecimiento activo y
redoblar el esfuerzo por m ovilizar el potencial de las personas, cada vez m ás numerosas,
próximas a los sesenta años o ma y or es, prese rvando con ello l a solidaridad
intergeneracional.
El envejecimiento activo c o nsiste en crear m ejore s oportuni dade s y condiciones de
trabajo par a que los trabajadores de más edad puedan participar en el mer ca do laboral,
combatir la exclusi ón social fomentando la participación activa en la sociedad y
fomentar el envejecimiento saludable. Sobre esta base, los objetivos consisti rían e n :
1) S ensibilizar a l a sociedad en g en eral sob re el valor del env ejec i miento activo,
destacando la valiosa contribución que las personas de más edad hac en a la sociedad y a
la e conomía, promove r el e n vejec i miento a ctiv o y esforzarse más por movilizar el
potencial de las personas ma y ores;
2) Esti mular el debate y desarrollar el aprendizaje m utuo entre los Estados miembros y
las partes interesadas a todos l os niveles, para promover políticas de envejecimiento
activo, identificar y difundi r las buenas p rácticas y fom entar la coop er ación y l as
sinergias;
3) Ofrec er un marco para asumir compromiso s y realizar acciones concretas que
permitan a los Estados miembros y a las partes interesadas desarrol lar políticas
mediante actividades es pecífica s y compromet erse a alcanzar objetivos específicos en
relación con el envejecimiento activo.
151
4) Promover actividades que sirvan para luchar contra l a discriminación por razón de
edad, s uperar los ester eotipos rela cionados con l a edad y eliminar barreras, en particular
por lo que respecta a la empleabilidad.
El papel de España
España participó activamente con la ON U en la organización de la II As amblea Mundial
sobre envejecimiento celebrada en Madrid en el año 2002, así como en la organización
de la C onfe rencia Mini sterial de la Re g ión Econó mica para Europa de Nacion es Unidas
(CEPE) sobre envejecimiento, celebrada en León en el año 2007.
De esta última conferencia se deriva la Declaración Ministerial de León , que re co ge una
serie de compromisos de los gobier nos d e los países miembros de l a CEP E para avanzar
en ma teria de e nv ejecimiento. Entre ot ras actuaciones, esta D eclaración Ministerial
promueve l as destinada s a la prevención y a tención de la salud, a fomentar el
envejecimiento activo, la vida independiente, l a participación social y la educación a lo
larg o de la vida.
Por otra pa rte, las Pr esidencias d e los países de l a Unión Europ ea d e los últimos años
organizaron una se rie de conferencias en materia de envejecimiento. España continuó
con esta iniciativa organizando durante su Presidencia Europea, en abril de 2010, en
Logroño, la Conf erenc i a Europea sobre Enve jecimiento Activo y Saludabl e. L os
objetivos prioritarios de este evento fueron:
• Destacar la importanc ia de la salud como base pa ra d esarrollar un
envejecimiento activo
• Identificar las claves pa ra conseguir q ue las pe rsonas mayores disfruten de un
envejecimiento activo y una vida independiente
• Presentar buenas prácticas sobre envejecimiento activo a nivel eu ropeo
• Elaborar propuestas sobre actuaciones par a avanzar en materia de
envejecimiento activo y saludable en los países miembros.
Aprovechando esta misma con fe rencia, se anunció y se inst ó a avanzar en la c elebr a ción
del Año Europeo del Envejecimiento Activo y de l a Sol idaridad Intergene ra cional en
2012 , durante el cual s e deberían sub rayar los be neficios del envejecimie nto activo y su
152
contribución a la solidaridad entre generaciones, y s e podrían publicitar iniciativas
prometedoras para apo y ar el envejecimiento activ o.
Para ello, el Gobierno de España pondría en marcha una treintena de ac tividades de
sensibiliz ac ión y participación con el fin de s ensibilizar a l a pobl ación sobre l a
importancia que tienen los mayores de 65 años para el conjunto de la socied ad espa ñola.
El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e I gualdad a través del Imserso asumió la
coordinación de todas las actividades promovi das en torno a este Año Europeo, con la
participación del Consejo Estatal de las Personas Ma y o re s.
Uno de los objetivos del Gobierno de España para 2012 fue la elaboración del Estatut o
del Mayor , una nueva norma que según la minist ra de Sanidad, Ana Mato, supondría
“un avance decisivo en la garantía de l os de re chos de las personas ma yores como la
protección de sus derechos y su di gnidad y reconocer su papel en la sociedad”.
25
25
Fariñas, C. (2 6 de ab ril de 2012). An a Mato: “El E statuto del M ayor será un a van ce dec isivo p ara
reconoc er los der echos de los mayores y reconocer su pa pel en la socied ad”. Autono mía Personal.
Recuperado de
http://www.a utonomiapersona l.imserso.es/ra p_01 /actualidad/201 2/abril/IM_0 57603?dDocNa m e=I M_057
603 . Consulta el 26-04 -2012.
153
4. IMAGEN SOCIAL DE LAS PERSONAS MAYORES
4.1. UN PASEO HISTÓR I CO P OR EL ENVEJECIMIENTO.
“Vivir es envej ec er”, decía el b iólogo contemporáneo Nathan Shock (1977). Desde el
punto de vista de l a sociología, viejo es aquella persona que se consider a como tal. En
las sociedades primiti vas, el viejo es el i mproduct i vo, y por lo tanto es rechaz ado, y en
muchos casos eliminado , para no poner en p eligro la continuidad del grupo (Casals,
1980: 101).
Aunque en el diccionario de l a R ea l Academia Española (edición de 2014) se define la
palabra viejo como “la persona que cumplió 70 años”, sin embargo, no está tan claro
cuál es el límite de edad en el ser humano par a el comienzo de la vejez, pue s la
esperanza de vida oscila enormemente de una sociedad a otra.
Debido a ello, generalmente, se considera qu e se trat a de una convención social
aceptada po r las distintas c ul turas ( L ehr, 1980; Bazo, 1990). Así, en nuestros días
encontramos una media de vida en función de la sociedad en que se tr ate que ab arca
desde los cua renta años a sobrepasar los ochenta y cinco. Por esto, pueden delimitarse
diferentes t ipos de vejez, según los parámetros a t ravé s de los cuales s e de fina. En este
sentido, Fernández-Ballesteros (2000: 40) llam a la atención sobre “la varied ad y hasta la
indefinición de la ma yoría de las distintas conceptualiz aciones de la vejez”. Ya Sim one
de Beauvoir, en su libro La veje z (1970) insistía desde la int roducc i ón en lo complejo
que puede resultar un intento de abar c ar la vejez de una manera global. Esto es debido a
la multiplicidad y complejidad de los cambios q ue están comprometidos, y porqu e los
cambios son de natur aleza tanto biológica, como psicológica y social, de forma qu e
ninguna disciplina, por separado, puede dar cuenta de ellos en su totalidad.
Es numerosa y variada la nomenclatura con que se alude al colectivo de las personas
mayores: los ancianos y ancianas, l a tercera ed ad, l os viejos/as… En cualquier caso, y
sin perjuicio de que optemos po r una expresión u otra (para no sotros, como hemos
comentado al inicio de esta i nvestig ación, la más adecuada es personas ma y ores), el
envejecimiento no es sólo un fenóm eno bi ológico, sino que apa rece ligado a otros
256
Según este Barómetro, m ás de un 40% del s egmento de andaluces y andal uzas mayores
de 65 años se manifiesta satisfecho (“mucho” o “bastante”) c on l a programación
televisiva, enjui ciada ésta en relación con sus propios gustos personales. El 17% de
ellos muestra en cambio su clara insatisfacción respecto a la programación ofertada por
la tele visión (“nada” o “poco”), y casi una te rcera parte ( 31 %) no se m uestra “ni
satisfecho, ni insatisfecho”.
El consumo televisivo de los ma y ores de 65 años en España s e distribu y e a lo l ar go del
día de m ane ra si milar al resto de grupos de edad, más que por la m aña na es durante l a
tarde cuando las personas may or es se sientan a ver la televisión, observándose dos picos
de audiencia uno centrado en la franja de sobremesa ( entre las 13:30 y l as 16:30, con el
máximo situado a las 1 5:30) y otro en la franja de prime time (entre l as 21:30 y las
23:30 con el máximo de audiencia a las 22:30).
Según datos proporcionados por el CSI C en 2009 , los progra m as emitidos preferidos
por las personas ma yores son los noticiarios o informativos (28,4%), las películas
(11,6%), y las tel enovelas, concursos y documentales o p rogramas ed ucativos que
rondan el porcentaje del 9%. La programación que menos gusta son los llamados
realities y los programas de “c otilleos”.
Los concursos, l os reality shows, se ries románticas, magazi nes y los programas de
“corazón” son se g ui dos por las mujeres, preferencia que aumenta con la edad y con la
disminución de la escala social. Los hombres prefieren la programaci ón televisiva
deportiva, especialmente la futbolística, donde no s e encuentran di fer encias po r
generación o clase social.
Según distintos estudios a los que hace referencia Sánchez Vera (2001: 159), el interés
por las noticias locales ha aumentado entr e los ma y o res en ma yor propor ción q ue entre
otros segmentos de pobl ación. Esto es algo que hay que tener mu y presente debido al
incremento de las televisiones locales en España
Por último, Oroz co de staca que:
257
“Conocer el proceso de ver televisión, l os escenarios donde se realiza, las
m últipl es mediaciones de que es ob j eto, así como c onocer la s audi encias que lo
llevan a cab o, y viven y lo renuevan, para proponer estrategias t endent e s a
transform ar su múltiple interacción televisiva. De t a l s uerte que el ver televisió n
constituya una experiencia , que s in dejar de ser placentera, sea cada vez más
constructiva, crítica y autónoma para todos, y eventualm ente se convierta en un
recurso para el fortalecim ie n t o de su educación, su cultura, los derecho s a la
comunicación, l a dem oc rac ia y l a par t icipació n ciudadana” (1996: 12 y 13).
5.2.2.2. Prensa
Según se d espre nde del libro Los mayores en España, un mercado emergente , dirigido
por Rafae l Navas, las personas de 65 y más años leen el periódico todos o casi t odos los
días en un 21%. La prensa y las revistas interesan especialmente en los pri meros años de
la jubilación o pr ejubilación. Un por centaje alto de hom bres (de 55 a 70 años) leen el
periódico como un ritual diario y disfrutan con s u lectura y comentario. “Dedican a la
lectura más ti empo qu e e n su etapa laboral. Los ma y ores, con formación m edia, y en el
ámbito de la ciudad, d edican al g o más de cuarenta m inutos, p or término medio, a la
lectura. Este t iempo s e incrementa con el nivel de cultura, h asta alcanz ar casi hora y
media” (2003: 96).
Por su parte, el i nforme del Imserso sobre Uso del tiempo (2007: 31), señala que la
lectura es el segundo me dio de c omunicación más consumido por todas l as personas y
posee de un porcentaje i mportante de asiduos a este medio. Entre las personas m ay o res
se puede disti ng u ir que éste es un medio más consumido por varones que por mujeres,
el número de va rones ma y o res que dedic an al g o d e su ti empo (1:38 d e media di ar ia) es
el dobl e que el de mujeres de esa mi sma edad, u n 31,1 % y un 15,9% respectivamente.
Para el análisis de l a práctica d e esta actividad ha y que tene r en c uenta el nivel
educativo de las personas ma y ores. La tasa de an alfa beti smo de los varones mayores de
65 años es de un 1,8%, mientras que la de las mujeres es de un 5,5% (EPA, 2005).
Aunque leer es una práctica mu y extendida entr e las personas, ha y que tener en cuenta
que la educación formal que tuvieron ha sido limitada y en muchos casos ausente. La no
lectura pu ede s er entendida por v arios motivos; la mi nusvalorac i ón d e estas actividades
y a qu e en su pas ado lab oral se dab a preferencia al trabajo ante los estudios; l a falta de
258
hábito, desinterés, desmot ivación y problemas se nsoriales, como pueden ser los que se
relacionan con la pérdida y empeoramiento de l a visión.
En lo que resp ecta a hábitos de l ec tura d e prensa diaria entre las personas ma y ores,
presentan diferencias significativas en comparación con la media de la población total
(I mserso, 2008: 103). C oncretamente, esta diferencia es más acusada en el tramo de
personas ma y o res d e 75 años, con 16 punto s porcentuales menos que la media general.
La s pe rsonas ma y ores de 55 años suelen leer un 10% más que las ma y ores de 65, y un
15% más que las mayores de 75 años.
La población que casi nunca l ee la prensa dia ria se mantiene homogénea entre las
distintas categ orí as de an álisis. En contra, la población que nunca lee la pr ensa diaria s e
incrementa pro g r esivamente con el aumento de la edad. Así, las personas entre los 55 y
64 años muestran un porcentaje similar al de la m edia na cional (26,9 % y 25,2%
respectivamente), mientras que el porcentaje de m ay or es de 75 años que nun ca lee l a
prensa se eleva hasta 42,3%.
La idea de que con la edad se reduce d e mane ra importante el consum o de prensa,
también s e traduce de los EGM de los últimos años. Así, se destaca como tendencia
generalizada qu e más d e la mitad de los ma y ores de 65 años no l een nunca o casi nunca
la prensa. L os ma y or es que llevan una vida m ás a ctiva y que disponen de menos tiempo
libre son los que más le en, y a que son también los más activos y los más conectados con
el mundo exterior.
Los diarios más leídos por los m ay ores de 65 año s son l os deportivos y de información
general, destacando por orden de i mportancia el diario Marca , As , El País , ABC y El
Mundo .
Si comparamos entre medios , se observa cómo el hábito de lectura d e prensa y revistas
es menor que el de escucha de la radio y está ba stante aleja do del consumo televisivo
masivo realizado por las personas ma y ores. A pesar de ello, la penetración de estos
medios impresos en el grupo de población que nos ocupa, es considerable y por tanto
son canales d e comunicación que también deben estar pres entes, junto a la televisión y
259
la radio en la estrategi a de comunicación de la empresas que d eseen acercarse al
mercado de las personas ma y ores de 65 años.
Según la Encuesta d e hábit os y prácticas culturales (Minis terio de Cult ura, 2002-2003),
la población q ue nunca lee prensa gratuita aumenta con la edad, especial mente a partir
de los 65 años. Entre los que s í suelen leer este ti po de prensa, la frecuenci a disminu y e
también de forma progresiva con la edad.
Haciendo un análisis má s concreto, en esta encuest a, de l a pr ensa deportiva, un 74,5%
de las personas mayores de 75 años nu nca le e la prensa diari a deportiva, fre nt e 59,5%
de la población total. En los otros tramos de referencia la distribución es di spar. Un 10%
más de las personas entre 65 y 74 años nunca lee p rensa deportiva, frente a un 2,6% más
de la población entre 55 y 64 años (en referencia a la población total). El conjunto de
población que suele leer prensa deportiva es de un 33,7%, si endo este porcentaje mu y
similar al gr upo de 55 y 64 años (32%). Y alrededor de un 11% más en comparación
con el total de personas may ores de 65 años. Las personas ma y o res que casi nunca lee la
prensa deportiva se sitúan en torno al 6%.
Por últ imo, con respecto al hábito de lectura de las R evistas, las diferencias son mu y
significativas. El porcentaje medio de personas ma y ores que leen revistas se sitúa en
torno al 44% fre nt e al 55% de media en la población total. En relación con la frecuencia
de lectura, no ha y una pauta general, pero cabe señalar que la población ma y or d e 75
años que l ee revistas lo hace con un a f rec uenci a ma y or que el resto de cate g orías
(García, 2005: 3).
