Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. Desde el final de la primera guerra carlista (1840) hasta el final del sexenio democrático (1874)
Abstract
Este artículo estudia la recepción de Vico en la prensa diaria española entre 1840 y 1868. En el contexto de la dialéctica entre tradicionalistas y liberales, la “Ciencia Nueva” es sinónimo de “Filosofía de la Historia” y Vico es visto como un genio incomprendido en su época, aunque felizmente descubierto para la proyección del “Siglo del Progreso”. Esta obra constituye un Añadido más a El espejo de la época. Capítulos sobre G. Vico en la cultura hispánica (Nápoles, 2007), y es una versión muy ampliada (doble extensión) del homónimo artículo en Rocinante. Rivista di filosofia iberica, iberoamericana e interculturale (2018-2019), aún en prensa.
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© Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 e-ISSN: 2697-0732 D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2021.i35.09 © José Manuel Sevilla Fernández, 2021 [153] Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX (1840-1874) – Blasts of Vico in Spanish XIXth Century Daily Press (1840-1874) – Lampi di Vico nella stampa quotidana spagnola del Novecento (1840-1874) – D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2021.i35.09 RÁFAGAS DE VICO EN LA PRENSA DIARIA ESPAÑOLA DEL SIGLO XIX. DESDE EL FINAL DE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1840) HASTA EL FINAL DEL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1874). [Versión actualizada y notablemente ampliada del texto*] José M. Sevilla (Universidad de Sevilla) Dedicado a Giuseppe Cacciatore, por su 75 cumpleaños (2 de diciembre de 2020) *Versión extensa del artículo escrito en 2017 para celebrar al año siguiente el 350º aniversario de Vico y el 150º de La Gloriosa. Texto notablemente ampliado para su publicación en esta sede de Cuadernos sobre Vico, para celebrar los 30 años de la revista hispalense de estudios viquianos (1991-2021). RESUMEN: Este artículo estudia la recepción de Vico en la prensa diaria española entre 1840 y 1868. En el contexto de la dialéctica entre tradicionalistas y liberales, la “Ciencia Nueva” es sinónimo de “Filosofía de la Historia” y Vico es visto como un genio incomprendido en su época, aunque felizmente descubierto para la proyección del “Siglo del Progreso”. Esta obra constituye un Añadido más a El espejo de la época. Capítulos sobre G. Vico en la cultura hispánica (Nápoles, 2007), y es una versión muy ampliada (doble extensión) del homónimo artículo en Rocinante. Rivista di filosofia iberica, iberoamericana e interculturale (2018-2019), aún en prensa. PALABRAS CLAVE: G. Vico, Hispanismo, Siglo XIX, Revolución de 1868, prensa diaria, José M. Sevilla. ABSTRACT: This paper studies the reception of Vico in the Spanish daily press between 1840 and 1868. In the context of the dialectic between traditionalists and liberals, the “New Science” is synonymous with the “Philosophy of History” and Vico is seen a genius misunderstood in his time, but happily discovered for the projection of the “Century of Progress”. This work is another addendum to El espejo de la época. Capítulos sobre G. Vico en la cultura hispánica (Naples, 2007), and is an very much expanded version (double extension) of the homonymous article in Rocinante. Rivista di filosofia iberica, iberoamericana e interculturale (2018-2019), wich is still in printing process. KEYWORDS: G. Vico, Hispanism, 19th century, 1868 Revolution, daily press, José M. Sevilla. El contenido de esta contribución ha pasado ya, en una parte sustancial de su primera parte, previamente por la evaluación positiva anónima de los referee de Rocinante. Rivista di filosofia iberica, iberoamericana e interculturale en 2018 («I contributi proposti all’attenzione della Redazione per la pubblicazione su “Rocinante” sono sottoposti a una duplice procedura di blind peer review.»); y en otra segunda mitad, igualmente sustancial, por la valoración por pares ciegos del Bollettino della Società Filosofica Italiana, también en 2018-2019 («I contributi destinati alla pubblicazione vengono preventivamente sottoposti a procedura di peer review»).
Porque siempre el fino dardo puede hincarse donde nunca hubiese podido hacer mella la cápsula de gran calibre. (Benjamín Jarnés, 1933) DE RÁFAGAS Y OTROS AIRES Según la definición en lengua española, ráfaga es un viento fuerte, repentino y breve; mas también significa un destello luminoso y vivo, aunque efímero. Estos dos sentidos del término son los que asumo y deseo expresar con el título de la presente contribución, en línea con una serie de artículos sobre ráfagas y centellas de Vico en los periódicos españoles a lo largo de una centuria, comprendida entre la primera guerra civil española en 1840 y el final de la última en 1939. Con tales Añadidos a la presencia de Vico en la cultura española, estudiada y ofrecida en el El espejo de la época (2007) y en algunos estudios posteriores sobre la recepción de Vico en revistas científicas y culturales españolas,1pretendo relatar ––cual ejercicio de razón narrativa–– aspectos del devenir y de la dinámica de esa imagen de Vico emergente como flashes José M. Sevilla 1. En dicha serie, la presente contribución se construye a partir de la Adenda III ––revisada y notablemente ampliada para esta ocasión–– y de uno de los tres apartados de la Adenda IV ––también ampliado–– a El espejo de la época. Capítulos sobre G.B. Vico en la cultura hispánica (1737-2005), Nápoles, La Città del Sole, 2007 (con Presentación de Giuseppe Cacciatore y Prólogo de Antonio Heredia Soriano). Tal contribución actualizada se ofrece aquí, en esta sede natural de Vico en lengua española que, desde 1991, es Cuadernos sobre Vico, para celebrar los 30 años de “fino dardo” de la revista viquiana que se cumplen en este 2021. La versión revisada y extendida por mí del artículo elaborado en 2017 y que inicialmente (rebajado en más de un tercio a 76.000 caracteres, por necesarias exigencias editoras) fue remitido en 2018 a la revista italiana de hispanismo Rocinante, en respuesta a la invitación para un volumen especial de 2018/2019 (que se anuncia ahora próximamente disponible ya en breve). La presente versión ampliada casi al doble, si bien en nada merma la tesis mantenida en la versión resumida de Rocinante, sí que, sin embargo, amplía y extiende el relato hasta 1874, aporta más datos y se actualiza en algunos contenidos tras cuatro años de distancia entre ambos textos. Para componer la tercera sección de esta actual contribución, se ha utilizado el material previamente publicado (originalmente también de modo más abreviado y sintético) en el primer apartado (“I. 1868-1974”), correspondiente a las pp. 27-33, de mi contribución como Adenda IV en el Bollettino della Società Filosofica Italiana, n. 228, sett.-dic. 2019, pp. 25-50. Las referidas “Adendas” ofrecidas y publicadas hasta la fecha son las siguientes: Adenda I: «Destellos de Vico en revistas culturales y literarias españolas. Nuevos capítulos viquianos en la cultura española entre 1841 y 1939», Cuadernos sobre Vico, 30-31, 2016-2017, pp. 349-384; Adenda II: «¿Un Vico monarquista? Su recepción derechista en la prensa española (1902-1936)», Bollettino del centro di studi vichia- ni, a. XLVIII, 2018, pp. 115-127; Adenda III: «Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX (1840-1868)», Rocinante. Rivista di filosofia ibera, iberoamericana e interculturale, nº 11, 2018-2019 (vol. esp. Le trame dell’ingegno. Vico nell’orizzonte della cultura iberica e iberoamericana, a.c. de G. CACCIATORE, M. SANNA y A. MASCOLO), pp. 166-177, e.p.; Adenda IV: «Aludir con la palabra Vico. Nuevas ráfagas viquianas en la prensa periódica española durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874) y la Restauración alfonsina (1874-1885)», Bollettino della Società Filosofica Italiana, n. 228, sept.-dic. 2019, pp. 25-50; Adenda V: «Más y nuevos destellos de Vico en periódicos españoles durante la Restauración (1885-1902): de la regencia de María Cristina al comienzo del reinado de Alfonso XIII», Cuadernos sobre Vico, 33, 2019, pp. 111-186. N.B.- En la presente contribución se mantiene la ortografía original para las citaciones de textos, según aparece en la prensa de la época. 154 Cuadernos sobre Vico 35 (2021)
entre las páginas de la prensa diaria, expandiendo su recepción, más allá del depósito en pensadores e intelectuales, al ámbito de una mente civil escindida bipolarmente en ideologías contrapuestas y enfrentadas entre “derechas” e “izquierdas”, a su vez también divididas ellas y fragmentadas. No en vano en alguna prensa del s. XIX se distinguía tipológicamente entre «periódicos democráticos» y «periódicos reaccionarios». Relumbra así el nombre de Vico ante los ojos de ciudadanos de una nación en crisis, de una España entre convulsiones políticas y civiles, defensora de la tradición a la vez que amante del progreso; y, como una marca filosófico-histórica, brilla «la palabra Vico» ––por medio de instantáneas pero vivas menciones o de breves citaciones mas densas en reconocimiento–– a ojos de muy diferentes ciudadanos lectores, y de modo frecuente como una marca de agua de la ínclita Filosofía de la Historia e incluso timbrada a veces la Scienza nuova con la negra imagen del “círculo de hierro” que apresa a la humanidad. Ráfagas, pues, porque los destellos de esas evocaciones, aunque breves, pretenden eficacia en su función clarificadora dentro de las narraciones construidas por los más diversos y hasta contrarios autores, a la vez que, paradójicamente, dichas evocaciones bajo el signo de cada época buscan perennidad en la fugacidad de las páginas de un periódico diario: noticia hoy y olvido mañana; mas historia siempre. Si Vico aparece citado y rememorado en la prensa cotidiana española, y no solo en las eruditas publicaciones académicas y científicas (como por ejemplo las revistas o los volúmenes por fascículos),2según sería de esperar; y además en la prensa periódica y normalmente con frecuencia diaria es leído su nombre y examinadas y aplicadas sus doctrinas filosófico-históricas sin necesidad de que se ofrezcan mayores explicaciones acerca del autor napolitano ni de su obra principal, es porque tales doctrinas ––o al menos las principales–– están ya integradas en el debate de la cultura española de la época, como así acreditan no pocos autores, y no desde luego en la superficie del papel impreso sino en la intimidad de los creativos ingenios de estos y del conocimiento reflejo de los lectores cocreadores. Estas ráfagas podrán ir aumentando, recolectando imágenes epocales conforme se profundice más en las indagaciones en prensa (sean periódicos, revistas o boletines) que los de las muestras que vengo ofreciendo hasta ahora. Hoy, treinta años después de mi primer ensayo aparecido en Cuadernos sobre Vico, continúo ensayando un ejercicio de razón narrativa, mediante unos cuantos relámpagos viquianos, anuncio y constancia de las sonadas tormentas políticas y sociales que asolaban a un país y a su cultura, en un periodo comprendido entre el final en 1840 de la I Guerra Carlista y el truncamiento del Sexenio Revolucionario en 1874, en aquella España pugnante entre monarquismo tradicionalista y republicanismo democrático. Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) 2. Cfr. mi estudio «Detalles de Vico en revistas culturales y literarias españolas. Nuevos capítulos viquianos en la cultura española entre 1841 y 1939», adenda I antes citada. 155 Cuadernos sobre Vico 35 (2021)
156 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) José M. Sevilla La prensa periódica, sea en edición diaria o, en otros casos, semanal, constituye la verdadera galaxia-guttemberg ideológica, política y civil del siglo XIX, que cubre todas las múltiples variedades existentes en el espectro de colores políticos, a la vez que de tendencias filosóficas, históricas y literarias. A pesar del problema que suponía la distribución nacional ––y sin olvidarnos del gran número de iletrados entre la población––, no dudamos en afirmar que la prensa fue el principal medio a través del cual ulularon los vientos de la razón en el siglo XIX yendo a desembocar, huracanados, en el siglo XX. Torbellinos de acción y de reacción, de libertad y de autoritarismo, de tradicionalismo y de progresismo, de catolicismo y de secularización; tornados de paz y de guerra, agitaban en calles y en academias las irregulares cabriolas y trastocados vuelos de «periódicos democráticos» al igual que de otros «reaccionarios». Y tanto en unos como en otros, hijos nacidos de crisis históricas y de tormentas ideológicas, los destellos viquianos resplandecen efímeros pero brillantes sobre el papel prensa. Destellos a “ráfagas” porque, como hemos dicho, se siguen en un continuo de momentáneas evocaciones, breves noticias o referencias cortas ––flashes––, las cuales, sin embargo, alumbran importantes aspectos en el debate cultural y científico, anejo al político e ideológico en la agitada y cuando no convulsa España decimonónica. I. 1840-1856. DEL FINAL DE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA AL FINAL DEL BIENIO PROGRESISTA El final de los siete años de la primera guerra carlista, coincidentes con la regencia de María Cristina, refleja la apertura de la confrontación política entre aquellos liberales ––unos moderados y otros progresistas–– partidarios del Nuevo Régimen (isabelinos) y los absolutistas ––monárquicos y/o tradicionalistas–– partidarios del Antiguo (carlistas). En este período que acotamos acontece la regencia del general progresista Baldomero Espartero (1793-1879) ––tras el exilio de la regente borbón–– hasta su destierro. También acaece el pronunciamiento liberal del general Ramón M. Narváez (1799-1868) que, si bien afianzó el liberalismo doctrinario, avivó la disputa entre liberales progresistas (en apoyo de Espartero) y moderados (seguidores de Narváez). A la década de gobierno del partido moderado (1844-1854), tras la revolución de julio de 1854 tuvo lugar hasta 1856 el Bienio Progresista, fruto de la coalición gubernamental entre Espartero (presidente) y el general puritano Leopoldo O’Donnell (ministro de la Guerra), hasta el ascenso de O’Donnell (1809-1867) a la presidencia tras la dimisión de Espartero. Precisamente, es en el lento cambio del régimen absolutista al liberal donde mejor viene a mostrarse el proceso de madurez y europeización del periodismo en España.3En los 3. Cfr. Hemeroteca Digital (HD) de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Vid. el vol. 2 de M.C. SEOANE, Historia del periodismo en España: El siglo XIX, Alianza, Madrid, 1983.
