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Modelos idiomáticos y prescriptivismo. El caso del andaluz

Méndez García de Paredes, Elena

Abstract

El peso de una larga tradición de codificación del español ha influido en sus usos “ejemplares”, pues ha ido conformando un tipo de lengua, un estándar, asociado al concepto de “lengua culta”. Esto explica que dicho estándar actúe como superestrato nivelador de variedades internas de la lengua que convergen hacia él, al tiempo que ha servido también para marcar los usos regionales como disidencias (lo “no estándar” o “subestándar” suele, querámoslo o no, adquirir connotaciones asociadas a lo “incorrecto” o a lo “vulgar”). El carácter panhispánico, más en consonancia con un ideal de lengua pluricéntrico, de los nuevos procesos de codificación del español obliga a establecer nuevas relaciones y referencias de las variedades con respecto a lo codificado como estándar y esto puede plantear problemas prácticos. En el caso del andaluz, por ejemplo, con la pretensión de normalizar unos determinados usos regionales para que funcionen como “norma culta del andaluz”.

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Modelos idiomáticos y prescriptivismo. El caso del andaluz Elena Méndez García de Paredes Universidad de Sevilla. Facultad de Comunicación Américo Vespucio s/n, 41092 Sevilla [email protected] Resumen El peso de una larga tradición de codificación del español ha influido en sus usos “ejemplares”, pues ha ido conformando un tipo de lengua, un estándar, asociado al concepto de “lengua culta”. Esto explica que dicho estándar actúe como superestrato nivelador de variedades internas de la lengua que convergen hacia él, al tiempo que ha servido también para marcar los usos regionales como disidencias (lo “no estándar” o “subestándar” suele, querámoslo o no, adquirir connotaciones asociadas a lo “incorrecto” o a lo “vulgar”). El carácter panhispánico, más en consonancia con un ideal de lengua pluricéntrico, de los nuevos procesos de codificación del español obliga a establecer nuevas relaciones y referencias de las variedades con respecto a lo codificado como estándar y esto puede plantear problemas prácticos. En el caso del andaluz, por ejemplo, con la pretensión de normalizar unos determinados usos regionales para que funcionen como “norma culta del andaluz”. Palabras clave: Andaluz, norma lingüística, codificación y estandarización de la lengua, variedades del español, norma panhispánica, pluricentrismo. Abstract The weight of a long encoding tradition of the Spanish language has influenced its “exemplary” uses: a type of language, a standard has been constructed, linked to the concept of "educated language”. This explains that such a standard acts as a “superstratus” which levels the internal varieties of the language that converge towards it. At the same time it has helped marking the regional uses as dissidences (the “non standard” or “substandard”, wether we want it or not, usually acquires connotations linked to the "incorrect" or "vulgar"). The panhispanic character of the new encoding processes of the Spanish language makes it compulsory to establish new relationships between the varieties and the pluricentrical standard, thus generating practical problems. In the case of Andalusian, for example, the problems arise from the intention of normalizing specific regional uses to make them work as “educated andalusian standard”. Keywords: Linguistic standard, language encoding and standardization, Spanish varieties, panhispanic standard, pluricentrism. Résumé Les uses exemplaires de l’espagnol ont subi l’influence d’une longue tradition de codification parce qui’ils ont conformé une langue standard associé au concept de « langue culte ». Cet ainsi que cet standard peut agir comme un superstrate que produit la nivelage des variétés internes de la langue dans laquelle y convergent. Le standard a permit a son tour marquer certes uses régionaux. Puisque les derniers procès de codification de l’espagnol indiquent un idéal de langue dit pluricentrique et permettent parler de son caractère panhispanique, il faudra établir les nouvelles relations que se produisent parmi les différentes variétés et en plus, les codifications conçues comme standard. Á propos de ces problèmes, la variété de l’espagnol parlé au sud de l’Espagne (surtout dans l’Andalousie) c’est un cas très riche en beaucoup des aspects, que nous allons considérer. Mots clés: Andalou, norme linguistique, codification et standardisation de la langue, varietés de l’espagnol, norme panhispanique, pluscentrisme. Tabla de contenidos 1. Introducción 2. Hacia una conciliación de axiomas de la Lingüística y factores sociales 