Para N avas (2003: 97), l as revistas so n leídas de forma más espor ádica y puntual; un
16% de las personas de 65 y más años leen tod os o casi to dos l os dí as revistas. L os
hombres, revistas econ ómicas y de i nformación general; l as mujeres, revistas del
corazón, salud, belleza y moda.
Respecto a otros países europeos, los ma y ores españoles están por d ebajo de la m edia
en su in terés por el papel couché . En cualquier caso, la audiencia que registra este
medio es m ás bajo que para el tot al pobla cional. Las familias t emática s preferidas por
260
los adultos son de Televisión, de Mujeres, de Naturaleza y J ardinería (M edia Planning
Group, 2003: 10).
5.2.2.3. Radio
La radio es escuc h ada p or el 73,1% de la población tot al, frente al 59% de más de 75
años. A p esa r de esta d iferencia, este grupo emplea c asi 20 minutos m ás diarios en
escuchar la radio. El conjunto de personas ma yor es dedica más tiempo a escuchar la
radio que la media del conjunto de la población en todos los periodos analizados. Los
fines de semana el porc entaje de m a y ores escuchando radio supe ra el del total de la
población. Entre los tram os de edad de las p ersonas ma y ores se aprecian diferencias,
siendo las personas de 55 a 64 las que más o y en l a radio (71,8%) (Imserso, 2008: 108).
Por su parte, según el in forme Los senior en Europa: la madurez del si gl o XXI ( 2003:
9 ), los ma y ores españoles son oy entes de l a Radio C onvencional, en contraste con la
tendencia en el r esto de países europeos. La p enetración del m edio radiofónico entre l os
mayores está po r deb ajo de la media d el tot al pob lacional por ejemplo de Reino Unido,
Francia y Portu gal, a excepción de los franceses entre 50-64 años, y d e l os españoles,
cuya es cucha d e la Radi o C onvenc ional supera a la media pobl ac ional. La audiencia de
la radio se concentra especialmente en las mañanas, disminu y endo se gún transcurren l as
horas.
Otros datos, en este caso publi ca dos por el Imserso en 2002, el 37 % d e lo s m ayores
escuchan habitualmente la radio, es decir, todos o casi t odos los días, aunque casi la
mitad no la o y en nunca, y los ma y ores que son audiencia de este medio lo hacen con
una int ensidad media di aria q ue oscila entre dos y dos horas y media. Se han analizado
conjuntamente las curvas de audien cia de la r adio y l a televisión, y s e observa lo
siguiente: en r adio, al igual que o curre con o tros targets, lo s ma y o res í ndices de
audiencias se produ cen en los magazines de la mañana, para re cuperarse un poco con
los prog r amas de tarde y noc he. L as p ersonas mayores de 65 años pr efieren la radio
convencional, d ecantándose fundamentalment e por los programas i nformativos y
noticias, t ertulias y m agazines. Este grupo se c aracteriza por una alt a fidelidad a las
emisoras y a las cono cidas como “estr ellas de l a r adio”, p ero esto no es ex clusivo de
este target, afecta al total de individuos q ue c omponen la audiencia del medio radio.
261
5.2.2.4. Internet
Aunque la televisión, los periódicos y la radio siguen siendo los medios dominantes
entre las personas ma yores de 65 años, la p enetración de internet irá aumentando entre
este grupo, además de qu e l a población de person as con más de 65 años irá creciendo a
su vez, haciendo que este grupo demo g ráfico sea mu y atractivo para los an unciantes.
En 2011, según eMarketer (po rtal especializado en estudi os del sector d e Internet), poco
menos de la mitad d e este grupo de edad u tilizaba int er net, pero la penetr ac ión
aumentará a medida que los baby- boomers empiecen a entrar en este grupo. En Es tados
Unidos más de 26 millones de personas ma y ores de 65 años utiliz ará n i nternet en 2016.
Al igual que la t elevisión, para que la falta de dependencia no suponga una limitación al
consumo de la s pe rsonas m ay or es existe un aliado que es Internet, que per m ite el
consumo sin salir de casa. Sin embar g o, sólo e s usado por el 10% d e la población
mayor, po r lo que hay que lo gr a r forma rlos en este manejo para que puedan
aprovecharse de sus v entajas y para que no se v ean desplazados de un in strumento de
uso masivo que es una ventana al mundo.
El informe de la Fund ación Vodafone Los M ayores ante las TIC: a cc esibilidad y
asequibilidad (2010: 245), analiza el uso de la red por parte de españoles que superan
los 65 años. En este documento aparecen los mismos condicionantes que para el uso del
móvil, sobre todo la fo rmación y el pod er adqui sitivo, siendo prácticamente inex istente
la penetración de Internet en personas ma y o res con pensiones modestas , aunque la
variable más relevante a la hora de clasificar a est as personas, en función del uso que
hacen de Internet, es el nivel de estudios . El impulso a acceder a Interne t surge en una
persona con n ecesidad de mantenerse activa y emprender cosas nuevas, al g o qu e va
mejorando poco a poco, pero que se limita todavía a sectores no mu y amplios de la
población.
En to do caso, en unos pocos años “las primeras generaciones qu e tuvi eron acceso a
Internet comenzarán a formar parte de los nuevos j ubilados. Es importante que no lleg ue
la brecha di gital a las personas ma y ores” (Cabezas, en Senda para gente activa , nº 125,
2011: 42)
262
Aunque l a Red no está d emasiado implantada en el ámbito más adulto, no es cierto que
el público ma y o r de l os 50 años esté “cerra do” a la nu eva tecnología, y así el
crec imiento m ás rápido de usuarios de internet a n ivel europe o se sitúa en est e segme nto
de edad (Delgado Aguado, en Sesenta y más, nº 2 45, 2006: 50 ).
De los más de veinticuatro mil lones de internautas que, en 2012, había en España, s ólo
seiscientos mil , según es timaciones de Nielsen, empresa d e servicios de información e
investigación de m ercados, superan los 65 años d e edad. Más d e la mitad -366.000- son
hombres. Parecidos son los datos del I nstitut o Nacional de Estadística de 2009. Así , de
los casi siete m illones y medio de españoles ma yores de 65 años, cerca de medio millón
dicen haber usado un o rdenador en los tres últimos meses y más de 4 00.000 han entrado
en Internet, de los que 340.000 lo hacen una vez por semana.
Según Ni elsen//Net Ratings en un informe de s eptiembre de 2003, 11,5 millones de
internautas ma y ores de 55 años se conectan a Inter net en Europa. Suecia es el país con
más personas usua rias pertenecientes a este grupo de edad, mientr as que Es paña e I t alia
tienen la proporción más baja.
Centrándonos en Andalucía, el documento den ominado Las Personas Mayores y las
Tecnologías de la Información y de la C omunicación (TIC) en Andalucía , elaborado por
la Oficina d el Defensor del Pueblo de And alucía en 2011, recoge d atos sobre la
utiliz ac ión de los teléfonos móviles, ordenador e internet entre las personas m ay or es.
Según las conclusiones del informe especial, el 85% de l os hogare s con personas
mayores de Andalucía ti enen telefonía móvil, el 38,8% dispone de ord enador, y el
30,3% cuent a con cone xi ón a intern et. El porcentaje de ma y ores con in ternet (30,3%) es
algo in ferior a la media nacional, que es de un 30,9%, pero nueve puntos p or debajo d el
País Vasco, comunidad q ue lidera en España la pr oporción de m ayore s usu arios de esta
tecnología. No obstante, la presencia de inter net en los hogares and aluce s no es
homogénea, ya que en lo s municipios de menos de 10.000 habitantes, el porcentaje
desciende hasta el 17,6 %, mientras que en los menores d e 100.0 00 el número as ciende
al 24,2% y los grandes mun icipios de la comunidad se sitúan en el 45,3%.
263
Siguiendo con est e i nforme (2011: 81), resp ec to a la telefonía móvil, el e studio recoge
que en cuatro años se ha pasado de una presencia entre los ma y or es de un 62,8% al 85%
actual, y la dife renc ia con la media n acional es d e 1,8 puntos, por lo que se ha reducido
la brecha dos puntos desde 2006 a 2010, y a qu e en 2006 era de 3,8 puntos.
Entre los municipios andaluces menores de 10.00 0 habitantes y los de más de 100.000 y
capitales de provinci a l a di fe rencia de l a pres encia de equipamiento en los h og a res con
personas ma yores es de 9,7 puntos, pero resulta determinante también la edad, según el
estudio. En cuanto al o rdenador en casa, en Andalucía ha pasado d e estar presente en el
22,7% de los hogares (3,2 punto s por d ebajo de la media nacional) al 38, 8%, un punto
por encima d e esa m edia, que en 2010 era d el 37 %. S eg ún el tamaño d el m unicipio, la
diferencia resulta “abismal” a l a ho ra de tener o no ordenador en c asa : el 23,8% en los
municipios de menor población frente al 54% de los grandes mu nicipios de l a
comunidad autónoma, sin que se observe que se esté produciendo una con verge ncia.
Según David Da y , Vi cepresidente de Nielsen//N etRating s, ( en Sesenta y más , nº 286,
2009: 51) l as empresas n o afrontan de forma e fectiva a los n avega nt es pert ene cientes a
este grupo de edad, “nuestro estudio demuestra que cada v ez es ma y or el número de
internautas mayores de 55 años. L os propietarios de portales cada vez tienen más
oportunidades de promo cionar sus productos y s ervicios a este púb lico, que en mu chos
casos y a ut iliza las redes para o rganizar sus finanzas y efectuar sus reservas de
vacaciones”. Si n emb argo, las empresas necesit an estudiar con deten imiento esta
audiencia para diri gir sus espacios webs, sus productos y sus servici os, e intentar
conseguir de esta forma los mejores resultados.
La s redes sociales son tam bién cada vez más atractivas entre las personas may ores. La
principal razón por la que utiliz an los social medi a es para con ec tar con s us amig os y
sus familiares. Según eM arke t er (2011), entre 200 8 y 2010 la t asa de p ersonas ma y ores
de 65 años que util i zan las redes sociales se multipl icó por 6, pasando del 4,7% al 28%.
Para 2013, la penetración de las redes sociales alcanzó el 36% entre los usuarios
mayores de 65 años, cuando en 2011 se situaba en el 31%.
264
5.3. ANTECEDENTES EN E L TRATAM IENTO DE LAS PERS ONAS MAYORES
EN LOS MEDIOS DE COMUN I C ACIÓN
Mediante este apartado pretendemos ofrecer una fotografía de las diferentes
investigaciones ex istente s en t orno a las personas mayores y l os medios de
comunicación, y demostrar qu e en su gran ma yoría la conclusión principal de estos
estudios es el tratamiento negativo y distorsionado que hasta la fecha, t anto la prensa, la
radio y la t elevisión, ofrecen de l colectivo d e la tercera edad. En palabras d e Mª Eugenia
Polo ( 2006: 95), “la m ay o ría d e las investigaciones conclu y e n en el uso de lent es
miopes por parte de los medios de comunicación, y a sea po r tratar los temas de ma y or es
con pesimismo o relegarlos a la segunda división”.
Aunque posteriormente detallaremos l os estudios existentes desglosados por medios de
comunicación, apor tand o esta investiga ción c omo novedoso el t rata miento del
envejecimiento activo y las personas tanto en I nternet como l as redes sociales, nos
centraremos en un prim er momento en l os di fe rentes estudios y jornadas organizadas
por el Imserso
(
organismo del Gobierno de Es paña para l a gestión de pro gr amas y
prestaciones p ara las personas may ores y en situación de dependencia), entidad que
desde ha ce más d e dos décadas ha impulsado l a ma y oría d e documentos sobre esta
temática, y siempre ha defe ndido que “la mane ra como se presenta a las personas
mayores en los medios de comunicación es fu ndamental para p romover su autonomía
personal y su indep endencia. Reflejar su r ealidad actual y , por tanto, su hetero g eneid ad,
su diversidad, su aportación social y económica, su satisfacción con su vida, contribuirá
a estimular una buena imagen social en la que se reconozcan” (2011: 357).
Una iniciativa fallida de l I m serso fue el Plan d e Acción para las P ersonas Mayores
2003-2007 , ambicioso documento con prop uestas orientadas a “promover la
participación plena de las personas mayores en la C omunidad, s eg ún los principios del
envejecimiento activo”. Entre tales medidas, se citaban: la re vi sión periódi ca de la
imagen de la vejez que se transmite en l os m edio s de comunicación y la p ublicidad, la
divulgación a los profesionales de los medios de un “manual de buenas prácticas sobre
los estereotipos de la vejez”, así como el incentivo de acuerdos con cadenas de
radiotelevisión par a “pro piciar el aprov ec hamiento de la riqueza cul tural de los
mayores” y el diseño de “programas educativos dirigidos al fomento de las relaciones
265
intergeneracionales y a superar los este reotipos sociales negativos a cer ca d e las
personas ma y ores”. Est a medida se r etomó de nuevo en el Libro Blanco del
Envejecimiento Activo presentado en 2011.
Para encontrar la prim era d e las jornadas sobre personas ma y or es y m edios d e
comunicación deb emos remontarnos a diciembr e de 1990, que bajo el t ítulo de I
Jornadas sobre Medios de Comunicación y Tercera Edad , fueron ce lebradas en el salón
de actos de la Aso ciac ión de la Prensa de Mad rid. En estas jornadas y a empezó a quedar
patente que ninguno de los medios de comunicac i ón (prensa, radio, televi sión y cine )
trataba l os temas de p ersonas ma y ores de una manera adecuada ni con la frecuencia
deseada. Entre sus conclusiones se manifestaba que la información es escasa y cuando
se da alguna, la im ag en está alejada del papel que desempeñan en la soci edad. “No son
jóvenes, pero ellos pusieron las bases para qu e la sociedad actual pued e presumir de l o
que tiene. Por ello, reclaman su parte en el pastel y nos i nvitan, con Simone de
Bea uvoi r, a asumir la tot alidad de nuestra condi ción humana: R econócete en ese viejo.
Trátalo como quieres que te traten a ti cuando llegues a serlo” (1991: 7).
Faustino del Pulgar, presidente de la Confedera ción Española de M ayores en aquella
época se quejaba en un reportaje publi ca do en el diario El País
32
, que las empresa s
informativas marginen a las personas mayores. “ S ólo les intere san las noticias que
pueden traducirse en una buena venta, y en e ste se ntido, la tercera edad sólo es objeto de
información cuando alcanza e sa c ate goría de producto/venta. Entiéndame, no esto y
diciendo que los m edio s deban estar al servicio exclusivo de la te rcera edad, pero
nosotros, los mayores consumidores d e medios de comuni cación, somos
sistemáticamente marginados por ellos. Sólo salim os en las ca rtas al director”.
En estas I J ornadas parti cipó el catedrático Pedro L aín Entral go, ex direct or de la Real
Academia Española, par a quien los medios de comunicación no se oc upaba n como
debieran de l os t er ceretá neos, neologismo d el qu e se si ente auto r. “A ve ces no se t iene
en cuenta la vigencia de los ma y ores en el mundo social. Naturalmente, no todos son
32
B eaumont, J . F. (14 de diciembre de 199 0). La edad de la inco municació n. El P aís . Recuper ado d e
http://elpai s.com/diario/19 90/12/14 /sociedad/66112 9214_850215. htm l . Consulta el 2 6-04-2010 .
272
aspectos posi tivos, especialmente la ilusi ón por vi vir, el coraje y la ap ertura mental que
les permite adaptarse a nuevas situaciones” (1996 : 318).
