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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura The Buried Mirror: a biography of our culture Liliana Weinberg1 Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe y Universidad Nacional Autónoma de México ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7006-7812 Recibido: 08-06-2023 Aceptado: 17-07-2023 Resumen El espejo enterrado (1992) ocupa un lugar clave en la producción ensayística del escritor mexicano Carlos Fuentes y lo confirma como uno de los más notables intelectuales de nuestro tiempo. La obra y la serie documental a ella vinculada se reprodujeron ampliamente para contribuir a la reflexión en torno al significado de los quinientos años del primer viaje de Colón a través del Océano Atlántico, así como también para pensar la posibilidad de una comunidad iberoamericana apoyada en una historia, una lengua, una tradición cultural y un imaginario compartidos. Este ensayo de interpretación de la vida de América y España se piensa a su vez como una biografía de nuestra cultura y una autobiografía intelectual del propio autor. Fuentes encontró en un año tan significativo como 1992 una oportunidad dorada para escribir la biografía de una cultura que consideró unida por el que llamó “territorio de La Mancha”, repensar la relación entre España y América y emprender una nueva valoración de su perfil, su destino y su aporte al concierto de las naciones en una nueva etapa del orden mundial. Tiempo, lenguaje e imaginación: la historia se toca con la biografía y el análisis de los datos se toca con la recreación narrativa, a la vez que la relectura de la relación entre lengua, historia y cultura alimentada 1 ([email protected]) Ensayista, crítica literaria, investigadora y estudiosa del ensayo hispanoamericano en su relación con la historia de la cultura y la historia intelectual. Doctora en Letras Hispánicas por El Colegio de México. Investigadora titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe y profesora en las carreras de Letras y Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias y de la Cátedra Alfonso Reyes. En el año 2021 recibió en México el Premio Internacional Alfonso Reyes. Autora de obras como Situación del ensayo (2006), Pensar el ensayo (2007), El ensayo en busca del sentido (2014), José Martí: entre el ensayo, la poesía y la crónica (2021) y Encuentro con Alfonso Reyes (2021).
36 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 por el análisis de imágenes y documentos no sólo permiten al intelectual dar cuenta de una experiencia compartida sino además interpretar su propia vida a la luz de la vida de nuestra cultura. Palabras-clave: Carlos Fuentes, ensayo, siglo XX, cultura española e hispanoamericana. Abstract The Buried Mirror (1992) holds a key place amongst the essays of the Mexican author Carlos Fuentes and shows him as one of the most notable intellectuals of our times. The book (alongside a documentary series) was widely reproduced in the context of the quincentennial of Columbus’ first travel across the Atlantic Ocean. It promoted the idea of an Ibero-American community based on a shared history, cultural tradition, language, and imagination. This essay that explores the life of America and Spain is considered a biography of our culture and an intellectual autobiography of Fuentes himself. In 1992, the author found a golden opportunity to write the life of a culture that he considers united by the “territorio de La Mancha”, to rethink the relationship between Spain and America, and to encourage a fresh perspective on our identity, our destiny, and our contribution to the concert of nations in a new era of the world order. Time, language, and imagination: history intersects with biography while data analysis intersects with narrative recreation and the interpretation of images and documents, all allowing the author to give an account of a shared experience and also interpreting his own life through the life of our culture. Keywords: Carlos Fuentes, Essay, XX Century, Spanish and Hispanic American culture. El escritor ante el espejo La obra ensayística de Carlos Fuentes representa el permanente ejercicio de una inteligencia crítica y vinculante, de una curiosidad intelectual siempre alerta a su tiempo, de una imaginación actuante y fundadora2. La prosa viva, el pensamiento en plena ebullición, la capacidad de análisis, síntesis e 2 El presente artículo retoma y amplía los textos presentados por la autora en distintos foros de homenaje a Carlos Fuentes al cumplirse diez años de su muerte, tales como el organizado por la Academia Mexicana de la Lengua el 15 de mayo de 2022, la mesa reunida en Madrid el 24 de mayo de 2022, dentro del ciclo “Carlos Fuentes, diez años después”, convocado por la Cátedra Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana y la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Centro de Estudios Mexicanos en España de la UNAM y la Casa de América, así como la conferencia organizada en Londres por el Centro de Estudios Mexicanos en el Reino Unido de la UNAM el 22 de agosto de 2022.
