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Arquitectura y sensibilidad. Filosofía en la arquitectura de Juhani Pallasmaa

Aísa Fernández, María Isabel

Abstract

La Crisis De Nuestro Tiempo No Es Sólo Económica: También Es Arquitectónica. Elarquitecto Finlandés J. Pallasmaa La Ha Investigado, Y Se Refiere A La Necesidadde La Filosofía Como Posible Orientadora En Nuestra Crítica Situación. Esteescrito Intenta Ser Un Diálogo Interdisciplinar Entre Filosofía Y Arquitectura,En El Que Pueda Hacerse Patente El Origen De La Crisis Y El Camino Parasuperarla.

Full text

Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 13 ] ARQUITECTURA Y SENSIBILIDAD Filoso ía en la a qui ec u a de Juhani Pallasmaa Isabel Aísa, Uni e sidad de Se illa. Resumen: La c isis de nues o iempo no es sólo económica: ambién es a qui ec ónica. El a qui ec o inlandés J. Pallasmaa la ha in es igado, y se e ie e a la necesidad de la iloso ía como posible o ien ado a en nues a c í ica si uación. Es e esc i o in en a se un diálogo in e disciplina en e iloso ía y a qui ec u a, en el que pueda hace se pa en e el o igen de la c isis y el camino pa a supe a la. Abs ac : The c isis o ou imes is no jus economical: i is also a chi ec onical. Finnish a chi ec J. Pallasmaa has inqui ed in o i , and he has e e ed o he need o philosophy as a possible guidance in ou c i ical si ua ion. This pape is an a emp o p omo e an in e disciplina y dialog be ween philosophy and a chi ec u e, in which we could ind bo h he o igin o he c isis and he way o o e come i . P esen ación Un a qui ec o –el inlandés J. Pallasmaa– c i ica la a qui ec u a que hoy iun a en las sociedades a anzadas de odo el mundo. Su c í ica se cen a en el desmesu ado p o agonismo que iene la imagen: la del a qui ec o-es ella y la del edi icio-icono. Es así como p oli e a una a qui ec u a hecha desde la is a y pa a se is a. La consecuencia nega i a consis e en que las cons ucciones adquie en una au onomía que, en ealidad, no les co esponde, pe diendo su e dade a inalidad: que el homb e pueda habi a el mundo median e los luga es que ella c ea, comunicando y ace cando. De ahí que p oponga una a qui ec u a hecha desde el ac o: un sen ido que ace ca y comunica, a la ez que pe mi e conside a a odos los demás sen idos como ex ensiones suyas. La c í ica de es e a qui ec o es an honda, que oca el suelo del pensa ilosó ico. Pallasmaa es conscien e y lo explici a median e el econocimien o de que la a qui ec u a ha de a ende al “se -en-el-mundo” del homb e. És e es un é mino ilosó ico, u ilizado po el an opólogo y ilóso o A. Gehlen y po el ilóso o M. Heidegge , en e o os. Aquél ha in es igado qué signi ica la ape u a al mundo del homb e y la p oblemá ica que conlle a, algo que no puede deja de ene se en cuen a, pues dicha ape u a hace del homb e una ealidad única. Es e “única” incluye an o la di icul ad de conduci su ida, como la cons an e amenaza de e o que ca gan al homb e. M. Heidegge coincide con Pallasmaa y Gehlen en conside a al homb e como se -en-el-mundo. Además, cuando sos iene que el pensa ( iloso a ) ha de escla ece la cues ión del habi a (el mundo) y que el au én ico cons ui (la a qui ec u a) ha de ealiza se desde ese habi a que el iloso a in es iga, Heidegge pone a dialoga dos disciplinas que no deben igno a se. En es o coincide con Pallasmaa. También coincide en apun a a la comunicación y ce canía, en e a la dis ancia de en oques me amen e ep esen a i os u Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 14 ] obje i os, pues las “cosas”, que son ema del pensa según él, se ca ac e izan p ecisamen e po se ce canas y comunica . En consecuencia, Pallasmaa, Gehlen y Heidegge nos mues an con máxima p o undidad la eal necesidad del diálogo in e disciplina io, con mi as a pode e i a algunos de los e o es y desequilib ios que amenazan cons i u i amen e al homb e, cuya ‘casa’ es el mundo mismo. 