3. Las ventajas del modelo concepcional inmediatez / distancia de Koch-Osterreicher 1370 4. Interferencia entre variedades dialectales y el estándar. El caso del andaluz 5. Referencias bibliográficas 1. INTRODUCCIÓN El análisis de los procesos de conformación de modelos idiomáticos en una comunidad, así como los concomitantes de elaboración e instrumentación de una determinada variedad de lengua, no está exento de mediaciones ideológicas y es susceptible de cambiar de orientación según las épocas. La teoría lingüística debe conciliar axiomas propios de su ciencia con aspectos extralingüísticos, relativos a la selección de determinados usos o variedades de una lengua histórica, en los que se halla implicada una cierta evaluación por parte de sus hablantes (o de un grupo de ellos), en un momento determinado o a lo largo de la historia de la comunidad lingüística. A ello debe añadirse el valor simbólico asociado a dicha variedad de lengua, por las características sociopolíticas, económicas y culturales del grupo de hablantes que la utiliza, además de por ser una lengua explícitamente codificada, con los efectos colaterales, no siempre deseados, que esto puede generar. Entre ellos, claro está, los modos de relación intralingüística de esta variedad codificada con otras dentro de un mismo espacio comunicativo.1 Se constata que la existencia de un estándar siempre lleva consigo un cierto tipo de reacción social (a la que no es ajeno el lingüista) como consecuencia: por un lado, de la prescripción normativa y, por otro, de la depreciación de otras variedades de la lengua (calificadas, por referencia a él, negativamente como no-estándares o subestándares). Asistimos, pues, en la bibliografía a formas de decir orientadas explícita o implícitamente desde el punto de vista ideológico y argumentativo que apuntan bien a las bondades de la nivelación o convergencia hacia el modelo constituido, dado que, según se dice, supone una reducción de la variación y ofrece, a cambio, las garantías de estabilidad que mantienen la unidad de un idioma; bien a lo pernicioso que es la injerencia de grupos de presión elitistas que, de forma arbitraria y externa al ser de la lengua, “imponen”2 y “promueven al rango de estándar” una variedad (Conde Silvestre 2007: 312), como modelo supuestamente “neutro”3, convirtiendo la lengua en un lugar de “lucha”.4 1 No es raro, pues, que en la bibliografía que se ocupa de estos temas encontremos a quienes, sin falta de razón, entienden los procesos de conformación de modelos idiomáticos de una sociedad como “parte de la serie de prácticas ideológicas por medio de las cuales se producen las creencias y actitudes de una comunidad de hablantes” (Conde Silvestre 2007: 311). Hay también quienes hablan de una “ideología de la estandarización” (J. Milroy y L Milroy 1985: 22-23), que –se dice– suele repercutir negativamente en una sociedad, en la medida en que puede desatar “usos racistas” asociados a la lengua estándar (Moreno Cabrera 2000), porque tiende a establecer una “jerarquía” entre las variedades de una lengua la cual, según la perspectiva adoptada, puede ser vista como “superioridad” del estándar (quien adopta la variedad estándar lo hace “en un plano superior de solidaridad idiomática” [Salvador 1988:72]) o como “subordinación” a él (de ahí que esas palabras de G. Salvador se interpreten como un “eufemismo de superioridad sociopolítica” [Moreno Cabrera 2000: 55]). También puede verse como referencia de otras variedades con respecto a una lengua histórica: “subordinación jerárquica no equivale a mayor o menor prestigio social” porque no va referido “a otras variedades, sino a la lengua histórica de la que forman parte y a la que pertenecen todos los dialectos,hablas y modalidades.” (Bustos 2006: 105). 2“Quienes saben leer y escribir se convierten en una minoría poderosa que trata de imponer sus normas lingüísticas a los demás.” (S. Romaine 1996: 112). 3 “En todo caso la variedad estándar sería aquella que está desprovista de cualquier marca –diacrónica, diatópico, diafásica, diastrática– alejada de una norma general. Pero una realidad así no es utilizada por nadie” (Moreno Fernández 1998: 336). La lengua estándar es en cierto modo “patológica” porque se conforma en “ausencia de diversidad” (Hudson 1981: 44). 4 “Lo que debe ser evitado al coste que sea es precisamente esta disimulación del estándar como neutral políticamente, no localizado socialmente y no contaminado ideológicamente, si es que queremos ver la lengua como lo que es, un lugar de lucha”. (A. Parakrama 1995: 71. Traducción, Moreno Cabrera 2000: 61). 