37 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 interpretación de Fuentes se aparecen al lector, quien participa activamente en la experiencia a un tiempo ética, estética y cognoscitiva de entender propia de los grandes ensayos y comparte el prodigioso acto que va del mirar al interpretar, del señalar al nombrar, del comprender al proponer. Pocas veces, nos dice Fuentes en El espejo enterrado (1992), tiene un autor la oportunidad de escribir la biografía de su propia cultura. Y al hacerlo así plantea de manera inmejorable su perfil como escritor, intelectual y conciencia crítica de su tiempo, que incide en el espacio público y hace del ensayo el ejercicio de una inteligencia a la vez reflexiva e imaginativa, que nombra, apalabra, trae al presente de la interpretación todos los tiempos, que llama a comparecer al espacio del ensayo todos los territorios reales e imaginarios, al tiempo que retoma los diferentes debates que acompañaron al tema de la relación entre España y América y dialoga con los distintos interlocutores, pasados, presentes y futuros, que han pensado la historia y el destino de esta región. Como él mismo lo afirma, es posible imaginar el pasado y recordar el futuro, apelando a imaginación, memoria y deseo: “inventamos lo que descubrimos, descubrimos lo que imaginamos” (Fuentes 2011: 15). Podemos leer deslumbrantes ensayos de Fuentes sobre tiempo y lenguaje, o certeras valoraciones suyas de la obra de diferentes autores, como los que dedica a Bernal Díaz del Castillo, Balzac, Faulkner, María Zambrano, o leer las innumerables páginas que escribe en torno a Cervantes y el Quijote: inauguración de la novela, género de géneros, fundación del territorio de La Mancha como gran zona de encuentro y confluencia dada por la lengua española. Podemos admirar con Fuentes los prodigios del arte prehispánico, el Barroco y nuestro arte de contraconquista, o pensar el gran tema de la ciudad, que él indagó desde el ensayo y pobló desde la narrativa, o compartir sus reflexiones sobre Rulfo, Borges, Cortázar así como la celebración de la novela latinoamericana, o asomarnos al Tiempo mexicano y a tantos otros ensayos y artículos donde una vez más la lengua española, el lenguaje, la palabra, la cultura, se convierten en los grandes protagonistas. Y podemos también volver, en horas de desesperanza, a ese luminoso libro que sólo un enamorado del mundo como él pudo escribir: En esto creo. Leer El espejo enterrado, ese ensayo singular que constituye una reflexión, una reactualización y una puesta en perspectiva de la propia experiencia en cuanto escritor hispanoamericano, es asistir al despliegue de una tarea interpretativa que es a la vez un desafío: pensar su cultura es también pensarse a sí mismo y afirmar su carta de ciudadanía en el mundo en cuanto creador e intelectual. De allí la originalidad de este libro dedicado a reflexionar sobre la cultura de España y América, que apela a las herramientas de la imaginación del escritor y en muchos casos se toca con la historia, el trabajo de archivo y la interpretación propias del oficio del historiador de la cultura, de la economía
38 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 y la sociedad. Tiempo e imaginación: la historia se encuentra con la biografía y el análisis de los datos se toca con la recreación narrativa. Aquí sí que dar cuenta de la biografía de una cultura representa a la vez un complejo juego de representaciones. En efecto, ¿cómo hace el escritor para evitar que el espejo le devuelva sólo el reflejo de la propia imagen y para lograr verse como partícipe del gran cuadro de su cultura? Se trata de la asunción de una perspectiva crítica que permite al ensayista asistir a la experiencia a la vez afectiva e intelectual de ir descubriendo nuevos espacios de sentido a través de la reflexión y la imaginación. La publicación de El espejo enterrado coincidió con el quinto centenario de la llegada de Colón a América: una fecha clave para emprender una nueva valoración del destino de la cultura en lengua española a la luz de las inéditas condiciones que se presentaban al mundo entero a pocos años de la caída del muro de Berlín. Se trata de un texto singular dentro de la gran tradición del ensayo de interpretación de nuestra cultura y nuestra historia, cuyo autor retoma y reactualiza muchas reflexiones y discusiones a la luz de los nuevos tiempos e incorpora nuevas dimensiones y elementos al ejercicio interpretativo propio de esta familia textual. Manifiestos son también el carácter relacional y la apertura del ensayo, que traducen la sensibilidad de Fuentes por los temas de la política, la historia, la cultura y la creación, y permiten dotar a su reflexión de un efecto multiplicador. Narrador, ensayista, diplomático, intelectual, extraordinario orador, guionista, periodista, ha sido también Fuentes una figura clave en la renovación de la narrativa latinoamericana, uno de los primeros en protagonizar y a la vez reflexionar sobre la nueva novela, y uno de los primeros en reconocer esa gran etapa que corresponde al boom pero no se agota en él, ya que le permite a su vez indagar un proceso mayor al respecto3. Al mismo tiempo dotó al ensayo de nuevos temas, acentos, perspectivas, y en todos los casos otorgó una indiscutible centralidad a la fuerza generativa y la potencialidad nombradora de la lengua y el lenguaje. Siempre se ha reconocido como uno de los grandes rasgos de Carlos Fuentes su generosidad personal e intelectual, su inclusividad, su capacidad de escuchar, leer y saludar a las nuevas generaciones de escritores, pero también de maravillarse ante los grandes hitos del arte y el pensamiento: esa sana costumbre suya de celebrar las ideas de los otros, las visiones de los otros, sin miserias ni egoísmos. Otro tanto puede decirse de la generosidad y apertura de horizontes con que Fuentes vivió lo mexicano; el escritor nunca dejó de estar preocupado por su país, de pensarlo, de indagarlo, aunque no por ello 3 Véanse obras del autor como La nueva novela hispanoamericana (1969), Geografía de la novela (1993) o La gran novela latinoamericana (2011).