1. El a qui ec o y la iloso ía “Exis e una idea muy aga sob e la inalidad de la a qui ec u a”. J. Pallasmaa (2006). Juhani Pallasmaa (Hämeenlinna, Finlandia, 1936) es a qui ec o y esc i o . Ha es ado en España como ju ado de los p emios FAD (Fomen de les A s Deco a i es) y con iesa admi ación po algunos de los a qui ec os españoles, si bien piensa que la a qui ec u a española a a iesa un p oceso de pé dida de aíces, al y como sucede en la p ác ica o alidad de los países desa ollados. El 12 de agos o de 2006, El País publicó en su suplemen o cul u al (“Babelia”) una en e is a con es e a qui ec o inlandés, en la que Pallasmaa se mos aba muy c í ico con la a qui ec u a que hoy p edomina en el mundo, en an o me o e lejo de la come cialización y la elocidad que impe an en él. La a qui ec u a, sin emba go, es “el a e de la len i ud y el silencio” (p.15), según a i mación suya. Los in e eses económicos, jun o con las posibilidades ecnológicas, p omue en una a qui ec u a de impac o inmedia o, hecha pa a se is a y pa a hace se no a en e la compe encia; unido odo es o al acele ado p oceso de globalización, el esul ado es –en é minos de Pallasmaa- “na cisis a” y “nihilis a” (ibd.). La au én ica inalidad a qui ec ónica hab ía quedado elegada; en luga de ancla a los humanos en el mundo, se o ece un a e isual p o agonizado po a is a y clien e. Además, la ama del a qui ec o a ae clien ela y siemb a de edi icios homogéneos los luga es más dispa es, bo ando las di e encias cul u ales. Pallasmaa en iende que la o ien ación social y cul u al, al se icio de “una a qui ec u a que ancle a los se es humanos en el mundo” (ibd.), es la au én ica inalidad. Aquí es jus amen e donde in e iene lo ilosó ico, imb icado con lo a qui ec ónico. En su lib o: Los ojos de la piel a i ma, po ejemplo, que la a qui ec u a implica “cues iones me a ísicas”, conce nien es al “se -en-el-mundo del homb e” (p.47). Cie amen e, hoy la a qui ec u a despie a mucho in e és; las ciudades más p óspe as o ecen edi icaciones p oyec adas po a qui ec os ac uales de enomb e, que se con ie en en iconos y a aen al u ismo. A o os ni eles, se busca esol e el p oblema de la al a de i iendas, se in es iga con ma e iales nue os o se pe sigue esa ‘casa in eligen e’, eclamada po el a ance ecnológico de nues as sociedades. Sin emba go, que un a qui ec o se e ie a a cues iones ilosó icas como in ínsecas al eje cicio mismo de la a qui ec u a, puede p oduci pe plejidad: ¿qué pa en esco cabe encon a en e los p oblemas me a ísicos y los ela i os a la o ganización de un espacio y a la ecnología cons uc i a? No Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 15 ] es amos acos umb ados a que las ciencias, écnicas o a es cuen en en sus in es igaciones y ealizaciones espec i as con la iloso ía y, menos aún, con la me a ísica. Tampoco pa ece que ese con a es é hoy en camino, de mane a que en un u u o p óximo pudie a acon ece un diálogo in e disciplina io ecundo. A i maciones como las de es e a qui ec o inlandés pod ían oma se como indicios de ealidades que, po lo gene al, no son enidas su icien emen e en cuen a, p o ocando pelig osas cegue as en la acción humana. Acaso nues o ac ual momen o c í ico, que asciende lo me amen e económico y nacional, enga algo que e con esa desa ención y el desequilib io en la conside ación de los ac o es e in e eses que ponemos en juego. En diciemb e de 1979, el economis a español José Luis Sanped o concedía una en e is a, publicada en Economía humanis a bajo el í ulo: “Economía y ecología”, en la que ad e ía del e o de no inse a el p oblema ecológico en su au én ica aíz: “una ac i ud esencialmen e ilosó ica”, “una oma de posición en lo más undamen al, que es la implan ación del homb e en el mundo” (p.211). Sólo desde esa undamen alidad el homb e sabe que no puede e en la na u aleza un bo ín dejado a su a bi io. La acción écnica end ía después: una acción o ien ada y conscien e del lími e que ha de asumi . Es as oces c í icas que desde la a qui ec u a y la economía eclaman la a ención debida a lo ilosó ico de los p oblemas, susci an algunas e lexiones: 1) la necesidad de man ene , p o ege y po encia odos esos sabe es que, como el ilosó ico, hoy no es án su icien emen e p esen es, olcados como es amos hacia un c ecimien o ex ínseco y sin medida. 2) la sospecha de que la Mode nidad an opocén ica y sus excesos aún no han inalizado, pese a las nume osas c í icas que se han alzado con a ellos. Dichas c í icas, ni hab ían alcanzado su icien e ampli ud, ni ampoco escucha. El puen e que iende Pallasmaa en e a qui ec u a y iloso ía iene a mos a lo que siemp e ha es ado p esen e, de una u o a mane a en la in es igación y cons ucción de las dis in as ealidades: que la in es igación en el mundo es inalmen e una, como uno es el mundo en el que in es igamos. A dicha inalidad apun a odo conocimien o humano desde sus di e sas amas. Únicamen e la pa cialidad o los educcionismos pueden ompe la comunicación en e los sabe es, que iene su o igen más hondo en la unidad eal. Desde es a pe spec i a, las a i maciones de Pallasmaa sob e a qui ec u a y me a ísica nada ienen de ex año. Muchos años an es, en 1951, un ilóso o se p onunciaba sob e la unidad de iloso ía (pensa ) y a qui ec u a. 2. El ilóso o y la a qui ec u a “Así pues, el habi a se ía en cada caso el in que p eside odo cons ui ”. M. Heidegge (1994). En agos o de 1951, se celeb a on en Da ms ad (Alemania) unas con e encias dedicadas al ema gene al: “El homb e y el espacio”. Cien í icos, a qui ec os y Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 16 ] ilóso os habían sido in i ados a in e eni . En e los ilóso os se encon aban O ega y Heidegge . Es e úl imo i uló su con e encia: “Cons ui , habi a , pensa ”. En su con e encia, Heidegge enlaza los é minos que dan í ulo a la misma y, al hace lo, hace explíci a la necesidad de diálogo en e el cons ui a qui ec ónico y el pensa ilosó ico. El “habi a ” es la cla e de la unión, al con lui en él an o el pensa como el cons ui . Aho a bien, esa con luencia no es á dada, sino que ha de hace se posible median e cie os equisi os: la escucha mu ua, el pensa de un modo esencial el habi a y el cons ui desde ese habi a esencial. Nues o modo de se en el mundo consis e en habi a lo; sólo si sabemos hace lo se emos capaces de un au én ico cons ui , al y como expone Heidegge . En consecuencia, el ilóso o ha de p egun a se po el habi a , p oblema más acucian e, según aquél, que la p opia escasez o ca es ía de i iendas. Tal es imación puede so p ende . Sin emba go, es p eciso ad e i que Heidegge la hace desde un en oque ilosó ico de la cues ión, lo cual signi ica un en oque adical: el cuidado de la aíz cuida de odo lo que ella alimen a. En 1945, ya había p ocedido de simila mane a espec o del ema de la pob eza, cuando en la con e encia que p onunció en el cas illo de Wildens ein a i mó: “El pelig o de la hamb una, po ejemplo, y de los años de escasez (…) no eside de ningún modo en que muchos homb es pueden pe ece , sino en que aquellos que se sal an no i en más que pa a come a in de i i . La < ida> gi a sob e ella misma en su p opio acío, que la asedia bajo la igu a, apenas no ada y a menudo incon esada, del abu imien o. En es e acío, el homb e se ex a ía” (pp.115-117) En dicha ocasión, Heidegge pensaba ilosó icamen e la pob eza, mos ando el pelig o de gi a incesan emen e en