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103 Apuntes de Psicología Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, ISSN 0213-3334 Universidad de Huelva, Universidad de Sevilla Desarrollo y validación del cuestionario VREP (Violencia Recibida, Ejercida y Percibida) en las relaciones de pareja en adolescentes Irache URBIOLA PÉREZ Ana I. ESTÉVEZ GUTIÉRREZ Janire MOMEÑE LÓPEZ Universidad de Deusto, Bilbao (España) Resumen La violencia en el noviazgo de parejas jóvenes y adolescentes presenta una elevada bidireccionalidad, resulta cada vez más frecuente y supone la antesala u origen de la violencia de parejas adultas. Su estudio resulta complejo, de ahí que no existan muchos instrumentos de evaluación y, algunos de los que existen, no incluyen, entre otros, la percepción de las conductas violentas por parte de las personas. Por ello, se ha creado un cuestionario con el objetivo de medir la violencia en la pareja, tanto la violencia recibida, ejercida, como la percepción de la misma. El cuestionario VREP incluye las escalas de violencia: Física, Sexual, Psicológica Humillación-Coerción, Psicológica Control-Celos y Psicológica Social. Un primer estudio con 286 jóvenes analizó las propiedades psicométricas preliminares. Como resultado se obtuvo una versión de 28 ítems. Un segundo estudio con 695 jóvenes analizó la estructura factorial, consistencia interna, validez de constructo y validez convergente de la versión definitiva. Los resultados mostraron que se trata de un instrumento idóneo, además de breve, adecuado psicométricamente para dar cuenta del constructo de sus dimensiones básicas. Abstract Dating violence during adolescence and with young people is highly two-way, increasingly frequent and the prelude or origin of adult dating violence. Because of the difficulty of the study, there are not many appropriate measures to evaluate dating violence in adolescents and some existing ones omit aspects such as the perception of violent behavior. Therefore, the study focuses on drawing up a questionnaire that measures violence that has been both received and imposed and how it is perceived in teen relationships. It has been created the questionnaire called VREP and it was designed, divided into: Physical, Sexual Psychological Humiliation-coercion, Jealousy-Control and Social. A first study with 286 young people analyzed the psychometric properties of the draft questionnaire. The final version consisted of 28 items. A second study with 695 young people analyzed the factorial structure, internal consistency, construct validity and convergent validity of the final version. The results have shown that this tool is suitable and, although brief, is psychometrically adequate to account for the construct of its basic dimensions. Dirección de las autoras: Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos, Facultad de Psicología y Educación. Unibertsitate Etorb., 24, 48007 Bilbo, Bizkaia. Correo electrónico: [email protected], [email protected], [email protected] Recibido: mayo de 2020. Aceptado: julio de 2020. La violencia en las parejas jóvenes y adolescentes ha recibido en los últimos años un desarrollo mayor frente a etapas anteriores (Jennings, Okeem, Piquero et al., 2017). Se ha comprobado cómo este tipo de violencia es cada vez más frecuente y comienza a ejercerse cada vez a edades más tempranas (Delgado Meza, 2017). Sin embargo, su estudio ha evidenciado las dificultades existentes para su investigación, debido a la diversidad de enfoques que derivan en diferentes clasificaciones de los tipos de maltrato, formas de evaluación, muestreos realizados, etc. (Rodríguez-Franco, López-Cepero, Rodríguez Díaz et al., 2010). En relación con su prevalencia, una revisión de estudios llevada a cabo recientemente, señaló una mayor ejecución de agresiones psicológicas por parte de las mujeres y sexuales por parte de los hombres. Asimismo, mostró una mayor victimización psicológica y sexual por parte de las
104 Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes mujeres (Rubio-Garay, López-González, Carrasco y Amor, 2017). Autores como García-Carpintero, Rodríguez-Santero y Porcel-Gálvez (2018), hallaron en una muestra de 447 estudiantes universitarios que el 12% emplearon agresiones físicas en sus relaciones de pareja, sin embargo, no se encontraron diferencias significativas entre víctimas (11’8% de los chicos y 11’6% de las chicas) y agresores (12’8% chicos y 12’7% chicas), pero sí en la ejecución de agresiones sexuales donde predominaron los chicos en un 14’1% sobre las chicas en un 10’4%. Igualmente, Pichiule, Gandarillas, Díez-Gañán et al., (2014) analizaron 1.713 chicas y 1.664 chicos de entre 15 y 16 años y encontraron que el 2’9% de las chicas y el 4% de los chicos recibieron violencia física en sus relaciones de pareja, mientras que el 5’3% de las chicas y el 2’4% de los chicos recibieron violencia sexual. En esta línea, Rodríguez Pérez (2015), señaló que las chicas ejercen con mayor frecuencia violencia física contra la pareja en un 37’4% frente a un 17’9% de los chicos y mayor violencia psicológica en un 87’2% y 71’9%, respectivamente. También señaló que los chicos ejercen mayor violencia sexual en un 11’5% frente a un 7’8% de las chicas. Además, las chicas reportan haber sufrido mayor violencia por parte de sus parejas en los tres tipos de violencia, física (29’9% y 25’9%), psicológica (86’9% y 81’0%) y sexual (13’5% y 9’9%). Estos resultados van