39 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 cayó en cerrazón o provincianismo, sino que logró examinar lo propio desde lo universal y lo universal desde lo propio. Un símbolo de todo esto fue el momento en que se rebautizó la Revista de Literatura Mexicana como Revista Mexicana de Literatura, para mostrar que, desde el mirador de la práctica de los escritores mexicanos, se podía aspirar a ver el mundo entero. A través de las páginas de El espejo enterrado se despliega su generosidad y amplitud de miras, su capacidad de diálogo y su curiosidad intelectual. Y para ello comienzo recordando una frase del gran poeta español Francisco de Quevedo, “doy a leer mis ojos”, que en mi opinión sintetiza el modo de ser intelectual de Carlos Fuentes. Como afirmara hace ya algunos años en esta misma revista Maarten van Delden, “Uno se quedaba con la impresión que la mirada de Fuentes lo abarcaba todo” (Van Delden 2012: 204). En El espejo enterrado Fuentes logra integrar una mirada de la cultura hispanoamericana y ponerla en diálogo con el mundo todo, con la hondura de la historia y las demandas eléctricas del tiempo presente y sobre todo con las exigencias de futuro, y logra reunir la larga tradición de los ensayos de interpretación característicos de América Latina con las más avanzadas formas del ensayo político y las posibilidades que abre la puesta en diálogo de la letra y la imagen, una vez más, dándonos a leer sus ojos. Por fin, encuentra un modo de superar siglos de debates en torno a la lengua española y al problema del eje del español entre Europa y América, proponiendo la gran solución simbólica incluyente del territorio de La Mancha, que recupera al más universal e indiscutido de los aportes de nuestra cultura al mundo, el Quijote, pero también sabe leer entrelíneas los alcances de la obra y el valor universal de muchos otros grandes de nuestra tradición intelectual: Bolívar, Sarmiento, Martí, junto con las principales figuras de la literatura y la plástica. Sólo con un pensar generoso e incluyente se pueden resolver tantos desafíos al mismo tiempo. ¿Biografía o autobiografía? Esta obra representa y resuelve simbólicamente muchas de las grandes tensiones que han atravesado la vida de varios de nuestros grandes intelectuales: ¿cómo ver la propia existencia y la propia experiencia como representativas del conjunto? ¿cómo hacer compatible la preocupación por lo nacional con la dimensión latinoamericana, americana, hispanoamericana, europea, universal? Fuentes dirá que se trata de escribir un ensayo sobre nuestra cultura que es al mismo tiempo su propia biografía. El escritor se pondrá además, como dice Rafael Rojas, en la piel del historiador: El espejo enterrado es, sin lugar a dudas, el gran ensayo de Carlos Fuentes […]. El tono de El espejo enterrado era narrativo, pero más cercano a la narración de
40 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 los historiadores profesionales que a las ficciones vanguardistas de sus primeras obras. En ese libro, que sería el equivalente de El laberinto de la soledad en la trayectoria del autor de La región más transparente, Carlos Fuentes llegó a ponerse bajo la piel del historiador […] (Rojas 2013: 63). El latinoamericanismo de Fuentes tiene una base biográfica, dado que nació en Panamá y le tocó vivir durante su infancia y adolescencia en distintos países americanos, aunque estas experiencias derivarán pronto en la asunción meditada de una postura y en la inscripción en un horizonte histórico y geográfico. La experiencia vital del autor contribuye a alimentar su reflexión sobre España y América. Se establece así una relación entre su “filiación” y su “afiliación”, que nos permite reconocer su paso, como hijo de diplomático, por distintos destinos, y cómo ello lo condujo a asumirse como latinoamericano. Así, ingresarán en su propio ensayo elementos autobiográficos, que darán pie a un constante paso del “yo” al “nosotros”. No es raro por ello que, como también subraya Rojas, su experiencia como escritor latinoamericano lo llevara a su vez a ser un entusiasta defensor de la generación del boom, a la que pertenecía por derecho propio, así como a ver con simpatía la Revolución cubana. Recordemos que la crítica de Fuentes resultó fundamental además para organizar una de las primeras (si no es que la primera) visiones de conjunto del boom. En opinión del historiador, La idea histórica de América Latina de Fuentes se puso a prueba en el contexto del quinto centenario de la llegada de Colón al Caribe. Valiente Mundo Nuevo (1990) y El espejo enterrado (1992) son dos buenas muestras de la misma y de los límites y estereotipos que el discurso de la identidad cultural latinoamericana podía reproducir, incluso, en la prosa hábil y vanguardista de Fuentes (Rojas 2012: 30). Podemos a ello añadir que en obras como El espejo enterrado y En esto creo se hace evidente, en un nuevo giro de la espiral, la inquietud de Fuentes por la cuestión de Iberoamérica. Una vez más, su propia trayectoria, que lo llevó a una apertura al mundo editorial y cultural español y de otras naciones fuera del ámbito mexicano y latinoamericano, lo condujo a abrir nuevos diálogos y perspectivas que culminan con la postulación de la existencia de un territorio de La Mancha. Rojas ve en muchas obras de Fuentes notables intervenciones históricas de un escritor que se atrevió a rebasar las fronteras locales de su cultura y destaca también su trayectoria pública como intelectual, “favorable siempre a la democratización de México y emblemática de la evolución de tantos escritores latinoamericanos, que en la segunda mitad del siglo XX transitaron de la izquierda revolucionaria a la izquierda democrática” (Rojas 2012: 30). En una obra reciente sostiene también el autor que las dos revoluciones que