Continuando con la cronología de investigaciones, dos años más tarde, una nueva Tesis
Doctoral, firmad a por Al fonso García Gutiérrez (que fuera subdi rec t or d e Saber Vivir ,
de La 1 , uno de los escasos pro gr amas de tel evisión centrado en la aud iencia de l as
personas ma y o res), titulada La vejez en la prensa española contemporán ea. El proceso
de la comunicación periodí stica en el ámbito de la tercera edad. Análisis evolutivo del
mito decadente y modelo prospectivo de la realidad emergente (1998), ta mbién ofrecía
unas conclusiones posi tivas acerca de la i magen de la vejez en l os medios, una imagen
que “está experimentando una evolución i deológica y estética imparable a corde con el
moderno pe r fil que d efine a los nuevos viejos (viejos-jóvenes) del fin de milenio,
progresivamente alejados del cliché mí tic o y reduccionista que asociaba
tradicionalmente a la ancianidad con la inutilidad y decrepitud senil”.
La Te sis de García Gutiérrez planteaba un total de 30 hipótesis, siendo las m ás
destacadas:
- En el mensaje mediático se advierte asimi smo una ac usada dicotomía qu e enfrenta un a
imagen apolo gé tica y admirativa d el env ejec imiento individual (plusmarcas d e
longevidad) con una visión alarmante y catastrófica del envejec i miento colectivo como
una carga inso portable para la comunidad, acentuada por el vertiginoso desce nso de la
natalidad (futuros trabajadores/cotizantes activos).
- Resulta también equívoca l a interpretación que iguala automáticamente el crecimiento
poblacional de l as generaciones d e edad avanzada con l a asc ensión de un movimiento
de activismo senior (ha cia una suerte de revolución gris) cimentando el pre juicio de que
todos los viejos representan los mis mos intereses y nec esidad es.
- La propagación periodíst ica del contr amodelo po sitivo de la vejez como una etapa
dichosa y des eable responde a un a co rriente artificial de índol e financiera y
administrativa, destinada a la im plantación de líneas de o cio ps eudojuvenil, pero
incapaz de renovar el e stereotipo deficitario tr adicional de la ancianidad y a que los
individuos representados en contramodelo (los n uevos ma y o res) no pare cen viejos ni
son en consecuencia referente de heteroidentificación d entro de l colectivo social.
273
- La mala prensa atrib uida convencionalmente a las not icias prot agoniz adas por
ancianos a causa de la s upremac ía d e las noticia s negativas obedece fund amentalmente
a la práctica de unas rutinas profesionales en los medios que favorecen la divulgación de
relatos trágicos (interés humano) mediante fórmulas de exposi ción espectac ul ar izada
(sensacionalismo) debido a su elevada capacidad emoti va y po r consiguiente a su alto
índice de atractivo y reco rdabilidad.
Sin embargo, estudios posteriores demostraban que estas realidad es era n sólo
espejismos. P or ejemplo R ey Beltrán (2002: 154 y 155) reprocha a los medios de
comunicación que “cuando se visibiliza a l as personas ma y ores se l es repre senta de
acuerdo con dos categorías: los viejos como sujetos a los cuales ha y que proteger (los
viejos abandonados); y l os vi ejos como sujetos de ‘superación’ (reinados , deportes)...
Tal representación va desde la sensibiliz ac ión hasta la ridiculización”.
En 1999, los asistentes al Congreso de la Gent Gran celebrado en Barcelona, tras
estudiar l a imagen de la vejez en los medios de comunicación, creyeron oportuno hacer
públicas las siguientes observaciones: “La ima g en de las personas may o res que s e
transmite a t ravé s de los medios de comunicación no corre sponde a la r ealidad porque
es parcial e incide en los estereotipos presentando i mág enes fij adas en otro tiempo. Es
necesario potenciar las a ctividades para la gente mayor, para el prove cho de la sociedad
y para rehabilitar esta imagen tan deformada que a menudo se presenta e n los medios”.
En la misma línea, Martín Barbero (2002: 74) también critica el tratamiento que los
medios hacen d e la v ejez, definiéndolos como “fábricas d el pres ente, un presente qu e
cada vez dura menos y esto, ex tendido como modelo de fun cionamiento de la sociedad,
hace que los viejos, los ancianos, pierd an uno de sus protagonismos claves que era el ser
los de pos itarios de la memoria que dura y no de la memoria que desaparece en
instantes”.
También Nav as Castellón (2003: 1 04-106), presidente del y a d esaparecido Grupo
Júbilo, detalla una serie de conclusiones de interés:
- A lo s mayore s no les gust a que los medios de comunicación hablen de l a soledad y d e
los aspectos más negativos de la vejez. El gran enemigo de la t ercera edad es, p or
desgracia, en muchos casos, la soledad. Y el gran aliado de los medios de comun icac i ón
274
es el entretenimiento. Aburrirse es la antesala de la soledad y l a s oledad se combate con
entretenimiento, con m ucho entretenimiento y jamás hablando de soledad. Y esto,
precisamente, es lo que t ra dicionalmente se ha hecho desde los medios de comunicación
cuando se refieren a los mayores, hablar de soledad.
- En cua nto al tema de la muerte, la postura mayoritaria es la de no pensar en ella, no
tenerla p resente. No la niegan, pero no desean hablar de ella. Adoptan la post ura de
defender el lema de vivir y disfrut ar e l presente, fundamentalmente las mu jeres.
- Los ma y ores d emandan medios de comunic ación que traten los te mas que les
interesan, preocupan y entretienen. Ho y en día pr olifera n r evistas, program as de radio y
espacios t elevisivos desti nados a todo tipo de colectivos, muchos de ellos minoritarios
y , sin embar g o, hasta el nacimiento de la empre sa Júbilo Comunica ción, no había
surgido en España nin guna iniciativa empresarial multimedia de crear medios dirigidos
a un colectivo con una crecie nte y significativa importancia en nuestro p aís como son
los mayores.
- Quieren se r lo s prota gonistas de las noticias o hechos que les afectan directamente.
Expresan que muchas veces cuando los m edios se refieren a ellos, principalmente en el
caso de la radio o la t elevisión, el prota g oni sta suele ser la pe rsona que dirige el
programa de radio o televisión y no la persona ma y or objeto de la noticia.
- Demandan qu e se les trate como ciudadanos en plenit ud de sus der echos y no como
seres disminuidos a los que ha y que prot ege r.
- Cuando se di rijan a ellos, quier en que se ha ga en i gual tono y estil o, con igual
lenguaje, que cuando se dirigen a la audiencia en general.
- L os medios dirigidos a este colec t ivo deben huir del paternalismo, el proteccionismo y
la falsa ternura.
- En general les interesa la misma información que al resto de la audiencia, pero es
necesario brindarles inf ormac ión detallada sob re todos aquellos asun tos q ue les
interesan y que fr ecuentemente desconocen, teniendo en cuenta que, si hay un colectivo
que no es homogéneo en absoluto, es el colectivo de los may o res.
- Los medios de comuni cación, en general, deb en tener como objetivo fundamental la
integración y la participación de los m ay or es en una sociedad de la que forman parte en
plenitud de derechos igual que los demás m iembros y nunca la segregación o el cier r e
en pequeños círculos.
275
- Desde los medios de comuni ca ción se debe presentar a los ma y ores con i deas j óvene s.
Se debe busc ar en l os mayores la p arte joven, la parte a ctiva, la p arte p roy ect ada h acia
el futuro.
- Desde los medios de comunicación se debe c ultivar que, a pesar de la decadencia
física, consecuenci a de la vejez, hay una persist enc ia de un sistema de valores, una
dignidad como personas, un propósito de vida y un a prolonga ción futura.
- L os temas que más interesan a los may o res son: pensiones, fiscalidad, seguridad
social, sanidad, salud, calidad de vida, sociedad (temas del corazón).
- En un segundo grupo de temas que su elen interesar a los m ayores, se encuentran los
siguientes: i nversión y ahorros, deportes, jardinería, animales de compañía, automóvil,
viajes, bricolaje.
- En lo referente a la presentación de los t emas en los medios de comunicación, los
mayores m anife staron may orita riamente las si guie ntes opiniones: con relación a los
medios impresos consid eran demasiado pequeño el tamaño de l as letras que utiliz an;
consideran compleja l a forma de pr esentar los te mas en los medios de comuni ca ción, lo
que dificulta su comprensión; opinan que l os temas se deberían tratar de una forma más
global y m enos sectorial; l es gustaría que l os tem as se tratasen desde una óptica que s e
adaptase más a sus intereses y necesidades.
La última de las T esis Doctorales sobre las personas ma y or es y los m edios de
comunicación es la r ea lizada por Mª Eugenia Pol o (2006), tit ulada La r epresentación de
los mayores en los periódicos de C astilla y León ( 1983-2001 ) , in vestigación que ha sido
de gran referencia para este trabajo, principalmente por ser la más reciente en el tiempo.
La s conclusiones princip ales para Polo (2006: 333-336) son las siguientes:
1. L a i nformac i ón relacio nada con personas ma y ores tiene un peso sensiblemente mayor
a medida que av anzan los años, pero lejos de s er un incremento en gradación
ascendente, como ocurre con l a realidad demográfica, se produce irre g ul ar mente, a
saltos, de forma que se observan involuciones en la frecuencia de unidades publicadas.
2. Los m ayores flujos de información y opinión s obre ma y o res se produce n los m ar tes,
jornada de relleno por antonom asia e n la agenda de los medios. Est o pone de r elieve que
los días estrella informati vamente hablando (fin de semana y sobre todo el d omingo, por
276
cuanto las vent as de los periódicos aumentan y el número de le ctore s y d e páginas s e
incrementan) se utilizan para otros temas.
3. L os asuntos más s ignificativos de la age nda temática se concentran en parcelas
mercantilistas, paternalistas y p roteccionistas (pensiones, homenajes y residencias,
respectivamente), lo qu e contribu y e a estereotipar negativamente al sector de los
mayores.
4. La s informaciones que se publ ican son huérfanas en cuanto a apo y o grafico; en un
porcentaje mu y elev ado no aparecen respaldadas de ilustraciones. Este va cío ilus trativo
denota una apatía del medio por realzar los contenidos de ma y ores.
5. La s fuentes informativ as brillan por su ausencia cua ntitativa y cualitativ amente. En la
mayoría de las ocasiones no se citan y cuando se hace uso de ellas no existe un contraste
de versiones que enrique zca el di scurso. El hecho de adoptar una sola versió n significa,
de entrada, un a manipula ción; pone de manifiesto que por norma ni se da l a posibilidad
de confrontar los relatos publi cados ni se profundiza en el significado de l os
acontecimientos que s e di funden, lo que denota un empobrecimiento de l a i nforma ción
y una apatía por parte de los periodistas hacia e l sector de los ma y ores.
6. Existe un enorme desfase en el número de unidades que se dedican a los distintos
géneros. Los gé neros informativos monopoliz an el discurso periodístico, en especial l as
noticias.
7. Una cuarta parte de lo s contenidos acerca de m ay o res no llev a firm a. En la mitad de
las ocasiones esta desaf ecc i ón se produ ce en i nformaciones breves, se g uida en un
porcentaje elevado por unidades intermedias.
8. Pese a ser ‘ma y ores ’ la denominación preferida por el colectivo i mplicado, los
periódicos prioriz an otros términos en este orden: ‘ancianos’, ‘pensionistas’, ‘tercera
edad’ y ‘jubilados’.
9. Los ma y ores aparec en en todos los medios com o seres pasivos, es decir, como sujetos
rece pto re s de hechos y n o como protagonistas y/o constructores de la sociedad de ho y .
277
Una iniciativa muy nec esar ia de dest ac ar es l a de sarrollada por los alumnos de la
Universidad Permanente de la Universidad de A licante, quienes ya en 2006 , y tras la
organización del Curso “ L as personas m ayores y los medios de c omunicación.
Tratamiento d e una presencia”, hicieron público un manifiesto reiterando con ma y or
fuerza la nec esidad de ac ercar la ima ge n de las personas ma y ores a s u verd ader a esencia
y además, crearon el ‘Observatorio d e Ma y o res y Medios d e Comunicación’ p ara
analizar de forma continuada la imagen de los mayores que pro y ectan sobre la sociedad,
compararla con la que ellos tienen de sí mismos e ir desmontando l as imágenes y
estereotipos negativos tan incrustados en la cultura actual.
En su manifiesto denunciaban las si g ui entes realidades (2006: 5 y 6):
• La visibili dad de l colec tivo en los medios es prácticamente nula. Estamos ausentes.
• La presencia sólo se hace efectiva cuando el ámbit o es el de los sucesos o el de la
crónica rosa.
• La tendencia generaliz ada es la de remarcar nuestros defe ctos y no exaltar nuestros
valores. La asociación d e conceptos que no tiene n por qué pertenecer al ámbito de los
mayores es habitual.
• Se nos t rata t ópica e inadecuadamente y de u n modo no proporcional al por centaje
existente de personas mayores en la sociedad españ ola.
• El colectivo aparece de una forma homogénea. La ausencia de rigor s e une al ex ceso
de ester eotipos y a la falta de reflexión sobre la rea lidad de un a hetero ge n eidad nunca
presente y que sin embargo forma parte de la realidad del ma y or a ctual.
• La no aceptación por p arte de los medios de una nueva cultura en la qu e se facili ta la
colaboración intergeneracional, se hace visible al remarcar las tendencias informativas
de ho y en día. Estas destacan los int ere ses contr apuestos y potencian la fractura de la
unidad entre l as distintas g eneraciones que conviven. Nunca se habla de valores que una
intergeneracionalidad bien aplicada puede aportar a la imagen del ma y or.
• El len g uaje s e utiliza de una forma discrimina toria y negativa. La nor malización y
positividad en el lengua j e no es habitual y po r ello l a falta de respeto a los mayores s e
hace presente.
• Se convierte en algo habitual la utiliz ac ión de la ima g en d el ma yor bajo coartada
informativa para crear sentimientos o manipular. Encontramos que se utiliza la imagen
278
degradada d el mayor alejándose de l a señalización de p roblemáticas reales en un todo
por la audiencia sin sentido e irreal.
• Nuestra voz es autorizada en muy poc as ocasio nes. Formamos parte de la sociedad y
nuestra participación en los medios no se corresponde con el porcent aje d e mayores en
la sociedad española.
• Nuestros hábitos de consum o son tratados con condesc endencia y a la l igera. Somos
consumidores adultos capaces de tomar nuestras propias decisiones.
Ante estas realidades, comprobadas y analiz adas, los participantes en e sta asignatura
demandaban a los medios de comunicación:
• En el ‘tratamiento’: abandonar los estereotipos y tópicos generalizados, que inducen a
una imagen errónea alejada de la heterogeneidad y plura l idad de las personas mayores.
• En la presencia: necesidad de ofrecer una visibi lidad normalizada como par te activa de
la sociedad.
• En la imagen: abandonar el empleo de l a imagen degradada y discriminatoria de
mayores, buscando que la mirada de los medios s ea positiva y rema rque sus valores.
• En el lenguaje : necesidad de unificación de criterios, empleando una terminología
adecuada, correcta y resp etuosa con las personas mayores.
• En la publicidad: el trato como c ons umidores adultos c apaces de tom ar nuestras
propias decisiones.
• En la información: d ar ca bida a l os temas de interés, con el espacio que nos
corresponde.
• En la p articipación: la presen cia d e voces/per sonas autorizadas qu e r efle jen cómo
somos y nuestr a posi bilidad de contribución social dentro d e una perspectiva
intergeneracional.
5.3.1. PRENSA
Dentro del conjunto de los medios d e comunicación, la prensa -com o operativo
mediático de o rientaciones activas hacia l a información- marca una di fe rencia
fundamental con respecto a otros soportes como la televisión o la radio. En primer
lugar, porque l a prensa perfila la agenda de los demás medios de comunicación y, en
segundo lu gar , por ser el medio que más trata los temas de vertiente político/social. De
ahí que hayamos seleccionado el medio prensa tam bién par a nuestra investi g ación.