en consonancia con los resultados obtenidos en un estudio llevado a cabo por Rodríguez-Castro, Lameiras-Fernández, Carrera-Fernández y Alonso (2017), donde se ha comprobado que el 60% de las chicas y el 40% de los chicos reportan haber sufrido violencia sexual por parte de sus parejas, un 92% de las chicas y un 91’70% de los chicos informan haber sufrido violencia psicológica y un 24’40% de chicas y un 18’10% de chicos señalan haber sufrido violencia física. Igualmente, en un estudio conformado por 963 jóvenes menores de 25 años, se observó que el 34% de las mujeres y el 22% de los hombres agredieron físicamente a su pareja en el último año de relación. Por lo tanto, las chicas manifestaron ejercer más violencia física, sin embargo, la violencia física sufrida no varió entre hombres y mujeres (Arbach, Nguyen-Vo y Bobbio, 2015). Del mismo modo, en la Macroencuesta de violencia contra la mujer 2015 del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (De Miguel Luken, 2015), se llevó a cabo un estudio donde tomaron parte 10.171 mujeres y los resultados obtenidos reflejaron que las mujeres con edades comprendidas entre los 16 y 24 años, manifestaron haber sufrido a lo largo de la vida violencia psicológica en un 38’3%, violencia física en un 10’3% y violencia sexual en un 5’7%. En este sentido, es importante señalar que se ha comprobado como el abuso psicológico precede al abuso físico y es el tipo de violencia más empleada y recibida dentro de las relaciones de pareja (Penado Abilleira y Rodicio-García, 2017). En el caso de las parejas jóvenes y adolescentes, un tema de creciente interés en la investigación es la justificación que las parejas jóvenes y adolescentes realizan de las conductas agresivas, especialmente de las más predominantes como son las agresiones verbales. Cuando no existe violencia física tienden a restar importancia a las otras formas de violencia, tienen dificultad para percibirla como tal y reconocerse a sí mismos como víctimas de violencia (García Díaz, Fernández Feito, Rodríguez Díaz et al., 2013). A modo de ejemplo, podrían citarse los celos y el control exagerado de la pareja, que tanto para chicas como para chicos adolescentes (Meras Lliebre, 2003), serían indicadores de amor, afecto o preocupación y no serían identificados como expresiones de violencia en la pareja (García-Carpintero et al., 2018). De forma semejante, se ha señalado en múltiples ocasiones como el modelo de amor romántico adquirido puede promover el establecimiento de relaciones de pareja basadas en la dependencia, el control, los celos, la desvalorización, el aislamiento o incluso en la violencia (Santibáñez, Ruiz-Narezo, González de Audikana y Fonseca, 2016). La percepción errónea incrementa la probabilidad de aceptar, recibir y ejercer la violencia como algo natural o posible en la relación de pareja (Cortés Ayala, Bringas Molleda, Rodríguez-Franco et al., 2014). En esta línea, se ha comprobado como los chicos justifican más la violencia y la rechazan menos (Garaigordobil, Aliri y Martínez-Valderrey, 2013), mientras que las chicas presentan un nivel de tolerancia a la violencia inferior (García-Díaz, Bringas, Fernández-Feito et al., 2017). Los intentos de control, aislamiento y las agresiones verbales podrían ser la antesala del daño físico (Vizcarra, Poo y Donoso, 2013), por lo que sus inicios en edades tempranas muestran la peligrosidad de la violencia en el noviazgo y su necesidad de seguir profundizando en esta área. Como se ha señalado, la violencia en la pareja es un fenómeno abordado desde diversas perspectivas científicas, por lo que cada una de ellas ha generado sus propias pruebas de evaluación. Estas pruebas tienen diferentes objetivos y planteamientos. Pero, todas ellas pretenden conocer este fenómeno en sus diversas facetas, causas e implicaciones. Por eso, son numerosas las herramientas médicas, forenses, psicológicas, sociales, etc. que se pueden encontrar para evaluar la violencia en las relaciones de pareja. Desde una perspectiva psicológica también encontramos múltiples pruebas (cuestionarios, tests, encuestas) con diversa finalidad y características que estudian el amplio panorama de la violencia en la pareja. En este trabajo se ha realizado una revisión de las medidas de evaluación pormenorizada tanto en función del diagnóstico, cribado y detección del riesgo de reincidencia, según el ámbito de utilización y se han tenido en cuenta los instrumentos no categorizados. La revisión de la literatura ha mostrado que existen algunos instrumentos válidos para la medición de la violencia en las relaciones de noviazgo entre jóvenes y adolescentes. Entre ellos se pueden destacar, el CTS2 (Escalas Revisadas de Tácticas para Conflictos, de Straus, Hamby, Boney-Mc-
Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. 105 I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes Coy y Sugarman, 1996); el CADRI (Conflict in Adolescent Dating Relationships Inventory, de Wolfe, Scott, Wekerle et al., 2001) validado en España por Fernández-Fuertes, Fuertes y Pulido (2006); el CUVINO (Cuestionario de Violencia entre Novios. de Rodríguez-Franco, López-Cepero, Rodríguez-Díaz et al., 2009) y la escala VEC (Escala de Percepción Femenina de la violencia Psicológica en las relaciones de noviazgo juvenil heterosexual, de Cantera, Estébanez y Vázquez, 2009). Estos cuestionarios abordan distintos aspectos de la violencia en la pareja y aportan información muy relevante, sin embargo, no tienen en cuenta los rasgos propios de este tipo específico de violencia. La violencia en el noviazgo en jóvenes y adolescentes se caracteriza por la bidireccionalidad de la misma al ser ejercida y recibida por ambos miembros de la pareja. Un estudio previo, mostró cómo el 52% de las parejas adolescentes presentaron este tipo de violencia diádica (Arbach, Nguyen-Vo y Bobbio, 2015). Además, se ha comprobado como existe una mayor bidireccionalidad de la violencia psicológica (Rubio-Garay et al., 2017). Igualmente, cabe señalar como la violencia ejercida es tres veces más frecuente, aunque de menor gravedad en comparación con la que se da en los adultos (García-Carpintero et al., 2018) y se considera un factor de riesgo de la violencia en parejas adultas (Moreno-Manso, Blázquez-Alonso, García-Baamonde et al., 2014). Además, predomina la violencia psicológica y dentro de ella las formas más sutiles y la normalización y justificación como parte de la relación (Corral, 2009). Asimismo, algunos estudios han encontrado que en la pareja adolescente la violencia más identificada (la física) es la menos vivida, por el contrario, la menos identificada (la violencia psicológica de control) es la más sufrida (Samaniego y Freixas, 2010). Unido a esto, la revisión de los instrumentos mostró, por ejemplo, que en el CADRI (Wolfe et al., 2001) debían responder pensando en la relación más larga del último año y debían referirse a los últimos doce meses y referirse siempre a la misma pareja. Esto se consideró que podía ser problemático ya que no todos los participantes en la investigación han mantenido una relación de noviazgo o aun habiéndola mantenido pueden optar por una de ellas, no siendo la más significativa de cara al estudio. Además, las relaciones de noviazgo en esta franja de edad no suelen caracterizarse por una duración larga en el tiempo. El CADRI no marca cuánto tiempo ha de durar esa relación para considerarla como noviazgo. Esto supone que desconocemos los criterios que ha empleado cada participante en la encuesta a la hora de calificar una relación como de noviazgo o pareja, así como la duración de esa relación. Por último, el inventario tiene en cuenta la bidireccionalidad, que es una de las características de la violencia en el noviazgo. En cambio, se olvida de otra que es la normalización. Esto sucede porque no hace en ningún momento un análisis de la percepción de violencia que los adolescentes y jóvenes tienen de esas conductas tanto realizadas como ejercidas por ellos o sus compañeros. Esta última limitación, fue determinante a la hora de rechazar este inventario para la investigación. Por otro lado, este instrumento muestra ítems adecuados para medir las características propias de la violencia en este momento evolutivo. Sin embargo, no permite conocer en qué medida el adolescente o joven cree haber realizado esas conductas. Es decir, este cuestionario, a diferencia del CADRI, no detecta cómo cada participante interpreta su conducta hacia la pareja. Esto es, aunque pregunta sobre las molestias que les causa cada conducta de su pareja, esto no supone que recoja la percepción de la violencia que tiene el participante. Esta percepción de violencia, como se verá, se tendrá en cuenta a la hora de elegir un cuestionario, porque es un pilar importante en la investigación. En relación al CUVINO (Rodríguez-Franco et al., 2009), este instrumento muestra ítems adecuados para medir las características propias de la violencia en este momento evolutivo. Sin embargo, no permite conocer en qué medida el adolescente o joven cree haber realizado esas conductas. Es decir, este cuestionario, a diferencia del CADRI, no detecta cómo cada participante interpreta su conducta hacia la pareja. Por otra parte, aunque pregunta sobre las molestias que les causa cada conducta de su pareja, esto no supone que recoja la percepción de la violencia que tiene el participante. Esta percepción de violencia, como se verá, se tendrá en cuenta a la hora de elegir un cuestionario, porque es un pilar importante en la investigación. Por último, señalar un punto interesante de este cuestionario como es la delimitación de lo que se considera novio/a o pareja y la temporalidad de la relación. Las instrucciones señalan que los participantes deben referirse a una relación mínima de un mes y que se valore como más conflictiva o que más les haya influido. A pesar de ser una acotación importante, la valoración de la relación como significativa o conflictiva añade más deseabilidad social de la que el propio tema tiene en sí. Por último, la escala VEC: Percepción Femenina de la Violencia Psicológica en las Relaciones de Noviazgo Juvenil Heterosexual (Vázquez et al., 2008), aunque aporta una visión muy interesante de la percepción de violencia en conductas que pueden vivirse en las relaciones de noviazgo, no permite conocer la existencia de la vivencia de la violencia. A pesar de ello, aporta algo no explorado por los otros cuestionarios, la normalización de la violencia, en este caso, psicológica. A pesar de ello, es una escala dirigida únicamente a chicas por lo que los chicos no son cuestionados por su percepción de este tipo de violencia, algo importante porque ellos también pueden ser tanto víctimas como agresores. Como puede verse, es necesaria una adecuación mayor a las características específicas de la violencia en el noviazgo de la población adolescente-juvenil. Por ello, el