41 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 preocuparon fundamentalmente a Fuentes fueron la revolución mexicana y la cubana (Rojas 2018: 48). Encontraremos también en El espejo enterrado las huellas de viejos y nuevos diálogos, así como el registro de la llegada de una nueva etapa en la vida cultural, en la producción editorial, en la creación literaria y artística, a uno y otro lado del Atlántico. De este modo, si es posible ver el vínculo de la obra de Fuentes con la de Reyes y Paz, así como con la gran tradición del ensayo mexicano y latinoamericano, es posible ver que su amplia cultura y su enorme curiosidad intelectual se tradujeron también en nuevos diálogos y debates de ideas, reflejados en el extenso listado de autores que consultó y comentó, y en el que se evidencia un profundo conocimiento del campo intelectual de su tiempo, las principales líneas de discusión de su época y los autores imprescindibles de fines del siglo XX. Y se manifestará también otro Fuentes, profundamente ligado a las preocupaciones de su hora, capaz de integrar puntos de vista originales procedentes de los nuevas corrientes en el estudio de la historia, la economía, las ciencias sociales, y particularmente la exploración del circuito transatlántico, en permanente diálogo con muchos destacados autores contemporáneos. Primer asomo a El espejo enterrado El ensayo que comentamos ocupa un lugar clave en la producción ensayística de Fuentes y lo confirma como uno de los más notables intelectuales de nuestra época. La obra se dio a conocer por primera vez en 1992, con poco tiempo de diferencia respecto de su presentación como documental, y se reprodujo ampliamente para contribuir a la reflexión en torno a los quinientos años del primer viaje de Colón, así como también para pensar la posibilidad de una comunidad iberoamericana apoyada en una tradición cultural, una lengua y un imaginario compartidos, al tiempo que para meditar de manera renovada en torno a nuestro perfil, nuestro destino y nuestro aporte al concierto de las naciones en una nueva etapa del orden mundial. El ensayo se publicará en una nueva edición algunos años después, en 2010, al conmemorarse el bicentenario del comienzo del proceso de independencia americana y el centenario de la Revolución Mexicana. Esta edición llevará el mismo título, al que ahora se añade un subtítulo: El espejo enterrado. Reflexiones sobre España y América, y el texto principal irá acompañado de un valioso epílogo. Fuentes augura en esta obra la llegada de una nueva etapa en la relación entre España y América, signada ya –insistimos– por los muchos proyectos culturales, programas editoriales, relecturas de la historia y nuevas iniciativas y reflexiones sobre nuestra lengua y nuestra cultura que
42 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 acompañaron al clima del quinto centenario, en una época caracterizada por una nueva presencia de la lengua española y las obras de la imaginación como el gran espacio de integración de nuestra tradición cultural: el territorio de La Mancha. Este ensayo de interpretación de la vida de América y España se piensa a su vez como una biografía de nuestra cultura y una autobiografía intelectual del propio autor, de modo tal que la reflexión se ve permanentemente alimentada por la fuerza narrativa. Fuentes interpreta y organiza su discurso apelando a las muchas posibilidades de la dicción y la ficción. De un modo singular, la meditación sobre la historia y la cultura se pone en diálogo y contrapunto con los recursos de la imaginación. El texto se apoya en la determinación de grandes líneas y etapas históricas y culturales y en la identificación de momentos decisivos de sentido que permiten a la obra articularse de manera diacrónica y sincrónica. Nos ofrece una interpretación creativa y crítica a la vez y nos envía a una idea central que derrota cualquier tentación de simplificar y reducir los fenómenos: cultura, lengua, imaginación nos proporcionan el modelo de modelos para interpretar y explorar aquello que nuestra experiencia tiene para ofrecer al mundo. Este ensayo tuvo una gran fortuna editorial: se multiplicó a través de numerosas ediciones y traducciones y contribuyó a entablar un diálogo activo con otras obras del propio Fuentes y con un amplio espectro de autores y lecturas. El espejo enterrado se articuló además con un proyecto audiovisual y se difundió a través de otros medios y soportes, alcanzando a distintos públicos, círculos de lectura y recepción, para dar lugar a multiplicadas formas de interacción entre la palabra y la imagen. Fuentes busca construir un nosotros y contarnos la historia a quienes participamos de la misma cultura y hablamos la misma lengua, al tiempo que darla a conocer al mundo entero, destinada a mostrar y difundir la tradición cultural hispanoamericana apelando a las infinitas posibilidades abiertas por la puesta en relación de la palabra escrita y el comentario oral, la imagen fija y la imagen cinética. Las obras literarias, plásticas y musicales ocupan un lugar destacado en el texto, en cuanto abren ventanas a nuevas dimensiones de sentido y permiten enlazar las reflexiones con una larga tradición creativa. Así, por ejemplo, si algunas de las páginas más memorables de este ensayo son las que dedica a Cervantes y el Quijote, junto con la mención de muchos de los grandes escritores que habitaron y habitan “El territorio de La Mancha”, es también notable la apelación a distintos testimonios visuales de nuestra cultura, tales como las pinturas rupestres o los grandes ejemplos de la arquitectura precolombina, o bien a documentos y monumentos que dan cuenta de distintos personajes históricos, así como también sus reflexiones a partir de las obras maestras del arte prehispánico, como el Chac Mool (estatua yacente tomada a su vez como
