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365Más allá de los límites... Más allá de los límites: Liddell, las neurosis experimentales y el psicoanálisis* Natividad Sánchez** Estrella Díaz Universidad de Sevilla revista de historia de la psicología © 2009: Publicacions de la Universitat de València 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) 365-372 Valencia (España). ISSN: 0211-0040 Resumen Entre 1927 y 1962, H. S. Liddell y sus colaboradores desarrollaron un extenso programa de investigación relacionado con el estudio de las neurosis experimentales en distintas especies. A partir de la década de 1940 iniciaron una serie de trabajos en torno a su prevención y fue en este último ámbito en el que lograron captar más la atención de los psicoanalistas. El grupo de Cornell centró su interés en el estudio de los primeros días de vida de los animales, analizando el papel protector de la madre durante las primeras semanas de edad. Para ello, registraron con detalle la interacción madre-cría durante el periodo inicial de la vida de ésta. La idea de fondo era contrastar una de las hipótesis más comunes acerca de la etiología de los trastornos psicológicos, la de que los daños sufridos en la infancia están entre los más graves e incapacitantes. No nos puede extrañar, por tanto, que estos estudios interesaran a los psicoanalistas porque se dirigían hacia algunos de los aspectos que ellos consideraban esenciales tanto en el desarrollo de la personalidad sana como en el surgimiento de los trastornos. Nuestro trabajo analizará este interés recíproco entre unos y otros a partir de la correspondencia que Liddell mantuvo con los psicoanalistas Leon J. Saul y René Spitz. Palabras clave: H. S. Liddell, neurosis experimentales, psicoanálisis, R. Spitz, L. Saul. Abstract From 1927 to 1962, H. S Liddell and his co-workers carried out an extensive research program related to the study of experimental neuroses in different species. During the forties, they began a series of experiments on prevention, and this issue captured the attention of the psychoa- * Este trabajo ha sido posible gracias al proyecto SEJ2006-14090-C02-01/PSIC del Ministerio de Educación y Ciencia. ** Correspondencia: Departamento de Psicología Experimental. Universidad de Sevilla. C/ Camilo José Cela S/N. 41018. Sevilla. <[email protected]>.
366 Natividad Sánchez / Estrella Díaz Revista de Historia de la Psicología, 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) nalysts immediately. Cornell’s group focused his interest in the first days of life of the newborn, analyzing the protective role the mother played during her lamb’s or kid’s firsts weeks of age. Therefore, they recorded the neonate-mother pattern of relationships in detail. The core idea was to test one of the more ubiquitous hypotheses on the origin of psychological disturbances, namely that the most disabling and severe injuries were always found in the infancy. Obviously, these studies were of great interest to psychoanalysts since they addressed some of the factors considered as determinants in personality development and mental health. In this paper, we use archival materials, specially the correspondence between H. S. Liddell. L. J. Saul and R. Spitz, to explore this mutual interest among scientists and clinicians. Keywords: H. S. Liddell, experimental neurosis, psychoanalysis, R. Spitz, L. Saul. «Los trabajos de estos dos genios Freud y Pavlov, sentaron los fundamentos del estudio científico de las leyes y mecanismos de la naturaleza humana» (Liddell, 1954, p. 48) A lo largo de su carrera, Howard Scott Liddell (1895-1962) mantuvo continuos y fructíferos contactos con destacados psicoanalistas que reconocieron, valoraron e inspiraron y ayudaron a dar forma a los trabajos del grupo de Cornell. Un elemento esencial de esta interlocución fue el establecer zonas de encuentro y debate interdisciplinar que permitieron ir más allá de los límites, desdibujando barreras conceptuales apriorísticas1. En abril de 1937, Walter S. Hunter (1889-1954), director de la División de Psicología del National Research Council (NRC), organizó una reunión sobre Experimental Neurosis and Allied Problems en Washington. En ella, psiquiatras, psicólogos y fisiólogos intercambiaron puntos de vista y crearon un Comité en la NRC dedicado a Problems of Neurotic Behavior, la revista Psychosomatic Medicine (1939) y la American Psychosomatic Society (1942). Comité, revista y sociedad compartían el acercamiento plural a los problemas, valorando en igual medida las aportaciones académicas y las contribuciones clínicas. El propio Liddell señaló como esencial en la evolución de su pensamiento la Conferencia sobre neurosis que auspició la Fundación J. Macy y que se celebró Cornell en 19392,3. 