106 Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes objetivo de este estudio ha sido elaborar un cuestionario, denominado VREP (Violencia Recibida, Ejercida y Percibida), que mida tanto la violencia recibida y ejercida como la percepción de la misma en las relaciones de noviazgo y que incluya además todos los tipos de parejas Desarrollo del cuestionario sobre Violencia Recibida, Ejercida y Percibida (VREP) Para su desarrollo se ha revisado la literatura existente en el área, lo que incluye las numerosas y complejas clasificaciones de violencia. Este estudio se ha basado en una de las clasificaciones que divide la violencia en Violencia Psicológica, Violencia Física y Violencia Sexual, de manera resumida (Bosch Fiol y Ferrer Pérez , 2003): (1) la violencia psicológica está referida a actos intencionados que producen desvalorización o sufrimiento; dentro de ella se diferencian diversos tipos tales como la humillación, el aislamiento social, la necesidad de ejercer control, los celos y la posesividad; (2) la violencia física está referida a cualquier acto no accidental que provoque o pueda provocar daño en el cuerpo y (3) la violencia sexual incluye todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual o insinuaciones sexuales no deseadas en contra la voluntad de la persona víctima. Siguiendo la clasificación previamente mencionada de Bosch Fiol y Ferrer Pérez (2003) se diseñaron ítems que recogieran los diferentes tipos de violencia adecuadas a población adolescente en relaciones de noviazgo. En ese sentido, no se incluyeron escalas de lesiones graves. Todos los ítems propuestos fueron sometidos a la revisión de personas expertas que participaron voluntariamente en aras a valorar su validez aparente y de contenido en relación a las conductas violentas y su adecuación en la formulación para ser entendido por adolescentes y jóvenes. Para la selección del panel de expertos, se invitaron a profesionales con experiencia amplia en el trabajo con parejas jóvenes y adolescentes violentas. En el contacto con los expertos se les informó del objetivo del estudio, los criterios de selección, el calendario y el tiempo máximo de duración, los resultados esperados y los usos posteriores, así como, los aspectos éticos del proceso. En el proceso, participaron profesionales de ambos sexos, aunque mayoritariamente fueron mujeres, del campo de la psicología, la sociología y la educación, procedentes de ámbitos académicos y profesiones con desempeño laboral en el área de la adolescencia, las relaciones de pareja y de la violencia. Más concretamente, se trató de profesionales de entidades y cooperativas de Bizkaia (España) que trabajan en el ámbito de la prevención y con familias. Desde el ámbito universitario, hubo profesorado de la universidad del País Vasco, de la Facultad de Sociología, que había hecho su tesis en violencia y mujeres. También participó una profesora de la Universidad Complutense de Madrid del ámbito del Trabajo Social. El resto del profesorado era de la Universidad de Deusto, del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos y del Departamento de Psicología Social, siendo los equipos de investigación que participaron “Evaluación Clínica y de la Salud” y del equipo Deusto Family Psych. Se procedió a pasar el cuestionario en dos ocasiones y el análisis fue tanto general como de cada uno de los tipos de violencia. El cuestionario fue evaluado de manera cuantificada y también se añadió un espacio para comentarios y sugerencias. Tras la versión final, se volvió a enviar al panel de expertos recibiendo el acuerdo unánime en referencia a los ítems y a la escala en función del tipo de violencia a la que pertenecían, al igual que en la adecuación del vocabulario a la población destinataria. Como consecuencia, el instrumento inicial quedó compuesto de tres partes: Violencia Recibida (VREC) y Violencia Ejercida (VEJE) por el informante en sus relaciones de y su Percepción de la Violencia (VP) en las conductas indicadas. A su vez, cada una de estas partes del cuestionario consta de cincio escalas: Violencia Física (VF), Violencia Sexual (VSEX), Violencia Psicológica Social (VPSOC), Violencia Psicológica Humillación-Coerción (VPHC) y Violencia Psicológica Control-Celos (VPCC). A modo de ejemplo, se obtendría información, dentro de la escala de Violencia Física, sobre la Violencia Física Recibida (VFR), la Violencia Física Ejercida (VFE) y la Violencia Física Percibida (VFP). E igualmente sucedería con el resto de escalas del instrumento. En un primer momento, el VREP incluyó 41 situaciones de violencia distribuidas en las cinco escalas de violencia previamente citadas. Estas situaciones presentaban diferentes grados de violencia y el informante debía señalar en qué medida había recibido o ejercido esa violencia en sus relaciones de pareja y su percepción de violencia de la misma. Para señalar la violencia ejercida y recibida se disponía de una escala Likert de 6 posibilidades de respuesta (0 = nunca, 1= una vez, 2 = de 2 a 5 veces, 3 = de 6 a 10 veces, 4 = de 11 a 15 veces y 5 = más de 15 veces). Para responder a estas dos partes del cuestionario, era requisito imprescindible que los participantes hubieran mantenido o mantuviesen una relación de pareja con una duración mínima de un mes (Rodríguez-Franco et al., 2010). Por su parte, la percepción de violencia tiene cinco alternativas de respuesta: no es violencia, poco violento, algo violento, bastante violento y muy violento. En este caso, para su cumplimentación no se requería una relación de noviazgo previa. Una vez elaborado el cuestionario, se procedió a realizar dos estudios para analizar las propiedades psicométricas del instrumento cuyos resultados se exponen a continuación.
Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. 107 I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes Estudio 1. Análisis de las propiedades psicométricas (consistencia interna, validez de constructo y validez convergente) de la versión preliminar del cuestionario VREP Método Participantes Se llevó a cabo un estudio transversal mediante encuesta en el que participaron 286 jóvenes del País Vasco (España), de 17 a 29 años, con una media de edad de 20’46 años (DT = 1’98), siendo en su mayoría mujeres (85’5%). El muestreo realizado fue de conveniencia en centros educativos (colegios y universidades) de Bizkaia y Álava. Como otros instrumentos que evalúan las relaciones de pareja (por ejemplo, Rodríguez-Franco et al., 2010; Wolfe et al., 2001), el criterio de inclusión era haber tenido por lo menos una relación de pareja con una duración mínima de un mes. Además del VREP, contestaron al CTS2 (Straus et al., 1996) tanto en formato papel (n = 240) en entornos académicos (colegios de secundaria y universidad), como vía telemática (n = 49) por personas que mayoritariamente trabajaban y/o estudiaban. El CTS2 de Straus et al. (1996) ha sido utilizado como ‘Gold-Standard’ para la validez de criterio. Se utilizó la versión adaptada al castellano utilizada por Corral Gilsanz (2006). Se trata de un instrumento autoaplicado que informa sobre las situaciones violentas ejercidas y recibidas vividas en la pareja. Consta de 78 ítems y cinco subescalas: Negociación, Agresión Física, Abuso Psicológico, Coerción Sexual y Lesiones. Las alternativas de respuesta son: 1 = una vez el año pasado, 2 = dos veces el año pasado, 3 = de 3 a 5 veces el año pasado, 4 = de 6 a 10 veces el año pasado, 5 = de 11 a 20 veces el año pasado, 6 = más de 20 veces el año pasado, 7 = nunca el año pasado, pero sucedió antes y 0 = no ha pasado antes. Los y las participantes debían haber mantenido una relación durante el año anterior. Resultados Análisis de consistencia interna El comportamiento de los ítems de cada una de las escalas del VREP se analizó a través de estadísticos descriptivos (M y DT), distribución de los ítems (asimetría) y valoración del grado de asociación del ítem con el total de la escala a la que pertenece (correlación de Pearson) y el cambio del coeficiente alpha de la fiabilidad si se retiraba el ítem. Tras estos análisis, se observó una gran asimetría positiva de casi la totalidad de los ítems. Esto implicaba una baja frecuencia de experimentación de la violencia recibida en todas las escalas. Los ítems que mostraron una asimetría claramente exagerada, una media muy escasa por su baja frecuencia, menores contribuciones a la estructura de su dimensión correspondiente, baja correlación con los ítems de la escala y baja carga factorial fueron desestimados, es decir, la decisión de inclusión se ha tomado en función de diferentes factores. Como consecuencia, las escalas quedaron compuestas por los siguientes ítems: VPSOC (5,15, 33, 41 y 71); VPHC (9, 29, 51, 65, 73 y 81); VPCC (3, 25, 39, 55, 67 y 77); VF (1, 17, 35, 49 y 57) y VSEX (19, 21, 23, 31, 59 y 69). Por otra parte, el alfa de Cronbach de todas estas escalas se mostró adecuada, siendo sus valores: 0’67 (VPSOC), 0’70 (VPHC); 0’81 (VPCC); 0’68 (VF) y 0’75 (VSEX). Estructura factorial del VREP Después de eliminar los ítems que no cumplían con los requisitos necesarios, se realizó un análisis factorial confirmatorio, para lo cual se estimaron tres modelos estructurales diferentes. El Modelo 1, que evaluó la hipótesis de un factor de primer orden (violencia de cada tipo) y tres factores de segundo orden (VREC, VEJEC, VP); el Modelo 2, que contemplaba un factor de primer orden (violencia de cada tipo) y dos factores de segundo orden (VREC y VEJEC) y, por último, el Modelo 3, formado por escalas independientes de VREC, VEJEC y VP de cada uno de los tipos de violencia descritos. Para realizar estos análisis se utilizaron estimadores robustos de máxima verosimilitud dado el incumplimiento de normalidad multivariada (IC, GFI, CFI y RMSEA). En las siguientes tablas 1, 2 y 3, se presentan los Índices de bondad de ajuste de los tres modelos para cada una de las escalas de los distintos tipos de violencia, al ser los que más adecuación muestran de forma global para todas las escalas. En la tabla 3 se puede observar cómo los resultados de todas las escalas no se ajustan a lo que algunos autores han propuesto como adecuación de los valores. Los valores de CFI de 0’95 o superiores reflejan un ajuste adecuado y que los valores de RMSEA menores de 0’06 reflejan un buen ajuste (Hu y Bentler, 1999). Sin embargo, estudios recientes muestran que hay que tener cautela en el establecimien- to de puntos de corte universales para estos índices, ya que los mismos dependen de aspectos diversos del modelo a evaluar, tales como el número de variables observadas y el grado de especificación del error (Fan y Sivo, 2007). En consecuencia, en este estudio se optó por tomar decisiones sobre los modelos a partir de múltiples elementos tales como las cargas factoriales, la coherencia entre el modelo y la teoría subyacente, las consistencias internas de los factores y los mencionados índices de ajuste. Además, teniendo en cuenta que se trata de una muestra piloto con un tamaño de muestra limitado, se decidió aceptar el modelo.
