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La cosmovisión de Naguib Mahfuz en su novela Viaje del hijo de Fattuma

Thomas de Antonio, Clara María

Abstract

En este artículo se analiza la visión de Naguib Mahfuz sobre las diversas etapas que ha atravesado la humanidad a lo largo de la historia, expuesta en su novela El Viaje de Ibn Fattuma. En esta obra alegórica Mahfuz narra el viaje del protagonista por diversas tierras en busca del remedio a los males de su país. Cada capítulo lo dedica a un territorio, y en todos ellos describe los mismos aspectos, de forma que se pueden comparar el régimen y civilización que impera en cada uno de ellos

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1. Sobre la vida y obra de Mahfuz, pueden consultarse, por ejemplo, John Brugman. An introduction to the history of modern Arabic literature in Egypt. Leiden: E. J. Brill, 1984, pp. 293-305; Naguib Mahfuz. El callejón de los milagros. Epílogo de Mª R. de Madariaga. Barcelona: Círculo de Lectores, 1989, pp. 359-370: “El universo de Mahfuz: entre la realidad y el mito” y Espejos. Trad. Nuria Nuín y Mª L. Prieto. Madrid: Cátedra, 1999, pp. 31-85; Pedro Martínez Montávez. “Semblanza de Naguib Mahfuz en tres tiempos”. Literatura árabe de hoy. Madrid: CantArabia, 1990, pp. 201-216; Abu Elata. “Sinopsis biográfica”. En El mundo de Naguib Mahfuz. Ed. y prólogo de A. A. Morsy. Madrid: Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 1989, pp. 11-24; Marcelino Villegas. La narrativa de Naguib Mahfuz. Ensayo de síntesis. Alicante: Universidad de Alicante, 1991; Mercedes del Amo Hernández (cood.). Realidad y fantasía en Naguib Mahfuz. Granada: Universidad de Granada, 1991; Mª J. Viguera. “Naguib Mahfuz y la novela egipcia”. Actas I Jornadas de Literatura Árabe Moderna y Contemporánea. Madrid: Universidad Autónoma, 1991, pp. 361-369 MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA Worldview of Naguib Mahfuz in his novel The journey of Ibn Fattuma Clara Mª THOMAS DE ANTONIO Universidad de Sevilla BIBLID [0544-408X]. (2014) 63; 205-231 Resumen: En este artículo se analiza la visión de Naguib Mahfuz sobre las diversas etapas que ha atravesado la humanidad a lo largo de la historia, expuesta en su novela El Viaje de Ibn Fattuma. En esta obra alegórica Mahfuz narra el viaje del protagonista por diversas tierras en busca del remedio a los males de su país. Cada capítulo lo dedica a un territorio, y en todos ellos describe los mismos aspectos, de forma que se pueden comparar el régimen y civilización que impera en cada uno de ellos. Abstract: Discusses the views of Naguib Mahfouz on the various stages humanity has experienced throughout history, as included in his novel The Journey of Ibn Fattuma. In this allegorical work Mahfuz narrates the journey of the protagonist to various lands in search of a remedy for the ills of his own country. Each chapter is devoted to a territory, describing the same issues in all of them, so that a comparison can be made between the systems and civilizations prevailing in each. Palabras clave: Naguib Mahfuz. Literatura árabe contemporánea. Género de ri. hla. Key words: Naguib Mahfouz. Contemporary Arabic Literature. Ri. hla Genre. Recibido: 14/02/2013 Aceptado: 04/07/2013 Una de las obras más interesantes del Premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz (1911-2006)1 es El viaje del hijo de Fattuma (Ri. hlat Ibn Fa. t. t ã ma. El Cairo, 1983). Se trata de una novela alegórica inspirada en el género de ri. hla o relato de viajes al que se vuelve Mahfuz en la última etapa de su producción narrativa, después de ha- 206 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO 2. Otros géneros tradicionales a los que se vuelve Mahfuz a partir de los 70 son el del repertorio biográfico, como en Los espejos (al-Mar ~ y ~ , 1971) y Charlas de mañana y tarde (Ah ~ d § t al-. sab ~ . h wa-l-mas ~ ’, 1987), o la narrativa tradicional de Las mil y una noches, como en La noche de las mil noches (Lay ~ l § alf layla, 1982). Otros aspectos de su evolución literaria pueden verse en Mª Antonia Martínez Núñez. “Q ~ labu-n ~ l-masra. h § , ensayo sobre el teatro árabe de Tawf§q al- . Hak§m y su relación con las Dialogadas de Naí§b Ma. hfã. z”. En Actas de las I Jornadas de Literatura Arabe Moderna y Contemporánea (Madrid, 12-17 de diciembre 1988). Universidad Autónoma de Madrid. Madrid, 1991, pp. 165-187, y “Narrativa árabe, narrativa europea: ¿influencia o afinidad? El ejemplo de Egipto”. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, XLVII (1998), 209-232. 3. En este trabajo se seguirá la siguiente versión: Naguib Mahfuz. El viaje del hijo de Fatuma. Trad. Mª L. Prieto y M. al-Madkuri. Madrid: Huerga y Fierro Editores, 1996, citando sólo las páginas y respetando la literalidad del texto, por lo que se omiten los signos diacríticos. 4. Cfr. Naguib Mahfuz. El callejón de los milagros, p. 367; Marcelino Villegas. La narrativa de Naguib Mahfuz, p. 7; Mª Jesús Viguera. “Historias de nuestro barrio”. En El mundo de Naguib Mahfuz. Ed. y prólogo de A. A. Morsy. Madrid: Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 1989, p. 63. MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 ber probado otros géneros más occidentalizados, a fin de arabizar su estilo2. En ella Mahfuz relata un viaje imaginario —quizás para compensar sus ansias viajeras nunca satisfechas— que presenta como si fuera la copia de un antiguo manuscrito en el que un tal Quindil ibn Fattuma cuenta su largo viaje por el mundo3, criticando de paso a la sociedad egipcia, árabe e islámica de su tiempo, crítica que Mahfuz ha realizado a lo largo de toda su trayectoria literaria. El joven protagonista y autor del pretendido manuscrito es Quindil Muhammad al-‘Annabi “Ibn Fattuma”, que se une a una caravana de comerciantes para viajar por diversos países del mundo con el afán de adquirir sabiduría y curar los males de su enfermo país. La caravana pasa por cinco tierras o territorios, cada uno con sus características, que el protagonista va describiendo en un manuscrito que al final del viaje entrega al jefe de la caravana antes de adentrarse en su objetivo, las Tierras de Gabal, de las que nadie ha vuelto. La novela está estructurada en siete capítulos: en el primero presenta al protagonista situado en el país de partida; en los cinco capítulos siguientes relata sus viajes por cinco territorios, cada uno con un régimen político propio y que van siguiendo la evolución diacrónica de los distintos regímenes políticos que han gobernado el mundo; y en el último inicia su camino hacia Gabal, tras entregar su manuscrito para que llegue a su país. Se supone que Egipto es el punto de partida de su viaje, aunque sólo alude a lo largo del relato a “su país” o a “las tierras del Islam”. Y sus viajes por las tierras de Mashriq, Haira, Halba, Amán y Gurub son símbolos de diversas búsquedas4. En cada tierra que visita va describiendo los mismos