1371 Es decir, se generan unos metadiscursos de crítica lingüística sobre la constitución de los modelos normativos que, evidentemente, son susceptibles de originarse tan sólo en una sociedad con una lengua estándar; precisamente la primera variedad de la lengua a la que los lingüistas prestan atención, porque es la suya (Hudson 1981). Tanto la alternancia de nombres (algunos de los cuales funcionan en ocasiones como sinónimos) que se suelen emplear para referirse a estas variedades codificadas: lengua oficial,lengua nacional,lengua común o general,lengua correcta,lengua culta,lengua ejemplar,lengua estándar; como lo claramente inapropiado de la mayoría de ellos, es ya un síntoma de la orientación ideológica de los discursos, pues son designaciones asociadas, bien a aspectos inherentes a su valor simbólico (cohesión social, identidad, diferenciación, privilegio en situaciones formales de comunicación, etc.), o bien manifiestan aspectos diferentes de la relación de esta variedad de lengua con otras del espacio comunicativo (por ejemplo, las reacciones que suscita su codificación o los efectos manifestados en las actitudes de los hablantes: corrección, prestigio, canon lingüístico). 2. Hacia una conciliación de axiomas de la Lingüística y factores sociales El desarraigo de la prescripción de la teoría lingüística va acompañado del destierro de la valoración como criterio de enjuiciamiento de los hechos lingüísticos. No hay lenguas ni mejores ni peores, y, puesto que una lengua histórica no conlleva un modo único de hablar “sino una ‘familia’ histórica de modos de hablar afines e interdependientes” (Coseriu 1981: 6), tampoco hay desde un punto de vista estrictamente teórico realizaciones concretas de una lengua más correctas que otras.5 La lengua es un diasistema integrado por tradiciones idiomáticas o normas (diacrónicas, diatópicas, diastráticas y diafásicas) que se infieren de la observación de multitud de actos de habla concretos. No obstante, en el significado del término norma como término del metalenguaje científico se entrecruzan varios de los sentidos con que se emplea esta palabra en el español común (Rey 1972, Lara 1979, Méndez 1999). Por un lado, el que se refiere a la idea de canon, modelo,guía,ejemplo,6 que en lingüística se aviene con los conceptos norma de corrección y gramática normativa. Por otro lado, el que subraya lo que hay de común,usual, lo que es o se da como práctica acostumbrada. Sentido que adquiere la palabra norma como tecnicismo introducido por Coseriu (1952). La norma consuetudinaria es “lo constante y repetido, el hábito hecho tradición idiomática”, lo “normal”.7 De manera que, definida como conjunto de hábitos repetidos y constantes en una comunidad idiomática, permite una descripción del SER una lengua y se presume objetivo, pues se despoja de toda 5 La corrección ni es aplicable al sistema de la lengua, porque éste es por naturaleza correcto, ni tampoco en cierto modo se puede aplicar al habla, so pena de poner en tela de juicio la variación lingüística. 6A partir de un significado básico heredado del latín ‘escuadra usada por los artífices para arreglar y ajustar los maderos, piedras y otras cosas’ (DRAE) se producen asociaciones más o menos figuradas que tienen como punto de partida ‘la justeza con la que deben encajar las piezas’. De ahí, ‘regla sobre la manera como se debe hacer o está establecido que se haga cierta cosa’, fácilmente especializable en filosofía como término deontológico, ‘regla con respecto a la que ajustar la conducta’: lo que debe ser, el carácter prescriptivo. 7Galicismo que entra en el XIX en el que está implicado el sentido de normalidad, la cualidad o condición de normal: ‘dícese de lo que se halla en su natural estado’ o ‘de lo que es natural o regular’. 1372 connotación prescriptiva, en tanto que no dice cómo DEBE SER dicha lengua: es la norma lingüística.8 Existe, entonces, un sentido de norma como hecho prescriptivo que se define como lo que debe ser, y otro, el de norma como hecho consuetudinario que se define como lo que es; ambos presentes tanto en la lengua común como en el metalenguaje científico. La polisemia de norma en la lengua común determina también una cierta interdependencia de los conceptos en la metalengua,9 de la que es muy consciente Coseriu: El hecho de que las dos normas puedan coincidir no nos interesa aquí; cabe, sin embargo, señalar que muchas veces no coinciden, dado que la “norma normal” se adelanta a la “norma correcta”, es siempre anterior a su propia codificación. (1952 [1973]: 90) La proximidad semántica favorece el cruce y la dependencia mutua: de un lado, las normas (preceptos) se pueden obtener por generalizaciones empíricas que se infieren de lo que es norma (costumbre); de otro, la costumbre se hace precepto cuando se codifica y una vez