108 Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes Tabla 2. Índices de bondad de ajuste de la Escala Violencia Psicológica Humillación (ΧS-B 2: Prueba robusta de Chi-cuadrado de Satorra-Bentler; gl: grados de libertad; p: valor de probabilidad; AIC: Criterio de Información de Akaike; GFI: Índice de Bondad de Ajuste; NNFI: Índice de Ajuste No Normado; CFI: Índice de Ajuste Comparativo; RMSE [IC] – Error cuadrático medio de Aproximación y su Intervalo de confianza al 90%). Modelo Χ S-B 2gl p x/gl AIC GFI NNFI CFI RMSEA [IC 90% ] Modelo 1 180.55 83 .000 2.17 616.970 .79 .82 .86 .074 [.059 a .088] Modelo 2 42.22 30 .068 1.40 368.128 .81 .95 .97 .038 [.000 a .063] Mod. 3 Recibida 9.01 4 .0600 2.25 79.561 .95 .86 .94 .067 [.000 a .126] Mod. 3 Ejercida 12.72 4 .012 3.18 100.580 .96 .80 .92 .089 [.089 a .145] Mod. 3 Percibida 2.79 4 .591 0.70 311.077 .98 1.00 1 .000 [.000 a .087] Tabla 3. Índices de bondad de ajuste de del modelo 3 (ΧS-B 2: Prueba robusta de Chi-cuadrado de Satorra-Bentler; gl: grados de libertad; p: valor de probabilidad; AIC: Criterio de Información de Akaike; GFI: Índice de Bondad de Ajuste; NNFI: Índice de Ajuste No Normado; CFI: Índice de Ajuste Comparativo; RMSE [IC] – Error cuadrático medio de Aproximación y su Intervalo de confianza al 90%). Modelo Χ S-B 2gl p x/gl AIC GFI NNFI CFI RMSEA [IC 90% ] VPSOC_REC 5.16 4 .270 1.29 12.582 .97 .87 .94 .032 [.000 a .101] VPSOC_EJE 2.64 4 .619 .65 -0.688 .97 1.36 1 .000 [.000 a .075] VPSOC_PER 7.57 4 .108 1,89 401.866 .97 .97 .99 .064 [.000 a .133] VPHC_REC 9.01 4 .060 2.25 79.561 .95 .86 .94 .067 [.000 a .126] VPHC_EJE 12.72 4 .012 3.18 100.580 .96 .80 .92 .089 [.089 a .145] VPHC_PER 2.79 4 .591 .70 311.077 .98 1.00 1 .000 [.000 a .087] VPCC_REC 26.03 13 .016 2.00 168.173 .95 .88 .93 .060 [.025 a .093] VPCC_EJE 22.79 13 .044 1.75 153.557 .95 .90 .94 .052 [.008 a .087] VPCC_PER 27.97 13 .009 2.15 614.138 .94 .96 .97 .073 [.035 a .110] VF_REC 2.98 4 .559 .74 8.050 .92 1.14 1 .000 [.000 a .079] VF_EJE 1.65 4 .798 .41 23.493 .98 1.17 1 .000 [.000 a .057] VF_PER 6.94 4 .138 1.73 286.651 .97 .97 .99 .058 [.058 a .128] VSEX_REC 6.50 8 .590 .81 25.827 .91 1.06 1 .000 [.000 a .061] VSEX_EJE 10.13 8 .255 1.26 -4.359 .91 .62 .79 .031 [.000 a .081] VSEX_PER 23.88 8 .002 2.98 476.002 .92 .93 .96 .096 [.053 a .142] Análisis de validez mediante la validez convergente La validez convergente está referida a que los constructos que se espera que estén relacionados, de hecho, lo están. Se realizó mediante el cuestionario CTS2 (Straus et al., 1996), anteriormente mencionado. En la tabla 4 se muestran los datos obtenidos de las correlaciones de las escalas del CTS2 y VREP. Como puede apreciarse, las escalas de ambos instrumentos con mayor especificidad tienden a tener mayores Tabla 1. Índices de bondad de ajuste de la Escala Violencia Psicológica Social (ΧS-B 2: Prueba robusta de Chi-cuadrado de Satorra-Bentler; gl: grados de libertad; p: valor de probabilidad; AIC: Criterio de Información de Akaike; GFI: Índice de Bondad de Ajuste; NNFI: Índice de Ajuste No Normado; CFI: Índice de Ajuste Comparativo; RMSE [IC] – Error cuadrático medio de Aproximación y su Intervalo de confianza al 90%). Modelo Χ S-B 2gl p x/gl AIC GFI NNFI CFI RMSEA [IC 90% ] Modelo 1 111.53 83 .020 1.34 450.221 .81 .93 .94 .040 [.017 a .057] Modelo 2 42.38 30 .066 1.41 34.624 .83 .76 .84 .039 [.000 a .063] Mod. 3 Recibida 5.16 4 .270 1.29 12.582 .97 .87 .94 .032 [.000 a .101] Mod. 3 Ejercida 2.64 4 .619 0.65 -0.688 .97 1.36 1 .000 [.000 a .075] Mod. 3 Percibida 7.57 4 .108 1,89 401.866 .97 .97 .99 .064 [.000 a .133]
Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. 109 I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes coeficientes de correlación (VF r = 0’44 y VSEX r = 0’38), siendo ligeramente inferiores en el resto de dimensiones menos relacionadas. La escala de Lesiones valorada por el CTS2 no se asocia significativamente a ninguna de las escalas del VREP, presumiblemente porque no existe una escala similar en el mismo y debido a la baja variabilidad en el número de lesiones que experimenta la muestra utilizada (grupo normativo), es decir, se trata de una muestra no clínica, donde no hay puntuaciones altas en violencia Estudio 2. Propiedades psicométricas de la versión de 28 ítems del VREP en sus facetas de consistencia interna, validez de constructo y validez convergente Método Participantes La muestra estuvo compuesta por 695 jóvenes y adolescentes. Como en la muestra anterior, se trató estudiantes de centros escolares y universitarios del País Vasco (España), de los cuales 422 eran chicas y 273 chicos. La edad se situaba entre los 13 y los 30 años, con una media de 16’44 años (DT = 3’19). Estos jóvenes eran mayoritariamente estudiantes que pertenecían tanto a enseñanza secundaria (ESO y Bachillerato), como superior (Universidad y Ciclos Formativos), siendo muy reducido el grupo laboralmente activo. Se pasó el cuestionario a todo el alumnado para que no se pudiera identificar aquellas personas que habían tenido pareja y cuáles no. Sin embargo, dado que el criterio de inclusión fue que los y las participantes hubieran tenido por lo menos una relación de pareja con una duración mínima de un mes, la condición la cumplían 436 participantes, es decir, el 62’7% de la muestra. El estudio