43 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 modelo por el escultor británico Henry Moore), y el modo en que Fuentes se detiene para referirse en detalle a muchos de sus artistas dilectos: Goya, Velázquez y Las meninas, José Guadalupe Posada, Picasso, los principales representantes del muralismo mexicano, Buñuel, Tamayo, Gironella, Cuevas…4 El propio texto del escritor mexicano reviste la forma de “un gran mural” de nuestra cultura5: se trata de un ensayo en que entran en tensión la voluntad de dar cuenta de la historia de Hispanoamérica y desplegar su cultura en el tiempo, a la vez que de pintar un gran mural compuesto por los documentos y los monumentos que nos permitan observar de manera a la vez sincrónica y plural el panorama de nuestra cultura. Su propia decisión de incorporar varias alusiones al muralismo mexicano representa también una toma de posición respecto de otras posturas estéticas en torno a este movimiento artístico que acaba de cumplir cien años de historia. Carlos Fuentes muestra una vez más a través de esta obra que su dimensión como pensador y ensayista está necesariamente ligada al quehacer del escritor, ya que su palabra es constante afirmación de “un modo literario del conocer” (Macé 2006: 5), por el que el autor incide en el debate público desde la memoria y la imaginación, apelando a herramientas creativas y críticas, y al modelo de la lengua y la cultura como zonas de encuentro y creación permanentes. Fuentes incorpora además al ensayo novísimos componentes, ya que, a la manera de su admirado Benjamin, incluye un nuevo modo de traer a presente los sentidos cristalizados en objetos culturales o en obras de creación. El espejo enterrado se depliega entonces como un “gran mural” vivo y a la vez cargado de tiempo en que confluyen la interpretación de la historia y la cultura con reflexiones sobre el arte y la literatura. Este ensayo nos ofrece una nueva interpretación de la vida cultural hispanoamericana y da respuesta a las nuevas condiciones de la relación entre España y América, apelando a una solución simbólica notable, ya que hace de la cultura, la lengua, el arte y la literatura –esto es, apelando a dos de las grandes apuestas de Fuentes: la imaginación y el lenguaje–, las claves para repensar el espacio cultural iberoamericano, y otorga en muchos casos a las soluciones estéticas un papel 4 Hay al respecto varios trabajos, como los de Perea: 2011, donde se afirma que “ya desde sus artículos iniciales, desde sus primeras obras narrativas, Fuentes mostró una clara inclinación por el comentario crítico del arte o por la recreación literaria a partir del mismo. Buscó descifrar y promover la producción de sus contemporáneos, pero además comprender a fondo corrientes y artistas del pasado. Muchos de los libros de narrativa y ensayo, y de los proyectos cinematográficos de Fuentes, se han visto continuamente influidos, enriquecidos por el arte en sus más diversas manifestaciones” (México, 2011: 131). Por su parte, Georgina García Gutiérrez Vélez y Edith Negrín han hecho también valiosos aportes en torno a la relación entre la novela y la imagen. Véase García Gutiérrez Vélez: 2010 y Negrín: 2011. 5 Tomo aquí la acertada expresión de Georgina García Gutiérrez, especialista en la obra de Fuentes, quien apela a la imagen de un mural narrativo para describir su obra (García Gutiérrez Vélez, 2010). Por su parte, Basilio Baltasar se refiere a El espejo enterrado como “su deslumbrante mural del tiempo” (2016: 45).
50 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 Nos muestra así Fuentes que, tanto en la etapa de conquista como en la de independencia, tanto en los sueños de la razón, en los proyectos criollos o los del liberalismo decimonónico como en el capitalismo tardío, tanto en los planes revolucionarios traicionados como en los excesos y los fanatismos, el desencuentro entre los programas políticos y su exclusión de la vida plural de la cultura han resultado trágicos. Fuentes propone recuperar esa tradición que tuvo como modelo a Alfonso el Sabio, a Fuenteovejuna y al Quijote, y plantea de manera original y enfática que ha existido una larga tradición de convivencia democrática en España que arranca con los primeros municipios. Existe también, desde luego, una honda tradición cultural que pervive activa hasta hoy y puede rastrearse hasta las cuevas de Altamira, pero también hasta los grandes logros civilizatorios de las culturas americanas. Recupera además una original y avanzada tradición de pensamiento a la que contribuyen los más lúcidos de nuestros pensadores, sentidores, escritores, juristas y educadores, y que más tarde renacerá en los distintos procesos de apertura, de crítica, búsqueda de independencia y revolución, aunque en muchos casos, como el del liberalismo, volviera a debatirse entre inclusión o exclusión, participación o cerrazón, con respuestas geniales como la de José Martí. Sugiere Fuentes la posibilidad de ver los productos culturales como monumento y como documento, como hechos estéticos con valor autónomo pero a la vez como testimonios de nuestra vida, nuestra historia y nuestra cultura: Desde luego, la continuidad de la cultura no requiere equivalencia política para el hecho estético. Los mitos de Prometeo o de Quetzalcóatl, las pinturas de Goya o de Orozco, son hechos estéticos autosuficientes. Pero también indican maneras de ser, de pensar, de vestir, de comer y de amar, de amueblar, de cantar, de luchar, y de soñar. Un hecho cultural simboliza y conjunta toda una manera de ser. Una pintura, un poema, una obra cinematográfica, indican cómo somos, qué podemos hacer, qué nos falta por hacer. La cultura es la respuesta a los desafíos de la existencia. Al fin y al cabo, la cultura es portada por los mismos que creamos la política y la economía: los ciudadanos, los miembros de la sociedad civil. Si esto es así, ¿por qué no habría de ofrecernos la cultura la necesaria coincidencia de sí misma con la vida política y económica? ¿Podemos, en el siglo que viene, unir en América Latina los tres factores de nuestra existencia, iniciando la unidad política y económica desde la base de la unidad cultural? La continuidad cultural es tanto una condición como un desafío para lograr un contrato social viable (Fuentes 1992: 337).