279
Como señala Justi no Sinova (1998: 13 y 14), “la prensa se ha mantenido c omo el centro
del di álog o social. El periódico continúa s iendo el referente de la actualidad, pese al
atractivo irresistible de la televisión y a la penetración instantánea de la radio, h asta el
punto de que es un inst r umento indispensable para quien busque estar bi en informado
en esta sociedad”.
Aunque y a hemos d etallado anteriormente l as Te sis Doctorales centradas en la imagen
de las personas ma y ores en la prensa, a continuación profundizaremos en otras
investigaciones cu y a finalidad es reflejar el tr atamiento del colectivo d e personas d e
edad avanz ada en los p eriódicos, la ma y oría de ellas con una conclusi ón común: la
existencia de una imagen negativa y distorsi onada .
Por ejemplo, González y Szurek (1990, citados por Pinazo Herna ndis, 20 05: 17 y 18)
analizaron las noticias que hacían r efere ncia directa o indirecta a l as personas mayores,
aparecidas en cuatro peri ódicos: Ya , El Paí s , ABC y Diario 16 . Los autores encontraron
que la media de artículos aparecidos referentes directa o indirectamente a a ncianos o al
envejecimiento fu e tan s ólo de 4,2 artículos por d ía. Entre sus resultados h allaron que la
importancia otorgada al anciano es mínim a en l a prensa escrita; un bajo número de
artículos (apenas un ar tícul o por periódico y día); y e n su inmensa m ayoría son artículos
muy pequ eños, en la m ay or parte de los casos, brevísimas n otas. Con respecto a l a
imagen social d e l os an cianos transmitida a t ravés de los periódicos, se m uestra a los
ancianos como p ersonas deterioradas, indefensas, susceptibles de sufrir enfermedades y
accidentes, víctimas de f enómenos delictivos y en la antesala d e la muerte. Tan solo el
25,4% de l os ar tículos recogen informacion es posi tivas de los ancianos (y en la may orí a
de estos casos se l imitan a recoger l a onomástica de un personaje famoso ya anciano, a
propósito de la cual se ensalzan sus obras), mientras que las informacio nes negativas
son el 54.9% y las informaciones neutras el 19.7 %.
Mercè Pérez S alanova (1993: 90) advier te de la ut ilización de un tono catastrofista en
las noticias, destacando que no es frecuente en contrar textos o imágenes que den cuenta
de l a div ersidad del se ctor y m enos aún repo rtajes que r eflejen u na v ejez vivida
satisfactoriamente.
280
En una in vestigación rea lizada en la Universidad de Valencia por J osé R amón Bueno
(1996) sobre 15 periódic os y un total de 16.237 n oticias entre 1991 y 1992 , se destacó la
escasa presencia de noticias referentes a las personas mayores (tan solo 61 0 noticias de
aquéllas, el 0,26%), sector clásico de la intervenci ón social y fueron si empre olvidados
en la generación de noticias.
En la misma línea se encue ntra el estudio del I m serso Percepciones socia les sobre las
personas mayores coordinado por Cristina Santamarina, que destaca que:
“Las personas may ore s tratadas por la pre n s a diaria a parecen, mayoritariam ent e,
incluidas e n la exclusión en tanto colectivo sin voces y sin rost ros, vaciadas de
personalidad ident i tar ia, carentes de refere nt es a l os que adsc ribirse y v i nculados d e
forma cons tante con los valores de tradición e i n m ovilis m o. Por su pa rte, l a
presencia de nominacion es pe rsonal es recae may ori tariamente sobre los varones,
m ucho más aptos por educación y por historia a ocupar -en es t os seg mentos de
edad- el l ug a r de l a excelencia ne c esaria para poder se r nominados y difere n c iado s
del resto del cole c tiv o” (2002: 624 ) .
Según s e despr ende de este informe del I m serso (2002: 117), la imagen t ransmitida en
la prensa es una imagen polarizada entre la existencia de una clase de personas activas,
y por ello nominadas, adscritas a una i dentidad propia, cercanas a la excelencia y un a
segunda visión aje na a la anterior, que hace r eferencia a un colectivo de personas
retiradas y por ello anónimas, es decir, enmarcadas a un proceso despojado de identidad.
Nieto Hern ánde z (2003, citado por Polo Gonzále z, 2006: 109 y 110) constata el escaso
flujo informativo, y ap unta t ambién que “la terminología lin güística se decanta
totalmente por el tér mino ‘anciano’ fre nt e a otros como ‘m ayor’, ‘jubilado’,
‘pensionista’...” (2003: 109).
En este mismo estudio, Nieto Hernández (2003: 114), evidencia que l a t er cera edad
como sector sólo parece im portar como público el ectoral o relleno con tem ática ligera o
negra. Al hil o de este úl timo apunte, estas son algunas conclusiones dig nas de s er
reseñadas:
- Los sucesos son el m ejor ejemplo de esta pr áctica en el que un mayor pasa a ser
protagonista d e la noticia no por la importancia de ésta, sino por la sensibilid ad que
281
despierta en los lecto res esta circunstancia. P or el contrario, muchas de las
informaciones p rotagoniz ada s por ma y ores, que debieran tener relevancia, no aparecen
en los medios porque carecen de este elemento em otivo”.
- Las instit uciones políticas y administrativas, ya sean d e ámbito local, autonómi co,
nacional o internac ion al, tienen e l monopolio del ejercicio c omo actores y fu entes
primarias en la información sobre la tercera edad.
- El gra d o de d edicación y espe cialización de los periodist as a los t emas de m ayores en
la prensa diari a es mu y bajo. No exis ten profesionales con un profundo conocimi ento de
esta temática, no con la capacidad divulgadora necesaria para llevar a cabo esta prácti ca .
- El peso de los géne ros i nformativos, interpretativos y p ersua sivos es mu y desi g ual. La
información repr ese nta la ma y oría de los text os, 360 (82%) sob re 436 (100%). En ésta
destaca, mu y por encima de los demás géneros infor m ativos, la noticia, con una
presencia del 82% sobre los géneros informativos y un 67% sobre el total.
- El 96% d e las informaciones provienen de ga bi netes de com unicac ión y
administraciones públicas.
Uno de los estudios m ás recientes es el encar g ado po r l a Unión Dem ocr ática d e
Pensionistas y Jubilados de Esp aña (UDP) en 2006, al equipo técnico liderado por
Matilde Fer nández-Cid Enríquez y Án g el Ma rtín C año. Esta investigación, titulada La
imagen de las Personas Mayores en los Medios de Comuni cac ión de Masas ya avanza
un incremento de la atención mediática a asu ntos relacionados con las personas
mayores, y t ambién se vislumbra un perfil más participativo del colectivo “ y
protagonista de su tra y ec toria vital” (2006: 128), si n hacer todavía m enc ió n expresa al
concepto de Envejecimiento Activo.
Pese a esos aspe ctos más posit ivos, el estudio conclu y e que “a pesa r de esa ma yor
pluralidad en el contexto de referencia, l a información construida en torno a ella suele
mostrarse más estereotipada (…) una ima g en más negativa que representa a las personas
mayores inactivas, en p roceso de generativo hacia l a ancianidad, d esprovistos de ese
saber y esa experiencia que a otros se atribu y e ” ( 2006: 128).
Continuando con al gunas de las conclusiones más interesantes de est e i nforme (que
analizaba las noticias publicadas d ura nte s eis m eses de 2006 l os periódicos ABC , El
País , El Periódico de Cataluña , El Mundo y La Vanguardia ), d estaca que “la
288
años), y que mantuvo el li der azgo en cuota de pantalla durante s eis temporadas
sucesivas, compi tiendo c on otros magazines de la s cade nas privadas enfo cados más en
crónica rosa y suc esos. Tras det ec tar “irre g ul ar idades en la publicidad del pro g rama”
36
,
TVE sustit uy ó el pro g ram a por La Mañana , con algunas secciones parecidas pero si n el
éxito de audiencia de su antecesor.
Con un enfoque mu y disti nto, pero también con las person as m ay o res como
protagonistas y líder en su franja horaria, es La tarde, aquí y ahora , emitido en la
cadena pública de Andalucía, Canal Sur T V , y presentado por Juan y Me dio. Centrado
en la búsqu eda de parejas, tiene con un a cuota media d e pantalla del 14, 2% y una
audiencia medi a de 321. 000 espectadores (d atos proporciona dos por la RTVA en marzo
de 2012). S in embargo, este programa cuenta con muchos detractore s, al considerar que
afianza los estereotipos de las personas ma y or es de la C omunidad Autónoma y no
fomenta un envejecimiento activo.
Como f i n a este epígrafe dedicado a la tele vis ión, creemos interesante destacar un
programa con un a filos ofía centrada en la juventud y cu y o tít ulo y a su ge rí a su temática
( No es programa para viejos , en Antena 3 ), c uy os resultados fueron desa strozos y
únicamente se emitieron seis entregas, siendo su media del 11,1% de cuota de pantalla.
5.3.4. INTERNET Y REDES S OCI A LE S
Exist e unanimidad en el fomento e in corporación de las person as ma y or es a las nuevas
tecnologías de la información, en esp ecial Internet. L as redes sociales cada vez están
alcanzando una relevancia ma y or como medios d e información y comunicación frente a
los medios tradicionales.
Como nos destaca Pavón Carrasco:
“Cuando nos paramos a pensar qué personas son la s q ue m ás ut ilizan I nt ernet, casi
siempre nos imag i nam os a un individuo que será ur b ano, joven o adul t o de no m uy
avanz ada eda d, que en su pr ofesión maneja abundante información y vive
sumerg i do en el m un do de los ne g ocios; pero rara vez podemos pre se ntir en
36
Elpais.co m. (7 d e mayo de 2 00 5). T VE sustituye a T orre i glesia s de 'Saber vivir'. El Pa ís . Recupe rado
de http://elpa is.com/elpais/20 09/05 /07/actualidad /1241678934_8 50215.html . Consulta el 1 2-11-2011 .
289
nuestra m ente que el nav egante de la Red, sea un j ubilado que u sando su m ucho
tiempo, se perm it e bu scar tem as que l e interesan o c o municarse con personas que
se encuentren a d i stanc ia (2000: 62).
El reclamo que la t elevisión y la radio ejercen no tiene riv al resp ecto a las m ás
novedosas y más interactivas como el ordenador e Internet, que ti enen una escasa
penetración, principalme nte en el medio rural (EGM, 2005), si bien comienzan a
usarlas. Son los hom bres los que más las utilizan, incrementándose el porcentaje a
medida que los n úcleos de población s on mayores: desde el 2,2 % de los pueblos
menores de 5.000 h abitantes a casi un 12 % de las ciudades dice u tilizarlos al guna v ez a
la semana, y los hombres ca si cuadruplican el uso de estas tecnologías en el medio rural
y la duplican en el medio urbano (Imserso, 2011: 486 ).
La s personas de m ás de 50 años utiliz an herra mient as comunicativas como Inte rnet o la
telefonía móvil para mantener o recuperar el c ontacto con familiares y ami gos que
tienen lejos. Con ello consiguen más independ enc ia y autonomía entre los m ay o res
(Núñez Bello, en Sesenta y más , nº 295, 2010: 8).
Según los datos de la Encuesta s obre Equipamiento y Uso de las Tecnologías de l a
Información y Comunicación en los Hogares ( I E A, 2010), la brecha existente entre la
dotación de Internet en ho g a res en l os que no e staba presente una persona mayor en
2006 ha disminuido respecto de 2010, ya que, en tonces, l a diferencia era de 8,5 puntos
(37,1%, en Andalucía, y 45,6 %, en España). En 2010, hablamos de un 61,5% en
Andalucía, fr ente a un 67,3% en España. Por tanto, actualmente la diferencia es de 5,8
puntos, por lo que el diferencial ha disminuido en 2,7 puntos hacia la convergencia con
la media nacional.
El fomento del uso de I n ternet entre l as personas may or es pued e facilitar la interacción
con otros mayores, pero principalmente mejorar las relaciones int erg eneracionales. P ara
García Mín gue z y S ánc hez (1998, citado por P av ón, 2000: 472), “cuando una persona
se jubila todavía tiene m ucho q ue decir y que ha cer, por l o que d ebe de s eguir t eniendo
su participación activa en la S ociedad; todos debemos contribuir p ara crearles las
posibilidades de dar sus frutos”. La s nuevas tecnol og í as pued en promove r el principio
de sol idaridad entre generaciones, fomentar el voluntariado de l as personas ma y or es
290
hacia los jóvenes a l a hora d e transmi tirles sus conocimientos y experiencias
profesionales y de otro tipo. La s Tecnologías d e l a I n formación y la Comuni ca ción
(TI C ) no sólo suponen una oportuni dad en el mundo re lacional, sino también en el ocio,
la cultura, la educación, las oportunidades de las tecnologías GPS instaladas en los
teléfonos móviles, la banca on-line…
Núñez Bello destaca en un artículo publicado en la revista Sesenta y más (nº 295, 2010:
10), algunos d e los f actores que pueden contribui r a m ejora r la calidad d e vi da de las
personas mayores:
- Facilita la inte racción entre las personas ma y ore s, porque luch a contra el aislamiento y
la soledad, lo que ralentiza la vejez.
- Una mejor relación in terge n eracional. Al dejar l a actividad laboral, dej a en parte su
valiosa aportación a la sociedad.
- La actividad nos da vida y vit alidad. Esta r o cupado es un ejercicio vital q ue nos a y uda
a estar activos, preparados, algo bueno para cualquier persona, incluido el ma y o r.
- I ntern et, por ej emplo, nos ay ud a a mejorar la a utoestima y l a aportació n creativa. La
persona ma y or es consc iente de su competencia y ha de desarrolla r act ividades que
conduzcan al aumento de su autoestim a.
Una de l as principales conclusiones de las J ornadas organiz ada s por el Imserso en 2011
en S antande r sobre las personas ma y ores y medi os d e comunicación estab a centrada en
el fomento del uso de I nternet, destac ando que “los poderes públicos deben apo yar
iniciativas, propias y de autoorganización de las entidades del sector, que incre m enten
su participación en el ámbito de r elac i ones. Se co nsidera interesante la pue sta en marcha
en internet de una base de datos que recoja buenas prácticas informativas” ( 2011: 2).
La s cohortes m ás jóven es van i ncor porándose a ellas y serán uno de los elementos
favorecedores del envejecimiento a ctivo, sobre todo en el mundo ru ral, donde estas
tecnologías pueden ejercer como elemen to i ntegrador d e una población dis persa en
pequeños núcleos con problemas de comunicación por una red de infraestructuras
insuficiente (Imserso, 2011: 486).
291
Un claro ejemplo del av ance d e las pe rsonas mayores en I nternet es el gran número de
páginas webs dedicada s a este colectivo en l os últimos años. A continuación,
presentaremos al guna s de las más destacadas según el r eportaje firmado por Raquel
Delgado en la revista Sesenta y más (nº 245, 2006: 52).
- w ww.mayormente.es . ‘Entra y habl a con gente como t ú’. Ma y orm ente es una
compañía constituida en mayo de 2003 que n ac ió con un claro objetivo: potenciar el uso
de I ntern et entre las personas mayores -ellos les d otan de form ación y herramientas para
que utili cen la red- con el fin de llenar sus ratos de ocio, a y udarles a combatir la soledad
y c errar la brecha digital que en l a actualidad les separa de s us hi jos/as y nietos/as. Esta
comunidad cuent a con tres á rea s d e actuación, independientes p ero entrelazadas:
Comunidad ‘on-line’ de personas ma y ores: ‘ma y ormente.com ’; programas de
conectividad, formación y animación en el uso de Internet en Centros de ma y ores.