se hizo únicamente con la muestra que tenía pareja, de ellos el 60’55% (264) eran chicas y el 39’45% (172), chicos. Los y las participantes respondieron a un cuestionario con la versión reducida del VREP compuesta por 28 ítems repartidos en cinco escalas de violencia (VPHC, VPCC, VPSOC, VF y VSEX), en sus tres aspectos: Recibida, Ejercida y Percibida. Resultados Análisis de consistencia interna El comportamiento de los ítems retenidos de cada una de las escalas se analizó a través de estadísticos descriptivos (M y DT), distribución de los ítems (asimetría) y valoración del grado de asociación (correlación de Pearson) del ítem con el total de la escala a la que pertenece y el cambio del coeficiente alpha de la fiabilidad si se retira el ítem. En la tabla 5, se muestran los resultados obtenidos para cada una de las cinco escalas de VREC (Violencia Recibida), que son las tomadas como referencia para realizar los análisis estadísticos. Como Tabla 4. Correlaciones del VREP con las escalas del CTS2 (*p<.001; **p<.05). CTS2 VREP Agresión física Coerción Sexual Lesiones Abuso psicológico VSEX .34** .38** .10 .15* VF .44** .12 .02 .05 VSOC .26** .30** .12*.13** VPHC .33** .27** .18** .21** VPCC .27** .21** .15*.16** Tabla 5. Estadísticos descriptivos de los ítems de las escalas de Violencia Recibida (DT: Desviación Estándar; r: Coeficiente de correlación del ítem con el resto de la escala; Alfa: valor del coeficiente de fiabilidad si se retira el ítem; AFE: Carga factorial en el Análisis Factorial Exploratorio de Componentes). Escala Ítem M (DT) Asimetría r Alfa AFE VF 1 3.55 (4.14) .501 .98 .98 .99 6 3.29 (4.29) .566 .99 .98 .99 14 3.54 (4.15) .500 .98 .98 .99 17 3.49 (4.19) .508 .98 .98 .99 20 3.39 (4.24) .540 .99 .98 .99 VSEX 7 3.44 (4.21) .524 .99 .98 .98 8 3.46 (4.20) .522 .98 .98 .98 9 3.39 (4.26) .526 .98 .97 .98 12 3.39 (4.23) .552 .99 .98 .99 21 3.35 (4.26) .548 .99 .98 .99 24 3.30 (4.28) .569 .99 .99 .99 VSOC 3 3.33 (4.27) .558 .99 .99 .99 5 3.33 (4.26) .560 .99 .99 .99 13 3.36 (4.25) .552 .99 .99 .99 16 3.32 (4.27) .560 .99 .99 .99 25 3.53 (4.16) .505 .98 .99 .98 VPHC 4 3.43 (4.21) .532 .98 .99 .98 11 3.55 (4.14) .504 .97 .99 .98 18 3.67 (4.08) .468 .96 .99 .97 22 3.36 (4.25) .548 .98 .99 .99 26 3.32 (4.27) .564 .99 .99 .99 28 3.56 (4.14) .501 .97 .99 .97 VPCC 2 3.78 (4.01) .445 .95 .99 .97 10 3.47 (4.19) .526 .98 .99 .98 15 3.70 (4.07) .458 .96 .99 .97 19 3.90 (3.95) .407 .94 .99 .95 23 3.40 (4.22) .545 .98 .99 .98 27 3.69 (4.07) .466 .96 .99 .97
110 Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes puede observarse, las cinco escalas de VREC han mostrado una fiabilidad de alfa de Cronbach de 0’99. Esto se debe a las altas correlaciones que muestran los ítems de la misma escala entre sí y la homogeneidad de la respuesta. En general, se observa una gran asimetría positiva de la totalidad de los ítems. La media de los ítems es mayor que en la primera muestra, indicando una mayor frecuencia de experimentación, pero una desviación estándar notable por la gran variabilidad de respuesta. La asimetría de los ítems se muestra estable en todos los ítems. Las correlaciones son altas, esto nos indica que el suceso de un ítem, hace más probable que se señale otro ítem de la misma escala. La carga factorial de los ítems es semejante en todas las escalas. Estructura factorial del VREP Para verificar la homogeneidad y la consistencia de los ítems se somete a prueba la estructura factorial aceptada en el primer estudio (Modelo formado por escalas independientes de VREC, VEJE, VP de cada uno de los tipos de violencia descritos). Debido a la no normalidad multivalente que presenta la muestra, se decide realizar un análisis factorial confirmatorio utilizando estimadores robustos de Máxima verosimilitud (Satorra y Bentler, 2001) y mediante el programa EQS (Bentler, 2006). Los valores de los índices de ajuste del modelo se encuentran en la siguiente tabla 6. Al igual que sucede en el estudio 1, se puede ver que no todas las escalas muestran su adecuación en este modelo. Ejemplo de ello son las escalas VPSOC y VPSEX. Este mal ajuste, se puede observar en la tabla 6, en el valor de la X2 de Satorra-Bentler, al ser este estadísticamente significativo a nivel de p>0'000 y el valor de RMSEA, al ser altos y superar las recomendaciones de 0'08 hecha en la bibliografía. Discusión El desarrollo y análisis psicométrico de un nuevo instrumento para la valoración de la Violencia Recibida, Ejercida y Percibida (VREP) en el noviazgo, ha sido el objetivo de este estudio, alcanzándose en su versión final de 28 ítems, con un sistema de ítems dobles (Mi novio/a me…; Yo a mí novio/a he…), un instrumento breve, pero adecuado psicométricamente para dar cuenta del constructo y de sus dimensiones básicas (ver Anexo 1). Se ha partido para su elaboración de una de las clasificaciones más reconocidas (Bosch Fiol y Ferrer Pérez, 2003) y se han añadido otras características específicas de la violencia en el noviazgo tales como mayor peso de la VP, ya que es el tipo de violencia más ejercida y recibida (Rubio-Garay et al., 2017), menor gravedad de la violencia respecto de la violencia que se da en las relaciones de parejas adultas (García-Carpintero et al., 2018) y bidireccionalidad, esto es, elevado porcentaje de agresiones mutuas (Rubio-Garay et al., 2017). Por otra parte, el contraste y acuerdo interjueces, ha permitido alcanzar un conjunto de ítems representativos de los constructos evaluados, con