51 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 El recorrido histórico Desde luego que se puede también leer el libro de acuerdo a un riguroso orden cronológico, como una historia de nuestra cultura que sigue los grandes pasos de la confluencia de la historia de España y América a partir de la llegada de Colón y que da cuenta de los efectos de la misma en cuanto la vida y la muerte del mundo indígena, la conquista y la reconquista, el proceso de mestizaje, el ingreso de América al concierto universal a lo largo de la era imperial de los Austrias, seguido de las grandes etapas de nuestra historia y nuestra cultura, tales como los Siglos de Oro, el barroco, el XVIII borbónico y el “sueño de la razón”, los procesos de independencia y la generación de un sector de españoles americanos o criollos, los difíciles momentos del siglo XIX y la constitución de las entidades naciones americanas, la Revolución mexicana, y la organización nacional en los distintos puntos de América, con un asomo a la España contemporánea y a la presencia de los hispanos en Estados Unidos, para concluir con “El espejo desenterrado”. La segunda edición de la obra cuenta, además, con un importante capítulo adicional de valoración de nuestro presente y destino, nuestros logros, nuestros cuellos de botella y nuestras esperanzas. Piensa en el espacio iberoamericano como una amplia zona de extraordinaria pluralidad cultural y por ello capaz de ser ejemplo de convivencia, integración en la diferencia, democracia con seguridad pública, justicia social y desarrollo equitativo. Se preocupa también por “Cómo nos movemos de una identidad adquirida a una diversidad por adquirir” (2010: 472) y por “Un mundo que celebra el libre comercio, donde el movimiento de las cosas es aplaudido pero el movimiento de las personas es castigado” (473). Y se refiere a la posibilidad de una globalidad crítica, respetuosa de la diversidad, que permita impedir los dogmas monolíticos y poner en la agenda el tema del trabajo, la educación, la protección al medio ambiente (478). La nueva edición incorpora además el diálogo con toda una nueva generación de sociólogos, economistas y politólogos y se preocupa con ellos por los temas centrales de la pobreza y la exclusión. Es así posible leer el texto en su conjunto como un despliegue narrativo de la historia de nuestra cultura, o detenerse en algunos pasajes de gran belleza, cortes sincrónicos en que la prosa se explaya hasta constituir verdaderos ensayos en sí mismos. Es posible también atender a sus propuestas interpretativas, que nos ofrecen una nueva geopoética del mundo iberoamericano y la experiencia transatlántica. Ensayo de tierra firme vertebrado a través de la narrativa histórica y a su vez, por qué no, archipiélago de ensayos.
52 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 Configuraciones Otro recorrido de lectura nos conduce a la vía y los ritmos de la narrativa y a la configuración de personajes a partir de datos históricos, elementos todos que prueban que este ensayista es también un gran novelista. Tal es el caso de su semblanza de Simón Bolívar, El Libertador, cuya figura elabora a partir de datos biográficos, como “los retratos de Bolívar” que “subrayan, idealizan, borran o disimulan la mezcla racial” (Fuentes 1992: 261). Además de rescatar algunos momentos centrales en la vida de Bolívar, Fuentes se pregunta: ¿Quién era este hombre, este aristócrata que luchaba por la igualdad, este hombre inmensamente rico que entregó su vida a la revolución? Bolívar, el visionario humanista que podía librar la guerra con la misma violencia implacable de sus enemigos. El guerrero y filósofo que pasó por la historia pensando en voz alta. El romántico impaciente que deseaba alcanzar tantas cosas en tan poco tiempo: la democracia, la justicia, incluso la unidad latinoamericana (265). Nos encontramos así en Fuentes con la mirada del intelectual y del conocedor de la historia y la política que supo ver la grandeza de un Bolívar capaz de plantear, además de los tres poderes de Montesquieu, el “Poder Moral”, esto es, un cuarto poder que garantizara la constitución de una sociedad civil (“una sociedad civil independiente, un pluralismo autónomo de actividades sociales, intelectuales, políticas y económicas sobre las cuales construir instituciones democráticas flexibles y duraderas”) (273). Pero es también Fuentes el novelista, el autor de obras como La campaña, el que dialoga con Arturo Uslar Pietri o con Gabriel García Márquez, y ve los últimos días de Bolívar a la luz de El general en su laberinto: “la visión duradera de la novela […] es la de una mente vibrante y creativa, arrastrando a un cuerpo moribundo que ya no responde a la voluntad de su dueño” (274). Florence Olivier considera a Fuentes un “cronista de cronistas” (2016: 53): certera designación para caracterizar aquellas páginas en las que se refiere a Cortés y Bernal, y que pueden también ponerse en diálogo con los prodigiosos ensayos y relatos que dedicó a estos temas, como su deslumbrante visión de la obra de Bernal Díaz del Castillo o los textos que integran El naranjo (Fuentes 1993b). El autor es así capaz de repensar y recrear la hondura de las grandes figuras de nuestra historia, dotándolas de rasgos que las traen a presente.