periódicos, mejor que en ningún lugar, se aprecia ese proceso de difícil transición que define e ilustra el devenir histórico del siglo decimonono; y cómo, junto a militares, mercaderes, clérigos e intelectuales, los periódicos contituyen, más que una ‘quinta columna’ de poder en la vida política y civil, un verdadero cuarto poder vinculado a los tres clásicos (legislativo, ejecutivo y judicial) no solo en el sentido de aquella lúcida expresión de Edmund Burke de “Fourth Estate” (‘cuarto estamento’) que le atribuyó Thomas Carlyle;4sino, más aún, como un poder eminente y vivo, paradójico, que se entrelaza con los otros principales poderes en una nación (político, militar, religioso, económico, intelectual, cultural). No extrañará el que muchas veces las diversas figuras en sus variadas combinaciones se conviertan en una sola, cuya voz se expresa en la letra impresa sobre papel color ocre o blanco sucio; ni que el director o el redactor y el articulista o el columnista insistan en ser influenciadores, fundamentadores dóxicos y no, sin menospreciar su importancia, meros noticiadores e informadores. Quizás pocos medios cumplieran en el siglo XIX el papel de crisol de logos, episteme, doxa y frónesis; y quizás pocos siglos se ofrezcan tan abiertos como el XIX para una hermenéutica de la compleja e indeleble interrelación entre política, ideología y filosofía. Un ejemplo relevante de ello lo representa la figura trágica, entre doliente y tenebrosa, de Juan Donoso Cortés (1809-1853), hijo de su siglo que vive su militancia ideológica entre los dos polos de las antípodas decimonónicas: primero en el liberalismo doctrinario y luego en el tradicionalismo ultramontano, antes en el optimismo progresista de la Filosofía de la Historia y después en el pesimismo de su Teología Política, de inicio en defensa del impulso novista y revolucionario postilustrado y de final en el radicalismo reaccionario defensor de la dictadura. El primer Donoso es aquel que, destacado en el ejercicio de la filosofía (política) de la historia, había publicado en 1838 en el Correo Nacional (1831-1841) de Madrid su serie de once artículos Filosofía de la Historia. Juan Bautista Vico,5con gran eco en otros periódicos y notable publicidad (también popular media o interburguesa) otorgada a Vico al publicitar y popularizar el Marqués de Valdegamas la identificación micheletiana de la Ciencia Nueva con la Filosofía de la Historia.6Sin embargo, prevalece más tarde el conocido y polémico Donoso reaccionario, convertido al teologismo políti- 4. CARLYLE, TH., «Lecture V. The Hero as Man of Letters. Johnson, Rousseau, Burns. [Tuesday, 19th May 1840.]». En ID., On Heroes, Hero-Worship and the Heroic in History, Londres, Chapman and Hall, [1840] 1872, p. 152. 5. Vid. mi edición del texto y la Nota en Cuadernos sobre Vico, 17-18, 2004-2005, pp. 489-526. 6. Cfr. El espejo de la época, cit., pp. 74-82 y 181-201. Véase mi «Nota de presentación a la traducción española de la Introducción y del Discurso de J. Michelet», Cuadernos sobre Vico, 34, 2020, pp. 253-255; y cfr. J. MICHELET, «Discurso sobre el sistema y la vida de Vico» (1835), ibid., pp. 261-285 (trad. del francés por Emmanuel Chamorro y Miguel A. Pastor ): «He aquí por qué el nombre de Vico es todavía tan poco conocido más allá de los Alpes. Mientras la multitud seguía o perseguía la reforma cartesiana, un genio solitario fundó la filosofía de la historia» (p. 261). 157 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874)
co tras el sismo revolucionario que sacudió a toda Europa en 1848, y a tenor de ello defensor de la dictadura cuando ––a su juicio–– no basta con la legalidad para mantener a salvo la sociedad y la civilización. Pero el Donoso converso que repudia aquel Vico, descubierto y ensalzado por el otrora joven extremeño liberal y ecléctico, indirectamente también publicita el nombre Vico tras la polémica generada en la prensa por las dos cartas remitidas por el Marqués de Valdegamas ––en el mismo año de su Discurso sobre la Dictadura (1849)–– al Conde Montalembert acerca del declive de la civilización católica.7Años antes, en 1840, se anunciaba en El Correo Nacional8la inclusión de ese primer Donoso entre los redactores de la naciente Revista Andaluza, en cuyo Prospecto se indica que se expondrán los «sistemas históricos» más famosos, «haciendo análisis críticos de las doctrinas de Vico, Herder, Ballanche y demas escritores que han intentado averiguar las leyes generales que dirigen todos los periodos de la historia».9Tres años después, Donoso comparte en El Heraldo de Madrid,10 en una reseña del Curso de Historia de Fermín Gonzalo Morón,11 la consideración que al joven profesor de Historia le merece ese «Vico, que sujetó la historia á las leyes», el mismo «genio investigador, melancólico y profundo, de quien hablan hoy hasta los ignorantes, habiendo muerto desconocido hasta de los sabios, maestro de la Alemania, renovador de los estudios históricos en Europa».12 Hurgando en la prensa de un siglo tan fideísta del progreso, y tan preocupado por las ocultas leyes de la historia que incluso llega a hacer de la filosofía de la his- 7. Las cartas berlinesas del periódico L’Univers aparecieron en diarios españoles conservadores (como los madrileños El Católico, n. 3182, 7-8/7/1849, Supl. pp. 49-50; La Esperanza. Periódico Monárquico, 29/06/1849, p. 2; La Patria, n. 153, 30/06/1849, p. 2; La Época, n. 75, 28/06/1849, p. 4); y en otros como el Diario Constitucionalista de Palma de Mallorca (n. 9, 09/07/1849, p. 3), además de progresistas y/o liberales (p.e., en El Clamor Público, periódico del partido liberal, de Madrid, n. 1.746, 8/8/1850, p. 3). Véase la crítica del vicario Monescillo en agosto de 1849, en el madrileño La Nación. Cfr. pp. 354-356 de mi «Detalles de Vico en revistas culturales y literarias españolas. Nuevos capítulos viquianos en la cultura española entre 1841 y 1939», Cuadernos sobre Vico, ya citado. Las Cartas de Donoso Cortés a Montalembert se encuentran disponibles digitalizadas en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid: http://www.madrid.org/archivos_atom/index.php/cartas-remitidas-por-el-conde-de-montalembert. De la durabilidad existencial de esos periódicos da cuenta el que fueran fundados la mayoría en fechas emblemáticas de eventos políticos e históricos (1844, 1849, etc.), del mismo modo que con otros acontecimientos señalados finiquitaron su publicación: El Católico, se publicó desde 1840 a 1857; el promonárquico La Esperanza, de 1844 a 1874; La Patria, de 1849 a 1951; el mallorquín Diario Constitucionalista, de 1836 a 1852; el liberal El Clamor Público, entre 1844-1864; y La Nación de 1849 a 1873. El más duradero, y en fases de mayor derechización, fue La Época, fundado en Madrid en 1849 y cerrado definitivamente en 1936. 8. En el n. 938, publicado el 14/8/1840, p. 4. 9. Ibid., c. 3. [Con la abreviatura ‘c.’ designaremos en adelante el término ‘columna’, seguido del número de la misma dentro de la página]. 10. Junto a La Época (Madrid, 1849-1936) y La Ilustración, Periódico Universal (Madrid, 1849-1957), El Heraldo, «Periódico político, religioso, literario e industrial» (Madrid, 1842-1854) fue uno de los periódicos moderados más importantes del siglo. 11. Sobre la recepción de Vico en Morón, cfr. mi volumen El espejo de la época, cit., pp. 144-146. 12. El Heraldo, n. 420, 29/10/1843, p. 3 c. 3. Una extensa reseña la publica Donoso en la Revista de Madrid, 2ª época, n. 1, 1843, pp. 190-264. 158 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) José M. Sevilla
toria una nueva religión secular, no extrañará hallar elaborados elencos de autores presuntamente sistematizadores de esa nueva ciencia. Y de sistematización, precisamente, da cuenta en un folletín El Corresponsal de una sesión literaria del Ateneo del 1 de marzo de 1840 dedicada al «sistema más conveniente para escribir la historia», en la que el ateneísta Cueto afirma que «el verdadero autor de la filosofía de la historia es Vico», el cual «dió origen con su libro á todas las teorías que sobre el método de escribir la historia han brotado en Alemania posteriormente».13 Percepción con la que coincide el también ateneísta Galiano, que componiendo su propia lista de historiadores incluye en ella la aparición de «ese gran fenómeno que no ha sido bien conocido hasta tiempos muy modernos, la ciencia nueva de Vico».14 Por contra, en un comentario al manual Introducción al estudio de la Historia (1842), se anuncia en la Bibliografía de El Católico15 cómo en dicha Introducción «verás la Escuela filosó- 13. El Corresponsal, n. 308, 3/4/1840, p. 1 c. 2. Diario monárquico-constitucional, publicado en Madrid entre 1839 y 1844, llegó a ediciones matutina y vespertina (cfr. E. HARTZENSBUCH, Apuntes para un catálogo de periódicos madrileños desde el año 1661 al 1870, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1894, p. 62). En el “Folletín” del periódico, la referida reseña publicada corresponde a la Sesión del lunes 1 de marzo de 1840 de las “Conferencias Literarias del Ateneo”, presidida por Martínez de la Rosa, y cuyo tema a discusión propuesto era: «¿Cuál es el método ó sistema mas conveniente para escribir la historia?» En el resumen de la actuación de Cueto se recoge lo siguiente acerca del método en la modernidad: «Al cabo de largos siglos en que se escribió la historia sin comprender toda su importancia, Bossuet creyó encontrar el dedo de la Providencia en la serie de los sucesos, y prescribió la narración filosófica de los acontecimientos humanos, que despues se ha llamado filosofía de la historia. Poco despues Voltaire observó que todos los sucesos que cuenta la historia, tenian entre sí cierto enlace que se debia examinar á la luz de la razon; pero animado de espíritu revolucionario, todo aquello que Bossuet esplicaba guiado por la fé, daba á Voltaire armas á la impiedad, y ocasión al sarcasmo. A fines del siglo pasado apareció Herder en Alemania, á quien la ciencia de la historia debe mucho; pero el verdadero autor de la filosofía de la historia es Vico, el cual al descubrir las leyes providenciales de aquella, levantó los ojos á una altura, á donde ninguno antes habia alcanzado, y dio orígen con su libro á todas las teorias que sobre el método de escribir la historia han brotado en Alemania posteriormente.» (El Corresponsal, ibid., cc. 2-3). Leopoldo Augusto de Cueto (1815-1901), diplomático, escritor y crítico, miembro del Ateneo de Madrid desde 1840, colaboró en el periódico moderado El Piloto (1839-1940) fundado por Antonio Alcalá Galiano (1789-1865) y Juan Donoso Cortés. Más adelante Cueto, de formación filosófica y jurídica, en su artículo «Importancia histórica y literaria de la poesía popular» (Revista Ibérica, tomo I, n. IV, 30 de noviembre de 1861, pp. 241- 251) se refiere también a aquella verdad poética de la que «han nacido las fecundas teorías históricas de Vico, de Montesquieu, de Herder, y de otros filósofos [...]» (id., p. 247). 14. Ibid., p. 2 c. 2. En lo que se refiere a la intervención del ateneísta Galiano, también recogió en su exposición histórica a Vico ––como citamos en cuerpo de nuestro texto–– si bien igualmente en parangón con Voltaire, decantándose ––a diferencia de Cueto–– más por la aportación del francés: «Posteriormente apareció ese gran fenómeno que no ha sido bien conocido hasta tiempos muy modernos, la ciencia nueva de Vico. Esta no tuvo al pronto mucho influjo en el orbe literario; la gran revolucion de la historia se debe á Voltaire, el cual observando que la historia solo se habia contentado con hablar de los príncipes, dijo que se debia escribir la de las naciones, literatura, legislación y costumbres. La época era muy favorable para que tuviese acogida este pensamiento que hacía concebir la historia de un modo mas grande y que proporcionaba en ella mas utilidad enseñanza […]» (ibid., p. 2, cc. 2-3). El Ateneo Español, creado en 1820, fue refundado en 1835 como Anteneo Científico y Literario, siendo Galiano uno de los socios fundadores y también presidente del Ateneo madrileño (1845-1852 –Donoso Cortés presidió en el intervalo de 1848– y 1862-1865). 15. El Católico (Madrid, 1840-1857), t. XV, a. IV, n. 1.341, 16/11/1843, pp. 370-371. Periódico clerical, cuyo director M.S. Moreno y Sacristán tenía «aspiraciones carlistas» (cfr. E. HARTZENSBUCH, op. cit., p. 64). 159 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874)