aspectos —el jefe de aduanas, la posada para forasteros, el dueño o director de la posada, la vestimenta, la alimentación, la higiene y la medicina, la ciudad, la vida social, el sistema de gobierno, la religión, 207 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 la enseñanza y el sabio del lugar— de forma que se pueden comparar las ventajas e inconvenientes de los regímenes y civilizaciones que imperan en cada uno de ellos. En el primer capítulo se describe al protagonista, Quindil, que es hijo del matrimonio muy tardío de un rico comerciante, Muhammad al-‘Annabi, de 80 años, con Fatuma al-Azhari, una joven de 17. Por ello, sus hermanos, hijos de las otras esposas, no quieren a Quindil y le llaman “el hijo de Fatuma”. Su padre muere pronto, dejándoles una gran fortuna; pero su madre, por miedo a que sus familiares le hagan daño, no le lleva a la escuela, sino que encarga su educación al Sheij Magaga al-Gubaili, que le enseña en casa Corán, hadiz, fiqh, lengua, literatura, aritmética, misticismo y literatura de viajes, y que discute con él como si fuera un adulto. Hablando de por qué en el país reinaba la injusticia, la pobreza y la ignorancia, el sheij le dice que “El Islam de hoy está acurrucado en las mezquitas; no traspasa sus muros” y que “las tierras musulmanas están alejadas del verdadero Islam” (pp. 18-19). El sheij cree que, para hallar cosas nuevas, hay que salir de ellas, viajar por las tierras paganas, como él hizo viajando por Mashriq, Haira y Halba, aunque no había podido llegar a Gabal, el país de la perfección insuperable del que nadie había regresado. Y así excita la imaginación del muchacho. Quindil va creciendo, y se enamora de la joven Halima, hija de un pobre ciego recitador del Corán, que va velada de acuerdo a los usos islámicos. Tras no pocas reflexiones con su madre, consigue al fin su consentimiento y van a pedir su mano. Por otro lado, el sheij Magaga le propone casarse con su madre para que no se quede sola cuando él se vaya, algo que Quindil acaba por aceptar, aunque a regañadientes. Pero su frustración se desborda cuando Halima es dada en matrimonio a un ujier del Sultán que se había encaprichado de ella. Ante ambos acontecimientos, su mundo le parece lleno de lacras, y expone al sheij su firme propósito de hacer un viaje “para aprender y volver a mi enfermo país con el remedio para curarlo” (p. 26). Así, Quindil, que tiene casi 20 años, se une a una caravana de comerciantes que se dirige a Gabal, esperando hallar un mundo más limpio y traer el remedio para su país, al que seguirá añorando en su larga travesía, al igual que a sus seres queridos. Como nadie había vuelto de Gabal, Quindil piensa que será el primero en visitarla y transmitir a la humanidad sus secretos (p. 33). 1. “TERRITORIOS DE MASHRIQ” Quindil se despide de su madre y del sheij, y parte en la caravana que dirige Ibn Hamdis. Tras un mes de viaje por el desierto, la caravana llega ante las murallas de la capital de Mashriq, y entran en la ciudad de noche. El jefe de aduanas, vestido sólo con una pequeña prenda cubriéndole las vergüenzas, les da la bienvenida, advirtiendo que quien se comporte de forma mesurada sólo recibirá cosas buenas y bellas 208 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO 5. ‘Ar ã sa significa “novia” y, dado su parecido con su amada Halima, representa la misma figura. MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 (pp. 31-32). La caravana se introduce en la capital entre dos filas de guardias, y llegan a la posada para forasteros que se parece a un caravasar: es un gran pabellón dividido en dos por un largo vestíbulo rodeado de habitaciones separadas por telas de pelo; las habitaciones, con piso de arena, tienen una tabla en el suelo a modo de cama, un cesto para la ropa y un cojín en medio (p. 32). El dueño de la posada, Fam, va vestido como el jefe de aduana, es un hombre cortés, le prepara la comida y le habla de las costumbres del lugar y de Gabal (pp. 32-33). En cuanto a la vestimenta, Quindil se pone al llegar una pequeña aba y un turbante para protegerse del sol; pero hombres y mujeres van totalmente desnudos, por lo que los forasteros vestidos les llaman la atención. A Quindil le resulta difícil acostumbrarse a la visión de esos cuerpos desnudos, bronceados y delgados por la falta de comida, que despiertan sus pasiones (p. 34), pero poco a poco va aligerando su vestimenta: un pantalón corto y un gorro (p. 39). En lo referente a la alimentación, dice que el posadero le prepara un desayuno consistente en dátiles, leche y pan de cebada (pp. 32-33); al atardecer le sirve pan de cebada, un filete de ternera frito y aderezado con vinagre, y un plato de dátiles, membrillos y uvas; además le ofrece vino, que Quindil rechaza (p. 36). Respecto a la higiene, Quindil encuentra en la posada todo lo necesario para su aseo personal: lavarse, peinarse y arreglarse la pequeña barba (p. 32). Y el posadero le añade que la medicina sólo se reserva a palacio: En cada palacio hay un médico contratado, procedente de Haira o de Halba; pero la gente se entrega a la naturaleza. Quien enferma, se aparta de los demás hasta que o bien se cura o bien muere y se lo comen las fieras. [...] Ésas son las leyes y las indicaciones de la Luna, completamente conformes con la vida. Por eso somos un pueblo en el que domina la alegría y la satisfacción. Somos el más feliz de los pueblos (pp. 38-39). A Quindil la ciudad le parece un paisaje vacío, como el desierto, sin palacios ni casas, sin calles ni barrios, con sólo unas tiendas montadas de forma desordenada sobre una tierra con hierba donde pasta el ganado (p.34), aunque el señor, amo de todos, vive en un suntuoso palacio separado de ellos. Quindil describe algunos aspectos de la vida social, que es de tipo matriarcal. Mujeres y chicas hilan y ordeñan cabras frente a las tiendas (p. 34), y a pesar de la falta de comida, de la suciedad y la miseria, todos parecen contentos (p. 34). Quindil, que no ha olvidado a Halima, se enamora de Arusa5, una joven desnuda que se parece a Halima y que le hace olvidar sus propósitos de viajar a Gabal. En contra de las costumbres del país de Quindil, el padre se la ha ofrecido al ver que le gusta, los ha deja- 209 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 do a solas en una habitación, y luego han comido todos juntos como una familia. Confuso ante esta situación, le pregunta por la noche al posadero, que se la aclara: Este tipo de relación se practica aquí sin traba alguna. Cuando a una muchacha le gusta un joven, lo llama, a la vista de todo el mundo, con el consentimiento de su familia. Y, cuando se cansa de él, lo deja; pero se queda con los niños, que llevan su apellido (p. 45). Tras consultar sus dudas con el sacerdote de la Luna, Quindil decide casarse con Arusa, pero, como el Señor es el dueño de todos los habitantes, tiene que pedirle permiso a su ujier para comprarla, que se lo deniega, pues