También cuenta con u n Comité Asesor, de ex pertos en Com unicación, Nuevas
Tecnologías, Sociología, Economía, Sanidad…
- www .redmay ores.org . La Asociación Ed ad Dorada-Mensajeros d e la Paz, desde el
Departamento de Nu evas Tecnolo g í as para Ma yores, lleva varios años trabajando p ara
acercar l as nu evas t ecnologías d e la comunicación y de l a inform ación a l as p ersona s
mayores de 50 años. Ofrece s ervicios a través de varios pro gramas: Ma y or es internautas
solidarios; Correo dorado; Aula de nuevas tecnologías; Cibercafé de m ay o res; Cable
dorado; Portal redma y o res.org; Revista virtual redma y ores; T écnicos solidarios de
hardware, etc.
- www.ceoma.org . Esta es la web oficial de la Co nfe deración Española de
Organizaciones de Ma yor es (CEOMA ), cu y o lema es: “ L a fu er za de los mayores: un
reto para el si glo XXI”. Algunos d e los temas que tratan son: Jubi lación y pensiones;
Consultoría jurídica; Envejecimiento y salud; Madurez vital; C oncurso abuelos y
nietos…
- www.mundomayor.com . Mundomayor es un Centro de Encuentro en Internet para la
Tercera Edad. Está compuesto por un nutrido elenco de pro fesionales, con una dilatada
tray ectori a profesional e n sus diferentes áreas de conocimiento, que han d ec idido aunar
sus esfuerzos para dotar al entorno d e la Tercera Edad con un sitio de v erdadera utili dad
292
donde con g l omera r el máxi mo de servicios y herra mientas que p er mitan enc ontrar, de la
forma más fácil y rápida posible, sol uciones a los problemas, i nquietudes o necesidades
de cualquier t ipo que a todos, más tarde o más t empra no, no sur g en con respecto al
mundo de los mayores.
- ww w.tercera-e dad.or g . S e define como “La t ercera edad en i nternet” y contien e
noticias y r eporta jes s obre programas d e v acaciones, centros sanita rios, Consejo Estatal
de Personas Mayores, etc.
- www .portaltercera.com.ar/ . (La tercera no es la vencida). Los canales frecuentes en
este portal son: cartelera (con cier tos, taller d e y o ga , seminario V ejez y Medios);
Noticias (Terceras J ornadas para l os Adultos Mayores, el Ayer y el Hoy); Bolsa de
trabajo para la tercera edad; Jubi lados en la r ed; servicios; publique artículos…
- www.jubi latas.c om . Podemos encontrarnos con diferentes tipos de se rvicios: deportes,
aficiones y animales, cursos, relatos cortos, econom ía, socieda d...
- www.elabuelo.com . Este portal es un directorio de servicios para la Tercera Edad y su
familia con informa ción sobre residencias, ap aratos para gimnasia, hospi tales, centro d e
salud…
Merece mención ap arte la que para al gunos es co nsiderada la r ed social F acebook de las
personas ma y o res: Activagers ( ww w.activagers.com ). Aunqu e mu chas personas de
avanzada edad usan las redes sociales habituales como pueden ser Fac ebook , Twi tter o
incluso T uenti , la empresa VIVA49PLUS AG ha desarrollado Activag ers , enfocada
principalmente a personas que superan los cuarenta años. Aunque se gún s us creadores,
tampoco está cerrada a gente más joven.
Activagers ya está presen te en varios país es europeos como Alemania, Aus tria, Francia,
Ita lia, R eino Unido o Suiza. Y con su lle gada a España no sól o buscan llegar al
ordenador de los español es s ino de t oda la comunidad hispano hablante que se extiende
en la propia España pero también en América del Sur donde las redes sociales ocupan al
igual que en Europa un papel destacado en el mundo de I nternet.
293
Cualquier usuario que ing rese en Activagers podrá desde el pri mer momento
intercambiar inte reses con amigos y cono cidos, a cceder a las dif erentes opciones que el
portal pone a su alcance, enviar y r ecibir mensaj es de otros usuarios, chatear con otros
usuarios, participar en ‘salones’ donde se propo ndrán cha rlas en línea, participar en
foros d e discusión de t emas de actualidad, int ere s es y otros, interca mbiar fotos,
comentarios o estados de ánimo, así como int erc a mbiar o compartir todo tipo de música.
Aunque no aporta ninguna novedad con respecto a otras redes sociales en cuanto a
aplicaciones se refiere, sí puede resultar de interés a aquellas personas ma y ores qu e
nunca han visit ado o pertenecido a una red social y l es pueda ser mu y úti l p ar a de una
forma sencilla empezar a adentrarse en el mundo de las redes sociales.
Según un info rme realizado por P ew I nternet, en tre abril de 2009 y mayo de 2010, el
porcentaje de uso de las redes so ciale s entre las personas ma y o res de 55 a ños creció un
88%. Esta cifra se eleva hasta casi el 100% entre los ma y or es de 65 años durante el
mismo periodo de tiempo.
5.3.5. REVISTAS ESPEC I ALIZADAS
Al igual qu e las páginas webs señaladas ant er iormente, las revistas especializadas son
un claro ejemplo del uso de las personas ma y or es como target o nicho d e mercado d e
interés para numerosas empresas, buen ejem plo de un tratamiento posi tivo del
envejecimiento (Román Martín, 2010: 3).
Estos medios sí muestran el envejecimiento como una etapa más de la v ida, con sus
ventajas e inconvenientes. Además, nos acercan a las personas ma y ores de ho y para
conocer su perfil y orientan el t rabajo periodístico a sus nuevas circunst ancias sociales
para poder ofrecer una imagen exacta y ajustad a a la realidad.
Todas estas revistas esp ecia lizadas tienen unas características comun es. Por ejemplo,
evitan el lenguaje pe y o rativo, paternalista y di scriminatorio que contribu y e a reforzar
los estereotipos sociales sobre las p ersonas ma y ores. Norm almente, utiliz an el té rmino
“personas ma y ores” frente a “tercera ed ad” o “ancianos”, “residencia para p ersona s
mayores” frente a “asilo” o “geriátrico” (Román Martín, 2010: 4).
294
Con respecto a las imá g en es que ilustran los cont enidos, suelen publicar fotografías
positivas de las personas m ay o res, cu y o tamaño suele ser de grandes dimensiones con
respecto al resto de la página (esta proporción denota m a y or interés, y a qu e en l a
actualidad predomina u n periodismo más visual y gráfico). Esto dista de imágenes
peyorativas de la vejez, imágenes que en al g unas ocasiones se vierten desde emisiones
publicitarias o desde programas y contenidos en clave d e humor, y que se derivan de
modelos basados ex clusivamente en v alores aso ciados con la juventud, la producción y
la rápida innovación, frente a los modelos, ritmos y esti los de vida propios de l a actual
generación de personas ma y ores (Román Ma rtín, 2010: 5).
En lo que a contenidos se refiere, el tratamiento de los temas en estos medios
especializados s e enfoca desde u na perspectiva i ntergeneracional, por lo tanto, mucho
más rica y ajustada a la realidad. O frecen informaciones completa s que evitan
presentaciones p arciales que reproducen tópicos negativos sobre el envej ecimiento (el
envejecimiento como i rremediable p érdida de facultades, como inevitable sol edad,
como decrepitud, las personas m ay o res como incapaces de apr ender , co mo colectivo
improductivo e inútil, etc.) (Román Martín, 2010: 5).
Informan en l a m ayoría de las ocasiones de las a cciones e iniciativas qu e les benefician
y son de su interés, trans mitiendo un envejecimiento activo de la sociedad. Destacan
secciones de salud, vi ajes, belleza, nutri ción…, pero también se publ ican noticias de
actualidad política y e conómica, sex ualidad, entrevistas con p er sonajes de interés…
(Ibid).
Muestran una imagen de las personas mayores c omo adult os competentes, capace s de
desempeñar roles úti les para l a sociedad, frente a la imagen de un colectivo que
representa u na car ga p ara la comunidad. Da n voz a las personas may o res, c om o
ciudadanos independi entes y prota g onistas d e sus propias vidas. Acaban con su
‘invisibilidad’, recurriendo a ellos como fuente informativa (Román Ma rtín, 2010: 6).
La prime ra de estas revist as tuvo su origen en una iniciativa pública, lanzada de manera
gratuita por el Imserso en 1984, llamada Sesenta y más .
En palabras de su directora, Inés González Rodríguez :
295
“A lo larg o de sus años de existencia l a revista Sese nt a y más ha r ecogido e ntr e
sus páginas este cambio tanto físico como soci a l y psicológico producido e n l o s
m ayores españoles en estos últimos años. Las di s tintas secciones de esta
publicación se han hecho eco, número tras número, de que ser may or no e s
sinónimo de pasi v i dad, todo lo contrario, so n personas que e s tán en la sociedad y
participan en ella. La rev is ta Sesenta y más t r ata de cambiar esta imagen
estereotipada de los mayores presentando a los may ores ta l y como son, sin
paternalism os” ( Sesenta y más , nº 168, 1999: 41).
El espíritu de la revista recoge plenamente el mensaje lanzado por el Año Internacional
de las Personas Mayores en 1999 así como las recomendaciones de la Segunda
Asamblea Mundial sobr e el Enve j ec imiento de 2002 que abogan por una imagen
positiva del envejecimiento que muestre a las personas ma y o res tales como son y que
reconozca la autorid ad, sabiduría y contribución que como personas activas y
participativas hacen al bienestar de nuestras sociedades. Pese a los numerosos cambios
de Gobierno p roducidos en España desde 1984 y los difere nt es Mini sterios de los que
ha dependido el I m serso, la R evista Sesenta y más ha sido un denominador común, de
ahí los más de trescientos números editados.
Una suerte m uy di stinta a l a suf rida por otras experiencias privadas. La prim era
iniciativa fue ET APA-3 , “que pasó por varias épocas. Era m ensual y en su último
intento no superó los primeros números. Una vez revisada esta p ublicac ión se puede
llegar a la conclusión clara y que quizá justifica de alg ún modo su fraca s o. Se trataba de
una publicación ex ce sivamente sobria que rozaba casi la hostilidad” (Na vas Castellón,
2003: 108). En 1991, la editorial P eldaño puso en marcha el mensual Tema T res , que
según Navas incurrió en los errores de su predecesora: “la escasa bri llantez en la
presentación, proponían a los lectores un panorama de exi stencia sombrío” (Ibid).
Navas C astellón realiza un recorrido por estas revistas especializadas en España en su
libro Los mayores en España, un mercado emergen te (2003) . Según este au tor:
“En tercer lugar aparece en España la experiencia de dos grandes grupos
editoriales: Bayard Press (editor de la rev is ta fr a ncesa Notre Temps) y Hachette
que coal igados lanzaron al m er cado l a r ev ista Todos a vivir , dirigida por Loles
296
Díaz Aledo y que tuvo que cerrar al noveno número. Bay ar d Press no fue capaz de
trasladar el modelo de su r evis t a líder en Francia al m erca do españo l, t al vez
porque consideraba que l o s m ayores de nuestro país son distintos y se d ej ó llevar
por los estereotipos n egativos que pesan sobre e ste público” ( 2003: 113).
Bayard apr endió de sus errores y en la actualidad edita con carácter trimestral otra
revista en España (cu enta con 10 cabe ceras más en ocho países de Europa), llamada
Plus es Más , con una i magen más mod erna y p ositiva del envejecimiento, que ofrece
noticias, información, reportajes y m uchas secciones que ayudan “a reinventar la vida”.
Según los últim os datos del OJ D correspondiente al p eriodo d e julio de 20 10 a junio d e
2011, la revista Plus es Más tiene un a tirada d e 48.050 ejemplar es y un a difusión de
39.764 ejemplares.
Su página web es www.plusesmas.com , en la que no sólo se pretende informar con
noticias actuales y que interesa n a l a comunidad de más de 50 años, sino que también
permite particip ar en col oquios, propuestas, ci tas, con las redes sociales Twi tter y
Facebook … Según l os datos f acilitados por la propia empresa en su página web
(consulta el 7 de julio de 2015), cuenta con 223.00 0 visitantes únicos.
Sin embargo, la p rimera iniciativa multim edia d edica da a las p ersonas mayores fue
Júbilo Comunicación, en septiembre de 1997, po r el pe riodista R af ael Navas. L a o ferta
abarcaba desde la Rev ista Vivir con Júbilo (nacida en diciemb re d e 199 8), los
programas de radio Debat e Júbilo y Vivir con Júbilo , la Gran Guía anual Júbilo para
los Mayores , l a agencia informativa J úbilo Noticias, el periódico Negocios & Gestión
Residencial y la página web
www.jubilo.es
.
Para Rafael Navas:
“Ante la existencia en España de más de doce millones de ciudadano s con más de
50 años que de m andan una información específica relativa a fondos y planes de
pensiones, s alud, ocio, serv icios empresar i ales e institucionales a los mayores,
políticas de pensiones y seguridad social, etc., se hace preciso contar con
program as de radio, t elev isió n y prensa escrita e Internet específicos para este
297
sector creciente del público, al igual que ocurre en otros países de nuestro ento rno”
(2003: 117).
El Grupo J úbilo fue adquirido por el Grupo Pl ane ta en 2007, ya que su pr esidente, J osé
Manuel Lara, tenía ambi ciosos pl ane s para este seg m ento d edicado a la tercera edad.
Para Navas, se t rataba de dar “un fu erte im pulso a la empresa en un momento d e
crec imiento de la pob lación may or en Españ a” y un hecho “importante ya que supone
integrarse en el primer grupo editorial español”
37
.
La ll egada de Planeta di o en un principio un soplo de aire nuevo al Grupo J úbilo: se
renovaron sus portales d e Internet, se trabajó en la creación de nuevos medios dedicados
a la formación, l os idiomas y el tiempo libre para ma y or es y s e planeó cruzar el charco
aliándose con Casa Editorial El Tiempo, su soc io estratégico en Colom bia. Además
Planeta compró el Grupo en un m omento de expansión: faltaba un mes para la
adquisición de Gerofarma y hacía un año que había incorporado a su repertorio la
revista de Nuevas Tecnologías e I nt er net, Seniorne t .
Aunque lo que se esperaba que fuera el espaldara zo definitivo, el resultad o fue fatídi co.
Planeta cerró t odas las cabeceras, pro gramas de r adio y páginas web en e nero de 2011
por ser inv iable económ icame nte, y toda la i nformac ión y publicid ad cu y o público
objetivo s on las p er sonas ma y ores únicamente se publi caba n como u n supl emento
mensual denominado Somos Mayoría insertado e n el periódico La Razón . Esto supus o
el despido de más de treintena de trabajadores: ocho de ellos periodistas.
Un producto de si milares características cu y o r esultado está siendo diferente, por el
potencial que está alcanzado en el mercado diri g i do a las personas mayores, es la revista
Senda para gente activa , del Grupo Senda, que nació en abril de 2000.
Dirigida por Matilde P elegrí, sus principios editoria les se circunscriben a di ez puntos
(Polo, 2006: 120):
37
EFEcom (4 d e septiembre d e 200 7). Planeta co m pr a grupo Júbilo para impulsar cr ecimient o e
internacionalizació n. elEco nomista.es. Rec uperado de http://www.eleco nomista.es/e m p resas-
finanzas/notic ias/27035 3/09/07/P laneta-compra-gr upo-Jubilo -para-impulsar-creci miento-e-
internacionalizacio n.html . Consulta el 12-09 -2010.
304
aportar. En este sentido cabe señalar una importante conclusión del III Congreso Estatal
de Ma y o res de 2009 en Madrid: “Se demanda de los medios de comunica ción, tanto
públicos como priva dos, una ma y o r atención para las p ersonas m ay o res y las
actividades de sus organiz acione s representativas”.