fica de Vico», de quien «tienes muchas noticias y muy malas desde que leíamos el famoso Roselli, y mucho malo dijo también de él con mucha razón el señor Zafrilla en los últimos tomos de la Biblioteca de Religion». Más aún, y siempre de oídas francesas, un apartado afirma: «Vico echó los cimientos de la teoria de Hegel, de Guizot, de Thiers y de Miguet que le llaman filósofo fatalista»;16 a pesar de lo cual, esta Bibliografía crítica asume en el número siguiente que, no obstante, habrá que leerlo.17 Mas no solo es la filosofía de la historia la causa u ocasión de que Vico aparezca como fundador de esa ‘marca’ en los periódicos. También hay motivos que vinculan la genialidad de este napolitano universal con la propia grandeza de Nápoles, recordada como «la antigua patria» de tantos «genios» como él.18 Se lee en uno de los artículos de la serie dedicada a Italia por el periódico liberal-moderado El Español que la Jurisprudencia «encontró en Nápoles valerosos intérpretes», pero ––aún más–– de forma notable «se debió también á los napolitanos que la filosofía saliese en Europa del yugo aristotélico», de modo que «Bruno, Campanella y Juan Bautista Vico, dejaron después de sí fama de hombres grandes».19 En cambio, por el contrario, viene criticado Vico junto a Wolf («el gefe de los incrédulos») ––a propósito de las tesis sobre el verdadero Homero–– en una «Carta» dedicada a Nápoles por Ramón Lozano y publicada a principios de 1843 en El Heraldo,20 en la que críticamente, si no despectivamente, se les denomina «innovadores» a los dos autores. El artículo apareció también en el «Álbum» trimestral del periódico barcelonés, de signo liberal, El Imparcial.21 Quince años más tarde, Eduardo Mier mantendrá en El Correo de Ultramar una crítica semejante a la de Lozano ante quienes consideran a Homero «como un mito ó como simbolo nacional»,22 exponiendo además Mier, en este semanario ultramarino publicado en París, la doctrina viquiana de las tres edades.23 16. Ibid., p. 371 c. 1. 17. Ibid., n. 1342, 17/11/1843, t. XV, a. IV, p. 379 c. 1. 18. Véase Diario Constitucionalista de Palma de Mallorca, n. 37, 6/11/1845, p. 3. 19. El Español, 2ª época, n. 440, 23/11/1845, p. 3 c. 5. El Español (Madrid, 1835-1848) es catalogado por Hartzensbuch como diario de signo liberal moderado y de tipo monárquico-constitucional, fundado por Andrés Borrego (1802-1891), que en su segunda época tuvo una impronta democrática e independiente. Entre ilustres colaboradores del periódico tuvo a Larra y a Zorrilla (E. HARTZENSBUCH, op. cit., p. 48). 20. R. LOZANO, «Víages.- Italia. Carta segunda. Nápoles 4 de mayo de 1842», El Heraldo, n. 164, 25/1/1843, pp. 3-4: p. 3 c. 4. Como sugiere M. Romero Recio, en un artículo de 2011, puede que se trate del diplomático Ramón Lozano Armenta (1810-1861). 21. El Imparcial, a. II, n 243, 1/5/1843, p. 155 del «Álbum». El Imparcial de Barcelona se publicó desde 1842 a 1844. El diario homónimo de Madrid no comenzó a publicarse hasta 1867. 22. E. MIER, «Sobre los poemas de Homero», El Correo de Ultramar (París), t. IX, a. XVII, n. 285, 16/12/1858, pp. 390-391: c. 1 y cita c. 3. 23. Ibid., p. 391 cc. 1-2. Ha de tratarse del filólogo y traductor Eduardo Mier y Barbery (Paterna del Puerto, 1829 – Madrid, 1914), que sustituyó en Sevilla a Amador de los Ríos en la Comisión Central de Monumentos. Traductor de obras del latín y sobre todo del griego, también tradujo del alemán, por ejemplo obras dramáticas de Schiller. De ideología conservadora, colaboró continuadamente en más de una docena de periódicos durante su vida. A veces utilizó el seudónimo de Perpétuo Ponleví. 160 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) José M. Sevilla
En abril de 1846 aparece en El Tiempo una extensa reseña crítica del libro Filosofía de las Leyes autoría de un joven literato y aprendiz de filósofo, Ramón de Campoamor (1817-1901). Destaca la afilada pluma del crítico cómo el libro de Campoamor representa «en muchas ocasiones» solo una ingeniosa recreación de pensamientos de importantes «filósofos, economistas y jurisconsultos», entre ellos Vico.24 A finales de ese año, en la columna folletinesca del número 846 del mismo diario conservador, el polemista y periodista extremeño Gabino Tejado (1819-1891)25 se refiere en una comparativa, irónica y metafóricamente, a «una ciencia mas nueva aun que la de Vico».26En otro folletín, ahora de La Patria, emerge de la pluma del famoso político e historiador Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) un efusivo elogio al «célebre filósofo napolitano»: «Vico nos ha dado la clave de la sucesion de las formas politicas en una de esas instituciones inmortales de la ciencia nueva, que la ciencia humana alcanza solo tras largos siglos de meditación y de estudio».27 Semejante reconocimiento y elogio, salido de la pluma del más tarde reputado y archiconocido político liberal-conservador, dirigente del Partido Conservador y repetidas veces presidente del gobierno de la nación, resulta sumamente relevante en este momento en que Cánovas, que entra ese mismo año en el Ateneo, culmina un periodo de dedicación plena a su labor de historiador y comienza su exclusividad en la de político; resultando Vico, bajo esta óptica interpretativa, una evidente bisagra en la puerta de comunicación entre historia y política. En el meridiano del decenio moderado soplan ráfagas viquianas sea entre pensadores y políticos de uno u otro polo ideológico, sea entre periódicos voceros conservadores o bien progresistas. La recepción de Vico en el ámbito del pensamiento político conservador y de las ideologías tradicionalistas ha tenido una relevante presencia, influida en parte por el publicista Donoso Cortés, al igual que entre “centristas”, liberales y progresistas. No es de extrañar una presencia en el polemista periódico El Tiempo, combativo contra otros diarios, entre ellos El Clamor Público, periódico del partido liberal y decidido batallador contra el tradicionalismo antidemocrático, el cual pone por testigo a Vico de que el progreso es condición sine qua non para la 24. El Tiempo, Diario Conservador, n. 630, 17/4/1846, cita en p. 3 c. 5. Periódico madrileño, editado de 1844 a 1847. 25. Conocido tradicionalista y apologeta neocatólico, Gabino Tejado fue senador y diputado a Cortes. Editó las Obras de Juan Donoso Cortés. 26. «Folletín. Revista de Pascua», en El Tiempo, n. 846, 27/12/1846, p. 1 c. 1. 27. Parte III de la crítica literaria de una obra de Javier de Quinto, en La Patria, n. 90, 17/4/1849, p. 2 c. 3. Periódico dirigido por el ecijano Joaquín F. Pacheco y Gutiérrez Calderón (1808-1865) y órgano de expresión de los centristas «puritanos» del Partido Moderado. Cánovas, vinculado en sus inicios políticos a Pacheco y al periódico (del que Cánovas será director en 1850), fue hombre fuerte de la Unión Liberal y posterior exponente del Partido Conservador fundado por él; elemento clave de la Restauración y siete veces presidente del consejo de ministros con Alfonso XII. Murió asesinado por un anarquista italiano. 161 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874)
Europa» y que «no se contenta ya con invadir el campo de la política», sino que «aspira a enseñorearse de la historia».52De este modo, Zaragoza ha anatemizado los principales sistemas históricos para decantarse por el método descriptivo. De hecho, para el nuevo académico: «Vico, Weber, Schlegel, Michelét y sus secuaces son nombres funestos para la humanidad: nada han enseñado sus escritos: sus grandes pensamientos filosóficos merecen el nombre de delirios, cuando no ideas encaminadas á pervertir el corazón de los mortales» ––según recoge con ironía el periódico del Partido Liberal––.53 La conclusión de aquella posición reaccionaria, que usa la Real Academia de Historia «contra el espíritu revolucionario», contra «la escuela liberal», es que la filosofía debe alejarse de la historia. No se llega al año cuando, tras nueves meses de gestación, es dada a luz una diversa e incluso contrapuesta posición a la del académico José Zaragoza. Un Vico promotor del maridaje entre filosofía e historia ondea en el discurso de investidura de Doctor en Jurisprudencia, por la Universidad de Madrid, a cargo de Benito Gutiérrez Fernández (1826-1885),54 quien además dedica al filósofo napolitano una especial atención, como se refleja al final de su oración en El Faro Nacional.55 En ella el orador reconoce el favor de la «escuela histórica» hecho al gran desarrollo del Derecho: «Montesquieu por distinto rumbo que Vico, sin que pretenda, como él, hacer derivar los hechos de las ideas, [...] ha dicho, y con razon, que el jurisconsulto debe colocarse entre la filosofía y la historia». De este modo, el Dr. Gutiérrez propone, sin más, el maridaje de las escuelas histórica y filosófica («fraccionada en sectas») como cuerpo y alma de un «feliz consorcio».56 Tal idea de concordia, en las antípodas de la reaccionaria de Zaragoza, viene sancionada por Juan Ortiz Gallardo en su propio discurso de Doctorado por la Universidad de Salamanca ––y también recogida por el mismo periódico––, precisamente cuando el Dr. Ortiz reconoce los «eminentes servicios» José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 168 52. «Discursos leidos en la Real Academia de la Historia el dia 12 de abril de 1852 con motivo de la admision de Don José Zaragoza», El Clamor Público, n. 2.393, 14/4/1852, p. 3, c. 4-5 («Sección Literaria»). 53. Ibid., c. 4. La polémica se extiende desde el ámbito científico y literario a la disputa política e ideológica. Así, en adalid periodístico, avalando a Zaragoza contestó el discurso de censura La Época (a. 5 n. 1.244, 20/6/1852, p. 3 c. 2-5); y al día siguiente replicó El Clamor Público ––órgano del Partido Liberal–– a cuatro columnas en primera plana (n. 2.399, p. 1 c. 2-5) al «largo artículo» de La España del día anterior «en respuesta del que escribimos hace unos dias para censurar el discurso» (ibid., c. 2). 54. Jurista y catedrático de Derecho en la Central desde 1857; miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, y de la de Ciencias Morales y Políticas, Benito Gutiérrez Fernández también fue diputado a Cortes y Senador. (Vid. obras en la nótula por E. LÓPEZ BARBA en el Diccionario de catedráticos españoles de Derecho (1847-1943), portal de la uc3m). 55. El Faro Nacional (1851-1865): Periódico oficial del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y órgano de la AJL, con dos números por semana hasta que en 1854 se hizo diario. 56. B. GUTIÉRREZ, «Sobre el orígen, desarrollo y estado actual de la ciencia del derecho», El Faro Nacional, a. III n. 165, 3/2/1853, pp. 120-125. Citas p. 125.
que ha prestado a la ciencia «la escuela histórica»; esa valiosa escuela nacida de una revolución, confirmada con una reyerta, teniendo como precedentes á las obras de los célebres Vico y Montesquieu, y como precursores á Moeser y á Scholser, proclamó como único origen de todo en el derecho, al elemento positivo.57 Ráfagas viquianas soplan también en 1853 y 1854 en los moderados isleños El Balear y en ––más ‘católico’ que el anterior–– Diario de Palma. Sea respecto al derecho a la propiedad privada ––como un hecho vinculado a los orígenes de la sociedad civil y al dominio de los primeros padres de la humanidad––,58 sea con relación a un contexto histórico-jurídico de la esclavitud;59 sea por referencia a la crítica literaria, en un estudio sobre Quevedo,60o bien en un artículo reproducido de La España sobre política económica;61 sea tanto en otro guiño de Rafael M. Baralt, ahora al enjuiciar el polémico Ensayo de Donoso Cortés,62 como en un artículo Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 169 57. J. ORTIZ, «Necesidad de combinar el elemento filosófico con el histórico en el estudio y aplicacion del derecho», El Faro nacional, a. IV, 2ª época, n. 32, Madrid 12/08/1854, pp. 283-286, cit. pp. 284- 285. Cfr. Escuela, 1864, pp. 136-179. Vid.: El elemento filosófico debe combinarse con el histórico para la esplicacion de los fenómenos del Derecho. Discurso pronunciado en la Universidad Central por D. Juan Ortiz Gallardo López del Hoyo, Licenciado en la Facultad de Jurisprudencia é individuo del Ilustre Colegio de Abogados de Salamanca, en el Acto Solemne de recibir la Investidura de Doctor en la misma Facultad, Madrid, Imprenta de Julián Peña (Cava Alta, 44), 1854, [12 páginas] pp. 8-9. Continúa el texto sobre la Escuela Histórica tras el antes citado: «Hugo, Cramer, Hambold y Savigny, desconociendo el elemento filosófico, reduciéndolo todo al conocimiento de las creencias, usos, costumbres, la vida, en fin, esterna de los pueblos, partieron de un principio erróneo: abandonando lo racional, lo absolu- to y recogiendo lo arbitrario, lo caprichoso y que puede fácilmente conducir al cáos. Este principio lleva á tristísimas consecuencias, y solo es ineficaz. No puede negarse que la escuela histórica ha prestado / eminentes servicios á la ciencia, profundizando la historia y poniendo de relieve sus grandes enseñanzas; pero ha olvidado ese rayo divino existente en la inteligencia que, como el sol á la luna, presta su luz para iluminar unidos la noche de lo pasado.» «El derecho no se encuentra todo en las teorías, tampoco le bastan los hechos.» (Ibid., p. 9). 58. «En las elocuentes páginas que el célebre Vico ha consagrado al esclarecimiento de esta idea, se echa de ver cuán íntimamente se ligan con ella todas las instituciones de los tiempos primitivos, [...]». Diario de Palma, n. 80, 21/3/1853, p. 1 c. 1 (reproducido de La España); y en El Balear, a. VI n. 1.497, 22/3/1853, p. 1 c. 1. Son diarios que suelen nutrirse de otros periódicos, aunque así otorgan mayor difusión a los temas que tratamos como objeto de nuestra atención. 59. «[...] el vencedor sustituia en sus derechos al padre del vencido, y este era considerado como hombre sin Dios, segun la observacion de Vico, siendo lo que llamaban los jurisconsultos exlex, hombre sin derecho á la protección de las leyes». Diario de Palma, 25/5/1853, p. 1 c. 3. 60. El periodista e historiador venezolano afincado en Madrid, Rafael M. Baralt (1810-1860), reseña el tomo I de las Obras de Quevedo, a cargo de A. Fernández Guerra, en Diario de Palma, n. 11, 11/10/1853, refiriéndose a Vico en p. 2 c. 3 (Folletín, pp. 1-2). 61. «En todas las naciones del mundo, dice el profundo Vico, los fuertes sostienen hasta el último trance las prerogativas de que gozan». El Balear, a. VI n. 1.522, 20/4/1853, p. 1 c. 2. 62. «Discurso del señor Baralt (continuación)», en Diario de Palma, n. 7, 7/1/1854, pp. 1-2. «... penetrando (como él mismo [Donoso] dice bella y pintorescamente de Vico) en las misteriosas fuentes del rio de la humanidad, escondidas más allá de los inciertos albores de la historia, y de las ráfagas de luz intermitentes y engañosas de la fábula» (ibid., p. 2 c. 2). Reproducido un par de días más tarde en El Genio de la Libertad, n. 8, 9/1/1854, cita p. 2 c. 2. Baralt ingresó en la RAE en 1853 con el discurso «Juicio crítico al marqués de Valdegamas».