necesitan más esclavos para enfrentar el previsto ataque de Haira. El padre de Arusa le propone alquilársela por tres dinares al mes, y Quindil acaba aceptando. Pasan los días felices, sin pensar en viajar, y tienen tres hijos, Ram, Am y Lam, que al final le quitan por intentar convertirlos al Islam, obligándole a marcharse de las tierras de Mashriq (pp. 51, 53-55). El posadero le habla del sistema de gobierno cuando un día Quindil ve un grandioso palacio, que parece ser del rey, no tiene conexión con el resto de las tiendas, está custodiado por un batallón de jinetes armados hasta los dientes, y no se puede visitar (p. 36). Aquí [...] no hay rey. [...] Los territorios del Mashriq se componen de una capital y cuatro ciudades. En cada ciudad hay un “señor” que es el rey. Es el dueño de los pastos, del ganado y de los pastores. Los habitantes son sus esclavos; están sometidos a su voluntad a cambio de sustento y seguridad. Así pues, el palacio que has visto es el del señor de la capital. Él es el más grande y más rico de todos los señores, pero no domina a los otros. Cada señor tiene un ejército de mercenarios que se trae generalmente del desierto (p. 37). Quindil considera extraño este sistema que, con diferencias, le recuerda a las tribus de la Yahiliya y a los señores feudales de su país (p. 37). Y al preguntar cómo se construyó el palacio, si todos los súbditos eran sencillos pastores, le dijo el posadero: “Trajeron a los ingenieros y a los trabajadores de Halba, y lo equiparon con los más bellos muebles y obras de arte, los cuales son el orgullo de la fábricas de Halba” (p. 38). Por ello, los comerciantes de las caravanas “no trataban con los indígenas, sino sólo con los representantes del señor, el dueño del capital, pues era el único comprador y vendedor” (p, 39), mientras en el zoco apenas había unas cuantas tiendas “para vender alimentos y útiles sencillos; peines, espejitos y collares de perlas baratas de bisutería” (p. 40). El posadero le advierte que no puede practicar sus rezos en público, pues se expondría a una situación desagradable (p. 33), y también le habla de su religión: 210 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO 6. Dado que qamar es masculino en árabe, se traduce en masculino, aunque podría traducirse en femenino de acuerdo con su género en español. MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 — Todos los habitantes de Mashriq adoran a la Luna. En la noche de plenilunio, el dios6 se manifiesta en toda su grandeza. La gente corre a los descampados y rodean al sacerdote para rezar, luego practican sus ritos bailando, cantando, bebiendo y amándose… — ¿Y de esta forma se aseguran la perpetuidad en el Paraíso? — No tenemos ni perpetuidad ni paraíso; únicamente el plenilunio (p. 38). La enseñanza se reserva a “los hijos del señor, que aprenden equitación y algo sobre el dios Luna” (p. 38), mientras que los habitantes de Mashriq no reciben ningún tipo de enseñanza. En las fiestas del plenilunio, el sacerdote de la Luna es el sabio que habla a la gente que le rodea de la caducidad de la vida, les exhortaba al bien, y les advierte: Cuidado con la riña, cuidado con el mal. La envidia desgarra el corazón, la voracidad provoca indigestión y trae la enfermedad, la avaricia es una preocupación malsana. Divertíos, jugad, venced las preocupaciones mediante la satisfacción... (p. 40). Quindil había visitado al sacerdote de la Luna para exponerle sus dudas sobre la relación hombre-mujer, que contrastan con lo que ha visto en su país; y le dice este sabio: — La mitad de las catástrofes de los países —por no decir todas— vienen de las trabas que se les imponen a los deseos, pues, si éstos se satisfacen, la vida se convierte en distracción y placer. — En nuestras tierras, Dios nos manda lo contrario [...]. — Sé mucho de vosotros. El matrimonio vuestro, en numerosas ocasiones, conlleva tragedia […]. Nuestra vida es más sencilla y más feliz [...] Nuestro Dios no se inmiscuye en nuestros asuntos (pp. 44-45). Luego, ante las alegaciones de Quindil sobre la igualdad y hermandad que predica el Islam y que se contraponen a los privilegios de la casta gobernante, el sacerdote le replica diciendo que su religión no pretende lo que no se puede aplicar. Y se separan en desacuerdo (p. 48). Quindil piensa que la causa de la miseria de estas tierras tal vez se debe a que es un país idólatra (p. 34). Y, obsesionado con convertir al Islam a Arusa y a su hijo Ram —para paliar su culpabilidad por estar incumpliendo las normas islámicas—, Arusa y su padre se lo reprochan. Poco después Quindil es dete- 211 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 nido por la policía, que le obliga a marcharse de Mashriq sin Arusa y sin sus hijos (pp. 53-55). 2. “TERRITORIOS DE HAIRA” Triste y abatido por la traición sufrida, Quindil continúa su viaje, y tras un mes de travesía por el desierto la caravana entra de noche por las murallas de la ciudad. El jefe de aduanas, por su vestimenta —casco, coraza, espada y vestido corto—, se diría que es hombre del ejército. Les da la bienvenida, anunciándoles que hallarán policías por todas partes a los que preguntar lo que quieran y que, si acatan sus indicaciones, tendrán un buen recuerdo del viaje y se evitarán sinsabores (p. 58). Luego se alojan en la posada para forasteros, un gran edificio de piedra de un solo piso, con una gran entrada y ventanas. En la habitación, de tamaño mediano, hay una cama, elevada una braza sobre el suelo y cubierta con una colcha púrpura, un ropero, un pequeño sofá, un candelabro con una gruesa vela, y una alfombra decorada sobre el suelo. Quindil piensa que ha llegado a una civilización que no tiene comparación con la de Mashriq (p. 58). El dueño de la posada, Ham, va vestido con un manto ligero, le ofrece comida, le pide el precio de su estancia por adelantado —un dinar por noche—, y responde a las preguntas de Quindil sobre las costumbres del lugar (p. 59). La vestimenta que usan depende de su condición, como puede comprobarse con lo que llevan el jefe de aduanas, el posadero o el sabio. La alimentación de Quindil en el desayuno consiste en un plato de cobre con leche, mantequilla, queso, pan y un racimo de uvas (p. 59). El único momento en que se habla de la higiene es al final del capitulo, cuando Quindil sale de la prisión y va a un baño público, donde le afeitan la cabeza y el cuerpo, se lava con agua caliente y se unta cabeza y cuerpo con aceite de pasma para arrancarse los parásitos que había cogido (p. 77). Y el sistema garantiza la medicina sólo para la élite, que financia hospitales que son sólo para ella y sus hijos (p. 65). La ciudad se parece a las del país de Quindil: hay mucha gente y tiene avenidas, jardines, calles, barrios, edificios, casas, escuelas y hospitales, locales para el canto y el baile —cuya inmoralidad escandaliza a Quindil (p. 63)—, y un gran zoco lleno de tiendas con mercancías de todos los países (p. 61). Los barrios ricos son bonitos y tranquilos, sus palacios son auténticos museos y los residentes se trasladan en palanquines. En cambio, en los barrios populares hay chozas, ruinas, atmósfera triste y gente miserable. Como les advierte el jefe de aduanas al llegar, la ciudad está llena de policías cuyas indicaciones hay que acatar (p. 58). El posadero le aclara que “la seguridad ciudadana es constante; ellos vigilan la seguridad del Estado” (p. 61). Quindil también ve un campo cercado en el que cuelgan de postes unas cabezas de 212 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 hombres cuyo delito ha sido “la rebelión contra el Rey-Dios” y que se exponen para reprimir y educar a la población —como en su país— lo que hace pensar a Quindil que son mártires de la justicia y la libertad (p. 62). Quindil observa que la vida social se funda en una fuerte diferencia entre hombre y mujer y entre dos clases sociales: la élite y el resto de la población (pp. 64-65). Y los poderosos se imponen al resto de la gente. El sistema garantiza la enseñanza únicamente para la élite, que es quien financia las escuelas que son sólo para sus hijos. Y el sistema de justicia también obedece a los privilegios de la élite y a los cambios en el poder (p. 65). Cuando Quindil le dice al posadero que viene de tierras del Islam, éste le advierte que allí “sólo se practica la religión de Haira” en la que “Nuestro Dios es el Rey”. Luego va a consultar al sabio de esas tierras, Diznig, que le recibe en su bonita casa rodeada por un jardín lleno de flores y árboles frutales; lleva bonete y manto blancos; se le presenta con humildad, pues para él el único sabio es “el Dios, la fuente de toda sabiduría y gracia” (p. 64), y le explica por qué el Rey es Dios: Él se sienta en el trono, luego se retira a su pabellón ayunando hasta que irradia cierta luz. Entonces sabe que Dios ha entrado en él y que se ha convertido en un Dios adorado. En ese momento empieza su actividad. Lo ve todo con los ojos de un Dios y recibimos de Él la sabiduría eterna en todo. A cambio sólo nos exige fe y obediencia (p. 64). Y tras hablarle del Rey-Dios, el sabio le justifica la división entre la élite y el resto de la población: Nos dirigimos a la élite para potenciar en su alma la fuerza, el dominio y el crecimiento. Para conseguirlo les garantizamos la enseñanza y la medicina. En los demás, en cambio, potenciamos las dotes de la obediencia, la docilidad y la satisfacción. Los conducimos al tesoro espiritual enterrado en las profundidades de cada uno, que se puede conseguir mediante la paciencia, la perseverancia y la paz. Con esta doble filosofía se consigue la felicidad para todos, según la preparación de cada uno. Somos la gente más feliz de la Tierra. [...] Vivir según las indicaciones y la dirección del Dios es la máxima a la que aspira uno para que haya justicia y felicidad (pp. 65-66). Quindil considera todo esto un extravío, aunque cae en la cuenta de que el gobernador de su país se comporta como si fuera un dios (p. 59). Y también se pregunta: “¿Quién es peor, el que pretende ser Dios por ignorancia o el que utiliza el Corán en provecho de sus intereses personales” (p. 66). Por tanto, el sistema de gobierno está liderado por el Rey-Dios, que vive en un gran palacio, erguido en un espacio cercado de palmeras y guardias, como en el país 213 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 de Quindil, con los cuarteles de los guardias a un lado y el oratorio del Rey-Dios en otro. Diznig habla con Quindil del Rey-Dios y de la élite: — [...] Él organiza el ejército, selecciona a los comandantes del mismo y constituye el ejército de la victoria. Nombra entre su sagrada familia a los gobernadores y elige entre los nobles a los jefes para el trabajo agrícola e industrial. El resto de la gente no posee ni santidad ni dotes; por ello realiza trabajos manuales a cambio de sustento. A éstos les suceden inmediatamente los animales. Después de los animales están los vegetales y los minerales. Éste es un sistema sabio y completo que coloca a cada miembro en el lugar que le corresponde, realizándose de este modo completa justicia [...]. —¿Quién posee las tierras y las fábricas? — El Dios. Él es el creador y el dueño. — ¿Y las élites? — Son los dueños por delegación. Las ganancias se reparten a medias entre ellos y el Dios. — ¿Cómo gastan el dinero del Dios? [...] — ¿Acaso un Dios tiene que rendir cuentas de lo que hace? — ¿Entonces quién financia las escuelas y los hospitales? — Las élites por considerar que están destinados a ellas y a sus hijos. ¿Acaso no es esto la suma perfección? (pp. 64-65). El expansionismo del sistema de Haira le lleva a declarar la guerra a las tierras de Mashriq con el pretexto de liberar a los esclavos de sus cinco tiranos, pero la razón real es apoderarse de sus ricos pastos y de los tesoros de sus señores (p. 60). Los comerciantes, aunque temen que suban los precios y los impuestos, piensan que en caso de guerra los beneficios para el comercio siempre son superiores a los perjuicios (p. 60). Una vez conseguida la victoria, vitoreada por los pobres como si fueran a recoger sus frutos, Mashriq se convierte en provincia meridional de Haira. El ejército victorioso regresa con la cabeza de los cinco señores de Mashriq en la punta de sus lanzas; va seguido por un gran batallón de prisioneros maniatados y desnudos entre dos filas de guardias, y al final, por las prisioneras, que serán vendidas como esclavas (pp. 66-67). Tras la conquista de Mashriq, los de Haira se esfuerzan por convertir a los cautivos del culto a la Luna al culto al Rey (p. 60). Y las matanzas, violaciones y destierros o el alza de precios de esa guerra de liberación se justifican porque les llevaría a ser gobernados por un “Dios justo”, lo que le hace pensar a Quindil que lo mismo ocurría con las guerras entre gentes de una misma religión —la islámica— que proclamaba la unidad y la hermandad (p. 60). Quindil ve a Arusa entre las prisioneras y, como van a ser vendidas en el mercado de esclavas, puja por ella y la consigue por treinta dinares. Arusa le cuenta que los 220 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 Hamada le concierta una cita con un sabio llamado Murham al-Halabi (p. 90), que le recibe en una refinada habitación con divanes, sillas y cojines; lleva una ligera aba azul (p. 91). Quindil, tras exponerle sus proyectos de viajar a Gabal en busca de sabiduría, le pregunta sobre la idea básica sobre la que han forjado su vida, y el sabio le contesta: — [...] La hemos forjado nosotros mismos […]. Eso no es mérito de ningún dios. Nuestro primer pensador creyó que el objetivo de la vida es la libertad. De él surgió la primera llamada a la libertad que empezó a propagarse generación tras generación. [...] Por eso considero buena cualquier forma de libertad y mala cualquier restricción. Hemos concebido un sistema que nos ha liberado de la tiranía, hemos sacralizado el trabajo para que nos liberara de la pobreza y hemos desarrollado la ciencia para que nos liberara de la ignorancia… y así sucesivamente…es un camino infinito. [...] El camino de la libertad no ha sido fácil. Lo hemos pagado con sudor y sangre. Éramos prisioneros de la superstición y el despotismo; los pioneros avanzaron y se cortaron cabezas, se desencadenaron rebeliones y se desataron guerras civiles hasta que triunfaron la libertad y la ciencia. Agaché la cabeza manifestando mi admiración, y él siguió criticando los regímenes de los territorios de Mashriq y Haira, burlándose de ellos. Incluso se mofó del de Amán, el cual yo todavía no había visitado. Ni siquiera las tierras del Islam se salvaron del filo de su lengua. Al parecer leyó alguna alteración en mis facciones y se calló; luego dijo, como disculpándose: — ¿No estáis acostumbrados vosotros a la libre opinión? — Hasta cierto punto [...]