o no a las necesidades ap emian es, que nos coaccionan, desa endiendo la o ien ación hacia lo que nos libe a. Si pensamos es as ases desde el consumismo ac ual de (sólo) una pa e de la población mundial y sus consecuencias, ad e i emos la e dad que con ienen y quie en ansmi i . Con el habi a pensado esencialmen e, Heidegge mues a dónde es á la inalidad del cons ui ; esa inalidad que, según Pallasmaa, hoy apenas es ad e ida en la a qui ec u a. La escasez, la ca es ía y o os p oblemas ela i os a las i iendas e oceden, po así deci , has a el p ima io asun o del habi a . Únicamen e po que nues o modo de se en el mundo consis e en habi a lo, cons uimos: no sólo i iendas, sino odo ipo de cons ucciones. Los animales no son capaces de habi a ; sólo el homb e, en an o se de mundo y no de me o medio. Con odo, ese habi a del que somos capaces puede ol ida se, puede i ializa se o elega se. Po ello debe se pensado “esencialmen e”, lo cual es a ea de la iloso ía. Desde el p incipio de su con e encia, Heidegge ad ie e que su en oque no es a qui ec ónico ni écnico, sino que a a “busca el cons ui en aquella egión a la que pe enece odo aquello que es” (p.127). En esa egión, que un p ime Heidegge hab ía denominado “on ológica”, es donde puede pa en iza se la pe enencia del cons ui al habi a . Algo, po o a pa e, que Pallasmaa ambién descub e como a qui ec o, al ad e i la pé dida de sen ido en la a qui ec u a ac ual y al plan ea su ecupe ación. Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 17 ] 3. Habi a el mundo “Pa a la a dilla no exis e la ho miga que sube po el mismo á bol. Pa a el homb e no sólo exis en ambas, sino ambién las lejanas mon añas y las es ellas, y más allá de lo pe cep ible, los dioses, con los que a a en el i o y en el cul o”. A. Gehlen (1980). En 1940, A nold Gehlen publicó una in es igación sob e el homb e en la que, en e al esquema de los g ados, que explica su na u aleza en con inuidad con la del animal, sos iene su ca ác e de “p oyec o absolu amen e único” (p.15). P opone, con ayuda de la ciencia y de la iloso ía, in es iga lo desde sí mismo median e ca ego ías es ic amen e humanas y con un en oque de o alidad o gene al. Ya en una p ime a ap oximación a su concep o, Gehlen sos iene la ape u a al mundo del homb e, la cual implica que és e es una a ea pa a sí mismo, que el iesgo de malog a se pe enece a su cons i ución y que el u u o, en luga del p esen e, es su p eocupación. Todo es o hace de él un se eminen emen e p áxico: g acias a la acción puede supli sus ca encias. La ape u a sin es icción ep esen a, al y como a i ma Gehlen, “una ca ga” (p.40) pa a el homb e, el cual ha de o ien a se en medio de una incompa able abundancia de imp esiones ca en es de di ección p e ijada. Conduci su ida en la ape u a mundanal es la a ea al se icio de la cual ha de pone sus ca encias en juego, po pa adójico que pa ezca. Con sus manos y su in eligencia no especializadas, ans o ma á el mundo: lo habi a á. En el animal, hay una es ic a a monía en e su es uc u a o gánica, su medio ambien e y sus eacciones. Como i ien e especializado, el animal padece un ‘ce amien o’, que le ajus a en el p esen e. El homb e, po el con a io, ha de ealiza la a monía que no le iene dada, en an o se abie o al mundo. En dicha ealización, en a en juego la p e isión y, po consiguien e, el u u o. Lo que en el animal es ins in o, en el homb e ha de llama se libe ad. Es p eciso ad e i que el manejo de su libe ad es una a ea cos osa y la ga; los es ímulos que ecibe son an a iados y amplios como el mundo, en an o que su sa is acción no encuen a eposo, a di e encia de lo que ocu e con el animal. Todo es o implica una lucha incesan e en el homb e mismo, que ha de con igu a se inexo ablemen e, omando y dejando, siemp