copiado de El Heraldo relativo a la guerra de Oriente como campo de batalla y premio al vencedor; en cualquiera de los diversos casos y diferentes temáticas pretende evidenciarse, con innegable perspectiva ‘actual’, que: Uno de los esfuerzos mas sublimes de la inteligencia del hombre ha sido la creación de la filosofía de la historia. Pero si es necesario poseer el genio de Vico ó de Bossuet, de Guizót ó de Balmes para esplicar la ley que rige á los hechos pasados y conocidos, ¿quién podrá señalar su marcha á los que están entre las oscuridades de lo porvenir?63 No hay genios como los apuntados, como aquellos dos ‘fanales’ de luz que harían falta en la negrura de sus tiempos actuales, los cuales barruntan próxima la noche oscura civil sin candiles de genios como Vico o Guizot. Todavía dentro del Bienio Progresista, aunque presintiendo su fin, se mantiene la presencia de Vico en los dos periódicos baleares cuando ambos publican el artículo, tomado del El Diario Español, contrario a la libertad de cultos y su presunto beneficio para la economía.64 El argumento de base esgrime que la aprobación de la libertad de culto ––propuesta por los demócratas–– no solo iría en contra de «la unidad católica», sino que nada garantiza el que con su establecimiento se obtendría un presunto beneficio económico cual sería que vinieran a la llamada de libertad «los aventureros y los emigrantes», suponiendo ––dice el artículo con aire viquiano–– que estos «sean la providencia de las naciones en ruina».65 Dirigiéndose al gobierno esparterista, «sectarios de unas doctrinas añejas», con una lógica entre nacionalista-católica y exclusivista argumentan los ‘neocatólicos’: José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 170 63. FERNANDO COS-GAYON, «La Guerra de Oriente», El Heraldo, n. 3.674, 24/5/1854, pp. 1-2, p. 1 c. 2 (copiado en Diario de Palma, n. 152, 1/6/1854, pp. 1-3; cita p. 1 c. 4). F. Cos-Gayon (1825-1898), periodista y político conservador, fue diputado y varias veces ministro desde 1890. En la época del artículo estaba destinado en la fiscalía de Madrid. 64. Debido a las fuertes presiones, inclusive del Vaticano, las Cortes de 1854 no aprobaron la propuesta demócrata de una ley de libertad de cultos. El Diario Español, político y literario, de ideología liberalconservadora (fundado en 1852 y vigente hasta 1870) inicialmente dirigido por Manuel Rancés y Villanueva, fue bastante influyente en la política en los años previos a la revolución del ’54, denunciando corrupciones y crisis, como ya en 1850 denunció Donoso Cortés aquella corrupción que «está en todas partes, nos entra por los poros; está en la atmósfera que nos envuelve; está en el aire que respiramos.» El Diario fue uno de los firmantes del manifiesto de prensa de 29 de diciembre de 1853, y junto con La Época ambos fueron “constructores civiles” de la Unión Liberal, hasta que esta alcanzó el poder en 1858 y el Diario se convirtió en sombra gubernamental. [Cfr. JORGE VILCHES, «“El Diario Español” de 1852, azote de la corrupción en España», El Español, Periódico Digital Independiente, Madrid, 15/11/2015, https://www.elespanol.com/reportajes/20151114/79242131_0.html]. 65. Diario de Palma, n. 57, 26/2/1855, pp. 1-2, p. 1 c. 4: «¿vendrán á España, donde cada diez años se promulga una nueva Constitucion, cada cinco estalla un motin, con la guerra civil en jaque, con la Hacienda en descrédito y con el principio de autoridad vilipendiado?» (ibid.). Igual en El Balear, a. 8 n. 2.113, 28/2/1855, pp. 1-2.
[...] os proclamais espiritus fuertes, y nos relegais al vulgo de los fanáticos, porque sostenemos como un gran bien para España la unidad católica. Pues sabed que entre ese vulgo de fanaticos están, desde Platón á Vico, desde Montesquieu á Krause, todos los filósofos y legisladores que honran á la humanidad.66 Por el contrario, un defensor de la libertad cultual fue Francisco M. Salmerón (1822-1878).67 Aunque anécdota, El Balear se hizo eco de manera crítica y cínica de la respuesta dada por el ministro de Gobernación con Espartero, el entonces político progresista y escritor romántico Patricio de la Escosura (1807-1878),68 al discurso del referido hermano mayor del aún joven veinteañero filósofo krausista Nicolás Salmerón (1838-1908), a propósito del derecho teutón, comparando al orador progresista Francisco M. Salmerón con «los genios de la historiosofía»: ¡Loado sea Dios, esclamamos (así esclamó otra vez el Sr. Escosura), que ya tenemos entre nosotros quien oscurezca la gloria de Vico, Lessing, Herder, Schlegel y tantos otros como han procurado descrifrarnos el enigma de los siglos que fueron!69 El nombre del napolitano también fue impreso en el diario de signo contrario El Genio de la Libertad, progresista que enarbolando bajo la cabecera el lema «Libertad. Tolerancia. Progreso» polemiza con periódicos conservadores (madrileños o insulares, como los dos anteriores tratados El Balear y El Diario de Palma), publicando en las Islas textos originarios de El Clamor y de La Nación. Así, por ejemplo, el artículo del diario unionista en que se critica el abuso ideológico que La Esperanza hiciera del discurso de Modesto Lafuente, presuntamente violentándolo Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 171 66. Ibid., p. 1 c. 4 y p. 2 c. 1; y p. 1 c. 3, respectivamente. 67. Hermano mayor de quien en 1873 llegará a presidir el gobierno de la I República. Francisco María Salmerón y Alonso, abogado en lo profesional, liberal progresista y republicano en lo político, fue diputado por su provincia (Almería) en 1854, y nombrado ministro durante el Sexenio Democrático, coincidiendo con su hermano Nicolás. 68. Escritor romántico, dramaturgo, militar y diplomático; director del Teatro del Museo (Madrid), miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia; participante de la tertulia romántica “El Parnasillo”; fue senador por Córdoba. En política transitó del liberalismo dinástico (o monáquico constitucional), afiliado al Partido Moderado, al liberalismo progresista, bajo cuya filiación fue ministro en el gabinete de Baldomero Espartero durante el Bienio Progresista (periodizado de julio de 1854 hasta julio de 1856) ––antes lo había sido con el gobierno del ‘moderado’ Ramón M. Narváez–– , y colaboró en el ‘centrismo’ de la Unión Liberal de O’Donnell ––por la que fue diputado a Cortes––. Patricio de la Escosura Morrogh finalizó su vida ejerciendo de diplómatico en Alemania. 69. El Balear, a. 9 n. 2.440, 29/3/1856, p. 2 c. 2. En El Mallorquín (1856-1861), a. 2 n. 92, 2/4/1857, p. 4 c. 1, hay una referencia a la «era filosófica» de Vico, muy acertada metáfora para dibujar el signo de esa época española.
con objeto de minar el sistema parlamentario argumentando «la escelencia del gobierno absoluto».70 Siempre próximo al debate acerca de la filosofía de la historia, en este ámbi- to se muestra un personaje singularmente destacado en el siglo XIX español: el filósofo Julián Sanz del Río (1814-1869), introductor del krausismo y rector del proceso institucional de secularización de la educación y del pensamiento en España. Si bien, dada la orientación filosófica gérmánica de Sanz del Río, este no se detiene en Vico en su artículo de 1853 “Sobre el estudio de la Filosofía de la Historia”, publicado en El Clamor público, al menos sí que menciona al napolitano en pro de una presunta originalidad alemana en lo que se refiere a la importancia del empeño de los sistemas modernos por aplicar la filosofía a la historia. Escribe Sanz del Río: Sin hablar de los filósofos materialistas y negativos como Voltaire, el abate Bazin, ni de algunos filósofos italianos como Bertola y Vico, los filósofos modernos alemanes Kant, Fichte, Herder, Hegel y Krange han escrito ensayos ó tratados sistemáticos de filosofia de la historia [...].71 En la misma directriz norteña, La Nación recoge unas líneas del bisemanario español e hispano-americano La Ilustración a propósito de una novela filosófica cuya traducción alemana apareció en 1852 en Munster y que los historiadores alemanes atribuyen a un autor español; justo aquellos mismos historiadores a los que el semanario publicado en París atribuye que habrían ‘descubierto’ la Ciencia Nueva: «Si José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 172 70. «La Esperanza pretende ahora hacer una apologia del gobierno absoluto con la magnífica disertacion del señor don Modesto de Lafuente.» El Genio de la Libertad, n. 44, 21/2/1853, p. 1 c. 3. «Confesamos que nunca vimos hacer un abuso mas deplorable de la dialéctica, que jamás se habia violentado la crónica con más ceguedad.» Ibid., p. 2 c. 1, ref. a Vico («… no conocemos ninguna escuela histórica, desde Vico hasta Proudhon, que se atreva á convertir el acontecimiento de un pueblo en ley general de la humanidad; …»). Tomado de La Nación. Cfr. de MODESTO LAFUENTE, Discursos leídos en sesión pública de la Real Academia de la Historia en la recepción de Don Modesto Lafuente el 23 de enero de 1853, Madrid, Est. Tip. de P. Mellado, 1853 (su Discurso sobre el Califato de Córdoba, en pp. 11-30, y en pp. 33-45 la Contestación por el académico D. Antonio Cavanilles). Cavanilles, defensor de la presencia española (cuestionada en la famosa primera polémica sobre la ciencia española tras el comentario de Masson de Morvilliers en la nueva Enciclopedia) en la historia del conocimiento y de las ciencias, en contestación al discurso de entrada en la Academia de Historia de D. Felipe Canga Argüelles el 16 de mayo de 1852, examinando la contribución de los institutos monásticos a la expansión del saber, nos recuerda, entre otros, «que Vico, el célebre autor de la Scienza Nuova, estudió con los jesuitas y se formó en las obras de un fraile español» (A. CAVANILLES, Diálogos políticos y literarios y Discursos académicos, Madrid, Imprenta de J. Martín Alegría - Librería de Sánchez, 1857, 1859 [2ª ed.], p. 245. Con Prólogo de Fernán Caballero. La primera edición del Discurso, en 1857, se recoge bajo el título Diálogos, Cartas y Discursos Académicos). Modesto Lafuente y Zamalloa (1806-1866) fue un conocido periodista satírico, escritor romántico e historiador; miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; fundador de la revista satírica Fray Gerundio y autor de una Historia general de España desde los tiempos remotos hasta nuestros días, en seis tomos, finalizada en 1867. 71. J. SANZ DEL RÍO, «Sobre el estudio de la Filosofía de la Historia», El Clamor Público, n. 2.674, 6/4/1853, p. 3, cita c. 4. Reproducido en El Genio de la Libertad, n. 91, 16/4/1853, pp. 2-3; cita p. 2 c. 4.