. — Lo siento, pero tienes que volverlo a pensar todo [...]. — Su territorio no carece de pobres y de marginados. [...] — La libertad es una responsabilidad que no puede asumir más que el que tenga capacidad para ello. No todos los que pertenecen a Halba son dignos de esa independencia. Entre nosotros no hay lugar para los incapacitados. — ¿Es que la compasión no tiene tanto valor como la libertad? [...] — Eso es lo que dicen gentes de diferentes religiones; ellos son los que ayudan a los incapacitados a permanecer. Yo, en cambio, no encuentro sentido alguno a palabras como compasión o justicia. Primero tenemos que ponernos de acuerdo en quién se merece la compasión y quién se merece la justicia. — En eso difiero absolutamente. — Ya lo sé. — ¿Está a favor de la guerra? — Sí, si promete más libertad. No tengo la menor duda de que nuestra victoria sobre Haira y Amán es el mejor seguro para la felicidad de sus respectivos pueblos. [...] — ¿A qué religión pertenece usted, sabio Murham? [...] — A una religión cuyo dios es la razón y su profeta, la libertad” (pp. 92-94). 221 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 Al final de su estancia en Halba, Arusa aparece un día por sorpresa frente a su tienda y le cuenta que, tras un año de sufrimiento al llegar a Halba, se había casado hacía dos con un budista honrado y correcto y había abrazado su religión; no tenían hijos y proyectaban viajar a Amán, a Galal y luego a la India; y se despiden deseándose lo mejor (pp. 102-103). Ese encuentro casual, que le cuenta a Samia, reaviva los rescoldos de su antiguo amor, pero sobre todo despierta de nuevo su deseo de viajar. Samia lo acepta, y quedan en que a su vuelta de Gabal le acompañará a su país con los niños y que luego regresarán a Halba. Y al cabo de un año, en que encarga a su suegro de que le sustituya en el negocio, Quindil reanuda su viaje, dejando a Samia embarazada de su cuarto hijo (p. 104). 4. “TIERRAS DE AMÁN” Después de prometer a Samia que volverá a buscarla a ella y a sus hijos para viajar a su país y publicar el libro de su viaje, Quindil se une a una caravana que parte en dirección a las tierras de Amán. Y tras una travesía de varias semanas por un nuevo desierto, llegan ante las murallas de la ciudad en la que entran de noche. El funcionario de aduanas es un hombre de voz tosca, que les recibe en el portalón de las murallas rodeado por otros que portan antorchas, y les da la bienvenida “al país de la justicia absoluta” (p. 106). Un guía lleva a los comerciantes al centro comercial y a los viajeros a un centro de viajes. Quindil, en vez de ir directamente a la posada, es conducido a una pequeña casa estatal, limpia, de sólida construcción y custodiada por guardias armados; allí, en una habitación alumbrada por antorchas, un funcionario le pregunta su edad, nombre, dinero que lleva, fecha de iniciación del viaje y objetivos, y le anuncia que sólo podrá quedarse 10 días, a menos que curse una petición para quedarse más tiempo, que ellos podrán aceptar o no. Finalmente le asignan “un compañero constante”, un guía del centro de viajes llamado Fluka, que ha de estar siempre con él de forma obligatoria pues, como dice el funcionario, “¡Es el método idóneo para el bien de los forasteros!” (p. 107). De camino a la posada, Fluka marcha a su lado en silencio, lo que le quita a Quindil la sensación de aventura y libertad. La posada para forasteros es grande y majestuosa, y tan maravillosa como la de Halba. Sin embargo, la limpia habitación es más reducida y sencilla, aunque no le falta ninguna comodidad. Para sorpresa de Quindil, hay dos camas, una de ellas para que Fluka duerma en la misma habitación, pues es la norma del país (p. 107). Como tampoco podrá gozar de libertad ni siquiera en su cuarto de baño, Quindil piensa en cancelar el viaje, pero no hay otra caravana antes de diez días. Al verlo tan contrariado, Fluka le dice: “Aquí todo es nuevo, por eso resulta extraño. Así que es mejor que olvides tus viejas costumbres” (p. 108). Al dueño de la posada no se le menciona. 222 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 Respecto a la vestimenta, Quindil observa que tanto el funcionario de la aduana como el guía Fluka visten igual: una especie de jubón corto a modo de chaqueta, un vestido hasta las rodillas, sandalias y un gorro en forma de casco de lino o algodón (p. 107); y para dormir, Fluka se pone una especie de chilaba (p. 108). Por otro lado, observa que cada grupo de personas lleva un uniforme sencillo, como si fuera una patrulla militar (p. 111). En cuanto a la alimentación, dice que en una pequeña mesa del comedor de la posada desayunan leche, galletas, huevos y mermelada, todo excelente en calidad y cantidad; y cuando rechaza el vino, obligatorio, Fluka le dice que muchos musulmanes lo beben, y le pregunta: “¿Crees de verdad que a tu dios le importa que tomes vino o que lo dejes?” (p. 108). Pero al ver la cara de disgusto de Quidil, se excusa cortésmente. En la posada también comen a mediodía pinchitos, coliflor, pan y manzanas (p. 111). Fluka achaca parte de la longevidad de las gentes de Amán a su alimentación a base de productos originarios y a su practica de deporte durante la vida laboral (p. 110), pero Quindil observa que el Presidente y la élite son más gordos que los súbditos, y se convence de que aquéllos gozan de una dieta alimenticia distinta a la del pueblo (p. 116). En cuanto a la higiene siente que la habitación de la posada está muy limpia (p. 107), al igual que el conjunto de la ciudad (p. 109). Y sobre la medicina, sólo señala que visitan grandes centros de medicina (p. 112). Su primera sensación al visitar con Fluka la ciudad es la de vacío, pues la plaza y las calles están desiertas: “Era una ciudad vacía, abandonada, muerta. Excelente en lo referente a limpieza, enormes edificios y altos árboles, pero sin rastro de vida” (p. 109). Pero Fluka le explica que todos están trabajando. Sin embargo, la arquitectura de la ciudad no tiene nada que envidiar a la de