1. El Zeitgeist de la época era más permisivo a colaboraciones e interpretaciones foráneas; recogiendo ideas de figuras como A. Meyer quien ya había proclamado la necesidad de un cierto eclecticismo pragmatista en la búsqueda de caminos para favorecer la higiene mental. 2. Carta de H. S. Liddell a F. Fremont-Smith. 7 de abril de 1949. Box 1 Folder 54. Howard S. Liddell Papers, #14-23-1466. Division of Rare and Manuscript Collections, Cornell University Library 3. Todos los documentos de archivo pertenecen a: Howard S. Liddell Papers, #14-23-1466. Division of Rare and Manuscript Collections, Cornell University Library. Para evitar repeticiones innecesarias, omitiremos en futuras referencias la mención a la colección.
367Más allá de los límites... Revista de Historia de la Psicología, 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) En 1940, y a iniciativa de psicoanalistas como F. Alexander, T. French, S. Rado, A. Kardiner y D. Levy, Liddell fue invitado a la Society for Research in Psychoanalisis and Experimental Psychodynamics: un círculo reducido y exclusivo de psicoanalistas, fisiólogos y psicólogos sociales y experimentales. La aceptación creciente de los trabajos de Liddell en estos círculos le llevó a impartir conferencias ante la Association for the Advancement of Psychoanalysis (1942), a debatir sobre «El acercamiento experimental a los conceptos psicoanalíticos» en la reunión de la Eastern Psychological Association (1942), o hablar en la recién inaugurada Psychoanalitic and Psychosomatic Clinic de Columbia por invitación de S. Rado en 1945. «…Esperaré impaciente la oportunidad de echarle una «mirada penetrante a los animales neuróticos»4 Esta colaboración entre el laboratorio de Liddell y los psicoanalistas, se vio favorecida por la evolución de sus investigaciones. Abandonó sus primeros trabajos más fisiológicos cuando, por azar, se encontró con las neurosis experimentales en 1927. Este hallazgo embarcó a su grupo en estudios paramétricos y terapéuticos. Tras más de una década, Liddell abandonó esta línea de trabajo en base a lo que él calificó como engaño «cuantitativo»: una obsesión por medir los estímulos, olvidando el significado de los mismos para el animal (Block, 1966). Alrededor de los años 40, una nueva concepción más global le hizo concluir que sus trabajos con los reflejos condicionales eran estudios sobre la emoción y que estos reflejos eran, siguiendo la terminología de Cannon, reacciones de emergencia condicionadas ante estresores controlados (Ruiz, 2008). En sus primeros estudios sobre neurosis experimentales, había llegado a la conclusión de que el procedimiento de condicionamiento pavloviano era el factor desencadenante del trastorno. Ahora, en su nueva concepción más clínica y holística sostenía que: «El método es esencialmente un método para administrar dosis moderadas de experiencia traumática al animal experimental. (…) En otras palabras, el método de los reflejos condicionados es el camino regio hacia la comprensión del trauma psíquico y la neurosis en animales» (Liddell, 1957, p. 5). La similitud con la cita de Freud es más que evidente. La cuestión inmediata era: estos trabajos con animales ¿podían tener alguna utilidad en la comprensión de los trastornos humanos? Aún reconociendo la necesidad de cautela, su respuesta fue un sí rotundo, que muchos psicoanalistas aceptaron igualmente. Liddell (1961) reconoció que, en un principio, sus experimentos habían generado «Desaprobación Interdoctrinal» entre los clínicos, que señalaban la poca o nula relación de las neurosis en animales con las psiconeurosis. El argumento más extendido era que el desorden emocional en animales era situacional y quedaba restringido a la 4. Carta de T. M. French a Liddell. 19 de Julio 1945. Box 1. Folder 50.