conocemos al napolitano Vico, se lo debemos á ellos, que acaban de descubrir otro tesoro a España».72 Dicho así, sin más. Del centro a la periferia, importantes ráfagas transatlánticas se hallarán en las páginas de El Correo de Ultramar, periódico ilustrado publicado, al igual que La Ilustración, en París dirigido a los hispanohablantes de ambas orillas del Océano. Destacan durante este periodo las páginas a propósito de unos «Apuntes de viaje de Nápoles a Roma» del marqués Cayo Quiñones de León (1818-1899), en 1848, con una clara referencia a la oscuridad de algunos genios entre sus contemporáneos; y, desde Madrid, el recordatorio de F. de Madrazo de la interpretación viquiana de la Ley Petelia.73 II. 1856-1868. DEL FINAL DEL BIENIO PROGRESISTA A LA REVOLUCIÓN SEPTEMBRINA El final del Bienio Progresista, acabada la cohabitación gubernamental de Espartero y O’Donnell, permitió al general conservador ocupar la dirección del gobierno. Por decisión real, este acabó siendo sustituido por el general Narváez, al que siguió el general Armero y, a los tres meses, Istúriz. Todo ello en el plazo de octubre de 1856 a junio de 1858, en que Isabel II solicitó a O’Donnell la formación de un gobierno de la Unión Liberal, que duró hasta 1863. Siete gobiernos se sucedieron desde entonces hasta septiembre de 1868, incluyendo el autoritario de Narváez. Los intereses de partido para el gobierno empujaron a los progresistas hacia un acercamiento a los demócratas. Tras el acuerdo de Ostende en agosto de 1866 promovido por el lider del Partido Progresista, los unionistas se adhirieron al programa asambleario prerrevolucionario. A la vez, acontecieron movimientos obreros y revueltas campesinas. Hasta que, con la sublevación popular del general Juan B. Topete (1821- 1885) en Cádiz y el desembarco del activista general Juan Prim (1814-1870), tuvo inicio el proceso revolucionario de 1868, conocido como la Revolución de Septiembre o La Gloriosa.74 Durante este periodo histórico dominado por un clima de conspiraciones y de provisionalidad política, no merma la regular presencia de Vico en la prensa ni la importancia de sus citadores. El eminente orador, político demócrata y filósofo secular Emilio Castelar (1832-1899)75 citó a Vico algunas veces, tanto en revistas Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 173 72. La Nación, a. VII n. 2.526, 29/8/1856, p. 3, cita c. 1. 73. El Correo de Ultramar, t. V a. 14 n. 120, 16/4/1855, pp. 250-252, cita p. 1 c. 3; y «Estudios sobre el teatro de Plauto y Terencio. (Continuacion)», ibid., t. VI a. 14 n. 1, 29/10/1955, p. 274, cita c. 1. 74. Sobre el curso de los acontecimientos narrados, cfr. el cap. IV de la segunda Parte del vol. VIII de la Historia de España, dirigida por Manuel Tuñón de Lara, Barcelona, Labor, 1981, en especial pp. 223- 262 a cargo de Casimiro Martí y Martí. 75. Filósofo hegeliano, catedrático de Universidad y académico de la RAH y de la RAE. Republicano demócrata ‘individualista’, fue el último ––tras Francisco Pi Margall y Nicolás Salmerón–– de los filósofos presidentes de la I República (del 7/9/1873 al 3/1/1874, finalizada tras el golpe de Pavía).
como en diarios. Una de estas veces fue en su Discurso de investidura de Doctor por la Facultad de Filosofía de Madrid en 1857, acto concurrido y aclamado, según relata La Época, que publicó el 10 de junio del mismo año el discurso dedicado por Castelar a la vida y obra del poeta clásico Lucano. Hegeliano declarado y convencido pensador de método dialéctico, Castelar nos muestra un mundo a ojos del poeta romano regido por la ley de la contradicción, una ley «eterna, invariable en la conciencia humana», que «se manifiesta en Roma por la lucha de patricios y plebeyos, que, como ha dicho Vico, es el ideal de la historia de la humanidad».76 Para Castelar, y de conformidad con la tesis de la Scienza nuova, los patricios representan «la concentracion de los derechos», mientras que los plebeyos «la concentracion de todos los deberes»;77 hasta que el anhelo de derechos generó la revolución romana. El discurso del ilustre gaditano fue publicado en folletos por entregas también por el matutino progresista La Iberia,78 considerado «el auxiliar más eficaz que ha tenido en la prensa la revolución española»;79 mismo periódico que, en el Artículo 13 de los «Estudios Políticos» a cargo del periodista cordobés Carlos Rubio Collel (1832-1871), se hace eco de la idea viquiana de una edad teocrática;80 y que de la mano de Ventura Ruiz Aguilera (1820-1881)81 traduce para un folletín por entregas la novela de Balzac Un grande hombre de provincia en Paris, obra en que al jocoso comentario del personaje ‘Blondel’, acerca de quienes en el cenáculo de la calle de los Cuatro-Vientos intentan descubrir si la humanidad gira en torno a sí misma o si en cambio progresa, cínicamente apostilla el antagonista ‘Bixiou’ que, en aquel lupanar filosófico y religioso referido por Blondel, hasta el momento solo se han ocupado «de buscar el pensamiento providencial del vino de Champagne, la razon humanitaria del pantalon y la pequeña bestia que hace andar al mundo. Levantan grandes hombres caidos, como Vico, Saint-Simon y Fourier. Mucho me temo que trastor- José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 174 76. La Época, a. IX n. 2.550, 1857, p. 4 c. 4. 77. Ibidem. 78. La Iberia, a. IV n. 910, 20/6/1857 p. 1 (p. 21 del folleto). El periódico, fundado por Pedro Calvo Asensio (1821-1863), apoyó la revolución liberal del ’54 y fue instrumento para la revolución democrática del ‘68. 79. P.D. Montes, Historia de la gloriosa revolución española en septiembre de 1868, Madrid, Elizalde y cia., 1868, p. 445. 80. La Iberia, a. IV n. 808, 15/3/1857, pp. 1-2; p. 1 c. 6. El redactor C. Rubio Colell, progresista y destacado activista revolucionario, escribió una Historia filosófica de la revolución española de 1868, publicada en Madrid al año siguiente (1869). 81. Nacido en Salamanca, escritor, dramaturgo y traductor, Ventura Ruiz Aguilera también fue periodista que colaboró de columnista y redactor político en numerosos periódicos, e influyó en la formación literaria de Galdós (cfr. REGINALD F. BROWN, “Una relación literal y cordial: Benito Pérez Galdós y Ventura Ruiz Aguilera”, Actas del Quinto Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Bordeaux, 2-8/9/1974), F. LOPEZ et alii (Coords.), Burdeos, I.E.I.I. - Universidad de Burdeos III, 1977, pp. 223-233).
nen el juicio à mi pobre José Bridau».82 No está de más la observación de ‘Finot’ al repecto: «En Francia el triunfo mata».83 El diario madrileño moderado El León Español publicó el «Viage á Italia», de Javier de Ramírez, dramaturgo sevillano84 que en 1870 muere de locura. En su relato, reproducido también por El Isleño a la par que por el periódico semanal Revista de Instrucción Pública, Literatura y Ciencias, Ramírez dedica el cuarto artículo de su Viaje a una revisión crítica del historiador italiano César Cantú (1804-1895), reconocido publicista de Vico entre lectores españoles, exigiendo al historiador el deber de ser filósofo y que se tenga por misión la misma llevada a cabo por San Agustín, Bossuet y Vico.85 De este modo, Ramírez reprocha a Cantú el que haya «amontona- Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 175 82. La Iberia (1854-1898.), a. V n. 1.228, 4/7/1858, p. 1 c. 3 de la «Biblioteca de la Iberia» (p. 288). Véase al respecto la cita también en Un grande hombre de provincia en Paris, por Balzac, traducida por Ventura Ruiz Aguilera, Madrid, Imprenta de la Iberia (a cargo de Manuel Rojas), 1858, p. 288; obra publicada por entregas en el periódico, relevante inédito en español, para que «los amantes de la libre emision del pensamiento, por medio de la prensa periódica, conozcan y aprecien en su verdadero valor á los que solo consideran a esta como instrumento miserable de sus pasiones ó de vergonzosos intereses personales, traficando con su conciencia, con sus opiniones y con su inteligencia, como si fuesen venales mercancías; y á los que, siguiendo un camino diametralmente opuesto, la respetan, la aman y la enaltecen como una institucion civilizadora, como el apostolado de los pueblos modernos» (ibid, p. 4; cfr. p. 3), reivindica El Traductor en su ‘Advertencia’ preliminar. 83.Ibid., c. 2 (p. 285 de la obra). Cfr. en p. 317 de la obra: «En Paris principalmente el triunfo, ó sea el éxito, mata al éxito». 84. Cfr. Recuerdos de un siglo de teatro, p. 201; colección de originales digitalizados por el Centro de Documentación Teatral (INAEM). El León Español: Madrid, 1854-1867, diario de la tarde, suspendió su publicación en 1860 y reapareció cinco años después, hasta su desaparición; fue un periódico político, de tendencia moderada, dirigido por el sevillano José Gutiérrez de la Vega (1824-1900); según Eugenio Hartzenbusch ––op. cit., p. 155––, tras la reaparición del periódico en el ’65 se encargó de su dirección Eduardo Mier). Contó entre sus redactores con Fermín Gonzalo Morón, buen conocedor de Vico (cfr. El espejo de la época, cit., en especial pp. 143-146 y 177-179). Javier de Ramírez († 1870), redactor de La Democracia (1865), estrenó La Culebra en el pecho, com. 1859; autor también de Fuego entre ceniza, com. 1863, y La Caja de Pandora, estudios filosóficos, político-satíricos, literarios..., Madrid, 1862, 1865. (Cfr. JULIO CEJADOR YFRAUCA, Historia de la Lengua y Literatura Castellana, Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1918, t. VIII Primer periodo de la época realista: 1850-1869, p. 283). Gutiérrez de la Vega publicó en dos volúmenes Viajes por Italia (Madrid, 1850-1851; 1887) [cfr. J. CEJADOR, op. cit., p. 63]. 85. Cfr. El Isleño, a. II n. 168, 6/2/1858, pp. 1-2; cita p. 1 c. 3. Diario progresista (publicado entre 1858-1867) del demócrata Pedro J. Gelabert, editor también de El Genio de la Libertad, al que sustituye El Isleño. En la Revista de Instrucción Pública, a. III n. 16, 9/1/1858, pp. 251-254 (a dos columnas): JAVIER DE RAMÍREZ, «Viaje á Italia. Artículo IV.» Entre otros argumentos críticos expone sobre el historiador italiano en quien se ha detenido el viajero al llegar a Pavía: «Dice César Cantú que el historiador en la edad presente tiene una mision doble y grande que cumplir, que es preciso que, enlazando los sucesos que han tenido lugar en todas las naciones, los analice para investigar la alta mision de la familia humana y descubrir las leyes morales que han presidido á su desarrollo; leyes que la llevarán con el trascurso de los tiempos al grado mas sublime de su perfección. Que esa es la mision del historiador es tan cierto, como que san Agustín, Bossuet y Vico, para juzgar los hechos de la humanidad, demuestran sus varios orígenes y calculan el resultado de esta lucha, en que las ideas poco á poco se esclarecen con la razon entre el estruendo de las armas. Esto quiere decir, que el historiador debe ser filósofo, que debe sacrificar su vida y su talento al estudio de las generaciones que han dejado en la tierra, juntas con los recuerdos de sus vicios las memorias de sus virtudes; que buscando la fuente de aquellos y analizando las causas que los produjeron, adviertan á las edades futuras, cuales son los escollos que deben evitar,
do los materiales para hacer el edificio», pero falte que «un filósofo profundo diseñe el plan de la obra» y, con materiales selectos, «eleve con ellos el coloso como antes de César Cantú intentaron alzar Bossuet y Vico». A este último lo ubica «entre los modernos» el redactor del efímero semanario cultural El Iris (cuya existencia transcurre de mayo a agosto de 1858), Rafael de Sierra. En el periódico dirigido por el escritor Salvador M. Granés (1838-1911), Sierra concluye con la tercera entrega un artículo sobre «Descartes», emparejando a Vico con Malebranche y Leibniz, filósofos modernos que, a su juicio, pusieron el origen de la idea de infinito en Dios.86 Incluso en clave irónica y cómica aparece en otras sedes de papel impreso el nombre Vico junto al de otros ––así considerados–– precursores modernos del mensaje filosófico: «Bossuet, Vico, Kant y César Cantú no han hecho más que balbucear: nosotros hemos hablado», satiriza en Uno de tantos el humorista Heliodoro del Busto,87 también otra clara conciencia democrática en la época.88 En las postrimerías de 1859, los periódicos de derechas La Esperanza y ––más moderado–– La Época citan a Vico para justificar la aristocracia del poder. «Esto es lo que sucede al cabo de cierto tiempo en virtud de la ley espresada por Vico: El imperio del mundo pertenece al mejor», publican ambas cabeceras madrileñas copiando el extracto de un libro aparecido en L’Univers.89 Mientras tanto, M. López elogia las excelencias de las «instituciones monárquico-representativas», a las que la tradición de la monarquía añade una autoridad mayor que la de «una asamblea democrática o un senado aristocrático», y a cuya «gran conquista» moderna «dirigieron los esfuerzos de su privilegiado ingenio filósofos eminentes y estadistas distinguidos, desde Aristóteles á Ciceron, desde Séneca hasta Baccon [sic], Vico y Leiznibz [sic]».90 José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 176 para que llegue un dia en que el derecho se apoye en la justicia, y no en la fuerza. // Convencidos de cuales son las cualidades que deben adornar al historiador universal, no dudamos un momento en decir que Cesar Cantú, no es filósofo. Cesar Cantú, aunque la frase parezca dura, es novelista.» (Revista de Instrucción Pública, cit., p. 252 c. 2). Y ya, en el párrafo final de esta entrega, dice Ramírez: «Sacaremos de dudas al historiador; creemos que ha amontonado los materiales para hacer el edificio. Ahora se necesita que un filósofo profundo diseñe el plan de la obra, y escogiendo entre esos materiales los útiles, y buscando en todas las naciones los muchos que faltan, eleve con ellos el coloso que antes de Cesar Cantú intentaron alzar Bossuet y Vico. Para semejante empresa se necesita un arquitecto alemán, pues aunque no dudamos que la Italia y todas las naciones producen filósofos, en asuntos de frialdad y de calma, damos la preferencia á la Prusia.» (Ibid., p. 234 c. 2). 86. R. DE SIERRA, «Descartes» III, El Iris, a. I n. 9, 27/6/1858, p. 2 c. 2. 87. Diario de Córdoba, a. IX n. 2.349, 17/10/1858, folletín p. 2 c. 4. El Diario vivió casi un siglo (1849- 1938). 88. A Heliodoro del Busto se debe Los Partidos en Cueros, ó Apuntes para escribir la historia de doce años 1843- 1855 (Madrid, 1856), donde advierte este funcionario de correos (A. CHECA GODOY, Historia de la prensa en Córdoba, 2011, p. 276) y escritor comprometido que: «Somos demócratas; esto quiere decir que somos tolerantes. [...]» (op. cit., p. 5). «La revolucion, lo decimos muy alto, es la conquista de la humanidad para ella misma; los pronunciamientos son la negacion del derecho y de la libertad» (ibid., p. 21). 89. La Esperanza, a. XVI n. 4.652, 15/12/1859, p. 1 c. 5 (firma N. García Sierra); y La Época, a. XI n. 3.564, 19/12/1959, p. 4 c. 4. 90. La Época, a. XI n. 3.571, 27/12/1859, p. 2, cita c. 2.