Rafael Navas responde de esta manera a la cuestión de por qué los medios de
comunicación o l os p rog r amas informativos se hacen necesarios p ara las personas
mayores (2003: 115-116):
a) Porque exist e una demanda real, objetiva y creciente de medios y programas
informativos por parte de este relevante sector de pobl ac ión.
b) P orque es un colectivo, aunque heterogéneo, de gran importancia cualitativa en el
país y al igual que ex isten medios impresos o programas informativos par a jóvenes que
funcionan ex traordinariamente bien en el m ercado, resulta obvia la conveni encia de l a
creación de tales medios y programas para este tar g et en expansión.
c) P or la propia existencia de medios de comu nicación y p rogramas que primen la
información y la opinión s obre l as cuestiones que afectan di rec t amente a este tipo de
público: jubilación, pensiones, calidad de vida, sal ud, ocio y t iempo libre, etc.
d) Porque los anunciantes demandan soportes específicos (prensa, radio y t elevisión)
para trasladar la publicidad creciente de sus productos y se rvicios dirig idos a e ste target.
e) Porque existe u na gran atomización de asociaciones r epre sentativas de este sector y
se hace p reciso ve rtebrar una oferta de servicios de comunicación e información que
además se constitu y a en plataforma de defensa de sus intereses en el ámbito de la
opinión pública para l ograr un a ma y o r eficacia en la cons ecuc ión de sus justas
reivindicaciones.
f) Porque los países más cultos y m ás libres son los m ás sensibles y r espetuosos con los
mayores, con su sabiduría y su ex perienc ia de las que extraen ideas y actu aciones para
el progreso.
g) Porque contribuirán a romper la ne g ativa cultura endémica d e España y
especialmente de lo s niñ os y jóvenes hacia los ma y o re s, si empre cargada de elementos
peyorativos cuando no de conmiseración.
Buchholz y B y num (1 982, citados por Dulce y -Rui z y ot ros, 2002: 99-122), ya
plantearon una serie de hi pótesis sobre la evolución en el tratamiento del colectivo de
305
personas de edad avanzada en la prensa, aunque la paternidad ha y qu e atribuírsela a
Atkins (Dulce y - Ruiz y o tros, 2002: 104):
- A t ra vés del tiempo, la prese ntación de i mágenes de la vejez y de las personas viejas
en los periódicos tiende a ser menos negativa.
- A través del ti empo la prensa escrita tiende a presentar como más ac ti vos los roles
desempeñados por las personas viejas.
- La cobertura d e situaciones referent es al envej ecimiento y a l a vejez en los periódicos
se ha incrementado con el paso de los años.
Como hemos podido comprobar en epígrafes anteriores, el do cumento de la
Organización Mundial de la Salud Envejec i miento Activo: un marco po lítico (2002)
plantea que pa ra lograr el objetivo de un envejecimiento activo se necesitarán m edidas
en diversos s ectores, además del sanitario y el social, como la educación, el empleo y el
trabajo, la economía, la seguridad social, la vi vienda, el tr ansporte, la j usticia y el
desarrollo rural y urbano.
Y como no, tambi én son determinantes lo s medios de comunic ación, como
constructores de la realidad social.
El documento pl antea una serie de propuestas políticas fundamentales, para abordar los
tres pilares del envejecimiento activo: salud, participación y seguridad . Dentro del
epígrafe ‘Participación’, en el ap artado sobre có mo “alentar a las p er sonas a participar
plenamente en la vida d e la comunidad familiar a medida que envejecen”, plantea un a
medida que afecta directamente a nuestra temática de investigación:
“Una imagen positiva del env ejec imiento. Trabaj ar con grupos que representan a las
personas ma y or es y a los medios de comunicación para propor cionar imá genes realistas
y posi tivas del envejecimiento activo, así com o información educati va sobre el
envejecimiento activo. Hacer frente a los estere otipos negativos y a la discriminación
por causa de la edad” (2002: 81 y 82)
En el mismo sentido, e l L ibro Blanco de l Envejecimiento A ctivo , elaborado p or el
Gobierno de España y presentado po r el Minis terio de Sanidad y Política Social en
noviembre de 2011, ta mbién dedica en su parte s egunda titulada ‘ Aspectos m ás
306
relevantes del env ejecimiento activo’, el capítulo núm ero nuev e a l a ‘ I ma ge n y m edios
de comunicación’.
En este capítulo, s e advierte que “la mane ra como se present a a las persona s mayores en
los medios de comuni cación es fundamental p ar a promover su autonomía personal y su
independencia. Reflejar s u realidad actual y , por ta nto, su heterog eneidad, su diversidad,
su aportación soci al y e conómica, su satis facción con su vida, contribuirá a estimular
una buena imagen social en la que se reconozcan” (2011: 3 57).
Mostrar esa im agen úni ca, sesgada de la pe rsona ma y or y d el envej ecimiento tiene
serias consecuencias. T al vez la peor sea que muchas personas ma y or es la han
interiorizado, han asumido ese sentimiento de in utilidad o se pre g unt an si, realmente,
sirven para algo.
En esta mism a línea, en las J ornadas c elebr ad as e n el Imserso sobr e Mayo res y Medios
de Comuni cación en el año 2010, se alertó de los riesgos qu e conlleva para el éx ito de
un envejecimiento activo y salud able la transmisión de imágenes ne g ativ as de las
personas ma yores a t ra vé s de los medios de comunicación, ya qu e las p ersonas de edad
acaban aceptando y asu miendo estas i mágenes d istorsionadas que se difunden. Por ello,
se reivindicó el que las personas ma y ores fu er an consideradas por su s capacidades y no
por su e dad, a l a hora de ser reflejada s po r lo s medios, y a que son ciudadanos y
ciudadanas como l os demás. Sólo a s í se c onseguirá una presencia normaliz ada e
integrada socialmente de las personas ma y ores en cua lquier espacio mediáti co.
También desde Andalucí a, en su Libro Blanco del Envejecimiento Activo , s e propone un
tratamiento más positivo de las personas mayores, dando fin a los estereotipos. En dicho
documento, se dedica un a partado a “Seguridad en c uanto a la protección de su
imagen”.
A raíz de estos estereoti pos y prejuicios, s e de riva un tr ato haci a las p ersonas ma y ores
entendiéndolas como una car g a fami liar y s ocial, personas incapace s de asumi r
responsabilidades y , como respuesta, reforzando actitudes dependientes en vez de
favorecer su autonomía. Es tas actitudes menos caban a la s p ersonas m ay or es pues
307
infravaloran su papel en la sociedad y l imitan sus capacidades de partici pación en l a
vida social, económica y cultural.
“Por ello, las personas mayores no pueden ser e xpuesta s como un grup o
hom ogéneo y asociado a vulnera b ili d a d o d ependencia. Estos perfiles de las
personas mayores son anticuados y obsoletos pertenecientes a épocas pasadas que
ofenden el sentido de la realidad. Por tanto, se hace preciso entr e toda la ciudadanía
- qu e cono ce de prim era mano experiencias vitales, pr o pi as o ajenas, de vida activ a
y productiva para la socie dad- “r edefin ir” (reajustar) el concep t o público de las
personas may or es. Y en esa tarea c o br a n especia l i m p ortancia los profesionales de
los medios de comunicaci ón y de la publicidad y los operadores t itulare s de los
m edios, por cuanto se ha evidenciado que l as personas may ores aparecen poco en
los medios de c om unicación y, cuando apa recen, lo suelen hacer recubiertos de un
ropaje plagado de estereotipos y cli chés” ( Libro Blan co del Envejec imiento Activo
de Andalucía , 201 0: 185).
Junt o a estos document os analizados anteriorment e y enfocados en el fomento de un
Envejecimiento A ctivo, también han sido numer osas las iniciativas d esa rrolladas pa ra
sensibiliz ar , a los medios en particular y a la sociedad en general, de l a necesidad de
reflejar la “nueva realidad” de las personas ma y or es.
Desde el II C ongreso de la Gente Gran celebrado en Barcelona en 1993, ha sta el último
congreso del consejo Est atal de P ersona s Ma y or es celebrado en Madrid en el año 2009,
pasando por las Jornadas celebradas en Santander sobre Personas Mayores y Medios de
Comunicación , en 2011, las personas ma y o res h an sol icitado que la imagen re flejada
por los medios de comuni ca ción social se corresponda con las diferentes realidades de
las que son actores y los int entos puestos en prá ctica han sido numerosos.
El semi nar io o rga nizado por el I m serso y la Uni ver sidad I nt er nacion al Menéndez
Pelayo en S antander en septiembre de 2005, donde conflu ye ron personas m ay or es y
periodistas de diversos medios, m ar có un hito al firmarse por p arte de los periodistas
asistentes una declaración que contenía una b atería de propuestas realizadas por las
personas ma y or es tenden tes a que los medios de comunicación difundieran una imagen
de las p ersonas m ayor es más acorde con la realid ad. Entre los compromis os adquiridos
se encontraban:
308
• Mostrar el envejecimiento como una et apa más d e la vida, res ca tando los valores
que enca rn an las persona s may ores como la serenidad, la experiencia , el respeto,
la independencia o la memoria.
• Incluir a las personas m ay o res como parte d e la población en plano de i g u aldad
con los demás colectivos, en todo tipo de informaciones.
• Evitar el l eng uaj e pe y or ativo, paternalista y dis criminatorio que con tribuy e a
reforzar los estereotipos sociales sobre las person as may o res.
• Propiciar desde los medi os el tratamiento de l os t emas con una perspectiva
intergeneracional.
• Dar voz a los m ayores como ciudadanos in dependientes y prota g o nistas de sus
propias vidas.
• Acabar con su invisibilidad recurriendo a ellos co mo fuente informativa.
El L ibro Blanco del Enve jecimiento Activo de España, documento referente para el
análisis de nuestra invest ig ación, destaca qu e l as personas ma y ores debe n pasar de las
quejas al protagonismo. P ar a ello, pres enta una serie de p ropuestas (2011: 362 y 363)
para que las personas m ay o res puedan contribuir a que los medios muestren una ima gen
más próxima a su realidad actual. Son las siguientes:
a) S er le ctores, o yentes, televidentes c rít icos y pa rticipativos. Es decir, no me ros
consumidores de cualquier contenido. Esto supone:
• Saber distinguir entre noticia y opinión.
• Buscar la sintonía que merezca ma y or credibilidad, que trate la i nformación de
modo más objetivo o inclu y a puntos d e vista plurales.
• Diversificar l as fu entes, para poder contrastar las noticias. Ho y es necesario
escuchar varias emisoras de radio, v er distintas cadenas d e televisión, l eer más de un
periódico para e star bie n informado. L a objetividad y la neutralidad absolutas no
existen, pero confrontando informaciones y o piniones nos acercaremos más a la
realidad.
• Tener capacidad de dis cre par. No as entir a todo lo que se dic e en l os m edios,
no darlo todo por bueno, no creérselo todo “a pies juntillas”.
• Huir de los “santones” de la radio y la t elevisión, de tertulianos que hablan y
opinan de todo y sobre todo. S i realmente conocen a fondo el asunto que se debate,
309
pueden a y udar a compl etar la información, pero n o dirigir las opi niones de oyentes y/ o
televidentes.
• Huir del sensacionalismo. L os medios que hacen de l sensa cionalismo, de l
escándalo, del amarillismo su más importante premis a infor mativa no son aconsejables.
• Huir d el personalismo. Quienes hac en info rmación tan p ersonalizada que, en
realidad, transmiten sus propias sensaciones y opinion es, no son los profe sionales más
adecuados para convertirlos en fuente informativa .
• Ser críticos con los me dios y sus profesionale s y no tener miedo a hacerles
llegar es as crític as cua ndo den una in formac ión que no se ajuste a l a realidad,
terg iversad a o no suficientemente contrastada.
b) Desde sus Organizaciones representativas, pueden f acilitar a los medios de
comunicación información concre ta, clara y obj etiva sobre asuntos de int e rés ciudadano
en general, o del colectivo de personas ma y ores e n particular.
c) D etectar pe riodistas interesados en los asuntos que afectan a las p er sona s mayores, y
procurarles cuanta inform ación y formación precisen para que puedan po ner en contexto
los h ec hos, m ostrando las situaciones y sus ca usas, con un lenguaje adecuado aleja do d e
la conmiseración y la lástima y que deje a salvo la di g ni dad individual y colectiva de las
personas mayores.
d) Elaborar una estrate gia de comunic ación, que i nteg r e l as nu evas te cnologías como
vías de comunicación y difusión.
e) Conocer los medios de comunicación más próxi mos y establece r con ellos una
relación planificada y regular.
f) Intervenir en los medios de comunicación con u na doble postura:
• Reactiva. Es m uy f ácil y bastante eficaz y , si n e mbarg o , s e practica poco . Cada
vez que un medio de comunicación difunda una imagen sesgada o indi g na d e una
persona ma y o r o del envejecimien to; ut ilic e un le ng uaje pe y or ativo, paternalist a o falto
de respeto; o recurra a un tratamiento informativo inadecuado al referirse a las personas
mayores, se d ebe reaccionar y mostrar el desacuerdo y malestar a través de los cau ces
que exi sten para ello: car tas al director, programas o espacios abiertos a la participación,
310
Defensores del o y ent e, del telespectador, del lector, web d el medio o del autor de la
información, e tc. Natur almente, siempre de forma correcta, razonada y razonable.
Actuar en este sentido debería ser una especie de m ilitancia individual y colectiva.
• Proactiva. Consiste en aprovechar t odas las posibi lidades de participación que
ofrecen los medios para hace rs e p rese ntes, visibles, con las características propias de las
personas ma y or es de ho y . Las fo rmas de hacerlo son muchas y diversas dependiendo
del medio y sus características. Cabe planteárselo de forma i ndividual pero, en
determinadas situaciones, será más eficaz si se ac túa a título colectivo desd e una entidad
representativa. Se trata, por ejemplo, d e pa rticipar en l as encuestas qu e m uchos medios
llevan a ca bo casi continuamente; de intervenir t elef ónicamente en pro g ra mas de radio y
televisión cuando ex ista esa pos ibilidad; de pa rticipar en te rtulias y d ebates s obre
asuntos de interés com ún a todos los ciudadanos; d e fomentar la presencia de
profesionales mayores como expertos cuando se aborden determinados temas, etc.
En la misma línea, en las J ornadas celebradas en S antande r sob re P ersonas Mayores y
Medios de Comunicación , organizadas en 2011 por el Imserso, también s e pl antea ba
que se necesita un esf uerzo común entre m edios de comunicación y organism os
representativos de las personas mayores para generar instrumentos de trabajo. En
concreto, un libro de estilo que implante un vocabulario compartido, una agenda del
conocimiento y a ctividades de form ación en té cnica s de c omunicación. El Consejo
Estatal de Personas Ma y o res debe ser la entidad impulsora de estas iniciativas en el
marco del Est ado. Se co nsidera que la pres enc ia de las personas ma yores en los medios
de comunicación y su propia i mag en también depende de su propio esfuerzo, de su
trabajo y de sus estrategi as par a ser tenidos en cue nta por los mismos (2011: 2).
También el Consejo de Personas Ma y or es del Pr incipado de Ast urias, en 2003, elaboró
un total de trece recomendaciones, pero en este caso en el sentido inverso al planteado
por el L i bro Blanco, es d ecir, dirigidos a los medios de comunicación, part iendo de las
directrices recogidas en la II Asamblea Mundial d el Enveje cimiento.
La s recom enda ciones era n las siguientes:
1. Ofrecer inform aciones completas que eviten presentaciones parciales qu e
reproduzcan tópicos negativos sobre el envejecimi ento (el envejecimient o como
311
irremediable pérdida de facultades, como inevitabl e soledad, como d ecrepitud,
las personas ma y ores como incapaces de aprender, como colectivo improductivo
e inútil, etc.).