e amenazado po el acaso, mien as ha de sopo a una conside able ensión in e io . La in eligencia y sus c eaciones cul u ales ayudan al homb e a c ea se su mundo en el mundo. Sin duda, la capacidad de habi a ha de e se ín imamen e unida a la especial condición de la ealidad humana: abie a, de icien e o gánicamen e y ca en e de especialización. Sin es ímulos que le signen las espues as, sin ó ganos senso iales a inados al ex emo y en conco dancia con el medio espec i o, sin un echo de pulsiones y sa is acción, el habi a pe enece a ese “p oyec o absolu amen e único” que es el homb e, según ca ac e ización del au o . Aho a bien, ¿qué es “habi a ”?, ¿en qué consis e “esencialmen e”?, ¿qué nomb a Heidegge con dicho é mino? Cuando Gehlen a i ma (p.94) que pa a el homb e exis e an o la ho miga como el á bol, an o las mon añas como las Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 18 ] es ellas, an o lo pe cep ible como los dioses, mues a en su a i mación la esencia misma del habi a . Po que habi amos siendo en el mundo, nada puede se nos ajeno; en nues o “siendo” ha de es a a endida la unidad mundanal y las di e encias que ella acoge. Los humanos habi amos la ie a “cuidando” y “e igiendo” (edi icando, cons uyendo), al esidi jun o a “cosas”. El cons ui pe enece al habi a . Pe o es p eciso escla ece el signi icado del “cuida ” y de la “cosa” en Heidegge pa a mos a más y mejo esa pe enencia. Se en el mundo conlle a se en la ie a, bajo el cielo, con los mo ales y a la espe a de los di inos: “Cua e nidad” es el é mino u ilizado po Heidegge pa a denomina la unidad di e sa de ie a y cielo, mo ales y di inos. Somos en el mundo siendo en la Cua e nidad; Gehlen di ía –como ya sabemos- que pa a los homb es exis en an o los á boles como las es ellas, an o lo pe cep ible como los dioses. En la Cua e nidad es á acogida oda la di e sidad ( oda la en idad) desde la unidad (desde el se ): no se a a de una suma ni de una enume ación, sino de pensa el mundo desde el se . Es e pensa es el que deja-se el mundo como Cua e nidad; es el pensa medi a i o, que pusie on en ma cha los p ime os ilóso os g iegos al p egun a se po el p incipio (la a ché). Desde la Cua e nidad, los en es no son me os en es, sino cosas: albe gan la unidad di e sa. El asun o del pensa ( iloso a ) no son los me os en es –és os o aquéllos- ni los obje os de un suje o conscien e, sino las cosas mismas, que en su siendo (desde el se , desde la a ché) acogen la Cua e nidad (la unidad di e sa). Po ejemplo, el puen e como cosa comunica las o illas, ecoge en el cauce que a a iesa el agua de llu ia, ace ca a los humanos y, no pocas eces, dedica un espacio a una imagen o signo sag ado. Siendo en el mundo es como podemos se apelados po “cosas”. Albe gando la Cua e nidad, las cosas ace can la di e sidad ( ie a, cielo, mo ales y di inos) desde la unidad (desde el se ). En de ini i a, los humanos (mo ales) somos en el mundo siendo en la Cua e nidad jun o a cosas. Habi a es p opio de los mo ales. Únicamen e el homb e –capaz de mue e- habi a. Las cosas es án a nues o cuidado, y pues o que ellas albe gan la Cua e nidad, el cuidado es cuád uple: de ie a, cielo, humanos y di inos. El homb e no es dueño de las cosas, sino su cuidado ; ampoco es dueño del se , el cual es á en elación con él, ambién a su cuidado. En la cosa, en an o “cosa”, a endemos la di e sidad que ella acoge en unidad. De ahí que Heidegge se e ie a a “sal a la ie a”, en luga de a uina la en una “explo ación sin lími es”; a deja a la luna y al sol “segui su iaje” y a las es aciones “su bendición y su inju ia”; a capaci a nos pa a “una buena mue e”; a espe a “a los di inos como di inos”, sin ab ica nos ídolos (p.132). El asgo undamen al del habi a es el cuida que deja-se . Habi a es cuida , al y como queda expues o, pe o ambién e igi o cons ui . ¿Cómo pe enece el cons ui al habi a ? El au én ico cons ui lle a consigo la Cua e nidad a una cosa: “(…) el cons ui ae la Cua e nidad lle ándola a una cosa” (p.140), como a i ma Heidegge . Esa cosa puede se una casa o un puen e, pe o en ella ha de es a el cuád uple cuidado que le co esponde. El cons ui pe enece al habi a po que iene su p incipio y su inalidad en és e. El cons ui au én ico ehicula el cuidado desde el habi a y pa a el habi a . Pensa y cons ui se eclaman en e sí: pensando pa a el habi a y cons uyendo desde el Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 19 ] habi a . Aho a podemos en ende mejo la impo ancia de la p egun a po la esencia del habi a : la p egun a no queda en lo me amen e ilosó ico, sino que su p oyección es mundanal. De ahí la necesidad del diálogo in e disciplina io, del “escucha se el uno al o o” (p.141) en exp esión de Heidegge . A qui ec u a y iloso ía no son ajenas en e sí. Además, la necesidad de diálogo ha de amplia se a oda in es igación y ealización en el mundo, al y como ya apun ábamos, pe o ambién al y como eclama lo expues o. 4. A qui ec u a y sensibilidad “Nues os di e sos sen idos, que nos pa ecen an pe sonales que a eces nos apa an de los demás, an en ealidad mucho más allá de noso os. Son una ex ensión de la cadena gené ica que nos conec a con odo lo que en un momen o u o o ha enido ida; nos inculan con o as pe sonas y animales, po encima del iempo y las ci cuns ancias. Son un puen e en e lo pe sonal y lo impe sonal, en e el alma p i ada y sus muchos pa ien es, en e el indi iduo y el uni e so, en e odo lo que iene ida en la Tie a.” D. Acke man (2000). El o igen de la “pa ología” de la a qui ec u a ac ual hay que busca lo, según Pallasmaa (p.18), en la endencia ocula cen is a de nues as sociedades y de la a qui ec u a misma. La is a, al se conside ada el sen ido po excelencia, en de imen o de los demás, obs aculiza el cons ui desde el habi a y, consiguien emen e, el cuidado de lo di e so desde la unidad. La hegemonía de la is a en las cons ucciones des incula la ob a de su pe enencia a la unidad del mundo, como si ue a algo sepa ado y al se icio de quien en ella busca exp esa se. Así es como la a qui ec u a de iene eje cicio na cisis a: un nomb e p incipalmen e. Sin emba go, las cons ucciones no ienen o ma nominal, sino e bal: a iculan, es uc u an, acili an o impiden, elacionan o sepa an. Como a i ma Pallasmaa, la expe iencia a qui ec ónica es el “ace ca se o en en a se a un edi icio, más que la pe cepción o mal de una achada; el ac o de en a y no simplemen e del diseño isual de la pue a; mi a al in e io o al ex e io po una en ana, más que la en ana en sí como un obje o ma e ial” (p.64). Lo que es a a i mación signi ica es que el espacio a qui ec ónico es un espacio exis encial, ‘un espacio i ido’ y no me amen e ísico ni es é ico. Heidegge es a ía de acue do; del puen e, po ejemplo, nos dice que eúne: “Lle a la co ien e, las o illas y la ie a a una ecindad ecíp oca” (p.133). Desde el habi a , la ob a a qui ec ónica exp esa el se en el mundo del homb e, deja se nues a condición mundanal y, po an o, p es a a ención a un múl iple cuidado: de ie a y cielo, mo alidad y di inidad. Una sociedad que ma che hacia una c ecien e con aminación, elocidad, me can ilización y pé dida de lo sag ado, es una sociedad que no habi a el mundo. En Los ojos de la piel, Pallasmaa se e ie e a la c ecien e expe imen ación en las ciudades de las sociedades ecnológicamen e a anzadas de las sensaciones de “alienación, dis anciamien o y soledad” (p.18). La a qui ec u a y la ciudad con empo áneas end ían que e con ello, debido al desequilib io senso ial (ocula cen ismo) que p ac