hecha norma prescriptiva, se adopta como elemento de juicio y establece el modelo de lo que debe ser. Y, además, no debe olvidarse que la existencia de pautas (prescripciones) que rigen un comportamiento se manifiesta en el ser las cosas, en la regularidad, en el hábito (Rey 1972 y Lara (1976, 1999).10 La paradoja es que uno de los conceptos es plenamente aceptado dentro de la teoría lingüística (el de Coseriu), porque es una norma objetiva e intralingüística; mientras que el sentido tradicional y patrimonial de “norma” cae fuera de la teoría por subjetivo y extralingüístico. De ahí que el quehacer de la Lingüística, tanto en el plano teórico como en el aplicado, deba hacer frente esa integración dentro de un modelo teórico suficientemente explicativo y lo más aséptico posible en cuanto a mediación ideológica se refiere.11 Por otro lado, no debe olvidarse que la codificación de cualquier norma consuetudinaria (norma lingüística, por tanto) obliga a replantearse la concepción teórica de ésta, pues hasta el llamado derecho consuetudinario tiene que ver con la fijación de la costumbre y su conversión en ley, como ya fue puesto de manifiesto por el propio Coseriu: Una gramática española no es una gramática del español como lengua histórica (con toda su arquitectura), lo que no sería posible, ni tampoco del español como lengua común (con sus formas 8 Aclaramos, además, que no se trata de una norma en el sentido corriente, establecida o impuesta según criterios de corrección y de valoración subjetiva de lo expresado, sino de la norma que seguimos necesariamente por ser miembros de una comunidad lingüística, y no aquélla según la cual se reconoce que “hablamos bien” o de manera ejemplar, en la misma comunidad. Al comprobar la norma a la que nos referimos, se comprueba cómo se dice, y no se indica cómo se debe decir: los conceptos que, con respecto a ella, se oponen son normal y anormal, y no correcto e incorrecto. (1952 [1973]: 90). 9En la lengua común, se pone de manifiesto en expresiones del tipo: tener algo como norma, equivalente tanto a ‘tener algo como costumbre’ como a ‘tenerlo como obligación’. María Moliner en su Diccionario de uso del español ofrece dentro de la misma acepción del vocablo (la segunda) una serie de palabras afines acostumbrado, corriente, natural, ordinario, regular; claramente separadas de criterio, ejemplo, guía, instrucción, precepto, principio..., (pero incluidas también dentro de esa acepción). La homonimia de norma, en la que confluyen sentidos procedentes de dos canales de transmisión (norma, latinismo, y normal, galicismo), se manifiesta como una adjunción de significados, como una polisemia 10Esta es una de las razones por la que L. F. Lara (1999) cree que hay que evitar el término “norma” y sustituirlo por el de “uso”: se comprueba que una lengua se habla de varias formas y preguntarse qué lengua enseñar, es equivalente a decir qué uso de la lengua enseñar. 11 Algo que lleva reclamándose bastante tiempo sin que, pese a los intentos de Coseriu, esté todavía bien resuelto: “De todos modos, esa norma codificable ¿no es precisamente, en cada esfera o nivel de lenguaje, el fundamento de toda normatividad? ¿No es toda norma una especie de modelo ideal? Nos parece, pues, evidente, por todos los caminos, que el estudio de las normas de ejemplaridad o de corrección o de aceptabilidad social es insoslayable en el vasto y complejo campo de nuestro quehacer lingüístico, teórico y aplicado”. (Rosenblat 1967: 337). 1373 regionales y sus diferentes niveles), lo que ya sería factible, pero no sin enormes dificultades, sino sólo de un modo ejemplar o considerado tal (y aun esto sin toda la correspondiente variedad de estilos de lengua) Coseriu (El problema de la corrección idiomática, Manuscrito. inédito. Tübingen: Archivo Coseriu (Nr. B XXXIV, 16, www.coseriu.de). Así pues, por muy descriptiva que se pretenda “toda gramática empieza o termina por ser normativa” (Alarcos 1994: 20), por lo que la descripción de una lengua o modo ejemplar de lengua es, en cierto modo, una forma débil de prescripción: Este énfasis desigual [que tiende a valorar ciertos dialectos y lenguas] no se debe tanto a un fallo personal de los descriptivistas como al carácter problemático de la descripción misma, que nunca puede ser una actividad neutral. En otras palabras, la descripción es siempre una forma débil de prescripción (A. Parakrama 1995:3. Traducción de Moreno Cabrera 2000: 56) De manera que la Lingüística tiene la necesidad de conjugar los conceptos de norma lingüística y norma normativa (Lara 1976, Gallardo1978, Torrejón 1993), sin que tal reto suponga de antemano un sesgo ideológico. Para ello sería deseable insertar las ejemplaridades idiomáticas convertidas en norma lingüística codificada dentro de un modelo teórico y explicativo que permitiera despojar a la lengua estándar de sus connotaciones positivas o negativas, entendiéndola como una conformación histórica (un proceso diacrónico) inherente al funcionamiento de las lenguas en la comunicación. Creo que el modelo de espacio variacional, articulado por referencia al continuum concepcional inmediatez-distancia comunicativa, representado prototípicamente por el continuo oralidad / escrituralidad (Koch-Oesterreicher 2007 [1990]) es el que más conviene a esta tarea. 