Conrad, Barnaby : Matador , seguido del relato inédito Cayetano el Perfecto , Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 250 páginas. [Reseña]
Full text
Re is a de Es udios Tau inos
N.º 24, Se illa, 2008, págs. 337-340
Fig. n.º 15.- Con ad, Ba naby (2007): Ma ado , seguido del ela o inédi o
Caye ano el Pe ec o, Se illa, Fundación José Manuel La a, 250 páginas.
T aducción de Sil ia Ba be o. In oducción de Albe o González T oyano.
Posiblemen e la mejo ecensión de es a nue a edición de la
céleb e no ela de Ba naby Con ad hubiese sido la ep oduc-
ción pun o po pun o del excelen e p ólogo de Albe o
González T oyano. Ahí se encuen a un b e e apun e de la biog a ía
del au o (un cali o niano enamo ado de España que u o ocasión de
ecuen a los ambien es au inos du an e algunos de los años de su
ida asende eada y a en u e a, econs uida ecien emen e po
Sal ado Gu ié ez Solís), pe o sob e odo un pe ec o análisis de la
calidad li e a ia de la ob a y, aún más, del con ex o en que su gie on
an o la mi i icación de la igu a de Manole e como la p opia no ela,
que oma su a gumen o di ec amen e de la ida del o e o.
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El lib o o ece, además de es a e elado a in oducción,
una nue a, y muy co ec a, aducción de la no ela hecha po
Sil ia Ba be o, una sue e de epílogo esc i o po el au o con
mo i o de la conmemo ación del cuad agésimo ani e sa io de la
mue e del dies o, un ela o inédi o en cas ellano y, como ilus-
ación, los e ocado es dibujos que el p opio no elis a ealiza a
pa a la p ime a edición es adounidense.
Aunque la ciencia his o iog á ica ha supe ado, y de lejos,
las limi aciones que en el e eno biog á ico el p ologuis a le
a ibuye, has a el pun o de habe se con e ido sin duda en el
mejo mé odo de ap oximación a la e dad ín ima de los pe -
sonajes indi iduales, la icción con ondo his ó ico siemp e
pod á cumpli la unción de ellena los acíos que la docu-
men ación ha podido deja , de a oja luz sob e los segmen os
oscu os del alma de sus p o agonis as, de p o undiza en la psi-
cología de sus hé oes y, inalmen e, de c ea una ealidad poé-
ica pa alela que ascienda la ealidad apa en e y que des ele
las dimensiones ocul as de la his o ia que escapan a los análi-
sis con encionales.
Sin emba go, hay que deci que no es es e el caso de la no e-
la de Ba naby Con ad. Como muy dice Albe o González T oyano,
la no ela no nos ayuda mucho a comp ende la pesadumb e que
agobia las ho as úl imas del o e o ni ampoco el papel que Lupe
Sino jugó en su ida, posiblemen e po que el pe sonaje li e a io
adqui ió esa au onomía que ce i ica on, en e o os, Miguel de
Unamuno o Luigi Pi andello, y se quiso inco po a po su p opia
cuen a al pan eón de los hé oes que po aquellos años es aban
alumb ando algunos esc i o es es adounidenses, como E nes
Hemingway o F ancis Sco Fi zge ald.
Pues, en e ec o, el p o agonis a se aleja de lo que hoy
sabemos y de lo que siemp e in uimos ace ca de Manole e. No
con encen ni la obsesi a p esencia del miedo (que alcanza co as
pa ológicas a lo la go de las sie e ho as en que se desa olla la
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acción), ni ampoco la insis encia en el papel del alcohol como
medio pa a comba i los demonios in e io es (que igualmen e se
lle a al ex emo de la monumen al bo ache a del dies o en los
momen os inmedia amen e an e io es a su ci a en la
Maes anza), ni ampoco la ca ac e ización de Soco o (la con-
a igu a de Lupe Sino) como emme a ale, más den o de los
ipos al uso en la li e a u a au ina de co e omán ico que llega
has a p incipios del siglo XX o en las na aciones de se ie neg a
de Raymond Chandle y sus con empo áneos. Desde luego, no
es po ahi po donde halla emos las cla es pa a llega a los com-
plejos en esijos psicológicos del g an o e o co dobés.
De es e modo, el lib o de Ba naby Con ad debe lee se
como una no ela y no como un in en o de pene a en el alma de
Manole e, po mucho que es a opción (la única posible) se ea
di icul ada po la iden i icación de sus pe sonajes con los pe so-
najes eales de aquel d ama (me amen e ex e na, pues o que se
han alejado del o iginal po olun ad p opia), po la coexis encia
jun o a las igu as disimuladas de o as eales sin es idu as de
camu laje (especialmen e Juan Belmon e), po la p esen ación
de elemen os de dominio común bajo dis aces e bales econo-
cibles a p ime a is a (como la sue e de la «paco ina», que no
quie e encub i la manole ina) y po la in oducción en la icción
de elemen os documen ales, como la mue e del maes o, cuyas
úl imas palab as se ansmi en con igu osa idelidad y quizás
po ello con ie en al episodio en uno de los más emo i os de
oda la no ela.
De es e modo, si pasamos a conside a el ex o como una
no ela inspi ada, di ec a pe o epidé micamen e, en la ida de
Manole e, el análisis puede despoja se de la ab umado a ca ga
me ali e a ia que la ciñe ine i ablemen e y a a de cen a se en
la c í ica de una na ación que conse a sus alo es cincuen a y
cinco años después de la p ime a edición en Es ados Unidos.
Desde es e pun o de is a, debe des aca se como una de sus p in-
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cipales y más log adas apo aciones la ec eación del ambien e
au ino español (y, más conc e amen e, se illano) de los años
cua en a, den o de una la ga adición cos umb is a que aquí se
adoba con el pe ec o conocimien o que el au o posee an o del
en o no que odea una a de de ies a como de odo el complica-
do i ual de una co ida, aunque la p olijidad en la desc ipción de
es os aspec os se explique en buena medida a endiendo a que el
público es adounidense iba a se el p ime ecep o de una ob a
que colmaba la ape encia po los mundos exó icos sen ida en
aquellos años pos e io es al in de la segunda gue a mundial, lo
que ayuda a comp ende su inmedia o éxi o popula .
Igualmen e, o os alo es ue on sin duda los más ap ecia-
dos po pe sonalidades del mundo de las le as de la alla de John
S einbeck o William Faulkne . Aquí, hay que menciona la c ea-
ción de un hé oe ágico que debe en en a se a solas con su
angus ia, la ambigüedad con e ida a la muje y a la pasión amo-
osa en su ida, la exal ación de la alen ía a onil y del sac i i-
cio po el econocimien o público y la inmo alidad de la ama,
la esolución inal del d ama po el pode ca á ico de la mue e
as una ce emonia que puede anega en un ins an e sup emo
odas las bajezas co idianas.
Vale la pena, po an o, ol e a lee la no ela de Con ad
Ba naby (y ambién descub i el ela o anexo, que epi e el a gu-
men o cen al de la no ela con una a iable inespe ada como es
el ien o), aunque más como un p oduc o li e a io que como una
ía a la indagación en la pe sonalidad de Manuel Rod íguez
Sánchez, Manole e, el g an o e o de Có doba inmo alizado po
su a e, mi i icado po las necesidades de la «España desolada»
de la posgue a y glo i icado po su mue e en e las as as de un
o o en la plaza de Lina es el 28 de agos o de 1947.
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