368 Natividad Sánchez / Estrella Díaz Revista de Historia de la Psicología, 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) situación experimental. Sin embargo, una serie de trabajos probaron que el animal neurótico «se lleva sus preocupaciones de vuelta al establo por la noche», mostrando fuera del laboratorio altos niveles de agitación, frecuentes reacciones de sobresalto injustificadas, alteraciones del ritmo respiratorio, taquicardia, niveles anormales de actividad motora nocturna, y cambios significativos en su comportamiento social. Las concepciones de Liddell se alejaban de las visiones psicológicas de su época. Sostuvo que el condicionamiento pavloviano era un método para estudiar la emoción y no una forma de investigar el aprendizaje y la inteligencia, la noción más extendida entre los psicólogos (Liddell, 1954). Lo que se planteaba en sus estudios era, por tanto, el papel positivo o negativo de la emoción en la supervivencia. A lo largo de casi 35 años, el grupo de Cornell identificó y evaluó toda una serie de peligros potenciales para la estabilidad mental de sus animales: la restricción auto-impuesta por el animal, la monotonía, la confusión, la soledad y la sobre-estimulación. Estos términos y la presentación de sus estudios como casos clínicos los hicieron más compresibles a psiquiatras y psicoanalistas, que sus equivalentes psicológicos de inmovilidad experimental, diferenciaciones difíciles, aislamiento experimental, sesiones experimentales prolongadas o complejas y las referencias a curvas de aprendizaje, intervalos entre estímulos, duración y amplitud de respuestas, etc. (Liddell, 1957). Aunque los trabajos de Liddell hasta la década de los 40 no habían pasado inadvertidos para la audiencia psicoanalítica, los experimentos que despertaron un gran interés fueron los iniciados en torno a 1945, porque abordaban nociones fundamentales para la concepción dinámica del desarrollo de la personalidad. «En la Casa de Ninos Expositos el nino se va poniendo triste y muchos de ellos mueren de tristeza» (1760, del diario de un obispo español). Con esta cita en castellano comenzaba R. Spitz (1887-1974) su trabajo Hospitalism (1945). Como Liddell confesaría: «Debido a las observaciones de Rene Spitz sobre el hospitalismo en niños privados de los adecuados cuidados maternales, nuestro foco de interés cambió hacia corderos y cabras recién nacidos y la acción protectora de la madre al escudar a su cría del impacto del estrés psico-social» ( Liddell, 1960, p. 4). También Spitz encontraba inspirador y relevante el trabajo que Liddell estaba iniciando: Verdaderamente estoy deseando leer tus publicaciones sobre condiciones «difíciles» en animales recién nacidos. Por una parte tienes la posibilidad de hacer las condiciones tan rigurosas como desees; por otra, puedes seguirlos hasta la
369Más allá de los límites... Revista de Historia de la Psicología, 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) madurez, lo que para mí, hasta ahora, ha resultado ser un problema irresoluble en el caso de los niños5 A partir de este momento su trabajo se focalizó en descifrar qué elementos de su situación experimental eran los más estresantes, y de qué modo se podría incrementar la resistencia a los mismos para evitar –prevenirla neurosis. La psiquiatría había concedido gran importancia a las experiencias infantiles en la salud mental de los adultos: los daños psíquicos más severos acontecían en la primera infancia. Para Liddell era evidente que había que comenzar analizando experimentalmente el papel que su trauma emocional –el condicionamiento pavlovianotendría en el futuro equilibrio mental de sus animales. Tras idear un procedimiento que generaba «experiencias traumáticas infantiles»6, comenzaron sus trabajos. Diseñaron una situación que les permitía trabajar con las crías en libertad de movimientos y registrar la cantidad y amplitud de actividad que los pequeños desplegaban, una medida que correlacionaba positivamente con su estabilidad emocional. Uno de sus hallazgos fue que los animales aumentaban su resistencia al estrés experimental durante los primeros meses de vida: las crías de 3 semanas mostraban síntomas –caían en un estado letárgico– en la mitad del tiempo que aquellas que habían comenzado su entrenamiento con 6 meses (Liddell, 1952). Aun más rápido era el efecto en crías de menos de 12 horas de edad (Moore, 1958). Cuanto más joven era el animal, más