Halba. Tras cruzar un gran puente sobre un ancho río, llegan a un amplísimo jardín destinado a los ancianos, con gran variedad de árboles y flores y un lago artificial (p. 110). Luego visitan el jardín destinado a los niños, separado del parque de los ancianos por una plaza muy extensa (p. 110). Y al atardecer visitan una gran plaza que se llena de gente que va presurosa hacia sus casas (p. 112). Al día siguiente visitan fábricas, comercios y centros de enseñanza y medicina, grandes, ordenados y disciplinados, que nada tienen que envidiar a los de su tierra o los de Halba, pero a Quindil le intranquilizan la consternación, la dureza y la frialdad que reina en las caras de sus gentes. También visitan una gran fortaleza, en la que había tenido lugar, tras una larga y dura guerra civil, la gran batalla en la que el pueblo había derrotado al rey tirano. Luego visitan un gran edificio, que parece un santuario, donde se había juzgado y condenado a muerte a los enemigos del pueblo, que eran, como le explica Fluka, los dueños de la tierra, los propietarios de las fábricas y los gobernadores tiranos (pp. 112-113). Y el día en que se celebra la fiesta de la victoria sobre el rey tirano, acuden al palacio en que se celebra: 223 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 la mencionada fortaleza, elevada, de soberbia arquitectura, con una gran plaza delante, capaz de albergar a miles de personas (p. 115). Quindil observa su vida social y la relación hombre-mujer, comprobando que, durante el día, hombres y mujeres están trabajando en sus respectivos lugares, mientras ancianos y niños pasan el día en parques especiales para ellos. Fluka le explica la importancia del trabajo en su sociedad: — Todo el mundo trabaja. No hay parados. No hay ninguna mujer que no trabaje. A los ancianos y a los niños, ya los verás en sus parques [...]. — Halba palpita de dinamismo. Sin embargo, sus calles están siempre repletas de gente. [...] — Nuestro sistema no tiene parangón. Cada individuo se prepara para un trabajo, después lo ejerce. Cada uno recibe el sueldo que merece. Es el único país del mundo en el que no hay ni ricos ni pobres. Ningún otro país ha podido realizar ni siquiera una parte de la justicia social que hay aquí… […] Mira: todos son edificios altos y parecidos. No hay posadas ni casas bajas ni edificios medianos. La diferencia entre sueldos es mínima; todos están equiparados, a menos que el trabajo los distinga. El sueldo mínimo es suficiente para cubrir las necesidades del hombre honrado en lo referente a alojamiento, comida, ropa, educación y también diversiones (p. 109). Los ancianos —los que “han rebasado la edad del dinamismo y del trabajo” (p. 110), como dice Fluka— pasan el día en un parque especial para ellos. Hay uno de esos parques en cada ciudad de Amán. Allí están ancianos de ambos sexos, que disponen de sitios para pasear, campos de deporte ligero y lugares para la fiesta y el baile. Quindil contempla a una pareja de viudos recién casados que pasan su luna de miel al borde de un lago artificial, con los pies en el agua. Y cuando observa que muchos ancianos sobrepasan los ochenta años, Fluka le explica que esa longevidad se debe a la alimentación con productos originarios, a la carencia de lujos y a la práctica del deporte a determinadas horas dentro del horario de trabajo (p. 110). Quindil piensa que es “un buen sistema y una protección humana que no había encontrado en los países anteriores” (p. 110). También hay un jardín infantil, repleto de niños de diferentes edades, con campos y pabellones para la enseñanza y la educación, educadores y educadoras (pp. 110-111). Y conversa sobre el tema con Fluka: — ¿Es para la diversión o para la enseñanza? [...] — Para ambas cosas. Aquí descubrimos los distintos talentos. A cada uno se le educa según sus dotes y para el destino que se le marca. Los educadores y educadoras sustituyen a los padres y a las madres, los cuales están sumidos en sus trabajos. — Pero no hay nada que pueda sustituir el cariño paternal [...]. — Eso son sentencias y refranes que ya no tienen sentido en las tierras de Amán (p. 111). 224 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 Al atardecer la vacía ciudad cambia completamente, pues la gente empieza a salir a las calles, y se dice Quindil: “la puesta de sol es la hora de la resurrección” (p. 111). Casi uniformados, caminan en orden pero precipitadamente hacia sus casas, con caras serias y cansadas, sin agitación ni diversión, que dejan en Quindil “una imagen concreta de igualdad, orden y seriedad” (p. 111) que le produce tanto admiración como inquietud. Fluka le comenta que sólo las noches del fin de semana cobran vida los lugares de diversión. Y lo comprueba cuando ambos pasan una noche en un local de la posaba donde puede encontrar bebida, baile y cuanto pueda desear: Quindil asiste allí a un baile extraño, un canto nuevo y algunos juegos de magia, aunque se diferencian poco de los de Halba (p. 112). Más tarde acude con Fluka a un gran circo lleno de gente, en que asisten a diferentes tipos de juegos, canto y baile, alegres y divertidos. Y por la noche hay mucha gente ebria deambulando por la ciudad (p. 118). También es de descanso el día de la victoria, en que la ciudad aparece viva y calida toda la jornada. La fiesta se celebra en el gran palacio. Miles de personas se congregan en la plaza que hay ante él, de pie, en filas ordenadas sobre el trazado del círculo, con rostros sonrientes y llenos de curiosidad, frente a la hosquedad de los días ordinarios. Son personas fuertes y delgadas, con vestidos, color y peso similares, dando sensación de igualdad, que proporciona a la vez una tranquilidad arraigada y cierta apatía. La trompeta anuncia el inicio de la celebración: procesión de portadores de rosas, filas de muchachas rebosantes de juventud, canto de un himno lleno de fuerza y belleza inspirado en sus cálidos recuerdos comunes, y muchos aplausos; luego llega el Presidente seguido de un grupo de la élite, todos ellos más gordos que el resto de la gente, y pasan cerca de la multitud intercambiando saludos. Y desde una tribuna, el Presidente habla al pueblo de su revolución y de lo que ha hecho por el pueblo durante su vida. El entusiasmo y la esperanza que les dominan le hace pensar a Quindil que es una nación unida, con un mensaje que no carece de cierta convicción, a pesar de que su felicidad se ve alterada (pp. 115-117). Quindil y Fluka hablan sobre el sistema de gobierno, que a Quindil le recuerda al sistema del califato en tierras del Islam: — Tenemos un Presidente electo; lo elige la élite que hizo la revolución, la cual representa a los más destacados de todas las regiones: sabios, filósofos, industriales, agricultores, hombres del ejército y del orden. Luego ejerce sus funciones de por vida. Sin embargo, es sustituible en caso de corrupción. [...] — ¿Cuáles son sus competencias? — Controla el ejército, las fuerzas