3. Las ventajas del modelo concepcional inmediatez / distancia (Koch- Oesterreicher) Una lengua histórica es un sistema de tradiciones y normas lingüísticas, de variedades diatópicas, diastráticas y diafásicas, las cuales, en sincronía, establecen relaciones que siguen una dirección fija y determinada (y que no puede invertirse), configurando lo que se ha llamado un espacio variacional (Coseriu 1981). De este modo, lo diatópico (por ejemplo, en Andalucía, el ceceo o el trueque de l por r) puede funcionar como diastrático (marcado como perteneciente a un determinado estrato sociocultural bajo o mediobajo), y lo diastrático, a su vez, como diafásico (el ceceo o el trueque de l por r pueden emplearse por hablantes de muy diversa condición social en una situación relajada e informal, propia de la inmediatez comunicativa: un hablante de zona ceceante con un alto nivel de instrucción puede ser inestable en sus realizaciones y salpicar su habla con ceceo y trueques). Es un mecanismo de funcionamiento sincrónico que recibe el nombre de cadena variacional, cuya posición central (y más alta) lo constituye el continuum inmediatez (lengua hablada) / distancia (lengua escrita), el cual “como verdadero punto final de la cadena variacional, admite elementos de cualquiera de las otras tres dimensiones” (Koch-Oesterreicher 2007: 39-40), que se orientan con respecto a él. El modelo de la cadena variacional (véase más abajo el esquema explicativo de estos autores) permite ordenar las realizaciones de los hablantes por referencia a la concepción de sus discursos con respecto a un tipo o modelo de lengua caracterizado por la ausencia de marcas (el de la lengua escrita). Se observa, de este modo, que las marcas diatópicas (fuerte diatópicamente) y también diastráticas y diafásicas (bajo diastrática y diafásicamente) están en relación con la inmediatez, con la lengua hablada, cuyas condiciones comunicativas prototípicas son: privacidad, familiaridad, emocionalidad, anclaje en la situación y acción comunicativas, referencialización desde el aquí y ahora del hablante, inmediatez física, fuerte cooperación, carácter dialogal, espontaneidad. Tales 1374 condiciones generan unas estrategias de verbalización caracterizadas por una escasa planificación, una estructuración agregativa (sintaxis parcelada), un carácter efímero y una contextualización extralingüística, gestual y mímica. En estas condiciones se generan unos tipos de discurso para los cuales son esperables estas marcas diatópicas, diastráticas y diafásicas. Por el contrario, lo marcado diatópicamente como débil y diastrática y diafásicamente como alto, está en relación con la lengua de la distancia cuyas condiciones comunicativas prototípicas son: comunicación pública, desconocimiento de los interlocutores, ninguna emocionalidad, independencia de la situación y acción comunicativas, distancia física y ninguna referencialización desde el aquí y ahora del hablante, débil cooperación, reflexión, carácter monologal, etc. por una fuerte contextualización lingüística, una sintaxis integrativa y una alta planificación lingüística. En estas condiciones se generan unas tradiciones discursivas para las cuales lo esperable es la ausencia o debilidad de marcas diatópicas y unos niveles y estilos de lengua altos que permitan al hablante valerse exclusivamente de medios lingüísticos12 que seleccionan elementos prestigiosos tanto en lo diastrático como en lo diafásico: universalesencial inmediatez 1a distancia no ESTATUS ‘inmediatez’ 1b ‘distancia’ marcado idiomáticobajo 2 diafásicamente alto MARCA DIASISTEMÁTICA contingente (histórico) bajo 3 diastráticamente alto marcado fuerte 4 diatópicamente débil De las condiciones comunicativas de la distancia surgen no sólo determinadas estrategias supraidiomáticas de verbalización (hablar distante), sino también determinadas exigencias en el nivel histórico-idiomático (lengua de la distancia), justamente en relación con las variedades empleadas (Koch-Oesterreicher 2007: 41) 12 Se trata de un proceso de elaboración intensiva o de intelectualización que supone la progresiva adaptación de una lengua para poder producir enunciados precisos, rigurosos y abstractos que expresen toda la complejidad del pensamiento, lo cual determina una superioridad expresiva del estándar. 