2. Incrementar la presen cia de las personas ma y ores en los medios de
comunicación así como aumentar l os contenidos informativos referid os al
envejecimiento y a los temas de interés relacionados con e l mismo.
3. Ofrecer una ima g en d e las personas m ayore s como adultos/as competentes,
capaces de des empeñar roles útiles para la sociedad, frente a la i magen de un
colectivo que representa una carga para la comunidad.
4. Evitar imág enes pe y orativas de la vejez, imág ene s qu e en alguna s ocasiones se
vierten desde emisiones publicitarias o desde programas y contenidos en clave
de humor, y que s e de rivan de modelos basados ex clusivamente en v alores
asociados con la juvent ud, la producción y l a rápida innovación, f rente a los
modelos, ritmos y estilos de vida propios de la actual generación de personas
mayores.
5. Revisar y actualizar l os términos empleados en los contenidos info rmativos y
publicitarios, y a que con las palabras se pro y e ctan conceptos y desd e est os se
conforman las actitudes, es decir, l as formas de pensar, de sentir y de a ctuar del
conjunto de los grupos sociales. En este sentido se considera adecuado:
- Utilizar el término “personas mayores” frente a “tercera edad” o “ancian os”.
- Utili zar el t érmino “ residencia par a personas ma y ores” frente a “asilo” o
“geriátrico”.
- Evitar expresiones con connotaciones paternali stas o infantilizadoras como
“nuestros ma y ores”, “abuelos”, “abueletes”, e tc., que aunqu e suele n ser
enunciadas con intenciones cariñosas, chocan fr ontalmente con una concepción
de la persona ma y or adulta y con ca pacidad de aut odeterminac ión.
- Sus tituir términos globaliz adore s y etiquetadores por expresiones que ha g an
referencia principal a la dimensión de persona y ubiqu en la e nferm edad o
limitación en cate g o ría de cir cunstancia. P or ejempl o, es preferible hablar de
“personas con dis capacidad” f rente a “discapacitados” o de “person as con
demencia” frente a “dementes”.
6. Evitar abordar el ingreso en residencias de las perso nas mayores como un suceso
inevitable y tr ágico, ya que este tipo de enfoques solo i ncide en provoc ar
312
sentimientos negativos tanto a l as propias personas ma y ores que ne ce sitan este
tipo de cuidados como a sus familias.
7. Huir del tópico del abandono de las famil ias en la atenc ión de las personas
mayores, generalización errónea que en o casiones especiales como los pe riodos
vacacionales o en trat amientos informativos s o bre los rec u rsos residenciales u
hospitalarios, aparece en los medios de comunicación, olvidando que h oy por
hoy la gran parte de las personas ma y o res en n uestro país conviven con sus
familias y su fuente principal de apo y o cuando necesitan cuidados son estas.
8. Mostrar la diversidad de modelos ex istentes dentro del colectivo de personas
mayores, haciendo hincapié en los aspectos positi vo s de los hombres y m ujeres
de edad, de modo que el envejecimiento se presente como un proceso individual
donde influ ye n múltiples aspectos y donde apa rece para la gran m ayoría de las
personas una etapa llena de posibil idades.
9. Transmitir y reforzar la importancia de las personas ma y ores en el intercambio
generacional, teniendo estas la importante mis ión de la transmisión de la
experiencia, y poniendo de relieve su capacidad de reflexión desde la distancia
que posibilita el paso del tiempo y la historia vivida.
10. De stacar el peso del grupo social de las personas mayores como fuerza pol ítica ,
estimulando a la participación y al compromiso s ocial de las mismas.
11. Evitar el uso de imágenes de arc hi vo en que apar ezcan persona s m ay o res, y en el
caso de que se utilicen, que estas aparezcan siempre fechadas y con la indic ac ión
expresa de ser imágenes de archivo.
12. Proteg e r y cuidar de una manera espe cial la imagen de las personas ma y o res en
situación de depende ncia e incapacidad de autodirigirse (personas con deterioro
cognitivo o demencia). Para ello cobra una importancia crucial:
- Ga rantizar la autoriz ac ión de las im ágene s siempre qu e aparezc an personas
(tanto de las familias como en su caso de los respons ables de los servicios).
- Preservar en el trata miento informativo la privacidad e intimidad de las
personas.
- Evitar tratamientos sesgados, alarmistas, lastimeros, morbosos o
infantilizadores de las personas ma y ores con discapacidade s .
13. Estimular a los y las profesionales de la in formación a complementar su
formación interesándose y especializándose en el ámbito de la gerontología.
313
En una línea si milar , l a Asociación EAPN (European Anti P overty Net work - Red
Europea de Lucha contra la P obreza y l a Ex clusión Social
42
) elaboró, casi una década
después, en 2012, una Guía de estilo para p eriodistas sobre personas ma yores (llamada
Mira a las Personas Mayores ).
El objetivo de esta g uí a es ofrecer propu estas y soluciones p rácticas para que el
profesional de la comunicación pueda acercarse a la compleja realidad de las personas
mayores, emplear un l enguaje adecuado, y dar una visió n más re al y menos
estereotipada de estas personas. “Nuestro deseo es qu e esta publi cación sea un a
herramienta útil y eficaz que mejor e la forma en la que informamos y c omunicamos,
que es, en última instancia, el fin último del buen periodismo” (2012: 3).
A continuación, desglo sare m os algunos de las recomendaciones que ofrece esta
interesante Guía. P or ejemplo, en lo que respecta a los Planteamientos de las noticias,
señala que:
“Según los Libros de Estilo de l o s principales medio s de comunicación españoles,
los perio d istas deben consultar todas las fuentes de información i mp l icadas en una
noticia . Por t an to, parece par te de su có d i g o deontológico la pr op uesta de que el
informador t rat e si em pr e de contar c on la opinión de las personas may or es cuando
éstas sean una parte signifi ca tiv a de l a i nform aci ón. Es muy i mportante que en las
noticias que los medios de comunicación ofrecen sobre personas may or es se
informe sobre ellas , con ellas. Una de las recomen da ciones a este res p e c to es
contextualiz ar a de cuadamente las circunstancias de la noticia o del even to
noticioso en l a historia de la persona mayor. Esto no significa busc ar ún i cam e nte el
efecto dram ático al contar una historia pe r sonal. Se recomienda mostrar una
especial sensibi l idad y conocer y respetar los límites leg al es cuando la inform a ción
afecte a personas vulnerables. No estigm ati z ar y tener en cuenta el impacto que una
información puede t en er sobre l as per sonas m a y or es” (2012: 13).
42
EAPN es una coalición i ndependiente de ONG y otr os grupo s i nvolucrados e n la l ucha contra la
pob reza y la excl usión so cial en lo s Estad os mie mbro d e la Unión E urop ea. Esta co alición fue cread a en
dicie m b re d e 19 90 por organizaciones q ue tr abajab an dentro de la Unión E uropea con p ersonas q ue viven
en si tuación d e po breza y e xclusión, convirtié ndose en un órgano de consulta por parte del Consejo de
Europa . As imi sm o, E APN es socio fundador de la Plataforma Euro pea de A c ción Social .
320
condiciones de vida; en este mom ent o de crisis eco n ómica, es la persona m a y or
quien se encuent r a en m uchos casos, sosteniendo e con óm icamente a la f am i lia”
46
.
La repercusión de las p ersonas m ayores en el ámbi to po lítico también es la principal
explicación para un mejo r tratamiento d e las personas ma y ores en los medios según
Luis S alvador Carulla, presidente de la Asociación Española para el Estudio Ci entífico
del Enveje cimiento Saludable (AECES). C arulla t ambién señala que ex iste “una ma y or
concienciación en la sociedad al existi r un may or número de pobla ción de personas
mayores en la última década”
4 7
.
Pero quizás el prof esional que más se a cerca en su opinión a la hipótesis de esta
investigación es Vicente Pérez Cano, p rofe s or del Departamento d e Cie ncias Sociales
de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y Director Gerente desd e 2004 de la
Co nfe de rac ió n Es ta tal d e May ore s A cti vo s ( CON F EMA C). Se g ún Pé rez C a no,
“Coex i sten don imág e nes. La de l may or en la prim era etapa de l a jubilación
(dinám ico, participativo en act ivid ades y sobre todo viajero) y la de l a persona
dependiente. Es aqu í don d e la inercia de lo s estereotipos puede s e r más evidente.
Muchas personas siguen pensando que la jubilación es el principio del fin y a partir
de ahí ven a l a per s ona b ajo el parad igm a de las pérdidas y ese e nfoque afecta
también a la profesión de periodista. Muc h a s opin i o nes y form as de afrontar las
informaciones siguen funda m entadas en estereot ipos que no se co rresponden con la
realidad actual. Un o de l o s estereot ipos más pe rsi s tentes se puede resum ir en la
expresión “hoy no qu er em os a l o s viejos”
48
.
Pérez Cano también da un papel import ante a los medios de comunicación en esta
mejora de la ima g en d e l as personas m ayores, y a que “c on fr ecuencia se emit en
reportajes, ha y opi niones de expertos… y todo eso hace que poco a poco se va ya
cambiando la percepción del colectivo”
49
.
46
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 26 -03-2012.
47
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 29 -03-2012.
48
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 11 -04-2012.
49
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 11 -04-2012.
321
Importante apo rtac ión a esta i nvestigación ha sido la ofrecida por el pe riodista J osé
María Calleja, colabora dor en numerosos medios de comunicación y director de las
Jornadas que sobre personas ma y o res y m edios de comuni ca ción fueron or g aniz adas en
Santander por el Imserso en 2011, en colaboración con la Universidad Internacional
Menéndez y Pela y o. Para Calleja, estas J ornada s sirvieron para que:
“Las personas may ores, que t ienen una actitud a c tiva, se hayan dado cuenta de las
posibilidades que tienen de transmitir sus act iv idades a los m edios de
comunicación. La conclusión principal del cu r so, es que se han i ncorpo r ad o
destrezas para conseguir que la actividad variada, intensa y ri c a que hacen las
personas may ore s, sea percibida como tal por l a opi n i ón pública y se vayan
aparcando los cl ichés, los t ópi cos y l os lugares com une s”
50
.
Según este periodista:
“Los m e dios de comunicación son muy dis tintos entr e sí. Hay quien trata b i en el
asunto y quien se balance a entre el p a t erna l ismo y l a búsqueda de audiencia. Las
personas may ore s deben adoptar un papel activo ante los medios y tienen que partir
de la base de que tienen c o s as rea l m ent e im por tant es e i nteresan t es que contar. Los
m edios de com unicación cuentan historias. Hay que dejar de pe n s a r que no t ien en
nada que aportar y contar. De t odas aquellas cosas que hacen, ti e nen que
seleccionar aquellas que creen que pueden resultar de interés. En l o s medios en
general e x i ste el vicio de dar l a mala noticia, pero t am bién cuando hay una buena
noticia que se c uenta bien, habrá un periodista dispuesto a cont arla”
51
.
La subdirectora de El País, Berna González, dest ac ó durante su participación en las
Jornadas sobre Personas Mayores y M edios de Com unicac ión celebradas en Santander
en 2011, que el trab ajo periodístico es un “retrato de la actualidad, sea n egativa o
positiva”, y aboga por una ma y or impli ca ción de las personas mayores en las
informaciones que se publ ican, enviando novedades que le afectan, eventos not iciables
o proyectos de inte rés. C omo ella misma destaca, su periódico dedic a mu chas ve ces la
50
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 07 -05-2012.
51
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 07 -05-2012.
322
contraportada a la exper iencia de una persona ma y or, “casi siempre popular”. Berna
González nos muestra su Decálogo, con 5 síes y 5 noes:
- No a la violencia ni al paternalismo
- No al estereotipo como carga
- No generalizar. Las personas ma y o re s no son un solo colectivo
- No a los tabúes
- No a la imagen positiva como obligación. No ofrecer un trato especial, tam bién ofre c er
los aspectos positivos como cualquier otro ser.
- Sí a escribir sobre sus nuevos derechos (como por ejemplo, la Dependencia).
- Sí a la sabiduría, a las ex perienc ias del pasado.
- Sí a las informaciones sobre hábitos de vida saludable, sobre avances médi cos…
- Sí a las iniciativas que permitan interactuar con int er net.
- Sí al libre albedrío, a la independe ncia de la persona ma y or, aunqu e sea dependiente o
haya perdido facultades.
Mención apar te en este ep íg ra fe se merecen los directores y directoras de las principales
revistas especializadas en personas ma yor es que exi sten en España, quienes todos
participaron de manera activa en el desarrollo de esta Tesis Doctoral.
Matilde Pellegrí, directora del Grupo Senda destaca que:
“En los últim os di ez años se aprecia un cambio hacia un tratamiento m á s r eal del
papel de los may ores. Este cambio se debe a la participación de los may or es en
diversos campos de la s ociedad. Adem ás, en mi opinión los medios de
comunicación sectoriales promov e m os l a difusión de e se nuevo perfil del mayor y
su participación en la sociedad. Sin embargo, se mantienen algunos prejui cios que
asocian persona m ayor a e nfermedad, pensiones ba j a s y fa lta de actividad. Queda
aún un cam ino por r ec orrer hasta lograr que la socieda d r eco nozca al may or como
una parte activa, p roducti v a y necesaria”
52
.
52
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 11 -04-2012
323
Por su parte, Eva Frutos, redac tora jefe de la publicación Plus es más tambié n considera
que la imagen de l as personas ma y ores ha mejo rado, “pero todavía h a y algunos medios
de comunicac ión que se aferran a los estereotipos anteriores y se regodean mostrando el
lado más desa g radable, in cluso antiestético de esta fase de la vida”. Pa ra Frutos, “ el
cambio se debe a qu e cada v ez la gente envejece m ejor. Va estando más i nformada
sobre cómo debe comportarse para prevenir ciertas enfermedades, tiene may or poder
adquisitivo, ma y or nivel cultural. S abe que tiene que hacer ejercicio… Y, al final, estos
resultados los percibe también la sociedad y los medios de comunicación”
53
.
En cambio, Modesto Martínez , director-editor de EM “entremayores” , destaca que “si
nos referimos a di ar ios generalistas, s uelen abordar los temas de ma y ores cuando se
quema una residencia, v iolencia machista o que desapareció una persona… Siempre
prima la info rmación ne g ativa. S í es v erdad qu e desd e hace un par de años, ya no
utiliz an párra fos como ¡un anciano de 65 años!, empiez an a cuidar ciertos estilos”. En
este sentido, señala que “ el cambio es todavía mínim o, pero las person as m ayores ya no
son tan invisibles como antes y cobran cada vez más fuer za”
5 4
.
Por úl timo, Eva Leal, directora d e Madur ez Activa , también es d e la opi nión
generalizada de un mejor tratamiento del colectivo en los medios, entre otras cuestiones
porque:
“Están form ando un grupo he terog é neo que nada tiene que ver con las person as
m ayores de 65 años de hace una década. Estas personas fo rm an parte de l a
sociedad como cual qu i er otr o c o l ectivo, y consecuentem ente t am bi én s on ca p a c e s
de generar noticias e inform aci ones de interés para los medios de comunica ción,
por e j em pl o, que más de 40.000 personas m ayores en Es paña estén matriculad as en
las Universidades en pr og r a m as específicos para ellos”
55
.
53
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 09 -05-2012
54
Entrevista re alizada m ed iante c uest io nario el 26 -03-2012.
55
Entrevista re alizada en per sona el 1 1-05-2012 .