sensible parecía ser a la experiencia traumática, que resultó letal para muchas crías que murieron antes de cumplir 6 meses. Por fin había una demostración experimental del papel esencial de las primeras experiencias. Inspirándose en los trabajos de Spitz determinaron que las madres tenían la capacidad de proteger a su descendencia del efecto nocivo del estrés durante el periodo más sensible de su infancia, haciendo de las crías protegidas adultos libres de neurosis y capaces de soportar mejor el estrés ambiental (Ruiz, 2008). Este papel protector no podía ejercerlo el experimentador presente en la sala experimental, aunque el animal buscaba su contacto y permanecía de pie o tumbado cerca de su silla, llegando incluso a saltar a su regazo. ¿Qué convertía a las madres en guardianas tan efectivas de la salud mental de sus crías? Gran parte del esfuerzo del grupo de Cornell se centró en buscar la respuesta a esta cuestión analizando las primeras interacciones entre los adultos y su descendencia, y sus efectos en el desarrollo posterior. Helen Blauvelt (1954, 1955) inició una serie de estudios etológicos para observar los patrones de conducta madre-cría en los primeros momentos de vida. La sofisticada 5. Carta de R. Spitz a H. S. Liddell 11 de diciembre de 1946. Box 2. Folder 2-46. 6. Señales de oscuridad seguidas de levísimas descargas eléctricas en la pata del pequeño animal en una situación de «libre actividad» (Moore, 1958).
370 Natividad Sánchez / Estrella Díaz Revista de Historia de la Psicología, 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) dinámica de la interacción era frágil y pequeños cambios alteraban significativamente el comportamiento maternal, poniendo en riesgo la supervivencia del joven. Hersher, Moore, y Richmond (1954) demostraron que una breve separación (30-60 minutos) de las cabras y sus crías con sólo 10 minutos de edad afectaba significativamente a las madres, que mostraban conductas anormales poco propias de su especie: amamantaban indiscriminadamente a todas las crías del rebaño o rechazaban alimentar incluso a las suyas. En un estudio posterior, identificaron que el factor más relevante para explicar esta mala conducta maternal era que se había impedido a la madre tener la experiencia postparto de centrar su atención exclusivamente en su cría. Si antes de separarlas se permitía que las madres desplegaran el patrón completo de interacción con su hijo durante las 12 horas después del parto, esas madres podían ser forzadas a adoptar a otras crías, ¡incluso de otra especie!, sin que apareciera la conducta materna indiscriminada7. En cualquier caso, el efecto sobre la cría de esta brevísima separación y el comportamiento subsecuente de la madre era tan devastador como someter al animal a una sesión de condicionamiento 15 horas después de su nacimiento. Estos animales ya no podrían enfrentarse eficazmente a las situaciones de estrés y normalmente sucumbían antes de alcanzar la madurez. Incluso en situaciones de estrés moderado, como al ser aislados en un entorno extraño, se podían registrar diferencias conductuales y fisiológicas entre jóvenes con experiencias infantiles anormales y jóvenes sin ellas (Liddell, 1964). La conclusión de estos estudios fue que el proceso fundamental era un tipo particular de condicionamiento: el condicionamiento mutuo, un proceso en el que la madre condiciona a su cría a través de un intercambio placentero de respuestas; éste, concluiría Liddell, sería el factor esencial en la prevención de las neurosis experimentales (Liddell, 1964). «Aunque inferiores intelectualmente a nosotros, podemos aprender mucho de ellos en cuanto a las emociones, incluyendo la naturaleza de la maduración y la madurez, ya que los animales reaccionan sin disfraces» (Saul, 1962, p. 60) La atención que Liddell prestó a la relación madre-hijo y a las experiencias traumáticas infantiles, atrajo inmediatamente la atención de los psicoanalistas. Si como pensaban los psicoanalistas, en el origen de las psiconeurosis se encontraban experiencias traumáticas infantiles reprimidas, para Liddell el aspecto que vinculaba estas vivencias entre sí y las acercaba a su disposición experimental era que todas implicaban situaciones 7. Richmond, J. B., Hersher, L., y Moore A. U. An Experimental Approach to the study of Adoptions. Comunicación ante la American Pediatric Society, Buck Hill Fall, Pensilvania. Junio 1960. Box 5. Folder 30.