1375 El comportamiento de los hablantes con respecto a la concepción de sus discursos va conformando una norma fundamentalmente implícita,13 “no impuesta por ninguna autoridad externa a la dinámica de la lengua misma” (Bernárdez 1999: 38), si bien en su explicitud pueden intervenir elementos azarosos, ligados exclusivamente a las relaciones que operan en la estructura social y a las actitudes de los hablantes con respecto a ellas, en especial, cuando adquieren conciencia de la “coexistencia de variantes lingüísticas y [de] que cada una de ellas es objeto de una valoración diferente” (Conde Silvestre 2007: 317). Esta valoración no es individual, sino que tiene una naturaleza colectiva porque afecta a todos los hablantes de una lengua (o de una modalidad lingüística) y cambia históricamente con los cambios de valoración (Bustos 2006). La fijación medial, su escritura, la codificación subsiguiente, así como su instrumentación (arraigo y urbanización),14 la convierten en una norma estándar, cuyo carácter prescriptivo tiende a preservar su estabilidad.15 Una estabilidad flexible, pues el estándar también está sometido a cambio.16 Todo este proceso de conformación de un modelo de lengua estandarizado permite que ésta se constituya como una variedad diferente dentro de una lengua histórica porque sirve de referencia: funciona como una variedad suprageográfica, supradialectal (Saussure). Es un parámetro que ordena y mide el estatus de los fenómenos lingüísticos:17 “Sólo a partir de la existencia de la lengua estándar se constituye el espa- 13 También L. F. Lara (1999 y 2007) habla de normas implícitas, consensuadas en una sociedad y orientadas al entendimiento que se conforman con la práctica de la lengua. Son normas experienciales y muchas veces contravienen la codificación académica (ejemplifica con la ortografía de “güisqui”, “yaz”, “yet”, “elite” que contrastan con la usadas normalmente). No son las normas por ellas mismas, “sino el cultivo histórico de la lengua que se orienta por la comunicación y pondera la calidad de la lengua en cada manifestación ya sea escrita o hablada” (2007: 179). 14 El arraigo y la urbanización se condicionan mutuamente. Lo primero tiene que ver con la aceptabilidad social, por eso la lengua estándar, fundamentada en la tradición histórica de un idioma, debe también estar en relación con una tradición cultural viva y actual que motive su cultivo por los hablantes. Lo segundo se refiere a su extensión en la comunidad, a su disponibilidad como bien público. Esto es lo que permite que sea marco de referencia interna (es decir, con respecto a las variedades de una lengua) y externa (con respecto a otras tradiciones idiomáticas, a otras lenguas); y, como consecuencia de ambas, es factor de unidad y cohesión política y social, cumpliendo con ello unas funciones simbólicas (unificadora y separadora) que son complementarias (Gallardo 1978). 15 Como señala Havránek, “la norma lingüística se da, como toda norma en general, como algo duradero, algo eterno; la estabilidad es siempre un rasgo característico de la norma” (Apud Lara 1976: 102). 16 El concepto de flexibilidad explica el cambio de las lenguas en función de las necesidades comunicativas de la sociedad compleja. Es una flexibilidad funcional: existe donde se requiere y en el grado en que se requiere (por lo que en condiciones de inmediatez esta lengua convive en el hablante con lo dialectal: los acentos regionales fáciles de identificar en la realización fónica del estándar). A su vez esta lengua es estable porque está codificada. La flexibilidad no es más que la correlación diacrónica de la diversidad: manifiesta que el cambio lingüístico hunde sus raíces en la no homogeneidad de la comunidad y sus resultados son perceptibles por el suceder temporal. Por el contrario, la estabilidad es la correlación diacrónica de la homogeneidad: manifiesta que el cambio en las lenguas no puede ser vertiginoso, que no cambian todos los niveles de la lengua a la vez, y que los procesos de innovación y adopción no son inmediatos ni están separados por un lapso de tiempo idéntico y constante para cada fenómeno. Estabilidad y flexibilidad son constantes en cualquier norma lingüística objetiva. (Haugen 1974: 291) 17 Para Simone (1997) un código de variación, varians, sólo se puede medir respecto al variandum, la lengua estándar. Sin la comparación varians-variandum no podríamos mostrar la existencia de variación. Ocurre, sin embargo, que los hechos de variación pueden presentarse de diferente manera en el lingüista y en el hablante, pues puede pasar, por ejemplo, que el hablante sólo conozca el varians. En este caso la variación sólo se da en el lingüista (se mezclan, entonces, los metadiscursos con la realidad). Puede ocurrir que el hablante conozca el variandum y el varians, en este caso conviene preguntarse cuál es la dirección del movimiento que se opera en él. Esto es, cuál es la lengua “por defecto”. Esto, obviamente, es muy importante para el comportamiento diafásico de los hablantes y para el lingüista que tiene que elegir a qué hacer referencia (al estándar o a la variación) y cómo encajarlos. 