53 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 Momentos de sentido Existe también la posibilidad de leer el ensayo a partir de la determinación de momentos clave, puntos centrales, imágenes que se abren a la interpretación y son los que nos dan los grandes nudos de comprensión de la obra. Así, el recuento histórico se combina con el asomo a momentos plenos de sentido, el primero de los cuales es sin duda 1492, seguido por otros hitos: 1521, caída de Tenochtitlan, acontecimiento que fue, según Hugh Thomas, “una de las grandes batallas de la historia”, en cuanto “no sólo destruyó el más grande centro de poder indígena y religioso en Norteamérica, sino que también escenificó, en las figuras de Cortés y Moctezuma, uno de los grandes choques entre civilizaciones opuestas que el mundo jamás haya visto” (Fuentes 1992: 123). Ambos perdieron, ambos ganaron. Comienza el mestizaje. “La Malinche estableció el hecho central de nuestra civilización multirracial, mezclando el sexo con el lenguaje. Ella fue la madre del hijo el conquistador, simbólicamente el primer mestizo” (125). Se confirma además el perfil intelectual de Carlos Fuentes, en cuanto conciencia crítica que se pregunta por el pasado a partir de los problemas y contradicciones del presente. Latinoamérica ha sido víctima de la violencia de la conquista y el extractivismo, el autoritarismo, el caudillismo; existen fenómenos contrastantes como conquista y contraconquista, originalidad e imitación de Europa, consumo y producción –evidente, según Claudio Véliz, en los patrones de lo primero antes que de lo segundo–, liberalismo económico y liberalismo político, ligado el primero a formas de explotación de la tierra como la hacienda, el fundo, la plantación, la estancia, que se orientan a ofrecer materias primas y enfatizar la dimensión comercial y no productivo (1980: 151-162). La “pausa liberal” consolidó según nuestro ensayista la pobreza de los tiempos coloniales, y consolidó el modelo del capitalismo periférico, en cuanto se adoptaron “patrones de consumo de clases acomodadas europeas pero no patrones de producción”. De allí el giro que da Fuentes a la conocida expresión de Alfonso Reyes. Si para el segundo América había llegado tarde al banquete de la civilización europea, para el primero “nosotros le dimos los postres al banquete de la civilización: chocolate, azúcar, fruta, tabaco” (Fuentes 1992: 303). Ensayos de interpretación Este ensayo se enlaza con una larga tradición en la prosa de nuestra región: los ensayos de interpretación. Estos ensayos se dedicaron a indagar las claves de las correspondientes culturas nacionales, enlazándolas, en algunos casos,
54 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 con el tiempo largo de la historia regional y la herencia colonial. Pensemos en uno de los más destacados ejemplos de este tipo de ensayo, El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, que entra en diálogo con la línea reflexiva en torno a la identidad nacional que preocupó a tantos intelectuales de su época y ofrece una respuesta al “enigma de lo mexicano” a que se refirió Jorge Volpi. Como sostiene acertadamente Maarten van der Delden, Fuentes se preocupó por ver en procesos como el de la Revolución Mexicana la “revelación de la identidad de México”: “Lo veía como un proceso que venía desde dentro, no como una reacción a fuerzas exteriores al país. En el fondo, su interpretación de la Revolución era una defensa de la dignidad de México”. Y prosigue: “Pero Fuentes era también un crítico del nacionalismo. En sus escritos sobre la Revolución, Fuentes frecuentemente seguía los pasos de Octavio Paz para quien las luchas de 1910 a 1917 representaban una ‘súbita inmersión’ en el ser de México” (Van Delden 2012: 205). A su vez, el ensayo de Fuentes honra las propuestas de autores como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Mariano Picón-Salas, quienes ampliaron la perspectiva interpretativa a toda la región, y vieron en la lengua española y en una cultura hispanoamericana compartida dos formas de la integración del espacio atlántico. Se trata, como en Henríquez Ureña, de recuperar la herencia civilizatoria del Mediterráneo. Se trata, como en Alfonso Reyes, de tomar posición respecto de nuestra cultura para tomar posesión de ella y verla como posibilidad de un “ensayo de síntesis”. Y se trata, como en Alejo Carpentier, y sobre todo en José Lezama Lima, de observar la historia desde el mirador de la imaginación, para subvertir determinismos, concepciones históricas lineales, reduccionismos y pesimismos, gracias al ingrediente fundamental que nos da la posibilidad de crear y de pensar en español, y con ella, la libertad de elegir. Por fin, al colocar la tradición de La Mancha y la figura de Cervantes en el centro mismo de su interpretación, esta obra de Fuentes abre también una vía de diálogo con los grandes ensayos de Unamuno y Ortega, que reinterpretan la cultura española a partir de la clave del Quijote. A ello se suma su curiosidad por los análisis de las ciencias sociales y de los principales pensadores clásicos y contemporáneos, al tiempo que su permanente diálogo con las grandes obras de la imaginación. Pienso en particular en su magnífico tratamiento del tema de la ciudad como clave del modelo de poblamiento, crecimiento y desgarramiento de nuestras sociedades, que se apoya en pruebas que van de una lectura brillante del escenario donde transcurre La Celestina hasta la lúcida interpretación de las ideas de autores dedicados a los fenómenos urbanos como José Luis Romero, autor de un clásico: Latinoamérica: las ciudades y las ideas (1976) o como Carlos Monsiváis, el gran cronista contemporáneo de México, en Los rituales del caos (1995). En rigor, la combinatoria de todos estos elementos a la hora de la reflexión nos da la posibilidad de asistir, como quería José Gaos, al pensar