del orden, la agricultura, la industria, la ciencia y el arte. Para nosotros, el Estado es el dueño de todo. Los súbditos son funcionarios que traba- 225 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 jan cada uno en su especialidad. No hay distinción alguna entre el barrendero y el Presidente. — ¿No le ayuda nadie? — Sus consejeros y la élite que lo eligió; pero él es el que tiene la última palabra. Por eso estamos a salvo de la anarquía y de la inseguridad. [...] — ¿Pero no es demasiado fuerte como para que le pidan cuentas si se corrompe? [...] — ¡La ley aquí es sagrada! [...] Fíjate en la naturaleza: su base es la ley y el orden, no la libertad. — Sin embargo, el ser humano, entre todas las criaturas, siempre aspira a la libertad... — Ésa es la llamada del deseo y de la fantasía. Cuando descubrimos que el ser humano no se tranquiliza sino con justicia, hicimos de ella la base del Estado y pusimos la libertad bajo vigilancia (p. 114). Y mientras están presenciando la fiesta de la victoria, Quindil se imagina cómo le explicaría Fluka la diferencia física entre las multitudes y el presidente y la élite: Me diría que el sistema de Amán concede ciertos privilegios a algunos en razón de sus méritos científicos y profesionales: es natural que estuvieran a la cabeza el Presidente elec- to y sus colaboradores, y que estos privilegios se concedan con condiciones restrictivas que no permiten que haya una auténtica diferencia de clases, y por motivos racionales que nada tienen que ver con los privilegios de las familias, tribus y clases en otras sociedades dominadas por la injusticia y la corrupción. La verdad es que eso no me pareció una trasgresión a la justicia dominante en el territorio de Amán” (p. 117). Estos pensamientos le llevan a criticar la exagerada diferencia de clases de las tierras del Islam. Y al observar que tanto Halba como Amán se han propuesto su objetivo y lo han realizado, constata que “las tierras del Islam anuncian un objetivo y realizan otro con desenfreno y descaro, sin rendir cuentas a nadie” (p. 117). Pero al final del festejo aparecen jinetes con lanzas en las que están clavadas cabezas humanas, algo que Fluka justifica en que son de traidores rebeldes: — [...] Es una necesidad irremediable. Nuestro sistema nos obliga a que nadie se entrometa en lo que no le concierne y a que cada cual se dedique a lo suyo. El ingeniero no debe parlotear de medicina y el empleado no debe meterse en los asuntos del agricultor; a ninguno le concierne ni la política interior ni la exterior. Y a quien se rebele contra eso le ocurrirá lo que has visto. Comprendí que la libertad individual conlleva cadena perpetua en estas tierras. Me invadió una fuerte melancolía y me irritó Fluka por su fanática convicción en lo que decía (p. 118). El tema de la religión sale a colación tras explicarle Fluka su sistema de gobierno, en que la libertad está bajo vigilancia. Y le pregunta Quindil: 226 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 — ¿Eso es lo que manda vuestra religión? — Nosotros adoramos a la tierra en tanto que creadora de la especie humana y reserva de sus necesidades… — ¿La tierra? — Ella no nos comunica nada, pero ha creado para nosotros la razón, y con ella se puede prescindir de todo lo demás. [...] Nuestro territorio es el único en el que no hay fantasías ni supersticiones. [...] Pedí perdón a Dios larga y silenciosamente. Se puede encontrar alguna razón para la idolatría de Mashriq o de Haira, pero ¿cómo es posible que un país como Amán, con una civilización tan espléndida, adore a la tierra? ¿Y cómo confiere su trono a un hombre, y lo toma por un rey-dios? Es un país misterioso. Me suscitó un interés y una repugnancia desmedidos; sin embargo, me dolía aún más el estado actual del Islam en mi país, pues la tiranía del califa no se queda atrás, comparada con la del Gobernador de Amán, y practica la corrupción de forma manifiesta. Incluso la propia religión está desgarrada por las supersticiones y las falsedades. Y a la nación la han devorado la ignorancia, la miseria y la enfermedad (p. 115). Al sabio, en esta ocasión, no podrá visitarlo para que le proporcione la información que necesita del país, pues Fluka le dice que todos están ocupados en sus tareas, pero que él puede proporcionarle toda la información que quiera, como viene haciendo a lo largo de su estancia (p. 113). Y al final del día de la fiesta, Fruka le pregunta a Quindil: — ¿Crees que la vida en tu primera y en tu segunda patria [tierras del Islam y Halba] son mejores que en Amán? [...] — Deja mi primera patria, pues sus habitantes han traicionado su religión. — Si un sistema no contiene los medios suficientes para garantizar su aplicabilidad, no merece la existencia. [...] — Aún no hemos perdido la esperanza. — Entonces ¿a qué viene el viaje a las tierras de Gábal? — La sabiduría, la luz... — Es un mero viaje a la nada —replicó con ironía (p. 119). Al final de su estancia en las tierras de Amán se propagan rumores de guerra entre Halba y Amán por le derogación de la cesión de las fuentes de agua. Quindil, que está inquieto pensando en Samia y sus hijos, le pregunta si se va a declarar la guerra, a lo que Fluka le contesta con frialdad: “Estamos perfectamente preparados” (p. 119). Y al despedirse de su guía para partir hacia las tierras de Gurub, éste le dice al oído que se ha declarado la guerra entre Halba y Amán (p. 120). 227 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 5. “TIERRAS DE GURUB” Pasados los 10 días de su estancia en Amán, en los que se entera de que a Arusa se le ha muerto el marido allí y que ha proseguido el viaje hacia Gurub, se une a la caravana que parte hacia esas tierras, preocupado por su familia de Halba. Tras un mes de travesía por un desierto con gacelas, llegan de noche a la frontera, pero no hay murallas ni delegado de aduanas (p. 121): sólo una voz les comunica que han llegado a las tierras de Gurub, y es el jefe de la caravana el que les dice que es “una tierra sin guardianes” y que pueden entrar en paz (p. 121). Tampoco hay posada para forasteros. Al preguntar Quindil cómo podría llegar a la posada, el jefe de la caravana le dice que le responderá la luz del día. Al amanecer, pregunta dónde puede dejar su equipaje, y el jefe de la caravana le indica que lo deje donde está y que puede ir y venir tranquilo. Quindil elige un lugar del bosque cercano a una fuente para dejar el equipaje (p. 122). En cuanto a la vestimenta, al llegar Quindil va vestido con una chilaba, bajo la que se ata el cinturón en que había anudado sus dinares (p. 122). Luego deja el dinero y se pone sólo un taparrabos como los demás. La alimentación la obtiene recogiendo frutas caídas por el suelo y come hasta hartarse (p. 123).Y nada se menciona de la higiene y la medicina. Tampoco halla una ciudad. En Gurub, Quindil sólo ve un bosque ilimitado, sin ningún edificio, cabaña, casa o posada, y sin gente (p. 121). Es