Elogios en honor de la monarquía parlamentaria que La Esperanza reprocha a La Época y a La Discusión; tal que, en la portada del diario carlista, afirma su director Pedro de la Hoz (1800-1865), criticando al diario demócrata, que cuanto más se examina el escrito de López «menos podemos comprender la defensa que hace del régimen parlamentario».91Entre críticas a las concesiones ‘innecesarias’ hechas por la Unión Liberal al parlamentarismo, copia Hoz el argumento de La Época donde Vico ha sido incluido entre los «filósofos eminentes y estadistas distinguidos»,92 para a reglón seguido desestructurarlo mediante una retórica absolutista y totalizante. Por su lado, el Diario de Córdoba incluye al napolitano en la lista de «Italianos célebres»93 ––nómina que pulula hasta 1861––;94 y al año siguiente, en la sección editorial, se elogia a un «profundo Vico que no fué comprendido en su tiempo hasta hoy».95 La historia en sentido filosófico ha alcanzado ya, «en estos últimos tiempos», un elevado rango espistémico, llegando a ser una ciencia igual de perfecta que «las demás de su clase». El alcance de este rango hace confiar en que se halle «algún principio general» capaz formar «un sistema».96 Ahí radica la clave del éxito de Vico a través del ámbito de la opinión pública (y publicada) decimonónica: en la posibilidad, abierta frente al problematismo de los hechos históricos, de pensar en sentido filosófico la ‘historia como sistema’. Así mismo nos lo confirma Tomás García Luna al historizar la filosofía de la historia, como ya mostramos anteriormente97 y se aprecia ahora en su artículo de El mundo pintoresco respondiendo a la pregunta «¿Por qué es creacion reciente la filosofia de la historia?» (1860): Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 177 91. La Esperanza, a. XVI n. 4.665, 30/12/1859, p. 1 c. 1. 92. Ibid., c. 2. 93. Diario de Córdoba, a. X n. 2.671, 19/7/1859, p. 3 c. 3: «El primer filósofo historiador, es italiano: Vico.» 94. Ese mismo elenco de «Italianos célebres» aparece en el periódico literario gerundense La espingarda, a. I n. 39, 7/5/1861, p. 4; en el madrileño (1860-1865) El Contemporáneo, a. IV n. 794, 5/8/1863, p. 4 c. 2; y también en El Mundo Militar. Panorama Universal, a. V n. 171, 15/2/1863, p. 56. Otra lista de sabios que incluye a Vico se encuentra en El Tiempo del 17/4/1846 (vid. nota 24 supra). Ya un año antes recogía El Contemporáneo la obra de Vico entre aquellas otras obras universales y emblemáticas que, ante el criticado proyecto de Ley de imprenta (que proponía la calificación de “folletos” para aquellos libros con menos de 400 páginas), no alcanzarían el rango español de “libro”. Así se leía en página de portada, con evidente sarcasmo refiriéndose al gubernamental proyecto de Ley: «¿Qué folleto es ese que está V. leyendo? Preguntará cualquiera con arreglo á la flamante ley; y el interpelado podrá contestar; La imitación de Cristo, Los discursos sobre la Historia Universal, de Bossuet, La ciencia nueva, de Vico, El ideal de la humanidad para la vida, de Krause, y otras obras de no menor peso, que todas suelen estar impresas y encerradas, sin que sea muy compacta la edición, en un solo volúmen de menos de 400 páginas. Nos parece, pués, poco digno de legisladores el calificar y dividir los impresos, atendendiendo solo al número de páginas; cosa que no haría el peor y mas ignorante mercader de libros.» (El Contemporáneo, a. II n. 104, 23/4/1861, p. 1 c.c 2-3). 95. Diario de Córdoba, a. XI n. 2.990, 2/8/1860, p. 1 c. 3. 96. Ibidem. 97. Vid. notas 31 y 32 supra.
se–– sin embargo «era menos que mediano, por no decir mal escritor». Lo mismo que sucedería con Kant, «con ser tan maravillosos metafisicos el uno y el otro».129 La crítica a Campoamor fue impugnada más tarde por el filósofo espiritualista, y propagandista de Descartes, Nicomedes Martín Mateos (1806-1890), a la sazón correligionario del Partido Progresista y autor de un ensayo ––como recuerda Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles–– impugnador de Donoso Cortés en lo político y de Campoamor en lo filosófico.130 La crítica de Valera a Campoamor también resultó replicada por el egregio redactor en defensa de «nuestras doctrinas filosóficas».131 Reitera Valera su dardo contra la tesis de Campoamor cuando afirma en su segundo discurso lo siguiente: «notamos que algunos metafísicos famosos como Vico, Kant, Balmes y otros de otras escuelas, han escrito harto mal, con perdón sea dicho».132 Mal escritor, mas metafísico “famoso”. Años después, en 1870, el progresista José Alcalá Galiano (1843-1919) coincide con la tesis del literato cordobés, al afirmar el escritor madrileño en la Revista de España (1868-1895) que en Italia, salvo Maquiavelo y Galileo, «todos los demás escritores italianos valen por su fondo más que por su forma. Vico, Beccaria, Verri, Filangieri, Genovesi, Pagano, Gioia Romagnosi, Gallupi, son, á no dudarlo, grandes inteligencias, filósofos notables, pero escritores medianos».133 Una crónica ––no exenta de crítica–– del discurso en el Congreso del moderado José Posada Herrera (1815-1885), ministro de Gobernación en el gabinete de O’Donnell y portavoz oficioso del mismo hasta su caída en 1863,134 trae a colación un dato interesante para la tesis que hace tiempo sostengo e intento mostrar: que «todo hombre de mediana instrucción» conoce los principios de la ciencia nueva de Vico. Según el cronista ilustrado, Posada les dijo que era imposible solventar el problema de «si los hechos preceden á las ideas ó estas á aquellos». Se integran y maridan, tal es la José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 184 129. «Sobre los discursos leidos ante la real Academia española en la recepción pública del Sr. D. Ramón de Campoamor», El Contemporáneo, a. III n. 371, 11/3/1862, p. 4, citaciones en la c. 4. 130. Cfr. la interesante nótula sobre «Nicomedes Martín Mateos 1806-1890» en el Proyecto Filosofía en Español (https://www.filosofia.org/ave/001/a191.htm). 131. «Réplica al artículo comunicado por D. Nicomedes Martin Mateos, sobre el discurso leido por el Sr. De Campoamor en la real Academia española», El Contemporáneo, a. III n. 392, 4/4/1862, p. 4. 132. Ibid., c. 4. La réplica no lleva firma, pero el texto está incluido en las Obras Completas de Valera. Cfr., ya citado, El espejo de la época, p. 101; y vid. pp. 99-103 sobre Vico en Valera, y pp. 103-107 sobre Campoamor y Vico. 133. J. ALCALÁ GALIANO, «Poetas líricos del siglo XIX» (Conclusion), El Correo de Ultramar, t. XXXVI, a. 29 n. 919, 16/8/1870, cita p. 138 c. 1. Artículo original de la revista de intelecto, ciencia y filosofía política Revista de España, Madrid: 1868-1895, que llegó a ser dirigida por Benito Pérez Galdós, colaborador asiduo junto a krausistas como Nicolás Salmerón, Urbano González Serrano o Giner de los Ríos, políticos como Antonio Cánovas del Castillo, y literatos como Emilia Pardo Bazán, Ramón de Campoamor, etc. Véase por citada (a la p. 75): Revista de España, t. XIII, a. III n. 49, Madrid 1870, pp. 29-77. 134. Posada venía de ostentar la cartera de Gobernación en el gobierno de Istúriz; y volvió a ella de nuevo con el ascenso de O’Donnell a la presidencia de gobierno en 1865.
tesis de la Scienza nuova. Ese es un principio viquiano que todo hombre medianamente instruido conoce en España. ¿Alguien necesita más evidencia del calado de Vico en la cultura hispánica en el siglo XIX? «Y esto» ––comenta El Contemporáneo–– no lo expresa ni un vocero periodístico ni un baranda político, sino que lo dice un ministro, un hombre de Estado de primer órden que debiera ser, y que de seguro es la inteligencia y la palabra del gabinete, despues de haberse escrito tanto sobre la filosofía de la historia, y cuando ya nadie ignora, y todo hombre de mediana instruccion acepta y cree sobre estas materias los principios proclamados por Vico, Herder y Heghel [sic].135 Un Vico y un Hegel que sustentan filosofías como la defendida por Castelar, según ha confirmado él mismo, mas también según nos recuerda Fermín Gonzalo Morón cuando corrobora, respecto de la condición intelectual del ilustre orador gaditano, «su aficion é inteligencia de la historia comprendida y esplicada segun la gran escuela de Vico, copiada por los alemanes».136 Posada, Castelar, Morón…, ilustre elenco de autores y ‘hombres de primer orden’. En mayo de 1865 Francisco Álvarez Ossorio publica, en el moderado La Libertad, una reseña de los Estudios de literatura y de crítica del académico sevillano José Fernández Espino (1810-1875).137 En ella, Álvarez Ossorio destaca cómo en las épocas de juventud y desbordante imaginación «la vida corre expontánea, el entendimiento sólo despierta á la accion de símbolos expresivos, las relaciones sociales son pocas, la ley es la lira, y el derecho en el sentir de Vico un drama, un serioso poema»; épocas «de más sensibilidad, que frio juicio» y en las que «la poesía, en fin, lo es todo».138 El también académico de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, Luis Vidart Schuch (1883- 1897), personaje de pluma y espada que frecuentó las referencias al napolitano,139 dispara ahora dos ráfagas viquianas en el semanario ilustrado El mundo militar:140 una breve exposición sobre el criterio de verdad en Vico, que concluye el capitán de artille- Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 185 135. El Contemporáneo, a. III n. 392, 5/4/1862, p. 2, cita c. 5. 136. F. GONZALO MORÓN, «Discursos políticos y literarios de D. Emilio Castelar», El Contemporáneo, a. III n. 464, 3/7/1862, p. 4, cita c. 4. Sobre Morón véase El espejo de la época, ya citado, especialmente pp. 143-145 y 177-179. 137. Miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras (RASBL), de la que fue director; también catedrático de Literatura de la Universidad hispalense, J. Fernández Espino estuvo vinculado al Partido Moderado. Fue cofundador y director de la Revista de Filosofía, Literatura y Ciencias de Sevilla. Cfr. G. TRIGUEROS, La Universidad de Sevilla durante el Sexenio Democrático, Sevilla, SPUS, 1998, p. 325; D. CARO CANCELA (Dir.), Diccionario biográfico de parlamentarios de Andalucía 1810-1869, Sevilla, CEA, 2010, pp. 474- 475; y R. M. SERRERA (Coord.), Universidad de Sevilla. Personalidades, Sevilla, EUS, 2015, pp. 218-219. 138. F. ÁLVAREZ OSSORIO, «Estudios de literatura y de crítica por José Fernández Espino», La Libertad, n. 455, 6/5/1865, pp. 3-4, cita p. 4 c. 4. 139. Véase El espejo de la época, cit., pp. 125-127; y CSV pp. 359-360. Vidart Schuch ingresó en la RASBL en 1867. 140. El mundo militar. Panorama universal, Madrid: 1859-1865.