55 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 del pensador, al escribir del escritor. Inmensa fortuna que nos deparan siempre los ensayos vivos, en plena ebullición, de Carlos Fuentes. El territorio de La Mancha Otro elemento fundamental que atraviesa esta obra es la imagen de un “territorio de La Mancha”, espacio de lenguaje y cultura simbólicamente inaugurado por el Quijote, lugar de la lengua y la imaginación en que desembocan esta y muchas otras reflexiones de Fuentes que condensan su interpretación del tiempo y el espacio cultural hispanoamericano y transatlántico. La Mancha es así la gran propuesta geopoética de Fuentes para abrirnos a una nueva forma de integración respetuosa de la pluralidad y complejidad de nuestra vida cultural. Recordemos que afirma en el centro mismo de esta obra: “Todos somos hombres y mujeres de La Mancha”. Se trata de un tema que Fuentes viene madurando desde años anteriores y al que regresará de manera asuntiva en su recuperación de los sentidos del Quijote. Así, en el año 2007 se pregunta: ¿Qué nombre nos nombra entonces? ¿Qué resumen lingüístico nos une y reúne? ¿Qué título, simplificándonos, da cuenta verdadera de nuestra complejidad? He venido proponiendo un nombre que nos abarca en lengua e imaginación, sin sacrificar variedad o sustancia. Somos el territorio de La Mancha. Mancha manchega que convierte el Atlántico en puente, no en abismo. Mancha manchada de pueblos mestizos. Luminosa sombra incluyente. Nombre de una lengua e imaginación compartidas (Fuentes 2007: 27). Al traer a presente su reflexión, al mostrarnos su interpretación en el momento vivo de su hacerse, Fuentes comparte con nosotros el placer que nos da, como en todo buen ensayo, interpretar, sintetizar, nombrar, proponer, y confirmar nuestro encuentro de lectura y participación en una hazaña compartida: la hazaña de entender y encontrar un camino que es a la vez confluencia de lectura y comprensión. Campea a lo largo del texto la certeza de que la literatura, la lengua, el arte y la cultura logran solucionar simbólicamente contradicciones que se dan en los órdenes histórico, político y social. Hay un elemento implícito: Cervantes y el Quijote fueron siempre vistos y celebrados como indiscutible punto de unión y consenso por la imaginación. El tiempo largo de la cultura, su posibilidad de hacer concurrir y traducir distintos tempos, espacios y experiencias humanos, interesa a Fuentes para poder examinar desde otro lugar y desde otra dimensión la vida de nuestros países. En una gran síntesis a la que concurren las dimensiones del escritor, el nombrador y el pensador, propondrá Fuentes un tratamiento creativo e
56 Liliana Weinberg Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 imaginativo de los conceptos de cultura, lengua, literatura, que desembocará en el territorio de La Mancha, el territorio donde transcurre un libro, el libro hecho territorio, el lugar en que todos los miembros de una cultura compartida nos leemos y nos descubrimos. Fuentes responde críticamente a las visiones lineales y deterministas de la historia, la política, la economía, y lo hace afirmando las condiciones de integración viva, de permanente reactualización creativa, de ese modelo particular de participación que nos brindan la cultura, la lengua, la imaginación y la literatura. Y responde también desde una inmensidad de lecturas nutridas en la historia, las ciencias sociales, los debates de época, para ofrecernos a partir de un nuevo tratamiento de temas, problemas y figuraciones el concepto de cultura, de lengua e imaginación como modelo de modelos. Por fin, Fuentes hace del espejo una herramienta de singular valor para ir en busca de los muchos sentidos abiertos a la interpretación; una herramienta que, como Velázquez en el infinito juego de envíos y reenvíos de la mirada en Las meninas, o como Cervantes en su imaginación de un mundo en el que caben múltiples puntos de vista, acaba por permitirle pintar con palabras su autorretrato a la luz del retrato de su cultura.
57 El espejo enterrado: una biografía de nuestra cultura Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 35-58. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.02 Bibliografía Baltasar, B. “El mural narrativo de Carlos Fuentes”, en Sara Ladrón de Guevara et al., En torno a El espejo enterrado (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2016), 37-46. Fuentes, C. La nueva novela hispanoamericana (México: Joaquín Mortiz, 1969). Fuentes, C. Casa con dos puertas (México: Joaquín Mortiz, 1988). Fuentes, C. El espejo enterrado (México: FCE, 1992). Fuentes, C. Geografía de la novela (México: FCE, 1993). Fuentes, C. El naranjo (México: Alfaguara, 1993). Fuentes, C. En esto creo (Barcelona: Seix Barral, 2002). Fuentes, C. Viendo visiones (México: FCE/Fundación Bancomer, 2003). Fuentes, C. “Territorio de La Mancha”, Babelia, El País (23 de marzo de 2007), pp. 25-28. [Discurso pronunciado en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en marzo de 2007 en Cartagena de Indias, Colombia. Disponible en https://elpais.com/diario/2007/03/24/ babelia/1174696751_850215.html; consultado el 16 de enero de 2023]. Fuentes, C. El espejo enterrado. Reflexiones sobre España y América (México: Alfaguara, 2010). Fuentes, C. La gran novela latinoamericana (México, Alfaguara, 2011). García Gutiérrez, G. “México, arte y revolución: la novela mural de Carlos Fuentes”, en Rafael Olea Franco (ed.) y Laura Angélica de la Torre (colab.), Doscientos años de narrativa mexicana, vol. 2, Siglo XX (México: El Colegio de México, 2010), 269-298. Henríquez Ureña, P. Las corrientes literarias en la América hispánica (México: FCE, 1945). Henríquez Ureña, P. Historia de la cultura en la América hispánica (México: FCE, 1947). Incledon, J. “El espejo enterrado, by Carlos Fuentes. The Buried Mirror: Reflections on Spain and the New World by Carlos Fuentes”, Hispania, 76 (4), (diciembre de 1993), pp. 735-737. [Disponible en https://doi. org/10.2307/343897; consultado el 19 de enero de 2023]. Ladrón de Guevara, S. et al. En torno a El espejo enterrado (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2016). Lezama Lima, J. La expresión americana (La Habana: Instituto Nacional de Cultura-Ministerio de Educación, 1957). Macé, M. Le temps de l’essai. Histoire d’un genre en France au XXe siècle (París: Belin, 2006). Monsiváis, C. Los rituales del caos (México: ERA, 1995). Mora, V. L. El lectoespectador (Barcelona: Seix Barral, 2012).
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