una tierra cuajada de hierba, con palmeras, árboles frutales, fuentes y lagos (p. 122), una especie de jardín paradisíaco. Y tampoco puede describir al principio su vida social pues al llegar no ve gente. Luego encuentra a una persona de mediana edad que parece muda, ciega o dormida, pues no contesta a ninguna de sus preguntas. Después va encontrando a otros hombres y mujeres en el mismo estado, y llega a la conclusión de que es un “paraíso sin gente” o “un paraíso de ausentes” (p. 123). Y respecto al sistema de gobierno, en esas tierras no hay ni guardianes ni gobernador, como le diría luego un anciano a Quindil. Al preguntar por el sabio del lugar, el jefe de la caravana le dice que hay un anciano en el bosque a quien acude quien quiere. Quindil camina por el bosque al día siguiente hasta que oye un canto colectivo, procedente de un grupo de hombres y mujeres —entre los que no está Arusa— sentados en el suelo en forma de media luna y rodeando a un anciano decrépito que, sentado sobre un frondoso árbol y con sólo un taparrabos, es como si les estuviera enseñando a cantar. Al terminar el canto, todos se marchan tranquilamente (pp. 123-124). Entonces, Quindil se presenta al anciano, y al mirarle éste con sus límpidos ojos, Quindil siente que existe y se le disipa la soledad. Luego entablan conversación: 228 CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 — Soy un viajero que va de país en país en busca de la sabiduría. — Dejaste tu país en busca de la sabiduría. No obstante, has caminado al lado del objetivo muchas veces, y has gastado un tiempo precioso en la oscuridad. Tu corazón está desgarrado por una mujer que dejaste atrás y otra a la que te afanas en buscar. […] — ¿Cómo consigue saber lo oculto? [...] — Aquí todos hacen eso y más. [...] — ¿Es usted el Gobernador de estas tierras? — Estas tierras no tienen Gobernador. Yo no soy más que un sencillo maestro de los perplejos. [...] — ¿Por qué no contestan al saludo ni escuchan las palabras? — Su vida aquí es conforme a la verdad y distinta de la de los demás. — Parece que están absortos. — Aguantan con paciencia la amargura de la desgracia para conseguir la dulzura del secreto. [...] — ¿Y qué quieren conseguir con eso? — Son emigrantes de todas las partes del mundo. Vienen rehusando los ambientes corruptos y preparándose para el viaje a las tierras de Gabal. [...] — Entonces encontraré compañero en mi último viaje. [...] — Tienes que prepararte como ellos. — ¿Cuánto tiempo se necesita para eso? — Depende de la capacidad de cada uno. Puede que a alguien se le desvanezca la voluntad; en ese caso se le aconseja quedarse en Gurub. [...] — ¿Y si se empeña en viajar? — Es de temer que allí se portarían con él como si fuera un animal mudo. [...] — ¿Y cómo los prepara para el viaje? — Todo depende de ellos. Los preparo con el canto para allanar el camino. No obstante, tienen que extraer de sí mismos su fuerza implícita. [...] Significa que cada ser humano tiene enterrados dentro de sí mismo unos tesoros que debe desenterrar, especialmente si desea viajar a las tierras de Gabal. — ¿Y qué tiene que ver eso con las tierras de Gabal? [...] — Allí basan sus vidas en estos tesoros, no utilizan ni los sentidos ni los miembros del cuerpo. [...] — ¿Y cómo sabré que lo he conseguido? — Cuando puedas volar sin alas (pp. 124-126). Quindil cree que el sabio le habla en lenguaje metafórico, pero el anciano le dice que en Gabal han conseguido la plenitud basándose en esa fuerza, y que allí se olvidará de todo. Sin embargo, Quindil insiste en que debe volver a su país, pues éste necesita de los conocimientos que ha adquirido, a lo que el anciano le espeta: 229 LA COSMOVISIÓN DE NAGUIB MAHFUZ EN SU NOVELA VIAJE DEL HIJO DE FATTUMA 7. Esta descripción de la capital de las tierras de Gabal recuerda a la mítica Iram la de las Columnas (Iram d ~ t al-‘Im ~ d) que, según las leyendas, es una maravillosa ciudad que quedó enterrada en la arena. A la vez, esta ciudad suele ser la imagen del paraíso (“Iram”. E.I, vol. III, p. 1303). Por ejemplo, en el poema “En el camino de Iram” (‘Alà . tar § q Iram), el poeta mah í arí Nas§b ‘Ar§. da resume su experiencia de la vida y el recorrido simbólico del hombre desde la cuna a la sepultura, usando como marco el mito árabe de Iram. Para llegar a esta ciudad, que está en lo alto de una gran montaña, hay que atravesar un gran desierto; y la meta de ese recorrido es “alcanzar el conocimiento, la perfección y la felicidad espiritual”. Cfr. Clara Mª Thomas. “Nas§b ‘Ar§. da, poeta de la desolación y el exilio”. Idearabia, 3 (2002), pp. 60-62. MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM [0544-408X] 63 (2014), 205-231 — Eres un desertor. Justificas con el viaje tu huida de la responsabilidad. Nadie ha viajado allí hasta después de haber cumplido con su deber. Hay quienes han pasado los mejores años de su vida en la cárcel por defender sus ideas, no por una mujer —afirmó irritado. — Estuve solo en medio de la tiranía —protesté angustiado. — ¡Ése es un pretexto de cobardes! (pp. 126-127). Tras informarle el anciano de que Arusa había ido a Gabal y que su experiencia había salido bien gracias a todo lo que había sufrido, Quindil se convierte en un fiel seguidor del anciano y acude a sus clases con los demás, dejando sus dinares en la caravana que parte de regreso. El anciano les induce a concentrarse para introducirse en sí mismos, clave de los tesoros escondidos, a amar el trabajo sin esperar recompensa o fruto para consolidar el amor entre ellos y la esencia de la existencia, y a cantar, que es una fuente de fuerza. Quindil sigue sus enseñanzas, pensando en curar todas las desviaciones de su patria (pp. 127-128). Pero, cuando aún no han terminado su preparación, las tierras de Gurub son invadidas por el ejército de Amán, para prevenir que lo conquiste Halba y los cerque. Entonces les dan a elegir entre quedarse como prisioneros o marcharse, y todos deciden marchar hacia las tierras de Gabal (pp. 128-129). 6. “TIERRAS DE GABAL” La caravana parte al alba, sin comerciantes. Y tras una larga y tortuosa travesía por desiertos, desfiladeros y montañas, llegan a la vista de las tierras de Gábal: se ve a lo lejos una montaña en cuya cima aparece una ciudad, elevada y amplia, con enormes cúpulas y construcciones que manifiestan grandeza y sublimidad (pp. 131-132)7. Pero les separa de ella un desierto infinito, por el que viajan durante semanas hasta un punto en que la caravana ya no puede seguir, porque el camino es demasiado estrecho, de modo que deben seguir a pie. Pensando en las dificultades de la subida y en las que encontraría para regresar a causa de la guerra, Quindil confía al jefe de la caravana el manuscrito en que ha descrito las vivencias de su viaje para que se lo lleve a su madre o al secretario de Dar al-Hikma. Y, decidido a escribir otro cuaderno sobre Gábal si logra llegar allí, emprende con los demás su última aventura (p. 133).