ría ––con algún parecido a la crítica de Balmes al criterio verum-factum141–– diciendo: «El escepticismo que entrañaba la teoria de Vico, fué contestado por Tomás Reid [...]»142; y otra más extensa exposición sobre la doctrina de las tres edades históricas de Vico contenidas «en su célebre libro» y sobre la inclusión de su autor en la «escuela filosófica».143 En febrero de 1866 ––coincidiendo contemporáneamente con la expulsión de Castelar y de Salmerón de sus cátedras universitarias en el mes anterior, represaliados por Narváez, y con el fracasado intento de derrocamiento del gobierno unionista, a la vez que el estallido de la crisis financiera y económica–– en el diario La Esperanza se resumen del libro de Chateaubriand, Estudios históricos, las explanaciones acerca de la ‘escuela filosófica de la historia’. Con un tono del resumen polémicamente partidista ––a pesar de mostrarse críticos con sus propias presunciones acerca de las consecuencias de las tesis del napolitano–– se recalca la importancia de Vico en el ‘lado oscuro’ de las interpretaciones de la historia. Se lee en el diario derechista y monárquico en ese invierno: Añade [Chateaubriand] á lo dicho, como dogma fundamental, el progreso, que no entiende como Vico, Bossuet y otros, sino de distinta manera. Lo imagina, sí, dentro de un círculo limitado, pero que se desarrolla sucesivamente. Vico cree que este círculo es inflexible, y aun pretende demostrarlo con la historia de Roma. Piensa que cuando la humanidad ha recorrido todas las etapas [...] torna nuevamente á la primera. Pasa de la grosería á la civilizacion, y vuelve á aquella pasado mucho tiempo. Esto cree el escritor aleman [sic].144 En el mismo crucial año, el neotomista y antikrausista Juan M. Ortí y Lara (1826-1904) recoge en primera plana de El Pensamiento Español una extensa cita de Gioberti a propósito de los libros de texto, donde se inscribe a Vico entre los «ingenios vigorosos» y «los nombres más gloriosos de la edad moderna.»145 Y también vemos en un periódico local montañés al historiador filosófico cántabro Gumersindo Laverde Ruiz (1835-1890) extrañarse, ya en 1867, de que en la edición de las Obras de D. Juan Donoso Cortés a cargo de «su diligente editor y apologista D. Gabino José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 186 141. Sobre Vico-Balmes véase El espejo de la época, cit., pp. 89-96, 134-138, 177-178, 251-252. 142. «Estudios filosóficos, por el capitán de artillería D. Luis Vidart. (Continuacion.)», El mundo militar, a. VII n. 286, 20/4/1865, pp. 140-141; cita p. 141 c. 1. 143. «(Conclusion)», El mundo militar, a. VII n. 297, 16/7/1865, pp. 227-229; cita p. 228 c. 1-3. «Juan Bautista Vico, en su célebre libro titulado la Ciencia nueva, protestó contra las teorias de Bossuet, considerando dividida la historia de la humanidad en tres periodos: [...]» (c. 1). A diferencia del obispo francés, «Vico había razonado», aunque ambos descuidaron el «elemento empirico del conocimiento», que completó Herder. «Hegel pretendió formar la síntesis de los tres sistemas» (c. 2). Cfr. c. 3. 144. La Esperanza, a. XXII n. 6.566, 26/2/1866, p. 1 c. 3. 145. El pensamiento español, a. VII n. 2.121, 27/11/1866, p. 1 c. 4.
Tejado» no se encuentre «en esta coleccion su estudio sobre la ciencia nueva de Vico»,146 dice expresamente el maestro de Marcelino Menéndez Pelayo. Por estas fechas, La Paz de Murcia, diario independiente de tinte conservador, publicó por entregas unos artículos del abogado albaceteño José Marín Ordoñez bajo el título de «Ensayos Científicos». Uno de estos ensayos, titulado «Esbozos históricofilosóficos», contiene una página completa dedicada a «Vico, investigador melancólico». En él, expone Marín que el autor napolitano en su Ciencia nueva establece el desenvolvimiento de la humanidad con sujecion á una ley que le marca su término definido y limitado, desde cuya altura cae para volver á caminar de nuevo, recorriendo así inevitablemente un círculo fatal en una série de ideas inmutablemente ligadas; de este modo destruye la libertad y hace inútil la historia, puesto que fatalmente siguen su rumbo los pueblos sin que puedan aprovecharse en nada de los elocuentes ejemplos de las generaciones que les precedieron.147 En otro recopilatorio por entregas, recién fundado El Imparcial de Madrid, Manuel Silvela (1830-1892) ––en un rizado ejercicio de acrobacia retórica–– se disculpa ante Vico por no creer en su tesis homérica de que la Iliada sea «obra de una sociedad en comandita de copleros de la lengua»;148 si bien artículos más adelante, tratando del arte de redactar periodísticamente, dice burlonamente con ironía y sarcasmo: Para tantear el gusto del público me limitaré á aplicar los principios de la ciencia nueva, mucho más que la de Vico que escribió hace tiempo, á la redaccion de los periódicos literarios, que por sus exiguas formas y diminutos artículos, y por la moda en que están, forman la escuela homeopática de la literatura.149 Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 187 146. G. LAVERDE RUIZ, «La Filosofía Española (IV)», en La Abeja Montañesa, a. XI n. 2.324, 13/9/1867, p. 3, cita c. 3 (nota 2). Periódico de intereses locales (Santander, 1857-1870). De los artículos de la serie, este que señalamos está dedicado por Laverde al estudio crítico de la obra de Vidart Breves indicaciones sobre el estado actual de la Filosofía en España. 147. La Paz de Murcia, a. X n. 2.891, 21/5/1867, p. 4 (p. 85). Vid. también el n. 2.884, 14/5/1868, p. 4. Serie iniciada en el n. 2.802 de 4/11/1866. La Paz de Murcia (1858-1896) fue, además de un comprometido diario regionalista, un medio muy destacado y relevante durante el periodo isabelino. Mantuvo su línea independiente hasta 1879 en que cambió la línea editorial y la cabecera del periódico por la de «órgano del partido constitucional» de Murcia. Respecto de José Marín Ordóñez, el letrado publicó en 1869 El catecismo del obrero, La república en España (18732 ed.), y también Recuerdos históricos de España (1883) y, entre otros escritos, unas difundidas Cartas a Don Emilio Castelar (1886). 148. ‘VELISLA’, «¡¡¡Sin nombre!!!», en El Imparcial, a. I n. 95, 3/7/1867, p. 4 c. 3. Pseudónimo de Manuel Silvela de Le Vielleuze (1830-1892), presidente de la RAJL y miembro de la RAE, que fue concejal madrileño en 1668, senador y diputado en las Cortes; ministro de Estado con Prim en 1869 y finalizó en las filas conservadoras del partido de Cánovas. (El Imparcial. Diario político de la tarde, Madrid 1867-1933). 149. Ibid., en n. 99, 8/7/1867, p. 3 c. 2.
Incluso un chiste demuestra en su fondo comprensible que, para inteligibilidad del juego retórico, habría de considerarse la existencia de un expandido en prensa conocimiento sobre Vico. III. 1868-1874. RÁFAGAS DURANTE EL SEXENIO REVOLUCIONARIO O SEXENIO DEMOCRÁTICO Desde Cádiz á Santoña ha resonado el grito de Libertad; y unas Córtes Constituyentes, elejidas por el sufragio universal decidirán sobre los destinos de la Pátria. (Manifiesto de la Junta Revolucionaria el 29 de septiembre de 1868). Con Vico diríamos que tras los gobiernos heroicos acontecieron los gobiernos humanos monárquico-parlamentarios y republicano-populares. Cierto es que parece que así sucediera en España. Derrocada y exiliada Isabel II (1830-1904), durante seis años se despliega en el país el denominado periodo “democrático” a través de las experiencias de una sucesión de gobiernos provisionales ––a la búsqueda de un apropiado régimen de Estado–– y de la Constitución de 1869, de la prueba de una “monarquía popular” constitucionalista ––la amadeísta (1871- 1873)–– y del ensayo de la I República democrática federal (1873-1874). En 1867 muere O’Donnell; y al año siguiente Narváez. El 18 de septiembre de 1868 estalla la revolución que, empujada por movimientos obreros y revueltas campesinas, se activa tras la sublevación popular en Cádiz del general Topete y el retorno del exilio del general Prim. A la Revolución de Septiembre siguió un ensalzado periodo democrático. El primer asunto que se plantearon las Cortes fue la elección del régimen de Estado apropiado entre república o monarquía, siendo la opción segunda la solución prevista por el gobierno provisional presidido por el general Serrano, con el general Prim en el ministerio de la Guerra y con Sagasta en la cartera de Gobernación, tríada de militares progresistas y hombres fuertes de la revolución septembrina. Serrano fue elegido regente del Estado y Prim nombrado presidente del gobierno. Las Cortes que aprobaron la Constitución democrática de 1869, consagrando las libertades sociales, políticas y civiles, también se decantaron por la candidatura de Amadeo I de Saboya como rey constitucional, el cual juró la Constitución en enero de 1871, días después del asesinato terrorista (1870) de su valedor el general Prim. Durante el régimen de monarquía parlamentaria, hasta la abdicación de Amadeo I, se siguieron en alud seis presidentes de gobierno, hasta que el 11 de febrero de 1873 las Cortes proclamaron la primera República española, de efímera existencia al darle fin en 1874 el golpe militar del general Arsenio Martínez Campos (1831-1900). Comienza entonces la Restauración borbónica con la entronización de Alfonso XII (1857-1885), hijo de la reina destronada. José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 188
Durante el breve pero intenso periodo radical y democrático, sigue asomando Vico desde páginas de periódicos democráticos. Desde que al inicio del Sexenio el ministro de Gobernación ––presidente del gobierno tres años después–– liberal-pro- gresista Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903) promulga el decreto de libertad de prensa sin censuras ––que recoge la Constitución de 1869–– y plena libertad de imprenta, la prensa periodística adquiere institucionalmente las más altas cotas de pedagogía cívica y de instrucción popular.150 El nombre Vico también aparece impreso en los tipos gráficos del periodo revolucionario. Dentro del agitado clima político en que todo el mundo parece estar reubicándose, en el mismo verano prerrevolucionario y partero de La Gloriosa, Victor Oscáriz y Lasaga publica en el principal diario santanderino un artículo por entregas dedicado a la «Filosofía de la Historia», que incluye las opiniones sobre Vico que el catedrático de Retórica había publicado ya ocho años antes en La Joven Navarra, aunque ahora no se ofrece indicación alguna de ello.151 ¿Hay motivos ocultos para volver a publicar ese artículo, dentro de este clima político en que todos están recolocándose dentro del nuevo tablero del momento histórico? Quizás ese «lugar muy preferente» que Oscáriz otorga a «la filosofía de la historia [..] iniciada por Vico» sea porque esta «ha evocado á su fondo todos los grandes problemas políticos y sociales, manifestando por sí misma la brillante elaboración científica que caracteriza la época moderna».152 Oscáriz recoge esa misma idea pocos días después, al concluir su esbozo sobre la historia del derecho penal. En dicho apunte histórico-filosófico relata cómo algunos grandes acontecimientos en la antesala de la modernidad prepararon el progreso filosófico y científico que «caracteriza nuestra época contemporánea»; a la vez que destaca la influencia de un largo elenco de «notables jurisconsultos» dentro de ese proceso, entre los cuales destaca el napolitano porque «Vico aplica al Derecho la teoría histórica de la organizacion y orígen de los pueblos».153 También un editorial de El Vigilante, al mostrar el periódico liberal de Gerona su desacuerdo con la opinión del publicista francés E. de Girardin acerca del estudio de la historia, esgrime que «para dar nuestro fallo» acerca de la importancia de la historia «deberiamos discutir antes la Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 189 150. Dicta Sagasta acerca de la «elevada misión de la prensa periodística» lo siguiente: «Difundir las luces por este medio, dar a la emisión del pensamiento escrito la esfera de acción más ancha, la libertad más amplia, es la misión de un Gobierno que trate de elevar la instrucción de los pueblos» (Gaceta de Madrid, a. CCX n. 122, 2/5/871, p. 985; publicación oficial del gobierno; citación tomada de P. PASCUAL, Escritores y editores en la restauración canovista (1875-1923), Madrid, La Torre, 1994, I, pp. 30-31). 151. La Abeja Montañesa del 12 al 17/6/1868. Sobre la publicación anterior de Oscáriz, ahora reditada, véase supra nota 107 y ss. 152. Ibid., a. XII n. 135, 12/6/1868, p. 2 cita c. 4. Vid. referencias a Vico en p. 3 c. 1 del siguiente n. 137 correspondiente al día 15 de junio. 153. «Bosquejo sobre la historia del derecho penal» (Conclusión), en ibid., n. 142, 20/6/1868, p. 2, cita c. 2.
teoria de la historia desde Vico y Bossuet, hasta Gratry y Vera».154 Mas no solo en referencia a doctrinas, sino a figuras ––como la del egregio napolitano, sinónimo de grandeza intelectual y gloria eterna a pesar de haber vivido ignorado––,155 se hace necesaria la redefinición de la teoría histórica. En el reputado semanario ilustrado El Museo Universal, Salvador Costanzo (1804-1869) reseña in extenso el libro de Vicente Mortillaro Reminiscenze dei miei tempi. En una exaltación de mediterraneidad en filosofía, el historiador palermitano asemeja aspectos de la vida del Marqués de Villarena (1806-1888) con la del autor de la Ciencia Nueva, no dudando en aline- ar al primero «al lado de Vico».156 Por las mismas fechas en que algunos ––como hemos visto en el periódico montañés –– hacen guiños a Vico, los integristas neos de El Pensamiento Español abiertamente se declaran «enemigos mortales» de todo el linaje de autores que «corrompen el corazon y degradan la inteligencia», según reconocen a propósito del reproche que les había regalado el combatiente progresista Las Novedades. Este diario republicano radicalista puso por escrito que: «Los neos son enemigos de Quintana, de Voltaire, del conde de Aranda, de Feijóo, de Llorente, de Vico, de Krause; etc. etc., difundidores de la luz, de la ciencia». Con lo que se evidencia la consideración sobre Vico como un fanal de ciencia y modernidad, y además se corrobora la asunción de su figura a las filas de clásicos aliados para el progresismo. Actitud ante la que responden los neos confirmando esta imagen de Vico: «En efec- to, nada hay más natural ni más lógico. Salvo de Feijóo, de todos los demas que cita Las Novedades somos enemigos mortales».157 Queda manifiesto que los redactores del «Diario católico, apostólico y romano» ––según reza en la cabecera–– se declaran adversarios de Vico. Esta enemistad evidente se mantiene en la novela, publicada por entregas en el mismo diario, del presbítero-periodista José Salamero y Martínez (1835-1895), titulada «Eberhardo o El pensador de la Germania». Ya en el José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 190 154. El Vigilante. Periódico Liberal de Gerona, a. I n. 27, 15/5/1870, p. 1 c. 2. Órgano del Partido Liberal provincial, se publicó entre 1870-1871. 155. Resulta común y muy frecuente encontrar señalado en prensa la indicación micheletiana de que ha sido un autor “desconocido” en su propio tiempo y solo reconocido y reivindicado en el s. XIX. Por ejemplo, Vico es para el jurista e historiador zaragozano ––republicano demócrata y senador durante el Sexeni o–– Manuel Lasala (1803-1874), «uno de aquellos que [...] vivieron ignorados» (La Paz de Murcia, a. XI, 2/3/1868, p. 2, c. 4.). 156. S. COSTANZO, «Reminiscencias de mis tiempos», El Museo Universal, a. II n. 18, 2/5/1868, p. 139 c. 2 (cfr. El espejo de la época, cit., pp. 108 y 165-168). El Museo Universal, Periódico de ciencias, literatura, artes…, Madrid 1857-1869. 157. El pensamiento español, a. IX n. 2.584, 13/6/1868, p. 2 c. 3. El periódico Las Novedades (Madrid 1850-1872), fundado por el editor radicalista Ángel Fernández de los Ríos, pasó en 1857 a la propiedad de Nemesio Fernández Cuesta, periodista republicano y redactor de La Discusión, afín al progresismo radical. Las Novedades fue uno de los firmantes del manifiesto madrileño del 29 de septiembre de 1868 celebrando la caída de la monarca y haciendo un llamamiento popular a la tranquilidad y el orden. Tuvo entre sus colaboradores principales a figuras como Pérez Galdós, Cánovas, y Castelar.