resultados que permiten aceptar la validez aparente y de contenido, es decir, que constituye una muestra adecuada y representativa de los contenidos a evaluar. Tabla 6. Índices de bondad de ajuste de del Modelo 3 (ΧS-B 2: Prueba robusta de Chi-cuadrado de Satorra-Bentler; gl: grados de libertad; p: valor de probabilidad; AIC: Criterio de Información de Akaike; GFI: Índice de Bondad de Ajuste; NNFI: Índice de Ajuste No Normado; CFI: Índice de Ajuste Comparativo; RMSE [IC] – Error cuadrático medio de Aproximación y su Intervalo de confianza al 90%). Modelo Χ S-B 2gl p x/gl AIC GFI NNFI CFI RMSEA [IC 90% ] VF_REC 1.16 4 .883 .29 29030.184 .98 1 1 .000 [.000 a .027] VF_EJE 5.19 4 .267 1.29 31650.852 .91 1 1 .021 [.000 a .064] VF_PER 17.94 4 .001 4.48 931.237 .97 .96 .98 .074 [.041 a .111] VSEX_REC 4.22 8 .836 .52 39648.399 .96 1 1 .000 [.000 a .026] VSEX_EJE 3.07 8 .929 .38 45229.539 .94 1 1 .000 [.000 a .013] VSEX_PER 98.12 8 .000 12.26 2252.252 .90 .92 .96 .134 [.110 a .157] VPSOC_REC 2.05 4 .725 .51 34930.609 .95 1 1 .000 [.000 a .042] VPSOC_EJE .36 4 .984 .09 36755.425 .99 1 1 .000 [.000 a .075] VPSOC_PER 83.34 4 .000 20.83 2196.531 .878 .91 .96 .177 [.145 a .211] VPHC_REC 7,11 8 .523 .88 37168.315 .94 1 1 .000 [.000 a .041] VPHC_EJE 6.04 8 .641 .75 41495.222 .90 1 1 .000 [.000 a .037] VPHC_PER 18.77 8 .016 2.34 1817.014 .98 .98 .99 .046 [.019 a .074] VPCC_REC 15.02 8 .058 1.87 31614.842 .93 1 1 .036 [.000 a .063] VPCC_EJE 9.01 8 .341 1 34097.609 .96 1 1 .014 [.000 a .048] VPCC_PER 17.49 8 .025 2.18 2089.531 .98 .99 .99 .043 [.014 a .071]
Apuntes de Psicología, 2020, Vol. 38, número 2, págs. 103-114. 111 I. Urbiola, A. Estévez y J. Momeñe Desarrollo y validación del cuestionario VREP en parejas adolescentes Respecto a su consistencia interna, tanto el estudio, como el estudio de validación han ofrecido valores de fiabilidad considerados como adecuados (Cohen, 1977) y, según criterios de Bech, Malt, Dencker et al. (1993), permitirían la utilización del instrumento para hacer predicciones individuales sobre la vivencia de violencia en la relación de noviazgo, convirtiendo al VREP en una herramienta que permitiría tareas de discriminación. La estructura dimensional del VREP ha sido probada a través de técnicas de análisis factorial confirmatorio. Se partía en la creación de un modelo teórico basado en cinco dimensiones de violencia: VPSOC, VPHC, VPCC, VF y VSEX. Tanto el estudio piloto como el de validación han mostrado esta estructura factorial, verificando el modelo teórico subyacente. Si bien el estudio piloto no alcanzaba el valor de aceptación de los índices de ajuste del modelo, probablemente debido a problemas de tamaño muestral, el estudio de validación sí ha alcanzado un ajuste matemáticamente adecuado, permitiendo concluir que el VREP es un instrumento con una adecuada validez de constructo. Es decir, los resultados permiten aceptar una estructura de cinco dimensiones del VREP. Por último, cada una de las escalas del VREP ha mostrado convergencia con constructos afines, respecto a un criterio de referencia como es el CTS2 (Straus et al., 1996) para el cual se han alcanzado asociaciones moderadas y estadísticamente significativas entre las dimensiones de ambos instrumentos. Además, las escalas han mostrado una adecuada correlación entre ellas, muestra de la relación entre las diferentes escalas. Estos resultados permiten concluir la existencia de asociación convergente de las dimensiones del VREP con constructos afines y entre las propias escalas del VREP. Las limitaciones reseñables son, por un lado, el tamaño muestral. Aunque los participantes en ambos estudios son adecuados, la distribución en cuanto a sexo no es proporcional. De hecho, existen más mujeres que hombres en ambos estudios, lo que puede marcar los resultados. Cabe destacar como las mujeres reportan sufrir con mayor frecuencia que los hombres violencia física, psicológica y sexual en sus relaciones de pareja (Rodríguez-Castro et al., 2017). Del mismo modo, hay estudios previos que señalan como las chicas sufren en mayor medida violencia física y sexual, mientras que los hombres sufren mayor violencia psicológica (Penado Abilleira y Rodicio-García, 2017). Sin embargo, otros estudios mencionan que las chicas ejercen mayor violencia física y psicológica en sus relaciones de pareja, mientras que los chicos ejecutan con mayor frecuencia la violencia sexual (Pazos Gómez, Oliva Delgado y Hernando Gómez, 2014). A modo de conclusión, los resultados de este estudio permiten considerar el VREP como una alternativa para la evaluación de la violencia recibida, ejercida y percibida en las relaciones de pareja entre jóvenes y adolescentes. Su brevedad, fácil comprensión y cumplimentación, así como sus adecuadas características psicométricas lo convierten en una herramienta factible para su aplicación en estudios de investigación psicosocial. Destacando, especialmente la percepción de la violencia, ya que se pregunta a cada participante si consideran que cada acto es realmente violento. Esto es una contribución nueva y original ya que apenas se ha incluido en la medición de la violencia en el noviazgo, aspecto que es fundamental para la detección y prevención de esta problemática. Si las personas no perciben que reciben violencia tendrán más dificultades para poder prevenirla ni tratarla. Referencias Arbach, K., Nguyen-Vo, T. y Bobbio, A. (2015). 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