1376 cio variacional” (Oesterreicher 2002: 278). Los estándares así conformados son realidades históricas inherentes al funcionamiento de la lengua escrita18 y permean las realizaciones orales de los hablantes: primero en lo que se refiere a la lengua de los discursos distantes, luego en otras tradiciones discursivas que no son tan propiamente distantes. En cambio, los procesos de codificación y normalización de ese modelo están teológicamente orientados para perpetuar su estabilidad y eliminar en lo posible que la variación de la lengua hablada se haga presente en la lengua escrita, con objeto de que ésta sea funcionalmente operativa como lengua de la distancia. Al ser consciente e intencionado, lo codificado se siente como una realidad lingüística impuesta por unos agentes externos a la lengua. Se aprecia como un artificio al margen del ser histórico de una lengua tal y como manifiestan las definiciones de lengua estándar.19 La propuesta metodológica del continuo concepcional hablado / escrito podría ser muy adecuada para entender la conformación histórica de los estándares por varias razones: 1.- Por el carácter universal del continuum inmediatez-distancia comunicativa. 2.- Porque permite tener en cuenta las tradiciones discursivas de una comunidad en relación con el perfil concepcional de los discursos y con su interacción en la historia de cada lengua. 3.- Porque en todas las culturas y comunidades existen variedades que ocupan el polo de la inmediatez y variedades para la distancia, incluso en aquellas que carecen de escritura (las lenguas romances antes de pasar a la escritura también tenían para determinadas tradiciones discursivas una lengua de la distancia relativamente elaborada). 4.- Porque de las condiciones comunicativas de la distancia20 “surgen no sólo determinadas estrategias supraidiomáticas de verbalización (hablar distante), sino también determinadas exigencias en el nivel histórico-idiomático (lengua de la distancia), justa- 18 A lo largo de la historia de las culturas occidentales la lengua escrita y la lengua hablada (el habla y la escritura) han llevado una relación pendular de encuentros y desencuentros o, si se quiere, de predominio de una sobre la otra en función de las ideas lingüísticas operantes en cada época. El descubrimiento de la escritura por una comunidad viene acompañado de su explotación como medio de comunicación de la literatura, o preferido por ella, y se valora como máximo exponente de la expresión lingüística. De este modo, el prestigio que la sociedad confiere a estos productos artísticos se traslada al modo de representación y de organización de los mensajes, hasta el punto de convertirse en referencia de los usos de una parte de la sociedad, las elites cultas. Es sabido que la descripción y la codificación de las lenguas en gramáticas y diccionarios tuvieron de siempre, y hasta hace muy poco tiempo, como modelo la lengua escrita literaria (de las “autoridades”). Sirvió, pues, para fijar los usos ejemplares de las lenguas occidentales, los cuales se tomaron en cuenta para prescribir normas de actuación lingüística. Independientemente de que, como señalaba Jespersen, en todas las comunidades lingüísticas exista siempre un ideal de lengua, el estándar se genera en sociedades con lengua escrita, porque se sustenta en ella (de ahí que las reivindicaciones lingüísticas por parte de hablantes dialectales tengan como objetivo la representación escrita de su variedad con independencia de la tradición común de la lengua estándar). 19 “Variedad altamente codificada que ha recibido el grado de desarrollo y elaboración necesario para servir a una amplia gama de funciones. El proceso de normalización convierte a una variedad en estándar fijando y regulando su ortografía, morfología, sintaxis, etc., por medio de diccionarios y gramáticas, que sirven como autoridad en la enseñanza prescriptiva de nativos y extranjeros. La normalización no es una propiedad inherente, sino una característica adquirida, o mejor, deliberada y artificialmente impuesta. Las lenguas estándar no surgen en el transcurso de una evolución lingüística «natural» ni nacen a la existencia de repente, sino que son creadas mediante planificación consciente y deliberada.” (Romaine 1996: 107). 