ican y padecen. Lo ejempli ica con los hospi ales y los ae opue os, que “a menudo gene an es a sensación de Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 20 ] dis anciamien o e indi e encia” (ibd.), siendo –pa adójicamen e- luga es écnicamen e p i ilegiados. El ojo es un ó gano dis anciado , el ac o es un sen ido que ace ca. La p imacía concedida hoy al sen ido de la is a, además de con a con una impo an e adición, no es ajena al é igo, la p isa y el aje eo que ca ac e izan nues a ida ac ual, ya que la is a es un sen ido ápido, capaz de adap a se a la elocidad de nues o mundo ecnológico. Pe o algunas consecuencias son la pé dida de ce canía, comunicación y iqueza exis encial. De ahí que Pallasmaa p oponga una a qui ec u a del ac o pa a ecupe a su e dade a inalidad. Sin emba go, odos los sen idos –incluso el de la is a- pueden conside a se “como ex ensiones del sen ido del ac o” (p.43), al y como él mismo econoce. Nues a ci ilización de la imagen nos a ec a nega i amen e; en la a qui ec u a ha hecho p oli e a cons ucciones impac an es, que seducen como un p oduc o más del me cado y de la publicidad, sin conside ación a su sen ido in ínseco, unido al exis i humano y al mundo. El esul ado es un empob ecimien o a al, po mucho p og eso écnico que pueda exhibi se. Po que hemos pe dido ce canía, co po alidad, cuidado (deja -se ), es necesa io ei indica la co po alidad y la iqueza senso ial humana en su conjun o. En nues os sen idos no encon a emos el alcance cuali a i o p opio de los sen idos del animal, pe o sí algo mucho más hondo: su ape u a al mundo. Nues os sen idos nos ace can el mundo uno y di e so de múl iples modos –no sólo isualmen e-, de al o ma que cada sen ido sien e el mundo a su modo. Además, sen i el mundo es sen i lo desde la unidad de odos ellos. Así lo ha pues o de elie e el ilóso o Xa ie Zubi i en su ilogía sob e la ap ehensión humana: In eligencia sen ien e. La in eligencia no es á sepa ada del sen i ; no es á sepa ada del cue po. P ocede como si lo es u ie a es un e o . También lo es educi la di e sidad de los sen idos. Todos sien en “mundo”, “ ealidad”, “se ” y no sólo me os colo es, sabo es, sonidos, ex u as, e c.; es deci , su alcance asciende las di e encias sin anula las, sino comunicándolas en e sí. Po que son sen idos abie os al mundo: sin iendo desde la unidad, es án abie os a las di e encias y al cuidado de ie a y cielo, mo alidad y di inidad. Final Si la a qui ec u a p oyec a desde el habi a , la unidad del mundo y la di e sidad de los en es es a á p ese ada, a endida, cuidada: la ie a no se á a uinada, los cielos no se con amina án sin emedio, lo sag ado no se á des i uado y los humanos pod emos exis i nues a mo alidad. En el au én ico cons ui , en el habi a esencial y en la ecíp oca escucha del diálogo in e disciplina io pod emos encon a hoy una o ien ación pa a so ea los pelig os que nos acechan desde odas las o mas de na cisismo; pelig os que ya desc ibie a Heidegge con oda lucidez en sus Pensamien os Poé icos: Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 21 ] “Figu ándose que él mismo es medida de odas las cosas, cegado po su p opia po encia, el homb e a a iesa hoy eloz el ex a ío: enajenado de las es ellas, asolando la ie a, alseando el pensa medi a i o al econ e i lo en un calcula , ce ado al dic ado que agua da a los únicos poe as” (p.362). * * * Bibliog a ía ACKERMAN, D. (2000) Una his o ia na u al de los sen idos. T ad. de C. Ai a. Ba celona: Anag ama, 2000. GEHLEN, A. (1980) El homb e. Su na u aleza y su luga en el mundo. T ad. de F. C. Ve ia Rome o. Salamanca: Sígueme, 1980. HEIDEGGER, M. (1994) “Cons ui , habi a , pensa ”, en Con e encias y a ículos. T ad. de E. Ba jau. 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