Prólogo declara que en sus páginas se encontrará «lo que se necesita en estos tiempos»,158 a saber: «la necesidad de proclamar hoy la filosofía del órden».159 Los ataques desde la prensa reaccionaria a «toda esa plaga de filósofos que la historia nos presentará siempre como los que han hecho retardar el proceso de la verdadera ciencia»,160 no finaliza al vencer la Revolución, sino que continúan en confrontación con esta y con su proceso prorrepublicanista. También Vico es citado a veces en críticas y ataques a “La Gloriosa”, tal que, de un modo u otro, lo que se manifiesta es que en este ámbito de beligerancia en torno a la modernidad resulta casi una marca, ya simplemente, «la palabra Vico». Así, v. gr., La Época reproduce, aprovechando el efec- to bumerán, un artículo del periódico republicanista unitario El Pueblo161 donde ––a propósito de Olózaga, Sagasta, y Rivero–– se lee: Nadie diria sino que los revolucionarios en comision de esta revolucion in articulo mortis, que se llamó gloriosa en su infancia y apenas puede llamarse infortunada en su senectud, se han propuesto ensayar en el gobierno de España aquella famosa teoría de Vico, cuya síntesis cabe toda entera en esta frase: la–ritorno.162 Es el ánimo de ese periódico republicano «aludir con la palabra Vico» a «las veleidades de la fortuna» que han puesto a la res publica en manos de los «progresistas resellados»,163 que funcionan más como «doctrinarios prudentes» ––propio, quizás, de «una situación á la moderada como la de 1858»–– que como «demócratas victoriosos» ––propio en la «situación revolucionaria como la de 1870»––, amarrados «á ese nuevo lecho de Procusto que se llama la democracia monárquica ó la monarquia democrática; [...] ¡Pobre revolución! Y ¡pobre España!»164 Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 191 158. El pensamiento español, a. IX n. 2.575, 2/6/1868, p. 2 c. 2. «[...] podremos desentrañar algo de lo que todavía es un misterio en los grandes sucesos y cataclismos que hemos visto y vemos en muchas partes de Europa ...» (ibidem). Salamero, tío del que será notorio krauso-institucionista y regeneracionista tras el Desastre del ‘98, Joaquín Costa (1846-1911), estuvo vinculado a varios diarios católicos (incluso fundó El Espíritu Católico), compaginando su actividad intelectual con una altruista dedicación a las personas más necesitadas. 159. Ibid., a. IX n. 2.614, 20/7/1868, p. 2 c. 4. «El filósofo napolitano Juan Bautista Vico pintaba la metafísica en una hermosa matrona con álas en la cabeza, que descendia del cielo á la tierra y volaba de la tierra al cielo», escribe Salamero (ibidem). 160. Ibid., c. 2. 161. Cfr. HARTZENSBUCH, Apuntes para un catálogo de periódicos madrileños desde el año 1661 al 1870, cit., p. 196. Fundado en 1860 por Eugenio García Ruiz, El Pueblo permaneció cerrado ––por orden de O’Donnell–– desde 1866 hasta su reapertura tras la Revolución, publicándose durante todo el Sexenio Democrático hasta la suspensión por el golpista Martínez Campos de los periódicos republicanos. 162. La Época, a. XIII n. 7.057, 15/9/1870, p. 1 c. 3. [No se lee bien la partícula que antecede al guión.] 163. Ibidem. 164. Ibid., c. 4.
Si las ideas de Vico, o la identificación de su obra con la Filosofía de la historia y de la humanidad, o simplemente su nombre (lo que contiene y alude esa marca que es «la palabra Vico») avalan el reproche de El Pueblo hacia la dejación de los principios revolucionarios, también sirven, a su vez, de aval en la prensa republicana federal. Así, por ejemplo, sucede en el órgano federalista balear El Menorquín, dirigido por Bernardo Fábregues y Sintes, en cuyo número 160 (1870), al enmendar un suelto del periódico La Crónica de Menorca y aplicando la doctrina viquiana del corso-ricorso de las naciones, defiende la tesis historiográfica de que la rendición del reino nazarí de Granada, en 1492, históricamente no se debió en concreto al sentimiento religioso católico de sus conquistadores (no menos que, en cambio, al «espíritu de nacionalidad y de progreso»), puesto que tal rendición «se hubiera realizado mas tarde sin el concurso de la sotana. Sírvenos de criterio para emitir esta opinion La Ciencia nueva de Juan Bautista Vico».165 Del mismo modo, y sirva el caso de otro ejemplo de Vico como ‘criterio’, en un largo artículo de Francisco de Borja Pavón (1814-1904) dedicado al doctor y académico sevillano Luis Segundo Huidobro y Leygonié (1829-1866) con motivo de la publicación por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras en 1870 de sus Obras escogidas, también en este caso, aunque motivado por una crítica a la que achacan ser su «Escuela Cíclica», vuelve el nombre Vico al Diario de Córdoba y en primera plana, en la reseña del artículo «Introducción General al estudio de la Historia» (1860), que el joven profesor de la Universidad literaria hispalense explicaba para comenzar su asignatura de Historia Universal, tratando «con la razon y la fé» de «esclarecer el campo oscuro de la Historia». Pavón, uno de los fundadores del periódico cordobés, resume que esa Introducción se plantea al estudiante, lo mismo que al lector: «Condenando la Escuela de Juan B. Vico, como contraria al progreso; y la de una perfectibilidad ilimitada, como incompatible con la decadencia primitiva y actuales condiciones del hombre».166 No recoge Pavón, en José M. Sevilla Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 192 165. El Menorquín, a. II n. 160, 12/2/1870, pp. 2-3; cita p. 3 c. 1. La cabecera del periódico (Palma de Mallorca, 1869-1874) está flanqueda por los eslóganes «¡No más reyes!» y «¡Viva la República!». El diario mahonés La Crónica de Menorca (1870-1873), fundado por el sacerdote Lorenzo Pons, polemizó contra el republicanismo masón y anticlerical del impresor-director de El Menorquín, Bernardo Fábregues. 166. Diario de Córdoba, a. XXII n. 6.191, 30/3/1871, pp. 1-2; cita p. 1 c. 5. Doctor en Filosofía y en Derecho, Huidobro fue un reconocido jurisconsulto, poeta, escritor y académico. En el libro citado, objeto de la reseña, escribe textualmente en el Prólogo el Director de la RASBL, José Fernández- Espino: «Juan Bautista Vico en su CIENCIA NUEVA ó sea la llamada Escuela Cíclica, viene desde luego á ser objeto de sus investigaciones. Si bien [Huidobro] admira la profundidad de pensamiento del docto italiano, rechaza con indignacion su doctrina, segun la cual esta# condenada la humanidad á desenvolverse en un círculo de hierro [...], de esa nueva rueda de Sísifo en que Vico coloca á la humanidad [...]. Tiene grandísima razon: los adelantos en las Ciencias, y el progreso humano, son constante negacion de la desconsoladora ensen$anza de Vico.» (L. S. HUIDOBRO Y LEYGONIÉ, Obras escogidas, Sevilla, RASBL, 1870, Prólogo de J. Fernández-Espino. Cfr. la cita en p. XXXIX del Prólogo). La Escuela Cíclica «de Vico sujeta al hombre á un destino fatal, sin esperanza de progreso» (ibid., Prólogo, p. XL).
cambio, la apreciación que parece que siente y muestra Huidobro por el napolitano; así mostrada, por ejemplo, cuando expresa el académico en el § 8 de la citada «Introducción» lo siguiente:167 Juan Bautista Vico fué el iniciador del estudio filosófico de la História bajo el aspecto puramente humano, y bien pudo en este concepto anunciar sin arrogancia sus ensayos bajo el título de la Ciencia nueva; por más que fuese poco afortunado en la idéa dominante de su síntesis. Desde entonces este ramo del saber humano ha ido sucesivamente elevándose al primer lugar en el orden científico.168 En «Los enciclopedistas. –– La ciencia nueva», IV parte ofrecida por F.J. Moya169 de su De la Historia con relación al Derecho, publicada en el quincenal La América,170 Ráfagas de Vico en la prensa diaria española del siglo XIX. (1840-1874) Cuadernos sobre Vico 35 (2021) 193 167. Publicado en la Revista de Ciencias, Literatura y Artes, t. VI, Sevilla 1860 (cita a Vico en p. 201; cfr. la segunda cita en pp. 641-642). La Revista, fundada por M. Cañete y J. Fernández-Espino, fue publicada entre 1855 y 1860. 168. L.S. HUIDOBRO, Obras escogidas, cit., p. 358. Según Huidobro, las principales doctrinas sobre la evolución de la humanidad pecan por exceso o por defecto en su creencia del progreso; o, en sus propias palabras, si no como «la escuela de Saint-Simon, que suen$a con una edad de oro futura y con la ilimitada perfeccion del género humano», entonces «como la de Vico, que supone que éste gira en un círculo cerrado, donde al cabo de cierto nu#mero de pasos vuelve al mismo punto de donde partio#» (op. cit., p. 171). Huidobro reduce a tres las diversas escuelas filosófico-históricas, que son las que aparecen en el libro. Entre ellas: «La primera debe su origen á Juan Bautista Vico, y nos atrevemos á proponer para ella el nombre de Escuela cíclica, porque su carácter distintivo consiste, en considerar el movimiento de la Humanidad como efectuándose en un círculo cerrado, de cambios sucesivos que se reproducen, pero sin verdadero progreso. Difi#cil es malgastar más talento, ingenio más claro, imaginacion más rica, fuerza de induccion más poderosa, en el desarrollo de una teoría arbitraria, estéril, desconsoladora para el hombre, y ofensiva para la Providencia, que los que el célebre autor de la Ciencia Nueva prodiga, esforzándose por demostrar que los pueblos están fatalmente condenados á pasar del régimen patriarcal á la oligarquía, de ésta á las luchas demagógicas, contenidas después pasajeramente por el despotismo, para sumergirse al fin en una corrupcion sin freno y sin remedio, hasta que unas hordas invasoras renueven aquella civilizacion gastada y descompuesta, con el aluvion asolador de la barbarie. En presencia de esta eterna y dolorosa rueda de Sísifo, la inteligencia se abate, el corazon se contrista, y se siente uno tentado á gritar á las generaciones, que se agitan anhelantes de mejorar sus condiciones morales y materiales, la terrible frase escrita por Dante á la entrada de su Infierno: Dejad toda esperanza.» (Ibid., p. 364; cfr. p. 440.) 169. Se trata de Francisco Javier de Moya, relacionado con Nemesio Fernández Cuesta, Eduardo Asquerino, Nicolás M. Rivero y Manuel Seco de Luna, entre otros, en el comité central del Círculo de la Unión elegido el 15/8/1854 (Círculo que llamó la atención de K. Marx en La Revolución en España); y relacionado con la llamada “generación democrática de 1868” y con el papel propagandista de La América. Cfr. L. LÓPEZ-OCÓN, Biografía de “La América”. Una crónica hispano-americana del liberalismo democrático español (1857-1886), Madrid, CSIC - Centro de Estudios Históricos. Vº Centenario del Descubrimiento de América, 1987, p. 34. 170. Aunque podría considerarse “revista”, la publicación se tiene a sí misma por «periódico, que se publica en Madrid los días 13 y 28 de cada mes» con dos ediciones, una para España y otra para América, de unas dieciséis páginas. La América. Crónica hispano-americana se publicó en Madrid desde el 8/3/1857 hasta, al menos (según la nótula de la HD de la BNE que lo reseña), el 13/7/1886; fundado y dirigido por el periodista y diplomático Eduardo María Asquerino García (1824-1881), de tendencia liberal progresista, y desde 1870 dirigido por Victor Balaguer.