20 Comunicación de carácter público, desconocimiento de los interlocutores, ninguna emocionalidad, independencia de la situación y acción comunicativas, imposible referencialización desde el origo, distancia física, débil cooperación, carácter fonológico, reflexión y alto grado de planificación, fijación temática, etc. 1377 mente en relación con las variedades empleadas” (Koch-Oesterreicher 2007: 41). Aquellas que se consideran prestigiosas tanto diastrática como diafásicamente. Esto implica que el proceso de elaboración extensiva (apropiación del ámbito de la distancia) desarrolla estructuras lingüísticas que satisfacen los requisitos universales de la distancia y que se van decantando en una determinada variedad de lengua, la cual adquiere así una elaboración intensiva. 5.- Porque en este proceso nunca se instituye como lengua de la distancia una variedad de lengua de la inmediatez ya existente, sino que más bien, sobre la base de una variedad estándar ya existente surge otra nueva variedad estándar21 (algo muy importante y que debe ser tenido en cuenta en el análisis de las propuestas para la estandarización del andaluz). 4. Interferencia entre variedades dialectales y el estándar. El caso del andaluz En un trabajo reciente, Kabatek (2006) señala el hecho de que los discursos generados sobre las lenguas, tanto en el seno de la ciencia como en otros ámbitos de la sociedad, se convierten en tradiciones metadiscursivas capaces de ser aplicadas y extendidas a otras situaciones diferentes de aquellas en las que se crearon. La historia reciente sobre la situación lingüística peninsular es buena muestra de ello. A partir del llamado período de transición, los planteamientos teóricos, concomitantes a las acciones de política lingüística en las comunidades bilingües, generaron unos tipos de discurso que se trasladan miméticamente a espacios comunicativos que tienen poco que ver, de manera que los debates sobre la articulación lengua propia / lengua común del Estado toma otra deriva y se articula como modalidad propia / lengua estándar con los efectos sociales que ello puede llevar consigo. Basta con repasar todo lo que, desde diferentes sectores, se ha escrito, por ejemplo, sobre la situación del asturiano, el extremeño, el andaluz o el murciano. La prensa puede ser un buen espejo para analizar el filtrado y reflejo social de estas cuestiones (para el caso del andaluz, Méndez 1997 y 2003). Los análisis teóricos no son ajenos tampoco a estas corrientes discursivas y desde el decenio de los 80 hasta la actualidad la lingüística española ha generado múltiples trabajos sobre estas cuestiones (Bustos, Carbonero, Morillo, Narbona, Villena, para la situación del andaluz actual pueden servir de ejemplo). Por su parte, Zimmermann (1991), a propósito de las lenguas indígenas de México, señala que para que una lengua (o variedad de lengua) se reconozca como símbolo de especificidad de un grupo y se comporte como un “principio de etnicidad” requiere una labor intelectual cuyo objetivo es la lengua misma: la labor de escritores, intelectuales, científicos, logran que una lengua vaya convirtiéndose de una práctica rutinaria en un símbolo consciente de diferenciación grupal. Alude también a que los trabajos de la ciencia lingüística no sólo sirven para el establecimiento de teorías, sino que también cumplen “funciones de identidad social”,22 pues proporcionan un saber sobre las prácticas sociales y culturales otorgándoles un valor positivo que sirve de cohesión. Si bien, para que ello surta efecto, esa reflexión científica e intelectual debe venir hecha desde ial. 21 La escritura de los romance frente al latín supone un proceso de elaboración extensiva a partir de un perfil concepcional de la distancia que estos romances generaron cuando eran variedades de la oralidad y que progresivamente fue cobrando autonomía cuando adquirió frente al latín una identidad propia como lengua de la distancia y supuso un cambio de medio (el medio gráfico). La elaboración extensiva e intensiva que se llevó a cabo entre los siglos XI-XIII consolida policentros para los romances. 22 Como, por ejemplo, ocurrió en Alemania con la creación del Estado Alemán que corrió parejo al desarrollo de la germanística, que actuó depositando en la lengua funciones de identidad soc 1378 Borrego Nieto, Julio. (1992), “Actitudes y prejuicios lingüísticos: La norma interna del hablante”. En Estudios filológicos en homenaje a Eugenio de Bustos Tovar (J. A. Bartol, J. F. 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