371Más allá de los límites... Revista de Historia de la Psicología, 2009, vol. 30, núm. 2-3 (junio-septiembre) estresantes, al estilo del condicionamiento pavloviano, donde las emociones ejercían su efecto más pernicioso. Consciente de ese impacto, Liddell mostró cómo sus hallazgos y conclusiones podían llevarse más allá de los límites de su granja laboratorio: usando descripciones clínicas humanas y categorías psicopatológicas al uso, empleando conceptos centrales del psicoanálisis, buscando continuas referencias a las obras clásicas de Freud, recogiendo las aportaciones, en ocasiones poco ortodoxas, de otros psicoanalistas –French, Kubie, Levy, Masserman, Saul-, y participando activamente en los foros que le permitieran exportar sus ideas. Liddell, fiel a un sentido pragmático del conocimiento y a la diversidad de sus influencias, se inspiró e incorporó en su trabajo ideas psicoanalíticas. A su vez, muchas ideas y aportaciones de su grupo fueron recogidas e incorporadas por psiquiatras y psicoanalistas americanos de la época; especialmente por aquellos que, conscientes de la poca ayuda que los límites rígidos de la ortodoxia disciplinar prestaban a sus pacientes, buscaban nuevos modos de trabajo. Las palabras de Leon J. Saul, uno de los psicoanalistas más comprometidos con el enfoque psicosomático y que mejor aceptó e incorporó los hallazgos del grupo de Liddell, pueden servir para representar esta ruptura entre fronteras: Gano mucho de la lectura de tus trabajos. La razón es que creo que el condicionamiento es el concepto básico en la formación de las neurosis y por tanto para su tratamiento. (...) Veo repetidamente pacientes que han sido analizados de acuerdo con los conceptos ortodoxos clásicos, oral, anal, fálico, Edipo sin reconocer el hecho de que han sido condicionados a responder de un modo determinado a aquellos que estuvieron cercanos a ellos y fueron responsables de ellos en la primera infancia y siguen respondiendo de este modo a otras personas durante toda su vida. La meta del análisis es liberarlos de este condicionamiento. Los analistas que no entienden esto es imposible que puedan ayudar a sus pacientes de un modo verdaderamente racional y causal. (…) La neurosis no es realmente nada más que la continuación en años posteriores de patrones emocionales más o menos alterados que se formaron en la primera infancia. Así las neurosis son sólo una forma de desorden de personalidad. Y esto es así, porque el superyó es en gran parte resultado del condicionamiento»8 REFERENCIAS Block, J. D. (1966). Howard S. Liddell, Ph.D.: Scientist and Humanitarian. Conditional Reflex, 1, 171-180. 8. Carta de L. Saul a Liddell. 5 Enero 1961. Box 1. Folder 18.
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