324
Muy interesante t ambién resulta su aportación sobre el pap el de “motor económi co” que
suponen las personas mayores en la sociedad actual, y que ha ll amado la atención de los
mass media . Por ello, destaca que:
“Los m edi os de c om unicación se están haciendo eco de aquellos padres y a
jubilados que vuelven a acoger a l os hijos en su casa y que les ayudan con s us
pensiones a seguir adelante porque se han quedado e n paro y no pueden pagar la
hipoteca. O bien, l a figura ta n de m oda del volun t ari ado en las personas may ores,
que consiguen ayudar (que no quitar) a desarrolla r tr a bajos en beneficio de la
sociedad que a ctualm ent e no pueden ser cubiertos por falta de personal y/o de
recursos económ icos ”
56
.
Por todo ello, considera que los medios de comunicación ya no pueden informar “solo
del anciano qu e ha sido atropellado, sino de tod as las actividades que est án realiz ando
las personas mayores, q ue pueden ser p ositivas o negativas, como en la sociedad en
general. T anto los may or es como l os jóvenes no deben exigir por ser ma y o res o jóvenes
sino por ser personas”
57
.
5.4.3. LA OPINIÓN DE LAS PERSONAS M AYORES
La s p ersonas ma y ores han venido reclamando históricamente un t ra tami ento más
positivo en los medios de comunicación. Entidades como la Unión De mocrática de
Pensionistas y J ubilados de España (UDP), la Confederación Española de Asociaciones
de M ayor es (Ceoma) o el Observatorio de M a y o re s y M edios de Comuni ca ción de la
Universidad de Alicant e, han s ido de las más concienciadas y beligerantes por cambiar
la visión que tiene la prensa o la televisión del colectivo de personas ma y o res.
La UDP encargó, como y a hemos señalado en va rios apar tados de esta Tes is Doctora l,
la investigación titul ada La imagen de las Personas Mayores en los Medios de
Comunicación de Masas , con l a finalidad de “con ocer los p rocesos de conformación d e
la imag en social de la s per sonas may o res que tiende n a construir los medios de
comunicación” (2006: 4 y 5). Este estudio defiende que l as personas may or es han
56
Entrevista re alizada en per sona el 1 1-05-2012 .
57
Entrevista re alizada en per sona el 1 1-05-2012 .
325
experimentado “ g r andes cambios a lo l argo d e su vida, no sól o en el pl ano indivi dual,
sino también colectivo. De hecho, junto a t érminos de referencia como “viejos”,
“ancianos”… se empieza n a man ejar si gnificativas ex presiones como la de “poder gris”
que reflejan el increment o, no sólo en términos c uantitativos, del peso de este colectivo
en muy distintos ámbitos de la vida social (2006: 128).
Continuando con la opinión de la Unión Democrática d e Pensionis tas y J ubila dos de
España, su presidente, Luis Martín Pindado, denuncia que los medios de comunicación
fomentan a menudo la difusión de estereotipos negativos sobre las personas ma y ores,
exclu y endo de las pantall as y l os micrófonos a las personas de edad.
“De los presentadores de los programas con más audi encia en radio, sólo dos son
m ayores de 65 a ños , Pepe Doming o Cast año (69), en ‘Tie m po de J uego’ de la
Cadena COPE ; y Luis del Olmo, (75) en ‘Protagonistas’ de ABC.Radio . El resto
tienen m e nos de 60 años. Adem ás, no hay ningún presentador de inform ativos ni
program as de TV d e gran audi enci a m a y or de 60 años. Los más m a yores son
Matías Prats ( 6 0), Pedro Piqueras (57), Ana Rosa Quintana (56), Jesús Álvarez
(54), María Esc ario (53) y A na Blanco (51)”
58
.
De ahí, que entre las reivindicaciones de la UDP s e encuentre la de realizar campañas de
comunicación que fomenten una imagen más real del proceso d e e nvejecim iento.
Por su parte, Mª Luisa Mataix, del Observatorio de Mayore s y Medios de la
Universidad Permanente de la Universidad de Alicante, defendía durante su
participación en las J ornadas s obre P ersonas Mayores y Medios de Com unicación en
2010 cómo se está m aterializando una mejora de la presencia d e l os may ores en los
medios y también d e l as mujeres m ayores, y cómo “mucha s veces la percepción
psicológica que los ma yores tienen d e lo que se ve en los medios no se c orre sp onde en
los datos objetiv os que evolucionan posi tivamente”. Mataix ex plicó que en ocasiones
una aparición estereotipa da de un mayor en los medios de impacto genera una visión
58
Entremayore s. (30 d e m ayo de 2012). Las asocia ciones de j ubilados recla m an m a yor pr otagonismo en
la socied ad. www.entrema y o res.es. Recuperad o de
http://entre m a yores.es/ spa/nacional.asp? var2=No ticias&var3=Las%20 asociaciones %20de%20 jubilado s%
20r eclam a n%20 m a yor%20p rotagonismo%20 en%20la%20soc iedad&nar1=2 &nar2=13 &n a r3=1 1401&nar
5=1 . Consu lta el 30 -05-2102 .
326
devastadora que afecta e n ma y or medid a. Adem ás, afirmó qu e los m ayores “tenemos
que luchar y ganarnos el derecho a participar y a no ser discriminados para aparecer en
los medios como todos los demás ciudadanos”.
Miguel Bordejé Ant ón, Presidente de la C onfederac i ón Esp añola de Aul as de Te rcera
Edad (CEATE), también ofrece una opinión ne gativa del papel de los medios y s eña ló
durante s u ponen cia en unas J ornadas de Ceoma titulada La marginación de las
personas mayores en los medios de comunicación que “el tratamiento que los medios de
comunicación ofrecen sobre dicho sector es paup ér rimo, cu ando no d enigratorio, t anto
por lo que se refiere a la información propiam ente dicha en los diversos m edios como a
través de la publicidad soportada en l os m ismos” (2005: 292). P ese al peso demográfico
de las personas ma y ores en la socied ad actual, “de ninguna manera se acomodan l as
imágenes a su realidad s ocial, económica, cult ural o polí tica. A p esar de est os avances,
los propios ma y ores si guen viéndose reflejados en los m edios como dentro de un mundo
de soledad, dependencia, negativos al compás de la vida, como problem a, mi entra s, por
el contrario, en la ma y o ría si g u en p rimando los conceptos de deseo de vivir, de mejor ar,
de influir en la sociedad” (2005: 293).
Rosa Mª C alaf es junto a Loles Díaz Aledo una de las periodistas que tras su jubilación
más están r eivindicando el nuevo perfil de las personas ma y ores en los medios. C alaf
coincide con Bordejé en la i nvisibilidad de los ma y ores y en la visión s implista que
ofrecen los medios y qu e “la juventud es vista como único elemento posi t i vo”. Por ello
reclama que “se present e de forma d ig n a y precisa l a realidad de las personas ma y ores”
porque “tienen que interesar como per sonas act ivas en su diversidad de estilos de
vida”.
59
Calaf aboga por que “los m ay or es tenemos que luchar p ar a no autoex cluirnos y
conseguir que la s ociedad, y los medios, vivan con naturalidad lo intergeneracional.
Los m a y ores deben apar ec er en los medios integrados como part e de la s ocieda d”. La
elaboración de pro g ramas de TV o radio esp ecíf icos para los ma yores no es demasiado
59
Villa, J. M. (2010): Jornada sobr e Personas mayores y medios de comunicación Estereo tipos y tópicos
de las p ersonas mayores en lo s medios. S esenta y má s , nº 2 92, p. 30.
327
importante para Calaf q ue, sin embar g o considera que “es esencial la no discriminación
de los mayores en todos los programas que se emiten”
60
.
Consuelo Álvarez de T oledo, periodista con una amplia c ar rera profe sional en los
principales medios de c omunicación españoles y aut ora d el libro Vida de mi Vida:
Confidencias de jóvenes abuelos , fue una de las personas ma yor es que participó en
2005 en el V II Congreso Nacional de Or g aniz aciones de M ayores en l a Mesa Redonda
de La imagen d e l os Mayores en los Medios de Comunicación . Allí mostró su
indignación al afir mar que la prensa escrita ignora a los ma y ores. “La prensa escrita
diaria ha decidido que los ma y o res no existi mos por que los temas de los ma y o res no son
de interés cuando lo que se está fomentando es la eterna juventud, la com petitividad,
etc.” (Ceoma, 2005: 441). Álvarez de Toledo fue más allá en su crítica a la prensa
escrita a la que acusa de no mostrar la realidad de la gente porque “como la ima g en que
se da de los ma y ores no engarza con el tema de la eterna j uventud, en la p re nsa escrita
han decidido no hablar de las personas ma y ores”, ( I bid).
Tampoco las revistas aprueban el examen a la hora de analizar su co ntenido sobre
mayores, que Consuelo Ál var ez de Toledo cal ificar í a d e Mu y Deficiente. “En l as
revistas, no ap arece nadie con m enos de 25 años e imagen exuberante. Condicionadas
por la venta, muestran una sociedad ficticia, se culti va la cultura de la riqueza s in el
mérito de l a experiencia, la perseverancia, la tena cidad” , concluyó. Álvarez de Toledo
lanzó en dicho Con g reso una petición a la sociedad y muy en particular a los medios de
comunicación: “Reclamo mi derec ho a envejecer, a tener arrugas y a ser c omo so y . En
mis entrevistas, a Luis del Olmo, a Mª Teres a Campos, etc. v eo que todos están
contentos con su edad, con su vida y su ex periencia, pero luego n adie se atr eve a
comunicarlo a través de los medios”, (Ceoma, 2005: 44 1).
Fernando Rodrí g uez , periodista del programa d e RNE El club de la vi da y p ersona
mayor activa, ofrece un a visión más optimi sta y con sidera que se va normali zando poco
a poco la presencia de los mayores en los medios. “Va cambiando el rostro y la
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de las p ersonas mayores en lo s medios. S esenta y má s , nº 2 92, p. 31.
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presencia” y subr aya que fue un éxito que El Club de la vida deja ra de ser un pro g rama
de ma y ores y fuera un programa de todos porque a todos int er esaba.
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Un encuentro que también sirvió para conocer la opinión de las personas ma y ores sobr e
su imagen en los medios de comunicación fue el organizado por el I m serso en 2011 en
la Universidad Internacional Menéndez y P elayo. En este foro participaron miembros
del Consejo Estatal de las Personas Mayores, q uienes mos trar on su compromiso de
trabajar para im pulsar u n libro de estilo que i mplante un vocabulario compartido, un a
agenda del conocimiento y actividades de formación en técnicas de comunicación, todo
ello trabajando conjuntamente con los medios de comunicación y los p rofesionales.
La pre g u nta de cómo ser noticia positiva en los medios, vino reflejada por l a
experiencia de J aime Moreno sobre la repercus ión mediática de la con s trucc ión de
apartamentos por una coo per ativa d e personas m ay o res. Moreno ex plicó la manera de
ponerse en contacto con l os medios y cons eguir i ntere sarles, para u na cobertura
informativa, de su iniciativa en la que los pro pi os mayores aunaban es fuer z os para
mejorar su ca lidad de vida. El papel de l as abuelas y la p osibilidad de eje rcer de
cuidadora de sus nietas f ue un ejemplo en positi vo que vino d e l a mano de Pi lar Po rter o
y su experiencia cuando su caso fue noticia.
En esa misma línea, Cesar Coca, adjunto a la Dir ecc ión del diario El Correo y p rofesor
de Com unicac ión de la Univ er sidad del P aís Vasco, propuso la creación d e la figura de
agentes activos entre l as per sonas may o res de manera que desde los colec t ivos de
personas ma y ores determ inadas persona s se convi rtiera n en interlocutores con los
medios en consonancia c on los profesionale s de la comunicación, también consideró la
idea de qu e estos agentes acudieran a las red acciones para form ar se en cuanto a la
relación con l os m edios. Además, se mostró partidario de elaborar un manual de estilo
en el que trabajen conjun tamente personas m ayores y periodistas, y pidió a l as personas
mayores que, además de criticar a los medios cuando lo hacen mal, deben colaborar
para mejorar las informaciones que critican con propuestas.
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Villa, J. M. (2010): Jornada sobr e Personas mayores y medios de comunicación Estereo tipos y tópicos
de las p ersonas mayores en lo s medios. S esenta y má s , nº 2 92, p. 31.
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El m undo de l a televisión mereció un capítulo aparte. Eduardo García Matilla,
catedrático de la Univer sidad Complutense y p rofesional de amplia tra ye ctoria en la
televisión subrayó que es te medio está hecho para la sociedad de consumo, con valores
adolescentes en l a que se cuentan pocas cosas en una suc esión de acont ec im ientos m uy
rápida qu e impide la profundización y l a reflexión. Por otro lado indicó que ahora los
mayores de 55 años so n consumidores a tener mu y e n cuent a por s u estabilidad
económica y su capacidad de compra. Muchas personas ma y ores no quieren programas
de mayores, y que, aunq ue consumen much a telev isión, no se di fe rencian del conjunto
de la audiencia y suelen ver informativos, deporte s y series.
De ahí que la conclusión final fuera que debemos construir entre todos una i magen real
de las personas ma y or es como grandes producto res que s on de bienestar económico,
familiar y s ocial como gran pro yecto de vida. La presencia de las personas mayores en
los medios de comuni ca ción y su propia ima g en también depende de su propio esfuerzo,
de su trabajo y de sus estrategias para ser tenidos en cuenta por los m ismos.
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‘¿Existe el Periodismo Social?’, para post eriorme nte llamar a los periodistas en ciernes
allí presentes a buscar esas hist orias s ociale s cir culares; a al ejarse de las i nformac iones
con datos p ara articular historias de calidad qu e muestren esos colecti vos invisib les
desde lo humano, empleando esa herramientas conocida como fuentes prim ar ias para
contrastar las info rmaciones oficiales y, po r supuesto, lejos del dra m atismo y los
sensacionalismos
63
.
El ganador del premio de Periodismo Miguel Delibes en 2012 pidió a los estudiantes
implicación para superar desde sus plumas y mó viles la actual “preocupación
espasmódica” sobre el hecho so cial, ligado de forma habitual a un suceso t rágic o
abordado desde el pe riodismo a través de l a limitación a los hechos, con el úni co fin de
no caer en el “olvido mediático”, el qué fue de, qué im plicacione s –legales, sociales,
psicológicas-, etcétera. “ Nos quedamos e n el hec ho pero no e n la r eal idad”, alertó
Lafuente para a continuación animar a investigar lo social, mantenerlo en l a a g enda d e
los m edios. Una fórmul a con el objetivo d e hacer pedagogía d e col ec tivos minoritarios
(o no tanto) en riesgo de exclusión, y en c onsecue ncia de in comprensión. Esta
pedagogía, recordó Isaías L afuente, parte del l enguaje especializado y respetuoso
64
.
Por su parte, Rocío Dom íng uez, licenciada en P eriodismo y en Antropología
Sociocultural, también incorpora para esta inve stigac ión otro concepto importante al
igual que el del periodismo social, y es el d e Educomunicación. Para ella, “es
impensable ho y en día hablar d e comunicación y de educación como dos procesos
diferentes. Los procesos de comunicación son componentes pedagógicos del
aprendizaje, y el he cho educativo es, en esencia, un hecho comuni ca tiv o”. Siguiendo
con su argumento, señala que “la Edu comunicación of rece herrami entas para
comprender la producción social de comunicaci ón, saber valorar cómo funcionan las
estructuras d e poder, cuáles son las técnicas y los elementos expresivos q ue los medios
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Carrera, J. (25 de noviem bre d e 2013) . El Periodismo (Soci al) en el punto de mira. En elT intero.
Recuperado de https://eltinter ovallado lid.wordpre ss.com/2013/1 1/25/el-period ism o -social -en-el-punto-
de-mira/ . Consulta el 26-11 - 1 3.
64
Ibid.
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